Article épinglé

Affichage des articles dont le libellé est 1936. Afficher tous les articles
Affichage des articles dont le libellé est 1936. Afficher tous les articles

lundi 5 octobre 2026

Carmen Parejo Rendón, en "Palestina 36, el eco de una historia de colonialismo y resistencia", en RT, 26 de agosto de 2026

 

El estreno en España de "Palestina 36", de la cineasta palestina Annemarie Jacir, llega en un momento en el que Palestina ocupa una centralidad internacional que no había tenido en décadas.

El genocidio en Gaza ha provocado movilizaciones multitudinarias, campañas de solidaridad y una creciente impugnación del relato oficial israelí y de la complicidad occidental. Sin embargo, resulta llamativo que una película proyectada en numerosos festivales internacionales y reconocida con importantes premios no haya contribuido, al menos hasta ahora, a abrir un debate público más amplio sobre las raíces políticas e históricas de la cuestión palestina.

La circulación del filme parece haber quedado concentrada, sobre todo, en espacios culturales, intelectuales y militantes ya sensibilizados con el tema. En ese sentido, y asumiendo algunas de las preguntas que plantea la propia película, quizá convenga volver al origen de esta historia. Porque, más allá de sus devastadoras consecuencias humanitarias, estamos ante un conflicto de carácter político, y cualquier solución real pasa necesariamente por comprender cómo se construyó.

En 1936, Palestina se encontraba bajo mandato británico y mantenía una sociedad diversa, formada por comunidades musulmanas, cristianas y judías que llevaban generaciones compartiendo el territorio. Esa pluralidad religiosa también estuvo presente en la revuelta, algo que la película recupera con acierto. El problema era —y sigue siendo— de carácter político y colonial.

Desde la Declaración Balfour de 1917, posteriormente incorporada al propio Mandato, Gran Bretaña había respaldado la creación de un "hogar nacional para el pueblo judío" en Palestina. Bajo esa protección colonial se consolidó el proyecto sionista de asentamiento de judíos europeos mediante la compra y transferencia de tierras, generando entre la población palestina una conciencia creciente de desposesión territorial y pérdida de soberanía. La resistencia venía desarrollándose desde años atrás y la muerte en combate de Izzedin al-Qassam, en 1935, se convirtió en uno de los símbolos de ese proceso. Aquellas tensiones desembocarían finalmente en una revolución de fuerte base campesina.

La revuelta comenzó en 1936. En abril se creó el Alto Comité Árabe para coordinar unas protestas que adquirieron rápidamente dimensión nacional y, durante los seis meses siguientes, se sucedieron huelgas, campañas de desobediencia civil, impago de impuestos, boicots y acciones de sabotaje. Miles de palestinos participaron en ellas, especialmente desde el mundo rural, directamente afectado por la pérdida de tierras.

Pero aquella movilización nacional estaba atravesada también por contradicciones de clase. La película muestra con claridad la distancia entre los sectores populares, que soportaban de manera inmediata el despojo, y determinadas élites urbanas, cuyos intereses podían encontrar espacios de acomodo e incluso colaboración con la administración colonial. La lucha contra el dominio británico y el proyecto sionista convivía, por tanto, con una lucha de clases dentro de la propia sociedad palestina, una debilidad que, bajo distintas formas, acompañará durante décadas a su vida política.

Tras una primera fase dominada por la huelga y la movilización civil, la revuelta adquirió desde 1937 un carácter crecientemente insurgente. Las fuerzas palestinas llegaron a disputar el control efectivo del territorio y a dominar amplias áreas montañosas y algunas ciudades hasta 1939.

Frente a ellas se desplegó un amplio dispositivo contrainsurgente británico, que contó también con fuerzas auxiliares y con la colaboración de organizaciones armadas sionistas. La Haganá —que posteriormente constituiría el principal núcleo de las Fuerzas de Defensa de Israel— cooperó con las autoridades británicas y algunos de sus miembros participaron en unidades empleadas en operaciones y represalias contra aldeas palestinas; el Irgún —dirigido años después por Menájem Beguin, fundador de Herut, antecedente directo del actual Likud de Netanyahu— intensificó desde 1937 los atentados y acciones de represalia contra la población árabe.

