Article épinglé

Affichage des articles dont le libellé est IA. Afficher tous les articles
Affichage des articles dont le libellé est IA. Afficher tous les articles

mardi 17 février 2026

De Davos a Múnich: Info-oligarquía y dominio mundial

 Fuente https://observatoriocrisis.com/2026/02/17/de-davos-a-munich-info-oligarquia-y-dominio-mundial/


El monopolio del capitalismo digital es, sin duda, una nueva modalidad de desarrollo del capitalismo monopolista…

Andrés Piqueras, profesor senior de la Universidad Jaume I

Acaba de celebrarse la Conferencia de Seguridad de Munich, que fue diseñada desde el principio para que el Imperio Occidental y su OTAN barajaran cómo prolongar su dominio del mundo, pero que en un momento dado, fruto de la caída de la URSS, pareció poder albergar un proyecto de seguridad común europea, incluida Rusia, complementario de la OSCE, hasta que el Eje Anglosajón decidió que una Eurasia integrada energética, política y económicamente sería demasiado fuerte y peligrosa para su control del mundo y mandataron a los “líderes” europeos desplazar la frontera militar hasta las mismas puertas de Rusia, tras haber dado un golpe de Estado en Ucrania.

Esta edición de 2026 ha estado marcada por un diagnóstico contundente: el orden internacional posterior a 1945 está “bajo destrucción”, según el propio Munich Security Report 2026. De cierto, Estados Unidos no ha hecho más que confirmar su imposición de un mundo basado en naciones fuertes, no en instituciones multilaterales. 

Mientras que el primer ministro alemán, Friedrich Merz, declaró que el tan pregonado orden internacional basado en reglas “ya no existe”, y que es hora de asentarse en la fuerza, luego añadió para suavizar o disimular lo dicho, “de nuestros valores”. En todo caso se supone que son unos valores que, como “las reglas” de su orden se han de imponer a la fuerza, porque finalmente Merz instó a Europa a reforzar urgentemente sus “capacidades de defensa” (aquí todavía se utiliza ese eufemismo para guerrear, cuando en USA ya hablan directamente de “Departamento de Guerra”). Tras él, cómo no, el titiritero de los Rothschild elevado por esos poderes a presidente de la república francesa, volvió a abogar por un ejército europeo.

El informe oficial describe una era de política de bola de demolición, donde actores poderosos —incluida la administración estadounidense actual— buscan desmantelar estructuras del orden internacional en lugar de reformarlas.

Pero más allá de este guion que se viene siguiendo concienzudamente, puede empezar a evidenciarse una novedad clave: la tecnología ya no es un tema periférico, sino parte estructural de “la seguridad” (léase guerra) global. 

En concreto la Conferencia destaca como elementos clave la ciberseguridad, las infraestructuras digitales críticas, la inteligencia artificial y la competencia tecnológica entre potencias. Lo cual imprime los pasos de un nuevo camino: Múnich deja de ser sólo “tanques y tratados” para integrar plenamente lo digital. No es de extrañar que por eso quienes acopiaran protagonismo fueran los CEOs de grandes tecnológicas, líderes financieros, innovadores y reguladores, al tiempo que los debates sobre IA se hacían omnipresentes.

Así que la info‑oligarquía “cortó el bacalao” sin necesidad de exhibirse (y eso que cada vez le gusta más hacerlo): su poder se manifiesta en que todos los demás actores dependen de ella. De manera que si hasta ahora el Foro de Davos ha marcado la agenda económica y tecnológica del mundo, mientras Múnich decidía los parámetros militares y geopolíticos, estas dos esferas se han solapado y juntas definen la arquitectura del Poder Global.

¿Qué es la tecno o la info-oligarquía?

Es la que está al frente de las grandes corporaciones tecnológicas, las cuales controlan infraestructuras digitales (nubes, redes, servidores, sistemas operativos…), plataformas de interacción (redes sociales, buscadores, marketplaces…), algoritmos de decisión (recomendación, moderación, publicidad…), datos masivos (hábitos, preferencias, ubicaciones, relaciones…) y que, por consiguiente, tienen la capacidad de moldear comportamientos (lo que se ve, lo que se compra, lo que se cree que es importante…). Gobiernos, empresas y ciudadanías dependen de sus servicios; ellas deciden no sólo qué es real o no, qué se prohíbe, qué se prioriza… sino también qué es pensable y lo que ni siquiera entra en la imaginación social. Tienen, además, una ventaja competitiva casi insuperable: más datos → mejores algoritmos → más usuarios → más datos…

Son oligopolios de facto (de buscadores, redes sociales, sistemas operativos…), promueven decisiones algorítmicas que afectan a millones de personas sin transparencia alguna, influyen en las políticas públicas y en la regulación social. Controlan el ecosistema informativo -plataformas digitales, grandes medios de comunicación, empresas de publicidad y análisis de datos…-  determinan las políticas gubernamentales. 

Proporcionan los marcos interpretativos que condicionan la opinión pública, trazan o canalizan la atención social, con burbujas informativas y cámaras de eco. Viralizan contenidos diseñados para manipular emociones, desinforman o tergiversan de forma mucho más rápida que la información verificada (la verdad compite en desventaja frente a lo viral, por eso la verdad deja de tener interés en favor del número de los que creen otra cosa, esto es, de cuántas personas dicen gustarles lo que se dice). 

Además, el conjunto de los medios depende de sus plataformas para sobrevivir, por lo que no las opondrán. Trabajo, comunicación, educación, ocio, creación, finanzas… todo pasa por sus manos. Tienen un poder económico superior al de la mayoría de los Estados.

No es casualidad, pues, que los líderes de las grandes tecnológicas tengan más visibilidad que muchos jefes de Estado o presidentes de gobierno.

“Los gigantes de la tecnología de la información, como Microsoft para los sistemas operativos de computadoras, Google para los motores de búsqueda, Meta (antes Facebook) y X (antes Twitter) para las redes sociales y Amazon para el comercio electrónico, poseen la capacidad de dominar el mercado en una medida mucho mayor que los gigantes del ferrocarril, el petróleo, el acero y el automóvil del pasado. Esto se debe principalmente a los efectos de red de las plataformas digitales, inigualables por las economías de escala tradicionales. Internet no está limitado por el espacio físico y tiene una tendencia hacia la infinitud, otorgando a las plataformas una capacidad de penetración y de intercambio de información más poderosa (…) 

Esto eleva el límite superior de las economías de escala de la plataforma y crea un efecto sifón sobre diversos recursos clave (usuarios, datos, capital, tecnología, etc.) bajo las economías de escala, resultando en un monopolio donde ‘el ganador se lleva todo’.  El monopolio del capitalismo digital es, sin duda, una nueva modalidad de desarrollo del capitalismo monopolista” (https://observatoriocrisis.com/2026/02/13/tecno-feudalismo-el-canto-de-cisne-del-capitalismo-o-su-proximo-acto/).

Una modalidad crecientemente rentista o parasitaria, que apenas genera nuevo valor pero que absorbe para su propio beneficio el menguante valor producido. Ese rentismo deslocalizado que flota en el espacio virtual supuestamente por encima del mundo del trabajo, le hace estúpidamente ajeno a pactos de clase y a redistribuciones del beneficio, desdeñoso de servicios sociales y de marcos de negociación de las condiciones de vida de las poblaciones. Cree que puede prosperar indefinidamente según ellas se van empobreciendo de la misma manera.

Para hacerlo necesitan pensar que les basta con seguir controlando el pensamiento de los demás. Trazan con ello una agenda profundamente reaccionaria, que (de momento) es seguida a millones por las propias víctimas de la misma, dada la amplia y profunda capacidad de control de las conciencias que los dispositivos, procedimientos e interconexiones de la info-oligarquía contienen (de ahí sale el chiste del lobo diciendo a las ovejas que le voten y que hagan lo que él les dice para estar seguras -volveremos sobre ello más adelante-).

Por supuesto que también ahondan en la desigualdad mundial.

“En última instancia, [la info-tecnología] amplía la brecha de los países capaces de participar en la revolución de la IA y aquellos que carecen de los recursos necesarios, disminuyendo el número de países capaces de participar. Como resultado, esto llevará inevitablemente a un mayor grado de monopolio de conocimiento y tecnología, consolidando aún más el dominio de los oligarcas financieros y tecnológicos.  

Al mismo tiempo, la brecha de información existente y la brecha digital entre países se transmutarán en una brecha de IA, resultando en la perpetuación, en lugar de la mejora, de las disparidades de riqueza globales. Más importante aún, con la proliferación de sistemas de toma de decisiones automatizados, los individuos corren el riesgo de ceder su dominio cognitivo sobre las visiones del mundo racionales a las herramientas de toma de decisiones de IA, profundizando la dependencia de estos sistemas en la producción social y la vida diaria.  

Esto empodera al gran capital que controla tales sistemas para establecer estructuras jerárquicas aún más rígidas, mientras que los mecanismos autorreforzados inherentes a los sistemas inteligentes amplifican aún más la desigualdad y la estratificación de clase” (https://observatoriocrisis.com/2026/02/13/tecno-feudalismo-el-canto-de-cisne-del-capitalismo-o-su-proximo-acto/).

Un tecno-oligarca puede ganar en horas lo que un/a trabajador/a normal en un año.

Y a eso le llaman “democracia”, pero en su defecto, por si fuera poco, nos dicen que son ellos mismos los que van a salvar a las sociedades.

Dominio mundial

La desigualdad a ultranza, cuidadosamente cultivada, es paralela al dominio mundial, claro está.

De hecho, la tecnología informacional, el procesamiento de datos, la computación algorítmica y la IA en general, se tratan ahora como instrumentos de política estatal y de dominación mundial. Donde esto se hace más realidad es en Estados Unidos, para garantizar su papel de liderazgo mundial y la subordinación del resto de potencias.

“La fusión entre el Estado y el capital es más fácil de ver en Was­hington, donde se ha convertido en un objetivo político no ex­portar productos, sino dependencia”. 

La diplomacia informática no es nueva, sólo lo es su franque­za. Estados Unidos lleva mucho tiempo gobernando a través de intermediarios: bancos y aduanas en la era de la diplomacia del dólar, compañías petroleras y mercados del Tesoro en la era del reciclaje del petrodólar. El intermediario actual son los elementos necesarios para la IA. Los controles de exporta­ción y la jurisdicción de la nube hacen lo que antes hacían los cañoneros y los comisionados de deuda, pero con menos titu­lares. 

La capa compradora se reduce a medida que el sistema madura: se necesitan menos intermediarios locales cuando el cumplimiento se logra mediante licencias, telemetría y acceso al único hardware que importa. La economía política es sencilla. Un centro de datos a hiperescala no es una fábrica en el sentido tradicional del desa­rrollo; se parece más a un nodo de servicios públicos gestionado de forma privada, integrado en ecosistemas de nube extranjeros y tratado cada vez más como una infraestructura estratégica. 

