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vendredi 3 avril 2026

Andrés Villena: “Las élites españolas están muy cohesionadas”

 FUENTE https://www.elsaltodiario.com/el-leon-dormido/entrevista-andres-villena-%C2%ABlas-elites-espanolas-tienen-valores-parecidos%C2%BB

El economista y sociólogo Andrés Villena presenta el libro ‘Las élites que dominan España, una historia alternativa desde 1939’ (Libros del K.O.). 

 Andrés Villena (Elche, 1980) acaba de publicar Las élites que dominan España, una historia alternativa desde 1939 en Libros del K.O. Economista y sociólogo, profesor en la Universidad Complutense de Madrid, en este ensayo disecciona las historia de las élites económicas y políticas en España durante el último siglo. A través del libro, Villena nos va describiendo cómo las redes de influencia van modelando la estructura económica y condicionando los consensos políticos desde el final de la guerra civil hasta la actualidad.

Cuando hablamos de las élites de otros países del sur global, o incluso de las élites económicas en los EE. UU. cuya influencia está presente en cada agenda política, parece algo normalizado y asumido ¿Por qué cuando hablamos de élites en España parece que habláramos de algo más cercano a una teoría de la conspiración antes que a un funcionamiento de un sistema político?

A.V.: Es que parece que hablar de élites es hablar poco menos de los que elaboran el protocolo de los sabios de Sion, reptilianos o de gente que se reúne en la oscuridad para conspirar. Charles Wright Mills dice que en la historia hay muchas conspiraciones, pero la historia no es una conspiración.Los poderosos tienen tanto poder para hacer lo que quieran que no necesitan conspirar. Entonces, creo que la teoría de la conspiración es una especie de teoría mágica que nos quita la responsabilidad de pensar en abstracto.

Un rasgo de las élites es el sincretismo. Hay una idea de que las élites trabajan con una especie de procedimiento secreto, arcano, que solo quienes están dentro conocen y, si no lo conoces, es que no formas parte de la élite.

A.V.: A este tipo de élites, incluidas las políticas de medio nivel, les interesa rodearse de un halo de magia, porque esa sensación de magia es placentera para el lector en la medida en que le hacen una lectura más agradable, más misteriosa, pero le elude la responsabilidad de pensar cómo podríamos objetivar ese comportamiento.

Y a veces los comportamientos son muy burdos. El comportamiento del presidente de los Estados Unidos actual, es difícil rodearlo de un halo de magia; son decisiones que seguro que tienen mucho asesoramiento y horas de reflexión y discusión. También es verdad que la prensa también contribuye a este halo de misterio, probablemente para construir historias que narrativamente son más fácil de consumir.

Pero esto nos aleja de saber los mecanismos por los cuales se reclutan las elites , ya sea en los partidos o a través de las oposiciones. Tienen valores parecidos, han estudiado los mismos  cuatrocientos temas de la oposición pensando igual, adquiriendo un grado de intimidad mucho mayor que en cualquier otro grupo. Las pasiones que les aproximan son grandes y los llevan a entenderse muy bien, casi como un mecanismo animal. Aún así, como investigadores, ese halo de magia hay que tomarlo con precaución porque nuestro trabajo es encontrar fuentes para mapear y esquematizar la forma en la que trabajan.

Hay una coletilla que utilizas en varios momentos durante el libro y es que para las élites “España necesita ser periódicamente salvada y rescatada de sus demonios interiores”, que viene a justificar la existencia y la misión de la élite española.

A.V.: Hay varios factores que intervienen ahí. En primer lugar, un capital entendido como una gran bolsa de dinero nacional e internacional que necesita actualizarse y generar plusvalía, para lo que necesita unos empleados de lujo que se llaman élite en el poder o tecnocracia. Este grupo lo componen altos funcionarios o políticos democráticos que se ponen al frente de la maquinaria estatal y a veces en la empresa privada. Pero, en segundo lugar, no es suficiente a largo plazo dominar a la gente sin que ella considere que debe ser dominada de esa forma. En España esta idea de salvación viene de un replanteamiento de la idea regeneracionista de Joaquín Costa, que hablaba de un cirujano de hierro para darle la oportunidad de regenerarse. Está presente esta idea de que España se tiene que rehacer porque sino va a entrar en otra guerra cainita. Nos hemos inventado y heredado un mecanismo de control bastante interesante.

En 1939 Franco poco menos que decía haber salvado España de los rojos y la Antiespaña. Posteriormente, en el desarrollismo, los tecnócratas vinieron a salvar a España con su golpe de timón. Pero lo interesante fue que, en 1977, cuando existía la oportunidad de hacer algo diferente gracias a la presión obrera, feminista y sindical, llegaron una serie de planes de austeridad en forma de Pactos de la Moncloa para frenar la desestabilización.

El libro empieza en 1939, precisamente en un momento en el que la dictadura y la clase financiera golpista se apodera de buena parte de las propiedades y patrimonios de la clase económica y el pueblo republicano.  ¿Una parte del IBEX 35 hunde sus raíces en el 39?

A.V.: Para entender este proceso recomiendo mucho el libro de Antonio Maestre Franquismo S.A. Por ejemplo, cuenta cómo el Conde de Fenosa montó lo que después será su empresa multinacional a partir de hacerse con los terrenos de un rival empresario republicano que, al iniciarse la guerra, había tomado partido por la legalidad. Lo que en su día fue Fenosa hoy forma parte de Naturgy, que es una de las insignias de lo que podríamos llamar la “marca España”.

Esto ocurre en ocho o diez grandes empresas del IBEX 35, pero no podemos ignorar que con el paso de las décadas el enriquecimiento del IBEX 35 se ha debido también a otras grandes desamortizaciones de activos públicos que han sido muy rentables. Yo no critico la privatización de una serie de elementos de la industria que en su momento ya no eran rentables. Empresas que podrían ser integradas en empresas mayores y generar rentabilidad a través de economías de escala.Pero, cuando se vendieron empresas públicas como Endesa o Telefónica, se estaban vendiendo las joyas de la corona, que perfectamente podrían haber permanecido en manos públicas.

Se trata de un origen matizado. Entre las empresas del Ibex 35 existentes en 1939 se produce una redistribución de riqueza hacia arriba como premio por participar en la guerra civil. Se trata de un criterio no económico sino político e ideológico, de favorecer a capitales de empresas que, por otro lado, van a ser los que van a estar impulsando una rápida industrialización en la década de los cuarenta y cincuenta, y que con el Plan de estabilización de 1959 serán protegidos por el Estado para que los capitales extranjeros no los compren.

Hablas del plan de estabilización de 1959 como del nacimiento de un nuevo sentido común.

A.V.: Aquí hay dos elementos. Conforme iba profundizando en la investigación, me daba cuenta de las dimensiones de la presencia de un elemento extranjero como EE. UU. en nuestro país. Hay un elemento extranjero que empieza con Truman en 1948, el cual, partiendo de un rechazo claro del régimen franquista al que impide entrar en la ONU, se va modificando con el inicio de la guerra fría y la guerra de Corea. Los norteamericanos empiezan a entender que España es un bastión anticomunista. Y de manera gratuita. No hay que hacer Plan Marshall y es una base geopolítica básica. Después llegaron los pactos del 53 y la llegada de capitales extranjeros. Lo que pasó al final de la década es que los americanos empezaron a inquietarse porque, después de toda la financiación y préstamo de divisas, se había creado una España que no era capaz de generar divisas por la venta de productos agrícola para comprar insumos y materias primas, por lo que existía un riesgo de no devolución de esos prestamos. Entonces, empieza la presión a través de telegramas, reuniones y delegados del FMI en los que se conmina a arreglar las finanzas públicas. De ahí surge el Plan de Estabilización, que no es una sola ley, sino un conjunto de muchas medidas y decretos. Sin embargo, esto se ha contado como un momento en el que una serie de economistas iluminados arreglaron las finanzas públicas. Esto ocurrió porque había gente cada vez más cualificada, con más conocimiento del extranjero, que iba viendo que la situación de España no funcionaba.

