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dimanche 10 mai 2026

3 documentos sobre la Teoría Marxista de la Dependencia

 

1-La Teoría Marxista de la Dependencia (TMD) - Morena

 

2-Marxismo y dependencia, cincuenta años después

Jaime Osorio

La teoría marxista de la dependencia surgió en un contexto muy particular, más de cincuenta años atrás. Aun así, todavía tiene mucho para decirnos sobre por qué el mundo es como es (y qué hacer para cambiarlo).

Cuando el neoliberalismo inició su sangrienta marcha por América Latina, sus defensores insistían en que los sacrificios de trabajo humano y derechos civiles que solían acompañar a su implantación se verían compensados por una eventual convergencia global que liberaría a la región del subdesarrollo. La desregulación, la privatización y el libre comercio, decían, acabarían por cerrar la brecha entre el mundo descolonizado y los antiguos centros metropolitanos.

Nuestro presente, sin embargo, es una espiral de crisis. Desde el crack financiero de 2008, la crisis económica converge con el colapso ecológico y el agotamiento de las formas democráticas liberales, alcanzando dimensiones civilizatorias. En este contexto, la pandemia puso al descubierto cómo, lejos de desaparecer, la brecha entre el centro y la periferia del sistema mundial es tan aguda y significativa como siempre.

Con la hegemonía neoliberal fracturada, otras formas de pensar y practicar la política han resurgido de sus exilios intelectuales. Entre ellas, la teoría de la dependencia destaca como una contribución original y revolucionaria del pensamiento crítico latinoamericano, ofreciendo herramientas para entender el desarrollo capitalista desigual y el imperialismo, tanto en su desarrollo histórico como en la actualidad. Para acercarnos a un poco más a los postulados de este pensamiento singular conversamos con el Dr. Jaime Osorio.


 

El 11 de septiembre de 1973, cuando el golpe de Estado derrocó al gobierno democrático de Salvador Allende, Osorio ya había sido aceptado para iniciar sus estudios doctorales en el Centro de Estudios Socio-Económicos (CESO) de la Universidad de Chile. El avance de la dictadura le llevó a México, donde hoy es Profesor Distinguido de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) – Xochimilco e Investigador Emérito por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT). Ha publicado numerosos libros, entre los que se cuentan Fundamentos del análisis social. La realidad social y su conocimiento y Sistema mundial. Intercambio desigual y renta de la tierra.

En esta entrevista con Hilary Goodfriend, colaboradora de Revista Jacobin, Jaime Osorio nos habla sobre la vertiente marxista de las teorías de dependencia, sus orígenes y fundamentos, así como sus usos actuales.

HG

La teoría de la dependencia y su vertiente marxista surgieron de debates y diálogos sobre el desarrollo, el subdesarrollo y el imperialismo en el contexto de la descolonización y las luchas de liberación nacional del siglo XX. ¿Cuáles fueron las principales posiciones y estrategias en disputa, y cómo se posicionaron los teóricos marxistas de la dependencia en estos argumentos?

JO

En el plano teórico, la teoría marxista de la dependencia [TMD] es el resultado de la victoria de la Revolución Cubana en 1959. El marxismo latinoamericano se conmovió con el gesto de la isla. Todas las principales tesis sobre la naturaleza de las sociedades latinoamericanas y el carácter de la revolución quedaron en entredicho.

Poco más de una década después de aquel acontecimiento, que agudizó los debates, la TMD alcanzó su madurez. En aquellos años, algunas de las propuestas que alimentaban las teorías de la dependencia enfatizaban el papel de las relaciones comerciales, como la tesis del «deterioro de los términos de intercambio» planteada por la CEPAL [Comisión Económica para América Latina y el Caribe], que refería al abaratamiento de los bienes primarios frente al aumento de los precios de los productos industriales en el mercado mundial.

Los marxistas ortodoxos destacaban la presencia de «obstáculos» internos que impedían el desarrollo, como las tierras ociosas en manos de los terratenientes que bloqueaban la expansión de las relaciones asalariadas. En general, en estas propuestas, el capitalismo no era responsable de lo que ocurría. De hecho, era necesario acelerar su expansión, con el objetivo de que se agudizaran sus contradicciones inherentes. Solo entonces podría proponerse una revolución socialista, según la perspectiva etapista predominante en los Partidos Comunistas.

Para los cepalinos, el horizonte era alcanzar un capitalismo avanzado, lo que sería factible a través de un proceso de industrialización. Esto permitiría a la región dejar de exportar bienes primarios y productos alimenticios e importar bienes secundarios, que pasarían a producirse internamente, lo que impulsaría el desarrollo tecnológico y frenaría la salida de recursos.

En ambas propuestas, la burguesía industrial tenía un papel positivo que desempeñar, ya fuera a medio o largo plazo.

Para la teoría marxista de la dependencia, el llamado «atraso» económico de la región fue resultado de la formación y expansión del sistema mundial capitalista, cuyo curso produjo desarrollo y subdesarrollo simultáneamente. Por lo tanto, estas historias económicas divergentes no son procesos independientes ni están conectadas tangencialmente. Desde esta perspectiva, el problema teórico e histórico fundamental exigía explicar los procesos que generaron desarrollo y subdesarrollo en un mismo movimiento.

Este problema exigía, además, una respuesta que diera cuenta de cómo este proceso se reproduce a lo largo del tiempo, ya que civilización y barbarie se rehacen constantemente en el sistema mundial.

HG

Muchos de los aclamados teóricos marxistas de la dependencia —Ruy Mauro Marini, Theotonio Dos Santos, Vania Bambirra— comparten una trayectoria de huida de las dictaduras sudamericanas y exilio en México. A usted también le tocó vivir este desplazamiento forzado. ¿Cómo influyeron estas experiencias de revolución y contrarrevolución en la construcción de la TMD?

JO

Cuatro nombres destacan en el desarrollo de la TMD: André Gunder Fank, Theotonio Dos Santos, Vania Vambirra y Ruy Mauro Marini. El primero era un economista germano-estadounidense y los otros tres brasileños, que compartieron lecturas y discusiones en Brasil antes del golpe de 1964. Posteriormente se encontraron en Chile a finales de los años sesenta, en el Centro de Estudios Socio-Económicos, hasta el golpe militar de 1973. Durante este período —al menos en el caso de los brasileños— produjeron sus principales trabajos en relación con la TMD. Tuve la suerte de conocer y trabajar con Marini en México a mediados de los años setenta, antes de su regreso a Brasil.

La TMD no hace ninguna concesión a las clases dominantes locales. Por el contrario, las señala como las responsables de las condiciones imperantes, en las que consiguen cosechar enormes beneficios en connivencia con los capitales internacionales, a pesar incluso de las transferencias [internacionales] de valor. Por esta razón fue difícil para aquellos teóricos encontrar espacios para difundir sus conocimientos en el mundo académico.

El golpe militar de 1973 en Chile, por su parte, hizo que los principales creadores de la TMD aparecieran en las listas de búsqueda de las fuerzas militares y sus aparatos de inteligencia. Y a este golpe en Chile, que fue precedido por el golpe en Brasil en 1964, le siguieron muchos más en el sur del continente, que dispersaron y disolvieron grupos de trabajo y cerraron espacios importantes en esas sociedades.

Al mismo tiempo, esa larga fase contrarrevolucionaria, que no se limitó a los gobiernos militares, favoreció transformaciones radicales en las ciencias sociales, donde pasaron a reinar las teorías neoliberales y el individualismo metodológico. La TMD surgió en un periodo excepcional de la historia reciente. Sin embargo, posteriormente y en general —salvando determinados momentos y países de la región— no se han dado las condiciones ideales para su desarrollo y difusión.

HG

En su obra clásica Dialéctica de la dependencia, Marini define la dependencia como una «relación de subordinación entre naciones formalmente independientes, en cuyo marco se modifican o recrean las relaciones de producción de la nación subordinada para garantizar la producción ampliada de la dependencia». ¿Cuáles son los mecanismos de esta producción ampliada y cómo han cambiado desde que Marini formuló su propuesta en los años setenta?

JO

Cuando hablamos de procesos generados por el capitalismo dependiente, el calificativo «dependiente» no es redundante. Hablamos de otra forma de ser capitalista. Es decir, en el sistema mundial coexisten y se integran diversas formas de capitalismo que se retroalimentan y profundizan sus formas particulares dentro de la unidad global del capital.

La heterogeneidad del sistema se explica, entonces, no por el atraso de algunas economías, no como estados previos [de desarrollo], no como deficiencias. Cada una constituye su forma plena y madura de capitalismo posible en este sistema.

De este modo, de un plumazo, la TMD destruyó las esperanzas de los desarrollistas, que suponían que las economías dependientes podrían alcanzar estados superiores de bienestar y desarrollo dentro de este orden constituido por el capital. Para ellos, solo era cuestión de aprovechar «ventanas» que se abrirían regularmente. Pero no hay nada en la dinámica imperante que sugiera que las cosas van en esa dirección. Al contrario, , mientras prevalezcan las relaciones sociales capitalistas, lo que se produce y sigue produciéndose es el «desarrollo del subdesarrollo».

La brecha entre el capitalismo subdesarrollado y el desarrollado, o entre el capitalismo imperialista y el dependiente, es cada vez mayor. La dependencia se profundiza y se generan modalidades más agudas. En un mundo en el que el capitalismo digital gana terreno —la internet de las cosas, la inteligencia artificial, la robótica, por ejemplo— esto no es difícil de entender.

Experiencias como la de Corea del Sur no pueden repetirse a voluntad. Son, más bien, excepciones a la regla. ¿Por qué el FMI cortó y asfixió la economía argentina y no le tendió la mano como hizo el capital imperialista con Corea del Sur tras la guerra de 1952 en la península? Fue la excepcional posición de esta última en un espacio estratégico, trastocado por el triunfo de la revolución de Mao en China y la necesidad de construir una barrera para impedir la expansión del socialismo en Corea, lo que abrió el grifo de enormes recursos, al menos para Japón y Estados Unidos, y puso anteojeras a los defensores de la democracia y el libre mercado cuando Corea del Sur fue gobernada por una sucesión de dictaduras militares que aplicaron ferozmente la intervención estatal —no el libre mercado— para definir planes y programas que definieran prioridades de inversión y préstamos.

Hoy, basta que un gobierno del mundo dependiente establezca algunas reglas para el capital extranjero para que todo el clamor y la propaganda de los medios transnacionales exijan acabar con el comunismo, impidiendo los préstamos internacionales, bloqueando el acceso a los mercados y buscando asfixiar a los supuestos «subversivos». 

HG

El concepto de superexplotación como mecanismo mediante el cual los capitalistas dependientes compensan su inserción subordinada en la división internacional del trabajo es quizá la propuesta más original y polémica de Marini. Algunos marxistas, por ejemplo, protestan contra la posibilidad de la violación sistemática de la ley del valor. Es un tema que usted retoma en su polémica con el investigador argentino Claudio Katz. ¿Cómo define usted la superexplotación y por qué, o en qué términos, defiende hoy su validez?

JO

Con el breve libro de Marini, Dialéctica de la dependencia, cuyo cuerpo central fue escrito en 1972 y se publicaría en 1973, la TMD alcanza su punto de mayor madurez. Podemos sintetizar el núcleo de la tesis de Marini en la pregunta: ¿cómo es posible la reproducción de un capitalismo que transfiere regularmente valor a las economías imperialistas?

Esto es posible porque en el capitalismo dependiente se impone una forma particular de explotación que implica que el capital no solo se apropie de la plusvalía, sino también de parte del fondo de consumo de los trabajadores, que debiera corresponder a los salarios, para transferirlo a su fondo de acumulación. De esto da cuenta la categoría superexplotación. Si todo capital, más temprano que tarde, acaba siendo trabajo no remunerado, en el capitalismo dependiente todo capital es trabajo no remunerado y fondo de vida apropiado [de la clase obrera].

La respuesta de Marini es teórica y políticamente brillante. Permite explicar las razones de la multiplicación de la miseria y la devastación de los trabajadores en el mundo dependiente, pero también las razones por las que el capital es incapaz de establecer formas estables de dominación en estas regiones, expulsando regularmente a enormes contingentes de trabajadores de sus promesas civilizatorias, empujándolos a la barbarie y convirtiéndolos en contingentes que resisten, se rebelan y se levantan contra los proyectos de los poderosos.

La superexplotación tiene consecuencias en todos los niveles de las sociedades latinoamericanas. Por ahora, podemos destacar que acompaña la formación de economías orientadas a los mercados externos. Tras los procesos de independencia en el siglo XIX, y bajo la orientación de los capitales locales, las economías de la región avanzaron sobre la base de las exportaciones, inicialmente de materias primas y alimentos, a las que podemos agregar, recientemente, la producción y ensamblaje de bienes industriales de lujo como automóviles, televisores, teléfonos celulares de última generación (productos igualmente alejados de las necesidades generales de consumo de la mayoría de la población trabajadora). Esto es compatible con la modalidad dominante de explotación, que impacta seriamente en los salarios, reduciendo el poder de consumo de los trabajadores y disminuyendo su participación en la formación de un mercado interno dinámico.

