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mardi 14 avril 2026

La IA entrenada en el genocidio palestino contribuye a los avances de Israel en Líbano e Irán

 FUENTE https://www.publico.es/internacional/ia-entrenada-genocidio-palestino-contribuye-avances-israel-libano-e-iran.html

Unidad militar de drones de las FDI durante un entrenamiento con drones cerca del kibutz Merom Golan, en la frontera con Siria, en el norte de los Altos del Golán, Israel
Unidad militar de drones de las FDI durante un entrenamiento con drones cerca del kibutz Merom Golan en el norte de los Altos del Golán.Michael Giladi / Middle East Images via AFP

El origen de la fábrica

"Probado en combate"

 

vendredi 20 mars 2026

Las sanciones de EU a países, causa de 38 millones de muertes en 50 años (1971-2021)

 FUENTE https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/03/11/mundo/las-sanciones-de-eu-a-paises-causa-de-38-millones-de-muertes-en-50-anos-experto

La mayoría de los habitantes de Estados Unidos percibe a su país como una nación excepcional y generosa, explica el famoso experto en relaciones internacionales John Mearsheimer, pero la realidad es que esta potencia ha ejercido su enorme poderío económico mediante sanciones sobre Medio Oriente, en particular contra Irán, Venezuela y ahora Cuba, entre otros estados, las cuales han matado a millones de personas alrededor del mundo.

“El grado de asesinato y violencia que hemos creado alrededor del mundo es sencillamente increíble”, comentó Mearsheimer en un foro en la Universidad de Chicago, donde se desempeña como profesor. “Si piensas en las consecuencias de la guerra contra Irak, lo que hacemos en lugares como Venezuela, Cuba, Irán, entiendes que usamos ese tremendo peso económico que tenemos básicamente para hacer pasar hambre a los pueblos, hacerles sufrir, infligir enorme castigo sobre ellos para que se levanten contra sus gobiernos”.

Indicó que una investigación reciente calculó casi 40 millones de muertes causadas por esta estrategia estadunidense durante el pasado medio siglo.

La reconocida publicación científica The Lancet publicó a finales del año pasado los resultados de una investigación para evaluar las consecuencias de las sanciones económicas que Estados Unidos ha aplicado en diferentes momentos sobre 152 países entre 1971 y 2021.

“Nuestros resultados demuestran una asociación de causa significativa entre sanciones y mayor mortalidad. Encontramos los efectos más fuertes para las medidas económicas unilaterales estadunidenses”, escribieron los autores Francisco Rodríguez, Silvio Rendón y Mark Weisbrot.

“Calculamos que las sanciones unilaterales estaban asociadas con una tasa de muertes anual de 564 mil 258 personas”.

“Homicidio masivo”

Para Mearsheimer, esta investigación es la evidencia para acusar de homicidio masivo a Estados Unidos. “Asesinamos a 38 millones de personas, 38 millones”, declaró al resumir el impacto total de las sanciones de los gobiernos de Washington documentadas en la investigación.

“Esto es lo que estamos haciendo en Venezuela, en Irán. Estamos infligiendo castigo masivo sobre esos pueblos. Por ello, es muy difícil para mí poder hablar de Estados Unidos como un país noble. No pienso que seamos excepcionalmente virtuosos cuando se trata de política exterior”, aseveró.

El destacado experto académico en asuntos internacionales está particularmente preocupado de que el presidente Donald Trump está introduciendo de nuevo “un colonialismo del viejo tipo, o un imperialismo a la antigua” en el hemisferio occidental.

“Va a gobernar Venezuela. ¿Pueden creer eso? Piensa que el petróleo de ellos es nuestro. Va a gobernar a Cuba, Nicaragua. Está jugando con Groenlandia y Canadá”, advirtió Mearsheimer en el foro.

“¿Quieren saber cuándo nos saldremos de Irán o cómo va a terminar eso?”

dimanche 1 mars 2026

C'était le mois de mai / Был месяц май ( Marlen Khoutsiev, 1970)


 L'histoire se déroule quelques jours après la l'armistice de 1945 où des soldats russes qui n'ont pas encore quitté l'Allemagne savourent un peu d'indolence dans une ferme. Après une fête bien arrosée, ils se perdent en route et tombent sur un camp de prisonniers désormais désert.

Voilà une oeuvre très étonnante et déstabilisante avec une structure clairement découpée en deux actes.
La première suit avec nonchalance le quotidien de ces soldats qui profitent de leur temps libre pour jouer de la musique, réparer des motos, lézarder au soleil, vider des bouteilles de vins ou de bières ou pour sympathiser avec les allemands même s'ils ne comprennent leur langue. Le cinéaste suit cette langueur avec des scènes dilatées qui ne sont pas sans rappeler les aller-retour formel d'un Miklos Jancso (en bien mois baroque il va sans dire). On sent une certaine insouciance et un nouvelle liberté dans les activités de ces soldats dont une grisante sortie en moto et une soirée alcoolisée quasi presque païenne.

Il va sans dire que la découverte nocturne qu'ils font agit comme une immédiate gueule de bois car ce qu'il visite n'est rien de moins qu'un camp d'extermination bien qu'eux ne le savent pas encore. Ils sentent bien que quelques choses cloche ici, qu'il y a un climat malsain qui s'échappe de cette étrange "chaufferie". Mais quoi précisément ?
Cette réalité leur sera apprise par plusieurs survivants juifs qui ont quitté le camp quelques jours auparavant. A partir de la, le film devient littéralement pesant comme si la gravité terrestre était deux fois plus forte et ce ne sont plus seulement les personnages qui sont hébétés mais la caméra même.
La aussi, les plans sont particulièrement étirés mais pour créer un sentiment totalement autre, littéralement assommant.

C'est un parti pris osé et plutôt courageux mais qui signe aussi ses limites pour un dispositif presque trop démonstratif dans ses effets et sa démarche. Mais il est difficile en même temps de lui reprocher car il parvient à nous plonger dans le même état d'esprit que ces jeunes russes, sous le choc de cette révélation puis de sa réelle signification.

Si cette lenteur pesante se retourne par moment contre elle, il faut reconnaître que C'était le mois de mai imprime la rétine et impose une ambiance obsédante plusieurs jours après son visionnage.

mardi 17 février 2026

De Davos a Múnich: Info-oligarquía y dominio mundial

 Fuente https://observatoriocrisis.com/2026/02/17/de-davos-a-munich-info-oligarquia-y-dominio-mundial/


El monopolio del capitalismo digital es, sin duda, una nueva modalidad de desarrollo del capitalismo monopolista…

Andrés Piqueras, profesor senior de la Universidad Jaume I

Acaba de celebrarse la Conferencia de Seguridad de Munich, que fue diseñada desde el principio para que el Imperio Occidental y su OTAN barajaran cómo prolongar su dominio del mundo, pero que en un momento dado, fruto de la caída de la URSS, pareció poder albergar un proyecto de seguridad común europea, incluida Rusia, complementario de la OSCE, hasta que el Eje Anglosajón decidió que una Eurasia integrada energética, política y económicamente sería demasiado fuerte y peligrosa para su control del mundo y mandataron a los “líderes” europeos desplazar la frontera militar hasta las mismas puertas de Rusia, tras haber dado un golpe de Estado en Ucrania.

Esta edición de 2026 ha estado marcada por un diagnóstico contundente: el orden internacional posterior a 1945 está “bajo destrucción”, según el propio Munich Security Report 2026. De cierto, Estados Unidos no ha hecho más que confirmar su imposición de un mundo basado en naciones fuertes, no en instituciones multilaterales. 

Mientras que el primer ministro alemán, Friedrich Merz, declaró que el tan pregonado orden internacional basado en reglas “ya no existe”, y que es hora de asentarse en la fuerza, luego añadió para suavizar o disimular lo dicho, “de nuestros valores”. En todo caso se supone que son unos valores que, como “las reglas” de su orden se han de imponer a la fuerza, porque finalmente Merz instó a Europa a reforzar urgentemente sus “capacidades de defensa” (aquí todavía se utiliza ese eufemismo para guerrear, cuando en USA ya hablan directamente de “Departamento de Guerra”). Tras él, cómo no, el titiritero de los Rothschild elevado por esos poderes a presidente de la república francesa, volvió a abogar por un ejército europeo.

