Voici une carte de 1962 indiquant les pays dans lesquels des anciens
nazis (membres du NSDAP) ou d'anciens diplomates du Troisième Reich ont
été nommés ambassadeurs de l'Allemagne de l'Ouest. Par exemple, en URSS
en 1962, l'ambassadeur de l'Allemagne de l'Ouest était un diplomate
pendant le Troisième reich, Horst Greppel.
“España es de interés estratégico para
la seguridad de Estados Unidos debido a su posición geográfica, que la
convierte en una base potencial para operaciones en el área del
Mediterráneo occidental, y de interés político por la actual resistencia
del pueblo español a la penetración comunista”. Así empieza el largo
informe de la CIA sobre España que vamos a comentar[1].
Para ser un documento interno, el comienzo no puede ser más
contundente. Ni más performativo: respondiendo a ese interés
estratégico, en septiembre de 1949 atracaron los primeros barcos
norteamericanos en El Ferrol y su comandante, el almirante Richard L.
Conolly, rindió visita a Franco en el Pazo de Meirás; en 1950 Truman,
hasta entonces adverso a Franco, reconoce oficialmente a su gobierno y
en julio de 1952 el almirante Forrest P. Sherman repite la visita al
“Caudillo” para acordar las negociaciones previas a los pactos
bilaterales de 1953.
Mientras tanto, menudean las visitas
oficiales a España de congresistas y, con parsimonia, —pues los
inversores no se fían de su solvencia ni los políticos de la estabilidad
del régimen—, EE.UU. ensaya la apertura comercial y otorga ayudas
económicas a España. No es ajena a esta dinámica la actividad del lobby
español en EE.UU., animado por el “inspector de embajadores” José Félix
de Lequerica, con el director de la CIA, Roscoe Hillenkoetter y los
senadores Arthur Vandenberg, James E. Murphy, Joseph McCarthy y Patrick
McCarran, que recibió una condecoración en la embajada “por su
excepcional devoción a España”[2].
Todos ellos compartían la admiración hacia Franco, el antisemitismo y
un fuerte anticomunismo, rasgo característico de una Guerra fría
entonces incipiente[3].
Y todos ellos trataron de influir en la opinión pública, los
congresistas opuestos a Franco y el propio presidente para que, como
dice Ángel Viñas, “no se le apretaran demasiado las tuercas a Franco” y
se viera la conveniencia de enviarle ayuda sin condicionamientos.
El informe de la CIA es muy completo,
abarca la situación política y económica de España, la oposición al
régimen, las relaciones exteriores, el ejército y “los probables
desarrollos políticos futuros que afectarán a la seguridad de EE.UU.”
(seis secciones en total), todo ello con abundante material estadístico y
gráfico. Es el documento más extenso de los muchos que elabora la
Agencia entre 1947 —momento de su creación— y 1950, y que hoy se hallan
prácticamente desclasificados[4]. En conjunto, ofrecen una visión muy detallada y relativamente objetiva de la España de la época.
Tal acopio de información muestra el
gran interés del gobierno de EE.UU. hacia España y, en el caso del
informe que nos ocupa, viene a ser como el largo alegato de un abogado
defensor que motiva exhaustivamente su juicio: es necesario acercarse a
Franco y apuntalar su régimen económica, militar y políticamente en
interés de la seguridad de EE.UU. y de la defensa común atlantista ante
la supuesta amenaza de la URSS y del comunismo. La política de sanciones
impulsada hasta entonces se ha revelado contraproducente: aparentemente
solo sirve para fortalecer al régimen. Y es necesario tomar la
iniciativa cuanto antes, pues la delicada situación económica de España,
en términos de hambre, miseria y desigualdad generalizadas, unida al
aislamiento exterior (salvo la Argentina de Perón), podría llevar a la
desestabilización del régimen, lo cual daría más campo de acción al
comunismo y descartaría otras opciones políticas más aceptables para
EE.UU. La situación militar no es menos penosa: a pesar de disponer de
más de 500.000 uniformados, a los que se pueden sumar casi 90.000
guardias civiles y policías nacionales (que se llevan, en conjunto casi
la mitad del presupuesto estatal), el Ejército español, con escaso y
obsoleto armamento, sería incapaz de resistir el ataque de otro “moderno
y bien equipado” y de defender sus fronteras y sus costas.
En este sentido, otro informe de la CIA
expresa el desiderátum de un futuro en el que el régimen de Franco ha
sido eliminado y en el que “la representación comunista en el régimen
que le suceda sea limitada o inexistente”, mientras que la URSS
preferiría, según el mismo informe, “la permanencia de Franco y el
aislamiento permanente de España respecto de cualquier fuente de ayuda
exterior, hasta que las condiciones internas estén maduras para la
revolución”[5].
Conviene retener ese concepto de un régimen sin comunistas en España,
pues será la opción que mantendrá EE.UU. hasta la transición, con
valedores tan ilustres como Henry Kissinger, Fraga o Areilza. Una
propuesta que también condicionará la dinámica de los grupos
antifranquistas -en el exilio.
La iniciativa en el cambio de actitud de
los países occidentales, se añade, debe partir de EE.UU. Aunque hubiera
sido deseable un planteamiento conjunto con los países de Europa
occidental, incluso añadiendo a España en el Plan de recuperación
europea (Plan Marshall), la aversión de los gobiernos y de la opinión
pública europea hacia el régimen de Franco lo hace inviable. Pero, por
otro lado, la integración de Europa occidental se considera “incompleta e
inadecuada sin España”, de modo que EE.UU. deberá articular un plan de
ayuda económica y militar bilateral, como ya estaba haciendo en Grecia,
Turquía y otros países fuera de Europa. Por lo demás, el régimen de
Franco también prefiere la opción bilateral para no tener que depender
del entendimiento con regímenes más o menos hostiles. En este caso se
trataba de la ayuda económica, pero se mantendrá una actitud parecida
cuando se aborde el acoplamiento de España en el esquema militar
atlantista.
Primera
página del mensaje del presidente Truman al Congreso el 12 de marzo de
1947 recomendando asistencia a los gobiernos de Grecia y Turquía,
considerado como la primera formulación de la doctrina Truman (Wikimedia
Commons)
Por lo demás, conviene recordar que por
esos años el panorama internacional se venía tensionando
progresivamente, de modo que las buenas relaciones de EE.UU. e
Inglaterra con el antiguo aliado, la URSS, duraron muy poco y algunos
líderes occidentales empezaron a decir que la guerra no había terminado,
aunque ahora cambiaran los enemigos. Con preocupación se veía desde
EEUU. e Inglaterra el incipiente proceso de descolonización, que
afectaba gravemente a esta última, así como a Francia, Bélgica y Países
Bajos; la primera guerra árabe-israelí, subsiguiente a la creación del
estado hebreo en 1947; el control progresivo de Stalin sobre los países
del Este (aunque fuera un aspecto negociado en Yalta) y la primera
crisis de Berlín. Pero quizá lo más impactante debió de ser la “pérdida
de China” y la Guerra de Corea, que obligaron por primera vez tras la II
Guerra mundial a desplazar hombres y ayuda militar masiva al lejano
Oriente[6].
Sin olvidar que la explosión de la primera bomba atómica de la URSS en
1949 revalidaba una proliferación nuclear iniciada en el momento en que
EE.UU. malogró en NN.UU. la propuesta de negociaciones para impedirla.
Como los ideólogos de la Restauración
veían la hidra de la Revolución francesa extenderse por toda Europa,
ahora se temía la “amenaza roja” (red scare) en todo el mundo, incluso en Europa occidental.
Hasta mayo de 1947 hubo ministros comunistas en Francia, Italia,
Bélgica, Finlandia e Islandia y la influencia y popularidad de los
PP.CC. era muy fuerte en los sindicatos, parte de la opinión pública y
la intelectualidad. En esta situación uno de los primeros informes de la
CIA, de 1947, señalaba que “el mayor peligro para la seguridad de
Estados Unidos reside en la posibilidad de un derrumbamiento económico
en Europa occidental y la consiguiente llegada al poder de elementos
comunistas”[7].
De donde sale la formulación de la ayuda a gran escala para la
reconstrucción de Europa, una idea articulada por secretario de Estado
Marshall y de su asesor George F. Kennan.
En ese contexto, las estrellas del
escenario mundial se iban alineando favorables hacia Franco. Pues ¿acaso
no había sido él uno de los primeros en alertar del peligro comunista y
en combatirlo a muerte en su propia casa y en las heladas estepas de
Rusia? Así pues, la postura de la CIA hacia Franco no era sino síntoma
de un estado de opinión que iba medrando entre muchos altos mandos
militares, congresistas y asesores del gobierno norteamericano. En 1947
Kennan había dicho que la recién formulada “doctrina Truman” —de la que
él mismo era principal autor intelectual, aunque luego mostró
discrepancias con su aplicación— implicaba una nueva perspectiva más
favorable hacia la España de Franco[8].
Pero antes que él, ya en 1945, el Pentágono y el Estado Mayor Conjunto
habían señalado el interés estratégico de la Península y en ubicar al
menos tres bases militares en España. Unos y otros siguieron presionando
al Departamento de Estado y al presidente, que acabaron cediendo. “A mí
Franco —le dijo Truman al almirante Sherman, Jefe de la VI Flota, a
quien poco después envió a negociar con Franco— no me gusta y nunca me
gustará, pero no permitiré que mis sentimientos personales invaliden las
convicciones de ustedes, los militares”[9].
Un cambio de opinión semejante mostró Dean Acheson, secretario de
Estado desde 1949. Y el encargado de EE.UU. en España, Paul T.
Culbertson, que en principio aconsejaba a su gobierno “un esfuerzo por
la cooperación, en vez de por el antagonismo” y “considerar la ayuda
directa” a Franco, pero condicionada a la disposición a hacer reformas,
luego debió aceptar que la ayuda se desligara de cualquier consideración
política[10].
Y, como en la Restauración, también la iglesia bendecía esta deriva, en
este caso por medio del cardenal Spellman y con la venia del Santo
Padre Pío XII. Se recordaba que la victoria de Franco en la Guerra civil
había sido, entre otras cosas, un valladar ante el avance general de la
secularización y la apostasía.
Todos eran muy conscientes del carácter
rígido y dictatorial del régimen y de las muy escasas ganas de Franco
por hacer reformas que no fueran de fachada, como la creación de las
Cortes, la definición de España como reino (sin rey) o las elecciones
municipales según los cánones de la “democracia orgánica”. Como le dice
Culbertson a Martín Artajo, ministro de Asuntos exteriores en 1947,: “…
España [es un] estado policial, donde hay represión política y donde
casi todo es considerado un crimen contra el Estado y, por tanto, sujeto
a juicio en consejo de guerra, cosas que son incomprensibles para la
opinión pública norteamericana…”[11].