El lenguaje colonial británico redujo aquellos acontecimientos a "disturbios", ocultando su verdadera dimensión: una insurrección nacional y anticolonial contra un orden político impuesto desde el exterior y contra el proceso de colonización que se desarrollaba bajo su tutela. La Gran Revuelta constituye así uno de los grandes antecedentes de las posteriores Intifadas y recuerda algo fundamental para comprender el presente: la resistencia palestina y el conflicto por la tierra, la soberanía y la autodeterminación preceden en más de una década a la creación del Estado de Israel.

La represión británica combinó castigos colectivos, destrucción de viviendas y operaciones contra aldeas acusadas de colaborar con la revolución. En paralelo, la Comisión Peel propuso en 1937 la partición de Palestina: el futuro Estado judío recibiría aproximadamente un tercio del territorio, cuando las tierras adquiridas en el marco del proyecto de asentamiento sionista rondaban apenas el 5,6 %. Cerca de la mitad de la población de esa zona era además árabe, situando ya el desplazamiento de población en el centro del proyecto. La derrota de la revuelta dejó a la sociedad palestina debilitada, desarmada y políticamente fragmentada, mientras las organizaciones sionistas salían reforzadas.

Sin embargo, el Libro Blanco, publicado el 17 de mayo de 1939, expresó un nuevo equilibrio de fuerzas. La Gran Revuelta había demostrado el enorme coste de sostener indefinidamente aquel orden colonial mediante la fuerza y, al mismo tiempo, el escenario internacional se precipitaba hacia una nueva guerra mundial, que comenzaría apenas tres meses y medio después. Londres necesitaba proteger sus intereses estratégicos en Asia Occidental y evitar que la rebelión palestina alimentara una hostilidad más amplia en el mundo árabe.

Gran Bretaña limitó entonces la inmigración judía, restringió las transferencias de tierras y planteó la creación de un Estado palestino independiente. El cambio internacional tendría también otra consecuencia: mientras Londres trataba de recomponer sus relaciones con el mundo árabe, el movimiento sionista desplazaba progresivamente hacia Estados Unidos la búsqueda de su principal respaldo exterior. Tras la guerra, sería Truman quien presionaría a Gran Bretaña para permitir la entrada en Palestina de 100.000 refugiados judíos.

Pero este desplazamiento tampoco fue natural, sino fruto de la persecución masiva de los judíos europeos. Su salida de Europa no puede interpretarse como una adhesión generalizada a la ideología sionista: fueron el nazismo, el fascismo y, finalmente, el Holocausto los que convirtieron a cientos de miles de europeos en refugiados, despojándolos de derechos, propiedades y hogares. De hecho, entre quienes consiguieron escapar de Alemania y Austria antes de la guerra, una proporción mayor se dirigió hacia Estados Unidos y América Latina que hacia Palestina.

Sin embargo, aquella tragedia proporcionó al proyecto sionista una nueva fuerza demográfica y política, mientras unas potencias occidentales reticentes a abrir sus propias fronteras aceptaban a Palestina como destino para los judíos expulsados de Europa. La contradicción resulta difícil de ignorar: el racismo europeo los convertía en extranjeros en sus propias tierras mientras las consecuencias de aquella persecución terminaban trasladándose sobre Palestina.

Volver a 1936 permite comprender la cuestión palestina como un proceso de descolonización inconcluso. La película recuerda que la tragedia actual hunde sus raíces en decisiones políticas concretas y en responsabilidades occidentales también concretas.

El sionismo se consolidó como un proyecto funcional a los intereses estratégicos de las potencias occidentales —primero Gran Bretaña primero y luego Estados Unidos— que encontraron en el colonialismo de asentamiento un instrumento útil para mantener su influencia sobre una región fundamental. Comprender esta dimensión política resulta imprescindible para dejar de abordar Palestina únicamente cuando sus consecuencias adoptan la forma de una nueva crisis humanitaria.

