Voici une carte de 1962 indiquant les pays dans lesquels des anciens
nazis (membres du NSDAP) ou d'anciens diplomates du Troisième Reich ont
été nommés ambassadeurs de l'Allemagne de l'Ouest. Par exemple, en URSS
en 1962, l'ambassadeur de l'Allemagne de l'Ouest était un diplomate
pendant le Troisième reich, Horst Greppel.
Los grises cargan contra manifestantes durante una huelga en 1968. (DP)
5. La lucha armada
Cristian Cerón y Francisco Lara, en su libro sobre el Frente de Liberación Popular (Catarata, 2022), comienzan de este modo el capítulo titulado La lucha armada:
«En la vivienda clandestina madrileña de la carretera de Aragón un
joven gaditano trata de convencer a sus compañeros sobre un mapa de la
situación insostenible de los campesinos andaluces, lo que permitiría
montar un foco guerrillero en la sierra de Cazorla (Jaén)». En las
memorias de José Luis Leal no se cuenta nada sobre cómo
se debatió el asunto de la lucha armada. ¿Quién fue ese «joven
gaditano» que propuso poner en marcha una guerrilla? García Alcalá,
en su tesis doctoral, donde incluye entrevistas con antiguos militantes
del FLP, aporta mucha información sobre cómo se trató este peliagudo
asunto en el Frente. En Queríamos la revolución (Flor del Viento, 1998), García Rico sí dice abiertamente que el gaditano José Pedro Pérez-Llorca
puso la posibilidad de la violencia como vía para la revolución sobre
la mesa. Aunque es verdad que los felipes no llevaron a cabo ninguna
acción violenta, es comprensible que algunos de los autores consultados
se autocensuraran a la hora de afirmar que alguien tan relevante como
José Pedro Pérez-Llorca, padre de la constitución, ministro y fundador
de uno de los despachos de abogados más influyentes de España, había
tenido de joven la idea de usar la lucha armada para acabar con la
dictadura.
Estamos en 1960, Fidel Castro y unos guerrilleros barbudos han conseguido acabar con la dictadura de Batista
en Cuba desde su base de sierra Maestra. La repercusión de la
revolución cubana llegó a los oídos de los felipes, que acababa de
fundar un grupo insurgente. Algunos militantes de exterior tuvieron una
entrevista con el comandante Gutiérrez Menoyo, uno de
los lugartenientes de Castro en Cuba. Este los animó a iniciar un
proceso parecido al que ellos habían emprendido con éxito en la isla
caribeña. Durante un tiempo hubo contactos y Menoyo prometió ayuda
material a los jóvenes españoles. Parece ser que el mismo Che Guevara terminó abortando el apoyo de la revolución cubana al FLP.
Más
tarde, con la intermediación del gobierno de la República Española en el
exilio, entraron en contacto con autoridades yugoslavas. Se mandó a
varios efectivos a Belgrado para recibir «formación teórica y práctica».
Esta última, la «formación práctica», según pensaban los activistas
españoles, sería mayormente entrenamiento guerrillero.
José Manuel Arija,
en entrevista con García Alcalá, afirma: «Pero luego no hubo nada. La
formación teórica nos la dimos nosotros solos (…) Y de la formación
guerrillera que pensábamos recibir, no hubo nada, nada en absoluto». De
aquella experiencia balcánica venía José Luis Leal cuando acudió a la boda de Juan Carlos de Borbón en Atenas.
Finalmente,
el único apoyo recibido por los yugoslavos fue el pago de un viaje a
Túnez para contactar con el Frente de Liberación Nacional (FLN) argelino
que realizó Nicolás Sartorius. Así lo cuenta el luego
líder del PCE: «Yo hice un viaje a Túnez ayudado por los yugoslavos,
para tomar contacto con el FLN argelino. Les presentamos un informe en
la idea de una posible guerra de guerrillas en España, pero luego eso no
tuvo continuidad. No se llegó a nada». Parece que los argelinos no
dieron respuesta; se entiende que no tomaron muy en serio la propuesta
de Sartorius.
No todos los felipes estaban de acuerdo con la idea de la lucha armada, algunos lo veían como una idea «infantil». Fernando Martínez Pereda
lo contó así: «Nos pareció un disparate absurdo. ¿A dónde íbamos a ir?
¿A la sierra de Cazorla para que nos coja la guardia civil?, O hacemos
como luego le ocurrió al FRAP, ocultándonos como las ratas para luego
matar a un pobre guardia. ¿Qué vamos a hacer? ¡Ir con la merienda a Cercedilla en el tren! Aquí no hay una estructura con un 80 % del campesinado como en Argelia». Joaquín Aracil
lo tenía claro: «Yo, ¿cómo voy a ponerme a disparar? Tengo que sentir
odio hacia la guardia civil. Yo en este momento siento odio, pero no lo
suficiente como para ponerme a disparar y matar».
