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mercredi 14 janvier 2026

Tricontinental de La Habana: Crear uno, dos, tres, muchos Vietnam (enero 1966)

 FUENTE: https://espanol.almayadeen.net/noticias/politica/2110134/tricontinental-de-la-habana--crear-uno--dos--tres--muchos-vi

 

A apenas siete años de haber triunfado la Revolución, Cuba devino referente político y moral para los movimientos de liberación del Sur global.

Mientras el mundo giraba entre dos polos irreconciliables y las grandes potencias se repartían zonas de influencia como piezas de ajedrez, entre el 3 y el 15 de enero de 1966, la capital cubana reunió por primera vez, bajo un mismo techo y una misma agenda, a los pueblos de Asia, África y América Latina en la Primera Conferencia Tricontinental de La Habana.

Aquel encuentro, con la explícita pretensión de desafiar el orden imperial desde sus márgenes, constituyó la cristalización de una conciencia de lucha anticolonial.

Cuba como epicentro del Sur global

La elección de la tierra antillana como sede de esta primera conferencia no fue casual ni secundaria.

A apenas siete años de haber triunfado la Revolución, la isla devino referente político y moral para los movimientos de liberación del Sur global.

La Tricontinental la situó en el núcleo de una cartografía política alternativa que, además de cuestionar el esquema bipolar de la Guerra Fría, afirmaba una tercera posición: autónoma, combativa y abiertamente insurgente.


--->>>  Noticiero ICAIC Latinoamericano - 17.01.1966  --->>>

 

De Bandung a la articulación tricontinental

Este proceso fue heredero directo del impulso iniciado en Bandung, cuando los pueblos afroasiáticos comenzaron a construir una agenda propia frente a las antiguas metrópolis y las nuevas hegemonías.

De esa experiencia surgiría la Organización de Solidaridad de los Pueblos de Asia, África y América Latina, concebida no solo como un espacio de articulación, sino como una herramienta permanente de acción política, propaganda internacionalista y respaldo concreto a las luchas revolucionarias.

La relevancia del encuentro fue evidente en la diversidad y el peso de sus participantes.

Figuras como Salvador Allende, Amílcar Cabral o Rodney Arismendi, junto a representantes del Vietnam en guerra, compartieron tribuna con dirigentes sindicales, estudiantiles y sociales, en un foro donde las experiencias revolucionarias se debatieron sin concesiones retóricas.

La ausencia forzada de Mehdi Ben Barka, uno de los principales impulsores de la conferencia, secuestrado y asesinado antes de llegar a La Habana, subrayó de manera trágica que la Tricontinental no era un ejercicio académico, sino una apuesta riesgosa para los intereses que buscaba confrontar.

 Desafío presente

El legado intelectual de aquel momento alcanzaría su punto más alto poco después, con la difusión en 1967 del célebre Mensaje a la Tricontinental de Ernesto Che Guevara, cuya consigna, “crear uno, dos, tres… muchos Vietnam”, convocaba a multiplicar los focos de resistencia como vía para quebrar la lógica imperial.

Más de medio siglo después, la Primera Conferencia Tricontinental de La Habana demostró que los pueblos históricamente subordinados podían asumirse como sujetos de la historia y no como simples escenarios de una geopolítica ajena.

En esa afirmación, política y radicalmente humana, reside la vigencia de este acontecimiento como uno de los hitos mayores del internacionalismo revolucionario del siglo XX.

Frente a un poder que continúa avanzando sobre pueblos y gobiernos, a quienes aspiran a preservar su independencia no les queda otra alternativa que la unidad en una fuerza común.

En el presente más que nunca, cuando la ofensiva es total y simultánea, esa tarea exige tanto una base material como una espiritual, destinadas no a oponerse, sino a complementarse y sostenerse mutuamente.