Reflexionamos sobre el pensamiento de
algunos autores muy importantes, con el objetivo también de la
transformación social, para buscar puntos de coincidencia entre el
anarquismo y la filosofía existencialista; muy del gusto de las ideas
anarquistas, la esencia no antecede a la existencia del ser humano, lo
mismo que no existe una naturaleza que lo determine. Se dan así todas
las posibilidades de un horizonte libertario.
Herbert Read consideraba que el existencialismo comienza con un agudo
ataque de autoconciencia, de "interioridad" (en lenguaje que suele
utilizar el propio filósofo existencialista). De esta manera, adquiere
conciencia de su individualidad separada, solitaria, y la contrapone
tanto al resto de la humanidad como al conjunto de los sucesos del
universo según han sido revelados por la investigación científica. Puede
decirse que se trata de la consciencia de ser una pizca insignificante y
finita frente a la extensión infinita del universo (si es que podemos
considerar al universo de tal manera, ya que en caso contrario se
empeoran las cosas al entrar en juego la nada). El hombre está con la
boca abierta ante el abismo y se muestra aterrorizado, por lo que se
manifesta el llamado Angst (miedo o ansiedad), piedra fundamental de esta filosofía. Read considera que hay dos reacciones fundamentales frente al Angst:
la comprensión de la insignificancia del hombre en el universo da lugar
a una especie de desesperado desafío en la que el hombre se afana en
demostrar conciencia e independencia espiritual (aunque la vida carezca
de sentido, el hombre quiere tener responsabilidad y puede probar que es
una ley en sí mismo). No podemos estar seguros de que somos libres o de
que somos responsables de nuestro propio destino, pero actuamos como si
lo fuéramos (una especie de "pragmatismo" con mayor hondura y rectitud
filosófica).
No obstante, el existencialismo parece objetar al mero
pragmatismo, y a cualquier filosofía materialista, el tener que depender
de las condiciones económicas o sociales y privar así al hombre de su
libertad (la libertad se definiría así como el poder alzarse sobre el
ambiente material). Sartre dijo "la posibilidad de apartarse de una
situación con el fin de adoptar un punto de vista con relación a ella es
precisamente lo que llamamos libertad". Según Read, el existencialista
estará obligado a afirmar que el hombre ha adoptado una facultad
especial, la conciencia o autoconocimiento intelectual, que lo capacita
para llevar a cabo esa tarea (Read, y podemos estar de acuerdo con él, se pone de lado del
existencialismo en este razonamiento). La conciencia animal más
desarrollada le lleva a poder apartarse del rebaño, de la sociedad o
incluso de su situación frente al universo. Esta forma de entender la
conciencia humana puede conducir a explicar tanto la falta de
sociabilidad en sentido negativo como la creatividad humana más
fascinante que haya conducido a los mayores adelantes científicos. El
existencialista considera que una vez que el hombre ha experimentado su
libertad en la separación y desarrollado su propio idealismo (su propia
utopía social) debería reincorporarse al contexto social y tratar de
modificar esas condiciones.
De nuevo citando a Sartre: "El hombre
revolucionario debe ser un ser contingente, injustificable pero libre,
enteramente inmerso en la sociedad que lo oprime, pero capaz de
trascender esta sociedad por su esfuerzo para modificarla. El idealismo
lo embauca porque lo ata con derechos y valores ya dados, y le oculta su
poder de descubrir caminos propios. Pero también lo engaña el
materialismo, privándolo de su libertad. La filosofía revolucionara debe
ser una filosofía de trascendencia". La otra reacción típica con el Angst
según la cual la posición existencial del hombre frente al abismo queda
aliviada por la existencia previa de Dios (creador trascendente,
responsable de toda la existencia y también de la conciencia del
hombre). Esta búsqueda de "sentido" puede considerarse idéntica a la
esencia, y Sartre dijo que el existencialismo considera que la
existencia es previa a la esencia. Rousseau consideraba la libertad como
una esencia, como un valor eternamente subsistente en el hombre, pero
estamos totalmente de acuerdo con Sartre y con Read (y con Bakunin, si lo
llevamos al terreno social) en considerar la libertad únicamente como
una de las posibilidades de su existencia. Sobre el ser humano cae la
enorme responsabilidad de crear las condiciones de la libertad. El
existencialismo parece eliminar todos los sistemas idealistas, toda
subordinación del hombre a una idea, a una abstracción cualquiera; del
mismo modo, también deja a un lado todos los sistemas materialistas, que
subordinan al hombre al funcionamiento de las leyes físicas y
mecánicas, al afirmar que el hombre en concreto (no en sentido
abstracto) es la realidad y que todo lo demás (libertad, razón, amor,
Dios...) es una contingencia dependiente de la voluntad del individuo.
