En 1961 cinco refugiados españoles fundaron Ruedo Ibérico, un
proyecto editorial profundamente político, intelectual y libertario
ubicado en la ciudad de París. Lejos de las sofocantes políticas de
censura que se aplicaban en la España franquista, la empresa editorial
se convirtió en una plataforma para el pensamiento y la resistencia
antifranquista. Valorando el poder y el potencial transformador de la
palabra escrita, la revista Ruedo Ibérico se convirtió en una arena
importante para el desarrollo de la oposición política al régimen. Sus
libros también desempeñaron un papel fundamental en el establecimiento
de narrativas históricas alternativas sobre la Guerra Civil española, el
régimen de Franco y las realidades cambiantes de Europa en el contexto
turbulento de la década de 1960.
A pesar de llevar a cabo su labor editorial desde fuera de España, Ruedo Ibérico
sufrió la presión de la censura y de la investigación policial, como
demuestra el informe sobre sus miembros y su actividad realizado por la
Dirección General de Seguridad el 24 de octubre de 1974.
La poesía social es un
género literario de la posguerra española dirigido al gran público que
destacó por su carácter comprometido. Los temas más habituales eran la
Guerra Civil, la represión, la lucha política, la idea de España y la
internacionalización de la poesía.
Libros de poesía con ilustraciones de Estampa Popular
Ángel González, Grado elemental, París: Ruedo Ibérico, 1962. Ilustración
de cubierta, José Ortega.
orano, s/p. Fondos
del Centro de Documentación del Museo Nacional Centro de Arte Reina
Sofía (RESERVA 4751)Poesía de España
Poesía de España
En 1960 comenzó a publicarse la revista Poesía de España,
fundada por Ángel Crespo y Gabino-Alejandro Carriedo. Su objetivo era
dar salida a las inquietudes culturales y políticas de sus fundadores,
difundiendo con ello la poesía social de calidad. La revista tenía
ilustraciones que, en cada número, eran encargadas a un artista
distinto; entre otros, fueron ilustradores de la publicación algunos de
los fundadores de Estampa Popular como Zarco, Pascual Palacios Tardez,
Ricardo Zamorano, Antonio Valdivieso y Francisco Todó.
VV. AA., Versos para Antonio Machado,
París: Ruedo Ibérico, 1962. Ilustración, Ricardo Zamorano, s/p.
Obras relacionadas
Estampa Popular de Madrid, Juan Montero, Miguel Hernández. Estampa Popular de Madrid, 1969
José Ortega, Estampa Popular de Madrid, S/T, 1969
José Luis Delgado, Estampa Popular de Madrid, S/T (Muerto niño - Poema de Miguel Hernández), 1969
Manuel Ortiz Valiente, Estampa Popular de Madrid, S/T, 1969
Estampa Popular de Valencia, Homenatge a Antonio Machado (Homenaje a Antonio Machado). Sevilla 1875 - Coillure 1939...., 1965
En 1959 el gobierno acaba
con el sistema autárquico e inicia el Plan de Estabilización Económica,
que contará con la aprobación del FMI y la OECE. El objetivo fundamental
era sanear la economía española y reducir la alta tasa de inflación,
para lo que se implantaron una serie de medidas económicas que tendrán
continuación en los Planes de Desarrollo que dieron lugar al fenómeno
del «desarrollismo».
La promoción del régimen
Rambla de las flores, Barcelona. Serie Spain is Different.
Dirección General de Turismo, 1958. Fuente: Colección del Centro de
Documentación Turística de España, Instituto de Turismo de España www.tourspain.es
Solo
unos años más tarde, en 1964, se cumplen los 25 años de paz desde el
final de la Guerra Civil y España se encuentra a las puertas de una
nueva etapa en la que el turismo extranjero tendrá una enorme
importancia gracias al programa propagandístico que creó Manuel Fraga
como Ministro de Información y Turismo, quien recuperó y explotó el
eslogan Spain is Different.
Los carteles bajo ese eslogan
marcarían una nueva tendencia, tanto en el aspecto formal como en el
iconográfico, sobre todo comparados con los de las etapas anteriores. En
cuanto al diseño, debido en su mayor parte al trabajo de José García
Ochoa, se puso un especial interés en la imagen fotográfica. El papel de
la fotografía era crucial para contribuir a demostrar la riqueza y
variedad multiforme de nuestro país, que certificaba la abundancia de
motivos turísticos, reivindicando “lo diferente” como una característica
esencial que podía ser explotado con fines turísticos.
Desde el exilio
España hoy, París:
Ruedo Ibérico, 1963. Ilustración de cubierta, Antonio Saura. Fondos del
Centro de Documentación del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía
(RESERVA 4746)
Mientras el régimen franquista
celebra los 25 años de paz, la editorial Ruedo Ibérico desde su exilio
de París se consolida como la disidencia, proponiendo una visión crítica
y opuesta a la interpretación oficial.