Aquí es pertinente considerar una diferencia significativa con el capitalismo en el mundo desarrollado. Allí, a medida que el capitalismo avanzaba, en el siglo XIX, se enfrentaba al dilema de que para seguir expandiéndose —lo que implicaba la multiplicación de la masa de bienes y productos— necesitaría incorporar trabajadores al consumo. Eso se logró pagando salarios con poder adquisitivo para bienes básicos como ropa, zapatos, utensilios y muebles para el hogar. Este equilibrio se logró introduciendo mejores técnicas de producción, que redujeron la presión para prolongar la jornada laboral multiplicando la masa de productos lanzados al mercado. A partir de ahí, podemos entender el peso de la plusvalía relativa en el capitalismo desarrollado.

Pero en América Latina las cosas funcionaban de otra manera. El capitalismo del siglo XIX no vio la necesidad de crear mercados, porque estaban disponibles desde el período colonial en los centros imperialistas. Además, el despegue del capitalismo inglés aumentó la demanda de materias primas y alimentos. Por esta razón, no había ninguna prisa por cambiar el tipo de valores de uso y de productos puestos en el mercado. Continuaron siendo productos alimenticios y bienes primarios. De este modo, el capitalismo emergente en nuestra región no se vio presionado a hacer algo cualitativamente diferente. La masa de trabajadores asalariados se expandió, pero no conforman la demanda principal de los bienes que se producían, que estaba en Europa, Estados Unidos y Asia.

A través de su inserción en el mercado mundial y a la hora de vender productos, las economías latinoamericanas transfieren valor [al exterior] por la sencilla razón de que los capitales que aquí operan tienen composiciones y productividades menores que los capitales de economías que gastan más en nueva maquinaria, equipos y tecnología, lo que les permite mayor productividad y capacidad de apropiarse del valor creado en otras partes del mundo. Este proceso se denomina intercambio desigual.

Es importante señalar que el intercambio desigual se produce en el mercado, en el momento de la compraventa de mercancías. Aparte de su baja composición orgánica, este concepto no nos dice mucho sobre cómo se produjeron esas mercancías y, sobre todo, qué permite que un proceso capitalista se reproduzca a lo largo del tiempo en esas condiciones. Ahí es donde entra la superexplotación.

Ese es el secreto que hace viable el capitalismo dependiente. Y eso llama aún más la atención sobre los errores de personas como Claudio Katz, que han formulado propuestas que tratan de eliminar ese concepto y lo hacen, además, con argumentos grotescos, como que Marx nunca lo mencionó en El capital —Marx refiere [a la superexplotación] muchas veces, de diversas maneras— porque eso implicaría una dilución o un ataque directo a su proposición teórica ya que el capitalismo no puede aniquilar su fuerza de trabajo.

No voy a repetir esos debates con Katz. Simplemente reiteraré que El capital de Marx es un libro fundamental para el estudio del capitalismo y sus contradicciones. Pero nadie puede afirmar que lo explica todo, o que el capitalismo, en su extensión en el tiempo, no puede presentar novedades teóricas o históricas de ningún tipo. Esa es una lectura religiosa, y El capital no es un texto sagrado. Tal posición, además, es un ataque a una dimensión central del marxismo como teoría capaz de explicar no solo lo que ha existido, sino también lo que es nuevo. Por esta razón, la única ortodoxia que el marxismo puede reivindicar es su modo de reflexión.

HG

También se argumenta que la extensión de la superexplotación a las economías centrales tras la reestructuración neoliberal globalizada invalida su carácter de proceso exclusivo del capitalismo dependiente.

JO

En cualquier lugar donde opere el capital puede estar presente la superexplotación, sea en el mundo desarrollado o en el subdesarrollado, al igual que las formas de plusvalía relativa y plusvalía absoluta. Por supuesto, hay superexplotación en Brasil y Guatemala, como la hay en Alemania y Corea del Sur.

Pero ese no es el problema. Lo relevante es dilucidar el peso de esas formas de explotación, que pueden estar presentes en cualquier espacio capitalista, en la reproducción del capital. Así que la cuestión central es otra, y también lo son las consecuencias económicas, sociales y políticas.

Dejando de lado los períodos de crisis, en los que las formas más brutales de explotación pueden exacerbarse por doquier, ¿puede el capitalismo funcionar a mediano y largo plazo sin un mercado generador de salarios, o con salarios extremadamente bajos? Algo así como si en Alemania el salario medio de los armenios y turcos se generalizara para toda la población trabajadora, o si en Estados Unidos predominaran los salarios de los trabajadores mexicanos y centroamericanos… No lo creo.

HG

Para terminar, ¿qué herramientas o perspectivas nos ofrece la teoría marxista de la dependencia ante las crisis actuales?

JO

En su afán por hacer frente a la aguda y prolongada crisis capitalista, el capital en todas las regiones busca acentuar las formas de explotación, incluida la superexplotación. Busca, una vez más, reducir derechos y beneficios. Con la guerra en Ucrania ha encontrado una buena excusa para justificar el aumento del precio de los alimentos, la vivienda y la energía, y su descarado retorno al uso de combustibles que intensifican la contaminación y la barbarie ambiental, así como el aumento de los presupuestos militares a expensas de los salarios y el empleo.

Las grandes potencias imperiales esperan la subordinación de las economías y los Estados a sus decisiones en períodos de este tipo. Pero la crisis actual también está acelerando la crisis de hegemonía en el sistema mundial, lo que abre espacios para mayores grados de autonomía, aunque no pone fin a la dependencia. Esto es evidente en las dificultades de Washington para disciplinar a los Estados latinoamericanos y africanos para que apoyen su posición en el conflicto en Europa.

El escenario de América Latina en las últimas décadas revela procesos de enorme interés. Hemos sido testigos de importantes movilizaciones populares en casi todos los países de la región, cuestionando diversos aspectos del «tsunami neoliberal», ya sea el empleo, los salarios, las jubilaciones, la salud y la educación, así como derechos como el aborto, el reconocimiento de las identidades de género, las tierras, el agua, y mucho más.

En este terreno profundamente fracturado que el capital genera en el mundo dependiente, las disputas de clase tienden a intensificarse. Esto explica los estallidos sociales y políticos regulares en nuestras sociedades. Es el resultado de la barbarie que el capitalismo impone a regiones como la nuestra.

Una expresión de esta fuerza social se manifiesta en el terreno electoral. Pero con la misma rapidez que ha habido victorias, ha habido derrotas. Estas idas y venidas pueden naturalizarse, pero ¿por qué las victorias no han permitido procesos de cambio duraderos?

Por supuesto, no se trata de negar que ha habido golpes violentos de nuevo tipo que han conseguido desbancar gobiernos. Pero incluso entonces ya había signos de agotamiento que limitaban las protestas, con la clara excepción de Bolivia. Hay una enorme brecha entre el votante de izquierda y el que vota ocasionalmente por proyectos de izquierda. El triunfo neoliberal no estuvo solo en las políticas y transformaciones económicas que logró, sino también en la instalación de una visión e interpretación del mundo, sus problemas y sus soluciones.

La lucha contra el neoliberalismo pasa hoy por desmantelar todo tipo de privatizaciones y frenar la conversión de servicios y políticas sociales en negocios privados. Eso significa enfrentar a los sectores más poderosos económica y políticamente del capital, con control sobre las instituciones estatales donde actúan legisladores, jueces y militares, junto con los principales medios de comunicación, escuelas e iglesias. Podemos añadir que estos son los sectores del capital con los vínculos más fuertes con los capitales imperialistas y su conjunto de instituciones supranacionales, medios de comunicación y Estados.

Se trata de un bloque social sumamente poderoso. Resulta difícil pensar en atacarlo sin atentar contra el capitalismo como tal.

 

3-La nueva negación del imperialismo desde la izquierda (por JOHN BELLAMY FOSTER)

Estados Unidos ha intervenido militarmente en 101 países a lo largo de su historia…Y solamente entre 1995 y 2021 el Norte Global logró extraer de China y del Sur Global una captura de valor de 18,4 billones de dólares…

Desde la disolución de la Segunda Internacional (durante la cual casi todos los partidos socialdemócratas europeos se unieron a la guerra interimperialista del lado de sus respectivos estados nacionales), la división de la izquierda sobre el imperialismo no haya adquirido dimensiones tan graves.1

Aunque los sectores más eurocéntricos del marxismo occidental han buscado durante mucho tiempo atenuar la teoría del imperialismo de diversas maneras, la obra clásica de VI Lenin , El imperialismo: fase superior del capitalismo (escrita en enero-junio de 1916), ha conservado, no obstante, su posición central dentro de todas las discusiones sobre el imperialismo durante más de un siglo, debido no solo a su precisión en dar cuenta de la Primera y la Segunda Guerra Mundial, sino también a su utilidad para explicar el orden imperial posterior a la Segunda Guerra Mundial.2 

Sin embargo, lejos de ser un análisis aislado, el análisis general de Lenin ha sido complementado y actualizado en diversas ocasiones por la teoría de la dependencia, la teoría del intercambio desigual, la teoría de los sistemas mundiales y el análisis de la cadena de valor global. A través de todo esto, ha habido una unidad básica en la teoría marxista del imperialismo, que informa las luchas revolucionarias globales.Pero, hoy en día, los autoproclamados socialistas occidentales con un sesgo eurocéntrico rechazan en gran parte, si no en su totalidad, esta teoría marxista del imperialismo. 

Por lo tanto, la brecha entre las opiniones sobre el imperialismo sostenidas por la izquierda occidental y las de los movimientos revolucionarios del Sur Global es más amplia que en cualquier otro momento del siglo pasado. 

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Labels: Brésil, Cuba, culture rouge, impérialisme, Jaime Osorio, John Bellamy Foster, Karl Marx, Lénine, Nuestra América, Teoría marxista de la dependencía

jeudi 2 avril 2026

Girón (Manuel Herrera, 1974)

 


Labels: 1961, 1974, anti-impérialisme, Cuba, culture rouge, impérialisme, Manuel Herrera

jeudi 29 janvier 2026

RAÚL MARTÍNEZ (Ciego de Ávila, 1927- La Habana, 1995)

 

Pintor, dibujante, grabador, fotógrafo y diseñador gráfico. 
Ingresa en la Escuela Elemental de Artes Plásticas anexa a la Escuela San Alejandro 
en 1941, y termina sus estudios en 1943. 
Hacia 1946 matricula en San Alejandro, cuyos estudios interrumpe en 1948 
por problemas económicos. Ese mismo año realiza su primera exposición personal 
en el vestíbulo del desaparecido teatro Adad. En 1952 solicita una beca y es aceptado 
en el Institute of Design de Chicago, Estados Unidos, fundado por Moholy Nagy. 
Forma parte del grupo Los Once y participa en numerosas exposiciones del mismo, 
entre ellas, la célebre muestra Expresionismo abstracto, en Galería Habana. 
Al siguiente año, exhibe Homenajes, donde comienza a desembarazarse del 
expresionismo abstracto e inicia su incursión en el pop a través del collage. 
A partir de 1966 comienza a trabajar la iconografía martiana, conjugando 
elementos de la pintura popular y del pop. Participa en el Salón 70 con su óleo 
de grandes dimensiones Isla 70. Numerosas exposiciones colectivas e individuales 
conforman su intenso quehacer artístico. El Museo Nacional de Bellas Artes organiza 
en 1988 la muestra Nosotros: la primera y mayor retrospectiva de su obra. 
Recibe a lo largo de su carrera disímiles premios. En 1995 recibe el Premio Nacional 
de Artes Plásticas en su primera edición.
Raúl Martínez
Raúl Martínez, Sin título 
Ustedes, nosotros, 1969
 

 
Labels: Cuba, culture rouge, peinture, Pop Art, RAÚL MARTÍNEZ, réalisme socialiste

mercredi 28 janvier 2026

A Trump le gusta jugar duro pero Cuba no se rendirá … remember Playa Girón

FUENTE: https://observatoriocrisis.com/2026/01/28/a-trump-le-gusta-jugar-duro-pero-cuba-no-se-rendira-remember-playa-giron/ 

Los cubanos, víctimas verdaderas del terrorismo practicado por la Casa Blanca desde hace 67 años, están preparados para enfrentar una nueva escalada contra la Revolución.

Luis Manuel Arce Isaac – periodista cubano

El secuestro del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y de su esposa Cilia Flores, la debilidad mostrada por Europa en el caso de Groenlandia, el lenguaje de guapo del barrio usado en el reciente Foro de Davos, y la publicación de la nueva estrategia de defensa por el Departamento de Guerra dirigida a dominar el hemisferio occidental y parte del indopacífico, son expresiones concretas de la voluntad de Donald Trump de hacerle frente a un cambio de época desde posiciones de fuerza.

