FUENTE https://www.libertaddigital.com/opinion/ideas/paseo-entre-tumbas-1276229394.html
No entiendo por qué tantos paletos carpetovetónicos presumen de haberse cruzado en un pasillo con Guy Debord, sobre todo después de la muerte de éste. Debord fue un hábil estafador y un copista, no sólo en sus escritos, también en sus gesticulaciones. Creyó alzarse a la altura de André Breton a base de expulsiones, uno del grupo surrealista, el otro de la Internacional Situacionista. Pero el talento literario no se mide por ese rasero.
Su única aportación al postmodernismo,
son sus confusas tesis sobre la sociedad "espectacular mercantil", que
realizó magníficamente cuando, a principios de los años setenta,
disolvió su Internacional Situacionista porque "sus ideas habiéndose
encarnado en las masas, que las habían hecho suyas, la I.S. había
logrado su objetivo revolucionario, y por lo tanto se autodisolvía para
no convertirse en una burocracia más." (cito de memoria). Cuando no se
tienen ideas fácil es convencerse de que todo el mundo las comparte. La
verdad es mucho más rastrera, el señorito Debord se aburrió de su
juguete y lo rompió.
Hasta ahora yo tenía la impresión de que el Premio Juan Rulfo era
un premio discreto, pero se lo han dado este año a Juan Goytisolo, en el
marco de la Feria del Libro de Guadalajara (México), que se parece a
una continuación del Foro de Barcelona, y de pronto cobra mediática
brillantez. En ese contexto publicitario y comercial, y en su discurso
académico, Goytisolo afirma que "... nunca he tratado de trepar por el
escalafón ni hacer carrera en el Parnaso", con cínica ingenuidad.
Hay varias maneras de se conformista y de recibir honores y
mordidas, una de las más usuales es precisamente la de fingir
rechazarlos, al mismo tiempo que se coleccionan medallitas y premios.
Dárselas de diferente y de rebelde en el contexto de la Feria de
Guadalajara (las palabras a veces tienen su sentido) es francamente
ridículo. Como buen paleto, Goytisolo se las arregla para hablar de
Debord, algo que no venía a cuento en esas circunstancias, si no
considerara que el situacionista difunto está de moda y que citarle es
por lo tanto chic. Nos cuenta que llega a París, ansioso por leer a
Gide, Proust, Malraux, Sartre, Camus, y Debord le dice que son pura
mierda, o algo así. Goytisolo acusa a "Franco y a su Iglesia", de
haberle impedido conocer a esos y otros autores, pero, sin negar la
censura franquista, yo conozco a muchos a quienes, viviendo en Barcelona
por los mismos años que Goytisolo, se las arreglaron para leer esos y
muchos más autores sin necesidad de entrevistarse con Debord en París.
Si con admirable modestia confiesa haber abandonado su condición de niño
bonito de Gallimard, para lanzarse a la periferia. (¿dónde está eso?),
no es por su estatuto de "autor de moda", como indica que Debord le
trató públicamente de Goytisalaud (salaud: canalla), sino por su
papel de comisario político y delator, acerca de Sartre, antes de
convertirse en perrito faldero de las catástrofes nacionales que fueron
Fernando Claudín y Federico Sánchez. Además, yo creía que el propio
Goytisolo se había arrepentido de ese sucio papel que desempeñó durante
la época.
Pero me equivoco, no fue Debord quien le abrió los ojos, fue Genet:
"El ejemplo cercano del rigor ético y literario de Genet me salvó." Si
se le puede conceder dotes literarias o talento o lo que sea a Genet, lo
del rigor ético, no es sino otra estafa propagandística, porque
reiteradamente Genet puso por las nubes el más despiadado y cruel
terrorismo, y basta con releer sus textos, alguno publicado en Le Monde,
para poder apostar, sin riesgo, que hubiera frenéticamente aplaudido a
los atentados de Atocha. Si eso es rigor ético, ustedes me dirán en qué
consiste el crimen contra la Humanidad.
Claro, que en Guadalajara, con tamboriles y trompetas mariachis,
Goytisolo se ha atrevido a realizar un panegírico del terrorismo, ni
siquiera enmascarado. En cambio demuestra un conformismo de sacristía,
cuando, usando una de cal y otra de arena, lamenta tanto "la humillación
y sufrimientos de los palestinos", como "los atentados terroristas (y)
los bombardeos ciegos", tanto "la explosión mortífera de los trenes en
la estación madrileña de Atocha", como "el horror del asedio a
Sarajevo", etcétera. Declarando que todos son culpables es fácil
convencerse de que no lo es ninguno, que la vida no es así de cruel.
Desde luego que en las guerras se cometen atrocidades, pero si todas las
guerras son injustas, las hay que lo son más. Ponernos todos en el
mismo saco y tirarnos al río no te lava las manos ni te limpia de
culpas. Por ejemplo, ¿todos los palestinos están "humillados", o hay
palestinos en la OLP y en Hamás que son terroristas?, ¿por qué no te
atreves a decir, como tu maestro Genet, que son héroes? Yo también me
indigné por el asedio a Sarajevo, pongamos, pero no porque entre los
asediados hubiera musulmanes, sino porque eran todos víctimas de la
barbarie del ejército serbio. Pero también me indigné de la agresión
soviética contra Afganistán, y que la derrota de la URSS era entonces el
enemigo principal. La Historia no es una autopista recta,
rodeada de flores, las malas sorpresas son frecuentes, y las guerras a
veces innecesarias, como en Afganistán, o en Irak, o contra los
nacionalcomunistas serbios.