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vendredi 5 décembre 2025

50 años después. Lo que pudo ser y no fue


El 25 de abril de 1974 se acababa la dictadura en Portugal y se iniciaba la que se conocería como la revolución de los claveles. El 24 de julio de 1974 caía la dictadura en Grecia. La siguiente tenía que ser la dictadura franquista. Franco murió en la cama, pero el movimiento obrero y popular era potente y tenía la iniciativa frente a un régimen agónico. Todo era posible.  

Sin embargo, durante mucho tiempo se ha mantenido la idea de que la democracia existente era el resultado de la acción de ciertas élites y del rey emérito fugado. En sus memorias el caradura del ex rey no tiene reparos para reconocer que su reinado fue una concesión-continuación del franquismo. Cincuenta años después de la muerte del dictador vale la pena reflexionar y tener muy en cuenta que lo que ocurrió no estaba predeterminado, que otros caminos eran posibles y se definieron en una dura lucha entre las clases.

Desde finales de 1971, la lucha obrera y popular no cejó de poner en jaque a la dictadura franquista. En el mes de octubre, en una huelga con ocupación de Seat en Barcelona la policía asesinó a un obrero. Posteriormente hubo huelgas generales en Pamplona, Ferrol y en Vigo, varias huelgas generalizadas en la ría de Bilbao, en Barcelona, tras el asesinato de un obrero en La Térmica, en Valladolid con huelgas en la construcción y en FASA-Renault. A pesar de la represión, condena a muerte a Puig Antich en marzo de 1974, y centenares de detenciones policiales por todo el Estado, la lucha obrera y popular no cesó. El inicio de la revolución en Portugal aceleró las esperanzas en España y alertó a las clases dominantes sobre lo que podía pasar aquí. En julio de 1974 una huelga general sacudió la comarca del Baix Llobregat (Barcelona). En noviembre fue en Navarra y 14 días de huelga y lock out en Seat.

En enero de 1975, nueva huelga de doce días en Seat, con 500 despedidos. Desde el 14 de enero huelga general en Pamplona. En abril se decreta el estado de excepción en Vizcaya y Guipúzcoa y se desata una represión generalizada. En septiembre, una dictadura moribunda ejecuta a 5 militantes de ETA y FRAP. Una huelga generalizada recorre todo el País Vasco y manifestaciones en todo el país. A todas estas acciones obreras habría que sumar centenares, sino miles, de protestas en ciudades y barrios por la carestía de la vida, por la falta de escuelas y asistencia sanitaria o falta de servicios. Además, ya sea por los despidos, la represión policial o las detenciones, la mayoría de las movilizaciones se convierten en protestas políticas contra la dictadura.

Estos hechos, que no son exhaustivos, desmienten la fabulación de que la transición del franquismo fuera una concesión generosa de los de arriba. La historiografía actual ya acepta que fue la movilización popular quien conquistó las libertades y derechos, sin embargo, se sigue negando u ocultando la posibilidad que hubo de avanzar mucho más, de lograr una ruptura o incluso abrir un proceso revolucionario que realmente acabara con los fundamentos y estructura del franquismo. Las concesiones en la transición, la aceptación de la monarquía por el PCE y el PSOE, los pactos que implicaron limitación de derechos y condiciones de vida para las clases trabajadoras, son pesadas cargas que se han ido arrastrando en estos 50 años y siguen presentes hoy en día.     

Tres meses

Pocas semanas después del entierro del dictador la movilización obrera y popular dio un salto impresionante. En 1975 se perdieron por conflictos laborales o políticos más de 10 millones de horas de trabajo. ¡En 1976 fueron más de 100 millones! Durante los tres primeros meses de ese año quien tuvo la iniciativa fueron los trabajadores y trabajadoras que demostraron su disposición a ser los verdaderos protagonistas para enterrar al franquismo.  

En el invierno de 1974-75, la clase trabajadora de Catalunya había estado a la cabeza. La primavera y otoño de 1975 fue la de Euskadi. A finales del año, cuando apenas se había enfriado el cadáver del dictador, tomó el relevo la clase trabajadora de Madrid.

El IPC de la época alcanzó el 34% y el gobierno había decretado la congelación salarial para todo el año 1976. La negociación de los convenios se convirtió en el catalizador de las luchas. A partir del 1 de diciembre (¡diez después de la muerte del dictador!) empiezan los paros en Getafe. El 10 de diciembre las principales empresas están en huelga, “desde ese momento será la asamblea de los representantes de las distintas fábricas la que coordine y dirija la acción”. El 16, la huelga es general en la ciudad. La agitación, con huelgas y manifestaciones, durará hasta el 18 de enero. Entre tanto se ha incorporado el grueso de la clase obrera de la ciudad de Madrid. Las grandes empresas, Standard, Chrysler y el metal encabezan la protesta, a la que se unen la construcción, seguros, banca y artes gráficas, así como Telefónica, Correos y Renfe. El 7 de enero el metro de Madrid se une a la huelga y paraliza la ciudad, días después el gobierno lo militarizará. La movilización se extiende a Alcalá de Henares, Torrejón de Ardoz y San Fernando. Se calcula que en diciembre participaron 150.000 trabajadores y trabajadoras, en enero serán 400.000.

