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dimanche 14 juin 2026

¿Es el momento de cambiar las reglas del tablero de juego? Sobre el papel mundial de Rusia y China

 FUENTE https://observatoriocrisis.com/2026/06/14/es-el-momento-de-cambiar-las-reglas-del-tablero-de-juego-sobre-el-papel-mundial-de-rusia-y-china/ 

Andres Piqueras, profesor senior de la Universidad Jaume I

Para responder a esa pregunta y calibrar la segunda parte del título vamos a hacer un repaso de lo acontecido en la Guerra Sistémica Permanente o Guerra Total de largo plazo que el Imperio estadounidense y sus subordinados de la OTAN llevan a cabo contra la dupla chino-rusa y sus aliados, y que tiene por objetivo también frenar cualquier desarrollo del Mundo Emergente, más equilibrado por lo que respecta al poder global.

Caída la URSS, EEUU se vio como superpotencia única sin enemigo claro, pero no por ello dejó de ocupar militarmente Europa ni de mantener sus bases militares en casi todo el planeta. Como fiera que se ha quedado sin enemigos, diseña pseudoestrategias de tipo “elefante en cacharrería” por si bajo el sol de su dominio se mueva algo que no le cumpla.

Ciertamente, al comienzo los planes de dominación del mundo post-soviético por la potencia anglosajona no tenían todavía un nuevo enemigo específico o detectado y el terrorismo ejercía como razón de la militarización, el intervencionismo y la autoatribución de “gendarme global” por parte de EE.UU., en su férrea sujeción militar del mundo. De ahí su “Doctrina de Dominación Permanente” (de 1992), que sin embargo sí contemplaba el deshacimiento definitivo del antiguo espacio soviético y de su proyección mundial[1].

Dentro de ese objetivo se incluía partir a Rusia en diferentes Estados, anhelo ya albergado por Gran Bretaña desde que anunciara que su mayor reto pasaba por vencer el combate entre la ballena (ella misma) y el elefante (Rusia), para que ningún poder en el corazón de la “Isla del Centro del Mundo” (McKinder dixit) pudiera desafiar el poderío naval británico (más tarde el de EE.UU.). Impedir la coordinación de Eurasia fue igualmente considerado como vital para los intereses anglosajones de dominio mundial, al menos desde el siglo XIX.

Así que tras la caída de la URSS, Estados Unidos se aplicó en penetrar la institucionalidad postsoviética, cooptar voluntades en las altas esferas, sembrar de agentes (activos y dormidos) las estructuras de mando rusas, incluidas las militares, y afianzar los “intereses” pro-occidentales de las élites económicas (lo cual quizás podría explicar el pusilánime papel internacional de la Rusia actual, como luego veremos).

No contento con ello, y ayudado íntimamente por el MI6, siguió insistiendo en el objetivo británico de desmembrar Rusia y debilitarla a fuerza de “conflictos” internos o provocados en su espacio de seguridad inmediato. El yihadismo y el etnicismo más reaccionario se activarían en ayuda de ello.

Así tenemos, por ejemplo, las campañas de azuzamiento del integrismo islámico en Chechenia, para separarla de Rusia (1ª guerra en 1994-96; 2ª en 1999, que con la invasión islamista de Daguestán por la Brigada Internacional Islámica dirigida por Basáyev y al‑Khattab, se pretendía dar rienda suelta a un “Estado islámico”  en el Cáucaso norte, lo cual tuvo coletazos bélicos hasta 2009); el apoyo en Georgia a la guerra civil (1988-1992 con Osetia del Sur; 1992-1993 en Abjasia; posteriores ataques de Georgia a Osetia, con  intervención rusa en 2008).   

En 1999 comienza la carrera expansionista de la OTAN hacia el Este, con la absorción de Chequia, Hungría y Polonia. Lo que violaba tanto el Tratado de Reunificación de Alemania (que la URSS había admitido a cambio de que la OTAN no avanzara ni un milímetro hacia el este), como hasta la propia Conferencia de Yalta.

También ese año se da la destrucción de Yugoeslavia, al ser el único país que no se plegaba a los designios de la OTAN. Así que 60 años después Estados Unidos y Alemania volvían a llevar la guerra a Europa.

En 2002, la Conferencia de Praga marcaría un hito en la historia de esta organización del terror, al abrir la puerta a la incorporación de 11 nuevos miembros. Los primeros, Lituania, Letonia y Estonia (que apenas un poco más de una década atrás formaban parte de la Unión Soviética). Rumania, Bulgaria, Eslovaquia y la república ex yugoslava de Eslovenia, entrarían en 2004, en lo que supuso la mayor ampliación de la OTAN en sus 76 años de historia. Albania y Croacia se integrarían en 2009. Montenegro en 2017. Macedonia del Norte en 2020.

Por otro lado, en 2002 tendría lugar el abandono del Tratado ABM (misiles balísticos) por parte de EE.UU., que levantaría bases militares en Alaska, Europa del Este (Polonia y Rumanía), Japón y Corea del Sur, envolviendo a Rusia de armas de destrucción masiva. Después se negaría a firmar el Tratado de Prohibición de Armas Nucleares y el Tratado de Militarización del Espacio.

Pero las acciones de acoso, desestabilización y agresiones a través de intermediarios contra Rusia (un país que no sólo venía de ser derrotado, sino de pedir su admisión en la UE y hasta en la propia OTAN), se acrecentarían a partir de que esta formación socioestatal emprendiera con Putin un proceso de resoberanización y dijera que no estaba dispuesta a retroceder más frente al continuo acoso otanista. 

Lejos de frenarse, en adelante se daría una acentuación de los intentos de desestabilización en la  en la “panza blanda” rusa -especialmente en el Cáucaso-, con la provocación de la guerra entre Azerbaiyán y Armenia (2016 y 2020), pero también con el intento de golpe de Estado en Kazajistán, amén de la infiltración del MI6 y sus intrigas en otras exrepúblicas soviéticas adyacentes.

No podía faltar tampoco el flanco europeo, que eclosionó con el golpe de Estado orquestado por el Eje Anglosajón (USA-RU) en Ucrania en 2014 y la posterior nazificación del país. También hay que contar con el intento de golpe de Estado en Bielorrusia, la presión política y el amaño electoral en Moldavia, así como el hostigamiento en Transnistria.

En 2016 tiene lugar la Cumbre de Varsovia, a partir de la cual la OTAN desplegaría en el Este de Europa sistemas anti-misiles, bombas nucleares avanzadas y también batallones de diversos países. En 2017, en la Cumbre de Bruselas se establecía el compromiso de aumentar un 2% los gastos militares de los países miembros, una estructura militar permanente de la UE, así como que ésta se hiciese cargo de los gastos de infraestructura de la OTAN. Todo ello para ¿enfrentar? a un país que lo único que hacía era proporcionar energía barata a Europa para su desarrollo económico y que seguía proponiendo su integración en el continente europeo.

En 2019 Estados Unidos se retiraría del Tratado de Fuerzas Nucleares de Rango Intermedio (INF), firmado en 1989. Ese mismo año Ucrania presume de desligarse del Memorándum de Budapest (de 1994), por el que los propios anglosajones la obligaron entonces a permanecer desnuclearizada (cuando todavía la veían más vinculada a Rusia que a ellos, y mediante el cual, por tanto, Ucrania entregó el arsenal nuclear heredado de la URSS a cambio de garantías de seguridad por parte de los anglosajones y de Rusia). 

Tal alarde suponía ya, en consecuencia, una amenaza directa a Rusia El acoso a las regiones ruso-hablantes, con más de 14.000 muertos entre 2014 a 2022, y el creciente envalentonamiento, rearme y militarización nazi en Ucrania contra todo lo ruso, más sus alardes de integrar o cuando menos ayudar a la OTAN a cercar a Rusia, decidieron por fin la intervención armada del país euroasiático.  

Mientras todo esto ocurría, Estados Unidos había empezado –en el cambio entre la primera y la segunda década de este siglo- a identificar a China como posible potencia emergente, la cual veían que podía no sólo rivalizar sino superarle en muchos campos. Es por eso que a partir de entonces USA afinaría más sus planes geoestratégicos, para centrarse en la dupla que había decidido tener como enemiga (sin que ninguno de los dos miembros de la misma hubiera hecho nada por merecer esa consideración, salvo el procurar su propia soberanía). 

Como quiera que para EE.UU. China era ya vista como una potencia económica en ciernes y Rusia una (todavía) potencia militar (heredera de la URSS), pero débil estructuralmente, decidió iniciar la agresión hacia esta última. De ahí la acentuación del acoso que acabamos de describir, sobre todo con la utilización “proxy” de Ucrania. El objetivo no era otro que cuanto menos provocar un “cambio de régimen” en Rusia, de manera que la dupla quedara escindida y por tanto muy debilitado el proyecto de un Mundo Emergente que comenzaba a cobrar vida a través de ella.

Pronto, sin embargo, se identificarían nítidamente los núcleos de intervención contra China. Si en la Cumbre de Washington de 1999, la OTAN declaraba el derecho a la “guerra preventiva” en cualquier punto del planeta, con el cambio de siglo pasada su primera década, fue enfocando en China su ofensiva, no tanto porque supusiera una amenaza militar, sino por el ejemplo de un tipo de economía distinta, que bajo la bandera del socialismo competía con éxito en el propio terreno del capitalismo, manifestando que de nuevo una economía planificada se abría camino y asombraba al mundo.

  •  Desarrollo de los planes de dominio mundial cada vez más centrados contra China

Tal proyecto destructivo se fue articulando poco a poco en sucesivos planes, según EE.UU. adquiría conciencia de que el Mundo Emergente podía empezar a hacer desvanecer su prevalencia (además de poder fungir como contraejemplo a su devastador accionar político-económico y a su guerrerista decurso histórico).    

  • La “Doctrina del Pivote Asiático” formulada por Obama, proyectaba el despliegue de instalaciones militares y medios de combate para impedir y/o limitar el abastecimiento energético de China por vía marítima en caso de una escalada de la agresión contra ella.
  • El documento “Ventaja en el Mar” publicado por el Instituto Naval de Estados Unidos, recogía la estrategia marítima del país a partir de la integración del poder naval en todos los dominios y bajo coordinación conjunta de la Armada, el Cuerpo de Marines y la Guardia Costera.

Ello motivó el giro terrestre-continental de China, con las rutas férreas que comenzó a trazar por Asia para vincular el continente de extremo oriental a extremo occidental (con la salida al Mediterráneo oriental incluida), y de sur a norte, hasta la parte ruso-europea del Báltico. Así como un ramal hacia el “Cuerno de África” y de allí a buena parte del resto del continente africano. Se trataba, en suma, de la Nueva Ruta de la Seda (“Un cinturón una Ruta”, en la designación china).

Pero Estados Unidos no estaba dispuesto a dejar que China articulara el mundo con proyectos infraestructurales, económicos y comerciales de posible beneficio mutuo. Así que los planes se fueron concretando para intentar romper, deshacer o desbaratar la infraestructura de interrelación mundial que había ido tejiendo China.  

Tales planes conllevaban una Geoestrategia del Caos que iría en adelante in crescendo, y que pasaría por inducir desastres sociales o provocar sociedades-en-disolución, como forma concreta de destrucción y sometimiento. Una perversa planificación que pretende desde el principio “gobernar el caos”, sumergir a unas u otras formaciones socio-estatales en una indefensión absoluta convirtiéndolas en no-sociedades para así imposibilitar su adhesión al proyecto de conectividad mundial chino y también poder saquear más fácilmente sus recursos. 

“Agujeros negros de destrucción y barbarie” han sido el resultado de las intervenciones de EEUU, con o sin la OTAN, desde que comenzara su ofensiva global contra el Mundo Emergente, y especialmente contra la dupla chino-rusa y sus más cercanos aliados o coparticipes del proyecto.

