En 1962 una oleada de
huelgas recorrió España, partiendo de la minería asturiana y
extendiéndose a 28 provincias. Los efectos de estos conflictos
alcanzaron al gobierno, que intentó sofocarlos por todos los medios. Se
generó una enorme solidaridad internacional, además del apoyo de la
oposición clandestina y exiliada, el movimiento estudiantil y la
intelectualidad española.
Entre
ellos, los artistas de Estampa Popular, que mostraron su apoyo a los
huelguistas a través de sus obras y con la firma de cartas, que en
algunos casos supusieron el encarcelamiento de sus miembros. Este
movimiento representó un hito fundamental en la oposición al franquismo y
el renacer del movimiento obrero.
FICHA TÉCNICA
TÍTULO: 'Hay una luz en Asturias... Testigos de las huelgas de 1962'
DURACIÓN: 58 minutos
GUION: Octavio Monserrat, Rubén Vega y Juan Carlos de la Madrid
DIRECCIÓN: Octavio Monserrat, Rubén Vega y Francisco G. Orejas
PRODUCCIÓN: Fundación Juan Muñiz Zapico y Productora RTV Asturias
AÑO: 2003
Entrevistados y entrevistadas por orden
de intervención: Francisco González “el Cordobés”, Santiago Carrillo,
Nicolás Redondo, Avelino Pérez, Nicolás Sartorius, Vicente Gutiérrez
Solís, José Antonio Gª Casal “Piti”, Noel Zapico, José López Muñiz,
Albero Muñiz “Berto Loredo”, Eleuterio Bayon, Manuel Rodríguez “Lito
Casucu”, Luis Nora, Manuel García “Otones”, Laudelino Valdés, Eduardo
Prieto, Celestina Marrón, Rosario Pérez, Anita Sirgo, Manuel Gª Valle
“José el Gallegu”, Ramón Chao, José Arguelles, Víctor Díaz Cardiel,
Atanasio Gª Suarez, Jesús F. Naves, Armando López Salinas, Andrés
Vázquez de Sola, Severino Arias, Constantino Alonso “Tinin” y Martin
Fraga.
SINOPSIS
En la primavera de 1962 una oleada de huelgas recorre España. Partiendo de la minería asturiana, los paros se extienden hasta afectar, en desigual medida, a 28 provincias y cerca de 300.000 trabajadores. Los efectos de estos conflictos alcanzan al gobierno, que pone en tensión todos los medios a su alcance para sofocarlos, a la Iglesia católica, a la oposición clandestina y al exilio, al movimiento estudiantil y a un sector de la intelectualidad, generando además una amplia solidaridad internacional. El movimiento huelguístico asturiano de 1962 representó un hito fundamental en la oposición al franquismo y el renacer del movimiento obrero. Este documental cuenta como punto de partida con los resultados de una investigación llevada a cabo por un extenso equipo de investigadores en el 2002, pero su hilo argumental descansa sobre la voz de más de treinta testigos que participaron en los acontecimientos.
Solidaridad internacional: la Internacional situacionista
Solidaridad internacional : España hoy (Ruedo ibérico)
España hoy,
París: Ruedo Ibérico, 1963. Ilustración de cubierta, Antonio Saura.
Fondos del Centro de Documentación del Museo Nacional Centro de Arte
Reina Sofía (RESERVA 4746)
Artículo sobre la Huelga de Asturias recogido en una de las publicaciones de la editorial Ruedo Ibérico, París.
Obras relacionadas
María Dapena (María Francisca Dapena Rico),
Estampa Popular de Vizcaya, Minero, 1962 / Edición de 1996
Francisco Álvarez, Estampa Popular de Madrid, Manifestación, 1962 (ca.)
«La
Ciudad de las Rías… una utopía? Es posible. Pero no olvide que las
utopías pueden ser verdades prematuras. Y que, a veces, lo importante
no es lo que anuncian, sino lo que denuncian. El territorio».
"La Ciudad de las Rías… una utopía?
Es posible. Pero no olvide que las utopías pueden ser verdades
prematuras. Y que, por veces, el importante no es lo que anuncian, sino
lo que denuncian. El territorio".
El arquitecto Andrés Fernández Albalat Lois, fallecido en 2019, concentraba en un acertado aforismo la realidad urbana que marca la planificación actual del área A Coruña-Ferrol.
Lo hace en el artículo que abre una publicación editada por la
Deputación de A Coruña en 2018, irrepetible hoy por las ausencias
fundamentales, que recupera, en un último intento de reivindicación, una
propuesta lúcida, valiente y adelantada que pudo mudar por completo el
territorio de no quedar en un cajón por una concatenación de malas
decisiones, desinterés y, seguramente, falta de valentía. La
publicación, coordinada por el arquitecto Javier González Harguindey,
contaba con la aportación de otro gran nombre, indisoluble ya para
siempre jamás al de Albalat cuando de urbanismo se habla: el sociólogo Mario Gaviria, que imaginó por vez primera una A Coruña de un millón de habitantes a cuarenta años vista.
La
predicción poblacional, de culminarse finalmente, precisaría de un
reparto coherente de esas cargas demográficas. La solución del
rompecabezas cristalizó en una propuesta cargada de futuro, impresa en
las líneas lúcidas de Albalat: el proyecto de la Ciudad de las Rías, un nombre romántico para una planificación revolucionaria
por lo adelantado de sus premisas. En ella convive, con los ojos del
presente, una contradicción: la Ciudad de las Rías es hoy imposible,
pero también es una realidad a todos los efectos. He aquí el porqué.
La
idea proponía un desarrollo del área A Coruña-Ferrol con una
herramienta fundamental como eje: la planificación, pensada codo a codo y
con una visión metropolitana, de la ordenación territorial.
Una gran comarca de núcleos interconectados y con dos polos
fundamentales, A Coruña y Ferrol, sensible con el paisaje y sin
perjuicio de sus idiosincrasias e identidades. Un modelo de ciudad para una nueva era, el desarrollismo, y para ese millón de personas que habitarían en ella y de ella. "Mario Gaviria publica esto en la revista Arquitectura en los 60. Albalat propone repartir toda esa población por un territorio en crecimiento, manteniendo las ciudades históricas de A Coruña y Ferrol
en su forma tradicional", explica el arquitecto Javier González
Harguindey, coordinador de aquella publicación impulsada por el ente
provincial con motivo del 50 aniversario del primer planteamiento de
Fernández Albalat, integrada en su discurso de ingreso en el Instituto
Cornide de Estudios Coruñeses en el año 1968.
El resultado de los barruntos de Albalat esboza una ciudad expandida, de 700.000 habitantes,
con los dos núcleos conectados por el Golfo Ártabro, a lo largo del que
quedarían repartidas diversas unidades densas que componen entidades
mayores. Un total de 72 núcleos
de
barrios de 8.000 habitantes, con vistas a las rías y dotados de
servicios básicos: escuela, ocio, biblioteca y centro de salud,
asentados en un ámbito que hoy podríamos denominar rurbano, haciendo un híbrido entre campo y ciudad.
