Sindicalismo, tecnología y soberanía digital
En el embate de la vida concreta, buscamos alinear la teoría con las
necesidades y posibilidades de la práctica. Sin miedo al futuro,
buscamos presentar alternativas en una sociedad global que bloquea la
esperanza, produciendo sufrimiento, agotamiento y depresión. Disputar el
futuro se ha convertido en una tarea política urgente.
Vivimos contradicciones reales de la lucha sindical en el sistema
financiero y más allá de él, marcadas por el uso ultraintensivo de la
tecnología. Ésta no solo sirve para potenciar los negocios, sino también
para resolver el “problema de la Gestión”, como ya señalaba Harry
Braverman: ampliar el control, estandarizar las tareas, fragmentar los
conocimientos. Sentimos, en carne propia, sus consecuencias —alienación,
intensificación del trabajo, vigilancia permanente—, pero también
sabemos que este sufrimiento puede abrir caminos para elevar la
conciencia.
Por eso, el debate tecnológico es existencial para el sindicalismo
bancario. Sin enfrentarlo, el sindicato corre el riesgo de reducirse a
una instancia administrativa. Los trabajadores bancarios necesitan ver
en el sindicato un proyecto de futuro.
Incidir en las contradicciones del capitalismo digital
El capitalismo digital es una nueva etapa de la acumulación
capitalista, no porque rompa con el capitalismo clásico, sino porque
reorganiza profundamente sus mecanismos de extracción de valor,
dominación y control, reconfigurando las fuerzas productivas. Se
caracteriza por la centralidad de los datos, los algoritmos y la
financiarización, lo que intensifica la explotación, profundiza las
desigualdades y pone de relieve que la lucha de clases también se libra
en el terreno tecnológico.
Para los trabajadores, el debate es existencial, porque disputar la
tecnología es disputar el poder, y la soberanía digital es una cuestión
esencial, por lo que es necesario reapropiarse socialmente de la
tecnología.
Con la ayuda de Juliane Furno, es importante comprender que
a lo largo de la historia, el capitalismo
ha mantenido sus principales características, pero se ha visto
atravesado por contradicciones que, en cada momento histórico
(dependiendo sobre todo del grado de correlación de fuerzas entre el
capital y el trabajo), se han presentado de forma distinta. Captar las
características predominantes en cada fase o subfase de este modo de
producción es esencial para comprenderlo en su totalidad, algo tan caro a
los marxistas.
Un análisis marxista no parte de la voluntad política, sino de las
contradicciones objetivas del modo de producción. En el capitalismo
digital, estas contradicciones deben ser estudiadas y exploradas por una
política de soberanía tecnológica popular.
Una primera paradoja es el intelecto general. Según Marx, el
conocimiento se produce socialmente, pero se apropia de forma privada.
La cooperación social genera riqueza, mientras que la infraestructura
técnica y los medios digitales permanecen concentrados. El capital
depende de algo que no puede producir por sí solo: el conocimiento
social colectivo.
Un segundo elemento es la contradicción entre las fuerzas productivas
avanzadas y las relaciones de producción atrasadas. La inteligencia
artificial, la automatización y las redes digitales crean un potencial
de abundancia, pero las relaciones sociales siguen organizadas por la
escasez artificial. Incluso con la reducción del trabajo directo, se
sigue extrayendo valor, lo que profundiza la contradicción entre las
fuerzas productivas y las relaciones de producción.
Otro aspecto relevante es la centralización técnica. Los datos y el
poder se concentran, mientras que el trabajo se fragmenta, se precariza y
se aísla. La coordinación social existe, pero sin control de los
trabajadores.
En la tradición marxista, lo nuevo no nace fuera de lo viejo, sino a
partir de sus contradicciones internas. Esto exige disputar la propiedad
y el control de las fuerzas productivas. Hoy en día, esto significa
luchar por una infraestructura digital pública o cooperativa, redes de
comunicación soberanas, nubes públicas, plataformas no comerciales y
centros de datos bajo control social.
Los datos, producidos socialmente, deben ser tratados como un bien
común, con propiedad colectiva, gobernanza democrática y uso público. La
reapropiación del intelecto general pasa por hacer frente a la captura
del conocimiento a través de patentes, secretos comerciales y algoritmos
cerrados. Como contrapunto, es necesario desarrollar software libre, IA
auditable, tecnologías socialmente controladas y formación técnica de
los trabajadores.
No hay infraestructura soberana sin sujeto colectivo. El capital
necesita al trabajador conectado, pero lo aísla. La respuesta es
conectar organizaciones y construir soluciones colectivas y federadas.
