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vendredi 3 avril 2026

Andrés Villena: “Las élites españolas están muy cohesionadas”

 FUENTE https://www.elsaltodiario.com/el-leon-dormido/entrevista-andres-villena-%C2%ABlas-elites-espanolas-tienen-valores-parecidos%C2%BB

El economista y sociólogo Andrés Villena presenta el libro ‘Las élites que dominan España, una historia alternativa desde 1939’ (Libros del K.O.). 

 Andrés Villena (Elche, 1980) acaba de publicar Las élites que dominan España, una historia alternativa desde 1939 en Libros del K.O. Economista y sociólogo, profesor en la Universidad Complutense de Madrid, en este ensayo disecciona las historia de las élites económicas y políticas en España durante el último siglo. A través del libro, Villena nos va describiendo cómo las redes de influencia van modelando la estructura económica y condicionando los consensos políticos desde el final de la guerra civil hasta la actualidad.

Cuando hablamos de las élites de otros países del sur global, o incluso de las élites económicas en los EE. UU. cuya influencia está presente en cada agenda política, parece algo normalizado y asumido ¿Por qué cuando hablamos de élites en España parece que habláramos de algo más cercano a una teoría de la conspiración antes que a un funcionamiento de un sistema político?

A.V.: Es que parece que hablar de élites es hablar poco menos de los que elaboran el protocolo de los sabios de Sion, reptilianos o de gente que se reúne en la oscuridad para conspirar. Charles Wright Mills dice que en la historia hay muchas conspiraciones, pero la historia no es una conspiración.Los poderosos tienen tanto poder para hacer lo que quieran que no necesitan conspirar. Entonces, creo que la teoría de la conspiración es una especie de teoría mágica que nos quita la responsabilidad de pensar en abstracto.

Un rasgo de las élites es el sincretismo. Hay una idea de que las élites trabajan con una especie de procedimiento secreto, arcano, que solo quienes están dentro conocen y, si no lo conoces, es que no formas parte de la élite.

A.V.: A este tipo de élites, incluidas las políticas de medio nivel, les interesa rodearse de un halo de magia, porque esa sensación de magia es placentera para el lector en la medida en que le hacen una lectura más agradable, más misteriosa, pero le elude la responsabilidad de pensar cómo podríamos objetivar ese comportamiento.

Y a veces los comportamientos son muy burdos. El comportamiento del presidente de los Estados Unidos actual, es difícil rodearlo de un halo de magia; son decisiones que seguro que tienen mucho asesoramiento y horas de reflexión y discusión. También es verdad que la prensa también contribuye a este halo de misterio, probablemente para construir historias que narrativamente son más fácil de consumir.

Pero esto nos aleja de saber los mecanismos por los cuales se reclutan las elites , ya sea en los partidos o a través de las oposiciones. Tienen valores parecidos, han estudiado los mismos  cuatrocientos temas de la oposición pensando igual, adquiriendo un grado de intimidad mucho mayor que en cualquier otro grupo. Las pasiones que les aproximan son grandes y los llevan a entenderse muy bien, casi como un mecanismo animal. Aún así, como investigadores, ese halo de magia hay que tomarlo con precaución porque nuestro trabajo es encontrar fuentes para mapear y esquematizar la forma en la que trabajan.

Hay una coletilla que utilizas en varios momentos durante el libro y es que para las élites “España necesita ser periódicamente salvada y rescatada de sus demonios interiores”, que viene a justificar la existencia y la misión de la élite española.

A.V.: Hay varios factores que intervienen ahí. En primer lugar, un capital entendido como una gran bolsa de dinero nacional e internacional que necesita actualizarse y generar plusvalía, para lo que necesita unos empleados de lujo que se llaman élite en el poder o tecnocracia. Este grupo lo componen altos funcionarios o políticos democráticos que se ponen al frente de la maquinaria estatal y a veces en la empresa privada. Pero, en segundo lugar, no es suficiente a largo plazo dominar a la gente sin que ella considere que debe ser dominada de esa forma. En España esta idea de salvación viene de un replanteamiento de la idea regeneracionista de Joaquín Costa, que hablaba de un cirujano de hierro para darle la oportunidad de regenerarse. Está presente esta idea de que España se tiene que rehacer porque sino va a entrar en otra guerra cainita. Nos hemos inventado y heredado un mecanismo de control bastante interesante.

En 1939 Franco poco menos que decía haber salvado España de los rojos y la Antiespaña. Posteriormente, en el desarrollismo, los tecnócratas vinieron a salvar a España con su golpe de timón. Pero lo interesante fue que, en 1977, cuando existía la oportunidad de hacer algo diferente gracias a la presión obrera, feminista y sindical, llegaron una serie de planes de austeridad en forma de Pactos de la Moncloa para frenar la desestabilización.

El libro empieza en 1939, precisamente en un momento en el que la dictadura y la clase financiera golpista se apodera de buena parte de las propiedades y patrimonios de la clase económica y el pueblo republicano.  ¿Una parte del IBEX 35 hunde sus raíces en el 39?

A.V.: Para entender este proceso recomiendo mucho el libro de Antonio Maestre Franquismo S.A. Por ejemplo, cuenta cómo el Conde de Fenosa montó lo que después será su empresa multinacional a partir de hacerse con los terrenos de un rival empresario republicano que, al iniciarse la guerra, había tomado partido por la legalidad. Lo que en su día fue Fenosa hoy forma parte de Naturgy, que es una de las insignias de lo que podríamos llamar la “marca España”.

Esto ocurre en ocho o diez grandes empresas del IBEX 35, pero no podemos ignorar que con el paso de las décadas el enriquecimiento del IBEX 35 se ha debido también a otras grandes desamortizaciones de activos públicos que han sido muy rentables. Yo no critico la privatización de una serie de elementos de la industria que en su momento ya no eran rentables. Empresas que podrían ser integradas en empresas mayores y generar rentabilidad a través de economías de escala.Pero, cuando se vendieron empresas públicas como Endesa o Telefónica, se estaban vendiendo las joyas de la corona, que perfectamente podrían haber permanecido en manos públicas.

