Date et lieu : Dans la nuit du 18 au 19 mars 2022, une altercation éclate à la terrasse du café Le Mabillon (boulevard Saint-Germain à Paris) entre l'ancien joueur et les accusés. L'altercation dégénère mortellement par des tirs en pleine rue un peu plus tard.
***
Dans le film Les Tricheurs (sorti en 1958 et réalisé par Marcel Carné), le café Le Mabillon est l'un des lieux emblématiques de Saint-Germain-des-Prés où se réunit la jeunesse existentialiste et oisive de l'époque.
Le film dépeint les codes de cette "bande" parisienne des années 50 qui se retrouve dans des cafés cultes du quartier — comme Le Mabillon ou le Café Bonaparte — pour refaire le monde, écouter du jazz et jouer au "jeu de la vérité" tout en dissimulant leurs véritables sentiments par cynisme.
Las
fuerzas históricas del fascismo se reorganizan ante nosotros.
Los derrotados de la Segunda Guerra Mundial, los que asesinaron millones
de soviéticos, de chinos y de judíos, han regresado al poder en Japón,
en Israel y en Ucrania y ahora esperan obtener la revancha.
Thierry Meyssan, intelectual francés creador de la Red Voltaire
Los derrotados en la Segunda Guerra
Mundial buscan la revancha. Buscan ganar y reorganizar el mundo de
manera jerárquica… con ellos en la cima. Veamos algunas noticias de
estos elementos.
PARA LOS NOSTÁLGICOS DEL MILITARISMO NIPÓN, JAPÓN NUNCA PERDIÓ LA GUERRA
La primera ministro de Japón, Sanae
Takaichi, es fiel al imperialismo nipón. Cada año, el 15 de agosto,
el día de la capitulación, la señora Takaichi visita el santuario
Yasukuni, donde se rinde homenaje a quienes dieron la vida por
el emperador Hiroito durante la «guerra de los 15 años», o sea durante la invasión japonesa del Extremo Oriente y la Segunda Guerra Mundial.
Este año, dado el hecho que, como jefa del
gobierno, la ley le prohíbe visitar el santuario, la señora Takaichi
se limitó a enviar ofrendas. Pero 4 de sus ministros, que no tienen la
misma restricción que ella, y alrededor de 150 miembros del parlamento
sí estuvieron personalmente en Yasukuni el 15 de agosto.
Para esos personajes, los crímenes del
ejército imperial nunca existieron, afirman que son sólo mentiras de los
enemigos de Japón. Pero los coreanos y los chinos tienen recuerdos muy
diferentes: el ejército imperial japonés trataba como “subhumanos” a
quienes no reconocían al emperador nipón como una divinidad. Los jóvenes
reclutas japoneses tenían que aprender a torturar y a liquidar
sin piedad a aquella gente, y si se negaban a hacerlo eran sometidos a
crueles castigos.
En la ciudad china de Nankín 100 000
mujeres y niños fueron violados y reducidos a la esclavitud al servicio
de los militares japoneses. Posteriormente, el ejército imperial masacró
allí a 300 000 personas. En Corea, la Unidad 731 del ejército imperial
nipón practicó vivisecciones de prisioneros, sin anestesia, crímenes que
más tarde servirían de “inspiración” al tristemente célebre doctor
Menguele, en Auschwitz.
El ejército del emperador Hirohito cometió
crímenes similares en Singapur, Malasia, Indochina y Tailandia, aunque
en esos países no se conservan de esos hechos un recuerdo tan vivo como
los de los pueblos de la península de Corea y de China.
Los militaristas japoneses de hoy
no buscan reproducir aquellos crímenes. Saben que en nuestra época sería
absurdo tratar de imponer que se adore a un emperador que ha reconocido
no ser un dios. Pero están rearmando el país.
Durante la conmemoración de los bombardeos
atómicos contra las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, el 6 y
el 9 de agosto pasado, la primera ministro Sanae Takaichi puso el mayor
cuidado en evitar recordar que ambas masacres nucleares fueron
perpetradas por el ejército de Estados Unidos y por orden del presidente
estadounidense Harry Truman. Al contrario de sus predecesores, la
actual jefa del gobierno japonés tampoco expresó remordimiento
ni presentó la menor excusa por la responsabilidad de Japón en la
Segunda Guerra Mundial.
Desde 1945, Japón ha reconocido su derrota
una sola vez, en la declaración pública que el primer ministro
socialista Tomiichi Murayama emitió el 15 de agosto de 1995, en ocasión
del 50º aniversario de la capitulación. Pero aquella declaración fue
cuestionada el 3 de agosto de 2016, por el entonces primer ministro, el
liberal demócrata Shinzo Abe, durante la nominación de Sanae Takaichi
como ministro de Defensa. Aquel cuestionamiento de la derrota de Japón
es actualmente la posición oficial de ese país, posición defendida hoy
en día por la protegida de Shinzo Abe, la señora Sanae Takaichi, ahora
convertida en primera ministro [1].
Cuando la primera ministro Sanae Takaicho
violó el carácter pacifista de la Constitución de Japón, al suministrar
transportes militares a los nacionalistas integristas ucranianos y
enviar soldados japoneses al cuartel general de la OTAN en Wiesbaden, el
pasado 29 de mayo [2], lo hizo con total conocimiento de causa.
PARA LOS SIONISTAS REVISIONISTAS HA LLEGADO EL MOMENTO DE REANUDAR LA GUERRA CONTRA LOS SIONISTAS
El ministro de Seguridad Nacional de
Israel Itamar Ben-Gvir, discípulo del rabino terrorista Meir Kahane,
anunció el pasado 28 de agosto que sus hombres encontraron los restos
del Altalena, barco que transportaba 900 sionistas
revisionistas del grupo terrorista Irgún y un cargamento de armas cuando
fue hundido por el ejército israelí, el 22 de junio de 1948, por orden
del primer ministro sionista de Israel, David Ben Gurion.
Los sionistas revisionistas, discípulos
del judío ucraniano Vladimir Zeev Jabotinsky, y los sionistas –o sea,
los seguidores del judío húngaro Theodor Herzl, se odian a muerte.
El objetivo del sionista Herzl era crear un país en el que los judíos
del mundo entero pudiesen refugiarse para escapar a los pogromos.
El objetivo del sionista revisionista Jabotinsky era la creación de un
“imperio judío”, similar al imperio italiano que quiso crear el fascista
Benito Mussolini.
El nombre mismo del Altalena es una referencia al seudónimo que utilizaba el fascista Jabotinsky. El Altalena había
zarpado del puerto francés de Marsella cargado de armas y llevando
a bordo 900 sionistas revisionistas que planeaban arrebatar el poder a
los sionistas lidereados por Ben Gurion. A pedido de la CGT –la
organización sindical más importante de Francia, de inspiración
comunista–, los estibadores del puerto de Marsella se declararon en
huelga para impedir la partida del Altalena y proteger así a los judíos de Palestina.
Pero los sionistas revisionistas contaban
con la protección del entonces primer ministro de Francia, Robert
Schuman, y de su ministro de Exteriores, Georges Bidault. Tanto Robert
Schuman como Georges Bidault sabían que los sionistas revisionistas eran
aliados de las potencias del Eje y que Jabotinsky había instalado el
Betar en Roma bajo la protección de Benito Mussolini.
Robert Schuman, el político francés que la
propaganda de hoy nos presenta como “el padre de Europa”, había nacido
en la región de Lorena y militó para evitar una guerra entre Alemania
(su país natal) y Francia (país cuya nacionalidad adquirió cuando la
región de Lorena volvió a ser francesa). Schuman fue ministro del
mariscal Philippe Petain, el jefe del gobierno francés de colaboración
con la Alemania nazi, y su nombre figura entre los de los firmantes del
decreto que aprobó el armisticio entre Francia y el Reich hitleriano.
En 1942, cuando los soviéticos ya habían vencido las tropas alemanas en
Stalingrado y se vislumbraba la derrota de la Alemania nazi, Schuman
se pasó al lado de la Resistencia.
Después de la liberación de Francia,
Schuman afirmó ante un tribunal que el mariscal Petain había incluido
su nombre en el decreto sobre el armisticio sin pedirle su opinión.
Robert Schuman escapó así a las acusaciones que lo denunciaban como
colaborador del ocupante nazi. Nunca fue llevado a los tribunales… pero
el general Charles de Gaulle siempre se negó a estrecharle la mano y
no asistió a su funeral, en 1960.
Por su parte, Georges Bidault, fue miembro
del Consejo Nacional de la Resistencia encabezado en Francia por Jean
Moulin, hizo todo lo posible por deshacerse del general de Gaulle y
trató de pasar delante de este en el Desfile de la Victoria de los
Campos Elíseos. Este democratacristiano se opuso a la independencia de
Argelia y participó en el putsch de Argel de 1961, durante el cual
cuatro generales franceses se sublevaron en Argelia contra el general
de Gaulle.
A la vista del conjunto de sus
trayectorias, no es sorprendente que, como primer ministro de Francia,
Robert Schuman y su ministro de Exteriores Georges Bidault respaldaran
una intentona golpista de los sionistas revisionistas contra los
sionistas de Tel Aviv.
En 1948, la guerra entre israelíes y
árabes acababa de comenzar. Pero ninguno de esos dos bandos contaba con
suficiente armamento. Sólo los británicos estaban en condiciones de
garantizar la victoria y tuvieron la astucia de no implicar las fuerzas
armadas de la metrópoli sino de recurrir a su ejército colonial. Fueron
soldados transjordanos, bajo la dirección de oficiales británicos,
quienes ganaron aquella guerra, bajo las órdenes del general británico
John Bagot Glubb, apodado “Glubb Pachá”.
Ante la furia de los árabes, David Grun
Ben-Gurion, que había analizado la correlación de fuerzas, sabía que su
única posibilidad de éxito era apoyarse en los ingleses. Tenía, por
consiguiente, que apartarse de los sionistas revisionistas –que acababan
de participar en la Segunda Guerra Mundial luchando contra el imperio
británico–, asesinar en El Cairo al ministro de Colonias de Reino Unido y
volar la sede del gobierno de la Palestina bajo mandato británico,
el hotel King David.
