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vendredi 1 mai 2026

La dulce guerrilla urbana en pantalones de campana del Frente de Liberación Popular (y 2)

 

La dulce guerrilla urbana en pantalones de campana del Frente de Liberación Popular
Los grises cargan contra manifestantes durante una huelga en 1968. (DP)

5. La lucha armada

Cristian Cerón y Francisco Lara, en su libro sobre el Frente de Liberación Popular (Catarata, 2022), comienzan de este modo el capítulo titulado La lucha armada: «En la vivienda clandestina madrileña de la carretera de Aragón un joven gaditano trata de convencer a sus compañeros sobre un mapa de la situación insostenible de los campesinos andaluces, lo que permitiría montar un foco guerrillero en la sierra de Cazorla (Jaén)». En las memorias de José Luis Leal no se cuenta nada sobre cómo se debatió el asunto de la lucha armada. ¿Quién fue ese «joven gaditano» que propuso poner en marcha una guerrilla? García Alcalá, en su tesis doctoral, donde incluye entrevistas con antiguos militantes del FLP, aporta mucha información sobre cómo se trató este peliagudo asunto en el Frente. En Queríamos la revolución (Flor del Viento, 1998), García Rico sí dice abiertamente que el gaditano José Pedro Pérez-Llorca puso la posibilidad de la violencia como vía para la revolución sobre la mesa. Aunque es verdad que los felipes no llevaron a cabo ninguna acción violenta, es comprensible que algunos de los autores consultados se autocensuraran a la hora de afirmar que alguien tan relevante como José Pedro Pérez-Llorca, padre de la constitución, ministro y fundador de uno de los despachos de abogados más influyentes de España, había tenido de joven la idea de usar la lucha armada para acabar con la dictadura.

Estamos en 1960, Fidel Castro y unos guerrilleros barbudos han conseguido acabar con la dictadura de Batista en Cuba desde su base de sierra Maestra. La repercusión de la revolución cubana llegó a los oídos de los felipes, que acababa de fundar un grupo insurgente. Algunos militantes de exterior tuvieron una entrevista con el comandante Gutiérrez Menoyo, uno de los lugartenientes de Castro en Cuba. Este los animó a iniciar un proceso parecido al que ellos habían emprendido con éxito en la isla caribeña. Durante un tiempo hubo contactos y Menoyo prometió ayuda material a los jóvenes españoles. Parece ser que el mismo Che Guevara terminó abortando el apoyo de la revolución cubana al FLP. 

Más tarde, con la intermediación del gobierno de la República Española en el exilio, entraron en contacto con autoridades yugoslavas. Se mandó a varios efectivos a Belgrado para recibir «formación teórica y práctica». Esta última, la «formación práctica», según pensaban los activistas españoles, sería mayormente entrenamiento guerrillero. 

José Manuel Arija, en entrevista con García Alcalá, afirma: «Pero luego no hubo nada. La formación teórica nos la dimos nosotros solos (…) Y de la formación guerrillera que pensábamos recibir, no hubo nada, nada en absoluto». De aquella experiencia balcánica venía José Luis Leal cuando acudió a la boda de Juan Carlos de Borbón en Atenas. 

Finalmente, el único apoyo recibido por los yugoslavos fue el pago de un viaje a Túnez para contactar con el Frente de Liberación Nacional (FLN) argelino que realizó Nicolás Sartorius. Así lo cuenta el luego líder del PCE: «Yo hice un viaje a Túnez ayudado por los yugoslavos, para tomar contacto con el FLN argelino. Les presentamos un informe en la idea de una posible guerra de guerrillas en España, pero luego eso no tuvo continuidad. No se llegó a nada». Parece que los argelinos no dieron respuesta; se entiende que no tomaron muy en serio la propuesta de Sartorius. 

No todos los felipes estaban de acuerdo con la idea de la lucha armada, algunos lo veían como una idea «infantil». Fernando Martínez Pereda lo contó así: «Nos pareció un disparate absurdo. ¿A dónde íbamos a ir? ¿A la sierra de Cazorla para que nos coja la guardia civil?, O hacemos como luego le ocurrió al FRAP, ocultándonos como las ratas para luego matar a un pobre guardia. ¿Qué vamos a hacer? ¡Ir con la merienda a Cercedilla en el tren! Aquí no hay una estructura con un 80 % del campesinado como en Argelia». Joaquín Aracil lo tenía claro: «Yo, ¿cómo voy a ponerme a disparar? Tengo que sentir odio hacia la guardia civil. Yo en este momento siento odio, pero no lo suficiente como para ponerme a disparar y matar».

Pero los más lanzados siguieron adelante. Valeriano Ortiz, alias «Nikita», pidió permiso para comprar un lote de armas en el mercado negro. Antonio López Campillo recuerda que: «Se compraron unas pistolas que eran lamentables, muy viejas. Se compró también una metralleta Stein que seguramente nos hubiera matado. Los tiros al saltar nos matan, las balas no llegan a ningún lado». Luego se adquirieron armas de mejor calidad, «un Winchester que era carísimo» y, gracias a los conocimientos químicos de uno de ellos, se fabricaron explosivos. 

En el fondo no había una determinación seria para pasar de la teoría a la práctica. Así recuerda a sus compañeros Rodolfo Guerra: «Todos los que yo me topé eran unos aficionados, no estaban preparados para realizar los objetivos del FLP. Y si lo hacían iban a ir todos a la cárcel o frente pelotón de ejecución. Y otros hablaban mucho pero cuando recibían el camión con armas o se les decía: «atraca un banco», como en realidad eran unos hijos de papá, se acojonaban como el que más». Entre algunos miembros de la organización corrió el rumor de que Fidel Castro, a través de los yugoslavos, les había regalado un camión lleno de armas. Dicho vehículo y su cargamento nunca aparecieron. Finalmente se decidió «abandonar» la lucha armada. Se abandonó una vía que nunca se había iniciado.

6. Más redadas 

En 1962 hubo otra gran redada que diezmó de nuevo el FLP. Esta vez, la organización había actuado como propagador de la información sobre las huelgas en Asturias. Para entonces ya se habían creado las dos franquicias del frente: en Euskadi con el nombre de Euskadiko Sozialisten Batasuna (ESBA); y en Cataluña llamada Frente Obrero de Cataluña (FOC). Entre los detenidos estaba el sacerdote José Bailo Ramonde (A Coruña, 1929). Este cura con fama de «abierto y lanzado», después de terminar sus estudios en el seminario de Comillas, hizo oposiciones al Cuerpo Castrense (sacerdote del Ejército) y sacó el número dos. Valencia fue su primer destino y allí entró en contacto con estudiantes de la ASU (Asociación Socialista Universitaria) que estaban en la cárcel. Cuando esta organización se integró en el FLP, el sacerdote también lo hizo. Influyó en su decisión que los dirigentes del Frente fueran amigos del padre Jesús Aguirre, luego duque consorte de Alba. 

El cura Bailo sabía que podía ser torturado. Cuando entraron en su celda para interrogarlo, decidió ponerse solemne. Se puso en pie y delante de los policías levantó la mano derecha como si fuera a iniciar una bendición. Ante la sorpresa de los agentes —que sabían que era sacerdote— dijo con el mismo tono que usaba para predicar desde el púlpito: «El que pusiere la mano sobre un ministro del Señor será excomulgado». Los policías se quedaron paralizados. Se miraron los unos a los otros y, por si acaso, ninguno de ellos tocó un pelo de aquel representante de Dios en la tierra. Bailo cuenta que al poco de entrar en el FLP recibió una invitación para reunirse en París con Santiago Carrillo y Jorge Semprún. Querían ficharlo para el PCE. Acudió a la cita, pero se mantuvo fiel a los felipes, sus nuevos compañeros.

En 1969, después de haber pasado cuatro años en la cárcel, Bailo, que ya no era sacerdote, fue arrestado de nuevo junto con Enrique Ruano y su novia Dolores González. Se les acusaba de arrojar a la vía urbana propaganda de Comisiones Obreras. Se les detuvo en un bar hasta el que los siguió el policía que los había visto lanzando las octavillas. En el bar se pudo comprobar que estaban en posesión de «documentos relacionados con actividades clandestinas de carácter comunista». A Ruano le encontraron las llaves de un piso que no era su domicilio. Argumentó que era el lugar que utilizaba para ocultarse. La policía lo llevó al inmueble y procedió a registrarlo. Según la versión oficial, Ruano, tras una breve carrera, se arrojó al vacío por un patio interior desde la séptima planta que ocupaba el piso. Para apoyar la versión del suicidio, la policía aportó como prueba parte del diario íntimo del fallecido. El documento en realidad era una carta dirigida al psiquiatra Castilla del Pino en la que le contaba sus problemas sentimentales y sus esporádicos pensamientos de quitarse la vida. El diario ABC, alineado con las fuerzas represivas del régimen, publicó aquellos textos manuscritos por Ruano.