Se trata de un origen matizado. Entre las empresas del Ibex 35 existentes en 1939 se produce una redistribución de riqueza hacia arriba como premio por participar en la guerra civil. Se trata de un criterio no económico sino político e ideológico, de favorecer a capitales de empresas que, por otro lado, van a ser los que van a estar impulsando una rápida industrialización en la década de los cuarenta y cincuenta, y que con el Plan de estabilización de 1959 serán protegidos por el Estado para que los capitales extranjeros no los compren.

Hablas del plan de estabilización de 1959 como del nacimiento de un nuevo sentido común.

A.V.: Aquí hay dos elementos. Conforme iba profundizando en la investigación, me daba cuenta de las dimensiones de la presencia de un elemento extranjero como EE. UU. en nuestro país. Hay un elemento extranjero que empieza con Truman en 1948, el cual, partiendo de un rechazo claro del régimen franquista al que impide entrar en la ONU, se va modificando con el inicio de la guerra fría y la guerra de Corea. Los norteamericanos empiezan a entender que España es un bastión anticomunista. Y de manera gratuita. No hay que hacer Plan Marshall y es una base geopolítica básica. Después llegaron los pactos del 53 y la llegada de capitales extranjeros. Lo que pasó al final de la década es que los americanos empezaron a inquietarse porque, después de toda la financiación y préstamo de divisas, se había creado una España que no era capaz de generar divisas por la venta de productos agrícola para comprar insumos y materias primas, por lo que existía un riesgo de no devolución de esos prestamos. Entonces, empieza la presión a través de telegramas, reuniones y delegados del FMI en los que se conmina a arreglar las finanzas públicas. De ahí surge el Plan de Estabilización, que no es una sola ley, sino un conjunto de muchas medidas y decretos. Sin embargo, esto se ha contado como un momento en el que una serie de economistas iluminados arreglaron las finanzas públicas. Esto ocurrió porque había gente cada vez más cualificada, con más conocimiento del extranjero, que iba viendo que la situación de España no funcionaba.

Pero hay otro elemento. Y es que el franquismo había ganado la guerra y ahora había que ganar la paz. Entonces, se trataba de generar un nuevo sentido común. ¿Cómo se hace eso? Tratando de generar una legitimidad de resultado, empleo, crecimiento económico y una especie de redistribución indirecta de la riqueza a través del crecimiento. Y ahí llega el modo de proceder desarrollista. Abramos el país al turismo, pongámosle una sonrisa. Aquí entra toda la propaganda que hizo Fraga sobre los Veinticinco años de paz. Ingresan divisas y exportamos -y ese es el gran truco -tres millones de desempleados al extranjero. Se mantiene a las mujeres dentro del hogar, por lo que la tasa de desempleo no presiona al alza. Se ponen en marcha una serie de medidas para ajustar la inflación, se limita el gasto público para, en definitiva, también crear una seguridad jurídica y económica con el fin de que entren las grandes corporaciones americanas como la General Motors, la General Electric, que encuentran en España una mano de obra baratísima. 

Te refieres a los ministerios de Boyer y Solchaga como los ministerios de desindustrialización.

A.V.: Es que aplicaron un manual que no admitía contestación. El mundo se estaba abriendo y estas industrias eran menos competitivas. En cierto modo tenían razón, porque el franquismo era una fábrica de paro envasado. Durante la transición volvieron a España millones de emigrantes porque querían vivir en su país y los gobiernos de Suárez y González se tuvieron que enfrentar a una serie de medidas anti-inflación que no habían querido aplicar los franquistas del final porque se les desmoronaba el régimen.

Imagínate cortar la subida del salario nominal a los sindicalistas que en los setenta estaban en la calle y que durante los años de la transición habían acumulado miles de horas de huelga. Al final, paradójicamente, las medidas duras las tomaron los gobiernos democráticos con suficiente mayoría parlamentaria. Eso es la leche, porque da una lección amarga de que la democracia puede ser más cruel que una dictadura débil, y que la libertad de expresión en algún momento puede ser incluso menor. Ello da una  serie de lecciones sobre el poder que te deprimen o te hacen más pesimista, o, a lo mejor, más realista.

Luego hay otro elemento que fue la reconversión industrial que, en cierto modo, fue una reconversión financiera. La banca estaba teniendo pérdidas en la industria, quería salir y no estaba demasiado fortalecida por todos los problemas que estaba teniendo. Fue una manera de sanear, de permitirles invertir en otro tipo de sectores y generar plusvalías porque compraban deuda pública estatal y porque todavía tenían una gran influencia en el Banco de España y en la economía general. No fueron solo medidas macro estándar, sino que beneficiaron a un estamento empresarial que se había fundado en la forma de sentido común que habían aprendido esos ministros, que derivaban del aparato industrial tardo franquista, no por franquistas, sino porque se tenían que formar en algún sitio.

Esto me lleva a la idea de la conformación de una élite que, si bien no siempre está de acuerdo en todo, sí que está de acuerdo en las cosas fundamentales. Y, como parte de esa serie de acuerdos tácitos, de lugares de socialización, en el libro hablas de La Dehesilla como uno de esos núcleos.

A.V.:La Dehesilla era una cacería ilustrada al estilo de las cacerías de Franco, que siempre era el que cazaba más a pesar de no parecer la persona más avezada para hacerlo. Pero también eran lugares para hacer negocios a corto y largo plazo. Eran lugares donde las élites llegaban a acuerdos en espacios seguros. Esa convergencia de valores y de puntos de vista les hace llegar a comuniones más fácilmente que en otros lugares. Se dan situaciones en las que, incluso perteneciendo a frentes empresariales enfrentados, se ponen de acuerdo con asombrosa facilidad.

La Dehesilla era eso, pero de manera más fina. Ilustrada con una inteligencia antifranquista, que iba de lo moderado hasta personas que, como Miguel Boyer, habían pasado hasta un año en la cárcel; gente que tenía credenciales comunistas, socialistas, liberales, incluso trotskistas y maoístas… y que se reunían para ver qué había que hacer con España cuando cayera el tirano. Por eso es un lugar clave.

Por aquel entonces  Boyer y Solchaga ya eran empleados públicos del Banco de España. También Mariano Rubio, aunque había tenido que pasar un año en la OCDE en una especie de exilio permitido por el régimen, después de haber pasado también por la cárcel. Ese pedigrí antifranquista les permitía formar parte de organismos muy potentes, después totalmente desligados del pasado, pero sus lugares de formación fueron la administración pública franquista.