Precisamente por eso habían sido los propios EE.UU. los que, pocos años
antes, habían propuesto a la Asamblea General de la ONU la exclusión
“del gobierno fascista del general Franco (…), impuesto por la fuerza al
pueblo español con la ayuda del Eje”[12].
Oscar Lange, el representante de Polonia en NN.UU., denunciaba incluso
que Franco amparaba a militares y científicos nazis, con los que
supuestamente trataba de llevar adelante investigaciones atómicas[13].
Pero los intereses estratégicos de
EE.UU., el anticomunismo visceral imperante y la dinámica expansiva del
gran capital norteamericano pronto dejaron de lado el afán de
propagación ecuménica de la democracia para colaborar o apoyar a “sons
of a bitch” como los Somoza, Trujillo o Franco cuando ello les convenía. Y no por casualidad se firmaron con pocas semanas de diferencia el
acuerdo bilateral España-EE.UU. y el nuevo concordato con el Vativano.
Los acuerdos bilaterales España-EE.UU.
fueron una pieza más de un esquema político global encaminado a asegurar
la hegemonía norteamericana mediante la “contención” (roll back)
de la influencia de la URSS y de los partidos comunistas tanto en el
plano internacional como en el interior de los países capitalistas y en
lo que pronto se iba a llamar “Tercer Mundo”. Pues para los EE.UU., como
para Franco, el campo semántico de “comunismo” va más allá de la URSS y
de los partidos de ese nombre, englobando a los sindicatos de clase,
los nacionalismos populares, como el de Lumumba en el Congo, Nasser en
Egipto o Mosaddeq en Irán, así como cualquier otro movimiento político
que pusiera en peligro los intereses de EE.UU. y de sus aliados.
En el plano militar, la política de
contención debe relacionarse con la articulación de Tratados de defensa
regionales (OTAN, CENTO, Pacto de Bagdad), tratados o acuerdos
bilaterales[15]
(Taiwán, Japón, Corea, Filipinas, España, etc.), y la proliferación de
bases militares por todo el mundo. La funcionalidad del Mando aéreo
estratégico (SAC), creado en 1947, con bombarderos dotados de armamento
atómico, así como la de la poderosa flota de submarinos y portaaviones,
pronto dotados también de propulsión y munición atómica, lo exigía. La
doctrina Truman también tenía sus flancos económicos (como el Plan
Marshall, germen del proceso de unificación europea, o el Plan de cuatro
puntos, destinado a países de África, Asia o Latinoamérica); de
espionaje y acciones encubiertas de la CIA, sin descartar asesinatos
como los de Patricio Lumumba o Mohammad Mosaddeq (directiva presidencial
NSC 10/2, inspirada también por Kennan); y de política cultural y
propaganda encaminada a difundir los valores, ideas y gustos estéticos
del llamado “mundo libre”, así como la utopía de los “átomos para la
paz”[16].
El informe de la CIA que comentamos
incluye dos notas que expresan la “discrepancia” del Departamento de
Estado y de la Inteligencia del Ejército de Tierra respecto de las
estimaciones de la Agencia. Si bien se comparte con ella la valoración
estratégica de la Península y la conveniencia del acercamiento a Franco,
no ven que la situación de su régimen sea tan vulnerable por el
deterioro económico (“la situación económica de la nación será crítica
en el invierno de 1948-1949”, afirma la CIA), ni por el creciente
descontento popular ni por la acción de los grupos de oposición
antifranquista. Estos, se dice, están divididos y Franco ha sabido
manejar a los monárquicos borbónicos mediante su entrevista con Don
Juan, que tácitamente descarta su acceso al trono y los planes
reformistas planteados en el manifiesto de Estoril (y también de algunos
generales monárquicos) ; los comunistas, tras el fracaso de la invasión
del valle de Arán, se hallan muy debilitados por la represión, y el
hambre y la miseria generalizadas, por sí mismas, no se ven como
factores suficientes para provocar un levantamiento popular, al menos a
corto plazo.
A pesar de todo, se detecta en todas
estas valoraciones cierto grado de incertidumbre, suficiente como para
aconsejar en todo caso esa ayuda directa a la España de Franco aun
cuando el dictador no muestre intenciones de hacer reformas internas,
que también perjudicarían a los grupos privilegiados que le apoyan,
singularmente el ejército y la iglesia. Queda latente la idea de que el
pueblo español, doce años después de comenzada la Guerra civil, sin ver
perspectivas de mejora para su situación de penuria y opresión, podría
llegar a un punto de malestar y desesperación que le hiciera apoyar
iniciativas encaminadas a derrocar la dictadura. En esa coyuntura, la
posible intervención de los comunistas, incluso con el apoyo de la URSS,
tendría una oportunidad. Y eso era tabú para las élites dirigentes de
EE.UU. y de sus países aliados[17].
España es de interés estratégico para la
seguridad de Estados Unidos debido a su posición geográfica, que la
convierte en una base potencial para operaciones en el área del
Mediterráneo occidental, y políticamente por la actual resistencia del
pueblo español a la penetración comunista. La situación en España afecta
al desarrollo de la política estadounidense en Europa porque el
gobierno totalitario y antidemocrático de Franco hace que España sea
inaceptable para las demás naciones de Europa Occidental como
participante en el programa de recuperación europeo y en la Unión
Occidental. Los aspectos políticos del Protocolo de España con Argentina
son de interés para la política de Estados Unidos en el hemisferio
occidental y su doctrina de la hispanidad afecta los intereses de
Estados Unidos en todas las naciones latinoamericanas y en la República
Filipina.
En términos económicos, España es
relativamente poco importante para Estados Unidos, excepto en la medida
en que Estados Unidos pudiera tener que negar a sus enemigos materias
primas estratégicas españolas. Normalmente, menos del dos por ciento de
las exportaciones estadounidenses van a España, mientras que menos del
uno por ciento de las importaciones estadounidenses provienen de ese
país.
El poderío militar de España es escaso,
aunque sus fuerzas armadas se mantienen en una dotación numérica de más
de 500.000 efectivos y casi la mitad del presupuesto nacional se dedica a
los estamentos militares y policiales. Estas fuerzas carecen de equipos
modernos y su entrenamiento se ve limitado por la escasez de petróleo y
gasolina. España no podría repeler el ataque de un ejército moderno y
fuerte. Sus capacidades militares no pueden mejorar eficazmente sin
armas, aviones y equipos de origen extranjero. El desarrollo económico
nacional está retrasado y la capacidad de producción bélica es
insuficiente para sostener a las fuerzas armadas, excepto en breves
combates. Aunque existen importantes yacimientos de minerales
estratégicos, estos no son suficientes como para satisfacer las demandas
de la guerra. En caso de guerra, Franco probablemente se alinearía, si
fuera el caso, con las potencias occidentales, tanto por conveniencia
como por su genuino aborrecimiento de la expansión comunista. Sin
embargo, en primer lugar trataría de permanecer neutral.
La producción agrícola e industrial
española no ha recuperado el nivel alcanzado antes de la Guerra civil de
1936-39. La modernización y renovación de los equipos son muy
necesarias en todos los ámbitos, pero la posición cambiaria de España es
extremadamente débil.
Al final de la Segunda guerra mundial, a
España se le negó la admisión en la ONU como antiguo colaborador del
Eje. Desde diciembre de 1946, el Gobierno se encuentra ante desventajas
específicas derivadas de una resolución de la Asamblea General de la ONU
que, tras censurar a Franco por sus antiguos y estrechos vínculos con
la Alemania nazi y por su régimen totalitario de derechas, excluía a
España de la participación en organismos internacionales o dependientes
de la ONU y recomendaba la retirada de Madrid de ministros y embajadores
de los países miembros. Los cálculos del general Franco incluían la
posibilidad de que el peligro de guerra entre la URSS y las democracias
occidentales ensombreciera las razones de este aislamiento diplomático y
económico internacional y condujera, si no a la plena normalización de
sus relaciones internacionales, a la concesión de ayudas directas por
parte de Estados Unidos en forma de créditos y bienes necesarios para
rehabilitar la economía española y equipar a sus fuerzas armadas.
Estados Unidos, sin embargo, no se ha desviado en el caso de España de
su política general respecto a todas las naciones de Europa Occidental:
es decir, la acción a través de acuerdos multilaterales y de la ONU.
Debido a su oposición a Franco, las 16 naciones europeas afectadas han
excluido a España del programa de recuperación europeo.
Todavía no está claro qué línea adoptará
finalmente Franco para hacer frente a esta situación. Durante 1947 y el
verano de 1948 optó por acercarse a Argentina en las relaciones
exteriores, obteniendo de Perón en momentos cruciales dos grandes
empréstitos para importaciones de alimentos, por lo que expresó su
solidaridad con las propuestas de Perón de una “tercera posición
internacional” al margen del bloque comunista o del “capitalista”. En
política interna, volvió a enfatizar las teorías falangistas de la
autosuficiencia nacional bajo una estrecha regimentación económica y
social y la negación de la libertad de prensa y política. Adoptó una
actitud intransigente ante las sugerencias del Departamento de Estado de
los Estados Unidos de que mejorara su posición internacional
desfavorable mediante la liberalización de su régimen, haciéndolo más
aceptable para la opinión pública de los Estados Unidos y de las
naciones de Europa Occidental. Sin embargo, en vísperas de la Asamblea
General de la ONU de 1948 en París (donde la cuestión española se ha
incluido en el orden del día a petición de Polonia), cedió terreno al
anunciar que se permitirían elecciones municipales y renovó esfuerzos
para obtener un acercamiento al pretendiente español, Don Juan.
Aunque objetable para un gran número de
españoles, el gobierno del general Franco ha sido capaz de permanecer en
el poder durante nueve años después de obtener el dominio del país en
la Guerra civil de 1936-39. Bajo este régimen, España es un “Estado
autoritario, nacionalsindicalista” que, por razones de estrategia
política, ha sido proclamado “reino”. El legítimo pretendiente al trono
está en el exilio y el Gobierno en la práctica es una dictadura bajo el
General Franco, que por ley es Jefe de las Fuerzas Armadas y Jefe del
Estado, sin límite en su mandato y con derecho a nombrar a su sucesor.
El gobierno ejerce un control absoluto sobre la prensa y la propaganda,
ha suprimido las libertades civiles y políticas y suprime por la fuerza
toda oposición política, incluida la de los monárquicos. Ha regimentado
la economía nacional hasta el punto de que casi asfixia a la empresa
privada.
