Esta guitarra que toco
no olvida su entraña de árbol,
su raíz de Chaco y de luna
florece cuando yo canto.
Yo soy nacido en Baranda
un lugar muy olvidado.
Se llevaron el tanino
y el pueblo se fue secando.
— Los Trovadores y Armando Tejada Gómez, 1967
Los oficios de Pedro Changa es una obra integral creada en el círculo
de artistas comprometidos, críticos y vanguardistas del Movimiento
Nuevo Cancionero (MNC). Esta agrupación, de trascendencia regional,
cercanía ideológica al Partido Comunista y formada en Mendoza, sintetizó
su postura de lo que debía ser la música popular argentina y
latinoamericana a través del lanzamiento de un manifiesto en 1963. Un
panfleto que dio cuenta de la necesidad como músicos de ser
protagonistas en una época de radicalización estética y política.
Las canciones que comenzaron a brotar de este y otros movimientos a
lo largo del país, se forjaron al calor de poesías alusivas a una
revolución que parecía estar a la vuelta de la esquina y una
reivindicación de los paisajes que hasta este momento eran retratados
sin una perspectiva crítica por el folklore tradicional. De la primacía
de la canción paisajista y romántica, producto de la ficción pacífica de
la unión entre el peón y el patrón, a la canción que mostraba el sujeto
de ese paisaje, sus miserias y a los responsables de estas.
Los autores del disco son un reflejo de este aire de época enmarcado
en el boom de un folklore popular y politizado. El poeta mendocino
Armando Tejada Gómez, escritor de las letras de las canciones del disco,
nunca cursó la escuela primaria. A lo largo de su vida tuvo distintos
oficios. Fue lustrabotas, canillita y peón albañil. Los Trovadores,
quienes compusieron la música del LP, llegaron a este proyecto con una
formación muy reciente y en construcción, luego de una ruptura grupal
por motivos estético-políticos. Su estilo de grupo vocal, de arreglos
complejos y refinados, algo característico del período, sumado a su
afinidad con las luchas sociales y el canto comprometido, los hizo tener
mucha cercanía a los autores del Movimiento Nuevo Cancionero.
En 1967 apareció este álbum conceptual que tiene forma de poema
cantado. El disco realiza una conexión entre los géneros populares y
tradicionales de cada región argentina por la que va pasando el peón
golondrina, y los oficios característicos de estos lugares. Así,
aparecen el Estilo, la Huella, la Polca Misionera, el Chamamé, la
Milonga, la Zamba, la Cueca, la Baguala, la Galopa y el Tango, y muchos
de estos entremezclados en una misma canción, elaborando aires, es
decir, variaciones del estilo base de cada uno de los géneros. Se trata
de de una combinación entre sujeto, paisaje y expresiones simbólicas
sintetizadas en la aventura de un personaje trágico. Así, el canto
aparece alrededor del trabajador del tanino devastado de La Forestal,
de la juntada de maíces, de la vendimia mendocina; del trigo en el
pehuajó, de la caña de azúcar tucumana; del yerbatal litoraleño. Tiene
un protagonismo exclusivamente subalterno, en cada una de sus variantes
regionales, aunque autor (poeta y cantor) y personaje van pasando
rápidamente al segundo plano con el objetivo de dejar en el primero a
quien oye. Éste es el interpelado y al que se pretende hacer transitar
el camino iniciático de la transformación vía emoción y conocimiento.
Revolución, fraternidad, denuncia, igualdad, y libertad aparecen
tratados a lo largo de este conjunto diverso de canciones.
Los oficios de Pedro Changa, no muestra una ficción romántica de los
oficios, mas bien los pone en discusión por el sacrificio que implican
en la vida cotidiana del subalterno, y a su vez, denuncia la falta de
ellos en el presente. Sin embargo no trata de inculcar un desamparo
derrotista, sino que muestra una posible toma de conciencia, necesaria
para la llegada del tiempo justo. Se está ante un disco cuyo
posicionamiento indica una insatisfacción frente a las soluciones
parciales.
La obra se encuentra, como punto de llegada y de nueva partida, entre
dos momentos musicales del folklore argentino: el que busca amenizar la
espera de la revolución que estará llegando (y más vale esperar
cantando) y otro que pretende participar como estética de acción directa
en el proceso revolucionario.
En la contratapa del disco, Tejada Gómez se despacha con un testimonio único, que termina de esta manera:
“Él sabe que lo olvidan. Sabe que sólo habita los sitios del trabajo.
Sin embargo, allá en su corazón de ternura y colmena, el Pedro Changa
afirma su destino en la tierra, en esta tierra suya que aún es
horizonte, cielo, donde madruga la semilla de América. Seguramente
ignora que ha entrado a la leyenda y que ahora es canción a lo largo del
viento”.
Los oficios y la changa son temas que nunca van a poder dejar de ser
pensados y que pueden ser resignificados en cada momento. En tiempos en
que la música aparece como un arte que no debe ser ideologizado, es
bueno recordar que no existe algo así como una estética neutral: hay
artes que visibilizan y artes que esconden, artes que se muestran
trascendentales y artes que se saben materiales, hay algunos que ocultan
y desdibujan mecanismos de poder y otros que los ponen en cuestión.
Esta obra es un claro ejemplo del segundo de estos, compuesta alrededor
de autores revolucionarios, artistas comprometidos, grupos solidarios y
pensamientos emancipatorios.