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mercredi 15 avril 2026

¿Qué nos enseña la historia acerca de la guerra contra Irán?

 Fuente https://observatoriocrisis.com/2026/04/14/que-nos-ensena-la-historia-acerca-de-la-guerra-contra-iran/

El resultado de la guerra se puede prever fácilmente a partir de las lecciones del pasado.Parece que Estados Unidos está destinado a repetir las lecciones de Vietnam en los desiertos de Oriente Medio.

Hua Bin, analista geopolítico chino

Tras mi último artículo a mediados de marzo, en el que defendía la postura de que Irán ya había ganado , me fui de viaje con mi familia y no dediqué mucho tiempo a seguir los acontecimientos cotidianos en el Golfo Pérsico.

Parece que Trump, el matón mafioso con bronceado artificial, ha soltado un torrente de retórica desquiciada. También hubo una decepcionante demostración de armamento militar estadounidense que planeo analizar en detalle en un artículo futuro. Pero, en general, la guerra siguió un curso predecible.

Durante el viaje, leí algunos libros antiguos y vi algunas entrevistas de archivo para investigar la historia de Irán y encontrar respuestas a la pregunta de por qué la guerra se está desarrollando de esta manera y cómo el régimen estadounidense no ha aprendido de sus errores del pasado.

Los libros son Irán: 4000 años de historia (Iran une histoire de 4000 ans) de Houshang Nahavandi (ex rector de la Universidad de Shiraz y de la Universidad de Teherán) e Yves Bomati (un erudito francés de la historia de Oriente Medio);

Todos los hombres del Sha: Un golpe de Estado estadounidense y las raíces del terror en Oriente Medio, de Stephen Kinzer, periodista de investigación y perspicaz cronista de la CIA y el Estado profundo estadounidense. Entre sus otros libros se incluyen Los hermanos: John Foster Dulles, Alan Dulles y su guerra mundial secreta; Derrocamiento: El siglo de cambios de régimen en Estados Unidos, desde Hawái hasta Irak ; y El envenenador en jefe: Sidney Gottlieb y la búsqueda de control mental por parte de la CIA.

En retrospectiva: La tragedia y las lecciones de Vietnam, por Robert McNamara, exsecretario de Defensa durante la guerra de Vietnam bajo los mandatos de JFK y LBJ.

También releí *Visión estratégica * y *El gran tablero de ajedrez* de Zbigniew Brzezinski , donde analiza la importancia estratégica de Irán y su papel fundamental en el nuevo orden mundial emergente.

Brzezinski fue el exasesor de Seguridad Nacional durante el mandato de Jimmy Carter. Escribí sobre su pensamiento estratégico respecto a China, Rusia e Irán en un ensayo hace un año. https://huabinoliver.substack.com/p/zbigniew-brzezinskis-take-on-russia

Los libros y los vídeos son mucho más útiles para comprender la guerra y su trayectoria que los «expertos» ignorantes que aparecen en la televisión occidental o en las redes sociales.

El libro «El Irán de Nahavandi y Bomati : 4.000 años de historia» se publicó en 2019 en francés y se tradujo al chino.

Esta es una historia exhaustiva de Irán que busca responder a la pregunta: «¿Por qué Irán es como es hoy?».

Los dos autores emplean un enfoque de doble punto de vista que equilibra las perspectivas orientales y occidentales, creando descripciones complementarias de la historia persa a lo largo de los últimos cuatro milenios.

El libro comienza con la formación de la región política y cultural en la civilización elamita, la migración aria, el Imperio aqueménida (Ciro el Grande), la conquista de Alejandro Magno y los imperios parto y sasánida.

Describe el choque de civilizaciones con la invasión árabe y la islamización, el dominio turco y la «catástrofe» mongola, seguida por la Edad de Oro de la dinastía safávida, el establecimiento del primer estado chiíta y el gobierno del Shah Abbas.

El libro narra cómo Irán afrontó el reto de la modernización durante la dinastía Qajar y concluye con la abdicación de Reza Shah en 1941.

Irán: 4.000 años de historia recorre seis civilizaciones que se alternaron y chocaron en suelo iraní: la civilización elamita, la civilización persa (establecida por los arios, fundada por Ciro el Grande), la civilización griega (traída por la campaña oriental de Alejandro), la civilización árabe (islamización), la civilización turca (dinastías selyúcidas y otras) y la civilización mongola (gobierno de los descendientes de Genghis Kan).

El libro narra la antigua gloria de Irán durante el reinado de Ciro el Grande (siglo VI a. C.), quien fundó el primer imperio de la historia que abarcaba tres continentes (Europa, Asia y África), y la larga rivalidad del Imperio sasánida con el Imperio romano. » Roma y Persia: La rivalidad de setecientos años», de Adrian Goldsworthy , está en mi lista de lecturas pendientes.

Los puntos de inflexión de Irán se produjeron en la Edad Media con la invasión árabe del siglo VII, que dio inicio a la islamización de Irán, y la conquista mongola del siglo XIII con la campaña occidental de Hulagu Khan.

La invasión de fuerzas extranjeras causó una destrucción masiva, pero la cultura persa no fue erradicada; en cambio, «iranizó» el Islam y a los mongoles.

La dinastía safávida (siglos XVI-XVIII) estableció el primer estado chiíta, alcanzó su época dorada bajo el reinado de Shah Abbas I e hizo de Isfahán su capital. La dinastía Qajar (siglos XVIII-XX) reconstruyó el imperio.

El libro no exploró la transformación moderna de Irán después de 1941 ni abordó el derrocamiento de Mohammad Mosaddegh por la CIA y el MI6, el brutal gobierno de Reza Pahlavi, el Shah, ni la Revolución Islámica de 1979 que estableció la república teocrática que gobierna en la actualidad.

Esa parte de la historia moderna de Irán se aborda en el libro de Stephen Kinzer, Todos los hombres del Shah , al que nos referiremos en breve.

La tesis central del libro Irán: 4.000 años de historia es la tenacidad de la «identidad iraní» y la resiliencia de la civilización persa.

A pesar de las múltiples conquistas realizadas por griegos, árabes, turcos y mongoles, el pueblo persa siguió siendo el protagonista de la historia; los conquistadores, en cambio, fueron asimilados a la cultura iraní.

El libro también sostiene que la geografía determina el destino . La ubicación de Irán en el «puente terrestre euroasiático» y el «corredor aéreo este-oeste» lo convirtieron en un territorio en disputa desde la antigüedad, forjando una historia de turbulencia y resiliencia.

El libro también subraya que la interrelación entre religión y política es una característica arraigada en Irán. Desde el zoroastrismo hasta el islam chiíta, la religión siempre ha sido un factor fundamental en la política iraní, como podemos observar hoy en día.

En el contexto de los 4.000 años de historia de Irán, la agresión estadounidense  es simplemente la más reciente incursión extranjera en esta región geoestratégica.

También se trata de un extraño choque entre civilización y religión en la época moderna, un tema que la mayoría del mundo creía superado. Por un lado, la civilización persa y la fe islámica; por otro, el judaísmo sionista y los nuevos cruzados evangélicos (sionistas cristianos), representados por el secretario de Guerra estadounidense, Pete Hegseth, cubierto de tatuajes.

Como ha sucedido históricamente, los iraníes han demostrado su tradicional resistencia y fortaleza en la lucha contra los invasores extranjeros.

De hecho, el ataque de Saddam Hussein contra Irán en la década de 1980, apoyado por Estados Unidos, fue mucho más sangriento que la actual invasión estadounidense-israelí. En aquella guerra, los iraníes resistieron y prevalecieron tras sufrir grandes pérdidas.

La historia se repite.

* Una nota al margen: al hablar de la guerra entre Irán e Irak, Henry Kissinger comentó cínicamente sobre ambos bandos: «Es una lástima que ninguno de los dos pueda perder».

En «Todos los hombres del Shah» , Stephen Kinzer narra el golpe de Estado liderado por la CIA en Irán en 1953 que derrocó al primer ministro elegido democráticamente, Mohammad Mossadegh.

Este acontecimiento crucial, orquestado por Estados Unidos y el Reino Unido, puso fin al breve experimento democrático de Irán y sembró las semillas del futuro caos en Oriente Medio y de la Revolución Islámica de 1979. La guerra actual es el fruto de ese árbol envenenado.

La tensión comenzó cuando Mossadegh nacionalizó la Anglo-Iranian Oil Company (actualmente BP), que por entonces estaba controlada por Gran Bretaña. Los británicos, negándose a compartir las ganancias equitativamente, respondieron con un embargo económico y lograron convencer a Estados Unidos de que Mossadegh representaba una amenaza procomunista, lo cual no era cierto. De hecho, Mossadegh era un nacionalista moderado clásico, como Nasser o Nehru.

Bajo la dirección del agente Kermit Roosevelt, primo lejano de Franklin D. Roosevelt, la CIA y el MI6 lanzaron la Operación Ajax, que utilizó sobornos, disturbios orquestados y propaganda para crear caos, lo que finalmente condujo al arresto de Mossadegh y a la restauración de Mohammad Reza Shah en el poder.

El golpe de Estado instauró un periodo de 25 años de gobierno represivo bajo el Shah, impuesto por su policía secreta, la SAVAK. Kinzer detalla cómo esta tiranía desencadenó finalmente la Revolución de 1979, convirtiendo a Irán en un estado fundamentalista hostil a Occidente.