Gaviria
lanza el órdago, Albalat esboza y la Deputación recoge. El resultado es
un Plan General Municipal Comarca "Ciudad de las Rías", que encomendaba
el dibujo de esa ciudad descentralizada al estudio de
arquitectura madrileño EUSyA, compuesto, en gran medida, por arquitectos
gallegos, entre los cuáles se contaba algún discípulo del propio
Gaviria. Ese Plan Comarcal tiene su naturaleza en la planificación conjunta de los núcleos limítrofes
o próximos. Varios planes municipales, un objetivo; con su vínculo en
una dinámica de cooperación y no de competencia. "Ellos ya ven que esa
subida de población no va a ser proporcionada, tenía que ser algo más
moderado y con otros criterios. La legislación obligaba a que eso
tuviera que transformarse en planes municipales, aunque hubiera un plan
director. Cada municipio hacía su Plan General en función del dictado
por el estudio, y así se cohesionaba", expone Harguindey.
¿Qué
sucedió para que esa gran ciudad ártabra, ya en marcha, quedara en un
cajón de la administración provincial? El voto en contra de un Ferrol muy diferente
al que hoy conocemos, con una industria pujante y potente y una
demografía estable, fue determinante para que el resto de municipios
escogieran también recular. Nadie podía anticipar a futuro la crisis del
naval que echaría a perder las expectativas industriales de la ciudad departamental, que hoy experimenta, precisamente, ese desequilibrio frente a la vecina A Coruña
que el plan llamaba a prevenir y evitar. "Ferrol tenía mucho ánimo
entonces y esperaba llegar a tener más que A Coruña. Cada Ayuntamiento
fue por su lado, no hay aprobación de la idea general ni del desarrollo,
y quedó en un cajón", lamenta Harguindey.
Imaginando el presente. El Ferrol que no fue
Ferrol
carga, en parte, en nustros días, con las consecuencias de aquella
decisión, con una decadencia demográfica aprovechada y canibalizada por
los municipios de su entorno, con planteamientos urbanísticos que
favorecen una suerte de competencia desleal entre concellos vecinos. El propio Ferrol se descentralizó y
su población se diseminó por toda la ría. "Si se ordenara conforme a un
mismo criterio, se evitaría que otros municipios limítrofes que no
juegan con tus mismas reglas hagan una suerte de mobbing
inmobiliario, como es el caso de Narón, que oferta un suelo más barato y
construye mucho más. Si Ferrol tuviera una ordenación más coherente de
todos los municipios, seguramente hoy estaría en una posición mucho
mejor", aprecia el actual concejal de Urbanismo, Vivienda,
Infraestructuras e Mobilidade de A Coruña, el arquitecto y urbanista Francisco Dinís Díaz.
No le corresponde a Ferrol cargar en solitario con la responsabilidad de aquella propuesta frustrada.
La idea fue muriendo conforme el resto de los municipios implicados
fueron retirando sus apoyos. "Los ayuntamientos se enteraron de que
tenían que suspender licencias en la tramitación de cada uno de los
plenos. El único que salió adelante fue el de Oleiros, porque lo redactó el equipo original. Después hubo muchos intentos de reflotar esa idea que tenía Albalat de la gran autopista entre Ferrol y A Coruña", explica Díaz.
El ingeniero naval Ramón Yáñez, en un artículo publicado en Luzes, acierta en repartir las culpas. "La crisis de la construcción naval ferrolana y la reconversión de los años ochenta
por una parte, el ensimismamiento de los coruñeses tras la frustración
por la disputa perdida de la capitalidad autonómica, por la otra, y la
miopía de la Deputación, que no creyó nunca seriamente en el proyecto,
lo taponaron definitivamente. Una idea brillante e innovadora quedó en
los cajones del olvido por mucho tiempo", comentaba en estas páginas.
Repartidas
quedaron las culpas y también los estragos. No fue tampoco Ferrol el
único territorio en sufrir los remanentes de aquel repliegue coordinado de los ayuntamientos interpelados, sino el área metropolitana en su conjunto,
que hoy presentaría una ordenación muy diferente que redundaría en la
mayor cohesión y, por tanto, en unos servicios de transporte
interurbanos mucho más efectivos.
La Ciudad de las Rías es hoy una utopía irrecuperable,
pues ese espacio de oportunidad entre A Coruña y Ferrol creció en estos
años de manera diametralmente opuesta a la propuesta de Albalat,
enfocada en evitar la proliferación de la vivienda unifamiliar
descontrolada y difusa. Un modelo hoy preponderante en los municipios
limítrofes con las grandes ciudades y caracterizado por un altísimo consumo de suelo
que limita las posibilidades de planificación actuales. "Al no estar
planificada, tuvo un desarrollo en 'mancha de aceite', basado en la
vivienda unifamiliar, con un alto grado de dispersión poblacional.
Se daba la dinámica del 'tú vete haciendo' que los alcaldes les decían a
los vecinos, y cada uno colocaba la casa como si fueran setas en el
antiguo parcelario agrícola», desgrana Harguindey.
El defecto no es solo urbanístico,
pues la oportunidad perdida de planificar los núcleos desde la visión
metropolitana y no municipal, colectiva y no aislada, dejó atadas y
comprometidas también las posibilidades futuras (y presentes) de
movilidad. El transporte público en la comarca es hoy deficiente, no
tanto por la dejadez de las administraciones, sino por las necesidades
(o carencias) del territorio que debe conectar. "El transporte público funciona mal por esa dispersión poblacional. No puede sustituir al privado. Hay que articular una estrategia territorial que parta, precisamente, de esa dispersión que se buscaba evitar", teoriza Harguindey.
"Hoy tendríamos, de prosperar el proyecto, un área metropolitana con muchos más espacios verdes,
naturales y conservados de los que tenemos. La construcción estaría más
concentrada, el espacio urbano mejor comunicado a nivel de movilidad.
No es lo mismo que tener seis grandes núcleos alrededor de los cuales
articular servicios, un posible ferrocarril o un transporte público de
calidad", añade Díaz. Un panorama diametralmente opuesto de concentrar la población
en esos seis núcleos densos que esbozó Albalat, autosuficientes en
materia de movilidad y hoy disgregados en cientos de focos de baja
densidad.
La Ciudad de las Rías, hoy
Cuando
hoy repensamos la Ciudad de las Rías encontramos dos certezas que
parecen contradictorias: por una parte, una utopía irrecuperable; por
otra, una realidad a todos los efectos. La manera anárquica en el que el Golfo Ártabro creció en los últimos años, sin coordinación ni planes urbanísticos en los propios municipios, y la evolución hacia ese modelo que Albalat despreciaba por su bajo nivel de funcionamiento y sostenibilidad,
hacen imposible recuperar el proyecto formulado por el genial
arquitecto. Oleiros, Bergondo o Sada permitieron grandes ocupaciones de
baja densidad, lo que limita de manera considerable las posibilidades de
articular un área metropolitana solvente con su núcleo fuerte en la ciudad de A Coruña.
"Los ayuntamientos crecieron al margen de todos estos criterios. No sé
si hoy habría la posibilidad de recuperar alguna de estas ideas. Cada
municipio tendría que trabajar en concentrar población en la medida de
lo posible, reubicarla en zonas más pegadas a las vías del tren o
vinculadas al transporte colectivo", reflexiona Francisco Dinís Díaz.
La Ciudad de las Rías no es hoy esa utopía planificada,
pero existe, a todos los efectos. Fue el propio Mario Gaviria, semilla
primera de aquella reflexión, lo que disipaba los pesimismos en un
último artículo que no pudo ver publicado, y que recoge ese ambicioso
tomo de la Deputación, que encabeza este texto presente y que vio la luz
un mes después del fallecimiento del sociólogo. Gaviria expone, en el
artículo A Ciudad de las Rías en el siglo XXI, una certeza que se presenta incontestable: "El catastrofismo no triunfó", espeta. "La Ciudad de las Rías está hoy cada vez más viva
y hay que repensarla, completarla con una reflexión profunda sin
abandonar la actitud utópica". Una ciudad, insiste Gaviria, que no nació
como fue diseñada, pero sí "evolucionada como tal".