Entre las detenciones de 1962 y la muerte de Enrique Ruano, los felipes continuaron con su actividad política. Se celebró un congreso en la localidad de Pau (Francia): primer congreso y último; sufrieron escisiones como la creación de Acción Comunista (AC) por los más radicales; publicaron revistas y periódicos como Voz Obrera, Crítica y Vanguardia Roja y se reunieron con Marcelino Camacho, histórico líder del sindicato Comisiones Obreras (CCOO), organización que en noviembre de 1967 había sido declarada «ilegal y subversiva» por el Tribunal Supremo. Tras el contacto con Camacho, los felipes ayudaron a la implantación de CCOO en varias fábricas. Entre las peripecias más rocambolescas de los militantes del FLP están las escapadas del país a través de la embajada de Colombia (protagonizada por Juan Tomás de Salas) y con la ayuda de la embajada de Uruguay en el caso de Ignacio Fernández de Castro. En ambos casos la ayuda del sacerdote Jesús Aguirre y de sus buenos contactos fue crucial. El relato del refugio y fuga de Tomás de Salas es más divertido que el de Fernández de Castro. 

Durante aquella segunda mitad de la vida del FLP, Julio Cerón, aunque desterrado al pueblo de Alhama de Murcia, seguía siendo muy importante para la organización. Según cuenta Carlos Semprún Maura en sus memorias (y recoge Eduardo G. Rico en Queríamos la revolución (Flor del Viento, 1998), Cerón no paraba de escribir cartas a los militantes. Con ellas intentaba matar el aburrimiento y aprovechaba para impartir doctrina política. Una de las misivas dirigidas a la Federación Exterior del FLP cayó en manos de Carlos Semprún, que se encontraba en París. En la carta Cerón pedía que lo liberasen y lo ayudaran a escapar ilegalmente al extranjero. Semprún mandó a dos estudiantes belgas a Murcia para confirmar la intención de su líder. De vuelta en la capital francesa, los chicos confirmaron el deseo de fuga del diplomático. Semprún encargo la peligrosa acción a Henri Curiel y a su grupo de mercenarios. Curiel, nacido en Egipto y líder del partido comunista egipcio hasta su expulsión, había colaborado con el FLN argelino y con otros movimientos de liberación de países tercermundistas. El plan consistía en que el día X a la hora Y, Cerón saldría a dar un paseo. Se toparía con una furgoneta dirigida por un «camarada» chófer y con un sacerdote de copiloto. Llevarían un pasaporte falso y los utensilios para afeitar la siempre abundante barba de Cerón. En el interior del vehículo también encontraría una sotana o un clergyman para disfrazarse de cura. De Murcia a Valencia y de allí a Roma, donde Julio Cerón daría una conferencia de prensa que sería un golpe de efecto publicitario que haría que todo el mundo conociera la lucha por la libertad del FLP. Cerón había participado en el diseño del plan; de ahí el disfraz de sacerdote. Según Semprún, era necesaria una foto sin barba de Cerón y para ello se utilizó al escritor Mario Vargas Llosa, compañero en la radio oficial francesa, que pensaba pasar las vacaciones de verano en la costa mediterránea, para que visitara a Cerón. De vuelta en París el escritor peruano dijo a Semprún que todo se cancelaba porque Cerón había recibido la visita de la policía y que estos conocían los planes de fuga, el itinerario e incluso el disfraz. La conclusión de Semprún en sus memorias es que Cerón se había inventado esa visita de la policía española debido a que veía que, gracias a sus muchos y buenos contactos, en breve se solucionaría su situación y le daba pereza lo rocambolesco del plan. En 1996, en un artículo de El País, Mario Vargas Llosa contó una versión ligeramente diferente de la peripecia:

Recorrí la península en una Dauphine con placa francesa, que echaba humo como una chimenea y cuya sed abrasadora había que aplacar con baldazos de agua cada diez kilómetros. Cuando llegué a Alhama a don Julio Cerón el plan de fuga le pareció sin pies ni cabeza y me despachó de vuelta a Barcelona, después de convidarme a un pollo frito y una conversación sobre las novelas de Juan y Luis Goytisolo. En Calafell, me esperaba otro ‘felipe’ con instrucciones de la dirección —algo tardías— de cancelar el viaje a Alhama.

A comienzos de los años 70, Julio Cerón fue rehabilitado como diplomático y destinado a la embajada de España en París donde trabajó para la UNESCO. El obituario que Miguel Ángel Aguilar le dedicó en El País en 2014 dice, con mucha ironía, que le ofrecieron ir a la Santa Sede y que se negó argumentando que si, como tarea diplomática, debía influir para conseguir el nombramiento de un papa español, debían nombrarlo a él y solo a él. Falleció en 2014 en el castillo de Caussade (Perigueux, Francia).

6. La nueva izquierda. Mayo del 68

En el prólogo a Queríamos la revolución (Flor del Viento, 1998), libro de Eduardo G. Rico sobre el «FELIPE», Joaquín Leguina (que fue miembro del FLP) escribe sobre las intenciones y objetivos del FLP: «¿Sabíamos lo que queríamos? Quizá no, al menos, no lo sabíamos con precisión, pero sí sabíamos lo que no queríamos». Las protestas de mayo del 68 en París se podrían explicar de la misma manera. Los estudiantes que se manifestaron en mayo del 68 pertenecían a familias burguesas o de clase media-alta. Los fundadores del FLP tenían la misma extracción social. Los objetivos e intereses de los estudiantes franceses, en el fondo, eran diferentes de aquellos por los que apostaban los proletarios del Partido Comunista de Francia y de la Confederación General del Trabajo, el sindicato mayoritario francés. Lo mismo ocurrió en España con el FLP y otros grupos similares. No les gustaba lo que había —y por eso protestaban—, pero no tenían claro lo que querían.

«Sed realistas, exigid lo imposible»; «Prohibido prohibir»; «Bajo los adoquines está la playa»; «Somos demasiado jóvenes para esperar». Estos eslóganes es lo que queda de las revueltas de París. Mayo de 68 se caracterizó por el culto a la estética de la revolución; lo mismo se puede decir del FLP. José Pedro Pérez-Llorca recuerda a Julio Cerón de este modo:

Por encima de aquel juvenil anhelo pervive en mí el recuerdo de un Julio que me escandalizaba diciendo que «La política es ante todo un imperativo del buen gusto, el país no nos gusta ni nos puede gustar, por eso queremos cambiarlo. Estamos atrapados, además de por la Dictadura, por la mediocridad del ambiente».

Julio Cerón describía así a a los primeros felipes: 

Grupúsculo extremista y sabiamente rabioso, al que acudían seres llenos de entrega y ardor.1

Las revueltas del mayo del 68 terminaron con la famosa frase de De Gaulle: «La reforme oui; la chienlit, non!» (la reforma sí, el desorden no). Si analizamos aquellos hechos con la distancia que ofrecen los cincuenta y cinco años transcurridos, los resultados fueron bastante pobres; poco o nada cambió. Sobre lo ocurrido en Francia en 1968 los críticos más benevolentes, admitiendo que no se consiguieron los objetivos, argumentan que al menos se pusieron encima de la mesa los temas que serían clave en el final del siglo XX: el pacifismo, la ecología y el feminismo. Los críticos más severos opinan diferente: Gilles Lipovetsky calificó el movimiento de «laxo y relejado». El historiador Eric Hobsbawm calificó el marxismo de los estudiantes franceses de «peculiar, con una orientación universitaria, combinado con otras modas académicas del momento y, a veces, con otras ideologías, nacionalistas o religiosas, puesto que nacía de las aulas y no de la experiencia vital de los trabajadores». 

El intelectual Michel Clouscard fue más allá. Describió las revueltas como «un enorme happening», como «toma de la Bastilla fantoche», como algo más parecido a un «psicodrama» que a una experiencia revolucionaria. En sus libros El capitalismo de la seducción y Neofascismo e ideología del deseo sitúa en mayo del 68 el comienzo del proceso según el cual la izquierda abandonó la idea de trasformar la sociedad y de la lucha de clases para tomar la bandera de las luchas individuales e identitarias. Clouscard llega incluso a acusar a estos movimientos de «nueva izquierda» de hacer el juego al capital y a los poderes fácticos: 

Mayo de 1968 anunció además el reparto del pastel entre los tres poderes constitutivos del consenso actual: liberal, socialdemócrata, libertario. Al primero se le devolvió la gestión económica, al segundo la gestión administrativa, al tercero la de las costumbres transformadas en necesidad del mercado del deseo. Tenemos así la nueva Francia.

En 1968, José Luis Leal aún no había cumplido los veintiocho años y era profesor de la universidad parisina de la Sorbona. Entre sus alumnos estuvo Daniel Conh Bendit, líder estudiantil de las revueltas. En sus memorias recuerda con emoción y nostalgia aquel movimiento estudiantil. 