Una solución real exige comprender las causas, las relaciones de poder y el carácter colonial del problema, y plantear las condiciones para que Palestina pueda ser, finalmente, descolonizada.

jeudi 27 août 2026

Palestina 36’: la película que nunca rodaría Spielberg

FUENTE www.diario-red.com/articulo/cultura/palestina-36-pelicula-que-nunca-rodaria-spielberg/20260819203605074773.html

El filme de la cineasta palestina Annemarie Jacir se centra en el engaño al pueblo palestino por parte del Imperio Británico, cómplice del sionismo 

Antes de leer sobre la verdadera historia de la creación de Israel, un Estado fundado a partir del terrorismo, el robo de tierras, la colonización y el genocidio, muchos nos tragamos el relato hollywoodiense. Como tantos, de niño vi en la tele Éxodo, filme de 1960 dirigido por Otto Preminger, un conocido tirano (maltrataba a técnicos y actores) de origen judeo-austríaco que también produjo el filme. El gobierno israelí, consciente del gigantesco valor propagandístico de Éxodo, colaboró con el equipo de Preminger proporcionando transporte militar, espectaculares localizaciones y soldados del ejército como figurantes.

El protagonista de Éxodo es un oficial de la Haganá (organización paramilitar judía en la Palestina bajo mandato británico) que prepara la evasión de cientos de refugiados judíos supervivientes del Holocausto desde Chipre hacia Palestina a bordo del barco Exodus. Y aunque la Haganá nació para proteger a los “asentamientos” judíos en tierras robadas, acabó participado en actos terroristas y fue la semilla de las Fuerzas de Defensa de Israel. También fue el origen de las bandas terroristas Irgún y Lehi.

De forma pasmosamente torticera, Éxodo presentó la creación de Israel como consecuencia del Holocausto y obviando que era un robo de tierras ajenas. Para este relato Israel se aprovechaba de un héroe, encarnado nada menos que en Paul Newman, y su guion nos vendía el relato que muchos nos tragamos de niños: los hijos de Israel llegaron a un desierto plagados de salvajes árabes y decadentes británicos y lo convirtieron en un próspero y ejemplar vergel.

No contentos con esta propagandística patraña, seis años después de Éxodo el cine yanqui estrenó La sombra de un gigante, otra gran producción protagonizada por Kirk Douglas en el papel de Mickey Marcus, coronel judío-estadounidense (y primer general israelí) reclutado en 1947 para asesorar a militares israelíes en la guerra de 1948.

No contentos con la propagandística Éxodo, seis años después el cine yanqui estrenó La sombra de un gigante, otra gran producción protagonizada por Kirk Douglas 

1 Cast a Giant Shadow
Cast a Giant Shadow

Este panfleto sionista está producido por el ultraderechista John Wayne con su compañía Batjac, fundada para producir El Álamo, otro panfleto, pero esta vez el capital era israelí. Wayne apostó por un pobre guion de Ted Berkman y Melville Shavelson, también director del filme en el que los judíos parecen valerosos y honrados vaqueros enfrentados a los salvajes indios, aquí representados, claro está, por los árabes.
A Kirk Douglas, que apostó entregado protagonizar esta farsa porque era un reconocido sionista y llevaba años implicado con altas instituciones israelíes, se le unió en el reparto Frank Sinatra, que promovió la compra de bonos del Estado de Israel en galas benéficas que ayudaron a establecer una corriente de opinión pública muy favorable a la artificial y criminal creación de Isarel.

Uno de los últimos ejemplos de manipulación usando en este sentido lo pudimos ver en en La lista de Schindler, filme que Steven Spielberg acabó con una secuencia en color y en Jerusalén (en la tumba de Oskar Schindler, en el cementerio católico del Monte Sion), mezclando de forma empalagosa y torticera el holocausto con la creación de Israel. 