Una vez que los Estados canalizan la administración pública y los servicios privados a través de dichos nodos, las posiciones de negociación cambian. Lo que se vende como inversión puede convertirse silenciosamente en dependencia administrativa”  https://www.alai.info/wp-content/uploads/2026/02/ALenMovimiento_559_febrero2026_Espanol.pdf

Del dominio técnico-militar del mundo, al condicionamiento económico (disrupción económica mediante información controlada, manipulación de datos, interferencias, corte de suministros, confusión en la red…), ecológico (provocación de sequías, plagas, inundaciones, desertificación…), y el dominio de las poblaciones, en la generación de seres humanos programables, predecibles, voluntariamente subordinados.  Individuos-masa que piensan y dicen lo mismo que han dicho los algoritmos diseñados y reproducidos hasta la saciedad por redes, dispositivos y medios de difusión masiva, y que realmente creen que lo piensan ellos mismos.

De la clásica massmmediatización de la realidad (saber del mundo lo que los media cuentan de él) estamos pasando a la computación cuántica de las conciencias y el poder de hackear las mentes.

“Hoy, al menos en Occidente, este desarrollo se concentra en ma­nos de las mega-corporaciones digitales estadounidenses (las “big tech”), que desde hace unas tres décadas han venido consolidando –con apoyo del capital financiero– no sólo su modelo de negocios, sino también, gracias a la estrecha colaboración del Estado, el marco geopolítico y el correspondiente andamiaje institucional que lo sostiene. 

Es lo que Shoshana Zuboff denomina ‘capitalismo de vigilancia’. Este marco abarca políticas públicas que les son favorables, gobernan­za respecto al libre flujo de datos, tratados comerciales, acuerdos de instituciones internaciona­les e infraestructura militar de vigilancia, entre otros (…) 

Diversos estudios señalan que, por ejemplo, debido al diseño actual de los sistemas de IA, su funcionamiento deteriora las instituciones cívicas fundamentales (como universidades, derecho, periodismo, democracia), al erosionar la experiencia, cortocircuitar la toma de decisiones y aislar a unas personas de otras. Incluso arriesga causar su destrucción. 

Otros estudios muestran cómo la narrativa cultural dominante en la IA atenta contra la diversidad y la alteridad, en una especie de «hackeo cognitivo» de identidades, valores y creencias culturales y sociales. También se ha demostrado que la dificultad de distinguir entre contenidos verdaderos o falsos conlleva a una desconfianza general en las instituciones y la democracia” https://www.alai.info/wp-content/uploads/2026/02/ALenMovimiento_559_febrero2026_Espanol.pdf

Operaciones de influencia política para manipular o amañar elecciones en todo el mundo en favor de la agenda reaccionaria antes mencionada, preparan un proto-fascismo latente para saltar a la palestra y hacerse del todo explícito si las circunstancias de la Guerra Sistémica Permanente desatada por el Imperio así lo requieren.

De momento ese “proto-fascismo democrático” va minando las instituciones liberales del propio capitalismo que fueron fruto de las luchas de clase de siglos. Sus Big Tech moldean la opinión pública a través de campañas digitales, manipulación informativa y ecosistemas de “fake news”, ampliamente reproducidas por sus distintos medios de masas (en realidad todos están dentro de unas u otras formas de su propiedad  (Una aproximación a las claves del poder sionista mundial concomitante con la centralización y concentración del capital – ObservatorioCrisis) e incluso judicializadas si se trata de perseguir alguna disidencia (el control del poder judicial viene siendo parte imprescindible del poder de clase). También se traducen en políticas gubernamentales, por supuesto.

Así que las info-oligarquías tecnológicas, personalizadas en tipos como Elon Musk, Mark Zuckerberg,  Larry Page, Sergey Brin, Jeff Bezos y otros pocos,  intervienen ya abiertamente en la política interna de los Estados, dictan instrucciones globales en los grandes Foros de magnates, pues ya no se ocultan en ellos, como acabamos de ver en Davos y Múnich , e imprimen carácter a las distintas sociedades [de ahí la derechización mundial en curso, proto-fascista, promotora de partidos como Vox, Rassemblement National, Fratelli d’Italia, Lega, Alternative für Deutschland (AfD), Partij voor de Vrijheid (PVV), Freiheitliche Partei Österreichs (FPÖ), Vlaams Belang, Perussuomalaiset (Partido de los Finlandeses), Fidesz; Mi Hazánk, Konfederacja, Solución Griega (Ellinikí Lýsi), Partido Liberal (en su corriente bolsonarista, en Brasil), La Libertad Avanza, Bharatiya Janata Party (BJP), One Nation -australiana-, New Zealand First, etc. (esta es la continuación del chiste del lobo antes mencionado].

Pero esto no es “tecno-feudalismo”, como muchos se empañan en designarlo, sino capitalismo en metamorfosis, huyendo de la caída del valor, o dicho de otra forma, metamorfoseándose según decae más y más el valor. Un capitalismo en degeneración que en consecuencia patrocina de un “proto-fascismo democrático” que implosiona la democracia liberal desde dentro y ataca cualquier proceso de autonomía social, auto-organización popular o soberanía nacional, y en el que la info-oligarquía quiere adquirir el poder político que le corresponde a su enorme poder económico (como nueva “clase rica” no incluida en las grandes familias poderosas tradicionales del capitalismo desde el siglo XVIII, busca ahora a toda costa su cuota de poder mundial). Para ello se sumergen en las entretelas de los “estados profundos” de las formaciones imperiales, sobre todo Estados Unidos, cortejando cuando no haciéndose parte del Poder Sionista Mundial (Una aproximación a las claves del poder sionista mundial concomitante con la centralización y concentración del capital – ObservatorioCrisis).

Por eso sus plataformas, dispositivos y poderes también se convierten en armas cognitivas de guerra, que parecen haber sido probadas desde su uso directo e inmediato en la anulación de la voluntad o en la perturbación de los sentidos y la confusión cognoscitiva (quizás en algún momento iremos sabiendo de su puesta en juego en la “extraña” caída de Siria y en la tan fulminante como fugaz invasión de Venezuela, por ejemplo), hasta la lenta y constante penetración-moldeamiento en-de las conciencias a través de toda suerte de dispositivos tecnoculturales, mediáticos, de información-formación instalados en todos los campos de la sociedad.

De momento, para Estados Unidos impedir que el Mundo Emergente pueda disponer de sus chips, de los elementos de tecnología necesarios, resulta vital para mantener su dominio cada vez más despótico ante su falta de recursos para hacerlo de forma legitimada. 

El último Plan de Acción de IA de EE. UU. pretende “ganar la carrera de la inteligencia artificial”.  Por su parte, China controla el procesamiento global de tierras raras (vital para la industria bélica de Estados Unidos). El Mundo Emergente ha comenzado a diseñar sus propias estrategias en función de sus posibilidades, y para defenderse de la agresión y el chantaje continuados (https://elterritoriodellince.blogspot.com/2026/02/el-pan-para-manana-hay-un-refran.html?m=1).

Quienes nos hablan de no situarse en esa gran pugna mundial apelando a la “lucha de clases” en abstracto, no tienen idea de lo que está en juego.

“Pax Silica es, en definitiva, una expresión inusualmente hones­ta. Admite que la nueva paz es una paz gestionada: la paz a tra­vés del silicio, mantenida por quienes controlan el suministro. Los imperios anteriores perduraron porque mantuvieron la ficción del beneficio mutuo. El actual está cada vez más impa­ciente con la ficción. Esa impaciencia puede resultar ser su de­bilidad. 

Cuando la dominación ya no se disfraza de comercio, el consentimiento se vuelve más difícil de fabricar, y las fricciones de las redes, los presupuestos y la política comienzan a parecer menos como ruido de fondo y más como el terreno en el que se disputará la paz del silicio”  (https://www.alai.info/wp-content/uploads/2026/02/ALenMovimiento_559_febrero2026_Espanol.pdf).

Por muchas plataformas y control de nuevas tecnologías que se tengan, no se puede machacar las condiciones de las sociedades indefinidamente con su apoyo o su pasividad. La “lucha de clases” no es una simple quimera que ya pasó en la Historia. El capital la ejerce cada día de forma inmisericorde, y es imposible que lo haga sin reacción popular y de los Estados perdedores, por muchos partidos proto-fascistas que convoque. 

Tampoco la trasnochada neosocialdemocracia de la que también tira el Sistema con la otra mano, podrá seguir haciendo de contención social por mucho tiempo, ni mantener el espejismo de la democracia capitalista en un mundo en el que menos del 1% de la población detenta entre el 45 y el 50% de la riqueza mundial y decide ya prácticamente todo sobre nuestras vidas. Empezando por la guerra o la paz, la vida o la muerte de miles de millones de seres humanos.

Ya “el nuevo orden no busca consensos, sino la inhibición de la soberanía mediante el terror económico, político y militar” (La abdicación de la soberanía – ObservatorioCrisis).

Davos y Múnich lo han dejado bien claro este año: las “nuevas reglas” capitalistas son ya reglas de muerte, barbarie y destrucción.  

mercredi 11 février 2026

Quand l’industrie du gaz de schiste salive devant l’essor des centres de données IA

Les centres de données stimulent la construction d’installations de production d’électricité utilisant du gaz de schiste.

Source : Truthout, Derek Seidman
Traduit par les lecteurs du site Les-Crises

Vue aérienne d’un centre de données en cours de construction.
Gerville / Getty Images

« La demande en énergie et en IA est sans précédent. »

Ces mots ne sont pas ceux d’un dirigeant enthousiaste du secteur de la tech, mais ceux de Jeff Miller, PDG de Halliburton, l’une des plus grandes sociétés mondiales de services pétroliers, lors d’une conférence téléphonique sur les résultats financiers tenue en octobre.

À l’instar d’une multitude d’autres entreprises liées à l’industrie du gaz de schiste, Halliburton se tourne vers le boom des centres de data avec de nouvelles centrales électriques au gaz émettant du méthane afin d’alimenter la bulle de l’intelligence artificielle (IA) attisée par les milliardaires de la Silicon Valley et les élites d’entreprise partenaires.

Halliburton n’est qu’une des nombreuses entreprises du secteur des énergies fossiles qui concluent des accords pour répondre aux besoins insatiables en électricité des centres de données. Plus précisément, l’industrie du gaz naturel (fracturation hydraulique, services liés aux gisements de gaz, sociétés de pipelines, fournisseurs d’électricité) se positionne comme un sauveur intrépide, prêt à intervenir pour répondre aux besoins énergétiques illimités de l’IA.

Ce faisant, les entreprises exploitant le gaz de schiste bénéficient du soutien total de l’administration Trump, laquelle voue un culte idéologique aux énergies fossiles et entretient des relations privilégiées avec les milliardaires du secteur des énergies fossiles qui la financent. De son côté, le secteur de la tech suit le mouvement, mettant largement de côté ses prétendus engagements en faveur des énergies renouvelables.

Alors que l’urgence climatique mondiale devient de plus en plus criante, rien de tout cela n’est de bon augure. Bien qu’il soit vendu comme un combustible fossile « propre », le gaz de schiste émet énormément de méthane, l’un des gaz à effet de serre les plus puissants, et les communautés locales, souvent rurales, à faibles revenus et majoritairement noires, subissent de plein fouet à la fois les conséquences de la prolifération effrénée des centres de données et de la construction de centrales électriques à combustibles fossiles dans leur voisinage.

