El
ascenso global de la extrema derecha, y los cambios sociales que lo
están propiciando, encuentran una cámara de resonancia en el
evangelismo, que está transformando los mapas religiosos, especialmente en América Latina. Hasta
los años 80, el continente era el bastión más sólido del catolicismo a
nivel mundial, con más del 90% de la población declarándose católica.
Sin embargo, a mediados de los 2010 ese porcentaje había caído más de un 30%.
Pablo Semán
lleva desde los años 80 investigando el mundo evangélico, es antropólogo
y sociólogo investigador del Consejo Nacional de Investigaciones
Científicas y Tecnológicas de Argentina. Semán cuenta que “la
expansión evangélica viene desde 1900 en toda la América Latina, lo que
pasa es que partía de porcentajes tan bajos que el crecimiento no se
notó hasta que no eran el 9 o el 10 por ciento. Pero eso implicó
multiplicar por 10 la cantidad de evangélicos en un contexto muy
específico que era de falta de pluralismo religioso” y de dominio total
del catolicismo. Semán incide en que es el aperturismo religioso y la
consolidación de las democracias en Latinoamérica lo que más favoreció
la expansión del evangelismo.
A la cabeza de esta transformación
se encuentra Brasil, pero en otros países como Argentina, Guatemala,
Honduras y Nicaragua, los evangélicos se han convertido en una parte
sustancial de la población, con porcentajes de creyentes que llegan a superar el 40%
en algunos casos. La clave de este fenómeno es el surgimiento y la
expansión del neopentecostalismo, caracterizado por su organización
descentralizada y local, que ha permitido un crecimiento exponencial en
barrios urbanos marginales y estratos de población empobrecidos.
Sobre
esto, Semán habla de dos motivos principales que explican
el crecimiento evangélico. Uno de ellos es que “en las creencias
pentecostales históricas, la idea de que el milagro está a la orden del
día sintoniza profundamente con la religiosidad popular”. El
investigador explica que, mientras el catolicismo abandonó la idea del
milagro y la secularizó, “los evangélicos permanecieron en una idea del
milagro como hecho ordinario, y con eso sintonizan realmente con la
población de origen popular”.
La segunda razón a la que alude el
experto para explicar el crecimiento del evangelismo es que todo
evangélico tiene la posibilidad de convertirse en sacerdote, sin que
importe su estado civil o su género. Esta idea de sacerdocio universal
“tiene consecuencias organizativas enormes porque permite que los
evangélicos crezcan por fraccionamiento, mientras el mundo católico es
piramidal y vertical”.
Las iglesias evangélicas también ofrecen
redes de apoyo social y sentido de pertenencia en contextos donde otras
instituciones han retrocedido o se perciben como ausentes. Esto hace que
en muchos barrios urbanos las congregaciones funcionen como centros de
cohesión social e identidad.
Una potente y eficaz maquinaria política
En
gran parte de Estados Unidos y América Latina, el evangelismo ha
trascendido la esfera estrictamente religiosa para convertirse en un
factor electoral decisivo, actuando como una estructura organizativa
capaz de movilizar a millones de votantes y moldear discursos políticos.
Brasil
es el caso paradigmático de la maquinaria política evangélica. Su apoyo
fue clave en la victoria de Jair Bolsonaro en 2018, con más del 65% de los evangélicos
votando por él en la segunda vuelta de las presidenciales. El activismo
evangélico en Brasil no se queda dentro de las iglesias, su estrategia
abarca el apoyo abierto a candidatos, la negociación directa con
partidos políticos y la promoción de sus propios representantes. En el
Congreso brasileño hay incluso una “bancada evangélica” que agrupa a
decenas de legisladores de distintas formaciones políticas con una
agenda común centrada en los valores conservadores y la defensa de
intereses religiosos en el espacio público.
Con todo, Pablo Semán
matiza que el voto evangélico y el comportamiento político de los
representantes evangélicos no son ni homogéneos ni continuos, y recuerda
que hay sectores del evangelismo que también han apoyado, aunque no tan
mayoritariamente, a candidatos progresistas en Brasil como Lula da
Silva o Dilma Rousseff.
No obstante, el investigador añade que en
el caso latinoamericano la derecha ha sabido detectar las claves de
interpelación del mundo evangélico y a izquierda no. “La afinidad entre
la derecha y los evangélicos no es necesaria, esencial, total ni
absoluta, pero sí tiende a serlo toda vez que la izquierda rechaza
incluir a los evangélicos en su estrategia política”.
En Estados Unidos, el evangelismo —especialmente el protestantismo blanco—,
también ha sido un pilar del apoyo al Partido Republicano desde finales
del siglo XX, y especialmente en la reelección de Donald Trump. Como
ocurre en Brasil, iglesias y líderes evangélicos locales actúan como centros de socialización política,
difundiendo mensajes sobre identidad nacional, valores tradicionales y
expandiendo el discurso del odio y el miedo a la izquierda —sobre todo a
las narrativas del feminismo, los migrantes y los derechos LGTBIQ+—.