La mayoría de los españoles son
amistosos con Estados Unidos y hostiles hacia la URSS. Como la oposición
proletaria a Franco ha perdido su antigua esperanza de que las
democracias intervinieran para derrocar al régimen, algunos sectores
tienden a orientarse hacia el Partido Comunista de España. Las fuerzas
liberales moderadas se han visto debilitadas por la represión y por su
incapacidad para unirse. Si estos procesos continuaran, en última
instancia, sólo los comunistas, ahora una minoría desacreditada, podrían
estar preparados para actuar con disciplina y obtener ayuda externa en
caso de que una emergencia debilitara al Gobierno.
La estabilidad del actual Gobierno
depende sobre todo del mantenimiento de una fuerza física y una
capacidad para mantener en pie la tambaleante economía nacional. Franco
no ha dado ninguna indicación de que vaya a renunciar voluntariamente a
su autoridad y no hay una señal alguna de que el Ejército vaya a
retirarle su apoyo. Sin embargo, la fiabilidad futura de este apoyo
dependerá en gran medida de las tendencias económicas. En el mejor de
los casos, en el futuro previsible, Franco tendrá que continuar con su
costumbre de maniobrar para mantener el equilibrio entre los tres
pilares de su poder, a saber: el Ejército, la jerarquía católica
española y el “partido” unitario de tipo fascista conocido como Falange
Española. Franco ha utilizado y coordinado hábilmente a estos grupos a
pesar de sus antagonismos, pero su Gobierno no ha logrado la unidad
nacional. Es fuerte porque mantiene a la población sometida y ha
mantenido vivos los temores mutuos de represalias entre los españoles
que tomaron bandos opuestos en la Guerra civil.
Un levantamiento popular contra Franco
es poco probable. Una coalición de fuerzas centristas antifranquistas,
que integre grupos monárquicos, socialistas y obreros, en el interior y
fuera de España, está siendo buscada por los líderes del exilio con el
fin de obtener una transición pacífica del antiliberalismo franquista a
un régimen más moderado. Incluso si tal grupo demuestra una capacidad de
acción unificada, tendrá éxito contra el poder atrincherado del régimen
solo si obtiene el apoyo moral de las potencias occidentales o es capaz
de capitalizar, posiblemente a través de la presión de los banqueros
españoles, la debilidad financiera y la posición económica vulnerable
del gobierno. En cualquier caso, sería necesario el respaldo de un
fuerte grupo de generales del ejército español para inducir a Franco a
ceder su poder.
Por lo tanto, la única amenaza seria
para el régimen en el momento actual radica en la precaria situación
económica. Parece dudoso que pueda darse una ayuda inmediata a través de
Naciones Unidas o de canales similares. Se han denegado créditos
solicitados a fuentes privadas en el extranjero, principalmente debido a
la falta de confianza en la estabilidad a largo plazo del régimen y a
sus restricciones a las inversiones extranjeras y a la libre empresa.
Los acuerdos comerciales bilaterales concluidos durante 1947 y 1948,
además de los beneficios indirectos del programa europeo de
recuperación, han comenzado a proporcionar cierto alivio y probablemente
continuarán haciéndolo el próximo año. Estos beneficios pueden evitar,
al menos temporalmente, el peligro de un colapso económico.
Mientras se sienta capaz de mantener la
situación económica bajo control, es poco probable que Franco haga
concesiones importantes hacia la evolución democrática y puede haber una
prolongación del sistema totalitario español bajo su mando. Como
perspectiva a largo plazo, ello probablemente conduciría a una explosión
violenta de fuerzas populares, en la que los comunistas disfrutarían al
menos de una ventaja inicial. La perspectiva a corto plazo, sin
embargo, es que la situación económica de la nación será crítica durante
el otoño y el invierno de 1948-49; si no se produce ningún
acontecimiento llamativo que invierta esta perspectiva, Franco
continuará bajo presiones internas y externas que pueden obligarle a
hacer cambios básicos de política, alterando radicalmente el carácter de
su régimen, o a abandonar el poder. Su capacidad para resistir estas
presiones se verá mermada si se produce un marcado contraste entre el
ritmo de rehabilitación económica de España en el marco de los acuerdos
bilaterales y el ritmo de recuperación de los demás países de Europa
occidental en el marco de los acuerdos internacionales. Por otra parte,
si decide a hacer cambios de política y a reformar el Gobierno para
satisfacer estas presiones, tendrá que correr el riesgo de una fuerte
oposición y de un posible derrocamiento a manos de las fuerzas cuyos
intereses creados se verían amenazados por el cambio.
Discrepancia de la Oficina de Investigación de Inteligencia. Departamento de Estado.
El organismo de Inteligencia del
Departamento de Estado no puede estar de acuerdo con el informe en
cuestión, particularmente en lo que respecta a las secciones I y II que
analizan la situación económica general en España y la posición del
régimen franquista. En nuestra opinión, las perspectivas económicas en
España no son tan desfavorables como se da a entender en el informe y
que no cabe esperar ningún cambio político en un futuro próximo. En la
actualidad existe una clara tendencia hacia la mejora de la posición
internacional de España, lo que bien puede fortalecer al régimen
franquista tanto económica como políticamente. Por una parte, el aumento
del número de acuerdos comerciales bilaterales con países de Europa
Occidental y América Latina, junto con las ayudas indirectas derivadas
de la asistencia de la ERP[19]
a los países de Europa Occidental, deberían mejorar la posición
económica de España; por otro, varios países latinoamericanos acreditan
Jefes de misión en Madrid, lo que permitirá a Franco escapar, al menos
en parte, a las cargas del aislamiento diplomático impuesto a España por
la Asamblea General de la ONU. En vista de la creciente división
Este-Oeste, Franco puede esperar recibir un apoyo cada vez mayor,
directo o indirecto, de las potencias occidentales.
Discrepancia de la División de Inteligencia. Departamento del Ejército de Tierra
La División de inteligencia del Ejército
de tierra disiente sustancialmente de las conclusiones expuestas en
este documento en cuanto a los probables acontecimientos futuros en
España que afectarán a la seguridad de los Estados Unidos. Estas
conclusiones son que, si bien no es probable que se produzca ningún
cambio en seis meses, la situación en España es, en última instancia, de
peligro para los Estados Unidos debido a la posibilidad de que los
comunistas dominen la zona. Se indica que tal dominación podría ser el
resultado de (a) una revolución ayudada por la URSS, o (b) una agresión
militar por parte de la URSS.
A.- En cuanto a la primera posibilidad,
la revolución, el informe afirma que las clases trabajadoras
insatisfechas son receptivas ante la propaganda comunista. Además, está
implícito el supuesto de que no es posible una evolución hacia una forma
de gobierno política y económicamente más satisfactoria dentro del
régimen franquista y que no se puede esperar un alivio de las presiones
impuestas interna y externamente. Esta división, por otra parte, cree
que la revolución es improbable. Considera que el gobierno de Franco es
uno de los más estables de Europa occidental y cree que los españoles
son mucho menos susceptibles a la propaganda comunista que los de
Francia o Italia. Esta división también cree que, dada su fuerza y
estabilidad actuales, el régimen franquista puede comenzar a implementar
ciertos planes de evolución interna largamente pensados que, a su vez,
ayudarán a aliviar las presiones externas. Que la situación exterior no
es estática lo demuestra la mejora de las relaciones españolas con
muchos países durante el último año, y en particular con Francia, donde
el sentimiento antifranquista ha tenido una gran fuerza. Que la
situación interna no es estática lo demuestra el compromiso parcial
entre Franco y Don Juan y el anuncio de las próximas elecciones
municipales.
B.- En cuanto a la segunda posibilidad,
la agresión militar directa por parte de las fuerzas soviéticas, se cree
imposible a menos que la URSS domine primero la mayor parte de Europa
Occidental, incluyendo Francia o Italia. Este conjunto de circunstancias
no se menciona en el documento, lo que deja a uno con la impresión de
que la agresión podría emprenderse desde las bases actuales en la URSS o
en los países satélites, sin una guerra europea o mundial.
C.- La División de Inteligencia del del
Ejército de tierra considera que el documento no pone de manifiesto los
dos problemas más acuciantes que afectan a la seguridad de los Estados
Unidos y que presenta la situación española. En primer lugar, la
potencial importancia estratégica de España para los Estados Unidos en
caso de guerra con la URSS hace extremadamente grave la actual frialdad
de las relaciones entre España y los Estados Unidos. En segundo lugar,
la importancia estratégica de Europa occidental para los Estados Unidos
en su conjunto hace igualmente grave la actual frialdad de las
principales naciones de Europa occidental hacia España. Estados Unidos
ha demostrado que reconoce la importancia que tiene para su propia
seguridad la integración de Europa Occidental en los planos económico,
político y militar. Tal integración es incompleta e inadecuada sin
España; sin embargo, España ha sido excluida de todos los movimientos en
esta dirección. La División de inteligencia del Ejército de tierra es
consciente de que el problema de la incorporación de España al grupo de
naciones occidentales es difícil, pero no lo considera insoluble. Esta
división cree que la evolución dentro de España no sólo es posible sino
probable y considera que la evolución conducirá a mejores relaciones con
las potencias occidentales, incluidos los Estados Unidos, con la
posible inclusión final de España en el sistema de defensa occidental.
Sin embargo, si los esfuerzos por lograr una cierta unión de las
naciones de Europa Occidental fracasaran o resultaran tan insuficientes
que no merecieran más estímulo o apoyo de los Estados Unidos, el valor
estratégico de España para los Estados Unidos justificaría mayores
esfuerzos por su parte para establecer una cordialidad plena en las
relaciones entre los dos países.
Notas
[1]
Informe secreto de 100 páginas fechado el 15 de noviembre de 1948 y
titulado simplemente “SPAIN”. Aquí reproducimos el “sumario”, pp. i-viii
que corresponde a la Sección I (Situación Política). En
https://www.cia.gov/readingroom/docs/CIA-RDP78-01617A001500020001-2.pdf AQUÍ . Gregorio Santiago Díaz, “Vivimos sobre un volcán”. ¿Pudo derrocar el hambre a Franco? (1948-1951)”, en Historia Actual on line, 63, 2024.
[2] Ángel Viñas, En las garras del águila. Los pactos con Estados Unidos, de Francisco Franco a Felipe González (1945-1995), Barcelona, Crítica, 2003, pp. 57-61; Paul Preston, Franco, Caudillo de España, Debate, Barcelona, 2015, pp. 636-639 y 646-647.
[3]
Se recordará que Lequerica había sido embajador de Franco en la Francia
de Vichy, donde colaboró con la Gestapo y destacó por su dura
persecución de los exiliados republicanos españoles.
[4] En total hay unos quince, pero es difícil precisarlo pues no están ordenados cronológicamente.
