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dimanche 21 décembre 2025

El mito obrero del fascismo

“En materia económica somos liberales en el sentido clásico de la palabra”
Benito Mussolini, Il Popolo d'Italia, a finales de 1921.
 
(...) 
 
Una de las “demostraciones sindicales” del 1 de mayo

Conclusiones

Algunas conclusiones que se extraen del presente artículo es que la retórica obrerista utilizada por los fascismos de la primera mitad del siglo XX, por una parte obedecía a una estrategia puramente propagandística, que tenía el fin de atraer a las masas de obreros y campesinos a sus filas y desvincularlas así de la influencia de los partidos y sindicatos marxistas y anarquistas. Si bien en los momentos iniciales podía haber una cierta predisposición a defender los intereses de los trabajadores, esta se aplacó o limitó con el transcurso de los años. Por otra parte, la estrategia también tenía como fin “acoger al obrero” en el seno de una sociedad fuertemente verticalizada y clasista. Pero acogerlo como subalterno y explotable que, a pesar de los pesares, formaría parte del “gran proyecto nacional” fascista. Esto enlazaría con otra de las características que atraviesan al fascismo, como es la defensa del darwinismo social como elemento vertebrador, tanto en el conjunto de la sociedad como en el seno de las empresas. Estos buscaban dejar a la clase obrera en una situación de subyugación respecto a la burguesía. En este sentido, al igual que el rey o el caudillo ejercía de líder absoluto de las masas, el fascismo defendía la idea de las empresas como el seno de una familia tradicional, donde el patrón debía cumplir con el papel autoritario de pater familias, desplegando así un poder absoluto sobre los trabajadores. En consecuencia, el corpus teórico del fascismo descansa sobre la negación absoluta de la lucha de clases y en favor de la armonización de las mismas. Bajo el pretexto de la búsqueda de objetivos superiores, abogaban por un gran pacto de capital/trabajo, con el fin de “elevar a los intereses de la nación por encima de las luchas internas”. Es decir, frente a la idea de “clases en pugna”, se impone una idea de “sociedad armónica” compuesta por sectores distintos, unos más dignos que otros, pero que encajan a la perfección si no se trata de alterar el statu quo y el “orden natural” ─español, italiano, alemán─ de las cosas.

Esta última idea explicaría perfectamente la batalla encarnizada que llevaron a cabo los diferentes movimientos fascistas contra las organizaciones obreras que en ese momento, y en sus respectivos países, tenían una gran influencia sobre los trabajadores, tanto a nivel sindical como de partidos políticos. El fascismo se convirtió en el brazo armado de la alta burguesía, buscando socavar las conquistas sociales que el conjunto de los trabajadores había conseguido durante años de luchas.

En ese sentido, cabe destacar que los tres fascismos se alinearon en todo momento con los intereses de industriales y terratenientes, abandonando por completo las pretensiones emancipadoras del conjunto de los trabajadores. No es de extrañar, por tanto, que sendas corrientes fascistas recibieran ingentes sumas de dinero de las altas burguesías de sus respectivos países. Dinero que utilizaron para financiar campañas electorales así como sufragar las acciones violentas que los propios fascistas llevaban a cabo contra los trabajadores organizados.

Finalizado el análisis del fascismo de la primera mitad del siglo XX, hay que señalar que actualmente nos encontramos en una contraofensiva reaccionaria que, aunque a nivel estético y simbólico se encuentra muy alejado de este, las estrategias discursivas utilizadas con el fin de atraer al conjunto de los trabajadores a sus filas son muy similares. Esto cobra mayor importancia si se tienen en cuenta las consecuencias de las políticas neoliberales impulsadas a partir de los años 70 y 80 en gran parte del mundo. Recetas económicas que han socavado la capacidad organizativa y de lucha del conjunto de la clase obrera. Desprovista esta de certezas y despojada de cualquier alternativa al capitalismo depredador imperante, es fundamental que las organizaciones obreras dispongan de un acervo de herramientas que nos permitan abordar la lucha contra el ─neo─fascismo con las máximas garantías de poder lograr su derrota definitiva.

ARTICULO COMPLETO 

 

mercredi 12 novembre 2025

El fascio de las Ramblas. Los orígenes catalanes del fascismo español

 

Xavier Casals Meseguer
Enric Ucelay-Da Cal

 

 

Introducción. El primer fascismo español, una historia de tres ciudades

 

Si el fascismo español tiene un himno, 
este es sin duda el «Cara al sol» falangista. Estrenado en 1936, su estrofa inicial reza así:

Cara al sol con la camisa nueva,
que tú bordaste en rojo ayer,
me hallará la muerte si me lleva
y no te vuelvo a ver.

Pero el primer caído «cara al sol» no fue un falangista, sino un poeta e intelectual considerado el padre de la independencia de Cuba: José Martí. Murió en Pinar del Río el 19 de mayo de 1895 luchando contra una columna española, pese a ser hijo de un valenciano y una tinerfeña emigrados a la isla. Señala el historiador John Lawrence Tone que Martí fue temerario al querer demostrar que podía luchar con las armas igual que con sus textos:

Se aproximó a los españoles armado tan solo con una pistola y montado en un caballo blanco: las ráfagas de rifle le hirieron de muerte tirándole al suelo.

Su muerte tuvo «aroma de suicidio» y añade que, al parecer, Martí tuvo «premoniciones de su muerte», visibles en esta estrofa de sus

No me pongan en lo oscuro, a morir como un traidor.
Yo soy bueno, y como bueno moriré cara al sol.

Según el hispanista Hugh Thomas el himno falangista se inspiró en estos versos. Pero los relatos de su creación atribuyen esta estrofa del himno al fundador de Falange Española (FE), José Antonio Primo de Rivera, y a dos escritores del partido, Agustín de Foxá y José María Alfaro, lo que hace plausible que conociesen los versos de Martí. Este hecho no es menor porque apunta a un sustrato mal conocido del fascismo español: su influjo cubano, tema de este ensayo que comporta una revisión profunda de este fenómeno político.

Las JONS, constituidas el 10 de octubre de 1931, a partir de la fusión del grupo liderado por Ramiro Ledesma Ramos 
—fundador del semanario La Conquista del Estado— con las Juntas Castellanas de Acción Hispánica de 
Onésimo Redondo Ortega y La Traza, liderada por Alberto Ardanaz (foto: Archivos de la Historia)
El falangismo como único fascismo español: una visión problemática

En general, los estudios del mismo, más allá de centrarse en algunas individualidades, orbitan en torno al falangismo y las dos entidades previas que confluyeron en él. Una fue el semanario La conquista del Estado, impulsado por Ramiro Ledesma y que vio la luz en Madrid en marzo de 1931 (el mes previo a la proclamación de la Segunda República). La otra fue Libertad, otro semanario que se editó en junio de aquel año en Valladolid promovido por Onésimo Redondo y cuyo núcleo editor constituyó en agosto unas irrelevantes Juntas Castellanas de Actuación Hispánica (JCAH). En octubre ambos grupos se fusionaron en las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (JONS). Dos años después, en octubre de 1933, José Antonio Primo de Rivera creó un ente rival, la citada FE. Como falangistas y jonsistas eran exiguos, estos se fusionaron en febrero de 1934 en FE de las JONS. Estas siglas fueron marginales hasta que en la primavera de 1936 conocieron una gran afluencia de seguidores. Ya en plena Guerra Civil, en abril de 1937, Franco unificó a FE de las JONS con la otra gran fuerza de la derecha, el carlismo, y creó el partido oficial de su régimen: Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (FET y de las JONS).

Acabada la Guerra Civil en abril de 1939 e iniciada la Segunda Guerra Mundial en septiembre de aquel año, las expectativas que Franco depositó en el triunfo del Eje favorecieron la fascistización del régimen a través de FET y de las JONS hasta agosto de 1942 de la mano de Ramón Serrano Suñer, cuñado de Franco. Entonces el retroceso de las fuerzas del Eje forzó al dictador a adoptar un funambulismo político para sobrevivir a la victoria aliada de 1945. En este marco FET y de las JONS, desde 1967 llamada Movimiento Nacional (o «Movimiento»), conoció un letargo del que ya no salió hasta su disolución en abril de 1977. Devino así el paraguas político de tres generaciones de españoles y españolas (estas últimas en la Sección Femenina).

Paradójicamente, esta asociación del fascismo español con el falangismo la originó este último. En los años treinta asumió su conexión con ascendentes italianos y tras la derrota del Eje quiso proyectarse como una especificidad hispánica. A inicios de los años sesenta del pasado siglo, el historiador estadounidense Stanley G. Payne examinó la «falangística» (las obras emanadas del universo falangista, desde memorias a textos políticos) y asumió su visión del «fascismo español» y su estudio la convirtió en una opción comparable al fascismo italiano y al nazismo alemán, con pautas de análisis ya muy elaboradas. Payne posteriormente profundizó en el estudio del fascismo y devino un experto en el tema. Como resultado, el trabajo pionero de Payne sobre Falange codificó los parámetros del fascismo español de estudios posteriores, que lo asociaron al falangismo de forma indeleble.

Ceremonia de fusión de Falange Española y de las JONS celebrada en el Teatro Calderón de Valladolid 
el 4 de marzo de 1934, en la que intervinieron Primo de Rivera, Julio Ruiz de Alda, Onésimo Redondo, 
Ramiro Ledesma Ramos y Emilio Gutiérrez Palma (foto: El Norte de Castilla)

Pero esta visión del fascismo español, desde nuestra óptica, plantea problemas diversos. Uno es cronológico: hace del fascismo una realidad tardía en España al remitir a los años republicanos, y los partidos o entes previos susceptibles de ser vinculados al mismo se catalogan como precursores. Otro problema es geográfico, ya que Madrid es el único centro irradiador de fascismo, con Valladolid como escenario secundario como baluarte de Redondo y sus JCAH. Por último, esta visión del fascismo infravalora su proximidad con la derecha más radical o «fascistizada» y su pugna por un mismo espacio político. Pero para sus coetáneos los falangistas, la «derecha fascistizada» y la derecha en general a menudo carecían de lindes ideológicas diáfanas, pues eran un continuo de límites internos borrosos, señala el historiador Paul Preston:

[.. ] Durante toda la República, los líderes de cada grupo derechista habían intervenido en los mítines de los otros, siendo, normalmente, bien recibidos. Se reservaba espacio en la prensa de los diversos partidos para incluir informes favorables sobre las actividades de los rivales. Todos los sectores de la derecha compartían la misma determinación de establecer un Estado corporativo y de destruir las fuerzas efectivas de la izquierda. […] Había, por supuesto, diferencias de opinión […]. No obstante, rara vez iban más allá de disensiones sobre la táctica […]. Estos grupos raramente rompieron su unidad en el Parlamento, en tiempo de elecciones o […] durante la guerra civil […]. Es más, no era raro […] pertenecer a una o más de estas organizaciones, y en algunos casos a todas ellas.