Kinzer describió el golpe de Estado de 1953 como el «primer golpe de Estado moderno de la CIA», que sirvió de modelo para posteriores intervenciones estadounidenses en Guatemala, Chile, Vietnam y otros lugares.

Las llamadas “revoluciones de colores”, que Occidente patrocina en todo el mundo, tienen su origen en el derrocamiento de Mossadegh. Estas “revoluciones de colores” no son más que estratagemas neocoloniales para crear vasallos y aliados de los intereses occidentales.

Kinzer traza una línea directa desde la destrucción de la democracia iraní hasta el antiamericanismo moderno, la crisis de los rehenes en Estados Unidos e incluso el auge de grupos extremistas como los talibanes.

A partir de estos dos libros, podemos deducir las raíces históricas de la estrategia bélica de Irán contra Estados Unidos e Israel.

1. La “mentalidad de asedio” y la cultura estratégica

La forma en que Irán afronta los conflictos está profundamente marcada por una «gran estrategia de resistencia» arraigada en el trauma histórico.

Esta mentalidad tiene dos fuentes históricas clave: el antiguo legado imperial y la traumática guerra Irán-Irak (1980-1988).

Como documenta el libro Irán: 4000 años de historia , Irán fue el centro de vastos imperios (aqueménida, parto, sasánida) que sufrieron repetidas invasiones de griegos, árabes, turcos y mongoles. A pesar de las conquistas, la cultura persa asimiló a los conquistadores, creando una identidad iraní resiliente que perdura hasta nuestros días.

El conflicto entre Irán e Irak, que duró ocho años y comenzó inmediatamente después de la Revolución de 1979, causó la muerte de cientos de miles de personas y consumió dos tercios de los ingresos nacionales de Irán para 1988. Esto creó una narrativa de «defensa sagrada» e institucionalizó una cultura militar centrada en la resistencia y la guerra asimétrica.

El resultado son políticas que los funcionarios iraníes describieron como «calculadas y pragmáticas», destinadas a «agotar y superar a Estados Unidos» en resistencia, en lugar de buscar victorias rápidas.

2. La Revolución de 1979 y el marco ideológico

La Revolución Islámica transformó radicalmente el comportamiento estratégico de Irán al introducir una ideología antioccidental.

La revolución de Khomeini reemplazó una monarquía prooccidental con una república teocrática que identificaba explícitamente a Estados Unidos como «el Gran Satán» y a Israel como un ocupante ilegítimo, como reacción directa a:

  • El golpe de Estado de 1953, orquestado por la CIA y los británicos, que derrocó al primer ministro Mossadegh, elegido democráticamente.
  • El apoyo de Estados Unidos al régimen autoritario del Sha y a su brutal policía secreta (SAVAK).
  • La crisis de los rehenes de 1979, que rompió las relaciones diplomáticas y dio comienzo a décadas de guerra fría.

3. La estrategia del “Eje de la Resistencia”

La experiencia histórica de Irán como civilización encrucijada (el «puente terrestre euroasiático») le enseñó que el conflicto directo con potencias superiores es un suicidio.

En cambio, Irán ha construido una red de aliados que reflejan las antiguas tradiciones diplomáticas persas, entre los que se incluyen Hezbolá en el Líbano, Hamás en Gaza, los hutíes en Yemen y las milicias chiíes en Irak y Siria. Estos aliados proporcionan a Irán un margen de maniobra y múltiples puntos de influencia contra sus adversarios.

4. Independencia estratégica

Irán ha mantenido durante mucho tiempo la doctrina de «Ni Oriente, ni Occidente». Esto refleja la posición histórica de Irán entre imperios rivales (romano/parto, británico/ruso, estadounidense/soviético).

Actualmente, Irán mantiene lazos con Rusia y China, al tiempo que conserva una postura independiente, demostrando así la continuidad de su tradición de no alineación. Este pilar estratégico podría volverse menos sostenible, ya que la reconciliación con Occidente parece, por ahora, impensable.

5. Psicología cultural del conflicto

El libro Irán: 4000 años de historia subraya que “los conquistadores fueron asimilados a la cultura iraní”. Esto crea una psicología estratégica única:

  • Visión a largo plazo: La civilización persa mide el tiempo en milenios, no en ciclos electorales. Como señaló un funcionario iraní, están preparados para sobrevivir a la hegemonía estadounidense.
  • Humillación y prestigio: El golpe de Estado de 1953 y el apoyo occidental al Shah crearon una narrativa nacional de soberanía violada que alimenta el sentimiento antiestadounidense en todas las facciones políticas.
  • Cultura del martirio: La guerra Irán-Irak institucionalizó el culto al martirio (shahada), convirtiendo el sacrificio en una herramienta estratégica legítima, visible hoy en la disposición a asumir numerosas bajas.

Zbigniew Brzezinski, un gran maestro de la estrategia imperial estadounidense en la Guerra Fría, nos ofreció algunos de los análisis más perspicaces para comprender la falacia de la guerra que Trump decidió librar contra Irán.

En su libro de 1997 , El gran tablero de ajedrez , Brzezinski identificó a Irán como uno de los «ejes geopolíticos de vital importancia» en lo que él denominó los «Balcanes euroasiáticos»: una región de vacío y atracción de poder que se extiende desde Asia Central hasta el Golfo Pérsico.

Brzezinski escribió: «Irán domina la costa oriental del Golfo Pérsico, mientras que su independencia, independientemente de la actual hostilidad iraní hacia Estados Unidos, actúa como una barrera ante cualquier amenaza rusa a largo plazo para los intereses estadounidenses en la región del Golfo Pérsico».

En 1997, Irán representaba simultáneamente una amenaza para los intereses estadounidenses y un amortiguador geopolítico contra la expansión rusa.

Brzezinski jamás imaginó que los responsables políticos estadounidenses serían tan imprudentes como para empujar a Irán hacia Rusia, lo cual contradice directamente los intereses estratégicos de Estados Unidos y va en contra de toda lógica estratégica.

Por supuesto, nunca anticipó que los intereses judíos secuestrarían por completo la política exterior estadounidense hasta el punto en que lo hacen hoy en día, mediante sobornos (donaciones políticas) y chantaje (los archivos de Epstein).

La advertencia más premonitoria de Brzezinski aparece en El gran tablero de ajedrez : «Potencialmente, el escenario más peligroso sería una gran coalición de China, Rusia y quizás Irán, una coalición «antihegemónica» unida no por la ideología sino por agravios complementarios… Evitar esta contingencia… requerirá una demostración simultánea de la habilidad geoestratégica de Estados Unidos en los perímetros occidental, oriental y meridional de Eurasia».

Treinta años después, la realidad actual es:

  • China y Rusia han formado una «alianza sin límites».
  • Irán se unió a la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) en 2022.
  • Los tres países realizan ejercicios navales conjuntos periódicos en el Golfo Pérsico.
  • Irán suministra drones a Rusia para la guerra de Ucrania.
  • China y Rusia proporcionan apoyo diplomático, material y de inteligencia a Irán en su guerra contra Estados Unidos e Israel.

La advertencia de Brzezinski se ha hecho realidad. Un destacado comentarista chino señaló: «La guerra de Trump contra Irán podría ser el error estratégico más estúpido de la historia estadounidense», porque acelera esta coalición antihegemónica.

En una entrevista de 2012 sobre su libro Strategic Vision en el programa de Charlie Rose, Brzezinski abordó directamente el programa nuclear de Irán:

“No hay nada en la conducta iraní que sugiera que Irán intentaría suicidarse de inmediato lanzando un ataque nuclear contra Israel o algún otro Estado de Oriente Medio… Hemos adoptado esa postura con respecto a Japón y Corea del Sur, en respuesta a una posible amenaza nuclear de Corea del Norte. Evitamos un enfrentamiento con China cuando esta estaba adquiriendo armas nucleares y logramos mantener una disuasión estable en nuestra difícil relación con la Unión Soviética.”

Defendió la disuasión por encima de la guerra preventiva, argumentando que iniciar una guerra para impedir la adquisición de armas nucleares «sin duda sumiría a la región en hostilidades prolongadas e impredecibles».

Esto contrasta marcadamente con la estrategia actual de Israel y Estados Unidos de cambio de régimen mediante asesinatos y guerras no provocadas, precisamente el tipo de escalada contra la que advirtió Brzezinski.

En su obra Visión Estratégica , Brzezinski diagnosticó el problema fundamental al que se enfrenta Estados Unidos: «Para 2025, Estados Unidos podría perder su posición como potencia dominante mundial, lo que conduciría a un sistema internacional más caótico y conflictivo». A pesar de su perspicacia, omitió prever que Estados Unidos mismo sería la fuente del caos y los conflictos globales.

En 2012, Brzezinski atribuyó el posible declive al militarismo estadounidense (guerras en Irak y Afganistán), al unilateralismo (que empeoró enormemente bajo el mandato de Trump), a la crisis financiera de 2008 y a la polarización de la política interna (que también ha empeorado enormemente desde entonces).

Señaló: «A menos que superemos las divisiones paralizantes que existen actualmente en nuestra sociedad… a Estados Unidos le resultará difícil poner orden en sus asuntos internos y desempeñar un papel constructivo en el mundo». ¡Qué premonitorio!