En tal sentido, Cuba está en la línea de fuego de la Casa Blanca, el Departamento de Estado y del Pentágono, y está obligada a prepararse ante cualquier eventualidad y nadie puede sorprenderse.

Está comprobado que la emulación pacífica con China, Rusia, la supuestamente aliada Europa incluida la OTAN, no le interesa a Trump porque el comercio, las finanzas, el dólar, las ciencias y la tecnología, e incluso la cultura, ya no les son confiables para imponerse por sí mismo en un mundo demasiado competitivo en esos aspectos en los que Estados Unidos ya no es líder absoluto. Simplemente tiene miedo de que una confrontación civilizada en esos campos muestre la debilidad del imperio.

Su principal opción, no hay dudas, es la de combinar el gran poder económico, comercial y financiero innegable, con el militar, el cual sigue liderando más por cantidad y despliegue territorial de bases militares en el planeta, que por calidad y modernidad del armamento nuclear y convencional, pues el desarrollo actual de armas de destrucción masiva no da margen a comparaciones como las de la época de la guerra fría cuando era casi un dogma asegurar que ganaba quien más misiles tuviera instalados cerca del enemigo, o quien apretara primero el botón. Hace rato que ya no es así.

Esa opción belicosa es la que Trump ha estado aplicando en este primer año de su segundo mandato en la cual ha primado la política del miedo, aunque sin provocar militarmente mucho a China y a Rusia, con cuyos gobiernos el discurso es muy diferente al que habla con el resto del mundo, incluido sus aliados, y las negociaciones con esas dos potencias no son desde posiciones de fuerza, sino de conveniencia pragmática.

En este contexto tan complicado es que Trump renueva sus amenazas contra Cuba mientras refuerza al máximo su guerra económica para reducir al gobierno y al pueblo a su voluntad, eliminar de raíz a la Revolución, arrinconar a la isla mediante un bloqueo más hermético y ahora añadir a todo eso un bloqueo por mar y tierra con las mismas tropas del Comando Sur desplegado en el Caribe para impedir no solamente la llegada de petróleo a la isla, sino también de alimentos y medicinas.

Hay un ánimo de exterminio por hambre y enfermedades, como los romanos de Pompeyo hicieron a los heroicos pobladores de Calahorra, quienes a pesar de un cerco militar descomunal que duró cuatro años, no se rindieron, igual que pasó en Numancia.

Ahora Trump pretende llegar a cualquier extremo para arrancar a los cubanos la independencia y libertad conquistada a golpes de sacrificio y penurias después de tantos años de lucha y martirologio desde Carlos Manuel de Céspedes hasta Fidel Castro.

Tras reconocer la valentía de los cubanos en 67 años de enfrentamiento a las agresiones de EEUU, Trump confesó que su gobierno ha aplicado todas las medidas posibles de presión y daño contra Cuba, excepto la opción militar. 

“No creo que se pueda ejercer mucha más presión, salvo entrar y destrozar el lugar”, declaró con un cinismo sin límites en una entrevista con Hugh Hewitt, con lo cual desmintió en segundos un discurso mentiroso de más de 60 años que negaba rotundamente que el bloqueo existía y que la crisis económica cubana no era por la guerra sin tregua en ese ámbito impulsada por la Casa Blanca, el Departamento de Estado, el Tesoro y la CIA, sino por el fracaso de un sistema de gobierno popular por el pueblo y para el pueblo que, de no estar cercado, saboteado y agredido, lo más probable es que en estos momentos fuera uno de los más desarrollados del mundo pues, aun así, se convirtió en potencia médica, educativa y deportiva y de más humana distribución de la riqueza nacional.

Y ahora lo confiesa abiertamente, sin tapujos, y justifica con ese fracaso su advertencia de “entrar y destrozar el lugar”, creando de esa manera un reflejo condicionado en América y el mundo de que una agresión militar de imprevisibles consecuencias es posible.

El mundo, y en particular el pueblo estadounidense, que es también víctima del neofascismo trumpiano como se ha demostrado en Minnesota, están a tiempo de impedir una nueva acción criminal y despiadada como la que se mantiene en Gaza a pesar de un mentiroso acuerdo en contrario y el intento de crear una especie de nueva ONU mediante un Consejo de Paz con subalternos que realmente son un grupo de guerra, o con el secuestro de Maduro.

Paralelamente, como parte de ese escenario de terror hacia Cuba, su embajador en La Habana anunció que había dialogado con el jefe del Comando Sur, y ya los cipayos en Miami hablan de bloqueo militar para impedir que buques petroleros toquen puertos de la isla. Se está creando un ambiente mediático malévolo, un reflejo condicionado perverso.

Las presiones son muy grandes sobre el gobierno de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, quien ha defendido el derecho soberano de su país, de enviar petróleo a La Habana, tanto en su variante comercial como de ayuda humanitaria, aun cuando Trump insiste en que no se le enviará más petróleo a los cubanos ni dinero de Venezuela y sugirió al gobierno revolucionario llegar a un acuerdo con Washington antes de que sea demasiado tarde. El propósito es torcer el brazo a los mexicanos para que suspendan su ayuda solidaria a los cubanos y sus relaciones económicas y comerciales.

No es cierto lo que afirmó Trump de que Cuba está lista para caer en manos de Estados Unidos, mientras pintaba un panorama sombrío de la situación económica y política también, esto último para hacer creer que el pueblo ha dejado de ser revolucionario, fidelista y que está contra la independencia y la soberanía de Cuba heredada de Céspedes, Martí, Maceo, Máximo Gómez y los héroes y mártires mambises y de la Sierra Maestra.

Cuba hace su máximo esfuerzo para extraer su crudo y bajar todo lo más que pueda su dependencia al petróleo extranjero, pero los inversionistas temen mucho operar en la isla por la cacería de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), la agencia del Departamento del Tesoro de EEUU que aplica sanciones económicas y comerciales a las empresas que se relacionan con La Habana.

La suerte no ha acompañado a los cubanos y la producción de petróleo, en general pesado y alto contenido de azufre que encarece y dificulta su refinación, cubre en muy bajo porcentaje la necesidad de combustible de la nación, por lo que sus viejas termoeléctricas dependen del hidrocarburo importado.

La perforación de nuevos pozos está en línea con el Programa de Gobierno para reducir de manera gradual la dependencia de la importación de combustibles, y avanzar en soberanía energética a partir del uso de recursos propios para la generación de electricidad. Sin embargo, la descapitalización del país no logra desarrollar al ritmo necesario la exploración y explotación de nuevos yacimientos tanto en tierra como en aguas someras y profundas en el golfo, ni tampoco las fuentes alternativas de energía, en especial la solar y eólica, que podrían solucionar el problema de forma definitiva.

La OFAC actúa permanentemente para impedir la inversión extranjera, no solamente en el petróleo, sino en otros sectores como el farmacéutico, el alimentario y el transporte, que son puntos focales colimados por el gobierno de EEUU para debilitarlos, estancarlos, impedir inversiones foráneas y torpedear compras en el exterior, para lo cual utiliza una de sus armas más cínicas y perjudiciales al país: la incorporación de Cuba en la lista espuria de países patrocinadores del terrorismo.

Las consecuencias más asfixiantes para el pueblo cubano, y para el gobierno, de esa inclusión, se derivan del mayor riesgo asociado a cualquier tipo de ayuda humanitaria, negocio, inversión y comercio que implique a Cuba y, por extensión, a los ciudadanos cubanos.

Las intenciones aireadas por Trump de que Cuba se rinda, parecen un intento de alinearlas con la perversa y arbitraria calificación de terrorista (como a Maduro la de narcotraficante), lo cual incluye castigar al ejército y tachar al país de adversario. Es decir, lo usaría de cobertura sin importarle que no lo crea nadie, para cualquier barbaridad neofascista contra un pueblo tan abnegado y viril que se ha ganado el respeto y la relación pacífica con el mundo.

Los cubanos, víctimas verdaderas del terrorismo practicado por la Casa Blanca desde hace 67 años, están preparados para enfrentar una nueva escalada contra la Revolución. A Trump le gusta jugar al duro, pero Cuba está acostumbrada. Numancia es admirable, pero no estamos ni en la época de Escipión ni Trump es el rey que se cree. 

Remember Vietnam, y sobre todo Girón y la Crisis de los Misiles…

 

Labels: Cuba, culture rouge, Hégémon, hémisphère occidental, impérialisme, Nuestra América, terrorisme, USA

jeudi 15 janvier 2026

Noticieros ICAIC Latinoamericano Vol.01 - 1960-1976 (INA)

 FUENTE: https://www.naranjasdehiroshima.com/2019/04/noticieros-icaic-latinoamericano-vol01.html

Título original: Noticiero ICAIC Latinoamericano - Actualidades nacionales e internacionales
Dirección: Alfredo Guevara (56), Santiago Álvarez (233),  Julio Batista (2), Manuel Perez (2), Jorge Fraga (1), Miguel Torres (16).
Fotografía: 16mm, B/N.
Productora: Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos ICAIC.
País de producción: Cuba
Año: 1960-1976
Duración: 50s - 20min.


Noticiero ICAIC Latinoamericano - Actualidades nacionales e internacionales

Compuesto por 1.490 emisiones semanales, producidas y exhibidas entre los años 1960 y 1990, el Noticiero ICAIC Latinoamericano fue testigo de grandes acontecimientos nacionales e internacionales de la segunda mitad del siglo XX.

El 21 de junio de 2012, El Institut National de l'Audiovisuel (INA) y el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) firmaron un acuerdo de colaboración para la restauración, digitalización y mejora de las imágenes de noticias latinoamericanas de ICAIC.

Este fondo, denominado "Noticiero ICAIC Latinoamericano" fue declarado Patrimonio Nacional de Cuba e inscrito en el "Registro de la Memoria del Mundo" de la Unesco en 2009.

En total, se digitalizarán 1490 ediciones de noticias cinematográficas producidas y difundidas entre junio de 1960 y julio de 1990, también miles de extractos estarán disponibles en Ina.fr.

 
Hasta la fecha han digitalizado y subido a su web un total de 292 Noticieros ICAIC Latinoamericano, se pueden ver a una calidad media de forma gratuita y sin registros.
El Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) recibió oficialmente el primer grupo de copias restauradas del Noticiero ICAIC Latinoamericano. La entrega se realizó este viernes por directivos del Instituto Nacional del Audiovisual (INA) de Francia, quien corrió a cargo del proceso tecnológico.

La recuperación del afamado Noticiero, dirigido por el fallecido y gran documentalista cubano Santiago Alvarez (1919-1998), y considerado desde 2009 como Registro de la Memoria del Mundo de la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), es fruto de un acuerdo entre el ICAIC y el INA.

El convenio establece la restauración de las copias de 35 milímetros y la realización de copias digitales en formato de Alta Definición, de esta significativa obra del audiovisual cubano.

También asegura la explotación conjunta de los fondos digitalizados con beneficios para ambas partes, aunque el ICAIC se reserva los derechos patrimoniales y la titularidad de los fondos originales del Noticiero, que constituyó todo un suceso cultural en la isla.

La entrega de este viernes formó parte del XXXV Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, que concluye mañana en La Habana, e incluyó al primer rollo del lote de 250 emisiones entregado a la institución francesa en una prueba de confianza, no sólo institucional, sino del nivel de colaboración internacional entre Cuba y Francia.

El director adjunto del INA, Michel Raynal, explicó que se trata un pequeño grupo de 54 programas emitidos entre 1960 y 1963, y anunció que ya se encuentra terminada la digitalización de casi la totalidad de ese primer grupo de Noticieros entregados por Cuba.

Raynal, quien está al frente de los trabajos, señaló que la mayor dificultad estuvo en el sonido, que se encontraba en muy malas condiciones, e insistió en que tuvieron muy en cuenta el respeto a la estética original de las obras.

Algunos de los contenidos recogidos en esta colección abordan hechos históricos vinculados a figuras como el ex presidente cubano Fidel Castro y el guerrillero argentino-cubano Ernesto Che Guevara, y a los procesos culturales y políticos de Europa y Asia, así como de Africa, en su lucha contra el colonialismo, y las gestas en América Latina.

Dirigido por Alvarez, el Noticiero se convirtió en escuela de cineastas cubanos y latinoamericanos, y en un fenómeno cultural capaz de despertar el interés de amplias audiencias.

La institución francesa se propone ahora la elaboración de un catálogo en español sobre los Noticieros, y dar a conocer a los franceses el contexto y el nombre de las figuras que aparecen en las películas, desconocidos prácticamente en el ámbito europeo actual.

El INA es una institución pública con la responsabilidad de archivar y compartir todas las producciones francesas de radio y televisión, con los escritos y otros materiales a partir de imágenes fijas, sonido, imágenes en movimiento, grabaciones musicales, mapas y planos.

Desde 1974, el INA se centró en la recopilación y conservación de las imágenes y sonidos que conforman la memoria histórica colectiva, con el propósito de compartirlos con el mayor público posible, de ahí que constituya en la actualidad un referente en materia de innovación tecnológica en esta rama.