Así que la Guerra Sistémica Permanente o Guerra Total a largo plazo, formaba parte de su visión de «dominio total» («Full-spectrum dominance», como fue definida en el clave informe del Pentágono titulado Joint Vision 2020). También de su estrategia para devastar territorios, hacerlos ingobernables, y por tanto imposibilitar la construcción de cualquier “multipolaridad”.

Tal Geoestrategia del Caos está intensificada en los ejes de tensión por los recursos y en la pugna por la hegemonía mundial. Radicando por tanto uno de esos ejes en Afroeurasia (y especialmente el centro de la encrucijada de Asia, África y Europa, el llamado Medio Oriente Ampliado), y el otro en el Pacífico, en torno a China, donde había surgido el nuevo polo de hegemonía mundial. EEUU busca, además, el control de los nudos de comunicación marítimos del mundo (los Estrechos de Malaca, Ormuz, Bab el Mandeb- Suez), así como los corredores de comunicación entre el Atlántico y el Pacífico (Groenlandia, Panamá, Punta austral del Cono Sur…), amén de hacer del continente americano su “isla fortaleza”, para lo que está abortando a golpes de fuerza político-militar todos los intentos de soberanía estatal o regional en el mismo.

II.  Algunos resultados de la Geoestrategia del Caos hasta el momento. En qué punto estamos. 

Entre las consecuencias más destacadas de esta ofensiva imperial tenemos que Rusia ha venido perdiendo buena parte de su espacio estratégico heredado de la URSS, con antiguos aliados hoy destrozados por Estados Unidos. Así, Afganistán, Iraq, Libia, Somalia y Siria –con Yemen brutalmente golpeado-, a los que hay que añadir hoy en la práctica Venezuela, en camino acelerado a su condición de protectorado. 

La atroz asfixia de Cuba va en esa misma dirección, sin que Rusia manifieste disposición a suministrarla ni la mínima parte del petróleo requerido. Es decir, que el país eslavo de hoy -a diferencia de la URSS- respeta sumisamente el bloqueo estadounidense, además de dejarse perder piezas aliadas una a una. Todo teniendo en cuenta que la pérdida de Cuba sería uno de los mayores errores estratégicos que podrían cometer tanto Rusia como China.

Otrosí, la desestabilización del Cáucaso sigue su curso, donde Rusia está también perdiendo a Armenia. En el frente europeo, Moldavia ya es pieza conquistada por USA, mientras que la OTAN ataca cada vez más profundamente territorio ruso matando civiles prácticamente cada semana y poniendo en jaque a algunas de sus principales ciudades. No hay respuesta simétrica rusa para con las potencias agresoras, limitándose a llevar una guerra de desgaste en Ucrania y el Donbás, con la pérdida de miles de jóvenes rusos.

Se dirá que tal “respuesta proporcional” de Rusia causaría la guerra nuclear, pero sin advertencias claras, sin líneas rojas, son los enemigos los que se crecen y “flirtean” con esa guerra, presionando cada vez más al ver que Rusia nunca responde simétricamente. Así las cosas, las potencias otanistas se permiten incluso el lujo de asaltar petroleros rusos en altamar. Y es que cuando el adversario se deja pisar el pie, pues se le sigue pisando y ya. 

Por otra parte, la Nueva Ruta de la Seda ha sido saboteada sin cesar (y aquí se repiten nombres que coinciden con el caso ruso): Afganistán, Iraq, Yemen, Siria, Líbano, Palestina, Somalia, Etiopía, Sudán, Libia, Sahel… con suma atención al embrollo indio-paquistaní.

Queda Irán, última pieza en Asia central, nudo estratégico del proyecto chino-ruso, encrucijada de todas las rutas de interconexión asiáticas y elemento clave para la consolidación de un Mundo Emergente, además de principal actor antisionista mundial, que ha venido frenando al ente sionista ocupante de Palestina durante décadas. Por eso su destrucción en imprescindible para aislar a China, permitir la expansión sionista por toda Asia occidental y parte de la central, acabar definitivamente con el Eje De la Resistencia Antisionista, dejar campo libre al CENTCOM estadounidense para apropiarse de Asia central, abortar los proyectos infraestructurales emergentes en el continente…  Eso quiere decir, que USA, con su ente sionista, no van a dejar de atacar a Irán, de una u otra manera.

Frente a todo ello, China juega sus cartas construyendo vínculos, acuerdos bilaterales con unas y otras formaciones socioestatales -independientemente de la condición política de sus gobiernos-, amén de seguir fortaleciendo las grandes organizaciones multilaterales de la que es el alma y locomotora: BRICS y su Banco de Desarrollo, RCEP, Banco Asiático de Inversiones en Infraestructuras, Organización de Cooperación de Shanghái…  Traza sus estrategias económicas de respuesta, contragolpea con el yuan, con los bonos del tesoro estadounidense, por medio de aranceles, se protege con su proyecto estratégico por la energía, etc., para intentar contrarrestar la ofensiva económica que Estados Unidos desata contra ella.

Rusia, por su parte, intenta montar también su “mundo paralelo”, como si la guerra no fuera con ella. Además de las tradicionales entidades de corte más defensivo o de vínculos políticos, como la OTSC y el CEI, o económicos, como la UEEA, ha venido sumando sobre todo el Foro de San Petesburgo y el Foro Gaidar –conocido también como “Davos ruso”- para mostrar sus vínculos mundiales y desafiar el aislamiento impuesto por el Imperio Occidental.

Pero una y otra se equivocan si creen que van a conseguir mediante cauces diplomáticos o actitudes de perfil bajo y “buena voluntad” que USA les cese de acosar. A Rusia en concreto no le va a dejar de hacer la guerra militar, además de la económica y política.

En lo que toca a China, Estados Unidos no le permitirá “ganar” a la postre sin enfrentamiento militar. Más tarde o más temprano llegará a ello (a no ser que antes colapsara o se sumiera en su propio caos el actual hegemón).

Puede decirse que China lo sabe y está preparándose. Pero no es lo mismo enfrentarse al Imperio con un, aunque contradictorio, Mundo Emergente como apoyo, que tenerlo que hacer sola, una vez has perdido todas las piezas de tu proyecto alternativo. Y la Nueva Ruta de la Seda está ya bastante agujereada al respecto. La hipotética caída de Irán sería definitivamente trágica en este sentido.

En general vale decir para ambos miembros de la dupla que la hasta ahora mostrada y bien visible para todo el mundo ausencia de líneas rojas por su parte (más allá de sus “patios” más inmediatos, Donbás para Rusia y Taiwán para China), es un indicador de secundariedad y de falta de decisión para asumir un verdadero protagonismo mundial. Sólo enviar armas o “ayuda” a unos u otros frentes de la Guerra Totalno es suficiente para tener posibilidades de salir adelante según va recolocando cada semana Estados Unidos el tablero mundial e imponiendo sus normas en él.

Porque la potencia imperial sigue llevando la iniciativa geoestratégica, no disputada por la dupla chino-rusa. Sin facultad para controlar ni construir nada alternativo al Mundo Emergente en curso, Estados Unidos sí tiene una alta capacidad de destruir, en gran escala. Y lo está haciendo sistemáticamente en todo el planeta (con permiso del pedrusco demasiado duro que ha encontrado en Irán). La propia anulación o reabsorción de los BRICS (con la maraña de intereses contrapuestos y de terribles gobiernos que en buena parte les integran) ya está en curso.

Si la dupla se limita a parar golpes y a hacer “jugadas” de salón, por más inteligentes que sean, siempre a remolque de lo que hace el hegemón, o dentro de sus normas de juego, no podrán evitar ni sobreponerse al Desastre Final que el conjunto del Imperio Occidental tiene proyectado para el mundo.

Ya son muchos los estrategas y generales rusos que vienen insistiendo sobre ello. El propio partido Comunista de la Federación Rusa (PCFR) no ha dejado de advertir que Rusia debe cambiar su línea estratégica y patear el tablero impuesto por el Eje Anglosajón y el Poder Sionista Mundial, dado que está inmersa en un enfrentamiento total con la OTAN, y no en una mera “operación especial” de desnazificación en Ucrania, ni siquiera de contención de golpes parciales aquí y allá.  

Un impás muy peligroso este, pues, para la humanidad, que sólo se puede decidir hacia algo positivo desde la firmeza de unos para trazar líneas rojas por la PAZ, y la lucha de otros, los pueblos del mundo, por frenar las ansias imperiales de Guerra. La lucha por la PAZ antimperialista es quizás la empresa más vital y revolucionaria que podemos emprender en estos momentos.  

Notas

[1] Los Planes que fueron pergeñando Arthur K. Cebrowski (antiguo almirante y director de la Office of Force Transformation in the U.S. Department of Defense), Paul Wolfowitz (quien fue subsecretario del Dpto. de Defensa) y Colin Powell (presidente del Estado Mayor Conjunto durante la Guerra del Golfo), contemplaban la reestructuración del dominio mundial estadounidense una vez desaparecida la URSS. 

Un Nuevo Orden Mundial o “nuevo siglo americano” que señalaba “países desechables” y que defendía la destrucción de estructuras de Estado, que las fuentes de materias primas estuvieran bajo el control de EEUU y priorizaba en adelante abortar el nacimiento de un Mundo Emergente. Todo ello requería la adaptación a un nuevo tipo de guerra y un nuevo America Way of War. También, como consecuencia asociada, la reestructuración total del “Medio Oriente Ampliado” (toda la región de Asia occidental y África Nororiental).

 Durante el gobierno de George W. Bush se perfilaría la Teoría del “Caos Constructivo” (el nombre lo dice todo). Washington intentó afirmar su hegemonía tras el (a todas luces autogolpe del) 11 de septiembre de 2001, mediante el recurso a la acentuación de la militarización y la guerra.


vendredi 5 juin 2026

La encrucijada de la automatización: un problema insalvable para el capitalismo

 FUENTE https://observatoriocrisis.com/2026/06/05/la-encrucijada-de-la-automatizacion-un-problema-insalvable-para-el-capitalismo/

Andres Piqueras, profesor senior de la Universidad Jaume I

El desarrollo de la tecnología, que desemboca hoy en la IA y la robótica, va haciendo tender el valor (tiempo socialmente necesario de producción de las mercancías) al mínimo. También va expulsando constantemente de los procesos productivos a la fuente de plusvalor, esto es, a los seres humanos, sin que esa expulsión sea compensada proporcionalmente por nuevos nichos de empleo. 

Las “fábricas oscuras” son un testimonio cada vez más palmario de ello, teniendo a China como formación puntera en su desarrollo, el porqué de lo cual lo iremos explicando.

De momento digamos que el desarrollo de las fuerzas productivas es desde hace tiempo frenado por las consecuencias recién nombradas, que conllevan la falta de rentabilidad del capital. La inversión productiva declinante a causa de esa carencia se agrava además por la incapacidad de las nuevas tecnologías de desatar una renovada onda de acumulación, pues ninguna de ellas consigue hacer despegar la economía hacia tasas de ganancia altamente satisfactorias (nada parecido a lo que significó la electricidad, el motor de combustión, el acero, la química o la telefonía, por ejemplo).

En general, el estancamiento de la producción y la ralentización de la productividad deben buscarse en la creciente incapacidad del capital de absorber y generalizar nuevos adelantos técnicos, de lo que tiene gran responsabilidad la propia desinversión en infraestructura, educación y formación, y no en la escasez de inventos potencialmente importantes, dado que, paradójicamente, estamos en el umbral de una nueva Revolución Industrial que puede alterar todo el curso del capitalismo e incluso la relación de la humanidad con el mundo.