Irónicamente, el mayor fracaso de Brzezinski como Asesor de Seguridad Nacional (1977-1981) fue el propio Irán: la Revolución de 1979 y la crisis de los rehenes.

Esta experiencia personal justifica la cautela de Strategic Vision . La inteligencia estadounidense no logró predecir la Revolución de 1979 ni la caída del Shah, al depender de los servicios de seguridad del Shah para obtener información.

Como si se repitiera la historia, en 2026 Trump calculó mal el desarrollo de la guerra basándose en la información que le proporcionaba el Mossad. Lo más probable es que Israel también lo esté chantajeando para que entre en guerra.

Brzezinski presionó para que el Sha fuera admitido en Estados Unidos para recibir tratamiento médico, lo que desencadenó la toma de la embajada y la crisis de los rehenes.

Posteriormente, la fallida misión de rescate (Operación Garra de Águila) causó la muerte de 8 militares estadounidenses, humilló a Carter y condujo directamente a su derrota en las elecciones frente a Ronald Reagan.

Estos fracasos le enseñaron a Brzezinski que las soluciones militares a los problemas iraníes suelen ser catastróficas. Su posterior defensa del diálogo y la disuasión refleja esta valiosa lección, una lección que los responsables políticos estadounidenses ignoraron.

De hecho, las sucesivas administraciones estadounidenses desde 2012 han seguido el camino totalmente opuesto a las recomendaciones de Brzezinski:

– En lugar de disuadir, y no de prevenir la guerra, Biden apoyó el genocidio israelí en Gaza y Trump se ha sumado a los objetivos bélicos maximalistas de Israel y a sus complots de asesinato.

En lugar de impedir la alineación entre China, Rusia e Irán, las sanciones y hostilidades de Estados Unidos hacia los tres países han acercado aún más a Pekín, Moscú y Teherán, a pesar de la falta de alineamientos ideológicos más allá de la hegemonía antiestadounidense.

– En lugar de mantener la “habilidad geopolítica” en todos los frentes euroasiáticos, Estados Unidos se ha extralimitado y está provocando una confrontación en tres frentes: Ucrania, Irán y Taiwán.

En lugar de compromisos multilaterales, Estados Unidos ha seguido una política unilateral agresiva de «Estados Unidos primero» y una postura aún más arraigada de «Israel primero» en sus políticas de Oriente Medio.

En lugar de abordar la polarización interna para proyectar fortaleza, la profundización de las divisiones políticas internas ha dado lugar a aventuras exteriores erráticas.

Al final, las advertencias de Brzezinski caen en saco roto. La crisis actual confirma su profecía y sugiere que, sin un cambio de rumbo, la «visión estratégica» del declive estadounidense se convertirá en una profecía autocumplida.

Uno de los conceptos más proféticos de Brzezinski en el libro es el del “despertar político global”.

Sostiene que, por primera vez en la historia, toda la población mundial tiene conciencia política y es accesible a través de la prensa y las redes sociales.

Esto significa que las maniobras “imperiales” tradicionales (como el golpe de Estado de 1953 en Todos los hombres del Shah ) ya no son posibles porque la población local inevitablemente resistirá y se movilizará contra los imperialistas y el neocolonialismo.

Esto se observa claramente en la guerra de Irán. A pesar de las protestas masivas por las dificultades económicas y la corrupción, la población iraní se ha unido en torno a la bandera y se ha resistido a la capitulación ante los intensos bombardeos de Estados Unidos e Israel.

Brzezinski sostenía que Irán prefería un equilibrio entre Oriente y Occidente. Sin embargo, al usar la fuerza militar en 2026, Occidente obligó a Teherán a abandonar ese equilibrio y a buscar una «garantía de seguridad» de Pekín y Moscú, cumpliendo así la pesadilla de Brzezinski: un bloque euroasiático unificado y antioccidental.

Mientras Estados Unidos libra una guerra contra Irán, China sigue el guion previsto por Brzezinski: mantener un perfil bajo al tiempo que asegura contratos energéticos a largo plazo y acuerdos de seguridad en el Golfo Pérsico.

La creciente implicación de China en la infraestructura petrolera iraní (como la plataforma Alborz) es la manifestación física de la «integración euroasiática» que preocupaba a Brzezinski.

China está transformando a Irán, de un «eje geopolítico», en una «cabeza de puente china».

China también se beneficia del agotamiento estadounidense. El agotamiento del arsenal de EE. UU. debilita aún más su posición en las costas chinas.

En su libro , Brzezinski utilizó específicamente el año 2025 como punto de inflexión. Sostuvo que si para entonces Estados Unidos no había revitalizado su economía interna y corregido su «mentalidad de estado guarnición ignorante», perdería su papel como árbitro global.

Tras leer esto hoy, el conflicto actual se parece menos a una guerra localizada y más a la «lucha posterior a la caída de Estados Unidos» que predijo: un período caótico en el que potencias regionales como Irán y potencias mundiales como China ponen a prueba los cimientos en ruinas del antiguo orden mundial que favorece a Estados Unidos y sus vasallos.

La historia de la intervención occidental en Oriente Medio suele interpretarse como una serie de crisis geopolíticas inconexas. Sin embargo, al superponer el «pecado original» del golpe de Estado iraní de 1953 (tal como se detalla en Todos los hombres del Shah , de Stephen Kinzer ) con las confesiones tardías de Robert McNamara en Retrospectiva , emerge una arquitectura de fracaso inquietantemente coherente.

La admisión de McNamara en 1995 de los «terribles errores» cometidos durante la guerra de Vietnam va más allá de una simple disculpa. Ofrece un conjunto de herramientas de diagnóstico para comprender por qué las «guerras de elección» en Oriente Medio —en concreto, el creciente conflicto con Irán en 2026— parecen destinadas a seguir un camino trágico y circular.

La lección más profunda de McNamara fue la falta de empatía. En Vietnam, Estados Unidos veía a Ho Chi Minh a través del prisma rígido de la Guerra Fría, considerándolo un peón de la expansión soviética monolítica.

No supieron reconocer a Ho Chi Minh como un líder nacionalista cuyo principal motor era la independencia de su pueblo del dominio colonial y extranjero.

El paralelismo con Irán es evidente. La narrativa occidental suele catalogar a la República Islámica como una potencia expansionista puramente ideológica.

Sin embargo, a través de la perspectiva de » Todos los hombres del Shah» , vemos un país cuyo ADN estratégico fue reescrito por el derrocamiento de Mohammad Mossadegh en 1953, con el apoyo de la CIA.

Para Teherán, la resistencia moderna no es simplemente «terrorismo» o «agresión»; es una estrategia de «defensa avanzada» diseñada para evitar que se repita lo ocurrido en 1953.

Al no «empatizar con el enemigo» —una lección fundamental de McNamara—, las potencias occidentales calculan mal cómo reacciona Irán ante la presión.

Mientras que Washington ve la «disuasión» a través de sanciones y ataques aéreos, Teherán ve una amenaza existencial a la soberanía que exige una escalada en lugar de la sumisión.

Un tema central en la carrera de McNamara fue su dependencia del análisis cuantitativo. Como un «niño prodigio» (en referencia a su trayectoria en Ford Motors y como planificador de guerra en la Segunda Guerra Mundial), McNamara creía que si se podía medir la guerra —a través del número de bajas, las tasas de salidas aéreas y el tonelaje lanzado— se podía controlarla.

Más tarde se dio cuenta de que «no se puede cuantificar el espíritu humano» ni la legitimidad política de un régimen.

En el conflicto de 2026 con Irán, esta «falacia de McNamara» ha resurgido con fuerza. La actual «guerra de elección» suele presentarse mediante indicadores de «capacidades mermadas» por parte de Trump y sus seguidores: el número de centrifugadoras destruidas, el porcentaje de plantas de fabricación de drones neutralizadas o el número de buques hundidos.

Sin embargo, como McNamara aprendió en las selvas de Vietnam, la eficiencia técnica no sustituye la victoria política. Del mismo modo que la voluntad de resistencia de Vietnam del Norte perduró más que el armamento estadounidense, la supervivencia interna del régimen iraní y su red de aliados (el «Eje de la Resistencia») operan en una frecuencia política y religiosa inmune a las municiones de precisión.

McNamara admitió que la administración Johnson estaba «cegada por la teoría del dominó»: la creencia de que la caída de Vietnam del Sur conduciría a la toma del poder por los comunistas en toda Asia. Esta simplificación excesiva llevó a Estados Unidos a una guerra que era estratégicamente innecesaria para su propia supervivencia.

Hoy en día, una nueva teoría del dominó rige la política de Oriente Medio. Esta teoría postula que un «cambio de régimen» o la neutralización total de Irán provocará un efecto dominó democrático en toda la región, o, a la inversa, que cualquier influencia iraní creará una «media luna chií» que inevitablemente derrocará a los aliados occidentales.

Esta rígida dicotomía ignora las complejas reivindicaciones tribales, sectarias y locales que definen a Oriente Medio.

Al tratar a Irán como el único «pilar» que debe ser derribado, la estrategia occidental se arriesga a la «Opción Sansón» en sentido metafórico: derribar los pilares de la estabilidad regional y ser aplastado en el consiguiente colapso.

Uno de los mayores arrepentimientos de McNamara fue la falta de una estrategia de salida y el no haber sido honesto con el público estadounidense.

La guerra de Vietnam comenzó como una misión de asesoramiento limitada y se convirtió en una guerra terrestre con medio millón de hombres porque la administración se negó a admitir que los objetivos originales eran inalcanzables.

