La Casa Real española pactó en secreto con Kissinger la entrega del Sáhara a Marruecos a cambio de la Corona.
El Sáhara Occidental es un tema de descolonización que no sólo
afecta a la región del Maghreb. Hay muchos países pendientes de cuanto
sucede en este conflicto por los daños colaterales que puede suponer.
La Agencia Central de Inteligencia americana compartió varias fotos de
soldados saharauis lanzando misiles y otros marroquíes capturados por
las fuerzas saharauis.
La decisión de la Agencia Central de Inteligencia estadounidense, CIA,
de abrir el acceso a más de 10 millones de páginas de más de 900.000
documentos desclasificados permite conocer lo que sucedió exactamente a
partir de marzo de 1979.
La agencia de inteligencia americana revela que Marruecos estaba
perdiendo la guerra contra el Frente Polisario. Según el documento,
Marruecos estaba perdiendo la batalla hasta que países europeos y Árabes
intervinieron para ayudar a la dictadura de Hassan II.
''La anexión del Sáhara Occidental por Marruecos en 1975 fue por la
fuerza y desembocó en una guerra'', según los documentos
desclasificados, la guerra del Sáhara que estuvo muy disputada entre el
Frente Polisario y Marruecos, fue determinante la ayuda que recibieron
los marroquíes por parte de Estados Unidos, Francia, España y Arabía
Saudí gracias a las relaciones de Hassan II con Henry Kissinger,
entonces consejero de Seguridad Nacional de EEUU y con los Saud de
Arabía Saudí.
PERO QUE HA HECHO JUAN CARLOS CON EL PUEBLO DEL SÁHARA OCCIDENTAL?
El 21 de agosto de 1975, el Departamento de Estado norteamericano da luz
verde a un proyecto estratégico secreto de la CIA, financiado por
Arabia Saudí, para arrebatar la antigua provincia del Sahara (270.000
Kms cuadrados) a España. Un territorio vital desde el punto
geoestratégico, rico en fosfatos, hierro, petróleo y gas, que EE.UU no
está dispuesto a dejar en manos de España dada la situación en que se
encuentra el régimen de Franco.
El 6 de octubre de 1975, los servicios de Inteligencia del Ejército
español informan a Franco, ya muy enfermo, de los planes de EE.UU en
relación con el Sáhara Occidental y le piden que actúe en consecuencia.
El 16 de octubre de 1975, la Marcha Verde es anunciada por Hasan II, al
mismo tiempo que el Tribunal Internacional de Justicia de la ONU rechaza
las pretensiones de Maruecos sobre ese territorio. Hassan II declara
sin vergüenza ninguna: ''Tenemos que iniciar una marcha verde desde el
Norte de Marruecos hacia el Sur y del Este al Oeste. Tenemos, querido
pueblo, que levantarnos como un solo hombre, con orden y organización
para dirigirnos al Sahara y encontrarnos con nuestros hermanos allí.'
El 21 de octubre de 1975, el príncipe Juan Carlos de Borbón, heredero
del dictador, se niega a aceptar la jefatura del Estado con carácter
interino. Quiere plenos poderes para poder actuar en el Sáhara
Occidental.
El 22 de octubre de 1975, el presidente del Gobierno español, Arias
Navarro, con conocimiento de Franco, manda al ministro José Solís a
Rabat para tratar de parar el órdago marroquí prometiendo negociaciones
sobre el tema en cuanto la situación del dictador mejore.
El 26 de octubre de 1975, da comienzo la Marcha Verde en
territoriomarroquí. Toda la planificación operativa y la organización
logística del plan ha corrido a cargo de técnicos norteamericanos.
El 31 de octubre de 1975, Juan Carlos de Borbón se hace cargo de la
jefatura del Estado español. Mostrándose muy preocupado por la situación
en el Sahara, pues tiene muy presente el caso portugués. No quiere que
la situación le desborde.