Tal potencial “revolución industrial” resulta de la combinación y suma de al menos las tecnologías de: microelectrónica + informática + biogenética + nanotecnología + inteligencia artificial & neurociencia + robótica.

Sólo en este último campo, por ejemplo, un informe del Bank of America Merrill Lynch, de 2007, destaca ocho sectores estratégicos donde los robots podrían tener un efecto económico revolucionario en el futuro inmediato: inteligencia artificial; campo militar e industria aeroespacial; transportes; finanzas; salud; producción industrial; servicios domésticos y minería. A lo que habría que añadir los profundos efectos de una agricultura robótica, así como los de la computación cuántica.

Todas estas potencialidades casan mal con el mencionado freno tecnológico con el que camina el capitalismo por falta de rentabilidad. Lo que viene a redundar en que este modo de producción se manifieste cada vez más como un estorbo para el desarrollo de las fuerzas productivas. Antes al contrario, lo que se evidencia cada día es que desata proporcionalmente más y más fuerzas destructivas. 

Además de la acelerada destrucción de riqueza natural y social, de la cada vez más mortíferamente boyante industria militar y la consiguiente devastación de vida y riqueza causada, y amén de la obsolescencia programada de las mercancías, hay que considerar también la producción-basura o producción desechable que propaga el capitalismo, con la destrucción directa de vastas cantidades de riqueza acumulada y de recursos elaborados. 

Así por ejemplo el achatarramiento de coches y otras mercancías maquínicas, el desechado de materiales y bienes que tienen todavía vida útil, la caducidad artificialmente prematura de alimentos… y ahora incluso ha comenzado una “moda verde” por la que hay que deshacerse lo más rápidamente posible de todo lo que no es suficientemente “ecológico”, y sustituirlo por una vasta gama de nuevas mercancías que nos venden como “sostenibles”.

Tales fuerzas destructivas van minando la propia sociedad a la que dio origen el capital, no sólo por estar basada precisamente en el trabajo abstracto (asalariado) que genera valor, sino por todo el ciclo de erradicación de sus posibilidades de sostenimiento.  

Veamos, un determinado orden económico sólo tiene sentido y es viable en la medida en que se retroalimenta de alguna manera con la formación social que, con todas sus contradicciones, le sostiene. El parcial reencastre de la economía en la sociedad, una vez que fueron separadas en el modo de producción capitalista -como nos advirtiera Polanyi-, ha sido lo que permitió la construcción de la “civilización industrial” en los núcleos centrales del sistema capitalista, así como su mermada extensión hacia las periferias del mismo. 

La extracción de plusvalía y el régimen de propiedad privada fueron factibles porque, a pesar de la desposesión y la explotación, a través del trabajo asalariado se otorgaba la posibilidad del consumo obrero y de su (relativo) acceso a bienes y recursos, así como una cierta redistribución del excedente para cimentar la cohesión social, con lo que la sociedad (aun fragmentada y profundamente desigualitaria) se fue expandiendo en diferentes términos.

Para Marx el capital cumple al menos dos funciones esenciales, para él mismo y para la sociedad, al explotar la fuerza de trabajo asalariada. 

  1. Contrata fuerza de trabajo y le devuelve una parte del valor que ha producido en forma de salario, además de extraer plusvalía que al ser realizada en la venta de lo producido se convierte parcialmente en nuevo (mayor) capital para expandir las operaciones capitalistas. 
  2. El salario posibilita fuentes de consumo que crean la demanda para absorber las mercancías hechas fabricar por la clase capitalista, esto es, “realiza” el proceso del valor-capital (D- M + Ft – D’). Esta “función social” del capital implica crear sociedad mediante el mantenimiento y la generación de empleos en los periodos de auge y ciertas garantías de reproducción de la fuerza de trabajo. Todo ese ciclo es sustentado a la vez por el Estado, que es el ente que en la sociedad capitalista monopoliza lo social e intenta absorber y controlar bajo su seno todas las expresiones del común.

A partir de la Segunda Guerra Mundial la penetración capilar del capital en la totalidad social obligó al Estado a asumir la responsabilidad de la logística y la infraestructura de gastos de tal proceso.

“‘La ley de la cuota creciente del Estado sobre el producto interno’, enunciada por Adolph Wagner a mitad del siglo XIX, cobraba plena vigencia a través del crónico y ascendente endeudamiento estatal. 

En un nivel elevado de cientifización y de intensificación del capital, los gastos generales y las condiciones infraestructurales del proceso de creación de valor empiezan a ahogar la propia creación de valor, lo que se hace evidente en una paradójica inversión de la relación entre Estado y sociedad: ya no es la sociedad la que nutre al Estado, para que éste se encargue de los “asuntos generales”, sino que por el contrario es el Estado el que debe alimentar a la sociedad con el ‘capital ficticio’, para que ésta pueda mantenerse en su forma vuelta obsoleta del sistema productor de mercancías” (en http://docslide.us/documents/kurz-robert-la-ascension-del-dinero-a-los-cielos.html).

Así que si un modo de producción sólo puede existir si de alguna manera es capaz de “nutrir” a la sociedad de la que nace, el sistema capitalista sólo es posible o viable a medio plazo en tanto mantenga cierto “ciclo virtuoso” (redistribuidor) al menos en sus formaciones centrales o de capitalismo primigenio, por más que la extensión planetaria de esa suerte de “simbiosis antagónica” del Capital y el Trabajo resulte imposible por ser contradictoria con las propias dinámicas de un Sistema basado en la explotación del trabajo humano, la competencia, la concentración y la centralización del capital, y que además necesita para mantener aquella base redistribuidora forjadora de sociedad, dinámicas externas de colonización.

Es decir, que el capitalismo ha tenido siempre que destruir comunidades y sociedades por doquier para poder crear sociedad en determinados puntos neurálgicos. La gravedad del momento para él es que hoy devora la sociedad de sus propios núcleos centrales -de ahí que vengamos hablando hace tiempo de que el capital viene emprendiendo procesos de autocolonización o autofagocitación-, viviendo más y más de la riqueza que fue creada previamente (un modo de producción en degeneración que vive del pasado al tiempo que a través de la colosal deuda que propaga para poder hacer subsistir algún remedo de funcionamiento social y económico, va comiéndose su futuro).

De manera que en la actualidad el capitalismo ha perdido ya cualquier atisbo de su “función progresista histórica”, su labor positiva en la creación de sociedad que tuvo en su fase industrial, aun a pesar de las horribles formas de explotación, las contradicciones y desigualdades en que se basaba. 

Samir Amin (http://www.cairn.info/revue-actuel-marx-2003-1-page-101.htm; Más allá del capitalismo senil) lo expresó así:

«Lo potencial y lo real entran en conflicto. La dominación del capital sobre el trabajo extrae su legitimación histórica del hecho que el progreso exigía una acumulación creciente. Este ya no es el caso, la nueva revolución tecnológica permite la producción de más riqueza con menos trabajo y menos capital a la vez. Las condiciones para que otro modo de organización de la producción suceda al capitalismo están desde ahora realmente reunidas. El capitalismo está objetivamente caduco. Mas dentro del mundo del capitalismo real el trabajo no puede ponerse en obra por él mismo, sino por el capital que le domina y en la medida en que le sale a cuenta, es decir, en la medida en que la inversión es rentable. Este funcionamiento, por tanto, al excluir del empleo a una proporción creciente de trabajadores potenciales (privándoles entonces de cualquier ingreso), condena al sistema productivo a contraerse o al menos a no desenvolverse más que a un ritmo de crecimiento largamente inferior a aquél que la revolución tecnológica permitiría sin él».

Por eso durante la fase keynesiana las potencialidades de la automatización se frenaron en aras del proceso de integración de la clase trabajadora, que se necesitaba con más urgencia dada la existencia de un enemigo sistémico que además hacía cundir una economía social sin precedentes: la Unión Soviética. 

Durante la mal llamada “Guerra Fría” y hasta la desaparición de la URSS, las respuestas de la clase capitalista y los gobernantes estadounidenses a las crisis estructurales que comenzaron en los años 70 fueron las de desviar la aplicación de las nuevas tecnologías hacia la industria militar y ampliar el acceso de la población al crédito, para así mantener en cierta medida los niveles de empleo y consumo, lo cual fungió a la vez como “escaparate de abundancia del capitalismo” frente a la relativa escasez de medios de consumo en los países de transición al socialismo. Complementariamente, se prefirió emprender la deslocalización productiva.

Recordemos que la “futurología” de Alvin Toffler y George Gilder de los años 60 hasta los 80 del siglo XX (y mucho antes de ellos Albert Einstein y Norbert Wiener ya habían advertido al respecto), alertaba de que el desempleo por la automatización llevaría a levantamientos sociales, y que la conclusión de la clase dominante sería la de “guiar el desarrollo tecnológico en direcciones que no desafiaran las estructuras de autoridad existentes”; algo que gobernantes y “capitanes de la industria” ya habían pensado. 

De hecho, las posibilidades disruptivas de la automatización fueron discutidas en los años 50-60 del siglo XX, en los ámbitos de poder industrial y político de EE.UU. “The Automation Jobless” fue el título que se le dio en TIME de 24 de febrero de 1961: lo que preocupaba no era que la automatización sustituyera trabajo humano sino de que no fuera capaz de crear igual cantidad de nuevos puestos de trabajo. 

La preocupación era tan grande que el presidente Lyndon B. Johnson, promovió en 1964 la creación de una Comisión Nacional sobre “Tecnología, Automatización y Progreso Económico”. La Comisión se tomó en serio la posible disrupción tecnológica, hasta el punto que recomendó, entre otras medidas de corte distributivo, “un ingreso mínimo garantizado para cada familia”, utilizando al Estado como empleador de última instancia (de hecho, hace tiempo que el Capital tiene pensada la “renta básica” como un -pobre- paliativo a la Des-sociedad que expande. 

No deja de resultar curioso, haciendo al caso, que 6 décadas después venga a aparecer un informe que ratifique aquellos “miedos” ocultados a la población: “Dos economistas acaban de publicar una prueba matemática de que la IA destruirá la economía” https://x.com/jackcoder0/status/2060751108184916012).

Pero también en la Unión Soviética la cuestión se trató seriamente. En concreto el 8 y 9 de febrero de 1955 el Soviet Supremo de la URSS anticipaba, con un informe de Bulganin, que la marcha inexorable de la automatización podía suponer la auto-aniquilación del capitalismo. 

Una de las figuras punteras que analizó lo que se desarrollaba con la automatización fue Radovan Richta (La civilización en la encrucijada). Entre algunas de sus más importantes conclusiones estaba la de que la automatización no era una nueva etapa de la mecanización, sino una “fuerza revolucionaria” capaz de trastocar toda la estructura social y ser la impulsora de un nuevo modo de producción (de facto, a través de la automatización él veía abiertas las posibilidades objetivas del socialismo), pues toda forma específica de fuerza productiva impone una cierta estructura correspondiente en la vida social. Sólo las relaciones sociales de producción capitalistas estaban impidiendo ese paso revolucionario y sólo las socialistas lo impulsarían al máximo. 

Por eso la civilización soviética sí intentó ir hacia adelante con el salto tecnológico, aunque el lastre de la industria pesada de la que partía, que se fue haciendo obsoleta, más el bloqueo tecnológico que padeció por el Sistema Mundial capitalista, no pudieron dar cumplido impulso a ese desarrollo, por más que ya mostró el poderío de sus fases iniciales. El posterior acoso final del capitalismo mundial abortó lo que estaba en ciernes.