Barcelona tomó el relevo. El 14 de enero la plantilla de Seat se manifestó por el centro de la ciudad por el convenio y la readmisión de los 500 despedidos de la anterior huelga. El día 16 empieza una huelga general en el Baix Llobregat que durará hasta el 29. Del 23 al 27 de febrero la ciudad de Sabadell quedará paralizada por una huelga general.

Asturias también respondió. El 9 de enero empieza una huelga en Ensidesa (8.000 trabajadores) El 22 la minería inicia una huelga que durará hasta el 16 de marzo. La huelga de Duro Felguera de Gijón durará 90 días. Es un movimiento que recorre todo el país. El 24 de febrero la policía mata en Elda (Alicante) al joven Teófilo del Valle que participaba en la huelga del sector del calzado. La respuesta fue una huelga general en el valle del Vinalopó. Fue el primer asesinado por disparo de la policía en la transición. Fueron casi 200 personas las personas asesinadas por la represión policial. Todo menos pacífica fue la transición.

Marzo vivió la impresionante huelga general de Vitoria. Desde el 9 de enero existía un proceso de huelgas y movilizaciones en toda la zona industrial que confluyó en la huelga general del 3 de marzo. La policía reprimió una asamblea de trabajadores y mató a cinco de ellos. La solidaridad se extendió por todo el país. El día 5, la policía mató en Tarragona a un trabajador que se protestaba por los hechos de Vitoria. El 8 de marzo una huelga general paralizó Euskadi y la policía volvió a matar a un obrero en Basauri (Vizcaya).   

La lucha por los salarios y la mejora de las condiciones de trabajo fueron el primer impulso de las movilizaciones, íntimamente ligadas a problemas políticos: acabar con el franquismo y conquistar las libertades, la libertad sindical en particular, la readmisión de los despedidos y la amnistía para los presos políticos.  Valga como ejemplo que los días 1 y 8 de febrero de 1976 se desarrollaron en Barcelona manifestaciones, que desbordaron la represión policial, exigiendo libertad, amnistía y estatuto de autonomía. ¿Era una lucha política? Sin ninguna duda. En la dictadura luchar por salarios dignos ya era una lucha política que te enfrentaba al patrón, a la policía y a las leyes antiobreras. Además, esas movilizaciones se producían en unas condiciones de agonía del régimen, de búsqueda de alternativas políticas. El drama fue que la posibilidad de un cambio real y profundo, de una ruptura o de un proceso revolucionario, fue traicionado por un acuerdo entre los franquistas y los dirigentes del PCE y del PSOE para conquistar ciertos derechos y libertades, mientras se mantenía la monarquía y buena parte de la estructura franquista del poder. Durante esos tres meses estuvo en el aire la posibilidad de elegir un camino diferente.   

No es un invento ni una construcción ideológica, sino la explicación del desarrollo de los acontecimientos. Años después, Ramón Tamames, que fue dirigente del PCE y de la Junta Democrática (un acuerdo entre el PCE y algunas organizaciones y personalidades antifranquistas) escribió: “En enero de 1976 la Junta quedó sentenciada. En la sesión que en ese mes se celebró en París -y con escasa oposición- Carrillo (secretario general del PCE de la época) impuso su idea de atenuar las movilizaciones con el propósito de entrar en contacto con el régimen para pactar. La ruptura quedaba en entredicho, y con ello empezaba el final del experimento de la Junta”.

Mientras la clase trabajadora y amplios sectores populares pugnaban por acabar con el franquismo, por arriba se abría la negociación con los franquistas.

Sabadell

Un ejemplo de la distancia que se fue abriendo entre la movilización obrera y popular y las propuestas políticas fue la huelga general en Sabadell. Del 23 al 27 de febrero de 1976 la clase obrera de Sabadell se hizo dueña de la ciudad. El periodista Xavier Vinader (1947-2015) publicó un libro con las notas tomadas durante los acontecimientos de esos días. Lo tituló Quan els obrers van ser els amos (Cuando los obreros fueron los amos) que refleja muy bien lo que ocurrió en la ciudad.