7. Disolución del FLP

A comienzos de 1969, un grupo de disidentes del FLP redactó un documento proponiendo la creación de un nuevo partido que acabaría llamándose Partido Comunista Revolucionario (PCR). La nueva formación tenía como principal objetivo representar la «vanguardia del proletariado». Aquel nuevo grupo, del que el cura Bailo era uno de los principales artífices, significó el final del FLP. Muchos militantes, como Nicolás Sartorius, se marcharon al PCE y otros, como explica Pablo Lizcano en su libro La generación del 56, se pusieron a hacer oposiciones a la administración obligados por sus padres. Se terminaba la vida universitaria y empezaba la realidad.

José Pedro Pérez-Llorca lo explica con claridad: 

Terminado el curso, mi muy inteligente madre, que se percató de mis andanzas, me empaquetó sin apelación para Friburgo de Brisgovia, en cuya acogedora universidad, y haciendo diversos trabajos, pasé una buena temporada. 

Siguiendo el consejo de Julio Cerón, el estudiante gaditano aprovechó para aprender alemán leyendo a Hegel y Marx. Perez Llorca terminó sus estudios de Economía con sobresaliente y el Premio Extraordinario de Licenciatura. Al terminar la carrera, también cerró su época de radicalismo político. Pero recuerda esa época con cariño: «Fue positivo, porque aprendí mucho análisis y práctica política. También me quedó una cierta erudición del pensamiento socialista, y el impulso de generosidad y de ilusión para entrar en la política activa».2

Leal cuenta que después de acabado el FLP se encontró con Nicolás Sartorius en París y le reprochó que hubiera mantenido una doble militancia, en el PCE y en el FLP. Sartorius se justificó diciendo que «éramos unos inconscientes y había que conseguir que nuestras locuras no dañaran la causa del proletariado».3

El 17 de septiembre 1984 se celebró un acto en la Fundación Miró de Barcelona para conmemorar el veinticinco aniversario del final del FLP. Se reunieron algo más de un centenar de antiguos militantes. Los entonces ministros del PSOE (Narcís Serra, José María Maravall, Carlos Romero y Julián Campo) excusaron su asistencia. Terminado el acto, los más valientes o nostálgicos siguieron la juerga en la sala de fiestas La Paloma. Durante la reunión se pronunciaron discursos emotivos como el del escritor Vázquez Montalbán: «Difícil hacer un diagnóstico, pero si nos hubieran dejado, habríamos hecho una revolución encantadora». Manuel Gari, dirigente del FLP, se preguntó: «¿Cabe hablar de olvido de unas siglas o simplemente de un grato recuerdo juvenil? En realidad, el FLP planteó verdaderos problemas políticos que no supo resolver. Algunos exfelipes, la mayoría, no creen ya en esos problemas. Otros seguimos buscando nuevas soluciones». Solo Pascual Maragall, que nunca se ha mordido la lengua aportó el epitafio que hacía justicia al cadáver:

La historia del FELIPE es más una parte de nuestra historia privada que de la historia social y política del país. El PSUC y el PCE hicieron gran parte del trabajo sucio que se requiere para estar realmente en los libros de historia y salir del puro álbum de fotos amarillento. Que es donde estamos nosotros.

Epílogo

Del FLP salieron ocho ministros de la democracia; treinta altos cargos de la Administración, entre ellos dos presidentes de Comunidad Autónoma; treinta y cinco catedráticos y profesores; quince escritores y periodistas y doce curas. Muchos artículos que glosan este movimiento político destacan como su principal logro haber servido de incubadora para luego nutrir de cargos políticos y de intelectuales a la naciente democracia española. Pero quedan algunas cuestiones pendientes: si no hubieran pertenecido a este grupo tan ilustres miembros ¿nos acordaríamos hoy del FLP? Si no hubieran matado a Enrique Ruano ¿tendría el relato de las acciones de este grupo el toque épico que se le suele dar? ¿Hasta qué punto han exagerado los medios de comunicación y algunos libros de memorias los logros del FLP?

Estas preguntas quedarán sin respuesta en este artículo por respeto a esos ancianos que continúan contando a sus nietos que hace sesenta años fueron valerosos guerreros antifranquistas y que gracias a ellos España es hoy un país democrático.


Notas

(1) José Pedro Pérez-Llorca, Una biografía Política. Gema Pérez Herrera; (BOE, 2020)

(2) José Pedro Pérez-Llorca, Una biografía Política. Gema Pérez Herrera; (BOE, 2020)

(3) José Pedro Pérez-Llorca, Una biografía Política. Gema Pérez Herrera; (BOE, 2020)

Más bibliografía

La transición en España. España en transición. Alfonso Pinilla García (Alianza editorial, 2021).

La oposición democrática al franquismo. Xavier Tusell (Planeta, 1977).

El cura y los mandarines. Gregorio Morán. (AKAL, 2014).

Crónica del antifranquismo, Fernando Jáuregui y Pedro Vega. (Planeta, 2007).

La transición, historia y relatos. Carme Molinero y Pere Ysás. (Siglo XXI, 2018).

dimanche 19 avril 2026

La Gladio española, la OTAN encubierta



 Atentado de Bolonia del sábado 2 de agosto de 1980

La Operación Gladio demuestra claramente el vínculo inquebrantable que existe entre el poder burgués y las instituciones burguesas, que la clase dominante está dispuesta a proteger mediante los crímenes más atroces. 

Actualmente, algunos sectores de la sociedad española están planteando la salida de España de la OTAN, pero hay una escasa información de lo que realmente significa esta organización militar.

Para facilitar y tener una información lo más ajustada posible, será necesario tener un conocimiento real de la OTAN y así poder decidir con más argumentos.

Ya en el año 2010, escribí un artículo sobre la Gladio, que es una organización secreta bajo el paraguas de la OTAN, que sorprendió muchísimo, pues la inmensa mayoría de los españoles no sabía nada de este tipo de organizaciones secretas.

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial se decide crear dentro de la OTAN unos grupos secretos y de operaciones especiales, cuya función es la de actuar como guerrilla, en caso de una invasión comunista.

Pero se acaba transformando en un ejército secreto cuya finalidad es conseguir que en “la Europa democrática” nunca puedan acceder al poder los partidos comunistas, ni nadie ponga en cuestión el sistema.

Jugó un papel muy importante en la historia de algunos países como fue en Italia, pero también en Francia, Bélgica, Holanda, Noruega, Dinamarca, Suecia, Finlandia, Turquía, Portugal, Austria, Suiza, Grecia, Luxemburgo y Alemania.

En el año 1973, los comandantes de la Gladio se reunieron en Bruselas, en una sesión extraordinaria, para discutir la admisión de la España de Franco en la Gladio.

España había permitido durante muchos años a los Estados Unidos el derecho de estacionar misiles nucleares, así como el atraque de buques y submarinos norteamericanos en sus puertos, pero no estaba obteniendo nada a cambio de la OTAN.

El servicio secreto español estaba interesado en tener una red oculta para combatir a los comunistas y socialistas antifascistas españoles, para así poder seguir en el poder.

España a pesar de no pertenecer a la OTAN, tuvo una presencia muy importante en la Gladio y contó con el apoyo del régimen franquista. La dictadura de Franco sirvió de refugio durante la Guerra Fría a muchos terroristas de extrema derecha que habían participado en la guerra anticomunista en Europa.

Mario Pozza, miembro de la extrema derecha italiana, revela ante el juez, en el año 1984, que toda una colonia de fascistas italianos funcionaba con total impunidad en España.

En el año 1970, la España franquista recibe a los terroristas de la extrema derecha italiana que habían participado junto al ultraderechista Valerio Borghese en la ocupación del Ministerio del Interior italiano en un intento de golpe de Estado. No sólo se les recibió, sino que se les contrató como miembros de la policía secreta franquista.

En el año 1976, se producen los asesinatos de carlistas en Montejurra (Navarra), Delle Chiesa junto a otros extremistas italianos pertenecientes a la Gladio provocan los incidentes de Montejurra y su finalidad era que la Policía española no pudiese ser acusada por una intervención violentamente represiva e injustificada.

El 24 de enero de 1977, se produce en Madrid el asesinato de los cinco abogados laboralistas de la calle Atocha. Participaron miembros de la Gladio, como el terrorista Carlo Cicuttini, como aparece en un informe del Comité Ejecutivo para los Servicios de Información y Seguridad, organismo dependiente de la Presidencia del Consejo de Ministros de Italia.

Varios sucesos previos a la adhesión de España a la OTAN en el año 1982 tras el cambio de postura el PSOE de Felipe González, también se han vinculado a Gladio.

En mayo del año 1976, medio año después de la muerte de Franco, dos militantes carlistas fueron abatidos por terroristas de extrema derecha, entre ellos el agente de Gladio, Stefano Delle Chiaie y miembros de la Triple A [1], lo que demuestra la conexión entre Gladio y la llamada Guerra Sucia sudamericana de la Operación Cóndor [2].