En cambio, en el campo capitalista en esos momentos la velocidad de la automatización fue frenada en aras de mantener el modelo industrial tendente al pleno empleo, y con él la integración-fidelidad de las poblaciones, habida cuenta del equilibrio sistémico de fuerzas que existía con el mundo soviético. También por miedo a las propias consecuencias “revolucionarias” de la automatización. Todos los debates y preocupaciones suscitados por la automatización fueron también aplazados y sustraídos a la opinión pública por más de 30 años.  

Con todo ello por delante, fue decisión de los gobernantes industriales no financiar la investigación en fábricas de robots que todos anticipaban en los sesenta, y en su lugar relocalizar sus fábricas para utilizar intensivamente la mano de obra en China y otras formaciones sociales periféricas. Graeber señaló ya en 2012 que:

una razón por la cual [en EE.UU.] no tenemos fábricas de robots es porque alrededor del 95 por ciento de los fondos para la investigación en robótica han sido canalizados a través del Pentágono, que está más interesado en desarrollar drones sin pilotos que en automatizar fábricas de papel” (http://thebaffler.com/salvos/of-flying-cars-and-the-declining-rate-of-profit).

Desaparecida la “amenaza soviética” en 1991, fue más fácil entonces dar rienda suelta al binomio financiarización-automatización. El capitalismo retornó a líneas de desarrollo tecnológico más acorde con sus imperativos de competencia intercapitalista. Aunque en concreto, el viraje hacia la investigación en las tecnologías de la informática y las telecomunicaciones no fue tanto una reorientación motivada por aquellos imperativos, cuanto parte de un objetivo de vigilancia, disciplina laboral y control social. 

Eso significaría que el Capital veía factible combinar a partir de entonces la humillación tecnológica de la Unión Soviética con una victoria en la guerra de clases a escala global, vista simultáneamente como la imposición absoluta del dominio militar estadounidense en el mundo y al nivel doméstico lograr la desbandada o al menos desarticulación de los sujetos y movimientos sociales más antagonistas.

Así se inauguró una nueva expansión del capitalismo estadounidense a través de las tecnologías informáticas y de comunicación, que a su vez realizaron la difusión de la automatización y la robótica por una parte del mundo a través de la deslocalización productiva. 

Más tarde, los estallidos de la crisis en 2000-2001 y 2007-2008, que aceleraron la recesión y la pérdida de empleos al tiempo que frenaban el expansionismo bursátil, ralentizaron de nuevo la dinámica de automatización (esos “pinchazos” hicieron resurgir en EEUU el debate sobre la automatización en una economía capitalista, el cual se ha manifestado en una creciente producción de análisis y estudios que se pusieron de moda académica). 

Pero la ingeniería política que se desata contra la sociedad es inexplicable sin esa revolución en las formas de producir que posibilita el comienzo de la fractura de la relación Capital-Trabajo propia de la era keynesiana en las formaciones del capitalismo central. 

Finalmente, la acelerada sustitución de trabajo vivo (seres humanos) por trabajo muerto (máquinas) con la automatización y robotización, ahondaría en el nuevo proceso de “desconexión de la economía” -y de la clase capitalista-, respecto de la sociedad, quizá soñando ya esa clase con un “futuro maquínico” postcapitalista -o modo de producción automatizado-. Pero recordemos, el salto al vacío más allá de la ley del valor en un régimen de propiedad privada de los medios de producción implica necesariamente una humanidad desechable; en términos capitalistas, suprimible.

Hay que tener en cuenta, en cualquier caso, que tal “secesión” de la clase capitalista es posible por la “desconexión” previa de las finanzas respecto de la economía productiva (debido, no lo olvidemos, a la creciente incapacidad de ésta de generar nuevo valor) y, en general, por la separación de la economía respecto de la sociedad[1]. 

Con lo cual “los ricos” no tienen razones para volver atrás en el proceso, más bien se esfuerzan por provocar una realidad en la que no tengan que depender del Trabajo ni mezclarse en ningún momento con el mismo (así han llegado a creérselo a través de la economía especulativo-parasitaria financiera y sus dinámicas de desposesión). Resulta cada vez más impensable, por tanto, proponer “nuevas soluciones reformistas” a partir de procesos con el calado sistémico que aquí se está mostrando.

Sea como fuere, semejante espiral de “desconexión” de la economía tiene dramáticas consecuencias para la población mundial. Uno de los numerosos indicadores que inciden en ello es el del aumento sostenido a lo largo de los últimos lustros de la tasa de participación de las rentas del capital en el PIB, a expensas de una continuada disminución de las rentas del trabajo, cuyo cuerpo asalariado no ha dejado de crecer, para más inri.

Si consideramos que el empleo-salario es en nuestras sociedades la principal fuente de distribución de la riqueza, podemos imaginarnos las repercusiones que su carencia o la creciente reducción del salario conllevan para la desigualdad social, traducida por una apabullante concentración de la riqueza en una exigua élite social, como viene detallando Oxfam en sus sucesivos informes. 

Ya en 2014 desglosaba cómo había crecido el porcentaje de participación en la renta del 1% más rico de la población en 24 de los 26 países que tienen registrados estos datos (The World Top Incomes Database). A escala global señalaba que el 10% más rico del planeta poseía el 86% de los recursos, mientras que el 1% acaparaba cada vez más cerca de la mitad de la riqueza mundial (Oxfam, http://www.oxfamintermon.org/sites/default/files/documentos/files/bp-working-for-few-political-capture-economic-inequality-200114-es.pdf). 

Apenas un año después por primera vez en la historia de la humanidad, el 1% de la población acaparaba más del 50% de los activos mundiales (Credit Suisse – http://publications.credit-suisse.com/tasks/render/file/index.cfm?fileid=C26E3824-E868-56E0-CCA04D4BB9B9ADD5; Oxfam, https://www.oxfam.org/sites/www.oxfam.org/files/file_attachments/bp210-economy-one-percent-tax-havens-180116-es_0.pdf)[2].

Si a todo ello unimos el desmoronamiento de las “clases medias” (sólo un 6,7% de la población mundial puede hoy caer dentro de esa categoría -Milanovic, La era de las desigualdades. Dimensiones de la desigualdad internacional y global-), lo que nos muestran sin lugar a dudas estos datos es que todas las clases sociales que dependen del empleo, del salario o de remuneraciones provenientes de la masa global de ingresos por el trabajo, están siendo afectadas y pauperizadas. 

Hecho que, a su vez, tiene profundas consecuencias sobre el consumo y por tanto sobre las propias posibilidades del beneficio capitalista (y que hasta ahora sólo un enorme sobreendeudamiento global ha logrado paliar parcial y pasajeramente). ¿Hasta qué grado, entonces, y hasta cuándo tamaña desigualdad se puede compatibilizar con las instituciones del capitalismo industrial regulado? ¿Es viable una mínima cohesión social con esa desigualdad?

Las respuestas son negativas para ambas preguntas. Y las élites han comenzado a prepararse para los nuevos escenarios. Veamos. El atasco del capital productivo ha permitido a los detentadores del capital a interés, el principal beneficiario pasajero de esta desconstrucción social, adquirir mayor protagonismo dentro de la clase capitalista y por tanto en la dirección sistémica. 

Con el mismo se dispara igualmente el proceso de concentración oligopólica que asfixia cualquier desarrollo de “libre” competencia capitalista, y que da lugar a una oligarquía “global”, la cual constituye una clase rentista también global, sin compromisos nacionales ni sociales, dado que, como hemos visto, alberga la ilusión de pensar que su ganancia está desvinculada del factor trabajo o, en definitiva, de la sociedad. 

Presa del fetichismo del dinero, cree o al menos actúa (dado que ya no le va quedando otro agarre para crecer) como si pudiera seguir incrementando indefinidamente ese ciclo ilusorio-ficticio de expansión del dinero a través del dinero, sin considerar la creación de valor, esto es, más allá de la economía productiva y por supuesto de la matriz ecológica que sustenta en última instancia toda posibilidad de generación de riqueza (y sí en cambio interviene destruyendo más y más riqueza social y natural). 

Esa oligarquía parasitaria actúa por tanto como si pudiera seguir enriqueciéndose indefinidamente sin contrapartidas sociales: ni empleo ni redistribución ni seguridad para las poblaciones. Por lo que se “desconecta” cada vez más de éstas y promueve “des-sociedad”.

En cambio China, que a diferencia de la URSS sí recibió inversión tecnológica en su territorio, no sólo supo aprovecharla para el desarrollo social mediante una planificación redistribuidora, sino que,  guiada políticamente (la Política al mando de la economía) por el PCCh, con parámetros ajenos al beneficio privado, sí ha podido desarrollar las potencialidades que la deslocalización industrial le han brindado, asociadas a una economía planificada que prioriza el desarrollo social o bien colectivo (a pesar de haberse compaginado con el beneficio empresarial en estas primeras fases). Por eso su robótica causa la admiración del mundo.

China, que tomó buena nota de la ingeniería y la ciencia económica soviéticas aplicadas a la industria, lidera el despliegue mundial de robots industriales, impulsa aceleradamente nuevas industrias tecnológicas y busca sostener su crecimiento -cada vez más cualitativo- mediante automatización avanzada e IA física. Ostenta el mayor mercado de robótica del mundo, con unos 2 millones de robots industriales operativos y el 54% de todas las instalaciones globales anuales[3]. 

La cuota de mercado de fabricantes chinos de robots pasó del 30% en 2020 al 57% en 2024, reforzando la autosuficiencia tecnológica y siendo, además la robótica el eje del 15º Plan Quinquenal (2026–2030), con una reorientación del modelo económico hacia el alto valor añadido (robots de asistencia, sistemas médicos inteligentes, planeaciones y diseños arquitectónicos, vehículos conectados, dispositivos asistenciales y hogares inteligentes forman parte de un ecosistema que impulsa una “economía para el bienestar social”). Todo ello viniendo de una formación social que era la segunda más pobre del mundo -sólo después de Bangladesh- antes de su revolución socialista.

Aunque los robots humanoides aún están en fase piloto, el gigante asiático los utiliza para demostraciones públicas que exhiben su liderazgo tecnológico.

Y es que China no tiene que frenar el desarrollo tecnológico debido a que caiga el beneficio, dado que la dictadura de la tasa de ganancia que rige en las sociedades capitalistas no está al mando allí ni es el leitmotiv del funcionamiento socioeconómico. Porque un mundo en que las máquinas estén colectivizadas permite un desarrollo social incomparable. En cambio, si están en unas pocas manos privadas no generan más que miseria y desechabilidad para la mayor parte de la humanidad.

Parece claro, por tanto, que siguiendo la línea de evolución tecnológica propia del desarrollo de fuerzas productivas que la humanidad acomete, y a falta de hecatombe bélica que la potencia capitalista en decadencia pudiera imponer en su empeño de no ser relevada -como su Guerra Sistémica Permanente o Guerra Mundo ya muestra-, podríamos marchar hacia una automatización de los procesos productivos. La cual, impulsada por el capitalismo, sólo podría desarrollarse en unas pocas “islas” geográficas, para unas exiguas minorías sociales (modo de producción automatizado ya no capitalista). 

Llevada a cabo planificadamente -con medios de producción socializados- tendremos grandes retos ecológicos por delante, sobre todo, aunque no sólo, relacionados con la energía, los sumideros y el tamaño de la población mundial, pero teniendo a la salvaguarda de las sociedades como objetivo prioritario (modo de producción socialista con alto desarrollo de la automatización, pues). En cualquier caso, para ninguna disyuntiva de esta enorme encrucijada histórica el capitalismo parece tener viabilidad.

No debería ser difícil, en consecuencia, elegir la opción más adecuada para nuestra especie en estos momentos. La única que puede permitir su supervivencia mínimamente digna: la vía socialista.