Según esta importante contribución del existencialismo podríamos
considerar a Stirner muy emparentado con esta filosofía, pero donde se
aparta Sartre del autor de El único y su propiedad
es en estar dispuesto a comprometer el ego en ciertos fines
superegoístas o idealistas. Aunque Stirner es un autor muy del gusto del
anarquismo, hay que insistir en que las ideas libertarias se apartan de
él (es una crítica muy recurrente y razonada en el mundo libertario),
al igual que el existencialismo, al buscar la alianza con un humanismo
militante que por medios políticos y culturales logre la libertad del
individuo en sociedad. Bakunin partió del materialismo para tratar de
lograr los más altos ideales terrenales, y parece recordar este
postulado del existencialismo que afirma que la esencia (el ideal) solo
puede captarse desde la particular etapa de la existencia. Frente a los
planes predeterminados de algunas ideas sociales, Read opina que el
existencialismo y el anarquismo creen que la subjetividad humana es la
realidad existente y que el ideal es una esencia hacia la cual el hombre
se proyecta y espera realizar en el futuro (sin planes racionales
preconcebidos). Según esta creencia en que la existencia precede a la
esencia, no puede hablarse de una naturaleza humana dada y fija, ni de
la existencia de Dios, no existe determinismo, el hombre es libre sin
justificaciones ni excusas de ninguna índole. El hombre avanzaría así en
una dirección que él mismo ha determinado libremente, con toda la
responsabilidad y dificultad que ello conlleva (pero el tener
consciencia de esa situación consituye, al menos, un punto de partida).
Le héros anarchiste Murray Bookchin
était un sioniste qui dissimulait le colonialisme
et les crimes de guerre israéliens
Voilà
qui devrait intéresser les apologistes d’Apo (surnom d’Abdullah Öcalan)
et du « Rojava », ce nouvel Israël en terre syrienne. Il est légitime
de comparer la création d’Israël à celle du « Rojava » : dans les deux
cas, l’idéologie gauchiste a été utilisée pour créer un état ethnique
aux mains de l’Occident. Dans les deux cas, des agents d’influence ont
présenté le nouvel état comme une formidable expérience d’autogestion.
Des gauchistes du monde entier ont afflué en Israël pour travailler dans
les kibboutz, pensant faire ainsi la révolution sociale ; des
gauchistes du monde entier ont également afflué au « Rojava », dans le
même but.
Notons
qu’en France, c’est une orga auparavant appelée Alternative Libertaire
et maintenant Union Communiste Libertaire, qui promeut cet assemblage
idéologique ; l’UCL a envoyé de l’argent mais aussi des combattants vers
la Syrie, elle a organisé une tournée de promotion des YPG dans toute
la France pour inciter les jeunes « déters » à partir en Syrie tuer des
Arabes avec des armes US, au nom de l’anarchisme.
Et l’UCL, c’est quoi ? Une orga d’à peine plus de 500
militants, créée à l’origine par George Fontenis, celui qui dans les
années 50 a traumatisé la Fédération Anarchiste en y créant un comité
secret qui prenait toutes les décisions dans le dos des adhérents… voilà
d’où vient l’anti-complotisme de l’UCL : elle a été créée par un
comploteur dénué de honte (il assuma cette trahison jusqu’à la fin de sa
vie). Mais Fontenis a-t-il fait ça par soif de pouvoir ou simplement
parce qu’il travaillait pour d’autres forces ? L’histoire ne le dit pas.
