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Interviews with My Lai Veterans, un film de Joseph Strick, 1971
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Interviews with My Lai Veterans, un film de Joseph Strick, 1971
Tel Aviv lleva años comercializando la tecnología armamentística que ha usado en la Franja de Gaza. Ahora es el momento de la IA desarrollada en combate: Lavender.
Para su desarrollo ha sido imprescindible la colaboración público-privada de Israel con empresas del sector tecnológico, como la nube de Microsoft: Azure.

Al principio, la Policía israelí recopilaba fotografías, huellas y descripciones de los palestinos que pasaban por los checkpoints que fragmentaban Cisjordania. Después llegaron las cámaras de vídeo de alta resolución, la información biométrica exacta y, con el tiempo, el procesamiento automático de todos estos datos. Así fue como la inteligencia militar sionista desarrolló en 2023 una inteligencia artificial (IA) que permitió identificar a personas que presuntamente eran una amenaza para Israel, convirtiéndolos en objetivos militares.
Esta IA se llamó Lavender y tuvo un papel fundamental en el genocidio en la Franja de Gaza, tal y como explicó la investigación periodística de +972 Magazine y Local Call. Ahora, Lavender, así como otros sistemas de IA entrenados por Israel durante el asedio de Gaza, se integran en lo que se conoce como Fábrica de Datos Operacionales e IA de las IDF (siglas del ejército de Israel en inglés).
Según confirmó un oficial del ejército a Haaretz a finales de marzo, esta fábrica ha estado plenamente operativa en los dos frentes en los que Israel ha combatido y combate en lo que llevamos de 2026. Es decir, en Irán y Líbano. Esta fábrica no es otra cosa que un sistema de sistemas de procesamiento de ingentes cantidades de datos basado en la inteligencia artificial.
Si bien su desarrollo se aceleró a partir del genocidio, el origen de este sistema se encuentra en el enésimo asedio a la Franja de Gaza llevado a cabo por Israel en 2021. Aquel año, en base a la información de inteligencia que las IDF llevaban años recopilando, el ejército israelí comenzó a utilizar prototipos de IA para seleccionar objetivos a abatir. El primero de estos prototipos que se dio a conocer públicamente llevaba por nombre The Gospel, y fue la antesala de Lavender.
Hasta este momento, el departamento encargado de idear y de diseñar estos desarrollos era la Unidad 8200 del ejército, el departamento de inteligencia militar de Israel. De sus cuarteles han salido algunos de los más importantes desarrolladores tecnológicos de la actualidad, como el fundador de Wix o un número indeterminado de trabajadores y directivos de NSO Group, la empresa creadora del sistema de espionaje Pegasus. Otras muchas empresas fueron absorbidas por Microsoft, Apple u Oracle tras cosechar un rápido éxito en el sector de la ciberseguridad.
Los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023, crearon el contexto perfecto para que Israel desplegara en Gaza todo el potencial de la IA. El volumen de trabajo fue tal que en 2025 las IDF crearon dos nuevas divisiones solo para el desarrollo militar de la IA. Estas eran la División Sphere y la División de IA, integradas ambas dentro de la Dirección de C4I y Ciberdefensa. A día de hoy, explicó a Haaretz un oficial militar, la fábrica desarrollada y controlada por estos departamentos puede "procesar grandes cantidades de datos, incluyendo información de sensores, así como vídeo, texto y audio" y es utilizado por todo el ejército allí donde opera.
De esta fábrica bebe, por ejemplo, el sistema de drones ofensivos israelíes, que actualmente continúa rastreando y bombardeando Líbano. Según Haaretz, para atacar a su vecino, las IDF también estarían haciendo uso del sistema Lohem -"combatiente", en hebreo-, que se puso por primera vez en marcha durante la guerra con Irán en junio de 2025 y que ayuda a los comandantes de la Fuerza Aérea a "planificar y sincronizar los ataques". Este sistema se estaría combinando con otro llamado MapIt, una plataforma que muestra en tiempo real datos operativos en 3D sobre un mapa interactivo.
Para el desarrollo de estos programas, integrados ahora en la gran fábrica de IA de Israel, ha sido imprescindible la colaboración público-privada de Tel Aviv con empresas del sector tecnológico. Ejemplo de ello es el uso de la nube de Microsoft -Azure- por parte de la Unidad 8200 para la vigilancia masiva de palestinos. Tal y como reveló una publicación de The Guardian,+972 y Local Call, esta división utilizó el servicio de la tecnológica estadounidense para almacenar la filtración de millones de llamadas entre palestinos.
Numerosas investigaciones periodísticas evidencian que este tipo de contratos no son una excepción. Para Rosa Meneses, subdirectora del Centro de Estudios Árabes Contemporáneos (CEARC), la complicidad manifiesta entre las bigtech estadounidenses e israelíes y el proyecto colonial sionista es la razón por la que Irán ha amenazado los servidores que Microsoft y otras empresas poseen en el Golfo Pérsico. De momento, la Guardia de la Revolución Islámica ha atacado el servidor de Amazon en Baréin y el de Oracle en Dubái.
Controlar y reprimir a una población ocupada requiere de enormes esfuerzos de inteligencia. Debido a esta necesidad de mantener a raya al enemigo interno -los palestinos- y al externo -vecinos árabes-, Israel lleva años recopilando, almacenando, estudiando y categorizando enormes cantidades de datos, así como desarrollando el armamento que, llegado el momento, le permita acabar con ellos. Todo el conocimiento desarrollado por el joven Estado a lo largo de su historia ha sido empaquetado y comercializado por algunas de sus empresas más punteras, como Elbit System o Rafael, vinculadas en sus orígenes con las IDF. Dicho negocio lleva años reportándoles importantes beneficios económicos, especialmente desde el inicio del genocidio.
