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mercredi 7 janvier 2026

Como es realmente el socialismo con características chinas


Entrevista a Bruno GUIGUE,  profesor en la Universidad Normal del Sur de China




Salim Lamrani: ¿Cuál era la realidad de China antes de la Revolución Maoísta de 1949?

Bruno Guigue: Antes de 1949, China era un país completamente devastado por la guerra. Tras el colapso de la dinastía Qing en 1911, una serie de acontecimientos sacudieron el país: el enfrentamiento entre los caudillos militares, el intento de Chiang Kai-shek de fundar un estado estable durante la famosa «Década de Nankín» de 1927 a 1937, la primera guerra civil entre nacionalistas y comunistas, la creación de un frente unido a partir de 1937 para liderar la lucha común contra los japoneses hasta 1945, y posteriormente la reanudación de la guerra civil entre comunistas y nacionalistas de 1946 a 1949, tras la negativa de Chiang Kai-shek a compartir el poder.

Durante la guerra contra Japón, el Partido Comunista había ganado influencia, tras haber conquistado a una parte del campesinado pobre. En 1945, China seguía siendo un país agrario donde el 90% de la población vivía en zonas rurales en extrema pobreza. 

Algunos campesinos incluso recurrieron a la venta de sus hijas o esposas por falta de recursos para alimentarlas. Casi el 85% de la población china era analfabeta, a pesar de ser una civilización con una historia milenaria, donde la escritura desempeñaba un papel fundamental. Toda la infraestructura estaba destruida. La agricultura se encontraba en un estado deplorable, carente de equipos, herramientas y semillas. En cuanto a la industria, estaba completamente diezmada.

En resumen, la situación de China en 1949 era catastrófica. La recién fundada ONU estimó que su renta per cápita era inferior a la del África subsahariana, e incluso inferior a la de la India, que se había independizado en 1947. 

China era entonces el país más pobre del planeta, y solo resurgiría de sus cenizas gracias a la revolución socialista iniciada por el Partido Comunista Chino. Este proceso fue largo y arduo, marcado por un tortuoso camino hacia la liberación, que Mao Zedong lideró desde la fundación del PCCh en 1921.

SL: ¿Qué sabemos de Mao Zedong? ¿Cuál era su trayectoria personal y política antes de tomar el poder en 1949?

BG: Mao Zedong provenía de una familia campesina de clase media de la provincia de Hunan. Su relación con su padre era compleja: este quería que se hiciera cargo de la granja familiar, pero Mao aspiraba a un futuro diferente.

Luego se convirtió en un activista revolucionario. Establecido en la capital, trabajó como asistente de biblioteca en la Universidad de Pekín. Fue allí donde conoció a un gran intelectual comunista, Li Dazhao, quien se convertiría en uno de los fundadores del Partido Comunista Chino.

Dentro del Partido, Mao Zedong se distinguió por la originalidad de sus análisis de la sociedad china. En 1927, escribió un famoso informe sobre el campesinado de Hunan, en el que demostró que serían los campesinos, sumidos en la extrema pobreza, quienes constituirían el verdadero motor de la revolución venidera, y no el proletariado industrial, aún embrionario en China por aquel entonces. 

Su estrategia revolucionaria se apoyaba, pues, en esta masa campesina, a la que consideraba la clase revolucionaria por excelencia, a la espera del liderazgo que le proporcionaría el Partido Comunista para tomar las riendas del destino del país y conducirlo hacia el socialismo.

La verdadera revolución maoísta fue, pues, una revolución dentro del propio comunismo chino. Mao lo liberó del rígido modelo propuesto por la Internacional Comunista. No se opuso a Moscú, que lo apoyaría a partir de 1935, sino que se impuso proponiendo un camino adaptado a la realidad china. 

Inicialmente, le costó convencer a sus propios camaradas, quienes consideraban al campesinado una clase social atrasada, olvidando el importante papel que desempeñaron los campesinos en los levantamientos populares a lo largo de la historia china. Mao les recordó, en particular, que la gran dinastía Ming había sido fundada por un hombre del campesinado.

De este modo, traduce, en términos marxistas, el papel revolucionario del campesinado, reviviendo una antigua tradición de levantamientos milenarios de la era imperial. Para él, la clase campesina constituye la fuerza impulsora esencial de la revolución proletaria.

SL: ¿En qué contexto histórico se fundó el Partido Comunista Chino en 1921?

BG: El Partido Comunista Chino se fundó en la concesión francesa de Shanghái, en una época en que algunas de las principales ciudades de China estaban controladas por potencias occidentales, que habían establecido allí auténticos feudos. Todo el centro de Shanghái estaba entonces bajo jurisdicción internacional, dominado principalmente por británicos y franceses.

En esta concesión francesa, los líderes comunistas lograron encontrar un local y fundaron allí el Partido, con la presencia de un representante de la Internacional Comunista, quien desempeñó un papel crucial al brindar apoyo ideológico y técnico. El nuevo Partido se unió, naturalmente, a la Tercera Internacional.

En 1921, China se encontraba profundamente fragmentada: los caudillos militares dividían el territorio y libraban una lucha incesante por el control de las provincias. Los activistas chinos aspiraban tanto a la revolución social como al rejuvenecimiento nacional. 

Decidieron organizar y crear un movimiento capaz de tomar las riendas del país y liberarlo de una doble forma de dominación: la que Mao Zedong y el Partido denominaron «semifeudalismo», es decir, el sistema social opresivo basado en la explotación descarada de las masas campesinas por parte de los terratenientes; y la del imperialismo, es decir, la presencia invasiva y autoritaria de potencias depredadoras, principalmente occidentales, pero también japonesas. Es importante recordar que Japón se había apoderado de parte de China ya en el Tratado de Shimonoseki de 1895.

Esta doble aspiración, social y nacional, constituye el ADN del comunismo chino. Por ello, Mao Zedong insiste en la noción del «patriotismo comunista chino» y enfatiza que no existe oposición entre patriotismo e internacionalismo.

SL: ¿Cómo se desarrolla la conquista del poder?

BG: El viaje será largo, marcado por la famosa Larga Marcha de octubre de 1934 a octubre de 1935. Los comunistas chinos tuvieron que retirarse de Jiangxi a Shaanxi y emprendieron un gigantesco viaje de más de 10.000 kilómetros, a costa de considerables pérdidas humanas.

Esta Larga Marcha se convirtió en una metáfora de la trayectoria del comunismo chino, desde su nacimiento en 1921 hasta su victoria final en 1949. En sus inicios, el Partido Comunista Chino era una estructura a medio camino entre un club de intelectuales, un círculo literario y una sociedad secreta. 