Fue una huelga general que reunió todos los ingredientes de un levantamiento popular contra el franquismo, y en particular contra el alcalde franquista de la ciudad. La clase trabajadora tuvo la iniciativa y la dirección del movimiento. A pesar de la represión (uno de los desencadenantes fue una carga policial contra niños y sus familiares que protestaban en solidaridad con los maestros en huelga) se logró imponer grandes asambleas en las pistas de atletismo de la ciudad. En la protesta participaron prácticamente todos los sectores sociales, enseñantes, bancarios, pequeñas industrias y comercios y las mujeres tuvieron un papel esencial, tanto en las empresas como en la solidaridad ciudadana.     

La huelga fue un éxito total. Los detenidos fueron puestos en libertad, los despedidos readmitidos, se consiguieron mejoras salariales y las autoridades franquistas destituyeron al alcalde… pero, a los obreros y obreras, y la población en general, que habían sido dueños de la situación no se les ofreció otra perspectiva que la reconciliación con los franquistas que defendían los dirigentes del PCE y del PSUC, y quienes defendían la ruptura y la revolución no tuvieron suficiente fuerza o argumentos para convencer. No fue un problema de falta de decisión de las clases trabajadoras.

Algunos franquistas temían más por el futuro y Fraga (entonces ministro de Gobernación y luego fundador del PP) denunció esa huelga como el intento de “ocupación de la ciudad, como la de Petrogrado en 1917 (para) que perdida la calle (la famosa calle cuya seguridad debe garantizar todo gobierno digno de este nombre) diera paso a un gobierno provisional, como en 1931”. Temían un futuro republicano y/o revolucionario (como se estaba viviendo en Portugal) mientras que los dirigentes “comunistas” y “socialistas” solo pensaban en un arreglo.

Dos semanas después fue aún más claro en los sucesos de Vitoria. La represión no impidió que la ciudad, y prácticamente toda Euskadi, estuviera determinada por las clases trabajadoras movilizadas. Porque en todo ese proceso las libertades se fueron imponiendo en la calle. En las huelgas se elegían comisiones inter-ramos (Sabadell) comisiones representativas (Vitoria) delegados de las asambleas de obra (construcción de Barcelona) como incipiente expresión organizada y alternativa. Un trabajador de Talleres Velasco de Vitoria explicaba que una de las principales características de la huelga había sido la consideración de las asambleas “no como mero órgano de información, sino como órgano de decisión y futuro órgano de democracia obrera”.

Aunque estos primeros meses de 1976 fueron decisivos, todavía se presentaron otras ocasiones de dar un giro a la situación, especialmente en torno a la huelga de Roca en Gavá (Barcelona) que duró desde el 9 de noviembre de 1976 hasta el 11 de febrero de 1977 y, sobre todo tras la matanza de Atocha en la que cinco abogados laboralistas perdieron la vida asesinados por pistoleros fascistas. Pero los lazos entre los franquistas, la monarquía y los dirigentes del PCE y PSOE ya se habían estrechado lo suficiente como para abortar un proceso de ruptura o revolucionario.

No se trata de una reflexión melancólica sobre lo que no se logró, sino una manera de recordar que la historia que escriben los vencedores podía haber transcurrido por otras vías, que no está escrita por anticipado, sino que siempre es el resultado de una lucha y que lo importante es aprender y estar preparados para nuevas ocasiones. Lleguen cuando lleguen.

Sindicalista. Es miembro del comité de redacción de Sin Permiso.
Fuente:
www.sinpermiso.info, 29 de noviembre 2025

samedi 19 avril 2025

Polnareff et la Commune de Gwangju (mai 1980)


C'est apparemment un fait largement ignoré. Aucune trace nulle part sur l'internet francophone. Pourtant depuis bientôt 35 ans l'air de la chanson « Qui a tué grand maman ? » de Michel Polnareff, sortie en France en 1970, est devenu la trame musicale d'un chant révolutionnaire en Corée du Sud. Aujourd'hui encore, elle est reprise dans les luttes des travailleurs et dans les journées de commémoration du soulèvement de Gwangju.
 

오월의 노래. « La chanson de mai ». En 1980, alors que gronde la colère du peuple de Gwangju contre la dictature de Chun Doo-Hwan (전두환), la chanson de Polnareff est radio-diffusée partout en Corée du Sud. Plus que ça : elle est populaire. L'histoire de sa métamorphose est mal connue, tout comme le nom des manifestant(e)s qui, les premiers, changeront le contenu des paroles. L'air de « Qui a tué grand maman ? » allait devenir l'un des symboles majeurs de l'insurrection. Aujourd'hui chantée dans toutes les luttes de travailleurs, elle connaîtra plusieurs versions différentes à travers le temps et les provinces de la péninsule.


