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samedi 13 juin 2026

TRES FUENTES Y TRES PARTES DEL SOCIALISMO CON CARACTERÍSTICAS CHINAS por Ehécatl Lázaro

FUENTE https://elsudamericano.wordpress.com/2026/06/13/tres-fuentes-y-tres-partes-del-socialismo-con-caracteristicas-chinas-por-ehecatl-lazaro/

 

El Socialismo con Características Chinas es una teoría acuñada por Deng Xiaoping en 1982. Se trata de una teoría que rompió con formas previas de entender la construcción socialista y se convirtió en el paradigma teórico que hasta la fecha guía al Partido Comunista de China. El objetivo de este texto es analizar tres fuentes que integran al Socialismo con Características Chinas: el nacionalismo, el marxismo soviético clásico y la experiencia de la Nueva China. Se utiliza el análisis de discurso para revisar documentos primarios del Partido Comunista de China que desempeñan un rol clave como guía teórica. Este ejercicio contribuye a enriquecer la comprensión de la teoría guía del Partido Comunista de China y, por lo tanto, las líneas generales del desarrollo de la República Popular China. En la primera parte se presentan los orígenes de la teoría, posteriormente se analiza por separado cada una de las fuentes integrantes y al final se presentan las conclusiones.

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Orígenes

La nacionalización del marxismo en China es un proceso que comenzó con Li Dazhao, uno de los principales fundadores del Partido. En su ensayo de 1919, “Sobre problemas e ideologías”, ya decía que el socialismo como teoría debía adaptarse a las circunstancias, lugares y tiempos específicos de China, pues si los socialistas chinos no podían aplicar su doctrina para transformar su realidad inmediata, entonces el socialismo se convertía en un discurso vacío (Li Dazhao, 1919). Durante la primera etapa del Partido, específicamente entre 1921 y 1927, Chen Duxiu buscó utilizar el marxismo para analizar las condiciones específicas de China, como lo demuestra, sobre todo, el Informe al Segundo Congreso (1922). Sin embargo, la relación de tutelaje que ejerció el Partido Comunista de la Unión Soviética sobre el Partido Comunista de China hasta 1935, así como la propia inexperiencia del liderazgo chino, entorpecieron la integración entre el marxismo y la realidad china.

El término “Sinización del Marxismo” como tal es creación de Mao Zedong. En un informe de 1938 al Comité Central del Partido, Mao señaló: “Si los comunistas chinos, que son parte de la gran nación china, carne de su carne y sangre de su sangre, hablasen del marxismo separándolo de las características de China, su marxismo no pasaría de ser abstracto y vacío. Por ello, el problema que todo el Partido debe resolver con urgencia es cómo realizar la sinización del marxismo, de modo que todas sus manifestaciones tengan un carácter inequívocamente chino” (CASS, 2023). Para Liu Shaoqi, el Pensamiento de Mao Zedong representaba precisamente eso: “el Pensamiento de Mao Zedong es la unidad entre la teoría del marxismo-leninismo y la práctica de la revolución china; es el comunismo chino, el marxismo chino” (Liu, 1945).

Deng Xiaoping dio un paso adelante en la tradición de integrar la teoría general del marxismo con la realidad china, al acuñar el término “Socialismo con Características Chinas”, inexistente en la obra de Li Dazhao y Mao Zedong. La primera vez que Deng utilizó este término fue en el XII Congreso del Partido Comunista de China, celebrado en 1982. Ahí dijo:

“La modernización de nuestro país debe realizarse a partir de nuestra propia realidad. Tanto en la revolución como en la construcción, es necesario conceder importancia al aprendizaje y aprovechamiento de las experiencias extranjeras. Pero la copia y el trasplante mecánicos de las experiencias y modelos de otros países nunca nos conducirán al éxito. A este respecto, hemos tenido muchas experiencias negativas. Integrar la verdad universal del marxismo con la realidad concreta de nuestro país, seguir nuestro propio camino y construir un socialismo con características chinas, es la conclusión fundamental que hemos sacado al sintetizar las experiencias acumuladas en un prolongado periodo histórico” (Deng, 1982).

A partir de 1982, el término de Socialismo con Características Chinas se convirtió en parte de la teoría oficial del Partido. Pasó de ser un término a ser una teoría. Todos los Congresos posteriores lo toman como marco de referencia. En la visión oficial, el aporte de Deng Xiaoping no rompe con el Pensamiento de Mao Zedong, sino que lo desarrolla. Si Mao integró el marxismo con la realidad china para llevar a cabo la Revolución y comenzar la construcción del socialismo, Deng retomaría el marxismo y el Pensamiento de Mao Zedong para ponerlos al día, integrarlos con la nueva realidad china y construir un socialismo autóctono.

El Socialismo con Características Chinas como teoría se define por la acuñación de nuevos conceptos y por la reinterpretación de conceptos preexistentes. Economía Socialista de Mercado y Primera Etapa del Socialismo son dos conceptos que no están presentes en la obra de Mao Zedong. Economía Socialista de Mercado se refiere a una economía híbrida, que simultáneamente tiene propiedad privada y propiedad pública de los medios de producción, que tiene mercado y planeación, pero cuyas palancas fundamentales están controladas por el Partido Comunista. En términos de política pública, esta visión se tradujo en la Reforma y la Apertura. Primera Etapa del Socialismo se refiere a un periodo amplio, de décadas y generaciones, en el cual se asume que China mantendrá la Economía Socialista de Mercado y el sistema político con el Partido Comunista como Partido-Estado. En esta visión, la construcción del socialismo se entiende como un proceso de largo aliento, en el que sólo después de echar los elementos fundamentales del socialismo podrá pasarse a una construcción superior del mismo.

El Socialismo con Características Chinas también contiene una interpretación de la contradicción principal de la sociedad china diferente de la que había realizado Mao Zedong. Para Mao, la principal contradicción de la sociedad china era la lucha de clases antagónicas. Con ese diagnóstico impulsó la Revolución Cultural entre 1966 y 1976. En cambio, para Deng, la principal contradicción era la existente entre las atrasadas fuerzas productivas del país y las necesidades del pueblo chino (Deng, 1995). Para resolver esa contradicción era necesario impulsar el desarrollo de las fuerzas productivas. En el Socialismo con Características Chinas la lucha de clases no desaparece, pero no es la contradicción principal, sino que ocupa un lugar secundario. Esta interpretación de la contradicción principal se mantuvo firme hasta su cambio en 2017 por Xi Jinping, quien, sin embargo, no retomó la lucha de clases como contradicción principal, sino que hizo énfasis en la necesidad de equilibrar el desarrollo de las fuerzas productivas (Xi, 2017).

En la siguiente sección se analizan los tres componentes del Socialismo con Características Chinas, empezando por el nacionalismo.

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Nacionalismo

El marxismo llegó a China en una etapa de caos y desesperación. La Guerra del Opio, iniciada en 1839, inauguró un periodo de invasiones imperialistas, de fragmentación política al interior, de cuestionamientos sobre la identidad china y de búsquedas de alternativas para salvar al país. China perdió todas las guerras que libró para defenderse de las invasiones imperialistas, cedió parte de su territorio y tuvo que aceptar tratados económicos perjudiciales para su economía nacional. Estos choques externos fueron acompañados por los levantamientos internos que cuestionaron la estabilidad política de la dinastía Qing. La Rebelión Taiping tomó ciudades neurálgicas como Nanjing y amenazó seriamente a Beijing; apaciguarla costó 20 millones de vidas. La Rebelión Boxer se levantó en armas contra la ocupación extranjera. La dinastía Qing se había mostrado incapaz de seguir conduciendo a China y, a pesar de sus intentos, como la Reforma de los Cien Díaz y el Movimiento de Autofortalecimiento, no podía frenar el deterioro económico, político y social del país.

En ese contexto turbulento, además de las armas y el capital de las potencias extranjeras, también llegaron sus ideas. Las fuerzas sociales que buscaban una transformación radical de China para salvarla de la desintegración comenzaron a explorar las diversas ideas propias de la modernidad capitalista. Ideas que no sólo llegaron de Occidente, sino también de Japón, país que se había modernizado primero que China y, en ese sentido, había recibido más tempranamente las nuevas ideas. A través de la Restauración Meiji, Japón había logrado utilizar los conocimientos occidentales al mismo tiempo que mantenía su cultura y sus instituciones políticas. En ese sentido, China buscaba realizar un ejercicio similar. Durante la dinastía Qing se impulsó la política de “tomar la doctrina china como fundamental y los saberes occidentales como aplicación práctica”. De forma similar, los reformistas, encabezados por Liang Qichao, sostenían la necesidad de “mantener la esencia cultural propia de China y absorber los conocimientos de Occidente”. Todos los intentos de transformación política de principios del siglo XX seguían esa tradición. Mantener lo chino y utilizar lo extranjero para salvar al país. Sun Yatsen, por ejemplo, sostenía que China debía terminar con el dominio imperial de los manchúes (no chinos) y formar una república de la nación china (han).

El marxismo llegó a China en esa coyuntura de búsqueda de un camino de salvar al país a través de la modernización. Había consenso sobre la necesidad de superar la cultura, economía y las instituciones políticas tradicionales, pero no sobre cuál era el tipo de modernización más adecuado para China. La desintegración del imperio y la fundación de la república no implicó una mejora de la situación general, sino un empeoramiento: el país se fragmentó todavía más y los bloques político-militares al interior mantuvieron guerras interminables. Cambiar al gobierno no era suficiente para salvar a China. Durante el Movimiento de la Nueva Cultura los intelectuales del país discutieron la necesidad de cambiar la mentalidad, la cultura y la educación de la sociedad como única alternativa de salvación. En ese contexto también se empezó a discutir cuál era el mejor camino para China: liberalismo, anarquismo, reformismo, pragmatismo, marxismo, etc. La Revolución Rusa de 1917 y el Movimiento del 4 de Mayo de 1919 fueron dos momentos que le dieron al marxismo la fuerza necesaria para comenzar a ganar aceptación entre los intelectuales chinos.