« L’industrie du gaz naturel est en phase directe avec celle des centres de données. »

« L’industrie du gaz naturel est en phase directe avec celle des centres de données », a déclaré Tyson Slocum, directeur du programme Énergie de Public Citizen, à Truthout. « D’un point de vue climatique et environnemental local, les centres de données représentent un obstacle majeur à la lutte contre le changement climatique. »

« La cerise sur le gâteau »

Le gaz naturel fournit actuellement plus de 40 % de l’électricité nécessaire aux centres de données, ce qui fait des centrales électriques au gaz leur principale source d’énergie, selon l’Agence internationale de l’énergie.

La demande massive des centres de données en électricité entraîne une forte augmentation en matière de construction d’infrastructures de production d’électricité alimentées au gaz naturel.

Un analyste de McKinsey a récemment souligné que plus de 100 gigawatts (GW) de nouveaux projets alimentés au gaz sont en cours de planification. « Pour mettre ce chiffre en perspective », a-t-il déclaré, « au cours des cinq dernières années, les États-Unis n’ont augmenté leur production de gaz que d’environ 35 GW », ce qui signifie que cela représente « près du triple de ce qu’il y avait auparavant ».

Les services publics ont annoncé une série de nouveaux projets d’énergie au gaz pour 2025, ce qui explique en partie la ruée des fonds d’investissement privés vers l’acquisition de services publics. L’alimentation électrique des centres de données par les services publics devrait connaître une hausse spectaculaire de 22 % cette année.

Les leaders du secteur sont enthousiastes. « Cela fait environ 40 ou 50 ans que nous n’avons pas vu une telle croissance de la demande, ni une telle prévision de croissance », a déclaré un dirigeant du géant de l’énergie NRG.

« L’IA joue évidemment un rôle important », a-t-il ajouté.

Au cours de la dernière décennie, le principal moteur de l’industrie du gaz de schiste a été l’essor de la production de gaz naturel liquéfié (GNL) destiné à l’exportation, qui s’est considérablement accélérée depuis l’administration Obama. Aujourd’hui, les États-Unis sont le premier producteur et exportateur mondial de gaz naturel.

Alors que les exportations de GNL sont sans égal en tant que « moteur de la demande et source de profits de l’industrie nationale du gaz naturel », selon Slocum, les centres de données « offrent une marge de profit supplémentaire significative ».

« Les centres de données sont de loin le facteur variable qui contribue le plus à l’augmentation de la demande en électricité », a-t-il déclaré. « Ils sont en quelque sorte la cerise sur le gâteau. »

« Aidons à assouvir cet appétit »

Avec un réseau dense de 3 millions de kilomètres de gazoducs dans le pays, Slocum affirme que l’industrie du gaz de schiste s’est positionnée comme le principal fournisseur d’énergie pour les centres de données.

En témoigne la vague d’accords conclus entre les entreprises de la chaîne d’approvisionnement en gaz de schiste (foreurs indépendants, grandes sociétés pétrolières et gazières, sociétés pipelinières et sociétés de services pétroliers) et les centres de données.

EQT, l’un des principaux producteurs américains de gaz naturel situé dans l’ouest de la Pennsylvanie, au cœur du vaste gisement de Marcellus Shale, a conclu un accord pour approvisionner deux immenses centres de données dans les Appalaches (les projets Shippingport et Homer City) avec un total de 42,48 millions de mètres cubes de gaz par jour.

« Rien que pour vous donner une idée, ça fait suffisamment de gaz naturel pour alimenter deux fois New York City », s’est réjoui Toby Rice, le PDG d’EQT, qui a aussi ajouté que Homer City et Shippingport ne sont « que les premières d’une série d’étapes dans plusieurs projets ».

EQT n’est pas le seul dans ce cas. Des géants du fracking tels que EOG et Antero Resources sont eux aussi en train de conclure des accords afin de se positionner pour approvisionner les centres de données. Comstock Resources, propriété de Jerry Jones, propriétaire des Dallas Cowboys, s’associe lui au géant des services publics NextEra afin de « permettre d’alimenter en électricité une multitude de centres de données » au Texas, selon Natural Gas Intelligence.

Chevron, la deuxième plus grande compagnie pétrolière et gazière américaine, se lance elle aussi dans la course. « Les centres de données IA requièrent d’énormes quantités d’énergie pour fonctionner », s’est enthousiasmée la société dans un communiqué de presse publié en février.

Mais n’ayez crainte, ont-ils promis. « Chevron exploite le gaz naturel pour aider à satisfaire cet appétit », a déclaré le géant pétrolier, annonçant un nouvel accord pour construire des centrales électriques au gaz destinées aux centres de données.

« Libérons l’énergie en Amérique »

Alors que les besoins énergétiques colossaux de l’intelligence artificielle orientent l’industrie du fracking vers les centres de données, les mesures politiques prises par l’administration Trump jouent également un rôle déterminant.

« La politique nationale sous Trump donne la priorité aux combustibles fossiles pour le développement des centres de données », et « en particulier en ce qui concerne le gaz naturel », a déclaré Slocum à Truthout.

« Cela apparaît clairement dans le décret présidentiel de Trump sur l’intelligence artificielle, publié en juillet, dans lequel il définit les critères que les centres de données doivent remplir pour bénéficier d’une autorisation accélérée, et qui énumère toutes les sources d’énergie à l’exception de l’éolien et du solaire », a ajouté Slocum.

Ce décret de juillet 2025, intitulé « Accélérer l’octroi de permis fédéraux pour les infrastructures de centres de données », souligne clairement le rôle des combustibles fossiles dans l’alimentation des centres de données. Il définit les « Composants concernés », les « matériaux, produits et infrastructures nécessaires à la construction de centres de données », en utilisant un langage qui met en avant les « infrastructures énergétiques » telles que les « gazoducs ou les conduites de raccordement », les « turbines à gaz naturel » et les « équipements au charbon », sans aucunement mentionner les mots « éolien » ou « solaire ».

Comme l’écrit Slocum, « un centre de données qui prévoit d’utiliser l’énergie éolienne et solaire ne pourra pas bénéficier d’un traitement accéléré, contrairement à une installation fonctionnant aux énergies fossiles », ajoutant que les centres de données fonctionnant aux énergies fossiles pourraient également bénéficier de subventions fédérales directes.

Cette formalisation de la politique nationale en faveur des combustibles fossiles comme principale source d’énergie pour les centres de données va dans le sens de la promesse électorale de Donald Trump « Drill Baby Drill » (Fore, chéri, fore) et de son décret présidentiel de janvier 2025 résolument pro-combustibles fossiles intitulé « Unleashing American Energy » (Libérer l’énergie américaine).

Depuis son entrée en fonction en janvier 2025, l’administration Trump a déclaré la guerre aux énergies renouvelables, gelant les permis pour les projets solaires et éoliens et dénigrant les éoliennes.

Trump et les PDG des énergies fossiles

L’engagement idéologique de Trump à alimenter les centres de données en électricité produite à partir de combustibles fossiles est étroitement lié à ses relations privilégiées avec les milliardaires du secteur du fracking qui ont contribué à financer sa réélection en 2024.

Trump considérait les magnats du pétrole et du gaz comme un électorat clé lors de sa campagne pour sa réélection en 2024, et des milliardaires du secteur tels que Harold Hamm et Kelcy Warren lui ont versé des millions de dollars de dons.

Comme Truthout l’a déjà souligné, Trump s’est entouré de dirigeants et de promoteurs du secteur des énergies fossiles, notamment Chris Wright, l’ancien PDG de Liberty Energy, fervent défenseur de la fracturation hydraulique, qu’il a nommé secrétaire à l’Énergie.

Depuis, l’industrie des combustibles fossiles a largement profité des politiques de déréglementation environnementale et des subventions fiscales mises en place par Trump, ainsi que d’une manne de nouvelles activités liées aux centres de données.

Warren est cofondateur et président exécutif du géant des pipelines Energy Transfer, il est aussi un allié de longue date de Trump. Energy Transfer croule sous les nouvelles commandes pour l’approvisionnement de centres de données allant du Texas à l’Arizona et il est associé à des géants de l’IA tels qu’Oracle.

Hamm est fondateur et ancien PDG de Continental Resources, géant du fracking, il est aussi l’un des principaux donateurs de Trump, qu’il soutient également dans son projet de salle de bal pour la Maison Blanche. Il est probablement le plus grand allié de Trump dans l’industrie des combustibles fossiles.

« À eux deux », écrit le New York Times, Trump et Hamm « ont remodelé la politique fédérale au profit des compagnies pétrolières et gazières, parmi lesquelles Continental, la société de Hamm, et ont remis à plus tard la transition vers des alternatives plus écologiques telles que l’énergie solaire et les batteries ».

Le Hamm Institute for American Energy, un centre de recherche et de réflexion politique financé par Hamm, lequel siège également à son conseil d’administration, a soutenu l’utilisation du gaz naturel pour alimenter l’IA et a organisé en avril un événement sur le thème « alimenter l’IA » auquel ont participé des membres clés du cabinet Trump chargés de la politique énergétique de l’administration.

Liberty Energy, anciennement dirigée par Chris Wright, secrétaire à l’Énergie sous Trump, est aussi en train de conclure des accords pour alimenter des centres de données en Pennsylvanie.

« La seule chose qui nous empêchera d’être leaders dans le domaine de l’IA, c’est l’incapacité à construire la capacité de production d’électricité qui doit justement être mise en place », s’est récemment enthousiasmé Wright devant le Council on Foreign Relations, ajoutant qu’il « utilisait ses pouvoirs d’urgence pour empêcher la fermeture des centrales à charbon » et « accélérer l’octroi des permis de construction de nouvelles centrales ».

Le désir de se conformer des géants technologiques

De son côté, la Big Tech est rapidement revenue sur ses engagements en matière de neutralité carbone en adoptant une production d’électricité à partir du gaz pour ses centres de données.

Par exemple, Entergy, un géant de la production d’électricité qui dépend principalement des combustibles fossiles, construit actuellement trois immenses centrales au gaz pour alimenter un centre de données Meta de 10 milliards de dollars en Louisiane.

Il y a moins de dix ans, Mark Zuckerberg, PDG de Meta, se montrait enthousiaste à l’idée de lutter contre la crise climatique. Aujourd’hui, des titres tels que « Meta mise tout sur le gaz pour alimenter un méga centre de données » font la une des journaux, tandis que Zuckerberg et Meta sont vivement critiqués par les législateurs, les analystes énergétiques et les groupes communautaires locaux.

Cela s’inscrit dans une tendance plus large, rapportée par Truthout, voulant que les PDG de la Silicon Valley reviennent sur leurs prétendus objectifs climatiques et leurs critiques à l’égard de Trump afin de rester dans les bonnes grâces du président et de tirer profit de ses politiques.

« Trump exige qu’on se conforme à ses exigences, et les géants de la technologie s’y plient en renonçant à leurs engagements historiques en faveur du développement et de l’utilisation des énergies renouvelables », a déclaré Slocum.

Bien sûr, tout cela ne fera qu’aggraver la crise climatique. La production, le transport et la combustion du gaz naturel libèrent d’énormes quantités de méthane, qui est 86 fois plus puissant que le dioxyde de carbone pour piéger la chaleur dans l’atmosphère terrestre.

Sous Trump, les centres de données redonnent également une nouvelle vie à des centrales à charbon polluantes qui étaient en fin de vie.

