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lundi 5 octobre 2026

Le Mabillon et l'assassinat fasciste d'Aramburu (2022) / Le Mabillon et "Les Tricheurs" (Marcel Carné, 1958)

  

Date et lieu : Dans la nuit du 18 au 19 mars 2022, une altercation éclate à la terrasse du café Le Mabillon (boulevard Saint-Germain à Paris) entre l'ancien joueur et les accusés. L'altercation dégénère mortellement par des tirs en pleine rue un peu plus tard.

 *** 

Dans le film Les Tricheurs (sorti en 1958 et réalisé par Marcel Carné), le café Le Mabillon est l'un des lieux emblématiques de Saint-Germain-des-Prés où se réunit la jeunesse existentialiste et oisive de l'époque.
Le film dépeint les codes de cette "bande" parisienne des années 50 qui se retrouve dans des cafés cultes du quartier — comme Le Mabillon ou le Café Bonaparte — pour refaire le monde, écouter du jazz et jouer au "jeu de la vérité" tout en dissimulant leurs véritables sentiments par cynisme. 

 

lundi 7 septembre 2026

Los fascistas históricos se preparan para la revancha

 SOURCE https://observatoriocrisis.com/2026/09/03/los-fascistas-historicos-se-preparan-para-la-revancha/

Las fuerzas históricas del fascismo se reorganizan ante nosotros. Los derrotados de la Segunda Guerra Mundial, los que asesinaron millones de soviéticos, de chinos y de judíos, han regresado al poder en Japón, en Israel y en Ucrania y ahora esperan obtener la revancha.

Thierry Meyssan, intelectual francés creador de la Red Voltaire

Los derrotados en la Segunda Guerra Mundial buscan la revancha. Buscan ganar y reorganizar el mundo de manera jerárquica… con ellos en la cima. Veamos algunas noticias de estos elementos.

PARA LOS NOSTÁLGICOS DEL MILITARISMO NIPÓN, JAPÓN NUNCA PERDIÓ LA GUERRA

La primera ministro de Japón, Sanae Takaichi, es fiel al imperialismo nipón. Cada año, el 15 de agosto, el día de la capitulación, la señora Takaichi visita el santuario Yasukuni, donde se rinde homenaje a quienes dieron la vida por el emperador Hiroito durante la «guerra de los 15 años», o sea durante la invasión japonesa del Extremo Oriente y la Segunda Guerra Mundial.

Este año, dado el hecho que, como jefa del gobierno, la ley le prohíbe visitar el santuario, la señora Takaichi se limitó a enviar ofrendas. Pero 4 de sus ministros, que no tienen la misma restricción que ella, y alrededor de 150 miembros del parlamento sí estuvieron personalmente en Yasukuni el 15 de agosto.

Para esos personajes, los crímenes del ejército imperial nunca existieron, afirman que son sólo mentiras de los enemigos de Japón. Pero los coreanos y los chinos tienen recuerdos muy diferentes: el ejército imperial japonés trataba como “subhumanos” a quienes no reconocían al emperador nipón como una divinidad. Los jóvenes reclutas japoneses tenían que aprender a torturar y a liquidar sin piedad a aquella gente, y si se negaban a hacerlo eran sometidos a crueles castigos. 

En la ciudad china de Nankín 100 000 mujeres y niños fueron violados y reducidos a la esclavitud al servicio de los militares japoneses. Posteriormente, el ejército imperial masacró allí a 300 000 personas. En Corea, la Unidad 731 del ejército imperial nipón practicó vivisecciones de prisioneros, sin anestesia, crímenes que más tarde servirían de “inspiración” al tristemente célebre doctor Menguele, en Auschwitz.

El ejército del emperador Hirohito cometió crímenes similares en Singapur, Malasia, Indochina y Tailandia, aunque en esos países no se conservan de esos hechos un recuerdo tan vivo como los de los pueblos de la península de Corea y de China.

Los militaristas japoneses de hoy no buscan reproducir aquellos crímenes. Saben que en nuestra época sería absurdo tratar de imponer que se adore a un emperador que ha reconocido no ser un dios. Pero están rearmando el país.

Durante la conmemoración de los bombardeos atómicos contra las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, el 6 y el 9 de agosto pasado, la primera ministro Sanae Takaichi puso el mayor cuidado en evitar recordar que ambas masacres nucleares fueron perpetradas por el ejército de Estados Unidos y por orden del presidente estadounidense Harry Truman. Al contrario de sus predecesores, la actual jefa del gobierno japonés tampoco expresó remordimiento ni presentó la menor excusa por la responsabilidad de Japón en la Segunda Guerra Mundial.

Desde 1945, Japón ha reconocido su derrota una sola vez, en la declaración pública que el primer ministro socialista Tomiichi Murayama emitió el 15 de agosto de 1995, en ocasión del 50º aniversario de la capitulación. Pero aquella declaración fue cuestionada el 3 de agosto de 2016, por el entonces primer ministro, el liberal demócrata Shinzo Abe, durante la nominación de Sanae Takaichi como ministro de Defensa. Aquel cuestionamiento de la derrota de Japón es actualmente la posición oficial de ese país, posición defendida hoy en día por la protegida de Shinzo Abe, la señora Sanae Takaichi, ahora convertida en primera ministro [1].

Cuando la primera ministro Sanae Takaicho violó el carácter pacifista de la Constitución de Japón, al suministrar transportes militares a los nacionalistas integristas ucranianos y enviar soldados japoneses al cuartel general de la OTAN en Wiesbaden, el pasado 29 de mayo [2], lo hizo con total conocimiento de causa.

PARA LOS SIONISTAS REVISIONISTAS HA LLEGADO EL MOMENTO DE REANUDAR LA GUERRA CONTRA LOS SIONISTAS

El ministro de Seguridad Nacional de Israel Itamar Ben-Gvir, discípulo del rabino terrorista Meir Kahane, anunció el pasado 28 de agosto que sus hombres encontraron los restos del Altalena, barco que transportaba 900 sionistas revisionistas del grupo terrorista Irgún y un cargamento de armas cuando fue hundido por el ejército israelí, el 22 de junio de 1948, por orden del primer ministro sionista de Israel, David Ben Gurion.

Los sionistas revisionistas, discípulos del judío ucraniano Vladimir Zeev Jabotinsky, y los sionistas –o sea, los seguidores del judío húngaro Theodor Herzl, se odian a muerte. El objetivo del sionista Herzl era crear un país en el que los judíos del mundo entero pudiesen refugiarse para escapar a los pogromos. El objetivo del sionista revisionista Jabotinsky era la creación de un “imperio judío”, similar al imperio italiano que quiso crear el fascista Benito Mussolini.

El nombre mismo del Altalena es una referencia al seudónimo que utilizaba el fascista Jabotinsky. El Altalena había zarpado del puerto francés de Marsella cargado de armas y llevando a bordo 900 sionistas revisionistas que planeaban arrebatar el poder a los sionistas lidereados por Ben Gurion. A pedido de la CGT –la organización sindical más importante de Francia, de inspiración comunista–, los estibadores del puerto de Marsella se declararon en huelga para impedir la partida del Altalena y proteger así a los judíos de Palestina.

Pero los sionistas revisionistas contaban con la protección del entonces primer ministro de Francia, Robert Schuman, y de su ministro de Exteriores, Georges Bidault. Tanto Robert Schuman como Georges Bidault sabían que los sionistas revisionistas eran aliados de las potencias del Eje y que Jabotinsky había instalado el Betar en Roma bajo la protección de Benito Mussolini.

Robert Schuman, el político francés que la propaganda de hoy nos presenta como “el padre de Europa”, había nacido en la región de Lorena y militó para evitar una guerra entre Alemania (su país natal) y Francia (país cuya nacionalidad adquirió cuando la región de Lorena volvió a ser francesa). Schuman fue ministro del mariscal Philippe Petain, el jefe del gobierno francés de colaboración con la Alemania nazi, y su nombre figura entre los de los firmantes del decreto que aprobó el armisticio entre Francia y el Reich hitleriano. En 1942, cuando los soviéticos ya habían vencido las tropas alemanas en Stalingrado y se vislumbraba la derrota de la Alemania nazi, Schuman se pasó al lado de la Resistencia.

Después de la liberación de Francia, Schuman afirmó ante un tribunal que el mariscal Petain había incluido su nombre en el decreto sobre el armisticio sin pedirle su opinión. Robert Schuman escapó así a las acusaciones que lo denunciaban como colaborador del ocupante nazi. Nunca fue llevado a los tribunales… pero el general Charles de Gaulle siempre se negó a estrecharle la mano y no asistió a su funeral, en 1960.

Por su parte, Georges Bidault, fue miembro del Consejo Nacional de la Resistencia encabezado en Francia por Jean Moulin, hizo todo lo posible por deshacerse del general de Gaulle y trató de pasar delante de este en el Desfile de la Victoria de los Campos Elíseos. Este democratacristiano se opuso a la independencia de Argelia y participó en el putsch de Argel de 1961, durante el cual cuatro generales franceses se sublevaron en Argelia contra el general de Gaulle.

A la vista del conjunto de sus trayectorias, no es sorprendente que, como primer ministro de Francia, Robert Schuman y su ministro de Exteriores Georges Bidault respaldaran una intentona golpista de los sionistas revisionistas contra los sionistas de Tel Aviv.

En 1948, la guerra entre israelíes y árabes acababa de comenzar. Pero ninguno de esos dos bandos contaba con suficiente armamento. Sólo los británicos estaban en condiciones de garantizar la victoria y tuvieron la astucia de no implicar las fuerzas armadas de la metrópoli sino de recurrir a su ejército colonial. Fueron soldados transjordanos, bajo la dirección de oficiales británicos, quienes ganaron aquella guerra, bajo las órdenes del general británico John Bagot Glubb, apodado “Glubb Pachá”.

Ante la furia de los árabes, David Grun Ben-Gurion, que había analizado la correlación de fuerzas, sabía que su única posibilidad de éxito era apoyarse en los ingleses. Tenía, por consiguiente, que apartarse de los sionistas revisionistas –que acababan de participar en la Segunda Guerra Mundial luchando contra el imperio británico–, asesinar en El Cairo al ministro de Colonias de Reino Unido y volar la sede del gobierno de la Palestina bajo mandato británico, el hotel King David.