Toujours est-il que l’UCL est une orga ridiculement petite qui malgré
ses discours « anarchistes », « libertaires » ou « communistes
libertaires », bénéficie de la promotion du Monde, traque les horribles « conspirationnistes », a soutenu les guerres de l’OTAN en Libye et en Syrie,
et à l’heure actuelle réagit à l’arrivée du technofascisme de la même
manière que la CGT (dont elle est proche) : ils valident le récit
officiel de la « terrible pandémie ».
Avec des amis comme ça, le prolétariat n’a pas besoin d’ennemis !
Murray Bookchin at the Toward Tomorrow Fair, mid-1970s. par Lionel Delevingne.
Pour
les anarchistes, Murray Bookchin est une sorte de saint. Ses idées à
propos de l’écologie sociale et de ce qu’il nommait le « municipalisme
libertaire » et le « communalisme » ont influencé des générations de
gauchistes auto-proclamés, et il était souvent cité comme l’une des
forces idéologiques soutenant les mouvements anti-mondialisation ainsi
que Occupy Wall Street.
Bookchin devint particulièrement influent au sein des milieux kurdophiles
après qu’Abdullah Öcalan, le chef emprisonné [par la Turquie] du Parti
des Travailleurs du Kurdistan (PKK) a adopté sa conception du
« confédéralisme démocratique ». Conception que ses partisans tenteront
plus tard de mettre en pratique dans le nord-est de la Syrie – avec
l’aide de l’armée américaine.
Ce
que l’on omet le plus souvent de dire, cependant, c’est que - à
l’instar de nombre de ses pairs anarchistes et « communistes
libertaires » - Bookchin se montrait très tendre vis-à-vis de
l’impérialisme, voire dans certains cas carrément élogieux.
En particulier, Bookchin, sioniste, dissimulait ou pire légitimait les crimes contre l’humanité commis par Israël. De plus, il diabolisait souvent les gouvernements issus de l’accession à l’indépendance des pays du Sud, se faisant ainsi l’écho de la propagande impérialiste et des légendes chauvines ciblant les pays dont les États-Unis entendent « changer le régime » .
En 1986, Bookchin publie un long laïuslibéral-sioniste qu’un éditocrate néoconservateur du New York Times
n’aurait pas renié. La tribune (intégralement reproduite ci-dessous)
débite sans aucune distance critique l’argumentaire de la Hasbara [Mot
hébreu qui désigne la propagande israélienne.], escamote l’histoire de
l’épuration ethnique des Palestiniens indigènes et fait porter l’échec
des pourparlers paix aux États arabes voisins ainsi qu’aux
« irrédentistes arabes ».
L’article de Bookchin propage une vision raciste des Arabes, présentés comme une horde fanatique d’antisémites sanguinaires.
Ce héros de la gauche anticommuniste présente les nations arabes
indépendantes comme les véritables « impérialistes » du Proche-Orient et
compare les dirigeants anti-impérialistes de cette région aux juntes
militaires de droite soutenues par les États-Unis en Amérique latine.
Le chauvinisme de cette vision sommaire des pays du Sud explique peut-être pourquoi la solution mise en avant par Bookchin pour mettre fin aux carnages causés par la machine à massacrer
capitaliste fut de s’installer à Burlington dans le Vermont, au sein
d’une communauté presque entièrement blanche et d’y organiser des
« community councils » avec ses amis anarchistes issus de la classe
moyenne – pendant que son gouvernement bombardait et torturait des
pauvres partout sur la planète, y compris de nombreux communistes et
socialistes du Tiers-Monde qu’il dénigrait comme « autoritaires ».