Finalmente el monarca español asumió oficialmente la jefatura de Estado
el 31 de Octubre después de negarse a hacerlo una semana antes. Ese
mismo día convocó un Consejo de Ministros y se puso manos a la obra. Sus
contactos con su homólogo marroquí fueron constantes. Hasta entonces,
según transmitió Stabler, "el Gobierno seguía vacilante" ante la falta
de liderazgo y, sobre todo, el aumento de las presiones marroquíes.
Rabat envió el primer grupo de "marchadores verdes" al Sáhara el 30 de
octubre, y no el 6 de noviembre, fecha oficial del inicio de la Marcha
Verde, para bloquear una posible intervención de Argelia contra la
invasión.
El 31 de octubre de 1975, el príncipe preside un Consejo de Ministros en
La Zarzuela. Cuestión prioritaria: el Sahara. Juan Carlos manifiesta su
férrea determinación de ponerse al frente de la situación. Sin embargo,
no les dice a los reunidos que él ya ha enviado a su hombre de
confianza, Manuel Prado y Colón de Carvajal, a Washington, para
solicitar la ayuda de Henry Kissinger. Es consciente de que una guerra
colonial con Marruecos en aquellos momentos podría precipitar los
acontecimientos al estilo de lo acaecido en Portugal y que podría perder
su corona antes de ceñirla.
El Secretario de Estado norteamericano acepta la mediación solicitada
por el nuevo jefe del Estado español, intercede ante Hassan II y en las
siguientes horas se firma un pacto secreto por el que Juan Carlos se
compromete a entregar el Sahara español a Marruecos a cambio del total
apoyo político americano en su próxima andadura como rey de España.
El 2 de noviembre de 1975, Juan Carlos de Borbón visita las tropas
españolas en El Aaiún en un viaje sorpresa. Está en tratos secretos con
los americanos para la entrega del territorio, pero no tiene ningún
reparo en aparentar con los militares (a los que traicionará en las
siguientes horas igual que al pueblo español, a los saharauis y a la
propia ONU) En este centro, en el curso de una bien regada amistad con
los militares, hasta se permite decirlesa los oficiales de las tropas
allí destacadas: “España no dará un paso atrás, cumplirá todos sus
compromisos, respetará elderecho de los saharauis a ser libres” y
también, dice “No dudéis que vuestro comandante en jefe estará aquí, con
todos vosotros, en cuanto suene el primer disparo”.
El 6 de noviembre de 1975, la Marcha Verde invade la antigua provincia
africana española. En virtud del pacto secreto (alta traición) entre
Kissinger, Hassan II y el traidor nuevo jefe del Estado español. Los
campos de minas de la frontera han sido levantados y los legionarios
españoles prudentemente retirados. España hasta se permite la
desvergüenza de enviar al ministro de la Presidencia para que gire una
visita de cortesía a los campamentos marroquíes de la Marcha Verde. La
ONU, incómoda y sin saber qué sucede, urge a Hassan II a retirarse y a
respetar la legalidad internacional. Mientras España mira hacia otro
lado porque bastante tiene el principe con asegurar su corona y el
monarca alauí no hace el menor caso.
El 9 de noviembre de 1975, Hassan II da por alcanzados todos sus
objetivos en el Sahara y en espera de las conversaciones de Madrid,
retira los campamentos de la Marcha Verde a Tarfaya. Argelia protesta y
retira su embajador en Rabat. Los saharauis, traicionados por España, se
aferran a la lucha armada.
El 12 de noviembre de 1975, comienza la Conferencia de Madrid entre
España, Marruecos y Mauritania, dirigida y controlada por EE.UU en la
sombra.