Notas

[1] Siempre, en los períodos en que prima la opción financiera rentista -según nos decía Arrighi-, asistimos a esta “desconexión” de la economía con la sociedad (como ya apuntaron también Hobson y Polanyi). Las finanzas asumen una posición dominante; la renta (que a la postre no significa sino extracción o desposesión de la riqueza colectiva) pasa a ser el denominador común y la sociedad comienza a “disolverse” por el desempleo, la competencia con los bajos salarios del exterior y la pauperización generalizada… Hasta ahora este proceso ha sido parcialmente compensado porque al menos de forma temporal se rehace sociedad en los núcleos que van surgiendo como emergentes de la economía capitalista (hoy especialmente en China, donde la vía de transición al socialismo preservó siempre la sociedad). La cuestión es hasta cuándo podrán hacerlo. Cuando se ha llegado a un nivel de profundidad y de metástasis tan grande como la actual, lo más probable es que sólo pueda ser contrarrestado con otra “Gran Transformación” (Polanyi dixit), la construcción de otro orden social y económico.

[2] Desglosadas estas proporciones en 2015, arrojaban los siguientes resultados: el 0,7% de la población acaparaba el 45,2% de la riqueza mundial, el 7,4% un poco menos del 40% (y el 21% el 12,5%); mientras que el 71% de la humanidad sólo dispone del 1% de la riqueza total, en términos personales.

[3] Sólo Corea del Sur y Singapur tienen más robots por fuerza laboral humana que China, pero -además de ver lo que supone la fuerza de trabajo total en cada una de esas formaciones sociales- la primera es ante todo una base militar asistida por EE.UU. y la segunda es un “puerto” para el comercio global y los servicios financieros, mediante los cuales -más la permanente “ayuda comercial” norteamericana- puede mantener una logística avanzada y tecnología de punta. EE.UU. ni aun expandiendo el ciclo de generar dinero de la nada para expropiar dinero de otros, más toda la extorsión mundial de sus bonos y deuda, puede seguir ese ritmo en su economía cada vez menos productiva.

 

mercredi 15 avril 2026

Las posibilidades estratégicas de EEUU tras la continuación de su derrota en la batalla de Irán

 Fuente https://observatoriocrisis.com/2026/04/15/las-posibilidades-estrategicas-de-eeuu-tras-la-continuacion-de-su-derrota-en-la-batalla-de-iran/

Andrés Piqueras, profesor senior de la Universidad Jaume I

Son muchas las especulaciones que se vienen dando sobre posibles estrategias, o falta de ellas, por parte del hegemón imperial, Estados Unidos, para intentar preservar su dominio mundial.  Desde quienes sostienen alegremente que en su enfrentamiento con Irán -que es de larga data pero se acentúa ahora- EE.UU. “ya perdió la guerra”, hasta los que nos hablan de la hecatombe nuclear que estaría cerniéndose sobre la formación persa y sobre buena parte de Asia en general.

Para hacer un correcto análisis materialista dialéctico debemos ir siempre más allá de lo concreto y parcial, hacia la concepción o la mirada holística, de conjunto, de totalidad. Eso en primer lugar. Además, es imprescindible dejar de lado cualquier personificación de las relaciones sociales, que centre los análisis en individuos o singularidades políticas como responsables de los procesos históricos. Mucho más necesario, aún, es descartar atribuciones del tipo de “locura”, “soberbia” o “egotismo”, para dar cuenta de decisiones estratégicas y, en general, de la realidad histórica.

No. Estados Unidos no se deja arrastrar a guerras por un genocida sionista, ni una base militar-política como es la entidad sionista ocupante de Palestina manda sobre la potencia imperial del Sistema capitalista sólo porque haya un supuesto “loco” al timón de mando. El rabo no mueve al perro, jamás.   

Esos tipos de pseudoanálisis no hacen más que distraer de las razones profundas de lo que sucede, y no son, por tanto, materialistas (no van a la raíz material de los procesos) ni dialécticos (no conciben la realidad en su totalidad ni las retroalimentaciones socio-económico-ecológicas de complejidad, retroversión, recursividad o diferente cualidad, entre otras, que se entrecruzan para dar forma a lo real y que se plasma en situaciones –históricas- concretas).

Vamos, pues, a ver algunas de las opciones que se pueden anticipar a partir de un análisis materialista dialéctico, y las contrastamos con las visiones que predominan sobre el actual escenario bélico en Asia central

La más “optimista” de esas perspectivas: Estados Unidos ha perdido la guerra porque no puede mantenerla.

Hay verosimilitud en ello si consideramos la “guerra” solamente como el enfrentamiento con Irán.  Acaba de salir un análisis de The Cradle que es preciso en ese punto: ENTRE LA GUERRA Y EL COLAPSO INDUSTRIAL: LA CRISIS DE DESGASTE ENTRE ESTADOS UNIDOS E ISRAEL. The Cradle. – Observatorio de Trabajador@s en Lucha     La clave la marcan probablemente las palabras con las que se cierra el artículo: 

“Esta guerra pone de manifiesto los límites del poder estadounidense-israelí y apunta a una nueva ecuación estratégica, en la que la resiliencia industrial supera a la potencia de fuego. La capacidad de mantener la producción, más que la de lanzar ataques de precisión, define cada vez más el poder militar en un conflicto prolongado.

En esa ecuación, Washington ya no es dominante”.

Ciertamente, pero si nuestra perspectiva es de totalidad, o al menos más global, las posibilidades de análisis se agrandan.

Como que siempre hay que ponerse en las opciones que tiene el enemigo (en este caso el enemigo de la Humanidad -Estados Unidos-), desde la más favorable a la más desfavorable al mismo, y sobre todo nunca subestimar su capacidad estratégica, pongámonos primero en la estrategia más sutil e inteligente que podría estar llevando a cabo el hegemón imperial en decadencia.

  1. Estrategia inteligente. Ganadora. El guion -sacado de su propia National Security Agency (NSA)[1]–  propone una “estrategia de fortaleza norteamericana” donde aparentes derrotas (una guerra perdida en Irán, fricción con aliados y colapso global), serían un diseño para cortar el flujo energético de Asia central (Estrecho de Ormuz), forzar a Europa y Asia oriental a depender del petróleo, fertilizantes y minerales detentados por Estados Unidos (gracias, aparte de los de su propio territorio, al control de los recursos de Canadá, Venezuela –y resto de continente americano-, más Groenlandia), y, así también, obligar a los tenedores de deuda estadounidense (Japón, China, Europa) a sostener el dólar por necesidad energética, pues necesitarían seguir consiguiendo todos esos recursos mediante el papel verde estadounidense. Al tiempo, EE.UU. se reindustrializaría militarmente, de manera cada vez más planificada.

“Ayudar” a cortar el Estrecho de Ormuz va encaminado a satisfacer todos esos objetivos.

Hay que reconocer que las repercusiones económicas de esa acción son ya graves y no harían sino acentuarse en los próximos meses. Consideremos, sencillamente, que sin diésel Europa colapsa. Su sector primario y el subsector del transporte no se pueden sostener. 

A partir de ahí se enciende la espiral del desastre.  Las propias aerolíneas ya han anunciado que tendrán interrupciones en mayo (https://www.20minutos.es/lainformacion/economia-y-finanzas/aerolineas-revelan-fecha-quedaran-sin-combustible-si-sigue-guerra-iran_6957025_0.html?utm_source=firefox-newtab-es-es), lo que quiere decir que de seguir ese sendero el turismo será también duramente golpeado.

En suma, potencias industriales como Japón, India y Europa, que dependen masivamente del petróleo de Asia central (entre el 50% y el 75%), enfrentan un colapso económico inminente.

La Excepción Estratégica: USA, con sus vastas reservas en EE. UU., Canadá y Venezuela, permanece inmune a este shock de suministro, convirtiéndose en el único proveedor viable. Al mismo tiempo, convierte la Deuda en un Arma para fortalecer al dólar, y por tanto a su Ejército.

Pero, entonces, ¿acentuar la Crisis para ganar entre perdedores es una estrategia?

Como tal sólo podría tener alguna lógica si pensamos que … “el capitalismo contemporáneo ha abandonado la búsqueda del equilibrio para erigir la crisis en su modo de funcionamiento primario (…) Los mercados, los Estados y las sociedades ya no se gobiernan hacia un ideal de equilibrio, sino manteniéndolos permanentemente descompensados. 

¿Por qué? Porque el equilibrio expondría la insolvencia estructural (…) Crecimiento y ganancias de productividad pertenecen en gran medida al pasado; los sistemas políticos se fragmentan deliberadamente, pues cualquier intento serio de estabilización exigiría impagos violentos, reestructuraciones profundas y, sobre todo, imaginación política auténtica. La crisis perpetua, en cambio, permite posponer la resolución indefinidamente, en perfecto estilo tecnocrático. 

En este marco, figuras como Trump constituyen más que aberraciones: son acelerantes funcionales del desorden: su volatilidad legitima medidas de emergencia, inyecciones de liquidez y reencuadres narrativos que mantienen vivo un sistema que solo sobrevive aplazando su colapso.     https://observatoriodetrabajad.com/2026/04/09/la-modulacion-del-caos-control-deuda-y-reorganizacion-a-traves-de-la-guerra-ernesto-cazal/

¿Qué podría salir mal, pues?

Pues que la cadena causal de esta hipótesis descansa en supuestos no demostrados: 

  1. Para empezar, que se tenga el control efectivo de los recursos de Venezuela, y que la coerción sobre Canadá y Groenlandia se traduzca en detentación real de sus recursos.  
  2. B) Que la viabilidad de sustituir rápidamente el suministro de Asia central no es ni mucho menos fácil. La infraestructura (upstream, midstream, refino y transporte marítimo/terrestre) no puede reconfigurarse a escala mundial en semanas; los crudos son heterogéneos y las refinerías están configuradas por gravedad y contenido de azufre. Los fertilizantes y nitrógeno -el amoníaco/urea- dependen del gas natural y capacidad de síntesis; el mercado es multi-origen (EE. UU., Canadá, Rusia, Asia central y otros), con cuellos de botella logísticos y regulatorios. La tenencia de bonos responde a balances externos, reservas y política monetaria; la energía incide, pero no determina mecánicamente la demanda de activos estadounidenses. La diversificación (oro, euro, francos, RMB) sigue sigue siendo una buena baza bajo escenarios de estrés. 

Hay, además, un riesgo de choque inverso: un cierre total de Ormuz dispararía precios, dañaría consumidores estadounidenses, presionaría aún más la inflación y podría forzar respuestas coordinadas (liberaciones de reservas estratégicas, racionamiento, sanciones, convoyes navales) que neutralizan la lógica de “dependencia unilateral”.

C) Para terminar, la analogía simplista con la transformación económica rusa, basada en una industrialización planificada, con soporte militar es, hoy por hoy, casi imposible de conseguir por Estados Unidos (porque ni tiene todavía esa urgencia ni sus grandes corporaciones permitirían la estatalización industrial).

Rusia en guerra reorientó producción hacia la defensa y absorbió sanciones con integración energética regional; EE. UU. opera en una arquitectura financiera abierta, con aliados y cadenas globales críticas que penalizan una “autarquía bélica”. Los costos políticos y económicos de “perder a propósito” son estructuralmente diferentes.

Hasta aquí el propio debate interno de la NSA estadounidense.

Vamos, a continuación, con la que podría ser una estrategia intermedia del hegemón decadente.

2. A Estados Unidos le interesa obstruir el flujo energético por Ormuz para ir afianzando su proyecto del IMEC (ver mapa), al tiempo que consolida su dominio de Asia occidental y central, gracias a la expansión de su entidad sionista.


proyecto IMEC quiere conectar Asia occidental y central –especialmente mediante una India alineada con EE.UU.- y sus recursos, con Europa, a través de formaciones estatales “aliadas” (subordinadas) a USA, la cual dispone a discreción de esos recursos y entorpece que otros puedan hacerlo libremente o tengan protagonismo en las redes infraestructurales de los flujos energéticos.