Los comunistas que fundaron el Partido Comunista en 1921 llegaron al socialismo buscando una teoría salvadora. En el caso de Li Dazhao y Chen Duxiu es conocida la exploración amplia que hicieron de las diferentes teorías políticas, económicas, sociales e históricas disponibles, antes de abrazar el marxismo como único camino para salvar a China. En su juventud, Mao Zedong perseguía ideas liberales, democráticas, reformistas y del socialismo utópico, admiraba a Sun Yatsen, Liang Chichao y Kang Youwei, y se unió al ejército nacionalista que se levantó en Wuhan contra la dinastía Qing. Más tarde luchó para independizar a la provincia de Hunan y establecer ahí una democracia burguesa. Cuando llegó al comunismo, lo hizo buscando salvar a China (Snow, 2020). La frase que él acuñó en 1957 es especialmente significativa en este sentido: “Sólo el socialismo puede salvar a China” (Mao, 1957). Este sigue siendo un emblema del Partido hasta la fecha.

Otros líderes comunistas destacados también llegaron al socialismo buscando formas de salvar a China. Deng Xiaoping viajó a Francia en su juventud para estudiar, aprender oficios industriales y conocer la industria europea; tenía la idea de que China necesitaba industrializarse para fortalecerse. Como obrero, en Francia conoció los males del capitalismo y al mismo tiempo entró en contacto con las ideas socialistas. Ingresó al grupo de comunistas chinos en Francia, posteriormente viajó a la Unión Soviética y después regresó a China ya como miembro del Partido y como un comunista convencido. Zhou Enlai también viajó a Francia con el objetivo de estudiar los sistemas políticos y los movimientos revolucionarios europeos, pues quería aprender de ellos para salvar a China. En esa búsqueda llegó al socialismo.

La presencia de un fuerte componente nacionalista llevó al Partido Comunista a renegar del liderazgo soviético, primero durante la fase revolucionaria y después ya con la Nueva China. Además de otros elementos determinantes, también el nacionalismo de los comunistas chinos abonó a la disputa sino-soviética. Desde 1935 en adelante, los comunistas chinos nunca aceptaron ser satélites de la Unión Soviética. Durante el Gran Salto Adelante, el Partido Comunista de China no sólo buscaba superar la producción industrial de los países capitalistas, sino también demostrar que su versión del socialismo era mejor que la soviética.

El Socialismo con Características China proviene de esa tradición. El socialismo tiene que servir, en primer lugar, para salvar a China y desarrollarla, entendiendo esto como: mantener la independencia, la unidad política, recuperar el estatus internacional tradicional de país importante, elevar su capacidad económica y mejorar la calidad de vida de las grandes mayorías populares. Si para ello es necesario utilizar mecanismos de mercado, integrarse a las redes mundiales del capital y desarrollar una burguesía nacional acotada por el Partido, entonces son tácticas válidas. Schell y Delury (2013) sostienen que en realidad el Partido Comunista de China sólo busca hacer rico y fuerte al país, sin que el adjetivo de comunista tenga otras implicaciones ideológicas. Esta interpretación exagera el componente nacionalista y vuelve irrelevante el componente ideológico. Tanto el nacionalismo como el socialismo son determinantes en el Socialismo con Características Chinas. Sin embargo, en ciertas coyunturas uno de los elementos puede tener más peso que otro. El Socialismo con Características Chinas es al mismo tiempo nacionalista y socialista.

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Marxismo soviético clásico

Los intelectuales chinos buscaban salvar al país de la dominación extranjera, el caos interno y el atraso económico y tecnológico. La Revolución Rusa de 1917 despertó su interés, pero su influencia sólo se volvió determinante después de la Primera Guerra Mundial. Con el Tratado de Versalles, las posesiones coloniales de Alemania en Shandong no le fueron regresadas a China por las potencias vencedoras, sino que fueron transferidas a Japón, a pesar de que China había luchado del lado de los vencedores y existía el acuerdo previo de que retomaría la soberanía sobre esos territorios. Ese fue un punto de inflexión para que los intelectuales chinos establecieran una equivalencia entre el imperialismo y el capitalismo. Una modernización capitalista representaría para China continuar su estatus semicolonial. Frente a las potencias imperialistas se erigía el antimperialismo de la Unión Soviética, que había renunciado a las posesiones territoriales de la Rusia zarista, denunciaba al imperialismo y planteaba que la solución radical de ese fenómeno era la construcción del socialismo. Los intelectuales chinos vieron en el marxismo soviético una vía para salvar a China.

El marxismo llegó a China hasta la tercera década del siglo XX, directamente de la mano de los soviéticos. Si se compara con Europa y América, donde las ideas marxistas habían comenzado a circular desde el siglo XIX, puede decirse que llegó tardíamente. El Manifiesto del Partido Comunista se tradujo al chino por primera vez en 1920, apenas un año antes de la fundación del Partido Comunista. Esos orígenes dejaron un sello indeleble en el marxismo chino. Marx, Engels y Lenin fueron los referentes teóricos por excelencia desde el principio. Posteriormente, Stalin se sumó a la lista. Mao consideraba a Stalin como un continuador y desarrollador del marxismo-leninismo. Estudió obras suyas con meticulosidad y las utilizó para formar teóricamente a los comunistas chinos en el periodo de Yan’an. Las diferencias de Mao con Stalin eran claras en varios terrenos: Stalin apoyaba a una fracción del Partido Comunista que se oponía al liderazgo de Mao, no estaba de acuerdo con la vía campesinista de Mao, firmó acuerdos con Chiang Kaishek durante la invasión japonesa, apoyó la independencia de Mongolia de China, atrajo hacia la URSS a una parte importante de Xinjiang en actividades separatistas, y dejó a China luchar sola contra los estadounidenses en la Guerra de Corea, entre otras. A pesar de las diferencias, Mao consideraba a Stalin no sólo como un líder revolucionario digno del más alto respeto, sino también como un teórico marxista con méritos propios.

El XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) de 1956 comenzó el proceso de desestalinización en la Unión Soviética. Para Mao, la crítica realizada por Jruschov era incorrecta, injusta e inoportuna. Los comunistas soviéticos habían tirado la espada de Stalin, pero los comunistas chinos no lo harían. En la evaluación de Mao sobre Stalin, el líder soviético había cometido errores, pero sus aciertos eran superiores y pesaban más en el juicio general. 70% era correcto y 30% era incorrecto. Negar la totalidad de Stalin iba en contra del comunismo. El XX Congreso del PCUS fue un punto de inflexión en el deterioro de las relaciones sino-soviéticas. Desde ese momento, el PCUS fue caracterizado por los comunistas chinos como un partido revisionista e imperialista (People’s Daily Editorial Board, 1959). Las diferencias ideológicas entre los comunistas chinos y los soviéticos fueron fundamentales en la distancia que se abrió entre ambos países, y en la enemistad y el conflicto directo que se desarrollaron posteriormente.

El marxismo que se desarrolló en la Unión Soviética después de 1956 fue rechazado por el Partido Comunista de China. Esto fue así no sólo durante el liderazgo de Mao Zedong, sino también después, con Deng Xiaoping. Sobre las bases de Marx-Engels-Lenin-Stalin, los comunistas chinos comenzaron a desarrollar una tradición marxista propia, cuyo iniciador fue Mao. Deng Xiaoping retomó a Marx-Engels-Lenin-Stalin-Mao y les dio continuidad en el Socialismo con Características Chinas. Esta tradición propia rechazó el marxismo soviético posterior a Stalin, así como el Marxismo Occidental. El Marxismo Occidental ha sido estudiado académicamente en las universidades chinas, no se lo rechaza, pero se le considera como un desarrollo del marxismo en contextos capitalistas y es visto sólo como un tributario de la corriente principal del Marxismo (Boer, 2024). En la doctrina oficial del Partido, la influencia del Marxismo Occidental es inexistente.

El Socialismo con Características Chinas es un concepto anclado al Marxismo soviético clásico. En ese sentido, contiene elementos centrales, como la lucha de clases, el desarrollo de las fuerzas productivas, las relaciones sociales de producción, la existencia de leyes de la historia, dictadura del proletariado, método dialéctico, materialismo-histórico, entre otros conceptos cuestionados o totalmente negados por corrientes marxistas desarrolladas en el Norte Global. Este es el marco filosófico en el que Deng Xiaoping desarrolló sus aportaciones, innovando dentro de esa tradición. Separarse teóricamente de la Unión Soviética, y realizar sus contribuciones propias, le permitió al marxismo chino mantener su independencia filosófica y resistir exitosamente el derrumbe del bloque socialista en la década de 1990. Los resultados económicos, políticos, culturales y sociales alcanzados por China en los últimos años, en lugar de llevar al Partido a cuestionar sus bases teóricas, lo han llenado de confianza. A eso se refiere Xi Jinping cuando sostiene que China debe profundizar las Cuatro Confianzas: en el camino, en la teoría, en el sistema y en la cultura del Socialismo con Características Chinas.

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Experiencia de la Nueva China

El nacionalismo y el marxismo soviético clásico no son elementos exclusivos del Socialismo con Características Chinas, pues también se encuentran en el Pensamiento de Mao Zedong. La gran diferencia entre una teoría y otra surge de la evaluación diferente que hacen de la experiencia de la Nueva China. Las diferencias entre Mao y Deng sobre la construcción del socialismo se hicieron evidentes desde 1958. Ese año Mao lanzó el Gran Salto Adelante y las comunas populares de forma unilateral, ignorando el Segundo Plan Quinquenal y los acuerdos alcanzados por el Partido. Esto se debió a “la falta de experiencia en la construcción socialista, una comprensión inadecuada de las leyes del desarrollo económico y de las condiciones económicas de China” (Comité Central del Partido Comunista de China, 1981). Las consecuencias negativas de esa política comenzaron a ser corregidas en 1960 por Liu Shaoqi, Zhou Enlai, Chen Yun y Degn Xiaoping. Sin embargo, los “errores de izquierda” que llevaron a Mao a impulsar el Gran Salto Adelante no desaparecieron. En 1962 Mao insistió en que la lucha de clases entre burguesía y proletariado seguía siendo la contradicción principal de China, así como del Partido en su interior. Para luchar contra las tendencias burguesas, lanzó el Movimiento de Educación Socialista en 1963, antesala de la Revolución Cultural. Durante la Revolución Cultural, lanzada por Mao en 1966, Deng Xiaoping y Liu Shaoqi fueron objeto de purgas y persecución por ser los “líderes de la fracción burguesa que se había apoderado del Partido”. En el análisis del Partido, el Gran Salto Adelante, las comunas populares, el Movimiento de Educación Socialista y la Revolución Cultural fueron desviaciones de izquierda que en lugar de promover la construcción socialista la entorpecieron. La evaluación general que hizo el Partido de la experiencia de este periodo es una parte fundamental del Socialismo con Características Chinas.