Pero los más lanzados siguieron adelante. Valeriano Ortiz, alias «Nikita», pidió permiso para comprar un lote de armas en el mercado negro. Antonio López Campillo
recuerda que: «Se compraron unas pistolas que eran lamentables, muy
viejas. Se compró también una metralleta Stein que seguramente nos
hubiera matado. Los tiros al saltar nos matan, las balas no llegan a
ningún lado». Luego se adquirieron armas de mejor calidad, «un
Winchester que era carísimo» y, gracias a los conocimientos químicos de
uno de ellos, se fabricaron explosivos.
En el fondo no había una determinación seria para pasar de la teoría a la práctica. Así recuerda a sus compañeros Rodolfo Guerra:
«Todos los que yo me topé eran unos aficionados, no estaban preparados
para realizar los objetivos del FLP. Y si lo hacían iban a ir todos a la
cárcel o frente pelotón de ejecución. Y otros hablaban mucho pero
cuando recibían el camión con armas o se les decía: «atraca un banco»,
como en realidad eran unos hijos de papá, se acojonaban como el que
más». Entre algunos miembros de la organización corrió el rumor de que
Fidel Castro, a través de los yugoslavos, les había regalado un camión
lleno de armas. Dicho vehículo y su cargamento nunca aparecieron.
Finalmente se decidió «abandonar» la lucha armada. Se abandonó una vía
que nunca se había iniciado.
6. Más redadas
En 1962
hubo otra gran redada que diezmó de nuevo el FLP. Esta vez, la
organización había actuado como propagador de la información sobre las
huelgas en Asturias. Para entonces ya se habían creado las dos
franquicias del frente: en Euskadi con el nombre de Euskadiko
Sozialisten Batasuna (ESBA); y en Cataluña llamada Frente Obrero de
Cataluña (FOC). Entre los detenidos estaba el sacerdote José Bailo Ramonde
(A Coruña, 1929). Este cura con fama de «abierto y lanzado», después de
terminar sus estudios en el seminario de Comillas, hizo oposiciones al
Cuerpo Castrense (sacerdote del Ejército) y sacó el número dos. Valencia
fue su primer destino y allí entró en contacto con estudiantes de la
ASU (Asociación Socialista Universitaria) que estaban en la cárcel.
Cuando esta organización se integró en el FLP, el sacerdote también lo
hizo. Influyó en su decisión que los dirigentes del Frente fueran amigos
del padre Jesús Aguirre, luego duque consorte de Alba.
El cura
Bailo sabía que podía ser torturado. Cuando entraron en su celda para
interrogarlo, decidió ponerse solemne. Se puso en pie y delante de los
policías levantó la mano derecha como si fuera a iniciar una bendición.
Ante la sorpresa de los agentes —que sabían que era sacerdote— dijo con
el mismo tono que usaba para predicar desde el púlpito: «El que pusiere
la mano sobre un ministro del Señor será excomulgado». Los policías se
quedaron paralizados. Se miraron los unos a los otros y, por si acaso,
ninguno de ellos tocó un pelo de aquel representante de Dios en la
tierra. Bailo cuenta que al poco de entrar en el FLP recibió una
invitación para reunirse en París con Santiago Carrillo y Jorge Semprún. Querían ficharlo para el PCE. Acudió a la cita, pero se mantuvo fiel a los felipes, sus nuevos compañeros.
En 1969, después de haber pasado cuatro años en la cárcel, Bailo, que ya no era sacerdote, fue arrestado de nuevo junto con Enrique Ruano y su novia Dolores González.
Se les acusaba de arrojar a la vía urbana propaganda de Comisiones
Obreras. Se les detuvo en un bar hasta el que los siguió el policía que
los había visto lanzando las octavillas. En el bar se pudo comprobar que
estaban en posesión de «documentos relacionados con actividades clandestinas de carácter comunista».
A Ruano le encontraron las llaves de un piso que no era su domicilio.
Argumentó que era el lugar que utilizaba para ocultarse. La policía lo
llevó al inmueble y procedió a registrarlo. Según la versión oficial,
Ruano, tras una breve carrera, se arrojó al vacío por un patio interior
desde la séptima planta que ocupaba el piso. Para apoyar la versión del
suicidio, la policía aportó como prueba parte del diario íntimo del
fallecido. El documento en realidad era una carta dirigida al psiquiatra
Castilla del Pino en la que le contaba sus problemas sentimentales y sus esporádicos pensamientos de quitarse la vida. El diario ABC, alineado con las fuerzas represivas del régimen, publicó aquellos textos manuscritos por Ruano.
Entre
las detenciones de 1962 y la muerte de Enrique Ruano, los felipes
continuaron con su actividad política. Se celebró un congreso en la
localidad de Pau (Francia): primer congreso y último; sufrieron
escisiones como la creación de Acción Comunista (AC) por los más
radicales; publicaron revistas y periódicos como Voz Obrera, Crítica y Vanguardia Roja y se reunieron con Marcelino Camacho,
histórico líder del sindicato Comisiones Obreras (CCOO), organización
que en noviembre de 1967 había sido declarada «ilegal y subversiva» por
el Tribunal Supremo. Tras el contacto con Camacho, los felipes ayudaron a
la implantación de CCOO en varias fábricas. Entre las peripecias más
rocambolescas de los militantes del FLP están las escapadas del país a
través de la embajada de Colombia (protagonizada por Juan Tomás de Salas) y con la ayuda de la embajada de Uruguay en el caso de Ignacio Fernández de Castro. En ambos casos la ayuda del sacerdote Jesús Aguirre
y de sus buenos contactos fue crucial. El relato del refugio y fuga de
Tomás de Salas es más divertido que el de Fernández de Castro.