[5] “Probable Soviet & Soviet-inspired reactions to the SWNCC Recommendations of US Aids to Spain”, 18 de agosto de 1947. AQUÍ (https://www.cia.gov/readingroom/docs/CIA-RDP78-01617A003000010003-4.pdf .).
[6] Nicolás Sesma, Ni una, ni grande, ni libre. La dictadura de Franco. Ed. Crítica, Barcelona, 2024, p. 284.
[7] Tony Judt, Postguerra. Una historia de Europa desde 1945, Taurus, Madrid, 2013, p. 151.
[8] Walter LaFeber, America, Russia and the Cold War, 1945-1996, McGraw Hill, 1999, p. 127.
[10] “Nota del encargado de España al Secretario de Estado de 30 de diciembre de 1947. En Fernando Díaz Plaja, La España Franquista en sus documentos, Barcelona, Plaza Janés, 1976, pp. 232-235.
[13]
Ambas cosas eran ciertas, pero no en los términos expresados por Lange,
pues no se trataba de fabricar bombas atómicas (en ese momento).
[14]
La frase se atribuye a F.D. Roosevelt por referencia al dictador
nicaragüense Somoza. “He may be a son of a bitch, but he’s our son of a
bitch”. No está clara la atribución, pero sí su pertinencia expresiva en
los ejemplos mencionados.
[15]
Los tratados implicaban un compromiso de defensa mutua en caso de
ataque de un tercer país. España, aunque logró en 1976 que se denominara
“tratado” a su relación con EE.UU. no tuvo nunca ese compromiso.
[16] Ver Frances Stonor Saunders, La CIA y la Guerra fría cultural, Debate, Madrid, 2001.
[17] Gregorio Santiago Díaz, “Vivimos sobre un volcán”. ¿Pudo derrocar el hambre a Franco? (1948-1951)”, en Historia Actual on line, 63, 2024.
[18] La información contenida en este informe corresponde a septiembre de 1948.
Este informe cuenta con la anuencia de
los organismos de inteligencia de la Armada y la Fuerza Aérea. Las
discrepancias de la Oficina de Investigación de Inteligencia del
Departamento de Estado y de la División de Inteligencia del Departamento
del Ejército aparecen inmediatamente después del resumen.
[19]European Recovery Program, Programa de recuperación europea, más conocido como “Plan Marshall” (n. del t.)
Atentado de Bolonia del sábado 2 de agosto de 1980
La Operación Gladio demuestra claramente
el vínculo inquebrantable que existe entre el poder burgués y las
instituciones burguesas, que la clase dominante está dispuesta a
proteger mediante los crímenes más atroces.
Actualmente, algunos sectores de la sociedad española están planteando la salida de España de la OTAN, pero hay una escasa información de lo que realmente significa esta organización militar.
Para facilitar y tener una información lo más ajustada posible, será necesario tener un conocimiento real de la OTAN y así poder decidir con más argumentos.
Ya en el año 2010, escribí un artículo sobre la Gladio,
que es una organización secreta bajo el paraguas de la OTAN, que
sorprendió muchísimo, pues la inmensa mayoría de los españoles no sabía
nada de este tipo de organizaciones secretas.
Al finalizar la Segunda Guerra Mundial se decide crear dentro de la OTAN unos grupos secretos y de operaciones especiales, cuya función es la de actuar como guerrilla, en caso de una invasión comunista.
Pero se acaba transformando en un ejército secreto cuya finalidad es conseguir que en “la Europa democrática” nunca puedan acceder al poder los partidos comunistas, ni nadie ponga en cuestión el sistema.
Jugó un papel muy importante en la historia de algunos países como fue en Italia, pero también en Francia,
Bélgica, Holanda, Noruega, Dinamarca, Suecia, Finlandia, Turquía,
Portugal, Austria, Suiza, Grecia, Luxemburgo y Alemania.
En el año 1973, los comandantes de la Gladio se reunieron en
Bruselas, en una sesión extraordinaria, para discutir la admisión de la
España de Franco en la Gladio.
España había permitido durante muchos años a los Estados Unidos el
derecho de estacionar misiles nucleares, así como el atraque de buques y
submarinos norteamericanos en sus puertos, pero no estaba obteniendo
nada a cambio de la OTAN.
El servicio secreto español estaba interesado en tener una red oculta
para combatir a los comunistas y socialistas antifascistas españoles,
para así poder seguir en el poder.
España a pesar de no pertenecer a la OTAN, tuvo una presencia muy
importante en la Gladio y contó con el apoyo del régimen franquista. La
dictadura de Franco sirvió de refugio durante la Guerra Fría a muchos
terroristas de extrema derecha que habían participado en la guerra
anticomunista en Europa.
Mario Pozza, miembro de la extrema derecha italiana, revela ante el
juez, en el año 1984, que toda una colonia de fascistas italianos
funcionaba con total impunidad en España.
En el año 1970, la España franquista recibe a los terroristas de la
extrema derecha italiana que habían participado junto al ultraderechista
Valerio Borghese en la ocupación del Ministerio del Interior italiano
en un intento de golpe de Estado. No sólo se les recibió, sino que se
les contrató como miembros de la policía secreta franquista.
En el año 1976, se producen los asesinatos de carlistas en Montejurra
(Navarra), Delle Chiesa junto a otros extremistas italianos
pertenecientes a la Gladio provocan los incidentes de Montejurra y su
finalidad era que la Policía española no pudiese ser acusada por una
intervención violentamente represiva e injustificada.
El 24 de enero de 1977, se produce en Madrid el asesinato de los cinco abogados laboralistas de la calle Atocha.
Participaron miembros de la Gladio, como el terrorista Carlo Cicuttini,
como aparece en un informe del Comité Ejecutivo para los Servicios de
Información y Seguridad, organismo dependiente de la Presidencia del
Consejo de Ministros de Italia.
Varios sucesos previos a la adhesión de España a la OTAN en el año 1982 tras el cambio de postura el PSOE de Felipe González, también se han vinculado a Gladio.
En mayo del año 1976, medio año después de la muerte de Franco, dos
militantes carlistas fueron abatidos por terroristas de extrema derecha,
entre ellos el agente de Gladio, Stefano Delle Chiaie y miembros de la Triple A [1], lo que demuestra la conexión entre Gladio y la llamada Guerra Sucia sudamericana de la Operación Cóndor [2].
Este incidente se conoció como los sucesos de Montejurra. Según un
informe del CESI italiano, participa el terroristas neofascistas de
Ordine Nuovo [3], Carlo Cicuttino, el cual participó en el año 1972 en
la masacre de Peteano junto a Vincenzo Vinciguerra.
Participó también en la Matanza de la calle Atocha de Madrid en el
año 1977, donde murieron cinco personas incluidas varios abogados, que
eran miembros de Comisiones Obreras. Cicuttini obtuvo la nacionalidad y
se encontraba exiliado en España desde el año 1972.
Fue el primer ministro italiano Andreotti quien descubrió en el año 1990 la existencia de la Gladio. Adolfo Suárez, el primer presidente de España elegido en democracia, tras la muerte de Franco, negó haber oído hablar jamás de Gladio.
Calvo Sotelo, presidente del gobierno español entre los años 1981 y 1982 durante la transición española, declaró que “España no había sido informada de la Gladio cuando entró en la OTAN”.
El primer ministro sueco Olaf Palme
Cuando se le preguntó por las relaciones de Gladio con la España
franquista, afirmó que dicha red no era necesaria bajo el régimen
franquista, ya que “el propio régimen era Gladio”.
Según el general, Fausto Fortunato, jefe del SISMI [4] italiano entre
los años 1971 y 1974, Francia y Estados Unidos habían apoyado la
entrada de España en Gladio, pero Italia se habría opuesto.
Sin embargo, tras las revelaciones de Andreotti, Narcís Serra, ministro de Defensa español, abrió una investigación sobre los vínculos de España con Gladio.
El periódico Canarias 7 reveló, citando al exagente de Gladio,
Alberto Volo, quien participó en las revelaciones de la existencia de la
red en el año 1990, que se había organizado una reunión de Gladio en
agosto del año 1991 en la isla de Gran Canaria.
Alberto Volo también declaró que, como agente de
Gladio, había recibido entrenamientos en Maspalomas, Gran Canaria, en
las décadas de los años 1960 y 1970.
El País también reveló que la organización Gladio era
sospechosa de haber utilizado las antiguas instalaciones de la NASA en
Maspalomas de Gran Canaria, en la década de los años 1970.
André Moven, exagente del GISS belga, también declaró que Gladio
había operado en España. Asegurando que Gladio tenía bases secretas en
Madrid, Barcelona, San Sebastián y Canarias.
El responsable de Gladio en Canarias fue el exagente Gabriel Arenas
Romasanta, controlaba toda la zona de Canarias entre los años 1981
hasta 1989.
La Operación Gladio demuestra claramente el vínculo inquebrantable
que existe entre el poder burgués y las instituciones burguesas, que la
clase dominante está dispuesta a proteger mediante los crímenes más
atroces.
En el año 1968, fecha de la llamada primavera de París, se
produce el inicio del terrorismo de izquierdas en toda Europa, incluida
España (ETA, FRAP, GRAPO). El ex agente de la CIA, Philip Agee, acusó a
la CIA de haber creado a los GRAPO, así se entenderían algunas de sus
extrañas actuaciones.
El famoso agente secreto español González Mata ha hablado de su
infiltración en ETA siendo agente de la Gladio y su implicación en el
asesinato de Carrero Blanco, así como las extrañas desapariciones de
militantes de ETA.
Todos estos hechos forman parte de lo que ellos denominan “la estrategia de la tensión” que
se vivía por todo Occidente, y como vemos mucho más ahora, para
justificar políticas agresivas que sólo defienden los intereses
económicos de las multinacionales.
En el Gobierno de Felipe González, el ministro de Defensa Narcís
Serra, se vio obligado a crear una investigación sobre la Gladio
española. Se le encargó al Cesid dirigido por el general Manglano, que
además era el delegado español en la OTAN para cuestiones de Seguridad.
El Cesid era precisamente el principal sospechoso, así que encargarle
la investigación era como poner al zorro a investigar quién se comió
las gallinas.
El general Manglano se negó rotundamente a declarar en el Parlamento y
por supuesto el resultado de su investigación fue que nunca España
había participado en la red Gladio.
La Gladio es una obscenidad y para los que creemos en la democracia
como sistema es su mayor atentado, y cabe preguntarnos ¿en mano de qué
políticos estamos?
Los nuevos grupos fascistas españoles han sufrido el mismo proceso de
evolución pues se han ido modernizando, adaptando a las nuevas
circunstancias y cuentan con el apoyo del aparato estatal como antaño lo
tenían los pistoleros de Fuerza Nueva o los Guerrilleros de Cristo Rey.