Sous Trump, les centres de données redonnent également une nouvelle vie à des centrales à charbon polluantes qui étaient en fin de vie, et nombre d’entre eux sont alimentés par des générateurs diesel extrêmement polluants, dont on craint qu’ils ne soient utilisés plus fréquemment.

Comme l’a rapporté le journaliste Adam Mahoney, dans des États comme la Caroline du Sud et le Texas, les ménages noirs sont touchés de manière disproportionnée par l’essor des centres de données et l’augmentation des émissions de combustibles fossiles liées à l’IA, en particulier avec la production d’électricité sur site.

De nombreuses communautés locales s’opposent tant aux centres de données qu’à leurs émissions polluantes, et cela va de Memphis (Tennessee) à Bessemer (Alabama) en passant par Santa Teresa (Arizona).

Certes, les grandes entreprises de la tech s’associent également à quelques projets liés aux énergies renouvelables afin d’alimenter leurs centres de données. Si ces derniers sont encore majoritairement alimentés par des énergies fossiles, l’Agence internationale de l’énergie note que la part du solaire, de l’éolien et des autres énergies renouvelables augmentera à partir des années 2030.

Mais cela soulève une autre question : voulons-nous vraiment que la transition vers les énergies renouvelables soit dominée par les priorités axées sur le profit des grandes entreprises technologiques et des sociétés de Wall Street, et gaspillée pour répondre à leurs attentes, ainsi que par leur obsession pour les merveilles supposées et non prouvées de l’IA ?

*

Derek Seidman est écrivain, chercheur et historien. Il vit à Buffalo, dans l’État de New York. Il contribue régulièrement au site Truthout et écrit pour LittleSis.

Source : Truthout, Derek Seidman, 03-01-2026

samedi 7 février 2026

La IA se convierte en la nueva arma de Washington

 FUENTE https://observatoriocrisis.com/2026/02/05/la-ia-se-convierte-en-la-nueva-arma-de-washington/

Estados Unidos está utilizando la inteligencia artificial como arma para el control imperial.

Jamal Meselmani, profesor especialista en Inteligencia Artificial y Seguridad (The Cradle)

Durante más de un siglo, los oleoductos y las rutas marítimas han sustentado las rivalidades militares y económicas mundiales. Hoy, ese mapa de poder se está rediseñando. En Washington, Silicon Valley y el Pentágono, se está trazando un nuevo mapa de dominio, basado no en el petróleo ni en las rutas marítimas, sino en el silicio, la capacidad informática y el control de la infraestructura digital.

La inteligencia artificial (IA)  reorganiza la geopolítica en su esencia. Las guerras en Ucrania, el creciente estrechamiento de los cuellos de botella en el Mar Rojo y el Estrecho de Ormuz, y el repentino cortejo estadounidense a Venezuela demuestran que la geografía aún importa. 

Pero durante la última década, ha surgido una infraestructura paralela: digital, fundamental y cada vez más soberana. En su centro se encuentra la computación, que comprende el hardware, la energía y la capacidad de procesamiento que impulsan los modelos avanzados de IA. Washington pretende  monopolizar este poder .

La supremacía computacional como doctrina estratégica

Lo que antes se comercializaba como innovación se ha consolidado como infraestructura soberana. Los sistemas de IA ahora sustentan la planificación militar, la logística y la coordinación económica. Los Estados con capacidades informáticas avanzadas poseen una ventaja estratégica que se extiende tanto al ámbito económico como al militar.

Estados Unidos comprendió este cambio desde el principio. No considera la IA como una industria especulativa, sino como un pilar de dominio estratégico. Con esta perspectiva, Washington alineó el capital privado, la investigación académica, la doctrina militar y la política industrial en una arquitectura coherente orientada a la preeminencia global.

Las cifras reflejan esa ambición. El  Índice de IA de Stanford 2025 informa que la inversión privada estadounidense en IA alcanzó los 109.100 millones de dólares en un solo año, 12 veces más que la de China y 24 veces más que la del Reino Unido. La inversión institucional  superó los 252.000 millones de dólares . Esto refleja una estrategia deliberada para construir centros de datos a gran escala, concentrar el talento e implementar modelos a una escala inaccesible para la mayoría de los estados.

Esta expansión digital no encaja bien con la creciente ola de resistencia multipolar. En Asia Occidental y el Sur Global, los estados y movimientos alineados con el Eje de la Resistencia ven cada vez más la infraestructura de IA liderada por Estados Unidos como una forma de  control neoimperial , similar a las anteriores batallas por el petróleo, las divisas y las armas. Lo que antes dependía de buques de guerra y sanciones ahora se mueve a través de centros de datos y un control algorítmico.

Esto ya ha comenzado a moldear la postura estratégica de los movimientos de resistencia y sus aliados. Irán, por ejemplo, ha vinculado públicamente el control de los flujos de datos y la infraestructura con  la soberanía nacional

Los actores de la resistencia y los defensores de los derechos digitales han criticado repetidamente a las plataformas tecnológicas occidentales por  la censura y vigilancia sistémicas del contenido y la disidencia palestina, enmarcando el control de la infraestructura digital como parte de una  lucha más amplia por la narrativa y el poder. 

El estrangulamiento del chip de IA y Pax Silica

El corazón de la IA es el silicio. Chips, aceleradores y servidores son la base de todo modelo, y su monopolio es cada vez mayor. En EE. UU., los ingresos de los centros de datos de Nvidia alcanzaron casi los 39 000 millones de dólares en un solo trimestre. 

Los ejércitos modernos ahora dependen de la IA para  pilotar drones , analizar señales satelitales, defender redes y calibrar sistemas de misiles. La infraestructura informática se ha convertido en un campo de batalla fundamental por sí misma. Reconociendo esto, Washington convirtió los controles de exportación en  bloqueos estratégicos , apuntando al acceso de China a chips de alta gama.

En respuesta, Beijing ha incrementado la producción nacional de chips, ha construido enormes centros de datos y ha incorporado IA en la planificación tanto civil como militar. 

La  iniciativa Pax Silica del Departamento de Estado de EE. UU . describe una alianza tecnoindustrial que abarca Japón, Corea del Sur, Países Bajos e Israel. Descrita como una «red de confianza» para las cadenas de suministro de IA, este marco integra computación, energía y fabricación en un bloque compartido. 

El papel de Israel y la disuasión digital

La integración de Israel en la ciberguerra,  las tecnologías de vigilancia y las aplicaciones militares basadas en IA lo posiciona como un nodo clave de seguridad dentro del marco estratégico de Washington. Tel Aviv aporta  herramientas probadas en el campo de batalla y una doctrina operativa perfeccionada durante décadas de ocupación y conflicto regional.

A través de esta red, la infraestructura computacional se convierte en un herramienta política. Los aliados dentro del sistema reciben acceso privilegiado a la tecnología y la inversión. Quienes están fuera se enfrentan a la exclusión, la escasez y el aumento vertiginoso de los costos. La infraestructura de IA se convierte en una estrategia de incentivos y castigos.

La arquitectura digital, que antes se consideraba neutral, se ha convertido en un instrumento de disciplina estratégica. La construcción de alianzas de Washington depende cada vez más del control del ancho de banda, los chips y el espacio de servidores. El acceso informático está calibrado para la alineación.

La presencia de empresas israelíes en foros de ciberseguridad y tecnología militar en Asia y África consolida aún más esta alineación. Las empresas conjuntas y los acuerdos de exportación difuminan la línea entre la colaboración económica y la dependencia militar.

IA, energía y dependencia forzada

La batalla por el hardware ahora alimenta un proyecto más amplio: el control de la implementación global. La verdadera ventaja reside en dominar la infraestructura de la nube. Desde Amazon Web Services hasta Microsoft Azure, Estados Unidos busca consolidarse como el sustrato de la economía digital global, estableciendo las reglas, los permisos y las condiciones de participación.

Los gobiernos y corporaciones de todo el mundo que dependen de la infraestructura de la nube estadounidense operan dentro de restricciones legales y operativas impuestas en Washington. Desvincularse de estas plataformas conlleva graves consecuencias políticas y económicas. 

Estas dinámicas ya han aflorado en el  conflicto del Mar Rojo , donde las Fuerzas Armadas Yemeníes (FAY), alineadas con Ansarallah, han demostrado sistemas de selección de objetivos adaptativos y  capacidades cibernéticas . Aunque asimétricas, estas herramientas reflejan el creciente alcance de la IA en los arsenales de la resistencia y la consiguiente urgencia de Washington por denegar el acceso a los bloques rivales. Washington logra el control no mediante la fuerza, sino mediante la arquitectura.

También existe una dimensión material. Ejecutar modelos a gran escala consume cantidades asombrosas de electricidad. La computación requiere centrales eléctricas, redes de refrigeración y flujos de energía ininterrumpidos. En este sentido, la IA es profundamente física: depende de materias primas, infraestructura extractiva y control territorial. 

Esta convergencia de la política informática y energética revela el plan más amplio de Washington. El desarrollo de la IA es simplemente una reafirmación de la hegemonía estadounidense bajo el lema de la innovación. 

Cerrando el círculo: la IA como infraestructura imperial

La IA se sitúa ahora en el centro de la gran estrategia estadounidense, anclando los esfuerzos de Washington por fortalecer la arquitectura de control unipolar. Lo que comenzó como una carrera por la ventaja técnica se ha convertido en una infraestructura de dominio que se extiende a través de las redes energéticas, las cadenas de suministro de chips y las plataformas en la nube que ahora configuran el acceso a la vida económica.

Este es el nuevo terreno de confrontación. Tel Aviv puede aportar las herramientas cibernéticas, Seúl la fabricación y Silicon Valley los servidores, pero el poder sigue en manos de Washington. El territorio digital está siendo dividido, racionado y vigilado.

Para el Sur Global, las líneas del frente ya han cambiado. La infraestructura ya no es una zona neutral. Ya sea mediante chipsets autorizados o acceso a la nube con licencia, el control de Washington sobre la computación define los límites políticos de esta era.

lundi 19 janvier 2026

Globalisation et privatisation de la guerre, l’évolution de la stratégie de défense américaine

SOURCE: https://www.institutschiller.org/Globalisation-et-privatisation-de-la-guerre-l-evolution-de-la-strategie-de

par Christophe Lavernhe

Cet article rend compte, entre autres, du travail de Nel Bonilla, doctorante, sur le thème de « l’Ouest et le reste » (West and the rest) [1]. Nel Bonilla est partie d’une lecture attentive de la littérature publiée par les organismes de pouvoir liés de près ou de loin à l’Alliance atlantique et à son moteur anglo-américain [2].
Ci-dessous, une courte vidéo mentionnée par Nel Bonilla dans son article. Elle a été réalisée par le Commandement allié transformation de l’OTAN sous les auspices de la division dite Clairvoyance stratégique dirigée par Florence Gaub.


De par sa nature intrinsèquement destructrice (par le pillage et la spéculation financière), le système politico-économique occidental n’est plus capable de surmonter les crises qu’il génère. Refusant à prendre les mesures de fond qui nous permettraient d’en sortir par le haut, nos « élites » paniquent. Dans le paradigme de compétition dont elles n’arrivent pas à s’extraire (je ne peux gagner que si tu perds), les fenêtres d’opportunité qui s’offrent encore à elles pour tenter de combler l’écart avec les pays des BRICS+++ sont en train de se refermer et l’avance de ces derniers devient irratrapable.