El informe oficial describe una era de política de bola de demolición, donde actores poderosos —incluida la administración estadounidense actual— buscan desmantelar estructuras del orden internacional en lugar de reformarlas.

Pero más allá de este guion que se viene siguiendo concienzudamente, puede empezar a evidenciarse una novedad clave: la tecnología ya no es un tema periférico, sino parte estructural de “la seguridad” (léase guerra) global. 

En concreto la Conferencia destaca como elementos clave la ciberseguridad, las infraestructuras digitales críticas, la inteligencia artificial y la competencia tecnológica entre potencias. Lo cual imprime los pasos de un nuevo camino: Múnich deja de ser sólo “tanques y tratados” para integrar plenamente lo digital. No es de extrañar que por eso quienes acopiaran protagonismo fueran los CEOs de grandes tecnológicas, líderes financieros, innovadores y reguladores, al tiempo que los debates sobre IA se hacían omnipresentes.

Así que la info‑oligarquía “cortó el bacalao” sin necesidad de exhibirse (y eso que cada vez le gusta más hacerlo): su poder se manifiesta en que todos los demás actores dependen de ella. De manera que si hasta ahora el Foro de Davos ha marcado la agenda económica y tecnológica del mundo, mientras Múnich decidía los parámetros militares y geopolíticos, estas dos esferas se han solapado y juntas definen la arquitectura del Poder Global.

¿Qué es la tecno o la info-oligarquía?

Es la que está al frente de las grandes corporaciones tecnológicas, las cuales controlan infraestructuras digitales (nubes, redes, servidores, sistemas operativos…), plataformas de interacción (redes sociales, buscadores, marketplaces…), algoritmos de decisión (recomendación, moderación, publicidad…), datos masivos (hábitos, preferencias, ubicaciones, relaciones…) y que, por consiguiente, tienen la capacidad de moldear comportamientos (lo que se ve, lo que se compra, lo que se cree que es importante…). Gobiernos, empresas y ciudadanías dependen de sus servicios; ellas deciden no sólo qué es real o no, qué se prohíbe, qué se prioriza… sino también qué es pensable y lo que ni siquiera entra en la imaginación social. Tienen, además, una ventaja competitiva casi insuperable: más datos → mejores algoritmos → más usuarios → más datos…

Son oligopolios de facto (de buscadores, redes sociales, sistemas operativos…), promueven decisiones algorítmicas que afectan a millones de personas sin transparencia alguna, influyen en las políticas públicas y en la regulación social. Controlan el ecosistema informativo -plataformas digitales, grandes medios de comunicación, empresas de publicidad y análisis de datos…-  determinan las políticas gubernamentales. 

Proporcionan los marcos interpretativos que condicionan la opinión pública, trazan o canalizan la atención social, con burbujas informativas y cámaras de eco. Viralizan contenidos diseñados para manipular emociones, desinforman o tergiversan de forma mucho más rápida que la información verificada (la verdad compite en desventaja frente a lo viral, por eso la verdad deja de tener interés en favor del número de los que creen otra cosa, esto es, de cuántas personas dicen gustarles lo que se dice). 

Además, el conjunto de los medios depende de sus plataformas para sobrevivir, por lo que no las opondrán. Trabajo, comunicación, educación, ocio, creación, finanzas… todo pasa por sus manos. Tienen un poder económico superior al de la mayoría de los Estados.

No es casualidad, pues, que los líderes de las grandes tecnológicas tengan más visibilidad que muchos jefes de Estado o presidentes de gobierno.

“Los gigantes de la tecnología de la información, como Microsoft para los sistemas operativos de computadoras, Google para los motores de búsqueda, Meta (antes Facebook) y X (antes Twitter) para las redes sociales y Amazon para el comercio electrónico, poseen la capacidad de dominar el mercado en una medida mucho mayor que los gigantes del ferrocarril, el petróleo, el acero y el automóvil del pasado. Esto se debe principalmente a los efectos de red de las plataformas digitales, inigualables por las economías de escala tradicionales. Internet no está limitado por el espacio físico y tiene una tendencia hacia la infinitud, otorgando a las plataformas una capacidad de penetración y de intercambio de información más poderosa (…) 

Esto eleva el límite superior de las economías de escala de la plataforma y crea un efecto sifón sobre diversos recursos clave (usuarios, datos, capital, tecnología, etc.) bajo las economías de escala, resultando en un monopolio donde ‘el ganador se lleva todo’.  El monopolio del capitalismo digital es, sin duda, una nueva modalidad de desarrollo del capitalismo monopolista” (https://observatoriocrisis.com/2026/02/13/tecno-feudalismo-el-canto-de-cisne-del-capitalismo-o-su-proximo-acto/).

Una modalidad crecientemente rentista o parasitaria, que apenas genera nuevo valor pero que absorbe para su propio beneficio el menguante valor producido. Ese rentismo deslocalizado que flota en el espacio virtual supuestamente por encima del mundo del trabajo, le hace estúpidamente ajeno a pactos de clase y a redistribuciones del beneficio, desdeñoso de servicios sociales y de marcos de negociación de las condiciones de vida de las poblaciones. Cree que puede prosperar indefinidamente según ellas se van empobreciendo de la misma manera.

Para hacerlo necesitan pensar que les basta con seguir controlando el pensamiento de los demás. Trazan con ello una agenda profundamente reaccionaria, que (de momento) es seguida a millones por las propias víctimas de la misma, dada la amplia y profunda capacidad de control de las conciencias que los dispositivos, procedimientos e interconexiones de la info-oligarquía contienen (de ahí sale el chiste del lobo diciendo a las ovejas que le voten y que hagan lo que él les dice para estar seguras -volveremos sobre ello más adelante-).

Por supuesto que también ahondan en la desigualdad mundial.

“En última instancia, [la info-tecnología] amplía la brecha de los países capaces de participar en la revolución de la IA y aquellos que carecen de los recursos necesarios, disminuyendo el número de países capaces de participar. Como resultado, esto llevará inevitablemente a un mayor grado de monopolio de conocimiento y tecnología, consolidando aún más el dominio de los oligarcas financieros y tecnológicos.  

Al mismo tiempo, la brecha de información existente y la brecha digital entre países se transmutarán en una brecha de IA, resultando en la perpetuación, en lugar de la mejora, de las disparidades de riqueza globales. Más importante aún, con la proliferación de sistemas de toma de decisiones automatizados, los individuos corren el riesgo de ceder su dominio cognitivo sobre las visiones del mundo racionales a las herramientas de toma de decisiones de IA, profundizando la dependencia de estos sistemas en la producción social y la vida diaria.  

Esto empodera al gran capital que controla tales sistemas para establecer estructuras jerárquicas aún más rígidas, mientras que los mecanismos autorreforzados inherentes a los sistemas inteligentes amplifican aún más la desigualdad y la estratificación de clase” (https://observatoriocrisis.com/2026/02/13/tecno-feudalismo-el-canto-de-cisne-del-capitalismo-o-su-proximo-acto/).

Un tecno-oligarca puede ganar en horas lo que un/a trabajador/a normal en un año.

Y a eso le llaman “democracia”, pero en su defecto, por si fuera poco, nos dicen que son ellos mismos los que van a salvar a las sociedades.

Dominio mundial

La desigualdad a ultranza, cuidadosamente cultivada, es paralela al dominio mundial, claro está.

De hecho, la tecnología informacional, el procesamiento de datos, la computación algorítmica y la IA en general, se tratan ahora como instrumentos de política estatal y de dominación mundial. Donde esto se hace más realidad es en Estados Unidos, para garantizar su papel de liderazgo mundial y la subordinación del resto de potencias.

“La fusión entre el Estado y el capital es más fácil de ver en Was­hington, donde se ha convertido en un objetivo político no ex­portar productos, sino dependencia”. 