Posteriormente, se transformó en un partido urbano que supervisaba a cientos de miles de trabajadores, especialmente durante la era del Frente Unido con el Kuomintang, el partido nacionalista. El Partido progresó en las ciudades, especialmente en Shanghái y Cantón, pero permaneció alejado de la mayoría de la sociedad china, que era esencialmente rural. Los propios marxistas chinos se resistían a aceptar que las masas campesinas pudieran ser el motor de la revolución.

Fue Mao Zedong quien los guió por este camino, tras la abrupta ruptura de Chiang Kai-shek con los comunistas en 1927. Obligados a retirarse al campo, los comunistas encontraron refugio en las regiones más remotas y empobrecidas de China. 

Este desplazamiento permitió una síntesis entre la antigua tradición revolucionaria de los movimientos campesinos milenaristas y el marxismo contemporáneo heredado de Marx, Engels y Lenin. Este último, de hecho, jugó un papel fundamental en la formación ideológica de los comunistas chinos. Para Mao, Lenin había comprendido que la revolución no necesariamente ocurriría en los países más industrializados, sino en aquellos considerados «atrasados».

Mao, en cierto modo, elevó esta idea leninista y la convirtió en el ABC del comunismo chino. Percibió que China poseía una extraordinaria fuerza revolucionaria latente: los campesinos sobreexplotados llevaban en su interior una larga tradición de lucha. Así, el Partido se convirtió en una fuerza tanto política como militar. 

Estas son las dos lecciones principales del maoísmo: la revolución estaría dirigida por los campesinos y sería militar, porque el adversario nacionalista estaba decidido a aplastar a los comunistas. Además de las tropas de Chiang Kai-shek, estaban los igualmente despiadados caudillos. Mao comprendió entonces que el Partido debía crear su propio ejército.

Así, el Partido evolucionó: de un círculo intelectual urbano que organizaba a los trabajadores en la década de 1920, se transformó en una fuerza armada compuesta por miles de soldados campesinos, liderada por intelectuales revolucionarios y exoficiales, como Zhu De, quien jugó un papel decisivo en la formación del Ejército Popular. Fue este ejército el que, en 1949, tomó el control del país y aseguró la victoria comunista.

SL: ¿Cuáles son las principales etapas de la Revolución China?

BG: La fase de toma del poder se extendió de 1921 a 1949, tras numerosos altibajos. En 1949, los comunistas tomaron el control del país gracias a la movilización de las grandes masas de campesinos pobres, el proletariado industrial, numerosos intelectuales, parte de la pequeña burguesía e incluso una fracción de la burguesía «nacional», patriota y partidaria del renacimiento de China, así como de su desarrollo económico.

A partir de 1949, comenzó un nuevo proceso de transformación, que Mao Zedong denominó «Nueva Democracia». Este proceso unió a todas las clases sociales que no eran hostiles a la Revolución. Inicialmente, el panorama político se mantuvo relativamente flexible. 

Sin embargo, a partir de 1953, el movimiento se radicalizó con el primer Plan Quinquenal (1953-1957), que impulsó la industrialización y la colectivización, al tiempo que realizaba extensas campañas contra el analfabetismo y las enfermedades. China se recuperó rápidamente, experimentando una profunda transformación social y la desaparición de los aspectos más brutales del antiguo orden que habían oprimido a los campesinos y las mujeres.

Es importante recordar que los primeros escritos de Mao Zedong se centraron en la emancipación de la mujer. Fue el impulsor de la primera ley aprobada por la República Popular China en 1950, que abolió el patriarcado, estableció la igualdad entre hombres y mujeres, autorizó la anticoncepción y, en ciertos casos, el aborto. 

Esta ley también prohibió los matrimonios concertados, remunerados y precoces, allanando el camino hacia una sociedad más igualitaria, tanto en términos de clase social como de relaciones de género. Este fue un avance significativo, y las mujeres, independientemente de sus circunstancias, brindaron un apoyo crucial a la Revolución, reconociéndola como el motor de su liberación.

La Revolución China fue, pues, el formidable impulso de una población pobre y oprimida que rompió las cadenas de la servidumbre. Tomó conciencia de que la liberación duradera residía en el desarrollo económico, mediante la industrialización y la reorganización de la agricultura. 

Esta reorganización, llevada a cabo sobre una base colectivista —ya que las pequeñas propiedades eran insuficientes para estimular la producción—, continuó hasta finales de la década de 1970, cuando Deng Xiaoping emprendió sus importantes reformas.

SL: ¿Podemos hablar hoy de un Estado socialista en China?

BG: Según su constitución, China es un estado socialista, liderado por el proletariado en alianza con el campesinado, y complementado por la pequeña burguesía y la burguesía nacional. 

La bandera china refleja este espíritu: el fondo rojo simboliza tanto la celebración como la revolución, mientras que las cinco estrellas representan la estructura social. 

La estrella más grande representa al Partido Comunista —la vanguardia del estado y la sociedad— y las cuatro estrellas más pequeñas representan al proletariado, el campesinado, la pequeña burguesía y la burguesía nacional. Este simbolismo se estableció en 1949, mucho antes de la decisión de Deng Xiaoping, en la década de 1970, de reintroducir a la burguesía en la economía nacional para dotar al país del capital, la tecnología y las habilidades necesarias para su desarrollo.

La Revolución china logró así una vasta síntesis entre las diferentes fuerzas sociales, todas animadas por el mismo deseo de construir una sociedad más justa y unida.

SL: ¿Ha erradicado China la pobreza extrema?

BG: China lanzó un amplio programa de lucha contra la pobreza en 2002 bajo el liderazgo de Hu Jintao, que posteriormente fue reforzado por Xi Jinping a partir de 2013. En 2021, el país anunció oficialmente la erradicación de la pobreza extrema, una afirmación confirmada por la ONU, el FMI y el Banco Mundial en varios informes. 

Las Naciones Unidas incluso elogiaron este logro como ejemplar, ya que muy pocos países han logrado eliminar la pobreza extrema en tan poco tiempo, y especialmente a tan gran escala. Desde esta perspectiva, China es un modelo.

Un aspecto notable del socialismo chino es su capacidad de movilizar a actores públicos y privados –en el marco de una economía mixta– para enfrentar grandes desafíos y encontrar soluciones.

Hoy en día, todos los ciudadanos tienen acceso a las cinco necesidades básicas: alimentación, ropa, vivienda, educación y atención médica. La pobreza extrema que persistió durante milenios y hasta la década de 1970 desapareció al final de la era maoísta. El desafío de la pobreza extrema persiste, pero ya se ha superado.