Después del hundimiento del Altalena,
Menahem Beguin, sucesor del ya fallecido Jabotinsky a la cabeza del
movimiento sionista revisionista, no podía vengar a sus correligionarios
muertos en aquel barco sin poner en peligro la supervivencia de Israel,
así que optó por llegar a un acuerdo con Ben-Gurion. De esa manera,
el sionista David Ben-Gurion y el sionista revisionista Menahem Begin
evitaron una guerra civil entre judíos, los sionistas conservaron
el poder en Israel y los sionistas revisionistas se hicieron cargo del
Mossad, desde donde prosiguieron sus actos de terrorismo.
Tres meses después, asesinaron al enviado
especial de las Naciones Unidas, el diplomático sueco Folke Bernadotte,
que había llegado a Palestina para delimitar las zonas que serían
asignadas respectivamente a los judíos y los árabes en el nuevo Estado
binacional aprobado por la comunidad internacional. Yehoshua Cohen,
el asesino del enviado especial de la ONU, se convirtió en
guardaespaldas del primer ministro israelí David Ben-Gurion.
En estos últimos días, cuando su ministro de Seguridad Nacional Itamar Ben-Gvir anunció el hallazgo del Altalena,
el primer ministro israelí Benyamin Netanyahu temió que Ben-Gvir
tratara de revivir el recuerdo de aquellos tiempos de agitación y corrió
al museo Etzel para tratar de tomar la delantera.
Netanyahu anunció que ordenará recuperar
el pecio, presentándolo como un símbolo de la unidad israelí. Con esa
maniobra, Netanyahu desvía la atención del hecho que los sionistas
revisionistas habían planeado un golpe de Estado contra los sionistas de
Ben-Gurion y dirigió las miradas hacia el acuerdo de paz civil
finalmente pactado entre el sionista Ben-Gurion y el sionista
revisionista Menahem Beguin.
El propio Benyamin Netanyahu es hijo del
fascista Benzion Netanyahu, quien fue el secretario particular del
sionista revisionista Zeev Jabotinsky, así que no es sorprendente que
Benyamin Netanyahu haya ordenado al ejército israelí proceder a masacrar
la población civil en Gaza.
PARA LOS NACIONALISTAS INTEGRISTAS UCRANIANOS, HA LLEGADO EL MOMENTO DE LIQUIDAR LA CIVILIZACIÓN ESLAVA
El usurpador ucraniano Volodimir Zelenski,
cuyo mandato presidencial expiró hace 2 años y 3 meses, ha convertido
su régimen, que comenzó siendo una coalición antirrusa que incluía a los
nacionalistas integristas, en una dictadura controlada por estos
últimos.
Los nacionalistas integristas son una
corriente ideológica resueltamente antisoviética y antijázara –o sea
antisemita ya que el término “jázaro” es una referencia al imperio judío
jázaro que se desarrolló en la Edad Media entre el mar Negro y el
Caspio. La expresión “nacionalista integrista” es heredada del fascista
francés Charles Maurras.
El nacionalismo integrista ucraniano fue
concebido durante la Primera Guerra Mundial por el ucraniano Dimitro
Dontsov, un agente del Reich alemán, y se desarrolló en la estela del
fascismo italiano y de la Guardia de Hierro rumana. Posteriormente, los
nacionalistas integristas ucranianos, reunidos alrededor del esbirro de
Dontsov, Stepan Bandera, colaboraron con los nazis de Adolf Hitler.
Durante la segunda mitad de la Segunda
Guerra Mundial, el propio Dimitro Dontsov fue administrador del
Instituto Reinhard Heydrich, creado por el III Reich, y estuvo entre los
planificadores de la “solución final” de los nazis contra los eslavos,
los judíos y los gitanos.
Hace menos de un mes, el 11 de agosto
pasado, los restos mortales del coronel Yevhen Konovalets, enterrados en
el cementerio Crooswijk de Róterdam, fueron exhumados por la Iglesia
greco-católica ucraniana, en presencia de la embajadora de Ucrania en
los Países Bajos, y repatriados a Ucrania, donde fueron sepultados
temporalmente en el cementerio militar nacional ucraniano, en presencia
de numerosos miembros del régimen de Kiev y del propio Volodimir
Zelenski. Incluso hubo una ceremonia de adiós en la Catedral Patriarcal
de la Resurrección de Cristo de la Iglesia greco-católica ucraniana
en Kiev. Las obsequias definitivas tendrán lugar en un Panteón Nacional
cuya creación ha decidido el régimen de Kiev.
El coronel ucraniano Yevhen Konovalets
(1891-1938) fue uno de los fundadores y principales dirigentes de la
Organización de Nacionalistas Ucranianos (OUN) y el responsable de la
masacre perpetrada contra los bolcheviques de Kiev. Fue amigo personal
de Hitler desde 1922 y en 1936 se refugió en Roma, bajo la protección de
Mussolini. Konovalets fue asesinado por el NKVD soviético en mayo
de 1938, durante un viaje a Róterdam.
Durante su reinhumación temporal en Kiev,
la Guardia Presidencial ucraniana rindió honores a los restos de
Konovalets. Esa misma Guardia Presidencial ucraniana participó, por
invitación del presidente de Francia Emmanuel Macron, en el desfile
militar del 14 de julio pasado por el aniversario de la Revolución
Francesa.
Si tenemos en cuenta que Konovalets fue
responsable de numerosas masacres y que colaboró con los nazis y los
fascistas durante la Segunda Guerra Mundial, cometiendo incluso crímenes
contra la humanidad, queda claro el mensaje de Volodimir Zelenski:
no sólo su régimen no desnazificará Ucrania, como exige Rusia, sino que
además los nacionalistas integristas han regresado al poder en ese país.
El 24 de agosto pasado Ucrania celebró el
35º aniversario de su independencia, en presencia de los jefes de Estado
y/o de gobierno de los Estados nórdicos-bálticos (NB8) y de Reino
Unido. Todos esos personajes afirmaron que Rusia quiere invadir Ucrania y
anexarla. Repitieron que Crimea, el Donbass y la Novorossya son
ucranianas. Pero ninguno mencionó que Crimea proclamó su autonomía de la
República Soviética de Ucrania el 15 de febrero de 1991, o sea más de
6 meses antes de que Ucrania proclamara su propia independencia.
Ucrania reconoció la proclamación
de Crimea como república el 19 de junio de 1991 –más de 2 meses antes de
proclamar su propia independencia. El 5 de mayo de 1992, Crimea
se declaró independiente. A partir de entonces, Kiev puso fin al pago de
las jubilaciones y de los salarios de sus funcionarios en la península.
Esos pagos los asumió Moscú, a partir del segundo semestre de 1992 y
durante todo el año 1993, hasta que el entonces presidente de Rusia,
Boris Yeltsin, decidió suspenderlos.
El 26 de agosto pasado, cuando los
invitados oficiales ya se habían ido, Zelenski distribuyó
condecoraciones a los militares destacados en el frente de
Oleksandrivska (Donbass). En esa ocasión, Zelenski condecoró con la
Estrella de Oro de los “Héroes de Ucrania”, la más alta distinción del
país, al jefe del 3er Cuerpo de ejército, el general de brigada Andriy
Biletski.
El historiador y ahora general Andriy
Biletski es autor de una tesis sobre el Ejército Nacional Ucraniano
(UPA), texto en el que glorifica el genocidio perpetrado en la región de
Volinia contra al menos un centenar de miles de polacos y la masacre de
decenas de miles de judíos perpetrada en Babi Yar. Biletski es además
el fundador del ultraderechista Pravy Sektor (Sector Derecho) y fue uno
de los principales actores del “EuroMaidan”, el golpe de Estado que
expulsó del poder al presidente democráticamente electo de Ucrania,
Viktor Yanukovich, en febrero de 2014. Posteriormente Biletski fundó el
batallón Azov y dio inicio a las masacres de pobladores rusoparlantes de
la región de Donbass, antes de participar en las batallas de Mariupol y
de Bajmut, siendo ampliamente allí ampliamente derrotado en el plano
militar.
Como todos los nacionalistas integristas,
Biletski afirma que los “verdaderos ucranianos” no son eslavos sino
varegos, o sea descendientes de los vikingos finlandeses. Para los
nacionalistas integristas como Biletski, los varegos tienen como misión
librar «el combate final» contra los eslavos. En 2010, Biletski declaraba: «La misión
histórica de nuestra nación en este momento crítico es conducir las
Razas Blancas del mundo en una última cruzada por su supervivencia, una
cruzada contra los Untermenschen [subhumanos] dirigidos por los semitas.» [3]
¿Y AHORA?
No podemos mantenernos al margen de lo que
está sucediendo. Las fuerzas del fascismo histórico –y no estamos
hablando de unos cuantos locos que desfilan disfrazados sino de
individuos que esperan retomar algo que creen que quedó pendiente
al terminar la Segunda Guerra Mundial– han despertado, han comenzado a
reescribir la historia y se valen de la indiferencia generalizada para
borrar el recuerdo de sus crímenes.
Nuestra responsabilidad inmediata es
negarles todo acceso a responsabilidades políticas antes de que traten
de ir por la revancha y de desatar el apocalipsis.
Tenemos que exigir elecciones inmediatas
en Ucrania y en Japón. En Israel, las elecciones ya están cerca, pero
hay que garantizar la honestidad de ese proceso.
Atentado de Bolonia del sábado 2 de agosto de 1980
La Operación Gladio demuestra claramente
el vínculo inquebrantable que existe entre el poder burgués y las
instituciones burguesas, que la clase dominante está dispuesta a
proteger mediante los crímenes más atroces.
Actualmente, algunos sectores de la sociedad española están planteando la salida de España de la OTAN, pero hay una escasa información de lo que realmente significa esta organización militar.
Para facilitar y tener una información lo más ajustada posible, será necesario tener un conocimiento real de la OTAN y así poder decidir con más argumentos.
Ya en el año 2010, escribí un artículo sobre la Gladio,
que es una organización secreta bajo el paraguas de la OTAN, que
sorprendió muchísimo, pues la inmensa mayoría de los españoles no sabía
nada de este tipo de organizaciones secretas.
Al finalizar la Segunda Guerra Mundial se decide crear dentro de la OTAN unos grupos secretos y de operaciones especiales, cuya función es la de actuar como guerrilla, en caso de una invasión comunista.
Pero se acaba transformando en un ejército secreto cuya finalidad es conseguir que en “la Europa democrática” nunca puedan acceder al poder los partidos comunistas, ni nadie ponga en cuestión el sistema.