Obras relacionadas
Frente a la imagen promocional de modernidad y prosperidad
que difundía el régimen, las obras de Estampa Popular actuaban como
contrapropaganda, mostrando la realidad social en la que vivía la
población local, de la que no eran conscientes la mayor parte de los
turistas que nos visitaban. También en esa línea de la figuración
crítica trabajan artistas como Joan Rabascall y Xavier Miserachs, que
con sus series Spain is Different y Costa Brava Show respectivamente, recurrían a la ironía para reflejar esa España de aperturismo y desarrollo de las campañas oficiales.
Alexandre Grimal Navarro, Estampa Popular Catalana, Visite España, 1965
Alexandre Grimal Navarro, Estampa Popular Catalana, La pau (La paz),1965
Joan Rabascall, Every Day a Fiesta (Cada día una fiesta), 1975
Joan Rabascall, Costa Brava from £49 (Costa Brava desde £49), 1975
Xavier Miserachs, S/T, 1965 (ca.) / Copia de época
Xavier Miserachs, S/T, 1965 (ca.) / Copia de época
El 12 de marzo de 1986, fallece inhalando gas “para unos fue un accidente y para otros un suicidio” en su domicilio de la Ciudad Lineal de Madrid. José Martínez Guerricabeitia, usó el seudónimo: Felipe Orero. Editor y escritor anarquista. Nacido el 18 de junio de 1921 en El Villar, Serranos, Valencia, su familia se instaló en Requena. Su padre, José Martínez García, anarcosindicalista desde su juventud, a pesar de ser propietario de una cantera, su madre, de origen vasco, se llamaba Josefa Guerricabeitia Orero. Ligado a la Federación Regional de Campesinos de Valencia de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), editó en el Instituto de Requena el Periódico Mural de las Juventudes Libertarias y con 16 años huyó de su casa y se fue voluntario al frente bélico, primero encuadrado en las “Milicias contra el Analfabetismo de Aragón” y después en las “Milicias de la Cultura” de la 26 División excolumna Durruti. En mayo de 1939 es capturado por las tropas franquistas, después de cinco meses en el campo de concentración de Molino de Batán de Requena, fue encerrado dos años y medio en el correccional de la Colonia de San Vicente de Burjassot debido a su minoría de edad. Entre mayo de 1942 y octubre de 1945 fue obligado a cumplir el servicio militar. Después empezó a trabajar como auxiliar administrativo en la Colonia de San Vicente y luego en una fábrica de zapatos. Entre 1945 y 1947 intervino en la reorganización clandestina de las Juventudes Libertarias (JJ.LL.) valencianas y de la Federación Universitaria Española (FUE). En 1946 formó parte del la anticomunista “Comité de Enlace CNT-UGT” y defendió el acuerdo firmado el 17 de octubre de ese año por la CNT con los monárquicos José María Gil Robles y Pedro Sainz Rodríguez para colaborar contra la dictadura franquista. Entre abril y diciembre de 1947 permaneció encarcelado por sus actividades anarquistas en la cárcel Modelo. Pendiente de juicio y de ser condenado a cinco años, huyó a Francia en agosto de 1948, donde hizo de delegado de las JJ.LL. Y de la FUE. En París fue secretario de Interayuda Universitaria Española (IUE), apéndice de la “Entraide Universitaire Francaise - Ayuda Mutua Universitaria Francesa”, y formó un núcleo estudiantil de exiliados partidario mayoritariamente de las ideas libertarias: Francisco Benet, Nicolás Sánchez Albornoz, Luis Lamana, etc.). En esta época creó, con Francisco Benet, la revista Península. Entre 1952 y 1958 estudió derecho y sociología, ganándose la vida en diversos oficios. En estos años estudió con el hispanista Pierre Vilar, aficionándose a la historia y convirtiéndose en un experto en obras marxistas, al tiempo que empezó a trabajar en la editorial científica Hermann, de la que fue jefe de ediciones. En estos años ejerció como secretario de la FUE, el último en Francia. Su experiencia en tareas editoriales le animó a crear, con el apoyo de otros cuatro refugiados, en París 1961 su propia editorial, Ruedo Ibérico, que dirigió con la intención de contrarrestar la propaganda del régimen de Franco. Esta importantísima casa editora publicó unos 120 libros de primera magnitud, sobre la guerra civil: Robert Garland Colodny, Ian Gibson, Hugh Thomas, Gabriel Jackson, Gerald Brenan, Herbert Southworth, Mikhail Koltsov, Franz Borkenau; y sobre infinidad de temas candentes entonces: Opus, eurocomunismo, latifundios, Falange, franquismo, nacionalismo vasco, sindicalismo, sociología, conflictos sociales, etc. De autores de todas las tendencias: Guy Hermet, Stanley H. Payne, Juan Martínez Alier, Jean Bécarud, etc. Publicó numerosos textos de carácter libertario, sobre historia del anarquismo español: José Peirats, César M. Lorenzo, Josep Borràs, Octavio Alberola y Ariane Gransac, etc., memorias: Cipriano Mera, Joan García Oliver, etc. Análisis sobre la CNT y el neoanarquismo. Además de eso, publicó a partir de junio de 1965 la revista