Durante
aquella segunda mitad de la vida del FLP, Julio Cerón, aunque desterrado
al pueblo de Alhama de Murcia, seguía siendo muy importante para la
organización. Según cuenta Carlos Semprún Maura en sus memorias (y recoge Eduardo G. Rico en Queríamos la revolución
(Flor del Viento, 1998), Cerón no paraba de escribir cartas a los
militantes. Con ellas intentaba matar el aburrimiento y aprovechaba para
impartir doctrina política. Una de las misivas dirigidas a la
Federación Exterior del FLP cayó en manos de Carlos Semprún, que se
encontraba en París. En la carta Cerón pedía que lo liberasen y lo
ayudaran a escapar ilegalmente al extranjero. Semprún mandó a dos
estudiantes belgas a Murcia para confirmar la intención de su líder. De
vuelta en la capital francesa, los chicos confirmaron el deseo de fuga
del diplomático. Semprún encargo la peligrosa acción a Henri Curiel
y a su grupo de mercenarios. Curiel, nacido en Egipto y líder del
partido comunista egipcio hasta su expulsión, había colaborado con el
FLN argelino y con otros movimientos de liberación de países
tercermundistas. El plan consistía en que el día X a la hora Y, Cerón
saldría a dar un paseo. Se toparía con una furgoneta dirigida por un
«camarada» chófer y con un sacerdote de copiloto. Llevarían un pasaporte
falso y los utensilios para afeitar la siempre abundante barba de
Cerón. En el interior del vehículo también encontraría una sotana o un clergyman
para disfrazarse de cura. De Murcia a Valencia y de allí a Roma, donde
Julio Cerón daría una conferencia de prensa que sería un golpe de efecto
publicitario que haría que todo el mundo conociera la lucha por la
libertad del FLP. Cerón había participado en el diseño del plan; de ahí
el disfraz de sacerdote. Según Semprún, era necesaria una foto sin barba
de Cerón y para ello se utilizó al escritor Mario Vargas Llosa,
compañero en la radio oficial francesa, que pensaba pasar las
vacaciones de verano en la costa mediterránea, para que visitara a
Cerón. De vuelta en París el escritor peruano dijo a Semprún que todo se
cancelaba porque Cerón había recibido la visita de la policía y que
estos conocían los planes de fuga, el itinerario e incluso el disfraz.
La conclusión de Semprún en sus memorias es que Cerón se había inventado
esa visita de la policía española debido a que veía que, gracias a sus
muchos y buenos contactos, en breve se solucionaría su situación y le
daba pereza lo rocambolesco del plan. En 1996, en un artículo de El País, Mario Vargas Llosa contó una versión ligeramente diferente de la peripecia:
Recorrí
la península en una Dauphine con placa francesa, que echaba humo como
una chimenea y cuya sed abrasadora había que aplacar con baldazos de
agua cada diez kilómetros. Cuando llegué a Alhama a don Julio Cerón el
plan de fuga le pareció sin pies ni cabeza y me despachó de vuelta a
Barcelona, después de convidarme a un pollo frito y una conversación
sobre las novelas de Juan y Luis Goytisolo. En Calafell, me esperaba
otro ‘felipe’ con instrucciones de la dirección —algo tardías— de
cancelar el viaje a Alhama.
A
comienzos de los años 70, Julio Cerón fue rehabilitado como diplomático y
destinado a la embajada de España en París donde trabajó para la
UNESCO. El obituario que Miguel Ángel Aguilar le dedicó en El País
en 2014 dice, con mucha ironía, que le ofrecieron ir a la Santa Sede y
que se negó argumentando que si, como tarea diplomática, debía influir
para conseguir el nombramiento de un papa español, debían nombrarlo a él
y solo a él. Falleció en 2014 en el castillo de Caussade (Perigueux,
Francia).
6. La nueva izquierda. Mayo del 68
En el prólogo a Queríamos la revolución (Flor del Viento, 1998), libro de Eduardo G. Rico sobre el «FELIPE», Joaquín Leguina
(que fue miembro del FLP) escribe sobre las intenciones y objetivos del
FLP: «¿Sabíamos lo que queríamos? Quizá no, al menos, no lo sabíamos
con precisión, pero sí sabíamos lo que no queríamos». Las protestas de mayo del 68
en París se podrían explicar de la misma manera. Los estudiantes que se
manifestaron en mayo del 68 pertenecían a familias burguesas o de clase
media-alta. Los fundadores del FLP tenían la misma extracción social.