El rechazo total de la implementación de una economía de mercado por parte de Mao después de 1958 obstaculizó el desarrollo de las fuerzas productivas del país. Mao reconoció tempranamente las consecuencias negativas del Gran Salto Adelante y trató de corregirlos. Señaló que no era posible saltarse etapas del desarrollo social, que se debía enfatizar la producción de mercancías, respetar la ley del valor y oponerse a la planificación total de la economía (Comité Central del Partido Comunista de China, 1981). Sin embargo, posteriormente se opuso a las medidas económicas de corrección implementadas por el liderazgo del Partido, basadas, entre otros elementos, en las conclusiones que el propio Mao había abrazado tras el Gran Salto Adelante. En 1964 Zhou Enlai impulsó las cuatro modernizaciones (agricultura, industria, defensa y ciencia-tecnología), y en 1961 Deng Xiaoping impulsó reformas en la agricultura que permitían la producción mercantil por hogar. La Revolución Cultural detuvo estos procesos. Después de 1978, las Cuatro Modernizaciones y la reforma de la agricultura fueron emblemas del liderazgo de Deng. Deng no estaba solo en este viraje. Líderes como Chen Yun apoyaron fuertemente la necesidad de implementar mecanismos de mercado para desarrollar las fuerzas productivas del país, pero jugando sólo un papel suplementario respecto a la planeación estatal. En contraste con los altibajos económicos del periodo 1958-1976, la aplicación de la Reforma y la Apertura trajo un desarrollo evidente de las fuerzas productivas. En 1992, en el XIV Congreso del Partido, se acuñó formalmente el término Economía Socialista de Mercado.

En “Sobre la Nueva Democracia”, Mao (1940) había planteado una revolución en dos etapas. Durante la etapa de la Nueva Democracia, China necesitaría del mercado y de una burguesía nacionalista para desarrollar las fuerzas productivas, pero después, al entrar a la etapa propiamente socialista, el mercado sería sustituido por la economía centralmente planificada y la burguesía por el Estado. La etapa de la Nueva Democracia comienza con el establecimiento de la República Popular China, en 1949. Al terminar la Guerra de Corea, en 1953, el Partido consideró que la sociedad china estaba preparada para comenzar la transición hacia el socialismo e inició un periodo de transición. En 1956, se consideró que se había alcanzado la transformación socialista básica de la economía. Todo el liderazgo del Partido abrazó estas evaluaciones. Sin embargo, en 1958 Mao sostuvo que China debía aumentar la velocidad de la construcción socialista, que en China el socialismo podía construirse más rápido que en la Unión Soviética y que en 15 años China podía alcanzar la producción de acero de Inglaterra (Mao, 1958). Después de que fracasó el Gran Salto Adelante, Mao no renunció a la idea de construir más rápidamente el socialismo, sino que lo intentó por una arista distinta a la económica: la ideológica. Para Mao, los representantes de la fracción burguesa del Partido eran los que obstaculizaban el desarrollo más rápido de la construcción socialista. Depurando al Partido de esas concepciones reaccionarias sería posible acelerar el proceso. Esa era la lógica detrás de la Revolución Cultural.

Desde 1958 hasta 1978, Deng Xiaoping y el resto de líderes discreparon de esta evaluación de Mao. El Socialismo con Características Chinas considera que la construcción del socialismo es un proceso que no puede acelerarse voluntariamente, sino que responde a leyes del desarrollo económico e histórico. Sólo después de que China haya elevado el nivel de sus fuerzas productivas hasta los niveles más desarrollados, entonces será posible subir un peldaño más en la construcción del socialismo. En el XIII Congreso del Partido Comunista, celebrado en 1987, se detalló que el socialismo era la primera etapa del comunismo y que China estaba en la primera etapa del socialismo. El informe aclara: “Serán al menos cien años, desde 1950, hasta que la modernización socialista se complete, y todos estos años corresponden a la primera etapa del socialismo”. Todo ese tiempo, que puede cubrir cuatro generaciones, según Deng (1987), el mercado puede prestar sus servicios al socialismo, pero el Partido debe evitar que caiga en la liberalización (Deng, 1985) y debe cuidar que se apegue a los cuatro principios fundamentales: 1) el camino socialista, 2) la dictadura democrático-popular, 3) la dirección del Partido Comunista y 4) el marxismo-leninismo y el pensamiento Mao Zedong. Esta aproximación a la cuestión no ha cambiado, fundamentalmente, con Xi Jinping. Los estatutos del Partido aprobados en el XX Congreso de 2022 insisten en hacer una evaluación objetiva de la realidad china y evitar caer en errores de izquierda (Partido Comunista de China, 2022).

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Conclusiones

El Socialismo con Características Chinas es un término acuñado por Deng Xiaoping en 1982, que se convirtió, posteriormente, en una forma distintiva de entender el socialismo por parte del Partido Comunista de China, en una teoría propia. Es parte del proceso de integrar el marxismo con la realidad china, pero se diferencia notablemente del socialismo como lo entendió Mao Zedong entre 1958 y 1976. Asimismo, el Socialismo con Características Chinas es diferente del socialismo como se entiende en otras partes del mundo. Contiene términos distintivos y únicos, como Economía Socialista de Mercado y Primera Etapa del Socialismo. Esta forma de entender el socialismo es el paradigma hegemónico dentro del Partido Comunista de China hasta la actualidad. Otros investigadores han llegado también a estas conclusiones, por ejemplo, Pereira Hernández (2022). Sin embargo, las fuentes teóricas e históricas de esta teoría han sido poco estudiada. Ésta sería la principal contribución de este escrito.

Las tres fuentes y partes integrantes de esta teoría son, principalmente, el nacionalismo, el marxismo soviético clásico y la experiencia de la Nueva China. El nacionalismo es una ideología que antecede cronológicamente al marxismo en China. Los comunistas chinos llegaron al socialismo como una forma de salvar a China y hacerla nuevamente fuerte y próspera. El marxismo en China tiene un desarrollo independiente que no busca legitimarse frente a otros marxismos, sino que tiene como lógica responder a las necesidades propias: darle independencia al país, desarrollar su economía y elevar la calidad de vida de las grandes masas. El marxismo soviético clásico dejó desde el principio su impronta en el marxismo del Partido. Hasta la actualidad, Marx-Engels-Lenin-Stalin forman el canon de teóricos marxistas que sirven como base ideológica, sobre ellos se desarrolló el Pensamiento de Mao Zedong y, posteriormente, el Socialismo con Características Chinas. El marxismo no soviético que se desarrolló en Europa, todas las ramificaciones que se engloban dentro del Marxismo Occidental, así como los marxismos desarrollados en otras latitudes (incluidos los marxismos latinoamericanos, africanos o asiáticos) son corrientes ajenas al Socialismo con Características Chinas. Pueden ser objeto de estudio en las escuelas de marxismo y de filosofía, pero no son parte de la ideología oficial. La experiencia de la Nueva China demostró que la construcción del socialismo respondía a leyes objetivas del desarrollo histórico, independientes de la voluntad del Partido. En las condiciones de China, el país tenía que pasar por una primera etapa del socialismo de varias décadas, en la cual el Partido utilizaría simultáneamente mecanismos de mercado y de planeación estatal, con la finalidad de desarrollar las fuerzas productivas nacionales y sentar las bases materiales para avanzar a una etapa superior del socialismo.

El Socialismo con Características Chinas es diferente del socialismo como se entiende en otros países en varios aspectos, pero quizá el más evidente es su carácter no revolucionario. El marxismo nació como una teoría revolucionaria que impulsaba la lucha del proletariado por la toma del poder político y el establecimiento de un modo de producción superior al capitalismo. Continuadoras de este espíritu, muchas organizaciones socialistas en el mundo enarbolan el marxismo como teoría revolucionaria. Pero no el Partido Comunista de China. El marxismo que sirve como guía teórica del Partido busca la gobernanza, la estabilidad y el desarrollo, requisitos para la construcción del socialismo en la etapa actual. El marxismo como teoría revolucionaria, como guía ideológica para la conquista del poder político, es uno; el marxismo como teoría para construir el socialismo una vez que se ha conquistado el poder político, es otro. El marxismo de Mao Zedong es uno; el marxismo de Deng Xiaoping es otro. Ambos son marxismo, pero son adecuados a etapas diferentes para que puedan servir como herramientas que transforman la realidad. El marxismo revolucionario identifica la lucha de clases como contradicción principal de la sociedad capitalista. El marxismo de gobernanza subsume la lucha de clases como contradicción secundaria de la sociedad socialista. Promover la lucha de clases como contradicción principal una vez que el Partido ya había conquistado el poder, en lugar de fortalecer la construcción del socialismo, la debilitó, como lo habría evidenciado la Revolución Cultural.

El Socialismo con Características Chinas es una teoría que le ha funcionado al Partido Comunista de China para desarrollar las fuerzas productivas, combatir la pobreza y elevar la calidad de vida de las grandes masas trabajadoras. Es una teoría acotada temporal y geográficamente. Funcionará como guía ideológica durante el periodo de la Primera Etapa del Socialismo en China, pero después tendrá que ser sustituida por otra adecuada a la nueva realidad. Geográficamente, es una teoría que no aspira a fungir como guía internacional de los movimientos comunistas, pero sí a servir como fuente de inspiración. Si bien no universaliza su teoría, el Partido Comunista de China sí llama a asumir principios claros para hacer del marxismo una herramienta útil y transformadora: huir del dogmatismo, aprender de la práctica y buscar la verdad en los hechos. Estos principios son la base del Socialismo con Características Chinas y pueden ser también base de otros socialismos en el mundo.

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Xi, J. (2017). Informe al XIX Congreso Nacional del Partido Comunista de China. Theory China. https://ebook.theorychina.org.cn/ebook/upload/storage/files/2022/02/28/1c50223770959aa00f52432441e822ea44945/mobile/index.html

 

vendredi 12 décembre 2025

Eurovisión nunca fue un inocente concurso de canciones

 FUENTE: https://nuevarevolucion.es/eurovision-nunca-fue-un-inocente-concurso-de-canciones/?

La España franquista, el Portugal salazarista o la Grecia de los coroneles, encontraron en Eurovisión un instrumento de soft power doméstico.