Cuadernos de Ruedo Ibérico, donde colaboraron autores de todas las tendencias del antifranquismo: Juan Goytisolo, Joaquín Leguina, Jorge Semprún, Pasqual Maragall, Fernando Claudín, Juan Martínez Alier, Salvador Giner, etc. Que tuvo una importante difusión clandestina en la Península, publicando 66 números y cinco suplementos hasta abril de 1979. También creó en 1969 la Librería Ruedo Ibérico en el Barrio Latino,rue de Letrán, 6, donde distribuía en exclusiva para Europa varias editoriales latinoamericanas: Grijalbo, Era, Siglo XXI, Cajicá, Cuadernos Americanos, Joaquín Mortiz, Palestra, Siglo Ilustrado, Moncloa, Distribuidora y Editora Argentina, Universidad Central de Venezuela, Instituto del Libro de Cuba, etc. En octubre de 1974 sufrió un atentado fascista con bomba. A comienzos de 1977 trasladó el “Editions Ruedo Ibérico” a Barcelona, bajo el nombre de “Ibérica de Ediciones y Publicaciones SA” (IEPSA) y la presentación oficial fue el 20 de abril del año siguiente. En 1977 colaboró en diversas publicaciones libertarias, como Solidaridad Obrera y El Topo Avizor. En 1983, cuando IEPSA cerró, se instaló en Madrid, donde trabajó en el departamento de ediciones del Instituto de España; amargado por la situación política surgida de la transición democrática, por los años del felipismo y por su talante fuerte y engorroso, lo llevaron a la depresión. En 1982 el International Institute of Social History (IISH) de Ámsterdam adquirió su archivo personal y el de las dos editoriales “París y Barcelona”, que se encuentran depositados en esta institución desde 1986. En 2000 Albert Forment publicó la biografía José Martínez y la epopeya de Ruedo Ibérico.
No se puede negar que el proyecto editorial de Ruedo Ibérico
tuvo una importancia crucial en el apoyo y desarrollo del
antifranquismo en los últimos lustros de la dictadura. Desde su
fundación en 1961 en Paris, José Martínez Guerricabeitia y los otros
socios fundadores: Elena Romo, Nicolás Sánchez Albornoz, Ramón Viladás y
Vicente Girbau crearon un magnífico dispositivo de lucha contra el
franquismo. Sus libros prohibidos por la censura y su revista Cuadernos de Ruedo Ibérico
alimentaron la resistencia en el interior y las esperanzas del exilio
en México, si bien con muchas interferencias y dificultades. Sin
embargo, sobre ese ambicioso proyecto se ciernen en la actualidad
algunas sombras. Ruedo Ibérico, como muchas otras editoriales y
revistas que funcionaban en los años sesenta, no fue ajena a la acción
del Congreso para la Libertad de la Cultura, el principal organismo
pantalla a través del que la CIA creó una red de influencia cultural en
Europa y en la mayor parte del mundo en esos años de la Guerra Fría.
José Martínez Guerricabeitia (1921-1986)
Los actores, Pepe Martínez y Julián Gorkin
La correspondencia entre José Martínez Guerricabeitia, director de Ruedo Ibérico,
y Julián Gorkin, que se conserva en el Instituto Social de Amsterdam,
pone en evidencia la existencia de una corriente activa de simpatía e
influencia mutua a lo largo de más de una década, entre 1964 y 1977. Los
dos compartían afinidades ideológicas de origen que los unían en el
anticomunismo que siempre cultivaron. Pepe Martínez había sido
anarquista, aguilucho de la FAI, en su juventud en Valencia durante la
guerra civil y ese pedigrí siempre le acompañó. Sus recuerdos de la
contienda eran “metafóricamente triunfales”, según su biógrafo Albert Forment. En los años sesenta le confesaba a una amiga italiana, Magali Sarfati: “Tener
quince años y estar en Valencia con granadas en el cinto y saber que
uno es el dueño de la ciudad son cosas de las que uno no se cura”.[1]
Con el tiempo se convirtió en “un personaje molesto, histórica y
personalmente hablando” —en palabras de su amigo Gérard Imbert Martí—
“la mala conciencia encarnada, la mala leche personificada y, al mismo
tiempo, una persona intelectualmente fascinante; muy ecléctica, en el
mejor sentido de la palabra, por vocación, curiosidad, siempre atento a
lo último aquí, ahí y de donde viniera, curioso como el buen humanista
que era en el fondo, enciclopédico en su saber”.[2]
Él y Julián Gorkin eran refugiados políticos de procedencia valenciana
que vivían en París desde 1948. El segundo había sido dirigente del POUM
durante la guerra y había estado antes exiliado en México. Mientras que
Pepe Martínez, que era muy joven en 1939, no fue encarcelado al
terminar la contienda —al contrario que su hermano y su padre, también
anarquistas— pero sí estuvo interno en un centro reformatorio en
Burjassot (Valencia) por sus antecedentes políticos.[3]
En realidad, Julián Gorkin era un
pseudónimo de Julián Gómez García, un español que estaba al frente desde
1960 del Centro de Documentación y de Estudios en París, un organismo
controlado por la CIA y dirigido por este histórico dirigente del POUM y