 

samedi 6 avril 2024

Situation de l'Esprit chez deux expressionnistes (Alfred Doeblin et Franz Mark) en relation à la WWI

 
 Partie extraite de : 

Eichenlaub René. L'expressionnisme allemand et la Première guerre mondiale. A propos de l'attitude de quelques-uns de ses représentants. In: Revue d’histoire moderne et contemporaine, tome 30 N°2, Avril-juin 1983. pp. 298-321; 

doi : https://doi.org/10.3406/rhmc.1983.1237 https://www.persee.fr/doc/rhmc_0048-8003_1983_num_30_2_1237

 

L'EXPRESSIONNISME ALLEMAND, LA PREMIÈRE GUERRE MONDIALE 

    Ne croyons pas cependant que ce Veni creator d'un nouveau genre que Doeblin soit devenu un partisan de Lénine — nous n'en sommes pas encore la Révolution d'octobre d'ailleurs —, il est plutôt le signe qu'il est imprégné de l'air du temps qui attend tout d'une rénovation spirituelle. Ainsi Doeblin ne pense-t-il pas qu'on puisse mettre ces idées en pratique, il les considère simplement comme un ferment capable de secouer les hommes. Il n'est même pas guéri du nationalisme : il estime que la guerre a forgé une communauté nationale, il en appelle au patriotisme des intellectuels, s'élève contre ceux qui ont traité les Allemands de barbares (il est toujours en admiration devant Hindenburg qui, « lui seul, remplace dix armées »). Il lui suffit de croire que la guerre est en train d'acquérir une âme et qu'elle a mis les choses en mouvement.  

    Ce qui intéresse Doeblin, ce n'est pas la réforme de la constitution, ce n'est pas l'instauration en Allemagne de la pseudodémocratie des « démocraties occidentales », c'est que l'esprit humain se répande et et que l'on retrouve les traces de ce changement dans la constitution25. C'est précisément parce qu'il met en avant cet enrichissement intérieur et cette transformation des âmes que Doeblin reste dans l'orbite de l'expressionnisme. Le projet politique est avant tout un projet moral dans lequel on chercherait en vain des mesures concrètes destinées édifier l'Allemagne sur de nouvelles bases. Il souligne néanmoins que l'Allemagne était gouvernée par les féodaux et les cléricaux qui privaient le peuple de sa liberté psychologique, morale et spirituelle. Il propose d'abolir la propriété privée, de rendre les individus responsables, d'éliminer le règne de la phrase en économie et en politique26.

    Mais, peu peu, ses idées « rouge sang à ultraviolettes » 27 se décantent et le poussent rejoindre l'U.S.P.D., le parti socialiste dissident fondé en avril 1917 et qui réunit des « socialistes » fort divers. Son socialisme lui tente de faire l'amalgame entre l'anarchisme individualiste de Stirner et l'anarchisme socialiste de Kropotkine ou, en Allemagne, de G. Landauer28. Reprenant une définition de A. Adler29, il proclame que « l'esprit du socialisme, c'est la formation et l'action du sentiment communautaire », ce qui constitue malgré tout un dépassement de l'anarchisme individualiste, mais ne permet pas de savoir quel programme il propose pour réaliser ce socialisme.

    Toujours est-il qu'il est assez lucide pour se rendre compte que la révolution allemande n'a de révolution que le nom, il nie qu'elle ait...

25. Ibid., pp. 33-44, Drei Demokratien.
26. Ibid., pp. 71-82, Vertreibung der Gespenster.
27. L'expression se trouve dans une lettre adressée par Doeblin E. Frisch, l'éditeur du Neuer Merkur. Cité dans le catalogue de l'exposition de Marbach, p. 22, lettre du 23 décembre 1918. 
28. Gustav Landauer (1870-1919), cf. R. Eichenlaub, « L'anarchisme en Allemagne : Gustav Landauer », in Revue d'Allemagne, t. III, 4, oct.-déc. 1971, pp. 945-969. 
29. Il semble bien s'agir du psychologue Alfred Adler (1870-1937), élève de Freud, dont il se sépare vers 1910 pour fonder la Individualpsychologie.

...eu lieu30. Selon lui, le nouveau système est une République impériale qui ne lui dit rien qui vaille. Il rejette cet Etat fondé sur la violation du droit puisqu'il a massacré les ouvriers, il condamne les assassinats politiques, déplore le manque de foi des « démocrates ». Il est parmi ceux qui voudraient maintenir les conseils ouvriers qui sont, dit-il, « la défense des masses contre les autorités autocratiques » 31. Il affirme que la « restauration intérieure » va bon train en Allemagne et que ce pays développe « de nouveau librement son caractère national propre : la mentalité de serf et l'absence de sensibilité » 32.

    Ainsi la guerre n'a pas fait de Doeblin un pacifiste, mais elle lui a fait acquérir la conviction que la dimension politique est une dimension qui fait partie intégrante de la vie humaine, que personne n'a le droit de se tenir l'écart de la politique, surtout pas les intellectuels qui doivent agir sur les esprits pour les changer. De plus, il a trouvé une place sur l'échiquier politique : il se situe nettement gauche, même si son socialisme manque de contours.