La diplomacia informática no es nueva, sólo lo es su franque­za. Estados Unidos lleva mucho tiempo gobernando a través de intermediarios: bancos y aduanas en la era de la diplomacia del dólar, compañías petroleras y mercados del Tesoro en la era del reciclaje del petrodólar. El intermediario actual son los elementos necesarios para la IA. Los controles de exporta­ción y la jurisdicción de la nube hacen lo que antes hacían los cañoneros y los comisionados de deuda, pero con menos titu­lares. 

La capa compradora se reduce a medida que el sistema madura: se necesitan menos intermediarios locales cuando el cumplimiento se logra mediante licencias, telemetría y acceso al único hardware que importa. La economía política es sencilla. Un centro de datos a hiperescala no es una fábrica en el sentido tradicional del desa­rrollo; se parece más a un nodo de servicios públicos gestionado de forma privada, integrado en ecosistemas de nube extranjeros y tratado cada vez más como una infraestructura estratégica. 

Una vez que los Estados canalizan la administración pública y los servicios privados a través de dichos nodos, las posiciones de negociación cambian. Lo que se vende como inversión puede convertirse silenciosamente en dependencia administrativa”  https://www.alai.info/wp-content/uploads/2026/02/ALenMovimiento_559_febrero2026_Espanol.pdf

Del dominio técnico-militar del mundo, al condicionamiento económico (disrupción económica mediante información controlada, manipulación de datos, interferencias, corte de suministros, confusión en la red…), ecológico (provocación de sequías, plagas, inundaciones, desertificación…), y el dominio de las poblaciones, en la generación de seres humanos programables, predecibles, voluntariamente subordinados.  Individuos-masa que piensan y dicen lo mismo que han dicho los algoritmos diseñados y reproducidos hasta la saciedad por redes, dispositivos y medios de difusión masiva, y que realmente creen que lo piensan ellos mismos.

De la clásica massmmediatización de la realidad (saber del mundo lo que los media cuentan de él) estamos pasando a la computación cuántica de las conciencias y el poder de hackear las mentes.

“Hoy, al menos en Occidente, este desarrollo se concentra en ma­nos de las mega-corporaciones digitales estadounidenses (las “big tech”), que desde hace unas tres décadas han venido consolidando –con apoyo del capital financiero– no sólo su modelo de negocios, sino también, gracias a la estrecha colaboración del Estado, el marco geopolítico y el correspondiente andamiaje institucional que lo sostiene. 

Es lo que Shoshana Zuboff denomina ‘capitalismo de vigilancia’. Este marco abarca políticas públicas que les son favorables, gobernan­za respecto al libre flujo de datos, tratados comerciales, acuerdos de instituciones internaciona­les e infraestructura militar de vigilancia, entre otros (…) 

Diversos estudios señalan que, por ejemplo, debido al diseño actual de los sistemas de IA, su funcionamiento deteriora las instituciones cívicas fundamentales (como universidades, derecho, periodismo, democracia), al erosionar la experiencia, cortocircuitar la toma de decisiones y aislar a unas personas de otras. Incluso arriesga causar su destrucción. 

Otros estudios muestran cómo la narrativa cultural dominante en la IA atenta contra la diversidad y la alteridad, en una especie de «hackeo cognitivo» de identidades, valores y creencias culturales y sociales. También se ha demostrado que la dificultad de distinguir entre contenidos verdaderos o falsos conlleva a una desconfianza general en las instituciones y la democracia” https://www.alai.info/wp-content/uploads/2026/02/ALenMovimiento_559_febrero2026_Espanol.pdf

Operaciones de influencia política para manipular o amañar elecciones en todo el mundo en favor de la agenda reaccionaria antes mencionada, preparan un proto-fascismo latente para saltar a la palestra y hacerse del todo explícito si las circunstancias de la Guerra Sistémica Permanente desatada por el Imperio así lo requieren.

De momento ese “proto-fascismo democrático” va minando las instituciones liberales del propio capitalismo que fueron fruto de las luchas de clase de siglos. Sus Big Tech moldean la opinión pública a través de campañas digitales, manipulación informativa y ecosistemas de “fake news”, ampliamente reproducidas por sus distintos medios de masas (en realidad todos están dentro de unas u otras formas de su propiedad  (Una aproximación a las claves del poder sionista mundial concomitante con la centralización y concentración del capital – ObservatorioCrisis) e incluso judicializadas si se trata de perseguir alguna disidencia (el control del poder judicial viene siendo parte imprescindible del poder de clase). También se traducen en políticas gubernamentales, por supuesto.

Así que las info-oligarquías tecnológicas, personalizadas en tipos como Elon Musk, Mark Zuckerberg,  Larry Page, Sergey Brin, Jeff Bezos y otros pocos,  intervienen ya abiertamente en la política interna de los Estados, dictan instrucciones globales en los grandes Foros de magnates, pues ya no se ocultan en ellos, como acabamos de ver en Davos y Múnich , e imprimen carácter a las distintas sociedades [de ahí la derechización mundial en curso, proto-fascista, promotora de partidos como Vox, Rassemblement National, Fratelli d’Italia, Lega, Alternative für Deutschland (AfD), Partij voor de Vrijheid (PVV), Freiheitliche Partei Österreichs (FPÖ), Vlaams Belang, Perussuomalaiset (Partido de los Finlandeses), Fidesz; Mi Hazánk, Konfederacja, Solución Griega (Ellinikí Lýsi), Partido Liberal (en su corriente bolsonarista, en Brasil), La Libertad Avanza, Bharatiya Janata Party (BJP), One Nation -australiana-, New Zealand First, etc. (esta es la continuación del chiste del lobo antes mencionado].

Pero esto no es “tecno-feudalismo”, como muchos se empañan en designarlo, sino capitalismo en metamorfosis, huyendo de la caída del valor, o dicho de otra forma, metamorfoseándose según decae más y más el valor. Un capitalismo en degeneración que en consecuencia patrocina de un “proto-fascismo democrático” que implosiona la democracia liberal desde dentro y ataca cualquier proceso de autonomía social, auto-organización popular o soberanía nacional, y en el que la info-oligarquía quiere adquirir el poder político que le corresponde a su enorme poder económico (como nueva “clase rica” no incluida en las grandes familias poderosas tradicionales del capitalismo desde el siglo XVIII, busca ahora a toda costa su cuota de poder mundial). Para ello se sumergen en las entretelas de los “estados profundos” de las formaciones imperiales, sobre todo Estados Unidos, cortejando cuando no haciéndose parte del Poder Sionista Mundial (Una aproximación a las claves del poder sionista mundial concomitante con la centralización y concentración del capital – ObservatorioCrisis).

Por eso sus plataformas, dispositivos y poderes también se convierten en armas cognitivas de guerra, que parecen haber sido probadas desde su uso directo e inmediato en la anulación de la voluntad o en la perturbación de los sentidos y la confusión cognoscitiva (quizás en algún momento iremos sabiendo de su puesta en juego en la “extraña” caída de Siria y en la tan fulminante como fugaz invasión de Venezuela, por ejemplo), hasta la lenta y constante penetración-moldeamiento en-de las conciencias a través de toda suerte de dispositivos tecnoculturales, mediáticos, de información-formación instalados en todos los campos de la sociedad.

De momento, para Estados Unidos impedir que el Mundo Emergente pueda disponer de sus chips, de los elementos de tecnología necesarios, resulta vital para mantener su dominio cada vez más despótico ante su falta de recursos para hacerlo de forma legitimada. 

El último Plan de Acción de IA de EE. UU. pretende “ganar la carrera de la inteligencia artificial”.  Por su parte, China controla el procesamiento global de tierras raras (vital para la industria bélica de Estados Unidos). El Mundo Emergente ha comenzado a diseñar sus propias estrategias en función de sus posibilidades, y para defenderse de la agresión y el chantaje continuados (https://elterritoriodellince.blogspot.com/2026/02/el-pan-para-manana-hay-un-refran.html?m=1).

Quienes nos hablan de no situarse en esa gran pugna mundial apelando a la “lucha de clases” en abstracto, no tienen idea de lo que está en juego.

“Pax Silica es, en definitiva, una expresión inusualmente hones­ta. Admite que la nueva paz es una paz gestionada: la paz a tra­vés del silicio, mantenida por quienes controlan el suministro. Los imperios anteriores perduraron porque mantuvieron la ficción del beneficio mutuo. El actual está cada vez más impa­ciente con la ficción. Esa impaciencia puede resultar ser su de­bilidad. 