Después del hundimiento del Altalena, Menahem Beguin, sucesor del ya fallecido Jabotinsky a la cabeza del movimiento sionista revisionista, no podía vengar a sus correligionarios muertos en aquel barco sin poner en peligro la supervivencia de Israel, así que optó por llegar a un acuerdo con Ben-Gurion. De esa manera, el sionista David Ben-Gurion y el sionista revisionista Menahem Begin evitaron una guerra civil entre judíos, los sionistas conservaron el poder en Israel y los sionistas revisionistas se hicieron cargo del Mossad, desde donde prosiguieron sus actos de terrorismo. 

Tres meses después, asesinaron al enviado especial de las Naciones Unidas, el diplomático sueco Folke Bernadotte, que había llegado a Palestina para delimitar las zonas que serían asignadas respectivamente a los judíos y los árabes en el nuevo Estado binacional aprobado por la comunidad internacional. Yehoshua Cohen, el asesino del enviado especial de la ONU, se convirtió en guardaespaldas del primer ministro israelí David Ben-Gurion.

En estos últimos días, cuando su ministro de Seguridad Nacional Itamar Ben-Gvir anunció el hallazgo del Altalena, el primer ministro israelí Benyamin Netanyahu temió que Ben-Gvir tratara de revivir el recuerdo de aquellos tiempos de agitación y corrió al museo Etzel para tratar de tomar la delantera. 

Netanyahu anunció que ordenará recuperar el pecio, presentándolo como un símbolo de la unidad israelí. Con esa maniobra, Netanyahu desvía la atención del hecho que los sionistas revisionistas habían planeado un golpe de Estado contra los sionistas de Ben-Gurion y dirigió las miradas hacia el acuerdo de paz civil finalmente pactado entre el sionista Ben-Gurion y el sionista revisionista Menahem Beguin.

El propio Benyamin Netanyahu es hijo del fascista Benzion Netanyahu, quien fue el secretario particular del sionista revisionista Zeev Jabotinsky, así que no es sorprendente que Benyamin Netanyahu haya ordenado al ejército israelí proceder a masacrar la población civil en Gaza.

PARA LOS NACIONALISTAS INTEGRISTAS UCRANIANOS, HA LLEGADO EL MOMENTO DE LIQUIDAR LA CIVILIZACIÓN ESLAVA

El usurpador ucraniano Volodimir Zelenski, cuyo mandato presidencial expiró hace 2 años y 3 meses, ha convertido su régimen, que comenzó siendo una coalición antirrusa que incluía a los nacionalistas integristas, en una dictadura controlada por estos últimos.

Los nacionalistas integristas son una corriente ideológica resueltamente antisoviética y antijázara –o sea antisemita ya que el término “jázaro” es una referencia al imperio judío jázaro que se desarrolló en la Edad Media entre el mar Negro y el Caspio. La expresión “nacionalista integrista” es heredada del fascista francés Charles Maurras.

El nacionalismo integrista ucraniano fue concebido durante la Primera Guerra Mundial por el ucraniano Dimitro Dontsov, un agente del Reich alemán, y se desarrolló en la estela del fascismo italiano y de la Guardia de Hierro rumana. Posteriormente, los nacionalistas integristas ucranianos, reunidos alrededor del esbirro de Dontsov, Stepan Bandera, colaboraron con los nazis de Adolf Hitler.

Durante la segunda mitad de la Segunda Guerra Mundial, el propio Dimitro Dontsov fue administrador del Instituto Reinhard Heydrich, creado por el III Reich, y estuvo entre los planificadores de la “solución final” de los nazis contra los eslavos, los judíos y los gitanos.

Hace menos de un mes, el 11 de agosto pasado, los restos mortales del coronel Yevhen Konovalets, enterrados en el cementerio Crooswijk de Róterdam, fueron exhumados por la Iglesia greco-católica ucraniana, en presencia de la embajadora de Ucrania en los Países Bajos, y repatriados a Ucrania, donde fueron sepultados temporalmente en el cementerio militar nacional ucraniano, en presencia de numerosos miembros del régimen de Kiev y del propio Volodimir Zelenski. Incluso hubo una ceremonia de adiós en la Catedral Patriarcal de la Resurrección de Cristo de la Iglesia greco-católica ucraniana en Kiev. Las obsequias definitivas tendrán lugar en un Panteón Nacional cuya creación ha decidido el régimen de Kiev.

El coronel ucraniano Yevhen Konovalets (1891-1938) fue uno de los fundadores y principales dirigentes de la Organización de Nacionalistas Ucranianos (OUN) y el responsable de la masacre perpetrada contra los bolcheviques de Kiev. Fue amigo personal de Hitler desde 1922 y en 1936 se refugió en Roma, bajo la protección de Mussolini. Konovalets fue asesinado por el NKVD soviético en mayo de 1938, durante un viaje a Róterdam.

Durante su reinhumación temporal en Kiev, la Guardia Presidencial ucraniana rindió honores a los restos de Konovalets. Esa misma Guardia Presidencial ucraniana participó, por invitación del presidente de Francia Emmanuel Macron, en el desfile militar del 14 de julio pasado por el aniversario de la Revolución Francesa. 

Si tenemos en cuenta que Konovalets fue responsable de numerosas masacres y que colaboró con los nazis y los fascistas durante la Segunda Guerra Mundial, cometiendo incluso crímenes contra la humanidad, queda claro el mensaje de Volodimir Zelenski: no sólo su régimen no desnazificará Ucrania, como exige Rusia, sino que además los nacionalistas integristas han regresado al poder en ese país.

El 24 de agosto pasado Ucrania celebró el 35º aniversario de su independencia, en presencia de los jefes de Estado y/o de gobierno de los Estados nórdicos-bálticos (NB8) y de Reino Unido. Todos esos personajes afirmaron que Rusia quiere invadir Ucrania y anexarla. Repitieron que Crimea, el Donbass y la Novorossya son ucranianas. Pero ninguno mencionó que Crimea proclamó su autonomía de la República Soviética de Ucrania el 15 de febrero de 1991, o sea más de 6 meses antes de que Ucrania proclamara su propia independencia. 

Ucrania reconoció la proclamación de Crimea como república el 19 de junio de 1991 –más de 2 meses antes de proclamar su propia independencia. El 5 de mayo de 1992, Crimea se declaró independiente. A partir de entonces, Kiev puso fin al pago de las jubilaciones y de los salarios de sus funcionarios en la península. Esos pagos los asumió Moscú, a partir del segundo semestre de 1992 y durante todo el año 1993, hasta que el entonces presidente de Rusia, Boris Yeltsin, decidió suspenderlos.

El 26 de agosto pasado, cuando los invitados oficiales ya se habían ido, Zelenski distribuyó condecoraciones a los militares destacados en el frente de Oleksandrivska (Donbass). En esa ocasión, Zelenski condecoró con la Estrella de Oro de los “Héroes de Ucrania”, la más alta distinción del país, al jefe del 3er Cuerpo de ejército, el general de brigada Andriy Biletski.

El historiador y ahora general Andriy Biletski es autor de una tesis sobre el Ejército Nacional Ucraniano (UPA), texto en el que glorifica el genocidio perpetrado en la región de Volinia contra al menos un centenar de miles de polacos y la masacre de decenas de miles de judíos perpetrada en Babi Yar. Biletski es además el fundador del ultraderechista Pravy Sektor (Sector Derecho) y fue uno de los principales actores del “EuroMaidan”, el golpe de Estado que expulsó del poder al presidente democráticamente electo de Ucrania, Viktor Yanukovich, en febrero de 2014. Posteriormente Biletski fundó el batallón Azov y dio inicio a las masacres de pobladores rusoparlantes de la región de Donbass, antes de participar en las batallas de Mariupol y de Bajmut, siendo ampliamente allí ampliamente derrotado en el plano militar.

Como todos los nacionalistas integristas, Biletski afirma que los “verdaderos ucranianos” no son eslavos sino varegos, o sea descendientes de los vikingos finlandeses. Para los nacionalistas integristas como Biletski, los varegos tienen como misión librar «el combate final» contra los eslavos. En 2010, Biletski declaraba: «La misión histórica de nuestra nación en este momento crítico es conducir las Razas Blancas del mundo en una última cruzada por su supervivencia, una cruzada contra los Untermenschen [subhumanos] dirigidos por los semitas.» [3]

¿Y AHORA?

No podemos mantenernos al margen de lo que está sucediendo. Las fuerzas del fascismo histórico –y no estamos hablando de unos cuantos locos que desfilan disfrazados sino de individuos que esperan retomar algo que creen que quedó pendiente al terminar la Segunda Guerra Mundial– han despertado, han comenzado a reescribir la historia y se valen de la indiferencia generalizada para borrar el recuerdo de sus crímenes.

Nuestra responsabilidad inmediata es negarles todo acceso a responsabilidades políticas antes de que traten de ir por la revancha y de desatar el apocalipsis.

Tenemos que exigir elecciones inmediatas en Ucrania y en Japón. En Israel, las elecciones ya están cerca, pero hay que garantizar la honestidad de ese proceso.

 

dimanche 19 avril 2026

La Gladio española, la OTAN encubierta



 Atentado de Bolonia del sábado 2 de agosto de 1980

La Operación Gladio demuestra claramente el vínculo inquebrantable que existe entre el poder burgués y las instituciones burguesas, que la clase dominante está dispuesta a proteger mediante los crímenes más atroces. 

Actualmente, algunos sectores de la sociedad española están planteando la salida de España de la OTAN, pero hay una escasa información de lo que realmente significa esta organización militar.

Para facilitar y tener una información lo más ajustada posible, será necesario tener un conocimiento real de la OTAN y así poder decidir con más argumentos.

Ya en el año 2010, escribí un artículo sobre la Gladio, que es una organización secreta bajo el paraguas de la OTAN, que sorprendió muchísimo, pues la inmensa mayoría de los españoles no sabía nada de este tipo de organizaciones secretas.

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial se decide crear dentro de la OTAN unos grupos secretos y de operaciones especiales, cuya función es la de actuar como guerrilla, en caso de una invasión comunista.