El 14 de noviembre de 1975 se produce la famosa Declaración de Madrid
sobre el Sahara (acuerdos tripartito de Madrid). Por ella se entrega a
Marruecos toda la parte norte de la antigua provincia española:
200.000 Kms cuadrados de gran importancia geoestratégica, muy ricos en
toda clase de minerales, gas y petróleo (descubierto por petrolíferas
norteamericanas y en reserva estratégica). A Mauritania (que los
abandonará enseguida en beneficio de su poderoso vecino del norte) se le
transfieren 70.000 Kms cuadrados del sur, los más pobres e
improductivos.
Las Cortes y el pueblo español no saben nada del asunto. Todo se ha
tejido entre bastidores, con la CIA, el departamento de Estado
norteamericano y los servicios secretos marroquíes como maestros de una
ceremonia bochornosa en la que el príncipe Juan Carlos ha movido sus
hilos a través de sus hombres de confianza: Armada, Mondéjar y Torcuato
Fernández Miranda.
Mientras el Gobierno del anonadado Arias Navarro, con Franco moribundo y
su porvenir político acechando, se limitó a ejercer de convidado en la
mayor vergüenza política y militar de España en toda su historia.
Porque, efectivamente, este país nunca jamás había traicionado de una
forma tan perversa a sus propios ciudadanos (los saharauis lo eran en
1975), se había humillado de tal manera ante un pueblo más débil que él
pactando en secreto su rendición, y abandonado cobardemente el campo de
batalla sin pegar un solo tiro y después entregando a su enemigo
acuartelamientos y armas.
des États-Unis respecte ceux qui ont résisté à Washington,
mais attend de ses vassaux qu'ils continuent d'obéir.
Les instances dirigeantes de l'Europe occidentale ont bradé
les intérêts des citoyens européens aux États-Unis et en subissent aujourd'hui les conséquences.
Par Tarik Cyril Amar,
historien allemand travaillant à l'université Koç d'Istanbul,
spécialiste de la Russie, de l'Ukraine et de l'Europe de l'Est,
de l'histoire de la Seconde Guerre mondiale, de la guerre froide culturelle
et des politiques de la mémoire.
@tarikcyrilamar
tarikcyrilamar.substack.com
tarikcyrilamar.com
Les États-Unis, qui demeurent la première puissance militaire mondiale, ont publié une nouvelle stratégie de sécurité nationale
. Or, comme il s'agit des États-Unis, ce qui rassure Washington
contribue à l'insécurité de nombreux gouvernements à travers le monde.
Jusqu'ici,
rien de bien surprenant : si vous êtes en Amérique latine, la
codification de ce qu'on appelle officieusement à Washington une «
doctrine Donroe », promettant encore plus d'agression et de domination
de la part de la grande puissance du Nord, ne vous étonnera pas, mais
elle ne vous réjouira certainement pas non plus. Si vous êtes à Taïwan,
vous devriez même être soulagé, car un recul face à la politique du bord
du gouffre menée par Biden contre la Chine pourrait vous épargner le
sort de l'Ukraine.
Mais
comme il s'agit de l'Amérique de Trump 2.0, ironiquement, nombre de ces
gouvernements très inquiets appartiennent à des alliés ou des proches
des États-Unis, autrement dit, à leurs clients et vassaux de facto. Et
cela – pour rendre les choses encore plus curieuses – est une bonne
chose. Car nombre de gouvernements et d'élites alarmés par cette
nouvelle vision trumpiste de la sécurité nationale américaine ont besoin
d'un retour à la réalité, et plus il sera brutal, mieux ce sera. Pour
ceux qui s'agitent sous l'effet d'une russophobie auto-infligée et d'une
hystérie guerrière, le moindre électrochoc ne peut être que bénéfique.
Parallèlement,
certains gouvernements de premier plan, notamment la Russie et la
Chine, habitués à l'hostilité irrationnelle et à l'agression constante
de Washington – que ce soit par le biais de guerres par procuration,
d'opérations secrètes, de tentatives de subversion idéologique ou de
guerre économique – pourraient entrevoir des raisons d'un optimisme
prudent. Habitués à être traités non seulement comme des rivaux
géopolitiques et économiques, mais aussi comme des ennemis et des
criminels à réduire à l'insignifiance par un changement de régime, Pékin
et Moscou ne manqueront pas de percevoir un ton nouveau et radicalement
différent.