La expansión sionista del “Gran Israel” y la limpieza étnica de Palestina es parte imprescindible de ese plan. La agresión de década y media a Siria, más las realizadas o en curso contra Iraq, Yemen y Líbano, por tanto, también. Este plan se contempla dentro de la estrategia de medio plazo de sabotear la Nueva Ruta de la Seda china, obstaculizar su articulación de continentes o relegar su papel en ello y cortarle las fuentes de suministro al gigante asiático.  

En ese camino va la -descuidada para casi todo el mundo- acentuación de la cooperación militar que está teniendo lugar entre Estados Unidos y Malasia para terminar de cerrar el bloqueo del Estrecho de Malaca y ahogar la salida china al Índico (amén de toda la parafernalia bélica que USA apelotona en el Mar de China).

Pero para contrastar esta hipótesis estratégica se necesitan también algunas verificaciones. La propia NSA ofrece las siguientes (entre otras):

“Señales operativas a vigilar: movimientos en fletes y seguros marítimos del Golfo Pérsico, spreads de crudos por calidad, oferta de gas y amoníaco, posiciones de reservas estratégicas, cambios en compras de bonos, coordinación de la AIE/OPEP+, y posturas de OTAN/alianzas asiáticas. Mapear escenarios de disrupción en Ormuz (duración, alcance, respuesta multilateral) y sus impactos en precios, logística y seguridad de suministro para Europa/Asia. 

Distinguir supuestos no verificables de restricciones reales (soberanía de recursos, infraestructura, derecho internacional) (…) Construir un tablero de indicadores críticos (fletes marítimos, primas de seguro en el Golfo, salidas de crudo, capacidad de refino por tipo de crudo, precios de amoníaco/urea) con alertas umbral. 

Modelar sustitución parcial de volúmenes de Asia central con Norteamérica/Rusia bajo tres horizontes (30/90/180 días) y estimar costos logísticos/regulatorios. Preparar Q&A para stakeholders (clientes/autoridades) sobre resiliencia de suministro y planes de contingencia en caso de disrupciones en rutas críticas”.

Como vemos, nada fácil de llevar a cabo, menos aún en el corto plazo. Y tiempo es precisamente lo que no le sobra a Estados Unidos.

Ahora vamos a la suposición mejor para el mundo, en la que tantos insisten: la falta de una auténtica estrategia de los USA.

3. Estados Unidos se estrella en Asia central y no tiene plan B para su enfrentamiento con Irán (más allá de “ayudarle” a bloquear el Estrecho de Ormuz).

Esta es la más querida por casi todas las sociedades del planeta, y de tan deseada se traslada fácilmente a análisis hechos a la carrera, a declaraciones impactantes, a vídeos grabados con el “ya ganamos” o “ya perdimos” según de qué lado se mire –lo cual debería ser todavía más sospechoso-, a redes sociales que multiplican su efecto y, en general, a cierta algarabía triunfalista.

De ser así, efectivamente, EE.UU. comenzaría una vertiginosa carrera en su decadencia como potencia imperial hacia una de segundo orden, replegándose de Asia hacia su hemisferio occidental y deteriorando aceleradamente su situación económica y social.

Esta hipótesis se suele combinar, como advertimos, con la personificación de las relaciones sociales o el análisis de éstas a partir de personas. Personas a las que además se las define por categorías morales antes que estratégicas, cuando no por las de vesania directamente. 

A menudo leemos o escuchamos, pues, que todo esto es obra de dos locos sanguinarios (Trump-Netanyahu, por ejemplo).  Lo que oculta las relaciones de poder profundas tanto a escala estatal como global (sin menoscabo de que esos personajes sean en verdad siniestros asesinos genocidas).

El Poder Sionista Mundial (PSM) lo es por dominar una buena parte de la economía global y de la estructura de poder de la principal potencia capitalista, Estados Unidos. 

Es por ello que su entidad sionista en la Palestina ocupada puede gozar de absoluta impunidad para sus crímenes y desplegar el papel relevante que ahora mismo tiene en la región (un análisis de ello puede encontrarse, por ejemplo, en UNA APROXIMACIÓN A LAS CLAVES DEL PODER SIONISTA MUNDIAL – El blog de Andrés Piqueras y también en https://laotraandalucia.com/2026/04/10/la-crisis-del-imperialismo-se-intensifico-aun-mas-por-la-guerra-de-iran/).

Esa estructura de poder profunda no está “loca” ni juega a los dados. Tiene estrategias altamente inteligentes, controla buena parte de la política y economía del mundo, dirige en gran medida los Foros globales, maneja a sus anchas el control ciudadano, domina la guerra cognitiva casi a la perfección, entre otras muchas claves de Poder con mayúsculas, algunas de las cuales apenas imaginamos. 

Las figuras políticas que aparecen al frente de las acciones en curso o de las pantallas televisivas son apenas mejores o peores representantes de sus intereses. “Representantes” o delegados que, por cierto, tampoco están “locos”. Trump, como empresario sin escrúpulos, ha ganado alrededor de 40 mil millones de dólares en el primer año de su segundo mandato, tras provocar con sus declaraciones el alza o caída de las Bolsas o de los precios de unos u otros activos (información privilegiada por medio), por poner un ejemplo.

Así que no, el “Estado profundo” que domina nuestras políticas y economías, que impide que podamos comprarnos un piso o que nos tengamos que endeudar cada día más para vivir, que nos desesperemos en las colas de una seguridad social cada vez más desasistida, que el monedero dé apenas para ir al mercado y volver con la bolsa medio vacía, y que, por tanto, condiciona nuestros comportamientos sociales y nuestras posibilidades de vida, ese Poder en la sombra pero bien real no va a dejar de atacar Irán de unas u otras maneras, como parte de su Guerra Sistémica Permanente o Guerra Total contra el Mundo Emergente. Una guerra que lleva a cabo durante años a través de su principal potencia estatal.

Como tal esa potencia, EE.UU., sabe que la Batalla de Irán es una batalla decisiva contra el Mundo Emergente (China-Rusia sobre todo), para no ser relevada. En cuanto que parasitada, además, por ese PSM, como “lideresa” del modo de producción capitalista global que es, no la abandonará si no se la obliga a hacerlo. Y esa es una tarea titánica.

Eso no quiere decir tampoco que vaya a ganar la Batalla, ni mucho menos. Irán es mucho Irán.

Lo que sí que puede asegurarse casi con total certeza, pues, es que en cualquiera de los tres escenarios -más todo el abanico de opciones que hay entremedias de ellos-, la Batalla de Irán dentro de la Guerra Total continuará de una u otra manera, posiblemente de muy diferentes maneras. También con seguridad que las perdedoras serán buena parte de las sociedades del mundo, entre las que más las europeas. 

El desastre energético (y alimenticio –la fertilización de la tierra está en peligro-) que se cierne ya sobre ellas no hará sino agravarse dramáticamente con la continuación de la Guerra. Círculo vicioso: una Guerra que el propio modo de producción capitalista requiere (por eso es “Sistémica Permanente”) y que la potencia imperial necesita para mantenerse.

Pero ni el PSM ni su potencia imperial ni su brazo sionista son todopoderosos ni imbatibles. Antes bien, vienen mostrando que son prisioneros de sus propias contradicciones infraestructurales o ecológicas y estructurales o económicas, que les lleva a acciones cada vez más “atrevidas”, cuanto menos, sin cobertura de fondo. 

A poco que las contradicciones supraestructurales o políticas (dialécticamente todas están unidas, las separamos sólo para facilitar la explicación) también se agraven, sus pies se harán cada vez más de barro.

La resistencia y lucha de sociedades hechas pueblo (en cuanto que sociedad unida en el combate), como puede ser el caso de Irán, pero igualmente el de Cuba, Líbano, Yemen, Burkina Faso… (¿también todavía Venezuela?), puede, efectivamente, acelerar su derrumbe.

Lo cual no significa que estemos cerca de poder cantar victoria. La Guerra será dura y larga. Y la “opción Sansón”, la de las armas atómicas (la de derribar el templo antes que perder frente al enemigo), está siempre pendiente sobre nuestras cabezas, como una condena de muerte en suspenso. No lo olvidemos.

Las sociedades del mundo -y las europeas en concreto- tienen un gran desafío por delante para que los Poderes del Capital (PSM, USA, OTAN, Davos, G7…) no las destrocen, tanto si ganan como si pierden en esta Batalla. 

Su única opción pasa también por hacerse pueblo para la lucha.

Nota

[1] Es sumamente difícil poder dar las referencias de las citas de sus páginas, pues suele borrar los textos a las pocas horas de publicarlos (ver National Security Agency | Central Security Service).

jeudi 29 janvier 2026

LA VIOLENCIA DELINCUENCIAL COMO ARMA DE GUERRA DEL IMPERIO ESTADOUNIDENSE

Fuente https://andrespiqueras.com/2025/11/11/la-violencia-delincuencial-como-arma-de-guerra-del-imperio-estadounidense/ 

 
Gérard Fromanger, série Questions, Existe, 1976

 

La inseguridad ciudadana y la violencia delincuencial indiscriminada fue siempre un arma de guerra de los imperios, y ha sido tradicionalmente una de las bazas predilectas de Estados Unidos como instrumento contrarrevolucionario para someter y disciplinar sociedades. También para descomponerlas, haciéndolas entrar en procesos de barbarización social.

Generación de bandas bien armadas, infiltración y asentamiento de redes mafiosas, narco-traficantes y demás “crimen organizado transnacional”-, introducción de armas militares avanzadas, grupos paramilitares delincuenciales… son las recetas clásicas dadas por Estados Unidos para el conjunto de NuestraAmérica. Si a ellas le unimos gobiernos que siguen a pie juntillas las políticas de saqueo y empobrecimiento social dictadas por USA y sus instituciones, FMI y Banco Mundial por ejemplo, el cóctel está dado para la descomposición social. Forma brutal de agresión, que se ceba especialmente allá donde hubo un gobierno “progresista” o que pretendió cierta autonomía. Ya no digamos si además buscó esa vía de autonomía a través de la conjunción de fuerzas nuestroamericanas como el ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América).

Una vez que las mafias se instalan en una sociedad, se convierte en una labor ímproba de décadas –si posible- poder desalojarlas, porque sus redes llegan a todos los estamentos y ámbitos tanto del Estado (ejecutivo, legislativo, judicatura, policía, ejército…) como de la sociedad (redes delincuenciales clientelares, de informadores, de negocios imbricados en las redes delincuenciales, familias que viven de ellas, dinero que cae en las comunidades comprando voluntades, única vía de salario para muchos, etc., etc.). ¿Quién, entonces, combate a quién desde dónde y con quién?  Ese caos y podredumbre resultantes es el resultado que busca y promueve bien el Imperio, como también sabe que esas sociedades en violencia generalizada (“de todos contra todos”), donde las personas no se fían de las personas, en donde los proyectos de comunidad, los afanes colectivos y la lucha social y política en general son desbaratados por el Miedo, no pueden ya ofrecer seria resistencia a su saqueo. Eso cuando no son directamente atacadas por la delincuencia (des)controlada -en realidad, en muchos casos, paramilitares civiles, valga la aparente contradicción-. 

Algo más fácil aún de llevarse a cabo en la región que es la más desigualitaria del mundo.