Eurovisión nunca fue un inocente concurso de canciones. Nació en 1956 como un instrumento de Soft Power en plena Guerra Fría. Maurice Ollivier, primer director del programa, lo expresó claramente en el memorando interno de la UER de octubre de 1955: «Il faut créer un lien émotionnel entre les peuples européens par-delà les rideaux de fer et les frontières nationales». Es decir, un lazo emocional que soslaya el entonces llamado Telón de Acero, y buscaba cerrar las heridas abiertas por la IIGM en Europa. La que entonces se empezaba a llamar  “música ligera” -aparentemente apolítica- era el vehículo perfecto para ocultar esta intención propagandística. Por su apariencia apolítica, su tono alegre y accesible, la musica ligera funcionaba como una herramienta de seducción ideológica, además, servía para extender a través de la televisión -el medio más emblemático de progreso- la imagen de una Europa occidental tecnológicamente avanzada.

Durante las primeras décadas, la ficción de neutralidad apolítica se mantuvo con cierta facilidad: la música de melodías simples y repetitivas, las coreografías coloristas y los presentadores impecables, contribuían a proyectar una imagen de convivencia y modernidad que esquivaba cualquier motivación ideológica. La inclusión de países del Este, como Yugoslavia desde 1961 -una especie puente simbólico entre bloques- reforzaba la ilusión de apertura pan-europea. Incluso Rumanía tanteó su entrada en 1967.

Simultáneamente, la España franquista, el Portugal salazarista o la Grecia de los coroneles, encontraron en Eurovisión un instrumento de soft power doméstico: un recurso de legitimación internacional, una manera de exhibir modernización, consumo juvenil y “normalidad europea”, que hiciese olvidar la represión política interna. Pero ya en 1969, cuando Franco manipuló descaradamente la votación para que Salomé ganara con «Vivo cantando» (empatada con tres países más, pero aun así celebrada como si fuese una victoria española), quedó claro que el festival era un recurso propagandístico usado por el desarrollismo franquista para lavar la cara de la dictadura en Europa. Eurovisión -alineada con el discurso aperturista del ministro Fraga y la estética del mal llamado “ milagro económico español”- servía para proyectar una imagen de país abierto, industrializado, en sintonía con la sociedad de consumo europea. La victoria de Salomé con “Vivo cantando” formaba parte de esta narrativa de éxito franquista, de la España moderna que el régimen quería mostrar al mundo. Pero las denuncias de manipulación en la votación llevadas a cabo por los países nórdicos, evidenciaron por primera vez que Eurovision había dejado de ser un escaparate cultural neutro para convertirse en una operación propagandística del franquismo anticomunista.

En adelante, la tensión entre la apariencia de neutralidad y el uso político explícito se convirtió en el principal rasgo del Concurso. Cada país aprendió que Eurovisión podía servir tanto para redefinir identidades nacionales como para proyectar afinidades ideológicas. El punto de inflexión definitivo llegó con la caída del Muro de Berlín. Durante las décadas anteriores, el certamen había ofrecido una imagen armoniosa de Europa, había sido un escaparate de «reconciliación» occidental: un instrumento propagandístico de unidad cultural frente al bloque comunista. Sin embargo, al desaparecer el enemigo externo -el comunismo soviético- se disolvió también la necesidad de esa fachada integradora. El escenario del festival se transformó, entonces, en una pugna por convertir la representación musical en un campo donde los Estados competían por visibilidad política, prestigio internacional y en ocasiones hasta reivindicación geopolítica. La supuesta y antigua hermandad europea dio paso a estrategias de propaganda nacionalista: uso de símbolos patrios, narrativas históricas palingenesicas y votaciones marcadas por afinidades geopolíticas ajenas a criterios musicales. Durante los años noventa esta deriva se acentuó con la aparición de nuevos Estados procedentes del desmembramiento de la URSS y Yugoslavia.

Veremos este nuevo marco situándolo en tres momentos históricos y tres casos distintos:

El primero en 2008-2009: cuando los efectos de guerra ruso-georgiana se trasladan al festival. Rusia envía a Dima Bilán (2008) y luego, tras la invasión de Osetia del Sur, Georgia responde en 2009 con «We Don’t Wanna Put In», un tema cuyo estribillo era un juego de palabras velado contra Putin. La UER obligó a retirarlo por «contenido político». Fue la primera vez que se admitió oficialmente que existía «contenido político» en Eurovisión.

El segundo momento se produce en 2014-2016, durante la anexión de Crimea y la guerra del Donbás. Ucrania envía en 2016 a la cantante Jamala con «1944», una canción sobre la deportación de los tártaros crimeos por Stalin. El contenido emocional del mensaje y la identidad de Jamala -elegida por ser descendiente de tártaros crimeos- se empleaban para intentar ocultar el mensaje anti ruso. Rusia lógicamente protesta, la UER declara que la canción no violaba las normas del concurso: “no es política», se afirmaba, porque habla de 1944, no de 2014. Las votaciones se prepararon para que ganase Ucrania como finalmente sucedió. Y La reacción rusa fue inmediata. Consideró la votación una maniobra política disfrazada de resultado artístico. Los medios rusos calificaron la victoria ucraniana de “acto de rusofobia cultural” y de manipulación del voto. Consecuentemente Rusia, para evidenciar su protesta, dejó de participar durante años.

El último momento se sitúa entre 2019 y 2024. Es el punto de inflexión definitiva en la historia política del Festival de Eurovisión. En 2019, durante la edición celebrada en Tel Aviv coincidente con la campaña electoral de Netanyahu, que buscaba su reelección en un contexto de desgaste político y acusaciones de corrupción, Netta canta «Toy». Madonna -invitada externa para reactivar el prestigio perdido del certamen- decide actuar con bailarines que llevan banderas palestinas e israelíes en la espalda. El gesto, abiertamente político fue un instante fugaz, inmediatamente censurado por la realización televisiva oficial, que intentó cortar la imagen antes de que cobrara visibilidad. Cinco años después, en 2024, con la genocidio de Gaza en su momento más intenso y ante la avalancha de peticiones para excluir a Israel del certamen —idénticas a las que en 2022 llevaron a la expulsión de Rusia tras la invasión de Ucrania- la UER decidió mantener la participación israelí. La decisión reveló una grave contradicción que ya está definitivamente instalada en la opinion pública europea : cuando se trataba de un país con respaldo occidental, la institución apelaba al “carácter no político” del concurso; cuando el agresor- pese a ser europeo- era percibido como enemigo geopolítico de Europa, se aplicaba la exclusión inmediata.

dimanche 20 avril 2025

Operación Gladio: cómo la CIA y la OTAN llevaron a cabo ataques terroristas en Italia

 FUENTE: https://nuevarevolucion.es/operacion-gladio-como-la-cia-y-la-otan-llevaron-a-cabo-ataques-terroristas-en-italia/

A pesar de que estos hechos impactantes fueron expuestos hace 30 años y afectaron a todos los gobiernos europeos de la OTAN, siguen siendo en gran medida desconocidos fuera de Italia.

Por Massimo Innamorati | 21/01/2025

En 1990, el primer ministro italiano Giulio Andreotti se vio obligado a revelar la existencia de una vasta red paramilitar clandestina que operaba en Italia desde hacía décadas bajo el mando de la OTAN . Esta red, llamada Gladio, había sido responsable de varios atentados terroristas que habían causado cientos de víctimas civiles, así como de dos intentos de golpe de Estado (1964 y 1970).

Estas revelaciones, que implicaban a muchos países europeos, entre ellos Gran Bretaña y Estados Unidos, dieron lugar a una serie de investigaciones nacionales y durante meses provocaron una tormenta política internacional que compitió con la Guerra del Golfo por conseguir atención en la prensa. Sin embargo, hoy esas revelaciones parecen haber sido borradas de la memoria histórica.

Sin duda, las lecciones políticas que se deben extraer de estos acontecimientos son la razón de su eliminación. Los acontecimientos de la Operación Gladio demostraron cómo responde la burguesía imperialista cuando siente que su dominio está amenazado, incluso si la oposición juega según las reglas de las propias instituciones de la burguesía.

Raíces de la operación

Durante la mayor parte del siglo XX, los comunistas en Italia gozaron de un apoyo masivo, siendo reconocidos como la primera línea de la resistencia partidista contra el fascismo , y el Partido Comunista Italiano (PCI) creció hasta tener más de dos millones de miembros (más que cualquier otro partido en Europa durante la mayor parte del período de posguerra), obteniendo más del 34 por ciento del voto electoral en su apogeo y desempeñando un papel clave en la vida social y cultural de la clase trabajadora.

Tras la caída del fascismo, el PCI contó también con el apoyo de miles de hombres y mujeres armados, antiguos miembros de la resistencia partisana y también de las fuerzas policiales de la nueva república. Si bien esa base podría haberse movilizado para hacer avanzar la posición de la clase obrera, el líder del PCI, Palmiro Togliatti, optó por mantener la línea de guerra de un frente único con las fuerzas democrático-burguesas, que se había establecido como parte de la lucha contra el fascismo.

Según su línea, que convertía de manera oportunista el frente único de una táctica antifascista en un principio general, el partido debía obtener el poder por medios parlamentarios burgueses y sólo entonces sus fuerzas armadas serían movilizadas defensivamente. Pero para la burguesía incluso estas condiciones eran inaceptables.

Esta fue la situación en la que el imperialismo intentó montar una ofensiva aprovechando las fuerzas más reaccionarias de la sociedad italiana: el fascismo, la mafia y la Iglesia.

Tras el desembarco aliado en Sicilia en 1943 durante la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos había reclutado los servicios de la mafia a través de la Operación Underworld. En 1945, el comandante fascista Príncipe Junio ​​Valerio Borghese, que había sido capturado por los partisanos y estaba a la espera de ser ejecutado, fue rescatado por la predecesora de la CIA (la OSS) y absuelto de sus crímenes de guerra.

Muchos de estos casos de colaboración permitieron a Estados Unidos establecer una red de agentes fascistas en el país que podrían emplear como fuerzas anticomunistas. Licio Gelli fue otro de los camisas negras fascistas que escapó de la justicia partidaria gracias a la protección de Estados Unidos. Más tarde, la CIA le encargó que dirigiera el ala política secreta de Gladio, una sociedad secreta conocida como Propaganda Due o P2, que fue descubierta en 1981 y que contaba con más de 900 miembros, entre los que se encontraban altos oficiales del ejército, la policía y los servicios secretos, así como industriales, políticos y jueces (uno de los miembros más conocidos fue el ex primer ministro Silvio Berlusconi).