La Ciudad de las Rías es hoy, en efecto, una realidad no planificada, pero cohesionada por las inercias que conectan un territorio interdependiente. La Ciudad de las Rías se desarrolló sin un plan que tuviera su eje en la globalidad del conjunto, como el que proponían Albalat y Eusya.
Los municipios crecieron, por el contrario, de espaldas a las
realidades de sus vecinos, sin los que, sin embargo, no pueden vivir. La
Ciudad de las Rías está en los flujos de commuting entre los concellos que
la componen; esto es, en los desplazamientos de los habitantes del área
metropolitana desde su vivienda hasta el lugar en el que trabajan o
pasan su tiempo de ocio. "La gente hoy reside en Oleiros y trabaja en
Arteixo. Vive en Cambre pero su puesto de trabajo está en el polígono de
Bergondo. Trabajan en A Coruña, habitan en Culleredo. Donde residen,
donde trabajan, donde pasan el tiempo, es algo que solo podemos entender
a nivel metropolitano. En la Avenida de Alfonso Molina entran 120.000 vehículos cada día. Esto es algo que solo ocurre en seis o siete lugares del Estado", señala Javier González Harguindey.
La
concatenación de certezas del mapa actual formula otra, que se divide
en dos: la planificación, como herramienta indispensable para el urbanismo del futuro, con el pasado y el presente como mejores avales. Una planificación
que tiene la idea de anticiparse a un problema, pues solucionar a
posteriori implica, siempre, más coste y dificultad. "¿Cuántas casas
hubo que tirar para planificar la Nacional VI? No es que la Ciudad de
las Rías sea hoy posible o imposible: es lo que hay que hacer, desde un
punto de partida que no es el de los trabajos de hace 50 años", señala
Harguindey.
De aquel plan que no fue aún queda por extraer otra enseñanza, que de por buenos los remanentes de esa oportunidad perdida: la planificación urbana del futuro debe trascender las pequeñas unidades de los municipios y observarse a nivel comarcal. El futuro puede –y debe– pensarse en clave de área metropolitana para darle sentido y orden la esa utopía que, en el fondo, ya somos.
Extrait du documentaire "Around the World with Orson Welles" St. Germain des Prés (1955)
Librairie Fischbacher, 33 rue de Seine, Paris 6e
Esclareça-se, todavia,
que a mudança não significa um abandono da preocupação com o
desenvolvimento. É equivocado reduzir “desenvolvimento” e
“desenvolvimentismo” a discursos que seriam necessariamente
anti-emancipatórios. Filho das teorias do progresso da Filosofia
Moderna, o desenvolvimentismo compõe-se de duas teses centrais. A
primeira delas consiste no etapismo, ou seja, na crença de que a
história tem diferentes etapas e de que o desenvolvimento aumenta
conforme se passa de uma etapa a outra. A segunda tese central do
desenvolvimentismo é a de que a passagem de uma etapa inferior a outra
superior não é aleatória, mas sim regida por determinadas causas. Ainda
que tenha sido mobilizado para justificar a dominação dos povos outrora
colonizados pelos europeus, o desenvolvimentismo é compatível com
projetos de emancipação social. Um dos aspectos mais interessantes do
ISEB foi o desenvolvimentismo anticolonial produzido em sua última fase
(Dalaqua, 2024). Ao passo que, na primeira fase do ISEB, o
desenvolvimento era visto como um processo alinhado ao capitalismo e à
democracia burguesa, no apagar das luzes do Instituto, os isebianos
passaram a afirmar que a revolução socialista e a união dos movimentos
libertadores da América Latina, África e Ásia seriam os principais
motores do desenvolvimento.
Esclareça-se, todavia,
que a mudança não significa um abandono da preocupação com o
desenvolvimento. É equivocado reduzir “desenvolvimento” e
“desenvolvimentismo” a discursos que seriam necessariamente
anti-emancipatórios. Filho das teorias do progresso da Filosofia
Moderna, o desenvolvimentismo compõe-se de duas teses centrais. A
primeira delas consiste no etapismo, ou seja, na crença de que a
história tem diferentes etapas e de que o desenvolvimento aumenta
conforme se passa de uma etapa a outra. A segunda tese central do
desenvolvimentismo é a de que a passagem de uma etapa inferior a outra
superior não é aleatória, mas sim regida por determinadas causas. Ainda
que tenha sido mobilizado para justificar a dominação dos povos outrora
colonizados pelos europeus, o desenvolvimentismo é compatível com
projetos de emancipação social. Um dos aspectos mais interessantes do
ISEB foi o desenvolvimentismo anticolonial produzido em sua última fase
(Dalaqua, 2024). Ao passo que, na primeira fase do ISEB, o
desenvolvimento era visto como um processo alinhado ao capitalismo e à
democracia burguesa, no apagar das luzes do Instituto, os isebianos
passaram a afirmar que a revolução socialista e a união dos movimentos
libertadores da América Latina, África e Ásia seriam os principais
motores do desenvolvimento.
O
Instituto Superior de Estudos Brasileiros tem por finalidade o estudo, o
ensino e a divulgação das Ciências Sociais, notadamente da Economia, da
Sociologia, da Política, da História e da Filosofia, a fim de aplicar
as categorias e os métodos dessas ciências à análise e à compreensão
crítica da realidade brasileira, tendo em vista a elaboração de
instrumentos teóricos que permitam o incentivo e a promoção do
desenvolvimento.
— Roland Corbisier, 1957
De momento, incumbe-nos compreender que
cada vez mais precisamos entrelaçar relações de amizade e ação comum com
os povos asiáticos, africanos e os do nosso próprio continente, que se
encontram em situação semelhante à nossa. Com este movimento,
quebraremos o esquema da dominação imperialista, que só funciona a
contento com o parcelamento da polaridade entre o centro e a periferia.
— Álvaro Vieira Pinto,1960
As raízes do Instituto Superior de Estudos Brasileiros (ISEB)
remontam a um grupo de estudos criado por Hélio Jaguaribe, em 1953, que
buscava investigar as causas do subdesenvolvimento e do desenvolvimento.
À época, a intelectualidade brasileira encontrava-se em plena euforia
desenvolvimentista. Em 1950, Getúlio Vargas fora democraticamente eleito
presidente do Brasil. Influenciado pela CEPAL, o governo Vargas teve o
mérito de combinar altas taxas de crescimento econômico com políticas
redistributivas favoráveis à classe trabalhadora. Alguns membros do
grupo de Jaguaribe eram próximos da administração varguista e
solicitaram ao governo a criação de um instituto de pesquisa. O
Ministério da Educação e Cultura (MEC) foi receptivo à proposta. O
suicídio de Vargas em 1954, entretanto, fez com que se adiasse por quase
um ano a criação de um centro de pesquisa dedicado a pensar o
desenvolvimento.
Em julho de 1955 o Presidente João Café Filho criou, por meio de
decreto, o ISEB. Vinculado ao MEC, o ISEB fora concebido como um centro
permanente de altos estudos de nível pós-universitário com cinco
departamentos: Economia, Filosofia, História, Política e Sociologia.
Durante seus quase nove anos de existência, o ISEB percorreu três fases.