En la actualidad, la institución francesa, reconocida como el primer centro audiovisual del mundo para el archivo digital y la valorización de fondos, trabaja de conjunto con Rusia en la digitalización de materiales de radio y televisión producidos por la antigua Unión Soviética.

El ICAIC se propone ahora emprender experiencias similares en un futuro con los fondos que agrupan las obras de otros significativos cineastas cubanos, como Tomás Gutiérrez Alea y Humberto Solás.


La colección que han llamado "Les archives cubaines / Los archivos cubanos" contiene descripción y datos de cada capítulo, así como su fecha exacta de emisión en las pantallas de los cines cubanos.

En Naranjas de Hiroshima hemos querido reunir todo lo que se ha publicado de este magnifico trabajo de recuperación del archivo cinematográfico latinoamericano, para apoyar con su difusión, ya que creemos en la importancia y el valor de los acervos del cine documental cubano, el cual siempre hemos difundido deste esta plataforma de difusión cultural.
 
Distribuidores de veneno - Noticiero ICAIC Latinoamericano (1961)

 
 

Sepelio de Benny Moré - Santiago Álvarez (Noticiero ICAIC) (1963)
 

 
Noticiero ICAIC Latinoamericano

Noticiero ICAIC Latinoamericano. Informativo fílmico semanal creado por Santiago Álvarez en 1960, con producción del ICAIC para mostrar al mundo la verdad de Cuba y América Latina.

Historia

A partir del 6 de junio de 1960, el Noticiero ICAIC Latinoamericano contaba cada año en medio centenar de salidas al aire, con capítulos distintos de las memorias y andar cotidiano del país. Grandes reportajes o principios de documentales, historias hiladas con el sabor de la ficción, armadas de una coherencia casi impecable en el discurso, abren los vestidos de un pueblo y un país que se muestra “real maravilloso” sobre las aguas que lo comunican con los puertos de la antigua URSS, América Latina, Viet Nam o Angola.

Ejemplo de periodismo cabal, comprometido con su tiempo y con su público, responsable e incisivo, crítico y solidario, el Noticiero ICAIC Latinoamericano, en sus muchas ediciones de los años 60, 70 y 80 lo mismo empleaba el tono emotivo de la crónica, que la ironía y el sarcasmo para burlarse de agujeros oscuros, que la entrevista en contrapunto de puntos de vistas contrapuestos.

Hubo muchas ediciones célebres, que hicieron llorar o reír a miles de cubanos. Los hacedores del Noticiero, sobre todo en las postrimerías de los años setenta, y hacia finales de los ochenta, se buscaron mil problemas con funcionarios holgazanes, corruptos, indolentes.
Forja de talentos

Son memorables algunos números realizados por directores que luego integrarían la llamada generación intermedia de directores, los que debutaron en los años ochenta. Entre ellos los luego famosos Fernando Pérez (Clandestinos, Hello Hemingway), Rolando Díaz (Los pájaros tirándole a la escopeta, En tres y dos) y Daniel Díaz Torres (Jíbaro, Alicia en el pueblo de Maravillas), quienes evidenciaron en sus primeras películas de ficción un acercamiento complejo, crítico, a la realidad y la historia de Cuba que mucho le debía conceptualmente a sus respectivos aprendizajes en el Noticiero ICAIC Latinoamericano, de la mano de Santiago Álvarez, quien los dejaba trabajar, indagar, cuestionar, siempre y cuando las críticas estuvieran de parte de la objetividad y la responsabilidad.

El movimiento documental fue la verdadera base del séptimo arte en la Isla, y por supuesto, el Noticiero ICAIC Latinoamericano fue la forja de graduación para la mayor parte de los cineastas cubanos, quienes nos legaron importantes obras de ese género antes de incursionar en la ficción.

Aparte de los fundadores Tomás Gutiérrez Alea y Julio García Espinosa (formados en el periodo prerrevolucionario), Manuel Octavio Gómez] firmó la excepcional y emotiva Historia de una batalla antes de entregarnos esa clásica entremezcla de ficción y documental que fuera La primera carga al machete; Humberto Solás realizó un paréntesis con Simparelé y Wifredo Lam entre largometrajes de ficción tan memorables como Lucía o Cecilia, Fernando Pérez presentó credenciales con Camilo y Omara previamente a los mayores opus que significaron Clandestinos o Madagascar; Orlando Rojas se le recuerda casi tanto por A veces miro mi vida como gracias a Una novia para David y Papeles secundarios; Octavio Cortázar hizo Por primera vez antes de El brigadista, Pastor Vega solo igualó el éxito artístico de Viva la República con Retrato de Teresa; Manuel Herrera es el autor de Girón y Enrique Pineda Barnet de David aunque después se dedicaran con éxito a la puesta en escena de películas históricas y espectaculares.

También se recuerdan ediciones problemáticas de la segunda mitad de los años 80, hechos con muy alta temperatura crítica y dirigidos por José Padrón, al calor del proceso de rectificación de errores, consagrados a la situación nefasta del Río Almendares, de los albergados o del transporte público.
Imagen de Cuba al mundo

En cuanto al pálpito internacional, o al papel de Cuba en las guerras de independencia del Tercer Mundo, el Noticiero posee imágenes excepcionales del Comandante en Jefe en sus viajes por todo el mundo durante tres décadas; numerosas secuencias consagradas a Che Guevara, Ho Chi Minh, Salvador Allende, la guerra de Angola, terremotos y acontecimientos políticos en treinta años de historia latinoamericana, la Revolución de los Claveles… todo lo cual le ha valido la incorporación por parte de la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) a su lista Memoria del Mundo. 
 

Historia a través de los ojos cubanos: Noticiero ICAIC 


'Noticiero ICAIC Latinoamericano' fue una serie de noticiarios cinematográficos producidos entre 1960 y 1990 por el cine cubano Instituto ICAIC. El programa de noticias semanal que cubre los principales eventos locales y mundiales se mostraría antes de las proyecciones de películas en la capital, La Habana, y en ciudades y pueblos de la isla.

Muchos de esos 1,493 noticiarios podrían ser ridiculizados como propaganda, pero empujaron los límites de las noticias, de la narración visual que ha dejado un legado.

Al principio, los noticiarios de Noticiero estaban destinados a "defender la posición de la revolución y al mismo tiempo apoyar una posición firmemente antiimperialista ... En 1962-1963, se podía ver que el noticiario era más que una reseña semanal de noticias, no importa cuán ágil, dinámico - militante. Había también una visión artística ", dice Manuel Pérez Parades, el ex director de Noticiero ICAIC.

A medida que comenzó a desarrollar su creatividad, "fue capaz de alterar ciertas reglas establecidas sobre cómo deberían decirse las cosas ... El ICAIC adoptó una postura particular hacia la expresión artística, que asumió riesgos. También existía el peligro de que se cometieran errores. . Y sin embargo, era un riesgo que valía la pena tomar ".

Los noticieros de cine ahora son anacronismos, pero en aquel entonces, los cubanos cubrían las noticias a su manera. Y no hemos visto nada como lo que produjeron desde entonces.
 
 
Santiago Álvarez  (1919 - 1998) habla de los Noticieros del ICAIC 
 

Ver en Youtube nuestro playlist de Noticieros ICAIC

Fuentes de información: Ecured, Cubacine. Portal del ICAIC, INA.fr, Cubadebate, 


Ver y/o descargar listado de los 292 Noticieros ICAIC Latinoamericano Vol.01 (1960-1976) en Drive
Ver y/o descargar listado de los 292 Noticieros ICAIC Latinoamericano Vol.01 - (1960-1976) en Ethercalc.org

Ver los 292 directamente en la web del INA

Labels: 1960-1970, 1970, Cuba, culture rouge, ICAIC, INA, Santiago Alvarez

mercredi 14 janvier 2026

Noticiero ICAIC No. 421 Año 1968.


 

Labels: 1968, anti-impérialisme, Black Panther, Cuba, culture rouge, Huey Newton, ICAIC, Malcolm X, Martin Luther King, Nina Simone, noticiero, racisme, USA

Tricontinental de La Habana: Crear uno, dos, tres, muchos Vietnam (enero 1966)

 FUENTE: https://espanol.almayadeen.net/noticias/politica/2110134/tricontinental-de-la-habana--crear-uno--dos--tres--muchos-vi

 

A apenas siete años de haber triunfado la Revolución, Cuba devino referente político y moral para los movimientos de liberación del Sur global.

Mientras el mundo giraba entre dos polos irreconciliables y las grandes potencias se repartían zonas de influencia como piezas de ajedrez, entre el 3 y el 15 de enero de 1966, la capital cubana reunió por primera vez, bajo un mismo techo y una misma agenda, a los pueblos de Asia, África y América Latina en la Primera Conferencia Tricontinental de La Habana.

Aquel encuentro, con la explícita pretensión de desafiar el orden imperial desde sus márgenes, constituyó la cristalización de una conciencia de lucha anticolonial.

Cuba como epicentro del Sur global

La elección de la tierra antillana como sede de esta primera conferencia no fue casual ni secundaria.

A apenas siete años de haber triunfado la Revolución, la isla devino referente político y moral para los movimientos de liberación del Sur global.

La Tricontinental la situó en el núcleo de una cartografía política alternativa que, además de cuestionar el esquema bipolar de la Guerra Fría, afirmaba una tercera posición: autónoma, combativa y abiertamente insurgente.


--->>>  Noticiero ICAIC Latinoamericano - 17.01.1966  --->>>

 

De Bandung a la articulación tricontinental

Este proceso fue heredero directo del impulso iniciado en Bandung, cuando los pueblos afroasiáticos comenzaron a construir una agenda propia frente a las antiguas metrópolis y las nuevas hegemonías.

De esa experiencia surgiría la Organización de Solidaridad de los Pueblos de Asia, África y América Latina, concebida no solo como un espacio de articulación, sino como una herramienta permanente de acción política, propaganda internacionalista y respaldo concreto a las luchas revolucionarias.

La relevancia del encuentro fue evidente en la diversidad y el peso de sus participantes.

Figuras como Salvador Allende, Amílcar Cabral o Rodney Arismendi, junto a representantes del Vietnam en guerra, compartieron tribuna con dirigentes sindicales, estudiantiles y sociales, en un foro donde las experiencias revolucionarias se debatieron sin concesiones retóricas.

La ausencia forzada de Mehdi Ben Barka, uno de los principales impulsores de la conferencia, secuestrado y asesinado antes de llegar a La Habana, subrayó de manera trágica que la Tricontinental no era un ejercicio académico, sino una apuesta riesgosa para los intereses que buscaba confrontar.

 Desafío presente

El legado intelectual de aquel momento alcanzaría su punto más alto poco después, con la difusión en 1967 del célebre Mensaje a la Tricontinental de Ernesto Che Guevara, cuya consigna, “crear uno, dos, tres… muchos Vietnam”, convocaba a multiplicar los focos de resistencia como vía para quebrar la lógica imperial.

Más de medio siglo después, la Primera Conferencia Tricontinental de La Habana demostró que los pueblos históricamente subordinados podían asumirse como sujetos de la historia y no como simples escenarios de una geopolítica ajena.

En esa afirmación, política y radicalmente humana, reside la vigencia de este acontecimiento como uno de los hitos mayores del internacionalismo revolucionario del siglo XX.

Frente a un poder que continúa avanzando sobre pueblos y gobiernos, a quienes aspiran a preservar su independencia no les queda otra alternativa que la unidad en una fuerza común.

En el presente más que nunca, cuando la ofensiva es total y simultánea, esa tarea exige tanto una base material como una espiritual, destinadas no a oponerse, sino a complementarse y sostenerse mutuamente.

Labels: 1966, anti-impérialisme, Bandung, Ben Barka, Cuba, culture rouge, ICAIC, La Havane, noticiero, Tricontinental

vendredi 21 novembre 2025

El rol de Cuba en Angola cambió el curso de la historia africana

 FUENTE: https://jacobinlat.com/2025/11/el-rol-de-cuba-en-angola-cambio-el-curso-de-la-historia-africana/

 Cuando Angola conquistó su independencia en 1975, el ejército cubano acudió en defensa del nuevo gobierno. La misión tuvo repercusiones a escala mundial: aceleró la caída del apartheid sudafricano y remodeló la propia identidad y visión del mundo de los cubanos.

La experiencia angoleña repercutió en Cuba de múltiples maneras: reforzó muchas de las creencias y compromisos del país, le valió numerosos aliados e inspiró un hondo sentimiento de orgullo. (Pascal Guyot / AFP vía Getty Images)

El fin del dominio colonial portugués en Angola hace cincuenta años también supuso el inicio de una misión militar cubana que tuvo un gran impacto en la historia del país, al repeler una invasión sudafricana y negar a Pretoria la oportunidad de llevar al poder a sus aliados locales. También dejó su huella en toda la región: Nelson Mandela atribuyó a la victoria cubana sobre el ejército sudafricano en 1988 el haber acelerado la caída del apartheid.