A cet égard, les Etats-Unis et l’Europe voient la Chine, en pleine effervescence créative, comme le défi ultime. Pour se prémunir d’une telle concurrence,

« les élites occidentales (…) ont choisi de militariser la concurrence elle-même, traitant le développement économique, les avancées technologiques et la coopération diplomatique des puissance non occidentales comme des problèmes militaires requérant des solutions militaires »

.

Sûr du soutien de l’Etat profond américain dont sa société est une pièce maitresse, Peter Thiel, patron avec Alex Karp de la firme Palentir (spécialiste du logiciel d’analyse de données à grande échelle) affirme ainsi que « la concurrence c’est fait pour les losers (les perdants) » [3]. Les patrons de la Tech américaine travaillent le gouvernement fédéral pour qu’ils les aident à imposer, par la force s’il le faut, un monopole mondial dans leur spécialité.

Cela dit, avec ou sans Palentir, la plupart des conflits actuellement en cours de par le monde sont le résultat d’une volonté de domination occidentale qui n’arrive plus à s’affirmer. L’Alliance atlantique, dominée par des pays va-t-en-guerre, désire pareillement passer en force sans en être capable. Les « losers » ne sont donc pas ceux qu’on croit. Et le fait qu’ils s’accrochent les rend terriblement dangereux.

On le constate à travers la volonté irréaliste et suicidaire de la part des Européens de doubler la mise face aux forces russes mais aussi celle des néo-conservateurs américains d’étendre l’Otan en Asie. Les deux nous mènent - à plus ou moins brève échéance - vers une guerre de haute intensité à partir de l’un de ces théâtres. C’est du moins ce que nous promettent les autorités civiles et militaires de notre pays, mais aussi celles du Royaume Uni, de l’Allemagne et de l’Otan pour ne citer qu’elles. La conflictualité « se déploie désormais dans tous les domaines et en amont du conflit ouvert » constatait déjà en 2017 la Revue Stratégique de défense et de sécurité nationale [4]. Une conflictualité à même de contrecarrer la pacification des relations internationales voulue par la majorité du Sud Planétaire.

Dans ce contexte et faute de pouvoir produire suffisamment d’armes, de munitions, de soutiens logistique pour neutraliser l’adversaire en cas de conflit de haute intensité, les Etats-Unis ont concocté une nouvelle doctrine qui consiste d’abord à se donner du temps.

Gagner du temps

A une domination qui ne peut plus se justifier par la prospérité, l’innovation ou le consentement, les capitales de l’Alliance atlantique opposent une coercition diffuse, jusqu’à avoir rattrapé leur retard (c’est du moins le but affiché).

Pour cela, il faut changer les caractéristiques de la guerre pensent-elles. « D’épisodique et régionale » la guerre doit devenir « trans-régionale et globale ». On y abandonne le principe « d’interventions ponctuelles et limitées » en faveur « d’un engagement simultané dans tous les domaines » [5] :

« Le système westphalien de conflits délimités entre états nations souverains fait place à un engagement permanent et partout (…) Les théâtres de guerre séparés deviennent, dans ce système « post-westphalien », les nœuds interconnectés d’un réseau de chantage planétaire ».

Parce qu’elles offrent la possibilité de maintenir des foyers de déstabilisation, les plaies héritées du passé sont maintenues ouvertes ou peuvent être réveillées n’importe quand au gré de déclarations hostiles, d’exercices militaires surprise ou d’incidents mis en scène. Concrètement on évite la résolution des conflits ainsi que l’illustre l’exemple tragique de ce qu’il se passe en Palestine ou en Ukraine. Mais aussi autour de Taiwan, au Vénézuela, dans de nombreux pays africains etc.

Outre que cela consolide le lobby militaro-industriel occidental, la multiplication d’accrochages de basse intensité est censée épuiser l’adversaire non-occidental. La mobilisation vers la guerre permet également d’occulter le déclin de nos économies civiles, tout en préparant les conflits de haute intensité.

Mais chaque jour qui passe met ce scénario à mal. Ne serait-ce que parce qu’il active de multiples solidarités entre pays partageant le sentiment d’être menacés par cette doctrine de guerre tous azimuts.

Guerre tous azimuts

Selon la National Defense Strategy de 2018, le problème pour les Etats-Unis est désormais principalement de répondre aux menaces de ce qu’elle appelle les « puissances révisionnistes » (sous entendu toutes celles qui rejettent la suprématie occidentales), principalement la Russie et la Chine (et aussi la Corée du Nord et l’Iran). C’est sur le plan de la protection aérienne que les Etats-Unis ont le plus perdu. Leurs routes d’approvisionnement traditionnelles sont devenues vulnérables, et les bases statiques (800 bases américaines autour du globe) peuvent devenir des pièges mortels face aux dangers venus du ciel.

Les « trous » existants dans le « dôme de fer » israélien, constatés lors du dernier conflit avec l’Iran en juin 2025 en sont un exemple. Rappelons que le dôme de fer a été développé conjointement par Israël et l’armée américaine, pour défendre le territoire israélien, mais aussi comme terrain d’expérimentation mettant en oeuvre l’IA et les dernières technologies. Pour riposter, l’Iran a utilisé de puissants missiles balistiques qui sont venus saturer la défense du dôme de fer, provoquant des dégâts largement occultés par le narratif officiel israélien. Précisons que Téhéran disposerait d’un arsenal de 2 000 missiles balistiques.

Plus généralement, la vulnérabilité occidentale est liée à la « prolifération » des systèmes de défense anti-aérienne multi-couches, des tirs de précision dans la profondeur, des systèmes de guerre électronique et des moyens cyber offensifs et défensifs. Un nombre croissant de pays à qui les Etats-Unis ont affublé l’étiquette « adversaire » ou « ennemi » sont désormais en mesure de « contester » la liberté d’action dont les forces américaines ont pu bénéficier, remettant en cause l’aptitude à la manœuvre interarmées qui conditionne la domination américaine.

C’est dans cette atmosphère de contestation générale du primat américain que l’Army ne veut (ou plutôt ne peut) pas rester focalisée sur la conduite des « batailles ». Elle se prépare plutôt à mener toutes formes d’opérations dans le cadre d’une « compétition stratégique » de nature globale visant à mettre au pas le bloc révisionniste, où qu’il soit et quand il le faut. La persistance des foyers de tension soigneusement entretenus vise à dérouter l’adversaire, le faire douter dans un contexte d’éternels recommencements.

L’ambiguïté stratégique

Cette doctrine porte un nom : l’ambiguïté stratégique. Elle brouille les intentions de sorte que les adversaires doivent se préparer à tous les scénarios et défendre tous les fronts, tout le temps. L’effet de surprise lié à l’imprévisibilité peut aussi donner à des moyens limités un effet multiplicateur sur le terrain. La fait d’alléguer en flux continu de l’existence de menaces diverses contribue aussi à alimenter la psychose dans le public, ce qui le prépare à la guerre. En Europe, chaque jour qui passe égrène sont lot d’évènements allégués et montés en épingle, destinés à accroitre l’inquiétude : déraillement de train suspects en Pologne (sur les lignes ravitaillant l’Ukraine), incendies d’entrepôts logistiques au Royaume Uni et en Allemagne, coupure inexpliquées de câble sous-marins en Baltique, brouillages GPS affectant l’aviation civile etc.

Si l’ambiguïté stratégique relève plus du discours diplomatique ou de la communication d’informations vers le grand public (conditionnements, propagande), l’incertitude opérationnelle intervient avant et durant l’intervention armée.

Les Opérations multi-domaines (OMD)

Ce que les stratèges américains ont nommé Opérations Multi-Domaines (Multi Domain Operations, MDO) permet de prolonger l’incertitude sur le terrain, avant et durant l’intervention armée.

Le document rédigé en 2018 sur la stratégie nationale de défense le résume ainsi :

« Soyez (...) opérationnellement imprévisible... notre déploiement dynamique des forces, notre posture militaire et nos opérations doivent introduire un élément d’imprévisibilité pour les décideurs adverses... manœuvrez vos concurrents dans des positions défavorables, contrecarrez leurs efforts, éliminez leurs options tout en développant les vôtres ».

La Rand corporation affirme au même moment que « l’imprévisibilité opérationnelle, c’est rendre l’adversaire incertain sur la façon dont les Etats-Unis vont combattre ». La meilleure façon de faire précise la Rand est de mettre au point et d’expérimenter plusieurs méthodes d’action qui demanderont chacune une réplique adaptée, différente de toutes les autres, de la part de l’ennemi.

Des attaques multiples, menées en collaboration étroite entre les domaines terrestre, maritime, spatial, aérien, cybernétique et électromagnétique visent à coordonner les effets et provoquer des dilemmes chez l’adversaire. On y intègre aussi celui de l’information, l’espace extra-atmosphérique… et le cerveau humain qui, pour les stratèges de l’Otan, est devenu le nouveau domaine opérationnel. La Russie est par exemple accusée de mener une guerre permanente contre les esprits européens, pour briser la volonté de résistance.

Ces attaques impliquent aussi le recours à différents types d’acteurs, sortes de mercenaires (voire de groupes terroristes) il est question de forces « de substitution » ou auxiliaires locaux (aussi appelés proxys). Ces modalités d’opération entrent dans le cadre de stratégies dites « hybrides » ou de « zones grises ». Les limites traditionnelles de la notion de conflit s’estompent, instaurant une lutte d’influence dont les enjeux sont les « alliés et partenaires » (pays de l’Otan, de l’AUKUS [6]...) ainsi que « les Etats vulnérables de la ligne de partage » (Ukraine, Turquie, Inde...).

La France s’inscrit en plein dans ces « nouveaux modes de conflictualité », notre Président de la République reprend à son compte l’ambiguïté stratégique : « la frontière entre compétition et confrontation, qui nous permettait de distinguer le temps de paix du temps de crise ou de la guerre, est aujourd’hui profondément diluée (…) Elle laisse place à de multiples zones grises où, sous couvert d’asymétrie ou d’hybridité, se déploient des actions d’influence, de nuisance, voire d’intimidation, qui pourraient dégénérer » (extrait de son discours sur la stratégie de défense et de dissuasion le 7 février 2020).

Mais entre ce qui est visé et la réalité, l’écart est encore manifeste. Les OMD supposent acquises de nombreuses conditions qui ne sont que très rarement réunies. Les communications doivent notamment éviter les brouillages et rester fluides entre les différents domaines. En Ukraine par exemple, on peut observer que la guerre électronique menée par la Russie perturbe avec succès les réseaux ISR (Intelligence, surveillance, reconnaissance) locaux tout en brouillant le GPS, en dégradant les drones et en interférant avec les tirs guidés de précision.`

La guerre mosaïque

La guerre de demain telle qu’elle est pensée au Pentagone sera aussi faite par des unités de taille réduite (composant une mosaïque), assemblées en vue de combattre de manière fluide et décentralisée, sans structure préalablement définie. Les éléments individuels d’une mosaïque – des petits drones par exemple - sont vulnérables, mais ensemble, ils représentent un réel danger. Même si un adversaire parvient à neutraliser plusieurs pièces de la mosaïque, l’ensemble peut réagir instantanément selon les besoins pour obtenir l’effet global souhaité.