Cuando la dominación ya no se disfraza de comercio, el consentimiento se vuelve más difícil de fabricar, y las fricciones de las redes, los presupuestos y la política comienzan a parecer menos como ruido de fondo y más como el terreno en el que se disputará la paz del silicio”  (https://www.alai.info/wp-content/uploads/2026/02/ALenMovimiento_559_febrero2026_Espanol.pdf).

Por muchas plataformas y control de nuevas tecnologías que se tengan, no se puede machacar las condiciones de las sociedades indefinidamente con su apoyo o su pasividad. La “lucha de clases” no es una simple quimera que ya pasó en la Historia. El capital la ejerce cada día de forma inmisericorde, y es imposible que lo haga sin reacción popular y de los Estados perdedores, por muchos partidos proto-fascistas que convoque. 

Tampoco la trasnochada neosocialdemocracia de la que también tira el Sistema con la otra mano, podrá seguir haciendo de contención social por mucho tiempo, ni mantener el espejismo de la democracia capitalista en un mundo en el que menos del 1% de la población detenta entre el 45 y el 50% de la riqueza mundial y decide ya prácticamente todo sobre nuestras vidas. Empezando por la guerra o la paz, la vida o la muerte de miles de millones de seres humanos.

Ya “el nuevo orden no busca consensos, sino la inhibición de la soberanía mediante el terror económico, político y militar” (La abdicación de la soberanía – ObservatorioCrisis).

Davos y Múnich lo han dejado bien claro este año: las “nuevas reglas” capitalistas son ya reglas de muerte, barbarie y destrucción.  

jeudi 12 février 2026

"Se evaporaron": una investigación revela que 3.000 palestinos resultaron carbonizados por bombas de Israel

Fuente https://www.publico.es/internacional/evaporaron-investigacion-revela-3-000-palestinos-resultaron-carbonizados-bombas-israel.html?

El humo se eleva tras una explosión, dentro de la zona de la "línea amarilla", controlada por Israel, en Jan Yunis, al sur de la Franja de Gaza (10/02/2026)
El humo se eleva tras una explosión, dentro de la zona de la "línea amarilla", controlada por Israel, en Jan Yunis, al sur de la Franja de Gaza (10/02/2026)Haseeb Alwazeer/ REUTERS

Estas bombas pueden alcanzar una temperatura tres veces superior a la de un horno crematorio

Así son las bombas

El rastro del genocidio

mercredi 11 février 2026

Quand l’industrie du gaz de schiste salive devant l’essor des centres de données IA

Les centres de données stimulent la construction d’installations de production d’électricité utilisant du gaz de schiste.

Source : Truthout, Derek Seidman
Traduit par les lecteurs du site Les-Crises

Vue aérienne d’un centre de données en cours de construction.
Gerville / Getty Images

« La demande en énergie et en IA est sans précédent. »

Ces mots ne sont pas ceux d’un dirigeant enthousiaste du secteur de la tech, mais ceux de Jeff Miller, PDG de Halliburton, l’une des plus grandes sociétés mondiales de services pétroliers, lors d’une conférence téléphonique sur les résultats financiers tenue en octobre.

À l’instar d’une multitude d’autres entreprises liées à l’industrie du gaz de schiste, Halliburton se tourne vers le boom des centres de data avec de nouvelles centrales électriques au gaz émettant du méthane afin d’alimenter la bulle de l’intelligence artificielle (IA) attisée par les milliardaires de la Silicon Valley et les élites d’entreprise partenaires.

Halliburton n’est qu’une des nombreuses entreprises du secteur des énergies fossiles qui concluent des accords pour répondre aux besoins insatiables en électricité des centres de données. Plus précisément, l’industrie du gaz naturel (fracturation hydraulique, services liés aux gisements de gaz, sociétés de pipelines, fournisseurs d’électricité) se positionne comme un sauveur intrépide, prêt à intervenir pour répondre aux besoins énergétiques illimités de l’IA.

Ce faisant, les entreprises exploitant le gaz de schiste bénéficient du soutien total de l’administration Trump, laquelle voue un culte idéologique aux énergies fossiles et entretient des relations privilégiées avec les milliardaires du secteur des énergies fossiles qui la financent. De son côté, le secteur de la tech suit le mouvement, mettant largement de côté ses prétendus engagements en faveur des énergies renouvelables.

Alors que l’urgence climatique mondiale devient de plus en plus criante, rien de tout cela n’est de bon augure. Bien qu’il soit vendu comme un combustible fossile « propre », le gaz de schiste émet énormément de méthane, l’un des gaz à effet de serre les plus puissants, et les communautés locales, souvent rurales, à faibles revenus et majoritairement noires, subissent de plein fouet à la fois les conséquences de la prolifération effrénée des centres de données et de la construction de centrales électriques à combustibles fossiles dans leur voisinage.

« L’industrie du gaz naturel est en phase directe avec celle des centres de données. »

« L’industrie du gaz naturel est en phase directe avec celle des centres de données », a déclaré Tyson Slocum, directeur du programme Énergie de Public Citizen, à Truthout. « D’un point de vue climatique et environnemental local, les centres de données représentent un obstacle majeur à la lutte contre le changement climatique. »

« La cerise sur le gâteau »

Le gaz naturel fournit actuellement plus de 40 % de l’électricité nécessaire aux centres de données, ce qui fait des centrales électriques au gaz leur principale source d’énergie, selon l’Agence internationale de l’énergie.

La demande massive des centres de données en électricité entraîne une forte augmentation en matière de construction d’infrastructures de production d’électricité alimentées au gaz naturel.

Un analyste de McKinsey a récemment souligné que plus de 100 gigawatts (GW) de nouveaux projets alimentés au gaz sont en cours de planification. « Pour mettre ce chiffre en perspective », a-t-il déclaré, « au cours des cinq dernières années, les États-Unis n’ont augmenté leur production de gaz que d’environ 35 GW », ce qui signifie que cela représente « près du triple de ce qu’il y avait auparavant ».

Les services publics ont annoncé une série de nouveaux projets d’énergie au gaz pour 2025, ce qui explique en partie la ruée des fonds d’investissement privés vers l’acquisition de services publics. L’alimentation électrique des centres de données par les services publics devrait connaître une hausse spectaculaire de 22 % cette année.

Les leaders du secteur sont enthousiastes. « Cela fait environ 40 ou 50 ans que nous n’avons pas vu une telle croissance de la demande, ni une telle prévision de croissance », a déclaré un dirigeant du géant de l’énergie NRG.

« L’IA joue évidemment un rôle important », a-t-il ajouté.

Au cours de la dernière décennie, le principal moteur de l’industrie du gaz de schiste a été l’essor de la production de gaz naturel liquéfié (GNL) destiné à l’exportation, qui s’est considérablement accélérée depuis l’administration Obama. Aujourd’hui, les États-Unis sont le premier producteur et exportateur mondial de gaz naturel.

Alors que les exportations de GNL sont sans égal en tant que « moteur de la demande et source de profits de l’industrie nationale du gaz naturel », selon Slocum, les centres de données « offrent une marge de profit supplémentaire significative ».

« Les centres de données sont de loin le facteur variable qui contribue le plus à l’augmentation de la demande en électricité », a-t-il déclaré. « Ils sont en quelque sorte la cerise sur le gâteau. »

« Aidons à assouvir cet appétit »

Avec un réseau dense de 3 millions de kilomètres de gazoducs dans le pays, Slocum affirme que l’industrie du gaz de schiste s’est positionnée comme le principal fournisseur d’énergie pour les centres de données.

En témoigne la vague d’accords conclus entre les entreprises de la chaîne d’approvisionnement en gaz de schiste (foreurs indépendants, grandes sociétés pétrolières et gazières, sociétés pipelinières et sociétés de services pétroliers) et les centres de données.

EQT, l’un des principaux producteurs américains de gaz naturel situé dans l’ouest de la Pennsylvanie, au cœur du vaste gisement de Marcellus Shale, a conclu un accord pour approvisionner deux immenses centres de données dans les Appalaches (les projets Shippingport et Homer City) avec un total de 42,48 millions de mètres cubes de gaz par jour.