Cuando las fuerzas armadas cubanas se involucraron abiertamente en Angola en noviembre de 1975, se extendió la creencia de que Cuba era un «proxy» soviético. Quienes conocían bien a Cuba argumentaban que no era tan sencillo. Cuestionaban si realmente se podía describir como un Estado cliente y si Moscú estaba realmente interesado en verse envuelto (indirectamente) en los conflictos internos del sur de África.

Con el tiempo, nuevas investigaciones desviaron la atención de una interpretación que se basaba en gran medida en la perspectiva hegemónica de la Guerra Fría. Poco a poco quedó claro que la participación de Cuba se había producido a petición del nuevo gobierno del Movimiento Popular para la Liberación de Angola (MPLA), al que Portugal había cedido apresuradamente el control del país.

El MPLA se veía ahora amenazado por fuerzas rivales que contaban con el respaldo de Sudáfrica y Estados Unidos. El MPLA solicitó ayuda a La Habana basándose en sus estrechos vínculos con Cuba y en el historial de apoyo cubano a la lucha anticolonial.

Solidaridad internacional

Desde 1961, Cuba siguió una estrategia de apoyo activo a las revoluciones armadas y las luchas anticolonialistas en América Latina, África y Asia. La trascendental Conferencia Tricontinental de La Habana de 1966 expresó esta línea de solidaridad ideológica con los radicales del Tercer Mundo.

Esa política también incluía el apoyo a los Estados poscoloniales frente a amenazas externas, por ejemplo, mediante ayuda militar para defender a Siria frente a Israel en 1973. La solicitud del MPLA en 1975 fue, por lo tanto, un paso natural, al igual que la respuesta positiva de Cuba. Desde agosto, ya había un pequeño contingente cubano en Luanda asesorando sobre las defensas de la ciudad.

La rápida respuesta de Cuba a la solicitud de ayuda tomó por sorpresa a Moscú, y los líderes soviéticos se vieron obligados a ofrecer apoyo logístico a pesar de sus reservas, que se hacían eco de su anterior oposición a la estrategia insurreccional de Cuba. Lejos de obedecer los dictados de su aliado soviético, La Habana estaba influyendo en las interpretaciones soviéticas de los acontecimientos en el Sur Global, un patrón que se repitió más tarde con Nicaragua y Granada.

Había otro contexto más interno para la participación de Cuba en Angola, arraigado en la cultura política del país. La solidaridad con las fuerzas antiimperialistas en el extranjero era en parte una manifestación externa de patrones bien establecidos en el país, como se ha visto en muchas de las movilizaciones y campañas participativas exitosas desde 1959.

Todo esto sucedía en un Tercer Mundo que estaba experimentando transformaciones dramáticas. Estaban surgiendo nuevos gobiernos poscoloniales, y muchos de ellos buscaban el asesoramiento o la ayuda de Cuba sobre la base de vínculos pasados. En América Latina, el patrón de regímenes militares proestadounidenses durante los años sesenta y principios de los setenta había comenzado a cambiar, con gobiernos más nacionalistas en muchos países dispuestos a reconocer a Cuba y comerciar con ella.

Esto pone en tela de juicio la visión tradicional de que Cuba puso fin a su apoyo activo a la lucha armada en América después de 1970 debido a su dependencia económica de la URSS. De hecho, al haberse relajado en cierta medida el asedio de Estados Unidos y del continente a la isla, Cuba podía ahora buscar aliados a través de la diplomacia en lugar de apoyar a los movimientos guerrilleros.

La estrategia insurreccional regional de Cuba no se basaba únicamente en una interpretación radical y poco ortodoxa del marxismo y en un compromiso ideológico con el antiimperialismo. También reflejaba la realidad de que Cuba tenía poco que perder al responder de esa manera al asedio y al aislamiento, en el contexto del compromiso secreto de Estados Unidos, tras la crisis de los misiles cubanos de 1962, de no invadir la isla. Ahora que el aislamiento se estaba suavizando, La Habana podía explorar nuevas formas de promover la solidaridad del Tercer Mundo.

Una vez que el MPLA y sus aliados cubanos detuvieron la amenaza militar inmediata a Angola, la ayuda cubana se extendió a las áreas civiles para la construcción de infraestructura poscolonial. Cientos de técnicos, personal médico, maestros, agrónomos e incluso trabajadores culturales se ofrecieron como voluntarios por períodos prolongados. La práctica cubana del internacionalismo se expresaría a partir de entonces principalmente en campos no militares, extendiéndose a más de cuarenta países.

Punto de inflexión

¿Qué significó todo esto para la propia Cuba? En retrospectiva, está claro que la participación del país en Angola representó un punto de inflexión en varios sentidos. El voluntariado desempeñó un papel importante desde el principio. Los dirigentes de La Habana dejaron claro que toda la empresa se basaría en ese principio y pidieron a los soldados cubanos que respondieran.

La magnitud de su respuesta fue notable. De hecho, a muchos extranjeros les pareció increíble, ya que asumieron que la voluntad de servir era el resultado de la coacción o de la promesa de beneficios materiales. Sin embargo, cuando académicos de fuera de Cuba investigaron el fenómeno, tendieron a coincidir en que el voluntariado era genuino, al menos en las primeras etapas.

Para comprenderlo debemos situarlo en el contexto de la participación popular en Cuba desde 1959. En 1975, la solidaridad práctica e ideológica se había movilizado a través de la participación masiva en diversas organizaciones —sobre todo en los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) de los barrios— y una serie de campañas para alcanzar objetivos definidos, desde la promoción de la alfabetización y la salud hasta la defensa de Cuba contra la amenaza de invasión.

A través de esas experiencias colectivas constantes, las nociones de solidaridad y voluntariado se habían convertido en partes familiares del tejido social y la cultura política cubanos. De hecho, gran parte del proyecto de construcción nacional de los años sesenta y principios de los setenta se había logrado gracias a esos mecanismos.

También había otros atractivos. Por ejemplo, muchas personas veían el trabajo en el extranjero como una forma de romper con sus hábitos impuestos de mirar hacia dentro bajo el asedio de Estados Unidos, lo que les ofrecía nuevas experiencias. También les daba acceso a bienes y divisas que de otro modo serían escasos. Además, existía cierta presión social en el lugar de trabajo, ya que el ejemplo de los voluntarios persuadía a otros a seguir sus pasos.

Sin embargo, con el tiempo, la estrategia de enviar personas al extranjero para prestar ayuda se convirtió en un elemento natural y destacado de la política exterior de Cuba y de la vida de los cubanos de a pie. Muchas personas trabajaban en el extranjero o tenían un amigo o familiar que lo hacía.

Cuba y África

En cuanto al esfuerzo militar real en Angola, una de las primeras reacciones del público fue un alto grado de orgullo nacional. Ahora se consideraba que Cuba estaba actuando en apoyo de un Estado poscolonial hermano, contra los impopulares Estados Unidos y el régimen paria del apartheid de Sudáfrica. Esto impulsó la confianza colectiva en el potencial de Cuba para desempeñar un papel global que era claramente honorable, pero que antes parecía imposible.

La campaña de Angola también tuvo un efecto imprevisto pero significativo. Trajo consigo un nuevo enfoque, tanto popular como oficial, sobre la composición étnica de Cuba. A partir de noviembre de 1975, los dirigentes cubanos se refirieron al proyecto como «el regreso de los esclavos», recordando el gran número de africanos que los colonialistas españoles habían traído a la fuerza desde Angola para impulsar la producción de azúcar. El nombre oficial de la campaña fue Operación Carlota, en honor a una famosa esclava rebelde angoleña de la época.

Angola recordó así a los cubanos el impacto cultural de África en su sociedad y su contribución vital a los patrones económicos del país, así como a su radicalismo político (en las tres rebeliones independentistas del siglo XIX). Esto reconfiguró el proceso de definición de la identidad cubana como base de la revolución y como forma de encontrar un lugar en el mundo.

Esto era necesario porque los cubanos habían pasado por una experiencia bastante típica en la que el colonialismo y el neocolonialismo habían moldeado su identidad, llevándolos a aceptar su propia inferioridad y la superioridad de sus colonizadores, y a mirar hacia el norte en busca de aspiraciones colectivas para una futura «Cuba Libre». Ese patrón se había mantenido durante el periodo de independencia cuestionable de Cuba entre 1902 y 1958, reforzado por una importante inmigración española hasta la década de 1930.

Después de 1959, las nuevas políticas y la hostilidad de Estados Unidos hacia la Revolución Cubana obligaron a desarrollar una nueva afinidad radical con América Latina. Esto se expresó a través del apoyo activo a la rebelión armada en la región, pero también a través del protagonismo cultural continental seminal de la Casa de las Américas. Sin embargo, a principios de la década de 1970, la adhesión de Cuba al Comecon, la red comercial del bloque liderado por la Unión Soviética, puso fin a la austeridad de la década anterior. Las mejoras materiales generaron una tendencia entre los cubanos a considerarse potencialmente parte del «Segundo Mundo».

La participación cubana en Angola, junto con nuevas formas de colaboración con un Caribe anglófono cada vez más radicalizado y un visible giro hacia la izquierda en Centroamérica, sirvió como un poderoso recordatorio de que África siempre había contribuido de manera sustancial a la formación de la identidad nacional cubana. Esa contribución había sido objeto de cuestionamientos y controversias durante mucho tiempo, a pesar de las reformas sociales y las declaraciones oficiales tras la victoria rebelde.

De repente, el color dejó de ser un tema tabú (en una sociedad supuestamente ciega al color) y pasó a representar un elemento básico de una identidad de la que los cubanos podían sentirse orgullosos. La nueva ola de austeridad que azotó a Cuba tras el colapso de la Unión Soviética y la pérdida de esperanza que lo acompañó socavaría en cierta medida esta conciencia del color. Aun así, dicha conciencia tenía ahora raíces más profundas que antes y seguía siendo una parte fundamental de toda la ecuación cubana.

Legados

En vista de todo esto, ¿cómo siguieron percibiendo los cubanos el papel de su país en Angola? En la década de 1980 se produjo un ligero descenso del entusiasmo inicial, con un número estimado de víctimas mortales de alrededor de seis mil, de los más de doscientos mil que prestaban servicio allí. También hubo una tendencia en algunos sectores a considerar la presión de los compañeros como una forma de presión estatal, y el voluntariado como un medio para que las personas se saltaran las colas para obtener viviendas u otros beneficios.

Tras una epidemia de dengue en 1980, se extendió el rumor de que su origen se encontraba en el voluntariado internacionalista. Al año siguiente, la huida masiva de más de 120 000 cubanos en el puerto de Mariel, que conmocionó tanto al pueblo cubano como a sus dirigentes, hizo que las quejas sobre Angola se hicieran más audibles.

Sin embargo, el entusiasmo y el orgullo volvieron tras los acontecimientos de marzo de 1988, cuando una fuerza de más de cincuenta mil soldados cubanos infligió una importante derrota al ejército sudafricano en Cuito Cuanavale, en una batalla campal que levantó la moral.

El orgullo creció a medida que se hicieron evidentes los efectos de la victoria cubana: las tropas sudafricanas se retiraron de Angola y Namibia poco después, y el Estado del apartheid pronto comenzó a desmoronarse con la liberación de Mandela en 1990, seguida de su elección como presidente del país. Ese sentimiento de orgullo incluso sobrevivió (y puede que ayudara a consolar a la gente) durante la crisis de principios de la década de 1990.

Sin embargo, esa misma crisis también acabó con la capacidad de Cuba para continuar con su política de internacionalismo a la escala anterior. La prestación de ayuda se limitó entonces, en general, a la asistencia tras desastres naturales o, como en el caso de Palestina, a la educación y formación gratuitas para estudiantes del Sur Global.

La paciencia de los cubanos se vio a menudo puesta a prueba durante los años de crisis, ya que algunos contrastaban sus dificultades diarias para sobrevivir con suministros limitados y racionados con lo que consideraban la generosidad de Cuba en el extranjero. Sin embargo, en general, el compromiso con la idea de la solidaridad internacional pareció perdurar entre muchos cubanos, lo que sugiere (en las situaciones más desesperadas) que la creencia popular en la solidaridad todavía tenía cierta influencia.

También pudo haber ayudado el hecho de que el historial de Cuba en la prestación de ayuda a otros países, incluso durante la crisis, suscitara una importante simpatía mundial hacia el país. Esto se puso de manifiesto cada año a partir de 1992 en las abrumadoras votaciones de la Asamblea General de las Naciones Unidas contra el embargo estadounidense (al que solo se oponían ritualmente Estados Unidos e Israel), lo que reforzó la sensación de que Cuba no estaba sola. Con Donald Trump endureciendo aún más el embargo, esa simpatía podría parecer una pequeña bendición, pero no obstante lo era (y quizás lo siga siendo).

La experiencia angoleña afectó así a Cuba de varias maneras, en su mayoría para mejor. Reforzó muchas de las creencias y compromisos del país, le granjeó muchos aliados e inspiró sentimientos de orgullo (así como quejas y resentimientos). Cuba después de 1975 era diferente, y probablemente aún estemos descubriendo el alcance y el carácter de esas diferencias.