Pero hay otro elemento. Y es que el franquismo había ganado la guerra y ahora había que ganar la paz. Entonces, se trataba de generar un nuevo sentido común. ¿Cómo se hace eso? Tratando de generar una legitimidad de resultado, empleo, crecimiento económico y una especie de redistribución indirecta de la riqueza a través del crecimiento. Y ahí llega el modo de proceder desarrollista. Abramos el país al turismo, pongámosle una sonrisa. Aquí entra toda la propaganda que hizo Fraga sobre los Veinticinco años de paz. Ingresan divisas y exportamos -y ese es el gran truco -tres millones de desempleados al extranjero. Se mantiene a las mujeres dentro del hogar, por lo que la tasa de desempleo no presiona al alza. Se ponen en marcha una serie de medidas para ajustar la inflación, se limita el gasto público para, en definitiva, también crear una seguridad jurídica y económica con el fin de que entren las grandes corporaciones americanas como la General Motors, la General Electric, que encuentran en España una mano de obra baratísima. 

Te refieres a los ministerios de Boyer y Solchaga como los ministerios de desindustrialización.

A.V.: Es que aplicaron un manual que no admitía contestación. El mundo se estaba abriendo y estas industrias eran menos competitivas. En cierto modo tenían razón, porque el franquismo era una fábrica de paro envasado. Durante la transición volvieron a España millones de emigrantes porque querían vivir en su país y los gobiernos de Suárez y González se tuvieron que enfrentar a una serie de medidas anti-inflación que no habían querido aplicar los franquistas del final porque se les desmoronaba el régimen.

Imagínate cortar la subida del salario nominal a los sindicalistas que en los setenta estaban en la calle y que durante los años de la transición habían acumulado miles de horas de huelga. Al final, paradójicamente, las medidas duras las tomaron los gobiernos democráticos con suficiente mayoría parlamentaria. Eso es la leche, porque da una lección amarga de que la democracia puede ser más cruel que una dictadura débil, y que la libertad de expresión en algún momento puede ser incluso menor. Ello da una  serie de lecciones sobre el poder que te deprimen o te hacen más pesimista, o, a lo mejor, más realista.

Luego hay otro elemento que fue la reconversión industrial que, en cierto modo, fue una reconversión financiera. La banca estaba teniendo pérdidas en la industria, quería salir y no estaba demasiado fortalecida por todos los problemas que estaba teniendo. Fue una manera de sanear, de permitirles invertir en otro tipo de sectores y generar plusvalías porque compraban deuda pública estatal y porque todavía tenían una gran influencia en el Banco de España y en la economía general. No fueron solo medidas macro estándar, sino que beneficiaron a un estamento empresarial que se había fundado en la forma de sentido común que habían aprendido esos ministros, que derivaban del aparato industrial tardo franquista, no por franquistas, sino porque se tenían que formar en algún sitio.

Esto me lleva a la idea de la conformación de una élite que, si bien no siempre está de acuerdo en todo, sí que está de acuerdo en las cosas fundamentales. Y, como parte de esa serie de acuerdos tácitos, de lugares de socialización, en el libro hablas de La Dehesilla como uno de esos núcleos.

A.V.:La Dehesilla era una cacería ilustrada al estilo de las cacerías de Franco, que siempre era el que cazaba más a pesar de no parecer la persona más avezada para hacerlo. Pero también eran lugares para hacer negocios a corto y largo plazo. Eran lugares donde las élites llegaban a acuerdos en espacios seguros. Esa convergencia de valores y de puntos de vista les hace llegar a comuniones más fácilmente que en otros lugares. Se dan situaciones en las que, incluso perteneciendo a frentes empresariales enfrentados, se ponen de acuerdo con asombrosa facilidad.

La Dehesilla era eso, pero de manera más fina. Ilustrada con una inteligencia antifranquista, que iba de lo moderado hasta personas que, como Miguel Boyer, habían pasado hasta un año en la cárcel; gente que tenía credenciales comunistas, socialistas, liberales, incluso trotskistas y maoístas… y que se reunían para ver qué había que hacer con España cuando cayera el tirano. Por eso es un lugar clave.

Por aquel entonces  Boyer y Solchaga ya eran empleados públicos del Banco de España. También Mariano Rubio, aunque había tenido que pasar un año en la OCDE en una especie de exilio permitido por el régimen, después de haber pasado también por la cárcel. Ese pedigrí antifranquista les permitía formar parte de organismos muy potentes, después totalmente desligados del pasado, pero sus lugares de formación fueron la administración pública franquista.

Lo que ocurre es que esa materia gris en los ochenta y los noventa se acabó asociando a las familias más afines al régimen que querían combatir. Hasta en más de una ocasión acabaron formando uniones matrimoniales con empresarios a quienes, en principio, habían combatido, en un movimiento de absorción total del propio sistema.

¿Cuál es el papel que juega la Corona y en particular Juan Carlos I en este bussiness as usual?

A.V.: A mi juicio, Juan Carlos I es la corona de la clase dominante. Viendo los mecanismos de financiación de su riqueza actual, era un hombre sin una fortuna propia previa que infló su patrimonio mediante una serie de maniobras petroleras que han quedado reflejadas en varios ensayos, en particular, el trabajo de Rebeca Quintana en La fortuna del Rey o los ensayos de José García Abad.

El Rey ha sido el gran mediador de la élite española y de sus relaciones con otras élites. Fue proveedor de materias primas, como el petróleo que España necesitaba para seguir desarrollando su sociedad de consumo. Su papel en el 23F, pese a que esta última regularización de documentos parece que refuerza la versión oficial, no queda suficientemente aclarado. A mi juicio, tiene un papel muy claro en el golpe de timón, en esa especie de gobierno de concentración nacional. Es un gran mediador y legitimador del nuevo funcionamiento de las cosas en democracia. Se acercó más a los socialistas que a los conservadores porque, con buen olfato político, estaba viendo que la mayoría social iba a ir por ahí

Tengo que decir que empecé estos estudios sobre élites pensando que era un mero símbolo constitucional, que a nadie le importaba y que servía para culminar la hegemonía. Y, sin embargo, he ido viendo que ha sido un gran diplomático y empresario. Con maniobras de todo tipo, incluso movimientos oscuros en este sistema de la élite. A día de hoy, creo que sigue teniendo un papel para mediar... y un gran afán de revancha contra lo que ha vivido. Y creo que debe de tener bastante conexión con los mensajes que se hacen contra el actual gobierno. Algo me dice que esa conexión la vamos a acabar conociendo.

 
La Expo 92 y los juegos olímpicos de Barcelona fueron la apoteosis de ese "juancarlismo" y de la España "moderna" de los socialistas. Foto del Archivo de Felipe González.

Con Aznar llegaron los tiempos de las grandes privatizaciones que se habían empezado durante los últimos años de los gobiernos de González…

A.V.: Sí, se venía un periodo en el que el PSOE había privatizado más de lo que privatizó el Partido Popular. Lo que pasa es que es verdad que cada empresa privatizada era diferente a la anterior y había muchos motivos, como reducir el déficit público y la deuda pública y crear un espacio de gasto público o generar ingresos para gastar en otras cosas.

Es cierto que los criterios del Partido Socialista pudieron venir influidos por los vientos de cambio neoliberales, pero muchas veces respondían a acciones no sé si improvisadas, pero no formaban parte de un plan. A diferencia de eso, está comprobado en documentos de la Fundación FAES que el Partido Popular ya quería imitar el proceso de Margaret Thatcher en 1993. Cuando estudiamos las redes de los privatizadores, te das cuenta de que el plan ya está ahí desde mucho antes. A diferencia de las privatizaciones socialistas –que eran tecnócratas de la administración–, los tecnócratas del PP venían de la Bolsa y su objetivo era conseguir el máximo capital con las ventas. Manuel Pizarro, Francisco González y compañía son esos altos funcionarios o yupis bursátiles que colocaron los paquetes de la Bolsa lo más caro o lo más rápido posible. Pero, en lugar de retirarse en el momento en el que habían vendido y permitir que el mecanismo del libre mercado diese lugar a nuevos dirigentes extraídos con un criterio de mejor competencia, se quedaron ahí y reformaron el reglamento del Consejo de Administración para perpetuarse ellos.