Este incidente se conoció como los sucesos de Montejurra. Según un informe del CESI italiano, participa el terroristas neofascistas de Ordine Nuovo [3], Carlo Cicuttino, el cual participó en el año 1972 en la masacre de Peteano junto a Vincenzo Vinciguerra.

Participó también en la Matanza de la calle Atocha de Madrid en el año 1977, donde murieron cinco personas incluidas varios abogados, que eran miembros de Comisiones Obreras. Cicuttini obtuvo la nacionalidad y se encontraba exiliado en España desde el año 1972.

Fue el primer ministro italiano Andreotti quien descubrió en el año 1990 la existencia de la Gladio. Adolfo Suárez, el primer presidente de España elegido en democracia, tras la muerte de Franco, negó haber oído hablar jamás de Gladio.

Calvo Sotelo, presidente del gobierno español entre los años 1981 y 1982 durante la transición española, declaró que “España no había sido informada de la Gladio cuando entró en la OTAN”.

El primer ministro sueco Olaf Palme
El primer ministro sueco Olaf Palme

Cuando se le preguntó por las relaciones de Gladio con la España franquista, afirmó que dicha red no era necesaria bajo el régimen franquista, ya que “el propio régimen era Gladio”.

Según el general, Fausto Fortunato, jefe del SISMI [4] italiano entre los años 1971 y 1974, Francia y Estados Unidos habían apoyado la entrada de España en Gladio, pero Italia se habría opuesto.

Sin embargo, tras las revelaciones de Andreotti, Narcís Serra, ministro de Defensa español, abrió una investigación sobre los vínculos de España con Gladio.

El periódico Canarias 7 reveló, citando al exagente de Gladio, Alberto Volo, quien participó en las revelaciones de la existencia de la red en el año 1990, que se había organizado una reunión de Gladio en agosto del año 1991 en la isla de Gran Canaria.

Alberto Volo también declaró que, como agente de Gladio, había recibido entrenamientos en Maspalomas, Gran Canaria, en las décadas de los años 1960 y 1970.

El País también reveló que la organización Gladio era sospechosa de haber utilizado las antiguas instalaciones de la NASA en Maspalomas de Gran Canaria, en la década de los años 1970.

André Moven, exagente del GISS belga, también declaró que Gladio había operado en España. Asegurando que Gladio tenía bases secretas en Madrid, Barcelona, San Sebastián y Canarias.

El responsable de Gladio en Canarias fue el exagente Gabriel Arenas Romasanta, controlaba toda la zona de Canarias entre los años 1981 hasta 1989.

La Operación Gladio demuestra claramente el vínculo inquebrantable que existe entre el poder burgués y las instituciones burguesas, que la clase dominante está dispuesta a proteger mediante los crímenes más atroces.

En el año 1968, fecha de la llamada primavera de París, se produce el inicio del terrorismo de izquierdas en toda Europa, incluida España (ETA, FRAP, GRAPO). El ex agente de la CIA, Philip Agee, acusó a la CIA de haber creado a los GRAPO, así se entenderían algunas de sus extrañas actuaciones. 

El famoso agente secreto español González Mata ha hablado de su infiltración en ETA siendo agente de la Gladio y su implicación en el asesinato de Carrero Blanco, así como las extrañas desapariciones de militantes de ETA.

Todos estos hechos forman parte de lo que ellos denominan “la estrategia de la tensión” que se vivía por todo Occidente, y como vemos mucho más ahora, para justificar políticas agresivas que sólo defienden los intereses económicos de las multinacionales.

En el Gobierno de Felipe González, el ministro de Defensa Narcís Serra, se vio obligado a crear una investigación sobre la Gladio española. Se le encargó al Cesid dirigido por el general Manglano, que además era el delegado español en la OTAN para cuestiones de Seguridad.

El Cesid era precisamente el principal sospechoso, así que encargarle la investigación era como poner al zorro a investigar quién se comió las gallinas.

El general Manglano se negó rotundamente a declarar en el Parlamento y por supuesto el resultado de su investigación fue que nunca España había participado en la red Gladio.

La Gladio es una obscenidad y para los que creemos en la democracia como sistema es su mayor atentado, y cabe preguntarnos ¿en mano de qué políticos estamos?

Los nuevos grupos fascistas españoles han sufrido el mismo proceso de evolución pues se han ido modernizando, adaptando a las nuevas circunstancias y cuentan con el apoyo del aparato estatal como antaño lo tenían los pistoleros de Fuerza Nueva o los Guerrilleros de Cristo Rey.

Si echamos un vistazo atrás, podemos acordarnos de los fascistas de la Operación Panzer detenidos en el año 2005, a los que se les llegó a requisar un lanzagranadas además de armamento ligero salido de cuarteles del Ejército. Todos los detenidos acabaron absueltos. Las armas fueron destruidas “por error” y se les indemnizó por su destrucción.

Otro caso, esta vez menos sonado, fue la detención- en 2015 del coronel de la Guardia Civil Rodolfo Sanz Sánchez y del subteniente retirado Francisco Carreras.

Ambos sacaban armamento de los cuarteles de la Guardia Civil y del Ejército para venderlo a miembros Falange, Alianza Nacional y otros grupos fascistas.

Diez años después de su detención sigue sin haberse dictado juicio contra ambos. Éstos son sólo casos que saltan a la prensa.

Recientemente ha aparecido en escena un nuevo grupúsculo fascista de nombre Núcleo Nacional. Hay muchos grupos de este tipo en España, la novedad no es ésa.

La novedad es la forma que adquiere este grupo. La estética de sus militantes recuerda al Batallón Azov ucraniano, el símbolo que usan es similar al tridente ucraniano, entrenamientos de tipo militar, infraestructura y puesta en escena similar, etc.

Según el propio Cuerpo Nacional de Policía “son lo más parecido a un grupo paramilitar”. Eso sí, paramilitares consentidos por el Estado. ¿Consentido por qué?

Porque como en el caso de los GAL, no se trata de grupos terroristas pues su función no es derribar el orden social existente sino reforzarlo.

Otro de los aspectos que han llamado la atención es su presencia en redes sociales como Instagram o Twitter, donde cuentan con un gran seguimiento. Es decir, los “algoritmos con los que trabajan estas redes” favorecen la difusión de los mensajes de estos grupos fascistas.

Durante las riadas que se produjeron en octubre del año 2024 en Valencia salió a la luz otro grupo similar llamado Revuelta bajo la egida de VOX. Elon Musk envió a este grupo varios equipos de Starlink para restablecer el servicio de internet en las zonas donde se había perdido este servicio. ¿Por qué Musk decide enviar equipos de internet a este grupo y no a los servicios de Emergencias?

¿Van entendiendo el papel que juega la OTAN no solo en la defensa del poder establecido sino también de control interno, haciendo desaparecer a aquellos que molestan?

[1] La Triple A, también conocida como Alianza Apostólica Anticomunista, fue una organización terrorista de extrema derecha, que actuó en el País Vasco y en el País Vasco francés entre los años 1977 y 1982, durante la transición española. Un informe de la Oficina de Víctimas del Terrorismo del Gobierno vasco del año 2010 le atribuye 8 asesinatos de las 66 víctimas mortales del terrorismo parapolicial y de extrema derecha desarrollado entre los años 1975 y 1990.
[2] El Plan Cóndor, también conocido como Operación Cóndor, fue una campaña de represión política y terrorismo de Estado llevada a cabo a partir del año 1975 por varias dictaduras latinoamericanas con el respaldo del gobierno de Estados Unidos, que incluía operaciones de inteligencia y el asesinato de opositores en el continente.
[3] Orden Nuevo fue un movimiento social de extrema derecha materializado en el Centro de Estudios Orden Nuevo y el Movimiento Político Orden Nuevo. Ambas organizaciones extremistas con actividad en Italia, fundadas por exmiembros del Movimiento Social Italiano. Fue uno de los movimientos más relevantes de la posguerra de la Segunda Guerra Mundial en la historia italiana reciente. Ambas plataformas se disolvieron e ilegalizaron en el año 1973 por el Gobierno italiano, acusadas de tratar de reconstituir el Partido Nacional Fascista de Mussolini.
[4] Servizio per le Informazioni e la Sicurezza Militare (abreviado SISMI, Servicio de Seguridad e Inteligencia Militar) fue la agencia de inteligencia militar entre los años 1977 a 2007. Con la reforma de los servicios de inteligencia italianos aprobada el uno de agosto del año 2007, el SISMI fue reemplazado por la Agenzia Informazioni e Sicurezza Esterna.