del PCE, que había pasado ocho años exiliado en México. Gorkin era un
activo antifranquista y al mismo tiempo un furibundo anticomunista a las
órdenes de Washington, si bien nunca fue un agente en nómina de la CIA,
en opinión de Andrés Ortí Buig, autor de una interesante tesis doctoral
sobre el personaje. “El anticomunismo de Gorkín primaba por encima de su antifranquismo y el propio régimen supo aprovecharse de ello”.[4]
Durante su estancia en México, Gorkin
estableció contacto con el Consulado de EEUU en fechas muy tempranas y
desde 1940 hasta su salida del país azteca en 1948 estuvo colaborando en
la denuncia de comunistas españoles (algunos de ellos, como el escritor
Max Aub, no lo eran, pero fueron objeto de sus acusaciones; otros sí
que lo eran, como Joan Comorera, del PSUC). A cambio, reiteradamente,
solicitó un visado para viajar a EEUU que le fue denegado por sus
antecedentes comunistas. En cualquier caso, no fue el único que colaboró
con la Inteligencia americana en busca de un pasaje. Fueron muchos y
entre ellos el pintor Diego Rivera, militante del PCM, que sí consiguió
su objetivo de viajar a EEUU.[5] Gorkin no lo logró, pero se ganó la fama de trabajar para los intereses del imperialismo estadounidense y de ser trotskista.[6] En París, algunos años después, se convirtió en “el organizador de la obra propagandística de la CIA para el mundo hispánico a través de la revista Cuadernos del Congreso por la Libertad de la Cultura», según Paul Preston.[7]
Gorkin también era en ese momento un referente entre los exiliados
españoles que vivían en París. Una especie de “conseguidor”, conocido
por sus medios y contactos, al que recurrían muchos para pedirle trabajo
y favores.[8]
Entre Julián Gorkin y José Martínez
Guerricabeitia había una sinergia de intereses. Ambos valoraban el hecho
de que la editorial Ruedo Ibérico pudiera funcionar como un
buen ariete en la lucha antifranquista. Pepe Martínez aspiraba a
controlar un mercado potencial de libros en España, al que tenía que
acceder sorteando las trabas impuestas por la censura. Buscaba un perfil
de lector crítico, ávido de conocimiento y sensible a la evolución
política del país. Ese público lector se complementaba con el nicho de
mercado que representaba el lector francés interesado por temáticas
relacionadas con España.[9] Se lo explicaba muy claro a su amigo Francisco Carrasquer en una carta: “el
objetivo es publicar para el público hispánico libros españoles o
extranjeros que nuestros editores no publican, y para el público
extranjero, libros sobre España que sus editores no publican”.[10] También a su amigo Gorkin le informaba en los mismos términos: “la
finalidad perseguida por nuestra empresa es publicar en lengua
española libros que la censura franquista prohíbe en España y hacerlos
llegar a nuestros compatriotas”.[11] Gorkin veía en Ruedo Ibérico
la oportunidad de publicar determinados libros y de difundir a través
de ellos su mensaje anticomunista y filoestadounidense entre la
resistencia antifranquista del interior de España y sobre todo entre la
juventud universitaria, que empezaba a protagonizar sonoras protestas.
Las redes del Congreso por la Libertad de la Cultura (CLC) alcanzan a Ruedo Ibérico
Al igual que Max Aub, que no puede ser
considerado sospechoso de simpatías anticomunistas, muchos intelectuales
pensaron que los libros y la revista Cuadernos de Ruedo Ibérico cumplían “una función de lucha activa contra el régimen de Franco”
y, ciertamente así era, pero cuando se analiza con detalle la
correspondencia de José Martínez Guerricabeitia con Julian Gorkin en
esos años, se aprecia que no existía una línea cien por cien
independiente en la editorial y el historiador Manuel Tuñón de Lara no
iba tan desencaminado cuando aconsejaba a su amigo Max Aub que no
escribiera en los Cuadernos:
[…] Comprendo que estás en relaciones de autor-editor con [José]
Martínez, pero si quieres un consejo de amigo que te quiere, es que
evites publicar en esos «Cuadernos», por lo menos por ahora. Tú no
tienes necesidad de ello y ellos la tienen de ti.[12]
Las redes de la actividad del Congreso
por la Libertad de la Cultura (CLC), organismo pantalla de la CIA,
tenemos indicios de que alcanzaban de forma subrepticia a la editorial Ruedo Ibérico,
al igual que a otros cientos de revistas culturales y políticas en todo
el mundo. Esa tela de araña se extendía desde Washington y configuraba
un gigantesco mapa en la guerra fría cultural.[13]
En los años sesenta el apoyo económico proveniente del CLC —que se
nutría de fondos de los sindicatos y fundaciones privadas de EEUU—
oxigenó muchas actividades del antifranquismo: congresos (incluido el
Contubernio de Múnich de 1962), publicaciones y todo tipo de actos. El
investigador que más ha profundizado en la conexión entre Gorkin, el CLC
y el Congreso de Múnich es Jordi Amat en su tesis doctoral que después