Esta dificultad de trazar límites la ilustra el Partido Nacionalista Español (PNE), calificado de «pseudofascista». Su líder y creador fue el médico valenciano José Mª Albiñana, que creó la formación en abril de 1930, tres meses después de concluir la dictadura que Miguel Primo de Rivera estableció en 1923, con la expectativa de erigirse en su albacea político. Su divisa era la del primorriverismo caído, «Religión, Patria, Monarquía». A ello añadió su lema, «España sobre todas las cosas, y sobre España inmortal, solo Dios». Entre octubre y noviembre de 1930 adoptó el «saludo brazo en alto, [la] camisa azul [celeste], [el] escudo con yugo, flechas y águila bicéfala, [y la] cruz de Santiago». Moduló un españolismo combativo (su himno se tituló «España inmortal») y se definió como una «hermandad hispánica de acción enérgica». Su portavoz fue La Legión y su milicia fueron los Legionarios de España, su «avanzada guerrillera». Cabe pensar que para sus seguidores militar en FE o en este partido dependió más de su presencia en un lugar concreto que de su doctrina. Ateniéndonos a lo expuesto, consideramos difícil negar el carácter fascista del PNE.

En este marco, sostenemos una visión substancialmente distinta del fascismo español, pues convenimos que este fenómeno tuvo sus raíces en Cuba, afloró y se configuró en la Península por vez primera en Barcelona entre 1919 y 1923 y tuvo ecos y reverberaciones en Madrid entre fines de 1922 e inicios de 1923. Ello fue así por varias razones que desplegamos a lo largo de este ensayo y apuntamos al lector a continuación de modo orientativo.

José María Albiñana (segundo por la izquierda), en una reunión con miembros del Partido Nacionalista Español 
(foto: El Independiente)
Las raíces cubanas del fascismo español: militarismo y españolismo

España solo puso fin a su condición imperial en 1975 (con el abandono del Sahara occidental en plena agonía de Franco) y este hecho marcó su evolución mucho más de lo que parece. En el caso del fascismo español juzgamos determinante la importancia de La Habana en el proceso de su conformación, pues en la España decimonónica era su tercera ciudad más importante (después de Madrid y Barcelona) y en ella tuvieron lugar dos procesos clave en el tema que nos ocupa.

Uno fue la concentración de poder que conoció el titular de su Capitanía y que le convirtió en virtual «virrey» de la isla con el apoyo de sus élites propeninsulares (opuestas a toda reforma que alterase el statu quo de Cuba) que formaron una suerte de «Corte» en torno al capitán general. Asimismo, este dispuso de una milicia civil que las citadas élites promovieron y lideraron, el llamado Cuerpo de Voluntarios. Este se creó en 1855 para luchar contra el «separatismo» (que incluyó a cubanos autonomistas e independentistas) y contra posibles revueltas de esclavos. Los voluntarios, que iban uniformados y armados, profesaron un nacionalismo intransigente que les convierte en precursores del futuro fascismo peninsular.

En 1869 acaeció la conjunción organizada de estos tres elementos: Capitanía, élites y los voluntarios. Entonces, quien era capitán general desde enero, Domingo Dulce, quiso introducir reformas y ampliar el marco de libertades de Cuba siguiendo órdenes del gobierno, pero topó con la oposición de las élites citadas. Estas urdieron un complot contra este militar mediante el capitán general que le precedió, Francisco Lersundi, y el Cuerpo de Voluntarios. Así, en mayo Lersundi asedió la Capitanía con cientos de voluntarios y forzó a Dulce a renunciar a su cargo al carecer de fuerzas para imponerse. Como este renunció a sus poderes de forma reglamentaria, el cambio de titular de Capitanía fue legal y pacífico. Desde entonces las élites mencionadas actuaron con autonomía de Madrid y solidificaron sus lazos con Capitanía, mientras los voluntarios reprimieron a reformistas e independentistas cubanos a sus anchas.

Esta experiencia antillana, apenas conocida en la narrativa de la historia de España, fue decisiva tanto en la evolución del militarismo español como en la del fascismo porque configuró un artefacto político-militar singular que denominamos «Capitanía cubana». Tal expresión alude a la asunción del poder civil por Capitanía de forma dictatorial, con el apoyo de las élites locales y una milicia civil auxiliar. Esta última, que en Cuba encarnaron los voluntarios, reflejó ya el limitado espacio político que el militarismo español dejaría al desarrollo del futuro fascismo en la Península. De hecho, la definición de «militarismo» presume que los oficiales del Ejército han de predominar sobre los políticos civiles.(20) Ello fue así porque el Ejército se autoerigió en garante del orden establecido ante toda amenaza «separatista» o revolucionaria y quiso monopolizar el patriotismo.

El otro proceso que se desarrolló en Cuba e interactuó con el anterior fue que allí afloraron tanto el nacionalismo español exacerbado como los nacionalismos centrífugos peninsulares. De este modo, la llamada Guerra de los Diez Años (1868-1878) contra los insurrectos de la isla hizo cristalizar un autodenominado «españolismo» que asimiló nación e imperio (concibió a la Península y a sus dependencias de Ultramar como un todo indivisible) que reclamó una adhesión «incondicional» contando con el apoyo de Capitanía.

Voluntarios de La Habana, retratados por Valeriano Domínguez Bécquer en la revista La Ilustración de Madrid (1870). 
Fuente: Wikimedia Commons.
Cataluña en el espejo de La Habana: ¿Una «segunda Cuba»?

Tras la pérdida de Cuba en 1898, la pauta de ocupación castrense del poder civil de la «Capitanía cubana» se exportó a la Península y arraigó en Barcelona. Allí los militares procedentes de Ultramar creyeron hallarse ante la misma amenaza bifronte de La Habana: el «separatismo» (encarnado por el catalanismo emergente) y la revolución (el temor al obrerismo organizado substituyó al que infundían las revueltas de esclavos). De este modo, a partir de los problemas de orden público, Capitanía empezó a asumir competencias civiles en detrimento del gobernador civil, en un proceso que tendría su inicio en la huelga general de 1902.

Por esta vía, entre 1919 y 1923, cuajó una genuina «Capitanía cubana» en Barcelona. En ese periodo fueron sus «virreyes» de facto los generales Joaquín Milans del Bosch (capitán general de Cataluña entre septiembre de 1918 y febrero de 1920) y Severiano Martínez Anido (gobernador civil desde noviembre de 1920 hasta octubre de 1922). Milans expandió su poder al reprimir la agitación que el fin de la Gran Guerra en 1918 generó entre catalanistas y sindicalistas. La de los primeros se materializó en una campaña de demanda de autonomía en la que el Ejército vio un separatismo tan amenazador como el cubano. Y la de los segundos la estimuló el triunfo de la revolución bolchevique en 1917, que incentivó la radicalización del potente sindicato de cariz anarcosindicalista omnipresente en la zona metropolitana barcelonesa: la Confederación Nacional del Trabajo (CNT). Esta organización alumbró grupos de acción que generaron un pistolerismo endémico que Milans quiso contener con mano dura. Su actuación esbozó entonces una dictadura regional sin quebrar de forma oficial la legalidad (como en Cuba). Pero no la pudo consolidar al ser forzado a dimitir en febrero de 1920. Le substituyó como «hombre fuerte» Martínez Anido, quien durante su mandato (el «anidato») consolidó la autocracia en Cataluña que Milans perfiló. En consecuencia, ambos militares actuaron como los capitanes generales de La Habana: ocuparon el poder civil con apoyo de las élites locales y una milicia auxiliar, conformando una «Capitanía cubana» en Barcelona.

Fuente: Mundo Gráfico 23 de octubre de 1918
De los Voluntarios de La Habana al «Fascio de Las Ramblas»

En este escenario, la milicia auxiliar de esta «Capitanía cubana» surgió de modo espontáneo o se improvisó sobre la marcha, de modo que desempeñaron su rol en Barcelona cuatro actores distintos entre 1919 y 1922. Primero, entre fines de 1918 e inicios de 1919 lo hizo una Liga Patriótica Española (LPE), que practicó el «escuadrismo» contra el catalanismo. Al estallar una intensa conflictividad social a partir de febrero de 1919, la LPE se esfumó y desempeñó tal función el Somatén, una milicia civil que actuaba como cuerpo auxiliar de orden público. Pero el protagonismo creciente de los grupos de acción del cenetismo requirió que desarrollasen la función de milicia auxiliar otros actores: primero fueron grupos parapoliciales conocidos como la «banda negra» y desde 1920 ejerció este rol el llamado Sindicato Libre. Así las cosas, veremos cómo la LPE y el Libre, amparados por Capitanía, encarnaron el primer fascismo barcelonés.

Hemos designado a este último como «Fascio de Las Ramblas», una expresión que fue acuñada en 1931 por ámbitos de izquierda para aludir de forma irónica a una organización fascista que supuestamente organizaba Ramón Sales, el dirigente del citado Sindicato Libre. Sales anunció la creación de tal milicia el 11 de abril de ese año a bombo y platillo, pero sus declaraciones posiblemente fueron un globo sonda o un farol político. Pese a su inexistencia, hemos escogido esta expresión para designar al fascismo barcelonés inicial porque Las Ramblas fueron un escenario y escaparate a la vez de las primeras tramas fascistas barcelonesas. Y es que en este bulevar primero se enfrentaron catalanistas y españolistas de la LPE. Después Las Ramblas fueron un espacio de eclosión del pistolerismo. Los matones de ambos sindicatos (Libre y CNT) se reunían en sus cafés y sus grupos de acción actuaron en buena medida en la zona marcada por esta arteria: el casco antiguo y la zona que sería conocida como «barrio chino». También Las Ramblas reflejaron la importancia de los militares que mediaron en aquel universo de choques entre cata- lanistas y españolistas, libres y cenetistas. Sus centros coronaban simbólicamente el principio y el final de Las Ramblas: el Casino Militar estaba al principio, en la plaza Cataluña, y la Capitanía al final, en la zona próxima al mar. De ahí, pues, la idoneidad de esta metáfora como título del presente ensayo.