El conflicto actual con Irán muestra indicios de esta misma «expansión gradual de la misión». Lo que comenzó como una campaña para garantizar la no proliferación nuclear se ha convertido, en 2026, en una guerra destinada a un «cambio de régimen» y a la destrucción de Irán como Estado-nación («volver a la Edad de Piedra»).

A medida que los objetivos pasan de la contención nuclear a la defensa antimisiles y al desmantelamiento de fuerzas interpuestas, el plazo para la «victoria» se vuelve indefinido.

McNamara señala que, una vez que comienza una «guerra por elección», el costo político de admitir el fracaso se vuelve mayor que el costo humano de continuar el conflicto.

Esto conduce a lo que él denominó «la vía intermedia»: una escalada gradual suficiente para permanecer en la guerra, pero nunca suficiente para ganarla, lo que garantiza un atolladero.

Tras el fracaso de las negociaciones en Islamabad, la probabilidad de un estancamiento se ha incrementado exponencialmente. Es muy probable que presenciemos una renovada hostilidad y una escalada del conflicto, tal como advirtió McNamara.

En su libro En retrospectiva, McNamara señala que un aspecto particularmente alarmante de la guerra de Vietnam es que el riesgo de una guerra nuclear durante la década de 1960 era mucho mayor de lo que el público creía.

En el Medio Oriente moderno, la interacción entre la búsqueda de «profundidad estratégica» por parte de Irán y la «Opción Sansón» de Israel (guerra nuclear si Israel percibe una amenaza existencial) crea un entorno de alta tensión.

Si Estados Unidos sigue la senda de McNamara de una escalada «racional» sin empatía cultural, corre el riesgo de empujar al régimen iraní hasta un punto en el que sienta que ya no tiene nada que perder.

En tal escenario, la «Opción Sansón» —la disposición a destruir el templo para acabar con los enemigos— pasa de ser una doctrina teórica a una aterradora realidad.

En sus últimos años, McNamara abogó por la «abolición nuclear» y la «reducción de la escalada», reconociendo que en un mundo de perfección técnica y falibilidad humana, las probabilidades acaban agotándose.

Leer «Todos los hombres del Shah» , «Visión estratégica» y » En retrospectiva» en 2026 es como leer un manual para un colapso que ya está en marcha.

Las “guerras de elección” en Oriente Medio se están librando con tecnología del siglo XXI, pero con errores del siglo XX.

Aprendemos que la historia no es una línea recta, sino un ciclo impulsado por la arrogancia y la medición de variables erróneas.

La tragedia de McNamara fue que se percató de sus errores treinta años demasiado tarde. Parece que Estados Unidos está destinado a repetir las lecciones de Vietnam en los desiertos de Oriente Medio. 

jeudi 12 février 2026

Epstein, Snowden et la NSA

 Source https://www.legrandsoir.info/epstein-snowden-et-la-nsa.html

Le lanceur d’alerte Edward Snowden a révélé en 2013 que la plus grande agence de renseignement états-unienne, la NSA, spécialisée dans le "SIGINT" (SIGnals INTelligence - renseignement électronique), avait pour fâcheuse tendance de récolter TOUTES les communications sous forme électronique (communications, courriels électroniques, conversations téléphoniques, etc) qui passent à sa portée, qui est vaste.

L’agence ne s’impose aucune limite et son mode opératoire peut se résumer à : "on intercepte absolument tout signal électronique, on le stocke, et on verra après si ça peut servir". C’est systématique, c’est tous azimuts, c’est indiscriminé et c’est global. Y compris sur le citoyens US et en l’absence de tout mandat de la justice. D’où le scandale (qui fit long feu).

Les "courriels Epstein" (à l’instar de tous les courriels), les conversation téléphoniques (à l’instar de toutes les conversations téléphoniques), sont donc déjà, et l’ont toujours été, entre les mains grapilleuses de la NSA.

Eu égard aux interlocuteurs impliqués, on peut même raisonnablement penser que l’univers Epstein d’inter-connexions était repéré, cartographié et sous une surveillance quelconque. Et que les communications étaient suffisamment chargées de mots-clés et d’indices pour attirer l’attention de la plus attardée des Intelligences Artificielles.

Il ne fait donc aucun doute dans mon esprit que les outils d’analyse de ces données - du moins pour les données non cryptées - ont forcément fait l’objet d’un "signalement" ou fait sonner une alarme quelque part. Après tout, c’est le métier de la NSA et le but de toute la manoeuvre.

Conclusion : bien avant et indépendamment de toute "enquête", la plus grande agence de renseignement des Etats-Unis savait déjà mais n’en fit rien. Juste pour dire l’ambiance. Et mettre en perspective le côté "nous existons pour vous protéger" des services de renseignement...

Car, à part son omniprésence, la NSA a quelque chose d’autre en commun avec Dieu : on peut facilement l’oublier lorsqu’on n’y pense pas.

Viktor Dedaj
Et Dieu dans tout ça ?

lundi 19 janvier 2026

Globalisation et privatisation de la guerre, l’évolution de la stratégie de défense américaine

SOURCE: https://www.institutschiller.org/Globalisation-et-privatisation-de-la-guerre-l-evolution-de-la-strategie-de

par Christophe Lavernhe

Cet article rend compte, entre autres, du travail de Nel Bonilla, doctorante, sur le thème de « l’Ouest et le reste » (West and the rest) [1]. Nel Bonilla est partie d’une lecture attentive de la littérature publiée par les organismes de pouvoir liés de près ou de loin à l’Alliance atlantique et à son moteur anglo-américain [2].
Ci-dessous, une courte vidéo mentionnée par Nel Bonilla dans son article. Elle a été réalisée par le Commandement allié transformation de l’OTAN sous les auspices de la division dite Clairvoyance stratégique dirigée par Florence Gaub.


De par sa nature intrinsèquement destructrice (par le pillage et la spéculation financière), le système politico-économique occidental n’est plus capable de surmonter les crises qu’il génère. Refusant à prendre les mesures de fond qui nous permettraient d’en sortir par le haut, nos « élites » paniquent. Dans le paradigme de compétition dont elles n’arrivent pas à s’extraire (je ne peux gagner que si tu perds), les fenêtres d’opportunité qui s’offrent encore à elles pour tenter de combler l’écart avec les pays des BRICS+++ sont en train de se refermer et l’avance de ces derniers devient irratrapable.

A cet égard, les Etats-Unis et l’Europe voient la Chine, en pleine effervescence créative, comme le défi ultime. Pour se prémunir d’une telle concurrence,

« les élites occidentales (…) ont choisi de militariser la concurrence elle-même, traitant le développement économique, les avancées technologiques et la coopération diplomatique des puissance non occidentales comme des problèmes militaires requérant des solutions militaires »

.

Sûr du soutien de l’Etat profond américain dont sa société est une pièce maitresse, Peter Thiel, patron avec Alex Karp de la firme Palentir (spécialiste du logiciel d’analyse de données à grande échelle) affirme ainsi que « la concurrence c’est fait pour les losers (les perdants) » [3]. Les patrons de la Tech américaine travaillent le gouvernement fédéral pour qu’ils les aident à imposer, par la force s’il le faut, un monopole mondial dans leur spécialité.

Cela dit, avec ou sans Palentir, la plupart des conflits actuellement en cours de par le monde sont le résultat d’une volonté de domination occidentale qui n’arrive plus à s’affirmer. L’Alliance atlantique, dominée par des pays va-t-en-guerre, désire pareillement passer en force sans en être capable. Les « losers » ne sont donc pas ceux qu’on croit. Et le fait qu’ils s’accrochent les rend terriblement dangereux.

On le constate à travers la volonté irréaliste et suicidaire de la part des Européens de doubler la mise face aux forces russes mais aussi celle des néo-conservateurs américains d’étendre l’Otan en Asie. Les deux nous mènent - à plus ou moins brève échéance - vers une guerre de haute intensité à partir de l’un de ces théâtres. C’est du moins ce que nous promettent les autorités civiles et militaires de notre pays, mais aussi celles du Royaume Uni, de l’Allemagne et de l’Otan pour ne citer qu’elles. La conflictualité « se déploie désormais dans tous les domaines et en amont du conflit ouvert » constatait déjà en 2017 la Revue Stratégique de défense et de sécurité nationale [4]. Une conflictualité à même de contrecarrer la pacification des relations internationales voulue par la majorité du Sud Planétaire.

Dans ce contexte et faute de pouvoir produire suffisamment d’armes, de munitions, de soutiens logistique pour neutraliser l’adversaire en cas de conflit de haute intensité, les Etats-Unis ont concocté une nouvelle doctrine qui consiste d’abord à se donner du temps.

Gagner du temps

A une domination qui ne peut plus se justifier par la prospérité, l’innovation ou le consentement, les capitales de l’Alliance atlantique opposent une coercition diffuse, jusqu’à avoir rattrapé leur retard (c’est du moins le but affiché).

Pour cela, il faut changer les caractéristiques de la guerre pensent-elles. « D’épisodique et régionale » la guerre doit devenir « trans-régionale et globale ». On y abandonne le principe « d’interventions ponctuelles et limitées » en faveur « d’un engagement simultané dans tous les domaines » [5] :

« Le système westphalien de conflits délimités entre états nations souverains fait place à un engagement permanent et partout (…) Les théâtres de guerre séparés deviennent, dans ce système « post-westphalien », les nœuds interconnectés d’un réseau de chantage planétaire ».