Lejos de estas películas financiadas o aplaudidas por el sionismo, y con un presupuesto mucho más humilde, está Palestina 36, producida por su directora, Annemarie Jacir (cofundadora junto con Ossama Bawardi de la productora independiente Philistine Films) y financiada por Palestina, Reino Unido, Francia, Dinamarca, Noruega, Catar, Arabia Saudí, Jordania y Emiratos Árabes Unidos.

Lejos de las películas financiadas o aplaudidas por el sionismo está Palestina 36, financiada por Palestina, Reino Unido, Francia, Dinamarca, Noruega, Catar, Arabia Saudí, Jordania y Emiratos Árabes Unidos

La película de Jacir se centra en el levantamiento popular de los palestinos contra la administración colonial británica y que se conoció como la Revolución palestina y duró duró de 1936 a 1939, igual que nuestra Guerra Civil. La lucha palestina perseguía, como se recalca en el filme, la independencia y la libertad, además de detener el apoyo británico al sionismo, incluyendo la inmigración judía y el robo sus tierras.

Su protagonista masculino es el joven Yusuf, que debe decidirse entre proteger su modo de vida y unirse a los guerrilleros que arriesgan su vida por la libertad del pueblo palestino. La protagonista femenina es Khouloud, periodista comprometida y con buenos contactos en las altas esferas británicas.

2 Palestina 36
Palestina 36

Lo primero que subraya Jacir en Palestina 36 es que su tierra era dura pero fértil y un lugar en el que sus gentes llevaban una vida próspera, sana y normal a pesar de sobrevivir bajo el yugo británico. También, y pronto, que los británicos fueron los grandes responsables del robo de tierras y el terrorismo judío. Fueron los británicos los que sustituyeron la mano de obra palestina por la judía y los que permitieron la llegada en barcos de miles de armas usadas contra los palestinos y los propios británicos. 

Palestina 36 también recrea con rigor la huelga general del 20 de abril del 36, a la que los británicos contestaron salvajemente, y el respaldo de la población palestina a las acciones de huelga, rebelión violenta y sabotaje, como muestra la escena del tren. Los colonos sionistas de esta película, siempre de fondo, como una maldición que se cierne sobre Palestina, nada tienen que ver con los colonos de las películas de indios y vaqueros, sino con hordas que provocan incendios en tierras palestinas y asesinas a sangre fría, exactamente igual que hoy.

Los grandes villanos y traidores del filme son el Alto Comisionado del Mandato Británico de Palestina, A.G. Wauchope (Jeremy Irons), el oficial Charles Tegart (Liam Cunningham) y el capitán Charles Wingate (Robert Aramayo) por la parte británica. Pero el filme también recuerda a los árabes traidores: las Asociaciones Nacionales Musulmanas colaboraron con los sionistas judíos y con los británicos. En su guion, además, Annemarie Jacir nos recuerda que el sionismo trató de reemplazar (a veces mediante el asesinato de aldeas enteras) a la gente que vivía en su tierra y levantar “asentamientos” en tierra robada. Y a los europeos esta barbaridad les pareció bien porque así se deshacían del sionismo en sus países.

Una de las escenas más tristes y clarificadoras del filme es aquella en la que la periodista Khouloud cena con su familia y descubre, por la radio y por Thomas, su confidente, que los palestinos han sido traicionados, serán desplazados por la fuerza y solo los sionistas tendrán su Estado. Es la tenebrosa noche en la que llegaron los apagones y las algaradas y en la que los palestinos apoyaron en masa a sus rebeldes armados contra colonizadores decadentes y nuevos colonos sionistas que vendieron al mundo, gracias a una costosa propaganda, el milagro israelí.   

3 Palestina 36
Palestina 36

Palestina 36 es la única película rodada en Palestina en estos dos últimos años y su compleja y cara producción (restauraron una aldea histórica en Cisjordania y construyeron réplicas de vehículos coloniales del 36) tuvo que detenerse hasta en cuatro ocasiones porque el equipo corría un serio peligro. Por desgracia, el inicio del rodaje estaba panificado para octubre de 2023 y la bestial ofensiva israelí obligó a detenerlo por completo. 