Dans le cadre des Opérations Multi-Domaines que l’on vient de décrire, les responsables de la DARPA américaine (Defense Advanced Research Projects Agency) mettent en avant ce concept de guerre mosaïque pour qualifier les nouvelles configurations rendues possibles par les progrès dans la communication entre machines :

« petits fragments en grand nombre, interopérables, faibles et fragiles pris isolément, les drones peuvent être agencés dans un contexte spécifique pour tuer. Un même drone peut être une fois un capteur, une autre fois une munition vagabonde, un leurre, ou un brouilleur. Chaque drone est autonome. Il a été doté de données communes à tous les autres drones et peut s’intégrer très rapidement à une configuration locale de force. Le commandement humain fournit les grandes lignes de l’intention ; les algorithmes assemblent des forces opérationnelles à partir de tout ce qui se trouve à proximité et en réseau. L’orchestration est instantanée et, idéalement, intraçable ».

Contrairement aux systèmes monolithiques et aux architectures rigides actuels, dont le développement prend des décennies au point où certains systèmes militaires deviennent obsolètes avant même d’être livrés, de tels systèmes sont moins coûteux et moins complexes fait valoir l’État Major. La guerre mosaïque utilise aussi l’interopérabilité entre machines et IA pour mettre en réseau des systèmes en partie habités (par l’homme) et en partie non habités :

« La guerre mosaïque nous est présentée comme l’archétype de la résilience : un force distribuée qui ne peut être décapitée, qui survit en se dispersant plus vite qu’elle ne peut être à son tour frappée. »

Il existe une hypothèse sous-jacente à cette guerre apparemment « joyeuse » que veulent mener les occidentaux au XXIeme siècle, c’est que nos adversaires, contrairement à nous, sont fragiles, centralisés et incapables de se recomposer de manière adaptative. Ici perce à nouveau « la vision civilisationnelle de supériorité qui sous-tend la vision stratégique globale du monde. ». Une vision qui amène de nombreux stratèges occidentaux à sous-estimer la capacité des nations apparemment moins avancées à surpasser leurs manœuvres.

Le réseau

A l’échelle globale, la guerre mosaïque repose sur un réseau unifié, véritable architecture planétaire. Sur le papier, il permet par exemple à « un capteur situé en Afrique de déclencher une frappe dans le Pacifique, tandis que l’analyse est effectuée en Allemagne et au Colorado. »

Sorte de meta-réseau, le cyberespace inclut l’informatique, Internet, les réseaux subsidiaires, les technologies numériques, en particulier lorsqu’il s’agit de contrôle, de communication ou de sécurité. Pas de drapeau, pas de bases dans le cyberespace. Ce qui demeure c’est le maillage de l’espace, avec la possibilité d’y fonctionner d’une façon décentralisée. Au sein de ce réseau qui stipule avant tout l’interopérabilité, la puissance coercitive circule.

Mais attention, celui qui accepte d’en être membre accepte la loi en vigueur. Cela se fait à travers l’alignement sur les normes qui régissent le fonctionnement des infrastructures, de la logistique, des finances et de la communication. Au plan militaire plus spécifiquement :

« Grâce à l’infrastructure numérique, les alliés intégreront leurs forces armées dans un système technologique dirigé par les États-Unis dont ils ne pourront se dissocier sans renoncer à leur propre capacité opérationnelle »

.

Cet embrigadement fait écho au chantage exercé auprès des acteurs économiques qui acceptent de commercer en dollars. Ils doivent se soumettre aux conditions américaines (extraterritorialité du droit, taxes, sanctions et interdits divers). Voilà une bonne dizaine d’années que les territoires du Sud planétaire ont entamé la longue marche pour se désengager du système dollar. Ils ont aussi très bien compris – Chine en tête – à quel point la mise en place d’une infrastructure réseau indépendante de l’Occident collectif est un élément vital.

Globalisation et privatisation de la guerre

Voilà un exemple de ce que cela donne sur le terrain, à Gaza en l’occurence. Les entreprises technologiques américaines (Palantir à nouveau, et Dataminr) sont intégrées au centre de coordination civilo militaire (CMCC) partenariat public/privé élaboré par les Américains :

« Elles contribuent au modèle sécuritaire baptisé « alternative safe communities », qui propose de regrouper des civils palestiniens dans des zones clôturées, surveillées et connectées aux systèmes prédictifs des firmes américaines. L’IA identifierait les « comportements à risque » en suivant téléphones, déplacements et traces numériques. Ces sociétés ne se contentent pas de fournir des outils. Elles co-écrivent, avec les Etats, l’architecture sécuritaire de l’après-guerre. Cette fusion entre l’appareil militaro diplomatique et l’industrie du big data pose une question fondamentale : que devient la liberté quand la puissance publique délègue à des société privées le pouvoir de surveiller, cibler et contrôler des populations entières ? » [7]

Plus généralement, à Gaza ou bien en Ukraine qui pilote réellement ? Ce ne sont pas les peuples, consultés ni sur l’état de belligérance (est-on en guerre ou non ?), ni sur l’emploi de nouvelles armes, ni sur l’apparition d’outils de contrôle redoutables, ou sur l’élargissement de l’Otan. Ce sont à peine les ministres, à la fois complices et dépassés par la complexité technique des dossiers.

L’obstacle sur lequel l’humanité bute à l’aube du deuxième quart du 21e siècle, c’est donc la prééminence de ces intérêts militaro-financiers privés qui se substituent au pouvoir souverain des peuples, reléguant les nations porteuses de l’intérêt général au rang d’annexes « juridico-policières ».

Dans ce type de contexte international, les enjeux diplomatiques, militaires, les règles d’attribution de marchés privés, la multiplication des acteurs (incluant les organismes internationaux, supranationaux et autres ONG..), rend le fonctionnement général difficilement déchiffrable pour la plupart des intervenants.

Ce n’est pas le cas pour les sociétés qui organisent les processus de délibération/décision. Elles imposent des pratiques managériales qui compartiment les problèmes et entretiennent l’opacité. A travers l’élaboration de structures qui permettent de concentrer le pouvoir de décision sans attirer l’attention, de fixer la rémunération des sous-traitants, d’attribuer les budgets de façon à rémunérer au mieux le secteur militaro-industriel, le tout dans une logique de maximisation du profit et de rétrocommissions à des fins politiques.

* * *

Plutôt que de rechercher des terrains d’entente et de négociation, les élites occidentales préfèrent donc « gérer » l’opposition orchestrée entre les deux blocs que nous venons de décrire. La guerre généralisée reste, à leurs yeux, le dernier recours. C’est leur façon de repousser l’écroulement inévitable du système financier occidental. Elles peuvent pour cela compter sur l’aide active des gouvernements qu’elles ont réussi à subvertir. Pour nous européens la subversion est emmenée par le trio Emmanuel Macron, Friedrich Merz, Keir Starmer. Sous peine d’écroulement, nous devons sortir de cette logique de bloc, très vite.


A lire aussi :


Notes

[2Les sources de la chercheuse sont les publications de think-tanks privés (tels la Rand Corporation, le CSIS, la Heritage Foundation), les médias qui en sont les relais (Wall Street Journal, Financial Times) et enfin les publications des organismes officiels au coeur de la bureaucratie permanente des Etats Unis et de l’Otan. Ces positions officielles reflètent souvent des politiques qui leur ont été soufflées par les lobbyistes, cabinets des conseil et autres agents d’influence extérieurs.

[3Si l’on prend l’exemple français, Palentir n’a effectivement aucun concurrent. Voilà dix ans que les autorités françaises ont choisi Palentir comme partenaire exclusif de la Direction Générale de la Sécurité Intérieure (DGSI), au coeur des services de renseignement français, pour exploiter nos données les plus sensibles. Et l’on a appris le 15 décembre 2025 que le contrat qui lie la France à cette société va être renouvelé pour les trois prochaines années…

[5Selon le Plan de réseau unifié de l’armée 2.0 pour Army Unified Network Plan 2.0, ou AUNP, auquel fait écho l’Analyse prospective stratégique de l’OTAN pour 2023 établie par l’Otan.

[6Acronyme de l’anglais Australia, United Kingdom et United States

Rise Up - The Reds - Dream Concert part three

 


jeudi 15 janvier 2026

IA : Apocalypse ou fin de la préhistoire ?

SOURCE: https://www.legrandsoir.info/ia-apocalypse-ou-fin-de-la-prehistoire.html
 

C’est LE sujet du moment, celui de toutes les angoisses, de tous les vertiges dystopiques. Beaucoup penseront d’ailleurs, pourquoi pas, que ce texte est signé ChatGPT. Appel à toutes les intelligences “naturelles” donc, pour s’en assurer ou s’en dissuader...

Nous sommes dans l’oeil d’une crise existentielle cyclonique, bien plus forte que celle de nos aïeuls luddites[1], puisque l’intelligence artificielle (IA) va s’imposer à la quasi-totalité du salariat, et plus seulement, comme c’est déjà le cas, à la seule classe ouvrière, par une automatisation exponentielle de la force de travail.

Crise économique oblige, doublée d’une crise morale, démultipliée par une crise climatique : Tout concourt à rejeter cette révolution technologique, noyés que nous sommes dans des questions de tous ordres sur l’avenir. C’est pourtant l’unanimité du rejet qui devrait nous interroger, par delà les diversions d’une peur du progrès consubstantielle à notre histoire humaine. Au niveau idéologico-politique bien sûr, mais aussi aux niveaux psychologique et épistémologique. Prenons les choses dans l’ordre.

Marx réfuté ?

Suivant de près la mécanisation industrielle qu’étudiait Marx, la robotisation ne date pas d’hier. L’angoisse de la fin du travail non plus. En fait, l’aliénation, déjà centrale dans son œuvre, ne fait que s’accentuer depuis deux siècles, avec le développement capitaliste. Or à moins de voir le “marché du travail” disparaître complètement un jour, s’accentuer signifie aussi se vérifier. L’appétit croissant du patronat pour supprimer nos jours fériés et allonger nos “durées de cotisation” ne plaide pas en faveur d’une théorie du “grand remplacement” du capital variable par le capital constant... Il semble d’ailleurs que les nouvelles usines chinoises[2] “entièrement automatisées” par plusieurs centaines de robots intégrant l’IA ne peuvent pas se passer d’une centaine d’ouvriers réparateurs permanents, qui gèrent l’entropie générale, loi fondamentale de la thermodynamique qu’aucune planification capitaliste ne saurait renverser.

Evidemment, l’accentuation de notre aliénation a de quoi faire peur. L’exemple de cette traductrice spécialisée dans la traduction de modes d’emploi de prothèses médicales[3] est symptomatique : son travail, loin d’être “remplacé”, a été surtout dévalorisé par ChatGPT (60% de revenu en moins), tout en imposant un travail de relecture bien plus long et fastidieux. La barbarie capitaliste ne nous épargnera pas cette nouvelle opportunité, ce fugace rebond du taux de profit.

Pour une majorité d’intellectuels de plateau (Enthoven, Sadin, Julia, ...), nous serions donc mal avisés d’exprimer quoi que ce soit de positif face à cette nouvelle révolution technique : Il faudra plutôt, à les entendre, revenir en arrière, retrouver les riches heures des Salons littéraires, renouer avec notre “Culture” avec un grand C, notre “génie français” perdu, sapé par les jeunes incultes d’aujourd’hui... Il faudra se rendre à l’évidence postmoderne : le progrès, c’est mal. C’était mieux avant, comme toujours. Et pourtant...

