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lundi 7 septembre 2026

Los fascistas históricos se preparan para la revancha

 SOURCE https://observatoriocrisis.com/2026/09/03/los-fascistas-historicos-se-preparan-para-la-revancha/

Las fuerzas históricas del fascismo se reorganizan ante nosotros. Los derrotados de la Segunda Guerra Mundial, los que asesinaron millones de soviéticos, de chinos y de judíos, han regresado al poder en Japón, en Israel y en Ucrania y ahora esperan obtener la revancha.

Thierry Meyssan, intelectual francés creador de la Red Voltaire

Los derrotados en la Segunda Guerra Mundial buscan la revancha. Buscan ganar y reorganizar el mundo de manera jerárquica… con ellos en la cima. Veamos algunas noticias de estos elementos.

PARA LOS NOSTÁLGICOS DEL MILITARISMO NIPÓN, JAPÓN NUNCA PERDIÓ LA GUERRA

La primera ministro de Japón, Sanae Takaichi, es fiel al imperialismo nipón. Cada año, el 15 de agosto, el día de la capitulación, la señora Takaichi visita el santuario Yasukuni, donde se rinde homenaje a quienes dieron la vida por el emperador Hiroito durante la «guerra de los 15 años», o sea durante la invasión japonesa del Extremo Oriente y la Segunda Guerra Mundial.

Este año, dado el hecho que, como jefa del gobierno, la ley le prohíbe visitar el santuario, la señora Takaichi se limitó a enviar ofrendas. Pero 4 de sus ministros, que no tienen la misma restricción que ella, y alrededor de 150 miembros del parlamento sí estuvieron personalmente en Yasukuni el 15 de agosto.

Para esos personajes, los crímenes del ejército imperial nunca existieron, afirman que son sólo mentiras de los enemigos de Japón. Pero los coreanos y los chinos tienen recuerdos muy diferentes: el ejército imperial japonés trataba como “subhumanos” a quienes no reconocían al emperador nipón como una divinidad. Los jóvenes reclutas japoneses tenían que aprender a torturar y a liquidar sin piedad a aquella gente, y si se negaban a hacerlo eran sometidos a crueles castigos. 

En la ciudad china de Nankín 100 000 mujeres y niños fueron violados y reducidos a la esclavitud al servicio de los militares japoneses. Posteriormente, el ejército imperial masacró allí a 300 000 personas. En Corea, la Unidad 731 del ejército imperial nipón practicó vivisecciones de prisioneros, sin anestesia, crímenes que más tarde servirían de “inspiración” al tristemente célebre doctor Menguele, en Auschwitz.

El ejército del emperador Hirohito cometió crímenes similares en Singapur, Malasia, Indochina y Tailandia, aunque en esos países no se conservan de esos hechos un recuerdo tan vivo como los de los pueblos de la península de Corea y de China.

Los militaristas japoneses de hoy no buscan reproducir aquellos crímenes. Saben que en nuestra época sería absurdo tratar de imponer que se adore a un emperador que ha reconocido no ser un dios. Pero están rearmando el país.

Durante la conmemoración de los bombardeos atómicos contra las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, el 6 y el 9 de agosto pasado, la primera ministro Sanae Takaichi puso el mayor cuidado en evitar recordar que ambas masacres nucleares fueron perpetradas por el ejército de Estados Unidos y por orden del presidente estadounidense Harry Truman. Al contrario de sus predecesores, la actual jefa del gobierno japonés tampoco expresó remordimiento ni presentó la menor excusa por la responsabilidad de Japón en la Segunda Guerra Mundial.

Desde 1945, Japón ha reconocido su derrota una sola vez, en la declaración pública que el primer ministro socialista Tomiichi Murayama emitió el 15 de agosto de 1995, en ocasión del 50º aniversario de la capitulación. Pero aquella declaración fue cuestionada el 3 de agosto de 2016, por el entonces primer ministro, el liberal demócrata Shinzo Abe, durante la nominación de Sanae Takaichi como ministro de Defensa. Aquel cuestionamiento de la derrota de Japón es actualmente la posición oficial de ese país, posición defendida hoy en día por la protegida de Shinzo Abe, la señora Sanae Takaichi, ahora convertida en primera ministro [1].