Jugó un papel muy importante en la historia de algunos países como fue en Italia, pero también en Francia,
Bélgica, Holanda, Noruega, Dinamarca, Suecia, Finlandia, Turquía,
Portugal, Austria, Suiza, Grecia, Luxemburgo y Alemania.
En el año 1973, los comandantes de la Gladio se reunieron en
Bruselas, en una sesión extraordinaria, para discutir la admisión de la
España de Franco en la Gladio.
España había permitido durante muchos años a los Estados Unidos el
derecho de estacionar misiles nucleares, así como el atraque de buques y
submarinos norteamericanos en sus puertos, pero no estaba obteniendo
nada a cambio de la OTAN.
El servicio secreto español estaba interesado en tener una red oculta
para combatir a los comunistas y socialistas antifascistas españoles,
para así poder seguir en el poder.
España a pesar de no pertenecer a la OTAN, tuvo una presencia muy
importante en la Gladio y contó con el apoyo del régimen franquista. La
dictadura de Franco sirvió de refugio durante la Guerra Fría a muchos
terroristas de extrema derecha que habían participado en la guerra
anticomunista en Europa.
Mario Pozza, miembro de la extrema derecha italiana, revela ante el
juez, en el año 1984, que toda una colonia de fascistas italianos
funcionaba con total impunidad en España.
En el año 1970, la España franquista recibe a los terroristas de la
extrema derecha italiana que habían participado junto al ultraderechista
Valerio Borghese en la ocupación del Ministerio del Interior italiano
en un intento de golpe de Estado. No sólo se les recibió, sino que se
les contrató como miembros de la policía secreta franquista.
En el año 1976, se producen los asesinatos de carlistas en Montejurra
(Navarra), Delle Chiesa junto a otros extremistas italianos
pertenecientes a la Gladio provocan los incidentes de Montejurra y su
finalidad era que la Policía española no pudiese ser acusada por una
intervención violentamente represiva e injustificada.
El 24 de enero de 1977, se produce en Madrid el asesinato de los cinco abogados laboralistas de la calle Atocha.
Participaron miembros de la Gladio, como el terrorista Carlo Cicuttini,
como aparece en un informe del Comité Ejecutivo para los Servicios de
Información y Seguridad, organismo dependiente de la Presidencia del
Consejo de Ministros de Italia.
Varios sucesos previos a la adhesión de España a la OTAN en el año 1982 tras el cambio de postura el PSOE de Felipe González, también se han vinculado a Gladio.
En mayo del año 1976, medio año después de la muerte de Franco, dos
militantes carlistas fueron abatidos por terroristas de extrema derecha,
entre ellos el agente de Gladio, Stefano Delle Chiaie y miembros de la Triple A [1], lo que demuestra la conexión entre Gladio y la llamada Guerra Sucia sudamericana de la Operación Cóndor [2].
Este incidente se conoció como los sucesos de Montejurra. Según un
informe del CESI italiano, participa el terroristas neofascistas de
Ordine Nuovo [3], Carlo Cicuttino, el cual participó en el año 1972 en
la masacre de Peteano junto a Vincenzo Vinciguerra.
Participó también en la Matanza de la calle Atocha de Madrid en el
año 1977, donde murieron cinco personas incluidas varios abogados, que
eran miembros de Comisiones Obreras. Cicuttini obtuvo la nacionalidad y
se encontraba exiliado en España desde el año 1972.
Fue el primer ministro italiano Andreotti quien descubrió en el año 1990 la existencia de la Gladio. Adolfo Suárez, el primer presidente de España elegido en democracia, tras la muerte de Franco, negó haber oído hablar jamás de Gladio.
Calvo Sotelo, presidente del gobierno español entre los años 1981 y 1982 durante la transición española, declaró que “España no había sido informada de la Gladio cuando entró en la OTAN”.
El primer ministro sueco Olaf Palme
Cuando se le preguntó por las relaciones de Gladio con la España
franquista, afirmó que dicha red no era necesaria bajo el régimen
franquista, ya que “el propio régimen era Gladio”.
Según el general, Fausto Fortunato, jefe del SISMI [4] italiano entre
los años 1971 y 1974, Francia y Estados Unidos habían apoyado la
entrada de España en Gladio, pero Italia se habría opuesto.
Sin embargo, tras las revelaciones de Andreotti, Narcís Serra, ministro de Defensa español, abrió una investigación sobre los vínculos de España con Gladio.
El periódico Canarias 7 reveló, citando al exagente de Gladio,
Alberto Volo, quien participó en las revelaciones de la existencia de la
red en el año 1990, que se había organizado una reunión de Gladio en
agosto del año 1991 en la isla de Gran Canaria.
Alberto Volo también declaró que, como agente de
Gladio, había recibido entrenamientos en Maspalomas, Gran Canaria, en
las décadas de los años 1960 y 1970.
El País también reveló que la organización Gladio era
sospechosa de haber utilizado las antiguas instalaciones de la NASA en
Maspalomas de Gran Canaria, en la década de los años 1970.
André Moven, exagente del GISS belga, también declaró que Gladio
había operado en España. Asegurando que Gladio tenía bases secretas en
Madrid, Barcelona, San Sebastián y Canarias.
El responsable de Gladio en Canarias fue el exagente Gabriel Arenas
Romasanta, controlaba toda la zona de Canarias entre los años 1981
hasta 1989.
La Operación Gladio demuestra claramente el vínculo inquebrantable
que existe entre el poder burgués y las instituciones burguesas, que la
clase dominante está dispuesta a proteger mediante los crímenes más
atroces.
En el año 1968, fecha de la llamada primavera de París, se
produce el inicio del terrorismo de izquierdas en toda Europa, incluida
España (ETA, FRAP, GRAPO). El ex agente de la CIA, Philip Agee, acusó a
la CIA de haber creado a los GRAPO, así se entenderían algunas de sus
extrañas actuaciones.
El famoso agente secreto español González Mata ha hablado de su
infiltración en ETA siendo agente de la Gladio y su implicación en el
asesinato de Carrero Blanco, así como las extrañas desapariciones de
militantes de ETA.
Todos estos hechos forman parte de lo que ellos denominan “la estrategia de la tensión” que
se vivía por todo Occidente, y como vemos mucho más ahora, para
justificar políticas agresivas que sólo defienden los intereses
económicos de las multinacionales.
En el Gobierno de Felipe González, el ministro de Defensa Narcís
Serra, se vio obligado a crear una investigación sobre la Gladio
española. Se le encargó al Cesid dirigido por el general Manglano, que
además era el delegado español en la OTAN para cuestiones de Seguridad.
El Cesid era precisamente el principal sospechoso, así que encargarle
la investigación era como poner al zorro a investigar quién se comió
las gallinas.
El general Manglano se negó rotundamente a declarar en el Parlamento y
por supuesto el resultado de su investigación fue que nunca España
había participado en la red Gladio.
La Gladio es una obscenidad y para los que creemos en la democracia
como sistema es su mayor atentado, y cabe preguntarnos ¿en mano de qué
políticos estamos?
Los nuevos grupos fascistas españoles han sufrido el mismo proceso de
evolución pues se han ido modernizando, adaptando a las nuevas
circunstancias y cuentan con el apoyo del aparato estatal como antaño lo
tenían los pistoleros de Fuerza Nueva o los Guerrilleros de Cristo Rey.
Si echamos un vistazo atrás, podemos acordarnos de los fascistas de la Operación Panzer detenidos
en el año 2005, a los que se les llegó a requisar un lanzagranadas
además de armamento ligero salido de cuarteles del Ejército. Todos los
detenidos acabaron absueltos. Las armas fueron destruidas “por error” y se les indemnizó por su destrucción.
Otro caso, esta vez menos sonado, fue la detención- en 2015 del
coronel de la Guardia Civil Rodolfo Sanz Sánchez y del subteniente
retirado Francisco Carreras.
Ambos sacaban armamento de los cuarteles de la Guardia Civil y del
Ejército para venderlo a miembros Falange, Alianza Nacional y otros
grupos fascistas.
Diez años después de su detención sigue sin haberse dictado juicio contra ambos. Éstos son sólo casos que saltan a la prensa.
Recientemente ha aparecido en escena un nuevo grupúsculo fascista de
nombre Núcleo Nacional. Hay muchos grupos de este tipo en España, la
novedad no es ésa.
La novedad es la forma que adquiere este grupo. La estética de sus
militantes recuerda al Batallón Azov ucraniano, el símbolo que usan es
similar al tridente ucraniano, entrenamientos de tipo militar,
infraestructura y puesta en escena similar, etc.
Según el propio Cuerpo Nacional de Policía “son lo más parecido a un grupo paramilitar”. Eso sí, paramilitares consentidos por el Estado. ¿Consentido por qué?
Porque como en el caso de los GAL, no se trata de grupos terroristas
pues su función no es derribar el orden social existente sino
reforzarlo.
Otro de los aspectos que han llamado la atención es su presencia en
redes sociales como Instagram o Twitter, donde cuentan con un gran
seguimiento. Es decir, los “algoritmos con los que trabajan estas redes” favorecen la difusión de los mensajes de estos grupos fascistas.
Durante las riadas que se produjeron en octubre del año 2024 en
Valencia salió a la luz otro grupo similar llamado Revuelta bajo la
egida de VOX. Elon Musk envió a este grupo varios equipos de Starlink
para restablecer el servicio de internet en las zonas donde se había
perdido este servicio. ¿Por qué Musk decide enviar equipos de internet a
este grupo y no a los servicios de Emergencias?
¿Van entendiendo el papel que juega la OTAN no solo en la defensa del
poder establecido sino también de control interno, haciendo desaparecer
a aquellos que molestan?
[1] La Triple A, también conocida como Alianza Apostólica
Anticomunista, fue una organización terrorista de extrema derecha, que
actuó en el País Vasco y en el País Vasco francés entre los años 1977 y
1982, durante la transición española. Un informe de la Oficina de
Víctimas del Terrorismo del Gobierno vasco del año 2010 le atribuye 8
asesinatos de las 66 víctimas mortales del terrorismo parapolicial y
de extrema derecha desarrollado entre los años 1975 y 1990.
[2] El Plan Cóndor, también conocido como Operación Cóndor, fue una
campaña de represión política y terrorismo de Estado llevada a cabo a
partir del año 1975 por varias dictaduras latinoamericanas con el
respaldo del gobierno de Estados Unidos, que incluía operaciones
de inteligencia y el asesinato de opositores en el continente.