La película es la única rodada en Palestina en estos dos últimos años y su producción tuvo que detenerse hasta en cuatro ocasiones porque el equipo corría un serio peligro

La aldea que reconstruyeron en Cisjordania para el filme, tres meses de duro trabajo, acabó malograda e invadida por el ejército y los colonos israelíes y parte del equipo internacional y del reparto sufrieron rechazos en la tramitación de visados por parte de las autoridades israelíes, lo que conllevó tener que ajustar de urgencia el plan de rodaje.

Pero lo más terrible de todo, como ha recordado la propia Annemarie Jacir, es que mientras ella rodaba se perpetraba un genocidio. Y sin pretenderlo en su gestación, Palestina 36 se convirtió en un grito: a pesar de los asesinos genocidas, a pesar de Israel, Palestina no será borrada.

Lo último que vemos en Palestina 36, tras un final que invita directamente a la acción armada, son estas palabras: “Quedamos nosotros. Aunque los cielos aplasten nuestra tierra, nuestra canción continuará”.

samedi 18 juillet 2026

La Olimpiada Popular de 1936 que no pudo ser

 

Se cumplen 90 años, y aquí empezó todo. Aquel 19 de julio de 1936 se anunciaba la gran parada y el desfile inaugural. Más de 5.000 atletas representando a 23 delegaciones llegadas de todo el mundo, junto a 3.000 folcloristas que debían participar en un grandioso festival dirigido por el compositor Enric Morera. Más de 20.000 personas de distintas delegaciones y países se encontraban en Barcelona, alojadas en instalaciones hoteleras, entidades sociales y sindicales, deportivas y también casas particulares.

Andrés Lima, en la premiada obra de teatro 1936, explica muy bien que aquí empezó todo: el golpe militar contra los valores e instituciones de la Segunda República y la Guerra de España, los bombardeos sobre población civil y campo de experimentación de la maquinaria militar de Hitler y Mussolini. Era el preludio de la Segunda Guerra Mundial.

La cita de Barcelona quería ser una respuesta genuina del deporte popular internacional y antifascista a los Juegos Olímpicos que el régimen nazi, con la complicidad del COI, preparaba para su inauguración en Berlín del 1 al 16 de agosto. Juegos que fueron utilizados como una poderosa herramienta de propaganda de la Alemania nazi, para promover la ideología de la «raza aria», y un escaparate de las proclamas belicistas y expansionistas de Hitler.

Barcelona y Berlín habían competido, cinco años antes, por la organización de los XI Juegos Olímpicos. Barcelona disponía de buenas credenciales, como la exitosa organización de la Exposición Universal de 1929. La proclamación de la II República en abril de 1931 decantó al Comité Olímpico, dominado por aristócratas y terratenientes, a escoger la ciudad de Berlín. Pero en 1935 ya se habían proclamado las leyes racistas de Nuremberg. Y en 1936 Hitler y Mussolini, el nazismo y el fascismo gobernando en Alemania e Italia, suponían más que una amenaza a los pueblos de Europa, y también del mundo.

Por esta razón, la propuesta de hacer la Olimpiada Popular en Barcelona constituía una respuesta democrática y antifascista, un encuentro a favor de la paz y contra la guerra que catalizó y se propagó rápidamente. Una iniciativa de las organizaciones deportivas de base, de los sindicatos y de los partidos de izquierdas en Europa que galvanizaron en propuestas unitarias a favor de una olimpiada popular y cultural, favoreciendo la participación de las mujeres en el deporte y una defensa de la diversidad cultural de la humanidad.

El president de la Generalitat, Lluís Companys, asumió la Presidencia de Honor del Comité Organizador. Los gobiernos de la República española, de la República francesa y del Govern de la Generalitat aportaron la financiación. Un potente movimiento asociativo deportivo y cultural se puso en marcha, así como la organización de comités de apoyo de barrios populares de Barcelona, de las principales ciudades de Catalunya y de otras ciudades y federaciones de todo el Estado.