Cuando la primera ministro Sanae Takaicho violó el carácter pacifista de la Constitución de Japón, al suministrar transportes militares a los nacionalistas integristas ucranianos y enviar soldados japoneses al cuartel general de la OTAN en Wiesbaden, el pasado 29 de mayo [2], lo hizo con total conocimiento de causa.

PARA LOS SIONISTAS REVISIONISTAS HA LLEGADO EL MOMENTO DE REANUDAR LA GUERRA CONTRA LOS SIONISTAS

El ministro de Seguridad Nacional de Israel Itamar Ben-Gvir, discípulo del rabino terrorista Meir Kahane, anunció el pasado 28 de agosto que sus hombres encontraron los restos del Altalena, barco que transportaba 900 sionistas revisionistas del grupo terrorista Irgún y un cargamento de armas cuando fue hundido por el ejército israelí, el 22 de junio de 1948, por orden del primer ministro sionista de Israel, David Ben Gurion.

Los sionistas revisionistas, discípulos del judío ucraniano Vladimir Zeev Jabotinsky, y los sionistas –o sea, los seguidores del judío húngaro Theodor Herzl, se odian a muerte. El objetivo del sionista Herzl era crear un país en el que los judíos del mundo entero pudiesen refugiarse para escapar a los pogromos. El objetivo del sionista revisionista Jabotinsky era la creación de un “imperio judío”, similar al imperio italiano que quiso crear el fascista Benito Mussolini.

El nombre mismo del Altalena es una referencia al seudónimo que utilizaba el fascista Jabotinsky. El Altalena había zarpado del puerto francés de Marsella cargado de armas y llevando a bordo 900 sionistas revisionistas que planeaban arrebatar el poder a los sionistas lidereados por Ben Gurion. A pedido de la CGT –la organización sindical más importante de Francia, de inspiración comunista–, los estibadores del puerto de Marsella se declararon en huelga para impedir la partida del Altalena y proteger así a los judíos de Palestina.

Pero los sionistas revisionistas contaban con la protección del entonces primer ministro de Francia, Robert Schuman, y de su ministro de Exteriores, Georges Bidault. Tanto Robert Schuman como Georges Bidault sabían que los sionistas revisionistas eran aliados de las potencias del Eje y que Jabotinsky había instalado el Betar en Roma bajo la protección de Benito Mussolini.

Robert Schuman, el político francés que la propaganda de hoy nos presenta como “el padre de Europa”, había nacido en la región de Lorena y militó para evitar una guerra entre Alemania (su país natal) y Francia (país cuya nacionalidad adquirió cuando la región de Lorena volvió a ser francesa). Schuman fue ministro del mariscal Philippe Petain, el jefe del gobierno francés de colaboración con la Alemania nazi, y su nombre figura entre los de los firmantes del decreto que aprobó el armisticio entre Francia y el Reich hitleriano. En 1942, cuando los soviéticos ya habían vencido las tropas alemanas en Stalingrado y se vislumbraba la derrota de la Alemania nazi, Schuman se pasó al lado de la Resistencia.

Después de la liberación de Francia, Schuman afirmó ante un tribunal que el mariscal Petain había incluido su nombre en el decreto sobre el armisticio sin pedirle su opinión. Robert Schuman escapó así a las acusaciones que lo denunciaban como colaborador del ocupante nazi. Nunca fue llevado a los tribunales… pero el general Charles de Gaulle siempre se negó a estrecharle la mano y no asistió a su funeral, en 1960.

Por su parte, Georges Bidault, fue miembro del Consejo Nacional de la Resistencia encabezado en Francia por Jean Moulin, hizo todo lo posible por deshacerse del general de Gaulle y trató de pasar delante de este en el Desfile de la Victoria de los Campos Elíseos. Este democratacristiano se opuso a la independencia de Argelia y participó en el putsch de Argel de 1961, durante el cual cuatro generales franceses se sublevaron en Argelia contra el general de Gaulle.