China cuenta actualmente con una tasa muy alta de propietarios de vivienda: 89% en zonas urbanas y 100% en zonas rurales. La reforma agraria otorgó a cada familia campesina el derecho hereditario de uso de la tierra. 

Solo China y Vietnam han implementado un sistema similar. Todas las viviendas están conectadas a la red eléctrica. La tasa de aire acondicionado ha aumentado del 30% hace diez años al 70% en la actualidad. El espacio habitable promedio per cápita se ha triplicado en veinte años. Estas cifras están confirmadas por la ONU y el Banco Mundial.

Por lo tanto, la pobreza y el estigma del subdesarrollo han desaparecido: no existen barrios marginales. Si bien aún existen algunas viviendas antiguas tanto en zonas urbanas como rurales, estas siguen siendo marginales. El socialismo no es solo un eslogan: se materializa en la mejora concreta de las condiciones de vida. 

El salario medio urbano se ha duplicado en diez años y se ha cuadruplicado en veinte, alcanzando hoy aproximadamente los 1.500 euros, con un coste de vida mucho menor que en los países occidentales. En las zonas rurales, las condiciones de vida difieren, pero los residentes rurales son propietarios de sus viviendas.

En general, el ingreso disponible per cápita aumenta un promedio del 5% cada año, lo que permite que incluso los más pobres mejoren gradualmente su nivel de vida.

En términos de transporte, China es un ejemplo destacado, con 48.000 kilómetros de líneas ferroviarias de alta velocidad. Un viaje de 600 kilómetros en tren de alta velocidad cuesta unos veinte euros.

La prioridad del país sigue siendo garantizar condiciones de vida dignas para toda la población. Si bien algunos grupos se han enriquecido considerablemente y las desigualdades se han acentuado, la pobreza extrema ya no está tan extendida. Esta es una de las dimensiones esenciales del socialismo chino: la mejora continua y compartida de las condiciones de vida.

SL: ¿Qué pasa con los medios de producción?

BG: El Estado chino controla las tres principales concentraciones de capital.

En primer lugar, controla el capital inmobiliario: el Estado, a través de las autoridades locales, asigna parcelas para agricultura, vivienda o infraestructura. Pero sigue siendo el propietario último de la tierra. Ningún actor privado puede apropiarse de la tierra ni de los recursos de su subsuelo.

A continuación, el Estado controla el capital industrial. Existen aproximadamente 320.000 empresas estatales en China, incluyendo 97 gigantes que dominan sectores estratégicos: industria pesada, energía (petróleo, gas, nuclear), telecomunicaciones, infraestructura, transporte y defensa. Por lo tanto, estos sectores clave permanecen bajo control estatal. 

En general, al menos el 55% de los activos de las empresas chinas son estatales. Esto no significa que todos sean funcionarios: el país cuenta con 32 millones de empresas, de las cuales solo 320.000 son estatales. Sin embargo, estas son las que ocupan las posiciones estratégicas. 

La mayor parte del empleo proviene de trabajadores autónomos y empleados del sector privado. Sin embargo, es precisamente el Estado quien ostenta la «posición estratégica de la economía», por usar una expresión popular de Lenin, y quien dirige el desarrollo mediante la planificación.

Finalmente, el Estado controla el capital financiero, ya que el 80% del sector bancario es público. Los bancos chinos pertenecen al Estado, incluidos aquellos que operan a nivel internacional, en particular en el marco de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, mediante la concesión de préstamos.

China aparece así como un Estado socialista que combina dos dimensiones: la mejora de las condiciones de vida de la población y el control de los principales medios de producción.

El socialismo también implica la mejora continua de los estándares educativos y culturales. De hecho, la OCDE clasificó el sistema educativo chino como el mejor del mundo en su encuesta PISA de 2018. 

El desempeño de China en universidades, investigación y tecnología es ahora innegable. Ningún régimen chino antes de la llegada del comunismo había proporcionado a su población tanto acceso a la cultura, la ciencia y la innovación.

SL: ¿Qué pasa con las desigualdades sociales?

BG: Las desigualdades sociales existen en China. Bajo el sistema maoísta, las empresas estatales proporcionaban a los trabajadores lo que se conocía como el «tazón de arroz de hierro»: empleo vitalicio, vivienda prácticamente gratuita y servicios sociales básicos. 

Este modelo se desmanteló con la introducción de una economía mixta, en la que el Estado conservaba el control de sectores estratégicos, mientras que otros sectores se confiaban a iniciativas privadas, cooperativas o de propiedad mixta. Por lo tanto, la economía china se ha vuelto muy compleja, abarcando diversas formas de propiedad.

La privatización de sectores enteros provocó un rápido enriquecimiento para algunos y una pérdida de seguridad para otros. Los funcionarios perdieron sus empleos de por vida y tuvieron que reciclarse en el sector privado. 

En la década de 1990, estos cambios provocaron importantes tensiones sociales. Sin embargo, el crecimiento excepcional del período permitió a la población adaptarse, y el dinamismo económico contribuyó a mejorar el nivel de vida general.

Hoy en día, la sociedad china está plagada de contradicciones: algunos trabajadores se esfuerzan arduamente por salarios modestos pero decentes, mientras que otros viven de las ganancias del capital. 

El Partido Comunista Chino ha aceptado este aumento de la desigualdad como un precio a pagar por el desarrollo, pero se esfuerza por contener el riesgo de polarización social. Su objetivo es aumentar los salarios de la clase trabajadora, en particular mediante una política salarial proactiva implementada durante la última década.

Entre 1990 y 2005, la desigualdad se disparó en China. Desde entonces, ha tendido a disminuir gracias a la erradicación de la pobreza extrema, el aumento continuo de los salarios y la lucha incansable contra la corrupción. 

Todos aquellos que se enriquecieron ilegalmente malversando recursos estatales fueron severamente castigados. Bajo el gobierno de Xi Jinping, el Partido se muestra inflexible con quienes se sirven a sí mismos en lugar de al pueblo.

SL: ¿Existe un sistema de seguridad social en China?

BG: Durante la era de Mao Zedong, existía un sistema extremadamente protector, pero adaptado a una economía relativamente pobre en una sociedad bastante frugal. Era el famoso sistema del «cuenco de arroz de hierro». 

En pocas palabras, o trabajabas en una empresa estatal en la ciudad —con vivienda gratuita, entre otros beneficios— o pertenecías a una comuna popular en el campo, donde trabajabas para la comunidad y tenías la oportunidad de cultivar una parcela de tierra. Era un sistema igualitario y frugal en el que nadie se quedaba atrás: todos eran pobres, pero todos tenían lo que necesitaban.