Pero se acaba transformando en un ejército secreto cuya finalidad es conseguir que en “la Europa democrática” nunca puedan acceder al poder los partidos comunistas, ni nadie ponga en cuestión el sistema.

Jugó un papel muy importante en la historia de algunos países como fue en Italia, pero también en Francia, Bélgica, Holanda, Noruega, Dinamarca, Suecia, Finlandia, Turquía, Portugal, Austria, Suiza, Grecia, Luxemburgo y Alemania.

En el año 1973, los comandantes de la Gladio se reunieron en Bruselas, en una sesión extraordinaria, para discutir la admisión de la España de Franco en la Gladio.

España había permitido durante muchos años a los Estados Unidos el derecho de estacionar misiles nucleares, así como el atraque de buques y submarinos norteamericanos en sus puertos, pero no estaba obteniendo nada a cambio de la OTAN.

El servicio secreto español estaba interesado en tener una red oculta para combatir a los comunistas y socialistas antifascistas españoles, para así poder seguir en el poder.

España a pesar de no pertenecer a la OTAN, tuvo una presencia muy importante en la Gladio y contó con el apoyo del régimen franquista. La dictadura de Franco sirvió de refugio durante la Guerra Fría a muchos terroristas de extrema derecha que habían participado en la guerra anticomunista en Europa.

Mario Pozza, miembro de la extrema derecha italiana, revela ante el juez, en el año 1984, que toda una colonia de fascistas italianos funcionaba con total impunidad en España.

En el año 1970, la España franquista recibe a los terroristas de la extrema derecha italiana que habían participado junto al ultraderechista Valerio Borghese en la ocupación del Ministerio del Interior italiano en un intento de golpe de Estado. No sólo se les recibió, sino que se les contrató como miembros de la policía secreta franquista.

En el año 1976, se producen los asesinatos de carlistas en Montejurra (Navarra), Delle Chiesa junto a otros extremistas italianos pertenecientes a la Gladio provocan los incidentes de Montejurra y su finalidad era que la Policía española no pudiese ser acusada por una intervención violentamente represiva e injustificada.

El 24 de enero de 1977, se produce en Madrid el asesinato de los cinco abogados laboralistas de la calle Atocha. Participaron miembros de la Gladio, como el terrorista Carlo Cicuttini, como aparece en un informe del Comité Ejecutivo para los Servicios de Información y Seguridad, organismo dependiente de la Presidencia del Consejo de Ministros de Italia.

Varios sucesos previos a la adhesión de España a la OTAN en el año 1982 tras el cambio de postura el PSOE de Felipe González, también se han vinculado a Gladio.

En mayo del año 1976, medio año después de la muerte de Franco, dos militantes carlistas fueron abatidos por terroristas de extrema derecha, entre ellos el agente de Gladio, Stefano Delle Chiaie y miembros de la Triple A [1], lo que demuestra la conexión entre Gladio y la llamada Guerra Sucia sudamericana de la Operación Cóndor [2].

Este incidente se conoció como los sucesos de Montejurra. Según un informe del CESI italiano, participa el terroristas neofascistas de Ordine Nuovo [3], Carlo Cicuttino, el cual participó en el año 1972 en la masacre de Peteano junto a Vincenzo Vinciguerra.

Participó también en la Matanza de la calle Atocha de Madrid en el año 1977, donde murieron cinco personas incluidas varios abogados, que eran miembros de Comisiones Obreras. Cicuttini obtuvo la nacionalidad y se encontraba exiliado en España desde el año 1972.

Fue el primer ministro italiano Andreotti quien descubrió en el año 1990 la existencia de la Gladio. Adolfo Suárez, el primer presidente de España elegido en democracia, tras la muerte de Franco, negó haber oído hablar jamás de Gladio.

Calvo Sotelo, presidente del gobierno español entre los años 1981 y 1982 durante la transición española, declaró que “España no había sido informada de la Gladio cuando entró en la OTAN”.

El primer ministro sueco Olaf Palme
El primer ministro sueco Olaf Palme

Cuando se le preguntó por las relaciones de Gladio con la España franquista, afirmó que dicha red no era necesaria bajo el régimen franquista, ya que “el propio régimen era Gladio”.

Según el general, Fausto Fortunato, jefe del SISMI [4] italiano entre los años 1971 y 1974, Francia y Estados Unidos habían apoyado la entrada de España en Gladio, pero Italia se habría opuesto.

Sin embargo, tras las revelaciones de Andreotti, Narcís Serra, ministro de Defensa español, abrió una investigación sobre los vínculos de España con Gladio.

El periódico Canarias 7 reveló, citando al exagente de Gladio, Alberto Volo, quien participó en las revelaciones de la existencia de la red en el año 1990, que se había organizado una reunión de Gladio en agosto del año 1991 en la isla de Gran Canaria.

Alberto Volo también declaró que, como agente de Gladio, había recibido entrenamientos en Maspalomas, Gran Canaria, en las décadas de los años 1960 y 1970.

El País también reveló que la organización Gladio era sospechosa de haber utilizado las antiguas instalaciones de la NASA en Maspalomas de Gran Canaria, en la década de los años 1970.

André Moven, exagente del GISS belga, también declaró que Gladio había operado en España. Asegurando que Gladio tenía bases secretas en Madrid, Barcelona, San Sebastián y Canarias.

El responsable de Gladio en Canarias fue el exagente Gabriel Arenas Romasanta, controlaba toda la zona de Canarias entre los años 1981 hasta 1989.

La Operación Gladio demuestra claramente el vínculo inquebrantable que existe entre el poder burgués y las instituciones burguesas, que la clase dominante está dispuesta a proteger mediante los crímenes más atroces.

En el año 1968, fecha de la llamada primavera de París, se produce el inicio del terrorismo de izquierdas en toda Europa, incluida España (ETA, FRAP, GRAPO). El ex agente de la CIA, Philip Agee, acusó a la CIA de haber creado a los GRAPO, así se entenderían algunas de sus extrañas actuaciones. 

El famoso agente secreto español González Mata ha hablado de su infiltración en ETA siendo agente de la Gladio y su implicación en el asesinato de Carrero Blanco, así como las extrañas desapariciones de militantes de ETA.

Todos estos hechos forman parte de lo que ellos denominan “la estrategia de la tensión” que se vivía por todo Occidente, y como vemos mucho más ahora, para justificar políticas agresivas que sólo defienden los intereses económicos de las multinacionales.

En el Gobierno de Felipe González, el ministro de Defensa Narcís Serra, se vio obligado a crear una investigación sobre la Gladio española. Se le encargó al Cesid dirigido por el general Manglano, que además era el delegado español en la OTAN para cuestiones de Seguridad.

El Cesid era precisamente el principal sospechoso, así que encargarle la investigación era como poner al zorro a investigar quién se comió las gallinas.

El general Manglano se negó rotundamente a declarar en el Parlamento y por supuesto el resultado de su investigación fue que nunca España había participado en la red Gladio.

La Gladio es una obscenidad y para los que creemos en la democracia como sistema es su mayor atentado, y cabe preguntarnos ¿en mano de qué políticos estamos?

Los nuevos grupos fascistas españoles han sufrido el mismo proceso de evolución pues se han ido modernizando, adaptando a las nuevas circunstancias y cuentan con el apoyo del aparato estatal como antaño lo tenían los pistoleros de Fuerza Nueva o los Guerrilleros de Cristo Rey.

Si echamos un vistazo atrás, podemos acordarnos de los fascistas de la Operación Panzer detenidos en el año 2005, a los que se les llegó a requisar un lanzagranadas además de armamento ligero salido de cuarteles del Ejército. Todos los detenidos acabaron absueltos. Las armas fueron destruidas “por error” y se les indemnizó por su destrucción.

Otro caso, esta vez menos sonado, fue la detención- en 2015 del coronel de la Guardia Civil Rodolfo Sanz Sánchez y del subteniente retirado Francisco Carreras.

Ambos sacaban armamento de los cuarteles de la Guardia Civil y del Ejército para venderlo a miembros Falange, Alianza Nacional y otros grupos fascistas.

Diez años después de su detención sigue sin haberse dictado juicio contra ambos. Éstos son sólo casos que saltan a la prensa.

Recientemente ha aparecido en escena un nuevo grupúsculo fascista de nombre Núcleo Nacional. Hay muchos grupos de este tipo en España, la novedad no es ésa.

La novedad es la forma que adquiere este grupo. La estética de sus militantes recuerda al Batallón Azov ucraniano, el símbolo que usan es similar al tridente ucraniano, entrenamientos de tipo militar, infraestructura y puesta en escena similar, etc.

Según el propio Cuerpo Nacional de Policía “son lo más parecido a un grupo paramilitar”. Eso sí, paramilitares consentidos por el Estado. ¿Consentido por qué?

Porque como en el caso de los GAL, no se trata de grupos terroristas pues su función no es derribar el orden social existente sino reforzarlo.

Otro de los aspectos que han llamado la atención es su presencia en redes sociales como Instagram o Twitter, donde cuentan con un gran seguimiento. Es decir, los “algoritmos con los que trabajan estas redes” favorecen la difusión de los mensajes de estos grupos fascistas.

Durante las riadas que se produjeron en octubre del año 2024 en Valencia salió a la luz otro grupo similar llamado Revuelta bajo la egida de VOX. Elon Musk envió a este grupo varios equipos de Starlink para restablecer el servicio de internet en las zonas donde se había perdido este servicio. ¿Por qué Musk decide enviar equipos de internet a este grupo y no a los servicios de Emergencias?

¿Van entendiendo el papel que juega la OTAN no solo en la defensa del poder establecido sino también de control interno, haciendo desaparecer a aquellos que molestan?