Lo estaban montando bien los del PP porque habían logrado hacer de la privatización una política de capitalismo de Estado, controlado por un partido que aspiraba a quedarse, pero le falló a última hora la comunicación y ahí se dieron cuenta. Se pudo ver que había un combate entre élites, que la élite mediática no era enteramente de derechas y que, por otro lado, España no era enteramente Madrid, pese a la madrileñización del aparato económico. Las élites conservadoras se sorprendieron viendo que España era plural y diversa. Pese a que controlaban el panorama mediático y habían creado una clase dominante afín, se encontraron con una sorpresa en las urnas, no enteramente atribuible a lo que ocurrió tras los atentados del 11-M.

Zapatero también intentó atraer empresarios en torno a su proyecto con dispares resultados…

A.V.: El credo económico de Zapatero no estaba definido, era un político casi provincial – sin querer decirlo con un tono despectivo –, que había ascendido rápido gracias al apoyo de Carlos Solchaga, del que fue adjunto en el Parlamento. Pero Zapatero llegó al poder demasiado pronto para lo que a él le hubiera convenido y se rodeó de una serie de asesores económicos como Miguel Sebastián o Jordi Sevilla, que suplían sus lagunas en este campo. Para estos asesores, el socialismo y la socialdemocracia no debían de incrementar demasiado el gasto público y eso significaba lo que significaba. Pero tampoco están totalmente alineados con la ortodoxia europea de Alemania.

Por otra parte, se dio cuenta de que tenía que intentar recuperar el aparato público privatizado, no para nacionalizarlo, sino para congraciarse con esa nueva élite empresarial. No lo consiguió porque el plan del Partido Popular era solido y su principal hito fue conseguir colocar a Javier de Paz en Telefónica. Es un movimiento clave del que queda excluido Carlos Solchaga, que desde entonces ya elimina sus simpatías con el zapaterismo, pero que, a mí juicio, era un puente que debía de haber mantenido estratégicamente.

Fracasa con la conquista del aparato económico, pero triunfa con la industria publicista y editorial catalana, que son muy potentes. Se forja una suerte de alianza con el grupo Globomedia, el grupo Mediapro que, que acaba creando el Diario Público y, sobre todo, La Sexta. El diario Público luego salió como salió, pero fue un intento de crear una especie de competencia ideológica y editorial al diario El País.

Uno de los efectos intencionales o no intencionales de los fondos Next Generation ha sido la llegada de nuevas elites globales a la capital ¿Cómo es el aterrizaje de estas élites globales en una ciudad con unas élites tan asentadas?

A.V.: Ten en cuenta que, si la tasa de crecimiento del PBI que tenemos es alta, es muy probable que en algunos sectores la rentabilidad estimada para una inversión sea todavía mayor. A lo cual hay que sumar que parte de esa élite global viene a España porque tienen la sensación de tener menos seguridad jurídica en su país de origen. Cosa que es discutible en países como México, que al tiempo que hace reformas sociales ofrece una tasa de rentabilidad como consecuencia del crecimiento, que es incluso superior a la España.

Pero bueno, deciden venir aquí. Eso determina no sé si un choque, una convivencia que cambia el hábitat porque llegan unas élites que no están apegadas al territorio, que a lo mejor llegan aquí por un criterio de rentabilidad y a lo mejor no miran por el entorno de la misma manera que van a mirar por las élites nacionales.

Eso tiene mucho que ver también con el choque o la ruptura neoliberal desde que Milton Friedman en los ochenta planteó que los empresarios tenían que mirar por las cuentas y valores de sus acciones y no tanto por el territorio en el que operaban, por los sindicatos o por el bienestar de sus trabajadores. Pero claro, si tú acudes a un país por la rentabilidad, tu relación con el país no va a ser la misma que la de los que lo viven dentro de una comunidad como las élites locales. Creo que ese choque se está produciendo a nivel urbano, y que afecta incluso a las familias de rentas altas que se tienen que ir de zonas del barrio de Salamanca, que están siendo compradas por fortunas antes venezolanas y ahora mexicanas, al mismo tiempo que proliferan locales de ocio que son los locales que las élites extranjeras construyen a imitación de su ocio nacional. Lo hacen porque conocen ese modelo de extracción de rentabilidad, y porque también son el tipo de sitios en los que quieren estar. Se está produciendo un cambio en la economía política de ciudades como Madrid, en donde los cambios están ocurriendo mucho más rápido de lo que parece.

¿Madrid debería ser un Distrito Federal?

Es una pregunta que se va a ir respondiendo en los próximos años. Ya hay teorías que hablan de que Madrid debería de ser algo parecido a un great London que llegara de Guadalajara a Segovia. Sostienen que puede ser un vector de creación de progreso y riqueza. Ya Aznar con Álvarez Cascos como ministro de Fomento quería crear un Madrid y una España cuyos puntos mas importantes se definieran como ciudades a dos horas en tren de la capital. Desde el año 2000, el Partido Popular tiene un proyecto muy definido para Madrid y se orienta a eso por razones a lo mejor exclusivamente electorales o por razones ideológicas y, a lo mejor, por las relaciones que están estableciendo con élites internacionales.

Creo que hay un proyecto en ese sentido, que desde el punto de vista ecológico puede ser letal, pero, desde el punto de vista nacional, también. No sólo por los independentistas catalanes, sino por los independentistas madrileños, que manejan la idea de que Madrid es España dentro de España, y que, si todo lo que está a dos horas de Madrid, mejor, porque eso es la playa de Madrid.

¿En qué se diferencia un pijo de Madrid de un miembro de la élite de este país?

Es una pregunta sociológica muy valiosa. Yo veo a un pijo como un elemento performativo, con elementos culturales de capital social heredados que quiere pertenecer a un grupo al cual no necesariamente pertenece. Si pudiéramos acceder a los miembros de la verdadera élite económica y a cómo viven, posiblemente no tendrían nada que demostrar. Entonces, esa sobreactuación, esa ostentación de la marca para las élites de toda la vida, resulta algo un poco aberrante, sonrojante y vergonzoso.

lundi 16 février 2026

50 años de ‘El desencanto’, documental que Elías Querejeta retiró de San Sebastián en protesta por la represión en Euskadi

 Fuente https://www.diario-red.com/articulo/cultura/50-anos-desencanto-documental-que-elias-querejeta-retiro-san-sebastian-protesta-represion-euskadi/

Este año se cumple medio siglo del estreno de este gran documental de Jaime Chavarri, título fundamental del cine de la llamada Transición Española 

Aunque se jugaba su futuro comercial, Elías Querejeta, conocido por las películas que había producido a Carlos Saura o Víctor Erice, retiró el documental en apoyo a la huelga general que se había convocado en Guipúzcoa como protesta por la muerte de un manifestante vasco por disparos de un policía.

El 15 de septiembre de 1976, El País publicaba la indignada respuesta del máximo responsable del festival, Miguel de Echárri, que en el franquismo (entre 1952 y 1956) fue secretario general del Sindicato del Espectáculo: “El artículo 7 del reglamento del festival que conocen quienes concurren a él habla de la imposibilidad de retirar la película. Sin embargo, el señor Querejeta, abusando de una manera clarísima de mi condescendencia, me ha venido diciendo, un día y otro, que aplazaba la entrega de la copia, alegando siempre una serie de complicaciones de última hora. De ahí que no tengamos en nuestro poder la copia. Todos estos aplazamientos dan la sensación de que eran parte de un plan premeditado. Me ha sorprendido muchísimo porque ha jugado con mi buena fe”.

En apoyo a Querejeta, una comisión de 29 personalidades guipuzcoanas, entre ellas Eduardo Chillida y Juan María Bandrés, hizo público este texto: “La gestora pro amnistía de Guipúzcoa ha tenido conocimiento de que los participantes en la realización de la película El desencanto han decidido retirarla del XXIV Festival Internacional de Cine de San Sebastián, en atención a las especiales circunstancias por las que atraviesa el pueblo vasco. La gestora considera positiva la indicada decisión, que por el contexto en que se ha producido supone una manifestación de solidaridad con el pueblo, denota madurez y sentido de la responsabilidad y constituye un aporte para la causa general, fin y motivo de la creación de esta gestora pro amnistía. En consecuencia, la gestora no puede por menos que mostrar su pública aprobación por el gesto de los participantes en la realización de la película El desencanto”.

