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mercredi 26 novembre 2025

A 50 años de la muerte del dictador: el franquismo después de Franco

 FUENTE: https://observatoriocrisis.com/2025/11/20/a-50-anos-de-la-muerte-del-dictador-el-franquismo-despues-de-franco/

Cincuenta años después, el pueblo español no enfrenta solo una coyuntura peligrosa, sino un edificio entero construido sobre la continuidad del franquismo: su cultura política, su arquitectura económica, sus mecanismos de impunidad, sus élites y sus alianzas internacionales.

Carmen Parejo Rendón, periodista española

Este 20 de noviembre se cumplen cincuenta años de la muerte del dictador Francisco Franco. Pero si algo demuestran estas cinco décadas es que, muerto el dictador, no terminó lo que significaba su régimen. Porque lo que movilizó al franquismo no empezó en 1939 ni acabó en 1975, sino que se inició con el golpe de Estado de 1936 —organizado por oligarquías agrarias, financieras y militares— y, con nuevas máscaras, sigue operando hoy.

La Segunda República fue una consecuencia política de una transformación social profunda. España tenía un movimiento obrero poderoso, mujeres que se incorporaban al espacio público, jornaleros que tomaban tierras —como en el trienio bolchevique andaluz— y un hartazgo popular estructurado. Por eso, el bloque golpista reunió a fascistas, tradicionalistas, sectores de la Iglesia, terratenientes y capitalistas. Su enemigo era claro: la España que estaba por venir. Y su respuesta es mundialmente conocida.

La reforma fiscal republicana, la reforma agraria, los derechos laborales, la educación laica y el reconocimiento de las autonomías, fueron demasiado para una clase social que estaba acostumbrada a hacer lo que le daba la gana y que no iba a permitir perder ni un poco de su poder. Así no solo promovieron un golpe de Estado que desembocó en una guerra, sino que después reorganizaron el país para que nada volviera a moverse. El famoso «atado y bien atado» de Franco.

El bloque golpista reunió a fascistas, tradicionalistas, sectores de la Iglesia, terratenientes y capitalistas. Su enemigo era claro: la España que estaba por venir.

El franquismo no solo aniquiló físicamente a la izquierda organizada. Impulsó un modelo de acumulación basado en el expolio, el trabajo esclavo y las concesiones a dedo. Los March, Koplowitz, Entrecanales o Villar Mir consolidaron imperios empresariales al calor de ese Estado. Luego, en 1959, vino la «modernización»: el Plan de Estabilización de Alberto Ullastres que desmanteló industrias, expulsó trabajadores hacia Europa y subordinó la economía al capital internacional. La transición no rompió ese ciclo, lo adaptó a las nuevas circunstancias. Y así estas élites, paridas por la dictadura, se proyectaron hacia el exterior, especialmente hacia una América Latina mutilada por otras dictaduras (de carácter similar), como las del Plan Cóndor, donde el capital español encontró nuevas vías para seguir ganando la guerra contra el pueblo que había comenzado en 1936.

El encargado de garantizar esa continuidad fue Juan Carlos de Borbón, el rey que Franco colocó a dedo. Y que, lejos de traicionar al régimen, lo administró con fidelidad, como él mismo reconoce —con emoción filial— en su reciente biografía, publicada precisamente por el Grupo Planeta, cuyo fundador participó en el golpe contra la República y llegó con las tropas franquistas a Barcelona. Desde su creación en 1949, Planeta ha levantado un imperio editorial que actúa prácticamente como un monopolio: ha absorbido sellos, adquirido canales televisivos y medios de comunicación y consolidado un poder cultural concentrado que es fundamental para entender la España actual.

Así, hoy, ese monarca impuesto —el «rey emérito»— es una suerte de prófugo institucionalizado: vive fuera del país, pero entra y sale como quiere, sin responder por los numerosos casos de corrupción que lo rodean. Las investigaciones sobre sus comisiones millonarias en operaciones internacionales, muchas de ellas conectadas con la red de relaciones que tejió en pleno franquismo y que consolidó una vez coronado, son la expresión más nítida de una institución construida desde la impunidad.

Juan Carlos no solo agradece a Franco el trono, sino que encarna el modelo de inmunidad y acumulación que define a las élites españolas surgidas de la dictadura. Un modelo que excede a la monarquía y que encuentra su reflejo también en el Grupo Planeta: un gigante cultural, como dijimos, nacido del golpe del 36, blindado durante el franquismo y convertido hoy en un actor casi hegemónico en la producción del sentido común para la sociedad en España. La historia de ambos —el rey y el imperio editorial que publica su biografía— muestra la misma lógica estructural: continuidad, concentración y protección.

Juan Carlos no solo agradece a Franco el trono, sino que encarna el modelo de inmunidad y acumulación que define a las élites españolas surgidas de la dictadura.

Porque si el poder económico y político del franquismo se recicló, no podemos afirmar lo mismo de su base ideológica. El franquismo sigue operando hoy en España como un relato mítico sostenido que sirve para anular las posibilidades de crítica o transformación, incluso sí estas son mínimas. 