Parce qu’elles offrent la possibilité de maintenir des foyers de déstabilisation, les plaies héritées du passé sont maintenues ouvertes ou peuvent être réveillées n’importe quand au gré de déclarations hostiles, d’exercices militaires surprise ou d’incidents mis en scène. Concrètement on évite la résolution des conflits ainsi que l’illustre l’exemple tragique de ce qu’il se passe en Palestine ou en Ukraine. Mais aussi autour de Taiwan, au Vénézuela, dans de nombreux pays africains etc.

Outre que cela consolide le lobby militaro-industriel occidental, la multiplication d’accrochages de basse intensité est censée épuiser l’adversaire non-occidental. La mobilisation vers la guerre permet également d’occulter le déclin de nos économies civiles, tout en préparant les conflits de haute intensité.

Mais chaque jour qui passe met ce scénario à mal. Ne serait-ce que parce qu’il active de multiples solidarités entre pays partageant le sentiment d’être menacés par cette doctrine de guerre tous azimuts.

Guerre tous azimuts

Selon la National Defense Strategy de 2018, le problème pour les Etats-Unis est désormais principalement de répondre aux menaces de ce qu’elle appelle les « puissances révisionnistes » (sous entendu toutes celles qui rejettent la suprématie occidentales), principalement la Russie et la Chine (et aussi la Corée du Nord et l’Iran). C’est sur le plan de la protection aérienne que les Etats-Unis ont le plus perdu. Leurs routes d’approvisionnement traditionnelles sont devenues vulnérables, et les bases statiques (800 bases américaines autour du globe) peuvent devenir des pièges mortels face aux dangers venus du ciel.

Les « trous » existants dans le « dôme de fer » israélien, constatés lors du dernier conflit avec l’Iran en juin 2025 en sont un exemple. Rappelons que le dôme de fer a été développé conjointement par Israël et l’armée américaine, pour défendre le territoire israélien, mais aussi comme terrain d’expérimentation mettant en oeuvre l’IA et les dernières technologies. Pour riposter, l’Iran a utilisé de puissants missiles balistiques qui sont venus saturer la défense du dôme de fer, provoquant des dégâts largement occultés par le narratif officiel israélien. Précisons que Téhéran disposerait d’un arsenal de 2 000 missiles balistiques.

Plus généralement, la vulnérabilité occidentale est liée à la « prolifération » des systèmes de défense anti-aérienne multi-couches, des tirs de précision dans la profondeur, des systèmes de guerre électronique et des moyens cyber offensifs et défensifs. Un nombre croissant de pays à qui les Etats-Unis ont affublé l’étiquette « adversaire » ou « ennemi » sont désormais en mesure de « contester » la liberté d’action dont les forces américaines ont pu bénéficier, remettant en cause l’aptitude à la manœuvre interarmées qui conditionne la domination américaine.

C’est dans cette atmosphère de contestation générale du primat américain que l’Army ne veut (ou plutôt ne peut) pas rester focalisée sur la conduite des « batailles ». Elle se prépare plutôt à mener toutes formes d’opérations dans le cadre d’une « compétition stratégique » de nature globale visant à mettre au pas le bloc révisionniste, où qu’il soit et quand il le faut. La persistance des foyers de tension soigneusement entretenus vise à dérouter l’adversaire, le faire douter dans un contexte d’éternels recommencements.

L’ambiguïté stratégique

Cette doctrine porte un nom : l’ambiguïté stratégique. Elle brouille les intentions de sorte que les adversaires doivent se préparer à tous les scénarios et défendre tous les fronts, tout le temps. L’effet de surprise lié à l’imprévisibilité peut aussi donner à des moyens limités un effet multiplicateur sur le terrain. La fait d’alléguer en flux continu de l’existence de menaces diverses contribue aussi à alimenter la psychose dans le public, ce qui le prépare à la guerre. En Europe, chaque jour qui passe égrène sont lot d’évènements allégués et montés en épingle, destinés à accroitre l’inquiétude : déraillement de train suspects en Pologne (sur les lignes ravitaillant l’Ukraine), incendies d’entrepôts logistiques au Royaume Uni et en Allemagne, coupure inexpliquées de câble sous-marins en Baltique, brouillages GPS affectant l’aviation civile etc.

Si l’ambiguïté stratégique relève plus du discours diplomatique ou de la communication d’informations vers le grand public (conditionnements, propagande), l’incertitude opérationnelle intervient avant et durant l’intervention armée.

Les Opérations multi-domaines (OMD)

Ce que les stratèges américains ont nommé Opérations Multi-Domaines (Multi Domain Operations, MDO) permet de prolonger l’incertitude sur le terrain, avant et durant l’intervention armée.

Le document rédigé en 2018 sur la stratégie nationale de défense le résume ainsi :

« Soyez (...) opérationnellement imprévisible... notre déploiement dynamique des forces, notre posture militaire et nos opérations doivent introduire un élément d’imprévisibilité pour les décideurs adverses... manœuvrez vos concurrents dans des positions défavorables, contrecarrez leurs efforts, éliminez leurs options tout en développant les vôtres ».

La Rand corporation affirme au même moment que « l’imprévisibilité opérationnelle, c’est rendre l’adversaire incertain sur la façon dont les Etats-Unis vont combattre ». La meilleure façon de faire précise la Rand est de mettre au point et d’expérimenter plusieurs méthodes d’action qui demanderont chacune une réplique adaptée, différente de toutes les autres, de la part de l’ennemi.

Des attaques multiples, menées en collaboration étroite entre les domaines terrestre, maritime, spatial, aérien, cybernétique et électromagnétique visent à coordonner les effets et provoquer des dilemmes chez l’adversaire. On y intègre aussi celui de l’information, l’espace extra-atmosphérique… et le cerveau humain qui, pour les stratèges de l’Otan, est devenu le nouveau domaine opérationnel. La Russie est par exemple accusée de mener une guerre permanente contre les esprits européens, pour briser la volonté de résistance.

Ces attaques impliquent aussi le recours à différents types d’acteurs, sortes de mercenaires (voire de groupes terroristes) il est question de forces « de substitution » ou auxiliaires locaux (aussi appelés proxys). Ces modalités d’opération entrent dans le cadre de stratégies dites « hybrides » ou de « zones grises ». Les limites traditionnelles de la notion de conflit s’estompent, instaurant une lutte d’influence dont les enjeux sont les « alliés et partenaires » (pays de l’Otan, de l’AUKUS [6]...) ainsi que « les Etats vulnérables de la ligne de partage » (Ukraine, Turquie, Inde...).

La France s’inscrit en plein dans ces « nouveaux modes de conflictualité », notre Président de la République reprend à son compte l’ambiguïté stratégique : « la frontière entre compétition et confrontation, qui nous permettait de distinguer le temps de paix du temps de crise ou de la guerre, est aujourd’hui profondément diluée (…) Elle laisse place à de multiples zones grises où, sous couvert d’asymétrie ou d’hybridité, se déploient des actions d’influence, de nuisance, voire d’intimidation, qui pourraient dégénérer » (extrait de son discours sur la stratégie de défense et de dissuasion le 7 février 2020).

Mais entre ce qui est visé et la réalité, l’écart est encore manifeste. Les OMD supposent acquises de nombreuses conditions qui ne sont que très rarement réunies. Les communications doivent notamment éviter les brouillages et rester fluides entre les différents domaines. En Ukraine par exemple, on peut observer que la guerre électronique menée par la Russie perturbe avec succès les réseaux ISR (Intelligence, surveillance, reconnaissance) locaux tout en brouillant le GPS, en dégradant les drones et en interférant avec les tirs guidés de précision.`

La guerre mosaïque

La guerre de demain telle qu’elle est pensée au Pentagone sera aussi faite par des unités de taille réduite (composant une mosaïque), assemblées en vue de combattre de manière fluide et décentralisée, sans structure préalablement définie. Les éléments individuels d’une mosaïque – des petits drones par exemple - sont vulnérables, mais ensemble, ils représentent un réel danger. Même si un adversaire parvient à neutraliser plusieurs pièces de la mosaïque, l’ensemble peut réagir instantanément selon les besoins pour obtenir l’effet global souhaité.

Dans le cadre des Opérations Multi-Domaines que l’on vient de décrire, les responsables de la DARPA américaine (Defense Advanced Research Projects Agency) mettent en avant ce concept de guerre mosaïque pour qualifier les nouvelles configurations rendues possibles par les progrès dans la communication entre machines :

« petits fragments en grand nombre, interopérables, faibles et fragiles pris isolément, les drones peuvent être agencés dans un contexte spécifique pour tuer. Un même drone peut être une fois un capteur, une autre fois une munition vagabonde, un leurre, ou un brouilleur. Chaque drone est autonome. Il a été doté de données communes à tous les autres drones et peut s’intégrer très rapidement à une configuration locale de force. Le commandement humain fournit les grandes lignes de l’intention ; les algorithmes assemblent des forces opérationnelles à partir de tout ce qui se trouve à proximité et en réseau. L’orchestration est instantanée et, idéalement, intraçable ».