A la vista del conjunto de sus trayectorias, no es sorprendente que, como primer ministro de Francia, Robert Schuman y su ministro de Exteriores Georges Bidault respaldaran una intentona golpista de los sionistas revisionistas contra los sionistas de Tel Aviv.

En 1948, la guerra entre israelíes y árabes acababa de comenzar. Pero ninguno de esos dos bandos contaba con suficiente armamento. Sólo los británicos estaban en condiciones de garantizar la victoria y tuvieron la astucia de no implicar las fuerzas armadas de la metrópoli sino de recurrir a su ejército colonial. Fueron soldados transjordanos, bajo la dirección de oficiales británicos, quienes ganaron aquella guerra, bajo las órdenes del general británico John Bagot Glubb, apodado “Glubb Pachá”.

Ante la furia de los árabes, David Grun Ben-Gurion, que había analizado la correlación de fuerzas, sabía que su única posibilidad de éxito era apoyarse en los ingleses. Tenía, por consiguiente, que apartarse de los sionistas revisionistas –que acababan de participar en la Segunda Guerra Mundial luchando contra el imperio británico–, asesinar en El Cairo al ministro de Colonias de Reino Unido y volar la sede del gobierno de la Palestina bajo mandato británico, el hotel King David.

Después del hundimiento del Altalena, Menahem Beguin, sucesor del ya fallecido Jabotinsky a la cabeza del movimiento sionista revisionista, no podía vengar a sus correligionarios muertos en aquel barco sin poner en peligro la supervivencia de Israel, así que optó por llegar a un acuerdo con Ben-Gurion. De esa manera, el sionista David Ben-Gurion y el sionista revisionista Menahem Begin evitaron una guerra civil entre judíos, los sionistas conservaron el poder en Israel y los sionistas revisionistas se hicieron cargo del Mossad, desde donde prosiguieron sus actos de terrorismo. 

Tres meses después, asesinaron al enviado especial de las Naciones Unidas, el diplomático sueco Folke Bernadotte, que había llegado a Palestina para delimitar las zonas que serían asignadas respectivamente a los judíos y los árabes en el nuevo Estado binacional aprobado por la comunidad internacional. Yehoshua Cohen, el asesino del enviado especial de la ONU, se convirtió en guardaespaldas del primer ministro israelí David Ben-Gurion.

En estos últimos días, cuando su ministro de Seguridad Nacional Itamar Ben-Gvir anunció el hallazgo del Altalena, el primer ministro israelí Benyamin Netanyahu temió que Ben-Gvir tratara de revivir el recuerdo de aquellos tiempos de agitación y corrió al museo Etzel para tratar de tomar la delantera. 

Netanyahu anunció que ordenará recuperar el pecio, presentándolo como un símbolo de la unidad israelí. Con esa maniobra, Netanyahu desvía la atención del hecho que los sionistas revisionistas habían planeado un golpe de Estado contra los sionistas de Ben-Gurion y dirigió las miradas hacia el acuerdo de paz civil finalmente pactado entre el sionista Ben-Gurion y el sionista revisionista Menahem Beguin.

El propio Benyamin Netanyahu es hijo del fascista Benzion Netanyahu, quien fue el secretario particular del sionista revisionista Zeev Jabotinsky, así que no es sorprendente que Benyamin Netanyahu haya ordenado al ejército israelí proceder a masacrar la población civil en Gaza.

PARA LOS NACIONALISTAS INTEGRISTAS UCRANIANOS, HA LLEGADO EL MOMENTO DE LIQUIDAR LA CIVILIZACIÓN ESLAVA

El usurpador ucraniano Volodimir Zelenski, cuyo mandato presidencial expiró hace 2 años y 3 meses, ha convertido su régimen, que comenzó siendo una coalición antirrusa que incluía a los nacionalistas integristas, en una dictadura controlada por estos últimos.