Tanto Chávarri como Querejeta supieron pronto que no tenía un corto, sino un gran largometraje

Conviene recordar qué estaba pasando en España aquel año. Además del nombramiento, a dedo, por parte de Juan Carlos I, de Adolfo Suarez como presidente del Gobierno, la extrema derecha estaba terriblemente crecida y su violencia en las calles era cada día más alarmante. Aquel año se recuerda también por la matanza del 3 de marzo en Vitoria, cuando la policía desalojó de la iglesia de San Francisco de Asís, del barrio obrero de Zaramaga, a 4.000 trabajadores en huelga. La policía asesinó a cinco personas e hirieron a más de ciento cincuenta.

Como escribió Diego Galán, el más recordado director del Festival de cine de San Sebastián, en El País, en un principio El desencanto solo estaba pensado como un cortometraje documental que quería rodar Jaime Chavarri, hijo de Tomas Chávarri y Ligues y de Marichu de la Mora Maura y bisnieto del expresidente del Gobierno Antonio Maura. Chávarri quería contar la historia de su amigo Michi Panero, un ex niño bien cuya familia se había visto obligada a vender propiedades y las pertenencias de su padre para sobrevivir. El padre era Leopoldo Panero, poeta falangista de la generación del 36 y poeta oficial del franquismo.

En un primer momento, Michi, su madre Felicidad Blanc y sus hermanos Juan Luis y Leopoldo María y estaban dispuestos a hablar ante la cámara de Chávarri, pero con una condición: no saber lo que los otros hubieran dicho de ellos. Para sorpresa del director, los cuatro se desnudaron públicamente de una forma tan honesta como violenta. Y tanto Chávarri como Querejeta supieron pronto que no tenía un corto, sino un gran largometraje.

Leopoldo, que se considera el verdadero genio de la familia y al que también le gusta recitar en alto su propia obra, ataca a su madre de forma despiadada

El desencanto fue rodado justo cuando el régimen fascista se iba desmantelando para dar paso a otro régimen no tan ejemplar como muchos voceros del nuevo sistema pintaron y predicaron. De hecho, pronto muchos consideraron la transición como un desencanto.

Tras volver a ver El desencanto, después de bastantes años, debo confesar que me he reconciliado con Felicidad Blanc, una mujer triste a la que nada le pega su nombre. La recordaba como un personaje frío y distante, pero ahora veo el filme de Chávarri como el retrato femenino de una niña bien (era hija del director del Hospital Princesa de Madrid y primo-hermano de la madre de Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador de la secta Opus Dei) que se convierte en señora y esposa de un poeta del régimen y es enseguida ninguneada por su alcohólico y brutal marido y sus no menos alcohólicos amigos. Porque si hay algo en El desencanto es alcohol. Y pitillos. No existe un documental en el que se fume tanto. 

Y Felicidad no solo es machacada por su bestial marido, sino por sus hijos, aunque sea Michi (que se reconoce un parásito que se dedica básicamente a vaguear) el que más la entiende y escucha. Especialmente hiriente e injusto es Leopoldo, el hijo feo, demente, borracho y pedante, de hablar absolutamente insoportable. También Felicidad, una mujer culta (fue escritora y traductora) y de vocabulario envidiable, resulta relamida. Comienza recitando un poema de su marido de memoria, hablando de forma distinguida, literaria… pero al final se va soltando, sube la voz ante sus hijos y se hace casi humana.

Ya desde la primera conversación, entre el pijazo Michi y el ridículo y amanerado (“no soy homosexual”, él lo recalca por si acaso) Juan Luis (alias “Adoro el bizantinismo”) sabes que a lo que se tuvo que enfrentar Felicidad es sencillamente infernal. Esa intensidad, esos aspavientos, esos gritos, ese bebercio descontrolado. Y eso delante de una cámara, no quieres ni pensar lo que fue aquello en la intimidad. 

Felicidad, aunque de clase alta, es un ejemplo de la mujer española sometida, siempre a la sombra del marido, supuestamente superior y que borra de su vida a todas sus amistades mientras ella debe acostumbrarse a los amigotes de tertulia borracha que aparecen por casa a las dos de la tarde y se van a las tres de la mañana. Por eso en El desencanto se recuerda que Felicidad vivió aterrorizada, además de que los Paneros significan “gritos y muy mal vino”.

Al acabar 'El desencanto' tienes la sensación de que acabas de ver una película de terror

La aparición, en el ecuador de la cinta, de Leopoldo María Panero refuerza aún más la simpatía del espectador (al menos la de un servidor) por Felicidad. Leopoldo, que se considera el verdadero genio de la familia y al que también le gusta recitar en alto su propia obra, ataca a su madre de forma despiadada. Pero Felicidad, dura y brillante, sabe defenderse. Y recuerda que vivió sola los ingresos psiquiátricos y carcelarios de Leopoldo, que en ningún momento le da tregua ni muestra la más mínima comprensión o compasión. Y además la tacha de superficial ante el silencio cómplice y cobarde de su hermano Michi.

Es Michi, el más normal de los hermanos, el que reconoce que la familia Panero morirá porque el alcohol acabará con ellos y no tendrán descendencia. También posiblemente el más roto y el más cínico. Es Michi el que dice: “Para estar desencantado antes hay que estar encantado y yo tengo dos o tres recuerdos muy frágiles en los que estuve encantado. Diría mejor ilusionado. El desencanto me ha venido impuesto. He participado como espectador, nada más”.

Y El desencanto acaba como empieza: con la estatua del padre enfundada en plástico, antes de ser exhibida ante el populacho y frente al castillo de Gaudí en Astorga. Y tienes la sensación de que acabas de ver una película de terror.

Pocas semanas después del no estreno de El desencanto, en la misma ciudad, San Sebastián, fue asesinado por ETA el procurador en Cortes, consejero del Reino y presidente de la Diputación de Guipúzcoa Juan María de Araluce, que formó parte de las filas del requeté y combatió en la aviación de caza en el bando fascista. La ejemplar transición seguía tambaleándose. 

18 años después del rodaje de El desencanto, los hermanos Panero, sabedores de que eran una especie de leyenda gracias a Chavarri, aceptaron rodar una segunda parte. Se tituló Después de tantos años, la dirigió Ricardo Franco y fue una secuela fascinante e igual de aterradora.

mercredi 7 janvier 2026

Eloy de la Iglesia: el autodestructivo cineasta al que el PCE salvó de la indigencia

 FUENTE https://www.diario-red.com/articulo/cultura/eloy-iglesia-autodestructivo-cineasta-que-pce-indigencia/

Gaizka Urresti estrena ‘Eloy de la Iglesia, adicto al cine’, documental que homenajea a uno de los directores más populares y osados del cine español
 
 

La imagen que más impacta de las descritas por los entrevistados en este documental es la de uno de los directores más taquilleros de la historia del cine español rebuscando en la basura en una calle madrileña. Lo llevó allí “la dama blanca”, que es como se conocía a la heroína. En una entrevista de Ángel Casas, Eloy de la Iglesia, demacrado y sin dientes, llegó a confesar que en menos de tres años se había pulido todo su dinero metiéndoselo en vena. Estamos hablando de la friolera más de cuarenta millones de pesetas de la época.

Como recuerda uno de los entrevistados de este documental, Eduardo Fuembuena, el mayor conocedor de la vida y obra de Eloy de la Iglesia, fue el Partido Comunista de España el que le ayudó a no acabar en la calle, aunque el cineasta llegó a dormir en bancos más de una noche. Gracias a Juan Antonio Bardem y a Roberto Bodegas, el partido se preocupó por la gestión de los derechos de autor de sus películas y porque tuviese una asignación mensual. El problema fue que, aun así, el director, amigo de la autodestrucción, se gastaba el dinero en las tragaperras.

De la Iglesia no fue un ejemplo a seguir porque no solo cometió la insensatez de caer en la heroína (se enganchó en 1983, al igual que su amigo y coguionista Gonzalo Goicoechea), sino en romantizar al navajero yonqui, que tenía muy poco de Robin Hood y supuso un auténtico infierno para sus familias. Lo he vivido en persona, en el Bilbao de mi infancia, espacio de las inolvidables El pico y su secuela.