El conocimiento sólo es emancipador cuando se comparte.
Es indispensable disputar el Estado que, capturado por los gigantes
tecnológicos (Big Techs), debe ser presionado para invertir en
infraestructura soberana, planificación tecnológica y compras públicas
estratégicas. El Estado no se emancipa por sí solo, necesitamos disputar
la agenda social y política porque, sin él, ciertas infraestructuras no
se construyen. Aun así, no podemos esperar pasivamente soluciones que
vengan de arriba, las alternativas populares deben construirse desde ya.
Podemos basarnos en Gramsci y comprender que la guerra de posiciones,
en el capitalismo digital, se libra en el terreno técnico. Cada
servidor, código y plataforma es una trinchera. Esto nos desafía a crear
alternativas funcionales, disputar estándares técnicos, formar cuadros
técnicos orgánicos y producir consenso social en torno a la soberanía
digital.
El marxismo no propone saltos al vacío, pero tampoco bloquea la
audacia. Incidir en las contradicciones del capitalismo digital es
disputar el control del intelecto general, revertir la mercantilización
de la vida y reorganizar la infraestructura técnica como bien común.
La IA en el mundo laboral
La IA no está “llegando” al trabajo, ya organiza objetivos, ritmos,
evaluaciones de rendimiento, vigilancia y despidos automatizados. Actúa
como capital fijo algorítmico, profundizando la subordinación real del
trabajo al capital.
El movimiento sindical ha actuado, en general, de forma defensiva en
este terreno, en la disputa de cláusulas sobre nuevas tecnologías,
exigencia de negociación previa, límites a la vigilancia y denuncias de
acoso algorítmico. Estas iniciativas son importantes, pero
insuficientes, ya que actuamos después de que la tecnología ya ha sido
impuesta.
El salto necesario es pasar de lo reactivo a lo estratégico:
- Disputar el diseño de la tecnología. La tecnología es una decisión
política cristalizada en código. El sindicato debe luchar por el acceso a
los sistemas, la auditoría de algoritmos, la transparencia de las
métricas y el poder de veto sobre tecnologías nocivas y
discriminatorias. No basta con negociar las consecuencias, hay que
negociar la técnica.
- Construir infraestructura propia. Usar solo plataformas de las
grandes tecnológicas es aceptar la hegemonía del capital. Las
plataformas sindicales propias, las bases de datos bajo control
colectivo, la comunicación soberana y el software libre no son un lujo,
sino una condición para la autonomía política.
- Organizar el trabajo digital invisible. La moderación, la
alimentación de sistemas y otras formas de trabajo oculto deben ser
reconocidas, organizadas y sindicalizadas.
- Situar la IA en el centro de la negociación colectiva, con normas
sobre objetivos algorítmicos, ritmo de trabajo, derecho a la
desconexión, prohibición de los despidos automatizados y responsabilidad
humana obligatoria.
Banqueros y sistema financiero: disputa en el terreno tecnológico
En el sistema financiero, la tecnología se utiliza de forma
exponencial. La automatización, los algoritmos y la IA tienen como
objetivo reducir costos, intensificar el trabajo y maximizar los
beneficios, actualizando el viejo problema gerencial del control total
del proceso productivo.
A pesar del discurso del “banco sin personas”, el sistema financiero
no prescinde del trabajo humano. Lo que ocurre es una recomposición
precaria de la fuerza laboral. Hoy en día, más de un millón de
trabajadores trabajan para los bancos en Brasil, directa o
indirectamente (teniendo en cuenta la subcontratación, las plataformas,
las cooperativas, las fintech, los seguros y las finanzas), de los
cuales unos 424,000 son empleados bancarios vinculados directamente a
los bancos. La dependencia del trabajo sigue existiendo, pero su forma
se ha degradado.
Para 2025, los datos del Dieese y las investigaciones de Febraban
indican una profunda reestructuración: inversiones en tecnología del
orden de 50,000 millones de reales, expansión acelerada de la IA, 82% de
las transacciones realizadas por canales digitales, cierre de
sucursales físicas y beneficios récord para los grandes bancos,
combinados con la reducción de puestos de trabajo, la subcontratación y
las enfermedades laborales. La tecnología se utiliza como instrumento de
reorganización productiva e intensificación del trabajo.
Las inversiones tecnológicas no generan un retorno social
proporcional. No reducen la jornada laboral, no amplían los derechos ni
mejoran las condiciones de trabajo. Por el contrario, profundizan las
desigualdades, los objetivos inalcanzables y la vigilancia permanente.