Ceci explique peut-être aussi pourquoi Murray Bookchin considérait les libertariensde droite, apologètes du libre marché, comme ses alliés politiques, et pourquoi il qualifiait la gauche internationale communiste et socialiste de « totalitaire ». (« Les libertariens
qui promeuvent le concept de capitalisme ne me posent aucun problème »,
affirmait Bookchin au magazine Reason, propriété des frères Koch.
« Permettez-moi d’être très clair à ce propos : si le socialisme, ce que
j’appelle la version autoritaire du collectivisme, advenait, je
rejoindrais votre communauté [libertariens de droite]. » Et d’ajouter : « Que ce soient les anarcho-communistes, les anarcho-syndicalistes ou les libertariens
qui croient en la liberté d’entreprendre, je considère leur héritage
comme le véritable héritage de la gauche, et je me sens beaucoup plus
proche idéologiquement de ces individus-là que des gens dela gauche totalitaire ou des marxistes-léninistes d’aujourd’hui. »)
Les anarchistes soutenus par l’impérialisme étasunien
Le
soutien public explicite que Murray Bookchin apporte au colonialisme
israélien ainsi que ses véhémentes réprobations à l’encontre des
anti-sionistes de gauche sont occultés par une gauche occidentale
« libertaire » avide de présenter les alliés de l’impérialisme
états-unien comme lesvéritables forces progressistes.
Grâce
à la guerre internationale par proxies interposés qui débuta en Syrie
en 2011, la renommée de Bookchin atteignit de nouveaux sommets. Les
Unités de Protection du Peuple (YPG), des milices kurdes liées au Parti
des Travailleurs du Kurdistan (PKK) et dont le programme politique s’est largement inspiré de la pensée de Bookchin, ont bénéficié du soutien de l’empire américain.
En
2015, à la demande directe du Pentagone, les YPG changèrent leur nom en
« Forces Démocratiques Syriennes » (FDS). Elles donnèrent par la suite
leur aval pour la construction de plus d’une douzaine de bases
militaires américaines dans le nord-est de la Syrie.
En
2017, le porte-parole des YPG persiste et signe : les troupes
américaines resteront dans la région « pour des décennies » car le
maintien de cette occupation militaire est d’intérêt stratégique pour
Washington.
Il
s’agit bel et bien d’un intérêt stratégique pour les États-Unis car la
plupart des réserves pétrolières syriennes sont situées dans cette
région qui joue aussi le rôle de grenier à blé national.
Des
nationalistes kurdes soutenus par les États-Unis, fiers zélotes de
l’idéologie anarchiste de Bookchin, ont même cédé aux exigences de
Washington en séquestrant la production céréalière régionale et en
refusant de vendre du blé à Damas, instrumentalisant ainsi la privation de nourriture comme arme politique et économique.
Dans cette région sous occupation étasunienne
qui constitue environ 30 % du territoire syrien souverain, une zone
composite aux plans ethnique et religieux, où vivent non seulement des
Kurdes mais aussi des Assyriens, des Arméniens, des Turkmènes, des
Arabes, etc...
Dans
cette région, donc, des nationalistes kurdes soutenus par les
États-Unis ont créé une région autonome qu’ils appellent Rojava.
Le
Rojava fit l’objet d’une propagande agressive de la part de l’appareil
idéologique des médias visant à le présenter comme une expérience
sociale utopiste égalitaire. Pour percevoir l’ironie de la chose,
rappelons que ce même appareil médiatique publie depuis des décennies la
propagande servant à justifier les guerres d’agression menées contre
toute trace de socialisme défiant l’impérialisme capitaliste dirigé par
les États-Unis.