Eloy de la Iglesia se presentaba como comunista, director de cine y maricón

A pesar de este romanticismo del yonqui y el quinqui, el director nacido y criado en Zarauz, en una mansión de gente rica de origen gallego que le pagó sus primeras películas (así de rica era) es uno de los cineastas más rompedores y valientes que ha tenido el cine español en toda su historia, un tipo marcado por su adicción, pero, como él decía, también comunista, director de cine y maricón.   

Eloy De la Iglesia era demasiado joven cuando tuvo la epifanía de rodar películas y no tenía la edad requerida para entrar en la Escuela de cine, pero tras estudiar cine en París logró rodar, en 1966, Fantasía… 3, una cosita infantil que pudo hacer gracias a José María García Escudero, director general de Cinematografía y Teatro que no era amigo de la censura franquista y apoyó a muchos nuevos cineastas. Resulta más que alucinante que un director que se hizo famoso por tratar en el cine la homosexualidad, la violencia policial o el consumo de drogas debutase adaptando cuentos de Hans Christian Andersen, los hermanos Grimm o L. Frank Baum.

Algunos de los temas medulares de De la Iglesia (el sexo y la muerte y la represión sexual, religiosa y política) no tardaron en aparecer en La semana del asesino, guion que fue rechazado dos veces por la censura y sufrió 64 cortes en el metraje, entre ellos escenas homosexuales entre Vicente Parra y Eusebio Poncela (estamos hablando de 1972, imaginen la valentía que supone hacer esta película tres años antes de la muerte del dictador).

La octava película del director vasco, Juego de amor prohibido, sórdida y antiestética, también demostró que tras su truculencia y su nada disimulado gusto por rodar con actores a veces demasiado jóvenes, a De la Iglesia también le gustaba colar sus ideas políticas. En aquel caso sobre la decadencia de la clase dirigente franquista y un enfermo régimen que se desmoronaba.

Además de La criatura, filme sobre relaciones zoofílicas y de pésimo gusto, en 1977 estrenó Los placeres ocultos, que por primera vez en el cine español presenta sin complejos a un protagonista homosexual, un ejecutivo de banca con dinero al que le gustan los jóvenes y sufre la represión que conlleva su condición sexual. El filme, que tuvo el arrojo de mostrar los apestosos urinarios públicos en los que se ligaba o se ejercía la prostitución, fue secuestrada por la censura de la “ejemplar transición”, algo que produjo las protestas en medios como el diario El País o la revista Fotogramas.

'El diputado' expone que también los partidos de izquierda podían ser reaccionarios

Con El sacerdote, también con Simón Andreu, De la Iglesia quiso cruzar todos los límites para provocar aún más. La historia de un sacerdote que no puede reprimir sus instintos sexuales es sensacionalista y contiene escenas de un gusto atroz, como la de unos niños desnudos practicando sexo con una oca. La crítica fue demoledora con ella. Pedro Crespo habló en el ABC de “un nuevo engendro fílmico que ensancha esa vía particular de cursilería melodramática, erótico-sociológico-política que con tanta insistencia cultiva Eloy de la Iglesia”. Fernando Trueba, en El País, escribió que “el mayor defecto, el menos perdonable, del cine de De la Iglesia son sus personajes. Arbitrariamente construidos para servir a los didácticos objetivos de sus historias, sus personajes no resultan nunca creíbles, verdaderos”. De la Iglesia, que era muy aficionado a poner motes, despreciaba a Trueba y lo apodaba Bizconti por su estrabismo.  

La biblia de su cine es El diputado, historia de un militante clandestino de un partido de izquierdas durante el franquismo que es elegido diputado en las elecciones de 1977, es víctima del chantaje de ultraderechistas que lo amenazan con revelar su homosexualidad y hasta su partido le da la espalda. Con ella De la Iglesia, marxista, volvió a demostrar que le iba a la marcha porque provocó hasta al PCE, del que era militante, como su amigo Juan Diego. La cúpula del partido no vio con buenos ojos la película y hasta Juan Antonio Bardem, que acabó participando en el filme, mostró su rechazo inicial por ella, algo que fue duro para De la Iglesia, que entendía su cine como un servicio al PC y una forma popular y directa de cambiar, en la llamada transición, a la sociedad.

El diputado, que llegó a estrenarse en los Estados Unidos, habla de que no solo hay que liberar al obrero, también al individuo. Su protagonista, Roberto Orbea, lucha por su partido y país en la clandestinidad, pero no puede expresarse en su privacidad ni mostrar libremente su sexualidad, se le obliga a ser recto y heterosexual. La película expone, en fin, que también los partidos de izquierda podían ser reaccionarios.

Los últimos minutos de Eloy de la iglesia, adicto al cine son inevitablemente tristes. En ellos Gaizka Urresti habla del otro gran arrebato del director: el descubrimiento de José Luis Manzano. El director mandó buscar a un chaval de la calle que cumpliera las características físicas del Jaro y sus ayudantes encontraron en los billares Victoria, regentados por chaperos, a Manzano, que entonces era menor de edad.

Las películas de quinquis y el mundo marginal, pobre y atrasado de De la Iglesia no gustaban al PSOE

Como recuerda el director Antonio Hens en el documental, tras el flechazo llegó el pacto: él lo mantendría y lo transformaría a lo Pigmalión, pero a su vez llegó la bajada a los infiernos: los dos se engancharon a la heroína y Manzano acabó muerto en el cuarto de baño del piso de De la Iglesia por una sobredosis y con signos de violencia en su cuerpo (algo que elude el documental). Según el informe forense, la causa de su deceso “fue de naturaleza violenta, habiéndose encontrado los principios de la heroína y de otros tóxicos en su sangre, orina y órganos vitales”. Nadie sabe qué pasó aquella noche, pero fue algo espantosamente oscuro.            

A esta debacle personal se unió que las películas de quinquis y el mundo marginal, pobre y atrasado de De la Iglesia no gustaban al PSOE, que pretendía vender una España irreal, más progre y moderna. El PSOE era más de Carlos Saura, miembro de la élite cultural y que ganó el Oso de Oro a la Mejor película en el Festival de Berlín con Deprisa, deprisa, la película quinqui oficial. Ese era el cine que quería subvencionar Pilar Miró, primera mujer en ocupar la Dirección General de Cinematografía que acabó, mediante la Ley Miró, con el cine que hacía Eloy De la Iglesia, un cine antisistema, urgente y encima muy taquillero. El PSOE buscaba un cine más académico y de prestigio, más La colmena o Luces de bohemia y menos Navajeros o La estanquera de Vallecas, que De la Iglesia y Manzano (incapaz de vocalizar y doblado por Fernando Guillén Cuervo) rodaron enganchados y en condiciones penosas.

Fue precisamente su amigo Guillén Cuervo quien le apoyó como pocos. También lo hicieron Pedro Olea y Diego Galán, director del Festival de San Sebastián, que en 1996 hizo una retrospectiva de su cine, diez días que le hicieron, según sus palabras, recordar que estaba vivo. En esos felices días también tomó la decisión de intentar volver a ponerse detrás de una cámara y lo hizo siete años después con una pésima película: Los novios búlgaros, protagonizada por Guillén Cuervo y sobre los prostitutos del Este en el Madrid de principios de los 2000. Volvía a los chaperos y al lumpen, a su mundo.

Eloy de la Iglesia nunca tuvo nada que ver con el cine español oficial, académico, de festival

Eso sí: no consideró Los novios búlgaros su testamento, quería seguir haciendo cine, pero murió a los 62 años por una negligencia médica. Atrás dejaba un cine hecho con las tripas y la polla más que con el cerebro, filmes tan punkis como técnicamente precarios. Rodó sus películas demasiado deprisa, no fue un gran director de actores y sus doblajes fueron infames, pero conoció como nadie al público y no pretendió ir a Cannes, sino llenar butacas. Y nunca tuvo nada que ver con el cine español oficial, académico, de festival. Solo por eso, y por lo mosca cojonera que llegó a ser, Eloy de la Iglesia siempre nos caerá bien.   

vendredi 5 décembre 2025

50 años después. Lo que pudo ser y no fue


El 25 de abril de 1974 se acababa la dictadura en Portugal y se iniciaba la que se conocería como la revolución de los claveles. El 24 de julio de 1974 caía la dictadura en Grecia. La siguiente tenía que ser la dictadura franquista. Franco murió en la cama, pero el movimiento obrero y popular era potente y tenía la iniciativa frente a un régimen agónico. Todo era posible.  