Barcelona vibraba durante aquellos días previos. En la Rambla de Santa Mónica, donde tenía la sede el Comité Organizador, se ultimaban todos los preparativos, deportivos y culturales, y se daba la bienvenida a las delegaciones internacionales que desfilaban por las Ramblas. Mercedes Núñez se multiplicaba haciendo gestiones en distintos idiomas; Marina Ginestà, otra organizadora muy joven, se aprestaba para las crónicas periodísticas. María Salvo, voluntaria olímpica con dieciséis años, igual que Francesc Boix, fotógrafo de la misma edad, participaban, como cientos de jóvenes, en la organización de la gran fiesta deportiva y cultural internacionalista. María fue una de las homenajeadas en el año 2017, junto con los hermanos Cánovas, nadadores.

El día 18 de julio, Pau Casals realizaba en el Palau de la Música el último ensayo de la Novena de Beethoven para el concierto inaugural que debía celebrarse al día siguiente en el Teatre Grec. Decenas de deportistas entrenaban en el estadio de Montjuïc. Las noticias se extendieron como la pólvora. El golpe militar iniciado el 17 de julio en el entonces Protectorado español de Marruecos, y la sublevación de manera simultánea en las ciudades de Melilla, Ceuta y Tetuán, interrumpieron toda la labor organizativa.

Pero la noche del 18 al 19 de julio el Ciudad de Barcelona todavía trasladaba a cientos de personas de Palma a Barcelona. Más de 600 deportistas, representantes de asociaciones culturales, rondallas, ateneos y orfeones. Cuando llegan a Barcelona, la guerra ya había comenzado. No pudo atracar hasta el día 23. La Olimpiada se suspendió, y muchos de los participantes no pudieron regresar a la isla hasta tres años más tarde. Algunas, como Llibertat Picornell, salvaron la vida. Como su hermana Aurora, Aurora Picornell, que apoyaba la expedición olímpica. Pero se quedaron en Palma ante la amenaza latente del golpe y fueron asesinadas por los fascistas.

Otras personas salvaron la vida por encontrarse en Barcelona. José Barón, nacido en Gérgal, pero que vino desde Melilla seleccionado para competir en la Olimpiada, se convirtió en resistente. Murió en combate contra las tropas nazis en París, en 1944, formando parte de la Agrupación de Guerrilleros Españoles. Tenía veintiséis años, y en Francia es recordado como héroe de la liberación de París.

También el joven Francisco Pradal, que llegó a Barcelona el 17 de julio procedente de Melilla. Se incorporó al ejército popular en defensa de la República, y posteriormente en la resistencia. Fue el primer guía de pasos de frontera del PCE. Actualmente tiene una placa que recuerda su actividad en las rutas del maquis. Entre Camprodóm y la Vall de Vianya.

En Barcelona también se encontraban muchos atletas extranjeros que habían venido para participar en la Olimpiada Popular. Giles Tremlett[1] titula el primer capítulo de su libro sobre las Brigadas Internacionales así: «Bienvenidos a los Juegos. Barcelona, 19 de julio de 1936». Corría el verano de 1936 y Muriel Rukeyser, joven poeta y escritora estadounidense de veintidós años, conoce en Portbou a los jóvenes deportistas suizos y húngaros que se dirigían a Barcelona. Lo relata en su precioso libro Savage Coast («Costa Brava»).

La bibliografía existente también nos recuerda que en Barcelona ya se encontraban voluntarios de países como Italia, Alemania o Polonia, que habían llegado a España huyendo de la persecución nazi y fascista.

El cartel original de la Olimpiada fue diseñado por Fritz Lewy, judío alemán exiliado del régimen de Hitler. El himno fue compuesto por Josep Maria de Segarra con música del compositor Hans Eisler, colaborador de Bertolt Brecht, también huido de Alemania cuando Hitler llegó al poder.