A través del Movimiento Nacional, Falange y la Iglesia, se moldeó una cultura autoritaria y nacional-católica que nunca fue desmantelada. A las mujeres se las devolvió a la obediencia doméstica con el «manual de la buena esposa»; a los trabajadores se les delegó a la obediencia a los «proveedores», que es como el Fuero del Trabajo denominaba a los patrones. Solo así se garantizaba una «España de paz» que sirve, además, como una amenaza constante. Si tocas, aunque sea mínimamente, los intereses y arbitrariedades de estos, volverá la guerra. 

Hoy, esa pedagogía del orden revive como parodia entre ‘influencers’ que reivindican a Franco entre memes y banderas, sin saber lo que realmente fue. Pero no es solo ignorancia: es una consecuencia directa de una transición que no explicó que el franquismo fue terrorismo de Estado al servicio del capital.

Por eso no sorprende que cincuenta años después, el franquismo siga en el núcleo del Estado, tanto en la fortuna blindada del rey emérito, como en las grandes empresas que cotizan en el IBEX 35. En el poder cultural concentrado. Pero también en la judicatura que actúa como policía política, porque tampoco aprendieron —nadie les enseñó ni les recriminó— que debiesen actuar de otra manera.

La extrema derecha europea lo sabe, y por eso había elegido el 20N para movilizarse en Madrid. La expresión visible de un ecosistema reaccionario global en plena expansión, donde partidos, ‘think tanks’, ‘lobbies’ religiosos, magnates mediáticos e ‘influencers’ comparten estrategias, financiación, discursos y objetivos. Vox y la Comunidad de Madrid se han convertido en uno de los nodos principales de esa red: un laboratorio político donde se ensayan políticas liberales extremas, ofensivas culturales ultraconservadoras y una estética abiertamente fascistizante. 

Allí convergen actores de la derecha extrema de EE.UU., Italia, Argentina, Venezuela, Brasil o Polonia, todos articulados en una misma internacional reaccionaria.

50 años después de la muerte de Franco: jóvenes en España que no vivieron la dictadura se radicalizan

En paralelo, Europa avanza hacia un modelo cada vez más autoritario: leyes mordaza, vigilancia reforzada, criminalización del disenso y recortes de libertades independientemente de quién gobierne. Todo ello acompañado de un proceso de expolio social: privatización de servicios públicos, degradación de derechos laborales y transferencia sistemática de recursos colectivos a grandes empresas. 

Y como columna vertebral de esta reconfiguración, el militarismo europeo se consolida como un nuevo eje de acumulación del capital. La supuesta «ayuda a Ucrania» anunciada por Pedro Sánchez es un ejemplo: dinero público canalizado hacia el complejo militar-industrial español (Indra y otros) y hacia las corporaciones armamentísticas estadounidenses, bajo un relato «humanitario» destinado a encubrir lo esencial: las guerras se han convertido en el gran negocio del capitalismo europeo en crisis.

Cincuenta años después, el pueblo español no enfrenta solo una coyuntura peligrosa, sino un edificio entero construido sobre la continuidad del franquismo: su cultura política, su arquitectura económica, sus mecanismos de impunidad, sus élites y sus alianzas internacionales.

Franco murió. El franquismo —y lo que significa— sigue vivo

jeudi 6 novembre 2025

Cuando Juan Carlos I entregó el Sáhara a Marruecos para afianzar su llegada al trono

FUENTE : https://www.publico.es/politica/juan-carlos-i-entrego-sahara-marruecos-afianzar-llegada-trono.html?

Juan Carlos de Borbón, en su coronación el 22 de noviembre de 1975 en el Congreso de los Diputados en Madrid.
Juan Carlos de Borbón, en su coronación el 22 de noviembre de 1975 en el Congreso de los Diputados.

Autodeterminación del Sáhara

Invasión civil

Juan Oliver

Periodista licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de Madrid y máster en Medios de Comunicación por la Universidade de A Coruña. Ha trabajado también en El Mundo (1995-2000) y en La Voz de Galicia (2000-2013), diario para el que fue corresponsal en Bruselas entre 2005 y 2010. También ha colaborado en El Periódico de Catalunya y colabora habitualmente en la revista Luzes. Xornalista licenciado en Ciencias Políticas pola Universidad Complutense de Madrid e máster en Medios de Comunicación pola Universidade da Coruña. Traballou tamén en El Mundo (1995-2000) e en La Voz de Galicia (2000-2013), diario para o que foi correspondente en Bruxelas entre 2005 e 2010. Tamén colaborou en El Periódico de Catalunya e colaboro habitualmente na revista Luzes.

vendredi 10 octobre 2025

27 de septiembre de 1975: la noche más larga del franquismo

 FUENTE: https://arainfo.org/la-noche-mas-larga-del-franquismo/

Hace 50 años, Franco ejecutaba a cinco jóvenes antifascistas tras juicios sin garantías. La Plataforma de Acción por la Memoria de Aragón recuerda a Txiki, Otaegi, Baena, Sánchez Bravo y García Sanz, que siguen vivos en la memoria, subrayando la brutalidad del régimen, la necesidad de justicia y alertando frente a los rebrotes fascistas que todavía amenazan nuestra sociedad.