Y, aun siendo una concesión pública, tampoco mejora la vida de los
clientes, que se convierten en ejecutores de tareas con un servicio
precario, pagan intereses y tarifas elevadas y son víctimas de fraudes
financieros.
Somos conscientes de la importancia del debate tecnológico y actuamos
en él mediante la negociación con los bancos. Aun así, nuestra
intervención sigue siendo esencialmente reactiva, centrada en la defensa
de cláusulas protectoras, sin cuestionar el proyecto tecnológico en sí.
El desafío estratégico: soberanía digital y protección de datos
La transformación digital ha profundizado la centralidad de los datos
como activo estratégico. Para los sindicatos y los movimientos
sociales, esto plantea un desafío ineludible para garantizar la
autonomía política, la seguridad de la información y el uso inteligente
de los datos en un escenario de creciente dependencia de las grandes
plataformas privadas.
Los sindicatos y los movimientos sociales manejan a diario datos
sensibles: información personal, registros de afiliación, datos
financieros, historiales de movilización, estrategias políticas y
jurídicas. Estos datos están dispersos, sin un tratamiento estratégico.
Necesitamos agregar estos datos y utilizar las tecnologías para crear
inteligencia a partir de nuestra información.
La dependencia de las grandes tecnológicas genera riesgos
estructurales como la pérdida de control sobre datos estratégicos,
vulnerabilidad ante la Ley General de Protección de Datos (LGPD) y
ausencia de un modelo de infraestructura replicable y escalable. Esta
dependencia compromete la autonomía política y la planificación
estratégica a largo plazo.
La solución propuesta
Ante esta situación, la dirección del sindicato SindBancários de
Porto Alegre decidió invertir en soluciones soberanas, articulando un
equipo técnico cualificado, con trayectoria en bancos públicos y
estatales, combinando formación técnica y compromiso social, y
estableciendo alianzas con el Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra
(MST), la Marcha Mundial de las Mujeres y otras organizaciones.
Creamos el proyecto “Red Popular Federada y Soberana de Datos”, que
parte de la comprensión de que la soberanía digital no es un tema
técnico aislado, sino una condición de existencia organizativa y
política.
El proyecto en curso implementará un marco modular, estructurado como
una red federada soberana de datos (RSD), basada en software libre,
arquitectura distribuida y gobernanza colectiva.
Cada entidad será un “nodo” institucional, interconectado a una red
común por estándares de seguridad, interoperabilidad y gobernanza
compartida, lo que garantiza el control local de los datos y la
cooperación a escala de red.
La complejidad técnica con control político está garantizada con un
lago de datos soberano, un entorno de colaboración y una arquitectura en
capas que garantizan una evolución continua y una protección sólida.
Será la primera solución integrada de red federada soberana diseñada
para sindicatos y movimientos sociales, que combina autonomía digital,
conformidad con la LGPD, reducción de la dependencia de las grandes
tecnológicas y escalabilidad.
Está previsto el desarrollo de un ecosistema de aplicaciones de
streaming, mensajería cifrada, correo electrónico soberano,
almacenamiento colaborativo, IA y análisis bajo el control de las
entidades; plataforma de formación; aplicación para trabajadores con
servicios e interactividad; plataforma de asambleas; biblioteca y
observatorio digital sindical, etc.
También es nuestro objetivo alojar sistemas, aplicaciones y soluciones desarrolladas por entidades populares.
Apropiación del futuro
La Red Soberana de Datos no es un mero proyecto de Tecnologías de la
Información (TI). Es una estrategia política de soberanía, protección
institucional y futuro organizativo. Disputar el terreno tecnológico es
disputar las condiciones de existencia y de lucha en el siglo XXI.
Siempre estamos tanteando la realidad en busca de salidas humanas,
necesitando el “presente eterno”. Para recuperar la capacidad de
imaginar y construir caminos, apropiarnos del futuro, como propone Mark
Fisher.
Referencias
Braverman, H. (1978). Trabalho e capital monopolista: a degradação do trabalho no século XX. LTC.
Fisher, M. (2020). Realismo capitalista: é mais fácil imaginar o fim do mundo do que o fim do capitalismo? Autonomia Literária.
Furno, J. (2020). Imperialismo: uma introdução econômica. Da Vinci.
Marx, K. (2013). O capital: crítica da economia política. Livro I. Boitempo.
Marx, K. (2013). O capital: crítica da economia política. Livro III. Boitempo.