[1] La Triple A, también conocida como Alianza Apostólica Anticomunista, fue una organización terrorista de extrema derecha, que actuó en el País Vasco y en el País Vasco francés entre los años 1977 y 1982, durante la transición española. Un informe de la Oficina de Víctimas del Terrorismo del Gobierno vasco del año 2010 le atribuye 8 asesinatos de las 66 víctimas mortales del terrorismo parapolicial y de extrema derecha desarrollado entre los años 1975 y 1990.
[2] El Plan Cóndor, también conocido como Operación Cóndor, fue una campaña de represión política y terrorismo de Estado llevada a cabo a partir del año 1975 por varias dictaduras latinoamericanas con el respaldo del gobierno de Estados Unidos, que incluía operaciones de inteligencia y el asesinato de opositores en el continente.
[3] Orden Nuevo fue un movimiento social de extrema derecha materializado en el Centro de Estudios Orden Nuevo y el Movimiento Político Orden Nuevo. Ambas organizaciones extremistas con actividad en Italia, fundadas por exmiembros del Movimiento Social Italiano. Fue uno de los movimientos más relevantes de la posguerra de la Segunda Guerra Mundial en la historia italiana reciente. Ambas plataformas se disolvieron e ilegalizaron en el año 1973 por el Gobierno italiano, acusadas de tratar de reconstituir el Partido Nacional Fascista de Mussolini.
[4] Servizio per le Informazioni e la Sicurezza Militare (abreviado SISMI, Servicio de Seguridad e Inteligencia Militar) fue la agencia de inteligencia militar entre los años 1977 a 2007. Con la reforma de los servicios de inteligencia italianos aprobada el uno de agosto del año 2007, el SISMI fue reemplazado por la Agenzia Informazioni e Sicurezza Esterna.

samedi 10 janvier 2026

Madrid: ¿el Miami de la oligarquía venezolana?

Fuente https://esrt.space/opinion/carmen-parejo/522785-madrid-miami-oligarquia-venezolana?
Publicado:
Madrid: ¿el Miami de la oligarquía venezolana?

Edmundo González llegó a España el pasado 8 de septiembre tras un acuerdo en el que participaron tanto el Gobierno español como el venezolano. La llegada de González se produjo en medio de un uso partidista interno de la cuestión de Venezuela en el Reino de España.

En pocos días, hemos visto como se llevaba a cabo una votación inaudita en el Congreso de los Diputados de España para reconocer a González como presidente de Venezuela, pese a que ni siquiera el abogado del político venezolano había solicitado tal reconocimiento y teniendo en cuenta, además, el absurdo de que el Parlamento de un país pretenda determinar quién es el presidente de otra nación. A su vez, tanto el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, como destacados líderes de la oposición, como el expresidente, Mariano Rajoy, se reunieron con el excandidato opositor de Venezuela en estos días.

El caso de González no es una novedad, el político se une a otros venezolanos opositores que se han instalado en los últimos años en Madrid. Los casos más conocidos son el de Leopoldo López, responsable de la 'Operación La Salida', condenado en Venezuela por su responsabilidad en la muerte de 43 personas; su mediática esposa Lilian Tintori; Julio Borges o Antonio Ledezma, entre otros.

Durante años en los medios españoles se han publicado diversos artículos en los que destacaban un "desembarco" de fortunas latinas en la capital del reino, donde es recurrente señalar que el fenómeno tiene un claro impulsor: el clan venezolano de los Capriles, familia del excandidato opositor Henrique Capriles, y su ascendente influencia en el mercado inmobiliario del lujo.

La familia Capriles se afianzó en Venezuela, a través del control sobre medios impresos, tales como Últimas noticias o El Mundo, que dominaron durante mucho tiempo el mercado mediático venezolano. A su vez, se hicieron con un jugoso negocio inmobiliario centrado en oficinas y apartamentos de lujo en la ciudad de Caracas. Su llegada a España se produjo en 2013, aprovechando que muchos venezolanos acaudalados se marcharon del país una década antes tras la victoria de Hugo Chávez y el triunfo de la Revolución Bolivariana.

La familia Capriles se hizo con un jugoso negocio inmobiliario centrado en oficinas y apartamentos de lujo en la ciudad de Caracas.

El despertar del pueblo venezolano también conllevó un despertar para la oligarquía del país, que se trasladó a España con el fin de hacer negocios en terrenos que consideraron más amables.

Exiliados ricos

A mediados de 2022, The New York Times publicó un artículo firmado por su corresponsal en España, Raphael Minder, donde aseguraba que Madrid definitivamente había desbancado a Miami como destino preferido por los latinoamericanos ricos. Este texto señalaba que esta movilización de las oligarquías latinoamericanas se debía a los cambios políticos producidos en la región, inventando un novedoso concepto: "exiliados ricos".

Ante eso, debemos preguntarnos: ¿por qué la riqueza es considerada un motivo para el exilio? El medio estadounidense también atendía a esta cuestión y presentaba dos ejemplos: los colombianos ricos que previsiblemente se marcharían del país si se producía una victoria de Gustavo Petro, debido a que este había planteado subir los impuestos; y también advertían que el mensaje de Gabriel Boric en Chile que hablaba sobre favorecer una sociedad más igualitaria, también habría hecho sonar las alarmas.

Los ricos son muy sensibles a que se limite su acción expoliadora, pero España tiene la solución: con una inversión inmobiliaria de 500.000 euros, obtienes una visa dorada y todas las facilidades para engordar tu cartera en territorio español.

No deja de ser contradictorio, aunque no sorprendente, observar cómo los habituales voceros políticos de una oportunista campaña contra la inmigración y los cambios demográficos que de ella se derivan, no vean mayor problema en privilegiar con leyes la llegada masiva y el control efectivo sobre barrios enteros que estos multimillonarios están provocando, con consecuencias sociales concretas como el encarecimiento de la vivienda y la expulsión de gran parte de la población de las ciudades.

Venezuela llama a consultas a su embajadora en España

No podemos dejar de advertir que el interés de estos voceros en enfrentar emociones a través de los fenómenos migratorios, finalmente, solo es una performance que busca enfrentar a pobres contra pobres. Su racismo también es una cuestión de clase. Entre ellos se reconocen y se protegen. Ojalá, desde el otro lado, también tuviésemos claro a quién debemos proteger y, en este caso, a quién no.

Otro sector que se ha visto afectado en relación a la llegada del "exilio rico" venezolano, ha sido la banca, donde destaca la figura de Juan Carlos Escotet, banquero hispano-venezolano.

Escotet se inicia bajo la protección del banquero nacido en Cuba Orlando Castro, y gracias a la renta petrolera venezolana y las ventajas que ofrecía pertenecer al grupo de banqueros cercanos al gobierno de Carlos Andrés Pérez, su ascenso fue rápido, con la fundación del banco BANESCO y convirtiéndose ya durante la década de los 90 en uno de los hombres más ricos de Venezuela.

Tras la crisis de las cajas de ahorro en España, el gobierno gallego, dirigido por Alberto Núñez Feijóo, en la actualidad máximo dirigente del Partido Popular a nivel estatal, decidió la fusión de CaixaNova y Caixa Galicia, dando paso a NovaCaixaGalicia. Esta operación, que costó 9.000 millones en ayudas públicas, acabó en 2013 con una intervención estatal y la venta a Juan Carlos Escotet, por solo 1.000 millones de euros, dando paso a la creación de ABANCA.

¿Grupo de presión interno?

Sin embargo, sería inocente creer que el poder que han ido adquiriendo estos grupos, dentro de sectores tan sensibles como es el mercado inmobiliario o la banca, no esté suponiendo a su vez la consolidación de un grupo de presión interno que afecta a la política doméstica en España.

Leopoldo López Gil, el padre de Leopoldo López, en 2019 se convirtió en eurodiputado de la mano del Partido Popular. A su vez, en 2016, la familia Capriles entró a formar parte de la administración de la sociedad detrás del medio de comunicación The Objective, que ha ganado cierta relevancia en los últimos meses por su campaña, muchas veces a través de la creación de bulos contra el gobierno de Pedro Sánchez, según denunció en una investigación en Diario Red el periodista Román Cuesta, en abril de este mismo año.

Los intereses detrás de haber aupado y dado la bienvenida a esta diáspora multimillonaria y bastante corrupta venezolana en España son evidentes: tratar de derrocar el proceso revolucionario en Venezuela. El Estado español aúna razones económicas, en relación con los intereses de las multinacionales españolas en Venezuela; y geopolíticas, por el temor de perder su capacidad de injerencia en la zona por el surgimiento de gobiernos populares soberanos.

Cuba y Miami

En 1959 llegaron a la ciudad de Miami políticos corruptos y policías torturadores que huían de los revolucionarios cubanos tras el derrocamiento del dictador Fulgencio Batista. A la CIA y a EE.UU. también le interesó promocionar a estos grupos para crear desestabilización en Cuba y favorecer una intervención estadounidense. Ese es el origen de la mafia cubana de Miami que ha estado detrás de múltiples atentados terroristas y de actos de injerencia política tanto en Cuba, como en otros países latinoamericanos, pero, también dentro del propio EE.UU. 

La historia se repite dos veces: la primera como tragedia, la segunda como farsa.

dimanche 21 décembre 2025

El mito obrero del fascismo

“En materia económica somos liberales en el sentido clásico de la palabra”, 
Benito Mussolini, Il Popolo d'Italia, a finales de 1921.
 
(...) 
 
Una de las “demostraciones sindicales” del 1 de mayo

Conclusiones

Algunas conclusiones que se extraen del presente artículo es que la retórica obrerista utilizada por los fascismos de la primera mitad del siglo XX, por una parte obedecía a una estrategia puramente propagandística, que tenía el fin de atraer a las masas de obreros y campesinos a sus filas y desvincularlas así de la influencia de los partidos y sindicatos marxistas y anarquistas. Si bien en los momentos iniciales podía haber una cierta predisposición a defender los intereses de los trabajadores, esta se aplacó o limitó con el transcurso de los años. Por otra parte, la estrategia también tenía como fin “acoger al obrero” en el seno de una sociedad fuertemente verticalizada y clasista. Pero acogerlo como subalterno y explotable que, a pesar de los pesares, formaría parte del “gran proyecto nacional” fascista. Esto enlazaría con otra de las características que atraviesan al fascismo, como es la defensa del darwinismo social como elemento vertebrador, tanto en el conjunto de la sociedad como en el seno de las empresas. Estos buscaban dejar a la clase obrera en una situación de subyugación respecto a la burguesía. En este sentido, al igual que el rey o el caudillo ejercía de líder absoluto de las masas, el fascismo defendía la idea de las empresas como el seno de una familia tradicional, donde el patrón debía cumplir con el papel autoritario de pater familias, desplegando así un poder absoluto sobre los trabajadores. En consecuencia, el corpus teórico del fascismo descansa sobre la negación absoluta de la lucha de clases y en favor de la armonización de las mismas. Bajo el pretexto de la búsqueda de objetivos superiores, abogaban por un gran pacto de capital/trabajo, con el fin de “elevar a los intereses de la nación por encima de las luchas internas”. Es decir, frente a la idea de “clases en pugna”, se impone una idea de “sociedad armónica” compuesta por sectores distintos, unos más dignos que otros, pero que encajan a la perfección si no se trata de alterar el statu quo y el “orden natural” ─español, italiano, alemán─ de las cosas.