L'authenticité
et la pérennité de ce nouveau ton américain restent à prouver,
notamment au vu de l'instabilité passée de Trump et de la longue
tradition américaine de manœuvres douteuses et de tromperies flagrantes.
Seul l'avenir dira si cette stratégie de sécurité nationale pour 2025
marque une véritable remise en question des pires traditions et des
impasses actuelles de la politique étrangère américaine. Miser dessus
serait naïf, mais négliger la possibilité d'une détente et d'une
coopération mutuellement avantageuse, tant sur le plan politique
qu'économique, serait une erreur.
Le porte-parole du Kremlin, Dmitri Peskov, a réagi à la nouvelle Stratégie de sécurité nationale en reconnaissant que
l'administration Trump est « fondamentalement » en matière de politique
étrangère différente de ses prédécesseurs, que ses « réorientations »
correspondent « à bien des égards à nos vues [russes] », et que ce fait
offre la possibilité de « poursuivre un travail constructif en vue d'un
règlement pacifique du conflit ukrainien, à minima ». M. Peskov s'est
également félicité de l'aversion de la Stratégie de sécurité nationale
pour l'élargissement de l'OTAN et les conflits en général, ainsi que de
l'accent mis sur la recherche du dialogue et de bonnes relations.
Parallèlement, a ajouté le porte-parole de Moscou, ce qui paraît positif
sur le papier ne saurait empêcher l' « État profond » américain d'agir
tout autrement, c'est-à-dire, de toute évidence, bien pire.
En
termes diplomatiques, cela est bien moindre que l'enthousiasme démesuré
et tragiquement déplacé avec lequel les dirigeants et diplomates de la
fin de l'Union soviétique, tels que Mikhaïl Gorbatchev et Edouard
Chevardnadze, se laissaient séduire par les belles paroles de
Washington. Moscou a depuis longtemps tiré les leçons amères de la mauvaise foi américaine
: la confiance naïve n'est plus de mise et ne reviendra pas. Pourtant,
la Russie est également en mesure – grâce à sa renaissance et à sa
résilience, et notamment à sa victoire de facto sur la guerre par
procuration menée par l'Occident en Ukraine – d'explorer avec vigilance
les opportunités qui s'offrent à elle.
Prenons
un peu de recul pour bien comprendre le contexte historique. Washington
– ou plus précisément le pouvoir exécutif du gouvernement américain,
dirigé par la présidence – produit ce type de stratégie nationale
officielle depuis près de quarante ans.
Elles
ont deux objectifs principaux : communiquer les priorités du président
américain aux publics nationaux et internationaux, y compris aux autres
composantes et agences du gouvernement américain. Dans les faits,
l’impact des Stratégies de sécurité nationale a été variable. Mais,
utilisées à bon escient, elles peuvent constituer ce qu’un commentateur
de Fox News vient de qualifier de « document de référence » pour définir la politique de défense et, par conséquent, la politique étrangère.
Initialement
prévues pour une publication annuelle, les Stratégies de sécurité
nationale ont en réalité paru avec des retards et des lacunes. À ce
jour, nous en examinons vingt. La première, publiée à la toute fin de la
première Guerre froide en 1986, reflète des contextes internationaux et
des priorités américaines très différents.
Nombre
de stratégies de sécurité nationale antérieures sont tombées dans
l'oubli, à juste titre : elles n'étaient ni particulièrement novatrices
ni – selon les critères américains – véritablement effrayantes pour le
reste du monde. Certaines, cependant, ont marqué les esprits, comme
celle de 2002, qui a codifié la doctrine Bush, un mélange
néoconservateur toxique d'unilatéralisme, de changement de régime, de
guerre préventive et d'obsession américano-israélienne, qui a coûté des
millions de vies.