« Rien que pour vous donner une idée, ça fait suffisamment de gaz naturel pour alimenter deux fois New York City », s’est réjoui Toby Rice, le PDG d’EQT, qui a aussi ajouté que Homer City et Shippingport ne sont « que les premières d’une série d’étapes dans plusieurs projets ».

EQT n’est pas le seul dans ce cas. Des géants du fracking tels que EOG et Antero Resources sont eux aussi en train de conclure des accords afin de se positionner pour approvisionner les centres de données. Comstock Resources, propriété de Jerry Jones, propriétaire des Dallas Cowboys, s’associe lui au géant des services publics NextEra afin de « permettre d’alimenter en électricité une multitude de centres de données » au Texas, selon Natural Gas Intelligence.

Chevron, la deuxième plus grande compagnie pétrolière et gazière américaine, se lance elle aussi dans la course. « Les centres de données IA requièrent d’énormes quantités d’énergie pour fonctionner », s’est enthousiasmée la société dans un communiqué de presse publié en février.

Mais n’ayez crainte, ont-ils promis. « Chevron exploite le gaz naturel pour aider à satisfaire cet appétit », a déclaré le géant pétrolier, annonçant un nouvel accord pour construire des centrales électriques au gaz destinées aux centres de données.

« Libérons l’énergie en Amérique »

Alors que les besoins énergétiques colossaux de l’intelligence artificielle orientent l’industrie du fracking vers les centres de données, les mesures politiques prises par l’administration Trump jouent également un rôle déterminant.

« La politique nationale sous Trump donne la priorité aux combustibles fossiles pour le développement des centres de données », et « en particulier en ce qui concerne le gaz naturel », a déclaré Slocum à Truthout.

« Cela apparaît clairement dans le décret présidentiel de Trump sur l’intelligence artificielle, publié en juillet, dans lequel il définit les critères que les centres de données doivent remplir pour bénéficier d’une autorisation accélérée, et qui énumère toutes les sources d’énergie à l’exception de l’éolien et du solaire », a ajouté Slocum.

Ce décret de juillet 2025, intitulé « Accélérer l’octroi de permis fédéraux pour les infrastructures de centres de données », souligne clairement le rôle des combustibles fossiles dans l’alimentation des centres de données. Il définit les « Composants concernés », les « matériaux, produits et infrastructures nécessaires à la construction de centres de données », en utilisant un langage qui met en avant les « infrastructures énergétiques » telles que les « gazoducs ou les conduites de raccordement », les « turbines à gaz naturel » et les « équipements au charbon », sans aucunement mentionner les mots « éolien » ou « solaire ».

Comme l’écrit Slocum, « un centre de données qui prévoit d’utiliser l’énergie éolienne et solaire ne pourra pas bénéficier d’un traitement accéléré, contrairement à une installation fonctionnant aux énergies fossiles », ajoutant que les centres de données fonctionnant aux énergies fossiles pourraient également bénéficier de subventions fédérales directes.

Cette formalisation de la politique nationale en faveur des combustibles fossiles comme principale source d’énergie pour les centres de données va dans le sens de la promesse électorale de Donald Trump « Drill Baby Drill » (Fore, chéri, fore) et de son décret présidentiel de janvier 2025 résolument pro-combustibles fossiles intitulé « Unleashing American Energy » (Libérer l’énergie américaine).

Depuis son entrée en fonction en janvier 2025, l’administration Trump a déclaré la guerre aux énergies renouvelables, gelant les permis pour les projets solaires et éoliens et dénigrant les éoliennes.

Trump et les PDG des énergies fossiles

L’engagement idéologique de Trump à alimenter les centres de données en électricité produite à partir de combustibles fossiles est étroitement lié à ses relations privilégiées avec les milliardaires du secteur du fracking qui ont contribué à financer sa réélection en 2024.

Trump considérait les magnats du pétrole et du gaz comme un électorat clé lors de sa campagne pour sa réélection en 2024, et des milliardaires du secteur tels que Harold Hamm et Kelcy Warren lui ont versé des millions de dollars de dons.

Comme Truthout l’a déjà souligné, Trump s’est entouré de dirigeants et de promoteurs du secteur des énergies fossiles, notamment Chris Wright, l’ancien PDG de Liberty Energy, fervent défenseur de la fracturation hydraulique, qu’il a nommé secrétaire à l’Énergie.

Depuis, l’industrie des combustibles fossiles a largement profité des politiques de déréglementation environnementale et des subventions fiscales mises en place par Trump, ainsi que d’une manne de nouvelles activités liées aux centres de données.

Warren est cofondateur et président exécutif du géant des pipelines Energy Transfer, il est aussi un allié de longue date de Trump. Energy Transfer croule sous les nouvelles commandes pour l’approvisionnement de centres de données allant du Texas à l’Arizona et il est associé à des géants de l’IA tels qu’Oracle.

Hamm est fondateur et ancien PDG de Continental Resources, géant du fracking, il est aussi l’un des principaux donateurs de Trump, qu’il soutient également dans son projet de salle de bal pour la Maison Blanche. Il est probablement le plus grand allié de Trump dans l’industrie des combustibles fossiles.

« À eux deux », écrit le New York Times, Trump et Hamm « ont remodelé la politique fédérale au profit des compagnies pétrolières et gazières, parmi lesquelles Continental, la société de Hamm, et ont remis à plus tard la transition vers des alternatives plus écologiques telles que l’énergie solaire et les batteries ».

Le Hamm Institute for American Energy, un centre de recherche et de réflexion politique financé par Hamm, lequel siège également à son conseil d’administration, a soutenu l’utilisation du gaz naturel pour alimenter l’IA et a organisé en avril un événement sur le thème « alimenter l’IA » auquel ont participé des membres clés du cabinet Trump chargés de la politique énergétique de l’administration.

Liberty Energy, anciennement dirigée par Chris Wright, secrétaire à l’Énergie sous Trump, est aussi en train de conclure des accords pour alimenter des centres de données en Pennsylvanie.

« La seule chose qui nous empêchera d’être leaders dans le domaine de l’IA, c’est l’incapacité à construire la capacité de production d’électricité qui doit justement être mise en place », s’est récemment enthousiasmé Wright devant le Council on Foreign Relations, ajoutant qu’il « utilisait ses pouvoirs d’urgence pour empêcher la fermeture des centrales à charbon » et « accélérer l’octroi des permis de construction de nouvelles centrales ».

Le désir de se conformer des géants technologiques

De son côté, la Big Tech est rapidement revenue sur ses engagements en matière de neutralité carbone en adoptant une production d’électricité à partir du gaz pour ses centres de données.

Par exemple, Entergy, un géant de la production d’électricité qui dépend principalement des combustibles fossiles, construit actuellement trois immenses centrales au gaz pour alimenter un centre de données Meta de 10 milliards de dollars en Louisiane.

Il y a moins de dix ans, Mark Zuckerberg, PDG de Meta, se montrait enthousiaste à l’idée de lutter contre la crise climatique. Aujourd’hui, des titres tels que « Meta mise tout sur le gaz pour alimenter un méga centre de données » font la une des journaux, tandis que Zuckerberg et Meta sont vivement critiqués par les législateurs, les analystes énergétiques et les groupes communautaires locaux.

Cela s’inscrit dans une tendance plus large, rapportée par Truthout, voulant que les PDG de la Silicon Valley reviennent sur leurs prétendus objectifs climatiques et leurs critiques à l’égard de Trump afin de rester dans les bonnes grâces du président et de tirer profit de ses politiques.

« Trump exige qu’on se conforme à ses exigences, et les géants de la technologie s’y plient en renonçant à leurs engagements historiques en faveur du développement et de l’utilisation des énergies renouvelables », a déclaré Slocum.

Bien sûr, tout cela ne fera qu’aggraver la crise climatique. La production, le transport et la combustion du gaz naturel libèrent d’énormes quantités de méthane, qui est 86 fois plus puissant que le dioxyde de carbone pour piéger la chaleur dans l’atmosphère terrestre.