RADIOGRAFÍA DEL PODER REAL DE LAS ÉLITES EN LA ESPAÑA POSTFRANQUISTA

 FUENTE https://canarias-semanal.org/art/35837/el-libro-que-dinamita-el-mito-de-la-transicion-radiografia-del-poder-real-en-la-espana-postfranquista

Un libro que que reconstruye cómo empresarios, altos funcionarios y redes de influencia lograron adaptarse al nuevo régimen sin abandonar el centro del poder económico

Durante décadas nos han contado que la democracia española sustituyó al viejo poder franquista por nuevas élites modernas y europeizadas. Pero ¿y si el cambio político no hubiera alterado tanto como parece a quienes mandaban realmente? El último libro de Andrés Villena plantea una tesis que quiebra ese argumentario: las élites que dominaron España durante el franquismo no desaparecieron con la Transición, sino que aprendieron a adaptarse, modernizarse y conservar y potenciar su influencia bajo nuevas formas.
 
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     Hay libros que analizan la política española observando parlamentos, partidos y elecciones. Y hay otros que intentan responder a una pregunta mucho más inquietante: quién sigue mandando cuando cambian los gobiernos, se suceden las legislaturas y el país parece transformarse sin alterar  su estructura profunda.

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    "Las élites que dominan España. Una historia alternativa desde 1939", de Andrés Villena Oliver, pertenece a esta segunda categoría. Politólogo y sociólogo especializado en el estudio de las élites, Villena lleva años investigando la relación entre la alta administración, el poder económico y las redes dirigentes del Estado.

     En esta obra propone una lectura del último siglo español que cuestiona uno de los relatos más asentados de nuestra historia reciente: la idea de que la democracia sustituyó a las élites del franquismo por otras completamente nuevas, homologables a las de cualquier democracia occidental.

   Su tesis, apoyada en abundantes datos, nombres y conexiones institucionales, resulta mucho más incómoda: la España democrática no habría destruido las viejas estructuras de poder, sino que habría permitido su adaptación y modernización.

   LA GUERRA CIVIL Y LA RECONFIGURACIÓN DEL PODER EN ESPAÑA

      El punto de partida del libro es una idea sencilla, pero de gran alcance: la historia política de un país no puede explicarse solo por sus cambios de régimen. Que cambie la forma del Estado no significa necesariamente que cambien, en la misma medida, quienes ocupan las posiciones decisivas dentro de él. Para Villena, esa es precisamente la clave de la España contemporánea. El país ha atravesado transformaciones institucionales profundas —dictadura, transición democrática, integración europea, alternancia políticasin que ello haya supuesto una renovación equivalente de sus núcleos estructurales de poder.

    Por eso el autor sitúa el origen de esa continuidad en 1939. La victoria franquista no fue solo el final militar de una guerra civil. Fue también el momento en que se reorganizó de raíz quién mandaba en España. La derrota republicana supuso la eliminación, expulsión o marginación de amplios sectores de las élites políticas, administrativas e intelectuales ligadas al reformismo republicano, al movimiento obrero y a la izquierda, mientras el nuevo régimen consolidaba un bloque dominante integrado por militares, grandes propietarios, alta burocracia, jerarquía eclesiástica y empresarios afines al franquismo. El franquismo, en esta interpretación, no se limitó a gobernar: reconstruyó las bases sociales del poder en España (pp. 34-49).

  FRANQUISMO, CAPITALISMO PROTEGIDO Y CONSOLIDACIÓN DE LAS GRANDES FORTUNAS

   Uno de los argumentos más sólidos del libro es que el franquismo no solo protegió a las élites tradicionales, sino que ayudó a fabricar buena parte de la gran burguesía moderna española. En una economía fuertemente intervenida, donde el Estado controlaba licencias, concesiones, contratos, importaciones, exportaciones y acceso privilegiado a sectores estratégicos, la cercanía al poder político se convirtió en un factor decisivo para acumular riqueza.

   
Muchas de las grandes fortunas y grupos empresariales que dominarían después sectores clave de la economía española no surgieron de un mercado libre en sentido estricto, sino de un capitalismo profundamente condicionado por el Estado y por la relación con el régimen (pp. 78-95).

    Ese proceso no solo generó riqueza para determinados grupos. También consolidó una forma muy particular de capitalismo: una economía donde el éxito empresarial dependía, en buena medida, de la relación con el poder político. Durante décadas, el franquismo protegió a empresas nacionales frente a la competencia exterior, repartió concesiones en sectores estratégicos, adjudicó contratos públicos de enorme valor y levantó barreras regulatorias que favorecían a quienes ya formaban parte del sistema.

   La consecuencia fue la consolidación de un capitalismo poco competitivo en términos clásicos y extraordinariamente dependiente de la proximidad al Estado. Buena parte de la gran empresa española contemporánea nació, según Villena, en ese ecosistema donde mercado y poder político estaban mucho más entrelazados de lo que luego admitiría el relato oficial de la modernización económica española.

LA TRANSICIÓN COMO RECICLAJE DEL VIEJO PODER

    Ese proceso ayuda a entender por qué la democratización posterior no alteró de forma sustancial la estructura económica del país. Cuando murió Franco, muchas de las familias, grupos empresariales y redes de influencia que habían acumulado poder durante la dictadura partían ya de una posición enormemente ventajosa. Disponían de patrimonio, capital, relaciones, presencia institucional y acceso privilegiado a los centros de decisión. La transición política podía cambiar el régimen, pero no borraba cuarenta años de acumulación previa.

    Ahí reside una de las tesis centrales del libro: la Transición no habría supuesto una ruptura profunda con el viejo poder, sino una reforma pactada que permitió la adaptación de buena parte de las élites franquistas al nuevo marco constitucional. Villena no niega la importancia de la democratización ni resta valor a las libertades conquistadas, pero sostiene que el cambio político se produjo sin una transformación equivalente de las estructuras profundas del poder.

   No hubo una depuración sustancial de la alta Administración, ni del Poder judicial ni de los cuerpos superiores del Estado. Tampoco se produjo una alteración comparable en la distribución del poder económico. En lugar de una sustitución de élites, lo que hubo fue una modernización de sus formas de influencia (pp. 121-143).

    Pocas instituciones resumen mejor esa lógica de continuidad dentro del cambio que la monarquía. El hecho de que Juan Carlos I accediera al trono como sucesor designado por Franco y terminara convertido en símbolo de la nueva democracia parlamentaria ilustra con claridad la naturaleza del proceso: suficiente reforma para democratizar el sistema, suficiente continuidad para tranquilizar a quienes ocupaban posiciones de poder en el anterior. La Corona aparece así en el libro como una pieza clave de articulación y estabilización de las élites durante el nuevo régimen (pp. 150-164). 

LA ARISTOCRACIA BUROCRÁTICA: EL PODER QUE NO PASA POR LAS URNAS

     Uno de los aspectos más interesantes del libro es el peso que concede a la alta burocracia estatal. Frente a la visión convencional que presenta a los altos funcionarios como simples técnicos neutrales, Villena los sitúa en el corazón mismo del sistema de poder español.

   Cuerpos como los Abogados del Estado, los Técnicos Comerciales y Economistas del Estado, los Inspectores de Hacienda, los Letrados del Consejo de Estado o los Letrados de las Cortes aparecen descritos como una auténtica aristocracia burocrática. Son quienes redactan normas, interpretan marcos regulatorios, asesoran a ministros, controlan procedimientos complejos y ocupan puestos estratégicos tanto en la Administración como en el sector privado (pp. 166-192).

    Su poder no radica solo en el prestigio o en la dificultad de sus oposiciones, sino en el conocimiento que acumulan. Un ministro puede permanecer unos años en el cargo; un alto funcionario de estos cuerpos puede pasar décadas dentro del aparato estatal acumulando experiencia, relaciones y dominio técnico sobre el funcionamiento real de las instituciones.

   Cuando un gobierno necesita negociar con Bruselas, redactar una reforma compleja o interpretar una normativa delicada, son estos perfiles quienes poseen el saber práctico indispensable. En una época en la que buena parte del poder se ejerce a través de la regulación técnica, esa posición les convierte en actores centrales del sistema.

REDES DE INFLUENCIA Y MECANISMOS DE REPRODUCCIÓN DE LAS ÉLITES

    Villena muestra cómo de esos cuerpos salen numerosos ministros, secretarios de Estado, reguladores y altos cargos empresariales. No se trata de una coincidencia anecdótica, sino de un patrón estructural: una parte importante de quienes ocupan posiciones de poder en España procede de circuitos altamente selectivos, socialmente homogéneos y profesionalmente interconectados.

    Ese análisis enlaza con otro de los grandes temas del libro: las puertas giratorias. Pero el autor evita quedarse en la crítica fácil a los casos más mediáticos. Su tesis es más profunda: la circulación entre política, alta administración y gran empresa no sería una anomalía del sistema, sino una de sus formas normales de funcionamiento.

   Exministros, expresidentes, altos reguladores y funcionarios de élite pasan con frecuencia a ocupar puestos en Consejos de Administración, grandes despachos o empresas reguladas por los mismos sectores sobre los que antes tenían influencia. El fenómeno no sería una desviación, sino una expresión habitual de la estrecha relación entre Estado y grandes intereses económicos (pp. 203-214).