A primeira delas abrigou duas vertentes concorrentes. Enquanto docentes
como Jaguaribe e Roberto Campos postulavam a hegemonia da burguesia
industrial no processo do desenvolvimento nacional, professores como
Álvaro Vieira Pinto e Nelson Werneck Sodré entendiam que o
desenvolvimento deveria ser liderado pelas massas populares. Esta
primeira fase coincidiu com o período de maior financiamento do
Instituto e grande proximidade com o governo.
Em 1958, Jaguaribe publica O nacionalismo na atualidade brasileira.
O livro gera polêmica dentro e fora do Instituto porque defende a
privatização do setor petroquímico e o capital estrangeiro. O Conselho
Curador do ISEB marcou uma reunião especial para discutir a repercussão
da obra. Depois dessa crise, todos os professores que se incomodavam com
o “proselitismo militante” de alguns isebianos de esquerda saíram do
Instituto (Jaguaribe, 2014, p. 238).
A segunda fase do ISEB começa em 1959 e vai até 1961. De acordo com
um dos professores que saíram do Instituto no final dos anos cinquenta, a
partir de sua segunda fase, “o ISEB se transformou numa agência
eleitoreira, e ultimamente, numa escola de marxismo” (apud
Toledo, 1977, p. 188). Embora exagerado, o relato de que o ISEB teria se
tornado “eleitoreiro” é compreensível porque, em 1960, Corbisier
concorreu ao cargo de deputado estadual e se valeu do Instituto como
plataforma para a sua campanha. Difundia-se entre os isebianos a ideia
de que eles deveriam não apenas compreender a realidade brasileira, mas
também transformá-la. Por isso, a formação de futuros estadistas passou a
ser vista como uma das funções do Instituto.
Em 1961, Corbisier tornou-se deputado estadual e, portanto, teve de
se afastar do ISEB. Logo em seguida, Vieira Pinto assumiu a direção do
Instituto. A terceira fase se inicia com a direção de Vieira Pinto e
termina uma semana após o golpe de Estado de 1964, quando o ISEB é
fechado pelos militares. Esta fase coincide com a radicalização do
populismo presenciada durante o governo de João Goulart (1961–1964) e
com a quase inexistência de financiamento governamental para o
Instituto.
À medida que o contexto político brasileiro se radicalizava, a
produção teórica do ISEB também se radicalizava. O chamado “último ISEB”
teve um engajamento tão forte com os movimentos sociais de esquerda e
com o Partido Comunista Brasileiro que alguns intérpretes o
classificaram de organização agitprop. De 1962 em diante, os
membros do Instituto consideravam o país em vias de ingressar em um
momento revolucionário, conduzido pelo próprio processo de radicalização
do governo Goulart. Diante dessas circunstâncias, o ISEB se constituiu
em um dos centros de pressão para incrementar tal radicalização.
Concebido inicialmente como um centro irradiador do
nacional-desenvolvimentismo de Kubitschek, o ISEB se tornara um polo
difusor da revolução brasileira.
Esclareça-se, todavia, que a mudança não significa um abandono da
preocupação com o desenvolvimento. É equivocado reduzir
“desenvolvimento” e “desenvolvimentismo” a discursos que seriam
necessariamente anti-emancipatórios. Filho das teorias do progresso da
Filosofia Moderna, o desenvolvimentismo compõe-se de duas teses
centrais. A primeira delas consiste no etapismo, ou seja, na crença de
que a história tem diferentes etapas e de que o desenvolvimento aumenta
conforme se passa de uma etapa a outra. A segunda tese central do
desenvolvimentismo é a de que a passagem de uma etapa inferior a outra
superior não é aleatória, mas sim regida por determinadas causas. Ainda
que tenha sido mobilizado para justificar a dominação dos povos outrora
colonizados pelos europeus, o desenvolvimentismo é compatível com
projetos de emancipação social. Um dos aspectos mais interessantes do
ISEB foi o desenvolvimentismo anticolonial produzido em sua última fase
(Dalaqua, 2024). Ao passo que, na primeira fase do ISEB, o
desenvolvimento era visto como um processo alinhado ao capitalismo e à
democracia burguesa, no apagar das luzes do Instituto, os isebianos
passaram a afirmar que a revolução socialista e a união dos movimentos
libertadores da América Latina, África e Ásia seriam os principais
motores do desenvolvimento.
Livros publicados pela Editora do ISEB:
Corbisier, R. (1958). Formação e problema da cultura brasileira. ISEB.
Corbisier, R. (1960). Brasília e o desenvolvimento nacional. ISEB.
Furtado, C. (1959). A Operação Nordeste. ISEB.
Jaguaribe, H. (1958). O nacionalismo na atualidade brasileira. ISEB.
Mendes, C. (1960). Perspectiva atual da América Latina. ISEB.
Pinto, A. V. (1956). Ideologia e desenvolvimento nacional. ISEB.
Pinto, A. V. (1960). Consciência e realidade nacional (Vols. 1–2). ISEB.
Ramos, A. G. (1958). A redução sociológica. ISEB.
Sodré, N. W. (1957). As classes sociais no Brasil. ISEB.
Publicações sobre o ISEB:
Botelho, A., Bastos, E. R., & Villas Bôas, G. (Orgs.). (2008). O moderno em questão: a década de 1950 no Brasil. Topbooks.
Dalaqua, G. H. (2023). Populismo e democracia: reflexões a partir de Álvaro Vieira Pinto. Novos Estudos CEBRAP, 42(2), 293–312.
https://doi.org/10.25091/S01013300202300020004
Dalaqua, G. H. (2024). Revolution in Populism: Anticolonial Developmentalism in Brazil’s Populist Republic. The Journal of Imperial and Commonwealth History, 52(6), 969‑1002. https://doi.org/10.1080/03086534.2024.2445010
Gonçalves, D. S. M. (2020). Ciência e política, ciência ou política: o ISEB e suas duas vocações. Revista Estudos Políticos, 9(2), 24–41.
https://doi.org/10.22409/rep.v9i18.40573
Jaguaribe, H. (2014). ISEB: um breve depoimento e uma reapreciação crítica. Cadernos do Desenvolvimento, 9(14), 231–260.
Souza, N. A., & Capovilla, C. (Orgs.). (2021). Dossiê temático: o ISEB e o desenvolvimento nacional. Princípios, 40(162), 4–202.
Toledo, C. N. (1977). ISEB: fábrica de ideologias. Ática.
Toledo, C. N. (1998). Intelectuais do ISEB, esquerda e marxismo. In J. Q. Moraes (Org.), História do marxismo no Brasil (Vol. 3, pp. 245–274). Editora da Unicamp.
Toledo, C. N. (Org.). (2005). Intelectuais e política no Brasil: a experiência do ISEB. Revan.
Apresenta uma extensa lista de livros e artigos sobre o ISEB.
Instituto Superior de Estudos Brasileiros (ISEB)
Gustavo Dalaqua.
Professor do Departamento de Filosofia da Universidade Federal do
Amazonas e investigador associado da Association for Global Political
Thought, Universidade Harvard.
Ciudad: Rio de Janeiro
Productor: Ministério da Educação e Cultura Brasil
Personas Vinculadas:
Alberto Guerreiro Ramos, Álvaro Vieira Pinto, Anísio Teixeira, Cândido
Mendes, Carlos Estevam Martins, Celso Furtado, Ewaldo Correia Lima,
Helga Hoffmann, Ignácio Rangel, Nelson Werneck Sodré, Roberto Campos,
Roland Corbisier, Wanderley Guilherme dos Santos.