    Bien plus tard, dans son roman November 1918 (il en termine la rédaction en 1943), consacré l'analyse de la période cruciale de l'histoire allemande, les mois de novembre 1918 janvier 1919 pendant lesquels le gouvernement d'Ebert choisit le statu quo social et économique en écrasant l'insurrection spartakiste et en éliminant les conseils d'ouvriers et de soldats, Doeblin résume l'idée qu'il se faisait de la guerre et de la révolution : « La guerre et la révolution étaient des cris d'éveil venus d'une voix supraterrestre » 33. C'est bien ce sentiment qui s'est imposé de plus en plus lui, le sentiment que la guerre devait provoquer une prise de conscience des maladies de la société et de l'individu, mais que ce but n'a pas été atteint. En 1943, cependant, la coloration que prend la phrase est liée la conversion récente de Doeblin au catholicisme, il en était loin en 1918-1919.

    Paradoxalement, plus la guerre dure, plus l'espoir placé en elle s'exaspère dans beaucoup d'esprits. Tant de souffrances et de privations ne peuvent pas avoir été inutiles, pense-t-on. En tout cas, la génération expressionniste tout entière en attend de plus en plus la naissance d'un homme nouveau dans une société renouvelée et sa fin marque l'apogée éphémère de cet espoir. En 1914, la majorité d'entre eux l'ont accueillie avec enthousiasme, mais ils pensaient qu'elle serait courte (il semble que le seul poète avoir nettement pris position contre la guerre soit Franz Werfel34). Et puis, on la ressent comme un processus de purification dont les épreuves de plus en plus dures doivent produire une remise en...

30. Article de mai 1919 dans Die Neue Rundschau, in Schriften, op. cit., pp. 83-97. 
31. Article de janvier 1920, cité in Schriften, op. cit., p. 122.  
32. Dans Der deutsche Maskenball, Berlin, S. Fischer, 1921, pp. 25-26 (recueil publié sous le pseudonyme Linke Poor, i.e. la patte gauche).    
33. Dans November 1918, vol. 4, p. 351 de l'édition dtv, 1978.  
34. Cf. notamment le recueil Einander où l'on trouve des poèmes très antibellicistes, par exemple Der Krieg, pp. 162-164, ou Die Wortemacher des Krieges, pp. 164-165, in Franz Werfel, Dos lyrische Werk, Frankfurt/M., S. Fischer, 1967. Le recueil Einander a été publié en 1915.

...question totale de l'individu et de la société. La révolution russe est un palier important dans cette évolution : elle indique que les choses sont en mouvement, elle révèle la puissance des idées, la force de l'espoir humain. Mais bien avant qu'elle éclate, les questions se posent, la réflexion chemine. L'exemple de Franz Marc peut en témoigner.

    Un document intéressant permet de préciser l'attitude de Franz Marc avant la guerre. Il s'agit de la correspondance qu'il a échangée entre 1910 et 1914 avec August Macke, un bon coloriste35. La lecture de ces lettres révèle clairement l'ignorance totale des problèmes de politique extérieure et intérieure qui se posent alors l'Allemagne, par ces jeunes artistes (notons d'ailleurs que Marc est un proche de Sturm). Les jeunes peintres parlent, comme il est normal, de leur art : ils prennent position par rapport à la nouvelle peinture et ses représentants expriment leur prédilection pour Daumier, Gauguin, Van Gogh, Cézanne, Munch, les Fauves, le Douanier Rousseau, l'art des peuples dits primitifs, discutent technique picturale, relatent la visite d'expositions, évoquent leur vie privée, leurs relations, leurs amitiés. A aucun moment, ils ne font allusion à la situation de leur pays, aux dangers qui menacent la paix. Le seul fait notable, dans notre optique, c'est qu'ils considèrent que le nationalisme est dépassé sur le plan artistique et personnel (n'est-ce pas Kandinsky d'ailleurs, installé Munich depuis 1896, qui exerce la plus grande influence sur Marc ?). Et Marc a séjourné Paris en 1903 il considère ce séjour comme le tournant de sa vie , il y est retourné en 1906. En septembre-octobre 1912, les deux amis, répondant à l'invitation de Delaunay et de Le Fauconnier, leur rendent visite Paris, alors que Delaunay et Apollinaire leur rendent la politesse en venant les voir Bonn au printemps de 1913.

