Calcutta. Neelkhanta, un écrivain réfugié du Bangladesh,
ayant œuvré pour la réunification, sombre dans l'alcool. Sa femme et
son fils l'abandonnent. Privé de domicile, il vagabonde en compagnie
d'un jeune chômeur, d'une réfugiée et d'un ancien professeur. Assis dans
les squares et les parcs, ceux-ci discutent de l'avenir de l'Inde et de
problèmes artistiques. Neelkhanta se décide pourtant à revoir sa femme
dans le village où elle exerce le métier d'institutrice. La campagne est
en proie à des heurts entre policiers et militants naxalites. Au cours d'un affrontement, Neelkhanta est malencontreusement abattu.
El 21 de octubre de 1974 comenzó el juicio
en la Audiencia de Pontevedra, con una gran expectación mediática. El
tribunal estaba presidido por Mariano Rajoy Sobredo. Sostenía la
acusación pública el fiscal Cándido Conde-Pumpido Ferreiro. Uno de los
abogados del caso fue José María Gil Robles, en una de sus primeras
apariciones públicas tras su retorno del exilio, que puso especial
interés en destacar la implicación en el caso del administrador de la
sociedad, señor Nicolás Franco Bahamonde, aunque éste no había sido
procesado. La sala estaba abarrotada de público, prensa, radio y
televisión precisamente por la implicación en el escándalo de Nicolás,
el hermanísimo.
Mariano Rajoy Sobredo, padre del futuro presidente del gobierno de España, Mariano Rajoy Brey.
El caso había surgido y naufragado en un
mar de aceite almacenado por la Comisaría de Abastecimientos y
Transportes (CAT) para satisfacer las exigencias del mercado y regular
los precios. Pero la CAT carecía de instalaciones adecuadas y debía
recurrir a depósitos alquilados a empresas privadas. En Vigo, esos
depósitos estaban en la comarca de Guixar y la empresa encargada de su
almacenamiento era Reace (Refinería del Noroeste de Aceites y Grasas,
SA). Esa empresa había contratado con la CAT, entre 1966 y 1972, el
almacenamiento de más de 12 millones de kilos de aceite. Estaba claro
que la CAT era el único propietario de ese aceite, y un seguro dejaba a
cubierto la mercancía contra cualquier eventualidad. El contrato
regulaba también el procedimiento para las entregas, con la obligada
anotación y el precintado de la válvula de salida.
El 25 de marzo de 1972, debido a la falta
de aceite de oliva en la CAT, se comprobó que en los depósitos de la
empresa Reace, situados en la estación de Guixar (Redondela) no había el
aceite previsto. Los grandes depósitos no estaban llenos, como debieran
estarlo, sino totalmente vacíos. El Director General de la CAT, José
María Romero González, denunció en el juzgado de guardia de Vigo la
desaparición de 4.036.052 kilos de aceite de oliva, por un valor de
167.615.172 pesetas.
Los libros de contabilidad de Reace habían
desaparecido, como el aceite. Cuatro días más tarde, el 29 de marzo de
1972, Isidro Suárez Díaz, uno de los socios mayoritarios de Reace, fue
detenido en el tren Madrid-Bilbao. El 30 de setiembre de 1972
aparecieron muertos, en un piso de su propiedad, en Sevilla, el director
general de Reace, José María Romero González, junto a su mujer e hija.
El juez que llevaba el caso recibió una carta en la que Romero hablaba
de su suicidio, y de que tenía la conciencia tranquila por no estar
involucrado en el Caso Reace. Los expertos dudaron de la autenticidad de
esa carta, que no parecía, ni por su extensión ni por su tono, la de un
suicida. Pero, si no era un suicidio familiar, era un asesinato
múltiple. Los suicidios familiares, y aún más por quiebra o fraude, eran
tan raros y exóticos que nadie daba crédito a su veracidad.