Los nacionalistas integristas son una corriente ideológica resueltamente antisoviética y antijázara –o sea antisemita ya que el término “jázaro” es una referencia al imperio judío jázaro que se desarrolló en la Edad Media entre el mar Negro y el Caspio. La expresión “nacionalista integrista” es heredada del fascista francés Charles Maurras.

El nacionalismo integrista ucraniano fue concebido durante la Primera Guerra Mundial por el ucraniano Dimitro Dontsov, un agente del Reich alemán, y se desarrolló en la estela del fascismo italiano y de la Guardia de Hierro rumana. Posteriormente, los nacionalistas integristas ucranianos, reunidos alrededor del esbirro de Dontsov, Stepan Bandera, colaboraron con los nazis de Adolf Hitler.

Durante la segunda mitad de la Segunda Guerra Mundial, el propio Dimitro Dontsov fue administrador del Instituto Reinhard Heydrich, creado por el III Reich, y estuvo entre los planificadores de la “solución final” de los nazis contra los eslavos, los judíos y los gitanos.

Hace menos de un mes, el 11 de agosto pasado, los restos mortales del coronel Yevhen Konovalets, enterrados en el cementerio Crooswijk de Róterdam, fueron exhumados por la Iglesia greco-católica ucraniana, en presencia de la embajadora de Ucrania en los Países Bajos, y repatriados a Ucrania, donde fueron sepultados temporalmente en el cementerio militar nacional ucraniano, en presencia de numerosos miembros del régimen de Kiev y del propio Volodimir Zelenski. Incluso hubo una ceremonia de adiós en la Catedral Patriarcal de la Resurrección de Cristo de la Iglesia greco-católica ucraniana en Kiev. Las obsequias definitivas tendrán lugar en un Panteón Nacional cuya creación ha decidido el régimen de Kiev.

El coronel ucraniano Yevhen Konovalets (1891-1938) fue uno de los fundadores y principales dirigentes de la Organización de Nacionalistas Ucranianos (OUN) y el responsable de la masacre perpetrada contra los bolcheviques de Kiev. Fue amigo personal de Hitler desde 1922 y en 1936 se refugió en Roma, bajo la protección de Mussolini. Konovalets fue asesinado por el NKVD soviético en mayo de 1938, durante un viaje a Róterdam.

Durante su reinhumación temporal en Kiev, la Guardia Presidencial ucraniana rindió honores a los restos de Konovalets. Esa misma Guardia Presidencial ucraniana participó, por invitación del presidente de Francia Emmanuel Macron, en el desfile militar del 14 de julio pasado por el aniversario de la Revolución Francesa. 

Si tenemos en cuenta que Konovalets fue responsable de numerosas masacres y que colaboró con los nazis y los fascistas durante la Segunda Guerra Mundial, cometiendo incluso crímenes contra la humanidad, queda claro el mensaje de Volodimir Zelenski: no sólo su régimen no desnazificará Ucrania, como exige Rusia, sino que además los nacionalistas integristas han regresado al poder en ese país.

El 24 de agosto pasado Ucrania celebró el 35º aniversario de su independencia, en presencia de los jefes de Estado y/o de gobierno de los Estados nórdicos-bálticos (NB8) y de Reino Unido. Todos esos personajes afirmaron que Rusia quiere invadir Ucrania y anexarla. Repitieron que Crimea, el Donbass y la Novorossya son ucranianas. Pero ninguno mencionó que Crimea proclamó su autonomía de la República Soviética de Ucrania el 15 de febrero de 1991, o sea más de 6 meses antes de que Ucrania proclamara su propia independencia. 

Ucrania reconoció la proclamación de Crimea como república el 19 de junio de 1991 –más de 2 meses antes de proclamar su propia independencia. El 5 de mayo de 1992, Crimea se declaró independiente. A partir de entonces, Kiev puso fin al pago de las jubilaciones y de los salarios de sus funcionarios en la península. Esos pagos los asumió Moscú, a partir del segundo semestre de 1992 y durante todo el año 1993, hasta que el entonces presidente de Rusia, Boris Yeltsin, decidió suspenderlos.