[3] Orden Nuevo fue un movimiento social de extrema
derecha materializado en el Centro de Estudios Orden Nuevo y
el Movimiento Político Orden Nuevo. Ambas organizaciones extremistas con
actividad en Italia, fundadas por exmiembros del Movimiento Social
Italiano. Fue uno de los movimientos más relevantes de la posguerra de
la Segunda Guerra Mundial en la historia italiana reciente. Ambas
plataformas se disolvieron e ilegalizaron en el año 1973 por el Gobierno
italiano, acusadas de tratar de reconstituir el Partido Nacional
Fascista de Mussolini.
[4] Servizio per le Informazioni e la Sicurezza Militare (abreviado
SISMI, Servicio de Seguridad e Inteligencia Militar) fue la agencia de
inteligencia militar entre los años 1977 a 2007. Con la reforma de los
servicios de inteligencia italianos aprobada el uno de agosto del año
2007, el SISMI fue reemplazado por la Agenzia Informazioni e Sicurezza
Esterna.
Pedro Sánchez y Edmundo González Urrutia en La Moncloa, España.Fernando.Calvo / picture alliance / Gettyimages.ru
Edmundo
González llegó a España el pasado 8 de septiembre tras un acuerdo en el
que participaron tanto el Gobierno español como el venezolano. La
llegada de González se produjo en medio de un uso partidista interno de
la cuestión de Venezuela en el Reino de España.
En pocos días, hemos visto como se llevaba a cabo una votación inaudita en el Congreso de los Diputados de España para reconocer
a González como presidente de Venezuela, pese a que ni siquiera el
abogado del político venezolano había solicitado tal reconocimiento y
teniendo en cuenta, además, el absurdo de que el Parlamento de un país pretenda determinar quién es el presidente de otra nación.
A su vez, tanto el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, como
destacados líderes de la oposición, como el expresidente, Mariano Rajoy,
se reunieron con el excandidato opositor de Venezuela en estos días.
El
caso de González no es una novedad, el político se une a otros
venezolanos opositores que se han instalado en los últimos años en
Madrid. Los casos más conocidos son el de Leopoldo López,
responsable de la 'Operación La Salida', condenado en Venezuela por su
responsabilidad en la muerte de 43 personas; su mediática esposa Lilian
Tintori; Julio Borges o Antonio Ledezma, entre otros.
El opositor venezolano Leopoldo López.Marcos del Mazo / LightRocket / Gettyimages.ru
Durante
años en los medios españoles se han publicado diversos artículos en los
que destacaban un "desembarco" de fortunas latinas en la capital del
reino, donde es recurrente señalar que el fenómeno tiene un claro
impulsor: el clan venezolano de los Capriles, familia del excandidato
opositor Henrique Capriles, y su ascendente influencia en el mercado inmobiliario del lujo.
La
familia Capriles se afianzó en Venezuela, a través del control sobre
medios impresos, tales como Últimas noticias o El Mundo, que dominaron
durante mucho tiempo el mercado mediático venezolano. A su vez, se
hicieron con un jugoso negocio inmobiliario centrado en oficinas y
apartamentos de lujo en la ciudad de Caracas. Su llegada a España se
produjo en 2013, aprovechando que muchos venezolanos acaudalados
se marcharon del país una década antes tras la victoria de Hugo Chávez y
el triunfo de la Revolución Bolivariana.
La familia
Capriles se hizo con un jugoso negocio inmobiliario centrado en oficinas
y apartamentos de lujo en la ciudad de Caracas.
El
despertar del pueblo venezolano también conllevó un despertar para la
oligarquía del país, que se trasladó a España con el fin de hacer
negocios en terrenos que consideraron más amables.
Exiliados ricos
A
mediados de 2022, The New York Times publicó un artículo firmado por su
corresponsal en España, Raphael Minder, donde aseguraba que Madrid
definitivamente había desbancado a Miami como destino preferido por los
latinoamericanos ricos. Este texto señalaba que esta movilización de las
oligarquías latinoamericanas se debía a los cambios políticos
producidos en la región, inventando un novedoso concepto: "exiliados
ricos".
Ante eso, debemos preguntarnos: ¿por qué la riqueza es
considerada un motivo para el exilio? El medio estadounidense también
atendía a esta cuestión y presentaba dos ejemplos: los colombianos ricos
que previsiblemente se marcharían del país si se producía una victoria
de Gustavo Petro, debido a que este había planteado subir los impuestos;
y también advertían que el mensaje de Gabriel Boric en Chile que
hablaba sobre favorecer una sociedad más igualitaria, también habría
hecho sonar las alarmas.
Los ricos son muy sensibles a que se
limite su acción expoliadora, pero España tiene la solución: con una
inversión inmobiliaria de 500.000 euros, obtienes una visa dorada y todas las facilidades para engordar tu cartera en territorio español.
No
deja de ser contradictorio, aunque no sorprendente, observar cómo los
habituales voceros políticos de una oportunista campaña contra la
inmigración y los cambios demográficos que de ella se derivan, no vean
mayor problema en privilegiar con leyes la llegada masiva y el control
efectivo sobre barrios enteros que estos multimillonarios están
provocando, con consecuencias sociales concretas como el encarecimiento de la vivienda y la expulsión de gran parte de la población de las ciudades.
No podemos dejar de advertir que el interés de estos voceros en
enfrentar emociones a través de los fenómenos migratorios, finalmente,
solo es una performance que busca enfrentar a pobres contra pobres. Su racismo también es una cuestión de clase.
Entre ellos se reconocen y se protegen. Ojalá, desde el otro lado,
también tuviésemos claro a quién debemos proteger y, en este caso, a
quién no.
Otro sector que se ha visto afectado en relación a la
llegada del "exilio rico" venezolano, ha sido la banca, donde destaca la
figura de Juan Carlos Escotet, banquero hispano-venezolano.
Escotet
se inicia bajo la protección del banquero nacido en Cuba Orlando
Castro, y gracias a la renta petrolera venezolana y las ventajas que
ofrecía pertenecer al grupo de banqueros cercanos al gobierno de Carlos
Andrés Pérez, su ascenso fue rápido, con la fundación del banco BANESCO y
convirtiéndose ya durante la década de los 90 en uno de los hombres más
ricos de Venezuela.
Tras la crisis de las cajas de ahorro en
España, el gobierno gallego, dirigido por Alberto Núñez Feijóo, en la
actualidad máximo dirigente del Partido Popular a nivel estatal, decidió
la fusión de CaixaNova y Caixa Galicia, dando paso a NovaCaixaGalicia.
Esta operación, que costó 9.000 millones en ayudas públicas, acabó en
2013 con una intervención estatal y la venta a Juan Carlos Escotet, por
solo 1.000 millones de euros, dando paso a la creación de ABANCA.
¿Grupo de presión interno?
Sin
embargo, sería inocente creer que el poder que han ido adquiriendo
estos grupos, dentro de sectores tan sensibles como es el mercado
inmobiliario o la banca, no esté suponiendo a su vez la consolidación de un grupo de presión interno que afecta a la política doméstica en España.
Leopoldo
López Gil, el padre de Leopoldo López, en 2019 se convirtió en
eurodiputado de la mano del Partido Popular. A su vez, en 2016, la
familia Capriles entró a formar parte de la administración de la
sociedad detrás del medio de comunicación The Objective, que ha ganado
cierta relevancia en los últimos meses por su campaña, muchas veces a
través de la creación de bulos contra el gobierno de Pedro Sánchez,
según denunció en una investigación en Diario Red el periodista Román
Cuesta, en abril de este mismo año.
Los intereses detrás de haber
aupado y dado la bienvenida a esta diáspora multimillonaria y bastante
corrupta venezolana en España son evidentes: tratar de derrocar el
proceso revolucionario en Venezuela. El Estado español aúna razones
económicas, en relación con los intereses de las multinacionales españolas en Venezuela; y geopolíticas, por el temor de perder su capacidad de injerencia en la zona por el surgimiento de gobiernos populares soberanos.
Cuba y Miami
En
1959 llegaron a la ciudad de Miami políticos corruptos y policías
torturadores que huían de los revolucionarios cubanos tras el
derrocamiento del dictador Fulgencio Batista. A la CIA y a EE.UU.
también le interesó promocionar a estos grupos para crear
desestabilización en Cuba y favorecer una intervención estadounidense.
Ese es el origen de la mafia cubana de Miami que ha estado detrás de
múltiples atentados terroristas y de actos de injerencia política tanto
en Cuba, como en otros países latinoamericanos, pero, también dentro del
propio EE.UU.
La historia se repite dos veces: la primera como tragedia, la segunda como farsa.
“En materia económica somos liberales en el sentido clásico de la palabra”,
Benito Mussolini, Il Popolo d'Italia, a finales de 1921.
(...)
Una de las “demostraciones sindicales” del 1 de mayo
Conclusiones
Algunas conclusiones que se extraen del
presente artículo es que la retórica obrerista utilizada por los
fascismos de la primera mitad del siglo XX, por una parte obedecía a una
estrategia puramente propagandística, que tenía el fin de atraer a las
masas de obreros y campesinos a sus filas y desvincularlas así de la
influencia de los partidos y sindicatos marxistas y anarquistas. Si bien
en los momentos iniciales podía haber una cierta predisposición a
defender los intereses de los trabajadores, esta se aplacó o limitó con
el transcurso de los años. Por otra parte, la estrategia también tenía
como fin “acoger al obrero” en el seno de una sociedad fuertemente
verticalizada y clasista. Pero acogerlo como subalterno y explotable
que, a pesar de los pesares, formaría parte del “gran proyecto nacional”
fascista. Esto enlazaría con otra de las características que atraviesan
al fascismo, como es la defensa del darwinismo social como elemento
vertebrador, tanto en el conjunto de la sociedad como en el seno de las
empresas. Estos buscaban dejar a la clase obrera en una situación de
subyugación respecto a la burguesía. En este sentido, al igual que el
rey o el caudillo ejercía de líder absoluto de las masas, el fascismo
defendía la idea de las empresas como el seno de una familia
tradicional, donde el patrón debía cumplir con el papel autoritario de pater familias,
desplegando así un poder absoluto sobre los trabajadores. En
consecuencia, el corpus teórico del fascismo descansa sobre la negación
absoluta de la lucha de clases y en favor de la armonización de las
mismas. Bajo el pretexto de la búsqueda de objetivos superiores,
abogaban por un gran pacto de capital/trabajo, con el fin de “elevar a
los intereses de la nación por encima de las luchas internas”. Es decir,
frente a la idea de “clases en pugna”, se impone una idea de “sociedad
armónica” compuesta por sectores distintos, unos más dignos que otros,
pero que encajan a la perfección si no se trata de alterar el statu quo y
el “orden natural” ─español, italiano, alemán─ de las cosas.