Ramón Sales Amenós en diciembre de 1919, en un acto de homenaje al general Severiano Martínez Anido
Un fascismo de primera generación y otro de segunda

Ateniéndonos a lo hasta aquí expuesto, partimos de las premisas siguientes: que la emergencia y la evolución del fascismo en España fue inseparable de la del militarismo del siglo xx (por lo que es necesario estudiar la configuración de ambos de forma simultánea); que ambos fenómenos tuvieron sus orígenes en la Cuba decimonónica, pero también los marcaron las campañas militares de Marruecos; que su configuración y eclosión tuvo lugar en la Barcelona del periodo 1919-1923, caracterizada por una conflictividad política y social intensa con un poderoso tema identitario de fondo; y que en su desarrollo interactuaron de forma compleja propuestas fascistas de Barcelona y, en menor grado, otras de Madrid.

En este aspecto, podemos establecer que el fascismo español tuvo dos etapas distintas: una monárquica inicial y otra posterior republicana o accidentalista en cuanto al régimen político. La primera (1919-1923) es el tema de este estudio y lo podemos calificar como un «fascismo de primera generación», caracterizado por tener su epicentro en Barcelona, un discurso y una práctica política acuñada en Ultramar (aunque tamizada por Marruecos), un carácter esencialmente organizativo y una elaboración ideológica muy escasa. Simplificando, tuvo tres plasmaciones sucesivas. La primera fue la mencionada LPE anticatalanista entre fines de 1918 e inicios de 1920. Le sucedió el Sindicato Libre, constituido a lo largo de 1919 y que emergió en 1920 y combatió con las armas a la poderosa CNT. Por último, a fines de 1922 se formó el grupo La Traza, que salió a la luz a inicios de 1923. Sin embargo, este fascismo barcelonés no puede estudiarse por sí solo, ya que tuvo una compleja relación e interacción con propuestas surgidas en Madrid, que también recoge esta obra, y que pasaron por la confluencia del africanismo militar, encarnado por la Legión (oficialmente Tercio de Extranjeros), y los sectores del llamado maurismo que conocieron una deriva autoritaria.

En cambio, el fascismo que podemos considerar de «segunda generación» tuvo su epicentro en la capital española y Valladolid, a la vez que se articuló esencialmente en torno a la ideología. Se singularizó por tener expresiones políticas republicanas y ambiciones intelectuales que reflejaron el influjo de las vanguardias literarias. Estas le transmitieron la convicción de que la «Nueva Cultura» que habían forjado debía demoler y substituir a una cultura burguesa juzgada decadente. Reflejaron este fascismo los mencionados grupos de Ledesma y Redondo que confluyeron primero en las JONS y luego con la FE de José Antonio Primo de Rivera y originaron FE de las JONS. En este marco, el PNE de Albiñana sería un grupo de transición entre ambos fascismos.

Para comprender la importancia de esta dimensión urbana de las iniciativas fascistas, especialmente en el fascismo de «primera generación» es esencial tener en cuenta que existe un trasfondo de «guerra de ciudades» en la que la dicotomía Madrid-Barcelona tiene un papel esencial, en la medida que, si la capital de España será el centro oficial del país, Barcelona, su capital económica e industrial carente de un poder político en consonancia, actuará como el «anticentro» por excelencia del país. Esta tensión entre centro y «anticentro» será un vector del «Fascio de Las Ramblas».

Presidentes de los Sindicatos Libres de Barcelona en 1922 (foto: La Acción/Wikimedia Commons)
¿Pero qué es el fascismo? Un recorrido por territorios pantanosos

Llegados aquí, es imperioso abordar una cuestión pantanosa: ¿Qué entendemos por fascismo? La pregunta no tiene una respuesta satisfactoria al faltar un acuerdo académico sobre cómo definir tal concepto. Ello es así porque no existe un fascismo monolítico, atemporal e inmutable, sino una pluralidad de movimientos de rasgos similares y diferentes a la par. Tal realidad supone cuatro grandes problemas para disponer de una definición operativa.

Un primer problema radica en que el fascismo combina diversos estilos políticos que lo hacen acreedor del reconocimiento como algo nuevo: explora una «tercera vía» entre marxismo y liberalismo, entre derecha e izquierda (asumiendo la crítica del liberalismo al comunismo y la del comunismo al liberalismo); asume el papel del Estado como ente rector de la sociedad (de forma semejante al comunismo); plasma una forma nueva de representatividad política que pasa por un líder carismático que interpreta la «voluntad nacional»; adopta una cultura nueva, en la que confluyen una crisis del racionalismo —que comporta la exaltación de una mística ultranacionalista de combate— y las vanguardias artísticas. A ello se añade que es la única ideología de los siglos xix y xx que asume su demonización. La actitud de los fascistas es fácilmente reconocible: «Sí, somos malos… ¿y qué?». Todo ello es difícil de aprehender en una única definición.

Un segundo problema es sobre qué tipo de movimiento fascista ponemos el foco. No es lo mismo el primer fascismo, de orígenes relativamente nebulosos, que aquel ya crecido y ávido de poder. Y menos aún el ya instalado en el poder y el que está en la oposición. En este aspecto, se suele identificar el fascismo (como movimiento y/o doctrina) con la época de entreguerras (aproximadamente el periodo 1919- 1945), percibido como un fenómeno político europeo en su esencia y que expresaría una larga «guerra civil europea». Un tercer problema es su variedad de manifestaciones, que dificulta las definiciones homogeneizadoras. Así, el historiador germano Ernst Nolte aludió a que

«un asombroso enlace de tendencias particulares y universales resulta evidente en todo movimiento fascista».

Finalmente, un cuarto problema, derivado de los anteriores, es que los expertos ofrecen una variedad de enfoques que hace muy difícil disponer de una definición funcional. De este modo, por poner algunos ejemplos, el destacado historiador italiano Emilio Gentile ha enfatizado la forma política, el partido fascista, en el caso italiano en concreto como fuerza paramilitar o partido-milicia. En clara contraposición, el británico Roger Griffin ha formulado una tesis que aborda el fascismo como expresión de un «nacionalismo palingenético». Su discurso y su potencial atracción de masas dependen así de la capacidad de crear un «renacimiento nacional», que sería su componente ideológico fundamental. Sin él, según Griffin, no hay auténtico fascismo. Por descontado, no podemos olvidar la aproximación del propio Payne, que establece una tipología de rasgos con una reflexión sobre sus antecedentes. Hay otras muchas propuestas, suficientes para requerir una ordenación de carácter enciclopédico.

Propaganda de los Sindicatos Libres: su encarnación persigue al anarquismo, el separatismo, la masonería, el comunismo y el judaísmo (imagen del blog de Xavier Casals)

Para resumir, el fascismo es una ideología y a la vez una práctica que combina acción con pensamiento, que ilustra el lema «Libro e moschetto, fascista perfetto» («libro y mosquete, fascista perfecto»). Pero se trata de un pensamiento único, decidido desde arriba, dictado supuestamente por un jefe carismático, omnímodo e infalible: «Il Duce ha sempre ragione» («El Duce siempre tiene razón»). Se remarca así el énfasis del fascismo en la participación y, por extensión, en la obediencia. Pero todo ello no es más que un modelo idealizado. La realidad política siempre es más compleja y contradictoria, por lo que —volviendo al principio— es sumamente difícil disponer de una definición satisfactoria de este fenómeno.

En este apartado de definiciones también es necesario aludir al concepto igualmente difuso de populismo. Aquí lo hemos empleado para designar una estrategia de movilización especialmente visible en el discurso regeneracionista de inicios del siglo xx y que crea una dicotomía maniquea entre el «pueblo sano» y las élites corruptas para movilizar al primero contra las segundas. Sin embargo, el concepto de populismo tampoco tiene una definición clara y unívoca. Y aunque hoy es omnipresente en los medios de comunicación, su significado resulta bastante confuso. Como sucedió con el fascismo más maduro, cuesta a los estudiosos entender qué elementos son propiamente de la izquierda o de la derecha. En realidad, el término nació en la Rusia zarista, con los llamados naródniki (de narod, pueblo) durante la segunda mitad del siglo xix. Pero la misma palabra en inglés, populism o People’s Party, designó un partido electoral estadounidense las últimas dos décadas decimonónicas. Como palabra política ya casi olvidada, analistas académicos la utilizaron para describir la actuación de movimientos que combinaban partido y sindicatos en Latinoamérica, sobre todo (aunque no solamente) en Brasil y Argentina en la primera mitad del siglo xx. También hay quien lo empleó para examinar la política de izquierdas y el autonomismo en Cataluña en el periodo republicano y de la Guerra Civil (1931-1939). Otros estudiosos, notablemente el historiador hispano-francés Carlos Serrano, han considerado que la figura del intelectual regeneracionista Joaquín Costa, protagonista relevante de nuestra obra, era de neta raigambre populista. Y si antes del siglo XXI se empleó este vocablo para dar sentido al prefascismo, hoy sirve principalmente para señalar la pujanza del posfascismo.

Así las cosas, este ensayo se centra en reconstruir las raíces, eclosión y trayectoria del primer fascismo español. Por tanto, definir esta experiencia primeriza plantea un reto similar al que afrontó Nolte —el investigador antes citado— al analizar los orígenes del fascismo francés, que asimiló a un grupo que mencionamos en la obra: Action Française (Acción Francesa, AF). Esta entidad se constituyó en 1899 y su líder carismático fue el escritor e intelectual Charles Maurras (1868-1952), cuyo acendrado nacionalismo surgió del cultivo de la lengua provenzal. Su ideario fue concomitante al del carlismo en España: defendió una monarquía tradicional, antiparlamentaria, antiliberal, descentralizada y recurrió a la violencia. Nolte justificó su inclusión aludiendo a que la AF es «la primera agrupación política de cierta influencia y rango intelectual que conlleva innegables rasgos fascistas». Además, «aparece al mismo tiempo que las demás formas tardías del antiguo movimiento contrarrevolucionario, el legitimismo francés y el realismo, pero resultan evidentes ciertos rasgos modernos que no pueden derivarse de esta tradición», sin que su monarquismo la alejara del fascismo.