Ayuso a la caza del voto evangélico latino
Aunque
en muchísima menor medida, España no es ajena a la expansión del
fenómeno del evangelismo pentecostal. Desde hace décadas, las dinámicas
migratorias —principalmente desde Latinoamérica— han transformado el
paisaje religioso de grandes ciudades como Madrid o Barcelona, y de
regiones como Murcia, donde las iglesias evangélicas no solo crecen en
número, sino que también empiezan a tener un papel importante en la
política local.
El auge evangélico no ha pasado inadvertido para
el PP de Madrid. Durante la precampaña de las elecciones municipales y
autonómicas de 2023, varios dirigentes del partido llevaron a cabo una
estrategia deliberada de acercamiento a iglesias evangélicas para
intentar canalizar apoyos entre fieles de origen migrante y sus redes
sociales. Figuras del PP regional y municipal como José Luis
Martínez-Almeida, Isabel Díaz Ayuso, o el propio Alberto Núñez Feijóo
participaron en encuentros con pastores y comunidades evangélicas.
El
acto más importante fue el que tuvo lugar en el madrileño barrio de
Usera. Bajo el lema “Europa es Hispania”, los líderes ‘populares’
aparecieron junto a Yadira Maestre, predicadora y fundadora del centro
Cristo Viene y figura clave del pentecostalismo en nuestro país.
Años
antes, Ayuso creó expresamente la Secretaría de Nuevos Madrileños, y
puso al frente al venezolano Gustavo Eustache. Actualmente Eustache es
diputado en la Asamblea de Madrid, pero el motivo de que Ayuso le crease
un cargo se explica mejor sabiendoque está muy bien relacionado con los
principales pastores evangelistas de la región, como es el caso de
Yadira Maestre, definida por el vicesecretario electoral del PP
madrileño, Jorge Rodrigo, como “la aglutinadora de las iglesias
evangélicas de la Comunidad de Madrid”.
Con esto, el PP intenta construir
puentes con las comunidades neopentecostales de latinos que hasta ahora
habían estado fuera del radar de las estrategias políticas
convencionales. En aquella campaña electoral de 2023, dicha estrategia
se tradujo en semanas de apariciones en templos evangélicos y encuentros
con sus líderes.
No obstante, estas prácticas no gustan en todo
el mundo evangélico. Cuando el PP de Madrid hizo campaña junto a Cristo
Viene en 2023, la Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de
España (FEREDE) publicó un comunicado mostrando su disconformidad con
que una de sus iglesias se hubiese significado políticamente. El
responsable de prensa de la entidad, Jorge Fernández, asegura que
“ningún individuo ni organización política debe arrogarse la
representación de la comunidad evangélica”, y reafirma el compromiso de
FEREDE con el principio de separación entre Iglesia y Estado. “La
naturaleza espiritual y universal de la Iglesia [evangélica] exige que
sus ministros y líderes eviten la identificación con posiciones
partidistas y preserven la neutralidad política en sus congregaciones”.
Fernández matiza
que esto no significa que los pastores y líderes espirituales no puedan
expresar sus opiniones, pero a su modo de ver esta opinión debe hacerse
“desde fundamentos religiosos, éticos y humanos, y con independencia del
signo político de quienes gobiernan”. En consecuencia, desde FEREDE se
oponen a la “participación de ministros de culto en actos partidistas o
el uso de los púlpitos para solicitar el voto a favor de un partido o
candidato determinado”.
El laboratorio murciano
Aunque en
Madrid el evangelismo ultra ya empieza a formar parte de la agenda de
campaña del PP, el verdadero laboratorio de este fenómeno es la Región
de Murcia. Con más de 110 iglesias evangélicas registradas y una
población latina con derecho a voto que empieza a ser significativa, las
congregaciones pentecostales murcianas tienen un enorme potencial de
movilización electoral, algo a lo que también ha sabido anticiparse el
PP de la región.
En localidades como Lorca o Torre Pacheco,
las iglesias han florecido en antiguas naves industriales y bajos
comerciales, con pastores que cada domingo articulan sermones sobre la
familia, la moral, los valores conservadores y el rechazo a lo que ellos
llaman “ideología de género”. Un discurso que encaja a la perfección
con el ideario tradicionalista del Partido Popular —a pesar de la dureza
de su lenguaje en materia migratoria, un ámbito donde se disputa el
voto con Vox—.
Desde hace algunos años el presidente murciano,
Fernando López Miras, mantiene una estrecha relación personal con Ángel
Zapata, presidente del Consejo Evangélico de Murcia. Esa amistad se ha
traducido en la implantación de un acuerdo que permite que en Murcia se
enseñe religión evangélica en los colegios.
En España todavía no
existe un bloque evangélico homogéneo y monolítico políticamente
alineado con la extrema derecha, como ocurre en Brasil o Estados Unidos.
Las comunidades evangélicas en España son diversas en origen, tamaño y
trayectoria. Sin embargo, en las estrategias políticas de partidos como
el PP sí se están teniendo en cuenta este espacio religioso emergente y
valorando su capacidad de movilización y amplificación de mensajes
ultra.