O Instituto Superior de Estudos
Brasileiros tem por finalidade o estudo, o ensino e a divulgação das
Ciências Sociais, notadamente da Economia, da Sociologia, da Política,
da História e da Filosofia, a fim de aplicar as categorias e os métodos
dessas ciências à análise e à compreensão crítica da realidade
brasileira, tendo em vista a elaboração de instrumentos teóricos que
permitam o incentivo e a promoção do desenvolvimento.
— Roland Corbisier, 1957
De momento, incumbe-nos compreender que
cada vez mais precisamos entrelaçar relações de amizade e ação comum com
os povos asiáticos, africanos e os do nosso próprio continente, que se
encontram em situação semelhante à nossa. Com este movimento,
quebraremos o esquema da dominação imperialista, que só funciona a
contento com o parcelamento da polaridade entre o centro e a periferia.
— Álvaro Vieira Pinto,1960
As raízes do Instituto Superior de Estudos Brasileiros (ISEB)
remontam a um grupo de estudos criado por Hélio Jaguaribe, em 1953, que
buscava investigar as causas do subdesenvolvimento e do desenvolvimento.
À época, a intelectualidade brasileira encontrava-se em plena euforia
desenvolvimentista. Em 1950, Getúlio Vargas fora democraticamente eleito
presidente do Brasil. Influenciado pela CEPAL, o governo Vargas teve o
mérito de combinar altas taxas de crescimento econômico com políticas
redistributivas favoráveis à classe trabalhadora. Alguns membros do
grupo de Jaguaribe eram próximos da administração varguista e
solicitaram ao governo a criação de um instituto de pesquisa. O
Ministério da Educação e Cultura (MEC) foi receptivo à proposta. O
suicídio de Vargas em 1954, entretanto, fez com que se adiasse por quase
um ano a criação de um centro de pesquisa dedicado a pensar o
desenvolvimento.
Em julho de 1955 o Presidente João Café Filho criou, por meio de
decreto, o ISEB. Vinculado ao MEC, o ISEB fora concebido como um centro
permanente de altos estudos de nível pós-universitário com cinco
departamentos: Economia, Filosofia, História, Política e Sociologia.
Durante seus quase nove anos de existência, o ISEB percorreu três fases.
A primeira delas abrigou duas vertentes concorrentes. Enquanto docentes
como Jaguaribe e Roberto Campos postulavam a hegemonia da burguesia
industrial no processo do desenvolvimento nacional, professores como
Álvaro Vieira Pinto e Nelson Werneck Sodré entendiam que o
desenvolvimento deveria ser liderado pelas massas populares. Esta
primeira fase coincidiu com o período de maior financiamento do
Instituto e grande proximidade com o governo.
Em 1958, Jaguaribe publica O nacionalismo na atualidade brasileira.
O livro gera polêmica dentro e fora do Instituto porque defende a
privatização do setor petroquímico e o capital estrangeiro. O Conselho
Curador do ISEB marcou uma reunião especial para discutir a repercussão
da obra. Depois dessa crise, todos os professores que se incomodavam com
o “proselitismo militante” de alguns isebianos de esquerda saíram do
Instituto (Jaguaribe, 2014, p. 238).
A segunda fase do ISEB começa em 1959 e vai até 1961. De acordo com
um dos professores que saíram do Instituto no final dos anos cinquenta, a
partir de sua segunda fase, “o ISEB se transformou numa agência
eleitoreira, e ultimamente, numa escola de marxismo” (apud
Toledo, 1977, p. 188). Embora exagerado, o relato de que o ISEB teria se
tornado “eleitoreiro” é compreensível porque, em 1960, Corbisier
concorreu ao cargo de deputado estadual e se valeu do Instituto como
plataforma para a sua campanha. Difundia-se entre os isebianos a ideia
de que eles deveriam não apenas compreender a realidade brasileira, mas
também transformá-la. Por isso, a formação de futuros estadistas passou a
ser vista como uma das funções do Instituto.
Em 1961, Corbisier tornou-se deputado estadual e, portanto, teve de
se afastar do ISEB. Logo em seguida, Vieira Pinto assumiu a direção do
Instituto. A terceira fase se inicia com a direção de Vieira Pinto e
termina uma semana após o golpe de Estado de 1964, quando o ISEB é
fechado pelos militares. Esta fase coincide com a radicalização do
populismo presenciada durante o governo de João Goulart (1961–1964) e
com a quase inexistência de financiamento governamental para o
Instituto.
À medida que o contexto político brasileiro se radicalizava, a
produção teórica do ISEB também se radicalizava. O chamado “último ISEB”
teve um engajamento tão forte com os movimentos sociais de esquerda e
com o Partido Comunista Brasileiro que alguns intérpretes o
classificaram de organização agitprop. De 1962 em diante, os
membros do Instituto consideravam o país em vias de ingressar em um
momento revolucionário, conduzido pelo próprio processo de radicalização
do governo Goulart. Diante dessas circunstâncias, o ISEB se constituiu
em um dos centros de pressão para incrementar tal radicalização.
Concebido inicialmente como um centro irradiador do
nacional-desenvolvimentismo de Kubitschek, o ISEB se tornara um polo
difusor da revolução brasileira.
Esclareça-se, todavia, que a mudança não significa um abandono da
preocupação com o desenvolvimento. É equivocado reduzir
“desenvolvimento” e “desenvolvimentismo” a discursos que seriam
necessariamente anti-emancipatórios. Filho das teorias do progresso da
Filosofia Moderna, o desenvolvimentismo compõe-se de duas teses
centrais. A primeira delas consiste no etapismo, ou seja, na crença de
que a história tem diferentes etapas e de que o desenvolvimento aumenta
conforme se passa de uma etapa a outra. A segunda tese central do
desenvolvimentismo é a de que a passagem de uma etapa inferior a outra
superior não é aleatória, mas sim regida por determinadas causas. Ainda
que tenha sido mobilizado para justificar a dominação dos povos outrora
colonizados pelos europeus, o desenvolvimentismo é compatível com
projetos de emancipação social. Um dos aspectos mais interessantes do
ISEB foi o desenvolvimentismo anticolonial produzido em sua última fase
(Dalaqua, 2024). Ao passo que, na primeira fase do ISEB, o
desenvolvimento era visto como um processo alinhado ao capitalismo e à
democracia burguesa, no apagar das luzes do Instituto, os isebianos
passaram a afirmar que a revolução socialista e a união dos movimentos
libertadores da América Latina, África e Ásia seriam os principais
motores do desenvolvimento.
Livros publicados pela Editora do ISEB:
Corbisier, R. (1958). Formação e problema da cultura brasileira. ISEB.
Corbisier, R. (1960). Brasília e o desenvolvimento nacional. ISEB.
Furtado, C. (1959). A Operação Nordeste. ISEB.
Jaguaribe, H. (1958). O nacionalismo na atualidade brasileira. ISEB.
Mendes, C. (1960). Perspectiva atual da América Latina. ISEB.
Pinto, A. V. (1956). Ideologia e desenvolvimento nacional. ISEB.
Pinto, A. V. (1960). Consciência e realidade nacional (Vols. 1–2). ISEB.
Ramos, A. G. (1958). A redução sociológica. ISEB.
Sodré, N. W. (1957). As classes sociais no Brasil. ISEB.