Sin embargo, durante mucho tiempo se ha mantenido la idea de que la democracia existente era el resultado de la acción de ciertas élites y del rey emérito fugado. En sus memorias el caradura del ex rey no tiene reparos para reconocer que su reinado fue una concesión-continuación del franquismo. Cincuenta años después de la muerte del dictador vale la pena reflexionar y tener muy en cuenta que lo que ocurrió no estaba predeterminado, que otros caminos eran posibles y se definieron en una dura lucha entre las clases.

Desde finales de 1971, la lucha obrera y popular no cejó de poner en jaque a la dictadura franquista. En el mes de octubre, en una huelga con ocupación de Seat en Barcelona la policía asesinó a un obrero. Posteriormente hubo huelgas generales en Pamplona, Ferrol y en Vigo, varias huelgas generalizadas en la ría de Bilbao, en Barcelona, tras el asesinato de un obrero en La Térmica, en Valladolid con huelgas en la construcción y en FASA-Renault. A pesar de la represión, condena a muerte a Puig Antich en marzo de 1974, y centenares de detenciones policiales por todo el Estado, la lucha obrera y popular no cesó. El inicio de la revolución en Portugal aceleró las esperanzas en España y alertó a las clases dominantes sobre lo que podía pasar aquí. En julio de 1974 una huelga general sacudió la comarca del Baix Llobregat (Barcelona). En noviembre fue en Navarra y 14 días de huelga y lock out en Seat.

En enero de 1975, nueva huelga de doce días en Seat, con 500 despedidos. Desde el 14 de enero huelga general en Pamplona. En abril se decreta el estado de excepción en Vizcaya y Guipúzcoa y se desata una represión generalizada. En septiembre, una dictadura moribunda ejecuta a 5 militantes de ETA y FRAP. Una huelga generalizada recorre todo el País Vasco y manifestaciones en todo el país. A todas estas acciones obreras habría que sumar centenares, sino miles, de protestas en ciudades y barrios por la carestía de la vida, por la falta de escuelas y asistencia sanitaria o falta de servicios. Además, ya sea por los despidos, la represión policial o las detenciones, la mayoría de las movilizaciones se convierten en protestas políticas contra la dictadura.

Estos hechos, que no son exhaustivos, desmienten la fabulación de que la transición del franquismo fuera una concesión generosa de los de arriba. La historiografía actual ya acepta que fue la movilización popular quien conquistó las libertades y derechos, sin embargo, se sigue negando u ocultando la posibilidad que hubo de avanzar mucho más, de lograr una ruptura o incluso abrir un proceso revolucionario que realmente acabara con los fundamentos y estructura del franquismo. Las concesiones en la transición, la aceptación de la monarquía por el PCE y el PSOE, los pactos que implicaron limitación de derechos y condiciones de vida para las clases trabajadoras, son pesadas cargas que se han ido arrastrando en estos 50 años y siguen presentes hoy en día.     

Tres meses

Pocas semanas después del entierro del dictador la movilización obrera y popular dio un salto impresionante. En 1975 se perdieron por conflictos laborales o políticos más de 10 millones de horas de trabajo. ¡En 1976 fueron más de 100 millones! Durante los tres primeros meses de ese año quien tuvo la iniciativa fueron los trabajadores y trabajadoras que demostraron su disposición a ser los verdaderos protagonistas para enterrar al franquismo.  

En el invierno de 1974-75, la clase trabajadora de Catalunya había estado a la cabeza. La primavera y otoño de 1975 fue la de Euskadi. A finales del año, cuando apenas se había enfriado el cadáver del dictador, tomó el relevo la clase trabajadora de Madrid.

El IPC de la época alcanzó el 34% y el gobierno había decretado la congelación salarial para todo el año 1976. La negociación de los convenios se convirtió en el catalizador de las luchas. A partir del 1 de diciembre (¡diez después de la muerte del dictador!) empiezan los paros en Getafe. El 10 de diciembre las principales empresas están en huelga, “desde ese momento será la asamblea de los representantes de las distintas fábricas la que coordine y dirija la acción”. El 16, la huelga es general en la ciudad. La agitación, con huelgas y manifestaciones, durará hasta el 18 de enero. Entre tanto se ha incorporado el grueso de la clase obrera de la ciudad de Madrid. Las grandes empresas, Standard, Chrysler y el metal encabezan la protesta, a la que se unen la construcción, seguros, banca y artes gráficas, así como Telefónica, Correos y Renfe. El 7 de enero el metro de Madrid se une a la huelga y paraliza la ciudad, días después el gobierno lo militarizará. La movilización se extiende a Alcalá de Henares, Torrejón de Ardoz y San Fernando. Se calcula que en diciembre participaron 150.000 trabajadores y trabajadoras, en enero serán 400.000.

Barcelona tomó el relevo. El 14 de enero la plantilla de Seat se manifestó por el centro de la ciudad por el convenio y la readmisión de los 500 despedidos de la anterior huelga. El día 16 empieza una huelga general en el Baix Llobregat que durará hasta el 29. Del 23 al 27 de febrero la ciudad de Sabadell quedará paralizada por una huelga general.

Asturias también respondió. El 9 de enero empieza una huelga en Ensidesa (8.000 trabajadores) El 22 la minería inicia una huelga que durará hasta el 16 de marzo. La huelga de Duro Felguera de Gijón durará 90 días. Es un movimiento que recorre todo el país. El 24 de febrero la policía mata en Elda (Alicante) al joven Teófilo del Valle que participaba en la huelga del sector del calzado. La respuesta fue una huelga general en el valle del Vinalopó. Fue el primer asesinado por disparo de la policía en la transición. Fueron casi 200 personas las personas asesinadas por la represión policial. Todo menos pacífica fue la transición.

Marzo vivió la impresionante huelga general de Vitoria. Desde el 9 de enero existía un proceso de huelgas y movilizaciones en toda la zona industrial que confluyó en la huelga general del 3 de marzo. La policía reprimió una asamblea de trabajadores y mató a cinco de ellos. La solidaridad se extendió por todo el país. El día 5, la policía mató en Tarragona a un trabajador que se protestaba por los hechos de Vitoria. El 8 de marzo una huelga general paralizó Euskadi y la policía volvió a matar a un obrero en Basauri (Vizcaya).   

La lucha por los salarios y la mejora de las condiciones de trabajo fueron el primer impulso de las movilizaciones, íntimamente ligadas a problemas políticos: acabar con el franquismo y conquistar las libertades, la libertad sindical en particular, la readmisión de los despedidos y la amnistía para los presos políticos.  Valga como ejemplo que los días 1 y 8 de febrero de 1976 se desarrollaron en Barcelona manifestaciones, que desbordaron la represión policial, exigiendo libertad, amnistía y estatuto de autonomía. ¿Era una lucha política? Sin ninguna duda. En la dictadura luchar por salarios dignos ya era una lucha política que te enfrentaba al patrón, a la policía y a las leyes antiobreras. Además, esas movilizaciones se producían en unas condiciones de agonía del régimen, de búsqueda de alternativas políticas. El drama fue que la posibilidad de un cambio real y profundo, de una ruptura o de un proceso revolucionario, fue traicionado por un acuerdo entre los franquistas y los dirigentes del PCE y del PSOE para conquistar ciertos derechos y libertades, mientras se mantenía la monarquía y buena parte de la estructura franquista del poder. Durante esos tres meses estuvo en el aire la posibilidad de elegir un camino diferente.   