plasmó en su libro La primavera de Múnich.[14]
Se ha conocido, asimismo, que después de que el equipo de la editorial Ruedo Ibérico
se decantara por los expulsados del PCE, Fernando Claudín y Jorge
Semprún, el CLC le ayudó a asegurar una mayor difusión de sus libros a
través del Comité d’Écriteurs et Écrivains.[15]
Las guerras intestinas dentro del PCE a principios de los sesenta
tuvieron un eco muy importante en las batallas internas que libraron los
socios de Ruedo Ibérico, especialmente en los enfrentamientos
entre Vicente Girbau y Pepe Martínez, y condujeron finalmente al segundo
a la gerencia de Ruedo Ibérico. Algunos de los colaboradores
más importantes de la editorial, como Ignacio Fernández de Castro y
Francisco Farreras trabajaban para la oficina del Congreso para la
Libertad y la Cultura, que dirigía el antiguo miembro del POUM Gorkin,
y, al igual que uno de los fundadores de Ruedo Ibérico, el
abogado Ramón Viladás, percibieron fondos del CLC para su mantenimiento
en París en esos años. En una carta que envía Victoria Kent a Gorkin en
1958 le anunciaba que había podido enviar a Viladàs y Farreras la
cantidad de 12.600 francos a través de la Spanish Refugee Aid de McDonald,
una institución fundada por Nancy McDonald en 1953, que desde entonces
fue la entidad que posibilitó el envío de los fondos que Gorkín solicitó
para ayudar a los nuevos exiliados.[16]
Muchos de ellos eran miembros de la Asociación Socialista Universitaria
(ASU) y del Frente de Liberación Popular (FLP) y huían de la represión
de las revueltas universitarias en España. La pluralidad ideológica de
la que hacía gala la revista Cuadernos de Ruedo Ibérico se nutría especialmente de ex miembros del PCE, militantes del FLP, trotskistas y libertarios, pero no incluía a comunistas.[17]
Ejemplares
de la revista Cuadernos de Ruedo Ibérico en la exposición ‘Ruedo
ibérico. Un exilio intelectual en tiempos del franquismo’, en la Sala
Alfons Roig del MuVIM.
En una carta de 8 de enero de 1966,
Julián Gorkin le escribió a José Martínez Guerricabeitia para decirle
que había leído con mucho interés los tres primeros números de Cuadernos de Ruedo Ibérico y, aunque no estaba de acuerdo con todos los textos publicados, creía que Cuadernos de Ruedo Ibérico y Mañana,[18]
la revista mensual editada en español por el Centro de Documentación y
de Estudios de París, impulsada y financiada por el CLC, podían ser dos
tribunas complementarias con la misma finalidad de oposición
antifranquista.[19] José Martínez le contestó dando muestras de manifiesta identificación con el ideario del CLC:
Querido amigo:
he leído con evidente satisfacción tu carta del 8 de enero. El programa
que expones al final de la misma es el nuestro y en el campo que nos
asignas tú con tu buen sentido. No sé si seremos capaces de
desarrollarlo, pero personalmente me esfuerzo y me esforzaré en que así
sea. Nos hacen falta nuevas informaciones, nuevas ideas, pero también
nuevos hábitos. Y esto último no es lo de menor importancia. En este
contexto créeme que tu carta me sirve de aliento.[20]
Las relaciones entre Julian Gorkin y
José Martínez Guerricabeitia están plasmadas en la correspondencia que
se conserva en el archivo del editor en el Instituto Social de
Amsterdam, como ya hemos dicho, pero también en el interesante libro de
Gloria Glondys sobre la guerra fría cultural se da cuenta de la
actividad de Ruedo Ibérico en ese contexto. En una carta de Julián Gorkin a Joaquín Maurín, datada el 6 de julio de 1965, Gorkin afirmaba:
Te diré que después de haberme mantenido alejado de Ruedo Ibérico, porque lo mediatizaban comunistas y comunizantes, al entrar en crisis sería el PCE y decantarse los que rodean a Ruedo Ibérico por los escisionistas, entablé relación con ellos e incluso les presté el ejemplar español de tu libro […].[21]
Las afinidades anarquistas y del POUM
que unían a José Martínez y Julián Gorkin afloran con frecuencia en las
cartas. Hablaban de la publicación de determinados libros, como Revolución y Contrarrevolución en España (1966) de Joaquín Maurín o Los problemas de la revolución española de Andrés Nin (1971) y Gorkin le insistía sobre la traducción y publicación de otros, como Spanien de Hans Joaquim Sell, un antiguo soldado de la Wehrmacht
alemana, que entre 1960 a 1968 fue corresponsal extranjero en España
hasta que el gobierno de Franco le revocó el permiso de trabajo y que en
1965 era miembro del PEN Club Internacional que dirigía Julián Gorkin.La mano del excomunista también podría estar detrás de la edición de los libros del miembro del Opus Dei Rafael Calvo Serer en Ruedo Ibérico por las múltiples alusiones que encontramos.[22]
Catálogo de la colección España Contemporánea e índice del número 1 de Cuadernos de Ruedo Ibérico
En el caso de las editoriales ese era el
mecanismo que utilizaba el CLC para influir en la línea editorial.