Esta última idea explicaría perfectamente la batalla encarnizada que llevaron a cabo los diferentes movimientos fascistas contra las organizaciones obreras que en ese momento, y en sus respectivos países, tenían una gran influencia sobre los trabajadores, tanto a nivel sindical como de partidos políticos. El fascismo se convirtió en el brazo armado de la alta burguesía, buscando socavar las conquistas sociales que el conjunto de los trabajadores había conseguido durante años de luchas.

En ese sentido, cabe destacar que los tres fascismos se alinearon en todo momento con los intereses de industriales y terratenientes, abandonando por completo las pretensiones emancipadoras del conjunto de los trabajadores. No es de extrañar, por tanto, que sendas corrientes fascistas recibieran ingentes sumas de dinero de las altas burguesías de sus respectivos países. Dinero que utilizaron para financiar campañas electorales así como sufragar las acciones violentas que los propios fascistas llevaban a cabo contra los trabajadores organizados.

Finalizado el análisis del fascismo de la primera mitad del siglo XX, hay que señalar que actualmente nos encontramos en una contraofensiva reaccionaria que, aunque a nivel estético y simbólico se encuentra muy alejado de este, las estrategias discursivas utilizadas con el fin de atraer al conjunto de los trabajadores a sus filas son muy similares. Esto cobra mayor importancia si se tienen en cuenta las consecuencias de las políticas neoliberales impulsadas a partir de los años 70 y 80 en gran parte del mundo. Recetas económicas que han socavado la capacidad organizativa y de lucha del conjunto de la clase obrera. Desprovista esta de certezas y despojada de cualquier alternativa al capitalismo depredador imperante, es fundamental que las organizaciones obreras dispongan de un acervo de herramientas que nos permitan abordar la lucha contra el ─neo─fascismo con las máximas garantías de poder lograr su derrota definitiva.

ARTICULO COMPLETO 

 

mercredi 12 novembre 2025

El fascio de las Ramblas. Los orígenes catalanes del fascismo español

 

Xavier Casals Meseguer
Enric Ucelay-Da Cal

 

 

Introducción. El primer fascismo español, una historia de tres ciudades

 

Si el fascismo español tiene un himno, 
este es sin duda el «Cara al sol» falangista. Estrenado en 1936, su estrofa inicial reza así:

Cara al sol con la camisa nueva,
que tú bordaste en rojo ayer,
me hallará la muerte si me lleva
y no te vuelvo a ver.

Pero el primer caído «cara al sol» no fue un falangista, sino un poeta e intelectual considerado el padre de la independencia de Cuba: José Martí. Murió en Pinar del Río el 19 de mayo de 1895 luchando contra una columna española, pese a ser hijo de un valenciano y una tinerfeña emigrados a la isla. Señala el historiador John Lawrence Tone que Martí fue temerario al querer demostrar que podía luchar con las armas igual que con sus textos:

Se aproximó a los españoles armado tan solo con una pistola y montado en un caballo blanco: las ráfagas de rifle le hirieron de muerte tirándole al suelo.

Su muerte tuvo «aroma de suicidio» y añade que, al parecer, Martí tuvo «premoniciones de su muerte», visibles en esta estrofa de sus

No me pongan en lo oscuro, a morir como un traidor.
Yo soy bueno, y como bueno moriré cara al sol.

Según el hispanista Hugh Thomas el himno falangista se inspiró en estos versos. Pero los relatos de su creación atribuyen esta estrofa del himno al fundador de Falange Española (FE), José Antonio Primo de Rivera, y a dos escritores del partido, Agustín de Foxá y José María Alfaro, lo que hace plausible que conociesen los versos de Martí. Este hecho no es menor porque apunta a un sustrato mal conocido del fascismo español: su influjo cubano, tema de este ensayo que comporta una revisión profunda de este fenómeno político.

Las JONS, constituidas el 10 de octubre de 1931, a partir de la fusión del grupo liderado por Ramiro Ledesma Ramos 
—fundador del semanario La Conquista del Estado— con las Juntas Castellanas de Acción Hispánica de 
Onésimo Redondo Ortega y La Traza, liderada por Alberto Ardanaz (foto: Archivos de la Historia)
El falangismo como único fascismo español: una visión problemática

En general, los estudios del mismo, más allá de centrarse en algunas individualidades, orbitan en torno al falangismo y las dos entidades previas que confluyeron en él. Una fue el semanario La conquista del Estado, impulsado por Ramiro Ledesma y que vio la luz en Madrid en marzo de 1931 (el mes previo a la proclamación de la Segunda República). La otra fue Libertad, otro semanario que se editó en junio de aquel año en Valladolid promovido por Onésimo Redondo y cuyo núcleo editor constituyó en agosto unas irrelevantes Juntas Castellanas de Actuación Hispánica (JCAH). En octubre ambos grupos se fusionaron en las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (JONS). Dos años después, en octubre de 1933, José Antonio Primo de Rivera creó un ente rival, la citada FE. Como falangistas y jonsistas eran exiguos, estos se fusionaron en febrero de 1934 en FE de las JONS. Estas siglas fueron marginales hasta que en la primavera de 1936 conocieron una gran afluencia de seguidores. Ya en plena Guerra Civil, en abril de 1937, Franco unificó a FE de las JONS con la otra gran fuerza de la derecha, el carlismo, y creó el partido oficial de su régimen: Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (FET y de las JONS).

Acabada la Guerra Civil en abril de 1939 e iniciada la Segunda Guerra Mundial en septiembre de aquel año, las expectativas que Franco depositó en el triunfo del Eje favorecieron la fascistización del régimen a través de FET y de las JONS hasta agosto de 1942 de la mano de Ramón Serrano Suñer, cuñado de Franco. Entonces el retroceso de las fuerzas del Eje forzó al dictador a adoptar un funambulismo político para sobrevivir a la victoria aliada de 1945. En este marco FET y de las JONS, desde 1967 llamada Movimiento Nacional (o «Movimiento»), conoció un letargo del que ya no salió hasta su disolución en abril de 1977. Devino así el paraguas político de tres generaciones de españoles y españolas (estas últimas en la Sección Femenina).

Paradójicamente, esta asociación del fascismo español con el falangismo la originó este último. En los años treinta asumió su conexión con ascendentes italianos y tras la derrota del Eje quiso proyectarse como una especificidad hispánica. A inicios de los años sesenta del pasado siglo, el historiador estadounidense Stanley G. Payne examinó la «falangística» (las obras emanadas del universo falangista, desde memorias a textos políticos) y asumió su visión del «fascismo español» y su estudio la convirtió en una opción comparable al fascismo italiano y al nazismo alemán, con pautas de análisis ya muy elaboradas. Payne posteriormente profundizó en el estudio del fascismo y devino un experto en el tema. Como resultado, el trabajo pionero de Payne sobre Falange codificó los parámetros del fascismo español de estudios posteriores, que lo asociaron al falangismo de forma indeleble.

Ceremonia de fusión de Falange Española y de las JONS celebrada en el Teatro Calderón de Valladolid 
el 4 de marzo de 1934, en la que intervinieron Primo de Rivera, Julio Ruiz de Alda, Onésimo Redondo, 
Ramiro Ledesma Ramos y Emilio Gutiérrez Palma (foto: El Norte de Castilla)

Pero esta visión del fascismo español, desde nuestra óptica, plantea problemas diversos. Uno es cronológico: hace del fascismo una realidad tardía en España al remitir a los años republicanos, y los partidos o entes previos susceptibles de ser vinculados al mismo se catalogan como precursores. Otro problema es geográfico, ya que Madrid es el único centro irradiador de fascismo, con Valladolid como escenario secundario como baluarte de Redondo y sus JCAH. Por último, esta visión del fascismo infravalora su proximidad con la derecha más radical o «fascistizada» y su pugna por un mismo espacio político. Pero para sus coetáneos los falangistas, la «derecha fascistizada» y la derecha en general a menudo carecían de lindes ideológicas diáfanas, pues eran un continuo de límites internos borrosos, señala el historiador Paul Preston:

[.. ] Durante toda la República, los líderes de cada grupo derechista habían intervenido en los mítines de los otros, siendo, normalmente, bien recibidos. Se reservaba espacio en la prensa de los diversos partidos para incluir informes favorables sobre las actividades de los rivales. Todos los sectores de la derecha compartían la misma determinación de establecer un Estado corporativo y de destruir las fuerzas efectivas de la izquierda. […] Había, por supuesto, diferencias de opinión […]. No obstante, rara vez iban más allá de disensiones sobre la táctica […]. Estos grupos raramente rompieron su unidad en el Parlamento, en tiempo de elecciones o […] durante la guerra civil […]. Es más, no era raro […] pertenecer a una o más de estas organizaciones, y en algunos casos a todas ellas.

Esta dificultad de trazar límites la ilustra el Partido Nacionalista Español (PNE), calificado de «pseudofascista». Su líder y creador fue el médico valenciano José Mª Albiñana, que creó la formación en abril de 1930, tres meses después de concluir la dictadura que Miguel Primo de Rivera estableció en 1923, con la expectativa de erigirse en su albacea político. Su divisa era la del primorriverismo caído, «Religión, Patria, Monarquía». A ello añadió su lema, «España sobre todas las cosas, y sobre España inmortal, solo Dios». Entre octubre y noviembre de 1930 adoptó el «saludo brazo en alto, [la] camisa azul [celeste], [el] escudo con yugo, flechas y águila bicéfala, [y la] cruz de Santiago». Moduló un españolismo combativo (su himno se tituló «España inmortal») y se definió como una «hermandad hispánica de acción enérgica». Su portavoz fue La Legión y su milicia fueron los Legionarios de España, su «avanzada guerrillera». Cabe pensar que para sus seguidores militar en FE o en este partido dependió más de su presencia en un lugar concreto que de su doctrina. Ateniéndonos a lo expuesto, consideramos difícil negar el carácter fascista del PNE.