Antoni Kapcia

Profesor de historia latinoamericana en el Centro de Investigación sobre Cuba de la Universidad de Nottingham. Entre sus obras destacan Leadership in the Cuban Revolution: The Unseen Story, A Short History of Revolutionary Cuba: Revolution, Power, Authority and the State from 1959 to the Present Day y Cuba in Revolution: A History Since the Fifties.

Labels: Afrique du Sud, Angola, anti-impérialisme, Cuba, Guerre froide, Sud Global, USA

mercredi 12 novembre 2025

El fascio de las Ramblas. Los orígenes catalanes del fascismo español

 

Xavier Casals Meseguer
Enric Ucelay-Da Cal

 

 

Introducción. El primer fascismo español, una historia de tres ciudades

 

Si el fascismo español tiene un himno, 
este es sin duda el «Cara al sol» falangista. Estrenado en 1936, su estrofa inicial reza así:

Cara al sol con la camisa nueva,
que tú bordaste en rojo ayer,
me hallará la muerte si me lleva
y no te vuelvo a ver.

Pero el primer caído «cara al sol» no fue un falangista, sino un poeta e intelectual considerado el padre de la independencia de Cuba: José Martí. Murió en Pinar del Río el 19 de mayo de 1895 luchando contra una columna española, pese a ser hijo de un valenciano y una tinerfeña emigrados a la isla. Señala el historiador John Lawrence Tone que Martí fue temerario al querer demostrar que podía luchar con las armas igual que con sus textos:

Se aproximó a los españoles armado tan solo con una pistola y montado en un caballo blanco: las ráfagas de rifle le hirieron de muerte tirándole al suelo.

Su muerte tuvo «aroma de suicidio» y añade que, al parecer, Martí tuvo «premoniciones de su muerte», visibles en esta estrofa de sus

No me pongan en lo oscuro, a morir como un traidor.
Yo soy bueno, y como bueno moriré cara al sol.

Según el hispanista Hugh Thomas el himno falangista se inspiró en estos versos. Pero los relatos de su creación atribuyen esta estrofa del himno al fundador de Falange Española (FE), José Antonio Primo de Rivera, y a dos escritores del partido, Agustín de Foxá y José María Alfaro, lo que hace plausible que conociesen los versos de Martí. Este hecho no es menor porque apunta a un sustrato mal conocido del fascismo español: su influjo cubano, tema de este ensayo que comporta una revisión profunda de este fenómeno político.

Las JONS, constituidas el 10 de octubre de 1931, a partir de la fusión del grupo liderado por Ramiro Ledesma Ramos 
—fundador del semanario La Conquista del Estado— con las Juntas Castellanas de Acción Hispánica de 
Onésimo Redondo Ortega y La Traza, liderada por Alberto Ardanaz (foto: Archivos de la Historia)
El falangismo como único fascismo español: una visión problemática

En general, los estudios del mismo, más allá de centrarse en algunas individualidades, orbitan en torno al falangismo y las dos entidades previas que confluyeron en él. Una fue el semanario La conquista del Estado, impulsado por Ramiro Ledesma y que vio la luz en Madrid en marzo de 1931 (el mes previo a la proclamación de la Segunda República). La otra fue Libertad, otro semanario que se editó en junio de aquel año en Valladolid promovido por Onésimo Redondo y cuyo núcleo editor constituyó en agosto unas irrelevantes Juntas Castellanas de Actuación Hispánica (JCAH). En octubre ambos grupos se fusionaron en las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (JONS). Dos años después, en octubre de 1933, José Antonio Primo de Rivera creó un ente rival, la citada FE. Como falangistas y jonsistas eran exiguos, estos se fusionaron en febrero de 1934 en FE de las JONS. Estas siglas fueron marginales hasta que en la primavera de 1936 conocieron una gran afluencia de seguidores. Ya en plena Guerra Civil, en abril de 1937, Franco unificó a FE de las JONS con la otra gran fuerza de la derecha, el carlismo, y creó el partido oficial de su régimen: Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (FET y de las JONS).

Acabada la Guerra Civil en abril de 1939 e iniciada la Segunda Guerra Mundial en septiembre de aquel año, las expectativas que Franco depositó en el triunfo del Eje favorecieron la fascistización del régimen a través de FET y de las JONS hasta agosto de 1942 de la mano de Ramón Serrano Suñer, cuñado de Franco. Entonces el retroceso de las fuerzas del Eje forzó al dictador a adoptar un funambulismo político para sobrevivir a la victoria aliada de 1945. En este marco FET y de las JONS, desde 1967 llamada Movimiento Nacional (o «Movimiento»), conoció un letargo del que ya no salió hasta su disolución en abril de 1977. Devino así el paraguas político de tres generaciones de españoles y españolas (estas últimas en la Sección Femenina).

Paradójicamente, esta asociación del fascismo español con el falangismo la originó este último. En los años treinta asumió su conexión con ascendentes italianos y tras la derrota del Eje quiso proyectarse como una especificidad hispánica. A inicios de los años sesenta del pasado siglo, el historiador estadounidense Stanley G. Payne examinó la «falangística» (las obras emanadas del universo falangista, desde memorias a textos políticos) y asumió su visión del «fascismo español» y su estudio la convirtió en una opción comparable al fascismo italiano y al nazismo alemán, con pautas de análisis ya muy elaboradas. Payne posteriormente profundizó en el estudio del fascismo y devino un experto en el tema. Como resultado, el trabajo pionero de Payne sobre Falange codificó los parámetros del fascismo español de estudios posteriores, que lo asociaron al falangismo de forma indeleble.

Ceremonia de fusión de Falange Española y de las JONS celebrada en el Teatro Calderón de Valladolid 
el 4 de marzo de 1934, en la que intervinieron Primo de Rivera, Julio Ruiz de Alda, Onésimo Redondo, 
Ramiro Ledesma Ramos y Emilio Gutiérrez Palma (foto: El Norte de Castilla)

Pero esta visión del fascismo español, desde nuestra óptica, plantea problemas diversos. Uno es cronológico: hace del fascismo una realidad tardía en España al remitir a los años republicanos, y los partidos o entes previos susceptibles de ser vinculados al mismo se catalogan como precursores. Otro problema es geográfico, ya que Madrid es el único centro irradiador de fascismo, con Valladolid como escenario secundario como baluarte de Redondo y sus JCAH. Por último, esta visión del fascismo infravalora su proximidad con la derecha más radical o «fascistizada» y su pugna por un mismo espacio político. Pero para sus coetáneos los falangistas, la «derecha fascistizada» y la derecha en general a menudo carecían de lindes ideológicas diáfanas, pues eran un continuo de límites internos borrosos, señala el historiador Paul Preston:

[.. ] Durante toda la República, los líderes de cada grupo derechista habían intervenido en los mítines de los otros, siendo, normalmente, bien recibidos. Se reservaba espacio en la prensa de los diversos partidos para incluir informes favorables sobre las actividades de los rivales. Todos los sectores de la derecha compartían la misma determinación de establecer un Estado corporativo y de destruir las fuerzas efectivas de la izquierda. […] Había, por supuesto, diferencias de opinión […]. No obstante, rara vez iban más allá de disensiones sobre la táctica […]. Estos grupos raramente rompieron su unidad en el Parlamento, en tiempo de elecciones o […] durante la guerra civil […]. Es más, no era raro […] pertenecer a una o más de estas organizaciones, y en algunos casos a todas ellas.

Esta dificultad de trazar límites la ilustra el Partido Nacionalista Español (PNE), calificado de «pseudofascista». Su líder y creador fue el médico valenciano José Mª Albiñana, que creó la formación en abril de 1930, tres meses después de concluir la dictadura que Miguel Primo de Rivera estableció en 1923, con la expectativa de erigirse en su albacea político. Su divisa era la del primorriverismo caído, «Religión, Patria, Monarquía». A ello añadió su lema, «España sobre todas las cosas, y sobre España inmortal, solo Dios». Entre octubre y noviembre de 1930 adoptó el «saludo brazo en alto, [la] camisa azul [celeste], [el] escudo con yugo, flechas y águila bicéfala, [y la] cruz de Santiago». Moduló un españolismo combativo (su himno se tituló «España inmortal») y se definió como una «hermandad hispánica de acción enérgica». Su portavoz fue La Legión y su milicia fueron los Legionarios de España, su «avanzada guerrillera». Cabe pensar que para sus seguidores militar en FE o en este partido dependió más de su presencia en un lugar concreto que de su doctrina. Ateniéndonos a lo expuesto, consideramos difícil negar el carácter fascista del PNE.

En este marco, sostenemos una visión substancialmente distinta del fascismo español, pues convenimos que este fenómeno tuvo sus raíces en Cuba, afloró y se configuró en la Península por vez primera en Barcelona entre 1919 y 1923 y tuvo ecos y reverberaciones en Madrid entre fines de 1922 e inicios de 1923. Ello fue así por varias razones que desplegamos a lo largo de este ensayo y apuntamos al lector a continuación de modo orientativo.

José María Albiñana (segundo por la izquierda), en una reunión con miembros del Partido Nacionalista Español 
(foto: El Independiente)
Las raíces cubanas del fascismo español: militarismo y españolismo

España solo puso fin a su condición imperial en 1975 (con el abandono del Sahara occidental en plena agonía de Franco) y este hecho marcó su evolución mucho más de lo que parece. En el caso del fascismo español juzgamos determinante la importancia de La Habana en el proceso de su conformación, pues en la España decimonónica era su tercera ciudad más importante (después de Madrid y Barcelona) y en ella tuvieron lugar dos procesos clave en el tema que nos ocupa.

Uno fue la concentración de poder que conoció el titular de su Capitanía y que le convirtió en virtual «virrey» de la isla con el apoyo de sus élites propeninsulares (opuestas a toda reforma que alterase el statu quo de Cuba) que formaron una suerte de «Corte» en torno al capitán general. Asimismo, este dispuso de una milicia civil que las citadas élites promovieron y lideraron, el llamado Cuerpo de Voluntarios. Este se creó en 1855 para luchar contra el «separatismo» (que incluyó a cubanos autonomistas e independentistas) y contra posibles revueltas de esclavos. Los voluntarios, que iban uniformados y armados, profesaron un nacionalismo intransigente que les convierte en precursores del futuro fascismo peninsular.

En 1869 acaeció la conjunción organizada de estos tres elementos: Capitanía, élites y los voluntarios. Entonces, quien era capitán general desde enero, Domingo Dulce, quiso introducir reformas y ampliar el marco de libertades de Cuba siguiendo órdenes del gobierno, pero topó con la oposición de las élites citadas. Estas urdieron un complot contra este militar mediante el capitán general que le precedió, Francisco Lersundi, y el Cuerpo de Voluntarios. Así, en mayo Lersundi asedió la Capitanía con cientos de voluntarios y forzó a Dulce a renunciar a su cargo al carecer de fuerzas para imponerse. Como este renunció a sus poderes de forma reglamentaria, el cambio de titular de Capitanía fue legal y pacífico. Desde entonces las élites mencionadas actuaron con autonomía de Madrid y solidificaron sus lazos con Capitanía, mientras los voluntarios reprimieron a reformistas e independentistas cubanos a sus anchas.

Esta experiencia antillana, apenas conocida en la narrativa de la historia de España, fue decisiva tanto en la evolución del militarismo español como en la del fascismo porque configuró un artefacto político-militar singular que denominamos «Capitanía cubana». Tal expresión alude a la asunción del poder civil por Capitanía de forma dictatorial, con el apoyo de las élites locales y una milicia civil auxiliar. Esta última, que en Cuba encarnaron los voluntarios, reflejó ya el limitado espacio político que el militarismo español dejaría al desarrollo del futuro fascismo en la Península. De hecho, la definición de «militarismo» presume que los oficiales del Ejército han de predominar sobre los políticos civiles.(20) Ello fue así porque el Ejército se autoerigió en garante del orden establecido ante toda amenaza «separatista» o revolucionaria y quiso monopolizar el patriotismo.

El otro proceso que se desarrolló en Cuba e interactuó con el anterior fue que allí afloraron tanto el nacionalismo español exacerbado como los nacionalismos centrífugos peninsulares. De este modo, la llamada Guerra de los Diez Años (1868-1878) contra los insurrectos de la isla hizo cristalizar un autodenominado «españolismo» que asimiló nación e imperio (concibió a la Península y a sus dependencias de Ultramar como un todo indivisible) que reclamó una adhesión «incondicional» contando con el apoyo de Capitanía.

Voluntarios de La Habana, retratados por Valeriano Domínguez Bécquer en la revista La Ilustración de Madrid (1870). 
Fuente: Wikimedia Commons.
Cataluña en el espejo de La Habana: ¿Una «segunda Cuba»?