Primero recomendaba los libros que podían ser publicados y a
continuación compraba centenares de copias y apoyaba sus lanzamientos en
periódicos y revistas, mediante escritores y periodistas que
colaboraban con el CLC.[23]
Según se dice en la correspondencia, el Centro de Documentación y de
Estudio de París había comprado 60 ejemplares del libro de Herbert R.
Southworth, El mito de la cruzada de Franco.[24]
Un libro muy alabado por Tuñón de Lara y cuyo autor norteamericano
curiosamente nada tenía que ver con el CLC. Para Paul Preston “la
importancia de Southworth radica en que fue un luchador cultural que se
esforzó por combatir no sólo las políticas culturales represivas del
régimen franquista, sino también las actividades, a menudo paralelas,
del CLC”.[25]
No utiliza Preston términos tan elogiosos cuando se refiere al escritor
Burnett Bolloten, íntimo amigo de Julián Gorkin y muy influido por él.
Dice de él que —al igual que Georges Orwell— adoptó en sus obras “una
línea de guerra fría, es decir, que presentaba como cuestión central de
la guerra española el papel de los comunistas españoles y de sus
patrocinadores rusos en la represión de los anarquistas y del POUM,
semitrotskista. Solo Southworth combatió activamente esa idea”.[26]
Esa era la línea de pensamiento que apoyaba el CLC y que Gorkin
defendía. En la correspondencia, José Martínez le comentaba al respecto
del libro LaRévolution espagnole de Burnett Bolloten, publicado por Ruedo Ibérico en 1977, que le había dado mucho trabajo, pero era un buen libro:
Le puedes decir a Bolloten que mande lo que quiera introducir en su libro, tras la lectura del tuyo
[El proceso de Moscú en Barcelona]. El libro de Bolloten está ya
compuesto. Ya él ha corregido las primeras pruebas. Me ha dado mucha
guerra el tal libro. La traducción y su corrección por el autor ha
llevado más de dos años. En realidad, hubo que traducirlo dos veces. Con
otro autor así, cerramos la tienda. Claro, el libro es bueno. Pero no
me ha cedido, por motivos que no comparto, la edición española, la única
rentable.[27]
José Martínez, acuciado por las deudas,
se mostraba siempre muy dado a quejarse de sus problemas económicos y a
solicitar ayudas. En una carta del 5 de mayo de 1964 le pedía a Gorkin
que le facilitara la difusión de las obras publicadas por Ruedo Ibérico
—que muchas veces tenían que lidiar con la censura franquista, el veto
en Francia y la falta de resonancia en determinados foros
antifranquistas— y “un fichero con direcciones de personas y centros susceptibles de interesarse por nuestros libros”.[28]
Gorkin le facilitó las direcciones de algunos de los colaboradores del
CLC, como Victoria Kent, Eugenio F. Granell y Joaquín Maurín. Los tres
vivían en Nueva York y tenían medios para hacer publicidad de Ruedo Ibérico y de sus premios. Victoria Kent a través de su revista Ibérica, Granell en España Libre
y Maurín era el que mejor podía hacer difusión porque tenía una agencia
de prensa con 32 periódicos de lengua española en los EE.UU. y en
Latinoamérica.[29]
Julián Gorkin era en ese momento, como
ya hemos dicho, una especie de “conseguidor” al que recurrían muchos
españoles refugiados para pedirle trabajo y favores.[30]
A José Martínez le prestaba una ayuda interesada y estaba muy al tanto
de las batallas que se libraban en el seno de la editorial. En una
carta dirigida a Maurín le decía «Parece que han salido de los líos que tenían, que disponen ya de medios […]». [31] Buena parte de las crisis periódicas por las que atravesaba Ruedo Ibérico estaban causadas por la propia ambigüedad ideológica del proyecto. En opinión de la historiadora Aranzazu Sarriá Buil: “Era
difícil diferenciar si se trataba de un grupo político constituido bajo
forma de empresa comercial o era una empresa comercial que asumía las
tareas de un grupo político”.[32]
A mediados de los años sesenta los
rumores sobre la financiación del CLC por el Gobierno norteamericano que
circulaban en los ambientes intelectuales y políticos de Europa y
América eran un clamor. Desde 1955 Indalecio Prieto venía denunciando
las conexiones entre la revista Cuadernosdel Congreso por la Libertad de la Cultura y la CIA y manteniendo agrias polémicas con Julian Gorkin sobre el tema.[33] En 1966 aparecieron cinco artículos en el New York Times
que denunciaban la vinculación entre el CLC y la CIA y estalló el
escándalo de la financiación, que no dejó indemne a Gorkin. Significó el
final de su etapa más gloriosa. Sin los fondos y el respaldo de la CIA
el viejo excomunista tuvo que reinventarse para ganarse la vida. Y no
tardó en hacerlo. En 1969 fue nombrado presidente del Pen Club
Internacional de escritores. Era el último favor que le hicieron sus
amigos estadounidenses. Una forma de pagar su lealtad al CLC y
agradecerle los servicios prestados.[34] El PEN Club Internacional, como constató Stonor Saunders en su libro La CIA y la guerra fría cultural, fue otra de las instituciones intervenidas por la Inteligencia estadounidense.
