Estampa popular. La irrupción de la realidad antifranquista en el arte
Este vídeo se grabó el 28 de junio de 2016 en la sala del Museo Reina Sofía Estampa Popular. La irrupción de la realidad antifranquista en el arte. Recoge una conversación entre varios artistas de los grupos de Estampa Popular de Madrid (Manolo Calvo y Francisco Álvarez), Sevilla (Cristóbal Aguilar), Córdoba (Segundo Castro), Estampa Popular Catalana (Alexandre Grimal) y Galega (Elvira Martínez), moderada por Noemí de Haro, investigadora y profesora de la Universidad Autónoma de Madrid.

El primer grupo de Estampa Popular fue fundado en 1959 en Madrid por el artista y militante comunista clandestino José García Ortega junto a un grupo de artistas jóvenes. El colectivo defendía un arte realista crítico y destinado al pueblo.
En los años siguientes surgieron agrupaciones en Sevilla (Paco
Cuadrado, Paco Cortijo y Cristóbal Aguilar), Córdoba (con antiguos
miembros del Equipo Córdoba y el Equipo 57), Vizcaya (Agustín Ibarrola y
María Dapena), Valencia (Andreu Alfaro, Anzo, Ana Peters, José María
Gorrís, José Marí, Rafael Martí Quinto, Francesc Jarque, Fernando
Calatayud, Rafael Solbes, Juan Antonio Toledo, Manolo Valdés, Jorge
Ballester o Joan Cardells, apoyados por el historiador y crítico de arte
Tomás Llorens), Cataluña (con Maria Girona, Albert Ràfols-Casamada y
Esther Boix) y Galicia.
Estampa Popular organizó distintas exposiciones en el extranjero con el
objetivo de dar una imagen alternativa de la realidad de España,
teniendo lugar una de las primeras en la galería Epona de París en 1962.
Su obra tuvo que hacer frente a la censura del régimen franquista y las limitaciones técnicas, por lo que con frecuencia recurrieron a referencias veladas y un estilo claro y expresivo. Las agrupaciones con frecuencia estaban interesadas en las tradiciones populares y figuras propias, como las fallas o el valenciano (bajo la influencia de Joan Fuster), las aleluyas o la figura de Castelao en Galicia.
Su interés por conectar con las clases populares les llevó a exponer en lugares poco frecuentes para el mundo del arte como centros culturales, bares y tabernas. También recurrieron a formatos como las postales, los carteles, los calendarios o las portadas de revistas.
En la Estampa Popular de Valencia los críticos Tomás Llorens y Valeriano Bozal hicieron un balance negativo de la experiencia, acusándola de no ser capaz de incorporar una perspectiva realista más acorde a los nuevos tiempos, con la centralidad de elementos como los medios de comunicación de masas. En este contexto, los antiguos miembros del grupo Rafael Solbes, Manolo Valdés y Juan Antonio Toledo fundan la agrupación Equipo Crónica, que practicó un lenguaje figurativo crítico con elementos del pop art, la cultura de masas y la tradición pictórica. Joan Cardells y Jorge Ballester crearon el Equipo Realidad, que continuó una línea comprometida similar a Crónica, y artistas como Ana Peters desarrollaron también una línea crítica propia con elementos visuales del pop.
El arte fue la herramienta de lucha que estos artistas de Estampa Popular utilizaron contra el régimen franquista del momento. El trabajo de la Estampa Popular pretendía buscar en cada caso el correcto equilibrio entre la forma, la imagen y la comunicación.

Fue el
primer movimiento de carácter político y social de la historia del arte
en España, creado por José Ortega en el Madrid de 1959, con el comienzo
de las primeras movilizaciones mineras, obreras y estudiantiles.
Fuente Felipe Alcaraz Masats
Nos lo recordaba el otro día, en la gala de los Goya, Eduard Fernández, en una buena intervención antifascista: Que nadie se despiste, que llegan, y vienen a caballo. Y cuando entren ya será tarde, y no podremos apelar ni al séptimo de caballería ni a la novena de Beethoven. Será, entonces, cuando tengamos que recuperar todos los protocolos de la clandestinidad. Por eso es necesario explicar que no podemos dar ni una sola oportunidad al olvido. Por ejemplo, al olvido de ese proyecto y ese grupo de pintores que fundaron y ejercieron la “estampa popular”.