Sous Trump, les centres de données redonnent également une nouvelle vie à des centrales à charbon polluantes qui étaient en fin de vie.

Sous Trump, les centres de données redonnent également une nouvelle vie à des centrales à charbon polluantes qui étaient en fin de vie, et nombre d’entre eux sont alimentés par des générateurs diesel extrêmement polluants, dont on craint qu’ils ne soient utilisés plus fréquemment.

Comme l’a rapporté le journaliste Adam Mahoney, dans des États comme la Caroline du Sud et le Texas, les ménages noirs sont touchés de manière disproportionnée par l’essor des centres de données et l’augmentation des émissions de combustibles fossiles liées à l’IA, en particulier avec la production d’électricité sur site.

De nombreuses communautés locales s’opposent tant aux centres de données qu’à leurs émissions polluantes, et cela va de Memphis (Tennessee) à Bessemer (Alabama) en passant par Santa Teresa (Arizona).

Certes, les grandes entreprises de la tech s’associent également à quelques projets liés aux énergies renouvelables afin d’alimenter leurs centres de données. Si ces derniers sont encore majoritairement alimentés par des énergies fossiles, l’Agence internationale de l’énergie note que la part du solaire, de l’éolien et des autres énergies renouvelables augmentera à partir des années 2030.

Mais cela soulève une autre question : voulons-nous vraiment que la transition vers les énergies renouvelables soit dominée par les priorités axées sur le profit des grandes entreprises technologiques et des sociétés de Wall Street, et gaspillée pour répondre à leurs attentes, ainsi que par leur obsession pour les merveilles supposées et non prouvées de l’IA ?

*

Derek Seidman est écrivain, chercheur et historien. Il vit à Buffalo, dans l’État de New York. Il contribue régulièrement au site Truthout et écrit pour LittleSis.

Source : Truthout, Derek Seidman, 03-01-2026

dimanche 1 février 2026

La Ilustración Oscura y la anexión de Groenlandia

 FUENTE https://observatoriocrisis.com/2026/02/01/la-ilustracion-oscura-y-la-anexion-de-groenlandia/

 

Los “neorreacionarios” de Silicon Valley, a través de Praxis, ya están desarrollando ciudades inteligentes en Groenlandia.

Alejandro Estrella González , Doctor en Filosofía de la Universidad de Cádiz

I

Tras la denominada “Operación Determinación Absoluta” del pasado 3 de enero que culminó con el secuestro de Nicolás Maduro (cada vez estoy más convencido de que quienes ponen nombre a este tipo de operativos sufren de algún trauma sexual que requiere con urgencia terapia de larga duración; algo así como: “Operación Lacan Infinito”), las ambiciones de la administración Trump sobre Groenlandia se han convertido en asunto de enorme relevancia, tanto en la prensa internacional, como entre los gobiernos y el grueso de la ciudadanía, especialmente de Europa y Canadá.

Hace sólo un par de días, mi madre me llamaba desde España sumamente preocupada preguntándome qué iba a ocurrir con todo esto e incluso, con cierto rubor, si yo creía necesario hacer acopio de algún tipo de producto de primera necesidad. Mi primera reacción fue tomármelo un poco a broma, al pensar en esa ternura ciega que guía a toda madre cuando mira a su retoño y ve en él, desde la cuna hasta la tumba, una especie de semidiós griego; en mi caso: una pitonisa del dios Apolo, de la vetusta Delfos. 

Pero inmediatamente comprendí que esta repentina conversión de mi madre a la cultura prepper era un síntoma inequívoco de que, hasta en aquel alejado rincón de la Baja Andalucía, la “gente sabe” (sí: la gente sabe, aunque no vote lo que tú quieres, camarada) que el rasgo característico de esta época es la incertidumbre y la impotencia frente a decisiones fundamentales que toman otros en otros lugares, sin nuestro consentimiento, sin canales institucionales y por la fuerza de los hechos. 

Es el triunfo de la voluntad de Riefenstahl, o, desde el otro lado de la trinchera, del estado de policía de Foucault, o del tiempo de la dueñidad de Rita Segato. Mi madre, y como ella millones de ciudadanos, saben esto y saben muy bien que, en este contexto, nuestro horizonte de expectativas, nuestras certezas sobre el mañana se reducen hasta prácticamente solaparse con el presente. El fantasma de los Sex Pistols recorre Andalucía: No Future!

—Mamá, no tengo ni idea —le dije—. Lo que sí sé es que la cosa está fea. Pero poco puedo decirte sobre qué ocurrirá a medio plazo. Es cierto que hay mucha bravuconería en todo esto. Pero, a la larga, me preocupan tus nietos.

—¡Hombre! ¿Por qué crees que te llamo?

II

Enero de 2026 y ¡en estas estamos! Qué razón llevaba Lenin cuando decía aquello de que “en la historia hay días que valen por años y años que valen por días”. El tiempo histórico no es un quantum homogéneo. La historia frena y se acelera, cambia de ritmo y a veces incluso se demora. Así, lo que hace un suspiro hubiera sido sólo imaginable por cerebros defensores de la planicie de la Tierra ocupa ahora el centro de tabloides y provoca desvelos de abuelas y padres. 

Esta desquiciante cascada de acontecimientos desafía lo que hasta ayer considerábamos esperable y normal. Y aunque lo normal y lo esperable no son sino el olvido de cómo se normalizó lo anormal y lo inesperado, creo que esta época de locos que se abre ante nosotros tiene algo de “venganza de los freaks”, cosa seria que espero lograr mostrar a lo largo del texto.

Los analistas sobre el caso de Groenlandia se dividen en tres tipos (aunque pueden combinarse): a) los que dicen que el motivo central es económico: recursos naturales y control de las rutas marítimas cuando el Ártico, según los negacionistas de la Casa Blanca, se derrita; b) los que dicen que el objetivo es geopolítico y militar, porque el tablero se ha repartido entre tres grandes potencias y Europa pinta lo que yo en el Dream Team; y c) quienes afirman que en realidad se trata de otra locura megalómana de un presidente que aspira a remodelar el Monte Rushmore y sustituir las esculturas de Washington, Jefferson, Lincoln y Roosevelt por la suya, solo, mirando a la lontananza con gesto grave, pero plagado de alegres cabras —digo yo que debe haber muchas por esos riscos— haciendo cosas de cabras sobre su pétreo copete.

Como siempre ocurre, “la verdad está en las grietas”. Y es probable que en las mentes que han maquinado este oscuro asunto se mezclen factores de una u otra índole. Pero permítanme añadir algo distinto de lo que, sólo ahora y de manera marginal, se empieza a hablar y que, sin embargo, considero sumamente relevante. El enfoque que les propongo nos desplaza a un lugar bien alejado de las gélidas aguas del Ártico. De hecho, su imagen evoca todo lo contrario: las soleadas playas de California. En concreto, fijémonos en esa pequeña región cuyo PIB supera al de países como Suecia, Austria, Noruega o al de la propia Dinamarca: Silicon Valley.

III

Andaba yo en 2024 haciendo honores al centenario del nacimiento de E.P. Thompson cuando de forma bastante azarosa llamó mi atención una extraña noticia en la que se hablaba de la inminente celebración de unos juegos olímpicos en los EE. UU., en los cuales los atletas podían doparse a discreción sin los engorrosos controles de los organismos internacionales. 

Los Enhance Games, una oda al deporte convertido en rave, apelaba a los principios de la libertad individual, de la propiedad privada y del progreso de la ciencia. Entre sus promotores estaban el propio presidente Trump, su hijo junior y un oscuro personaje del que hablaré un poco más adelante. Todo aquello me parecía un poco freak. Así que, presa de la curiosidad y del morbo, comencé a meter las narices en el asunto. Aquello era un vertedero. Una trama realmente espeluznante cuyas ramificaciones me llevaban en direcciones inesperadas. Una de ellas era Silicon Valley.