Lo que ocurre es que esa materia gris en los ochenta y los noventa se acabó asociando a las familias más afines al régimen que querían combatir. Hasta en más de una ocasión acabaron formando uniones matrimoniales con empresarios a quienes, en principio, habían combatido, en un movimiento de absorción total del propio sistema.

¿Cuál es el papel que juega la Corona y en particular Juan Carlos I en este bussiness as usual?

A.V.: A mi juicio, Juan Carlos I es la corona de la clase dominante. Viendo los mecanismos de financiación de su riqueza actual, era un hombre sin una fortuna propia previa que infló su patrimonio mediante una serie de maniobras petroleras que han quedado reflejadas en varios ensayos, en particular, el trabajo de Rebeca Quintana en La fortuna del Rey o los ensayos de José García Abad.

El Rey ha sido el gran mediador de la élite española y de sus relaciones con otras élites. Fue proveedor de materias primas, como el petróleo que España necesitaba para seguir desarrollando su sociedad de consumo. Su papel en el 23F, pese a que esta última regularización de documentos parece que refuerza la versión oficial, no queda suficientemente aclarado. A mi juicio, tiene un papel muy claro en el golpe de timón, en esa especie de gobierno de concentración nacional. Es un gran mediador y legitimador del nuevo funcionamiento de las cosas en democracia. Se acercó más a los socialistas que a los conservadores porque, con buen olfato político, estaba viendo que la mayoría social iba a ir por ahí

Tengo que decir que empecé estos estudios sobre élites pensando que era un mero símbolo constitucional, que a nadie le importaba y que servía para culminar la hegemonía. Y, sin embargo, he ido viendo que ha sido un gran diplomático y empresario. Con maniobras de todo tipo, incluso movimientos oscuros en este sistema de la élite. A día de hoy, creo que sigue teniendo un papel para mediar... y un gran afán de revancha contra lo que ha vivido. Y creo que debe de tener bastante conexión con los mensajes que se hacen contra el actual gobierno. Algo me dice que esa conexión la vamos a acabar conociendo.

 
La Expo 92 y los juegos olímpicos de Barcelona fueron la apoteosis de ese "juancarlismo" y de la España "moderna" de los socialistas. Foto del Archivo de Felipe González.

Con Aznar llegaron los tiempos de las grandes privatizaciones que se habían empezado durante los últimos años de los gobiernos de González…

A.V.: Sí, se venía un periodo en el que el PSOE había privatizado más de lo que privatizó el Partido Popular. Lo que pasa es que es verdad que cada empresa privatizada era diferente a la anterior y había muchos motivos, como reducir el déficit público y la deuda pública y crear un espacio de gasto público o generar ingresos para gastar en otras cosas.

Es cierto que los criterios del Partido Socialista pudieron venir influidos por los vientos de cambio neoliberales, pero muchas veces respondían a acciones no sé si improvisadas, pero no formaban parte de un plan. A diferencia de eso, está comprobado en documentos de la Fundación FAES que el Partido Popular ya quería imitar el proceso de Margaret Thatcher en 1993. Cuando estudiamos las redes de los privatizadores, te das cuenta de que el plan ya está ahí desde mucho antes. A diferencia de las privatizaciones socialistas –que eran tecnócratas de la administración–, los tecnócratas del PP venían de la Bolsa y su objetivo era conseguir el máximo capital con las ventas. Manuel Pizarro, Francisco González y compañía son esos altos funcionarios o yupis bursátiles que colocaron los paquetes de la Bolsa lo más caro o lo más rápido posible. Pero, en lugar de retirarse en el momento en el que habían vendido y permitir que el mecanismo del libre mercado diese lugar a nuevos dirigentes extraídos con un criterio de mejor competencia, se quedaron ahí y reformaron el reglamento del Consejo de Administración para perpetuarse ellos.

Lo estaban montando bien los del PP porque habían logrado hacer de la privatización una política de capitalismo de Estado, controlado por un partido que aspiraba a quedarse, pero le falló a última hora la comunicación y ahí se dieron cuenta. Se pudo ver que había un combate entre élites, que la élite mediática no era enteramente de derechas y que, por otro lado, España no era enteramente Madrid, pese a la madrileñización del aparato económico. Las élites conservadoras se sorprendieron viendo que España era plural y diversa. Pese a que controlaban el panorama mediático y habían creado una clase dominante afín, se encontraron con una sorpresa en las urnas, no enteramente atribuible a lo que ocurrió tras los atentados del 11-M.

Zapatero también intentó atraer empresarios en torno a su proyecto con dispares resultados…

A.V.: El credo económico de Zapatero no estaba definido, era un político casi provincial – sin querer decirlo con un tono despectivo –, que había ascendido rápido gracias al apoyo de Carlos Solchaga, del que fue adjunto en el Parlamento. Pero Zapatero llegó al poder demasiado pronto para lo que a él le hubiera convenido y se rodeó de una serie de asesores económicos como Miguel Sebastián o Jordi Sevilla, que suplían sus lagunas en este campo. Para estos asesores, el socialismo y la socialdemocracia no debían de incrementar demasiado el gasto público y eso significaba lo que significaba. Pero tampoco están totalmente alineados con la ortodoxia europea de Alemania.

Por otra parte, se dio cuenta de que tenía que intentar recuperar el aparato público privatizado, no para nacionalizarlo, sino para congraciarse con esa nueva élite empresarial. No lo consiguió porque el plan del Partido Popular era solido y su principal hito fue conseguir colocar a Javier de Paz en Telefónica. Es un movimiento clave del que queda excluido Carlos Solchaga, que desde entonces ya elimina sus simpatías con el zapaterismo, pero que, a mí juicio, era un puente que debía de haber mantenido estratégicamente.

Fracasa con la conquista del aparato económico, pero triunfa con la industria publicista y editorial catalana, que son muy potentes. Se forja una suerte de alianza con el grupo Globomedia, el grupo Mediapro que, que acaba creando el Diario Público y, sobre todo, La Sexta. El diario Público luego salió como salió, pero fue un intento de crear una especie de competencia ideológica y editorial al diario El País.

Uno de los efectos intencionales o no intencionales de los fondos Next Generation ha sido la llegada de nuevas elites globales a la capital ¿Cómo es el aterrizaje de estas élites globales en una ciudad con unas élites tan asentadas?