De larges fractions de la gauche occidentale continuent de vénérer comme un fétiche les groupes kurdes présents en Syrie, idéalisés dans le style ripolinédes orientalistes,
si bien que les journalistes de la grande presse, d’habitude
viscéralement hostiles à la gauche socialiste, rivalisent d’emphase,
compte rendu après compte rendu, pour conter la geste incroyable,
courageuse, éclairée, démocratique et féministe des YPG et de leur
branche féminine (les YPJ). Ces éloges sont arrivés, comme par hasard,
au moment précis où ces forces se sont alliées aux États-Unis et ont
autorisé l’occupation militaire états-unienne de près d’un tiers de la
Syrie. (D’ailleurs, dans l’armée syrienne aussi, il y a des femmes, et
dans les milices qui lui sont alliées. Mais ces femmes-ci sont déshumanisées et qualifiées avec mépris de « combattantes de Bashar al-Assad », comme si elles lui appartenaient.)
L’écrivain David Mizner a remarqué que l’organe de propagandeVoice of America, qui depuis longtemps se fait le porte-voix des mensonges et de la guerre de désinformationorchestrée par la CIA contre la gauche internationale, avait « félicité Bookchin » [https://twitter.com/DavidMizner/status/898224991010922496] pour avoir servi d’inspiration aux alliés kurdes de Washington en Syrie.
Le penchant que le prétendu « socialisme libertaire » a pour l’impérialisme – et celui que les impérialistes ont réciproquement
pour les « communistes libertaires » - explique peut-être pourquoi les
figures dominantes de l’anarchisme contemporain, y compris Noam Chomsky
et David Graeber, ont signé en 2018 une lettre ouverte dans la New York Review of Books pour appeler l’empire américain à « poursuivre son soutien militaire aux FDS ».
David
Harvey, l’universitaire marxiste reconnu, Michael Walzer, un
social-démocrate sioniste qui avait soutenu la guerre d’Irak en 2003,
Gloria Steinem, sommité féministe de gauche et ancien agent de la CIA,
de même que Debbie Bookchin, la fille de Murray qui a dédié sa vie au
Rojava, tous ont signé l’appel militariste avec Chomsky et Graeber.
La tribune sioniste de Murray Bookchin et la déshumanisation des Arabes
A
ce stade, il ne surprendra personne d’apprendre que ce « communiste
libertaire » états-unien et ouvertement anti-communiste, dont les écrits
ont façonné l’idéologie d’une milice ouvertement alliée à
l’impérialisme états-unien, avait effectivement soutenu le sionisme et
les projets impérialistes au Proche-Orient.
Le
4 mai 1986, Murray Bookchin publia un article intitulé « Les attaques
contre Israël ignorent la longue histoire du conflit arabe » dans le Burlington Free Press, un quotidiendu Vermont.
Une traduction de cette article est proposée ci-dessous.
À la lecture, le laïus de cette grande figure de l’anarchisme prétendument radical ne se distingue guère de la rhétorique néo-conservatrice des éditocrates de la « grande presse » bourgeoise.
Bookchin
dépeint Israël comme un phare de la démocratie au milieu d’un désert
obscurantiste. Ainsi la Syrie, la Libye, l’Iran, l’Irak, l’Égypte et les
autres… ne sont que des bastions de l’indécrottable despotisme
oriental.
Il condamne « le sentiment anti-israélienqui émerge dans la presse locale ainsi que l’équation entre sionisme et racisme anti-arabe. Il présente également les Arabes comme des sauvages violents.
Bookchin
supplie le lecteur de ne jamais « oublier les hommes et les femmes
juifs massacrés par les partisans du nationalisme arabe » et rend les
« irrédentistes arabes » responsables de l’échec du processus de paix
(que ni Israël ni son loyal protecteur l’empire étasunien ne
souhaitaient sincèrement voir aboutir).
Il
condamne également « l’invasion du pays par les armées arabes » sans
même mentionner la Nakba : l’épuration ethnique meurtrière perpétrée
entre 1947 et 1948 par les milices sionistes à l’encontre de la
population indigène de Palestine, à l’origine de la crise des réfugiés
qui précipita la guerre israélo-arabe de 1948-1949.