En última instancia, mantener este sistema habría llevado al estancamiento del país, especialmente en ciencia y tecnología. Deng Xiaoping intentó evitar este riesgo lanzando, a partir de 1978, su importante programa de reformas, acompañado de cierta apertura. 

En este contexto, se desmantelaron las redes de seguridad social existentes (seguro médico y pensiones). Esto, como es natural, causó malestar en la sociedad china, ya que un cambio de este tipo siempre es difícil. La fase de transición, que corresponde aproximadamente a la década de 1990, fue bastante ardua, si bien coincidió con una fuerte tasa de crecimiento que mitigó parcialmente sus efectos inmediatos.

A partir de la década de 2000, el sistema se estabilizó como una economía mixta, con un sector público sólido, un amplio sector privado, un sector cooperativo y el predominio de las explotaciones familiares en la agricultura. 

Esto requirió una reforma integral del sistema de protección social, especialmente porque la aspiración a una vida mejor, como en otros ámbitos, condujo a un aumento del gasto sanitario. Además, el envejecimiento de la población generó nuevas necesidades en materia de pensiones.

Para afrontar estos desafíos, desde la década de 2000, China ha completado la implementación de un sistema integral de protección social, que abarca tanto la atención médica (el 95 % de la población china está cubierta) como la jubilación (aproximadamente el 90 % de la población, tanto en zonas urbanas como rurales). 

Si bien las zonas rurales suelen estar rezagadas en algunos indicadores, China es ahora predominantemente urbana, con el 66 % de la población viviendo en ciudades, en comparación con solo el 20 % en la década de 1980.

Hoy en día, el seguro médico básico cubre a toda la población. El número de camas hospitalarias se ha cuadruplicado en veinte años, mientras que la población solo ha aumentado ligeramente durante este período. 

La proporción del gasto sanitario en el PIB ha aumentado considerablemente, gracias a la construcción de numerosos centros de salud que complementan los grandes hospitales públicos. La medicina comunitaria —el médico de barrio, como lo conocemos en Francia— es poco común en China, salvo en la medicina tradicional. Para la biomedicina, la población recurre a estos centros, tanto públicos como privados.

El progreso de China en materia de salud, iniciado por médicos descalzos en la década de 1960 en condiciones rudimentarias, ha sido notablemente rápido. 

Hoy en día, la esperanza de vida supera los 78 años. Desde 2020, los chinos incluso han vivido más tiempo, en promedio, que los estadounidenses, en gran medida gracias a una gestión más eficaz de la crisis de la COVID-19. La salud general de la población ha mejorado significativamente en China.

SL: La prensa occidental ha hablado mucho de la crisis inmobiliaria. ¿Cuál es la situación actual?

BG: Esta crisis ya ha terminado, porque durante los últimos cinco años hemos observado una estabilización del sector inmobiliario.

Retrocedamos en el tiempo para comprenderlo. China operaba antiguamente con una economía de planificación centralizada bajo la autoridad del Estado y el Partido: en las ciudades, las empresas estatales proporcionaban vivienda, y en las zonas rurales, las comunas populares cumplían la misma función. Dentro de este marco colectivista e igualitario, todos tenían techo, en un contexto de frugalidad generalizada.

Posteriormente, el país se transformó en una economía mixta más moderna, desarrollada y próspera, pero también más desigual. El nivel de vida mejoró de forma constante y el mercado se liberalizó, lo que permitió la compra de viviendas. 

Esto condujo a un auge inmobiliario, impulsado por una demanda muy fuerte: los ingresos aumentaban aproximadamente un 10 % anual, y los bienes raíces parecían ser la inversión más segura. Cabe destacar que, en China, adquirir una vivienda suele ser un requisito previo para contraer matrimonio.

Muchos hogares de clase media —casi 400 millones de personas— compraron entonces una segunda, o incluso una tercera, vivienda con la esperanza de obtener ganancias con la reventa. 

Esta especulación, lógicamente, provocó un alza de precios. Pero, en cualquier sistema de mercado, este aumento acaba chocando con la ley de la oferta y la demanda. El exceso de oferta provocó la paralización de numerosos proyectos y la aparición de pueblos fantasma en algunas grandes zonas urbanas. Por su parte, los particulares descubrieron que no se enriquecerían tanto como esperaban, a medida que los precios empezaban a bajar.

El gobierno intervino entonces con una serie de medidas diseñadas para estabilizar los precios y sanear el sector, en particular sancionando a actores sin escrúpulos como el Grupo Evergrande, la mayor promotora privada del país, cuyos ejecutivos fueron encarcelados. 

Los activos de estos grupos fueron confiscados por las autoridades locales, que los utilizaron para ampliar la oferta de viviendas. Una política de apoyo a las personas también ayudó a evitar que las familias que habían invertido perdieran sus viviendas.

Así, a diferencia de Estados Unidos durante la crisis de las hipotecas subprime , donde miles de familias fueron desalojadas y obligadas a vivir en sus coches por no poder pagar sus préstamos, China evitó semejante tragedia. El gobierno intervino para proteger a la población. Hoy, la crisis inmobiliaria en China es, por lo tanto, cosa del pasado.

SL: China es conocida, entre otras cosas, por su gran población. ¿Cuál es la situación demográfica actual del país?

BG: China fue durante mucho tiempo el país más poblado del planeta, pero cedió el primer puesto a India en 2022. La población china es actualmente de 1.409 millones de habitantes y, en los últimos años, se ha estancado. Es lógico: China ha completado su transición demográfica.

Conocemos las etapas de este proceso. Primero, una marcada disminución de la mortalidad, combinada con una alta tasa de natalidad, condujo a un rápido crecimiento demográfico en China bajo el régimen socialista. 

Bajo el gobierno de Mao Zedong, la población china se duplicó, mientras que la esperanza de vida aumentó en 36 años: en 1950, era de tan solo 36 años; a la muerte de Mao en 1976, alcanzó los 64 años; hoy, supera los 78 años. La disminución de la mortalidad facilitó así la duplicación, o incluso la triplicación, de la población, que se ha estabilizado en torno a los 1.400 millones de habitantes.

La política de control de la natalidad, implementada en 1978 y mantenida hasta 2015, permitió a China evitar, según los demógrafos, aproximadamente 400 millones de nacimientos adicionales. 

Sin embargo, esta política resultó dolorosa para algunas familias que hubieran deseado tener varios hijos. Las minorías étnicas quedaron exentas: la población uigur, por ejemplo, se ha cuadruplicado desde la fundación de la República Popular China y se ha duplicado desde la implementación de esta política.

Hoy en día, la mortalidad se mantiene muy baja gracias al sistema de salud, pero la tasa de natalidad también es muy baja debido al aumento del nivel de vida, la mayor duración de la educación, la alta participación femenina en la fuerza laboral y la rápida urbanización.