Reace había sido fundada en 1956 por
Rodrigo Alonso Fariña, con el fin de dedicarse al refinado y envase de
aceite. Eran socios Oswaldo Alonso Fariña, Salvador Guerrero, Eufrasio
Juste y Francisco Carrión. Su sede radicaba en las cercanías de
Redondela. En 1964, se incorporó al Consejo de Administración Nicolás
Franco Bahamonde, hermanísimo de Francisco Franco, y también Isidro
Suárez Díaz Moris.
Nicolás Franco Bahamonde
Nicolás Franco Bahamonde, gestor del
imperio empresarial de la tribu de los Franco, llegó a presidir siete
grandes corporaciones industriales, como Transmediterránea y
Fasa-Renault, entre otras. En 1968, Rodrigo Alonso Fariña cesó como
presidente de Reace, sustituido por Isidro Suárez Díaz Moris, que
apareció muerto en Vigo en “extrañas circunstancias”. Decían que a causa
de una fuga de gas. También fue asesinado un taxista en extrañísimas
circunstancias, igual que un empresario del sector conservero vigués;
ambos debían testificar ante Rajoy. Eran asesinatos colaterales del caso
Reace. A su vez, el señor Mañas, representante de los acreedores,
falleció muy oportunamente de una angina de pecho. En 1970, Carlos
Nogueira cesó como director de Reace, sustituido por José María Romero
González.
Rodrigo Alonso Fariña, nacido en Vigo en
1915, había desempeñado, entre otros cargos, el de presidente del Real
Club Celta de Vigo, hasta junio de 1973, año en el que presentó su
dimisión, debido al “escándalo” de Reace. El juzgado dictó auto de
procesamiento contra Rodrigo Alonso Fariña, enfermo grave del corazón,
el 11 de noviembre de 1973 “por haber encontrado indicios racionales de criminalidad como presunto artífice en los hechos enjuiciados”.
El juicio se inició con el sorprendente
comunicado de que se había perdido el sumario. ¡Escándalo sobre
escándalo, apuntaba a un escandalísimo! Aunque había sido depositado en
la Audiencia de Pontevedra, se había perdido a causa de las reformas
realizadas en el edificio para ganar más espacio.
¿Qué pasó con los asesinatos o suicidios?
Los muertos gozaban de una gran ventaja, dado que no podían testificar,
ni acusar a nadie. Pio Cabanillas Gallas era ministro de Información y
Turismo, y no estaba dispuesto a consentir que la prensa (sobre todo la
prensa falangista) aireara el escándalo. ¡Escándalo que salpicaba al
propio hermanísimo! Pío dictó medidas para controlar la prensa y
expedientar las informaciones demasiado audaces. El método deductivo de
Sherlock Holmes estaba vigilado, y bajo sospecha de subversión contra el
régimen.
El presidente del Tribunal, señor Mariano
Rajoy Sobredo, llevó férreamente la vista, evitando que salieran a la
luz los aspectos más comprometidos de aquel gravísimo escándalo. Que
había muertes por en medio, para taparlo todo. Que, además, esas muertes
eran asesinatos, disimulados como suicidios. Y, sobre todo, que era
evidente la plena implicación en todo el asunto de Nicolás Franco, el
hermanísimo.
La causa quedó vista para sentencia el
viernes 25 de octubre de 1974. ¡Qué rapidez! El común de los españoles, y
la prensa extranjera, percibió que no se había investigado lo
suficiente, porque no interesaba a las altas esferas del poder político.
A nadie le importó investigar adónde fueron a parar las toneladas de
aceite de oliva propiedad del Estado, ni porqué se hacían trasvases de
aceite entre los depósitos de la CAT y los de Reace. Nadie quiso saber
dónde se vendía el aceite sustraído, dónde se almacenaba y quiénes eran
los dueños de las empresas que luego lo comercializaban, ni cómo se
repartían las ganancias del fraude. Tampoco se investigó la incesante
casualidad (quizás causalidad) de las numerosas muertes, en cadena, de
personas relacionadas con el caso. Mariano Rajoy se cubrió de gloria y
sesgado servicio a la tribu de los Franco.