En
fait, l’icône « communiste libertaire » va jusqu’à qualifier l’Égypte,
la Syrie et la Jordanie d’ « impérialistes » lorsqu’il affirme que sans
leur guerre contre Israël, il y aurait aujourd’hui un état palestinien
indépendant.
La
tribune de Bookchin renverse la réalité en présentant les colonialistes
israéliens comme de malheureuses victimes de la brutalité
« impérialiste » d’Arabes autoritaires.
Il
assimile le dirigeant nationaliste palestinien Yasser Arafat au Grand
Mufti de Jérusalem qui avait collaboré avec les nazis et compare les
anciens dirigeants libyen Mouammar Kadhafi et syrien Hafez al-Assad aux
dictateurs fascisants d’Amérique latine alliés à Washington.
Bookchin
régurgite la propagande impérialiste mensongère lorsqu’il prétend
qu’Assad « a massacré entre 6.000 et 10.000 personnes à Kama en février
1982 car elles menaçaient son pouvoir sur le pays ».
Ce
qu’il ne dit pas, bien sûr, c’est que la prétendue révolte de Hama
(qu’il orthographie mal) n’avait rien à voir avec la démocratie ou la
liberté. Elle était dirigée pardes extrémistes islamistes, violents et sectaires, et directement soutenue par une bienveillante démocratie située au nord, la Turquie, avec l’appui des servicesde renseignement étasunien et britannique – de même que la prétendue révolte syrienne de 2011 – avec un air de déjà-vu impérialiste…
Bookchin
n’est pas de ceux qui s’embarrassent des faits têtus qui pourraient
démentir son apologie du sionisme. Au contraire, Bookchin condamne ce
qu’il nomme « l’impérialisme syrien », et parle d’Hafez al Assad, laïc revendiqué, comme d’un alaouite sectaire semblable au théocrate fasciste israélien Meir Kahane.
Dans
l’article, Bookchin écrit même qu’il souhaitait que le projet colonial
israélien soit un modèle de sa vision décentralisée de la société :
« Pendant des années, j’avais espéré qu’Israël ou la Palestine puissent
évoluer en une confédération de Juifs et d’Arabes sur le modèle
suisse ».
Mais
l’icône anarchiste ne parvient pas à cacher son profond mépris à
l’égard des Arabes. Il se fait ainsi l’écho de clichés racistes
lorsqu’il déplore que les Arabes se servent de la cause palestinienne
pour masquer leurs propres « problèmes culturels ».
Voici l’article de Bookchin :
Les attaques contre Israël ignorent
l’histoire longue du conflit arabe
Murray Bookchin
Il
y aurait certainement beaucoup à dire sur la politique israélienne, et
encore plus avec le Likoud au gouvernement, parti qui a orchestré
l’invasion du Liban. Mais le torrent de haine contre Israël qu’on a pu
observer dans la presse locale et l’équation entre sionisme et racisme
anti-arabe m’obligent à y répondre avec vigueur.
Pendant
des années j’ai nourri l’espoir qu’Israël ou la Palestine puissent
évoluer en une confédération de Juifs et d’Arabes, sur le modèle suisse,
au sein de laquelle les deux peuples pourraient vivre en paix et
développer leur culture créativement et harmonieusement.
Tragiquement,
ça ne s’est pas passé comme ça. La résolution des Nations Unies de
1947, qui partagea la Palestine entre des états juif et arabe, fut
suivie de l’invasion du pays pat les armées arabes, plus précisément les
armées égyptienne, syrienne, et la très bien entrainée « Légion Arabe »
de Jordanie, avec l’aide directe ou indirecte de l’Iraq et d’autres
nations arabes.
Dans
certains cas ces armées, et en particulier les milices arabes qui les
accompagnaient, ne faisaient pas de prisonniers au cours de leurs
assauts contre les communautés juives. En général, ils essayaient de
raser systématiquement tout village juif se trouvant sur leur chemin,
jusqu’à ce qu’ils soient arrêtés par la résistance acharnée et coûteuse
des Juifs.