   El libro subraya además que el poder no se reproduce solo por dinero o por cargos. También lo hace mediante redes familiares, educativas y sociales. Grandes familias empresariales, altos funcionarios, élites políticas y profesionales de prestigio se entrelazan mediante vínculos familiares, trayectorias educativas compartidas, espacios de sociabilidad comunes y relaciones profesionales cruzadas.

  El poder no se hereda únicamente como patrimonio: también se transmite como acceso privilegiado a los círculos donde se aprende quién cuenta, cómo funciona el sistema y a quién conviene conocer.

DEMOCRACIA FORMAL Y PODER REAL: LA GRAN PREGUNTA DEL LIBRO

   Todo ello conduce a una de las conclusiones más delicadas de la obra: España sería una democracia plenamente funcional en sus formas institucionales, pero con una estructura de poder más concentrada, más cerrada y más continuista de lo que suele admitir el relato oficial. Villena no sostiene que España sea una anomalía antidemocrática ni una excepción autoritaria encubierta dentro de Europa. Su planteamiento es más matizado y precisamente por ello más sólido: España comparte las formas de las democracias liberales occidentales, pero conserva una estructura oligárquica más acusada en la concentración del poder económico, en la continuidad histórica de sus élites y en la limitada circulación real hacia las posiciones superiores de mando (pp. 254-266).

    El valor de "Las élites que dominan España" no reside solo en las tesis que defiende, sino en el cambio de mirada que obliga a adoptar. El libro invita a apartar la vista de la superficie visible de la política española —partidos, líderes, campañas, debates parlamentarios— para dirigirla hacia las estructuras permanentes que condicionan el margen real de maniobra de cualquier gobierno. Su pregunta de fondo no es quién gana las elecciones, sino quién mantiene capacidad de influencia decisiva independientemente de quién las gane. 

   Villena no ofrece una teoría conspirativa ni un relato simplista sobre una camarilla secreta que mueve los hilos desde la sombra. Lo que ofrece es algo más serio y más rupturista: el retrato de un sistema donde el poder se concentra en minorías altamente organizadas, cohesionadas y adaptativas que han sabido sobrevivir a todos los grandes cambios de régimen sin abandonar el centro del tablero.

   Su conclusión puede resumirse en una idea que atraviesa silenciosamente toda la obra: la historia reciente de España no sería tanto la de la sustitución de unas élites por otras como la de la extraordinaria capacidad de las viejas élites para transformarse y seguir mandando en un mundo nuevo.

FUENTE PRINCIPAL

Andrés Villena Oliver, Las élites que dominan España. Una historia alternativa desde 1939 (Libros del K.O., 2026).

MITING A LA MUTUALIDAD (1977)

 Fuente pacosalud.blogspot.com/2026/04/miting-la-mutualidad

El 17 de abril de 1977 la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) organiza un mitin en el Palacio de la Mutualidad de París (Francia) donde se plantea el debate existente en la organización sobre la legalización o no en el Estado español.

 En el mitin intervinieron Frederica Montseny Mañé; Fernando Carballo Blanco; Juan Gómez Casas, secretario general de la CNT; José Luis García Rua, secretario del Comité Nacional de la CNT; y Soriano y Félix Navarro, representantes de la CNT Francesa, entre otros oradores.

 Francisco Ibáñez Gorostidi ( Paco Ibáñez ), Jehan Jonas, Carlos Andreu Sancho, Frances Xavier Ribalta Secanell ( Xavier Ribalta), Josep Pérez, Georges Moustaki, Marie-Thérèse Orain, el Trío Sortilegio Español, el grupo Ramon Mons, el grupo tunecino de Hedi Hela y el Cuarteto Cedrón también participaron en un recital posterior organizado por Solidaridad Internacional Antifascista (SIA).

Al acto asistieron más de 4.000 personas. La CNT finalmente fue legalizada en el Estado español el 7 de mayo de 1977; fue la última central sindical histórica en serlo.

https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiunImfzWRgodh5EXxFejGSja-tZVc6Vubq60eLElZUo-oduItAJCwWgdtVxeFSDfdHGboSMqhWYo98Vlm0SSs09OyxmH0HTwcxWJKtK7mZR4Js_lHGtOzQGHfoJDrCO1OQ07NPoFB7SDbArqlNcUwB5gYVk9jRnp_1U9L-oxsirT8sI7wbLt8tOA/s1363/miting1977mutualite01.jpg

vendredi 3 avril 2026

Andrés Villena: “Las élites españolas están muy cohesionadas”

 FUENTE https://www.elsaltodiario.com/el-leon-dormido/entrevista-andres-villena-%C2%ABlas-elites-espanolas-tienen-valores-parecidos%C2%BB

El economista y sociólogo Andrés Villena presenta el libro ‘Las élites que dominan España, una historia alternativa desde 1939’ (Libros del K.O.). 

 Andrés Villena (Elche, 1980) acaba de publicar Las élites que dominan España, una historia alternativa desde 1939 en Libros del K.O. Economista y sociólogo, profesor en la Universidad Complutense de Madrid, en este ensayo disecciona las historia de las élites económicas y políticas en España durante el último siglo. A través del libro, Villena nos va describiendo cómo las redes de influencia van modelando la estructura económica y condicionando los consensos políticos desde el final de la guerra civil hasta la actualidad.

Cuando hablamos de las élites de otros países del sur global, o incluso de las élites económicas en los EE. UU. cuya influencia está presente en cada agenda política, parece algo normalizado y asumido ¿Por qué cuando hablamos de élites en España parece que habláramos de algo más cercano a una teoría de la conspiración antes que a un funcionamiento de un sistema político?

A.V.: Es que parece que hablar de élites es hablar poco menos de los que elaboran el protocolo de los sabios de Sion, reptilianos o de gente que se reúne en la oscuridad para conspirar. Charles Wright Mills dice que en la historia hay muchas conspiraciones, pero la historia no es una conspiración.Los poderosos tienen tanto poder para hacer lo que quieran que no necesitan conspirar. Entonces, creo que la teoría de la conspiración es una especie de teoría mágica que nos quita la responsabilidad de pensar en abstracto.

Un rasgo de las élites es el sincretismo. Hay una idea de que las élites trabajan con una especie de procedimiento secreto, arcano, que solo quienes están dentro conocen y, si no lo conoces, es que no formas parte de la élite.

A.V.: A este tipo de élites, incluidas las políticas de medio nivel, les interesa rodearse de un halo de magia, porque esa sensación de magia es placentera para el lector en la medida en que le hacen una lectura más agradable, más misteriosa, pero le elude la responsabilidad de pensar cómo podríamos objetivar ese comportamiento.

Y a veces los comportamientos son muy burdos. El comportamiento del presidente de los Estados Unidos actual, es difícil rodearlo de un halo de magia; son decisiones que seguro que tienen mucho asesoramiento y horas de reflexión y discusión. También es verdad que la prensa también contribuye a este halo de misterio, probablemente para construir historias que narrativamente son más fácil de consumir.

Pero esto nos aleja de saber los mecanismos por los cuales se reclutan las elites , ya sea en los partidos o a través de las oposiciones. Tienen valores parecidos, han estudiado los mismos  cuatrocientos temas de la oposición pensando igual, adquiriendo un grado de intimidad mucho mayor que en cualquier otro grupo. Las pasiones que les aproximan son grandes y los llevan a entenderse muy bien, casi como un mecanismo animal. Aún así, como investigadores, ese halo de magia hay que tomarlo con precaución porque nuestro trabajo es encontrar fuentes para mapear y esquematizar la forma en la que trabajan.

Hay una coletilla que utilizas en varios momentos durante el libro y es que para las élites “España necesita ser periódicamente salvada y rescatada de sus demonios interiores”, que viene a justificar la existencia y la misión de la élite española.

A.V.: Hay varios factores que intervienen ahí. En primer lugar, un capital entendido como una gran bolsa de dinero nacional e internacional que necesita actualizarse y generar plusvalía, para lo que necesita unos empleados de lujo que se llaman élite en el poder o tecnocracia. Este grupo lo componen altos funcionarios o políticos democráticos que se ponen al frente de la maquinaria estatal y a veces en la empresa privada. Pero, en segundo lugar, no es suficiente a largo plazo dominar a la gente sin que ella considere que debe ser dominada de esa forma. En España esta idea de salvación viene de un replanteamiento de la idea regeneracionista de Joaquín Costa, que hablaba de un cirujano de hierro para darle la oportunidad de regenerarse. Está presente esta idea de que España se tiene que rehacer porque sino va a entrar en otra guerra cainita. Nos hemos inventado y heredado un mecanismo de control bastante interesante.