El 26 de agosto pasado, cuando los invitados oficiales ya se habían ido, Zelenski distribuyó condecoraciones a los militares destacados en el frente de Oleksandrivska (Donbass). En esa ocasión, Zelenski condecoró con la Estrella de Oro de los “Héroes de Ucrania”, la más alta distinción del país, al jefe del 3er Cuerpo de ejército, el general de brigada Andriy Biletski.

El historiador y ahora general Andriy Biletski es autor de una tesis sobre el Ejército Nacional Ucraniano (UPA), texto en el que glorifica el genocidio perpetrado en la región de Volinia contra al menos un centenar de miles de polacos y la masacre de decenas de miles de judíos perpetrada en Babi Yar. Biletski es además el fundador del ultraderechista Pravy Sektor (Sector Derecho) y fue uno de los principales actores del “EuroMaidan”, el golpe de Estado que expulsó del poder al presidente democráticamente electo de Ucrania, Viktor Yanukovich, en febrero de 2014. Posteriormente Biletski fundó el batallón Azov y dio inicio a las masacres de pobladores rusoparlantes de la región de Donbass, antes de participar en las batallas de Mariupol y de Bajmut, siendo ampliamente allí ampliamente derrotado en el plano militar.

Como todos los nacionalistas integristas, Biletski afirma que los “verdaderos ucranianos” no son eslavos sino varegos, o sea descendientes de los vikingos finlandeses. Para los nacionalistas integristas como Biletski, los varegos tienen como misión librar «el combate final» contra los eslavos. En 2010, Biletski declaraba: «La misión histórica de nuestra nación en este momento crítico es conducir las Razas Blancas del mundo en una última cruzada por su supervivencia, una cruzada contra los Untermenschen [subhumanos] dirigidos por los semitas.» [3]

¿Y AHORA?

No podemos mantenernos al margen de lo que está sucediendo. Las fuerzas del fascismo histórico –y no estamos hablando de unos cuantos locos que desfilan disfrazados sino de individuos que esperan retomar algo que creen que quedó pendiente al terminar la Segunda Guerra Mundial– han despertado, han comenzado a reescribir la historia y se valen de la indiferencia generalizada para borrar el recuerdo de sus crímenes.

Nuestra responsabilidad inmediata es negarles todo acceso a responsabilidades políticas antes de que traten de ir por la revancha y de desatar el apocalipsis.

Tenemos que exigir elecciones inmediatas en Ucrania y en Japón. En Israel, las elecciones ya están cerca, pero hay que garantizar la honestidad de ese proceso.

 

lundi 26 août 2024

En 1907 déjà, le spectre d’un génocide en Palestine

 SOURCE: https://orientxxi.info/magazine/en-1907-deja-le-spectre-d-un-genocide-en-palestine,7511

Le débat sur la pertinence du paradigme colonial pour la compréhension de l’histoire du sionisme et, par conséquent, de l’État d’Israël est ancien. Si la question a été soulevée depuis longtemps par les Palestiniennes, elle était déjà discutée dès les origines du mouvement sioniste comme en témoigne une série de lettres de 1907.

Degania, février 1948. Des paysans construisant une barrière et des hommes en armes dans un champ.
Boris Carmi / wikimédia

Un texte qui est souvent cité dans le débat sur la pertinence du prisme colonial pour comprendre le sionisme est l’article programmatique « Mur de fer » de Zeev Jabotinsky dont la parution, en 1923, marque la fondation du courant dit révisionniste. La thèse principale est que le sionisme doit assumer des pratiques violentes à l’égard de la population arabe de Palestine. Jabotinsky tire la nécessité de la violence du fait qu’il s’agit d’un projet colonial cherchant à établir une souveraineté juive en Palestine au détriment de la population autochtone. Celle-ci, poursuit-il, ne peut que s’opposer largement à ce projet, à l’instar de toute population autochtone. Ce texte s’inscrit en faux contre les organes officiels du mouvement, qui cherchaient à nier ou à masquer cette dimension coloniale et violente.