L’invasion
et le combat à mort qu’elle a entrainé ont créé un sentiment de peur et
d’amertume difficile à oublier pour les Juifs israéliens. Le fait que
quelques Juifs cinglés et fanatiques se soient comportés de la même
manière avant d’être arrêtés par les toutes nouvelles forces armées
israéliennes ne doit pas nous faire oublier les Juifs et les Juives
massacrés par les représentants du nationalisme arabe, alors qu’ils
avaient levé le drapeau blanc de la capitulation.
Je
n’ai pas beaucoup entendu parler de ces terrifiantes façons de
« combattre », qui ont entaché les invasions arabes de la Palestine et
qui ont si profondément influencé la confiance des Juifs envers les
« pourparlers » et les accords de paix avec les irrédentistes arabes. En
effet, les frontières établies après les invasions de 1948 sont le
fruit de combats sanglants, elles ne sont pas le fait des « sionistes
impérialistes » « voleurs de terre », pour utiliser le langage en vogue
aujourd’hui.
Je
n’entends pas non plus parler des tentatives sincères de la Haganah (la
milice citoyenne juive de la zone de partition) pour encourager les
Arabes à rester dans leurs quartiers et leurs villes, ni des véhicules
israéliens qui circulaient avec des hauts parleurs à Jaffa par exemple,
pour exhorter les Arabes à ne pas succomber au sentiment de panique
engendré par la guerre et par les extrémistes des deux côtés.
Le
fait que de nombreux Arabes soient restés en Israël remet clairement en
cause le mythe des Juifs israéliens vidant le pays de ses habitants
musulmans. Ce qui est passé sous silence, c’est la certitude qu’il
aurait pu y avoir un état arabe en Palestine, côte à côte avec l’état
juif, si les armées égyptienne au sud, syrienne au nord, et jordanienne à
l’est n’avaient pas tenté d’envahir les deux zones délimitées par
l’ONU, avec leurs propres intérêts impérialistes, et si après leur échec
elles n’avaient pas utilisé les réfugiés palestiniens pour négocier
avec Israël et ses soutiens occidentaux.
Un
autre mythe doit être abattu : celui selon lequel la situation délétère
actuelle découlerait des conflits israélo-arabes ; la relation entre
Juifs et Arabes aurait été « parfaite » avant d’être empoisonnée par les
« ambitions sionistes ». Si on met de côté l’image simpliste du
Moyen-Orient véhiculée par cette idée, il s’agit d’une très grave
distorsion des faits au sujet des relations israélo-arabes.
Doit-on
oublier que la persécution arabe des Juifs, bien que moins génocidaire
que son pendant européen, est vieille de plusieurs siècles, à
l’exception de l’Espagne musulmane et de la Turquie ottomane ? Que les
pogroms contre les Juifs n’ont jamais cessé dans la Palestine
d’avant-guerre, culminant dans l’extermination de la très vieille
communauté juive d’Hébron (l’ancien siège de la confédération des tribus
hébraïques) à la fin des années 20 ? Que dans les années 30, le Grand
Mufti de Jérusalem (précurseur de Yasser Arafat deux générations plus
tôt) était un admirateur d’Hitler et appelait à une « guerre sainte »
d’extermination des Juifs de Palestine, avant et pendant la seconde
guerre mondiale ? Que la Légion Arabe jordanienne a rasé Jérusalem Est
en 1948, et a transformé le mur occidental du Temple d’Hérode en écurie,
profanant l’endroit le plus sacré du judaïsme ?
Doit-on
oublier que le général Hafez Assad, le soi-disant « président » syrien
(élu par une « majorité » de 99 ,97 % de l’ « électorat » syrien) a
massacré entre 6000 et 10000 personnes à Kama en février 1982, pour
avoir osé défier son pouvoir ?
On
se demande pourquoi il n’y a pas eu de protestations quand Amnesty
International déclara en 1983 que « les forces de sécurité syriennes
violaient systématiquement les droits humains, pratiquaient la torture
et l’assassinat politique en toute impunité grâce aux lois d’exception ?