    Prenant fait et cause pour un art qui ignore les frontières, Marc s'est élevé avec véhémence contre le libelle du peintre de Worpswede36 Cari Vinnen, Protestation des artistes allemands, paru en 1911, qui met en cause l'influence néfaste de l'école française sur l'art allemand et proclame que l'art international est un art dégénéré (lenational-socialisme ne dira pas autre chose). Il n'en a pas pour autant renoncé l'idée que les œuvres des artistes manifestent un caractère national spécifique et que les artistes ne doivent pas aller à contresens de ce caractère. Ainsi écrit-il Macke que les Français sont de bien meilleurs coloristes que les Allemands qui sont avant tout des dessinateurs37. Pas question pour lui, par conséquent, de se « transformer en Français ». Internationalisme ne veut pas dire uniformisation, mais collaboration entre artistes de différents pays partageant les mêmes idées.

35. August Macke-Franz Marc, Briefwechsel, Kôln, Du Mont Dokumente, 1964, 240 p.  
36. Situé aux portes de Brème, c'est le Barbizon allemand. 
37. In correspondance de Macke-Marc, op. cit., lettre de Marc à Macke du 12 juin 1914, p. 184.

    Manifestement, Marc ne se sent pas l'aise dans l'ère technique et la civilisation urbaine. C'est pour cette raison qu'il s'établit dans de petits villages de la Haute-Bavière et que ses peintures présentent presque toutes le monde animal. Pour tout ce qui ne concerne pas l'art, il vit presque en dehors du temps. La guerre va lui apporter de nouveaux arguments pour rejeter la civilisation contemporaine et le pousser chercher les causes du conflit dans un but précis : si elles sont le fruit de notre civilisation, il faudra l'amender pour éviter d'autres guerres.

    Tout leur déménagement et leur installation dans un autre village bavarois, les Marc ne voient pas venir la guerre, encore moins les Macke qui s'installent, en automne 1913, pour de longs mois sur les bords du lac de Thoune d'où August s'en va en avril 1914 pour entreprendre, en compagnie de Paul Klee et de Moilliet, un autre peintre suisse, un voyage en Tunisie, de sorte qu'ils ne rentrent Bonn qu'en juin 1914. Curieusement, la correspondance s'interrompt le 19 juin pour ne reprendre que le 3 août. Nous ne connaissons pas la réaction de Marc la déclaration de guerre. Seule une lettre de Lisbeth Macke, la femme d'August, datée du 6 août, nous renseigne sur l'état d'esprit qui règne alors. Elle écrit ses amis : « Comme tout est venu vite, et pourtant on pousse maintenant un soupir de soulagement en comparaison des jours où il y avait comme un orage dans l'air. Et quand on voit comment tous vont de bon cœur, c'est magnifique. Et on n'a absolument pas le droit de penser soi parmi les millions. Seulement au pays qu'on est en train de sauver.... Espérons que tout ira pour le mieux, même si ce n'est pas pourl'individu » 38. Mais le 5 septembre, la même Lisbeth Macke s'écrie : « Je ne puis me réjouir du fond du cœur de la plus grande des victoires... C'est effroyable quand on s'imagine tout cela et c'est un triste signe pour l'humanité qui s'est toujours tant vanté de sa culture qu'une telle guerre soit seulement encore possible » 39. Dès le 26 septembre, son mari tombe Perthes en Champagne. Franz Marc, qui est au front depuis septembre mais dans une zone moins exposée (en Alsace notamment), écrit alors un bel éloge funèbre sa mémoire, déclarant notamment que la perte de Macke est une perte irréparable pour la culture de son peuple40. Du front, il expédie de nombreuses lettres sa femme. C'est travers elles qu'on peut suivre son évolution pendant la guerre et sous son influence jusqu'à sa mort en mars 1916 dans la région de Verdun41. La guerre a secoué sa pensée de fond en comble comme sous l'effet d'une tempête, déclare-t-il en janvier 191542, mais il la considère comme un phénomène naturel, inévitable, aussi longtemps du moins que l'appât du gain domine dans l'esprit des individus et des nations. Jusqu'au bout, il reste convaincu que l'Allemagne va l'emporter, il est fier d'être promu lieutenant (automne 1915). Pas par amour de la vie militaire ou de la guerre cependant43. Car, à...

38. Ibid., pp. 188-189. 
39. Ibid., p. 190. 
40. Ibid., pp. 196-197. 
41. Briefe aus dem Felde, List Taschenbûcher, 302, Munchen, List Verlag, 1966, 155 p.  
42. Briefe aus dem Felde, op. cit., p. 148.
43. Ibid., p. 129, 6 février 1916.

...son sentiment, ce ne sont là qu'épiphénomènes. Au fond, il ne comprend pas comment a pu éclater cette « guerre civile européenne » 44. Tout le monde a pourtant besoin de la paix45 et la guerre devient de plus en plus absurde en s'éternisant46. Il se considère comme personnellement responsable de la guerre dans laquelle il voit un châtiment divin. Pour commencer, il nous appartient de nous faire comprendre humainement par notre prochain pour qu'il n'y ait plus de malentendu 47. Bref, le grand bénéfice que lui apporte la guerre, c'est de l'obliger mettre ses idées au clair 48.