Eran artistas en todo el amplio sentido de la palabra, con un gran bagaje técnico de primera magnitud, fuertemente radicados en la sencillez de la gente, en la cultura y la lucha de la gente, en plena clandestinidad, cuando el franquismo diluviaba fuerte. Nos lo explicaba el otro día en el Museo de Alcalá de Guadaíra, Ana Cortijo, en la exposición “Estampa popular, arte y memoria”, recordando ante un grupo de colegiales la eficacia clandestina de aquellos rojos, que no progres. Nos decía Ana (Pepa Medrano y yo añadidos al grupo de colegiales) que, entonces, entre los protocolos de la lucha en sombras, había un principio indeclinable: Si alguien pronunciaba tu nombre a tus espaldas, no debías volver nunca la cabeza. No se podía asociar nombre y rostro, nombre y lucha, nombre y forma concreta y diaria de hacer historia; en este caso desde el arte. Quizás lo contrario que ocurre en estos tiempos posmodernos: Nadie pronunciará tu nombre, aunque vuelvas la cabeza.
Ana Cortijo es alta, imponente. Le dije después que era como ser recibido en un museo por la torre Eiffel. Y explicaba las cosas con pasión retenida y un discurso seguro, de quien ha mamado la filosofía que alentaba desde el principio la estampa popular, que fue, nos decía, el primer movimiento de carácter político y social de la historia del arte en España, creado por José Ortega en el Madrid de 1959, con el comienzo de las primeras movilizaciones mineras, obreras y estudiantiles; fue entonces cuando Ortega, miembro del comité central del PCE, decide poner en marcha este movimiento como respuesta a la dictadura franquista, creándose grupos de “estampa popular” en Madrid, Sevilla, Córdoba, Vizcaya, Valencia, Cataluña y Galicia.
En 1960 Ortega, perseguido por la dictadura, se exilia en París y busca a otros artistas españoles que lo acompañen para relanzar el movimiento de vuelta a España, de modo que el grupo de Sevilla de “estampa popular” (Paco Cortijo, Paco Cuadrado y Cristóbal Aguilar) se va a crear en París, instalándose después en Sevilla, en el barrio de Los Pajaritos, que sigue siendo uno de los barrios más pobres del país. Tras ser detectados por la brigada político-social, se desplazan a Alcalá de Guadaíra, un pueblo de una larga tradición paisajística, que hoy recoge su espléndido museo, ese museo que expone las obras de los citados, junto a algunas piezas de José Ortega, más diversas muestras de Duarte y, por primera vez, la obra inédita y recién recuperada de Lola Cortijo, desarrollada en el marco del “grupo de Sevilla”.
“Estampa popular”, por así decirlo, es un capital impagable de nuestra lucha cultural e ideológica por las libertades y contra la explotación, y quizás por eso sufre un expediente de olvido y tachadura, un largo expediente que es preciso derogar cuanto antes, y en eso trabaja esta exposición, que empezó en La Cartuja y ahora se expone en el pueblo que fue conocido en el terreno del arte como el Barbizon español. A este trabajo encomiable dedica gran parte de su tiempo la Fundación Paco y Lola Cortijo: mantener el legado de una serie de trabajadores del arte que, desde una gran capacidad técnica, arriesgaron su vida en la lucha por los derechos humanos. Estamos hablando de una memoria histórica que hay que restablecer con todas las consecuencias, en un país que ha desarrollado el monocultivo del olvido hasta el extremo de ni siquiera conceder la medalla de Bellas Artes a José Ortega, quizás por ser un pintor comunista y un comunista pintor.