Llegó entonces aquel 5 de noviembre de 2024, cuando Donald Trump tomó posesión por segunda vez de la presidencia de los EE. UU. De aquella fastuosa ceremonia todo el mundo recuerda esa fotografía que pasará a la historia de la infamia del republicanismo democrático: el rey escoltado por la plana mayor de los varones tecnológicos de Silicon Valley. Esa imagen me hizo entender que era urgente dilucidar en qué medida era cierto aquello que el papa Francisco, inspirado por Ortega y Gasset (¡qué escándalo en el Opus Dei!), había sugerido ya en 2019: “estamos viviendo, no una época de cambios, sino un cambio de época”.

Tras excusarme solemne y respetuosamente con E.P. Thompson —quien se me apareció en sueños para darme su bendición— me dediqué a escribir una serie de cinco artículos en la Revista Común (aquí dejo el primero) que ensayaban una primera aproximación a este asunto. En concreto, mi atención se centraba en una tendencia específica en el seno del trumpismo; una tendencia que no debe confundirse con los MAGA, ni con los evangélicos, ni con Wall Street, ni con cualquier otra de las que se dan cita en la heterogénea coalición trumpista: el movimiento neorreaccionario. 

Conocido por su acrónimo NRx, fue tematizado por Nick Land —ese delirante deleuziano de derechas afincado en Shangai y padre del aceleracionismo— bajo el término Ilustración Oscura. He dedicado el 2025 a estudiar las ideas de este proyecto, que se presenta como una revisión crítica de la modernidad occidental. También me he dedicado a reconstruir lo que denomino como la reactoesfera, espacio donde se dan cita blogueros y académicos marginados, aventureros digitales, comunidades incel, “racistas científicos” que apelan a la eugenesia y a la biodiversidad, tradicionalistas religiosos, housewifes antifeministas, tecno-futuristas libertarios y pensadores políticos “jacobitas”.

Este pequeño mundo, plagado de personajes bizarros e ideas desquiciadas, posee una lógica sociológica muy particular y es fruto de un contexto histórico específico. Y si bien no cabe hablar de un movimiento sistemático y organizado, resulta sumamente relevante señalar el estrecho vínculo entre algunos de sus integrantes más destacados (Curtis Yarvin, Nick Land, Hermann Hoppe, Anatoly Karlin y Steve Hsu, entre otros) e importantes sectores de Silicon Valley que cuentan con influencia determinante en la Casa Blanca.

Durante la década del 2000, Silicon Valley se presentaba a ojos del resto de los mortales como un nido de freaks cuya inteligencia analítica era inversamente proporcional a su inteligencia emocional. De este curioso mundo surgieron dos lecturas contrapuestas: la amable y simpática que, con series de éxito como Big Bang Theory o Silicon Valley,convertían la neurodivergencia en un asunto entrañable; y la oscura y terrorífica que, poco después, Nick Land desarrollaría en su ya clásico The Dark Enlightenment, donde discriminaba a la humanidad entre dos tipos fundamentales: autistas que inventan cosas, y gente que usa esas cosas que no entiende y se burla de los autistas que las inventan. Pero entonces, estallaron la gran crisis de 2008 y la pandemia de 2019. La hora de “la venganza de los freaks” había llegado.

Cedric Durand, en su imprescindible Tecnofeudalismo. Crítica de la economía digital, expone cómo las Big Techs llegaron a ocupar un lugar decisivo dentro de la estructura del capitalismo norteamericano, especialmente tras 2019. Con el libertarismo como hilo conductor, presenta una genealogía de Silicon Valley que transita de la revuelta hippie de los 1970, al neoliberalismo de los 1990 y desemboca en posiciones antiliberales en los 2010. Ahora, en la cúspide del poder económico, Silicon Valley prepara el asalto al poder político y cultural.

En esta empresa, un sector particular de Silicon Valley destaca sobre el resto. Se trata de una serie de agentes económicos vinculados a los fondos de inversión de riesgo, la ciberseguridad, la IA y las criptomonedas. Estamos hablando, entre otros, de Palantir(Peter Thiel y Alex Karp), SpaceX-Starlink (Elon Musk), Pronomos Capital (Patrick Friedman, Balaji Srinivasan), a16zCapital (Marc Andreessen y Ben Horowitz) y Oracle (Larry Ellison), por poner algunos ejemplos. Este sector de Silicon Valley es el que se vincula con agentes destacados de la reactoesfera y, por medio de ellos, conecta con el proyecto de la Ilustración Oscura.

IV

En líneas generales, la Ilustración Oscura parte de la tesis de que el actual sistema social y político está dominado por una elite intelectual-burocrática que concentra el poder ideológico y dirige las políticas públicas. Esta especie de casta brahmánicasegún dicha tesis, es producto de las grandes universidades y de las empresas culturales mainstream, desde Harvard hasta Hollywood, pasando por el New York Times. Curtis Yarvin la denomina “The Cathedral”, y clasifica a sus miembros como herederos de un modelo cultural y político que hunde sus raíces en la Ilustración.

La Ilustración es para la neorreacción una perversión de la modernidad occidental, perversión que tiene su origen en la secularización de la revolución calvinista, representada por Rousseau, Kant y Hegel, quienes forjaron los fundamentos intelectuales del universalismo republicano. Los siglos XIX y XX son testigos de cómo este proyecto se extendió adoptando formas nuevas: el socialismo, la política de masas, la democracia, el estado redistributivo, el New Deal, la lucha los derechos civiles, los movimientos de descolonización, etc.  

En el plano internacional, la Ilustración se traduce en la ambición por construir una sociedad de naciones dotada de instituciones globales con capacidad para mediar conflictos y regular los tratados. Comunidad de iguales que reconoce, sin embargo, el liderazgo norteamericano, hegemón que asume esta responsabilidad histórica, siguiendo la estela marcada por Woodrow Wilson tras la I Guerra Mundial.

Este sistema, de bases religiosas y humanistas, fundado sobre la errónea idea de progreso e igualdad, es, para los neorreaccionarios, injusto, ineficaz y, lo más importante, inmodificable. Por este motivo la neorreacción no debe confundirse con el conservadurismo. El conservadurismo asume el marco discursivo y moral del progresismo ilustrado, aunque intenta retrasar en lo posible los cambios que impone el marco de sentido dominante. Los neorreaccionarios, en cambio, rompen con este marco y renuncian a la política de masas.

La estrategia de NRx, nos recuerdan Yarvin y Land —tergiversando el clásico de Albert Hirschman (aunque sin citarlo)—, es la de la salida, no la de la voz. La voz es la dialéctica: la creencia en que los conflictos pueden resolverse en un futuro mediante la política, lo que fundamenta precisamente la idea de progreso. La salida, en cambio, niega esta creencia y sustituye, digámoslo así, el tiempo por el espacio. 

De lo que se trata, frente a la dialéctica política, es de romper el orden social e internacional mediante la fragmentación, mediante la creación de una red estilo patchwork; es decir, de pequeñas organizaciones soberanas, ciudades estado o comunidades culturalmente homogéneas. Hermann Hoppe no duda en asociar la estrategia del exit con conceptos como los de secesión y segregación, en absoluto inocentes en el marco de la cultura política norteamericana.

Son varios los proyectos que, bien en términos programáticos, bien como experimentos prácticos, se están llevando a cabo inspirados en estas ideas y financiados con dinero de Silicon Valley. Patchwork y Urbit (ideados por Curtis Yarvin), el Seasteading (proyecto de plataformas marinas financiado por Pronomos Capital), la colonización de Marte de SpaceX, o la creación de ciudades-corporaciones, como Prospera en Honduras (dirigida por un fondo privado dirigido por figuras como Peter Thiel o Marc Andreessen) son sólo algunos ejemplos significativos que parten del principio de exit. Por eso, no es casualidad que se desarrollen en zonas con vacíos legales, que escapan a la regulación estatal y de organismos internacionales. Lugares donde la utopía neorreacionaria puede arrancar de cero, sin necesidad de implicarse en la política y tener que hacer uso de la voz. El neorreacionario vota con los pies. Pero ¿qué tiene que ver todo esto con Groenlandia?

V

Praxis es una empresa fundada en 2019 por Dryden Brown y Charlie Callinan, que se autodefine como una nación digital. Según su página web, cuenta con 151.068 praxianos y un valor de 1,117 mil millones de dólares. La ciudadanía se obtiene mediante el pago de una cuota que da acceso a una “Zona Económica Especial”, denominada “zona de aceleración”, la cual se apoya en cuatro pilares fundamentales: IA, criptomonedas, desregulación energética y biotecnología. 