Los objetivos e intereses de los estudiantes franceses, en el fondo,
eran diferentes de aquellos por los que apostaban los proletarios del
Partido Comunista de Francia y de la Confederación General del Trabajo,
el sindicato mayoritario francés. Lo mismo ocurrió en España con el FLP y
otros grupos similares. No les gustaba lo que había —y por eso
protestaban—, pero no tenían claro lo que querían.
«Sed
realistas, exigid lo imposible»; «Prohibido prohibir»; «Bajo los
adoquines está la playa»; «Somos demasiado jóvenes para esperar». Estos
eslóganes es lo que queda de las revueltas de París. Mayo de 68 se
caracterizó por el culto a la estética de la revolución; lo mismo se
puede decir del FLP. José Pedro Pérez-Llorca recuerda a Julio Cerón de
este modo:
Por
encima de aquel juvenil anhelo pervive en mí el recuerdo de un Julio que
me escandalizaba diciendo que «La política es ante todo un imperativo
del buen gusto, el país no nos gusta ni nos puede gustar, por eso
queremos cambiarlo. Estamos atrapados, además de por la Dictadura, por
la mediocridad del ambiente».
Julio Cerón describía así a a los primeros felipes:
Grupúsculo extremista y sabiamente rabioso, al que acudían seres llenos de entrega y ardor.1
Las revueltas del mayo del 68 terminaron con la famosa frase de De Gaulle: «La reforme oui; la chienlit, non!»
(la reforma sí, el desorden no). Si analizamos aquellos hechos con la
distancia que ofrecen los cincuenta y cinco años transcurridos, los
resultados fueron bastante pobres; poco o nada cambió. Sobre lo ocurrido
en Francia en 1968 los críticos más benevolentes, admitiendo que no se
consiguieron los objetivos, argumentan que al menos se pusieron encima
de la mesa los temas que serían clave en el final del siglo XX: el
pacifismo, la ecología y el feminismo. Los críticos más severos opinan
diferente: Gilles Lipovetsky calificó el movimiento de «laxo y relejado». El historiador Eric Hobsbawm
calificó el marxismo de los estudiantes franceses de «peculiar, con una
orientación universitaria, combinado con otras modas académicas del
momento y, a veces, con otras ideologías, nacionalistas o religiosas,
puesto que nacía de las aulas y no de la experiencia vital de los
trabajadores».
El intelectual Michel Clouscard fue más allá. Describió las revueltas como «un enorme happening»,
como «toma de la Bastilla fantoche», como algo más parecido a un
«psicodrama» que a una experiencia revolucionaria. En sus libros El capitalismo de la seducción y Neofascismo e ideología del deseo
sitúa en mayo del 68 el comienzo del proceso según el cual la izquierda
abandonó la idea de trasformar la sociedad y de la lucha de clases para
tomar la bandera de las luchas individuales e identitarias. Clouscard
llega incluso a acusar a estos movimientos de «nueva izquierda» de hacer
el juego al capital y a los poderes fácticos:
Mayo
de 1968 anunció además el reparto del pastel entre los tres poderes
constitutivos del consenso actual: liberal, socialdemócrata, libertario.
Al primero se le devolvió la gestión económica, al segundo la gestión
administrativa, al tercero la de las costumbres transformadas en
necesidad del mercado del deseo. Tenemos así la nueva Francia.
En 1968,
José Luis Leal aún no había cumplido los veintiocho años y era profesor
de la universidad parisina de la Sorbona. Entre sus alumnos estuvo Daniel Conh Bendit, líder estudiantil de las revueltas. En sus memorias recuerda con emoción y nostalgia aquel movimiento estudiantil.
7. Disolución del FLP
A
comienzos de 1969, un grupo de disidentes del FLP redactó un documento
proponiendo la creación de un nuevo partido que acabaría llamándose
Partido Comunista Revolucionario (PCR). La nueva formación tenía como
principal objetivo representar la «vanguardia del proletariado». Aquel
nuevo grupo, del que el cura Bailo era uno de los principales artífices,
significó el final del FLP. Muchos militantes, como Nicolás Sartorius,
se marcharon al PCE y otros, como explica Pablo Lizcano en su libro La generación del 56,
se pusieron a hacer oposiciones a la administración obligados por sus
padres. Se terminaba la vida universitaria y empezaba la realidad.
José Pedro Pérez-Llorca lo explica con claridad:
Terminado
el curso, mi muy inteligente madre, que se percató de mis andanzas, me
empaquetó sin apelación para Friburgo de Brisgovia, en cuya acogedora
universidad, y haciendo diversos trabajos, pasé una buena temporada.
Siguiendo el consejo de Julio Cerón, el estudiante gaditano aprovechó para aprender alemán leyendo a Hegel y Marx.