Viñeta
del cómic ‘La saga del Príncipe Bormanus y de la princesa creuteuboba o
el carismático Francoráculo’, de GES, publicado por Cuadernos de Ruedo
Ibérico en 1972.
Coda final
Los avatares en la vida de Gorkin no
interrumpieron la relación de amistad y colaboración profesional, que
continuó siendo buena hasta el final entre los dos. En la última carta
de marzo de 1977, Pepe Martínez le escribe a Gorkin diciéndole que ya ha
pedido el pasaporte y piensa volver a España para abrir Ruedo Ibérico en Barcelona, aunque, a decir verdad, según le cuenta: “no
tengo ningún deseo de ir a nuestra tierra, ni la grande, ni la pequeña,
pero sí la voluntad de hacerlo en cuanto tenga el pasaporte”.[35] En palabras de su amigo Luciano Rincón: “En
realidad, nunca volvió del exilio, aunque viviera en Madrid. Cuando
murió [accidental y prematuramente por una explosión de gas en su
domicilio] algunos quizá respiraron aliviados: era un testigo incómodo. A
otros, su muerte nos hizo daño”.[36]
Durante su estancia en España se mostró exageradamente crítico con la
forma en que se llevó a cabo la Transición democrática, que para él
estuvo amañada. “No es cierto que encajara mal su inserción en esta
democracia. Lo que encajaba mal era su construcción sietemesina, los
desgarros y desesperanzas que padecía la sociedad civil estupefacta por
el espectáculo de avidez, cinismo y depredación de su clase política”,
según Alberto Hernando.[37]
Julián Gorkin, por su parte, en la
última etapa de su vida continuó con su evolución ideológica y se afilió
al PSOE. Además, según el historiador Andrés Ortí Buig, “explotó
a fondo su pasado y ofreció su testimonio sobre algunos de los pasajes
más importantes de su vida. Participó en documentales, programas de
televisión y actos de homenaje en memoria de sus antiguos compañeros del
POUM. Fantaseó e inventó a conveniencia para reforzar su papel en la
historia en lo que quedó como una prueba más de la vanidad que le
acompañó hasta su fallecimiento a los 86 años en París”.[38]
Analizar el pasado desde el presente
nunca es fácil. “El pasado es un país extranjero y juzgar el pasado con
los criterios del presente es un anacronismo y es el triunfo del
provincianismo”, nos dice Carlo Ginzburg.[39]
En este artículo no hemos pretendido restar importancia histórica a la
empresa de José Martínez Guerricabeitia, solo hemos querido situarla en
el contexto de guerra fría cultural en el que nació y tuvo su
desarrollo. Ruedo Ibérico fue una más de la pléyade de
editoriales y revistas que en los años sesenta cayeron en las redes del
Congreso para la Libertad de la Cultura, el principal organismo pantalla
creado por la Inteligencia norteamericana para extender su influencia
cultural en Europa y en la mayor parte del mundo en esos años de la
Guerra Fría, pero eso no quita para que cumpliera un papel determinante
en apoyo del antifranquismo.
Stand de la editorial Ruedo Ibérico en la feria de Frankfurt del año 1973 (foto: Blogs Canal Sur)
Notas
[1] FORMENT, Albert, José Martínez: la epopeya de Ruedo Ibérico, Barcelona, Anagrama, 2000, p. 74.
[2] IMBERT MARTÍ, Gérard, “José Martínez. El deber de la memoria”, en HERNANDO, Alberto, Ruedo Ibérico y José Martínez: la imposibilidad feroz de lo posible, Logroño, Editorial Pepitas de Calabaza, 2017, pp. 15-16.
[3] FORMENT, Albert, José Martínez: la epopeya de Ruedo Ibérico, Barcelona, Anagrama, 2.000, p. 86.
[4] ORTÍ BUIG, Andrés, Julián Gorkin (1901-1987). Un viaje a lo opuesto, Tesis doctoral, Universidad Rey D. ORTÍ Jaime (UJI), Castellón de la Plana, 2020, p. 305 y 314.
[5] ORTÍ BUIG, Andrés, Julián Gorkin (1901-1987). Un viaje a lo opuesto…, pp. 151-157.
[7] PRESTON, Paul, “Guerra Fría e historiadores anglosajones”, Revista de Estudios Globales. Análisis Histórico y Cambio Social, 2/2023, N.º 4, p. 199.
[8] BUIG, Andrés, Julián Gorkin (1901-1987). Un viaje a lo opuesto…, p. 320.
[9] SARRÍA BUIL, Aránzazu, “Oponerse al franquismo editando en París: Ruedo Ibérico y les Éditions Maspero”, Laberintos. Revista de estudios sobre los exilios españoles, València, 2020, p. 318.
[10]
IIHS, Amsterdam, Carta de José Martínez a Francisco Carrasquer, París,
15 de enero de 1961, en SARRÍA BUIL, Aránzazu, “Oponerse al franquismo
editando en París: Ruedo Ibérico y les Éditions Maspero”, Laberintos. Revista de estudios sobre los exilios españoles, València, 2020, p. 318.