Pues bien, esta misma cuestión que Nolte esbozó es la que plantean los colectivos y grupos analizados en la obra y solo podemos definirlos a medida que los analizamos: surgen parejos a movimientos contrarrevolucionarios decimonónicos, lo que facilita la confusión entre «lo nuevo» y «lo viejo», pero presentan rasgos modernos que los desvinculan de ellos y, estudiados en una dimensión territorial, conforman un juego de oposiciones que permite percibirlos como un todo con sentido político propio. Así, intentar dotar de una definición que incluya a colectivos mencionados como la LPE, La Traza, el Sindicato Libre o una unidad militar como la Legión es una empresa ardua y difícil en estas páginas liminares. Por consiguiente, invitamos al lector a constatarlo a partir de la exposición desplegada en la obra. No obstante, en relación con este primer fascismo aquí tratado, tanto en Barcelona como en Madrid, podemos enfatizar tres ideas.

Conferencia de Jaime Bordas, presidente de la Liga Patriótica Española de Barcelona, sobre la “autonomía integral”, en el Teatro del Centro (Madrid) (foto: ABC, 31 de diciembre de 1918)

Una primera idea es que en él primó la acción por encima de la reflexión. Fue un fascismo casi ágrafo, cuya escasa teorización se improvisó sobre la marcha y quizá ni ambicionó elaborarla. De este modo, originó manifiestos y prensa en el mejor de los casos, pero no abultadas disquisiciones teóricas impresas. Se caracterizó por articular organizaciones agresivas o de encuadramiento combativo de sus seguidores y sus entidades reflejaron la idea de formar un «ejército privado» capaz de actuar con virulencia ante formaciones opuestas dentro de la sociedad civil. Fue tan escasa su preocupación por dejar su huella que, como verá el lector, su evolución solo se puede reconstruir en la mayoría de los casos examinados de forma parcial y, a menudo, con fuentes secundarias (memorias, prensa, informes policiales o diplomáticos). De hecho, el vínculo con el fascismo fue públicamente invisible en algunas iniciativas, como el Sindicato Libre o el núcleo madrileño que preparó una «marcha sobre Madrid». Sabemos que este nexo existió, pero sus protagonistas se cuidaron mucho de ocultarlo.

Una segunda idea relevante es su encaje político singular en un marco monárquico. En este aspecto, el fascismo, que per se es republicano, surgió y creció en una Europa de monarquías. Ello planteó un problema de compatibilidad cuando el fascismo emergió en Italia. Allí, en marzo de 1919, Benito Mussolini creó un movimiento socialista belicista, filo-nacionalista y nacional-republicano. Usó el término italiano fasci (haz), entonces de moda (por el recuerdo de los Fasci Siciliani dei Lavoratori en 1889-1894) para designar una unión política o social, un fascio ( fasci en plural). Pero, como observó el lúcido conservador catalán Francesc Cambó en un ensayo de 1924, Mussolini recibió apoyo masivo de monárquicos (exmilitares, estudiantes, clases medias), hizo de los Fasci una llamada al unitarismo nacional y pudo desarrollar su movimiento en el seno de la Corona, llegando al poder en 1922. Su triunfo inspiró a otras figuras inquietas en el socialismo que ambicionaron adquirir protagonismo al margen de las casillas establecidas. En España, sin embargo, los primeros fascistas no tuvieron necesidad de buscar fórmulas ingeniosas, pues veremos que hubo una rica diversidad de herencias ideológicas en el conjunto de la derecha a las que recurrir. La Monarquía dominó aquí el escenario y las experiencias o iniciativas que podemos vincular a un primer fascismo casaron monarquía y república sin grandes reflexiones, aunque no sin disonancias.

Una tercera y última idea es que este estudio, más que poner el foco en comparar dinámicas españolas y europeas, refleja cómo un conjunto de factores impulsó el deseo de crear un espacio «reformador» en la derecha, pero (al contrario de lo que sucedió en Italia) carecía de antecedentes de izquierdas. De este modo, ante el sindicalismo de contorno revolucionario que encarnó la CNT y un recién inventado separatismo catalanista que giró en torno al político Francesc Macià, surgieron los colectivos mencionados que los combatieron y conformaron el «Fascio de Las Ramblas». A la vez, la marcha sobre Roma —que llevó a Mussolini al gobierno en octubre de 1922— suscitó conatos de fascismo en Madrid que interactuaron con los de la capital catalana.

Junto a la dificultad de ofrecer una definición de fascismo, la obra presenta otra en lo que se refiere a su aspecto narrativo. Con el fin de conjuntar en nuestra exposición elementos muy diversos (de carácter territorial, militar o político) hemos creado un relato que resalta las dinámicas que convergen en determinados temas abordados para facilitar su lectura. Tal opción quizá puede proyectar la idea de que partimos de una visión teleológica en la que todo lo expuesto lleva a un desenlace único: la irrupción del primer fascismo. Pero si tal teleología se refleja en la obra hasta cierto punto, ello no es una convicción, sino una opción de redacción. Igualmente, el hilo conductor del relato es un artefacto político-militar, la «Capitanía cubana», cuyo protagonismo puede convertirla en deus ex machina que explica «todo», cuando tampoco es así. Como en toda obra, hay que optar por recursos narrativos y elementos conductores del relato y la «Capitanía cubana» en este caso es central.

Miembros del Somatén en formación durante la visita de Alfonso XIII a un pueblo del Alt Penedès 
(foto: Biblioteca Nacional de España)

Somos conscientes de que nuestras decisiones en lo que se refiere a términos conceptuales y narrativos son problemáticas, pero juzgamos modestamente que también lo son las tesis dominantes sobre el fascismo apuntadas: ¿Es una solución óptima para el estudio del fascismo crear un gran cajón de sastre analítico donde todos los fenómenos, grupos y tendencias políticas que no casan con el falangismo y presentan componentes fascistas son etiquetados como «protofascistas», «prefascistas» o «pseudofascistas»? ¿Es viable una historia del fascismo español centrada en Madrid con una discreta conexión vallisoletana? ¿Nada puede decirse de Barcelona y su conflictividad social cuando —como veremos— el célebre intelectual marxista italiano Antonio Gramsci señaló que esta urbe alumbró un fascismo que precedió al de Mussolini?

¿Es asumible un estudio del fascismo español con su discurso imperial sin incorporar precisamente el influjo de esta dimensión imperial? Desde nuestra perspectiva, debe efectuarse un esfuerzo por renovar la visión y percepción del fascismo español. Y en este marco, por descontado, no pretendemos tener la «verdad», pero juzgamos que existen algunas certezas que deberían tenerse en cuenta. Por consiguiente, no esperamos que el lector o lectora suscriba todas nuestras tesis o reflexiones, pero sí que este ensayo le estimule a repensar el cada vez más «viejo siglo XX» con una mirada nueva. Lograrlo sería nuestra mayor satisfacción.

Para desarrollar los argumentos apuntados, la obra se estructura en veintisiete capítulos. Los once primeros no tienen un orden cronológico estricto y plantean cuestiones de distinta naturaleza para comprender el desarrollo del «Fascio de Las Ramblas». En cambio, los siguientes trazan un desarrollo lineal del tema. Queremos subrayar que este libro es un ensayo interpretativo, por lo que determinados temas están muy desarrollados y otros solo apuntados. Asimismo, como algunas cuestiones son transversales, hemos reiterado informaciones en distintos capítulos para facilitar su lectura. Igualmente, hemos incorporado anexos con jefes de gobierno, capitanes generales de Cataluña y gobernadores civiles barceloneses, así como una relación de textos. Para terminar, testimoniamos nuestro agradecimiento a todos los expertos que nos han facilitado copias de sus trabajos cuando se las hemos solicitado, aunque no siempre los hemos podido incorporar a la obra por los cambios que ha experimentado durante su redacción, que ha durado cuatro años. Merecen también nuestro especial reconocimiento los autores cuyas obras abordan los temas tratados y que hemos empleado de forma recurrente, pues sin ellas este libro no habría sido posible. Aunque en algunos casos podamos discrepar de sus tesis, no por ello cuestionamos su valor, incluyendo en primer lugar las monografías de Payne, que aún hoy son referentes insoslayables. Queremos hacer una mención especial a la generosidad de Soledad Bengoechea y Marcel Gabarró, a la lectura del manuscrito de Lluc Casals y sus sugerencias, así como al estimulante interés en la obra de Anna Casals. Por último, ha sido indispensable en la confección de la obra la atención de los archivos, hemerotecas y bibliotecas consultados, especialmente el del servicio de biblioteca de la Facultat de Comunicació i Relacions Internacionals Blanquerna, de la Universitat Ramon Llull.