Ce n’était pas la première fois que la question était discutée au sein du mouvement. Seize ans plus tôt, en 1907, une lettre est publiée dans l’hebdomadaire hébreu Ha-Olam (« Le Monde »), le journal officiel de l’Organisation sioniste mondiale (OSM), qui montre que le potentiel violent du sionisme était déjà débattu à l’époque. C’est trois ans après la mort de Teodor Herzl en 1904, dix ans après le premier Congrès sioniste à Bâle, et presque trente ans après le début de l’immigration sioniste en Palestine (la « première alya », de 1881 à 1903) et la fondation des premières colonies agricoles juives de Petah Tikva et Guey Oni. C’est la période qui suit le rejet du « plan Ouganda » par le mouvement sioniste et la réaffirmation du focus sur la Palestine.

La deuxième génération de colons

C’est aussi la deuxième génération du mouvement sioniste, façonnée par les pogroms de l’Empire russe, ainsi que par les réactions internationales et les manifestations de soutien aux juifives. Leur sionisme se construit en dialogue avec d’autres courants politiques, notamment socialistes et révolutionnaires, qui attirent les jeunes juifives. Cette nouvelle génération assume la rupture avec la religion, dont le discours et les pratiques sont désormais considérés comme obsolètes, notamment parce qu’ils prolongent l’état d’exil, tandis que les sionistes cherchent plus ouvertement à établir la souveraineté nationale. Ce sionisme de la « deuxième alya » (1903-1914) présente une composante plus militante que la « première alya » et plus ouverte à la violence, comme l’indique, entre autres, la fondation de l’organisation Ha-Shomer, « le gardien » en hébreu.

Le projet colonial évolue et se précise. En 1908 est fondée à Londres la société Palestine Land Development Company (PLDC), dont le nom hébreu Hakhsharat Ha-Yishouv signifie littéralement « la préparation du peuplement ». Elle est dirigée par Arthur Ruppin, un sociologue formé en Allemagne, qui introduit les principes de l’organisation moderne du travail et de la méthode statistique. Comme l’a montré le chercheur israélien Etan Bloom, Ruppin inscrit le souci démographique, c’est-à-dire le besoin du mouvement sioniste d’établir une majorité juive en Palestine, dans un dispositif raciste, inspiré de l’eugénisme allemand de l’époque1. Cela se reflète non seulement vis-à-vis des Arabes palestiniennes, mais aussi à l’égard des juifives immigrées du Yémen dans les années 1920 que l’on fait venir pour servir de main-d’œuvre bon marché. L’objectif déclaré de la société dirigée par Rupin est d’aider les nouvelles et nouveaux immigrantes juifives, provenant notamment d’Europe orientale, à s’établir comme paysannes en Palestine. La société achète des terres et y établit des fermes. Par ailleurs, à cette même époque, on envisage d’autres formes de peuplement que la colonisation rurale, avec la planification d’Ahuzat Bayit, officiellement fondé en 1909 et devenu le premier quartier de Tel-Aviv.

C’est aussi l’époque des idéaux sionistes de la « garde hébraïque » et du « travail hébreu ». On parle de conquête du travail : les jeunes juifives arrivant d’Europe orientale entrent en compétition avec les travailleurses palestiniennes employées dans les colonies agricoles. C’est également la période où l’hébreu moderne est conceptualisé et mis au service du mouvement national, devenant ainsi sa langue officielle. La renaissance linguistique, visant à moderniser la langue de la Bible et de la littérature rabbinique selon les critères philologiques et grammaticaux européens de l’époque, s’inscrit dans le cadre de la renaissance nationale.