En las elecciones de 1948, las primeras desde la caída del fascismo, compitió el Frente Democrático Popular (FDP) del PCI contra los Demócratas Cristianos (DCI), respaldados por Estados Unidos. Aunque aparentemente se le dio al pueblo la opción de elegir entre dos coaliciones, en la práctica quedó claro que la elección era entre la continuación del gobierno burgués bajo el DCI o la guerra civil, ya que la dirección del DCI dejó en claro que no concedería la victoria al PCI ni siquiera si obtenía la proporción necesaria de votos.

Tras las revelaciones de los años 90, el presidente Francesco Cossiga admitió que la DCI había creado su propia organización paramilitar, lista para entrar en acción en caso de una victoria comunista, y que él mismo estaba “armado hasta los dientes”.

La victoria del DCI en estas elecciones dudosas, caracterizadas por una tremenda injerencia norteamericana , fue seguida por una larga serie de protestas, durante las cuales más de 60 trabajadores, la mayoría de ellos comunistas, fueron asesinados por el Estado. El líder del PCI, Togliatti, sobrevivió a un intento de asesinato durante este período, pero mientras los militantes comunistas se rebelaban, Togliatti llamó a la calma.

Ya en los años 50, los “Gladiadores” (como se denominaba internamente a los agentes de Gladio) empezaron a recibir entrenamiento en Gran Bretaña y armas de los Estados Unidos. Se hicieron planes para iniciar un conflicto e incluso invadir el país si los comunistas ganaban las elecciones o se les permitía participar en algún gobierno. Se instaló una base de Gladio en Cerdeña donde los gladiadores podían recibir entrenamiento británico y estadounidense.

A medida que la organización de la clase trabajadora aumentaba y el PCI continuaba ganando mayor apoyo en las elecciones siguientes, amenazando finalmente el monopolio del DCI en los puestos del gabinete en 1963, la clase dominante dependió de sus activos de Gladio para responder con una violencia cada vez mayor, tanto de manera dirigida como indiscriminada.

Golpes de Estado, atentados y asesinato de Aldo Moro

En 1963, por primera vez en la historia de la República, la DCI tuvo que ceder puestos en el gabinete al Partido Socialista Reformista (PSI) y al PCI. Preocupada por que el líder de la DCI, Aldo Moro, estuviera haciendo demasiadas concesiones al PSI reformista, un sector de la burguesía organizó un golpe de Estado conocido como «Piano Solo», con la colaboración de la CIA, el jefe de la policía paramilitar De Lorenzo y los servicios secretos italianos, encargados de dirigir las operaciones de Gladio bajo el mando del coronel Renzo Rocca.

La primera fase del golpe consistió en atentados con bandera falsa contra las oficinas de la DCI, de los que se atribuyó la culpa a grupos comunistas. La segunda fase, en junio de 1964, comenzó bajo la apariencia de un desfile militar. Después del desfile, las tropas permanecieron en Roma con el falso pretexto de «cuestiones logísticas», preparándose para llevar a cabo el golpe. Tras una reunión entre Aldo Moro y el general De Lorenzo, el golpista, el gobierno anunció la intención del PSI de renegar de muchas de sus demandas reformistas. Esta genuflexión ante la clase dominante por parte del PSI socialdemócrata fue suficiente para calmar la situación y abortar el golpe.

A finales de los años 60, cuando la lucha de clases se intensificó, las huelgas masivas exitosas permitieron a la clase obrera italiana obligar al Estado a hacer varias concesiones, entre ellas, protección legal contra el despido por razones políticas (como la actividad sindical) y protección contra la vigilancia en el lugar de trabajo. Al mismo tiempo, los operadores de Gladio llevaron a cabo varias acciones terroristas.

Una de ellas fue la masacre de la Piazza Fontana (1969), un atentado indiscriminado contra los trabajadores agrícolas del Banco Nacional de Agricultura. En un principio se atribuyó la acción a grupos anarquistas, pero, aunque más tarde se descubrió a los autores fascistas, ninguno fue castigado. Como testificó más tarde Vincenzo Vinciguerra, miembro de la organización fascista responsable, Ordine Nuovo (Orden Nuevo):

“Había que atacar a los civiles, a la población, a las mujeres, a los niños, a gente inocente, a gente desconocida, alejada de cualquier juego político. El motivo era muy sencillo: se pretendía obligar a esa gente, a la opinión pública italiana, a dirigirse al Estado para pedir más seguridad.

“Éste fue precisamente el papel de la derecha en Italia: ponerse al servicio del Estado, que creó una estrategia llamada acertadamente “Estrategia de la tensión”, en la medida en que tuvo que hacer aceptar a la gente común que en cualquier momento durante un período de 30 años, desde 1960 hasta mediados de los años ochenta, podía declararse el estado de excepción.

“Así, la gente estaría dispuesta a cambiar parte de su libertad por la seguridad de poder caminar por la calle, viajar en tren o entrar en un banco. Ésta es la lógica política que se esconde detrás de todos los atentados. Quedan impunes porque el Estado no puede condenarse a sí mismo.” [1]

En documentos desclasificados de la P2, Renzo Rocca también afirmó: “Una acción anticomunista eficaz y global… requiere la creación de grupos activistas, grupos de jóvenes, pandillas que puedan utilizar todos los métodos, incluidos los no ortodoxos como la intimidación, las amenazas, el chantaje, las peleas callejeras, los asaltos, el sabotaje y el terrorismo”. [2]

En el frente político, la clase dominante también encargó al ex fascista y agente de la CIA Junio ​​Valerio Borghese que liderara otra operación golpista en diciembre de 1970. Bajo el nombre clave Tora Tora, varios grupos armados se reunieron en Roma y Milán con el plan de ocupar edificios gubernamentales, arrestar a figuras políticas y reprimir la resistencia en zonas obreras.

Pero el golpe fue abortado en el último momento en circunstancias misteriosas. El agente de la CIA y mafioso Tommaso Buscetta especuló más tarde que el golpe había sido detenido debido a la presencia de barcos soviéticos en el Mediterráneo. De hecho, durante las investigaciones sobre la masacre de Gladio en Piazza Fontana, se supo que el golpe había sido abortado por órdenes de los EE.UU.

Durante las investigaciones también se descubrió la complicidad de la sociedad secreta P2 y de los grandes grupos mafiosos. De los más de 100 conspiradores, todos fueron finalmente absueltos, mientras que el líder del golpe Borghese pudo huir a España, demostrando una vez más la complicidad de todas las instituciones del Estado burgués.

Tras las elecciones de 1976, el PCI y el DCI estaban empatados, obteniendo alrededor del 34% y el 38% de los votos respectivamente. Incapaz de marginar legítimamente al PCI en ese momento, el líder del DCI, Aldo Moro, se abrió a la teoría revisionista del PCI de lo que llamó el «Compromiso Histórico» (Compromesso Storico).

Esta teoría, creada por el líder del PCI Enrico Berlinguer, sostenía que la experiencia chilena del líder marxista Salvador Allende, que había sido asesinado en un golpe de estado tras su victoria electoral, demostraba la necesidad de que los comunistas impidieran una alianza entre el “centro” y la “derecha” burguesa “colaborando con fuerzas de orientación católica u otra orientación democrática”. [3]

En otras palabras, el PCI pretendía cortejar al ala “moderada” de la burguesía para impedir que se aliara con los golpistas fascistas (lo que no sabía era que todos los jefes de gobierno habían sido informados secretamente de Gladio, y más tarde incluso Bettino Craxi del supuestamente “izquierdista” PSI).

Para este propósito, el partido rompió oficialmente sus vínculos con el Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), dando paso a la tendencia corrupta y traidora del eurocomunismo.

A pesar de la debilidad de esa posición antimarxista, el gobierno estadounidense seguía insistiendo ante Moro en que no se toleraría ninguna apertura hacia el PCI. No obstante, Moro decidió desafiar las directivas estadounidenses e incluir al PCI en su gobierno. Sin embargo, el 16 de marzo de 1978, Moro fue secuestrado y asesinado después de 55 días de cautiverio por el grupo guerrillero urbano comunista conocido como las Brigadas Rojas (BR).

Los BR pensaron que acorralando a la DCI podrían hacer estallar las contradicciones entre la base proletaria del PCI y su dirección oportunista. Sin embargo, el PCI se mantuvo firme junto a la DCI y al Estado al negarse a cualquier compromiso para rescatar a Moro. Cerca del momento de su ejecución, Moro, que comprendió que las instituciones del Estado no tenían intención de organizar su liberación, exigió que nadie de su propio partido, la DCI, pudiera asistir a su funeral.

Un informe oficial de 1995 afirmaba que las Brigadas Rojas habían sido convertidas en instrumentos de un complot político más amplio. En 1979, Carmine Pecorelli, periodista de investigación y miembro de la P2, fue asesinado por la mafia por su trabajo, lo que indicaba la complicidad del Estado en el caso Moro (el líder de la DCI, Andreotti, fue posteriormente juzgado y condenado por ordenar el asesinato, pero fue absuelto en 2003).

Hasta el día de hoy, el panorama completo del caso de Moro sigue siendo oscuro. No obstante, es revelador comparar el caso de Moro con el secuestro del oficial de la OTAN estadounidense James L. Dozier por parte de los BR en 1981. En el caso de Dozier, el Estado movilizó todas las fuerzas e incluso llevó a cabo una campaña de tortura salvaje contra los brigadistas encarcelados, con el fin de lograr la liberación del cautivo.

El terrorismo de Estado continuó, a menudo con motivos poco claros, y alcanzó su punto álgido en la masacre de la estación de trenes de Bolonia en los años 80. Un grupo de fascistas atacó a la gente que esperaba en la sala de espera de la clase económica y colocó una bomba que mató a más de 80 personas. El jefe de la P2, Licio Gelli, fue acusado de intentar desbaratar las investigaciones, mientras que los dos fascistas encarcelados por el crimen, Francesca Mambro y Valerio Fioravanti, fueron liberados en 2004 y 2008. Aunque admitieron otros asesinatos, siguen negando cualquier implicación en la masacre de Bolonia.

El revisionismo del PCI acabó dando sus frutos amargos. El número de miembros del partido había ido disminuyendo de forma lenta y constante desde el XX Congreso del PCUS de 1956, en el que Nikita Khrushchev denunció el legado de Stalin . Creció en la década posterior a las exitosas luchas de finales de los años 1960, pero volvió a declinar a partir de finales de los años 1970.

En aquella época, el ritmo acelerado de las exportaciones de capital, que trasladaban al exterior una proporción cada vez mayor de la producción, estaba llevando a un desempoderamiento constante del proletariado en todos los países imperialistas occidentales. Durante los años eurocomunistas de 1980, el PCI perdió apoyo y finalmente se liquidó con la caída de la URSS en 1991.