A.V.: Ten en cuenta que, si la tasa de crecimiento del PBI que tenemos es alta, es muy probable que en algunos sectores la rentabilidad estimada para una inversión sea todavía mayor. A lo cual hay que sumar que parte de esa élite global viene a España porque tienen la sensación de tener menos seguridad jurídica en su país de origen. Cosa que es discutible en países como México, que al tiempo que hace reformas sociales ofrece una tasa de rentabilidad como consecuencia del crecimiento, que es incluso superior a la España.

Pero bueno, deciden venir aquí. Eso determina no sé si un choque, una convivencia que cambia el hábitat porque llegan unas élites que no están apegadas al territorio, que a lo mejor llegan aquí por un criterio de rentabilidad y a lo mejor no miran por el entorno de la misma manera que van a mirar por las élites nacionales.

Eso tiene mucho que ver también con el choque o la ruptura neoliberal desde que Milton Friedman en los ochenta planteó que los empresarios tenían que mirar por las cuentas y valores de sus acciones y no tanto por el territorio en el que operaban, por los sindicatos o por el bienestar de sus trabajadores. Pero claro, si tú acudes a un país por la rentabilidad, tu relación con el país no va a ser la misma que la de los que lo viven dentro de una comunidad como las élites locales. Creo que ese choque se está produciendo a nivel urbano, y que afecta incluso a las familias de rentas altas que se tienen que ir de zonas del barrio de Salamanca, que están siendo compradas por fortunas antes venezolanas y ahora mexicanas, al mismo tiempo que proliferan locales de ocio que son los locales que las élites extranjeras construyen a imitación de su ocio nacional. Lo hacen porque conocen ese modelo de extracción de rentabilidad, y porque también son el tipo de sitios en los que quieren estar. Se está produciendo un cambio en la economía política de ciudades como Madrid, en donde los cambios están ocurriendo mucho más rápido de lo que parece.

¿Madrid debería ser un Distrito Federal?

Es una pregunta que se va a ir respondiendo en los próximos años. Ya hay teorías que hablan de que Madrid debería de ser algo parecido a un great London que llegara de Guadalajara a Segovia. Sostienen que puede ser un vector de creación de progreso y riqueza. Ya Aznar con Álvarez Cascos como ministro de Fomento quería crear un Madrid y una España cuyos puntos mas importantes se definieran como ciudades a dos horas en tren de la capital. Desde el año 2000, el Partido Popular tiene un proyecto muy definido para Madrid y se orienta a eso por razones a lo mejor exclusivamente electorales o por razones ideológicas y, a lo mejor, por las relaciones que están estableciendo con élites internacionales.

Creo que hay un proyecto en ese sentido, que desde el punto de vista ecológico puede ser letal, pero, desde el punto de vista nacional, también. No sólo por los independentistas catalanes, sino por los independentistas madrileños, que manejan la idea de que Madrid es España dentro de España, y que, si todo lo que está a dos horas de Madrid, mejor, porque eso es la playa de Madrid.

¿En qué se diferencia un pijo de Madrid de un miembro de la élite de este país?

Es una pregunta sociológica muy valiosa. Yo veo a un pijo como un elemento performativo, con elementos culturales de capital social heredados que quiere pertenecer a un grupo al cual no necesariamente pertenece. Si pudiéramos acceder a los miembros de la verdadera élite económica y a cómo viven, posiblemente no tendrían nada que demostrar. Entonces, esa sobreactuación, esa ostentación de la marca para las élites de toda la vida, resulta algo un poco aberrante, sonrojante y vergonzoso.

lundi 30 mars 2026

Cultura contra el franquismo : la poesía social

 La poesía social es un género literario de la posguerra española dirigido al gran público que destacó por su carácter comprometido. Los temas más habituales eran la Guerra Civil, la represión, la lucha política, la idea de España y la internacionalización de la poesía.

 

Libros poesía

Libros de poesía con ilustraciones de Estampa Popular

Poesía de España

 

En 1960 comenzó a publicarse la revista Poesía de España, fundada por Ángel Crespo y Gabino-Alejandro Carriedo. Su objetivo era dar salida a las inquietudes culturales y políticas de sus fundadores, difundiendo con ello la poesía social de calidad. La revista tenía ilustraciones que, en cada número, eran encargadas a un artista distinto; entre otros, fueron ilustradores de la publicación algunos de los fundadores de Estampa Popular como Zarco, Pascual Palacios Tardez, Ricardo Zamorano, Antonio Valdivieso y Francisco Todó.

VV. AA., Versos para Antonio Machado, París: Ruedo Ibérico, 1962. Ilustración, Ricardo Zamorano, s/p. 

 

Obras relacionadas 

 

Estampa Popular de Madrid, Juan Montero, Miguel Hernández. Estampa Popular de Madrid, 1969
 
José Ortega, Estampa Popular de Madrid, S/T, 1969

José Luis Delgado, Estampa Popular de Madrid, S/T (Muerto niño - Poema de Miguel Hernández), 1969
 
Manuel Ortiz Valiente, Estampa Popular de Madrid, S/T, 1969
 
Estampa Popular de Valencia, Homenatge a Antonio Machado (Homenaje a Antonio Machado). Sevilla 1875 - Coillure 1939...., 1965
 

Sobre las huelgas en Asturias de 1962

 

En 1962 una oleada de huelgas recorrió España, partiendo de la minería asturiana y extendiéndose a 28 provincias. Los efectos de estos conflictos alcanzaron al gobierno, que intentó sofocarlos por todos los medios. Se generó una enorme solidaridad internacional, además del apoyo de la oposición clandestina y exiliada, el movimiento estudiantil y la intelectualidad española.

 
Entre ellos, los artistas de Estampa Popular, que mostraron su apoyo a los huelguistas a través de sus obras y con la firma de cartas, que en algunos casos supusieron el encarcelamiento de sus miembros. Este movimiento representó un hito fundamental en la oposición al franquismo y el renacer del movimiento obrero. 