    Selon lui, la guerre est une épreuve de purification, la guérison d'une maladie. Il ne s'agit pas de l'attaquer en tant que telle et de l'extirper hic et nunc, il faut remonter ses causes, c'est-à-dire soi-même49. Marc se traite lui-même de platonicien50. Et, effectivement, la guerre est pour lui un principe, une idée, avant d'être une réalité vécue, bien que son mouvement de recul devant l'horreur quotidienne aille en grandissant. On serait presque tenté de dire que l'on retrouve chez lui la croyance que Romain Rolland décelait en 1908 chez Guillaume II, «la croyance presque mystique en la guerre comme le seul moyen de retremper l'Allemagne décadente, de laver les âmes, de refaire dans l'Empire la santé et l'autorité»51. En fait, l'analyse de Marc va heureusement plus loin que celle de l'empereur. Certes, il pense que l'Allemagne était chargée d'une mission particulière : il lui appartenait de maintenir un contrepoids spirituel au matérialisme qui envahit la civilisation contemporaine. Elle ne l'a pas fait, au contraire, elle a voulu « se saisir des affaires mercantiles mondiales » 52, elle a succombé au péché de l'Europe puisqu'elle s'est laissée gagner par l'esprit mercantile, au lieu de prendre fait et cause pour l'esprit (der Geist, mot clé de l'expressionnisme). Toute l'Europe est coupable. Il suffit de comparer l'avant-guerre la guerre pour s'en rendre compte : « La guerre est-elle autre chose que l'état de paix existant jusqu'ici, sous une forme différente, plus honnête ? au lieu de la concurrence, il y a maintenant la guerre » 53. Il est nécessaire de « mettre la hache la racine » M. Car aussi longtemps que l'un exploite l'autre, on ne peut éviter les conflits. Et ceci ne vaut pas seulement pour les Etats, mais surtout pour les individus. Que chacun commence par se changer soi- même au lieu de vitupérer contre la guerre, sans se rendre compte qu'il...

44. Lettre du début de l'année 1915, citée par E. von Kahler, in Die Prosa des Expressionismus, pp. 157-168, de Hans Steffen, Der deutsche Expressionismus. Formen und Gestalten, Gôttingen, Vandenhoek & Ruprecht, 1965, 268 p., p. 163.
 45. Briefe aus dem Félde, op. cit., p. 106, 1er décembre 1915. 
46. Ibid., p. 151, 5 octobre 1915.
47. Ibid., p. 117, pour le premier de l'an 1916.
48. Ibid., p. 120, 12 janvier 1916.
49. Ibid., p. 126, 3 février 1916.
50. Ibid., p. 134, 17 février 1916.
51. Lettre à E. Wolff du 25 juin 1908, cité par René Cheval, Romain Rolland, l'Allemagne et la guerre, Paris, P.U.F., 1963, 770 p., p. 181.
52. Briefe aus dem Félde, op. cit., p. 82, 12 septembre 1915. 
53. Ibid., p. 74, 23 juin 1915.
54. Ibid., p. 90, 9 octobre 1915.

...en est responsable55. Par conséquent, la métamorphose des individus est la condition sine qua non pour instaurer une paix durable. Il semble bien que l'on soit là au centre de la sensibilité de l'expressionnisme. A quoi s'ajoute chez Marc l'utopie d'une sortie possible de l'ère industrielle.

    On le voit, la pensée de Marc est ambiguë ; on peut y déceler aussi bien un éloge indirect de la guerre qu'une condamnation — pas très explicite, il est vrai du capitalisme comme source des conflits. Mais force est de constater sa clairvoyance quant aux conséquences prévisibles du conflit. Il en voit essentiellement deux :

— la montée du socialisme qu'il regrette d'ailleurs puisque, dit-il, le socialisme signifie un nivellement des individus qui entraîne la paralysie de l'âme et de la pensée chrétienne du sacrifice et de la maîtrise de soi 56 ;

— la montée du peuple russe, Marc se demande, en effet, « si les Slaves, plus spécialement les Russes, ne vont pas bientôt devenir les guides spirituels du monde, pendant que l'esprit de l'Allemagne s'altère irrémédiablement dans des disputes commerciales, guerrières et ostentatoires » 57.

    Si l'on considère le pacifisme comme la volonté de maintenir la paix tout prix ou de la restaurer au plus vite si, par malheur, la guerre a éclaté, il n'y a pas chez Marc conversion au pacifisme puisque, tout comme Doeblin, il trouve des vertus la guerre. La guerre fait partie d'une vision de rédemption de l'humanité, elle est une voie de salut en même temps que le résultat inéluctable de la maladie morale des hommes modernes. C'est cela qu'il faut comprendre avant de pouvoir songer à la paix. La guerre est la juste punition de nos fautes, elle est due à l'oubli de notre nature spirituelle. Elle nous oblige nous convertir.