En este marco, sostenemos una visión substancialmente distinta del fascismo español, pues convenimos que este fenómeno tuvo sus raíces en Cuba, afloró y se configuró en la Península por vez primera en Barcelona entre 1919 y 1923 y tuvo ecos y reverberaciones en Madrid entre fines de 1922 e inicios de 1923. Ello fue así por varias razones que desplegamos a lo largo de este ensayo y apuntamos al lector a continuación de modo orientativo.

José María Albiñana (segundo por la izquierda), en una reunión con miembros del Partido Nacionalista Español 
(foto: El Independiente)
Las raíces cubanas del fascismo español: militarismo y españolismo

España solo puso fin a su condición imperial en 1975 (con el abandono del Sahara occidental en plena agonía de Franco) y este hecho marcó su evolución mucho más de lo que parece. En el caso del fascismo español juzgamos determinante la importancia de La Habana en el proceso de su conformación, pues en la España decimonónica era su tercera ciudad más importante (después de Madrid y Barcelona) y en ella tuvieron lugar dos procesos clave en el tema que nos ocupa.

Uno fue la concentración de poder que conoció el titular de su Capitanía y que le convirtió en virtual «virrey» de la isla con el apoyo de sus élites propeninsulares (opuestas a toda reforma que alterase el statu quo de Cuba) que formaron una suerte de «Corte» en torno al capitán general. Asimismo, este dispuso de una milicia civil que las citadas élites promovieron y lideraron, el llamado Cuerpo de Voluntarios. Este se creó en 1855 para luchar contra el «separatismo» (que incluyó a cubanos autonomistas e independentistas) y contra posibles revueltas de esclavos. Los voluntarios, que iban uniformados y armados, profesaron un nacionalismo intransigente que les convierte en precursores del futuro fascismo peninsular.

En 1869 acaeció la conjunción organizada de estos tres elementos: Capitanía, élites y los voluntarios. Entonces, quien era capitán general desde enero, Domingo Dulce, quiso introducir reformas y ampliar el marco de libertades de Cuba siguiendo órdenes del gobierno, pero topó con la oposición de las élites citadas. Estas urdieron un complot contra este militar mediante el capitán general que le precedió, Francisco Lersundi, y el Cuerpo de Voluntarios. Así, en mayo Lersundi asedió la Capitanía con cientos de voluntarios y forzó a Dulce a renunciar a su cargo al carecer de fuerzas para imponerse. Como este renunció a sus poderes de forma reglamentaria, el cambio de titular de Capitanía fue legal y pacífico. Desde entonces las élites mencionadas actuaron con autonomía de Madrid y solidificaron sus lazos con Capitanía, mientras los voluntarios reprimieron a reformistas e independentistas cubanos a sus anchas.

Esta experiencia antillana, apenas conocida en la narrativa de la historia de España, fue decisiva tanto en la evolución del militarismo español como en la del fascismo porque configuró un artefacto político-militar singular que denominamos «Capitanía cubana». Tal expresión alude a la asunción del poder civil por Capitanía de forma dictatorial, con el apoyo de las élites locales y una milicia civil auxiliar. Esta última, que en Cuba encarnaron los voluntarios, reflejó ya el limitado espacio político que el militarismo español dejaría al desarrollo del futuro fascismo en la Península. De hecho, la definición de «militarismo» presume que los oficiales del Ejército han de predominar sobre los políticos civiles.(20) Ello fue así porque el Ejército se autoerigió en garante del orden establecido ante toda amenaza «separatista» o revolucionaria y quiso monopolizar el patriotismo.

El otro proceso que se desarrolló en Cuba e interactuó con el anterior fue que allí afloraron tanto el nacionalismo español exacerbado como los nacionalismos centrífugos peninsulares. De este modo, la llamada Guerra de los Diez Años (1868-1878) contra los insurrectos de la isla hizo cristalizar un autodenominado «españolismo» que asimiló nación e imperio (concibió a la Península y a sus dependencias de Ultramar como un todo indivisible) que reclamó una adhesión «incondicional» contando con el apoyo de Capitanía.

Voluntarios de La Habana, retratados por Valeriano Domínguez Bécquer en la revista La Ilustración de Madrid (1870). 
Fuente: Wikimedia Commons.
Cataluña en el espejo de La Habana: ¿Una «segunda Cuba»?

Tras la pérdida de Cuba en 1898, la pauta de ocupación castrense del poder civil de la «Capitanía cubana» se exportó a la Península y arraigó en Barcelona. Allí los militares procedentes de Ultramar creyeron hallarse ante la misma amenaza bifronte de La Habana: el «separatismo» (encarnado por el catalanismo emergente) y la revolución (el temor al obrerismo organizado substituyó al que infundían las revueltas de esclavos). De este modo, a partir de los problemas de orden público, Capitanía empezó a asumir competencias civiles en detrimento del gobernador civil, en un proceso que tendría su inicio en la huelga general de 1902.

Por esta vía, entre 1919 y 1923, cuajó una genuina «Capitanía cubana» en Barcelona. En ese periodo fueron sus «virreyes» de facto los generales Joaquín Milans del Bosch (capitán general de Cataluña entre septiembre de 1918 y febrero de 1920) y Severiano Martínez Anido (gobernador civil desde noviembre de 1920 hasta octubre de 1922). Milans expandió su poder al reprimir la agitación que el fin de la Gran Guerra en 1918 generó entre catalanistas y sindicalistas. La de los primeros se materializó en una campaña de demanda de autonomía en la que el Ejército vio un separatismo tan amenazador como el cubano. Y la de los segundos la estimuló el triunfo de la revolución bolchevique en 1917, que incentivó la radicalización del potente sindicato de cariz anarcosindicalista omnipresente en la zona metropolitana barcelonesa: la Confederación Nacional del Trabajo (CNT). Esta organización alumbró grupos de acción que generaron un pistolerismo endémico que Milans quiso contener con mano dura. Su actuación esbozó entonces una dictadura regional sin quebrar de forma oficial la legalidad (como en Cuba). Pero no la pudo consolidar al ser forzado a dimitir en febrero de 1920. Le substituyó como «hombre fuerte» Martínez Anido, quien durante su mandato (el «anidato») consolidó la autocracia en Cataluña que Milans perfiló. En consecuencia, ambos militares actuaron como los capitanes generales de La Habana: ocuparon el poder civil con apoyo de las élites locales y una milicia auxiliar, conformando una «Capitanía cubana» en Barcelona.

Fuente: Mundo Gráfico 23 de octubre de 1918
De los Voluntarios de La Habana al «Fascio de Las Ramblas»

En este escenario, la milicia auxiliar de esta «Capitanía cubana» surgió de modo espontáneo o se improvisó sobre la marcha, de modo que desempeñaron su rol en Barcelona cuatro actores distintos entre 1919 y 1922. Primero, entre fines de 1918 e inicios de 1919 lo hizo una Liga Patriótica Española (LPE), que practicó el «escuadrismo» contra el catalanismo. Al estallar una intensa conflictividad social a partir de febrero de 1919, la LPE se esfumó y desempeñó tal función el Somatén, una milicia civil que actuaba como cuerpo auxiliar de orden público. Pero el protagonismo creciente de los grupos de acción del cenetismo requirió que desarrollasen la función de milicia auxiliar otros actores: primero fueron grupos parapoliciales conocidos como la «banda negra» y desde 1920 ejerció este rol el llamado Sindicato Libre. Así las cosas, veremos cómo la LPE y el Libre, amparados por Capitanía, encarnaron el primer fascismo barcelonés.

Hemos designado a este último como «Fascio de Las Ramblas», una expresión que fue acuñada en 1931 por ámbitos de izquierda para aludir de forma irónica a una organización fascista que supuestamente organizaba Ramón Sales, el dirigente del citado Sindicato Libre. Sales anunció la creación de tal milicia el 11 de abril de ese año a bombo y platillo, pero sus declaraciones posiblemente fueron un globo sonda o un farol político. Pese a su inexistencia, hemos escogido esta expresión para designar al fascismo barcelonés inicial porque Las Ramblas fueron un escenario y escaparate a la vez de las primeras tramas fascistas barcelonesas. Y es que en este bulevar primero se enfrentaron catalanistas y españolistas de la LPE. Después Las Ramblas fueron un espacio de eclosión del pistolerismo. Los matones de ambos sindicatos (Libre y CNT) se reunían en sus cafés y sus grupos de acción actuaron en buena medida en la zona marcada por esta arteria: el casco antiguo y la zona que sería conocida como «barrio chino». También Las Ramblas reflejaron la importancia de los militares que mediaron en aquel universo de choques entre cata- lanistas y españolistas, libres y cenetistas. Sus centros coronaban simbólicamente el principio y el final de Las Ramblas: el Casino Militar estaba al principio, en la plaza Cataluña, y la Capitanía al final, en la zona próxima al mar. De ahí, pues, la idoneidad de esta metáfora como título del presente ensayo.

Ramón Sales Amenós en diciembre de 1919, en un acto de homenaje al general Severiano Martínez Anido
Un fascismo de primera generación y otro de segunda

Ateniéndonos a lo hasta aquí expuesto, partimos de las premisas siguientes: que la emergencia y la evolución del fascismo en España fue inseparable de la del militarismo del siglo xx (por lo que es necesario estudiar la configuración de ambos de forma simultánea); que ambos fenómenos tuvieron sus orígenes en la Cuba decimonónica, pero también los marcaron las campañas militares de Marruecos; que su configuración y eclosión tuvo lugar en la Barcelona del periodo 1919-1923, caracterizada por una conflictividad política y social intensa con un poderoso tema identitario de fondo; y que en su desarrollo interactuaron de forma compleja propuestas fascistas de Barcelona y, en menor grado, otras de Madrid.