Contrairement aux systèmes monolithiques et aux architectures rigides actuels, dont le développement prend des décennies au point où certains systèmes militaires deviennent obsolètes avant même d’être livrés, de tels systèmes sont moins coûteux et moins complexes fait valoir l’État Major. La guerre mosaïque utilise aussi l’interopérabilité entre machines et IA pour mettre en réseau des systèmes en partie habités (par l’homme) et en partie non habités :

« La guerre mosaïque nous est présentée comme l’archétype de la résilience : un force distribuée qui ne peut être décapitée, qui survit en se dispersant plus vite qu’elle ne peut être à son tour frappée. »

Il existe une hypothèse sous-jacente à cette guerre apparemment « joyeuse » que veulent mener les occidentaux au XXIeme siècle, c’est que nos adversaires, contrairement à nous, sont fragiles, centralisés et incapables de se recomposer de manière adaptative. Ici perce à nouveau « la vision civilisationnelle de supériorité qui sous-tend la vision stratégique globale du monde. ». Une vision qui amène de nombreux stratèges occidentaux à sous-estimer la capacité des nations apparemment moins avancées à surpasser leurs manœuvres.

Le réseau

A l’échelle globale, la guerre mosaïque repose sur un réseau unifié, véritable architecture planétaire. Sur le papier, il permet par exemple à « un capteur situé en Afrique de déclencher une frappe dans le Pacifique, tandis que l’analyse est effectuée en Allemagne et au Colorado. »

Sorte de meta-réseau, le cyberespace inclut l’informatique, Internet, les réseaux subsidiaires, les technologies numériques, en particulier lorsqu’il s’agit de contrôle, de communication ou de sécurité. Pas de drapeau, pas de bases dans le cyberespace. Ce qui demeure c’est le maillage de l’espace, avec la possibilité d’y fonctionner d’une façon décentralisée. Au sein de ce réseau qui stipule avant tout l’interopérabilité, la puissance coercitive circule.

Mais attention, celui qui accepte d’en être membre accepte la loi en vigueur. Cela se fait à travers l’alignement sur les normes qui régissent le fonctionnement des infrastructures, de la logistique, des finances et de la communication. Au plan militaire plus spécifiquement :

« Grâce à l’infrastructure numérique, les alliés intégreront leurs forces armées dans un système technologique dirigé par les États-Unis dont ils ne pourront se dissocier sans renoncer à leur propre capacité opérationnelle »

.

Cet embrigadement fait écho au chantage exercé auprès des acteurs économiques qui acceptent de commercer en dollars. Ils doivent se soumettre aux conditions américaines (extraterritorialité du droit, taxes, sanctions et interdits divers). Voilà une bonne dizaine d’années que les territoires du Sud planétaire ont entamé la longue marche pour se désengager du système dollar. Ils ont aussi très bien compris – Chine en tête – à quel point la mise en place d’une infrastructure réseau indépendante de l’Occident collectif est un élément vital.

Globalisation et privatisation de la guerre

Voilà un exemple de ce que cela donne sur le terrain, à Gaza en l’occurence. Les entreprises technologiques américaines (Palantir à nouveau, et Dataminr) sont intégrées au centre de coordination civilo militaire (CMCC) partenariat public/privé élaboré par les Américains :

« Elles contribuent au modèle sécuritaire baptisé « alternative safe communities », qui propose de regrouper des civils palestiniens dans des zones clôturées, surveillées et connectées aux systèmes prédictifs des firmes américaines. L’IA identifierait les « comportements à risque » en suivant téléphones, déplacements et traces numériques. Ces sociétés ne se contentent pas de fournir des outils. Elles co-écrivent, avec les Etats, l’architecture sécuritaire de l’après-guerre. Cette fusion entre l’appareil militaro diplomatique et l’industrie du big data pose une question fondamentale : que devient la liberté quand la puissance publique délègue à des société privées le pouvoir de surveiller, cibler et contrôler des populations entières ? » [7]

Plus généralement, à Gaza ou bien en Ukraine qui pilote réellement ? Ce ne sont pas les peuples, consultés ni sur l’état de belligérance (est-on en guerre ou non ?), ni sur l’emploi de nouvelles armes, ni sur l’apparition d’outils de contrôle redoutables, ou sur l’élargissement de l’Otan. Ce sont à peine les ministres, à la fois complices et dépassés par la complexité technique des dossiers.

L’obstacle sur lequel l’humanité bute à l’aube du deuxième quart du 21e siècle, c’est donc la prééminence de ces intérêts militaro-financiers privés qui se substituent au pouvoir souverain des peuples, reléguant les nations porteuses de l’intérêt général au rang d’annexes « juridico-policières ».

Dans ce type de contexte international, les enjeux diplomatiques, militaires, les règles d’attribution de marchés privés, la multiplication des acteurs (incluant les organismes internationaux, supranationaux et autres ONG..), rend le fonctionnement général difficilement déchiffrable pour la plupart des intervenants.

Ce n’est pas le cas pour les sociétés qui organisent les processus de délibération/décision. Elles imposent des pratiques managériales qui compartiment les problèmes et entretiennent l’opacité. A travers l’élaboration de structures qui permettent de concentrer le pouvoir de décision sans attirer l’attention, de fixer la rémunération des sous-traitants, d’attribuer les budgets de façon à rémunérer au mieux le secteur militaro-industriel, le tout dans une logique de maximisation du profit et de rétrocommissions à des fins politiques.

* * *

Plutôt que de rechercher des terrains d’entente et de négociation, les élites occidentales préfèrent donc « gérer » l’opposition orchestrée entre les deux blocs que nous venons de décrire. La guerre généralisée reste, à leurs yeux, le dernier recours. C’est leur façon de repousser l’écroulement inévitable du système financier occidental. Elles peuvent pour cela compter sur l’aide active des gouvernements qu’elles ont réussi à subvertir. Pour nous européens la subversion est emmenée par le trio Emmanuel Macron, Friedrich Merz, Keir Starmer. Sous peine d’écroulement, nous devons sortir de cette logique de bloc, très vite.


A lire aussi :


Notes

[2Les sources de la chercheuse sont les publications de think-tanks privés (tels la Rand Corporation, le CSIS, la Heritage Foundation), les médias qui en sont les relais (Wall Street Journal, Financial Times) et enfin les publications des organismes officiels au coeur de la bureaucratie permanente des Etats Unis et de l’Otan. Ces positions officielles reflètent souvent des politiques qui leur ont été soufflées par les lobbyistes, cabinets des conseil et autres agents d’influence extérieurs.

[3Si l’on prend l’exemple français, Palentir n’a effectivement aucun concurrent. Voilà dix ans que les autorités françaises ont choisi Palentir comme partenaire exclusif de la Direction Générale de la Sécurité Intérieure (DGSI), au coeur des services de renseignement français, pour exploiter nos données les plus sensibles. Et l’on a appris le 15 décembre 2025 que le contrat qui lie la France à cette société va être renouvelé pour les trois prochaines années…

[5Selon le Plan de réseau unifié de l’armée 2.0 pour Army Unified Network Plan 2.0, ou AUNP, auquel fait écho l’Analyse prospective stratégique de l’OTAN pour 2023 établie par l’Otan.

[6Acronyme de l’anglais Australia, United Kingdom et United States

jeudi 25 décembre 2025

Camus ou la bonne conscience coloniale, en Algérie comme en Palestine.

 SOURCE/https://www.legrandsoir.info/camus-ou-la-bonne-conscience-coloniale-en-algerie-comme-en-palestine.html

Lors de la sortie de L’étranger, le film d’Ozon, je me suis demandé : pourquoi adapter maintenant ce roman sinistre et ringard ? Bien sûr, on pouvait répondre en pensant à la passion de Macron pour Camus, et aux tensions actuelles entre la France et l’Algérie. Mais, en lisant le livre magistral d’Olivier Gloag, Oublier Camus (2013), on réalise à quel point la situation de « l’Algérie française », et celle de la Palestine judaïsée sont semblables, et que la bonne conscience coloniale de Camus peut servir à neutraliser les horreurs du génocide en Palestine, comme elle sert à donner un visage humaniste à la colonisation française en Algérie.

L’Algérie était, comme l’est la Palestine, une colonie de peuplement, ce qui permet aux colons de s’imaginer que le pays qu’ils occupent est le leur. Camus s’imaginait algérien, et criait, comme les autres colons, son amour de l’Algérie ; c’est sans doute à partir de là qu’on a pensé qu’il était anti-colonialiste, comme le prétendent les critiques de droite et l’institution scolaire – mais Camus aimait l’Algérie sans les Algériens (comme O. Gloag, je désignerai par le terme d’Algérien, que les colons français s’étaient approprié, les indigènes que les colons appelaient « les Arabes » ou « les musulmans), et il la voulait partie intégrante de l’Empire français ; c’est ce que montre Gloag en étudiant précisément, dans leur contexte, les déclarations, mouvantes et souvent ambiguës, de Camus.

Dans les années 30, Camus est favorable à une réforme (légère) du statut des Arabes : était-il donc favorable à la cause de l’indépendance ? Nullement : il craignait que la cruauté du système et l’humiliation systématique des Algériens ne favorisent le mouvement indépendantiste, et estimait, comme le Prince Salina du Guépard, qu’il fallait changer quelque chose pour que tout reste comme avant. Mais les colons bloquèrent toute proposition de la métropole pour améliorer le statut des Algériens. Déçu par son incapacité à influencer les colons, Camus se met en retrait, mais les événements historiques l’obligeront à intervenir de nouveau.