À un ami marxiste

L’année 1907 correspond aussi à la première parution du journal Ha-Olam. Le rédacteur en chef est Nahum Sokolow, l’héritier de Herzl comme secrétaire général de l’OSM. C’est dans la rubrique littéraire qu’apparaît, dans quatre numéros consécutifs du printemps 1907, une série de 26 lettres. Le titre de la série est « Un paquet de lettres d’un jeune ouvrier à l’esprit perturbé ». Sous le titre on trouve la mention suivante entre parenthèses : « écrit par un ouvrier de la terre d’Israël ». L’auteur, qui demeure anonyme, s’adresse à un ami d’enfance nommé David, un intellectuel marxiste urbain resté en Europe.

Auteur anonyme, « Un paquet de lettres d'un jeune ouvrier à l'esprit perturbé », Ha-Olam, juin 1907.
Auteur anonyme, « Un paquet de lettres d’un jeune ouvrier à l’esprit perturbé », Ha-Olam, juin 1907.

Cette série peut se lire comme l’esquisse d’un roman d’apprentissage sioniste. Les lettres suivent l’évolution spirituelle et corporelle de leur auteur, un jeune immigré de la « deuxième alya », depuis le moment de son arrivée et le grand sentiment de vide qu’il éprouve, jusqu’à la découverte de son « nouveau moi » : un paysan-guerrier qui transforme « la charrue en épée, et la pelle en lance »2. Ainsi, il décrit l’aboutissement de sa transformation dans la lettre qui conclut la série :

Tu pourrais me trouver près de l’enclume, martelant et transformant la charrue en épée, et la pelle en lance […] À ce moment-là, tu pourrais me contempler de loin, depuis les hauteurs des montagnes, [je serai] debout, appuyé sur la crosse de mon fusil, attendant, guettant… Souviens-toi — je suis un paysan ! … Et toi, sois laboureur en apparence, et que dans tes veines coule le sang des zélés !

Les lettres précédentes décrivent la vie de l’auteur en Palestine, ses voyages dans les colonies et ses rêves de souveraineté juive. À un moment donné, il se promène avec des amis au sommet du mont Thabor, en Galilée, d’où il contemple la vallée fertile de Jezreel, qui à ce stade n’appartient pas encore aux organisations sionistes. Le jeune ouvrier voit clairement que la vallée est habitée et cultivée, et se lamente sur le fait qu’elle ne soit pas aux mains des sionistes (qui ont tenté de l’acquérir depuis la fin du XIXe siècle). Il raconte :

La vallée s’étendait devant nous comme un tapis de soie aux couleurs multiples, avec de nombreux champs magnifiques. Chaque petit champ, cultivé par des mains agiles, brillait au loin comme un bouquet de fleurs… En haut de la montagne, contemplant ce paysage sublime, une douleur s’est éveillée en moi… Une nostalgie terrible. J’aurais voulu engloutir toute la vallée, l’embrasser et l’offrir en cadeau à notre peuple aussi merveilleux qu’elle… La vallée de Jezreel ! Vois-tu à quel point elle nous est proche… Et pourquoi n’est-elle pas entre nos mains ? Pourquoi vois-je au loin ces images sombres, les troupeaux des Bédouins ? Et pourtant, personne d’autre que nous n’a de droit sur elle !

La guerre d’extermination contre les Hereros et les Namas

C’est dans la lettre qui suit celle-là, datée de juin 1907, que se trouve un passage très intrigant. Il y est question du génocide des Hereros et des Namas, commis par les forces allemandes sur le territoire de l’actuelle Namibie entre 1904 et 1908. Le mot génocide n’y apparaît pas, mais la violence coloniale allemande est évoquée dans le cadre d’une discussion sur le rapport du mouvement sioniste aux Arabes de Palestine. Dès cette époque donc, bien avant les massacres et les expulsions de la Nakba, le potentiel génocidaire du mouvement sioniste a été discuté publiquement dans Ha-Olam le journal officiel du mouvement et aussitôt signalé comme un sujet qu’il vaut mieux éviter.