Perez Llorca terminó sus estudios de Economía con sobresaliente y el
Premio Extraordinario de Licenciatura. Al terminar la carrera, también
cerró su época de radicalismo político. Pero recuerda esa época con
cariño: «Fue positivo, porque aprendí mucho análisis y práctica
política. También me quedó una cierta erudición del pensamiento
socialista, y el impulso de generosidad y de ilusión para entrar en la
política activa».2
Leal
cuenta que después de acabado el FLP se encontró con Nicolás Sartorius
en París y le reprochó que hubiera mantenido una doble militancia, en el
PCE y en el FLP. Sartorius se justificó diciendo que «éramos unos
inconscientes y había que conseguir que nuestras locuras no dañaran la
causa del proletariado».3
El 17 de septiembre 1984 se celebró un acto en la Fundación Miró de Barcelona para conmemorar el veinticinco aniversario del final del FLP. Se reunieron algo más de un centenar de antiguos militantes. Los entonces ministros del PSOE (Narcís Serra, José María Maravall, Carlos Romero y Julián Campo)
excusaron su asistencia. Terminado el acto, los más valientes o
nostálgicos siguieron la juerga en la sala de fiestas La Paloma. Durante
la reunión se pronunciaron discursos emotivos como el del escritor Vázquez Montalbán: «Difícil hacer un diagnóstico, pero si nos hubieran dejado, habríamos hecho una revolución encantadora». Manuel Gari,
dirigente del FLP, se preguntó: «¿Cabe hablar de olvido de unas siglas o
simplemente de un grato recuerdo juvenil? En realidad, el FLP planteó
verdaderos problemas políticos que no supo resolver. Algunos exfelipes,
la mayoría, no creen ya en esos problemas. Otros seguimos buscando
nuevas soluciones». Solo Pascual Maragall, que nunca se ha mordido la lengua aportó el epitafio que hacía justicia al cadáver:
La
historia del FELIPE es más una parte de nuestra historia privada que de
la historia social y política del país. El PSUC y el PCE hicieron gran
parte del trabajo sucio que se requiere para estar realmente en los
libros de historia y salir del puro álbum de fotos amarillento. Que es
donde estamos nosotros.
Epílogo
Del FLP
salieron ocho ministros de la democracia; treinta altos cargos de la
Administración, entre ellos dos presidentes de Comunidad Autónoma;
treinta y cinco catedráticos y profesores; quince escritores y
periodistas y doce curas. Muchos artículos que glosan este movimiento
político destacan como su principal logro haber servido de incubadora
para luego nutrir de cargos políticos y de intelectuales a la naciente
democracia española. Pero quedan algunas cuestiones pendientes: si no
hubieran pertenecido a este grupo tan ilustres miembros ¿nos
acordaríamos hoy del FLP? Si no hubieran matado a Enrique Ruano ¿tendría
el relato de las acciones de este grupo el toque épico que se le suele
dar? ¿Hasta qué punto han exagerado los medios de comunicación y algunos
libros de memorias los logros del FLP?
Estas
preguntas quedarán sin respuesta en este artículo por respeto a esos
ancianos que continúan contando a sus nietos que hace sesenta años
fueron valerosos guerreros antifranquistas y que gracias a ellos España
es hoy un país democrático.
Notas
(1) José Pedro Pérez-Llorca, Una biografía Política. Gema Pérez Herrera; (BOE, 2020)
(2) José Pedro Pérez-Llorca, Una biografía Política. Gema Pérez Herrera; (BOE, 2020)
(3) José Pedro Pérez-Llorca, Una biografía Política. Gema Pérez Herrera; (BOE, 2020)
Más bibliografía
La transición en España. España en transición. Alfonso Pinilla García (Alianza editorial, 2021).
La oposición democrática al franquismo. Xavier Tusell (Planeta, 1977).
El cura y los mandarines. Gregorio Morán. (AKAL, 2014).
Crónica del antifranquismo, Fernando Jáuregui y Pedro Vega. (Planeta, 2007).
La transición, historia y relatos. Carme Molinero y Pere Ysás. (Siglo XXI, 2018).
En 1962 una oleada de
huelgas recorrió España, partiendo de la minería asturiana y
extendiéndose a 28 provincias. Los efectos de estos conflictos
alcanzaron al gobierno, que intentó sofocarlos por todos los medios. Se
generó una enorme solidaridad internacional, además del apoyo de la
oposición clandestina y exiliada, el movimiento estudiantil y la
intelectualidad española.
Entre
ellos, los artistas de Estampa Popular, que mostraron su apoyo a los
huelguistas a través de sus obras y con la firma de cartas, que en
algunos casos supusieron el encarcelamiento de sus miembros. Este
movimiento representó un hito fundamental en la oposición al franquismo y
el renacer del movimiento obrero.