El modelo institucional sigue el esquema de las DAO (Decentralized Autonomous Organizations), comunidades digitales cuyas reglas de gobernanza están codificadas en smart contracts mediante blockchains, ejecutándose automáticamente sin intermediarios humanos. Inspirada en utopías libertarias, las DAOs han sido criticadas por varios autores que señalan su deriva hacia modelos autoritarios y tecnocráticos.

Pues bien, el punto es que Praxis está interesada en desarrollar ciudades inteligentes en Groenlandia. Según Brown, quien ya sondeó la compra de territorios a las autoridades groenlandesas, el consorcio ya cuenta con una financiación de 525 millones de dolares. Entre los inversores de Praxis se encuentran —redoble de tambor—: Peter Thiel, Patrick Friedman, Balaji Srinivasan, Marc Andreessen, Sam Altman, entre otras figuras destacadas de Silicon Valley. 

Es más, recientemente Donald Trump ha designado a Ken Howery como embajador en Dinamarca y encargado de dirigir las negociaciones para la adquisición de Groenlandia. ¿Y quién —dirá usted— es este tal Howery? Pues —de nuevo redoble de tambor— otra de las figuras destacadas de la reactoesfera de Silicon Valley: miembro fundador de PayPal, junto con Peter Thiel y Elon Musk, inversor de SpaceX, fundador, junto con Thiel y Alex Karp, de Palantir, y director de Founder Fund (un fondo de capital de riesgo enfocado en startups) junto con Luke Nosek.

Groenlandia, que cuenta con la densidad de población más baja del mundo (0,026 personas por km²), puede considerarse entonces como un enclave excepcional para desarrollar la estrategia de salida que caracteriza al movimiento neorrecacionario; en otras palabras: Praxis = Exit

Pero aún cabría preguntarse por el sentido que tiene todo esto. ¿No estaremos ante una excentricidad más de ultrarricos que sólo quieren asilarse y desentenderse de la suerte que depare al resto de la humanidad? Naomi Klein y Astra Taylor han señalado que la élite estadounidense, y especialmente la de Silicon Valley, ha caido presa del síndrome Armagadeon. La salvación universal se ha vuelto imposible: Praxis en Groenlandia no sería sino un arca de Noé para ultrarricos, “los elegidos” para salvarse del diluvio universal que se aproxima.

No termino de compartir este diagnóstico, como tuve ocasión de señalar en la revista Sin Permiso, en respuesta al artículo de Klein y Taylor. No creo que la utopía de Praxis en Groenlandia se reduzca a una cápsula de escape frente a un mundo que colapsa, una suerte de Mayflower tuneado con GPS y motor SpaceX. No, Praxis es algo más. 

Es otro de esos experimentos del nuevo orden neorreacionario por venir. Son pruebas del sistema operativo que se pretende instalar cuando llegue el momento de resetear la vieja versión que ahora disponemos. Nick Land habla de “hiperstición”: ficciones que se hacen reales al actuarlas, “visitas” del futuro que configuran el presente. En otras palabras, y sin tanta pirotecnia aceleracionista, Praxis es el ensayo de una oikocracia, de una oligarquía de propietarios sustentada sobre cadenas de dependencia personal, ciudadanos de segunda y trabajadores manuales sometidos a condiciones de semiservidumbre.  

VI

Resulta pertinente recordar, a contrapelo del argumento de Klein y Taylor, que no debemos realizar una lectura literal del discurso neorreaccionario, especialmente cuando se solapa con el libertarismo. El sueño: fragmentar el sistema de estados actual en un patchwork de soberanías privadas, donde ciudadanos-propietarios gestionen un consejo de administración mediante protocolos tokenizados, donde la aceleración tecnológica produzca por sí misma prosperidad y donde se goce de seguridad mediante la combinación de un estilo de vida homogéneo con mecanismos de gubernamentalidad algorítmica. Quien no esté de acuerdo, aún conserva, según Friedman, el único derecho humano que lo asiste: el derecho de salida.

Pero las cosas, qué duda cabe, no son así de simples. Este sector de Silicon Valley al que nos hemos referido quizás pueda obnubilarse con las fantasías de Ayn Rand y con las pesadillas de Murray Rothbard. Pero su reino no deja de ser de este mundo, pues sus intereses de clases están estrechamente vinculados a la suerte del Estado y del imperio estadounidense. 

Groenlandia es de interés nacional, primero por sus recursos económicos, necesarios para la industria de Silicon Valley (capacidad para albergar los centros de datos de la IA con mayor consumo energético y minerales para fabricar baterías, chips, conductores, etc.). Por eso, incluso “progres” de Seattle como Jeff Bezos o Bill Gates ya han invertido el aguinaldo en Kobold Metals, empresa especializada en explotar tierras raras que ya trabaja en Groenlandia.  

Pero, aún más importante, Groenlandia es una cuestión de seguridad nacional por motivos militares y geopolíticos. Aquí es donde los progres dan paso a los neorreacionarios de Silicon Valley: Andreessen Horowitz, Palantir, Anduril, Starlink, Oracle constituyen el sistema de ciberseguridad y minería de datos del que depende en gran medida la estrategia estadounidense de seguridad nacional, desde la CIA hasta la NSA, pasando por la Fuerza Aérea y a Fuerza Espacial, o el Cuerpo de Marines.

Recientemente Daniel Arjona escribió un interesantísimo artículo en El Arjonauta donde desgranaba el papel esencial que desempeñó Alex Karp, CEO de Palantir, en la odiosa “Operación Determinación Absoluta” del pasado 3 de enero. Según Arjona el rol de Karp y de Palantir fue el de procesar el inabarcable ruido generado por la montaña de datos que podría permitir la captura de Maduro. “Karp no vende datos, sino la capacidad de entenderlos”, afirma Arjona. Y es que la gubernamentalidad algorítmica requiere de algo más que materia prima. Cuando dispone de ello es capaz de adelantarse al porvenir: el sistema “no sólo dijo a los comandos dónde estaba Maduro; les dijo hacia dónde iba a moverse”. De nuevo nos topamos con el No Future! Pero ahora no por exceso de incertidumbre, sino por su ausencia absoluta. En Venezuela, los Sex Pistols dan paso a George Orwell.       

VII

Marc Andreessen y Peter Thiel son declarados defensores de la anexión de Groenlandia. Sobre los motivos económicos y militares que justifican esta postura ya se ha hablado y se hablará aún más. De lo que se hablará menos es del objetivo político que hace apetecible Groenlandia para este sector reaccionario del tecno-capitalismo norteamericano. Y es que esta tierra a la que arribó en el siglo X Erik el Rojo (ironías de la historia), y a la que puso por nombre “Tierra Verde” (Erik, además de rojo, era un socarrón), es un espacio privilegiado para experimentar la utopía neorreaccionaria por la que suspiran estos freaks con ansias de venganza e ínfulas imperiales.

Sigo sin poder responder a la pregunta de mi madre, que al fin y al cabo es la pregunta que realmente importa. Pero de lo que sí estoy seguro es de lo triste que lucen las pobres almas de los resentidos con poder, en su infantil megalomanía. El caso de Groenlandia representa muchas de las contradicciones del mundo en el que hoy nos encontramos. Oponerse a su anexión es también oponerse a esas utopías que nos hundirán en los tiempos oscuros. 

Alejandro Estrella González  Es profesor-investigador titular del Departamento de Humanidades de la Universidad Autónoma Metropolitana de México y pertenece al Sistema Nacional de Investigadores. Ha publicado obras como «Clío ante el espejo. Un socioanálisis de E.P. Thompson». Universidad de Cádiz-UAM. Cuajimalpa (2011); «Libertad, progreso y autenticidad. Ideas sobre México a través de las generaciones filosóficas». Editorial Jus (2014) y ha editado la selección de textos «E. P. Thompson. Democracia y socialismo». Edición crítica, UAM-Cuajimalpa/CLACSO (2016)