En
2010, l'administration Obama a prétendu, à tort, innover en mettant
l'accent sur la « promotion de la démocratie » (autrement dit, un
changement de régime, une fois de plus) et la contre-insurrection, en
appliquant une nouvelle stratégie de conquête des cœurs et des esprits
visant à moderniser les populations occupées et à les soumettre. La
Stratégie de sécurité nationale de 2017, déjà mise en œuvre sous la
présidence de Trump, alors nouveau président des États-Unis, proposait
un mélange d'éléments véritablement novateurs (dans le bon sens du
terme), en reconnaissant la réalité des rivalités géopolitiques
omniprésentes, et d'éléments d'un conservatisme convenu (dans le mauvais
sens du terme), en désignant la Russie et la Chine comme les
principales menaces.
Ce
qui s'est passé à présent est toutefois différent. Les réactions
choquées des faucons occidentaux, notamment au sein de l'OTAN et de l'UE
en Europe, attestent que la seconde stratégie de sécurité nationale de
Trump n'est pas – du moins sur le papier – un compromis incohérent, mais
bien une affirmation claire de nouvelles priorités et d'une approche
fondamentalement différente.
Face
aux gémissements de malaise, voire aux cris de douleur, des faucons et
bellicistes occidentaux, quelques exemples suffisent à saisir le ton
général : « La
stratégie de politique étrangère sombre et incohérente de Donald Trump.
Les alliés risquent de paniquer ; les despotes, de se réjouir » (The Economist) ; une stratégie américaine « qui se retourne contre les démocraties européennes
» et constitue une situation d’urgence ( « Ernstfall » ) pour l’Europe
(malheureusement, Norbert Rottgen, figure de proue de la droite
conservatrice allemande) ; et Agnieszka Brugger, politicienne écologiste
tout aussi belliqueuse, ne voit qu’une seule solution à la crise :
s’emparer au plus vite des avoirs russes gelés. En quoi cela est censé
aider reste un mystère, mais Brugger « sait » tout simplement que c’est
soit le pillage massif maintenant, soit une « chute impitoyable »
pour l’OTAN et l’Europe. On pourrait multiplier les exemples, mais vous
comprenez l’idée : l’hystérie habituelle et absurde d’une guerre
imminente, sans la moindre rationalité, toujours la même rengaine.
Autrement dit, les élites de l'OTAN et de l'UE dans ce qu'elles ont de
pire.
De
leur point de vue égocentrique et obsessionnel, leur panique est, il
faut bien le dire, presque compréhensible. L'Europe officielle, membre
de l'OTAN et de l'UE, s'emploie depuis au moins une décennie – depuis
qu'elle a instrumentalisé les accords de Minsk II – à se priver des
derniers vestiges d'options, de levier et de crédibilité dans sa
non-relation actuelle avec Moscou. À présent, après de nombreux signes
manifestes de désapprobation de Washington sous l'administration Trump,
le couperet semble tomber d'outre-Atlantique.
Regardez
la situation avec le regard somnolent, prétentieux et idéologiquement
illuminé de Bruxelles, Paris, Londres et Berlin. Voilà les « amis » et
protecteurs américains qui, non seulement envoient une nouvelle salve de
signaux de détente à la Russie et à la Chine, mais déclarent aussi leur
ferme intention de restaurer « la confiance civilisationnelle de l'Europe et son identité occidentale ».
Cela peut paraître inoffensif, voire protecteur. Du moins, tant qu'on
ne le traduit pas clairement : les États-Unis soutiendront la nouvelle
droite européenne en pleine ascension, et non ses fragiles institutions
centristes.
Car
c'est dans la Nouvelle Droite que le Washington de Trump perçoit cette «
confiance en soi » et cette « identité ». Comme le craint le faucon
allemand Rottgen, les États-Unis pourraient commencer à s'ingérer
sérieusement dans la politique intérieure européenne. Réveille-toi,
Norbert : ils l'ont toujours fait. Ce qui est nouveau pour toi, c'est
que tu n'es plus parmi leurs complices et leurs favoris, mais parmi
leurs cibles. Dis-toi : « Ah, c'est donc ça ! » et profite du spectacle.