Así ha agredido EE.UU. a Nicaragua y a Venezuela durante décadas de la forma más asesina posible, en muertes y destrucción (sólo frenada por la cohesión popular y la alianza cívico-militar que mantienen). Así convirtió a México en una sociedad barbarizada (sólo con AMLO y ahora la presidenta Sheinbaum, se ha empezado a dar un proceso de reversión de esa barbarie, muy lento, complicado y no falto de lagunas y retrocesos, como tantos familiares de víctimas bien saben –caso de los 43 estudiantes asesinados y “desaparecidos” de Ayotzinapa, por ejemplo-). Así barbarizó USA también El Salvador, Guatemala y Honduras (con el impase entre muchas interrogaciones de la presidenta Xiomara Castro, y pudiera ser que de su sucesora, en este último caso). Las recetas son siempre las mismas, y con ellas pretenden “justificar” a la carta gobiernos crueles contra sus poblaciones, déspotas que fungen de “salvadores”, mientras continúan degradando las condiciones sociales. Pocos ejemplos como el de Bukele en El Salvador, donde los crímenes de las autoridades contra la población (a menudo considerados como “ejecuciones extrajudiciales”) van sustituyendo a la violencia de los propios grupos delincuenciales (véase aquí este informe: Sobre ejecuciones extrajudiciales en El Salvador : 2015-2020; también algunas de las denuncias venezolanas al respecto de la política del déspota salvadoreño: La doble moral de Bukele: El carcelero de El Salvador que critica a Venezuela – teleSUR). Algo que el bolsonarismo en Brasil ha venido también practicando, como en la reciente matanza en las favelas de Río, con 117 personas asesinadas por orden del gobernador Cláudio Castro. [Con Colombia hay que hacer un aparte, porque es un ejemplo mundial de barbarie social por excelencia, donde los asesinatos de sindicalistas, líderes sociales, luchadores comunitarios, representantes indígenas… son “el pan nuestro de cada día” desde un tiempo que se pierde en la memoria (un “pan” frente al que Petro tiene muy poco poder de deglución, aunque lo intenta, y al que le dedicaremos un análisis exclusivo más adelante). Si acaso hay que sumarle de nuevo la matanza de exguerrilleros firmantes de los acuerdos de paz, como ya se hizo, entre otros, con los del M-19, exterminados casi en su totalidad tras desarmarse y convertirse en partido político].

Pero ningún otro lugar como Haití para ejemplificar el genocidio social sin que medie masiva intervención militar directa. Desde su revolución exitosa de esclavos, las distintas expresiones dominantes del Imperio Occidental, que nunca le perdonaron esa osadía, no han dejado de sangrar a Haití de todas las maneras posibles: bandas armadas, cascos azules, “fondos” del Banco Mundial para perder cualquier atisbo de soberanía alimentaria, consiguiente “cooperación al desarrollo” y “ayuda” frente a catástrofes dichas “naturales” (Assistance mortelle, une occasion en or pour piller Haïti pour les blancs et nos politiciens.; https://www.fuhem.es/papeles_articulo/un-analisis-multifocal-del-terremoto-de-haiti/), intervenciones del BID para ultimar la privatización de toda la economía, saqueo a través de la deuda (Haïti : comment la France a obligé son ancienne colonie à lui verser des indemnités compensatoires; Haïti, 200 ans après la rançon de l’indécence : une dette qui entrave encore l’avenir… – RHINEWS)… Dejo aquí enlace a un informe que la Tricontinental realizó en 2022 y que considero bastante completo al respecto del saqueo y el genocidio haitiano: No a la intervención militar. Sí a la insurrección haitiana (thetricontinental.org). Como quiera que la sociedad haitiana siguió resistiéndose a la intervención internacional, al pago de una deuda odiosa y a las bandas criminales impuestas (Haití.  Los habitantes de Fort Jacques se levantan contra el terror de las bandas armadas – Resumen Latinoamericano), el Imperio decidió barbarizarla del todo, suministrando cada vez más amplio tipo de armamento a las principales bandas paramilitares y protofascistas, que asesinan, roban, extorsionan, allanan y violan en masa.     

Sin embargo, es Ecuador el que se lleva la palma en cuanto a la rapidez de un experimento de destrucción social sin recurso a la intervención militar directa. En un año y poco ha pasado de ser uno de los lugares más tranquilos del mundo a encabezar las cifras del crimen del continente americano (con permiso de Haití). La razón por la que el Imperio quería castigarle: haber formado parte del ALBA-TCP, de la CELAC, de Unasur (Unión de Naciones Sudamericanas) y del Banco del Sur en tiempos de Correa, además de tener amplios sectores del pueblo organizado. Para no extenderme aquí, remito a los siguientes enlaces que analizan el proceso en detalle (los enlaces que adjunto en este texto, en general, están escogidos por la que creo es su significancia para el tema tratado):

Ecuador registra los niveles más altos de crimen, inseguridad y delincuencia del continente

Diagnóstico situacional de la crisis de inseguridad, de enero a septiembre | La República EC

Perú, tras el golpe de Estado que encarceló al presidente electo, Pedro Castillo, no ha hecho sino disparar también las cifras de la guerra social delincuencial, que busca ante todo abortar la insurrección popular en curso ante la ilegitimidad de los dos sucesivos gobiernos de la oligarquía tras el golpe (el de Boluarte y el del golpista de la golpista, Jerí –en un Perú donde la ilegitimidad del sistema capitalista oligárquico es ya crónica-): Perú escala al top 10 de países con mayor criminalidad, según informe internacional – Agencia de Noticias. Y ahora con el ejército estadounidense afirmado en su territorio, la sangría social continua. Proceso que, contra la actual constitución, quiere replicar Noboa en Ecuador: el de albergar tropas y bases norteamericanas, porque la sangría va de suyo con su gobierno.

En Chile, a pesar de que los candidatos presidenciales de derecha e izquierda no se salen jamás del guion imperial, la percepción de temor a la delincuencia, de acuerdo con la encuesta “Chile nos habla” realizada por la Universidad de San Sebastián, sigue una tendencia al alza desde el año pasado. Destaca el aumento significativo al nivel regional de 73,7% a 79% y comunal de 69,3% a 73,8%: El temor por la delincuencia en Chile hace que la gente use más servicios de seguridad privada – Yahoo Noticias. Y es que nunca está de más, por si acaso, y dado que la sociedad ha hecho unos cuantos recientes “levantamientos” preocupantes, descomponerla a través de la delincuencia.

Delincuencia que viene de por sí junto a los paquetes de destrucción social que los gobiernos bufones de USA, como el de Milei, esparcen por sobre unas sociedades cada vez más golpeadas, donde para vivir hay que sacar de cualquier lado que se pueda y donde por tanto la “inseguridad” existencial en todos los ámbitos de la vida se hace estructural.

Y después nuestro complejo mediático-institucional-legislativo nos dice cada día que todas esas son “democracias” y que el problema está en Venezuela y en Nicaragua. Justo los únicos países donde la práctica totalidad de indicadores sociales están en alza y donde buena parte de la sociedad se siente cada vez más “pueblo”. Además, en ningún otro lugar del continente existe la seguridad –en todos los sentidos- que hay en Cuba –revolución histórica mediante-, a pesar de la monstruosa agravación del bloqueo estadounidense (contra las reiteradas votaciones absolutamente mayoritarias de la ONU, de las que la potencia imperial se ríe a carcajadas) y del doloroso empeoramiento de las condiciones sociales.

Nada es casual y los procesos de inseguridad y delincuencia tampoco. Responden a políticas económicas bien precisas y a ofensivas de guerra social cuidadosamente planificadas.

Que no se nos olvide la próxima vez que veamos un noticiero de esos que no explican nada y confunden mucho.

mardi 6 janvier 2026

Las razones históricas del progresismo y de su estafadora impotencia

 

Un respuesta al fracaso del progresismo: luchar por recuperar la idea del socialismo, marcar con claridad lo que es un auténtico programa alternativo e implicarse en la miríada de luchas que la sociedad lleva a cabo de forma segmentada…

Andrés Piqueras, profesor senior de la Universidad Jaume I

El progresismo postmoderno o tardocapitalista tiene tres fundamentales razones históricas que confluyen para posibilitarle y explicarle:

• La incorporación de la socialdemocracia clásica al círculo de poder por delegación de la clase dominante.

•    La descomposición y adhesión al Sistema de la buena parte de los partidos de la III Internacional, especialmente en Europa

• La propia crisis del Sistema.

 Las comentamos brevemente por separado.

1.  El movimiento de la humanidad hacia su liberación de la opresión y de la explotación, así como por la eliminación de las desigualdades, o movimiento comunista de la humanidad, pudo empezar a coagular ideológicamente y adquirir efectiva fortaleza universal, según precisamente la clase más universal o clase trabajadora, iba resultando organizada por el propio medio de producción dominante, el capitalismo de la primera y segunda revoluciones industriales, que socializaba la producción aceleradamente.

La socialdemocracia se llamó así por buscar la democracia social, de base, más allá de las recetas y posibilidades que de la “democracia” hacía el capitalismo liberal para que se pudiera elegir entre sus élites. Se concebía a sí misma como opción organizada para el socialismo (que tenía como reivindicación y objetivo básicos la socialización de los medios de producción), una alternativa obrera al capitalismo que con ese fin quiso cuajar en una Internacional proletaria mundial.

Sin embargo, cuando en el último cuarto del siglo XIX, en Europa occidental, este modo de producción empezó a agotar su ejército laboral de reserva, y teniendo al frente un proletariado cada vez más organizado, tuvo que comenzar a cuidar en cierta medida de su fuerza de trabajo, que no podía ser sustituida tan fácilmente en el caso de ser explotada hasta la extenuación, así como por enfermedades o accidentes.

Por otra parte, el desarrollo y paulatina preponderancia de la plusvalía relativa fue facilitando la desconcienciación de la clase trabajadora, su pérdida del sentido de explotación, pues la mejora de la productividad que procura el cambio técnico permite la desvalorización de los medios de vida de los trabajadores (y por tanto el abaratamiento de la fuerza de trabajo) sin afectar especialmente a su situación material, lo que permite aumentar la tasa de explotación en su modalidad intensiva sin acentuar el conflicto social. 

Los primeros seguros sociales, la entrada de los partidos obreros en los parlamentos, la lenta pero sostenida elevación de la calidad de vida de la fuerza de trabajo, la sensación de poderío de una clase trabajadora crecientemente organizada, generó la ilusión de conquistas indefinidas dentro del capitalismo, hasta el punto de que llegó a hacerse común que este Sistema se podría superar a sí mismo, sin rupturas de clase, digamos que “pacíficamente” (lo que marcaría a la II Internacional en adelante).

Esa socialdemocracia cada vez más acoplada a las reglas de juego del capitalismo, terminó por hacerse capitalista. 

En la I y II Guerras Mundiales mostró a los cuatro vientos que en adelante su “patria” era la del capital. No sólo no se opuso a la guerra, sino que se manifestó en contra de los procesos revolucionarios (renegando de la URSS), para sustituirlos por los parlamentarios electoralistas.

Sería en los años 30 del siglo XX, y sobre todo en la post-guerra keynesiana (con el protagonismo del capitalismo reformista, posible gracias a la URSS), cuando paso directamente a formar parte de la agencialidad política de la clase capitalista. El congreso de Bad Godesberg (1959), en Alemania, marcaría el momento emblemático de esa deriva.

Tras la caída de la URSS, la globalización neoliberal de la ley del valor que entrañó una brutal ofensiva de clase a escala planetaria, tuvo ya de cómplice directo a la socialdemocracia capitalista, por más que se intentara auto-otorgar un toque de legitimidad bajo la pantalla de una Tercera Vía que nunca tuvo contenido práctico alguno.

La concomitante destrucción de conquistas históricas, acelerada con la posterior degeneración sistémica que se ha ido acentuando en las primeras décadas del siglo XXI, no haría sino hacer cada vez más indistinguible su papel dentro de las diferentes versiones del capitalismo.