 
                               

 FICHA TÉCNICA

TÍTULO: 'Hay una luz en Asturias... Testigos de las huelgas de 1962'
DURACIÓN: 58 minutos
GUION: Octavio Monserrat, Rubén Vega y Juan Carlos de la Madrid
DIRECCIÓN: Octavio Monserrat, Rubén Vega y Francisco G. Orejas
PRODUCCIÓN: Fundación Juan Muñiz Zapico y Productora RTV Asturias
AÑO: 2003

Entrevistados y entrevistadas por orden de intervención: Francisco González “el Cordobés”, Santiago Carrillo, Nicolás Redondo, Avelino Pérez, Nicolás Sartorius, Vicente Gutiérrez Solís, José Antonio Gª Casal “Piti”, Noel Zapico, José López Muñiz, Albero Muñiz “Berto Loredo”, Eleuterio Bayon, Manuel Rodríguez “Lito Casucu”, Luis Nora, Manuel García “Otones”, Laudelino Valdés, Eduardo Prieto, Celestina Marrón, Rosario Pérez, Anita Sirgo, Manuel Gª Valle “José el Gallegu”, Ramón Chao, José Arguelles, Víctor Díaz Cardiel, Atanasio Gª Suarez, Jesús F. Naves, Armando López Salinas, Andrés Vázquez de Sola, Severino Arias, Constantino Alonso “Tinin” y Martin Fraga.

SINOPSIS 

En la primavera de 1962 una oleada de huelgas recorre España. Partiendo de la minería asturiana, los paros se extienden hasta afectar, en desigual medida, a 28 provincias y cerca de 300.000 trabajadores. Los efectos de estos conflictos alcanzan al gobierno, que pone en tensión todos los medios a su alcance para sofocarlos, a la Iglesia católica, a la oposición clandestina y al exilio, al movimiento estudiantil y a un sector de la intelectualidad, generando además una amplia solidaridad internacional. El movimiento huelguístico asturiano de 1962 representó un hito fundamental en la oposición al franquismo y el renacer del movimiento obrero. Este documental cuenta como punto de partida con los resultados de una investigación llevada a cabo por un extenso equipo de investigadores en el 2002, pero su hilo argumental descansa sobre la voz de más de treinta testigos que participaron en los acontecimientos. 
 
 
 

Solidaridad internacional: la Internacional situacionista

 


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Guy Debord, La Grève asturienne (La huelga asturiana). En Correspondance, Septembre 1960 – décembre 1964. © Librairie Arthème Fayard, 2001

Descargar texto

 

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Solidaridad internacional : España hoy (Ruedo ibérico) 

 

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España hoy, París: Ruedo Ibérico, 1963. Ilustración de cubierta, Antonio Saura. Fondos del Centro de Documentación del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (RESERVA 4746)

 

Artículo sobre la Huelga de Asturias recogido en una de las publicaciones de la editorial Ruedo Ibérico, París.


 

Obras relacionadas 

 

María Dapena (María Francisca Dapena Rico), 
Estampa Popular de Vizcaya, Minero, 1962 / Edición de 1996 
 
Francisco Álvarez, Estampa Popular de Madrid, Manifestación, 1962 (ca.)

 
 
 

mardi 24 mars 2026

Breve historia de Estampa Popular

  Estampa popular. La irrupción de la realidad antifranquista en el arte

Este vídeo se grabó el 28 de junio de 2016 en la sala del Museo Reina Sofía Estampa Popular. La irrupción de la realidad antifranquista en el arte. Recoge una conversación entre varios artistas de los grupos de Estampa Popular de Madrid (Manolo Calvo y Francisco Álvarez), Sevilla (Cristóbal Aguilar), Córdoba (Segundo Castro), Estampa Popular Catalana (Alexandre Grimal) y Galega (Elvira Martínez), moderada por Noemí de Haro, investigadora y profesora de la Universidad Autónoma de Madrid. 


 

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Una red de artistas cuyo origen se sitúa en Madrid en 1959, activos hasta los primeros años de la Transición. Su objetivo era crear un arte “realista” que contribuyera a despertar un juicio crítico y a transformar la situación política y social. Contrarios a una concepción elitista y comercial del arte, utilizaron la técnica del grabado para crear obras asequibles económicamente. Esto, junto con la reproducción de sus estampas en otros medios, facilitó que su posición antifranquista y su cuestionamiento del sistema dictatorial llegara a un público más amplio. La red contó con una estructura descentralizada y grupos autónomos en Madrid, Sevilla, Córdoba, Vizcaya, Valencia, Cataluña y Galicia.

El primer grupo de Estampa Popular fue fundado en 1959 en Madrid por el artista y militante comunista clandestino José García Ortega junto a un grupo de artistas jóvenes. El colectivo defendía un arte realista crítico y destinado al pueblo.

En los años siguientes surgieron agrupaciones en Sevilla (Paco Cuadrado, Paco Cortijo y Cristóbal Aguilar), Córdoba (con antiguos miembros del Equipo Córdoba y el Equipo 57), Vizcaya (Agustín Ibarrola y María Dapena), Valencia (Andreu Alfaro, Anzo, Ana Peters, José María Gorrís, José Marí, Rafael Martí Quinto, Francesc Jarque, Fernando Calatayud, Rafael Solbes, Juan Antonio Toledo, Manolo Valdés, Jorge Ballester o Joan Cardells, apoyados por el historiador y crítico de arte Tomás Llorens), Cataluña (con Maria Girona, Albert Ràfols-Casamada y Esther Boix) y Galicia.
Estampa Popular organizó distintas exposiciones en el extranjero con el objetivo de dar una imagen alternativa de la realidad de España, teniendo lugar una de las primeras en la galería Epona de París en 1962.

Su obra tuvo que hacer frente a la censura del régimen franquista y las limitaciones técnicas, por lo que con frecuencia recurrieron a referencias veladas y un estilo claro y expresivo. Las agrupaciones con frecuencia estaban interesadas en las tradiciones populares y figuras propias, como las fallas o el valenciano (bajo la influencia de Joan Fuster), las aleluyas o la figura de Castelao en Galicia.

Su interés por conectar con las clases populares les llevó a exponer en lugares poco frecuentes para el mundo del arte como centros culturales, bares y tabernas. También recurrieron a formatos como las postales, los carteles, los calendarios o las portadas de revistas.