L’IA permet de gérer un tel torrent de données que des réponses aux grands problèmes climatologiques, agronomiques, pharmacologiques[4] et même, sous certaines conditions, économiques[5] sont désormais à portée de main. Qu’importe ! Il faut fustiger “l’abjecte horizontalité” des IA génératives, pour citer un auteur maurrassien[6] bien connu des réseaux sociaux. Sans rien proposer d’autre, puisque telle est l’habitude des réactionnaires millénaristes. Quelque soit l’ampleur des boycotts, l’IA s’imposera évidemment quoiqu’il arrive. C’est du moins mon point de vue, bassement matérialiste.

Je comprends, pour en être un moi-même après tout, qu’on puisse s’indigner du fait que les IA génératives dévaluent le capital culturel de la petite bourgeoisie française “lettrée”, jusque-là bien à l’abri, grâce à une langue réputée ésotérique. Que n’a t-on assez de mépris pour la vulgarité de l’anglais ou la rugosité de l’allemand ? Combien méprise-t-on encore la langue arabe, dont le vocabulaire dépasse pourtant le nôtre d’un facteur dix ?

Le soudain malaise de la petite bourgeoisie vis-à-vis des IA génératives est effectivement une nouveauté, même si d’une certaine façon elle réédite le vol par les machines du riche savoir-faire artisanal pendant la première révolution industrielle. La crise existentielle de cette couche sociale trouve -c’est au fond ce qui est nouveau- un écho médiatique que les ouvriers et artisans de jadis n’ont pas eu. Comprenons-nous : je le regrette tout autant, sans aller jusqu’à m’émouvoir de cette “abjecte horizontalité”.

Ce n’est pas l’horizontalité qui pose problème. Cette révolution technologique ne profitera, au contraire, qu’aux classes dirigeantes et aux détenteurs du capital culturel. Car pour se différencier de ChatGPT, il faudra redoubler d’esprit critique[7], d’inventivité conceptuelle, ce qui augmentera encore la domination de l’intelligentsia lettrée sur le “bas peuple” tout en dépréciant d’autant l’intellect de celui-ci. Le développement du “complotisme” naïf en a été, par exemple, un avant-goût. Le savoir est toujours (et peut être plus que jamais) une arme... et il faudra se battre durement, dans une nouvelle ramification du combat de classe, contre ce fossé qui se creuse aujourd’hui.

En attendant, constatons tout de même que l’IA apporte aux couches populaires acculturées par un système éducatif en ruine, des armes d’appoint inespérées pour s’exprimer, se défendre, connaître ses droits, etc. Moyens de lutte bien réels (pour peu qu’on soit “formé aux IA”) qu’on ne saurait reprocher au militant syndical.

Le grand retour du dualisme...

De deux choses l’une : Soit l’IA générative est potentiellement une nouvelle forme de conscience, qui rivalise avec la nôtre (théorie de “l’IA forte”), soit elle ne peut être qu’une puissance de calcul, aussi gigantesque soit-elle, qui outille notre intelligence collective pour résoudre des problèmes bien réels sans pour autant innover conceptuellement (théorie de “l’IA faible”). Donc sans impacter vraiment notre capacité à penser, à évoluer, à progresser.

Les soviétiques, pionniers, auguraient déjà ce dilemme entre les deux théories, tout en y prenant clairement position de façon matérialiste : “L’intelligence artificielle, au sens littéral du terme, n’existe pas et n’existera pas”[8] affirmait un des pionniers en la matière, Germogen Pospelov, à l’Académie des Sciences en 1986. Pour la soviétologue Olessia Kirtchik : “L’approche soviétique de l’IA était caractérisée par une critique radicale de l’approche américaine “mécaniste” et “réductionniste” de l’intelligence humaine, et par une réticence à adopter le modèle cybernétique esprit-machine. Cette prémisse empêchait les théoriciens soviétiques de l’IA de considérer une machine intelligente, ou un ordinateur, comme une entité “pensante” à part entière.” Pour eux, “les ordinateurs ne pouvaient pas produire des idées, des images ou des concepts véritablement nouveaux, mais seulement reproduire des modèles ou des clichés existants.”[9]

La tradition matérialiste dialectique en URSS permettait même une seconde objection, d’ordre plus psychologique et liée à notre compréhension de l’intelligence humaine en elle-même. Compréhension sans laquelle on ne saurait comprendre l’IA, par analogie. La distinction se concentrait sur une approche moniste de l’intelligence et de la conscience.

Certains pensent ici, a contrario, que le développement des IA génératives produira une nouvelle “conscience”, émergeant des réseaux électroniques comme la conscience humaine émergerait elle-même des réseaux neuronaux, sans leur être réductible. Cette conception, autorisée par une séparation virtuelle entre la conscience et la matière qui la conditionne -ou plus- entre le cerveau intelligent et le corps qui le nourrit, est indiscutablement une forme nouvelle de dualisme, au sens cartésien (le corps comme machine auquel s’ajoute une âme motrice). Un nouvel “animisme”, très spéculatif et fort peu scientifique.

Le caractère pionnier des objections des soviétiques en la matière n’est sans doute pas un hasard : Leur tradition les mettait, si j’ose dire, à l’abri des deux approches typiquement occidentales, qui s’affrontent encore à grands traits chez nous aujourd’hui : Freudisme d’une part et constructivisme d’autre part.

En matière de psychologie comme dans beaucoup d’autres sciences, on doit généralement affronter une contradiction d’ordre épistémologique entre deux points de vue antagonistes, l’un mécaniste et réductionniste, l’autre plutôt vitaliste et dualiste. L’URSS a connu, comme ailleurs, ce type d’affrontements entre théoriciens, comme en agronomie, en biologie, et même en géologie. Mais ces affrontements ont souvent pu être ou ont été dépassés par l’analyse matérialiste dialectique, qu’on moquait à l’Ouest. A la même époque, ici, s’affrontaient (et souvent s’affrontent encore) le vitalisme freudien, remplaçant instinct par pulsions, et le mécanicisme piagétien, d’apparence plus matérialiste certes, mais qui minore clairement la dynamique propre à la vie, dynamique qui la distingue du monde inorganique[10].

D’un côté donc, la psychanalyse, pratique ésotérique assumée, feignant une approche “biologisante” pour dissimuler son caractère spéculatif et non-scientifique. Beaucoup de progressistes ont pu trouver cette approche plus libératrice, plus souple, plus douce que celle qu’on développait aux USA à la même époque pour manipuler les foules[11] ou traiter les troubles psychiques de façon brutale, rapide, standardisée et peu coûteuse.

De l’autre, une approche plus expérimentale, quoique antérieure à la révolution de l’imagerie cérébrale. Celle-ci, qui va du behaviorisme américain aux constructivistes français, parmi lesquels plusieurs marxistes d’ailleurs, en passant évidemment par l’influence structuraliste, aura plus facilement les faveurs du matérialiste. Et pour cause ; le fondateur de cette approche n’est autre que Ivan Pavlov, pionnier de la physiologie et de la psychologie expérimentale, “héros de la science soviétique” comme on disait jadis.

Il faut cependant tenter de comprendre comment le “néopavlovisme” soviétique, cette science qui a posé les principes de l’accouchement sans douleur (non chimique) ou des traitements (non chimiques) fondés sur l’effet placébo[12], a muté à l’Ouest en une pensée mécaniste et, disons-le franchement, hostile à la biologie[13] en tant que telle.

Je formule ici une hypothèse qui peut paraître caricaturale. Mais c’est le propre de toute proposition qu’étayent des expériences oubliées ou négligées, et humblement soumise à la critique collective : De Pavlov aux behavioristes, le retour du problème de l’acquis et de l’inné, passant de contradiction dialectique à opposition métaphysique, explique la mutation théorique hors du “rideau de fer”.

Skinner négligeait sciemment l’innéité, trop biologisante, autant que Freud la considérait au contraire cruciale (pulsions). En ce sens, ni l’un ni l’autre n’y voyait une interaction dynamique entre les comportements instinctifs, c’est à dire les réflexes inconditionnels, et les fameux réflexes conditionnels générés et décrits par Pavlov[14] : Chez ce dernier, le réflexe inconditionnel est en effet bien différent de la “pulsion” psychanalytique : il est précablé par une histoire évolutive commune à toute l’espèce (et non spécifique au moi), dirigé vers la satisfaction d’un besoin vital (et s’éteignant avec lui) et non d’un plaisir insaisissable.

La plasticité cérébrale (découverte aussi par Pavlov puis vérifiée par la neurologie moderne), c’est-à-dire la capacité des neurones à se recâbler, non pas à partir de rien, mais sur la base d’un réseau préexistant et commun à tous, fait du cerveau le lieu d’un mouvement permanent, non seulement fondé sur l’inné, mais construisant l’acquis sur la base de “reconditionnements” de degrés successifs, base de la conscience individuelle (puis collective).

... ou celui de Pavlov

Cet acquis avait selon lui une capacité à devenir, dans certaines circonstances prédéfinies, héréditaire. Sa conception n’est pas restreinte à la seule “psychologie” du reste : C’est aujourd’hui la base de l’épigénétique au sens large, nouveau champ de recherche bousculant depuis quelques décennies les idées reçues de la génétique classique du vingtième siècle. Il ne s’agit pas d’une hérédité de l’acquis “lamarckienne” attribuée (à tort) au cas du cou des girafes de plus en plus long à mesure que les cimes s’élèvent, à force de tendre la tête vers le haut. C’est plutôt un mécanisme selon lequel, quand des conditions environnementales inhabituelles sont répétées sur plusieurs générations, la sur-expression d’un gène (ou son interruption), devenue avantageuse chez un individu, n’est plus “rebootée”[15] dans ses cellules sexuelles, et est conservée (sans répétition des conditions préalablement) pour de nombreuses générations ultérieures, de façon réversible si ces conditions ont durablement disparu. On trouvera en note un article sur cette capacité, illustrée par l’expérience d’un souvenir d’odeur alimentaire attractive, rendu héréditaire chez le ver Caenorhabditis elegans[16]. Modalité épigénétique identifiée, depuis, pour la plupart des espèces vivantes, animales et végétales. Les soviétiques se disaient non-lamarckiens de ce point de vue, et insistaient déjà sur l’importance de la répétition des conditions d’ébranlement initiales pour plusieurs générations, et la réversibilité du caractère hérité si ces conditions ne reviennent plus ensuite[17].

“On peut admettre que certains réflexes conditionnels nouvellement formés se transforment ultérieurement par l’hérédité en réflexes inconditionnels” disait Pavlov (L’expérience de 20 ans). Le psychologue soviétique néopavlovien Ezra Askarian précisait à propos de ces découvertes : “Confrontant continuellement les réflexes inconditionnels et les réflexes conditionnels, (...) Pavlov faisait remarquer en véritable évolutionniste que cette différence entre deux principaux genres d’activité nerveuse n’a qu’un caractère relatif : Il soulignait la liaison historique entre eux et la possibilité de transformer les réflexes conditionnels en réflexes inconditionnels sous l’influence d’une impérieuse nécessité historique” (Pavlov, sa vie, son oeuvre, 1953).

