El filme de la cineasta palestina Annemarie Jacir se centra en el engaño al pueblo palestino por parte del Imperio Británico, cómplice del sionismo
Antes de leer sobre la verdadera historia de la creación de Israel, un Estado fundado a partir del terrorismo, el robo de tierras, la colonización y el genocidio, muchos nos tragamos el relato hollywoodiense. Como tantos, de niño vi en la tele Éxodo, filme de 1960 dirigido por Otto Preminger, un conocido tirano (maltrataba a técnicos y actores) de origen judeo-austríaco que también produjo el filme. El gobierno israelí, consciente del gigantesco valor propagandístico de Éxodo, colaboró con el equipo de Preminger proporcionando transporte militar, espectaculares localizaciones y soldados del ejército como figurantes.
El protagonista de Éxodo es un oficial de la Haganá (organización paramilitar judía en la Palestina bajo mandato británico) que prepara la evasión de cientos de refugiados judíos supervivientes del Holocausto desde Chipre hacia Palestina a bordo del barco Exodus. Y aunque la Haganá nació para proteger a los “asentamientos” judíos en tierras robadas, acabó participado en actos terroristas y fue la semilla de las Fuerzas de Defensa de Israel. También fue el origen de las bandas terroristas Irgún y Lehi.
De forma pasmosamente torticera, Éxodo presentó la creación
de Israel como consecuencia del Holocausto y obviando que era un robo de
tierras ajenas. Para este relato Israel se aprovechaba de un héroe,
encarnado nada menos que en Paul Newman, y su guion nos vendía el relato
que muchos nos tragamos de niños: los hijos de Israel llegaron a un
desierto plagados de salvajes árabes y decadentes británicos y lo
convirtieron en un próspero y ejemplar vergel.
No contentos con esta propagandística patraña, seis años después de Éxodo el cine yanqui estrenó La sombra de un gigante,
otra gran producción protagonizada por Kirk Douglas en el papel de
Mickey Marcus, coronel judío-estadounidense (y primer general israelí)
reclutado en 1947 para asesorar a militares israelíes en la guerra de
1948.
No contentos con la propagandística Éxodo, seis años después el cine yanqui estrenó La sombra de un gigante, otra gran producción protagonizada por Kirk Douglas
Este panfleto sionista está producido por el ultraderechista John Wayne con su compañía Batjac, fundada para producir El Álamo,
otro panfleto, pero esta vez el capital era israelí. Wayne apostó por
un pobre guion de Ted Berkman y Melville Shavelson, también director del
filme en el que los judíos parecen valerosos y honrados vaqueros
enfrentados a los salvajes indios, aquí representados, claro está, por
los árabes.
A Kirk Douglas, que apostó entregado protagonizar esta farsa porque era
un reconocido sionista y llevaba años implicado con altas instituciones
israelíes, se le unió en el reparto Frank Sinatra, que promovió la
compra de bonos del Estado de Israel en galas benéficas que ayudaron a
establecer una corriente de opinión pública muy favorable a la
artificial y criminal creación de Isarel.
Uno de los últimos ejemplos de manipulación usando en este sentido lo pudimos ver en en La lista de Schindler, filme que Steven Spielberg acabó con una secuencia en color y en Jerusalén (en la tumba de Oskar Schindler, en el cementerio católico del Monte Sion), mezclando de forma empalagosa y torticera el holocausto con la creación de Israel.
Lejos de estas películas financiadas o aplaudidas por el sionismo, y con un presupuesto mucho más humilde, está Palestina 36, producida por su directora, Annemarie Jacir (cofundadora junto con Ossama Bawardi de la productora independiente Philistine Films) y financiada por Palestina, Reino Unido, Francia, Dinamarca, Noruega, Catar, Arabia Saudí, Jordania y Emiratos Árabes Unidos.
Lejos de las películas financiadas o aplaudidas por el sionismo está Palestina 36, financiada por Palestina, Reino Unido, Francia, Dinamarca, Noruega, Catar, Arabia Saudí, Jordania y Emiratos Árabes Unidos
La película de Jacir se centra en el levantamiento popular de los palestinos contra la administración colonial británica y que se conoció como la Revolución palestina y duró duró de 1936 a 1939, igual que nuestra Guerra Civil. La lucha palestina perseguía, como se recalca en el filme, la independencia y la libertad, además de detener el apoyo británico al sionismo, incluyendo la inmigración judía y el robo sus tierras.