Modestamente este artículo pretende señalar a quienes levantan la
liebre de lo que somos, porque otros fueron, aunque casi nadie se
acuerde ya de ellos (nos decía Ana Cortijo), empezando por aquel grupo
sevillano donde junto a Cortijo, Cuadrado y Cristóbal, funcionó el
equipo de Córdoba: Duarte, Castro, Mesa y García. Unos artistas que
supieron producir un arte comprometido (fuera de mercado) en una lucha
concreta por las libertades y contra la explotación. Modestamente
pretendemos repetir que es más que un error seguir dándole oportunidades
al olvido desde el silencio y una pasividad injustificable. Como nos
dijo el actor de “El 47” en la gala de los Goya en Granada: cuidado, que
vienen a caballo. Pues eso, que hay que inventar una caballería
alternativa que no pare de galopar contra el olvido… hasta enterrarlos
en el mar. (Galopa caballo cuatralbo, jinete del pueblo).
FONTE https://www.lavozdegalicia.es/noticia/cultura/2024/10/22/interrompido-maio-1968-da-estampa-popular-galega/00031729627588006208538.htm X. M. Rodríguez OURENSE / LA VOZ
Unha mostra devolve a Tui a exposición secuestrada por ofensiva polo franquismo e que impulsaran os artistas pontevedreses Xavier Pousa e Elvira Martínez Villa
Cando hai unhas semanas quedou aberta na Sala Municipal de Exposicións de Tui a mostra A exposición secuestrada. Estampa Popular Galega. Tui, 1968, o comentario maioritario entre os asistentes foi que con este proxecto se estaba a cumprir un acto de xustiza poética. Comisariado polo xornalista pontevedrés Xosé Enrique Acuña, por medio desta iniciativa recupérase a exposición orixinal que no mes de setembro de 1968 fora prohibida pola ditadura franquista, tras ser programada no desaparecido Bar Galicia despois de que antes percorrera sen incidencias varias localidades galegas.
A Estampa Popular Galega (EPG) foi un movemento artístico de vangarda creado nese mesmo ano 1968 para agrupar a unha serie de pintoras e pintores descontentos co réxime franquista baixo o norte teórico de «achegar a arte ao pobo». Encabezados por Raimundo Patiño e Xavier Pousa, optaron por expoñer a súa obra en forma de gravados e a baixo prezo en lugares populares como feiras, bares ou centros sociais.
A mostra da EPG foi secuestrada pola policía baixo a acusación de inxurias ao exército ao tempo que se producía a detención de Xavier Pousa e Elvira Martínez Villa, os dous promotores do evento. Con Pousa ingresado no cárcere de Pontevedra, pasaron a ser sometidos a un procedemento aberto pola xustiza militar que semanas despois sería finalmente anulado tras transcender esta actuación represiva incluso nas páxinas do xornal francés Le Monde.
Con presenza de obra de Patiño, Lodeiro, Sevillano, Barreiro, Bea Rey, Alfonso Gallego Villa, Agrelo, Vázquez Diéguez, Xulio Maside e Laxeiro, xunto a de Elvira M. Villa e Xavier Pousa tamén se mostraba a de Xosé I. Pedrosa, o autor da estampa que sería especialmente denunciada por «injurias al Movimiento Nacional». Tras a súa incautación polos militares, os gravados foron devoltos aos seus impulsores e pasaron a ser custodiados por Pousa. Falecido o pintor, a súa viúva Carmela Arbones resgardounos no seu domicilio e durante décadas alí quedaron esquecidos.
Acuña lembra que as obras se expoñen «sen agochar nin as súas feridas nin tampouco as cicatrices que padeceron tanto polo seu ocultamento preventivo, como todo aquilo que, sobre elas, causou o paso do tempo», e mais tamén para «abordar a primeira homenaxe a este movemento artístico que se realiza en Galicia».
O acontecido con esta exposición secuestrada en 1968 significou o final real do colectivo Estampa Popular Galega. Os seus compoñentes principais, segundo apunta tamén Acuña, «sentiron o peso da represión e das ameazas que recibiron por parte da Brigada Político-Social, a policía política franquista, e mesmo tras a súa liberdade estiveron continuamente vixiados».