    Ainsi, nous ne débouchons pas sur des solutions politiques, mais sur une méditation religieuse, voire sur une expérience mystique. Cependant, la guerre, là aussi, a obligé l'artiste affronter la réalité, sortir de sa sphère. A y regarder de près pourtant, Doeblin est plus concret que Marc, car il essaie de comprendre comment les événements de 1914-1918 s'inscrivent dans la continuité de l'histoire allemande ; il pense qu'elle fait avancer la démocratisation de l'Allemagne, tandis que Marc est surtout sensible au salut individuel lié l'épreuve justement subie par les hommes qui ont failli leur mission. Il est vrai que le peintre n'a plus connu la défaite et l'interrègne entre la monarchie et la République de Weimar. Mais le voir au début de 1916 compter sur la victoire imminente des armées allemandes, on ne peut s'empêcher de penser que l'effondrement de 1918 l'aurait profondément traumatisé. L'on peut surtout se demander comment de la victoire allemande aurait pu sortir cette transformation spirituelle en laquelle il met tous ses espoirs, alors que par ailleurs, si nous l'en croyons, l'Allemagne n'a pas été la hauteur de sa tâche. Plus lucide et plus logique que lui, Nietzsche avait souligné en 1871 que la...

55. Ibid., p. 126, 3 février 1916.
56. Ibid., p. 101, 21 novembre 1915.  
57. Ibid., p. 82, 12 septembre 1915.
 
...victoire des armes allemandes ne signifiait nullement une victoire de la culture allemande, au contraire, disait-il, cette victoire était plutôt un handicap pour l'esprit allemand58.

Nous pouvons conclure provisoirement que deux artistes en rapport étroit avec le Sturm sont arrachés par la guerre au domaine esthétique dans lequel ils se cantonnaient. Il est vrai qu'ils ne conçoivent l'art nouveau que sur la base d'un renouveau spirituel dont il est la fois la cause et le signe. C'est ainsi que peut s'établir le lien entre l'art et la guerre qui elle aussi manifeste que l'esprit est l'œuvre. Toujours le rôle moteur revient l'individu de sorte que le ralliement de Doeblin au socialisme libertaire n'est pas une surprise. Marc, quant lui, reste jusqu'à la fin l'idéaliste qui proclame la supériorité des valeurs spirituelles. Leur sensibilité n'est finalement pas politique proprement parler, elle est plutôt éthique, bien que Doeblin prenne position sur la révolution de 1918, qu'il marque ses préférences pour le système des conseils. Face la guerre, ils hésitent entre l'auréole que lui confère une pensée presque mythique qui en fait le moteur de la marche de l'humanité vers un avenir toujours plus « radieux » et une condamnation de sa bestialité, indigne de l'esprit humain (notons cependant que Doeblin va bien plus loin dans le sens de la démystification que Marc, surtout dans Wallenstein). De toute façon, ils ne parviennent pas surmonter vraiment leur nationalisme viscéral. En ira-t-il autrement pour les représentants de la deuxième grande tendance ?

    Ce qui frappe de prime abord chez Carl Einstein, si on le compare Doeblin et à Marc, c'est qu'il aborde la politique bien avant la guerre, mais — et c'est révélateur — par le biais de l'esthétique. Et même durant la guerre, il cherche pendant longtemps se fermer aux événements qu'il considère comme un dérivatif qui pourrait le tirer de sa voie propre. Nous y reviendrons.

Entre 1910 et 1914, Die Aktion publie son roman Bebuquin et d'assez nombreux essais dans lesquels il s'attaque à la société bourgeoise, mais aussi au S.P.D. 59. Ce sont ces essais qui permettent le mieux de saisir sa démarche, celle d'un artiste en quête d'un art radicalement nouveau, destructeur de la réalité et de ses tenants. Le principal en est la bourgeoisie et ses suppôts, dont le S.P.D. précisément, contaminé par l'esprit capitaliste.....................l'article continu.

58. Nietzsche, Unzeitgemafie Betrachtungen, éd. Scheechta, vol. 1, Miïnchen, Hanser, 1966, 5. Aufl., 1 288 p. ; c'est le début de la première « inactuelle », p. 137. 
59. Pour l'étude de Carl Einstein, on peut se reporter à Penkert, Sibylle, Carl Einstein. Beitrage zu einer Monographie, Gottingen, Vandenhoek & Ruprecht, 1969, 160 p. — Les principaux textes de Einstein sont repris dans l'édition du Limes Verlag, cf. supra, note 11. Sont particulièrement intéressants dans notre perspective les essais Révolte, Politische Anmerkungen, Der Arme, Das Gesetz, Die Sozialdemokratie, tous parus dans Die Aktion entre 1912 et 1914.