Si echamos un vistazo atrás, podemos acordarnos de los fascistas de la Operación Panzer detenidos
en el año 2005, a los que se les llegó a requisar un lanzagranadas
además de armamento ligero salido de cuarteles del Ejército. Todos los
detenidos acabaron absueltos. Las armas fueron destruidas “por error” y se les indemnizó por su destrucción.
Otro caso, esta vez menos sonado, fue la detención- en 2015 del
coronel de la Guardia Civil Rodolfo Sanz Sánchez y del subteniente
retirado Francisco Carreras.
Ambos sacaban armamento de los cuarteles de la Guardia Civil y del
Ejército para venderlo a miembros Falange, Alianza Nacional y otros
grupos fascistas.
Diez años después de su detención sigue sin haberse dictado juicio contra ambos. Éstos son sólo casos que saltan a la prensa.
Recientemente ha aparecido en escena un nuevo grupúsculo fascista de
nombre Núcleo Nacional. Hay muchos grupos de este tipo en España, la
novedad no es ésa.
La novedad es la forma que adquiere este grupo. La estética de sus
militantes recuerda al Batallón Azov ucraniano, el símbolo que usan es
similar al tridente ucraniano, entrenamientos de tipo militar,
infraestructura y puesta en escena similar, etc.
Según el propio Cuerpo Nacional de Policía “son lo más parecido a un grupo paramilitar”. Eso sí, paramilitares consentidos por el Estado. ¿Consentido por qué?
Porque como en el caso de los GAL, no se trata de grupos terroristas
pues su función no es derribar el orden social existente sino
reforzarlo.
Otro de los aspectos que han llamado la atención es su presencia en
redes sociales como Instagram o Twitter, donde cuentan con un gran
seguimiento. Es decir, los “algoritmos con los que trabajan estas redes” favorecen la difusión de los mensajes de estos grupos fascistas.
Durante las riadas que se produjeron en octubre del año 2024 en
Valencia salió a la luz otro grupo similar llamado Revuelta bajo la
egida de VOX. Elon Musk envió a este grupo varios equipos de Starlink
para restablecer el servicio de internet en las zonas donde se había
perdido este servicio. ¿Por qué Musk decide enviar equipos de internet a
este grupo y no a los servicios de Emergencias?
¿Van entendiendo el papel que juega la OTAN no solo en la defensa del
poder establecido sino también de control interno, haciendo desaparecer
a aquellos que molestan?
[1] La Triple A, también conocida como Alianza Apostólica
Anticomunista, fue una organización terrorista de extrema derecha, que
actuó en el País Vasco y en el País Vasco francés entre los años 1977 y
1982, durante la transición española. Un informe de la Oficina de
Víctimas del Terrorismo del Gobierno vasco del año 2010 le atribuye 8
asesinatos de las 66 víctimas mortales del terrorismo parapolicial y
de extrema derecha desarrollado entre los años 1975 y 1990.
[2] El Plan Cóndor, también conocido como Operación Cóndor, fue una
campaña de represión política y terrorismo de Estado llevada a cabo a
partir del año 1975 por varias dictaduras latinoamericanas con el
respaldo del gobierno de Estados Unidos, que incluía operaciones
de inteligencia y el asesinato de opositores en el continente.
[3] Orden Nuevo fue un movimiento social de extrema
derecha materializado en el Centro de Estudios Orden Nuevo y
el Movimiento Político Orden Nuevo. Ambas organizaciones extremistas con
actividad en Italia, fundadas por exmiembros del Movimiento Social
Italiano. Fue uno de los movimientos más relevantes de la posguerra de
la Segunda Guerra Mundial en la historia italiana reciente. Ambas
plataformas se disolvieron e ilegalizaron en el año 1973 por el Gobierno
italiano, acusadas de tratar de reconstituir el Partido Nacional
Fascista de Mussolini.
[4] Servizio per le Informazioni e la Sicurezza Militare (abreviado
SISMI, Servicio de Seguridad e Inteligencia Militar) fue la agencia de
inteligencia militar entre los años 1977 a 2007. Con la reforma de los
servicios de inteligencia italianos aprobada el uno de agosto del año
2007, el SISMI fue reemplazado por la Agenzia Informazioni e Sicurezza
Esterna.
El cineasta finlandés Arthur Franck regresa al documental tras The Hypnotist,
trabajo sobre el hipnotizador más famoso de Finlandia durante la Guerra
Fría y Urho Kekkonen, el presidente con más años en el poder del país. Y
lo primero que debemos decir de Franck es que es un cachondo mental.
Su apuesta, en primera persona, con él como protagonista, es valiente
y nada sencilla: hablar de una cumbre diplomática internacional (la
Conferencia sobre la Seguridad y la Cooperación en Europa de 1975
celebrada en Helsinki, su ciudad) y no aburrir. Por eso sus armas
fundamentales son el humor, un buen montaje y la inteligencia
artificial.
Sí, han leído bien: la IA. Futuros documentalistas: vean en Filmin El efecto Helsinki
porque en él Arthur Franck hace que la IA imite las voces de los
protagonistas de su historia (usando transcripciones de conversaciones
reales) y con ese gran recurso también se permite el lujo de hacer
humor, a la manera de un Michael Moore. Por ejemplo, llamando por
teléfono a Henry Kissinger o a Leonid Brezhnev para preguntarles sobre
lo sucedido en Helsinki en 1975.
Para situar el contexto: antes del histórico acuerdo de la cumbre,
que Franck recrea en su documental con saltos temporales, hubo una
primera fase de reuniones para llegar a cierto compromiso de no agresión
entre los dos bloques, el capitalista y el comunista. Esa primera
reunión, de ministros de Asunto Exteriores, se celebró también en
Helsinki en 1973. Allí el delegado finlandés Ahti Karjalainen habló por
primera vez del “Espíritu de Helsinki”. El segundo acercamiento fue en
Ginebra entre 1973 y 1975 y el tercero y definitivo en la cumbre de
Helsinki en la que se centra este documental.
Para seguir situando el contexto: la invasión y represión de
Checoslovaquia por el Pacto de Varsovia en 1968 no dio a la Unión
Soviética una buena imagen ante el resto del mundo. Además, sus
diferencias ideológicas con China eran cada vez más evidentes. Por otro
lado, la palabra “distensión” estaba en boca de todos, sobre todo en los
medios de comunicación, tanto en los libres como en los controlados.
En las transcripciones que recupera El efecto Helsinki
podemos oír en boca de Richard Nixon, al que le preocupa esa futura
conferencia con los comunistas, que “la OTAN está acabada”, algo con
tanta vigencia como la palabra “genocidio”, usada por el arzobispo
chipriota Makarios III, que recordó en la cumbre la invasión turca de
Chipre en el 74 (militares y paramilitares intentaron derrocar a
Makarios para unir Chipre con Grecia y en respuesta al golpe los turcos
atacaron Chipre alegando defender a la comunidad turcochipriota).
En aquellas sesiones de Helsinki, muchas interminables, como cuando
tomó la palabra el soporífero líder rumano Nicolae Ceausescu, los dos
bloques no solo se vieron las caras y relajaron tensiones, sino que
reconocieron las fronteras de la Europa de posguerra, alejaron las
tiranteces militares y hasta lograron un compromiso (vago, nada firme)
de mejorar las libertades en el Bloque Comunista.
Como apunta el propio Arthur Franck, El efecto Helsinki es
un documental sobre equivocarse. Los líderes de la URSS no calcularon
bien las consecuencias de la cumbre, como tampoco esperaron, un año
antes, el torpedo a la línea de flotación del entramado propagandístico
soviético que supuso la publicación de Archipiélago Gulag. En
aquella monumental obra, Aleksandr Solzhenitsyn, escritor y
exprisionero, descubrió, tras una minuciosa documentación, el sistema de
campos de trabajo y muerte consolidado tras la revolución rusa de 1917.
Solzhenitsyn fue detenido en Moscú y expulsado de la Unión Soviética el
13 de febrero de 1974. También se le despojó de su ciudadanía.
Pero la publicación de Archipiélago Gulag fue solo un
entrante del banquete que se iba a dar el bloque capitalista. La firma
(por 35 naciones, incluyendo EE. UU., la URSS y la mayoría de los países
europeos) de la CSCE el 1 de agosto, culminando con el Acta Final de
Helsinki, instauró el “Espíritu de Helsinki”, un espíritu al que se
aferraron los líderes opositores de países reprimidos por la URSS. Fue
caso de Lech Walesa en Polonia o de Václav Havel en Checoslovaquia.
Y aunque la URSS comenzó su ocaso, ese final de la Guerra Fría que
Brezhnev tanto anheló, no llegó. Jimmy Carter sucedió a Gerald Ford y
centró su mandato en la defensa de los derechos humanos en todo el
mundo, algo que provocó enfrentamientos con la Unión Soviética que se
agudizaron con el furibundo anticomunista Ronald Reagan, famoso por
colaborar con el Comité de Actividades Antiamericanas en la “caza de
brujas” y apostar, ya como presidente, por el rearme nuclear.
Una reflexión para acabar: llamada la atención que en la cumbre en la
que se pidió más libertad para los ciudadanos europeos fuese invitado
el Primer ministro de la España fascista Carlos Arias Navarro, recordado
por su plañidero “Españoles… Franco… ha muerto” y conocido como el
Carnicerito de Málaga por sus desmanes en la dirección del orden público
de la dictadura.
También llama la atención que los Estados Unidos respaldaran el
“Espíritu de Helsinki” y limpiaran su imagen internacional gracias a la
cumbre cuando su delegación estaba liberada por el criminal de guerra
Henrri Kissinnger, responsable de los bombardeos de Laos y Camboya, el
retraso del fin de la terrible Guerra de Vietnam, el apoyo al Plan
Cóndor y a las dictaduras en Latinoamérica, al golpe de estado en Chile y
a la sangrienta invasión de Timor Oriental por parte de Indonesia.
Lo peor: a veces El efecto Helsinki puede
llegar a ser plúmbeo en su exposición de entresijos diplomáticos. Tanto
que el propio director y narrador llega a decir, sin despeinarse: “Si no
se han dormido todavía, seguimos”.
Lo mejor: es un material perfecto para poner en una clase de Ciencias Políticas o Relaciones Internacionales.