Tras estos acontecimientos, la estrategia de tensión y terrorismo de Estado también llegó a su fin.

Cómo se deshizo el nudo

A partir de los años 60, los funcionarios de la OTAN comenzaron a cultivar relaciones con organizaciones terroristas fascistas como Ordine Nuovo (ON), entre otras. En esa época, ya se había formado una división dentro del campo fascista entre los llamados «fascistas» y los «neofascistas». Los primeros acusaban a los segundos de traicionar al fascismo al convertirse en agentes de la OTAN y del régimen liberal burgués.

Estos fascistas, a diferencia de los «neofascistas», expresaban una posición estrictamente nacionalista burguesa y consideraban al régimen liberal de posguerra como un enemigo (a pesar de que tanto los estados fascistas como los liberales eran formas de gobierno burgués). Como resultado, también entraron ocasionalmente en conflicto armado con las fuerzas estatales. A este grupo pertenecían Valerio Fioravanti, su esposa Francesca Mambro y Vincenzo Vinciguerra.

En 1972, Vinciguerra colocó una bomba en la ciudad nororiental de Peteano (muy cerca de la frontera con Eslovenia) que mató a tres policías, una acción que él consideraba parte de una lucha contra el Estado y una ruptura con el movimiento neofascista que estaba “dirigido por el Estado y los poderes internacionales”. Esta acción fue encubierta por un agente de la ON que operaba dentro de las fuerzas policiales y reutilizada como una operación de bandera falsa.

Durante diez años estuvo atribuido oficialmente a un grupo militante comunista, hasta que el juez de instrucción Felice Casson, al revisar el caso, descubrió sus irregularidades y ordenó la detención de Vinciguerra.

La desilusión de Vinciguerra con el «neofascismo» de ON lo motivó a revelar lo que sabía sobre la operación Gladio, la naturaleza organizada de la violencia política y el terrorismo y los vínculos profundos e insolubles entre las organizaciones fascistas y el aparato estatal italiano. Sus declaraciones se destacan porque no fueron realizadas a cambio de una reducción de la pena, sino por convicción política.

Fue el trabajo del juez Casson el que acabó implicando al propio primer ministro Andreotti. Las revelaciones de Andreotti también introdujeron una narrativa oficial, según la cual esta red secreta existía para “ser activada en caso de agresión soviética”. De hecho, la clase obrera italiana organizada era el objetivo de la operación, que no estaba latente sino extremadamente activa, y la clase dominante italiana y sus amos imperialistas estadounidenses estaban dispuestos a calificar cualquier avance de los trabajadores de “intervención soviética”.

A principios de los años 90, cuando la batalla legal se intensificó, Andreotti se dio cuenta de que sus superiores podrían estar preparándose para sacrificarlo como chivo expiatorio para poner fin al creciente escándalo. Para protegerse, comenzó a quitarle la alfombra a otros funcionarios estatales involucrados, así como a los gobiernos de Estados Unidos y otros países europeos. Se reveló que la CIA había distribuido alijos de armas por todo el país para que las usaran gladiadores seleccionados ideológicamente. Además, los líderes de todos los países de la OTAN estaban al tanto de las reuniones de Gladio y habían participado en ellas .

Al final, incluso el Parlamento Europeo se vio obligado a reconocer la existencia de Gladio, sus vínculos con los servicios secretos europeos, la OTAN y los Estados Unidos, así como sus arsenales de armas. En 1990, una resolución exigía que se realizaran investigaciones parlamentarias en todos los Estados miembros, así como procesos judiciales y el desmantelamiento de todas las redes de Gladio. Como era de esperar, ninguna de esas demandas se llevó a cabo.

Una profunda lección política

La Operación Gladio demuestra claramente el vínculo inquebrantable que existe entre el poder burgués y las instituciones burguesas, que la clase dominante está dispuesta a proteger mediante los crímenes más atroces. También pone al descubierto los cuentos de hadas revisionistas sobre «vías parlamentarias al socialismo» como ingenuos e idealistas temerarios.

Mientras el Partido Comunista italiano se ocupaba de la reconciliación de clases, el Estado burgués llevaba a cabo acciones terroristas para evitar incluso reformas socialdemócratas moderadas. Mientras el revisionismo quería dejar de lado el antagonismo de clases, la clase dominante nunca cuestionó ni por un momento su necesidad de aplastar a la clase obrera organizada por cualquier medio necesario.

Al promover la idea de que el parlamento burgués podía ofrecer a los trabajadores un camino hacia el socialismo, el PCI no sólo desvió las energías de sus miembros y del movimiento en general, sino que también concedió un argumento ideológico central de la burguesía: que la democracia formal que se había restaurado después de la guerra era lo suficientemente buena para todas las clases. En el contexto de una militancia generalizada de la clase obrera, no es difícil entender que la renegación de la dirección del PCI contribuyó a la formación espontánea de grupos guerrilleros urbanos comunistas como las Brigadas Rojas, que al final estaban desesperadamente mal equipados para participar en una confrontación prolongada con el Estado.

Los acontecimientos de Gladio también pusieron de manifiesto la íntima relación entre el Estado, las organizaciones fascistas y la mafia. Estas últimas eran instrumentos utilizados en la lucha de clases, a veces sin saberlo, pero a menudo con complicidad explícita. Se podía confiar en ellas para llevar a cabo operaciones que las fuerzas estatales oficiales no podían permitirse asumir sin dañar su legitimidad, como ataques violentos contra trabajadores y manifestantes e incluso actos de terrorismo.

Esta actividad requería un apego ideológico inquebrantable a la clase dominante y un desprecio absoluto por el proletariado (es decir, anticomunismo). Por esta razón, surgió un sistema de dos capas dentro de las instituciones estatales italianas, una de las cuales era encubierta y operaba sobre una base anticomunista y otra que abierta pero ciegamente buscaba defender nociones burguesas de legalidad y democracia que, de hecho, ya no eran sostenibles ni siquiera para la propia burguesía.

Fueron las contradicciones dentro del propio sistema burgués las que finalmente llevaron a los activos fascistas como Vinciguerra a volverse contra el Estado. La clase dominante pretendía representar los intereses de «la nación», pero en realidad actuó como un voluntario asistente de una burguesía extranjera más fuerte con el fin de mantener su lugar en la mesa del capital financiero global y su papel en la cadena imperialista. Esto alienó a los elementos pequeñoburgueses del movimiento fascista que adherían a un nacionalismo puramente idealista muy similar a los «pequeños ingleses» que imaginan que hay algún camino de regreso a los «días de gloria» del imperio británico.

Para las masas italianas, estos acontecimientos expusieron la perversidad de las instituciones estatales y la vacuidad de su democracia. Nociones como el «estragismo di stato» (doctrina de las masacres estatales) ganaron popularidad y quedaron grabadas en la comprensión popular de la historia italiana. El papel de liderazgo de la CIA en la supervisión de la Operación Gladio expuso la naturaleza limitada de la soberanía italiana desde la Segunda Guerra Mundial, y de los países de Europa occidental en general.

Si queremos honrar a los trabajadores que perdieron la vida durante esas décadas, y si queremos evitar una repetición de las terribles calamidades causadas a nuestro movimiento por la traición revisionista, debemos recordar y difundir la conciencia de la memoria de esta historia y sus profundas lecciones.


Notas:

[1] Allan Francovich, entrevista con Vinciguerra para BBC2 Timewatch, 1992.

[2] Informe sobre la masacre de Piazza della Loggia expediente n. 1962-2-21-32: “Aspetti dell’azione anticomunista in Italia e suggerimenti per attuare una politica anticomunista”.

[3] Enrico Berlinguer, Riflessioni sull’Italia dopo i fatti del Cile , publicado en Rinascita, 12 de octubre de 1973.

 

samedi 8 février 2025

Centenares de mujeres violadas y quemadas en los combates en República Democrática del Congo

 Fuente: https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/centenares-mujeres-violadas-quemadas-combates-republica-democratica-congo_1_12027740.html

“Las violaron a todas y luego prendieron fuego al ala de mujeres de la prisión. Después murieron todas”, ha señalado la jefa adjunta de la misión de paz de la ONU en República Democrática del Congo 

Cientos de mujeres fueron violadas y quemadas vivas durante el caos desatado tras la entrada de un grupo rebelde apoyado por Ruanda en la ciudad congoleña de Goma la semana pasada.

Las reclusas fueron atacadas en su ala dentro de la prisión Munzenze de Goma durante una fuga masiva, según un alto funcionario de la ONU. 

La jefa adjunta de la fuerza de mantenimiento de la paz de la ONU con base en Goma, Vivian van de Perre, declaró que mientras varios miles de hombres consiguieron escapar de la prisión, la zona reservada a las mujeres fue incendiada.

Las imágenes tomadas poco después de que los rebeldes del M23, apoyados por Ruanda, alcanzaran el centro de Goma mostraban enormes columnas de humo negro que se elevaban desde la prisión en la mañana del 27 de enero.

Aunque los detalles del incidente son escasos, la atrocidad parece ser la peor del reciente conflicto liderado por el M23 en el este de la República Democrática del Congo (RDC). Sin embargo, las fuerzas de paz de la ONU no han podido visitar la prisión para investigar más a fondo debido a las restricciones impuestas por los rebeldes del M23, lo que significa que la identidad de los autores sigue sin estar clara.

El martes se supo que unos 2.000 cadáveres seguían a la espera de ser enterrados en Goma después de que los combatientes del M23 tomaran la ciudad, capital de la provincia de Kivu Norte, el 27 de enero.

Van de Perre, que ahora se encuentra en Goma con miles de tropas de mantenimiento de la paz de la ONU desplegadas para proteger a los ciudadanos, declaró: “Hubo una gran fuga de 4.000 presos. También había unos cientos de mujeres en esa prisión”.

“Las violaron a todas y luego prendieron fuego al ala de mujeres. Después murieron todas”, añadió.

Esta semana, la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH) advirtió de que los grupos armados rivales estaban utilizando la violencia sexual como arma de guerra en Goma.

La ciudad, donde viven más de un millón de personas, está bajo el control total de las fuerzas del M23. Pero en un acontecimiento imprevisto a última hora del lunes, la milicia anunció un “alto el fuego” unilateral.