Su protagonista masculino es el joven Yusuf, que debe decidirse entre proteger su modo de vida y unirse a los guerrilleros que arriesgan su vida por la libertad del pueblo palestino. La protagonista femenina es Khouloud, periodista comprometida y con buenos contactos en las altas esferas británicas.
Lo primero que subraya Jacir en Palestina 36 es que su tierra era dura pero fértil y un lugar en el que sus gentes llevaban una vida próspera, sana y normal a pesar de sobrevivir bajo el yugo británico. También, y pronto, que los británicos fueron los grandes responsables del robo de tierras y el terrorismo judío. Fueron los británicos los que sustituyeron la mano de obra palestina por la judía y los que permitieron la llegada en barcos de miles de armas usadas contra los palestinos y los propios británicos.
Palestina 36 también recrea con rigor la huelga general del 20 de abril del 36, a la que los británicos contestaron salvajemente, y el respaldo de la población palestina a las acciones de huelga, rebelión violenta y sabotaje, como muestra la escena del tren. Los colonos sionistas de esta película, siempre de fondo, como una maldición que se cierne sobre Palestina, nada tienen que ver con los colonos de las películas de indios y vaqueros, sino con hordas que provocan incendios en tierras palestinas y asesinas a sangre fría, exactamente igual que hoy.
Los grandes villanos y traidores del filme son el Alto Comisionado del Mandato Británico de Palestina, A.G. Wauchope (Jeremy Irons), el oficial Charles Tegart (Liam Cunningham) y el capitán Charles Wingate (Robert Aramayo) por la parte británica. Pero el filme también recuerda a los árabes traidores: las Asociaciones Nacionales Musulmanas colaboraron con los sionistas judíos y con los británicos. En su guion, además, Annemarie Jacir nos recuerda que el sionismo trató de reemplazar (a veces mediante el asesinato de aldeas enteras) a la gente que vivía en su tierra y levantar “asentamientos” en tierra robada. Y a los europeos esta barbaridad les pareció bien porque así se deshacían del sionismo en sus países.
Una de las escenas más tristes y clarificadoras del filme es aquella en la que la periodista Khouloud cena con su familia y descubre, por la radio y por Thomas, su confidente, que los palestinos han sido traicionados, serán desplazados por la fuerza y solo los sionistas tendrán su Estado. Es la tenebrosa noche en la que llegaron los apagones y las algaradas y en la que los palestinos apoyaron en masa a sus rebeldes armados contra colonizadores decadentes y nuevos colonos sionistas que vendieron al mundo, gracias a una costosa propaganda, el milagro israelí.
Palestina 36 es la única película rodada en Palestina en estos dos últimos años y su compleja y cara producción (restauraron una aldea histórica en Cisjordania y construyeron réplicas de vehículos coloniales del 36) tuvo que detenerse hasta en cuatro ocasiones porque el equipo corría un serio peligro. Por desgracia, el inicio del rodaje estaba panificado para octubre de 2023 y la bestial ofensiva israelí obligó a detenerlo por completo.
La película es la única rodada en Palestina en estos dos últimos años y su producción tuvo que detenerse hasta en cuatro ocasiones porque el equipo corría un serio peligro
La aldea que reconstruyeron en Cisjordania para el filme, tres meses de duro trabajo, acabó malograda e invadida por el ejército y los colonos israelíes y parte del equipo internacional y del reparto sufrieron rechazos en la tramitación de visados por parte de las autoridades israelíes, lo que conllevó tener que ajustar de urgencia el plan de rodaje.
Pero lo más terrible de todo, como ha recordado la propia Annemarie Jacir, es que mientras ella rodaba se perpetraba un genocidio. Y sin pretenderlo en su gestación, Palestina 36 se convirtió en un grito: a pesar de los asesinos genocidas, a pesar de Israel, Palestina no será borrada.
Lo último que vemos en Palestina 36, tras un final que invita directamente a la acción armada, son estas palabras: “Quedamos nosotros. Aunque los cielos aplasten nuestra tierra, nuestra canción continuará”.