Como en otros lugares, la tasa de natalidad se desploma una vez alcanzado cierto nivel de desarrollo. La tasa de fecundidad es de tan solo 1,18 en China, en comparación con 1,21 en Japón y 0,72 en Corea del Sur.

En resumen, China se está poniendo al día con el modelo de los países altamente desarrollados, pero mucho menos poblados, del este de Asia, que llevaban veinte años de ventaja por razones históricas. Esta evolución está provocando un rápido envejecimiento de la población, lo cual es motivo de preocupación. 

Hoy en día, las autoridades locales fomentan activamente la natalidad: algunas ciudades incluso ofrecen beneficios materiales por tener un hijo.

SL: Pasemos ahora a la principal preocupación de nuestro tiempo: proteger el planeta. ¿Cómo está abordando China el desafío ambiental?

BG: Durante los últimos treinta años, China ha seguido una política de industrialización acelerada, a veces a expensas de ciertos equilibrios ecológicos. Perdió el tren de la industrialización del siglo XIX  —del que se habían beneficiado las potencias occidentales— porque el debilitado imperio Qing se vio desestabilizado por intervenciones extranjeras. Sin embargo, en el siglo XVIII  , China se encontraba entre las principales potencias económicas del mundo.

Hoy en día, China es el principal emisor mundial de gases de efecto invernadero. Esto es comprensible: se ha convertido en la principal potencia industrial del mundo, representando el 20% del PIB mundial y el 18% de la población. Sin embargo, al considerar las emisiones per cápita, China se sitúa por detrás de Estados Unidos, Canadá, Alemania, Arabia Saudita y varios otros países ricos. 

Por lo tanto, debemos poner la responsabilidad en perspectiva: China contamina mucho, sin duda, pero solo recientemente, mientras que los países occidentales llevan dos siglos emitiendo. Por lo tanto, el impacto histórico acumulado de China es aún menor, lo que obviamente no la exime de su responsabilidad presente y futura.

Durante la última década, China ha aplicado una política proactiva, en particular tras el «apocalipsis de la contaminación atmosférica» que azotó Pekín en 2013. En 2015, Xi Jinping estableció una agencia central de inspección encargada de supervisar las industrias contaminantes. Las inspecciones son rigurosas, las sanciones severas y el sistema chino es notablemente estricto. 

Se han implementado medidas drásticas contra todas las formas de contaminación reducible: aire, suelo y agua. Por ejemplo, en este país rico en ríos y lagos, el 90 % del agua se considera ahora limpia. También se han realizado enormes esfuerzos para mejorar la calidad del aire.

La política energética es otro foco importante. En 2023, China se convirtió en el principal inversor mundial en energías renovables, representando el 66% de la inversión global. Es líder en la producción de baterías eléctricas, paneles solares y turbinas eólicas. 

El país alberga vastos parques solares y eólicos, algunos ubicados en el desierto, capaces de abastecer a ciudades enteras de varios cientos de miles de habitantes. China también es líder mundial en energía hidroeléctrica, con la presa de las Tres Jorges en el río Yangtsé, ya la más grande del mundo, y un proyecto aún más ambicioso en el Himalaya.

Este vasto programa de transición energética moviliza tanto al sector público como al privado. El objetivo es claro: reducir gradualmente la dependencia de los combustibles fósiles y acelerar la transición hacia las energías renovables.

En resumen, China es parte del problema, pero también constituye gran parte de la solución, lo que no es necesariamente el caso de Estados Unidos. Europa, más sensible a estos temas, podría incluso desarrollar una alianza con China en este ámbito, donde no existe una verdadera rivalidad.

Finalmente, en cuanto a la energía nuclear, Europa sigue marcada por un sentimiento antinuclear que a veces le impide afrontar la realidad. Sin embargo, la energía nuclear moderna —con reactores de tercera y cuarta generación, y pronto reactores de quinta generación que utilizan litio e hidrógeno— representa un sector de futuro. 

Las centrales eléctricas de carbón deberán ser reemplazadas por centrales nucleares, algo que China está haciendo, a diferencia de Alemania, por ejemplo. Pekín aspira a convertirse en la principal potencia mundial en energía nuclear civil.

SL: Hablemos de política. China suele generar controversia en Occidente. ¿Podría explicarnos cómo funciona el sistema electoral chino?

BG: El sistema electoral chino opera a varios niveles: ciudades, municipios, distritos, provincias y, finalmente, el nivel nacional, con asambleas populares elegidas. Estas asambleas son órganos deliberativos que tratan asuntos dentro de su jurisdicción territorial.

China cuenta con aproximadamente tres millones de cargos electos, de un total de 98 millones de miembros del Partido Comunista. Una proporción significativa de estos cargos no son miembros del partido. Desde 1949, otros ocho partidos han ocupado escaños en la Asamblea Popular Nacional. Su influencia sigue siendo limitada, pero desempeñan un papel importante y ofrecen una plataforma para voces alternativas.

mardi 6 janvier 2026

Comment l’analyse politique est devenue la cible des faux de l’intelligence artificielle (IA)


Bienvenue dans l'IA qui transforme le net en une machine infernale visant à effacer le sens, la culture et l'Histoire – et à semer une profonde confusion intellectuelle. Exactement comme le Techno-Féodalisme le souhaite.

L’IA se développe rapidement comme un fléau sur tout le spectre d’Internet. C’est assez prévisible, étant donné que le modèle des géants de la technologie de l’IA est le techno-féodalisme, reposant sur le profit et le contrôle mental/social, et non sur le partage/l’expansion des connaissances et la création de meilleures conditions pour une citoyenneté bien informée.

L’IA est à bien des égards l’antithèse de la civitas. Avant le boom de l’IA, plusieurs couches d’Internet avaient déjà été déformées en une série de champs de mines à travers un égout plus grand que nature. L’IA – telle que contrôlée par les géants de la technologie – s’était déjà révélée à bien des égards comme une fraude. Maintenant, c’est une arme.

Il existe plusieurs chaînes YouTube manipulées par l’IA, qui volent l’image et la voix de certains d’entre nous, analystes politiques indépendants. Une liste non exhaustive inclut comme cibles John Mearsheimer, Larry Johnson, Richard Wolff, Glenn Diesen, Yanis Varoufakis, l’économiste Paulo Nogueira Batista et moi-même.

Ce n’est pas un hasard si nous sommes tous des analystes géopolitiques et géoéconomiques indépendants, que nous nous connaissons pour la plupart personnellement et sommes invités dans à peu près les mêmes podcasts.