L'enthousiasme
démesuré de la nouvelle Stratégie de sécurité nationale, qui situe tout
ce qu'il y a de plus beau et de meilleur aux États-Unis, et uniquement
là-bas, est on ne peut plus américain. Trump l'affiche avec une
franchise déconcertante. Le fait de placer explicitement « l'Amérique
d'abord » n'a rien de surprenant non plus. C'est simplement plus
honnête, une fois de plus, que les pieuses déclarations centristes
d'antan.
Pourtant,
lorsqu'on fait partie de l'élite européenne qui vient d'être soumise et
piétinée par une guerre commerciale, contrainte de débourser des sommes
considérables pour une OTAN où la fiabilité américaine est bien
moindre, et qui voit sa base industrielle détruite, entre autres, par
une dépendance excessive à l'égard d'une Amérique brutalement égoïste,
même ces arguments prennent une signification nouvelle et sinistre : il
ne s'agit pas seulement de « l'Amérique d'abord », mais aussi de «
l'Europe en dernier ». Et, en tant que collaboratrices zélées de tout ce
que les États-Unis ont imposé, ces mêmes élites européennes n'ont
qu'elles-mêmes à blâmer.
«
Que ressentirait-on , se demandent peut-être aujourd’hui ces dirigeants
européens de l’OTAN et de l’UE, si l’on pouvait s’appuyer sur le soutien
russe pour contrebalancer la pression américaine ? » Mais la question
est devenue purement hypothétique, car, par une politique – si l’on peut
dire – de soumission autodestructrice aux États-Unis et de
confrontation tout aussi autodestructrice avec la Russie, ils ont rendu
cette option impossible.
Autrement
dit : l’Amérique ne fera même plus semblant de faire la guerre –
directement ou par procuration – au nom de « valeurs » . Mais – et c’est
là une autre ironie amère pour ses clients et vassaux occidentaux –
Washington « incitera ses alliés partageant les mêmes idées à défendre
nos normes communes, servant ainsi nos intérêts ».
En
d'autres termes : si vous nous avez résisté et avez conservé votre
souveraineté, tant mieux pour vous. Nous sommes enfin prêts à vous
respecter. En revanche, si vous vous êtes soumis et avez renoncé à votre
souveraineté, tant pis pour vous : nous exigeons de vous une obéissance
continue. Et voilà ! Seuls les trumpistes qui traitent avec les
Européens sont capables d'un tel double coup de maître, alliant
rétrogradation et humiliation.
Si
les instances européennes de l'OTAN et de l'UE étaient un tant soit peu
rationnelles, elles opéreraient sans tarder un revirement complet de
leur politique étrangère et tenteraient de se réconcilier avec Moscou.
(La question de savoir si la Russie pourrait être intéressée, et à
quelles conditions, reste évidemment ouverte.) Mais, d'un autre côté, si
elles étaient rationnelles, elles ne se trouveraient pas dans cette
situation catastrophique : en pleine confrontation avec la Russie, qui
vient de révéler son potentiel, et abandonnées par l'Amérique, qui n'a
probablement pas fini de montrer ce qu'elle peut faire à ses plus
fidèles alliés.
L'establishment
de l'Europe occidentale a bradé les intérêts des citoyens européens
ordinaires aux États-Unis. À présent, les États-Unis semblent prêts à
livrer l'Europe à un nouvel alignement sur les grandes puissances que
Washington a enfin appris à respecter : la Russie et la Chine. Le prix
de cette folie et de cette lâcheté sera lourd.
Los
documentos históricos desclasificados apuntalan la teoría de que el
exmonarca se aseguró el apoyo de EEUU para suceder a Franco a cambio de
la entrega de los territorios ocupados al pueblo saharaui.