Tras la pérdida de Cuba en 1898, la pauta de ocupación castrense del poder civil de la «Capitanía cubana» se exportó a la Península y arraigó en Barcelona. Allí los militares procedentes de Ultramar creyeron hallarse ante la misma amenaza bifronte de La Habana: el «separatismo» (encarnado por el catalanismo emergente) y la revolución (el temor al obrerismo organizado substituyó al que infundían las revueltas de esclavos). De este modo, a partir de los problemas de orden público, Capitanía empezó a asumir competencias civiles en detrimento del gobernador civil, en un proceso que tendría su inicio en la huelga general de 1902.

Por esta vía, entre 1919 y 1923, cuajó una genuina «Capitanía cubana» en Barcelona. En ese periodo fueron sus «virreyes» de facto los generales Joaquín Milans del Bosch (capitán general de Cataluña entre septiembre de 1918 y febrero de 1920) y Severiano Martínez Anido (gobernador civil desde noviembre de 1920 hasta octubre de 1922). Milans expandió su poder al reprimir la agitación que el fin de la Gran Guerra en 1918 generó entre catalanistas y sindicalistas. La de los primeros se materializó en una campaña de demanda de autonomía en la que el Ejército vio un separatismo tan amenazador como el cubano. Y la de los segundos la estimuló el triunfo de la revolución bolchevique en 1917, que incentivó la radicalización del potente sindicato de cariz anarcosindicalista omnipresente en la zona metropolitana barcelonesa: la Confederación Nacional del Trabajo (CNT). Esta organización alumbró grupos de acción que generaron un pistolerismo endémico que Milans quiso contener con mano dura. Su actuación esbozó entonces una dictadura regional sin quebrar de forma oficial la legalidad (como en Cuba). Pero no la pudo consolidar al ser forzado a dimitir en febrero de 1920. Le substituyó como «hombre fuerte» Martínez Anido, quien durante su mandato (el «anidato») consolidó la autocracia en Cataluña que Milans perfiló. En consecuencia, ambos militares actuaron como los capitanes generales de La Habana: ocuparon el poder civil con apoyo de las élites locales y una milicia auxiliar, conformando una «Capitanía cubana» en Barcelona.

Fuente: Mundo Gráfico 23 de octubre de 1918
De los Voluntarios de La Habana al «Fascio de Las Ramblas»

En este escenario, la milicia auxiliar de esta «Capitanía cubana» surgió de modo espontáneo o se improvisó sobre la marcha, de modo que desempeñaron su rol en Barcelona cuatro actores distintos entre 1919 y 1922. Primero, entre fines de 1918 e inicios de 1919 lo hizo una Liga Patriótica Española (LPE), que practicó el «escuadrismo» contra el catalanismo. Al estallar una intensa conflictividad social a partir de febrero de 1919, la LPE se esfumó y desempeñó tal función el Somatén, una milicia civil que actuaba como cuerpo auxiliar de orden público. Pero el protagonismo creciente de los grupos de acción del cenetismo requirió que desarrollasen la función de milicia auxiliar otros actores: primero fueron grupos parapoliciales conocidos como la «banda negra» y desde 1920 ejerció este rol el llamado Sindicato Libre. Así las cosas, veremos cómo la LPE y el Libre, amparados por Capitanía, encarnaron el primer fascismo barcelonés.

Hemos designado a este último como «Fascio de Las Ramblas», una expresión que fue acuñada en 1931 por ámbitos de izquierda para aludir de forma irónica a una organización fascista que supuestamente organizaba Ramón Sales, el dirigente del citado Sindicato Libre. Sales anunció la creación de tal milicia el 11 de abril de ese año a bombo y platillo, pero sus declaraciones posiblemente fueron un globo sonda o un farol político. Pese a su inexistencia, hemos escogido esta expresión para designar al fascismo barcelonés inicial porque Las Ramblas fueron un escenario y escaparate a la vez de las primeras tramas fascistas barcelonesas. Y es que en este bulevar primero se enfrentaron catalanistas y españolistas de la LPE. Después Las Ramblas fueron un espacio de eclosión del pistolerismo. Los matones de ambos sindicatos (Libre y CNT) se reunían en sus cafés y sus grupos de acción actuaron en buena medida en la zona marcada por esta arteria: el casco antiguo y la zona que sería conocida como «barrio chino». También Las Ramblas reflejaron la importancia de los militares que mediaron en aquel universo de choques entre cata- lanistas y españolistas, libres y cenetistas. Sus centros coronaban simbólicamente el principio y el final de Las Ramblas: el Casino Militar estaba al principio, en la plaza Cataluña, y la Capitanía al final, en la zona próxima al mar. De ahí, pues, la idoneidad de esta metáfora como título del presente ensayo.

Ramón Sales Amenós en diciembre de 1919, en un acto de homenaje al general Severiano Martínez Anido
Un fascismo de primera generación y otro de segunda

Ateniéndonos a lo hasta aquí expuesto, partimos de las premisas siguientes: que la emergencia y la evolución del fascismo en España fue inseparable de la del militarismo del siglo xx (por lo que es necesario estudiar la configuración de ambos de forma simultánea); que ambos fenómenos tuvieron sus orígenes en la Cuba decimonónica, pero también los marcaron las campañas militares de Marruecos; que su configuración y eclosión tuvo lugar en la Barcelona del periodo 1919-1923, caracterizada por una conflictividad política y social intensa con un poderoso tema identitario de fondo; y que en su desarrollo interactuaron de forma compleja propuestas fascistas de Barcelona y, en menor grado, otras de Madrid.

En este aspecto, podemos establecer que el fascismo español tuvo dos etapas distintas: una monárquica inicial y otra posterior republicana o accidentalista en cuanto al régimen político. La primera (1919-1923) es el tema de este estudio y lo podemos calificar como un «fascismo de primera generación», caracterizado por tener su epicentro en Barcelona, un discurso y una práctica política acuñada en Ultramar (aunque tamizada por Marruecos), un carácter esencialmente organizativo y una elaboración ideológica muy escasa. Simplificando, tuvo tres plasmaciones sucesivas. La primera fue la mencionada LPE anticatalanista entre fines de 1918 e inicios de 1920. Le sucedió el Sindicato Libre, constituido a lo largo de 1919 y que emergió en 1920 y combatió con las armas a la poderosa CNT. Por último, a fines de 1922 se formó el grupo La Traza, que salió a la luz a inicios de 1923. Sin embargo, este fascismo barcelonés no puede estudiarse por sí solo, ya que tuvo una compleja relación e interacción con propuestas surgidas en Madrid, que también recoge esta obra, y que pasaron por la confluencia del africanismo militar, encarnado por la Legión (oficialmente Tercio de Extranjeros), y los sectores del llamado maurismo que conocieron una deriva autoritaria.

En cambio, el fascismo que podemos considerar de «segunda generación» tuvo su epicentro en la capital española y Valladolid, a la vez que se articuló esencialmente en torno a la ideología. Se singularizó por tener expresiones políticas republicanas y ambiciones intelectuales que reflejaron el influjo de las vanguardias literarias. Estas le transmitieron la convicción de que la «Nueva Cultura» que habían forjado debía demoler y substituir a una cultura burguesa juzgada decadente. Reflejaron este fascismo los mencionados grupos de Ledesma y Redondo que confluyeron primero en las JONS y luego con la FE de José Antonio Primo de Rivera y originaron FE de las JONS. En este marco, el PNE de Albiñana sería un grupo de transición entre ambos fascismos.

Para comprender la importancia de esta dimensión urbana de las iniciativas fascistas, especialmente en el fascismo de «primera generación» es esencial tener en cuenta que existe un trasfondo de «guerra de ciudades» en la que la dicotomía Madrid-Barcelona tiene un papel esencial, en la medida que, si la capital de España será el centro oficial del país, Barcelona, su capital económica e industrial carente de un poder político en consonancia, actuará como el «anticentro» por excelencia del país. Esta tensión entre centro y «anticentro» será un vector del «Fascio de Las Ramblas».

Presidentes de los Sindicatos Libres de Barcelona en 1922 (foto: La Acción/Wikimedia Commons)
¿Pero qué es el fascismo? Un recorrido por territorios pantanosos

Llegados aquí, es imperioso abordar una cuestión pantanosa: ¿Qué entendemos por fascismo? La pregunta no tiene una respuesta satisfactoria al faltar un acuerdo académico sobre cómo definir tal concepto. Ello es así porque no existe un fascismo monolítico, atemporal e inmutable, sino una pluralidad de movimientos de rasgos similares y diferentes a la par. Tal realidad supone cuatro grandes problemas para disponer de una definición operativa.

Un primer problema radica en que el fascismo combina diversos estilos políticos que lo hacen acreedor del reconocimiento como algo nuevo: explora una «tercera vía» entre marxismo y liberalismo, entre derecha e izquierda (asumiendo la crítica del liberalismo al comunismo y la del comunismo al liberalismo); asume el papel del Estado como ente rector de la sociedad (de forma semejante al comunismo); plasma una forma nueva de representatividad política que pasa por un líder carismático que interpreta la «voluntad nacional»; adopta una cultura nueva, en la que confluyen una crisis del racionalismo —que comporta la exaltación de una mística ultranacionalista de combate— y las vanguardias artísticas. A ello se añade que es la única ideología de los siglos xix y xx que asume su demonización. La actitud de los fascistas es fácilmente reconocible: «Sí, somos malos… ¿y qué?». Todo ello es difícil de aprehender en una única definición.

Un segundo problema es sobre qué tipo de movimiento fascista ponemos el foco. No es lo mismo el primer fascismo, de orígenes relativamente nebulosos, que aquel ya crecido y ávido de poder. Y menos aún el ya instalado en el poder y el que está en la oposición. En este aspecto, se suele identificar el fascismo (como movimiento y/o doctrina) con la época de entreguerras (aproximadamente el periodo 1919- 1945), percibido como un fenómeno político europeo en su esencia y que expresaría una larga «guerra civil europea». Un tercer problema es su variedad de manifestaciones, que dificulta las definiciones homogeneizadoras. Así, el historiador germano Ernst Nolte aludió a que

«un asombroso enlace de tendencias particulares y universales resulta evidente en todo movimiento fascista».

Finalmente, un cuarto problema, derivado de los anteriores, es que los expertos ofrecen una variedad de enfoques que hace muy difícil disponer de una definición funcional. De este modo, por poner algunos ejemplos, el destacado historiador italiano Emilio Gentile ha enfatizado la forma política, el partido fascista, en el caso italiano en concreto como fuerza paramilitar o partido-milicia. En clara contraposición, el británico Roger Griffin ha formulado una tesis que aborda el fascismo como expresión de un «nacionalismo palingenético». Su discurso y su potencial atracción de masas dependen así de la capacidad de crear un «renacimiento nacional», que sería su componente ideológico fundamental. Sin él, según Griffin, no hay auténtico fascismo. Por descontado, no podemos olvidar la aproximación del propio Payne, que establece una tipología de rasgos con una reflexión sobre sus antecedentes. Hay otras muchas propuestas, suficientes para requerir una ordenación de carácter enciclopédico.

Propaganda de los Sindicatos Libres: su encarnación persigue al anarquismo, el separatismo, la masonería, el comunismo y el judaísmo (imagen del blog de Xavier Casals)

Para resumir, el fascismo es una ideología y a la vez una práctica que combina acción con pensamiento, que ilustra el lema «Libro e moschetto, fascista perfetto» («libro y mosquete, fascista perfecto»). Pero se trata de un pensamiento único, decidido desde arriba, dictado supuestamente por un jefe carismático, omnímodo e infalible: «Il Duce ha sempre ragione» («El Duce siempre tiene razón»). Se remarca así el énfasis del fascismo en la participación y, por extensión, en la obediencia. Pero todo ello no es más que un modelo idealizado. La realidad política siempre es más compleja y contradictoria, por lo que —volviendo al principio— es sumamente difícil disponer de una definición satisfactoria de este fenómeno.

En este apartado de definiciones también es necesario aludir al concepto igualmente difuso de populismo. Aquí lo hemos empleado para designar una estrategia de movilización especialmente visible en el discurso regeneracionista de inicios del siglo xx y que crea una dicotomía maniquea entre el «pueblo sano» y las élites corruptas para movilizar al primero contra las segundas. Sin embargo, el concepto de populismo tampoco tiene una definición clara y unívoca. Y aunque hoy es omnipresente en los medios de comunicación, su significado resulta bastante confuso. Como sucedió con el fascismo más maduro, cuesta a los estudiosos entender qué elementos son propiamente de la izquierda o de la derecha. En realidad, el término nació en la Rusia zarista, con los llamados naródniki (de narod, pueblo) durante la segunda mitad del siglo xix. Pero la misma palabra en inglés, populism o People’s Party, designó un partido electoral estadounidense las últimas dos décadas decimonónicas. Como palabra política ya casi olvidada, analistas académicos la utilizaron para describir la actuación de movimientos que combinaban partido y sindicatos en Latinoamérica, sobre todo (aunque no solamente) en Brasil y Argentina en la primera mitad del siglo xx. También hay quien lo empleó para examinar la política de izquierdas y el autonomismo en Cataluña en el periodo republicano y de la Guerra Civil (1931-1939). Otros estudiosos, notablemente el historiador hispano-francés Carlos Serrano, han considerado que la figura del intelectual regeneracionista Joaquín Costa, protagonista relevante de nuestra obra, era de neta raigambre populista. Y si antes del siglo XXI se empleó este vocablo para dar sentido al prefascismo, hoy sirve principalmente para señalar la pujanza del posfascismo.