Dans mon propre cas, il existe des chaînes en anglais, en portugais et même en espagnol : je fais rarement des podcasts en espagnol, donc même la voix est fausse. En anglais, la voix est généralement approximativement clonée. En portugais, elle a un accent que je n’ai pas. Dans plusieurs cas, les chiffres d’audience sont énormes. Essentiellement, ceux-ci proviennent de bots.

Dans tous les cas, en ce qui nous concerne, nous, les cibles, toutes ces chaînes sont fausses. Je le répète : toutes ces chaînes sont fausses. Elles peuvent au moins dans certains cas être créées par des « fans » – certainement dans un but lucratif via la monétisation.

Ou toute cette arnaque pourrait faire partie de quelque chose de bien plus sinistre : une stratégie visant à la perte de crédibilité. Comme dans une opération menée par les suspects habituels pour semer la confusion parmi le – large – public de plusieurs penseurs indépendants.

Ce n’est pas un hasard si un bon nombre de spectateurs sont déjà profondément perplexes. D’où la question la plus courante : « Est-ce vraiment vous, ou une IA ? » Beaucoup ont apparemment dénoncé ces fausses chaînes, mais YouTube, jusqu’à présent, n’a absolument rien fait à leur sujet. Les algorithmes continuent de suggérer ces chaînes à de larges audiences.

La seule façon réaliste de lutter contre l’arnaque est de déposer une plainte auprès de YouTube. Mais cela, en pratique, est assez inutile. La direction de YouTube semble plus intéressée par la suppression occasionnelle de chaînes « gênantes » affichant une pensée et une analyse critique.

Décrypter le code de l’arnaque

Quantum Bird, un expert en physique et calcul haute performance, anciennement au CERN à Genève, a décrypté le code de l’arnaque :

La prolifération d’agents de réseaux neuronaux numériques à apprentissage profond capables d’émuler l’écriture, la voix et la vidéo d’êtres humains était inévitable, et leur impact sur la recherche scientifique, la production de connaissances et l’art en général a un potentiel négatif qui n’a pas encore été entièrement analysé.

Il ajoute :

Alors que les écrivains et les universitaires détaillent l’apparition de textes qui leur sont attribués, et reproduisant dans une certaine mesure leur style et leurs opinions, la dernière mode est l’éclosion de chaînes entières sur YouTube, et d’autres plateformes notoires des géants de la technologie, qui proposent des vidéos de producteurs de contenu populaires, communiquant dans leur langue maternelle ou d’autres langues. Dans plusieurs cas, la qualité de ce matériel synthétisé est suffisamment élevée pour ne pas permettre une identification immédiate par un spectateur moyen. Dans le contexte de la communauté d’analyse politique, l’impact est évident : révisionnisme historique, érosion des réputations et distorsion des nouvelles et des analyses.

Et ici, Quantum Bird expose l’argument technologique décisif :

La synthèse de ce type de contenu nécessite la disponibilité d’échantillons abondants et une capacité de calcul massive, bien au-delà de la portée des utilisateurs domestiques. Alors que la popularité des victimes de YouTube garantit la première condition, la seconde suggère l’activité d’acteurs étatiques ou corporatifs à grande échelle, car les modèles avancés d’apprentissage profond doivent être développés et entraînés en traitant une quantité énorme, en termes d’« espace disque », d’audio et de vidéo. La monétisation du contenu ne couvre pas les coûts de cette opération. Ironiquement, c’est la disponibilité et l’exposition excessive des voix et vidéos en ligne qui permettent ce type d’attaque.

Voilà. Bienvenue à l’IA transformant le net en une machine infernale visant à effacer le sens, la culture et l’Histoire – et à semer une profonde confusion intellectuelle. Exactement comme le Techno-Féodalisme le souhaite.

Las razones históricas del progresismo y de su estafadora impotencia

 

Un respuesta al fracaso del progresismo: luchar por recuperar la idea del socialismo, marcar con claridad lo que es un auténtico programa alternativo e implicarse en la miríada de luchas que la sociedad lleva a cabo de forma segmentada…

Andrés Piqueras, profesor senior de la Universidad Jaume I

El progresismo postmoderno o tardocapitalista tiene tres fundamentales razones históricas que confluyen para posibilitarle y explicarle:

• La incorporación de la socialdemocracia clásica al círculo de poder por delegación de la clase dominante.

•    La descomposición y adhesión al Sistema de la buena parte de los partidos de la III Internacional, especialmente en Europa

• La propia crisis del Sistema.

 Las comentamos brevemente por separado.

1.  El movimiento de la humanidad hacia su liberación de la opresión y de la explotación, así como por la eliminación de las desigualdades, o movimiento comunista de la humanidad, pudo empezar a coagular ideológicamente y adquirir efectiva fortaleza universal, según precisamente la clase más universal o clase trabajadora, iba resultando organizada por el propio medio de producción dominante, el capitalismo de la primera y segunda revoluciones industriales, que socializaba la producción aceleradamente.

La socialdemocracia se llamó así por buscar la democracia social, de base, más allá de las recetas y posibilidades que de la “democracia” hacía el capitalismo liberal para que se pudiera elegir entre sus élites. Se concebía a sí misma como opción organizada para el socialismo (que tenía como reivindicación y objetivo básicos la socialización de los medios de producción), una alternativa obrera al capitalismo que con ese fin quiso cuajar en una Internacional proletaria mundial.

Sin embargo, cuando en el último cuarto del siglo XIX, en Europa occidental, este modo de producción empezó a agotar su ejército laboral de reserva, y teniendo al frente un proletariado cada vez más organizado, tuvo que comenzar a cuidar en cierta medida de su fuerza de trabajo, que no podía ser sustituida tan fácilmente en el caso de ser explotada hasta la extenuación, así como por enfermedades o accidentes.

Por otra parte, el desarrollo y paulatina preponderancia de la plusvalía relativa fue facilitando la desconcienciación de la clase trabajadora, su pérdida del sentido de explotación, pues la mejora de la productividad que procura el cambio técnico permite la desvalorización de los medios de vida de los trabajadores (y por tanto el abaratamiento de la fuerza de trabajo) sin afectar especialmente a su situación material, lo que permite aumentar la tasa de explotación en su modalidad intensiva sin acentuar el conflicto social. 

Los primeros seguros sociales, la entrada de los partidos obreros en los parlamentos, la lenta pero sostenida elevación de la calidad de vida de la fuerza de trabajo, la sensación de poderío de una clase trabajadora crecientemente organizada, generó la ilusión de conquistas indefinidas dentro del capitalismo, hasta el punto de que llegó a hacerse común que este Sistema se podría superar a sí mismo, sin rupturas de clase, digamos que “pacíficamente” (lo que marcaría a la II Internacional en adelante).