En 1939 Franco poco menos que decía haber salvado España de los rojos y la Antiespaña. Posteriormente, en el desarrollismo, los tecnócratas vinieron a salvar a España con su golpe de timón. Pero lo interesante fue que, en 1977, cuando existía la oportunidad de hacer algo diferente gracias a la presión obrera, feminista y sindical, llegaron una serie de planes de austeridad en forma de Pactos de la Moncloa para frenar la desestabilización.

El libro empieza en 1939, precisamente en un momento en el que la dictadura y la clase financiera golpista se apodera de buena parte de las propiedades y patrimonios de la clase económica y el pueblo republicano.  ¿Una parte del IBEX 35 hunde sus raíces en el 39?

A.V.: Para entender este proceso recomiendo mucho el libro de Antonio Maestre Franquismo S.A. Por ejemplo, cuenta cómo el Conde de Fenosa montó lo que después será su empresa multinacional a partir de hacerse con los terrenos de un rival empresario republicano que, al iniciarse la guerra, había tomado partido por la legalidad. Lo que en su día fue Fenosa hoy forma parte de Naturgy, que es una de las insignias de lo que podríamos llamar la “marca España”.

Esto ocurre en ocho o diez grandes empresas del IBEX 35, pero no podemos ignorar que con el paso de las décadas el enriquecimiento del IBEX 35 se ha debido también a otras grandes desamortizaciones de activos públicos que han sido muy rentables. Yo no critico la privatización de una serie de elementos de la industria que en su momento ya no eran rentables. Empresas que podrían ser integradas en empresas mayores y generar rentabilidad a través de economías de escala.Pero, cuando se vendieron empresas públicas como Endesa o Telefónica, se estaban vendiendo las joyas de la corona, que perfectamente podrían haber permanecido en manos públicas.

Se trata de un origen matizado. Entre las empresas del Ibex 35 existentes en 1939 se produce una redistribución de riqueza hacia arriba como premio por participar en la guerra civil. Se trata de un criterio no económico sino político e ideológico, de favorecer a capitales de empresas que, por otro lado, van a ser los que van a estar impulsando una rápida industrialización en la década de los cuarenta y cincuenta, y que con el Plan de estabilización de 1959 serán protegidos por el Estado para que los capitales extranjeros no los compren.

Hablas del plan de estabilización de 1959 como del nacimiento de un nuevo sentido común.

A.V.: Aquí hay dos elementos. Conforme iba profundizando en la investigación, me daba cuenta de las dimensiones de la presencia de un elemento extranjero como EE. UU. en nuestro país. Hay un elemento extranjero que empieza con Truman en 1948, el cual, partiendo de un rechazo claro del régimen franquista al que impide entrar en la ONU, se va modificando con el inicio de la guerra fría y la guerra de Corea. Los norteamericanos empiezan a entender que España es un bastión anticomunista. Y de manera gratuita. No hay que hacer Plan Marshall y es una base geopolítica básica. Después llegaron los pactos del 53 y la llegada de capitales extranjeros. Lo que pasó al final de la década es que los americanos empezaron a inquietarse porque, después de toda la financiación y préstamo de divisas, se había creado una España que no era capaz de generar divisas por la venta de productos agrícola para comprar insumos y materias primas, por lo que existía un riesgo de no devolución de esos prestamos. Entonces, empieza la presión a través de telegramas, reuniones y delegados del FMI en los que se conmina a arreglar las finanzas públicas. De ahí surge el Plan de Estabilización, que no es una sola ley, sino un conjunto de muchas medidas y decretos. Sin embargo, esto se ha contado como un momento en el que una serie de economistas iluminados arreglaron las finanzas públicas. Esto ocurrió porque había gente cada vez más cualificada, con más conocimiento del extranjero, que iba viendo que la situación de España no funcionaba.

Pero hay otro elemento. Y es que el franquismo había ganado la guerra y ahora había que ganar la paz. Entonces, se trataba de generar un nuevo sentido común. ¿Cómo se hace eso? Tratando de generar una legitimidad de resultado, empleo, crecimiento económico y una especie de redistribución indirecta de la riqueza a través del crecimiento. Y ahí llega el modo de proceder desarrollista. Abramos el país al turismo, pongámosle una sonrisa. Aquí entra toda la propaganda que hizo Fraga sobre los Veinticinco años de paz. Ingresan divisas y exportamos -y ese es el gran truco -tres millones de desempleados al extranjero. Se mantiene a las mujeres dentro del hogar, por lo que la tasa de desempleo no presiona al alza. Se ponen en marcha una serie de medidas para ajustar la inflación, se limita el gasto público para, en definitiva, también crear una seguridad jurídica y económica con el fin de que entren las grandes corporaciones americanas como la General Motors, la General Electric, que encuentran en España una mano de obra baratísima. 

Te refieres a los ministerios de Boyer y Solchaga como los ministerios de desindustrialización.

A.V.: Es que aplicaron un manual que no admitía contestación. El mundo se estaba abriendo y estas industrias eran menos competitivas. En cierto modo tenían razón, porque el franquismo era una fábrica de paro envasado. Durante la transición volvieron a España millones de emigrantes porque querían vivir en su país y los gobiernos de Suárez y González se tuvieron que enfrentar a una serie de medidas anti-inflación que no habían querido aplicar los franquistas del final porque se les desmoronaba el régimen.

Imagínate cortar la subida del salario nominal a los sindicalistas que en los setenta estaban en la calle y que durante los años de la transición habían acumulado miles de horas de huelga. Al final, paradójicamente, las medidas duras las tomaron los gobiernos democráticos con suficiente mayoría parlamentaria. Eso es la leche, porque da una lección amarga de que la democracia puede ser más cruel que una dictadura débil, y que la libertad de expresión en algún momento puede ser incluso menor. Ello da una  serie de lecciones sobre el poder que te deprimen o te hacen más pesimista, o, a lo mejor, más realista.

Luego hay otro elemento que fue la reconversión industrial que, en cierto modo, fue una reconversión financiera. La banca estaba teniendo pérdidas en la industria, quería salir y no estaba demasiado fortalecida por todos los problemas que estaba teniendo. Fue una manera de sanear, de permitirles invertir en otro tipo de sectores y generar plusvalías porque compraban deuda pública estatal y porque todavía tenían una gran influencia en el Banco de España y en la economía general. No fueron solo medidas macro estándar, sino que beneficiaron a un estamento empresarial que se había fundado en la forma de sentido común que habían aprendido esos ministros, que derivaban del aparato industrial tardo franquista, no por franquistas, sino porque se tenían que formar en algún sitio.

Esto me lleva a la idea de la conformación de una élite que, si bien no siempre está de acuerdo en todo, sí que está de acuerdo en las cosas fundamentales. Y, como parte de esa serie de acuerdos tácitos, de lugares de socialización, en el libro hablas de La Dehesilla como uno de esos núcleos.

A.V.:La Dehesilla era una cacería ilustrada al estilo de las cacerías de Franco, que siempre era el que cazaba más a pesar de no parecer la persona más avezada para hacerlo. Pero también eran lugares para hacer negocios a corto y largo plazo. Eran lugares donde las élites llegaban a acuerdos en espacios seguros. Esa convergencia de valores y de puntos de vista les hace llegar a comuniones más fácilmente que en otros lugares. Se dan situaciones en las que, incluso perteneciendo a frentes empresariales enfrentados, se ponen de acuerdo con asombrosa facilidad.

La Dehesilla era eso, pero de manera más fina. Ilustrada con una inteligencia antifranquista, que iba de lo moderado hasta personas que, como Miguel Boyer, habían pasado hasta un año en la cárcel; gente que tenía credenciales comunistas, socialistas, liberales, incluso trotskistas y maoístas… y que se reunían para ver qué había que hacer con España cuando cayera el tirano. Por eso es un lugar clave.

Por aquel entonces  Boyer y Solchaga ya eran empleados públicos del Banco de España. También Mariano Rubio, aunque había tenido que pasar un año en la OCDE en una especie de exilio permitido por el régimen, después de haber pasado también por la cárcel. Ese pedigrí antifranquista les permitía formar parte de organismos muy potentes, después totalmente desligados del pasado, pero sus lugares de formación fueron la administración pública franquista.

Lo que ocurre es que esa materia gris en los ochenta y los noventa se acabó asociando a las familias más afines al régimen que querían combatir. Hasta en más de una ocasión acabaron formando uniones matrimoniales con empresarios a quienes, en principio, habían combatido, en un movimiento de absorción total del propio sistema.

¿Cuál es el papel que juega la Corona y en particular Juan Carlos I en este bussiness as usual?

A.V.: A mi juicio, Juan Carlos I es la corona de la clase dominante. Viendo los mecanismos de financiación de su riqueza actual, era un hombre sin una fortuna propia previa que infló su patrimonio mediante una serie de maniobras petroleras que han quedado reflejadas en varios ensayos, en particular, el trabajo de Rebeca Quintana en La fortuna del Rey o los ensayos de José García Abad.