FICHA TÉCNICA
TÍTULO: 'Hay una luz en Asturias... Testigos de las huelgas de 1962'
DURACIÓN: 58 minutos
GUION: Octavio Monserrat, Rubén Vega y Juan Carlos de la Madrid
DIRECCIÓN: Octavio Monserrat, Rubén Vega y Francisco G. Orejas
PRODUCCIÓN: Fundación Juan Muñiz Zapico y Productora RTV Asturias
AÑO: 2003
Entrevistados y entrevistadas por orden
de intervención: Francisco González “el Cordobés”, Santiago Carrillo,
Nicolás Redondo, Avelino Pérez, Nicolás Sartorius, Vicente Gutiérrez
Solís, José Antonio Gª Casal “Piti”, Noel Zapico, José López Muñiz,
Albero Muñiz “Berto Loredo”, Eleuterio Bayon, Manuel Rodríguez “Lito
Casucu”, Luis Nora, Manuel García “Otones”, Laudelino Valdés, Eduardo
Prieto, Celestina Marrón, Rosario Pérez, Anita Sirgo, Manuel Gª Valle
“José el Gallegu”, Ramón Chao, José Arguelles, Víctor Díaz Cardiel,
Atanasio Gª Suarez, Jesús F. Naves, Armando López Salinas, Andrés
Vázquez de Sola, Severino Arias, Constantino Alonso “Tinin” y Martin
Fraga.
SINOPSIS
En la primavera de 1962 una oleada de huelgas recorre España. Partiendo de la minería asturiana, los paros se extienden hasta afectar, en desigual medida, a 28 provincias y cerca de 300.000 trabajadores. Los efectos de estos conflictos alcanzan al gobierno, que pone en tensión todos los medios a su alcance para sofocarlos, a la Iglesia católica, a la oposición clandestina y al exilio, al movimiento estudiantil y a un sector de la intelectualidad, generando además una amplia solidaridad internacional. El movimiento huelguístico asturiano de 1962 representó un hito fundamental en la oposición al franquismo y el renacer del movimiento obrero. Este documental cuenta como punto de partida con los resultados de una investigación llevada a cabo por un extenso equipo de investigadores en el 2002, pero su hilo argumental descansa sobre la voz de más de treinta testigos que participaron en los acontecimientos.
Solidaridad internacional: la Internacional situacionista
Solidaridad internacional : España hoy (Ruedo ibérico)
España hoy,
París: Ruedo Ibérico, 1963. Ilustración de cubierta, Antonio Saura.
Fondos del Centro de Documentación del Museo Nacional Centro de Arte
Reina Sofía (RESERVA 4746)
Artículo sobre la Huelga de Asturias recogido en una de las publicaciones de la editorial Ruedo Ibérico, París.
Obras relacionadas
María Dapena (María Francisca Dapena Rico),
Estampa Popular de Vizcaya, Minero, 1962 / Edición de 1996
Francisco Álvarez, Estampa Popular de Madrid, Manifestación, 1962 (ca.)
Del 21 de noviembre al 7 de diciembre 1962, exposición en la Galerie Epona de
París, organizada por José Ortega. Participan miembros de de los
colectivos de Estampa Popular de Madrid, Córdoba, Sevilla y Vizcaya:
Adán, Álvarez, Arturo Martínez, Calvo, Clavo, Cortijo, Cristóbal,
Cuadrado, Duarte, Manuel García, Garrido Ibarrola, Mateos, María Dapena,
Mesa, Montero, Ortega, Saura, Ortiz Valiente y Ricardo Zamorano. La
exposición despierta el interés de periódicos y revistas parisinos como
France Nouvelle, L'Humanité y Les Lettres Françaises (ligad@s al PCF).
Dentro de Estampa Popular destaca la figura icónica de Pepe Ortega como pintor y grabador militante
comunista, que experimentó el sistema carcelario franquista y plasmó sus
experiencias en obras como la serie ‘El terror’ (1952). Perseguido por
la dictadura, se exilió en Francia y luego en Italia. Su arte
recurrentemente exploró las duras jornadas de trabajo de los segadores,
un tema que conoció de primera mano. La influencia de Ortega fue
fundamental para los futuros miembros de los grupos de Sevilla y Córdoba
de Estampa Popular, quienes se encontraron con él en momentos cruciales
durante la creación de estas agrupaciones, ya sea en Madrid o en París.
El nombre “Estampa Popular” y su enfoque en el grabado se derivan de la
combinación de la difusión masiva de dispositivos como los pliegos de
cordel y el compromiso político del Taller de Gráfica Popular mexicano
(TGP). El grupo sevillano operó como una cooperativa, inspirándose en
este enfoque mexicano. Es en este contexto, cuando José Duarte, que ya
contaba con una carrera ya consolidada en el grupo interdisciplinario
Equipo 57, se unió a la formación de los grupos de Estampa Popular en
Córdoba y Vizcaya a finales de la década de 1960, llevando consigo la
vanguardia abstracta y geométrica con un fuerte enfoque social y
político. Este fue un momento crucial en la intersección del arte y la
política , dónde una figura emergió en el mundo del arte: Francisco
Cuadrado. Su vínculo estrecho de camaradería, donde la amistad, la
militancia política y el arte se entrelazaban, inspiró a Cristóbal,
Cortijo y Cuadrado a emprender juntos diversas empresas colectivas.