Esa socialdemocracia cada vez más acoplada a las reglas de juego del capitalismo, terminó por hacerse capitalista. 

En la I y II Guerras Mundiales mostró a los cuatro vientos que en adelante su “patria” era la del capital. No sólo no se opuso a la guerra, sino que se manifestó en contra de los procesos revolucionarios (renegando de la URSS), para sustituirlos por los parlamentarios electoralistas.

Sería en los años 30 del siglo XX, y sobre todo en la post-guerra keynesiana (con el protagonismo del capitalismo reformista, posible gracias a la URSS), cuando paso directamente a formar parte de la agencialidad política de la clase capitalista. El congreso de Bad Godesberg (1959), en Alemania, marcaría el momento emblemático de esa deriva.

Tras la caída de la URSS, la globalización neoliberal de la ley del valor que entrañó una brutal ofensiva de clase a escala planetaria, tuvo ya de cómplice directo a la socialdemocracia capitalista, por más que se intentara auto-otorgar un toque de legitimidad bajo la pantalla de una Tercera Vía que nunca tuvo contenido práctico alguno.

La concomitante destrucción de conquistas históricas, acelerada con la posterior degeneración sistémica que se ha ido acentuando en las primeras décadas del siglo XXI, no haría sino hacer cada vez más indistinguible su papel dentro de las diferentes versiones del capitalismo.

2.  La descomposición y entrega de la III Internacional tiene también algunos momentos clave.

Con la Revolución Soviética y su III Internacional el movimiento comunista de la humanidad experimentó un acelerón y una gran acumulación de fuerzas.

Acumulación que sufriría sus primeros bandazos con la división bolchevique en tres tendencias: la estalinista (que llevó al éxito de la URSS contra las monstruosas agresiones externas y procuró un desarrollo social y humano sin precedentes en la historia de la humanidad), la trotskista y la bujarinista.  

Más tarde, esa acumulación de fuerzas del movimiento comunista comenzaría a perder parte de su impulso en 1956, con el XXº Congreso del PCUS y la “desestalinización” de la URSS, cuando empezó una deriva hacia la “reconciliación” con el capitalismo y a abrir crecientes espacios al revisionismo interno. 

La ruptura entre la URSS y China, precisamente a raíz de ese proceso soviético (que la China de Mao no aceptó, y que sin embargo más tarde, cuando la revolución china se hizo bujarinista con Deng Xiaoping, la alejaría aún más de la URSS, apartándose del internacionalismo y del enfrentamiento al capitalismo, patrones estos últimos que todavía la caracterizan en la actualidad), fue otro mazazo para el movimiento comunista, que recibiría el golpe más duro con la caída de la URSS. Golpe del que todavía no se ha recuperado la humanidad, al perderse en gran medida el proyecto, la praxis y el horizonte socialista para la mayor parte de las sociedades del mundo desde entonces.

En esa pérdida hay que contar también con que casi todos los partidos herederos de la III Internacional, que otrora se guiaron por la URSS, no sólo quedaron huérfanos de dirección estratégica o en la práctica imposibilitados de ella (la estrategia precisa de fuerza para poder llevarse a cabo), sino que a gran velocidad se fueron socialdemocratizando o aceptando el marco del capitalismo como incuestionable, esto es, el único posible (en Europa este proceso se dio bajo el nombre de “eurocomunismo”, mientras que en NuestraAmérica tuvo lugar más como neodesarrollismo y diversos populismos, los cuales también arraigarían en África).

La deriva de la gran mayoría de partidos comunistas y organizaciones crecidas bajo el ala de la III Internacional, les llevaría a posiciones cada vez más conniventes con el capitalismo salvaje de la globalización unilateral comandada por Estados Unidos. 

Llegando a formar parte incluso de gobiernos de la OTAN y de la UE -por lo que ha recibido la designación de “izquierda otanista” o, como la propia CIA la bautizara, “izquierda compatible” con el Sistema-. Igualmente, las organizaciones sindicales que nacen ante la absorción de las centrales clásicas por el Sistema, no van más allá de éste, no son capaces de cuestionar el relato global del capitalismo, especialmente por lo que se refiere a su división imperial del mundo, ni a trascender, por tanto, un accionar economicista, en el mejor de los casos con algunos tintes sociales siempre dentro del orden del Sistema.

Resulta obvio decir que con esa deriva los PCs no pueden sino dejar de perder militancia (que no sólo es una cuestión de afiliación), presencia social y algo que proponer a las sociedades, haciéndose por el contrario parte del problema. Ello se evidenciaría aún más según avanzaba la decadencia capitalista y su brutal ofensiva de clase contra las poblaciones del mundo.

 3. Crisis capitalista

 Las condiciones de degeneración del modo de producción capitalista se han ido agudizando desde finales del siglo XX hasta hoy. 

A partir del último cuarto de aquel siglo cada vez ha sido más difícil ocultar que el menguante desarrollo de las fuerzas productivas ha ido dando paso a cada vez más fuerzas destructivas, con el consiguiente declive del conjunto de la civilización a que dio lugar. 

Ello radica en toda una cadena de razones, como la dilución del valor y mengua del plusvalor parejo a la tecnificación de los procesos productivos, la galopante reversión del capital a su forma simple de dinero (cada vez como elemento de especulación y ganancia rentista, y no tanto de inversión productiva), un endeudamiento público y privado insostenible, una economía crecientemente ficticia, un acuciante estrés climático, el manifiesto agotamiento de materiales y energía fósil, así como la imparable expansión de un “valor negativo”: plagas, epidemias, deterioro de recursos, saturación de sumideros, contaminación generalizada, pérdida de fertilidad de los suelos, salinización, estrés climático, desaparición de nitratos y de fósforo, sobreexplotación, sobre-empobrecimiento y extenuación de las poblaciones…

Todo ello da como resultado lo que algunos autores han señalado como una “tormenta perfecta”, pues la hipotética solución a uno de esos factores significaría el agravamiento inmediato de otros. La destrucción social y ambiental, el desmoronamiento de las sociedades en la casi totalidad del mundo, así lo testimonia.

Sin embargo, a falta de sepultureros o agentes colectivos organizados por el socialismo, el capitalismo ha podido rescatarse a sí mismo, especialmente inventándose dinero de la nada para hacer como que su economía sigue funcionando, pero también, obviamente (cualquiera de sus crisis lleva a ello) aumentando la explotación de la fuerza de trabajo, apropiándose de su patrimonio colectivo, llevando la sustracción del salario a cotas más altas, según mercantiliza más aspectos de la vida y la encarece en su conjunto.