Évocation du « Malheur d'être jeune » en 1948, et présentation de la
fête de la jeunesse organisée par la C.G.T.. Après une réunion
(reconstituée) de jeunes syndiqués place du colonel Fabien, le
commentaire et les chœurs off réclament, sur des images de jeunes
ouvriers et ouvrières en train de travailler (métallurgie, textile,
bois, SNCF, Air France...), la suppression de « l'abattement d'âge », à
l'instar des jeunes mariniers (images de péniches et d'écluses). Sont
par contre défendus le droit à la culture professionnelle et les écoles
d'apprentissages ainsi que le droit aux loisirs, comme sont revendiqués
des crédits pour la construction de nouveaux stades. Un apprenti
boulanger pris en auto-stop (séquence fictionnelle) réclame « le
collectif à 50% », (une réduction sur les transports par trains).
Après une évocation de métiers particulièrement pénibles (verriers,
tanneurs....), ce documentaire montre des machines en train de s'arrêter
et des métallos se mettre en grève. Suivent quelques images illustrant
la répression opérée par les force de l'ordre.
La seconde partie de Journées de Printemps 1948 présente les fêtes de la
jeunesse organisée par la C.G.T., qui ont réuni les jeunes syndiqués de
toute la France en mai 1948 : arrivées des délégations de province
(Tourcoing, Toulouse...), visite de la capitale (le Trocadéro),
activités sportives (football et vélo), fête (danses -sardanes- autour
d'un feu), défilés gymniques et folkloriques... Au sein de ces défilés,
une large place est accordée aux mineurs. (On relève aussi la présence
d'un char portant un avion fabriqué à la SNECMA et celle de délégations
polonaise et franco-polonaise).
Journées de Printemps 1948 présente également un aperçu la conférence
nationale des jeunes syndiqués, un extrait de l'allocution d'André
Tollet (?) dénonçant l'alignement sur la politique américaine, et la
cérémonie d'hommage aux militants morts pendant la seconde guerre
mondiale (portraits de Léo Lagrange, Jean-Pierre Timbaud, Georges Wodli,
Yves Toudic, Pierre Semard, Charles Nédelec). Journées de printemps
1948, documentaire militant au ton très acerbe et revendicatif,
fortement marqué par le climat de guerre froide ; paraît se situer à
l'opposé de Journées de printemps 1947.
Générique : « La Confédération Générale du Travail présente Journées de
printemps 1948, fête de la jeunesse du 15,16 et 17 mai. Réalisé par une
section de jeunes syndiqués du cinéma ».
Assistant stagiaire : René Vautier
Production : Ciné France
Personnalités : Jules Moch, Benoit Frachon, Gaston Monmousseau, Henri
Malberg (le jeune métallo qui anime la réunion syndicale)....
Lieux et monuments : Paris (Trocadéro, métro, gare, gare de Creil, Assemblée Nationale, Bourse du Travail...).
Cuando Angola conquistó su independencia en 1975, el ejército cubano
acudió en defensa del nuevo gobierno. La misión tuvo repercusiones a
escala mundial: aceleró la caída del apartheid sudafricano y remodeló la
propia identidad y visión del mundo de los cubanos.
La
experiencia angoleña repercutió en Cuba de múltiples maneras: reforzó
muchas de las creencias y compromisos del país, le valió numerosos
aliados e inspiró un hondo sentimiento de orgullo. (Pascal Guyot / AFP
vía Getty Images)
El fin del dominio colonial portugués en Angola hace cincuenta años
también supuso el inicio de una misión militar cubana que tuvo un gran
impacto en la historia del país, al repeler una invasión sudafricana y
negar a Pretoria la oportunidad de llevar al poder a sus aliados
locales. También dejó su huella en toda la región: Nelson Mandela
atribuyó a la victoria cubana sobre el ejército sudafricano en 1988 el
haber acelerado la caída del apartheid.
Cuando las fuerzas armadas cubanas se involucraron abiertamente en
Angola en noviembre de 1975, se extendió la creencia de que Cuba era un
«proxy» soviético. Quienes conocían bien a Cuba argumentaban que no era
tan sencillo. Cuestionaban si realmente se podía describir como un
Estado cliente y si Moscú estaba realmente interesado en verse envuelto
(indirectamente) en los conflictos internos del sur de África.
Con el tiempo, nuevas investigaciones desviaron la atención de una
interpretación que se basaba en gran medida en la perspectiva hegemónica
de la Guerra Fría. Poco a poco quedó claro que la participación de Cuba
se había producido a petición del nuevo gobierno del Movimiento Popular
para la Liberación de Angola (MPLA), al que Portugal había cedido
apresuradamente el control del país.
El MPLA se veía ahora amenazado por fuerzas rivales que contaban con
el respaldo de Sudáfrica y Estados Unidos. El MPLA solicitó ayuda a La
Habana basándose en sus estrechos vínculos con Cuba y en el historial de
apoyo cubano a la lucha anticolonial.
Solidaridad internacional
Desde 1961, Cuba siguió una estrategia de apoyo activo a las
revoluciones armadas y las luchas anticolonialistas en América Latina,
África y Asia. La trascendental Conferencia Tricontinental de La Habana
de 1966 expresó esta línea de solidaridad ideológica con los radicales
del Tercer Mundo.
Esa política también incluía el apoyo a los Estados poscoloniales
frente a amenazas externas, por ejemplo, mediante ayuda militar para
defender a Siria frente a Israel en 1973. La solicitud del MPLA en 1975
fue, por lo tanto, un paso natural, al igual que la respuesta positiva
de Cuba. Desde agosto, ya había un pequeño contingente cubano en Luanda
asesorando sobre las defensas de la ciudad.
La rápida respuesta de Cuba a la solicitud de ayuda tomó por sorpresa
a Moscú, y los líderes soviéticos se vieron obligados a ofrecer apoyo
logístico a pesar de sus reservas, que se hacían eco de su anterior
oposición a la estrategia insurreccional de Cuba. Lejos de obedecer los
dictados de su aliado soviético, La Habana estaba influyendo en las
interpretaciones soviéticas de los acontecimientos en el Sur Global, un
patrón que se repitió más tarde con Nicaragua y Granada.
Había otro contexto más interno para la participación de Cuba en
Angola, arraigado en la cultura política del país. La solidaridad con
las fuerzas antiimperialistas en el extranjero era en parte una
manifestación externa de patrones bien establecidos en el país, como se
ha visto en muchas de las movilizaciones y campañas participativas
exitosas desde 1959.
Todo esto sucedía en un Tercer Mundo que estaba experimentando
transformaciones dramáticas. Estaban surgiendo nuevos gobiernos
poscoloniales, y muchos de ellos buscaban el asesoramiento o la ayuda de
Cuba sobre la base de vínculos pasados. En América Latina, el patrón de
regímenes militares proestadounidenses durante los años sesenta y
principios de los setenta había comenzado a cambiar, con gobiernos más
nacionalistas en muchos países dispuestos a reconocer a Cuba y comerciar
con ella.
Esto pone en tela de juicio la visión tradicional de que Cuba puso
fin a su apoyo activo a la lucha armada en América después de 1970
debido a su dependencia económica de la URSS. De hecho, al haberse
relajado en cierta medida el asedio de Estados Unidos y del continente a
la isla, Cuba podía ahora buscar aliados a través de la diplomacia en
lugar de apoyar a los movimientos guerrilleros.
La estrategia insurreccional regional de Cuba no se basaba únicamente
en una interpretación radical y poco ortodoxa del marxismo y en un
compromiso ideológico con el antiimperialismo. También reflejaba la
realidad de que Cuba tenía poco que perder al responder de esa manera al
asedio y al aislamiento, en el contexto del compromiso secreto de
Estados Unidos, tras la crisis de los misiles cubanos de 1962, de no
invadir la isla. Ahora que el aislamiento se estaba suavizando, La
Habana podía explorar nuevas formas de promover la solidaridad del
Tercer Mundo.
Una vez que el MPLA y sus aliados cubanos detuvieron la amenaza
militar inmediata a Angola, la ayuda cubana se extendió a las áreas
civiles para la construcción de infraestructura poscolonial. Cientos de
técnicos, personal médico, maestros, agrónomos e incluso trabajadores
culturales se ofrecieron como voluntarios por períodos prolongados. La
práctica cubana del internacionalismo se expresaría a partir de entonces
principalmente en campos no militares, extendiéndose a más de cuarenta
países.
Punto de inflexión
¿Qué significó todo esto para la propia Cuba? En retrospectiva, está
claro que la participación del país en Angola representó un punto de
inflexión en varios sentidos. El voluntariado desempeñó un papel
importante desde el principio. Los dirigentes de La Habana dejaron claro
que toda la empresa se basaría en ese principio y pidieron a los
soldados cubanos que respondieran.
La magnitud de su respuesta fue notable. De hecho, a muchos
extranjeros les pareció increíble, ya que asumieron que la voluntad de
servir era el resultado de la coacción o de la promesa de beneficios
materiales. Sin embargo, cuando académicos de fuera de Cuba investigaron
el fenómeno, tendieron a coincidir en que el voluntariado era genuino,
al menos en las primeras etapas.
Para comprenderlo debemos situarlo en el contexto de la participación
popular en Cuba desde 1959. En 1975, la solidaridad práctica e
ideológica se había movilizado a través de la participación masiva en
diversas organizaciones —sobre todo en los Comités de Defensa de la
Revolución (CDR) de los barrios— y una serie de campañas para alcanzar
objetivos definidos, desde la promoción de la alfabetización y la salud
hasta la defensa de Cuba contra la amenaza de invasión.
A través de esas experiencias colectivas constantes, las nociones de
solidaridad y voluntariado se habían convertido en partes familiares del
tejido social y la cultura política cubanos. De hecho, gran parte del
proyecto de construcción nacional de los años sesenta y principios de
los setenta se había logrado gracias a esos mecanismos.
También había otros atractivos. Por ejemplo, muchas personas veían el
trabajo en el extranjero como una forma de romper con sus hábitos
impuestos de mirar hacia dentro bajo el asedio de Estados Unidos, lo que
les ofrecía nuevas experiencias. También les daba acceso a bienes y
divisas que de otro modo serían escasos. Además, existía cierta presión
social en el lugar de trabajo, ya que el ejemplo de los voluntarios
persuadía a otros a seguir sus pasos.
Sin embargo, con el tiempo, la estrategia de enviar personas al
extranjero para prestar ayuda se convirtió en un elemento natural y
destacado de la política exterior de Cuba y de la vida de los cubanos de
a pie. Muchas personas trabajaban en el extranjero o tenían un amigo o
familiar que lo hacía.
Cuba y África
En cuanto al esfuerzo militar real en Angola, una de las primeras
reacciones del público fue un alto grado de orgullo nacional. Ahora se
consideraba que Cuba estaba actuando en apoyo de un Estado poscolonial
hermano, contra los impopulares Estados Unidos y el régimen paria del
apartheid de Sudáfrica. Esto impulsó la confianza colectiva en el
potencial de Cuba para desempeñar un papel global que era claramente
honorable, pero que antes parecía imposible.