Era evidente que esas muertes eran
asesinatos maquillados como ataques al corazón, suicidios o accidentes.
La única explicación racional era la intervención de los ángeles
exterminadores de la Divina Providencia o la existencia de un comando de
élite con carta blanca, licencia para matar y financiación estatal
ilimitada. ¡Pero nadie sabía nada! Y nadie quería, ni debía, saber nada.
Pese a lo manifestado en medios oficiales, relativos a una
investigación exhaustiva “caiga quien caiga”, lo cierto es que a las
personalidades implicadas jamás les sucedió absolutamente nada. Y del
aceite de Redondela nunca jamás se volvió a tener noticia. ¿Estaban en
el banquillo de los acusados todos los que debían estar? ¿Cómo se
llevaba a cabo el tráfico de influencias? ¿Qué papel jugaba el
hermanísimo? Sin duda, preguntas sin respuesta, porque no interesaban al
régimen. Pero el caso de Nicolás Franco, que salió a la luz en 1974, no
era ninguna novedad. Lo nuevo era que la corrupción de la tribu saliera
a la luz y se hiciera tan evidente.
Mariano Rajoy Sobredo fue premiado por la
Divina Providencia con las dificilísimas oposiciones (un notario y tres
registradores de la propiedad) ganadas por cada uno de sus cuatro hijos,
batiendo marcas de precocidad. Los retoños del magistrado eran cuatro
genios de las oposiciones, porque genial era ganarlas con 24 años,
apenas obtenido el título de Derecho, habiéndolas preparado al tiempo
que aprobaba el último curso de la carrera, como hizo Mariano Rajoy
Brey. Una sencilla comparación: el número uno de la promoción de Mariano
Rajoy, hijo, tardó ocho años en sacar esas mismas oposiciones a
Registrador de la Propiedad. Pero ya se sabe que no hay nada imposible
para los ángeles de la Providencia del Todopoderoso y el atado y bien atado de Franco.
Mientras preparaba este texto, en 2018, la
lectura de la prensa y los telediarios retrasaron la finalización del
artículo. Me obsesionaba la constante y opresiva sensación del dejà vu
y me producía extraños escalofríos y peores pesadillas. Accidentes,
suicidios y anginas de pecho se encadenaban, de nuevo, de modo y forma
que sólo podía tratarse, otra vez, de milagros: obra y magia de los
asombrosos ángeles de la Divina Providencia.
En 1965, la province du Dhofar se soulève contre le sultan d'Oman
soutenu par les Britanniques. En 1971, Heiny Srour et son équipe
traversent 800 km de désert et de montagnes à pied en Zone libre, sous
les bombardements de la Royal Air Force, pour atteindre la ligne de
front.
El 3 de febrero de 1975 tenía lugar el estreno del drama "Рейс первый, рейс последний" (Primer trayecto, último trayecto), cinta dirigida por Samvel Gasparov para los Estudios de Cine de Odessa.
Protagonizada por Sergei Plotnikov, Yuri Kuzmenko y Les Serdyuk, en los papeles principales, la película congregó en las salas de cine soviéticas a más de 6 millones de espectadores.
Sinopsis - Dos camioneros viajan de Odesa a Tiflis. El primero es un hombre mayor que hace su último viaje antes de jubilarse. El segundo es un joven novato que se pone al volante por primera vez. Los conductores se encuentran con varias personas por el camino, dejando atrás pueblos y ciudades. Tras cruzar un paso de montaña, el convoy entra en Tiflis, tras haber llegado al destino final de su difícil viaje. El veterano conductor cede con alegría el testigo al novato, quien se ha convertido en un miembro de pleno derecho del equipo.