En este aspecto, podemos establecer que el fascismo español tuvo dos etapas distintas: una monárquica inicial y otra posterior republicana o accidentalista en cuanto al régimen político. La primera (1919-1923) es el tema de este estudio y lo podemos calificar como un «fascismo de primera generación», caracterizado por tener su epicentro en Barcelona, un discurso y una práctica política acuñada en Ultramar (aunque tamizada por Marruecos), un carácter esencialmente organizativo y una elaboración ideológica muy escasa. Simplificando, tuvo tres plasmaciones sucesivas. La primera fue la mencionada LPE anticatalanista entre fines de 1918 e inicios de 1920. Le sucedió el Sindicato Libre, constituido a lo largo de 1919 y que emergió en 1920 y combatió con las armas a la poderosa CNT. Por último, a fines de 1922 se formó el grupo La Traza, que salió a la luz a inicios de 1923. Sin embargo, este fascismo barcelonés no puede estudiarse por sí solo, ya que tuvo una compleja relación e interacción con propuestas surgidas en Madrid, que también recoge esta obra, y que pasaron por la confluencia del africanismo militar, encarnado por la Legión (oficialmente Tercio de Extranjeros), y los sectores del llamado maurismo que conocieron una deriva autoritaria.

En cambio, el fascismo que podemos considerar de «segunda generación» tuvo su epicentro en la capital española y Valladolid, a la vez que se articuló esencialmente en torno a la ideología. Se singularizó por tener expresiones políticas republicanas y ambiciones intelectuales que reflejaron el influjo de las vanguardias literarias. Estas le transmitieron la convicción de que la «Nueva Cultura» que habían forjado debía demoler y substituir a una cultura burguesa juzgada decadente. Reflejaron este fascismo los mencionados grupos de Ledesma y Redondo que confluyeron primero en las JONS y luego con la FE de José Antonio Primo de Rivera y originaron FE de las JONS. En este marco, el PNE de Albiñana sería un grupo de transición entre ambos fascismos.

Para comprender la importancia de esta dimensión urbana de las iniciativas fascistas, especialmente en el fascismo de «primera generación» es esencial tener en cuenta que existe un trasfondo de «guerra de ciudades» en la que la dicotomía Madrid-Barcelona tiene un papel esencial, en la medida que, si la capital de España será el centro oficial del país, Barcelona, su capital económica e industrial carente de un poder político en consonancia, actuará como el «anticentro» por excelencia del país. Esta tensión entre centro y «anticentro» será un vector del «Fascio de Las Ramblas».

Presidentes de los Sindicatos Libres de Barcelona en 1922 (foto: La Acción/Wikimedia Commons)
¿Pero qué es el fascismo? Un recorrido por territorios pantanosos

Llegados aquí, es imperioso abordar una cuestión pantanosa: ¿Qué entendemos por fascismo? La pregunta no tiene una respuesta satisfactoria al faltar un acuerdo académico sobre cómo definir tal concepto. Ello es así porque no existe un fascismo monolítico, atemporal e inmutable, sino una pluralidad de movimientos de rasgos similares y diferentes a la par. Tal realidad supone cuatro grandes problemas para disponer de una definición operativa.

Un primer problema radica en que el fascismo combina diversos estilos políticos que lo hacen acreedor del reconocimiento como algo nuevo: explora una «tercera vía» entre marxismo y liberalismo, entre derecha e izquierda (asumiendo la crítica del liberalismo al comunismo y la del comunismo al liberalismo); asume el papel del Estado como ente rector de la sociedad (de forma semejante al comunismo); plasma una forma nueva de representatividad política que pasa por un líder carismático que interpreta la «voluntad nacional»; adopta una cultura nueva, en la que confluyen una crisis del racionalismo —que comporta la exaltación de una mística ultranacionalista de combate— y las vanguardias artísticas. A ello se añade que es la única ideología de los siglos xix y xx que asume su demonización. La actitud de los fascistas es fácilmente reconocible: «Sí, somos malos… ¿y qué?». Todo ello es difícil de aprehender en una única definición.

Un segundo problema es sobre qué tipo de movimiento fascista ponemos el foco. No es lo mismo el primer fascismo, de orígenes relativamente nebulosos, que aquel ya crecido y ávido de poder. Y menos aún el ya instalado en el poder y el que está en la oposición. En este aspecto, se suele identificar el fascismo (como movimiento y/o doctrina) con la época de entreguerras (aproximadamente el periodo 1919- 1945), percibido como un fenómeno político europeo en su esencia y que expresaría una larga «guerra civil europea». Un tercer problema es su variedad de manifestaciones, que dificulta las definiciones homogeneizadoras. Así, el historiador germano Ernst Nolte aludió a que

«un asombroso enlace de tendencias particulares y universales resulta evidente en todo movimiento fascista».

Finalmente, un cuarto problema, derivado de los anteriores, es que los expertos ofrecen una variedad de enfoques que hace muy difícil disponer de una definición funcional. De este modo, por poner algunos ejemplos, el destacado historiador italiano Emilio Gentile ha enfatizado la forma política, el partido fascista, en el caso italiano en concreto como fuerza paramilitar o partido-milicia. En clara contraposición, el británico Roger Griffin ha formulado una tesis que aborda el fascismo como expresión de un «nacionalismo palingenético». Su discurso y su potencial atracción de masas dependen así de la capacidad de crear un «renacimiento nacional», que sería su componente ideológico fundamental. Sin él, según Griffin, no hay auténtico fascismo. Por descontado, no podemos olvidar la aproximación del propio Payne, que establece una tipología de rasgos con una reflexión sobre sus antecedentes. Hay otras muchas propuestas, suficientes para requerir una ordenación de carácter enciclopédico.

Propaganda de los Sindicatos Libres: su encarnación persigue al anarquismo, el separatismo, la masonería, el comunismo y el judaísmo (imagen del blog de Xavier Casals)

Para resumir, el fascismo es una ideología y a la vez una práctica que combina acción con pensamiento, que ilustra el lema «Libro e moschetto, fascista perfetto» («libro y mosquete, fascista perfecto»). Pero se trata de un pensamiento único, decidido desde arriba, dictado supuestamente por un jefe carismático, omnímodo e infalible: «Il Duce ha sempre ragione» («El Duce siempre tiene razón»). Se remarca así el énfasis del fascismo en la participación y, por extensión, en la obediencia. Pero todo ello no es más que un modelo idealizado. La realidad política siempre es más compleja y contradictoria, por lo que —volviendo al principio— es sumamente difícil disponer de una definición satisfactoria de este fenómeno.

En este apartado de definiciones también es necesario aludir al concepto igualmente difuso de populismo. Aquí lo hemos empleado para designar una estrategia de movilización especialmente visible en el discurso regeneracionista de inicios del siglo xx y que crea una dicotomía maniquea entre el «pueblo sano» y las élites corruptas para movilizar al primero contra las segundas. Sin embargo, el concepto de populismo tampoco tiene una definición clara y unívoca. Y aunque hoy es omnipresente en los medios de comunicación, su significado resulta bastante confuso. Como sucedió con el fascismo más maduro, cuesta a los estudiosos entender qué elementos son propiamente de la izquierda o de la derecha. En realidad, el término nació en la Rusia zarista, con los llamados naródniki (de narod, pueblo) durante la segunda mitad del siglo xix. Pero la misma palabra en inglés, populism o People’s Party, designó un partido electoral estadounidense las últimas dos décadas decimonónicas. Como palabra política ya casi olvidada, analistas académicos la utilizaron para describir la actuación de movimientos que combinaban partido y sindicatos en Latinoamérica, sobre todo (aunque no solamente) en Brasil y Argentina en la primera mitad del siglo xx. También hay quien lo empleó para examinar la política de izquierdas y el autonomismo en Cataluña en el periodo republicano y de la Guerra Civil (1931-1939). Otros estudiosos, notablemente el historiador hispano-francés Carlos Serrano, han considerado que la figura del intelectual regeneracionista Joaquín Costa, protagonista relevante de nuestra obra, era de neta raigambre populista. Y si antes del siglo XXI se empleó este vocablo para dar sentido al prefascismo, hoy sirve principalmente para señalar la pujanza del posfascismo.

Así las cosas, este ensayo se centra en reconstruir las raíces, eclosión y trayectoria del primer fascismo español. Por tanto, definir esta experiencia primeriza plantea un reto similar al que afrontó Nolte —el investigador antes citado— al analizar los orígenes del fascismo francés, que asimiló a un grupo que mencionamos en la obra: Action Française (Acción Francesa, AF). Esta entidad se constituyó en 1899 y su líder carismático fue el escritor e intelectual Charles Maurras (1868-1952), cuyo acendrado nacionalismo surgió del cultivo de la lengua provenzal. Su ideario fue concomitante al del carlismo en España: defendió una monarquía tradicional, antiparlamentaria, antiliberal, descentralizada y recurrió a la violencia. Nolte justificó su inclusión aludiendo a que la AF es «la primera agrupación política de cierta influencia y rango intelectual que conlleva innegables rasgos fascistas». Además, «aparece al mismo tiempo que las demás formas tardías del antiguo movimiento contrarrevolucionario, el legitimismo francés y el realismo, pero resultan evidentes ciertos rasgos modernos que no pueden derivarse de esta tradición», sin que su monarquismo la alejara del fascismo.

Pues bien, esta misma cuestión que Nolte esbozó es la que plantean los colectivos y grupos analizados en la obra y solo podemos definirlos a medida que los analizamos: surgen parejos a movimientos contrarrevolucionarios decimonónicos, lo que facilita la confusión entre «lo nuevo» y «lo viejo», pero presentan rasgos modernos que los desvinculan de ellos y, estudiados en una dimensión territorial, conforman un juego de oposiciones que permite percibirlos como un todo con sentido político propio. Así, intentar dotar de una definición que incluya a colectivos mencionados como la LPE, La Traza, el Sindicato Libre o una unidad militar como la Legión es una empresa ardua y difícil en estas páginas liminares. Por consiguiente, invitamos al lector a constatarlo a partir de la exposición desplegada en la obra. No obstante, en relación con este primer fascismo aquí tratado, tanto en Barcelona como en Madrid, podemos enfatizar tres ideas.