El Rey ha sido el gran mediador de la élite española y de sus relaciones con otras élites. Fue proveedor de materias primas, como el petróleo que España necesitaba para seguir desarrollando su sociedad de consumo. Su papel en el 23F, pese a que esta última regularización de documentos parece que refuerza la versión oficial, no queda suficientemente aclarado. A mi juicio, tiene un papel muy claro en el golpe de timón, en esa especie de gobierno de concentración nacional. Es un gran mediador y legitimador del nuevo funcionamiento de las cosas en democracia. Se acercó más a los socialistas que a los conservadores porque, con buen olfato político, estaba viendo que la mayoría social iba a ir por ahí

Tengo que decir que empecé estos estudios sobre élites pensando que era un mero símbolo constitucional, que a nadie le importaba y que servía para culminar la hegemonía. Y, sin embargo, he ido viendo que ha sido un gran diplomático y empresario. Con maniobras de todo tipo, incluso movimientos oscuros en este sistema de la élite. A día de hoy, creo que sigue teniendo un papel para mediar... y un gran afán de revancha contra lo que ha vivido. Y creo que debe de tener bastante conexión con los mensajes que se hacen contra el actual gobierno. Algo me dice que esa conexión la vamos a acabar conociendo.

 
La Expo 92 y los juegos olímpicos de Barcelona fueron la apoteosis de ese "juancarlismo" y de la España "moderna" de los socialistas. Foto del Archivo de Felipe González.

Con Aznar llegaron los tiempos de las grandes privatizaciones que se habían empezado durante los últimos años de los gobiernos de González…

A.V.: Sí, se venía un periodo en el que el PSOE había privatizado más de lo que privatizó el Partido Popular. Lo que pasa es que es verdad que cada empresa privatizada era diferente a la anterior y había muchos motivos, como reducir el déficit público y la deuda pública y crear un espacio de gasto público o generar ingresos para gastar en otras cosas.

Es cierto que los criterios del Partido Socialista pudieron venir influidos por los vientos de cambio neoliberales, pero muchas veces respondían a acciones no sé si improvisadas, pero no formaban parte de un plan. A diferencia de eso, está comprobado en documentos de la Fundación FAES que el Partido Popular ya quería imitar el proceso de Margaret Thatcher en 1993. Cuando estudiamos las redes de los privatizadores, te das cuenta de que el plan ya está ahí desde mucho antes. A diferencia de las privatizaciones socialistas –que eran tecnócratas de la administración–, los tecnócratas del PP venían de la Bolsa y su objetivo era conseguir el máximo capital con las ventas. Manuel Pizarro, Francisco González y compañía son esos altos funcionarios o yupis bursátiles que colocaron los paquetes de la Bolsa lo más caro o lo más rápido posible. Pero, en lugar de retirarse en el momento en el que habían vendido y permitir que el mecanismo del libre mercado diese lugar a nuevos dirigentes extraídos con un criterio de mejor competencia, se quedaron ahí y reformaron el reglamento del Consejo de Administración para perpetuarse ellos.

Lo estaban montando bien los del PP porque habían logrado hacer de la privatización una política de capitalismo de Estado, controlado por un partido que aspiraba a quedarse, pero le falló a última hora la comunicación y ahí se dieron cuenta. Se pudo ver que había un combate entre élites, que la élite mediática no era enteramente de derechas y que, por otro lado, España no era enteramente Madrid, pese a la madrileñización del aparato económico. Las élites conservadoras se sorprendieron viendo que España era plural y diversa. Pese a que controlaban el panorama mediático y habían creado una clase dominante afín, se encontraron con una sorpresa en las urnas, no enteramente atribuible a lo que ocurrió tras los atentados del 11-M.

Zapatero también intentó atraer empresarios en torno a su proyecto con dispares resultados…

A.V.: El credo económico de Zapatero no estaba definido, era un político casi provincial – sin querer decirlo con un tono despectivo –, que había ascendido rápido gracias al apoyo de Carlos Solchaga, del que fue adjunto en el Parlamento. Pero Zapatero llegó al poder demasiado pronto para lo que a él le hubiera convenido y se rodeó de una serie de asesores económicos como Miguel Sebastián o Jordi Sevilla, que suplían sus lagunas en este campo. Para estos asesores, el socialismo y la socialdemocracia no debían de incrementar demasiado el gasto público y eso significaba lo que significaba. Pero tampoco están totalmente alineados con la ortodoxia europea de Alemania.

Por otra parte, se dio cuenta de que tenía que intentar recuperar el aparato público privatizado, no para nacionalizarlo, sino para congraciarse con esa nueva élite empresarial. No lo consiguió porque el plan del Partido Popular era solido y su principal hito fue conseguir colocar a Javier de Paz en Telefónica. Es un movimiento clave del que queda excluido Carlos Solchaga, que desde entonces ya elimina sus simpatías con el zapaterismo, pero que, a mí juicio, era un puente que debía de haber mantenido estratégicamente.

Fracasa con la conquista del aparato económico, pero triunfa con la industria publicista y editorial catalana, que son muy potentes. Se forja una suerte de alianza con el grupo Globomedia, el grupo Mediapro que, que acaba creando el Diario Público y, sobre todo, La Sexta. El diario Público luego salió como salió, pero fue un intento de crear una especie de competencia ideológica y editorial al diario El País.

Uno de los efectos intencionales o no intencionales de los fondos Next Generation ha sido la llegada de nuevas elites globales a la capital ¿Cómo es el aterrizaje de estas élites globales en una ciudad con unas élites tan asentadas?

A.V.: Ten en cuenta que, si la tasa de crecimiento del PBI que tenemos es alta, es muy probable que en algunos sectores la rentabilidad estimada para una inversión sea todavía mayor. A lo cual hay que sumar que parte de esa élite global viene a España porque tienen la sensación de tener menos seguridad jurídica en su país de origen. Cosa que es discutible en países como México, que al tiempo que hace reformas sociales ofrece una tasa de rentabilidad como consecuencia del crecimiento, que es incluso superior a la España.

Pero bueno, deciden venir aquí. Eso determina no sé si un choque, una convivencia que cambia el hábitat porque llegan unas élites que no están apegadas al territorio, que a lo mejor llegan aquí por un criterio de rentabilidad y a lo mejor no miran por el entorno de la misma manera que van a mirar por las élites nacionales.

Eso tiene mucho que ver también con el choque o la ruptura neoliberal desde que Milton Friedman en los ochenta planteó que los empresarios tenían que mirar por las cuentas y valores de sus acciones y no tanto por el territorio en el que operaban, por los sindicatos o por el bienestar de sus trabajadores. Pero claro, si tú acudes a un país por la rentabilidad, tu relación con el país no va a ser la misma que la de los que lo viven dentro de una comunidad como las élites locales. Creo que ese choque se está produciendo a nivel urbano, y que afecta incluso a las familias de rentas altas que se tienen que ir de zonas del barrio de Salamanca, que están siendo compradas por fortunas antes venezolanas y ahora mexicanas, al mismo tiempo que proliferan locales de ocio que son los locales que las élites extranjeras construyen a imitación de su ocio nacional. Lo hacen porque conocen ese modelo de extracción de rentabilidad, y porque también son el tipo de sitios en los que quieren estar. Se está produciendo un cambio en la economía política de ciudades como Madrid, en donde los cambios están ocurriendo mucho más rápido de lo que parece.

¿Madrid debería ser un Distrito Federal?

Es una pregunta que se va a ir respondiendo en los próximos años. Ya hay teorías que hablan de que Madrid debería de ser algo parecido a un great London que llegara de Guadalajara a Segovia. Sostienen que puede ser un vector de creación de progreso y riqueza. Ya Aznar con Álvarez Cascos como ministro de Fomento quería crear un Madrid y una España cuyos puntos mas importantes se definieran como ciudades a dos horas en tren de la capital. Desde el año 2000, el Partido Popular tiene un proyecto muy definido para Madrid y se orienta a eso por razones a lo mejor exclusivamente electorales o por razones ideológicas y, a lo mejor, por las relaciones que están estableciendo con élites internacionales.

Creo que hay un proyecto en ese sentido, que desde el punto de vista ecológico puede ser letal, pero, desde el punto de vista nacional, también. No sólo por los independentistas catalanes, sino por los independentistas madrileños, que manejan la idea de que Madrid es España dentro de España, y que, si todo lo que está a dos horas de Madrid, mejor, porque eso es la playa de Madrid.

¿En qué se diferencia un pijo de Madrid de un miembro de la élite de este país?

Es una pregunta sociológica muy valiosa. Yo veo a un pijo como un elemento performativo, con elementos culturales de capital social heredados que quiere pertenecer a un grupo al cual no necesariamente pertenece. Si pudiéramos acceder a los miembros de la verdadera élite económica y a cómo viven, posiblemente no tendrían nada que demostrar. Entonces, esa sobreactuación, esa ostentación de la marca para las élites de toda la vida, resulta algo un poco aberrante, sonrojante y vergonzoso.