Publicações sobre o ISEB:
Botelho, A., Bastos, E. R., & Villas Bôas, G. (Orgs.). (2008). O moderno em questão: a década de 1950 no Brasil. Topbooks.
Dalaqua, G. H. (2023). Populismo e democracia: reflexões a partir de Álvaro Vieira Pinto. Novos Estudos CEBRAP, 42(2), 293–312.
https://doi.org/10.25091/S01013300202300020004
Dalaqua, G. H. (2024). Revolution in Populism: Anticolonial Developmentalism in Brazil’s Populist Republic. The Journal of Imperial and Commonwealth History, 52(6), 969‑1002. https://doi.org/10.1080/03086534.2024.2445010
Gonçalves, D. S. M. (2020). Ciência e política, ciência ou política: o ISEB e suas duas vocações. Revista Estudos Políticos, 9(2), 24–41.
https://doi.org/10.22409/rep.v9i18.40573
Jaguaribe, H. (2014). ISEB: um breve depoimento e uma reapreciação crítica. Cadernos do Desenvolvimento, 9(14), 231–260.
Souza, N. A., & Capovilla, C. (Orgs.). (2021). Dossiê temático: o ISEB e o desenvolvimento nacional. Princípios, 40(162), 4–202.
Toledo, C. N. (1977). ISEB: fábrica de ideologias. Ática.
Toledo, C. N. (1998). Intelectuais do ISEB, esquerda e marxismo. In J. Q. Moraes (Org.), História do marxismo no Brasil (Vol. 3, pp. 245–274). Editora da Unicamp.
Toledo, C. N. (Org.). (2005). Intelectuais e política no Brasil: a experiência do ISEB. Revan.
Apresenta uma extensa lista de livros e artigos sobre o ISEB.
Galería
Celso Furtado no ISEB (1959).
Sede do ISEB, rua das Palmeiras (1955).
Presidente Juscelino Kubitschek inaugura o Instituto Superior de
Estudos Brasileiros (1956). Fondo Documental Agência Nacional
Inauguração do Instituto Superior de Estudos Brasileiros (1956). Arquivo Nacional
Nelson Werneck Sodré, Quem é o povo no Brasil? (1962). Cadernos do Povo Brasileiro Nº2
Edouard Bailby, Que é o Imperialismo? (1963). Cadernos do Povo Brasileiro Nº17
Instituto Superior de Estudos Brasileiros (ISEB)
Gustavo Dalaqua.
Professor do Departamento de Filosofia da Universidade Federal do
Amazonas e investigador associado da Association for Global Political
Thought, Universidade Harvard.
Ciudad: Rio de Janeiro
Productor: Ministério da Educação e Cultura Brasil
Personas Vinculadas:
Alberto Guerreiro Ramos, Álvaro Vieira Pinto, Anísio Teixeira, Cândido
Mendes, Carlos Estevam Martins, Celso Furtado, Ewaldo Correia Lima,
Helga Hoffmann, Ignácio Rangel, Nelson Werneck Sodré, Roberto Campos,
Roland Corbisier, Wanderley Guilherme dos Santos.
O Instituto Superior de Estudos
Brasileiros tem por finalidade o estudo, o ensino e a divulgação das
Ciências Sociais, notadamente da Economia, da Sociologia, da Política,
da História e da Filosofia, a fim de aplicar as categorias e os métodos
dessas ciências à análise e à compreensão crítica da realidade
brasileira, tendo em vista a elaboração de instrumentos teóricos que
permitam o incentivo e a promoção do desenvolvimento.
— Roland Corbisier, 1957
De momento, incumbe-nos compreender que
cada vez mais precisamos entrelaçar relações de amizade e ação comum com
os povos asiáticos, africanos e os do nosso próprio continente, que se
encontram em situação semelhante à nossa. Com este movimento,
quebraremos o esquema da dominação imperialista, que só funciona a
contento com o parcelamento da polaridade entre o centro e a periferia.
— Álvaro Vieira Pinto,1960
As raízes do Instituto Superior de Estudos Brasileiros (ISEB)
remontam a um grupo de estudos criado por Hélio Jaguaribe, em 1953, que
buscava investigar as causas do subdesenvolvimento e do desenvolvimento.
À época, a intelectualidade brasileira encontrava-se em plena euforia
desenvolvimentista. Em 1950, Getúlio Vargas fora democraticamente eleito
presidente do Brasil. Influenciado pela CEPAL, o governo Vargas teve o
mérito de combinar altas taxas de crescimento econômico com políticas
redistributivas favoráveis à classe trabalhadora. Alguns membros do
grupo de Jaguaribe eram próximos da administração varguista e
solicitaram ao governo a criação de um instituto de pesquisa. O
Ministério da Educação e Cultura (MEC) foi receptivo à proposta. O
suicídio de Vargas em 1954, entretanto, fez com que se adiasse por quase
um ano a criação de um centro de pesquisa dedicado a pensar o
desenvolvimento.
Em julho de 1955 o Presidente João Café Filho criou, por meio de
decreto, o ISEB. Vinculado ao MEC, o ISEB fora concebido como um centro
permanente de altos estudos de nível pós-universitário com cinco
departamentos: Economia, Filosofia, História, Política e Sociologia.
Durante seus quase nove anos de existência, o ISEB percorreu três fases.
A primeira delas abrigou duas vertentes concorrentes. Enquanto docentes
como Jaguaribe e Roberto Campos postulavam a hegemonia da burguesia
industrial no processo do desenvolvimento nacional, professores como
Álvaro Vieira Pinto e Nelson Werneck Sodré entendiam que o
desenvolvimento deveria ser liderado pelas massas populares. Esta
primeira fase coincidiu com o período de maior financiamento do
Instituto e grande proximidade com o governo.
Em 1958, Jaguaribe publica O nacionalismo na atualidade brasileira.
O livro gera polêmica dentro e fora do Instituto porque defende a
privatização do setor petroquímico e o capital estrangeiro. O Conselho
Curador do ISEB marcou uma reunião especial para discutir a repercussão
da obra. Depois dessa crise, todos os professores que se incomodavam com
o “proselitismo militante” de alguns isebianos de esquerda saíram do
Instituto (Jaguaribe, 2014, p. 238).
A segunda fase do ISEB começa em 1959 e vai até 1961. De acordo com
um dos professores que saíram do Instituto no final dos anos cinquenta, a
partir de sua segunda fase, “o ISEB se transformou numa agência
eleitoreira, e ultimamente, numa escola de marxismo” (apud
Toledo, 1977, p. 188). Embora exagerado, o relato de que o ISEB teria se
tornado “eleitoreiro” é compreensível porque, em 1960, Corbisier
concorreu ao cargo de deputado estadual e se valeu do Instituto como
plataforma para a sua campanha. Difundia-se entre os isebianos a ideia
de que eles deveriam não apenas compreender a realidade brasileira, mas
também transformá-la. Por isso, a formação de futuros estadistas passou a
ser vista como uma das funções do Instituto.
Em 1961, Corbisier tornou-se deputado estadual e, portanto, teve de
se afastar do ISEB. Logo em seguida, Vieira Pinto assumiu a direção do
Instituto. A terceira fase se inicia com a direção de Vieira Pinto e
termina uma semana após o golpe de Estado de 1964, quando o ISEB é
fechado pelos militares. Esta fase coincide com a radicalização do
populismo presenciada durante o governo de João Goulart (1961–1964) e
com a quase inexistência de financiamento governamental para o
Instituto.