Hasta entonces, se temía que Ruanda estuviera decidida a arrebatar más territorio a su vasto vecino, ya que las fuerzas del M23 se dirigían constantemente hacia el sur, en dirección a Bukavu, capital de la provincia de Kivu del Sur, a 190 kilómetros de Goma.

La coalición político-militar Alianza del Río Congo, de la que forma parte el M23, anunció en un comunicado que “no tiene intención de tomar el control de Bukavu ni de otras localidades”.

En respuesta a la noticia del inesperado alto el fuego. Van de Perre declaró: “Espero que siga así, porque ellos [el M23] ya se estaban moviendo en dirección a Bukavu con refuerzos y armamento pesado, que se puede ver pasar [por] las calles de Goma.

“Si se retiran, es una buena noticia. De lo contrario, tendremos un nuevo enfrentamiento con la posibilidad de miles de muertos más”.

Dijo que el M23 podría haber recapacitado repentinamente tras la llegada de refuerzos de Burundi a Bukavu y la utilización de un aeropuerto cercano por parte de la fuerza aérea congoleña.

“Los burundeses han enviado 2.000 soldados más a Bukavu y son muy buenos combatientes. Creo que el M23 se está replanteando sus próximos pasos”, explica la jefa adjunta de la misión de la ONU.

A pesar de las pruebas, Ruanda niega estar respaldando al M23 o que sus fuerzas hayan cruzado al este de R.D. Congo.

Sin embargo, Van de Perre, que forma parte de la fuerza de mantenimiento de la paz de la ONU conocida como Monusco, afirmó que sus colegas habían visto a soldados ruandeses durante las patrullas, un comportamiento tan descarado que sugiere que no les preocupan las repercusiones internacionales.

Van de Perre instó al Consejo de Seguridad de la ONU a aumentar la presión sobre Ruanda. “Realmente necesitamos volver a la mesa de negociaciones. Y eso sólo es posible si los miembros del Consejo de Seguridad y otros países importantes ejercen suficiente presión sobre Ruanda y R.D. Congo”, afirmó.

Anteriormente, otro alto funcionario de la ONU había especulado con que el vecino de la RDC quería anexionarse un trozo de RDC mayor que la propia Ruanda. “Se trata de una política a largo plazo para conseguir que la zona más amplia de Kivu pase a la esfera de influencia ruandesa y, más adelante, quede bajo control administrativo total”, afirmaron.

Antes de que se anunciara el alto el fuego a última hora del lunes, Van de Perre dijo que estaba preocupada por los informes de que los grupos se estaban preparando para un contraataque. “Ya tenemos noticias de que en algunos lugares la gente se está reuniendo y organizando”, declaró.

Van de Perre afirmó que mantiene un “diálogo constante” con los oficiales del M23 a cargo de Goma y que las condiciones humanitarias en la ciudad eran terribles. 

Dijo que era difícil cruzar la ciudad. “Ellos [el M23] nos permiten llevar comida y agua a nuestras bases, pero aparte de eso apenas podemos movernos”. 

 

 

lundi 9 décembre 2024

Sur Cioran: stratégie "littéraire" du fascisme roumain au nihilisme bon teint (bourgeois occidental)

 Source (extrait): https://jeune-nation.com/kultur/culture/commentaire-sur-codreanu-et-emil-cioran-par-yurie-rosca

Oui, il est l’un des brillants disciples du professeur de philosophie et de logique, le grand publiciste et doctrinaire du nationalisme Nae Ionescu, avec Mircea Eliade, Mircea Vulcănescu, Constantin Noica, Petre Țuțea, et bien d’autres. Oui, il a écrit un essai célèbre sur le Capitaine Corneliu Codreanu en 1940 deux ans après son assassinat.  Son livre  « La Transfiguration de la Roumanie » écrit en 1936 dans un style radicalement nationalisé le met mal à l’aise une fois parti en France, il préfère s’en distancier. Réfugié en France, il a préféré faire carrière en tant que philosophe « français », c’est-à-dire un philosophe qui a renoncé au Christ, à la tradition orthodoxe et au roumanisme,  errant dans la nébuleuse du nihilisme occidental. Il a renié sa jeunesse d’admirateur du mouvement légionnaire et s’est rendu célèbre en abandonnant sa propre nation au profit d’une identité artificielle et d’une attitude politiquement correcte. Après la chute du communisme, j’ai lu environ trois de ses livres, mais j’ai été dégoûté par sa polémique avec Saint Paul, ainsi que par sa prétention à rivaliser avec les auteurs français modernes en esthétisant le désespoir, le néant, le dégoût de tout, etc. 

En d’autres termes, Cioran est un snob très doué, un conformiste avec un talent remarquable qui a nié sa propre identité religieuse, ethnique et culturelle pour satisfaire la fierté de l’auteur français accepté dans les salons littéraires de Paris comme un philosophe raffiné qui pratique sa plume dans une sorte de décadence si chère aux Français. Et clairement, lorsqu’il répand la modernité ou les maladies de la société dans laquelle il s’est intégré, il le fait d’un point de vue profondément «moderne» de l’école européenne des rationalistes et des illuministes qui ont irrémédiablement déformé la culture traditionnelle française. 

Contrairement à ses collègues de l’autre génération, Cioran est devenu célèbre, mais c’est en niant son propre passé et les valeurs qu’il professait au profit d’une renommée de philosophe subtil et de connaisseur raffiné de la langue française. Peut-être que les Français ont gagné un auteur supplémentaire, mais le courant de pensée nationaliste roumain a perdu une plume redoutable. 

Yurie Roșca 

dimanche 8 décembre 2024

Panteras Negras comunistas en Madrid

 FUENTE: http://www.agenteprovocador.es/publicaciones/una-pantera-negra-en-el-madrid-franquista-27hd7

Militante de los Panteras Negras en una mesa de propaganda (1969). Fotografía: David Fenton Militante de los Panteras Negras en una mesa de propaganda (1969). Fotografía: David Fenton                                                                                                                                                                                                                      

En 1967 Roberta Alexander, militante de Panteras Negras, dio un mitin en la universidad madrileña contra la guerra de Vietnam. El acto acabó con cargas, banderas comunistas y disturbios en las calles del centro. Tras cantar «We shall overcome» en los sótanos de la DGS fue expulsada del país.

 
    Es un capítulo insólito de la disidencia franquista en el corazón del franquismo: una militante negra de los por entonces recién constituidos Panteras Negras que dio un mitin en una universidad madrileña y que, durante varias semanas, tuvo en jaque el franquismo. Su testimonio nos habla de los famosos «saltos» (quedadas con intención de manifestarse que duraban minutos hasta que llegaba la policía armada y dispersaba a sangre y fuego), pero también del ímpetu de los estudiantes radicalizados, que no dudaron en tomar el campus y manifestarse ante las instituciones de Estados Unidos en Madrid para protestar por la guerra de Vietnam, convertida en la gran causa internacionalista de la segunda mitad de los sesenta. 


DEL PACIFISMO DE BERKELEY AL MADRID DE LOS GRISES


    Roberta no era una recién llegada a la militancia. Antes de entrar en los Panteras había participado en el Free Speech Movement, el movimiento por los derechos civiles surgido en Berkeley. Sin embargo, su visita a España en plena dictadura fue una experiencia que le impactó. No sabía nada de nuestro país. Estaba fascinada por la Guerra Civil y el papel de las Brigadas Internacionales (su tío había pertenecido a la Brigada Lincoln, formada totalmente por negros), pero poco más.                                                                                                                                                 

    No viajó sola. La acompañaban dos amigas, todas ellos comunistas. Tras una gran travesía en barco (salió de Nueva York y, después de hacer escala en Dover, llegaron a Le Havre, Francia, desde donde tomaron un tren y se plantaron en Madrid), llegó como estudiante de intercambio de la Facultad de Filosofía y Letras, lo cual le daba cierta protección. Al fin y al cabo era extranjera nacional de un país como Estados Unidos, con el que a partir de 1960 el franquismo, consciente de la necesidad de buscar una apertura económica, firmó un acuerdo comercial. Franco intentaba «normalizar» sus relaciones internacionales. Entre otras cosas, el pacto supuso la publicación de numerosos escritores estadounidenses a través del Servicio de Informaciones de los Estados Unidos de la Embajada (John Dos Passos, Ernest Hemingway, William Faulkner, Erskine Cladwell, John Steinbeck, James T. Farrell, Pearl S. Buck o John P. Marquand, entre otros). Nada más llegar, fue recibida por Carlos Blanco, marxista, escritor, crítico literario y director del programa de intercambio. Entonces Roberta no sabía que él sería fundamental en los sucesos que estaban por venir. Las primeras semanas fueron extrañas. Estaba decidida a implicarse en el activismo político a pesar de la represión, pero no lograba dar con grupos izquierdistas. «Al principio no pude encontrar a la gente política, porque los estudiantes tiraban unas octavillas y desaparecían, había una manifestación y desaparecían, no era capaz de averiguar quién estaba detrás, conocer a alguien», contó a Luis Martín-Cabrera, en una entrevista publicada en Rebelión en octubre de 2011. Carlos Blanco, secretamente, organizaba a los estudiantes, que planeaban un boicot a la visita de Ronald Reagan a Madrid. Irían hasta el aeropuerto a recibirlo con pancartas, pero finalmente el viaje se canceló. Sin dudarlo, algunas mañanas colocó varias mesas informativas a la entrada de la facultad que denunciaban la guerra. Fue entonces cuando, para presionar al gobierno español para que no renovase sus acuerdos con Estados Unidos en el uso de sus bases militares en España, sobre todo en Torrejón de Ardoz, se organizó una campaña contra la guerra de Vietnam y el imperialismo que daría comienzo el 28 de abril.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                  