Conferencia de Jaime Bordas, presidente de la Liga Patriótica Española de Barcelona, sobre la “autonomía integral”, en el Teatro del Centro (Madrid) (foto: ABC, 31 de diciembre de 1918)

Una primera idea es que en él primó la acción por encima de la reflexión. Fue un fascismo casi ágrafo, cuya escasa teorización se improvisó sobre la marcha y quizá ni ambicionó elaborarla. De este modo, originó manifiestos y prensa en el mejor de los casos, pero no abultadas disquisiciones teóricas impresas. Se caracterizó por articular organizaciones agresivas o de encuadramiento combativo de sus seguidores y sus entidades reflejaron la idea de formar un «ejército privado» capaz de actuar con virulencia ante formaciones opuestas dentro de la sociedad civil. Fue tan escasa su preocupación por dejar su huella que, como verá el lector, su evolución solo se puede reconstruir en la mayoría de los casos examinados de forma parcial y, a menudo, con fuentes secundarias (memorias, prensa, informes policiales o diplomáticos). De hecho, el vínculo con el fascismo fue públicamente invisible en algunas iniciativas, como el Sindicato Libre o el núcleo madrileño que preparó una «marcha sobre Madrid». Sabemos que este nexo existió, pero sus protagonistas se cuidaron mucho de ocultarlo.

Una segunda idea relevante es su encaje político singular en un marco monárquico. En este aspecto, el fascismo, que per se es republicano, surgió y creció en una Europa de monarquías. Ello planteó un problema de compatibilidad cuando el fascismo emergió en Italia. Allí, en marzo de 1919, Benito Mussolini creó un movimiento socialista belicista, filo-nacionalista y nacional-republicano. Usó el término italiano fasci (haz), entonces de moda (por el recuerdo de los Fasci Siciliani dei Lavoratori en 1889-1894) para designar una unión política o social, un fascio ( fasci en plural). Pero, como observó el lúcido conservador catalán Francesc Cambó en un ensayo de 1924, Mussolini recibió apoyo masivo de monárquicos (exmilitares, estudiantes, clases medias), hizo de los Fasci una llamada al unitarismo nacional y pudo desarrollar su movimiento en el seno de la Corona, llegando al poder en 1922. Su triunfo inspiró a otras figuras inquietas en el socialismo que ambicionaron adquirir protagonismo al margen de las casillas establecidas. En España, sin embargo, los primeros fascistas no tuvieron necesidad de buscar fórmulas ingeniosas, pues veremos que hubo una rica diversidad de herencias ideológicas en el conjunto de la derecha a las que recurrir. La Monarquía dominó aquí el escenario y las experiencias o iniciativas que podemos vincular a un primer fascismo casaron monarquía y república sin grandes reflexiones, aunque no sin disonancias.

Una tercera y última idea es que este estudio, más que poner el foco en comparar dinámicas españolas y europeas, refleja cómo un conjunto de factores impulsó el deseo de crear un espacio «reformador» en la derecha, pero (al contrario de lo que sucedió en Italia) carecía de antecedentes de izquierdas. De este modo, ante el sindicalismo de contorno revolucionario que encarnó la CNT y un recién inventado separatismo catalanista que giró en torno al político Francesc Macià, surgieron los colectivos mencionados que los combatieron y conformaron el «Fascio de Las Ramblas». A la vez, la marcha sobre Roma —que llevó a Mussolini al gobierno en octubre de 1922— suscitó conatos de fascismo en Madrid que interactuaron con los de la capital catalana.

Junto a la dificultad de ofrecer una definición de fascismo, la obra presenta otra en lo que se refiere a su aspecto narrativo. Con el fin de conjuntar en nuestra exposición elementos muy diversos (de carácter territorial, militar o político) hemos creado un relato que resalta las dinámicas que convergen en determinados temas abordados para facilitar su lectura. Tal opción quizá puede proyectar la idea de que partimos de una visión teleológica en la que todo lo expuesto lleva a un desenlace único: la irrupción del primer fascismo. Pero si tal teleología se refleja en la obra hasta cierto punto, ello no es una convicción, sino una opción de redacción. Igualmente, el hilo conductor del relato es un artefacto político-militar, la «Capitanía cubana», cuyo protagonismo puede convertirla en deus ex machina que explica «todo», cuando tampoco es así. Como en toda obra, hay que optar por recursos narrativos y elementos conductores del relato y la «Capitanía cubana» en este caso es central.

Miembros del Somatén en formación durante la visita de Alfonso XIII a un pueblo del Alt Penedès 
(foto: Biblioteca Nacional de España)

Somos conscientes de que nuestras decisiones en lo que se refiere a términos conceptuales y narrativos son problemáticas, pero juzgamos modestamente que también lo son las tesis dominantes sobre el fascismo apuntadas: ¿Es una solución óptima para el estudio del fascismo crear un gran cajón de sastre analítico donde todos los fenómenos, grupos y tendencias políticas que no casan con el falangismo y presentan componentes fascistas son etiquetados como «protofascistas», «prefascistas» o «pseudofascistas»? ¿Es viable una historia del fascismo español centrada en Madrid con una discreta conexión vallisoletana? ¿Nada puede decirse de Barcelona y su conflictividad social cuando —como veremos— el célebre intelectual marxista italiano Antonio Gramsci señaló que esta urbe alumbró un fascismo que precedió al de Mussolini?

¿Es asumible un estudio del fascismo español con su discurso imperial sin incorporar precisamente el influjo de esta dimensión imperial? Desde nuestra perspectiva, debe efectuarse un esfuerzo por renovar la visión y percepción del fascismo español. Y en este marco, por descontado, no pretendemos tener la «verdad», pero juzgamos que existen algunas certezas que deberían tenerse en cuenta. Por consiguiente, no esperamos que el lector o lectora suscriba todas nuestras tesis o reflexiones, pero sí que este ensayo le estimule a repensar el cada vez más «viejo siglo XX» con una mirada nueva. Lograrlo sería nuestra mayor satisfacción.

Para desarrollar los argumentos apuntados, la obra se estructura en veintisiete capítulos. Los once primeros no tienen un orden cronológico estricto y plantean cuestiones de distinta naturaleza para comprender el desarrollo del «Fascio de Las Ramblas». En cambio, los siguientes trazan un desarrollo lineal del tema. Queremos subrayar que este libro es un ensayo interpretativo, por lo que determinados temas están muy desarrollados y otros solo apuntados. Asimismo, como algunas cuestiones son transversales, hemos reiterado informaciones en distintos capítulos para facilitar su lectura. Igualmente, hemos incorporado anexos con jefes de gobierno, capitanes generales de Cataluña y gobernadores civiles barceloneses, así como una relación de textos. Para terminar, testimoniamos nuestro agradecimiento a todos los expertos que nos han facilitado copias de sus trabajos cuando se las hemos solicitado, aunque no siempre los hemos podido incorporar a la obra por los cambios que ha experimentado durante su redacción, que ha durado cuatro años. Merecen también nuestro especial reconocimiento los autores cuyas obras abordan los temas tratados y que hemos empleado de forma recurrente, pues sin ellas este libro no habría sido posible. Aunque en algunos casos podamos discrepar de sus tesis, no por ello cuestionamos su valor, incluyendo en primer lugar las monografías de Payne, que aún hoy son referentes insoslayables. Queremos hacer una mención especial a la generosidad de Soledad Bengoechea y Marcel Gabarró, a la lectura del manuscrito de Lluc Casals y sus sugerencias, así como al estimulante interés en la obra de Anna Casals. Por último, ha sido indispensable en la confección de la obra la atención de los archivos, hemerotecas y bibliotecas consultados, especialmente el del servicio de biblioteca de la Facultat de Comunicació i Relacions Internacionals Blanquerna, de la Universitat Ramon Llull.

Miembros de la Unión Patriótica de Valladolid (foto: El Norte de Castilla)

Índice

Mapa de Barcelona, 1930 (detalle)

Introducción. El primer fascismo español, una historia de tres ciudades

  1. Regeneracionismo y fascismo: Costa contra Costa
  2. La Habana: fragua del españolismo y de la «Capitanía cubana»
  3. La sombra de la «Capitanía cubana» en la Península: Weyler y Polavieja
  4. De Ultramar a África: la forja del militarismo español
  5. El carlismo: el potencial subversivo de un movimiento de orden
  6. El maurismo: una derecha caudillista sin caudillo
  7. Barcelona, el «anticentro» de España
  8. El orden público: la rampa hacia la «Capitanía cubana»
  9. La conversión de Cataluña en una «segunda Cuba»
  10. El lerrouxismo o el primer «partido españolista» de Cataluña
  11. Barcelona, capital del militarismo: la lenta irrupción de las Juntas de Defensa
  12. La confrontación de obreros y patronos y el origen de la «guerra social» metropolitana
  13. La bancarrota del sindicalismo católico
  14. Un ímpetu jaimista nuevo: «La Trinchera»
  15. La Liga Patriótica Española o el primer «Fascio de las Ramblas»
  16. Milans del Bosch y la huelga de La Canadiense: la creación de la «Capitanía cubana» de Cataluña
  17. La «Capitanía cubana» contra la CNT
  18. El desafío de la «Capitanía cubana» al gobierno: la campaña pro-Milans
  19. La creación enigmática del Sindicato Libre
  20. El legado de Milans del Bosch: el origen del «Fascio de Las Ramblas»
  21. El virreinato de Martínez Anido, preludio de la dictadura de Primo
  22. El Sindicato Libre bajo Anido: ¿un fascismo proletario?
  23. Mussolini visto desde Madrid: de la Legión de Millán-Astray a la Legión Nacional de Delgado Barreto
  24. Mussolini visto desde Barcelona: «La Palabra», el Libre y La Traza
  25. El golpe de Estado de Primo o el salto al vacío hacia una «Capitanía cubana» estatal
  26. La derrota del «Fascio de Las Ramblas»
  27. Valladolid y la Unión Patriótica de Castilla ganan la partida

Conclusiones. Dos fascismos y cuatro dictaduras

Anexo I. Relación de capitanes generales de Cataluña,

Jefes de gobierno de España y gobernadores civiles de Barcelona

Anexo II. Selección de textos

Fuente: Conversación sobre la historia, Introducción e índice del libro El fascio de las Ramblas. Los orígenes catalanes del fascismo español. Barcelona, Pasado & Presente, 2023.

Portada: Joaquín Milans del Bosch (foto: ABC)

Ilustraciones: Conversación sobre la historia