Este vídeo se grabó el 28 de junio de 2016 en la sala del Museo Reina
Sofía Estampa Popular. La irrupción de la realidad antifranquista en el
arte. Recoge una conversación entre varios artistas de los grupos de
Estampa Popular de Madrid (Manolo Calvo y Francisco Álvarez), Sevilla
(Cristóbal Aguilar), Córdoba (Segundo Castro), Estampa Popular Catalana
(Alexandre Grimal) y Galega (Elvira Martínez), moderada por Noemí de
Haro, investigadora y profesora de la Universidad Autónoma de Madrid.
Una red de artistas cuyo origen se sitúa en Madrid en 1959, activos
hasta los primeros años de la Transición. Su objetivo era crear un arte
“realista” que contribuyera a despertar un juicio crítico y a
transformar la situación política y social. Contrarios a una concepción
elitista y comercial del arte, utilizaron la técnica del grabado para
crear obras asequibles económicamente. Esto, junto con la reproducción
de sus estampas en otros medios, facilitó que su posición antifranquista
y su cuestionamiento del sistema dictatorial llegara a un público más
amplio. La red contó con una estructura descentralizada y grupos
autónomos en Madrid, Sevilla, Córdoba, Vizcaya, Valencia, Cataluña y
Galicia.
El primer grupo de Estampa Popular fue fundado en 1959 en Madrid por
el artista y militante comunista clandestino José García Ortega junto a
un grupo de artistas jóvenes. El colectivo defendía un arte realista
crítico y destinado al pueblo.
En los años siguientes surgieron agrupaciones en Sevilla (Paco
Cuadrado, Paco Cortijo y Cristóbal Aguilar), Córdoba (con antiguos
miembros del Equipo Córdoba y el Equipo 57), Vizcaya (Agustín Ibarrola y
María Dapena), Valencia (Andreu Alfaro, Anzo, Ana Peters, José María
Gorrís, José Marí, Rafael Martí Quinto, Francesc Jarque, Fernando
Calatayud, Rafael Solbes, Juan Antonio Toledo, Manolo Valdés, Jorge
Ballester o Joan Cardells, apoyados por el historiador y crítico de arte
Tomás Llorens), Cataluña (con Maria Girona, Albert Ràfols-Casamada y
Esther Boix) y Galicia.
Estampa Popular organizó distintas exposiciones en el extranjero con el
objetivo de dar una imagen alternativa de la realidad de España,
teniendo lugar una de las primeras en la galería Epona de París en 1962.
Su obra tuvo que hacer frente a la censura del régimen franquista y
las limitaciones técnicas, por lo que con frecuencia recurrieron a
referencias veladas y un estilo claro y expresivo. Las agrupaciones con
frecuencia estaban interesadas en las tradiciones populares y figuras
propias, como las fallas o el valenciano (bajo la influencia de Joan
Fuster), las aleluyas o la figura de Castelao en Galicia.
Su interés por conectar con las clases populares les llevó a exponer
en lugares poco frecuentes para el mundo del arte como centros
culturales, bares y tabernas. También recurrieron a formatos como las
postales, los carteles, los calendarios o las portadas de revistas.
En la Estampa Popular de Valencia los críticos Tomás Llorens y
Valeriano Bozal hicieron un balance negativo de la experiencia,
acusándola de no ser capaz de incorporar una perspectiva realista más
acorde a los nuevos tiempos, con la centralidad de elementos como los
medios de comunicación de masas. En este contexto, los antiguos miembros
del grupo Rafael Solbes, Manolo Valdés y Juan Antonio Toledo fundan la
agrupación Equipo Crónica, que practicó un lenguaje figurativo crítico
con elementos del pop art, la cultura de masas y la tradición pictórica.
Joan Cardells y Jorge Ballester crearon el Equipo Realidad, que
continuó una línea comprometida similar a Crónica, y artistas como Ana
Peters desarrollaron también una línea crítica propia con elementos
visuales del pop.
El arte fue la herramienta de lucha que estos artistas de Estampa
Popular utilizaron contra el régimen franquista del momento. El trabajo
de la Estampa Popular pretendía buscar en cada caso el correcto
equilibrio entre la forma, la imagen y la comunicación.
Réalisé en 1961-62, le film, dont le titre était La Porte d’Ilitch,
a dû être montré en 1963, avant sa sortie, à Khrouchtchev qui a ainsi
exprimé son jugement: « Même les figures les plus positives de ce film –
trois ouvriers – ne personnifient pas notre grandiose jeunesse. Ils
sont montrés comme s’ils ne savaient rien de la vie qu’ils ont à mener,
de ce vers quoi ils doivent tendre. Et cela dans notre époque de
progression et de la construction du communisme, éclairée par les idées
du programme du Parti communiste ! Une telle jeunesse construira-t-elle
donc le communisme avec ses pères, sous la direction du Parti ? Non, la
société ne peut pas s’appuyer sur de tels hommes, ce ne sont ni des
combattants, ni des transformateurs du monde. Ce sont des hommes
moralement infirmes, déjà vieillis dans leur jeunesse, à qui échappent
les buts et les tâches élevés de la vie ».