Esta última idea explicaría
perfectamente la batalla encarnizada que llevaron a cabo los diferentes
movimientos fascistas contra las organizaciones obreras que en ese
momento, y en sus respectivos países, tenían una gran influencia sobre
los trabajadores, tanto a nivel sindical como de partidos políticos. El
fascismo se convirtió en el brazo armado de la alta burguesía, buscando
socavar las conquistas sociales que el conjunto de los trabajadores
había conseguido durante años de luchas.
En ese sentido, cabe destacar que los
tres fascismos se alinearon en todo momento con los intereses de
industriales y terratenientes, abandonando por completo las pretensiones
emancipadoras del conjunto de los trabajadores. No es de extrañar, por
tanto, que sendas corrientes fascistas recibieran ingentes sumas de
dinero de las altas burguesías de sus respectivos países. Dinero que
utilizaron para financiar campañas electorales así como sufragar las
acciones violentas que los propios fascistas llevaban a cabo contra los
trabajadores organizados.
Finalizado el análisis del fascismo de
la primera mitad del siglo XX, hay que señalar que actualmente nos
encontramos en una contraofensiva reaccionaria que, aunque a nivel
estético y simbólico se encuentra muy alejado de este, las estrategias
discursivas utilizadas con el fin de atraer al conjunto de los
trabajadores a sus filas son muy similares. Esto cobra mayor importancia
si se tienen en cuenta las consecuencias de las políticas neoliberales
impulsadas a partir de los años 70 y 80 en gran parte del mundo. Recetas
económicas que han socavado la capacidad organizativa y de lucha del
conjunto de la clase obrera. Desprovista esta de certezas y despojada de
cualquier alternativa al capitalismo depredador imperante, es
fundamental que las organizaciones obreras dispongan de un acervo de
herramientas que nos permitan abordar la lucha contra el ─neo─fascismo
con las máximas garantías de poder lograr su derrota definitiva.
Introducción. El primer fascismo español, una historia de tres ciudades
Si el fascismo español tiene un himno,
este es sin duda el «Cara al
sol» falangista. Estrenado en 1936, su estrofa inicial reza así:
Cara al sol con la camisa nueva,
que tú bordaste en rojo ayer,
me hallará la muerte si me lleva
y no te vuelvo a ver.
Pero el primer caído «cara al sol» no
fue un falangista, sino un poeta e intelectual considerado el padre de
la independencia de Cuba: José Martí. Murió en Pinar del Río el 19 de
mayo de 1895 luchando contra una columna española, pese a ser hijo de un
valenciano y una tinerfeña emigrados a la isla. Señala el historiador
John Lawrence Tone que Martí fue temerario al querer demostrar que podía
luchar con las armas igual que con sus textos:
Se aproximó a los españoles armado
tan solo con una pistola y montado en un caballo blanco: las ráfagas de
rifle le hirieron de muerte tirándole al suelo.
Su muerte tuvo «aroma de suicidio» y añade que, al parecer, Martí
tuvo «premoniciones de su muerte», visibles en esta estrofa de sus
No me pongan en lo oscuro, a morir como un traidor. Yo soy bueno, y como bueno moriré cara al sol.
Según el hispanista Hugh Thomas el himno
falangista se inspiró en estos versos. Pero los relatos de su creación
atribuyen esta estrofa del himno al fundador de Falange Española (FE),
José Antonio Primo de Rivera, y a dos escritores del partido, Agustín de
Foxá y José María Alfaro, lo que hace plausible que conociesen los
versos de Martí. Este hecho no es menor porque apunta a un sustrato mal
conocido del fascismo español: su influjo cubano, tema de este ensayo
que comporta una revisión profunda de este fenómeno político.
Las
JONS, constituidas el 10 de octubre de 1931, a partir de la fusión del
grupo liderado por Ramiro Ledesma Ramos —fundador del semanario La
Conquista del Estado— con las Juntas Castellanas de Acción Hispánica de Onésimo Redondo Ortega y La Traza, liderada por Alberto Ardanaz (foto:
Archivos de la Historia)
El falangismo como único fascismo español: una visión problemática
En general, los estudios del mismo, más
allá de centrarse en algunas individualidades, orbitan en torno al
falangismo y las dos entidades previas que confluyeron en él. Una fue el
semanario La conquista del Estado, impulsado por Ramiro
Ledesma y que vio la luz en Madrid en marzo de 1931 (el mes previo a la
proclamación de la Segunda República). La otra fue Libertad,
otro semanario que se editó en junio de aquel año en Valladolid
promovido por Onésimo Redondo y cuyo núcleo editor constituyó en agosto
unas irrelevantes Juntas Castellanas de Actuación Hispánica (JCAH). En
octubre ambos grupos se fusionaron en las Juntas de Ofensiva Nacional
Sindicalista (JONS). Dos años después, en octubre de 1933, José Antonio
Primo de Rivera creó un ente rival, la citada FE. Como falangistas y
jonsistas eran exiguos, estos se fusionaron en febrero de 1934 en FE de
las JONS. Estas siglas fueron marginales hasta que en la primavera de
1936 conocieron una gran afluencia de seguidores. Ya en plena Guerra
Civil, en abril de 1937, Franco unificó a FE de las JONS con la otra
gran fuerza de la derecha, el carlismo, y creó el partido oficial de su
régimen: Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva
Nacional Sindicalista (FET y de las JONS).
Acabada la Guerra Civil en abril de 1939
e iniciada la Segunda Guerra Mundial en septiembre de aquel año, las
expectativas que Franco depositó en el triunfo del Eje favorecieron la
fascistización del régimen a través de FET y de las JONS hasta agosto de
1942 de la mano de Ramón Serrano Suñer, cuñado de Franco. Entonces el
retroceso de las fuerzas del Eje forzó al dictador a adoptar un
funambulismo político para sobrevivir a la victoria aliada de 1945. En
este marco FET y de las JONS, desde 1967 llamada Movimiento Nacional (o
«Movimiento»), conoció un letargo del que ya no salió hasta su
disolución en abril de 1977. Devino así el paraguas político de tres
generaciones de españoles y españolas (estas últimas en la Sección
Femenina).
Paradójicamente, esta asociación del
fascismo español con el falangismo la originó este último. En los años
treinta asumió su conexión con ascendentes italianos y tras la derrota
del Eje quiso proyectarse como una especificidad hispánica. A inicios de
los años sesenta del pasado siglo, el historiador estadounidense
Stanley G. Payne examinó la «falangística» (las obras emanadas del
universo falangista, desde memorias a textos políticos) y asumió su
visión del «fascismo español» y su estudio la convirtió en una opción
comparable al fascismo italiano y al nazismo alemán, con pautas de
análisis ya muy elaboradas. Payne posteriormente profundizó en el
estudio del fascismo y devino un experto en el tema. Como resultado, el
trabajo pionero de Payne sobre Falange codificó los parámetros del
fascismo español de estudios posteriores, que lo asociaron al falangismo
de forma indeleble.
Ceremonia
de fusión de Falange Española y de las JONS celebrada en el Teatro
Calderón de Valladolid el 4 de marzo de 1934, en la que intervinieron
Primo de Rivera, Julio Ruiz de Alda, Onésimo Redondo, Ramiro Ledesma
Ramos y Emilio Gutiérrez Palma (foto: El Norte de Castilla)
Pero esta visión del fascismo español,
desde nuestra óptica, plantea problemas diversos. Uno es cronológico:
hace del fascismo una realidad tardía en España al remitir a los años
republicanos, y los partidos o entes previos susceptibles de ser
vinculados al mismo se catalogan como precursores. Otro problema es
geográfico, ya que Madrid es el único centro irradiador de fascismo, con
Valladolid como escenario secundario como baluarte de Redondo y sus
JCAH. Por último, esta visión del fascismo infravalora su proximidad con
la derecha más radical o «fascistizada» y su pugna por un mismo espacio
político. Pero para sus coetáneos los falangistas, la «derecha
fascistizada» y la derecha en general a menudo carecían de lindes
ideológicas diáfanas, pues eran un continuo de límites internos
borrosos, señala el historiador Paul Preston:
[.. ] Durante
toda la República, los líderes de cada grupo derechista habían
intervenido en los mítines de los otros, siendo, normalmente, bien
recibidos. Se reservaba espacio en la prensa de los diversos partidos
para incluir informes favorables sobre las actividades de los rivales.
Todos los sectores de la derecha compartían la misma determinación de
establecer un Estado corporativo y de destruir las fuerzas efectivas de
la izquierda. […] Había, por supuesto, diferencias de opinión […]. No
obstante, rara vez iban más allá de disensiones sobre la táctica […].
Estos grupos raramente rompieron su unidad en el Parlamento, en tiempo
de elecciones o […] durante la guerra civil […]. Es más, no era raro […]
pertenecer a una o más de estas organizaciones, y en algunos casos a
todas ellas.
Esta dificultad de trazar límites la
ilustra el Partido Nacionalista Español (PNE), calificado de
«pseudofascista». Su líder y creador fue el médico valenciano José Mª
Albiñana, que creó la formación en abril de 1930, tres meses después de
concluir la dictadura que Miguel Primo de Rivera estableció en 1923, con
la expectativa de erigirse en su albacea político. Su divisa era la del
primorriverismo caído, «Religión, Patria, Monarquía». A ello añadió su
lema, «España sobre todas las cosas, y sobre España inmortal, solo
Dios». Entre octubre y noviembre de 1930 adoptó el «saludo brazo en
alto, [la] camisa azul [celeste], [el] escudo con yugo, flechas y águila
bicéfala, [y la] cruz de Santiago». Moduló un españolismo combativo (su
himno se tituló «España inmortal») y se definió como una «hermandad
hispánica de acción enérgica». Su portavoz fue La Legión y su
milicia fueron los Legionarios de España, su «avanzada guerrillera».
Cabe pensar que para sus seguidores militar en FE o en este partido
dependió más de su presencia en un lugar concreto que de su doctrina.