La campaña de Angola también tuvo un efecto imprevisto pero
significativo. Trajo consigo un nuevo enfoque, tanto popular como
oficial, sobre la composición étnica de Cuba. A partir de noviembre de
1975, los dirigentes cubanos se refirieron al proyecto como «el regreso
de los esclavos», recordando el gran número de africanos que los
colonialistas españoles habían traído a la fuerza desde Angola para
impulsar la producción de azúcar. El nombre oficial de la campaña fue
Operación Carlota, en honor a una famosa esclava rebelde angoleña de la
época.
Angola recordó así a los cubanos el impacto cultural de África en su
sociedad y su contribución vital a los patrones económicos del país, así
como a su radicalismo político (en las tres rebeliones independentistas
del siglo XIX). Esto reconfiguró el proceso de definición de la
identidad cubana como base de la revolución y como forma de encontrar un
lugar en el mundo.
Esto era necesario porque los cubanos habían pasado por una
experiencia bastante típica en la que el colonialismo y el
neocolonialismo habían moldeado su identidad, llevándolos a aceptar su
propia inferioridad y la superioridad de sus colonizadores, y a mirar
hacia el norte en busca de aspiraciones colectivas para una futura «Cuba
Libre». Ese patrón se había mantenido durante el periodo de
independencia cuestionable de Cuba entre 1902 y 1958, reforzado por una
importante inmigración española hasta la década de 1930.
Después de 1959, las nuevas políticas y la hostilidad de Estados
Unidos hacia la Revolución Cubana obligaron a desarrollar una nueva
afinidad radical con América Latina. Esto se expresó a través del apoyo
activo a la rebelión armada en la región, pero también a través del
protagonismo cultural continental seminal de la Casa de las Américas.
Sin embargo, a principios de la década de 1970, la adhesión de Cuba al
Comecon, la red comercial del bloque liderado por la Unión Soviética,
puso fin a la austeridad de la década anterior. Las mejoras materiales
generaron una tendencia entre los cubanos a considerarse potencialmente
parte del «Segundo Mundo».
La participación cubana en Angola, junto con nuevas formas de
colaboración con un Caribe anglófono cada vez más radicalizado y un
visible giro hacia la izquierda en Centroamérica, sirvió como un
poderoso recordatorio de que África siempre había contribuido de manera
sustancial a la formación de la identidad nacional cubana. Esa
contribución había sido objeto de cuestionamientos y controversias
durante mucho tiempo, a pesar de las reformas sociales y las
declaraciones oficiales tras la victoria rebelde.
De repente, el color dejó de ser un tema tabú (en una sociedad
supuestamente ciega al color) y pasó a representar un elemento básico de
una identidad de la que los cubanos podían sentirse orgullosos. La
nueva ola de austeridad que azotó a Cuba tras el colapso de la Unión
Soviética y la pérdida de esperanza que lo acompañó socavaría en cierta
medida esta conciencia del color. Aun así, dicha conciencia tenía ahora
raíces más profundas que antes y seguía siendo una parte fundamental de
toda la ecuación cubana.
Legados
En vista de todo esto, ¿cómo siguieron percibiendo los cubanos el
papel de su país en Angola? En la década de 1980 se produjo un ligero
descenso del entusiasmo inicial, con un número estimado de víctimas
mortales de alrededor de seis mil, de los más de doscientos mil que
prestaban servicio allí. También hubo una tendencia en algunos sectores a
considerar la presión de los compañeros como una forma de presión
estatal, y el voluntariado como un medio para que las personas se
saltaran las colas para obtener viviendas u otros beneficios.
Tras una epidemia de dengue en 1980, se extendió el rumor de que su
origen se encontraba en el voluntariado internacionalista. Al año
siguiente, la huida masiva de más de 120 000 cubanos en el puerto de
Mariel, que conmocionó tanto al pueblo cubano como a sus dirigentes,
hizo que las quejas sobre Angola se hicieran más audibles.
Sin embargo, el entusiasmo y el orgullo volvieron tras los
acontecimientos de marzo de 1988, cuando una fuerza de más de cincuenta
mil soldados cubanos infligió una importante derrota al ejército
sudafricano en Cuito Cuanavale, en una batalla campal que levantó la
moral.
El orgullo creció a medida que se hicieron evidentes los efectos de
la victoria cubana: las tropas sudafricanas se retiraron de Angola y
Namibia poco después, y el Estado del apartheid pronto comenzó a
desmoronarse con la liberación de Mandela en 1990, seguida de su
elección como presidente del país. Ese sentimiento de orgullo incluso
sobrevivió (y puede que ayudara a consolar a la gente) durante la crisis
de principios de la década de 1990.
Sin embargo, esa misma crisis también acabó con la capacidad de Cuba
para continuar con su política de internacionalismo a la escala
anterior. La prestación de ayuda se limitó entonces, en general, a la
asistencia tras desastres naturales o, como en el caso de Palestina, a
la educación y formación gratuitas para estudiantes del Sur Global.
La paciencia de los cubanos se vio a menudo puesta a prueba durante
los años de crisis, ya que algunos contrastaban sus dificultades diarias
para sobrevivir con suministros limitados y racionados con lo que
consideraban la generosidad de Cuba en el extranjero. Sin embargo, en
general, el compromiso con la idea de la solidaridad internacional
pareció perdurar entre muchos cubanos, lo que sugiere (en las
situaciones más desesperadas) que la creencia popular en la solidaridad
todavía tenía cierta influencia.
También pudo haber ayudado el hecho de que el historial de Cuba en la
prestación de ayuda a otros países, incluso durante la crisis,
suscitara una importante simpatía mundial hacia el país. Esto se puso de
manifiesto cada año a partir de 1992 en las abrumadoras votaciones de
la Asamblea General de las Naciones Unidas contra el embargo
estadounidense (al que solo se oponían ritualmente Estados Unidos e
Israel), lo que reforzó la sensación de que Cuba no estaba sola. Con
Donald Trump endureciendo aún más el embargo, esa simpatía podría
parecer una pequeña bendición, pero no obstante lo era (y quizás lo siga
siendo).
La experiencia angoleña afectó así a Cuba de varias maneras, en su
mayoría para mejor. Reforzó muchas de las creencias y compromisos del
país, le granjeó muchos aliados e inspiró sentimientos de orgullo (así
como quejas y resentimientos). Cuba después de 1975 era diferente, y
probablemente aún estemos descubriendo el alcance y el carácter de esas
diferencias.
Antoni Kapcia
Profesor de historia latinoamericana en el Centro de Investigación
sobre Cuba de la Universidad de Nottingham. Entre sus obras destacan Leadership in the Cuban Revolution: The Unseen Story, A Short History of Revolutionary Cuba: Revolution, Power, Authority and the State from 1959 to the Present Day y Cuba in Revolution: A History Since the Fifties.
La CIA organizó su primer golpe de Estado en Siria el 29 de marzo de
1949 para derrocar a un presidente elegido democráticamente, Shukri
Al-Quwatli e instalar un dictador militar Husni Al-Zaim que aceptara la
construcción del Tapline (Oleoducto Transarábigo) que comenzó en 1947 y
fue gestionada principalmente por la compañía estadounidense Bechtel.
Inicialmente planeado para terminar en Haifa, la ruta fue modificada a
través de los Altos del Golán y Líbano para terminar en Sidón tras el
establecimiento de la entidad siosnissta. El oleoducto se completó y el transporte de petróleo comenzó en 1950.
El 25 de septiembre de 1985, tuvo lugar en Nueva York una reunión que la mayoría de los polacos desconocían. El general Wojciech Jaruzelski se reunió con David Rockefeller, uno de los hombres más ricos del mundo.
¿Jaruzelski vendió a Polonia durante esa conversación secreta? ¿Qué acuerdos se cerraron a puerta cerrada en el Rockefeller Center?
Hechos impactantes de 1985 arrojaron nueva luz sobre la transformación política que tuvo lugar cuatro años después. ¿Por qué no hubo acuerdo? ¿Por qué se desarrolló la privatización como lo hizo? ¿Quién decidió realmente el futuro de Polonia?
En este documento presentamos:
✓ Desconocido detrás de escena de la reunión
✓ Diversas versiones de los hechos, desde las oficiales hasta las conspirativas.
✓ Opiniones de historiadores e investigaciones archivísticas
✓ Consecuencias que aún sentimos hoy
¿Sabremos algún día toda la verdad?
El abuelo del nuevo canciller alemán, Friedrich Merz, formó parte de la Schutzabteilung, la fuerza paramilitar nazi de las camisas pardas
REVISTA MISIÓN VERDAD
El rastro del Tercer Reich continúa pulcro en Europa. La sangre, el
dinero, sus ideas aun palpitan y circulan en el continente que sirvió de
cuna al fascismo, cuyo legado recorrió el resto del siglo XX tras la
Segunda Guerra Mundial y sigue latente entre las élites gobernantes
actuales del bloque europeo. En el marco del 80 aniversario del Día de la Victoria,
que conmemora la derrota del nazismo y el fascismo europeo a manos de
la Unión Soviética, esta tendencia se torna más que evidente.
Pero se trata de una certeza oculta, adrede, por parte de las mismas
élites europeas que la repiten incansablemente como ciclo político,
económico y cultural.
Cuando la Segunda Guerra Mundial llegó a su fin en 1945 se inició un
proceso simbólico de «desnazificación» en Alemania y otros países que
estuvieron bajo el control nazi. Sin embargo, lo que no se menciona tan
frecuentemente es que muchas figuras claves del Tercer Reich lograron
evitar el castigo por sus crímenes, y que incluso fueron absorbidas por
las nuevas estructuras políticas, militares y económicas surgidas en
Europa occidental durante la posguerra.
Hoy, 80 años después, existen indicios preocupantes de cómo ciertos
elementos ideológicos, redes personales y dinámicas de poder asociadas
con el nazismo continúan influyendo en los círculos de poder europeos.
DE BERLÍN A BRUSELAS: RATLINES Y LA INTEGRACIÓN DE CRIMINALES NAZIS
Al finalizar la Segunda Guerra Mundial miles de criminales de guerra nazis escaparon de la justicia gracias a las llamadas Ratlines
(«rutas de rata»), vías secretas organizadas principalmente por
sectores del Vaticano, servicios de inteligencia occidentales —incluidos
los estadounidenses— y redes de la ultraderecha europea.
Las Ratlines permitieron que altos funcionarios nazis, entre
ellos miembros de las SS y gestores de los campos de concentración,
huyeran hacia las Américas y otros continentes.
Pero no todos escaparon. Muchos permanecieron en Europa y, lejos de
ser perseguidos, fueron reclutados por las potencias occidentales para
colaborar en la Guerra Fría contra la Unión Soviética.
La OTAN, fundada en 1949, incorporó a antiguos oficiales de alto rango del ejército alemán (Wehrmacht)
e, incluso, a miembros de las SS como Reinhard Gehlen, quien dirigió
una red de espionaje alemán contra la Unión Soviética, posteriormente
absorbida por Estados Unidos.
Un estudio titulado Nazism, NATO and West-European Integration – Correlation
revela cómo exoficiales alemanes fueron reinsertados en puestos
neurálgicos dentro de la estructura atlantista. Asimismo, historiadores han documentado casos
como el del general Hans Speidel, jefe del Comando Supremo Aliado en
Europa (Saceur), quien combatió junto a Erwin Rommel en África y fue
rehabilitado por las potencias occidentales.
Esta integración operativa y simbólica marcó el comienzo de una
normalización tácita del pasado nazi dentro de las instituciones
europeas, con el principal respaldo de Estados Unidos, autodeclarado
victorioso de la Segunda Guerra Mundial.
EL CAPITAL DE AYER Y HOY FINANCIÓ AL FÜHRER
Una de las páginas menos conocidas de la historia del nazismo es su
estrecha relación con la élite empresarial alemana. Durante los años
1930 grandes conglomerados industriales como Krupp, Thyssen, IG Farben y
Siemens no solo financiaron la llegada de Hitler al poder sino que
también se beneficiaron enormemente del régimen nazi explotando mano de
obra esclava en campos de concentración y lucrándose con la producción
del complejo industrial-militar.
Como señala el artículo de Jacobin titulado «Nazi Billionaires: Capitalism Under Hitler«,
estas empresas no solo sobrevivieron a la derrota del Reich sino que se
convirtieron en pilares del «milagro económico» alemán de la posguerra.
Más aun: esta continuidad económica y política ayudó a moldear el
desarrollo del capitalismo europeo contemporáneo estableciendo un modelo
profundamente entrelazado con intereses corporativos que ya habían
colaborado con el nazismo.
La élite económica alemana actual es directa heredera de los
capitalistas colaboradores de los nazis, y algunos de ellos fueron parte
de la nomenclatura gubernamental del Tercer Reich.
URSULA VON DER LEYEN, FRIEDRICH MERZ Y LOS FANTASMAS DEL PASADO
Un caso emblemático que ilustra esta persistencia del legado nazi en el establishment actual es el de Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea al día de hoy.
Su padre, Ernst Albrecht, estuvo íntimamente vinculado con la
administración nazi trabajando en la ocupación de Holanda —actualmente
Países Bajos—. A pesar de este oscuro pasado, él no solo logró
reinventarse políticamente sino que llegó a ser presidente regional del
estado federado de Baja Sajonia, funcionario de la Unión Europea y
mentor de Angela Merkel.
Según investigaciones periodísticas, Albrecht no solo evitó cargos por crímenes de guerra sino que recibió el perdón oficial por parte de las autoridades británicas debido a sus supuestas «contribuciones a la reconstrucción europea».
Este ejemplo muestra cómo individuos vinculados con el nazismo
pudieron reintegrarse al sistema liberal europeo sin rendir cuentas
públicas por su pasado, y contribuyeron a la formación de generaciones
posteriores de líderes europeos.
Además, varios documentos históricos indican
que el susodicho fue directa e indirectamente responsable de la masacre
contra civiles holandeses y participó en decisiones que condujeron a
ejecuciones sumarias.
El escritor y editor alemán Peter Kuras, en una nota publicada en 2021en Foreign Policy, escribió tajantemente:
«El árbol genealógico de von der Leyen traza un legado de poder y
brutalidad que incorpora no solo a algunos de los nazis más importantes
de Alemania sino también a algunos de los mayores traficantes de
esclavos de Gran Bretaña y, a través del matrimonio, a algunos de los
mayores propietarios de esclavos de Estados Unidos.
Von der Leyen desciende directamente de James Madison, quien poseía más de 200 esclavos cuando estalló la Guerra Civil.
Podría parecer mezquino condenar a alguien por su ascendencia:
los pecados del padre, después de todo, no recaerán sobre el hijo o, en
este caso, sobre la hija. Pero la propia von der Leyen ha invocado a
estos antepasados sin pedir disculpas, sin pensarlo dos veces».
Pero hay más: el nuevo canciller alemán, Friedrich Merz, cuenta con un antepasado directo que formaba parte del Partido Nazi: su abuelo, Josef Paul Sauvigny, se unió a la Schutzabteilung,
la fuerza paramilitar nazi de camisas pardas, en julio de 1933, apenas
seis meses después de que Hitler se convirtiera en canciller. También
fue alcalde de Brilon durante el Tercer Reich, cuando mandó a rebautizar
una arteria central de la ciudad con el nombre de Adolf-Hitler-Strasse.
¿Qué implicaciones tiene esto sobre la legitimidad moral de las
instituciones actuales? Al parecer ninguna, con la conciencia europea
tranquila, incluso apoyando a regímenes con una abierta filiación al
nazismo y/o sus ideas prácticas.
EL NUEVO ORDEN DE HITLER Y EL PROYECTO DE LA UNIÓN EUROPEA
El denominado Nuevo Orden Europeo (Neuordnung) concebido por
Hitler y sus asesores pretendía reestructurar el continente bajo
principios de jerarquía racial, dominación económica y centralización
política. Aunque grotescamente distorsionado por el racismo y el
militarismo, este proyecto compartía rasgos estructurales con el actual
diseño de la Unión Europea (UE).
En palabras del eurodiputado británico Gerard Batten, citado por The Independent,
el plan original de la UE habría sido inspirado en parte por ideas
desarrolladas por burócratas nazis durante la Segunda Guerra Mundial.
Si bien esta afirmación puede parecer exagerada, hay evidencia
histórica de que ciertas estructuras burocráticas y modelos de
integración económica fueron adoptados —y adaptados— por los arquitectos
del proyecto europeo tras la guerra.
El Neuordnung buscaba crear un espacio económico común,
dominado por Alemania, con instituciones centrales que impondrían normas
uniformes a los países conquistados. Hoy la UE también opera con
instituciones supranacionales —como la Comisión Europea o el Banco
Central Europeo— que toman decisiones que afectan toda la comunidad,
muchas veces sin consulta directa con los ciudadanos.
Además, el país bávaro ha sido durante años el principal líder
económico de Europa y ombligo de la toma de decisiones del capitalismo
europeo.
En este sentido, aunque los valores y objetivos sean diametralmente
opuestos, las formas de organización resultan inquietantemente
similares.
Especialmente desde la crisis financiera de 2008, la UE ha adoptado
un enfoque burocrático y autoritario que recuerda —aunque en formas
distintas— el centralismo germánico del siglo XX.
No se trata de equiparar literalmente ambas realidades sino de
interrogarnos sobre qué modelos de poder y jerarquía se repiten
históricamente en Europa. Y la tendencia parece clara, como lo escribió el poeta y político anticolonial Aimé Césaire en 1950:
«Quiérase o no, al final del callejón sin salida de Europa,
quiero decir de la Europa de Adenauer, de Schuman, de Bidault y de
algunos otros, está Hitler. Al final del capitalismo, deseoso de
perpetuarse, está Hitler. Al final del humanismo formal y de la renuncia
filosófica, está Hitler».
UCRANIA, GEOPOLÍTICA Y EL RETORNO DE LO PROHIBIDO
En el contexto de la guerra en Ucrania y el Dombás, otro aspecto
crítico es el apoyo incondicional de las élites europeas a Kiev, que
ignoran sistemáticamente la presencia de grupos neonazis y partidarios
de la ideología banderista dentro del establishment ucraniano.
Organizaciones como el Batallón Azov, inicialmente paramilitar y con
fuerte identidad nazi, han sido integradas oficialmente al ejército
ucraniano, mientras que símbolos y discursos provenientes del
nacionalismo extremista son celebrados por dirigentes europeos.
Existe una tendencia alarmante en los países bálticos y en Finlandia hacia movimientos ultraconservadores, revisionistas y abiertamente fascistas.
Además, parlamentarios europeos han financiado
proyectos educativos y culturales en Ucrania que promueven la ideología
de Stepan Bandera, colaborador ucraniano del hitlerismo durante la
Operación Barbarroja, y figura venerada por muchos neonazis ucranianos.
Esta contradicción plantea preguntas incómodas para los mismos
europeos: ¿Por qué se tolera el uso de símbolos fascistas cuando
favorecen los intereses geopolíticos europeos, mientras se condena
cualquier manifestación similar en territorio ruso o de otros
adversarios?
¿No estamos asistiendo a una doble moral que legitima selectivamente ciertos fascismos en función de su utilidad estratégica?
EUROPA COMO REPETICIÓN ENCUBIERTA
La historia europea del siglo XX nos enseña que los regímenes
fascistas no surgen de la nada; están arraigados en estructuras
sociales, culturales y económicas que sobreviven a sus líderes. Las
élites europeas actuales, tanto políticas como económicas, no pueden
lavar su pasado sin enfrentar honestamente las raíces oscuras que aun
laten en el corazón del proyecto europeo.
Desde la integración de antiguos nazis en la OTAN hasta las
conexiones familiares de figuras claves como Ursula von der Leyen,
pasando por las estructuras institucionales que recuerdan al Neuordnung hitleriano, queda claro que el legado del nazismo está muy presente en la Europa contemporánea.
Hoy más que nunca, en un momento de auge fascista en Occidente, y a conveniencia con todo lo que significa el Día de la Victoria,
a 80 años de la caída del Tercer Reich, se hace necesario revisar estos
legados y romper con aquellas lógicas de poder, exclusión y violencia
sistémica que, bajo nuevas formas, siguen determinando el rumbo de
Europa. Así lo escribía Césaire, como si estuviera hablando de las
élites europeas del siglo XXI, para concluir:
«Sí, valdría la pena estudiar, clínicamente, con detalle, las
formas de actuar de Hitler y del hitlerismo, y revelarle al muy
distinguido, muy humanista, muy cristiano burgués del siglo XX que lleva
consigo un Hitler y que lo ignora, que Hitler lo habita, que Hitler es
su demonio, que, si lo vitupera, es por falta de lógica, y que en el
fondo lo que no le perdona a Hitler no es el crimen en sí, el crimen
contra el hombre, no es la humillación del hombre en sí sino el crimen
contra el hombre blanco, es la humillación del hombre blanco, y haber
aplicado en Europa procedimientos colonialistas que hasta ahora solo
concernían a los árabes de Argelia, a los coolies de la India y a los
negros de África».