Los primeros extranjeros que lucharon en el bando republicano fueron exiliados procedentes de Alemania o de la Italia fascista. En agosto de 1936, con algunos de estos efectivos se constituyó la centuria Thälmann, formada por comunistas alemanes y austriacos expatriados que se integraron en la columna 19 de julio del PSUC. Le siguieron los anarquistas italianos exiliados en Francia que formaron en la columna Ascaso y otros en el grupo internacional de la columna Durrruti.

Estos voluntarios y centenares de deportistas fueron los primeros en abrir paso al movimiento de las Brigadas Internacionales, que de forma organizada empezaron a llegar de diferentes países del mundo. De todos los continentes. Les recordamos y homenajeamos cada final de octubre en el monumento de la Rambla del Carmel. También lo hacemos en la Cursa Lluís Companys en el Estadio Olímpico.

Pero debemos hacer mención especial a las mujeres, algunas ya citadas, y con nombre propio. A ellas debemos un especial reconocimiento.

Como Mercedes Núñez Targa, barcelonesa, comprometida con el mundo cultural y asociativo barcelonés (el Ateneu Enciclopèdic Popular, Amics del Sol y el Club Femení i d’Esports de Barcelona). Implicada en la preparación y organización de la Olimpiada Popular, siguió también el camino del exilio, formando parte de la resistencia en Francia, y siendo detenida y deportada al campo de concentración de Ravensbrück.

Como Carmen Crespo, que tenía diecinueve años cuando se despertó en el Hotel Olímpico de la plaza de España aquel 18 de julio. Formaba parte del equipo de Francia, pero con orígenes de Teruel. Anarquista y deportista. Combatió en el frente de Aragón. Murió en Caspe, destrozada por el impacto de una bomba en 1937. Tenía veinte años.

Como Marina Ginestà, periodista y organizadora de la Olimpiada, nacida en Toulouse. Protagonizó una fotografía mítica, vestida de miliciana con diecisiete años, de la JSUC. Hans Gutmann, un fotógrafo alemán que vino para cubrir la Olimpiada, la inmortalizó en la terraza del Hotel Colón. Marina sufrió el exilio y los campos de concentración.

Como Margot Moles, nacida en Terrassa, pero formada en el atletismo en Madrid. Fue la deportista más conocida de la República. Obtuvo la medalla de bronce en lanzamiento de disco en las Olimpiadas Obreras de Anvers, de 1937. Fue condenada al ostracismo durante el régimen franquista y su nombre borrado de la historia.

Son algunos ejemplos de mujeres comprometidas y deportistas, imborrables. Míriam García ha puesto rostro y nombres a los voluntarios y voluntarias de distintos países y lugares, con alta acreditación deportiva y de compromiso internacionalista, que llegaron a Barcelona[2].

dimanche 1 février 2026

Kämpfer/The Struggle/Борцы (Gustav von Wangenheim, 1936)


Le film germano-soviétique de 1936 « La Lutte » (« Kämpfer ») a été produit par le 
studio moscovite « Rot-Front », où la plupart des acteurs et une grande partie de 
l'équipe technique étaient des communistes allemands exilés. Il est réalisé par Gustav von Wangenheim. 
 
Le film relate la résistance des ouvriers contre le fascisme, inspirée par l'arrestation
 du dirigeant communiste Georgi Dimitrov. Deux intrigues se déroulent en parallèle : 
le procès de l'incendie du Reichstag, où Dimitrov est accusé d'avoir orchestré 
l'incendie de 1933, et la résistance des ouvriers contre les fascistes de la SA et de 
la SS. Les ouvriers sont accusés à tort par la SA d'avoir incendié l'usine Spörke. À la 
tête du mouvement de résistance se trouvent Mère Lemke et Anna, qui considèrent 
Dimitrov comme un symbole dans la lutte contre le fascisme. La rébellion de Mère Lemke 
est alimentée par l'assassinat de son fils Hans par la SA. Hans avait découvert que 
l'usine Spörke produisait du gaz toxique comme arme de guerre, et non du parfum comme 
on le prétendait.
 