Miembros de la Unión Patriótica de Valladolid (foto: El Norte de Castilla)

Índice

Mapa de Barcelona, 1930 (detalle)

Introducción. El primer fascismo español, una historia de tres ciudades

  1. Regeneracionismo y fascismo: Costa contra Costa
  2. La Habana: fragua del españolismo y de la «Capitanía cubana»
  3. La sombra de la «Capitanía cubana» en la Península: Weyler y Polavieja
  4. De Ultramar a África: la forja del militarismo español
  5. El carlismo: el potencial subversivo de un movimiento de orden
  6. El maurismo: una derecha caudillista sin caudillo
  7. Barcelona, el «anticentro» de España
  8. El orden público: la rampa hacia la «Capitanía cubana»
  9. La conversión de Cataluña en una «segunda Cuba»
  10. El lerrouxismo o el primer «partido españolista» de Cataluña
  11. Barcelona, capital del militarismo: la lenta irrupción de las Juntas de Defensa
  12. La confrontación de obreros y patronos y el origen de la «guerra social» metropolitana
  13. La bancarrota del sindicalismo católico
  14. Un ímpetu jaimista nuevo: «La Trinchera»
  15. La Liga Patriótica Española o el primer «Fascio de las Ramblas»
  16. Milans del Bosch y la huelga de La Canadiense: la creación de la «Capitanía cubana» de Cataluña
  17. La «Capitanía cubana» contra la CNT
  18. El desafío de la «Capitanía cubana» al gobierno: la campaña pro-Milans
  19. La creación enigmática del Sindicato Libre
  20. El legado de Milans del Bosch: el origen del «Fascio de Las Ramblas»
  21. El virreinato de Martínez Anido, preludio de la dictadura de Primo
  22. El Sindicato Libre bajo Anido: ¿un fascismo proletario?
  23. Mussolini visto desde Madrid: de la Legión de Millán-Astray a la Legión Nacional de Delgado Barreto
  24. Mussolini visto desde Barcelona: «La Palabra», el Libre y La Traza
  25. El golpe de Estado de Primo o el salto al vacío hacia una «Capitanía cubana» estatal
  26. La derrota del «Fascio de Las Ramblas»
  27. Valladolid y la Unión Patriótica de Castilla ganan la partida

Conclusiones. Dos fascismos y cuatro dictaduras

Anexo I. Relación de capitanes generales de Cataluña,

Jefes de gobierno de España y gobernadores civiles de Barcelona

Anexo II. Selección de textos

Fuente: Conversación sobre la historia, Introducción e índice del libro El fascio de las Ramblas. Los orígenes catalanes del fascismo español. Barcelona, Pasado & Presente, 2023.

Portada: Joaquín Milans del Bosch (foto: ABC)

Ilustraciones: Conversación sobre la historia


dimanche 9 novembre 2025

Soldados africanos contra el fascismo

 FUENTE : https://www.elviejotopo.com/topoexpress/soldados-africanos-contra-el-fascismo/

ÁFRICA NO FUE LA PERIFERIA DE LA GUERRA ANTIFASCISTA

Por Mika*

La clásica obra de Ousmane Sembène de 1988, Camp de Thiaroye, comienza con una escena que resume la contradicción colonial. Es 1944. Los soldados africanos —los Tirailleurs Sénégalais— regresan a casa desde los frentes de batalla de Europa, después de haber luchado para liberar a Francia del fascismo. En ese momento, con un solo gesto contenido, Sembène captura el balance moral del imperio. La guerra había terminado en Europa, pero su lógica persistía en África. Effok no era solo un pueblo, era un registro de requisas, palizas y desapariciones durante la guerra. La sonrisa del general es una máscara; la negativa del tío, un acto político. Desde esta tranquila rebeldía hasta la masacre de Thiaroye que le sigue, Sembène traza el camino desde la resistencia pasiva a la activa contra el colonialismo francés, desde la lucha contra el fascismo en el extranjero hasta su enfrentamiento en casa.

   
Hassane Sar (Senegal), Thiaroye Dem Dik (‘Go to Thiaroye and Come Back’), 2016.

El primer frente: Etiopía se queda sola

Incluir a África en la historia de la Guerra Mundial Antifascista —comúnmente conocida como Segunda Guerra Mundial, 1939-1945— no es añadir una nota decorativa, sino corregir el registro. Mucho antes del desembarco de Normandía, se produjeron importantes levantamientos armados contra el auge del fascismo fuera de Europa, ya desde el 18 de septiembre de 1931, con la invasión imperial japonesa de China. La lucha mundial contra el fascismo no comenzó en 1939 en Europa, sino años antes en continentes que a menudo se marginan en la narrativa histórica.

En 1935-1936, cuando el ejército de Mussolini invadió el país, lanzando gas mostaza y bombas químicas en violación flagrante del Protocolo de Ginebra, los patriotas etíopes, tanto hombres como mujeres, libraron una guerra de guerrillas de varios años que dejó al descubierto el fascismo como colonialismo sin disfraz. Estos arbegna (patriotas) encarnaban un rechazo que trascendía el género, la clase y la región.

El coste humano fue inmenso: más de 750 000 combatientes y civiles etíopes murieron durante la invasión y la ocupación. En 1937, tras un intento de asesinato del virrey italiano, las fuerzas italianas desataron la masacre de Yekatit 12, en la que murieron 30.000 civiles en tres días de castigo colectivo. En las cuevas de Ametsegna Washa, gasearon y ametrallaron a más de 5500 etíopes, en una de las mayores masacres del teatro africano y un ejercicio metódico de terror. Aun así, la resistencia nunca cesó. Un tercio de los patriotas registrados eran mujeres: organizadoras, combatientes y comandantes cuyo desafío resonó en todo el continente. Su resistencia de cinco años abrió una escuela de resistencia, sembró la geografía política y se convirtió en un modelo para los movimientos antifascistas y anticolonialistas que siguieron.

Djime Diakite (Senegal), Apothéose des tranchées (Apotheosis of the Trenches), 2016.

La infraestructura de la victoria

A medida que la guerra se extendía, África se convirtió en su corazón logístico. Sus costas protegían las rutas marítimas; sus minas alimentaban la maquinaria bélica; sus trabajadores construían los puertos, las vías férreas y las pistas de aterrizaje que sostenían los frentes aliados y permitían la victoria final. Por todo el continente circulaban convoyes, aviones y combustible, impulsados por la mano de obra, los recursos y el sacrificio africanos.

Los soldados africanos y de la Commonwealth derrotaron a Italia en África Oriental en Keren y Amba Alagi, reabriendo el Mar Rojo y destrozando el imperio del Eje en suelo africano. Las tropas francesas libres y africanas capturaron Kufra en Libia, asegurando el flanco sur para la guerra del desierto. En el oeste, Gabón y Dakar se convirtieron en bases de operaciones para el África francesa y proporcionaron a De Gaulle una columna vertebral territorial y una base logística. Freetown y Takoradi transportaban aviones y protegían los convoyes que sostenían los frentes de Oriente Medio y el norte de África, incluso cuando los submarinos alemanes acechaban esas rutas marítimas. En el océano Índico, la toma de islas clave privó al Eje de un trampolín submarino que podría haber amenazado el canal de Suez y el canal de Mozambique.

Más de un millón de soldados africanos prestaron servicio; otros millones trabajaron en condiciones coercitivas y peligrosas. En el Congo, el uranio extraído de la mina de Shinkolobwe —por trabajadores africanos, muchos de los cuales sufrieron efectos desastrosos para su salud— alimentó las bombas atómicas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki. La contribución de África fue decisiva —material, estratégica y humana—, pero a su pueblo se le negó el reconocimiento y la recompensa. Los imperios que afirmaban luchar contra el fascismo en el extranjero mantuvieron sus métodos en casa: jerarquía racial, trabajos forzados, castigos colectivos.

Thiaroye: Victoria y violencia

Camp de Thiaroye, de Sembène, relata lo que sucedió cuando el frente se trasladó al país. Los tirayeles que habían derramado su sangre por Francia fueron reunidos en un campo de tránsito cerca de Dakar para esperar la desmovilización. Cuando se devalúa el pago atrasado que se les había prometido, su conciencia política, templada en los campos de batalla extranjeros, se endurece y se convierte en una demanda colectiva de justicia económica. Se declararon en huelga, no por caridad, sino por dignidad. La respuesta colonial llegó al amanecer: tanques y artillería contra hombres desarmados y dormidos. Entre ellos se encontraba Pays, superviviente de los campos nazis, que llevaba un casco de las SS. Él intuyó lo que iba a pasar, pero, destrozado por el trauma, no pudo advertirles de que el fascismo solo había cambiado de uniforme, no de víctimas.

La masacre de Thiaroye del 1 de diciembre de 1944 no es una aberración, es el Estado colonial hablando con su voz más clara. Menos de seis meses después, el 8 de mayo de 1945 (Día de la Victoria en Europa), el mismo día en que Europa celebraba la victoria sobre el fascismo, las tropas francesas masacraron a miles de argelinos en Sétif y Guelma por exigir la independencia. Dos años más tarde, los veteranos de la guerra antifascista y los jóvenes malgaches politizados se levantaron por la independencia y corrieron la misma suerte. Para los colonizados, la «liberación» significó el restablecimiento del látigo, los campos y las armas. Ochenta años después, el número de muertos y los lugares de enterramiento siguen siendo objeto de controversia, y la búsqueda de la verdad completa sigue obstaculizada, lo que demuestra que la guerra por la memoria continúa.

Del servicio en tiempos de guerra a la lucha de posguerra

Sin embargo, la guerra cambió África. La experiencia de luchar contra el fascismo y sostener el esfuerzo bélico aliado transformó a los trabajadores y soldados comunes en sujetos políticos. Afirmaron que las promesas antifascistas de libertad y justicia social también debían aplicarse en las colonias, fusionando los frentes laboral y anticolonial.

En junio de 1945, los trabajadores nigerianos, que habían alimentado y abastecido al frente aliado, lanzaron una huelga general para reclamar salarios dignos y dignidad. Al año siguiente, 70.000 mineros sudafricanos que habían impulsado la economía aliada durante la guerra —oro para las reservas, carbón para la industria— lanzaron una huelga contra el régimen laboral «fascista» del capitalismo del apartheid: salarios de miseria y leyes laborales racistas. En 1947-1948, el impulso se extendió por todo el continente. En toda el África occidental francesa, los trabajadores ferroviarios se valieron de su disciplina bélica para organizar una huelga sostenida que vinculaba la lucha por un salario justo con la demanda más amplia de libertad.

En 1948, en Accra, unos exmilitares desarmados que marchaban para exigir sus pensiones fueron abatidos a tiros por un oficial británico. Los asesinatos desencadenaron disturbios y radicalizaron a toda una generación. Entre los detenidos tras los disturbios se encontraba Kwame Nkrumah, que pronto llevaría a Ghana a la independencia. Tras haber trabajado en un partido nacionalista moderado, se separó de él para formar su propio movimiento, que exigía el autogobierno inmediato, reconociendo —como escribió más tarde su biógrafo— que, tras el fin de la guerra, había comenzado la revolución africana.

Sammy Baloji (DR Congo), Shinkolobwe’s Abstraction, 2022.

Precisión, no piedad

Sembène rechaza el consuelo fácil. Tras la masacre, en su escena final, un nuevo grupo de jóvenes soldados africanos embarca en un barco rumbo a Europa, tal y como hicieron en su día los veteranos de Thiaroye. La historia, al parecer, se dispone a repetirse.