Ateniéndonos a lo expuesto, consideramos difícil negar el carácter
fascista del PNE.
En este marco, sostenemos una visión
substancialmente distinta del fascismo español, pues convenimos que este
fenómeno tuvo sus raíces en Cuba, afloró y se configuró en la Península
por vez primera en Barcelona entre 1919 y 1923 y tuvo ecos y
reverberaciones en Madrid entre fines de 1922 e inicios de 1923. Ello
fue así por varias razones que desplegamos a lo largo de este ensayo y
apuntamos al lector a continuación de modo orientativo.
José
María Albiñana (segundo por la izquierda), en una reunión con miembros
del Partido Nacionalista Español (foto: El Independiente)
Las raíces cubanas del fascismo español: militarismo y españolismo
España solo puso fin a su condición
imperial en 1975 (con el abandono del Sahara occidental en plena agonía
de Franco) y este hecho marcó su evolución mucho más de lo que parece.
En el caso del fascismo español juzgamos determinante la importancia de
La Habana en el proceso de su conformación, pues en la España
decimonónica era su tercera ciudad más importante (después de Madrid y
Barcelona) y en ella tuvieron lugar dos procesos clave en el tema que
nos ocupa.
Uno fue la concentración de poder que
conoció el titular de su Capitanía y que le convirtió en virtual
«virrey» de la isla con el apoyo de sus élites propeninsulares (opuestas
a toda reforma que alterase el statu quo de Cuba) que formaron
una suerte de «Corte» en torno al capitán general. Asimismo, este
dispuso de una milicia civil que las citadas élites promovieron y
lideraron, el llamado Cuerpo de Voluntarios. Este se creó en 1855 para
luchar contra el «separatismo» (que incluyó a cubanos autonomistas e
independentistas) y contra posibles revueltas de esclavos. Los
voluntarios, que iban uniformados y armados, profesaron un nacionalismo
intransigente que les convierte en precursores del futuro fascismo
peninsular.
En 1869 acaeció la conjunción organizada
de estos tres elementos: Capitanía, élites y los voluntarios. Entonces,
quien era capitán general desde enero, Domingo Dulce, quiso introducir
reformas y ampliar el marco de libertades de Cuba siguiendo órdenes del
gobierno, pero topó con la oposición de las élites citadas. Estas
urdieron un complot contra este militar mediante el capitán general que
le precedió, Francisco Lersundi, y el Cuerpo de Voluntarios. Así, en
mayo Lersundi asedió la Capitanía con cientos de voluntarios y forzó a
Dulce a renunciar a su cargo al carecer de fuerzas para imponerse. Como
este renunció a sus poderes de forma reglamentaria, el cambio de titular
de Capitanía fue legal y pacífico. Desde entonces las élites
mencionadas actuaron con autonomía de Madrid y solidificaron sus lazos
con Capitanía, mientras los voluntarios reprimieron a reformistas e
independentistas cubanos a sus anchas.
Esta experiencia antillana, apenas
conocida en la narrativa de la historia de España, fue decisiva tanto en
la evolución del militarismo español como en la del fascismo porque
configuró un artefacto político-militar singular que denominamos
«Capitanía cubana». Tal expresión alude a la asunción del poder civil
por Capitanía de forma dictatorial, con el apoyo de las élites locales y
una milicia civil auxiliar. Esta última, que en Cuba encarnaron los
voluntarios, reflejó ya el limitado espacio político que el militarismo
español dejaría al desarrollo del futuro fascismo en la Península. De
hecho, la definición de «militarismo» presume que los oficiales del
Ejército han de predominar sobre los políticos civiles.(20) Ello fue así
porque el Ejército se autoerigió en garante del orden establecido ante
toda amenaza «separatista» o revolucionaria y quiso monopolizar el
patriotismo.
El otro proceso que se desarrolló en
Cuba e interactuó con el anterior fue que allí afloraron tanto el
nacionalismo español exacerbado como los nacionalismos centrífugos
peninsulares. De este modo, la llamada Guerra de los Diez Años
(1868-1878) contra los insurrectos de la isla hizo cristalizar un
autodenominado «españolismo» que asimiló nación e imperio (concibió a la
Península y a sus dependencias de Ultramar como un todo indivisible)
que reclamó una adhesión «incondicional» contando con el apoyo de
Capitanía.
Voluntarios
de La Habana, retratados por Valeriano Domínguez Bécquer en la revista
La Ilustración de Madrid (1870). Fuente: Wikimedia Commons.
Cataluña en el espejo de La Habana: ¿Una «segunda Cuba»?
Tras la pérdida de Cuba en 1898, la
pauta de ocupación castrense del poder civil de la «Capitanía cubana» se
exportó a la Península y arraigó en Barcelona. Allí los militares
procedentes de Ultramar creyeron hallarse ante la misma amenaza bifronte
de La Habana: el «separatismo» (encarnado por el catalanismo emergente)
y la revolución (el temor al obrerismo organizado substituyó al que
infundían las revueltas de esclavos). De este modo, a partir de los
problemas de orden público, Capitanía empezó a asumir competencias
civiles en detrimento del gobernador civil, en un proceso que tendría su
inicio en la huelga general de 1902.
Por esta vía, entre 1919 y 1923, cuajó una genuina «Capitanía cubana» en Barcelona. En ese periodo fueron sus «virreyes» de facto los
generales Joaquín Milans del Bosch (capitán general de Cataluña entre
septiembre de 1918 y febrero de 1920) y Severiano Martínez Anido
(gobernador civil desde noviembre de 1920 hasta octubre de 1922). Milans
expandió su poder al reprimir la agitación que el fin de la Gran Guerra
en 1918 generó entre catalanistas y sindicalistas. La de los primeros
se materializó en una campaña de demanda de autonomía en la que el
Ejército vio un separatismo tan amenazador como el cubano. Y la de los
segundos la estimuló el triunfo de la revolución bolchevique en 1917,
que incentivó la radicalización del potente sindicato de cariz
anarcosindicalista omnipresente en la zona metropolitana barcelonesa: la
Confederación Nacional del Trabajo (CNT). Esta organización alumbró
grupos de acción que generaron un pistolerismo endémico que Milans quiso
contener con mano dura. Su actuación esbozó entonces una dictadura
regional sin quebrar de forma oficial la legalidad (como en Cuba). Pero
no la pudo consolidar al ser forzado a dimitir en febrero de 1920. Le
substituyó como «hombre fuerte» Martínez Anido, quien durante su mandato
(el «anidato») consolidó la autocracia en Cataluña que Milans perfiló.
En consecuencia, ambos militares actuaron como los capitanes generales
de La Habana: ocuparon el poder civil con apoyo de las élites locales y
una milicia auxiliar, conformando una «Capitanía cubana» en Barcelona.
Fuente: Mundo Gráfico 23 de octubre de 1918
De los Voluntarios de La Habana al «Fascio de Las Ramblas»
En este escenario, la milicia auxiliar
de esta «Capitanía cubana» surgió de modo espontáneo o se improvisó
sobre la marcha, de modo que desempeñaron su rol en Barcelona cuatro
actores distintos entre 1919 y 1922. Primero, entre fines de 1918 e
inicios de 1919 lo hizo una Liga Patriótica Española (LPE), que practicó
el «escuadrismo» contra el catalanismo. Al estallar una intensa
conflictividad social a partir de febrero de 1919, la LPE se esfumó y
desempeñó tal función el Somatén, una milicia civil que actuaba como
cuerpo auxiliar de orden público. Pero el protagonismo creciente de los
grupos de acción del cenetismo requirió que desarrollasen la función de
milicia auxiliar otros actores: primero fueron grupos parapoliciales
conocidos como la «banda negra» y desde 1920 ejerció este rol el llamado
Sindicato Libre. Así las cosas, veremos cómo la LPE y el Libre,
amparados por Capitanía, encarnaron el primer fascismo barcelonés.
Hemos designado a este último como
«Fascio de Las Ramblas», una expresión que fue acuñada en 1931 por
ámbitos de izquierda para aludir de forma irónica a una organización
fascista que supuestamente organizaba Ramón Sales, el dirigente del
citado Sindicato Libre. Sales anunció la creación de tal milicia el 11
de abril de ese año a bombo y platillo, pero sus declaraciones
posiblemente fueron un globo sonda o un farol político. Pese a su
inexistencia, hemos escogido esta expresión para designar al fascismo
barcelonés inicial porque Las Ramblas fueron un escenario y escaparate a
la vez de las primeras tramas fascistas barcelonesas. Y es que en este
bulevar primero se enfrentaron catalanistas y españolistas de la LPE.
Después Las Ramblas fueron un espacio de eclosión del pistolerismo. Los
matones de ambos sindicatos (Libre y CNT) se reunían en sus cafés y sus
grupos de acción actuaron en buena medida en la zona marcada por esta
arteria: el casco antiguo y la zona que sería conocida como «barrio
chino». También Las Ramblas reflejaron la importancia de los militares
que mediaron en aquel universo de choques entre cata- lanistas y
españolistas, libres y cenetistas. Sus centros coronaban simbólicamente
el principio y el final de Las Ramblas: el Casino Militar estaba al
principio, en la plaza Cataluña, y la Capitanía al final, en la zona
próxima al mar. De ahí, pues, la idoneidad de esta metáfora como título
del presente ensayo.
Ramón Sales Amenós en diciembre de 1919, en un acto de homenaje al general Severiano Martínez Anido
Un fascismo de primera generación y otro de segunda
Ateniéndonos a lo hasta aquí expuesto,
partimos de las premisas siguientes: que la emergencia y la evolución
del fascismo en España fue inseparable de la del militarismo del siglo
xx (por lo que es necesario estudiar la configuración de ambos de forma
simultánea); que ambos fenómenos tuvieron sus orígenes en la Cuba
decimonónica, pero también los marcaron las campañas militares de
Marruecos; que su configuración y eclosión tuvo lugar en la Barcelona
del periodo 1919-1923, caracterizada por una conflictividad política y
social intensa con un poderoso tema identitario de fondo; y que en su
desarrollo interactuaron de forma compleja propuestas fascistas de
Barcelona y, en menor grado, otras de Madrid.