A l’époque où l’épigénétique n’était pas encore connue, les scientifiques occidentaux se moquaient de telles conclusions (et les niaient) : “Dans la conception de Pavlov, la notion de localisation n’entre pas en ligne de compte. Il parle de l’écorce cérébrale comme d’un tout, et ceci introduit une notion essentielle, celle de malléabilité[18], permettant ainsi une fonction correctrice du milieu. Nous rejoignons un des thèmes essentiels de l’éducation et de la psychiatrie soviétique, celui de la primauté du milieu, notamment humain. C’est pour des raisons analogues que la psychiatrie soviétique a rejeté avec un apriorisme outrancier le dogme de la génétique classique issu des travaux de Mendel, à savoir la non transmissibilité des caractères acquis.” (Cyrille Koupernik, Psychiatrie soviétique, tendances et réalisations, 1962).

Dépasser l’opposition entre inné et acquis (imposée par la génétique classique) dans le sillage du néo-pavlovisme -oublié puis ravivé tacitement par l’épigénétique- permet peut-être de dépasser aussi la vieille hostilité des sciences humaines en général et de la psychologie matérialiste en particulier, vis-à-vis de la biologie : La biologie moderne a rompu avec la prédestination des gènes, codes porteurs de “sens” et supposant un mystérieux “encodeur”. Chemin faisant, elle a renoué avec cet interactionnisme darwinien des origines, que ternissait l’idéalisme mendélien pendant une bonne partie du siècle dernier, y compris, sous une forme plus discrète, dans la génétique moléculaire (à l’époque de la cybernétique).

La croyance dans une intelligence artificielle qui remplacerait la nôtre n’oublie pas seulement le caractère collectif (donc dialectique, formée par la lutte et l’unité intellectuelle d’une large diversité d’individus) de l’intelligence humaine, mais aussi le fait qu’on ne saurait concevoir d’intelligence individuelle coupée des stimulations du milieu et de son action sur lui, émergeant du câblage nerveux de façon dualiste. Si on développe les conceptions dialectiques de Pavlov[19], on présentera le câblage nerveux comme une structure innée, tendanciellement “stable”, mais dont la finalité (ou plutôt le mode d’existence) est de se reconditionner avec le milieu changeant, donc de perdre sa structure de départ en tant que telle. Impossible autoconservation donc, consubstantielle, si on élargit le raisonnement, au vivant lui-même[20].

... et de Vernadsky ?

En somme, la révolution des IA génératives est -aussi- l’occasion d’une révolution de la recherche en psychologie, d’une obligation nouvelle de mieux comprendre, de redéfinir notre psyché, notre conscience, notre intelligence (sans vouloir mélanger ces notions, pourtant liées), par comparaison, par confrontation à un nouveau problème, de taille. Si la cybernétique et l’informatique ont été jadis contemporains des thèses de psychologie constructiviste, structuraliste, bien souvent par proximité géographique et chronologique (ce qui est logique du point de vue d’une épistémologie matérialiste), les IA génératives seront, peut-être a contrario, l’occasion d’une différenciation cette fois, l’occasion d’un retour à la biologie, à la dynamique du vivant, loin des analogies faciles et des réflexes anti-scientifiques.

De son côté, l’IA peut renforcer à la fois la circulation des idées et des concepts (et non leur création, puisqu’elle ne fait que recycler l’existant) entre les hommes, et notre esprit critique vis-à-vis de leurs associations dans le langage (distinguer l’IA de ce qui reste authentique et innovant).

C’est moins l’IA que notre rapport à elle, qui inquiète aujourd’hui. Ce nouveau moyen de production (intellectuelle) est directement associé, comme outil, à ce que les matérialistes appellent l’intelligence humaine collective. Pour le meilleur (socialisme) ou pour le pire (capitalisme), son intervention massive sur la noosphère sera de toute façon incontournable, comme toute avancée scientifique et technique dans l’histoire humaine.

Nous allons vivre une crise épistémologique d’une ampleur qui dépassera peut-être celle qu’a vécue Lénine, quand il écrivait Matérialisme et empiriocriticisme au début du siècle dernier. A l’époque, les avancées historiques de la physique (relativité, physique quantique) ont conduit certains savants à s’exclamer avec angoisse : “la matière disparaît”[21]. C’était pour Lénine, recycler avec un semblant de modernité et sans Dieu, les thèses de l’immatérialisme de jadis.

Cette fois, deux directions épistémologiques sont possibles face à la robotisation de la noosphère, cet univers “matériel” des connaissances humaines, selon la façon qu’on aura de définir le concept de noosphère lui-même. Il est double : Il représentait d’une part une sphère matérielle (le savoir, enregistré sur des supports) indissociable des autres (biosphère, lithosphère, atmosphère, etc.) pour celui qui l’a décrit le premier, Vladimir Vernadsky, autre “héros de la science soviétique” et grand dialecticien (découvreur aussi du concept de biosphère, mieux connu).

Il représentait, d’autre part et à l’inverse, une sphère transcendante, détachée de nous et progressant vers sa finalité ultime (Dieu) pour un contemporain catholique très idéaliste de Vernadsky, Pierre Teilhard de Chardin.

A nous de lutter pour maîtriser l’aiguillage du train inarrêtable du progrès ! L’un est un tel développement des forces productives que le socialisme, nous libérant du travail aliéné, sera plus clairement encore à portée de main. L’autre est la fuite en avant d’un capitalisme agonisant, nous précipitant dans une aliénation centuplée par la technique, s’appuyant sur une vision idéaliste, nostalgique, fataliste et réactionnaire, donc utile à l’ennemi de classe.

Guillaume Suing

[1] Il y a deux siècles, à l’aube de la révolution industrielle, ces ouvriers anglais s’en prenaient volontiers aux machines, pourvoyeuses de chômage, plus qu’aux patrons eux-mêmes.

[2] Les “dark factories” chinoises dont ZEEKR, sont très commentées sur les réseaux et les médias.

[3] Podcast France Info du 20 juillet 2024.

[4] L’IA permet aujourd’hui d’aborder des problèmes complexes comme celui des évolutions climatiques, particulièrement multifactorielles, les innovations biochimiques promises par la capacité de prévoir les repliements complexes des protéines, l’amélioration des techniques agricoles permettant de produire davantage sans utiliser d’intrants chimiques et en respectant la fertilité naturelle des sols cultivés, etc.

[5] On rappelle que les premières innovations en IA, en particulier dans le Deep learning, furent soviétiques, avec notamment celles de l’informaticien et mathématicien Alexeï Ivakhnenko. L’augmentation des puissances de calcul était, là bas, motivée par l’objectif d’une meilleure efficacité de la planification socialiste et de la bonne gestion de l’allocation des marchandises, produites pour satisfaire tous les besoins des consommateurs sans pénuries ni surproduction. Sur ce thème : Fuir l’histoire ? G. Suing, Editions Delga, 2025.

[6] Loïc Chaigneau est l’auteur d’un texte en ligne tentant d’expliquer en quoi la pensée humaine (la sienne en particulier) est supérieure à l’IA générative. Sa spécialité étant de recycler des concepts existants déjà dans les sphères zemmouristes, on comprend qu’il se sente particulièrement impacté par ce rival numérique.

[7] Les anciens, dont je suis, savent comment Photoshop a provoqué le développement d’un esprit critique nouveau pour distinguer le vrai du faux. On se souvient de la photo du monstre du Loch Ness, qui resta célèbre jusque dans les années 80, où l’on y croyait encore parce que c’était une photo.

[8] Cité dans Le programme scientifique soviétique sur l’IA, Olessia Kirtchik, Cambridge University press, 2023.

[9] Idem.

[10] On trouvera dans “l’inconscient structuré comme un langage” chez Lacan, non pas un dépassement dialectique des deux approches mais plutôt un florilège de ce qu’elles avaient chacune de pire. De l’autre côté, Piaget, par exemple ne se montrait pas plus enclin à “biologiser” : il transposait bien, formellement, le processus darwinien “hasard/sélection” (accommodation) pour décrire la construction psychique, mais sans entrer ni dans la neurologie, ni dans la génétique moléculaire, en pleine révolution à l’époque.

[11] Le Nudge se fonde sur les principes du behaviorisme américain pour “manipuler en douceur”. Il a des applications dans les campagnes électorales, y compris en France depuis Macron.

[12] On retiendra de ces innovations qu’elles s’écartent autant de la psychanalyse que des traitements radicaux pratiqués en occident à la même époque (traitements chimiques standardisés et de moindre coût, électrochocs, interdit en URSS pendant qu’on en abusait aux USA, traitements du “mal par le mal”, etc.)

[13] La “biophobie” du marxisme occidental universitaire, essentiellement attaché aux sciences humaines, doit son essor au double rejet des malheureux avatars eugénistes de la génétique mendélienne à l’Ouest et lyssenkistes à l’Est au cours du vingtième siècle.

[14] Son expérience fameuse consistait à créer un réflexe gastrique préprandial au son d’une cloche, reproduit avant chaque repas, à la place de l’odeur ou de la vue du plat (instincts).

[15] L’opposition idéaliste entre inné et acquis, dans le problème de l’hérédité de l’acquis, dans laquelle les soviétiques ont une part de responsabilité (mais à propos de laquelle ils avaient aussi en partie raison), se résout avec le constat qu’il existe un “lissage” des marques épigénétiques sur l’ADN (survenues au cours de la vie de l’individu par des circonstances très ponctuelles) au moment de la fécondation des cellules-oeufs donnant les descendants... sauf quand ces circonstances sont répétées (donc habituelles et plus du tout ponctuelles). La non-hérédité de l’acquis est la règle, l’hérédité de l’acquis est une possibilité pour la survie possible quand les conditions changent trop rapidement pour une population donnée.

[16] Sur ce sujet : Caenorhabditis sovieticus, chronique du diamat n°6, G. Suing.

[17] Chez les soviétiques, cette modalité a été trouvée de façon tout à fait empirique, sans les connaissances fines de la génétique moléculaire (contre lesquelles ils se battaient d’ailleurs à tort). Modalité qui a été niée et moquée à l’Ouest. La difficulté à l’observer concrètement les a fortement aidé, puisqu’il faut répéter fastidieusement l’ébranlement de cette hérédité sur plusieurs générations (jusqu’à huit fois) pour la voir se transmettre ensuite sur plusieurs dizaines de générations.

[18] Traduire aujourd’hui par plasticité cérébrale, contre la vision “localiste” qui avait fondé le racisme nazi et la funeste “science phrénologique” prédestinant certains humains au crime ou à d’autres tares liées à des formes particulières du neurocrâne.

[19] Qui expliquent du reste comment la formation à l’accouchement sans douleur est possible par exemple, sans médication chimique, par conditionnement, autrement dit par libération d’une douleur innée.

[20] L’histoire du vivant, au-delà même du paradigme darwinien, est celle de formes d’autoreproduction impossible, qui, pour se conserver, doivent changer et s’adapter, donc ne pas se conserver.

[21] Dans le sillage du philosophe idéaliste Berkeley qui affirmait dès le 18ème siècle que “la matière n’existe pas indépendamment de sa perception”, ce que critiquait Lénine dans son livre, à travers certains de ses contemporains russes “empiriocriticistes”.