Pourquoi personne ne s’inquiète de l’impérialisme syrien ? Assad
nourrit le fantasme d’absorber le Liban et la Palestine, Israël inclus,
s’il vous plaît, au sein d’un empire syrien ; un objectif que tout
expert du Moyen-Orient reconnaît comme la version arabe du projet fou de
« Grand Israël » de Rabi Kahane, qui est vigoureusement rejeté par les
organisations juives et sionistes responsables, en Israël comme
ailleurs.
Au
Moyen-Orient, si le « coeur du problème » est la confiscation des
territoires palestinien par Israël, à quoi ressemblerait la région
entière si Israël et toute la population juive disparaissait d’un coup
de baguette magique ? La Syrie serait-elle un état moins policier ? Sa
majorité sunnite se sentirait-elle moins dominée, exploitée, manipulée
par le général Assad, qui représente la minorité alaouite du pays ?
Les
princes saoudiens arrêteraient-ils de gaspiller la richesse de leur
pays en limousines, en palais, en bijoux, en biens immobiliers à
l’étranger, apporteraient-ils un minimum de liberté à leur peuple ? Les
propriétaires égyptiens, qui vivent dans l’opulence au milieu d’une
misère noire, rendraient-ils une partie de leurs terres à la paysannerie
égyptienne affamée ? L’Iraq libérerait-il sa population kurde, pour ne
parler que de sa minorité la plus rebelle, lui accorderait-il une
véritable autonomie ?
La
guerre Iran-Iraq, qui a emporté un million de vies au cours des
dernières années, prendrait-elle fin ? Le colonel Kadhafi cesserait-il
d’être un militariste vaniteux qui essaye de grapiller le territoire de
ses voisins ? Khomenei et son fondamentalisme musulman, qui se dresse
contre toute forme de modernité et de culture occidentale, donnerait-il
l’égalité aux femmes et la liberté aux critiques du régime théocratique
actuel ?
Le
plus perturbant avec ces attaques continues contre Israël, c’est
qu’elles contribuent à brouiller le vrai « coeur du problème » du peuple
palestinien. Ce peuple abandonné est utilisé de manière déraisonnable
par les états arabes pour escamoter leurs graves problèmes économiques,
sociaux et culturels chez eux et au Moyen-Orient en général. Il va sans
dire que les différents entre Israéliens et Palestiniens doivent être
résolus de manière équitable afin que chaque peuple puisse vivre en
sécurité et en oubliant les traumatismes du passé pour atteindre une
harmonie constructive.
Je
ne sais pas quelle sera la solution. Mais on ne la trouvera ni dans les
actes de terrorisme de l’OLP contre des maires arabes indépendants qui
cherchent à négocier des arrangements entre les deux peuple, ni chez des
fous comme Rabi Kahane qui veulent expulser les Palestiniens de leurs
propriétés et de leurs communautés.
Même
si un accord de paix est crucial, il ne faut pas oublier le véritable
« coeur du problème » du Moyen-Orient : ses politiciens cyniques, ses
propriétaires, ses barons du pétrole, ses juntes militaires, ses
religieux fanatiques, ses prédateurs impérialistes qui profitent de la
confusion, et les problèmes tragiques qui sont apparus entre Israéliens
et Palestiniens.
Ceci
étant posé, on serait bien avisé de se souvenir que les deux peuples
ont plus d’intérêts en commun que de différences. Ce serait un splendide
exemple d’indépendance politique si ceux qui ont légitimement conspué
les juntes militaires d’Amérique Latine se rendaient compte que la
situation est exactement la même au Moyen-Orient, du colonel Kadhafi au
général Assad.
"Rojava toi d'là que j'm'y mette ! " proclament
aujourd'hui haut et fort les libertaires, les post-trotskystes citoyens,
et la gauche morale (et "radicale") française, à l'unissons des
émirats, des sionistes israéliens les plus cyniques, du Pentagone,...