En este aspecto, podemos establecer que
el fascismo español tuvo dos etapas distintas: una monárquica inicial y
otra posterior republicana o accidentalista en cuanto al régimen
político. La primera (1919-1923) es el tema de este estudio y lo podemos
calificar como un «fascismo de primera generación», caracterizado por
tener su epicentro en Barcelona, un discurso y una práctica política
acuñada en Ultramar (aunque tamizada por Marruecos), un carácter
esencialmente organizativo y una elaboración ideológica muy escasa.
Simplificando, tuvo tres plasmaciones sucesivas. La primera fue la
mencionada LPE anticatalanista entre fines de 1918 e inicios de 1920. Le
sucedió el Sindicato Libre, constituido a lo largo de 1919 y que
emergió en 1920 y combatió con las armas a la poderosa CNT. Por último, a
fines de 1922 se formó el grupo La Traza, que salió a la luz a inicios
de 1923. Sin embargo, este fascismo barcelonés no puede estudiarse por
sí solo, ya que tuvo una compleja relación e interacción con propuestas
surgidas en Madrid, que también recoge esta obra, y que pasaron por la
confluencia del africanismo militar, encarnado por la Legión
(oficialmente Tercio de Extranjeros), y los sectores del llamado
maurismo que conocieron una deriva autoritaria.
En cambio, el fascismo que podemos
considerar de «segunda generación» tuvo su epicentro en la capital
española y Valladolid, a la vez que se articuló esencialmente en torno a
la ideología. Se singularizó por tener expresiones políticas
republicanas y ambiciones intelectuales que reflejaron el influjo de las
vanguardias literarias. Estas le transmitieron la convicción de que la
«Nueva Cultura» que habían forjado debía demoler y substituir a una
cultura burguesa juzgada decadente. Reflejaron este fascismo los
mencionados grupos de Ledesma y Redondo que confluyeron primero en las
JONS y luego con la FE de José Antonio Primo de Rivera y originaron FE
de las JONS. En este marco, el PNE de Albiñana sería un grupo de
transición entre ambos fascismos.
Para comprender la importancia de esta
dimensión urbana de las iniciativas fascistas, especialmente en el
fascismo de «primera generación» es esencial tener en cuenta que existe
un trasfondo de «guerra de ciudades» en la que la dicotomía
Madrid-Barcelona tiene un papel esencial, en la medida que, si la
capital de España será el centro oficial del país, Barcelona, su capital
económica e industrial carente de un poder político en consonancia,
actuará como el «anticentro» por excelencia del país. Esta tensión entre
centro y «anticentro» será un vector del «Fascio de Las Ramblas».
Presidentes de los Sindicatos Libres de Barcelona en 1922 (foto: La Acción/Wikimedia Commons)
¿Pero qué es el fascismo? Un recorrido por territorios pantanosos
Llegados aquí, es imperioso abordar una
cuestión pantanosa: ¿Qué entendemos por fascismo? La pregunta no tiene
una respuesta satisfactoria al faltar un acuerdo académico sobre cómo
definir tal concepto. Ello es así porque no existe un fascismo
monolítico, atemporal e inmutable, sino una pluralidad de movimientos de
rasgos similares y diferentes a la par. Tal realidad supone cuatro
grandes problemas para disponer de una definición operativa.
Un primer problema radica en que el
fascismo combina diversos estilos políticos que lo hacen acreedor del
reconocimiento como algo nuevo: explora una «tercera vía» entre marxismo
y liberalismo, entre derecha e izquierda (asumiendo la crítica del
liberalismo al comunismo y la del comunismo al liberalismo); asume el
papel del Estado como ente rector de la sociedad (de forma semejante al
comunismo); plasma una forma nueva de representatividad política que
pasa por un líder carismático que interpreta la «voluntad nacional»;
adopta una cultura nueva, en la que confluyen una crisis del
racionalismo —que comporta la exaltación de una mística
ultranacionalista de combate— y las vanguardias artísticas. A ello se
añade que es la única ideología de los siglos xix y xx que asume su
demonización. La actitud de los fascistas es fácilmente reconocible:
«Sí, somos malos… ¿y qué?». Todo ello es difícil de aprehender en una
única definición.
Un segundo problema es sobre qué tipo de
movimiento fascista ponemos el foco. No es lo mismo el primer fascismo,
de orígenes relativamente nebulosos, que aquel ya crecido y ávido de
poder. Y menos aún el ya instalado en el poder y el que está en la
oposición. En este aspecto, se suele identificar el fascismo (como
movimiento y/o doctrina) con la época de entreguerras (aproximadamente
el periodo 1919- 1945), percibido como un fenómeno político europeo en
su esencia y que expresaría una larga «guerra civil europea». Un tercer
problema es su variedad de manifestaciones, que dificulta las
definiciones homogeneizadoras. Así, el historiador germano Ernst Nolte
aludió a que
«un asombroso enlace de tendencias particulares y universales resulta evidente en todo movimiento fascista».
Finalmente, un cuarto problema, derivado
de los anteriores, es que los expertos ofrecen una variedad de enfoques
que hace muy difícil disponer de una definición funcional. De este
modo, por poner algunos ejemplos, el destacado historiador italiano
Emilio Gentile ha enfatizado la forma política, el partido fascista, en
el caso italiano en concreto como fuerza paramilitar o partido-milicia.
En clara contraposición, el británico Roger Griffin ha formulado una
tesis que aborda el fascismo como expresión de un «nacionalismo
palingenético». Su discurso y su potencial atracción de masas dependen
así de la capacidad de crear un «renacimiento nacional», que sería su
componente ideológico fundamental. Sin él, según Griffin, no hay
auténtico fascismo. Por descontado, no podemos olvidar la aproximación
del propio Payne, que establece una tipología de rasgos con una
reflexión sobre sus antecedentes. Hay otras muchas propuestas,
suficientes para requerir una ordenación de carácter enciclopédico.
Propaganda
de los Sindicatos Libres: su encarnación persigue al anarquismo, el
separatismo, la masonería, el comunismo y el judaísmo (imagen del blog
de Xavier Casals)
Para resumir, el fascismo es una ideología y a la vez una práctica que combina acción con pensamiento, que ilustra el lema «Libro e moschetto, fascista perfetto»
(«libro y mosquete, fascista perfecto»). Pero se trata de un
pensamiento único, decidido desde arriba, dictado supuestamente por un
jefe carismático, omnímodo e infalible: «Il Duce ha sempre ragione» («El
Duce siempre tiene razón»). Se remarca así el énfasis del fascismo en
la participación y, por extensión, en la obediencia. Pero todo ello no
es más que un modelo idealizado. La realidad política siempre es más
compleja y contradictoria, por lo que —volviendo al principio— es
sumamente difícil disponer de una definición satisfactoria de este
fenómeno.
En este apartado de definiciones también
es necesario aludir al concepto igualmente difuso de populismo. Aquí lo
hemos empleado para designar una estrategia de movilización
especialmente visible en el discurso regeneracionista de inicios del
siglo xx y que crea una dicotomía maniquea entre el «pueblo sano» y las
élites corruptas para movilizar al primero contra las segundas. Sin
embargo, el concepto de populismo tampoco tiene una definición clara y
unívoca. Y aunque hoy es omnipresente en los medios de comunicación, su
significado resulta bastante confuso. Como sucedió con el fascismo más
maduro, cuesta a los estudiosos entender qué elementos son propiamente
de la izquierda o de la derecha. En realidad, el término nació en la
Rusia zarista, con los llamados naródniki (de narod, pueblo) durante la
segunda mitad del siglo xix. Pero la misma palabra en inglés, populism o People’s Party,
designó un partido electoral estadounidense las últimas dos décadas
decimonónicas. Como palabra política ya casi olvidada, analistas
académicos la utilizaron para describir la actuación de movimientos que
combinaban partido y sindicatos en Latinoamérica, sobre todo (aunque no
solamente) en Brasil y Argentina en la primera mitad del siglo xx.
También hay quien lo empleó para examinar la política de izquierdas y
el autonomismo en Cataluña en el periodo republicano y de la Guerra
Civil (1931-1939). Otros estudiosos, notablemente el historiador
hispano-francés Carlos Serrano, han considerado que la figura del
intelectual regeneracionista Joaquín Costa, protagonista relevante de
nuestra obra, era de neta raigambre populista. Y si antes del siglo XXI
se empleó este vocablo para dar sentido al prefascismo, hoy sirve
principalmente para señalar la pujanza del posfascismo.
Así las cosas, este ensayo se centra en
reconstruir las raíces, eclosión y trayectoria del primer fascismo
español. Por tanto, definir esta experiencia primeriza plantea un reto
similar al que afrontó Nolte —el investigador antes citado— al analizar
los orígenes del fascismo francés, que asimiló a un grupo que
mencionamos en la obra: Action Française (Acción Francesa, AF).
Esta entidad se constituyó en 1899 y su líder carismático fue el
escritor e intelectual Charles Maurras (1868-1952), cuyo acendrado
nacionalismo surgió del cultivo de la lengua provenzal. Su ideario fue
concomitante al del carlismo en España: defendió una monarquía
tradicional, antiparlamentaria, antiliberal, descentralizada y recurrió a
la violencia. Nolte justificó su inclusión aludiendo a que la AF es «la
primera agrupación política de cierta influencia y rango intelectual
que conlleva innegables rasgos fascistas». Además, «aparece al mismo
tiempo que las demás formas tardías del antiguo movimiento
contrarrevolucionario, el legitimismo francés y el realismo, pero
resultan evidentes ciertos rasgos modernos que no pueden derivarse de
esta tradición», sin que su monarquismo la alejara del fascismo.
Pues bien, esta misma cuestión que Nolte
esbozó es la que plantean los colectivos y grupos analizados en la obra
y solo podemos definirlos a medida que los analizamos: surgen parejos a
movimientos contrarrevolucionarios decimonónicos, lo que facilita la
confusión entre «lo nuevo» y «lo viejo», pero presentan rasgos modernos
que los desvinculan de ellos y, estudiados en una dimensión territorial,
conforman un juego de oposiciones que permite percibirlos como un todo
con sentido político propio. Así, intentar dotar de una definición que
incluya a colectivos mencionados como la LPE, La Traza, el Sindicato
Libre o una unidad militar como la Legión es una empresa ardua y difícil
en estas páginas liminares. Por consiguiente, invitamos al lector a
constatarlo a partir de la exposición desplegada en la obra. No
obstante, en relación con este primer fascismo aquí tratado, tanto en
Barcelona como en Madrid, podemos enfatizar tres ideas.