Recordar el papel de África en la Guerra Mundial Antifascista no es un acto de caridad, sino de decir la verdad. Los campos de batalla del continente no eran periféricos, sino fundamentales para la derrota del fascismo y el nacimiento del mundo de la posguerra. Su lucha contra el fascismo era inseparable de su lucha contra la arquitectura del imperialismo. Pero también revelaron algo más profundo: que la lógica central del fascismo —la jerarquía racial, la expropiación, el castigo colectivo— era propia del imperio.

Ochenta años después, la lucha continúa bajo nuevas formas: contra los regímenes de deuda, el saqueo ecológico, las fronteras militarizadas y la instrumentalización de la memoria. Para conmemorar la gran victoria de la Guerra Mundial Antifascista, resistir el resurgimiento del neofascismo y abordar las crisis entrelazadas a las que se enfrenta el Sur Global, el Foro Académico del Sur Global (2025) se reunirá en Shanghái los días 13 y 14 de noviembre de 2025 bajo el lema «La victoria de la Guerra Mundial Antifascista y el orden internacional de la posguerra: pasado y futuro».

Una nueva generación de pensadores, artistas y organizadores de todo el Sur Global está recuperando esta historia, no para idealizar el pasado, sino para comprender el mundo que hemos heredado. Como nos recuerda Sembène, la resistencia comienza con la precisión: ver claramente lo que se hizo, quién pagó el precio y lo que aún queda por ganar.

  
Front cover of the booklet, titled ‘Workers at War – CNETU and the 1946 African Mineworkers’ Strike’, South Africa.

(*) Mika es investigadora y editora en Tricontinental: Instituto de Investigación Social y coordina la oficina panafricana de Tricontinental, donde ha coescrito un reciente dossier titulado Sahel busca la soberanía. Actualmente cursa su doctorado en la Escuela de Relaciones Internacionales y Asuntos Públicos de la Universidad de Fudan. Es miembro de la Secretaría de Pan Africanism Today, que coordina la articulación regional de la Asamblea Popular Internacional. También forma parte del comité de coordinación de No Cold War, una plataforma por la paz que promueve la multipolaridad y la máxima cooperación global.

Fuente: Tricontinental

jeudi 4 septembre 2025

Prólogo del libro «La gran guerra de clases» de Jacques R. Pauwels escrito por Concepción Cruz Rojo y editado por Boltxe Liburuak



 Desde que se escribió este prólogo ocurrieron numerosos acontecimientos geoestratégicos. 
En 2025 los degolladores no fueron parados en Siria por los rusos, pero el desfile del 3 de septiembre en Beijing deja claro que el hegemón ya no va a bailar tanto a sus anchas.  
 

 

PRÓLOGO: https://boltxe.eus/2024/12/prologo-del-libro-la-gran-guerra-de-clases-de-jacques-r-pauwels-escrito-por-concepcion-cruz-rojo-y-editado-por-boltxe-liburuak/

L’élite financière a massivement soutenu la montée du fascisme, ou comment l’histoire est censurée [ Annie Lacroix-Riz ]

 SOURCE: https://www.initiative-communiste.fr/articles/culture-debats/lelite-financiere-a-massivement-soutenu-la-montee-du-fascisme-ou-comment-lhistoire-est-censuree-annie-lacroix-riz/

 Dans un entretien accordé le 18 juillet 2025 sur la chaîne youtube suisse Espoir et dignité TV notre camarade l’historienne Annie Lacroix-Riz apporte une brillante démonstration des falsifications de l’histoire de la Deuxième Guerre mondiale. 


 Des falsifications qui visent à masquer combien la classe capitaliste et en particulier l’élite financière a massivement soutenu la montée du fascisme et la collaboration. Une histoire qui pourtant doit être connue en 2025 alors que les mêmes mécanismes amènent à nouveau la France, l’Europe et le monde vers le même gouffre.


 

Bibliographie :

  • David Glantz, La Guerre germano-soviétique 1941-1945 : Mythes et réalités, traduction française, Paris, Delga 2022. Bibliographie complète, https://en.wikipedia.org/wiki/David_M._Glantz
  • Joseph E. Davies, Mission to Moscow, London, Victor Gollancz Limited, 1945 (dont entrée du 23 juin 1941, pour ses confidences à Roosevelt sur les perspectives de victoire soviétique, p. 303.
  • Lénine, L’impérialisme, stade suprême du capitalisme, https://www.initiative-communiste.fr/wp-content/uploads/2016/10/Limp%C3%A9rialisme-stade-supr%C3%A8me-du-Capitalisme.pdf et diverses versions en ligne
  • Olivier Wieviorka, exemple-type d’historien médiatique sans archives (toutes les références sont de seconde main), conseiller attitré de l’histoire télévisuelle, selon lequel les Américains ont libéré la France, https://isp.cnrs.fr/project/wieviorka-olivier/
  • Les ouvrages d’Annie Lacroix-Riz, notamment sur la Deuxième Guerre mondiale, https://www.dunod.com/livres-annie-lacroix-riz (comportant tous référence à la lettre du général Doyen (pas de Huntziger, mais le ministère de la Guerre partageait cet avis), rédigée par Armand Bérard) à Pétain, 16 juillet 1941, note annexe au rapport 556 du général Doyen à Koeltz et Pétain, DSA, Wiesbaden, 16 juillet 1941, W3, instruction et procès de la Haute Cour de Justice, vol. 210, Archives nationales).

vendredi 29 août 2025

De Gaza au Donbass : comment Israël et l’Ukraine ont construit une machine de guerre fasciste et transnationale

Par Sarah B. – 20 août 2025

De Bandera à Ben Gourion, un nouvel axe de suprématie ethnique s'élève, alimenté par le soutien américain. Mêmes armes. Mêmes drapeaux. Même idéologie. Gaza et le Donbass ne sont pas des guerres distinctes. Elles forment une seule et même machine.

Français Le lien Ukraine-Israël : des alliances pragmatiques entre paradoxes et défis communs
De Bandera à Ben Gourion, les échos du renouveau ethno-nationaliste résonnent dans les trajectoires modernes de l'Ukraine et d'Israël, deux États forgés par la guerre, endurcis par des mentalités de siège et alimentés par des récits historiques de luttes existentielles. Mais ces similitudes ne sont pas le fruit d'un développement parallèle. Elles reflètent un alignement croissant façonné par des adversaires communs comme la Russie et l'Iran, soutenus et négociés par les mêmes mécènes occidentaux.

dimanche 27 juillet 2025

Les surhommes libéraux arrivent

 SOURCE: https://www.librairie-tropiques.fr/2025/07/les-surhommes-liberaux-arrivent.html

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Face à la baisse tendancielle du taux de profit idéologique
Les surhumains
sont à nouveau en marche

Adaptation révisée et complétée d'un article de Artyom Lukin ,
professeur associé de relations internationales
à l'Université fédérale d'Extrême-Orient à Vladivostok, en Russie

Pendant un demi-millénaire, l'Occident a été la civilisation dominante du monde. Ces derniers temps, cette domination s'est affaiblie, sans toutefois disparaître complètement. L'Occident – et surtout les États-Unis d'Amérique en son cœur – demeure le sujet le plus puissant de la politique et de l'économie mondiales. Son immense puissance peut à la fois être une force créatrice et une source de menaces existentielles pour le reste du monde.

Aujourd'hui, en Occident, et notamment aux États-Unis, une nouvelle idéologie se construit, qui, dans certaines circonstances, n'est pas moins dangereuse que le fascisme et le nazisme il y a un siècle. Le second mandat de Donald Trump pourrait marquer un tournant : l'Amérique sera alors sous le contrôle de personnes et d'idées controversées. 

Mais avant de faire un état des lieux, une petite "revue de presse parallèle" s'impose pour illustrer le désarroi qui règne actuellement dans l'imaginaire des sujets de la "Nation d'exception" impériale, confrontés aux conséquences troublantes de sa Stratégie du chaos :

Trump, Zelensky, Netanyahou :
MÊME COMBAT !

De la problématique résolution des contradictions
de la classe managériale étasunienne,
en temps de baisse tendancielle du taux de profit idéologique

 

L'idéologie émergente de la « nouvelle Amérique » est encore hétérogène et représentée par au moins quatre groupes clés. Le premier est Trump lui-même et ses proches, qui professent des opinions empruntées à l'époque de l'impérialisme classique des grandes puissances et du nationalisme économique de la fin du XIXe et du début du XXe siècle. Le deuxième est composé de politiciens et de personnalités médiatiques que l'on peut qualifier de populistes de droite. Le troisième est composé de personnes de la Silicon Valley , attachées à l'hypercapitalisme libertaire et au culte de la technologie. Le quatrième est composé d'intellectuels "et de droite et de gauche" qui génèrent et propagent les idées des « Lumières obscures » sur un mode parfois écolo-millénariste, souvent mystico-théocratique ou "éveillé", toujours fascistoïde.

Si les opinions des deux premiers groupes ne sont pas nouvelles dans le paysage politique américain, les deux derniers courants sont un phénomène du XXIe siècle.

Les restaurateurs impériaux

Au centre se trouvent Trump lui-même et ses alliés, témoins de l'époque de l'impérialisme des grandes puissances. Le discours inaugural de Trump pour son second mandat ne laissait planer aucun doute : il appelait à l'expansion territoriale, à la croissance industrielle et à la renaissance de l'armée. L'Amérique, a-t-il déclaré, est « la plus grande civilisation de l'histoire de l'humanité »[1]. Il a salué le président William McKinley et Theodore Roosevelt, tous deux architectes de l'impérialisme américain. 

La vision est sans équivoque : l’exceptionnalisme américain, imposé par la puissance militaire et guidé par la logique de la conquête. C’est le langage de l’empire.

 

Les conservateurs nationalistes

Il y a ensuite les populistes catalogués ou autoproclamés "de droite" aux USA – des personnalités comme le vice-président J.D. Vance, le stratège Steve Bannon et le journaliste Tucker Carlson. Leur slogan est « L'Amérique d'abord ». Ils défendent les valeurs traditionnelles, prétendent parler au nom de la classe laborieuse (notamment celles associées aux "MAGA") et méprisent l'élite libérale ( libéral = "de gauche" aux USA) concentrée dans les villes côtières (les couches sociales associées aux "ZFE" en France) .