No es un invento ni una construcción ideológica, sino la explicación del desarrollo de los acontecimientos. Años después, Ramón Tamames, que fue dirigente del PCE y de la Junta Democrática (un acuerdo entre el PCE y algunas organizaciones y personalidades antifranquistas) escribió: “En enero de 1976 la Junta quedó sentenciada. En la sesión que en ese mes se celebró en París -y con escasa oposición- Carrillo (secretario general del PCE de la época) impuso su idea de atenuar las movilizaciones con el propósito de entrar en contacto con el régimen para pactar. La ruptura quedaba en entredicho, y con ello empezaba el final del experimento de la Junta”.

Mientras la clase trabajadora y amplios sectores populares pugnaban por acabar con el franquismo, por arriba se abría la negociación con los franquistas.

Sabadell

Un ejemplo de la distancia que se fue abriendo entre la movilización obrera y popular y las propuestas políticas fue la huelga general en Sabadell. Del 23 al 27 de febrero de 1976 la clase obrera de Sabadell se hizo dueña de la ciudad. El periodista Xavier Vinader (1947-2015) publicó un libro con las notas tomadas durante los acontecimientos de esos días. Lo tituló Quan els obrers van ser els amos (Cuando los obreros fueron los amos) que refleja muy bien lo que ocurrió en la ciudad.

Fue una huelga general que reunió todos los ingredientes de un levantamiento popular contra el franquismo, y en particular contra el alcalde franquista de la ciudad. La clase trabajadora tuvo la iniciativa y la dirección del movimiento. A pesar de la represión (uno de los desencadenantes fue una carga policial contra niños y sus familiares que protestaban en solidaridad con los maestros en huelga) se logró imponer grandes asambleas en las pistas de atletismo de la ciudad. En la protesta participaron prácticamente todos los sectores sociales, enseñantes, bancarios, pequeñas industrias y comercios y las mujeres tuvieron un papel esencial, tanto en las empresas como en la solidaridad ciudadana.     

La huelga fue un éxito total. Los detenidos fueron puestos en libertad, los despedidos readmitidos, se consiguieron mejoras salariales y las autoridades franquistas destituyeron al alcalde… pero, a los obreros y obreras, y la población en general, que habían sido dueños de la situación no se les ofreció otra perspectiva que la reconciliación con los franquistas que defendían los dirigentes del PCE y del PSUC, y quienes defendían la ruptura y la revolución no tuvieron suficiente fuerza o argumentos para convencer. No fue un problema de falta de decisión de las clases trabajadoras.

Algunos franquistas temían más por el futuro y Fraga (entonces ministro de Gobernación y luego fundador del PP) denunció esa huelga como el intento de “ocupación de la ciudad, como la de Petrogrado en 1917 (para) que perdida la calle (la famosa calle cuya seguridad debe garantizar todo gobierno digno de este nombre) diera paso a un gobierno provisional, como en 1931”. Temían un futuro republicano y/o revolucionario (como se estaba viviendo en Portugal) mientras que los dirigentes “comunistas” y “socialistas” solo pensaban en un arreglo.

Dos semanas después fue aún más claro en los sucesos de Vitoria. La represión no impidió que la ciudad, y prácticamente toda Euskadi, estuviera determinada por las clases trabajadoras movilizadas. Porque en todo ese proceso las libertades se fueron imponiendo en la calle. En las huelgas se elegían comisiones inter-ramos (Sabadell) comisiones representativas (Vitoria) delegados de las asambleas de obra (construcción de Barcelona) como incipiente expresión organizada y alternativa. Un trabajador de Talleres Velasco de Vitoria explicaba que una de las principales características de la huelga había sido la consideración de las asambleas “no como mero órgano de información, sino como órgano de decisión y futuro órgano de democracia obrera”.

Aunque estos primeros meses de 1976 fueron decisivos, todavía se presentaron otras ocasiones de dar un giro a la situación, especialmente en torno a la huelga de Roca en Gavá (Barcelona) que duró desde el 9 de noviembre de 1976 hasta el 11 de febrero de 1977 y, sobre todo tras la matanza de Atocha en la que cinco abogados laboralistas perdieron la vida asesinados por pistoleros fascistas. Pero los lazos entre los franquistas, la monarquía y los dirigentes del PCE y PSOE ya se habían estrechado lo suficiente como para abortar un proceso de ruptura o revolucionario.

No se trata de una reflexión melancólica sobre lo que no se logró, sino una manera de recordar que la historia que escriben los vencedores podía haber transcurrido por otras vías, que no está escrita por anticipado, sino que siempre es el resultado de una lucha y que lo importante es aprender y estar preparados para nuevas ocasiones. Lleguen cuando lleguen.

Sindicalista. Es miembro del comité de redacción de Sin Permiso.
Fuente:
www.sinpermiso.info, 29 de noviembre 2025

dimanche 30 novembre 2025

Qué esconde la Fundación Franco en sus archivos y por qué interesan tanto a los historiadores

 FUENTE: https://www.publico.es/politica/memoria-publica/esconde-fundacion-franco-archivos-interesan-tanto-historiadores

Una imagen del dictador Francisco Franco en su despacho en el Palacio de El Pardo.
Una imagen del dictador Francisco Franco en su despacho en el Palacio de El Pardo.EFE

Inés García Rábade

Redactora de Vivienda y Memoria Histórica

mercredi 26 novembre 2025

A 50 años de la muerte del dictador: el franquismo después de Franco

 FUENTE: https://observatoriocrisis.com/2025/11/20/a-50-anos-de-la-muerte-del-dictador-el-franquismo-despues-de-franco/

Cincuenta años después, el pueblo español no enfrenta solo una coyuntura peligrosa, sino un edificio entero construido sobre la continuidad del franquismo: su cultura política, su arquitectura económica, sus mecanismos de impunidad, sus élites y sus alianzas internacionales.

Carmen Parejo Rendón, periodista española

Este 20 de noviembre se cumplen cincuenta años de la muerte del dictador Francisco Franco. Pero si algo demuestran estas cinco décadas es que, muerto el dictador, no terminó lo que significaba su régimen. Porque lo que movilizó al franquismo no empezó en 1939 ni acabó en 1975, sino que se inició con el golpe de Estado de 1936 —organizado por oligarquías agrarias, financieras y militares— y, con nuevas máscaras, sigue operando hoy.

La Segunda República fue una consecuencia política de una transformación social profunda. España tenía un movimiento obrero poderoso, mujeres que se incorporaban al espacio público, jornaleros que tomaban tierras —como en el trienio bolchevique andaluz— y un hartazgo popular estructurado. Por eso, el bloque golpista reunió a fascistas, tradicionalistas, sectores de la Iglesia, terratenientes y capitalistas. Su enemigo era claro: la España que estaba por venir. Y su respuesta es mundialmente conocida.

La reforma fiscal republicana, la reforma agraria, los derechos laborales, la educación laica y el reconocimiento de las autonomías, fueron demasiado para una clase social que estaba acostumbrada a hacer lo que le daba la gana y que no iba a permitir perder ni un poco de su poder. Así no solo promovieron un golpe de Estado que desembocó en una guerra, sino que después reorganizaron el país para que nada volviera a moverse. El famoso «atado y bien atado» de Franco.

El bloque golpista reunió a fascistas, tradicionalistas, sectores de la Iglesia, terratenientes y capitalistas. Su enemigo era claro: la España que estaba por venir.

El franquismo no solo aniquiló físicamente a la izquierda organizada. Impulsó un modelo de acumulación basado en el expolio, el trabajo esclavo y las concesiones a dedo. Los March, Koplowitz, Entrecanales o Villar Mir consolidaron imperios empresariales al calor de ese Estado. Luego, en 1959, vino la «modernización»: el Plan de Estabilización de Alberto Ullastres que desmanteló industrias, expulsó trabajadores hacia Europa y subordinó la economía al capital internacional. La transición no rompió ese ciclo, lo adaptó a las nuevas circunstancias. Y así estas élites, paridas por la dictadura, se proyectaron hacia el exterior, especialmente hacia una América Latina mutilada por otras dictaduras (de carácter similar), como las del Plan Cóndor, donde el capital español encontró nuevas vías para seguir ganando la guerra contra el pueblo que había comenzado en 1936.