Juan Carlos de Borbón, en su coronación el 22 de noviembre de 1975 en el Congreso de los Diputados.
Siempre que se
acerca el aniversario de la muerte de Franco se aproxima también a
la memoria colectiva la imagen de la Marcha Verde, aquella marabunta humana y política que Marruecos
envió al Sáhara Occidental en noviembre de 1975 y que condicionó
el relato de la salida del franquismo, el mapa de la descolonización
del norte de África y el derecho del pueblo saharaui a su
autodeterminación.
Hace 50 años,
el 6 de noviembre de 1975, con Franco agonizando y el futuro de
España pendiente del hecho biológico de su previsible
fallecimiento, más de 350.000 civiles marroquíes alentados por el
Gobierno de Hassan II cruzaron a pie la frontera entre su país y el
Sáhara Occidental, en lo que Rabat defendía cono un gesto simbólico
de "retorno" a un territorio desértico colonizado por España
desde hacía siglos, oficialmente ocupado durante la segunda mitad
del siglo XIX y poblado por nómadas saharauis que se negaban a
someterse a la autoridad del tirano de Marruecos.
Para ellos, la Marcha Verde acabó suponiendo el fin de sus sueños de libertad y el inicio de
una nueva ocupación de hecho sustentada, según se desprende de los
archivos secretos de la CIA desclasificados en 2019, en maniobras
diplomáticas entre bambalinas destinadas a consolidar la figura Juan
Carlos de Borbón, por entonces príncipe regente y Jefe de Estado en
funciones por la enfermedad del dictador, a quien se atribuye un
acuerdo oculto con Hassan II con la mediación el entonces secretario de Estado
de Estados Unidos, Henry Kissinger, para permitir la retirada
española y la transferencia de control del Sáhara a Rabat.
Autodeterminación del Sáhara
En 1973, a través de su ministros de Exteriores, Laureano López
Rodó, Franco había manifestado su compromiso con la
autodeterminación del Sáhara, en la que no se había avanzado por
las reiteradas amenazas de Marruecos de que invadiría el territorio
si España lo abandonaba otorgándole la independencia al pueblo
saharaui y el poder al Frente Polisario, su movimiento armado de
liberación. En el otoño de 1975, sin embargo, días antes de que
Franco fuera ingresado en el hospital en el que acabaría muriendo,
Hassan II ya estaba decidido a hacerse por la fuerza con el Sáhara,
según los cables que los agentes de la CIA en Rabat enviaban a
Washington.
El viernes 3 de octubre de ese año, el entonces director de la
Agencia, William Elgan Colby, informó al secretario de Estado de
EEUU en estos términos: "El rey Hassan ha decidido invadir el
Sáhara Español en las próximas tres semanas. Dicho ataque podría
producirse el próximo martes. Con el ejército español aún en el
Sáhara, podría desencadenarse un grave conflicto [...] Los combates
prolongados y las numerosas bajas españolas podrían provocar una
crisis política en Madrid”", señala el memorando enviado a
Kissinger.
A Estados Unidos le preocupaba la crisis política en España,
pero también que Hassan II, uno de sus mejores aliados en la África
francófona, pudiera perder una hipotética guerra contra España o contra el Frente Polisario y, con ella, el poder. Washington también temía
que Argelia y Mauritania, con reclamaciones territoriales sobre el
Sáhara, pudieran involucrarse en el conflicto, provocando una guerra
multilateral de imprevisibles consecuencias.
En cuanto a España,
debilitada por la certeza de la muerte próxima de Franco y por la
presión interna, no podía sostener una guerra colonial ni una larga
ocupación, pero sí necesitaba garantías de que Estados Unidos
apoyaría la restauración de la monarquía en la figura de Juan Carlos y de que frenaría
cualquier intento de Marruecos de plantear nuevas demandas
territoriales, o de que esbozara actitudes demasiado agresivas que
pudieran soliviantar a las élites militares españolas y complicar
el traspaso de poderes y auctoritas hacia el futuro monarca.