À medida que o contexto político brasileiro se radicalizava, a
produção teórica do ISEB também se radicalizava. O chamado “último ISEB”
teve um engajamento tão forte com os movimentos sociais de esquerda e
com o Partido Comunista Brasileiro que alguns intérpretes o
classificaram de organização agitprop. De 1962 em diante, os
membros do Instituto consideravam o país em vias de ingressar em um
momento revolucionário, conduzido pelo próprio processo de radicalização
do governo Goulart. Diante dessas circunstâncias, o ISEB se constituiu
em um dos centros de pressão para incrementar tal radicalização.
Concebido inicialmente como um centro irradiador do
nacional-desenvolvimentismo de Kubitschek, o ISEB se tornara um polo
difusor da revolução brasileira.
Esclareça-se, todavia, que a mudança não significa um abandono da
preocupação com o desenvolvimento. É equivocado reduzir
“desenvolvimento” e “desenvolvimentismo” a discursos que seriam
necessariamente anti-emancipatórios. Filho das teorias do progresso da
Filosofia Moderna, o desenvolvimentismo compõe-se de duas teses
centrais. A primeira delas consiste no etapismo, ou seja, na crença de
que a história tem diferentes etapas e de que o desenvolvimento aumenta
conforme se passa de uma etapa a outra. A segunda tese central do
desenvolvimentismo é a de que a passagem de uma etapa inferior a outra
superior não é aleatória, mas sim regida por determinadas causas. Ainda
que tenha sido mobilizado para justificar a dominação dos povos outrora
colonizados pelos europeus, o desenvolvimentismo é compatível com
projetos de emancipação social. Um dos aspectos mais interessantes do
ISEB foi o desenvolvimentismo anticolonial produzido em sua última fase
(Dalaqua, 2024). Ao passo que, na primeira fase do ISEB, o
desenvolvimento era visto como um processo alinhado ao capitalismo e à
democracia burguesa, no apagar das luzes do Instituto, os isebianos
passaram a afirmar que a revolução socialista e a união dos movimentos
libertadores da América Latina, África e Ásia seriam os principais
motores do desenvolvimento.
Livros publicados pela Editora do ISEB:
Corbisier, R. (1958). Formação e problema da cultura brasileira. ISEB.
Corbisier, R. (1960). Brasília e o desenvolvimento nacional. ISEB.
Furtado, C. (1959). A Operação Nordeste. ISEB.
Jaguaribe, H. (1958). O nacionalismo na atualidade brasileira. ISEB.
Mendes, C. (1960). Perspectiva atual da América Latina. ISEB.
Pinto, A. V. (1956). Ideologia e desenvolvimento nacional. ISEB.
Pinto, A. V. (1960). Consciência e realidade nacional (Vols. 1–2). ISEB.
Ramos, A. G. (1958). A redução sociológica. ISEB.
Sodré, N. W. (1957). As classes sociais no Brasil. ISEB.
Publicações sobre o ISEB:
Botelho, A., Bastos, E. R., & Villas Bôas, G. (Orgs.). (2008). O moderno em questão: a década de 1950 no Brasil. Topbooks.
Dalaqua, G. H. (2023). Populismo e democracia: reflexões a partir de Álvaro Vieira Pinto. Novos Estudos CEBRAP, 42(2), 293–312.
https://doi.org/10.25091/S01013300202300020004
Dalaqua, G. H. (2024). Revolution in Populism: Anticolonial Developmentalism in Brazil’s Populist Republic. The Journal of Imperial and Commonwealth History, 52(6), 969‑1002. https://doi.org/10.1080/03086534.2024.2445010
Gonçalves, D. S. M. (2020). Ciência e política, ciência ou política: o ISEB e suas duas vocações. Revista Estudos Políticos, 9(2), 24–41.
https://doi.org/10.22409/rep.v9i18.40573
Jaguaribe, H. (2014). ISEB: um breve depoimento e uma reapreciação crítica. Cadernos do Desenvolvimento, 9(14), 231–260.
Souza, N. A., & Capovilla, C. (Orgs.). (2021). Dossiê temático: o ISEB e o desenvolvimento nacional. Princípios, 40(162), 4–202.
Toledo, C. N. (1977). ISEB: fábrica de ideologias. Ática.
Toledo, C. N. (1998). Intelectuais do ISEB, esquerda e marxismo. In J. Q. Moraes (Org.), História do marxismo no Brasil (Vol. 3, pp. 245–274). Editora da Unicamp.
Toledo, C. N. (Org.). (2005). Intelectuais e política no Brasil: a experiência do ISEB. Revan.
Apresenta uma extensa lista de livros e artigos sobre o ISEB.
Galería
Celso Furtado no ISEB (1959).
Sede do ISEB, rua das Palmeiras (1955).
Presidente Juscelino Kubitschek inaugura o Instituto Superior de
Estudos Brasileiros (1956). Fondo Documental Agência Nacional
Inauguração do Instituto Superior de Estudos Brasileiros (1956). Arquivo Nacional
Nelson Werneck Sodré, Quem é o povo no Brasil? (1962). Cadernos do Povo Brasileiro Nº2
Edouard Bailby, Que é o Imperialismo? (1963). Cadernos do Povo Brasileiro Nº17
Instituto Superior de Estudos Brasileiros (ISEB)
Gustavo Dalaqua.
Professor do Departamento de Filosofia da Universidade Federal do
Amazonas e investigador associado da Association for Global Political
Thought, Universidade Harvard.
Ciudad: Rio de Janeiro
Productor: Ministério da Educação e Cultura Brasil
Personas Vinculadas:
Alberto Guerreiro Ramos, Álvaro Vieira Pinto, Anísio Teixeira, Cândido
Mendes, Carlos Estevam Martins, Celso Furtado, Ewaldo Correia Lima,
Helga Hoffmann, Ignácio Rangel, Nelson Werneck Sodré, Roberto Campos,
Roland Corbisier, Wanderley Guilherme dos Santos.
O Instituto Superior de Estudos
Brasileiros tem por finalidade o estudo, o ensino e a divulgação das
Ciências Sociais, notadamente da Economia, da Sociologia, da Política,
da História e da Filosofia, a fim de aplicar as categorias e os métodos
dessas ciências à análise e à compreensão crítica da realidade
brasileira, tendo em vista a elaboração de instrumentos teóricos que
permitam o incentivo e a promoção do desenvolvimento.
— Roland Corbisier, 1957
De momento, incumbe-nos compreender que
cada vez mais precisamos entrelaçar relações de amizade e ação comum com
os povos asiáticos, africanos e os do nosso próprio continente, que se
encontram em situação semelhante à nossa. Com este movimento,
quebraremos o esquema da dominação imperialista, que só funciona a
contento com o parcelamento da polaridade entre o centro e a periferia.
— Álvaro Vieira Pinto,1960
As raízes do Instituto Superior de Estudos Brasileiros (ISEB)
remontam a um grupo de estudos criado por Hélio Jaguaribe, em 1953, que
buscava investigar as causas do subdesenvolvimento e do desenvolvimento.
À época, a intelectualidade brasileira encontrava-se em plena euforia
desenvolvimentista. Em 1950, Getúlio Vargas fora democraticamente eleito
presidente do Brasil. Influenciado pela CEPAL, o governo Vargas teve o
mérito de combinar altas taxas de crescimento econômico com políticas
redistributivas favoráveis à classe trabalhadora. Alguns membros do
grupo de Jaguaribe eram próximos da administração varguista e
solicitaram ao governo a criação de um instituto de pesquisa. O
Ministério da Educação e Cultura (MEC) foi receptivo à proposta. O
suicídio de Vargas em 1954, entretanto, fez com que se adiasse por quase
um ano a criação de um centro de pesquisa dedicado a pensar o
desenvolvimento.