La lettre relate une dispute entre le jeune ouvrier et un colon, monsieur G., « un type très intéressant, avec des cheveux longs, [qui] revendique l’humanisme et aime bien parler de l’humanité qui fraie des chemins ». La dispute porte sur les Arabes : selon le jeune ouvrier, G. se soucie trop de leur bien-être. Lui relativise leur souffrance par rapport à l’importance du projet sioniste : construire un foyer pour accueillir des millions de Juifives persécutées. G. lui fait alors la remarque suivante :

Oui — il m’a répondu — on connaît cette excuse, les belles phrases. Mais le meurtre restera un meurtre même s’il est idéaliste. Et quelle différence entre nous et les Allemands qui combattent maintenant contre les Noirs en Afrique ? Là-bas aussi tu peux les entendre se vanter que [les Noirs] sont tués sur l’autel de la Haskalah (Lumières juives).

Cela enrage le jeune ouvrier. Il se lance alors dans une diatribe, à la fin de laquelle il crache au visage de son hôte et quitte sa maison :

Juif ! — je lui ai dit en tremblant — Entends-tu ce qui sort de ta bouche ? La guerre en Afrique et le retour à Sion ! Le peuple allemand ! Tu sais pourquoi il vient à cette guerre […] ? Par une satiété jusqu’au vomissement, par saturation, par cupidité, par le désir de dominer et de gouverner, d’exterminer des peuples. Mais nous, même si on supposait qu’un peu d’injustice a été faite à des particuliers, connais-tu l’origine de cette injustice ? […] As-tu vu les sous-sols obscurs […] moisis et pourris, où habitent des milliers de familles ?! C’est eux que tu appelles bourreaux et oppresseurs ! […] Et qu’est-ce que tu veux ? Que si nous rencontrons des obstacles sur notre chemin nous nous arrêtions sans les enlever ? […] Moi-même je ne sens aucun défaut dans mon humanité en participant à cette guerre. Ainsi le lion écrase les arbustes épineux quand il s’enfuit de ses persécuteurs ! Et pourquoi, monsieur, cet excès d’humanisme, cette oisiveté ? Est-ce que tu veux fonder une association des amants des Arabes ? C’est très idéaliste !

Un débat sur les mots plutôt que sur la réalité

En novembre 2023, Didier Fassin publie un article intitulé « Le spectre d’un génocide à Gaza » dans le média AOC, qui évoque le génocide des Herero et des Namas3. L’objectif derrière l’évocation, mise en avant également par d’autres intellectuelles comme la penseuse et militante canadienne Naomi Klein, était de sonner l’alarme : les ressemblances structurelles entre les deux situations indiquent que l’offensive israélienne à Gaza pourrait s’inscrire dans une dynamique génocidaire, dépassant ainsi l’argument du droit d’Israël à l’autodéfense. En France, la juxtaposition des deux situations a été sévèrement critiquée et jugée non pertinente par plusieurs intellectuelles4. En particulier, la critique d’Eva Illouz, parue dans la revue K le 15 novembre 20235, nous rappelle que pour certaines, le débat porte moins sur les faits que sur la manière de les aborder. Ainsi, elle écrit que « dans la période tourmentée que nous vivons, choisir les mots justes est un devoir moral et intellectuel ». Ce même souci semble être exprimé dans une interview publiée dans Le Monde le 19 avril 2024 sous le titre « La gauche ne sait plus parler de ce qui se passe au Proche-Orient ». Comme si le débat sur les mots était plus urgent que le débat sur la réalité. Comme si, puisque nous vivons une « période tourmentée », l’analyse critique devait s’adapter au conformisme ambiant. Or c’est précisément le propre de la pensée critique que de s’exprimer dans tout contexte et de bousculer les zones de confort.

Historien du judaïsme au CNRS. Auteur de Histoire de Yahvé. La fabrique d’un mythe occidental, Fayard, 2019. Son prochain livre, A Historical-Materialist Reading of Genesis 1-4 : Undoing Satan between Colonial Brazil and Biblical Israel, sera publié par Routledge fin 2024.
 
Chercheuse en sociologie, cofondatrice et membre du comité de rédaction du blog Yaani. Ses travaux portent sur l’engagement militant et les mouvements sociaux, sur le militantisme religieux et sur les rapports coloniaux en Israël-Palestine.