FEREDE aclara que ninguna de sus iglesias integrantes se
identifica con el neopentecostalismo, y explica que “en España, las
principales organizaciones pentecostales observan este movimiento con
preocupación” e intentan distanciarse “de su extremismo y los
compromisos políticos partidistas”.
‘Teología de la prosperidad’: capitalismo, autoritarismo y patriarcado
Uno
de los rasgos más marcados del evangelismo neopentecostal es su
afinidad discursiva con los valores y lógicas del capitalismo y las
políticas neoliberales. En el mundo evangélico está muy extendido el
concepto de “teología de la prosperidad”, una doctrina que enfatiza que
la fe y la conducta individual conducen a la riqueza y al bienestar
material, y que se entrelaza con principios del neoliberalismo como la
competitividad o el esfuerzo individual, legitimando el orden económico
capitalista y extendiendo la idea de que la riqueza es un sinónimo de
premio divino por el esfuerzo personal.
Desde FEREDE recuerdan que
la teología de la prosperidad no forma parte del pentecostalismo
histórico, sino que es algo exclusivamente ligado al neopentecostalismo.
Jorge Fernández aclara que “se trata de una interpretación doctrinal
que utiliza de manera sesgada y fuera de contexto ciertos pasajes
bíblicos […] Este enfoque suele beneficiar únicamente a determinados
líderes religiosos, que se enriquecen a costa del sacrificio y la buena
fe de sus congregaciones mediante promesas de éxito económico o de salud
proporcionales a sus ofrendas. Es una desviación doctrinal que
lamentamos profundamente y que denunciamos”.
En contextos donde se
aplican políticas que debilitan el Estado de bienestar (como es el caso
de Estados Unidos y Argentina, o como sucedió en Brasil durante el
mandato de Bolsonaro), donde una agenda económica austericida merma la
financiación de los servicios públicos, las iglesias evangélicas a
menudo ocupan el vacío de la asistencia social dejado por el Estado. Sin
embargo, esta asistencia suele estar privatizada, tiene un fuerte sesgo
moral y depende de la iniciativa de las congregaciones religiosas.
Este
binomio entre evangelismo y capitalismo da como resultado discursos que
inciden en conceptos como el orden, reproducen modelos patriarcales
donde el liderazgo sigue siendo predominantemente masculino, y se oponen
explícitamente al feminismo, el laicismo y derechos civiles como el
matrimonio igualitario o del colectivo LGTBIQ+, presentándolos como
amenazas culturales.
Bien organizados y financiados
El
fenómeno del evangelismo neopentecostal no se circunscribe a las
fronteras de cada país, sino que tiene poderosos tentáculos
transnacionales a través de los que se organiza y difunde la agenda
ultra. Para hacerlo recurren a la financiación privada, la creación de think tanks (laboratorios de ideas), falsas ONG y alianzas empresariales.
El
ejemplo más conocido de esta internacionalización es el Congreso
Mundial de las Familias (WCF, por sus siglas en inglés), una
organización estadounidense con presencia en más de 80 países —entre
ellos España, donde ya han celebrado algún evento— que coordina
estrategias y discursos en torno a la “familia tradicional” y la
oposición al aborto.
El WCF organiza congresos regionales que
reúnen a organizaciones, líderes religiosos e incluso representantes
políticos para difundir marcos ideológicos que se traduzcan en presión
política, redes de apoyo global y la aprobación de leyes conforme a sus
intereses. En paralelo, múltiples organizaciones, la mayoría
estadounidenses —como Alliance Defending Freedom (ADF) o Family Watch
International—, financian la presencia y las acciones coordinadas en Europa, África y América Latina para expandir sus narrativas de “libertad religiosa” o “valores familiares”.
Vox, Hazte Oír y el Opus Dei
Estas redes no solo comparten discursos, sino también mecanismos institucionales de influencia, haciendo campañas de lobby
(grupos de presión) ante organismos transnacionales como la UE y
participando en foros internacionales para frenar agendas de igualdad.
Organizaciones dentro del llamado movimiento “anti ideología de género”
también utilizan las redes sociales y plataformas digitales de recogida
de firmas (por ejemplo, CitizenGO, creada por Hazte Oír) para coordinar
esfuerzos en múltiples países y generar impacto mediático y político
simultáneo.
De hecho, L’Associació de Drets Sexuals i Reproductius documenta en un informe
publicado el pasado octubre cómo actores políticos, religiosos y
mediáticos vinculados a la extrema derecha española han consolidado una
estrategia transnacional para influir en políticas públicas y narrativas
culturales en América Latina, África y otros países de Europa. Según el
estudio, España ha pasado a convertirse en un nodo estratégico de
proyección ideológica de fuerzas reaccionarias, erigiéndose como el
puente entre Europa y América Latina que potencia y articula redes
conservadoras a escala global.
El trabajo identifica a cinco actores
españoles clave en este entramado ultra: Vox (junto con su Fundación
Disenso), las plataformas Hazte Oír y CitizenGO, el Opus Dei y la
Political Network for Values (PNfV), que combinan recursos políticos,
educativos, mediáticos y organizativos para importar y exportar
discursos y tácticas contra los derechos sexuales y reproductivos.