La narrativa del pacto secreto entre Juan Carlos de Borbón,
Hassan II y Kissinger sostiene que Marruecos y Estados Unidos
facilitaron a España con la Marcha Verde que pudiera simular el
abandono del territorio saharaui sin someter a referéndum la
independencia, a cambio de permitir la consolidación de Juan Carlos
de Borbón como heredero y sucesor de Franco.
El 23 de octubre, otro cable enviado a Kissinger desde la embajada
de Estados Unidos en Marruecos lo desvela así, cuando el redactor
asegura al responsable del Departamento de Estado que "tres cuartas
partes del problema [del Sáhara] quedaron resueltas tras el acuerdo
alcanzado [por Hassan II] con Solís". Se trata de José Solís,
una de las personalidades que más poder acumuló durante el
franquismo y por entonces ministro-secretario general del Movimiento,
a quien Juan Carlos, como Jefe de Estado en funciones, había enviado
a Rabat dos días antes.
Invasión civil
A finales de ese mes, las tropas españolas se retiraron de sus
actuartelamientos en Mahbès, Jdiriya y Haoussa, ubicadas en el oeste
de Smara, cerca de la frontera con Marruecos. El 6 de noviembre a
las 10:30 de la mañana, centenares de miles de manifestantes
marroquíes escoltados por unos 25.000 soldados de la guardia real de
Hassan II cortaron las alambradas que delimitaban los pasos
fronterizos y se adentraron varios kilómetros en el Sáhara,
instalando campamentos en ellos. Al día siguiente, la ONU reprobó
el acto, pero sin el apoyo explícito de Estados Unidos y Francia. El
día 9, tras la visita del ministro español de la Presidencia,
Antonio Carro, a Agadir, Hassan II ordenó la vuelta de los
ocupantes.
El 14 de noviembre, España, Marruecos y Mauritania firmaron el Acuerdo de Madrid, por el que el Estado español cedía la
administración del territorio a esos dos países, dándose de
plazo hasta febrero del año siguiente para que sus tropas
abandonaran el Sáhara, cuya soberanía quedaría pendiente de un
referéndum que jamás llegó a celebrarse. En marzo de 2022, el
presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, mudó la posición
española sobre el Sáhara y respaldó la demanda de soberanía de
Marruecos al aceptar su plan de autonomía para la zona como el único
posible para resolver el conflicto. El pasado viernes, el Consejo de
Seguridad de Naciones Unidas aprobó una resolución de Estados Unidos
sustentando la misma reclamación.
En cuanto a Marruecos, la prensa del país celebró en agosto
pasado el anuncio del Gobierno español de que desclasificaría miles
de documentos reservados sobre el Sáhara. Según Morocco World News,
esa decisión representa "una una oportunidad crucial para revelar
verdades históricas. Los documentos confirmarán sin duda lo que
España negó públicamente durante décadas hasta su cambio de
postura: la innegable soberanía marroquí sobre sus territorios
saharianos".
Periodista
licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de
Madrid y máster en Medios de Comunicación por la Universidade de A
Coruña. Ha trabajado también en El Mundo (1995-2000) y en La Voz de
Galicia (2000-2013), diario para el que fue corresponsal en Bruselas
entre 2005 y 2010. También ha colaborado en El Periódico de Catalunya y
colabora habitualmente en la revista Luzes.
Xornalista licenciado en Ciencias Políticas pola Universidad Complutense
de Madrid e máster en Medios de Comunicación pola Universidade da
Coruña. Traballou tamén en El Mundo (1995-2000) e en La Voz de Galicia
(2000-2013), diario para o que foi correspondente en Bruxelas entre 2005
e 2010. Tamén colaborou en El Periódico de Catalunya e colaboro
habitualmente na revista Luzes.