En la Estampa Popular de Valencia los críticos Tomás Llorens y Valeriano Bozal hicieron un balance negativo de la experiencia, acusándola de no ser capaz de incorporar una perspectiva realista más acorde a los nuevos tiempos, con la centralidad de elementos como los medios de comunicación de masas. En este contexto, los antiguos miembros del grupo Rafael Solbes, Manolo Valdés y Juan Antonio Toledo fundan la agrupación Equipo Crónica, que practicó un lenguaje figurativo crítico con elementos del pop art, la cultura de masas y la tradición pictórica. Joan Cardells y Jorge Ballester crearon el Equipo Realidad, que continuó una línea comprometida similar a Crónica, y artistas como Ana Peters desarrollaron también una línea crítica propia con elementos visuales del pop.

El arte fue la herramienta de lucha que estos artistas de Estampa Popular utilizaron contra el régimen franquista del momento. El trabajo de la Estampa Popular pretendía buscar en cada caso el correcto equilibrio entre la forma, la imagen y la comunicación.

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ESTAMPA POPULAR

Estampa Popular, ni una sola concesión al olvido (2025)


Fue el primer movimiento de carácter político y social de la historia del arte en España, creado por José Ortega en el Madrid de 1959, con el comienzo de las primeras movilizaciones mineras, obreras y estudiantiles.

Fuente

                         
“Pan, tierra y libertad” (1959), José Ortega, xilografía sobre papel

Nos lo recordaba el otro día, en la gala de los Goya, Eduard Fernández, en una buena intervención antifascista: Que nadie se despiste, que llegan, y vienen a caballo. Y cuando entren ya será tarde, y no podremos apelar ni al séptimo de caballería ni a la novena de Beethoven. Será, entonces, cuando tengamos que recuperar todos los protocolos de la clandestinidad. Por eso es necesario explicar que no podemos dar ni una sola oportunidad al olvido. Por ejemplo, al olvido de ese proyecto y ese grupo de pintores que fundaron y ejercieron la “estampa popular”.

Eran artistas en todo el amplio sentido de la palabra, con un gran bagaje técnico de primera magnitud, fuertemente radicados en la sencillez de la gente, en la cultura y la lucha de la gente, en plena clandestinidad, cuando el franquismo diluviaba fuerte. Nos lo explicaba el otro día en el Museo de Alcalá de Guadaíra, Ana Cortijo, en la exposición “Estampa popular, arte y memoria”, recordando ante un grupo de colegiales la eficacia clandestina de aquellos rojos, que no progres. Nos decía Ana (Pepa Medrano y yo añadidos al grupo de colegiales) que, entonces, entre los protocolos de la lucha en sombras, había un principio indeclinable: Si alguien pronunciaba tu nombre a tus espaldas, no debías volver nunca la cabeza. No se podía asociar nombre y rostro, nombre y lucha, nombre y forma concreta y diaria de hacer historia; en este caso desde el arte. Quizás lo contrario que ocurre en estos tiempos posmodernos: Nadie pronunciará tu nombre, aunque vuelvas la cabeza.

Ana Cortijo es alta, imponente. Le dije después que era como ser recibido en un museo por la torre Eiffel. Y explicaba las cosas con pasión retenida y un discurso seguro, de quien ha mamado la filosofía que alentaba desde el principio la estampa popular, que fue, nos decía, el primer movimiento de carácter político y social de la historia del arte en España, creado por José Ortega en el Madrid de 1959, con el comienzo de las primeras movilizaciones mineras, obreras y estudiantiles; fue entonces cuando Ortega, miembro del comité central del PCE, decide poner en marcha este movimiento como respuesta a la dictadura franquista, creándose grupos de “estampa popular” en Madrid, Sevilla, Córdoba, Vizcaya, Valencia, Cataluña y Galicia.

En 1960 Ortega, perseguido por la dictadura, se exilia en París y busca a otros artistas españoles que lo acompañen para relanzar el movimiento de vuelta a España, de modo que el grupo de Sevilla de “estampa popular” (Paco Cortijo, Paco Cuadrado y Cristóbal Aguilar) se va a crear en París, instalándose después en Sevilla, en el barrio de Los Pajaritos, que sigue siendo uno de los barrios más pobres del país. Tras ser detectados por la brigada político-social, se desplazan a Alcalá de Guadaíra, un pueblo de una larga tradición paisajística, que hoy recoge su espléndido museo, ese museo que expone las obras de los citados, junto a algunas piezas de José Ortega, más diversas muestras de Duarte y, por primera vez, la obra inédita y recién recuperada de Lola Cortijo, desarrollada en el marco del “grupo de Sevilla”.

“Estampa popular”, por así decirlo, es un capital impagable de nuestra lucha cultural e ideológica por las libertades y contra la explotación, y quizás por eso sufre un expediente de olvido y tachadura, un largo expediente que es preciso derogar cuanto antes, y en eso trabaja esta exposición, que empezó en La Cartuja y ahora se expone en el pueblo que fue conocido en el terreno del arte como el Barbizon español. A este trabajo encomiable dedica gran parte de su tiempo la Fundación Paco y Lola Cortijo: mantener el legado de una serie de trabajadores del arte que, desde una gran capacidad técnica, arriesgaron su vida en la lucha por los derechos humanos. Estamos hablando de una memoria histórica que hay que restablecer con todas las consecuencias, en un país que ha desarrollado el monocultivo del olvido hasta el extremo de ni siquiera conceder la medalla de Bellas Artes a José Ortega, quizás por ser un pintor comunista y un comunista pintor.

Modestamente este artículo pretende señalar a quienes levantan la liebre de lo que somos, porque otros fueron, aunque casi nadie se acuerde ya de ellos (nos decía Ana Cortijo), empezando por aquel grupo sevillano donde junto a Cortijo, Cuadrado y Cristóbal, funcionó el equipo de Córdoba: Duarte, Castro, Mesa y García. Unos artistas que supieron producir un arte comprometido (fuera de mercado) en una lucha concreta por las libertades y contra la explotación. Modestamente pretendemos repetir que es más que un error seguir dándole oportunidades al olvido desde el silencio y una pasividad injustificable. Como nos dijo el actor de “El 47” en la gala de los Goya en Granada: cuidado, que vienen a caballo. Pues eso, que hay que inventar una caballería alternativa que no pare de galopar contra el olvido… hasta enterrarlos en el mar. (Galopa caballo cuatralbo, jinete del pueblo).