2.  La descomposición y entrega de la III Internacional tiene también algunos momentos clave.

Con la Revolución Soviética y su III Internacional el movimiento comunista de la humanidad experimentó un acelerón y una gran acumulación de fuerzas.

Acumulación que sufriría sus primeros bandazos con la división bolchevique en tres tendencias: la estalinista (que llevó al éxito de la URSS contra las monstruosas agresiones externas y procuró un desarrollo social y humano sin precedentes en la historia de la humanidad), la trotskista y la bujarinista.  

Más tarde, esa acumulación de fuerzas del movimiento comunista comenzaría a perder parte de su impulso en 1956, con el XXº Congreso del PCUS y la “desestalinización” de la URSS, cuando empezó una deriva hacia la “reconciliación” con el capitalismo y a abrir crecientes espacios al revisionismo interno. 

La ruptura entre la URSS y China, precisamente a raíz de ese proceso soviético (que la China de Mao no aceptó, y que sin embargo más tarde, cuando la revolución china se hizo bujarinista con Deng Xiaoping, la alejaría aún más de la URSS, apartándose del internacionalismo y del enfrentamiento al capitalismo, patrones estos últimos que todavía la caracterizan en la actualidad), fue otro mazazo para el movimiento comunista, que recibiría el golpe más duro con la caída de la URSS. Golpe del que todavía no se ha recuperado la humanidad, al perderse en gran medida el proyecto, la praxis y el horizonte socialista para la mayor parte de las sociedades del mundo desde entonces.

En esa pérdida hay que contar también con que casi todos los partidos herederos de la III Internacional, que otrora se guiaron por la URSS, no sólo quedaron huérfanos de dirección estratégica o en la práctica imposibilitados de ella (la estrategia precisa de fuerza para poder llevarse a cabo), sino que a gran velocidad se fueron socialdemocratizando o aceptando el marco del capitalismo como incuestionable, esto es, el único posible (en Europa este proceso se dio bajo el nombre de “eurocomunismo”, mientras que en NuestraAmérica tuvo lugar más como neodesarrollismo y diversos populismos, los cuales también arraigarían en África).

La deriva de la gran mayoría de partidos comunistas y organizaciones crecidas bajo el ala de la III Internacional, les llevaría a posiciones cada vez más conniventes con el capitalismo salvaje de la globalización unilateral comandada por Estados Unidos. 

Llegando a formar parte incluso de gobiernos de la OTAN y de la UE -por lo que ha recibido la designación de “izquierda otanista” o, como la propia CIA la bautizara, “izquierda compatible” con el Sistema-. Igualmente, las organizaciones sindicales que nacen ante la absorción de las centrales clásicas por el Sistema, no van más allá de éste, no son capaces de cuestionar el relato global del capitalismo, especialmente por lo que se refiere a su división imperial del mundo, ni a trascender, por tanto, un accionar economicista, en el mejor de los casos con algunos tintes sociales siempre dentro del orden del Sistema.

Resulta obvio decir que con esa deriva los PCs no pueden sino dejar de perder militancia (que no sólo es una cuestión de afiliación), presencia social y algo que proponer a las sociedades, haciéndose por el contrario parte del problema. Ello se evidenciaría aún más según avanzaba la decadencia capitalista y su brutal ofensiva de clase contra las poblaciones del mundo.

 3. Crisis capitalista

 Las condiciones de degeneración del modo de producción capitalista se han ido agudizando desde finales del siglo XX hasta hoy. 

A partir del último cuarto de aquel siglo cada vez ha sido más difícil ocultar que el menguante desarrollo de las fuerzas productivas ha ido dando paso a cada vez más fuerzas destructivas, con el consiguiente declive del conjunto de la civilización a que dio lugar. 

Ello radica en toda una cadena de razones, como la dilución del valor y mengua del plusvalor parejo a la tecnificación de los procesos productivos, la galopante reversión del capital a su forma simple de dinero (cada vez como elemento de especulación y ganancia rentista, y no tanto de inversión productiva), un endeudamiento público y privado insostenible, una economía crecientemente ficticia, un acuciante estrés climático, el manifiesto agotamiento de materiales y energía fósil, así como la imparable expansión de un “valor negativo”: plagas, epidemias, deterioro de recursos, saturación de sumideros, contaminación generalizada, pérdida de fertilidad de los suelos, salinización, estrés climático, desaparición de nitratos y de fósforo, sobreexplotación, sobre-empobrecimiento y extenuación de las poblaciones…

Todo ello da como resultado lo que algunos autores han señalado como una “tormenta perfecta”, pues la hipotética solución a uno de esos factores significaría el agravamiento inmediato de otros. La destrucción social y ambiental, el desmoronamiento de las sociedades en la casi totalidad del mundo, así lo testimonia.

Sin embargo, a falta de sepultureros o agentes colectivos organizados por el socialismo, el capitalismo ha podido rescatarse a sí mismo, especialmente inventándose dinero de la nada para hacer como que su economía sigue funcionando, pero también, obviamente (cualquiera de sus crisis lleva a ello) aumentando la explotación de la fuerza de trabajo, apropiándose de su patrimonio colectivo, llevando la sustracción del salario a cotas más altas, según mercantiliza más aspectos de la vida y la encarece en su conjunto.

El progresismo o nueva izquierda del Sistema 

Es en este contexto histórico de orfandad, desorientación de clase y mortífera ofensiva capitalista, en el que en el siglo XXI (y sobre todo tras la crisis de 2008) aparece o cobra más cuerpo -aprovechando el nicho político dejado por la neoliberalización de la socialdemocracia clásica y la socialdemocratización-liberal de los partidos comunistas mayoritarios-, un progresismo como una suerte de neosocialdemocracia que “vende” de nuevo la idea de que el capitalismo puede ser reformable y hacerse “justo”, “democrático” e “igualitario” a poco que se voten sus opciones (lo de tener arraigo obrero-trabajador y bregarse en las luchas sociales en general, pugnar por erigir pueblos auto-organizados y estructuras políticas resultantes de ello, ni se considera). En adelante, no se hablará de “clases” ni de sus luchas, ni de “socialismo” y mucho menos de “tomas del poder”.

Términos como “gente”, “99%”, “los de arriba y los de abajo”… van sustituyendo aquella conciencia de clase trabajadora por un neolenguaje deliberadamente vago e impreciso, con intención de “atrápalo todo”, que no dice nada concreto sobre la raíz de las cosas, al tiempo que congruentemente con ello se hace gala de reivindicar ante todo políticas de identidad, particularistas, o se enarbolan luchas parciales, segmentadas e incomunicadas entre sí (cuando no directamente corporativas y exclusivistas), en vez de universales y con proyección común hacia una sociedad que pueda satisfacer el conjunto de luchas y reivindicaciones. 

Ni que decir tiene que la toma del poder y la desarticulación de los elementos básicos del capitalismo ni pasa por su imaginación.

Es por eso que a esa nueva ola no le sería problemático subirse a la vieja socialdemocracia, que encuentra en ella un punto de reenganche en la atracción del electorado, dado que nada puede ofrecer en cuanto a modificar las claves de la explotación o sobreexplotación de clase y las dolorosas secuelas que el capitalismo va dejando en sus poblaciones. También, por supuesto, las organizaciones socialdemocratizadas de la III Internacional se incorporarían a la cola de esa tendencia, pasando de supuestas “vanguardias” a retaguardias de la misma, a remolque de las neoizquierdas.

Sin embargo, la clase capitalista transnacional sí ejerce una rotunda política de clase, y desde 2008 intensifica los mecanismos de explotación, desposesión y dominación para intentar sostener el crecimiento. Entre los más destacados:

a. El pillaje y saqueo de las finanzas públicas: se da una transferencia de riqueza sin precedentes del ámbito público a las arcas del capital transnacional. Se socializan las pérdidas en un momento en que las grandes empresas transnacionales registran niveles récord de ganancias. Los Estados extraen también cada vez más excedente de las sociedades para entregárselo a las finanzas globales, mientras se mercantiliza el conjunto de actividades de la vida social y natural. Todo vinculado también a una montaña de deuda que ya supera el 365% del PIB mundial.

b. La especulación financiera (ya en 2008 los mercados de derivados alcanzaron los 2.3 billones de dólares al día) y la masiva emisión de dinero sin valor, primero a tasas de interés cero o incluso negativas y después alzadas bruscamente en el camino de arruinar a buena parte de los actores económicos (incluida la mayor parte de la población) y quedarse aún más deprisa con sus activos, propiedades y patrimonio.  La mercantilización de lo público, del conjunto de actividades que sostienen la vida y la inflación de precios de productos básicos (alimentación, vivienda, motorización…) van también en ese camino.

c. Frente a la crisis de sobreacumulación, la economía de guerra se vuelve también eje central de crecimiento en la economía global, un crecimiento militarizado o exacerbación bélica de la Desposesión de las poblaciones del mundo, con la consiguiente reordenación de todo el entramado sistémico del capitalismo hacia su vertiente más postdemocrática y autoritaria, que da pie, entre otras muchas consecuencias, a que vaya calando estructuralmente de nuevo una cultura de disciplina y mando.

Todo esto da como resultado el aumento de la explotación de la fuerza de trabajo y lapérdida de su poder adquisitivo, deterioro acelerado también de los salarios indirecto y diferido, empobrecimiento generalizado de la población y un exacerbado crecimiento de la desigualdad, entre otras muy duras consecuencias. Lo cual provoca un creciente hastío de las poblaciones, que, sin alternativas reales a lo que ocurre y sin organización ni cauces políticos y sociales para rebelarse de forma eficaz, comienzan a ver a las distintas versiones electorales del Sistema como parte de lo mismo.

Es en ese deterioro social que el propio Sistema pergeña su “versión antisistémica”: opciones proto-fascistas (listas para dar paso directamente al fascismo -o neofascismo- si las condiciones sociales lo requieren, con versiones más o menos duras según vaya la correlación de fuerzas entre las clases). 

Es decir, que la falta de respuestas reales para las condiciones de vida de la población, el vacío de alternatividad (que no de alternancia), la nula proclamación (ni intento de erección) de un proyecto socialista superador del capitalismo, lleva, una vez más en la historia, a las izquierdas clásicas y a las neoizquierdas a ir dejando el paso franco a las ultraderechas proto-fascistas. Más aún según el Sistema se hace irreformable y deteriora machaconamente las condiciones de vida de las poblaciones del mundo, en una creciente espiral de explotación, empobrecimiento, guerra, muerte y caos.

Como quiera que las izquierdas del Sistema (auto-confinadas en la institucionalidad burguesa) ni tienen ningún programa o proyecto ni pueden nada contra todo ello (al tiempo que su impotencia las hace perder aún más sus posibles bases), las salidas autoritarias-neofascistas para las poblaciones comienzan a verse por cada vez más sectores sociales sin memoria histórica alguna (porque nadie tampoco se la proporcionó) como “alternativa” a seguir. El Sistema ya se encarga de promocionar y sustentar ese señuelo de alternativa con todos sus medios y aparataje.   

¿Y entonces?

Ante ello, frente a la dinámica de todo o nada en la que entra el modo de producción capitalista, a las fuerzas altersistémicas que aún pugnan por enfrentar el capitalismo no les queda sino descolonizar las propias conciencias (desparasitarlas de la ideología de la clase dominante), luchar por recuperar la idea del socialismo entre la población, marcar con claridad lo que es un auténtico programa alternativo, implicarse en la miríada de luchas que la sociedad lleva a cabo de forma segmentada y desarticuladas entre sí, para darlas una proyección común hacia un objetivo de sociedad también común. 

Reconstruir la III Internacional (a falta de que alguna fuerza mundial pudiera convocar una V), deviene también una tarea perentoria. La cual bien puede empezar por la articulación de un Frente Internacionalista (Antimperialista) Mundial