El encargado de garantizar esa continuidad fue Juan Carlos de Borbón, el rey que Franco colocó a dedo. Y que, lejos de traicionar al régimen, lo administró con fidelidad, como él mismo reconoce —con emoción filial— en su reciente biografía, publicada precisamente por el Grupo Planeta, cuyo fundador participó en el golpe contra la República y llegó con las tropas franquistas a Barcelona. Desde su creación en 1949, Planeta ha levantado un imperio editorial que actúa prácticamente como un monopolio: ha absorbido sellos, adquirido canales televisivos y medios de comunicación y consolidado un poder cultural concentrado que es fundamental para entender la España actual.

Así, hoy, ese monarca impuesto —el «rey emérito»— es una suerte de prófugo institucionalizado: vive fuera del país, pero entra y sale como quiere, sin responder por los numerosos casos de corrupción que lo rodean. Las investigaciones sobre sus comisiones millonarias en operaciones internacionales, muchas de ellas conectadas con la red de relaciones que tejió en pleno franquismo y que consolidó una vez coronado, son la expresión más nítida de una institución construida desde la impunidad.

Juan Carlos no solo agradece a Franco el trono, sino que encarna el modelo de inmunidad y acumulación que define a las élites españolas surgidas de la dictadura. Un modelo que excede a la monarquía y que encuentra su reflejo también en el Grupo Planeta: un gigante cultural, como dijimos, nacido del golpe del 36, blindado durante el franquismo y convertido hoy en un actor casi hegemónico en la producción del sentido común para la sociedad en España. La historia de ambos —el rey y el imperio editorial que publica su biografía— muestra la misma lógica estructural: continuidad, concentración y protección.

Juan Carlos no solo agradece a Franco el trono, sino que encarna el modelo de inmunidad y acumulación que define a las élites españolas surgidas de la dictadura.

Porque si el poder económico y político del franquismo se recicló, no podemos afirmar lo mismo de su base ideológica. El franquismo sigue operando hoy en España como un relato mítico sostenido que sirve para anular las posibilidades de crítica o transformación, incluso sí estas son mínimas. 

A través del Movimiento Nacional, Falange y la Iglesia, se moldeó una cultura autoritaria y nacional-católica que nunca fue desmantelada. A las mujeres se las devolvió a la obediencia doméstica con el «manual de la buena esposa»; a los trabajadores se les delegó a la obediencia a los «proveedores», que es como el Fuero del Trabajo denominaba a los patrones. Solo así se garantizaba una «España de paz» que sirve, además, como una amenaza constante. Si tocas, aunque sea mínimamente, los intereses y arbitrariedades de estos, volverá la guerra. 

Hoy, esa pedagogía del orden revive como parodia entre ‘influencers’ que reivindican a Franco entre memes y banderas, sin saber lo que realmente fue. Pero no es solo ignorancia: es una consecuencia directa de una transición que no explicó que el franquismo fue terrorismo de Estado al servicio del capital.

Por eso no sorprende que cincuenta años después, el franquismo siga en el núcleo del Estado, tanto en la fortuna blindada del rey emérito, como en las grandes empresas que cotizan en el IBEX 35. En el poder cultural concentrado. Pero también en la judicatura que actúa como policía política, porque tampoco aprendieron —nadie les enseñó ni les recriminó— que debiesen actuar de otra manera.

La extrema derecha europea lo sabe, y por eso había elegido el 20N para movilizarse en Madrid. La expresión visible de un ecosistema reaccionario global en plena expansión, donde partidos, ‘think tanks’, ‘lobbies’ religiosos, magnates mediáticos e ‘influencers’ comparten estrategias, financiación, discursos y objetivos. Vox y la Comunidad de Madrid se han convertido en uno de los nodos principales de esa red: un laboratorio político donde se ensayan políticas liberales extremas, ofensivas culturales ultraconservadoras y una estética abiertamente fascistizante. 

Allí convergen actores de la derecha extrema de EE.UU., Italia, Argentina, Venezuela, Brasil o Polonia, todos articulados en una misma internacional reaccionaria.

50 años después de la muerte de Franco: jóvenes en España que no vivieron la dictadura se radicalizan

En paralelo, Europa avanza hacia un modelo cada vez más autoritario: leyes mordaza, vigilancia reforzada, criminalización del disenso y recortes de libertades independientemente de quién gobierne. Todo ello acompañado de un proceso de expolio social: privatización de servicios públicos, degradación de derechos laborales y transferencia sistemática de recursos colectivos a grandes empresas. 

Y como columna vertebral de esta reconfiguración, el militarismo europeo se consolida como un nuevo eje de acumulación del capital. La supuesta «ayuda a Ucrania» anunciada por Pedro Sánchez es un ejemplo: dinero público canalizado hacia el complejo militar-industrial español (Indra y otros) y hacia las corporaciones armamentísticas estadounidenses, bajo un relato «humanitario» destinado a encubrir lo esencial: las guerras se han convertido en el gran negocio del capitalismo europeo en crisis.

Cincuenta años después, el pueblo español no enfrenta solo una coyuntura peligrosa, sino un edificio entero construido sobre la continuidad del franquismo: su cultura política, su arquitectura económica, sus mecanismos de impunidad, sus élites y sus alianzas internacionales.

Franco murió. El franquismo —y lo que significa— sigue vivo

dimanche 2 novembre 2025

Gerardo Iglesias: «Estamos marchando a pasos agigantados a la frontera de lo que fue el franquismo» (2013)

Gerardo Iglesias para Jot Down 0

Aguantó los peores ataques de Santiago Carrillo y una fea campaña difamatoria de Felipe González y Alfonso Guerra. También los achaques del trabajo, cuando no le quedó más remedio que volver a la mina tras abandonar la política y sufrió un terrible accidente laboral. Tiene la salud muy delicada, pero Gerardo Iglesias (La Cerezal, 1945) aún conserva energías para investigar la represión franquista en su región y redactar sus memorias. También se ha sumado a la causa abierta en Argentina contra la represión de la dictadura aportando el caso de sus familiares. Mientras fue secretario general del PCE, sus ideas causaron el mismo rechazo de los poderes del mundo capitalista que de los Gobiernos de la URSS anteriores a Gorbachov. Esta forma de entender el mundo de su tiempo le llevó a formar Izquierda Unida, pero no pudo darle la continuidad que le hubiera gustado al espíritu original del proyecto. No quiere dar ya entrevistas, pero hace una excepción.

Es usted descendiente de una familia de comunistas.

Soy descendiente de una familia de personas; personas que en un momento dado pues, efectivamente, ingresaron en el Partido Comunista. Somos de un pequeño pueblecito, casi una aldea, que se llama La Cerezal y pertenece al Ayuntamiento de Mieres. Toda mi familia, sobre todo por parte materna, han sido militantes del partido. También mi padre. Y por ello han sufrido todos los embates de la represión franquista. Participaron en la guerra, mi padre estuvo en diversos frentes en Asturias. Y cuando acabó la guerra de trincheras, que aquí fue en el 37, fue hecho prisionero. Lo llevaron primero a un campo de trabajo en Teruel, luego estuvo en otros campos de concentración, en Guernica, también en la cárcel de Zaragoza. Toda una peripecia durante varios años. No tengo muchos recuerdos de cosas que me contara, salvo detalles del sufrimiento de los campos de concentración, de los batallones de trabajadores. Era horrible vivir bajo esas circunstancias cuando, además, la política del franquismo ya se sabe cuál era con los vencidos: el «exterminio por hambre o por fuego».

 TEXTO COMPLETO

mercredi 22 octobre 2025

Informe general sobre algunas cuestiones de interés para una proyección pública (Pere Portabella, 1976)

 Titre : Rapport général

Dans une Espagne exsangue, Informe general… recueille la parole de représentants politiques de tous horizons et envisage les étapes de la reconstruction après la mort de Franco. Les uns après les autres, ceux qui auront bientôt la responsabilité des affaires du pays répondent à la seule question qui les obsède alors : "Comment passe-t-on de la dictature à la démocratie ?" Ce film constitue la synthèse des films clandestins et ouvertement politiques de Pere Portabella en abordant tantôt sur le mode de la fiction, tantôt sur celui du documentaire les grandes questions de l’Espagne de 1976.

 Voir le film