[11] IISH Amsterdam, José Martínez Guerricabeitia Papers – ARCH00859, Correspondencia Julián Gorkin-José Martínez, 5 de mayo de 1964.
[12]
Archivo Max Aub (en adelante AMA), Correspondencia Max Aub y Manuel
Tuñón de Lara, caja 14, N.º 47, carta de 10 de agosto de 1965.
[13] JANNELLO, Karina, “La guerra fría cultural en sus revistas. Programa para una cartografía”, Universum, vol. 36, n.º 1, 2021, pp. 131-151.
[14] AMAT, Jordi, La primavera de Múnich, Tusquets,
Barcelona, 2016. Véase también AMAT, Jordi, “Europeísmo, Congreso por
la Libertad de la Cultura y Oposición antifranquista (1953-1966), Historia y Política, n.º 21, Madrid, 2009, pp. 55-72.
[15] GLONDYS, Olga, La guerra fría cultural y el exilio republicano español: Cuadernos del congreso por la libertad de la cultura (1953-1965), Madrid, Editorial CSIC Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2012, p. 299.
[16] ORTÍ BUIG, Andrés, Julián Gorkin (1901-1987). Un viaje a lo opuesto…, p. 280.
[17] HERNANDO, Alberto, Ruedo Ibérico y José Martínez: La imposibilidad de lo imposible, Logroño, Editorial Pepitas de calabaza, 2017, p. 33.
[18] La revista Mañana,
dirigida por Dionisio Ridruejo desde España, pero publicada en París,
tuvo una vida efímera de enero de 1965 hasta octubre de 1966.
Desapareció de manera abrupta con el escándalo internacional que probó
que el CLC estaba financiado por la CIA. ORTÍ BUIG, Andrés, Julián Gorkin (1901-1987). Un viaje a lo opuesto…, pp. 314-315.
[19] IISH Amsterdam, José Martínez Guerricabeitia Papers – ARCH00859, Carta de Julián Gorkin a José Martínez, 8 de enero de 1966.
[20] IISH Amsterdam, José Martínez Guerricabeitia Papers – ARCH00859, Correspondencia Julián Gorkin-José Martínez, 18 de enero de 1966.
Atentado a la librería en octubre de 1975 Foto: A. FORMENT, José Martínez: la epopeya de Ruedo ibérico.)
[21] GLONDYS, Olga, La guerra fría cultural y el exilio republicano español…, p. 299.
[22] IISH Amsterdam, José Martínez Guerricabeitia Papers – ARCH00859, Correspondencia Julián Gorkin-José Martínez, 5 de abril y 28 de abril de 1972.
[23] GLONDYS, Olga, La guerra fría cultural y el exilio republicano español…, p. 299.
[25] PRESTON, Paul, “Guerra Fría e historiadores anglosajones”, Revista de Estudios Globales. Análisis Histórico y Cambio Social, 2/2023, N.º 4, p. 199.
[27] IISH Amsterdam, José Martínez Guerricabeitia Papers – ARCH00859, Correspondencia Julián Gorkin-José Martínez, 2 de marzo de 1977. El subrayado está en la carta original.
[28] IISH Amsterdam, José Martínez Guerricabeitia Papers – ARCH00859, Correspondencia Julián Gorkin-José Martínez, 5 de mayo de 1964.
[29] IISH Amsterdam, José Martínez Guerricabeitia Papers – ARCH00859, Correspondencia Julián Gorkin-José Martínez, 8 de mayo 1973.
[30] ORTÍ BUIG, Andrés, Julián Gorkin (1901-1987). Un viaje a lo opuesto, Tesis doctoral, Universidad Rey D. ORTÍ Jaime (UJI), Castellón de la Plana, 2020, p. 320.
[31] GLONDYS, Gloria, La Guerra Fría cultural y el exilio republicano español...p. 299.
[32] HERNANDO, Alberto, Ruedo Ibérico y José Martínez…, p. 33.
[33] GLONDYS, Gloria, La Guerra Fría cultural y el exilio republicano español...pp. 281-282.
[34] BUIG, Andrés, Julián Gorkin (1901-1987). Un viaje a lo opuesto…, p. 322.
[35] IISH Amsterdam, José Martínez Guerricabeitia Papers – ARCH00859, Correspondencia Julián Gorkin-José Martínez, 2 de marzo de 1977.
[36] RINCÓN, Luciano, “Ruedo Ibérico”, El País, 11 de marzo de 1989.
[37] HERNANDO, Alberto, Ruedo Ibérico y José Martínez…, p. 123.
[38] ORTÍ BUIG, Andrés, Julián Gorkin (1901-1987). Un viaje a lo opuesto…, p. 347.
[39]
TAPIA, Francisco, Entrevista a Carlo Ginzburg, “Juzgar el pasado con
los criterios del presente es el triunfo del provincianismo”, Revista Santiago. Ideas, Crítica y Debate, 24 de septiembre de 2021.
Fuente: Conversación sobre la historia
Portada: Ilustración de Antonio Saura para la cubierta de España hoy (presentación y montaje de I. Fernández de Castro y J. Martínez), París: Ruedo Ibérico, 1963. Fondos del Centro de Documentación del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía