Filial de una multinacional de EEUU, facturó 13,5 millones en 2024 y ha dirigido las obras de las Torres Colón y de un centro de datos en Madrid.
Tuvo que reducir a cero su participación en el Hospital de Torrejón por las pérdidas que acumula su sociedad gestora.

Manifestantes durante una concentración ante el Hospital de Torrejón.Europa Press La sanidad se ha convertido en un lucrativo negocio que atrae a empresas que poco o nada tienen que ver con la salud. Incluso a algunas extranjeras, parapetadas en territorios de reconocida opacidad fiscal. De Países Bajos a Delaware pasando por Luxemburgo. Es el caso de Hill International Spain, la empresa que supervisa los hospitales públicos de gestión privada de Madrid y es la filial en España de Hill International Incorporated, uno de los mayores gestores de infraestructuras de Estados Unidos. Así lo ha comprobado Público a través de múltiples documentos mercantiles de los tres países.
En el último año en que publicó sus resultados, 2021, Hill International Incorporated facturó 320 millones de euros. En diciembre de ese año fue adquirida por otro gigante estadounidense, Global Infrastructure Solution Incorporated (GISI), con un volumen de negocio aún más espectacular: 10.170 millones en 2022. En ese momento, Hill International dejó de cotizar en Bolsa y de hacer públicas sus cuentas.
A España Hill Internacional llegó en 1998, cuando nació Gerens Hill International. Dos años después, la estadounidense salió de la española, que se rebautizó como Gerens Management Group hasta que, en febrero de 2008, la compañía con domicilio social en Filadelfia regresó comprando el 60% de su antigua filial, que recuperó su nombre. Sólo una semana más tarde, Gerens anunciaba su entrada en Concessia, una gestora de infraestructuras creada junto con 13 cajas de ahorro que se alió con Ribera Salud para levantar el Hospital de Torrejón. No hacía tampoco ni dos meses, en diciembre de 2007, que Gerens Management Group había conseguido el contrato para supervisar los hospitales impulsados por Esperanza Aguirre.
En 2013, Hill International adquirió el 40% restante de las acciones de Gerens y cambió su nombre a Hill International Spain SA. Su volumen de negocio en 2024, último ejercicio en el que ha enviado información al Registro Mercantil, ascendió a 13,54 millones de euros, un 8,8% más que el año anterior. Pero cerró con pérdidas, 654.000 euros. Ese año contaba con una plantilla de 119 personas, de las que 16 se encargan de las tareas de supervisión de los hospitales públicos de gestión privada.
Desde 2007 hasta 2022 tenía bajo su lupa los siete hospitales gestionados con el modelo de concesión de obra pública, en los que la asistencia sanitaria la lleva a cabo el Servicio Madrileño de Salud (Sermas), mientras que los servicios no sanitarios, de la lavandería a los vigilantes jurados, son responsabilidad de las empresas privadas que los construyeron. A partir de ese año, también vigila la actividad y las cuentas de los hospitales bajo concesión administrativa, donde la asistencia médica corre a cargo de firmas privadas: el grupo Quirón y el grupo Ribera Salud. Además, monitoriza las facturas mensuales y la liquidación anual de la Fundación Jiménez Díaz y del Hospital Central de la Defensa, que tienen convenios singulares con el Sermas. Así como el funcionamiento de los servicios centralizados de lavandería, seguridad y limpieza de los hospitales de gestión 100% pública del Sermas.
A cambio, Sanidad le ha pagado más de 15 millones de euros desde 2007, entre contratos y prórrogas. El importe del último, adjudicado en 2022, asciende a 3,54 millones de euros, y la última prórroga de dos años, hasta 2027, le reportará 2,36 millones más.
Torres de Colón, edificio Faro, centros de datos
Pero su negocio en España se extiende también al sector privado. Por ejemplo, Hill International dirigió el proyecto de renovación del Four Seasons Resort Mallorca en Formentor, así como la rehabilitación en Madrid de las Torres Colón y del edificio Faro (Retama), adonde ha trasladado Renfe sus oficinas. Además, el campus de Data4 en San Agustín de Guadalix (Madrid), cuatro centros de datos construidos sobre un terreno de 6,5 hectáreas, lleva también su firma, y el Tranvía de Zaragoza, que fue inaugurado en 2011.
No obstante, los resultados de esta actividad salen de España, en principio, rumbo a los Países Bajos, donde está domiciliada la empresa matriz de Hill International Spain. Hill International NV, con sede en Ámsterdam, es dueña al 100% de la filial española desde diciembre de 2013. Pero la sociedad dominante última de la española es Hill International Incorporated, que, aun con domicilio social en Filadelfia (Pensilvania), deposita sus cuentas en el Estado de Delaware, considerado un paraíso fiscal: las empresas no pagan impuestos si operan fuera del estado ni están obligadas a publicar quiénes son sus propietarios o sus cuentas. Así, en Delaware están registradas el 60% de las 500 mayores compañías estadounidenses, incluidas Google, Amazon, Facebook, Visa, MasterCard o Walmart, y más de 1,6 millones de empresas del resto del mundo. Lo mismo que Global Infrastructure Solution Incorporated (GISI), la multinacional que compró Hill International Incorporated en 2022. Aunque su sede social está en Newport, en California, el domicilio fiscal es también Delaware.
En las cuentas que Hill International Spain remite al Registro Mercantil, se puede rastrear el movimiento de fondos entre las filiales y la matriz. Por ejemplo, en 2019 Hill International Spain hizo un préstamo de 10 millones de euros a Hill International NV para que ésta comprara las acciones de Hill Brasil Participações Ltda que tenía la española. A la inversa, dos años antes la filial había recibido un préstamo de 298.000 euros de la subsidiaria alemana del grupo, Hill International NV (Germany Branch), que devolvió en 2023.
Problemas con Concessia
En cualquier caso, con Concessia el negocio no le fue demasiado bien. Hill International reconoce que su participación en el que fue gestor del Hospital de Torrejón hasta el pasado agosto, un 5,66% de las acciones valorado en 975.000 euros, estaba "completamente deteriorada" desde el 31 de diciembre de 2023. La causa son las "significativas" pérdidas de Concessia. Ese ejercicio perdió 9,89 millones de euros, que se sumaron a los 3,37 millones de números rojos acumulados desde 2020. De hecho, en 2023 Concessia estaba en causa de disolución, por lo que tuvo que reducir capital por importe de 11,46 millones de euros para compensar pérdidas y revertir su desequilibrio patrimonial.
En 2024, Hill International no veía ninguna posibilidad de recuperar esa inversión "sobre un plan de negocio ni en el corto ni el medio plazo". Su valor contable es cero, concluye en su memoria anual.
Concessia nació en febrero de 2008, sólo unos meses antes de que estallara la burbuja inmobiliaria. Tenía planes muy ambiciosos: invertir 2.000 millones de euros para conseguir una cartera de 37 concesiones públicas en un plazo de 10 años. Y no sólo en España, sino también en Europa del Este, Estados Unidos, México, Brasil y Chile. También quería salir a Bolsa "a medio plazo", según se publicitó entonces en la prensa económica.
Quince años después de su creación, las dos únicas inversiones que le quedaban a Concessia eran Torrejón Salud y el Hospital Universitario de Burgos. La primera es la gestora del hospital situado en esa localidad madrileña creada con el grupo Ribera Salud. La segunda, bajo la marca comercial Eficanza, es la única que le queda en la actualidad, tras su abrupta salida de Torrejón Salud. Tras Eficanza está la sociedad que constituyeron en 2006 la constructora OHL, el Santander y los constructores burgaleses Antonio Miguel Méndez Pozo y Jesús Arranz Acinas. El primero, condenado a siete años de cárcel en 1994 por corrupción, es uno de los mayores y más influyentes empresarios de Castilla y León, dueño del grupo de comunicación Promecal y el detonante de los disturbios en el barrio burgalés de Gamonal, en 2014.
Article épinglé
lundi 16 février 2026
Torrejón-Países Bajos-Delaware: la ruta del dinero de Hill International, la empresa que supervisa los hospitales de gestión privada de Madrid
samedi 7 février 2026
La IA se convierte en la nueva arma de Washington
FUENTE https://observatoriocrisis.com/2026/02/05/la-ia-se-convierte-en-la-nueva-arma-de-washington/
Estados Unidos está utilizando la inteligencia artificial como arma para el control imperial.
Jamal Meselmani, profesor especialista en Inteligencia Artificial y Seguridad (The Cradle)
Durante más de un siglo, los oleoductos y las rutas marítimas han sustentado las rivalidades militares y económicas mundiales. Hoy, ese mapa de poder se está rediseñando. En Washington, Silicon Valley y el Pentágono, se está trazando un nuevo mapa de dominio, basado no en el petróleo ni en las rutas marítimas, sino en el silicio, la capacidad informática y el control de la infraestructura digital.
La inteligencia artificial (IA) reorganiza la geopolítica en su esencia. Las guerras en Ucrania, el creciente estrechamiento de los cuellos de botella en el Mar Rojo y el Estrecho de Ormuz, y el repentino cortejo estadounidense a Venezuela demuestran que la geografía aún importa.
Pero durante la última década, ha surgido una infraestructura paralela: digital, fundamental y cada vez más soberana. En su centro se encuentra la computación, que comprende el hardware, la energía y la capacidad de procesamiento que impulsan los modelos avanzados de IA. Washington pretende monopolizar este poder .
La supremacía computacional como doctrina estratégica
Lo que antes se comercializaba como innovación se ha consolidado como infraestructura soberana. Los sistemas de IA ahora sustentan la planificación militar, la logística y la coordinación económica. Los Estados con capacidades informáticas avanzadas poseen una ventaja estratégica que se extiende tanto al ámbito económico como al militar.
Estados Unidos comprendió este cambio desde el principio. No considera la IA como una industria especulativa, sino como un pilar de dominio estratégico. Con esta perspectiva, Washington alineó el capital privado, la investigación académica, la doctrina militar y la política industrial en una arquitectura coherente orientada a la preeminencia global.
Las cifras reflejan esa ambición. El Índice de IA de Stanford 2025 informa que la inversión privada estadounidense en IA alcanzó los 109.100 millones de dólares en un solo año, 12 veces más que la de China y 24 veces más que la del Reino Unido. La inversión institucional superó los 252.000 millones de dólares . Esto refleja una estrategia deliberada para construir centros de datos a gran escala, concentrar el talento e implementar modelos a una escala inaccesible para la mayoría de los estados.
Esta expansión digital no encaja bien con la creciente ola de resistencia multipolar. En Asia Occidental y el Sur Global, los estados y movimientos alineados con el Eje de la Resistencia ven cada vez más la infraestructura de IA liderada por Estados Unidos como una forma de control neoimperial , similar a las anteriores batallas por el petróleo, las divisas y las armas. Lo que antes dependía de buques de guerra y sanciones ahora se mueve a través de centros de datos y un control algorítmico.
Esto ya ha comenzado a moldear la postura estratégica de los movimientos de resistencia y sus aliados. Irán, por ejemplo, ha vinculado públicamente el control de los flujos de datos y la infraestructura con la soberanía nacional .
Los actores de la resistencia y los defensores de los derechos digitales han criticado repetidamente a las plataformas tecnológicas occidentales por la censura y vigilancia sistémicas del contenido y la disidencia palestina, enmarcando el control de la infraestructura digital como parte de una lucha más amplia por la narrativa y el poder.
El estrangulamiento del chip de IA y Pax Silica
El corazón de la IA es el silicio. Chips, aceleradores y servidores son la base de todo modelo, y su monopolio es cada vez mayor. En EE. UU., los ingresos de los centros de datos de Nvidia alcanzaron casi los 39 000 millones de dólares en un solo trimestre.
Los ejércitos modernos ahora dependen de la IA para pilotar drones , analizar señales satelitales, defender redes y calibrar sistemas de misiles. La infraestructura informática se ha convertido en un campo de batalla fundamental por sí misma. Reconociendo esto, Washington convirtió los controles de exportación en bloqueos estratégicos , apuntando al acceso de China a chips de alta gama.
En respuesta, Beijing ha incrementado la producción nacional de chips, ha construido enormes centros de datos y ha incorporado IA en la planificación tanto civil como militar.
La iniciativa Pax Silica del Departamento de Estado de EE. UU . describe una alianza tecnoindustrial que abarca Japón, Corea del Sur, Países Bajos e Israel. Descrita como una «red de confianza» para las cadenas de suministro de IA, este marco integra computación, energía y fabricación en un bloque compartido.
El papel de Israel y la disuasión digital
La integración de Israel en la ciberguerra, las tecnologías de vigilancia y las aplicaciones militares basadas en IA lo posiciona como un nodo clave de seguridad dentro del marco estratégico de Washington. Tel Aviv aporta herramientas probadas en el campo de batalla y una doctrina operativa perfeccionada durante décadas de ocupación y conflicto regional.
A través de esta red, la infraestructura computacional se convierte en un herramienta política. Los aliados dentro del sistema reciben acceso privilegiado a la tecnología y la inversión. Quienes están fuera se enfrentan a la exclusión, la escasez y el aumento vertiginoso de los costos. La infraestructura de IA se convierte en una estrategia de incentivos y castigos.
La arquitectura digital, que antes se consideraba neutral, se ha convertido en un instrumento de disciplina estratégica. La construcción de alianzas de Washington depende cada vez más del control del ancho de banda, los chips y el espacio de servidores. El acceso informático está calibrado para la alineación.
La presencia de empresas israelíes en foros de ciberseguridad y tecnología militar en Asia y África consolida aún más esta alineación. Las empresas conjuntas y los acuerdos de exportación difuminan la línea entre la colaboración económica y la dependencia militar.
IA, energía y dependencia forzada
La batalla por el hardware ahora alimenta un proyecto más amplio: el control de la implementación global. La verdadera ventaja reside en dominar la infraestructura de la nube. Desde Amazon Web Services hasta Microsoft Azure, Estados Unidos busca consolidarse como el sustrato de la economía digital global, estableciendo las reglas, los permisos y las condiciones de participación.
Los gobiernos y corporaciones de todo el mundo que dependen de la infraestructura de la nube estadounidense operan dentro de restricciones legales y operativas impuestas en Washington. Desvincularse de estas plataformas conlleva graves consecuencias políticas y económicas.
Estas dinámicas ya han aflorado en el conflicto del Mar Rojo , donde las Fuerzas Armadas Yemeníes (FAY), alineadas con Ansarallah, han demostrado sistemas de selección de objetivos adaptativos y capacidades cibernéticas . Aunque asimétricas, estas herramientas reflejan el creciente alcance de la IA en los arsenales de la resistencia y la consiguiente urgencia de Washington por denegar el acceso a los bloques rivales. Washington logra el control no mediante la fuerza, sino mediante la arquitectura.
También existe una dimensión material. Ejecutar modelos a gran escala consume cantidades asombrosas de electricidad. La computación requiere centrales eléctricas, redes de refrigeración y flujos de energía ininterrumpidos. En este sentido, la IA es profundamente física: depende de materias primas, infraestructura extractiva y control territorial.
Esta convergencia de la política informática y energética revela el plan más amplio de Washington. El desarrollo de la IA es simplemente una reafirmación de la hegemonía estadounidense bajo el lema de la innovación.
Cerrando el círculo: la IA como infraestructura imperial
La IA se sitúa ahora en el centro de la gran estrategia estadounidense, anclando los esfuerzos de Washington por fortalecer la arquitectura de control unipolar. Lo que comenzó como una carrera por la ventaja técnica se ha convertido en una infraestructura de dominio que se extiende a través de las redes energéticas, las cadenas de suministro de chips y las plataformas en la nube que ahora configuran el acceso a la vida económica.
Este es el nuevo terreno de confrontación. Tel Aviv puede aportar las herramientas cibernéticas, Seúl la fabricación y Silicon Valley los servidores, pero el poder sigue en manos de Washington. El territorio digital está siendo dividido, racionado y vigilado.
Para el Sur Global, las líneas del frente ya han cambiado. La infraestructura ya no es una zona neutral. Ya sea mediante chipsets autorizados o acceso a la nube con licencia, el control de Washington sobre la computación define los límites políticos de esta era.