Así las cosas, este ensayo se centra en reconstruir las raíces, eclosión y trayectoria del primer fascismo español. Por tanto, definir esta experiencia primeriza plantea un reto similar al que afrontó Nolte —el investigador antes citado— al analizar los orígenes del fascismo francés, que asimiló a un grupo que mencionamos en la obra: Action Française (Acción Francesa, AF). Esta entidad se constituyó en 1899 y su líder carismático fue el escritor e intelectual Charles Maurras (1868-1952), cuyo acendrado nacionalismo surgió del cultivo de la lengua provenzal. Su ideario fue concomitante al del carlismo en España: defendió una monarquía tradicional, antiparlamentaria, antiliberal, descentralizada y recurrió a la violencia. Nolte justificó su inclusión aludiendo a que la AF es «la primera agrupación política de cierta influencia y rango intelectual que conlleva innegables rasgos fascistas». Además, «aparece al mismo tiempo que las demás formas tardías del antiguo movimiento contrarrevolucionario, el legitimismo francés y el realismo, pero resultan evidentes ciertos rasgos modernos que no pueden derivarse de esta tradición», sin que su monarquismo la alejara del fascismo.

Pues bien, esta misma cuestión que Nolte esbozó es la que plantean los colectivos y grupos analizados en la obra y solo podemos definirlos a medida que los analizamos: surgen parejos a movimientos contrarrevolucionarios decimonónicos, lo que facilita la confusión entre «lo nuevo» y «lo viejo», pero presentan rasgos modernos que los desvinculan de ellos y, estudiados en una dimensión territorial, conforman un juego de oposiciones que permite percibirlos como un todo con sentido político propio. Así, intentar dotar de una definición que incluya a colectivos mencionados como la LPE, La Traza, el Sindicato Libre o una unidad militar como la Legión es una empresa ardua y difícil en estas páginas liminares. Por consiguiente, invitamos al lector a constatarlo a partir de la exposición desplegada en la obra. No obstante, en relación con este primer fascismo aquí tratado, tanto en Barcelona como en Madrid, podemos enfatizar tres ideas.

Conferencia de Jaime Bordas, presidente de la Liga Patriótica Española de Barcelona, sobre la “autonomía integral”, en el Teatro del Centro (Madrid) (foto: ABC, 31 de diciembre de 1918)

Una primera idea es que en él primó la acción por encima de la reflexión. Fue un fascismo casi ágrafo, cuya escasa teorización se improvisó sobre la marcha y quizá ni ambicionó elaborarla. De este modo, originó manifiestos y prensa en el mejor de los casos, pero no abultadas disquisiciones teóricas impresas. Se caracterizó por articular organizaciones agresivas o de encuadramiento combativo de sus seguidores y sus entidades reflejaron la idea de formar un «ejército privado» capaz de actuar con virulencia ante formaciones opuestas dentro de la sociedad civil. Fue tan escasa su preocupación por dejar su huella que, como verá el lector, su evolución solo se puede reconstruir en la mayoría de los casos examinados de forma parcial y, a menudo, con fuentes secundarias (memorias, prensa, informes policiales o diplomáticos). De hecho, el vínculo con el fascismo fue públicamente invisible en algunas iniciativas, como el Sindicato Libre o el núcleo madrileño que preparó una «marcha sobre Madrid». Sabemos que este nexo existió, pero sus protagonistas se cuidaron mucho de ocultarlo.

Una segunda idea relevante es su encaje político singular en un marco monárquico. En este aspecto, el fascismo, que per se es republicano, surgió y creció en una Europa de monarquías. Ello planteó un problema de compatibilidad cuando el fascismo emergió en Italia. Allí, en marzo de 1919, Benito Mussolini creó un movimiento socialista belicista, filo-nacionalista y nacional-republicano. Usó el término italiano fasci (haz), entonces de moda (por el recuerdo de los Fasci Siciliani dei Lavoratori en 1889-1894) para designar una unión política o social, un fascio ( fasci en plural). Pero, como observó el lúcido conservador catalán Francesc Cambó en un ensayo de 1924, Mussolini recibió apoyo masivo de monárquicos (exmilitares, estudiantes, clases medias), hizo de los Fasci una llamada al unitarismo nacional y pudo desarrollar su movimiento en el seno de la Corona, llegando al poder en 1922. Su triunfo inspiró a otras figuras inquietas en el socialismo que ambicionaron adquirir protagonismo al margen de las casillas establecidas. En España, sin embargo, los primeros fascistas no tuvieron necesidad de buscar fórmulas ingeniosas, pues veremos que hubo una rica diversidad de herencias ideológicas en el conjunto de la derecha a las que recurrir. La Monarquía dominó aquí el escenario y las experiencias o iniciativas que podemos vincular a un primer fascismo casaron monarquía y república sin grandes reflexiones, aunque no sin disonancias.

Una tercera y última idea es que este estudio, más que poner el foco en comparar dinámicas españolas y europeas, refleja cómo un conjunto de factores impulsó el deseo de crear un espacio «reformador» en la derecha, pero (al contrario de lo que sucedió en Italia) carecía de antecedentes de izquierdas. De este modo, ante el sindicalismo de contorno revolucionario que encarnó la CNT y un recién inventado separatismo catalanista que giró en torno al político Francesc Macià, surgieron los colectivos mencionados que los combatieron y conformaron el «Fascio de Las Ramblas». A la vez, la marcha sobre Roma —que llevó a Mussolini al gobierno en octubre de 1922— suscitó conatos de fascismo en Madrid que interactuaron con los de la capital catalana.

Junto a la dificultad de ofrecer una definición de fascismo, la obra presenta otra en lo que se refiere a su aspecto narrativo. Con el fin de conjuntar en nuestra exposición elementos muy diversos (de carácter territorial, militar o político) hemos creado un relato que resalta las dinámicas que convergen en determinados temas abordados para facilitar su lectura. Tal opción quizá puede proyectar la idea de que partimos de una visión teleológica en la que todo lo expuesto lleva a un desenlace único: la irrupción del primer fascismo. Pero si tal teleología se refleja en la obra hasta cierto punto, ello no es una convicción, sino una opción de redacción. Igualmente, el hilo conductor del relato es un artefacto político-militar, la «Capitanía cubana», cuyo protagonismo puede convertirla en deus ex machina que explica «todo», cuando tampoco es así. Como en toda obra, hay que optar por recursos narrativos y elementos conductores del relato y la «Capitanía cubana» en este caso es central.

Miembros del Somatén en formación durante la visita de Alfonso XIII a un pueblo del Alt Penedès 
(foto: Biblioteca Nacional de España)

Somos conscientes de que nuestras decisiones en lo que se refiere a términos conceptuales y narrativos son problemáticas, pero juzgamos modestamente que también lo son las tesis dominantes sobre el fascismo apuntadas: ¿Es una solución óptima para el estudio del fascismo crear un gran cajón de sastre analítico donde todos los fenómenos, grupos y tendencias políticas que no casan con el falangismo y presentan componentes fascistas son etiquetados como «protofascistas», «prefascistas» o «pseudofascistas»? ¿Es viable una historia del fascismo español centrada en Madrid con una discreta conexión vallisoletana? ¿Nada puede decirse de Barcelona y su conflictividad social cuando —como veremos— el célebre intelectual marxista italiano Antonio Gramsci señaló que esta urbe alumbró un fascismo que precedió al de Mussolini?

¿Es asumible un estudio del fascismo español con su discurso imperial sin incorporar precisamente el influjo de esta dimensión imperial? Desde nuestra perspectiva, debe efectuarse un esfuerzo por renovar la visión y percepción del fascismo español. Y en este marco, por descontado, no pretendemos tener la «verdad», pero juzgamos que existen algunas certezas que deberían tenerse en cuenta. Por consiguiente, no esperamos que el lector o lectora suscriba todas nuestras tesis o reflexiones, pero sí que este ensayo le estimule a repensar el cada vez más «viejo siglo XX» con una mirada nueva. Lograrlo sería nuestra mayor satisfacción.

Para desarrollar los argumentos apuntados, la obra se estructura en veintisiete capítulos. Los once primeros no tienen un orden cronológico estricto y plantean cuestiones de distinta naturaleza para comprender el desarrollo del «Fascio de Las Ramblas». En cambio, los siguientes trazan un desarrollo lineal del tema. Queremos subrayar que este libro es un ensayo interpretativo, por lo que determinados temas están muy desarrollados y otros solo apuntados. Asimismo, como algunas cuestiones son transversales, hemos reiterado informaciones en distintos capítulos para facilitar su lectura. Igualmente, hemos incorporado anexos con jefes de gobierno, capitanes generales de Cataluña y gobernadores civiles barceloneses, así como una relación de textos. Para terminar, testimoniamos nuestro agradecimiento a todos los expertos que nos han facilitado copias de sus trabajos cuando se las hemos solicitado, aunque no siempre los hemos podido incorporar a la obra por los cambios que ha experimentado durante su redacción, que ha durado cuatro años. Merecen también nuestro especial reconocimiento los autores cuyas obras abordan los temas tratados y que hemos empleado de forma recurrente, pues sin ellas este libro no habría sido posible. Aunque en algunos casos podamos discrepar de sus tesis, no por ello cuestionamos su valor, incluyendo en primer lugar las monografías de Payne, que aún hoy son referentes insoslayables. Queremos hacer una mención especial a la generosidad de Soledad Bengoechea y Marcel Gabarró, a la lectura del manuscrito de Lluc Casals y sus sugerencias, así como al estimulante interés en la obra de Anna Casals. Por último, ha sido indispensable en la confección de la obra la atención de los archivos, hemerotecas y bibliotecas consultados, especialmente el del servicio de biblioteca de la Facultat de Comunicació i Relacions Internacionals Blanquerna, de la Universitat Ramon Llull.

Miembros de la Unión Patriótica de Valladolid (foto: El Norte de Castilla)

Índice

Mapa de Barcelona, 1930 (detalle)

Introducción. El primer fascismo español, una historia de tres ciudades

  1. Regeneracionismo y fascismo: Costa contra Costa
  2. La Habana: fragua del españolismo y de la «Capitanía cubana»
  3. La sombra de la «Capitanía cubana» en la Península: Weyler y Polavieja
  4. De Ultramar a África: la forja del militarismo español
  5. El carlismo: el potencial subversivo de un movimiento de orden
  6. El maurismo: una derecha caudillista sin caudillo
  7. Barcelona, el «anticentro» de España
  8. El orden público: la rampa hacia la «Capitanía cubana»
  9. La conversión de Cataluña en una «segunda Cuba»
  10. El lerrouxismo o el primer «partido españolista» de Cataluña
  11. Barcelona, capital del militarismo: la lenta irrupción de las Juntas de Defensa
  12. La confrontación de obreros y patronos y el origen de la «guerra social» metropolitana
  13. La bancarrota del sindicalismo católico
  14. Un ímpetu jaimista nuevo: «La Trinchera»
  15. La Liga Patriótica Española o el primer «Fascio de las Ramblas»
  16. Milans del Bosch y la huelga de La Canadiense: la creación de la «Capitanía cubana» de Cataluña
  17. La «Capitanía cubana» contra la CNT
  18. El desafío de la «Capitanía cubana» al gobierno: la campaña pro-Milans
  19. La creación enigmática del Sindicato Libre
  20. El legado de Milans del Bosch: el origen del «Fascio de Las Ramblas»
  21. El virreinato de Martínez Anido, preludio de la dictadura de Primo
  22. El Sindicato Libre bajo Anido: ¿un fascismo proletario?
  23. Mussolini visto desde Madrid: de la Legión de Millán-Astray a la Legión Nacional de Delgado Barreto
  24. Mussolini visto desde Barcelona: «La Palabra», el Libre y La Traza
  25. El golpe de Estado de Primo o el salto al vacío hacia una «Capitanía cubana» estatal
  26. La derrota del «Fascio de Las Ramblas»
  27. Valladolid y la Unión Patriótica de Castilla ganan la partida

Conclusiones. Dos fascismos y cuatro dictaduras

Anexo I. Relación de capitanes generales de Cataluña,

Jefes de gobierno de España y gobernadores civiles de Barcelona

Anexo II. Selección de textos

Fuente: Conversación sobre la historia, Introducción e índice del libro El fascio de las Ramblas. Los orígenes catalanes del fascismo español. Barcelona, Pasado & Presente, 2023.

Portada: Joaquín Milans del Bosch (foto: ABC)

Ilustraciones: Conversación sobre la historia


Labels: Barcelone, colonialisme, Cuba, fascio de las Ramblas, fascisme, impérialisme, JONS, phalangisme
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