font passer clandestinement de la littérature antifasciste, la cachent et la diffusent ;
 impriment leurs propres tracts et infiltrent les organisations nazies pour recueillir 
des renseignements et libérer les prisonniers. Le film est également d'une valeur 
inestimable pour les images et les enregistrements sonores originaux d'Henri Barbusse 
et de Georgi Dimitrov, pour les scènes de manifestations françaises en soutien à 
Dimitroff et Thälmann, ainsi que pour avoir révélé l'existence des premiers camps de 
concentration au grand public (l'un des premiers enregistrements des « Moorsoldaten » 
provient également de ce film).
 

L'esthétique du film

Le film « Kämpfer » utilise une esthétique héroïsante en dépeignant les personnages des milieux ouvriers luttant par et pour eux-mêmes. Cet héroïsme est une caractéristique de l’avant-garde cinématographique. Cependant, le film anticipe aussi des formes de réalisme socialiste, il doit être évalué comme une transition de l’avant-garde cinématographique au réalisme socialiste.

Contributeurs

Le réalisateur Gustav von Wangenheim a travaillé dans la République de Weimar en tant qu'acteur sur de nombreux films, entre autres Nosferatu. Entre 1928 et 1933, il est le fondateur et le chef de la compagnie théâtrale Truppe 1931, créé à partir de la colonie d'artistes Berlin. Après la guerre, Wangenheim est retourné en RDA et a travaillé comme réalisateur et scénariste pour le DEFA et a reçu le prix national de la RDA.

Bruno Schmidtsdorf (1908-1938) n'a joué qu'un plus grand rôle dans ce film, a ensuite été tué dans la terreur de Staline parce qu'il était prétendument membre d'une jeunesse hitlérienne soviétique. Alexander Granach, qui a joué le rôle de Rovelli, a pu fuir aux États-Unis, puis a joué presque exclusivement des nazis dans des films. (Les acteurs avec un accent allemand ne pouvaient pas être un sympathisant dans un film américain.) Ernst Busch, qui a incarné le juge, a joué dans Kuhle Wampe ou: Qui possède le monde? et l'opéra à trois centimes avec. Presque tous les acteurs sont des Allemands exilés. Dans la République de Weimar, ils ont joué dans les groupes de théâtre La colonne de gauche (en allemand: Kolonnenn Links) et Truppe en 1931.

Ernst Busch a non seulement joué le magistrat, mais a également enregistré la chant des déportés pour le film, qui est chanté dans les scènes de camp de concentration.

L’œuvre peut être considérée comme un document historique contemporain sur la résistance communiste allemande face au national-socialisme.

 
 
Directeur Gustav von Wangenheim
Scénario

 
Collaboration: Joris Ivens
Idée: Alfred Kurella
Conseil: Maxim Gorki

Musique Hans Hauska
Caméra Boris Monastyrski

 

 

Distribution
 

dimanche 10 août 2025

Robespierre détourné par Debord


 «  Alors que jusqu'à présent tout truquage de l'histoire, au cinéma, s'aligne plus ou moins sur le type  de bouffonnerie des reconstitutions de Guitry, on peut faire dire à Robespierre, avant son exécution : "malgré tant d'épreuves, mon expérience et la grandeur de ma tâche me font juger que tout est bien". Si la tragédie grecque, opportunément rajeunie, nous sert en cette occasion à exalter Robespierre, que l'on imagine en retour une séquence du genre néo-réaliste, devant le zinc, par exemple, d'un bar de routiers - un des camionneurs disant sérieusement à un autre : 

On voit ce que cette rencontre ajoute en rayonnement à la pensée de Maximilien, à celle d'une dictature du prolétariat. »

 

 * Extrait de "Mode d'emploi du détournement" de Guy Debord et Gil J Wolman, texte paru initialement dans Les Lèvres nues, nº 8, mai 1956.

* Jean Gabin dans La Belle équipe de Julien Duvivier, 1936.