O interrompido maio de 1968 da Estampa Popular Galega (Tui, 2024)

 FONTE https://www.lavozdegalicia.es/noticia/cultura/2024/10/22/interrompido-maio-1968-da-estampa-popular-galega/00031729627588006208538.htm X. M. Rodríguez OURENSE / LA VOZ

Detalle dun gravado de Xavier Pousa presente na exposición de Tui de 1968. Á dereita, detalle da obra do artista lugués Xosé Ignacio Pedrosa que foi sinalada pola xustiza militar por «injurias al Movimiento Nacional»; inicialmente sen título, a peza foi coñecida despois como «Cos mortos no peito».
Detalle dun gravado de Xavier Pousa presente na exposición de Tui de 1968. Á dereita, detalle da obra do artista lugués Xosé Ignacio Pedrosa que foi sinalada pola xustiza militar por «injurias al Movimiento Nacional»; inicialmente sen título, a peza foi coñecida despois como «Cos mortos no peito». Fundación Xavier Pousa

Unha mostra devolve a Tui a exposición secuestrada por ofensiva polo franquismo e que impulsaran os artistas pontevedreses Xavier Pousa e Elvira Martínez Villa

Cando hai unhas semanas quedou aberta na Sala Municipal de Exposicións de Tui a mostra A exposición secuestrada. Estampa Popular Galega. Tui, 1968, o comentario maioritario entre os asistentes foi que con este proxecto se estaba a cumprir un acto de xustiza poética. Comisariado polo xornalista pontevedrés Xosé Enrique Acuña, por medio desta iniciativa recupérase a exposición orixinal que no mes de setembro de 1968 fora prohibida pola ditadura franquista, tras ser programada no desaparecido Bar Galicia despois de que antes percorrera sen incidencias varias localidades galegas.

A Estampa Popular Galega (EPG) foi un movemento artístico de vangarda creado nese mesmo ano 1968 para agrupar a unha serie de pintoras e pintores descontentos co réxime franquista baixo o norte teórico de «achegar a arte ao pobo». Encabezados por Raimundo Patiño e Xavier Pousa, optaron por expoñer a súa obra en forma de gravados e a baixo prezo en lugares populares como feiras, bares ou centros sociais.

A mostra da EPG foi secuestrada pola policía baixo a acusación de inxurias ao exército ao tempo que se producía a detención de Xavier Pousa e Elvira Martínez Villa, os dous promotores do evento. Con Pousa ingresado no cárcere de Pontevedra, pasaron a ser sometidos a un procedemento aberto pola xustiza militar que semanas despois sería finalmente anulado tras transcender esta actuación represiva incluso nas páxinas do xornal francés Le Monde.

Con presenza de obra de Patiño, Lodeiro, Sevillano, Barreiro, Bea Rey, Alfonso Gallego Villa, Agrelo, Vázquez Diéguez, Xulio Maside e Laxeiro, xunto a de Elvira M. Villa e Xavier Pousa tamén se mostraba a de Xosé I. Pedrosa, o autor da estampa que sería especialmente denunciada por «injurias al Movimiento Nacional». Tras a súa incautación polos militares, os gravados foron devoltos aos seus impulsores e pasaron a ser custodiados por Pousa. Falecido o pintor, a súa viúva Carmela Arbones resgardounos no seu domicilio e durante décadas alí quedaron esquecidos.

Acuña lembra que as obras se expoñen «sen agochar nin as súas feridas nin tampouco as cicatrices que padeceron tanto polo seu ocultamento preventivo, como todo aquilo que, sobre elas, causou o paso do tempo», e mais tamén para «abordar a primeira homenaxe a este movemento artístico que se realiza en Galicia».

O acontecido con esta exposición secuestrada en 1968 significou o final real do colectivo Estampa Popular Galega. Os seus compoñentes principais, segundo apunta tamén Acuña, «sentiron o peso da represión e das ameazas que recibiron por parte da Brigada Político-Social, a policía política franquista, e mesmo tras a súa liberdade estiveron continuamente vixiados».

lundi 16 février 2026

50 años de ‘El desencanto’, documental que Elías Querejeta retiró de San Sebastián en protesta por la represión en Euskadi

 Fuente https://www.diario-red.com/articulo/cultura/50-anos-desencanto-documental-que-elias-querejeta-retiro-san-sebastian-protesta-represion-euskadi/

Este año se cumple medio siglo del estreno de este gran documental de Jaime Chavarri, título fundamental del cine de la llamada Transición Española 

Aunque se jugaba su futuro comercial, Elías Querejeta, conocido por las películas que había producido a Carlos Saura o Víctor Erice, retiró el documental en apoyo a la huelga general que se había convocado en Guipúzcoa como protesta por la muerte de un manifestante vasco por disparos de un policía.

El 15 de septiembre de 1976, El País publicaba la indignada respuesta del máximo responsable del festival, Miguel de Echárri, que en el franquismo (entre 1952 y 1956) fue secretario general del Sindicato del Espectáculo: “El artículo 7 del reglamento del festival que conocen quienes concurren a él habla de la imposibilidad de retirar la película. Sin embargo, el señor Querejeta, abusando de una manera clarísima de mi condescendencia, me ha venido diciendo, un día y otro, que aplazaba la entrega de la copia, alegando siempre una serie de complicaciones de última hora. De ahí que no tengamos en nuestro poder la copia. Todos estos aplazamientos dan la sensación de que eran parte de un plan premeditado. Me ha sorprendido muchísimo porque ha jugado con mi buena fe”.

En apoyo a Querejeta, una comisión de 29 personalidades guipuzcoanas, entre ellas Eduardo Chillida y Juan María Bandrés, hizo público este texto: “La gestora pro amnistía de Guipúzcoa ha tenido conocimiento de que los participantes en la realización de la película El desencanto han decidido retirarla del XXIV Festival Internacional de Cine de San Sebastián, en atención a las especiales circunstancias por las que atraviesa el pueblo vasco. La gestora considera positiva la indicada decisión, que por el contexto en que se ha producido supone una manifestación de solidaridad con el pueblo, denota madurez y sentido de la responsabilidad y constituye un aporte para la causa general, fin y motivo de la creación de esta gestora pro amnistía. En consecuencia, la gestora no puede por menos que mostrar su pública aprobación por el gesto de los participantes en la realización de la película El desencanto”.