Ils s'opposent au mondialisme, soutiennent le protectionnisme commercial et prônent l'isolationnisme en politique étrangère. Cette faction n'est pas particulièrement nouvelle dans la politique américaine, mais son influence s'est renforcée, notamment sous le patronage de Trump.

RT

Les milliardaires techno-libertaires

Ce courant de la nouvelle idéologie américaine est représenté par des milliardaires du secteur technologique, principalement issus de la Silicon Valley. Le plus célèbre est bien sûr Elon Musk, qui a dirigé le Bureau de l'efficacité gouvernementale sous l'administration Trump de janvier à mai 2025. Cependant, son influence politique n'est pas toujours à la hauteur de sa notoriété. Moins connu du grand public, le capital-risqueur Marc Andreessen (créateur du premier navigateur internet grand public Netscape qui donna ensuite Mozilla et Firefox ) a peut-être initialement exercé une influence encore plus grande à la Maison Blanche qu'Elon Musk, agissant comme conseiller informel et aidant Trump à recruter des personnes pour des postes clés [2] . Jusqu'à récemment, Andreessen soutenait le Parti démocrate, mais en 2024, il a soutenu Trump, en partie parce qu'il n'était pas satisfait de la politique de l'administration Biden visant à réglementer plus strictement le secteur des cryptomonnaies et l'intelligence artificielle. Andreessen, comme Musk, prône une liberté maximale des activités commerciales et une ingérence minimale de l'État dans les entreprises privées.

En 2023, Andreessen a publié le « Manifeste TechnoOptimiste ». L'idée centrale est simple : le progrès scientifique et technologique est le bien suprême et la clé pour résoudre les problèmes de l'humanité, mais seuls les marchés libres, associés à la suppression des restrictions et barrières pesantes, assureront le développement d'une économie de haute technologie. Andreessen prône l'« accélérationnisme » – l'impulsion du développement technologique, qui devrait accélérer le progrès à des vitesses sans précédent. Cette accélération, littéralement « débridée », sera obtenue grâce à la synthèse de l'innovation technologique et de l'économie capitaliste ( techno - capital machine ), terme qu'Andreessen a emprunté au philosophe britannique Nick Land. Andreessen est particulièrement enthousiaste à propos de l'intelligence artificielle : « Nous pensons que l'intelligence artificielle est notre alchimie, notre pierre philosophale… Nous pensons que l'intelligence artificielle doit être abordée comme un outil universel de résolution de problèmes » [3] .

Mais le portrait optimiste d'Andreessen comporte des nuances sémantiques. Faisant clairement référence à Friedrich Nietzsche, dont le nom figure dans le manifeste parmi les penseurs les plus respectés d'Andreessen, le milliardaire de la technologie exalte les « supermen technologiques » à venir : « Nous ne sommes pas des victimes, nous sommes des conquérants… Nous sommes le prédateur suprême . »

Lorsqu'Andreessen, parlant des « surhommes technologiques », utilise la métaphore du prédateur, n'est-ce pas un lapsus freudien typique ? Au sommet de la chaîne alimentaire, par définition, seuls quelques prédateurs, les plus puissants, peuvent se trouver, tandis que les autres sont destinés à un rôle différent. Le manifeste d'Andreessen apporte la réponse à la question de savoir qui est censé jouer le rôle du prédateur principal : « Nous pensons que l'Amérique et ses alliés doivent être forts, et non faibles. Nous pensons que la force nationale des démocraties libérales provient de leur puissance économique (puissance financière), culturelle (soft power) et militaire (hard power). La puissance économique, culturelle et militaire découle de la puissance technologique. Une Amérique technologiquement forte est une force du bien dans un monde dangereux. Les démocraties libérales technologiquement fortes garantissent la liberté et la paix. Les démocraties libérales technologiquement faibles perdent face à leurs rivaux autoritaires… »

La longue liste des « saints patrons du techno-optimisme » d'Andriessen comprend Filippo Marinetti, fondateur du futurisme et l'un des idéologues du fascisme italien. Le dernier acte de Marinetti fut un voyage avec le corps expéditionnaire italien sur le front de l'Est, où il fut blessé à Stalingrad.

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Le philosophe-faiseur de rois

Le penseur le plus développé intellectuellement du camp techno-libertaire est Peter Thiel, cofondateur de PayPal et de la société de surveillance des données Palantir Technologies. Thiel n'est plus une figure marginale : il est désormais sans doute le deuxième idéologue le plus important de la Nouvelle Amérique, après Trump lui-même.

Thiel fut la première personnalité respectée de la Silicon Valley à soutenir ouvertement Trump et à faire un don à sa campagne présidentielle en 2016. Cependant, l'investissement politique le plus fructueux de Thiel ne fut pas Trump, mais l'actuel viceprésident (et probablement futur président) J.D. Vance, pour qui Thiel devint un mentor et un employeur (Vance fut un temps employé du fonds d'investissement de Thiel, Mithril Capital ). Thiel fit ensuite don de 15 millions de dollars à la campagne de Vance pour le Sénat américain depuis l'Ohio et présenta le jeune homme politique prometteur à Trump. Comme il sied à un homme d'affaires, Thiel diversifie ses investissements politiques. Parallèlement à Vance, il a parrainé un autre jeune homme politique prometteur (également son étudiant et ancien employé) : Blake Masters, à qui il a donné 20 millions de dollars pour les élections sénatoriales de l'Arizona (contrairement à Vance, Masters a perdu les élections).

Thiel se dit chrétien et cite souvent la Bible, bien qu'il soit ouvertement homosexuel (en 2017, il a épousé son partenaire Matt Danzeisen, banquier d'affaires, à Vienne). Ce milliardaire de la tech est connu comme philosophe et penseur, très lu et auteur prolifique de livres et d'essais. Contrairement à Musk et Andreessen, qui publient des maximes et des mèmes destinés au grand public, Thiel cible l'élite cultivée. Il cite généreusement des philosophes politiques aussi complexes que Carl Schmitt et Leo Strauss, et est un fervent partisan des idées de l'anthropologue René Girard. Thiel se positionne comme un libertarien , mais ne cache pas qu'il a depuis longtemps cessé de croire à la démocratie libérale, ainsi qu'à la démocratie en général : « Je ne pense plus que la liberté soit compatible avec la démocratie » [4] . Il est significatif que Thiel compare l'Amérique d'aujourd'hui à l'Allemagne à la veille de l'ascension d'Hitler : « Il existe des parallèles indéniables entre les ÉtatsUnis des années 2020 et l'Allemagne des années 1920 dans le sens où le libéralisme s'est épuisé. On peut soutenir que la démocratie... s'est épuisée et nous devrons nous poser une série de questions qui vont bien au-delà de la fenêtre d'Overton » [5] .

Le libertarisme de Thiel ne l'a pas empêché de fonder Palantir Technologies, qui développe des systèmes d'intelligence artificielle pour le Pentagone et les agences de renseignement. Il est également un investisseur majeur d'Anduril Industries , une entreprise de drones et d'armes autonomes appartenant au jeune milliardaire Palmer Luckey.

Thiel s'apparente au courant des déclinologues new age U.S. qui estiment qu'au cours des dernières décennies, l'Amérique a sombré dans un abîme de dégradation et de stagnation. Un bond vers de nouveaux sommets et de grands objectifs est nécessaire. À l'instar de ses collègues milliardaires de la Silicon Valley, Thiel est convaincu que la définition et la réalisation d'objectifs scientifiques et technologiques ambitieux doivent devenir la priorité absolue de la société et de l'État. Puisant son inspiration hétéroclite autant chez Oswald Spengler, que Lothrop Stoddard et que chez Butler ou Foucault, ses préférences vont vers les technologies transhumanistes associées à l'amélioration du corps humain, à la prolongation de la vie et, potentiellement, à l'immortalité. L'un de ses projets actuels est l'organisation de « Jeux améliorés » alternatifs où les contrôles antidopage seraient assouplis et où les athlètes seraient autorisés à utiliser des méthodes de « biohacking ». L'un des coorganisateurs de ces Jeux améliorés est le fils du président, Donald Trump Jr. [6].

De tous les milliardaires libertariens proches du gouvernement actuel, c'est Thiel qui a les opinions les plus tranchées en matière de politique étrangère. Sa conception géopolitique est assez simple et se résume au fait que la principale menace extérieure pour les États-Unis est la Chine.

Contrairement à son ami et ancien partenaire commercial Elon Musk, considéré comme une figure pro-chinoise, Thiel est partisan d'une politique ferme de confinement de Pékin, notamment en formant une large coalition anti-chinoise dirigée par Washington. Les États-Unis devraient opter pour un divorce économique avec la Chine et faire pression sur les autres pays pour qu'ils minimisent également leurs liens avec Pékin. Thiel estime que les super-tarifs imposés par Trump sur les produits chinois sont un pas dans la bonne direction [7] . Dès novembre 2022, il déclarait : « Je crois au libre-échange, je ne suis pas partisan des tarifs douaniers, mais je ferais une exception pour notre principal rival géopolitique et idéologique » [8] . Thiel est l'une des figures les plus sinophobes de l'élite dirigeante actuelle. Il qualifie la Chine de « gérontocratie mi-fasciste, micommuniste », accusant Pékin de « nationalisme », de « racisme » et de « xénophobie » [9] .

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Les Lumières obscures

Enfin, le quatrième groupe de représentants de la nouvelle idéologie américaine est celui des intellectuels provocateurs qui créent des récits des « Lumières obscures ». Également appelé « mouvement néo-réactionnaire » (NRx ), ce mouvement intellectuel et philosophique, qui rejette de nombreux idéaux des Lumières classiques, a pris forme à la fin des années 2000 et au début des années 2010, principalement dans l'Anglosphère.