Em julho de 1955 o Presidente João Café Filho criou, por meio de
decreto, o ISEB. Vinculado ao MEC, o ISEB fora concebido como um centro
permanente de altos estudos de nível pós-universitário com cinco
departamentos: Economia, Filosofia, História, Política e Sociologia.
Durante seus quase nove anos de existência, o ISEB percorreu três fases.
A primeira delas abrigou duas vertentes concorrentes. Enquanto docentes
como Jaguaribe e Roberto Campos postulavam a hegemonia da burguesia
industrial no processo do desenvolvimento nacional, professores como
Álvaro Vieira Pinto e Nelson Werneck Sodré entendiam que o
desenvolvimento deveria ser liderado pelas massas populares. Esta
primeira fase coincidiu com o período de maior financiamento do
Instituto e grande proximidade com o governo.
Em 1958, Jaguaribe publica O nacionalismo na atualidade brasileira.
O livro gera polêmica dentro e fora do Instituto porque defende a
privatização do setor petroquímico e o capital estrangeiro. O Conselho
Curador do ISEB marcou uma reunião especial para discutir a repercussão
da obra. Depois dessa crise, todos os professores que se incomodavam com
o “proselitismo militante” de alguns isebianos de esquerda saíram do
Instituto (Jaguaribe, 2014, p. 238).
A segunda fase do ISEB começa em 1959 e vai até 1961. De acordo com
um dos professores que saíram do Instituto no final dos anos cinquenta, a
partir de sua segunda fase, “o ISEB se transformou numa agência
eleitoreira, e ultimamente, numa escola de marxismo” (apud
Toledo, 1977, p. 188). Embora exagerado, o relato de que o ISEB teria se
tornado “eleitoreiro” é compreensível porque, em 1960, Corbisier
concorreu ao cargo de deputado estadual e se valeu do Instituto como
plataforma para a sua campanha. Difundia-se entre os isebianos a ideia
de que eles deveriam não apenas compreender a realidade brasileira, mas
também transformá-la. Por isso, a formação de futuros estadistas passou a
ser vista como uma das funções do Instituto.
Em 1961, Corbisier tornou-se deputado estadual e, portanto, teve de
se afastar do ISEB. Logo em seguida, Vieira Pinto assumiu a direção do
Instituto. A terceira fase se inicia com a direção de Vieira Pinto e
termina uma semana após o golpe de Estado de 1964, quando o ISEB é
fechado pelos militares. Esta fase coincide com a radicalização do
populismo presenciada durante o governo de João Goulart (1961–1964) e
com a quase inexistência de financiamento governamental para o
Instituto.
À medida que o contexto político brasileiro se radicalizava, a
produção teórica do ISEB também se radicalizava. O chamado “último ISEB”
teve um engajamento tão forte com os movimentos sociais de esquerda e
com o Partido Comunista Brasileiro que alguns intérpretes o
classificaram de organização agitprop. De 1962 em diante, os
membros do Instituto consideravam o país em vias de ingressar em um
momento revolucionário, conduzido pelo próprio processo de radicalização
do governo Goulart. Diante dessas circunstâncias, o ISEB se constituiu
em um dos centros de pressão para incrementar tal radicalização.
Concebido inicialmente como um centro irradiador do
nacional-desenvolvimentismo de Kubitschek, o ISEB se tornara um polo
difusor da revolução brasileira.
Esclareça-se, todavia, que a mudança não significa um abandono da
preocupação com o desenvolvimento. É equivocado reduzir
“desenvolvimento” e “desenvolvimentismo” a discursos que seriam
necessariamente anti-emancipatórios. Filho das teorias do progresso da
Filosofia Moderna, o desenvolvimentismo compõe-se de duas teses
centrais. A primeira delas consiste no etapismo, ou seja, na crença de
que a história tem diferentes etapas e de que o desenvolvimento aumenta
conforme se passa de uma etapa a outra. A segunda tese central do
desenvolvimentismo é a de que a passagem de uma etapa inferior a outra
superior não é aleatória, mas sim regida por determinadas causas. Ainda
que tenha sido mobilizado para justificar a dominação dos povos outrora
colonizados pelos europeus, o desenvolvimentismo é compatível com
projetos de emancipação social. Um dos aspectos mais interessantes do
ISEB foi o desenvolvimentismo anticolonial produzido em sua última fase
(Dalaqua, 2024). Ao passo que, na primeira fase do ISEB, o
desenvolvimento era visto como um processo alinhado ao capitalismo e à
democracia burguesa, no apagar das luzes do Instituto, os isebianos
passaram a afirmar que a revolução socialista e a união dos movimentos
libertadores da América Latina, África e Ásia seriam os principais
motores do desenvolvimento.
Livros publicados pela Editora do ISEB:
Corbisier, R. (1958). Formação e problema da cultura brasileira. ISEB.
Corbisier, R. (1960). Brasília e o desenvolvimento nacional. ISEB.
Furtado, C. (1959). A Operação Nordeste. ISEB.
Jaguaribe, H. (1958). O nacionalismo na atualidade brasileira. ISEB.
Mendes, C. (1960). Perspectiva atual da América Latina. ISEB.
Pinto, A. V. (1956). Ideologia e desenvolvimento nacional. ISEB.
Pinto, A. V. (1960). Consciência e realidade nacional (Vols. 1–2). ISEB.
Ramos, A. G. (1958). A redução sociológica. ISEB.
Sodré, N. W. (1957). As classes sociais no Brasil. ISEB.
Publicações sobre o ISEB:
Botelho, A., Bastos, E. R., & Villas Bôas, G. (Orgs.). (2008). O moderno em questão: a década de 1950 no Brasil. Topbooks.
Dalaqua, G. H. (2023). Populismo e democracia: reflexões a partir de Álvaro Vieira Pinto. Novos Estudos CEBRAP, 42(2), 293–312.
https://doi.org/10.25091/S01013300202300020004
Dalaqua, G. H. (2024). Revolution in Populism: Anticolonial Developmentalism in Brazil’s Populist Republic. The Journal of Imperial and Commonwealth History, 52(6), 969‑1002. https://doi.org/10.1080/03086534.2024.2445010
Gonçalves, D. S. M. (2020). Ciência e política, ciência ou política: o ISEB e suas duas vocações. Revista Estudos Políticos, 9(2), 24–41.
https://doi.org/10.22409/rep.v9i18.40573
Jaguaribe, H. (2014). ISEB: um breve depoimento e uma reapreciação crítica. Cadernos do Desenvolvimento, 9(14), 231–260.
Souza, N. A., & Capovilla, C. (Orgs.). (2021). Dossiê temático: o ISEB e o desenvolvimento nacional. Princípios, 40(162), 4–202.
Toledo, C. N. (1977). ISEB: fábrica de ideologias. Ática.
Toledo, C. N. (1998). Intelectuais do ISEB, esquerda e marxismo. In J. Q. Moraes (Org.), História do marxismo no Brasil (Vol. 3, pp. 245–274). Editora da Unicamp.
Toledo, C. N. (Org.). (2005). Intelectuais e política no Brasil: a experiência do ISEB. Revan.