Tanto Chávarri como Querejeta supieron pronto que no tenía un corto, sino un gran largometraje

Conviene recordar qué estaba pasando en España aquel año. Además del nombramiento, a dedo, por parte de Juan Carlos I, de Adolfo Suarez como presidente del Gobierno, la extrema derecha estaba terriblemente crecida y su violencia en las calles era cada día más alarmante. Aquel año se recuerda también por la matanza del 3 de marzo en Vitoria, cuando la policía desalojó de la iglesia de San Francisco de Asís, del barrio obrero de Zaramaga, a 4.000 trabajadores en huelga. La policía asesinó a cinco personas e hirieron a más de ciento cincuenta.

Como escribió Diego Galán, el más recordado director del Festival de cine de San Sebastián, en El País, en un principio El desencanto solo estaba pensado como un cortometraje documental que quería rodar Jaime Chavarri, hijo de Tomas Chávarri y Ligues y de Marichu de la Mora Maura y bisnieto del expresidente del Gobierno Antonio Maura. Chávarri quería contar la historia de su amigo Michi Panero, un ex niño bien cuya familia se había visto obligada a vender propiedades y las pertenencias de su padre para sobrevivir. El padre era Leopoldo Panero, poeta falangista de la generación del 36 y poeta oficial del franquismo.

En un primer momento, Michi, su madre Felicidad Blanc y sus hermanos Juan Luis y Leopoldo María y estaban dispuestos a hablar ante la cámara de Chávarri, pero con una condición: no saber lo que los otros hubieran dicho de ellos. Para sorpresa del director, los cuatro se desnudaron públicamente de una forma tan honesta como violenta. Y tanto Chávarri como Querejeta supieron pronto que no tenía un corto, sino un gran largometraje.

Leopoldo, que se considera el verdadero genio de la familia y al que también le gusta recitar en alto su propia obra, ataca a su madre de forma despiadada

El desencanto fue rodado justo cuando el régimen fascista se iba desmantelando para dar paso a otro régimen no tan ejemplar como muchos voceros del nuevo sistema pintaron y predicaron. De hecho, pronto muchos consideraron la transición como un desencanto.

Tras volver a ver El desencanto, después de bastantes años, debo confesar que me he reconciliado con Felicidad Blanc, una mujer triste a la que nada le pega su nombre. La recordaba como un personaje frío y distante, pero ahora veo el filme de Chávarri como el retrato femenino de una niña bien (era hija del director del Hospital Princesa de Madrid y primo-hermano de la madre de Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador de la secta Opus Dei) que se convierte en señora y esposa de un poeta del régimen y es enseguida ninguneada por su alcohólico y brutal marido y sus no menos alcohólicos amigos. Porque si hay algo en El desencanto es alcohol. Y pitillos. No existe un documental en el que se fume tanto. 

Y Felicidad no solo es machacada por su bestial marido, sino por sus hijos, aunque sea Michi (que se reconoce un parásito que se dedica básicamente a vaguear) el que más la entiende y escucha. Especialmente hiriente e injusto es Leopoldo, el hijo feo, demente, borracho y pedante, de hablar absolutamente insoportable. También Felicidad, una mujer culta (fue escritora y traductora) y de vocabulario envidiable, resulta relamida. Comienza recitando un poema de su marido de memoria, hablando de forma distinguida, literaria… pero al final se va soltando, sube la voz ante sus hijos y se hace casi humana.

Ya desde la primera conversación, entre el pijazo Michi y el ridículo y amanerado (“no soy homosexual”, él lo recalca por si acaso) Juan Luis (alias “Adoro el bizantinismo”) sabes que a lo que se tuvo que enfrentar Felicidad es sencillamente infernal. Esa intensidad, esos aspavientos, esos gritos, ese bebercio descontrolado. Y eso delante de una cámara, no quieres ni pensar lo que fue aquello en la intimidad. 

Felicidad, aunque de clase alta, es un ejemplo de la mujer española sometida, siempre a la sombra del marido, supuestamente superior y que borra de su vida a todas sus amistades mientras ella debe acostumbrarse a los amigotes de tertulia borracha que aparecen por casa a las dos de la tarde y se van a las tres de la mañana. Por eso en El desencanto se recuerda que Felicidad vivió aterrorizada, además de que los Paneros significan “gritos y muy mal vino”.

Al acabar 'El desencanto' tienes la sensación de que acabas de ver una película de terror

La aparición, en el ecuador de la cinta, de Leopoldo María Panero refuerza aún más la simpatía del espectador (al menos la de un servidor) por Felicidad. Leopoldo, que se considera el verdadero genio de la familia y al que también le gusta recitar en alto su propia obra, ataca a su madre de forma despiadada. Pero Felicidad, dura y brillante, sabe defenderse. Y recuerda que vivió sola los ingresos psiquiátricos y carcelarios de Leopoldo, que en ningún momento le da tregua ni muestra la más mínima comprensión o compasión. Y además la tacha de superficial ante el silencio cómplice y cobarde de su hermano Michi.

Es Michi, el más normal de los hermanos, el que reconoce que la familia Panero morirá porque el alcohol acabará con ellos y no tendrán descendencia. También posiblemente el más roto y el más cínico. Es Michi el que dice: “Para estar desencantado antes hay que estar encantado y yo tengo dos o tres recuerdos muy frágiles en los que estuve encantado. Diría mejor ilusionado. El desencanto me ha venido impuesto. He participado como espectador, nada más”.

Y El desencanto acaba como empieza: con la estatua del padre enfundada en plástico, antes de ser exhibida ante el populacho y frente al castillo de Gaudí en Astorga. Y tienes la sensación de que acabas de ver una película de terror.

Pocas semanas después del no estreno de El desencanto, en la misma ciudad, San Sebastián, fue asesinado por ETA el procurador en Cortes, consejero del Reino y presidente de la Diputación de Guipúzcoa Juan María de Araluce, que formó parte de las filas del requeté y combatió en la aviación de caza en el bando fascista. La ejemplar transición seguía tambaleándose. 

18 años después del rodaje de El desencanto, los hermanos Panero, sabedores de que eran una especie de leyenda gracias a Chavarri, aceptaron rodar una segunda parte. Se tituló Después de tantos años, la dirigió Ricardo Franco y fue una secuela fascinante e igual de aterradora.