A la fin de la IIe Guerre Mondiale, à partir justement du 8 mai 1945, ce seront les massacres de Sétif et Guelma. Du fait des violences des colons, les manifestations des Algériens devinrent des émeutes, qui provoquèrent la mort de 102 pieds-noirs (curieusement, Wikipédia annonce d’abord 1165 morts, chiffre donné par les autorités à l’époque, et ne rectifie qu’en fin d’article, sous la rubrique « bataille de chiffres »). Le soulèvement du Nord-Constantinois fut écrasé par l’armée : 41 tonnes de bombes déversées sur les villages, et 10000 morts (estimation française), 17000 (estimation américaine), ou 45000 (estimation algérienne) – bref, conclut Wikipédia, entre 3000 et 30000 morts chez les Algériens ! On ne se soucie guère de compter les morts arabes, que ce soit en Algérie ou à Gaza. On remarque aussi le même type d’équivalence que celui pratiqué par les Israéliens, de façon plus drastique : 100 morts arabes pour 1 mort français, 10000, 20000, 30000 ... morts palestiniens pour un mort juif.

Comment réagit Camus, qui était en Algérie pendant les massacres ? Dans un article, il parle de « désirs désordonnés de puissance et d’expansion »... chez les Algériens (!), et d’une nécessité de justice et d’humanité chez les Français : aucune condamnation des massacres des colons et de l’armée, seulement des propos lénifiants, mais en fait cyniques, qui constituent une véritable insulte à l’égard des Algériens. Les événements, dit-il encore, laissent, chez « les masses arabes un sentiment de crainte et d’hostilité », mais, chez les colons, « un ressentiment profond et indigné » : on appréciera la différence de force de ces termes, dont on peut conclure que ce sont les colons qui ont été traumatisés ; par contre, Camus stigmatise la « haine » qui anime les Algériens, et appelle donc les autorités à lancer une sorte de Kulturkampf, pour conquérir les coeurs des Algériens.

Quel est le point commun entre Eugène Sue (Les Mystères de Paris, 1842), Alexandre Dumas (Le Comte de Monte Cristo 1844 ), Victor Hugo (Les Misérables 1862) et Camus ? Ils expédient en Algérie les gêneurs, criminels (tel Thénardier), ou repentis ayant besoin d’expiation, se réhabiliter ou donner un sens à leur vie en faisant le coup de feu contre les indigènes ou, au mieux, en leur expliquant les bienfaits de la colonisation : « à l’heure où tant de jeunes Français cherchent une voie et une raison de vivre, on trouvera peut-être quelques milliers d’entre eux pour comprendre qu’une terre les attend, où ils pourront à la fois servir l’homme et leur pays ». Camus compte sur eux pour renforcer la position des Européens face aux Algériens, de même qu’Israel, depuis son installation, incite le plus possible d’Occidentaux à s’installer en Palestine pour contrer la démographie palestinienne. L’Algérie, comme la Palestine, apparaît comme une Terre Promise vierge qui n’attend pour s’éveiller et parvenir à la civilisation que l’arrivée des Occidentaux. Le ton onctueux, patelin, papelard de Camus est insupportable.

Mais Camus ne soutient pas seulement le colonialisme en Algérie (pour lequel il pourrait faire valoir des raisons sentimentales) : le 8 mai 1954, après Dien Bien Phu, il compare ses sentiments à ceux qu’il éprouvait lors de l’invasion allemande : « Comme en 40, sentiment partagé de honte et de fureur », sentiment provoqué (précisons-le) par l’abandon par la France des braves soldats massacrés par les Vietnamiens.

Malgré son humanisme abstrait et iréniste, Camus ne peut pas cacher son soutien au colonialisme. Chaque fois que, pendant la guerre d’Algérie, des intellectuels de gauche lui demanderont de s’associer à eux pour demander la grâce d’un condamné politique algérien, Camus refusera. Pourquoi alors s’obstine-t-on à essayer de le dédouaner ? Gloag nous donne la réponse : il est une « icône utile » qui permet de croire qu ‘on pouvait concilier humanisme bienveillant et colonialisme, et de mythifier l’histoire de France.

Mais il faut même parler, dans le cas de Camus, de racisme : une analyse honnête de L’Etranger et de La Peste ne laisse aucun doute. La lecture de ces deux romans, et surtout le deuxième, laisse une impression de malaise et même de dégoût que, lorsque je les lisais étant adolescente, j’étais incapable de m’expliquer ; avec plus de maturité, on comprend que ce dégoût est celui que suscite le racisme. Il faut revenir sur ces textes, armé des analyses et des mots de Gloag.

L’aspect le plus frappant de L’Etranger, c’est « le déni de l’Arabe en tant qu’homme » ; ce déni « prend la forme d’une indifférence qui n’est pas expliquée mais plutôt offerte comme un fait presque neutre, comme une évidence indubitable ». Camus vide Alger de sa population arabe, à l’exception de quelques figurants qui ne sont là que pour les besoins de l’intrigue et qui disparaissent sans explication dès qu’ils ont joué leur rôle ; ils resteront tous anonymes. Mais le personnage du frère de la maîtresse de Raymond, souteneur et ami de Meursault, est traité de façon ignoble : c’est l’Arabe au couteau, il n’a pas d’autre caractéristique, et, fait étonnant, on ne lui accorde jamais le statut de victime ; tout se passe comme si c’était lui qui obligeait Meursault à le tuer d’un coup de pistolet : la lame accroche un rayon de soleil, qui éblouit Meursault, agression qui justifie le meurtre. Mais l’analyse de Gloag va plus loin : l’histoire du soleil qui, éblouissant Meursault, déclenche une réaction automatique, est une élaboration secondaire ; en réalité, Camus considère la nature algérienne comme sa propriété en tant que colon français, et ne peut pas supporter qu’un Arabe en jouisse, s’interposant entre la Nature et lui : la présence d’un Arabe sur une plage algérienne est pour lui une provocation inacceptable.

Cette provocation est d’autant plus grave, on peut dire existentielle, que Camus s’est aménagé une position de retrait lui permettant d’ignorer la réalité de l’Histoire en marche, c’est-à-dire la montée de l’indépendantisme et l’impossibilité du statu quo colonial : comme Meursault, il se réfugie dans la Nature immuable, qui efface la société et ses problèmes, avant tout, la présence des Arabes. Meursault tue donc l’Arabe parce qu’il menace son fantasme d’une Algérie française innocente par nature. La même analyse vaut pour les colons israéliens : il faut tuer les Palestiniens parce que leur présence est la négation de leur construction idéologique d’une Palestine vide, Terre Promise aux Juifs par Yahvé, et restée vierge jusqu’à leur arrivée.

Mais La Peste (1947) cache une réalité encore plus sombre. L’idée reçue, affirmée partout, qu’on assimile sans penser à la mettre en doute, c’est que la peste est une métaphore pour le fascisme : une fois les puissances fascistes vaincues, ça ne mange pas de pain, et le bourgeois conservateur peut les condamner en toute tranquillité. Mais l’absence des Arabes est ici aussi criante que dans L’étranger. Or, si Oran était une ville à majorité française, la population arabe s’accroissait rapidement : de 20 % en 1931, elle passera à 40 % en 1954 : il n’est pas difficile d’en déduire que la menace démographique ressentie par les colons s’exprime dans la présence et la prolifération des rats. Quand un journaliste vient l’interroger sur les conditions de vie des Arabes, le Docteur Rieux répond : pourquoi n’étudiez-vous pas plutôt le phénomène de la multiplication des rats ? On ne peut traduire plus clairement l’équivalence entre rats et Arabes et la substitution dans le roman de ceux-ci par ceux-là. Même obsession démographique chez les juifs d’Israel et même déshumanisation des Palestiniens : puisque c’est de la vermine, il est justifié de les exterminer.

La sortie du film L’étranger est donc un signe très inquiétant : il s’agit d’édulcorer l’entreprise coloniale, de dire que de toute façon il est temps de tourner la page (c’est dans cette optique qu’Ozon donne un nom posthume à l’Arabe assassiné), tout en idéalisant le personnage du colon, en donnant ses raisons. La colonisation de l’Algérie, une fois la conquête réalisée, a duré 84 ans ; le royaume chrétien de Jérusalem avait duré 88 ans ; le royaume juif de Jérusalem dure depuis 77 ans : les raisons du colonisateur l’emporteront-elles encore longtemps ?

Rosa Llorens

 

L’UE persécute ses citoyens en Allemagne : la mort par les sanctions


 

mardi 21 octobre 2025

Qué buscan los pibes y pibas online (édifiant sur le cycle "civilisationnel" planétaire)

 

 
Esto no lo buscan

N. entró por primera vez a un bingo a los 16. “Yo conocí ese mundo con mi mamá, en lugares físicos. A ella le gusta jugar. No es de las personas obsesionadas que van todos los días al casino, pero le gusta”. Imaginaba que las sillas tapizadas de rojo y negro eran una ruleta humana. La alfombra verde, vieja, y las luces de neón azul eléctrico, del futuro. 