LA PANTERA NEGRA QUE HABLÓ A LOS ESTUDIANTES MADRILEÑOS


    Roberta, aunque con reservas, aceptó hablar en un mitin en la universidad. La idea era hacerlo solamente de Estados Unidos pero no hacer referencia alguna a Franco. Fuera, algunos grupos quemaban banderas de Estados Unidos, mientras la sala estaba a rebosar (entre 400 y 500 personas). Todos miraban hacia la puerta, a la espera de ver entrar a las fuerzas del orden. Roberta habló emocionada. El público, que tenía delante a una auténtica pantera, estalló en una gran ovación.
Al terminar, llegó lo que parecía casi inevitable:
 «Me estaba ya preparando para marcharme cuando un pequeño grupo de estudiantes, encabezados por Fini Rubio, se me acerca y me dice: “Te tienes que marchar por detrás de esos matorrales, tenemos un taxi esperándote; lo mejor es que te vayas un par de semanas a Andalucía hasta que se olviden de ti”. Aquello no parecía un plan muy prometedor [risas]. A mí no me había dado por pensar mucho más allá, no se me había ocurrido pensar que pasaría después del discurso, hasta que estos estudiantes me dijeron que tenían un taxi esperando por mí. En este sentido, era bastante ingenua. Sabía que el plan de Andalucía no iba a funcionar, por eso me fui a mi pequeño apartamento y después le hablé a mi amiga, Karen Winn, que todavía vivía en una pensión. Karen era rubia y Carol Watanabe de origen japonés. Las dos me habían ayudado a poner las mesas para la petición de firmas, pero no habían pronunciado ningún discurso. La mujer de la pensión de Karen nos dijo que la policía había venido a buscarnos y que les había dicho que volveríamos en cuatro horas para que tuviéramos tiempo de escaparnos. Hicimos las maletas rápidamente y llamamos a Carlos Blanco y le preguntamos: “¿Qué hacemos ahora?”. “Veniros inmediatamente a mi casa”, nos dijo. Agarramos un taxi justo a la hora de la siesta y, de repente, en la radio se escucha algo sobre “la chica de color, la rubia y la japonesa de Berkeley que han insultado a la hospitalidad española”. El taxista debía ser un tipo legal, porque miró por el retrovisor y se dio cuenta de quiénes eran sus clientas. Nos dejó en la casa de Carlos Blanco, donde pasamos 2 o 3 días. En casa de los Blanco se hizo evidente que no se iban a olvidar simplemente de nosotras, así que decidimos volver a nuestros respectivos lugares de alojamiento. Regresé a mi apartamento y allí me estaba comiendo un yogur cuando llamaron a la puerta dos hombres vestidos de paisano y dijeron: “¿Eres tu Roberta Alexander?”, lo cual era poco menos que una broma. Dije que sí y me dijeron que quedaba bajo arresto, pregunté por qué y me dijeron: “No sabemos por qué, la Embajada Americana nos lo ha mandado”».


DISTURBIOS EN EL CENTRO: EL PUÑO NEGRO SOBREVUELA LA CAPITAL


    Roberta estaba detenida, primera y última vez que una pantera negra fue arrestada en la España franquista. Sin embargo, mientras era conducida a comisaría en varios puntos de Madrid sucedían más cosas. El Diario de Burgos, en su edición del 29 de abril, narra así lo que pasó: 

Manifestación estudiantil en Madrid «contra la política de los Estados Unidos en el Vietnam» Parece que fueron jóvenes norteamericanos los que llevaron la iniciativa de la organización

Madrid (Cifra).— Esta ma­ñana se han reunido varios centenares de estudiantes en la Facultad de Ciencias Po­líticas y Económicas para manifestarse en contra de la política norteamericana en el Vietnam. En el aula donde tuvo lu­gar la reunión se habían desplegado banderas de Viet­nam del Norte, retratos del presidente Johnson y eslóganes contra la política y la acción de los Estados Uni­dos en el Suroeste asiático. Se leyeron recortes de pe­riódicos extranjeros sobre «bombardeos de población civil», declaraciones de Ho-Chi-Minh, del inglés Bertrand Russell y de un gru­po de llamados Intelectuales españoles que se adherían al acto. Una estudiante norte­americana de color, proce­dente de la Universidad de Berkeley, Roberta Alexander, que se encuentra en Espa­ña en régimen de inter­cambio universitario, se pro­nunció contra la interven­ción norteamericana en el Vietnam y se refirió a las discriminaciones raciales en Estados Unidos. Entre los asistentes a la re­unión se observaba un nú­mero elevado de estudiantes norteamericanos que realizan sus estudios en España en virtud de convenios estable­cidos para intercambio es­tudiantil. Se tiene entendido que ha sido de estos grupos de es­tudiantes de donde ha sur­gido la directiva para la preparación y organización de estas manifestaciones con­tra la política de su propio país en el Vietnam, buscan­do la colaboración de algu­nos estudiantes españoles. La estudiante Roberta Ale­xander había publicado re­cientemente una carta en el New York Herald Tribune en la que pretendía justifi­car los disturbios de Ma­drid. Confirmantes de la car­ta eran otras estudiantes norteamericanas Carol Batanave y Karen Win. Esta procede de la Universidad californiana de Berkeley y ha manifestado a una agencia extranjera en Madrid: «No intervendremos en la mani­festación porque si el pelo ru­bio se destaca demasiado», aunque admitió que estu­diantes americanos habían intervenido en la organiza­ción de esta manifestación contra los Estados Unidos, por su política en el Viet­nam.

    Al acabar esta reunión, alrededor de un centenar de estudiantes encabezados por otros que llevaban pancar­tas contra el presidente Johnson y la política de los Es­tados Unidos, se dirigieron hacia la explanada de la Fa­cultad de Filosofía y Letras, donde quemaron unas bande­ras norteamericanas que lle­vaban pintadas y unos re­tratos dibujados del presi­dente Johnson. El humo producido por la hoguera se aproximó al grupo de la fuerza pública de servicio normal de orden, momento en que los estudiantes se dispersaron sin que hi­ciera falta requerimiento ni intervención de la autoridad. Por la tarde, alrededor de las ocho, algunos centenares de estudiantes, fraccionados en grupos reducidos, se situa­ron en los alrededores de la Embajada de los Estados Uni­dos sita en la calle Serra­no en un intento de ma­nifestación. La fuerza pú­blica custodiaba la repre­sentación política y, ante la actitud de algunos de los grupos de no disolverse a la vez que proferían gritos de «imperialistas», se vio obli­gada a dar algunas cargas. Los incidentes se fracciona­ron a lo largo de la calle de Serrano y afluentes a ella como, por ejemplo, el cruce de la citada calle con Goya, donde un pequeño gru­po pegó fuego a unos cuan­tos periódicos. También aquí la fuerza pública se vio obli­gada a intervenir, al igual que también lo hizo ante la actitud de otro grupo situa­do en la confluencia de las calles de Serrano y Hermosilla y en la de Claudio Coello con la Goya. Se sabe que a consecuencia de todas es­tas algaradas, la Policía ha realizado diversas detencio­nes. Las algaradas, de otro la­do, afectaron al tráfico de la zona, siempre muy inten­so y más a la hora en que aquéllas se produjeron con lo que hubo diversos tapo­namientos en la circulación. A primeras horas de la no­che, la normalidad se ha­bía restablecido totalmente.


 SUENA «WE SHALL OVERCOME» EN LA DIRECCIÓN GENERAL DE SEGURIDAD

    Continúa el relato la propia Roberta en su entrevista:

«Aunque parezca increíble caminamos desde mi apartamentito en Callao hasta la Puerta del Sol y en mi memoria incluso paramos para tomar un café. Qué raro, ¿no? Ahora me parece increíble, pero así es cómo lo recuerdo y cómo lo he contado, caminando con la policía franquista hasta la Puerta del Sol. En fin, me metieron en la Dirección General de Seguridad y realmente era como bajar a las mazmorras de un castillo. Me pusieron en una celda a mi sola y para aquel entonces estaba empezando a asustarme un poco, aunque Carlos nos había dicho que si nos arrestaban iba a estar pendiente de nosotras, era la única conexión que tenía con el mundo exterior que nos pudiera proteger en ese momento […] Me acuerdo de que alguien empezó a cantar una canción que me sonaba del movimiento, pero como soy de una generación norteamericana posterior, no la reconocí inmediatamente, pero empecé a tararearla con él y uno de los guardias vino enfadadísimo a decirme: “¿Por qué cantas esa canción?” Y ahí me di cuenta de que era “La internacional”. Mientras estuve detenida fingí cuanto pude que no podía hablar español, les decía, “no sé que es eso” y se iban. No me pasó nada ni físicamente ni en ningún otro sentido. Después alguien se dio cuenta de que había una americana en los calabozos. Yo no vi a otros prisioneros, pero aquello estaba lleno, porque habían detenido a un montón de gente justo antes del Primero de Mayo, eran arrestos preventivos. Entonces alguien empezó a cantar “We shall overcome” [el himno del Movimiento de los Derechos Civiles encabezado por Martin Luther King], ¡no pudieron hacernos callar y eso que cantábamos en inglés! Creo que era en inglés».
La embajada logró presionar para su puesta en libertad. Estuvo en arresto domiciliario a la espera de su deportación, que sucedió a comienzos de mayo. Una decena de grises la acompañó hasta el tren que la llevaría hasta Irún. En la estación de Madrid, al parecer, hubo algunas cargas contra estudiantes que se acercaron a despedirse de ella y protestar por su expulsión. En la frontera de Irún los agentes comprobaron que habían cruzado la frontera. Ya en Hendaya, un grupo de personas la esperaba con algo de dinero y el contacto de amigos en París, que también la ayudarían. En la capital francesa concedió una entrevista a la CBS y, ya en su país, su caso fue portada en Los Angeles Times

Roberta Alexander, en 1976

 Tiempo después, escribió una carta al director del Diario Ya, que se publicó en su sección «Verlo y... contarlo». Una estadounidense simpatizante del régimen había escrito una carta acusándola de deslealtad y traición. La respuesta es esta:  
 
Muy distinguido señor:

 Escribo esta carta como respuesta a la carta publicada en su periódico el catorce de junio que se refirió a la «mala conducta» mía y de las otras dos chicas expulsadas de España. No creo que entienda bien la señora que escribió la carta nuestra posición en cuanto a la guerra de Vietnam. Yo creo que el pueblo americano tene­mos que expresar nuestras opiniones siempre. Decimos que tenemos una democracia, pero hay que tener en cuenta que la palabra democracia no tiene ningún sentido sin la libertad de expresar opiniones diferentes. Los que criticamos el papel de los EE. UU. en la guerra y los que protestamos antes las injusticias de nuestra socie­dad no somos «defectos sociales» sino los verdaderos patriotas y demócratas. Pienso que el pueblo vietnamita, como todos los pueblos del mundo, tiene el derecho de determinar su propio gobierno sin la intervención militar de los EE.UU. ¿Quién reci­be las ventajas y quién paga el pre­cio de la guerra? El joven negro puede luchar en el Vietnam contra gente de color, pero en su propio país vive como un ciudadano in­ferior. Por eso protesto contra la guerra. Sólo espero que la gente del mundo, so­bre todo la gente americana, examine de nuevo y piense un poco más la política de nuestro país en Vietnam.