Le réalisateur fut obligé de remanier son film, ce qu’il réussit à
faire, selon ses propres termes « en conservant le sens de l’oeuvre »
Avant tout, écrit-il, « j’ai dû supprimer les scènes qui n’avaient pas
plu à Khroutchev. J’ai enlevé la scène de la soirée des poètes. Surtout
j’ai dû retourner la scène avec le fantôme du père »
En 1988 Marlen Khoutsiev restaurera la version originale.
"<...> Les personnages de Khoutsiev ne détiennent pas de vérité a
priori, ils ont simplement envie de se trouver. Ils vivent dans un pays
auquel ils tiennent, ils conservent la conviction qu'il est unique, une
utopie réalisée, tout en étant marqués par la blessure encore ouverte du
stalinisme, par celle encore ouverte de la guerre. Parfois ils disent
l'un pour l'autre. Un des plus beaux moments de Faubourg d'Ilytch est le
toast que porte son héros aux choses qu'il "prend au sérieux . Parmi
celles-ci, il mentionne "le fait que presque aucun d'entre nous n'a de
père . Celui de Serioja est tombé au combat, et un peu plus tard, la
rencontre entre le père mort à vingt et un ans et le fils de vingt-trois
est un des grands moments du cinéma soviétique. Mais le spectateur des
années soixante ne pouvait manquer de penser à d'autres circonstances, à
d'autres pères disparus, comme celui de Marlen Khoutsiev, arrêté en
1937.<...>"
Bernard Eisenchitz.
Film "générationnel" à comparer avec Rendez-vous de juillet de Becker (mais pas pour la forme, on reste ici dans du cinéma russe avec son formalisme sophistiqué), ou Les Tricheurs, de Carné?
Dans le volume 1 de la Correspondance de Debord, couvrant les années 1960-64, les références au "spectacle" et au "spectaculaire" s'affirment.
Dans une lettre datée du 25 novembre 1964, il écrit: "Mon livre, La Société du Spectacle, ainsi que celui de Vaneigem, ne paraîtront pas avant l’année prochaine."
L'ouvrage de Debord et celui de Raoul Vaneigem, Traité de savoir-vivre à l’usage des jeunes générations, ne seront finalement publiés qu'en 1967.
A la même époque où Debord travaille sur son ouvrage, la notion de spectacle, sous son aspect particulier de manipulation des opinions publiques, est "rendue" dans un article du sociologue Jean Cazeneuve intitulé "La fabrication de l'opinion", paru dans le premier numéro de la revue professionnelle Les cahiers de la publicité.
Cette parfaite analyse du phénomène de manipulation de l'opinion par voie médiatique, est un texte court et synthétique. C'est celui d'un professionnel qui s'adresse au milieu
publicitaire et donc sans volonté de le diffuser auprès du grand public. On y trouve nombre des saillies que Debord aurait sûrement aimé reprendre, ou du moins considérées comme analytiquement convergentes à partir de deux positions singulièrement divergentes.
le texte de Cazeneuve est écrit 26 ans avant la parution de La fabrication du
consentement d'Edward Herman et Noam Chomsky, un ouvrage qui était lui -comme celui de Debord- destiné à
ouvrir les yeux du grand public sur ces questions.
Jean Cazeneuve a été le président de la chaîne de télévision TF1 de 1975 à 1978, soit avant sa privatisation. On peut penser que son successeur à la présidence de TF1 privatisée, Patrick Le Lay, a peut-être lu avec intérêt ce
texte inspirant pour proférer sa fameuse saillie concernant le "temps
de cerveau disponible" en 2004.
"Le modernisme, à l'époque, tendait à devenir un dogme, une sorte d'institution si vous voulez. C'est-à-dire, il y avait la revue L'Esprit nouveau, le modernisme s'appliquait en architecture, en peinture. Et ce qui nous intéressait nous, c'était l'esprit même des choses et de la vie que nous voulions exprimer. Or, "moderne" avait un sens péjoratif pour nous: c'était presque une insulte de nous appeler moderne."
"Dadaïstes: des bolcheviques payés pour détruire l'esprit français." (1962)
En 1962, Robert Filliou fonde la Galerie Légitime, une galerie de rue
mobile sous forme de casquette portant le tampon «Galerie Légitime —
couvre-chef (s)-d’œuvres». Le 3 juillet 1962, Filliou se promène, déposées
dans la casquette, les œuvres miniatures de Ben Patterson en compagnie
de l’artiste. Ils les présentent aux passants tout au long d’un périple
dans Paris dessiné par Ben. Le parcours de l’exposition dans les rues de
Paris dura 24 heures, de la Porte Saint-Denis à la Galerie Girardon,
boulevard Pasteur, avec un programme d’events Fluxus.
Rebelote en 2009, on reprend l'idée du parcours sans Filliou, décédé en 1987 (il est joué par un autre, il rapporte encore). Aller boire un coup Chez Georges au XXIe siècle, faut oser, moi j'y arriverai pas.