Foto: AraInfo

La mañana del 27 de septiembre de 1975, apenas dos meses antes de la muerte del dictador, el franquismo asesinaba a cinco jóvenes antifascistas: José Humberto Baena (24 años), José Luis Sánchez Bravo (22), Ramón García Sanz (27), militantes del FRAP, y Jon Paredes Manot “Txiki” (21) y Angel Otaegi (33), militantes de ETA. Los fusilamientos, con pelotones formados por policías y guardias civiles voluntarios, tuvieron lugar en el campo de tiro de Hoyo de Manzanares, en la sierra madrileña, en la prisión de Burgos y Barcelona, cerca del cementerio de Cerdanyola, tras procesos sumarísimos sin garantías, convertidos en una farsa judicial.

Los fusilamientos tras aquella “noche más larga” fueron las últimas ejecuciones firmadas por Franco, pero no los últimos asesinatos del franquismo: después de la muerte del dictador, grupos parapoliciales y ultras siguieron actuando con total impunidad durante años, dejando un reguero de víctimas en lo que se llamó la “guerra sucia” contra militantes antifascistas, independentistas y personas comprometidas con la transformación social.

Los consejos de guerra de aquel 1975 que dictaron las penas de muerte ni siquiera respetaron la propia legalidad franquista. Se denegaron todas las pruebas y testigos de las defensas. La decisión de matar ya estaba tomada de antemano. “Tenían decidido que iban a matar a cinco”, recuerdan colectivos memorialistas.

La mañana del 27 de septiembre comenzó con la ejecución de Txiki en Barcelona. Al alba. Poco después era fusilado Angel Otaegi en Burgos. Finalmente, en Hoyo de Manzanares caían Baena, Sánchez Bravo y García Sanz. En una última carta a sus padres horas antes de ser asesinado, José Humberto Baena escribió: “Pensad que yo muero, pero la vida sigue. Cuando me fusilen mañana pediré que no me tapen los ojos para ver la muerte de frente”. También Txiki, “a la espera de ser ejecutado”, dejó sus últimas palabras en un manuscrito de su puño y letra: “Viva la solidaridad de los pueblos oprimidos”.

El impacto de estos cinco asesinatos fue inmediato y global. Marcaron un antes y un después. Decenas de países retiraron embajadores, miles de personas salieron a las calles en Europa y América Latina, y hasta el Papa Pablo VI pidió clemencia. Sin embargo, Franco y sus ministros decidieron firmar la muerte. Como recuerda la Plataforma de Acción por la Memoria de Aragón (PAMA), “la intención del régimen franquista, desde que llegó al poder, fue sostenerse sobre la sangre de sus opositores y así lo reafirmó desde la sublevación militar de 1936 hasta 1975 con la muerte del dictador”.

La presión internacional consiguió la conmutación de seis de las once penas de muerte dictadas en aquellos consejos de guerra. Pero las protestas no lograron detener todas las ejecuciones. El objetivo del régimen era claro: escarmentar a una sociedad que ya mostraba un rechazo mayoritario a seguir soportando una interminable dictadura. Franco eligió morir como vivió: matando.

Cincuenta años después, el grito de memoria sigue vivo. Dos de los fusilados, Baena y Sánchez Bravo, han sido reconocidos recientemente, en agosto de este año y el pasado noviembre, como víctimas del franquismo por el Gobierno español, gracias a la lucha incansable de sus familiares. El caso de García Sanz sigue en trámite. Paredes y Otaegi recibieron este reconocimiento en 2012 por parte del Gobierno vasco.

“Hoy recordamos tan atroces asesinatos y nos reafirmamos en nuestra lucha por la reivindicación de todas las personas represaliadas. Reclamamos la vigilancia sobre los rebrotes fascistas que alientan los partidos de ultraderecha”, añaden desde la plataforma que agrupa a las entidades memorialistas aragonesas.

PAMA denuncia además los intentos de blanqueamiento de aquella dictadura que todavía hoy incomodan a los herederos ideológicos del franquismo. “Seguiremos trabajando para que ninguna víctima de la dictadura quede en el olvido. Cada día es más patente la necesidad de que nuestra sociedad conozca la verdad sobre los crímenes del franquismo”, añade el comunicado, que concluye con un mensaje de solidaridad a las familias y una advertencia clara: “Esta historia no debe repetirse. Fascismo, nunca más”.

 

jeudi 31 juillet 2025

Propos marxistes d'Angela Davis à la sortie de son livre en 1975

 

"Le racisme c'est une idéologie qui a été utilisée d'abord pour justifier la surexploitation de noirs".

 

"Les blancs de la classe ouvrière n'ont pas d'intérêt objectif à être raciste. 

Ils ne profitent pas du tout du racisme."

 

 

L'analyse dialectique d'Angela Davis est l'antithèse de la pensée essentialiste wokiste et de son jumeau de droite (la fondation Mellon, par exemple, bien consciente de défendre les intérêts "unitaires" capitalistes, soutient à la fois Judith Butler et Donald Trump: voir à ce propos les recherches de Gabriel Rockhill, notamment ici).