El progresismo o nueva izquierda del Sistema 

Es en este contexto histórico de orfandad, desorientación de clase y mortífera ofensiva capitalista, en el que en el siglo XXI (y sobre todo tras la crisis de 2008) aparece o cobra más cuerpo -aprovechando el nicho político dejado por la neoliberalización de la socialdemocracia clásica y la socialdemocratización-liberal de los partidos comunistas mayoritarios-, un progresismo como una suerte de neosocialdemocracia que “vende” de nuevo la idea de que el capitalismo puede ser reformable y hacerse “justo”, “democrático” e “igualitario” a poco que se voten sus opciones (lo de tener arraigo obrero-trabajador y bregarse en las luchas sociales en general, pugnar por erigir pueblos auto-organizados y estructuras políticas resultantes de ello, ni se considera). En adelante, no se hablará de “clases” ni de sus luchas, ni de “socialismo” y mucho menos de “tomas del poder”.

Términos como “gente”, “99%”, “los de arriba y los de abajo”… van sustituyendo aquella conciencia de clase trabajadora por un neolenguaje deliberadamente vago e impreciso, con intención de “atrápalo todo”, que no dice nada concreto sobre la raíz de las cosas, al tiempo que congruentemente con ello se hace gala de reivindicar ante todo políticas de identidad, particularistas, o se enarbolan luchas parciales, segmentadas e incomunicadas entre sí (cuando no directamente corporativas y exclusivistas), en vez de universales y con proyección común hacia una sociedad que pueda satisfacer el conjunto de luchas y reivindicaciones. 

Ni que decir tiene que la toma del poder y la desarticulación de los elementos básicos del capitalismo ni pasa por su imaginación.

Es por eso que a esa nueva ola no le sería problemático subirse a la vieja socialdemocracia, que encuentra en ella un punto de reenganche en la atracción del electorado, dado que nada puede ofrecer en cuanto a modificar las claves de la explotación o sobreexplotación de clase y las dolorosas secuelas que el capitalismo va dejando en sus poblaciones. También, por supuesto, las organizaciones socialdemocratizadas de la III Internacional se incorporarían a la cola de esa tendencia, pasando de supuestas “vanguardias” a retaguardias de la misma, a remolque de las neoizquierdas.

Sin embargo, la clase capitalista transnacional sí ejerce una rotunda política de clase, y desde 2008 intensifica los mecanismos de explotación, desposesión y dominación para intentar sostener el crecimiento. Entre los más destacados:

a. El pillaje y saqueo de las finanzas públicas: se da una transferencia de riqueza sin precedentes del ámbito público a las arcas del capital transnacional. Se socializan las pérdidas en un momento en que las grandes empresas transnacionales registran niveles récord de ganancias. Los Estados extraen también cada vez más excedente de las sociedades para entregárselo a las finanzas globales, mientras se mercantiliza el conjunto de actividades de la vida social y natural. Todo vinculado también a una montaña de deuda que ya supera el 365% del PIB mundial.

b. La especulación financiera (ya en 2008 los mercados de derivados alcanzaron los 2.3 billones de dólares al día) y la masiva emisión de dinero sin valor, primero a tasas de interés cero o incluso negativas y después alzadas bruscamente en el camino de arruinar a buena parte de los actores económicos (incluida la mayor parte de la población) y quedarse aún más deprisa con sus activos, propiedades y patrimonio.  La mercantilización de lo público, del conjunto de actividades que sostienen la vida y la inflación de precios de productos básicos (alimentación, vivienda, motorización…) van también en ese camino.

c. Frente a la crisis de sobreacumulación, la economía de guerra se vuelve también eje central de crecimiento en la economía global, un crecimiento militarizado o exacerbación bélica de la Desposesión de las poblaciones del mundo, con la consiguiente reordenación de todo el entramado sistémico del capitalismo hacia su vertiente más postdemocrática y autoritaria, que da pie, entre otras muchas consecuencias, a que vaya calando estructuralmente de nuevo una cultura de disciplina y mando.

Todo esto da como resultado el aumento de la explotación de la fuerza de trabajo y lapérdida de su poder adquisitivo, deterioro acelerado también de los salarios indirecto y diferido, empobrecimiento generalizado de la población y un exacerbado crecimiento de la desigualdad, entre otras muy duras consecuencias. Lo cual provoca un creciente hastío de las poblaciones, que, sin alternativas reales a lo que ocurre y sin organización ni cauces políticos y sociales para rebelarse de forma eficaz, comienzan a ver a las distintas versiones electorales del Sistema como parte de lo mismo.

Es en ese deterioro social que el propio Sistema pergeña su “versión antisistémica”: opciones proto-fascistas (listas para dar paso directamente al fascismo -o neofascismo- si las condiciones sociales lo requieren, con versiones más o menos duras según vaya la correlación de fuerzas entre las clases). 

Es decir, que la falta de respuestas reales para las condiciones de vida de la población, el vacío de alternatividad (que no de alternancia), la nula proclamación (ni intento de erección) de un proyecto socialista superador del capitalismo, lleva, una vez más en la historia, a las izquierdas clásicas y a las neoizquierdas a ir dejando el paso franco a las ultraderechas proto-fascistas. Más aún según el Sistema se hace irreformable y deteriora machaconamente las condiciones de vida de las poblaciones del mundo, en una creciente espiral de explotación, empobrecimiento, guerra, muerte y caos.

Como quiera que las izquierdas del Sistema (auto-confinadas en la institucionalidad burguesa) ni tienen ningún programa o proyecto ni pueden nada contra todo ello (al tiempo que su impotencia las hace perder aún más sus posibles bases), las salidas autoritarias-neofascistas para las poblaciones comienzan a verse por cada vez más sectores sociales sin memoria histórica alguna (porque nadie tampoco se la proporcionó) como “alternativa” a seguir. El Sistema ya se encarga de promocionar y sustentar ese señuelo de alternativa con todos sus medios y aparataje.   

¿Y entonces?

Ante ello, frente a la dinámica de todo o nada en la que entra el modo de producción capitalista, a las fuerzas altersistémicas que aún pugnan por enfrentar el capitalismo no les queda sino descolonizar las propias conciencias (desparasitarlas de la ideología de la clase dominante), luchar por recuperar la idea del socialismo entre la población, marcar con claridad lo que es un auténtico programa alternativo, implicarse en la miríada de luchas que la sociedad lleva a cabo de forma segmentada y desarticuladas entre sí, para darlas una proyección común hacia un objetivo de sociedad también común. 

Reconstruir la III Internacional (a falta de que alguna fuerza mundial pudiera convocar una V), deviene también una tarea perentoria. La cual bien puede empezar por la articulación de un Frente Internacionalista (Antimperialista) Mundial