L'un des pères des « Lumières obscures » et l'auteur du terme lui-même, mentionné en lien avec Andreessen, est le philosophe et écrivain britannique Nick Land, aujourd'hui basé à Shanghai. Au début de sa carrière universitaire dans les années 1990, Land, qui enseignait alors à l'Université de Warwick , défendait des opinions de gauche , mais a depuis fortement viré à droite [10] . Land croit en l'avènement de la singularité – le moment où l'intelligence artificielle et les autres technologies surpasseront les humains et échapperont à leur contrôle, ce qui marquera le début de l'ère « post - humaine » . Land s'inspire de l'esthétique du cyberpunk, prédisant l'avènement de systèmes techno-autoritaires hypercapitalistes, gouvernés par la technologie et les marchés plutôt que par la politique traditionnelle. De tels systèmes, selon lui, sont bien plus efficaces que le libéralisme et la démocratie classiques. Dans l'esprit du darwinisme techno-social, Land prédit l'émergence d'êtres post-humains qui, par la fusion avec les supertechnologies, domineront le nouveau monde.

Land rejette l'anthropocentrisme, affirmant que les valeurs humaines et la morale sont dénuées de pertinence face à des forces bien plus vastes et impersonnelles telles que le capital et la technologie. Dans sa philosophie, l'humanité n'est qu'une étape temporaire dans un processus évolutif plus vaste, impulsé par les machines et les systèmes économiques.Un autre père intellectuel des « Lumières obscures » est le programmeur et blogueur américain Curtis Yarvin, également connu sous le pseudonyme de Mencius Moldbug .

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NB : Pour le public français on pourrait l'associer à une créature hybride fruit de l'union entre Michel Onfray, Eric Zemmour et Yves Cochet.

Contrairement à Land, Yarvin est directement impliqué dans le processus politique. Ami de Thiel, il connaît bien plusieurs politiciens et responsables de l'entourage de Trump. Yarvin prône le remplacement de la démocratie libérale compromise par un système politique plus efficace, sous la forme d'une monarchie autocratique ou d'une société commerciale, où un organe dirigeant unique dispose de pouvoirs absolus. L'une de ses idées est la création d'un système composé de nombreuses entités souveraines contrôlées par des entreprises ( Patchwork ), au sein duquel il sera possible d'expérimenter librement les lois, les règles et les technologies.

Yarvin rejette clairement le leadership mondial américain. Il estime que les États-Unis devraient se retirer d'Europe et laisser les puissances régionales régler leurs propres différends. Il parle chaleureusement de la Chine et ses opinions sur la Seconde Guerre mondiale sont pour le moins peu orthodoxes, suggérant qu'Hitler était motivé par des calculs stratégiques plutôt que par des ambitions génocidaires.

Comme la plupart des idéologues de la « nouvelle Amérique », en politique étrangère, Yarvin prône le démantèlement de « l'ordre international libéral » né après 1945, où les États-Unis jouaient le rôle de gendarme et de garant de la sécurité mondiale. Yarvin prône même le retrait des États-Unis d'Europe, tout en stipulant que la Grande-Bretagne, pays anglosaxon, doit rester sous la protection américaine [11] . Yarvin n'aurait rien contre, par exemple, une guerre entre la Turquie et la Grèce. C'est leur affaire, et non celle de l'Amérique. Contrairement à son ami milliardaire Thiel, Yarvin parle de la Chine moderne avec calme et même avec une admiration contenue.

Yarvin, dont les ancêtres juifs ont émigré d'Odessa sous l'Empire russe, a une vision peu orthodoxe de la Seconde Guerre mondiale . Selon lui, Hitler ne cherchait pas à dominer le monde. Il souhaitait simplement la reconnaissance de sa domination sur l'Europe continentale en utilisant les Juifs européens comme otages lors des négociations avec les ÉtatsUnis et la Grande-Bretagne. Si Roosevelt avait accepté un accord avec Hitler, la guerre mondiale et l'Holocauste auraient pu être évités . [12]

Land, Yarvin et d'autres intellectuels des « Lumières obscures » peuvent, à première vue, paraître bien moins importants que les milliardaires Musk et Thiel. Mais il faut se demander : qui a joué un rôle plus important dans la création du Troisième Reich il y a cent ans ? L'un des principaux capitalistes allemands, Gustav Krupp, qui soutenait Hitler, ou le brillant philosophe politique et plus tard principal avocat du Troisième Reich, Carl Schmitt (que, soit dit en passant, Yarvin et Thiel aiment citer), qui a développé la théorie du « cas exceptionnel », grâce à laquelle le Reichstag a adopté en 1933 une loi conférant à Hitler des pouvoirs illimités ?

 

Et ensuite ?

L'idéologie émergente de la « nouvelle Amérique » est hétérogène et recèle différents scénarios. Il n'est pas du tout inévitable qu'elle se matérialise en une forme pernicieuse, rappelant le Troisième Reich ou la « Sphère de coprospérité de la Grande Asie de l'Est ». Cependant, de nombreux éléments, dans les idées et les significations qui circulent aujourd'hui en Amérique et dans d'autres pays de l'Anglosphère, ne peuvent qu'inquiéter. Parmi eux, le désir de cultiver des « surhommes technologiques », des « superprédateurs », ou des « posthumains » dans un amalgame de confusion idéologique qui "parle" même à certains adeptes de la "planète arc en ciel" ou aux plus malthusiens des écologistes sectateurs de Gaïa, etc ,  voire des "rationalistes" suggérant ici et là des propositions de rationalisation visant à déléguer le pouvoir absolu à un « organe exécutif unique » - tels l'influenceur français jacques Attali  .

Si les idéologues de la « nouvelle Amérique » méprisent l'ordre international libéral, « fondé sur des règles », longtemps considéré comme la vache sacrée de l'hégémonie mondiale américaine , cela ne signifie pas qu'ils souhaitent voir l'Amérique comme l'un des sujets souverains d'un monde multipolaire. Des légions américaines pourraient se retirer d'Europe, du Moyen-Orient ou de Corée du Sud, mais des moyens plus sophistiqués et « technologiques » apparaîtront pour contrôler et dominer les corps et les âmes. Le concept principal qui imprègne les écrits de Curtis Yarvin est le « pouvoir » . Le livre préféré de Peter Thiel, un homme qui aspire à la vie éternelle, est « Le Seigneur des Anneaux ».

Nombre de ces idées peuvent paraître marginales. Pourtant, elles ont du pouvoir, surtout lorsque plutôt que de raisonner elles résonnent dans les couloirs de l'influence politique et technologique. Les théories juridiques de Carl Schmitt ont permis à Hitler de s'emparer du pouvoir dictatorial en 1933. Aujourd'hui, les alliés intellectuels de Trump et Thiel élaborent leurs propres récits d'« urgence », de « décadence » et de « réveil ».

Ce qui émerge aux États-Unis n'est pas un recul de l'hégémonie, mais une reformulation de celle-ci. L'ordre international libéral n'est plus considéré comme sacré, même par le pays qui l'a bâti. La nouvelle élite américaine retire peut-être ses troupes d'Europe, du Moyen-Orient et de Corée, mais ses ambitions n'ont pas diminué. Elle se tourne plutôt vers des méthodes de contrôle plus subtiles : l'IA, la cyberdomination, la guerre idéologique et la supériorité technologique. Leur objectif n’est pas un monde multipolaire, mais un monde unipolaire repensé, dirigé non pas par des diplomates et des traités, mais par des algorithmes, des monopoles et des machines.

Pour sortir la Planète de sa mondialisation malheureuse, les surhumains sont en marche...

NOTES DE BAS DE PAGE

  1. Le discours inaugural // La Maison Blanche. Président Donald J. Trump. 20.01.2025. URL : https:// www.whitehouse.gov/remarks/2025/01/the-inaugural-address/ (date de consultation : 10.07.2025).

  2. Elon Musk n’est pas le seul leader technologique àcontribuer à façonner l’administration Trump // Washington Post. 13/01/2025. URL : https://www.washingtonpost.com/ politics/2025/01/13/andreessen-tech-industry-trumpadministration-doge/ (consulté le 10/07/2025).

  3. Marc Andreessen. Le Manifeste Techno-Optimiste //Andreessen Horowitz. 23.10.2023. URL : https://a16z.com/thetechno-optimist-manifesto/ (date d'accès : 10.07.2025).

  4. Peter Thiel. L'éducation d'un libertaire // Cato Institute.13.04.2009. URL : https://www.cato-unbound.org/2009/04/13/ peter-thiel/education-libertarian/ (date de consultation : 10.07.2025).

  5. Peter Thiel sur la théologie politique (ép. 210) //Conversations avec Tyler. 17.04.2024. URL : https:// conversationswithtyler.com/episodes/peter-thiel-politicaltheology/ (date d'accès : 10.07.2025).

  6. « L’Antéchrist ressemblera à Greta Thunberg. » Les idéesfortes de l’investisseur des « Jeux olympiques du dopage » // Sport Express. 02.07.2025. URL : https://m.sport-express.ru/ olympics/reviews/chem-osnovateli-enhanced-gamesmotiviruyut-svoy-interes-k-dopingu-v-sporte-intervyu-piteratilya-v-new-york-times-2339930/ (date de consultation : 10.07.2025).

  7. Peter Thiel soutient la révolution commerciale de Trumpciblant la Chine // Zero Hedge. 13/04/2025. URL : https:// www.zerohedge.com/political/peter-thiel-backs-trumps-traderevolution-targeting-china (consulté le 10/07/2025).

  8. Peter Thiel, leader de l'Alliance rebelle // Hoover Institution. 09.11.2022. URL : https://www.hoover.org/research/peter-thielleader-rebel-alliance ( consulté le : 10.07.2025).

  9. Ibid.

  10. « La seule chose que j'imposerais, c'est la fragmentation. » Entretien avec Nick Land par Marko Bauer et Andrej Tomažin // Synthetic Zerø. 19/06/2017. URL : https:// syntheticzero.net/2017/06/19/the-only-thing-i-would-impose-isfragmentation-an-interview-with-nick-land/ (consulté le 10/07/2025).

  11. Curtis Yarvin sur la disparition de la Grande-Bretagne, laligne rouge de Poutine et les attaques contre Churchill // The Spectator. 21/02/2025. URL : https://www.spectator.co.uk/ podcast/curtis-yarvin-on-britains-demise-putins-red-linechurchill-bashing/ (consulté le 10/07/2025).

  12. En fait, vous ne devriez pas transporter les gens parcamionnette // Gray Mirror. URL : https:// graymirror.substack.com/p/actually-you-shouldnt-van-people (consulté le : 10.07.2025).