N. empezó a ver cada vez más publicidades de apuestas online durante los partidos  de su club, Independiente, y también en Tik Tok, donde muchos promocionan casinos. Pero la primera vez que apostó fue bastante antes, en el colegio. En sexto año las mesas eran de ocho personas. El único varón del grupo llegó con la propuesta, porque sus padres eran cajeros de un casino online. “Nosotras le pasábamos toda la plata,  él la mandaba y nos cargaban, sin DNI. Era plata que nos daban nuestros viejos. Me enganché. Aunque también perdía, yo miraba sólo cuando ganaba. Y así gastábamos las horas de colegio”. El tiempo se gastaba, como el dinero. 

Una vez ganaron 100 mil pesos. Los repartieron. Ella se anotó en el gimnasio: “Es plata fácil, entonces como que la querés disfrutar, no sé, celebrar que te vino de arriba. Imaginate en el colegio y todos en esa, era divertido. Casi siempre jugábamos Blackjack o ruleta, que te dan más adrenalina, son las que te aceleran el corazón”. 

Cuando terminó el colegio, N. empezó a trabajar para un banco como promotora en la calle: “Llegaba a casa quemada y me tiraba en la cama a jugar, y ahí ponía 5 mil, 10 mil. Y ganaba. Me llevaba 60 mil, 80 mil. Mi sueldo más los 80 mil en el mes era un montón de plata”. 

El 82,3 por ciento de lxs jóvenes de entre 12 y 19 años que en 2024 apostaba frecuentemente, según la Encuesta de Bienestar Digital de la Provincia de Buenos Aires, buscaba ganar dinero para uso personal. El  51,1 por ciento lo hacía para divertirse y el 20 por ciento por la adrenalina/emoción. “Así como te digo que yo juego, te digo que no banco que exista el casino online —dice N. — En los casinos berretas, no te piden identificación, y por eso mismo yo podía jugar”.  

En el sitio BET365, líder del rubro de apuestas online, el 70 por ciento de los usuarios son hombres y el 30 por ciento mujeres. A pesar de la notable diferencia  en la participación, para Ezequiel Passeron, director de Educomunicación de la Ong Faro Digital, que realizó un relevamiento sobre ludopatía juvenil en 2024: “Esto viene a desmitificar que la práctica de las apuestas sea algo exclusivo de los varones”.

En el mundo digital parece haber lugar para todxs. Pero los riesgos y costos de entrada y permanencia ¿son los mismos para varones y mujeres? .  

Trini tiene 26 años y desde los 21 trabaja como “modelo vivo” digital: en las fotos que sube a Patreon, una plataforma que funciona a base de suscripciones escalonadas, posa con flores en la boca; a veces desnuda, de espaldas sobre una chimenea, o bajo una escalera en una contorsión imposible. Alimentar las suscripciones mensuales de fotos requiere tiempo y marketing autogestivo. Tuvo que aprender sobre herramientas de promoción, manejo de redes, y gestión frente al baneo de cuentas: “Perdí muchos seguidores. Instagram, por ejemplo, es muy puritano. Da mucha bronca porque es material artístico y la vara es distinta para medir el material que suben diferentes tipos de perfiles”. Valora la autonomía, pero se le dificulta poner un límite al tiempo de trabajo: “De repente son las doce de la noche y estoy contestando un mensaje. Si hago un cálculo, yo creo que estoy mínimo tres horas trabajando con el celular, seis días de la semana”. Eso sin contar el sacarse las fotos, hablar con los fotógrafos y las horas de posar. “Quizás tengo sesiones online también, son dos horas la sesión, más una hora de armar y desarmar vestuario y decorado”, agrega. 

COMPLETO 

mercredi 15 octobre 2025

Archéologie des utopies capitalistes: Space Relations (Donald Barr, 1973)

 SOURCE: https://en.m.wikipedia.org/wiki/Space_Relations

Space Relations: A Slightly Gothic Interplanetary Tale is a space opera novel by Donald Barr, originally published on 17 September 1973 by Charterhouse and distributed by McKay.[2] It was reprinted by Fawcett Crest Books in February 1975.[3] It is one of only two novels Barr is known to have written, the other being A Planet in Arms.[4]

Space Relations
First edition
AuthorDonald Barr
Cover artistGuy Fleming
LanguageEnglish
GenreScience fiction
Set inFuture
Published17 September 1973
PublisherCharterhouse
Publication placeUnited States








In the future, humans have formed an intergalactic empire ruled by aristocrats. During a time of war with the Plith, an empire of ant-like alien bug people, ambassador John Craig, a formerly Liberal Earth man in his 30s, is dispatched to the strategically important planet Kossar, a human colony that was settled by the Carlyle Society as a place of exile for political extremists and now is ruled by an oligarchical high council of seven nobles, each of whom is in charge of a different domain with its own traditions. Their boredom and absolute power have driven them to madness, to the point that Kossar's entry into the empire has been stymied by the Man-Inhabited Planets Treaty's clause (written by Craig) against alliances with slave owning societies, due to its practice of kidnapping humans to become illegal playthings of the galaxy's super-rich.

Craig, who now is campaigning to bring Kossar into the empire, had previously been to the planet when the passenger ship on which he was travelling on a return trip from the Betelgeuse Conference was captured by space pirates. While en route to Kossar, one of the pirates awakened Craig and the other prisoners to rape a 15-year-old virginal redheaded female captive in front of them; the rapist's fellow pirates later hear of this and dock his pay as punishment for spoiling her market value. Craig then spent two years as a slave of the beautiful, sensual, and sadistic Lady Morgan Sidney, the only female member of the oligarchy, with whom he became romantically involved. Together, they lived in her castle, ruling over and engaging in sexual relations with those under their dominion, including an enslaved teenager at a clinic used to breed enslaved people. When Craig stumbles on hints of an alien invasion, he realizes he must escape to save humanity.

Craig is depicted as undisturbed by Lady Morgan's sadism. When he is ordered to sexually assault the enslaved teenager, he enjoys his participation in the act.[5]

Reception

In 1973, Kirkus Reviews described the novel as "a coruscatingly literate tale for grown-ups".[6]

In 2008, the novel was criticized by Pornokitsch for devoting too much attention to character development rather than world-building.[7] The review notes that the narrative is split in two, between the present-day official visitation of Craig to the planet Kossar, and his past experiences as Lady Morgan's slave.[7]

The novel's events are set during a war between intergalactic human empire and "sinister" bug people. The world of Kossar is human, but independent of the empire due to its ruling aristocracy's refusal to abolish the slave trade, which represents the very foundation of Kossar's class system and economy.[7] The review notes that the novel does not fully explore these premises. The war is used to explain why a "backwater world" like Kossar became important to the empire, but the conflict is merely referenced and not actually depicted. The novel also hints at the complex politics of both Earth and Kossar and their roots in Machiavellianism, but these politics remain largely unexplored.[7]

The main theme of the novel is the "torrid romance" between a slave and his owner (John Craig and Lady Morgan). This allows the author to explore the issues of slavery and domination. The reviewer notes however that neither character experiences growth or change through the novel's events. He found both main characters to be "fairly obnoxious".[7] While the author repeatedly reminds the readers that slavery is wrong, he tries to depict both Craig and Morgan as wise, talented, and heroic. The reviewer finds it hard to view them as heroes, since their actions are not heroic in nature. Throughout the novel, both main characters "freely kill, torture, seduce and make sweeping political decisions on behalf of thousands of people".[7]

Another flaw of the novel is its depiction of Craig as a poet. The prose of the novel is interrupted by the character's poetic compositions, including a number of sonnets. The reviewer sees this as a failed attempt to add depth to the character, and finds these interruptions to be irritating.[7]

The novel was described in a Vice article as "both comically amoral and insufferably pretentious. To be fair, these traits were common in 1970s sci-fi."[5] Becky Ferreira has described the novel as "highly unsettling", due to its depiction of rape of enslaved people, particularly teenage girls, and other coercive sex acts. The sex acts described are performed "for the dual purposes of entertainment and controlled procreation".[5] Ferreira found disgusting the novel's fixation on the sexualization of adolescents. She notes that the adult characters are subjected to infantilization. The novel's dialogue includes "casually unsettling observations". She cites as an example a character remarking that pederasty lacks "aesthetic appeal".[5] She views the novel as sexualizing minors and fetishizing rape.[5]

Space Relations saw increased public attention after Jeffrey Epstein, Barr's former employee, who he hired without teaching credential at a high school, died in jail, due to the similarities between the violent sexual depictions in Space Relations and Epstein's sex trafficking activities and obsessions, along with the crimes of his associate Ghislaine Maxwell. Sellers of the novel on eBay explicitly advertise its connection to Epstein in their descriptions of it.[5] It was also included as a key plot point in the season 4 finale of the legal drama The Good Fight.

References
 
Jared (May 20, 2008). "Underground Reading: Space Relations by Donald Barr". Pornokitsch. Retrieved February 14, 2020.
  • Space relations; a slightly Gothic interplanetary tale. (Book, 1973) [WorldCat.org]. OCLC 856626.
  • Donald Barr (1973), Space Relations, Charterhouse
  • Donald Barr (1975), Space Relations, Futura Publications
  • "AG Barr's father warns of 'dictatorship'...in outer space". Spectator USA. April 4, 2019. Retrieved February 14, 2020.
  • Becky Ferreira (August 16, 2019). "Epstein Truthers Are Obsessed With a Sci-Fi Book About Child Sex Slavery Written by Bill Barr's Dad". VICE. Retrieved February 14, 2020.
  • "Space Relations". kirkusreviews.com. Retrieved February 14, 2020.