Conferencia
de Jaime Bordas, presidente de la Liga Patriótica Española de
Barcelona, sobre la “autonomía integral”, en el Teatro del Centro
(Madrid) (foto: ABC, 31 de diciembre de 1918)
Una primera idea es que en él primó la
acción por encima de la reflexión. Fue un fascismo casi ágrafo, cuya
escasa teorización se improvisó sobre la marcha y quizá ni ambicionó
elaborarla. De este modo, originó manifiestos y prensa en el mejor de
los casos, pero no abultadas disquisiciones teóricas impresas. Se
caracterizó por articular organizaciones agresivas o de encuadramiento
combativo de sus seguidores y sus entidades reflejaron la idea de formar
un «ejército privado» capaz de actuar con virulencia ante formaciones
opuestas dentro de la sociedad civil. Fue tan escasa su preocupación por
dejar su huella que, como verá el lector, su evolución solo se puede
reconstruir en la mayoría de los casos examinados de forma parcial y, a
menudo, con fuentes secundarias (memorias, prensa, informes policiales o
diplomáticos). De hecho, el vínculo con el fascismo fue públicamente
invisible en algunas iniciativas, como el Sindicato Libre o el núcleo
madrileño que preparó una «marcha sobre Madrid». Sabemos que este nexo
existió, pero sus protagonistas se cuidaron mucho de ocultarlo.
Una segunda idea relevante es su encaje político singular en un marco monárquico. En este aspecto, el fascismo, que per se es
republicano, surgió y creció en una Europa de monarquías. Ello planteó
un problema de compatibilidad cuando el fascismo emergió en Italia.
Allí, en marzo de 1919, Benito Mussolini creó un movimiento socialista
belicista, filo-nacionalista y nacional-republicano. Usó el término
italiano fasci (haz), entonces de moda (por el recuerdo de los
Fasci Siciliani dei Lavoratori en 1889-1894) para designar una unión
política o social, un fascio ( fasci en plural). Pero,
como observó el lúcido conservador catalán Francesc Cambó en un ensayo
de 1924, Mussolini recibió apoyo masivo de monárquicos (exmilitares,
estudiantes, clases medias), hizo de los Fasci una llamada al
unitarismo nacional y pudo desarrollar su movimiento en el seno de la
Corona, llegando al poder en 1922. Su triunfo inspiró a otras figuras
inquietas en el socialismo que ambicionaron adquirir protagonismo al
margen de las casillas establecidas. En España, sin embargo, los
primeros fascistas no tuvieron necesidad de buscar fórmulas ingeniosas,
pues veremos que hubo una rica diversidad de herencias ideológicas en el
conjunto de la derecha a las que recurrir. La Monarquía dominó aquí el
escenario y las experiencias o iniciativas que podemos vincular a un
primer fascismo casaron monarquía y república sin grandes reflexiones,
aunque no sin disonancias.
Una tercera y última idea es que este
estudio, más que poner el foco en comparar dinámicas españolas y
europeas, refleja cómo un conjunto de factores impulsó el deseo de crear
un espacio «reformador» en la derecha, pero (al contrario de lo que
sucedió en Italia) carecía de antecedentes de izquierdas. De este modo,
ante el sindicalismo de contorno revolucionario que encarnó la CNT y un
recién inventado separatismo catalanista que giró en torno al político
Francesc Macià, surgieron los colectivos mencionados que los combatieron
y conformaron el «Fascio de Las Ramblas». A la vez, la marcha sobre
Roma —que llevó a Mussolini al gobierno en octubre de 1922— suscitó
conatos de fascismo en Madrid que interactuaron con los de la capital
catalana.
Junto a la dificultad de ofrecer una
definición de fascismo, la obra presenta otra en lo que se refiere a su
aspecto narrativo. Con el fin de conjuntar en nuestra exposición
elementos muy diversos (de carácter territorial, militar o político)
hemos creado un relato que resalta las dinámicas que convergen en
determinados temas abordados para facilitar su lectura. Tal opción quizá
puede proyectar la idea de que partimos de una visión teleológica en la
que todo lo expuesto lleva a un desenlace único: la irrupción del
primer fascismo. Pero si tal teleología se refleja en la obra hasta
cierto punto, ello no es una convicción, sino una opción de redacción.
Igualmente, el hilo conductor del relato es un artefacto
político-militar, la «Capitanía cubana», cuyo protagonismo puede
convertirla en deus ex machina que explica «todo», cuando
tampoco es así. Como en toda obra, hay que optar por recursos narrativos
y elementos conductores del relato y la «Capitanía cubana» en este caso
es central.
Miembros
del Somatén en formación durante la visita de Alfonso XIII a un pueblo
del Alt Penedès (foto: Biblioteca Nacional de España)
Somos conscientes de que nuestras
decisiones en lo que se refiere a términos conceptuales y narrativos son
problemáticas, pero juzgamos modestamente que también lo son las tesis
dominantes sobre el fascismo apuntadas: ¿Es una solución óptima para el
estudio del fascismo crear un gran cajón de sastre analítico donde todos
los fenómenos, grupos y tendencias políticas que no casan con el
falangismo y presentan componentes fascistas son etiquetados como
«protofascistas», «prefascistas» o «pseudofascistas»? ¿Es viable una
historia del fascismo español centrada en Madrid con una discreta
conexión vallisoletana? ¿Nada puede decirse de Barcelona y su
conflictividad social cuando —como veremos— el célebre intelectual
marxista italiano Antonio Gramsci señaló que esta urbe alumbró un
fascismo que precedió al de Mussolini?
¿Es asumible un estudio del fascismo
español con su discurso imperial sin incorporar precisamente el influjo
de esta dimensión imperial? Desde nuestra perspectiva, debe efectuarse
un esfuerzo por renovar la visión y percepción del fascismo español. Y
en este marco, por descontado, no pretendemos tener la «verdad», pero
juzgamos que existen algunas certezas que deberían tenerse en cuenta.
Por consiguiente, no esperamos que el lector o lectora suscriba todas
nuestras tesis o reflexiones, pero sí que este ensayo le estimule a
repensar el cada vez más «viejo siglo XX» con una mirada nueva. Lograrlo
sería nuestra mayor satisfacción.
Para desarrollar los argumentos
apuntados, la obra se estructura en veintisiete capítulos. Los once
primeros no tienen un orden cronológico estricto y plantean cuestiones
de distinta naturaleza para comprender el desarrollo del «Fascio de Las
Ramblas». En cambio, los siguientes trazan un desarrollo lineal del
tema. Queremos subrayar que este libro es un ensayo interpretativo, por
lo que determinados temas están muy desarrollados y otros solo
apuntados. Asimismo, como algunas cuestiones son transversales, hemos
reiterado informaciones en distintos capítulos para facilitar su
lectura. Igualmente, hemos incorporado anexos con jefes de gobierno,
capitanes generales de Cataluña y gobernadores civiles barceloneses, así
como una relación de textos. Para terminar, testimoniamos nuestro
agradecimiento a todos los expertos que nos han facilitado copias de sus
trabajos cuando se las hemos solicitado, aunque no siempre los hemos
podido incorporar a la obra por los cambios que ha experimentado durante
su redacción, que ha durado cuatro años. Merecen también nuestro
especial reconocimiento los autores cuyas obras abordan los temas
tratados y que hemos empleado de forma recurrente, pues sin ellas este
libro no habría sido posible. Aunque en algunos casos podamos discrepar
de sus tesis, no por ello cuestionamos su valor, incluyendo en primer
lugar las monografías de Payne, que aún hoy son referentes
insoslayables. Queremos hacer una mención especial a la generosidad de
Soledad Bengoechea y Marcel Gabarró, a la lectura del manuscrito de Lluc
Casals y sus sugerencias, así como al estimulante interés en la obra de
Anna Casals. Por último, ha sido indispensable en la confección de la
obra la atención de los archivos, hemerotecas y bibliotecas consultados,
especialmente el del servicio de biblioteca de la Facultat de
Comunicació i Relacions Internacionals Blanquerna, de la Universitat
Ramon Llull.
Miembros de la Unión Patriótica de Valladolid (foto: El Norte de Castilla)
Índice
Mapa de Barcelona, 1930 (detalle)
Introducción. El primer fascismo español, una historia de tres ciudades
Regeneracionismo y fascismo: Costa contra Costa
La Habana: fragua del españolismo y de la «Capitanía cubana»
La sombra de la «Capitanía cubana» en la Península: Weyler y Polavieja
De Ultramar a África: la forja del militarismo español
El carlismo: el potencial subversivo de un movimiento de orden
El maurismo: una derecha caudillista sin caudillo
Barcelona, el «anticentro» de España
El orden público: la rampa hacia la «Capitanía cubana»
La conversión de Cataluña en una «segunda Cuba»
El lerrouxismo o el primer «partido españolista» de Cataluña
Barcelona, capital del militarismo: la lenta irrupción de las Juntas de Defensa
La confrontación de obreros y patronos y el origen de la «guerra social» metropolitana
La bancarrota del sindicalismo católico
Un ímpetu jaimista nuevo: «La Trinchera»
La Liga Patriótica Española o el primer «Fascio de las Ramblas»
Milans del Bosch y la huelga de La Canadiense: la creación de la «Capitanía cubana» de Cataluña
La «Capitanía cubana» contra la CNT
El desafío de la «Capitanía cubana» al gobierno: la campaña pro-Milans
La creación enigmática del Sindicato Libre
El legado de Milans del Bosch: el origen del «Fascio de Las Ramblas»
El virreinato de Martínez Anido, preludio de la dictadura de Primo
El Sindicato Libre bajo Anido: ¿un fascismo proletario?
Mussolini visto desde Madrid: de la Legión de Millán-Astray a la Legión Nacional de Delgado Barreto
Mussolini visto desde Barcelona: «La Palabra», el Libre y La Traza
El golpe de Estado de Primo o el salto al vacío hacia una «Capitanía cubana» estatal
La derrota del «Fascio de Las Ramblas»
Valladolid y la Unión Patriótica de Castilla ganan la partida
Conclusiones. Dos fascismos y cuatro dictaduras
Anexo I. Relación de capitanes generales de Cataluña,
Jefes de gobierno de España y gobernadores civiles de Barcelona
Anexo II. Selección de textos
Fuente: Conversación sobre la historia, Introducción e índice del libro El fascio de las Ramblas. Los orígenes catalanes del fascismo español. Barcelona, Pasado & Presente, 2023.