Por esta razón, el periodista australiano Antony Loewenstein describe a la Franja de Gaza como el laboratorio militar de Israel. El analista explica que el rol del Estado sionista ha sido siempre el de servir como modelo para los regímenes capitalistas autoritarios. Fundado al inicio de la Guerra Fría, su desarrollo como potencia armamentística se produjo de la mano de EEUU, que necesitaba un contrapeso regional al bloque liderado por la Unión Soviética.
De esta forma, la tecnología militar y las técnicas de represión utilizadas por Tel Aviv contra los palestinos fue comercializada por empresas israelíes décadas antes de que la inteligencia artificial fuera una posibilidad. En su libro El laboratorio palestino (Capitán Swing, 2023) Loewenstein compila algunos ejemplos en los que Israel habría armado a las fuerzas policiales o parapoliciales de las dictaduras de la segunda mitad del siglo XX. Entre ellas, las de Nicaragua, El Salvador, Guatemala, Costa Rica o Colombia, pero también la de la monarquía autoritaria del Irán previo a la Revolución Islámica.
Con el tiempo, otros países árabes y africanos se han sumado a la lista de clientes de Israel. Entre ellos está Marruecos y, según la prensa especializada, Emiratos Árabes Unidos, que habría cerrado un acuerdo millonario con la empresa armamentística israelí Elbit System. Muchos Estados acuden a estas empresas atraídos por la etiqueta "probado en combate" o "probado en el terreno" con la que promocionan sus productos en ferias internacionales de defensa y seguridad.
Una investigación de 'Al Jazeera' revela la desaparición de miles de personas en Gaza debido al uso de armas térmicas fabricadas por EEUU que alcanzan una temperatura tres veces superior a la de un horno crematorio.

Rafiq Badran perdió a cuatro de sus hijos en el campamento de refugiados de Bureij, en el centro de la Franja de Gaza. Entre 2024 y 2025, Israel bombardeó tres escuelas de esta localidad hasta cinco veces. En uno de estos ataques, los hijos de este gazatí desaparecieron. "Simplemente, se evaporaron", cuenta a Al Jazeera. "Los busqué un millón de veces. No quedó ni un solo pedazo. ¿A dónde fueron?".
Su testimonio es uno de los muchos recogidos en la investigación El resto de la historia, emitida por Al Jazeera Arabic el pasado 9 de febrero. A ellos se suman los datos recabados por los equipos del Servicio de Defensa Civil de Palestina y los análisis de expertos forenses. Sus hallazgos han puesto sobre la mesa una hipótesis tenebrosa: Israel utilizó armas térmicas y termobáricas contra población gazatí, carbonizando a unas 2.842 personas.
Estas bombas pueden alcanzar una temperatura tres veces superior a la de un horno crematorio
De ellas solo quedaron "salpicaduras de sangre" o "pequeños fragmentos como cueros cabelludos", explica Mahmoud Basal, portavoz del servicio de protección civil al medio catarí. Según describe, los equipos forenses aplican un "método de eliminación" para determinar cuántas personas han sido reducidas a cenizas. La fórmula consiste en cotejar el número de cuerpos recuperados tras un ataque de Israel con el de ocupantes que, teóricamente, había en el recinto bombardeado.
Si tras "una búsqueda exhaustiva", los forenses solo han encontrado algunos rastros biológicos -como sangre o tejidos corporales- de las personas que debían haber muerto en el lugar del ataque, las contabilizan como carbonizadas.
De acuerdo a la información recogida por la investigación, este fenómeno es fruto de bombas térmicas o termobáricas, capaces de "generar temperaturas superiores a 3.500°C". Es decir, aproximadamente tres veces más que un horno crematorio.
A esta temperatura, el tejido humano "se vaporiza" y se convierte "en cenizas", afirma a Al Jazeera Munir Al Bursh, médico y director general del Ministerio de Salud palestino en Gaza. Este nivel de destrucción es la razón por la que el derecho internacional prohíbe el uso de este y otros tipos de bombas de forma indiscriminada. Así lo recogen varios artículos del Protocolo adicional I de los Convenios de Ginebra de 1977, que protege a las víctimas en conflictos armados internacionales.
Una bomba térmica es aquella cuya composición "dispersa una nube de combustible que, al encenderse, crea una enorme bola de fuego y un efecto vacío", explica el experto militar, Vasili Fatigarov, a los periodistas de Al Jazeera. Por ello, estas bombas también son conocidas como "de vacío" o "de aerosol". Para lograr este efecto, al TNT de la munición convencional se le añaden compuestos químicos, como polvos de aluminio, que elevan la temperatura de la explosión y prolongan el tiempo de combustión.
Algunas de las bombas que pueden contener esta mezcla son las de la familia MK-80, fabricadas por EEUU. Durante el asedio a la Franja, Washington vendió a Tel Aviv varios paquetes de armamento que incluían este tipo de munición, tanto bajo la Administración del demócrata Joe Biden, como la del republicano Donald Trump. Normalmente, las MK-80 son de "caída libre", es decir, que carecen de dirección una vez los aviones las lancen. Sin embargo, también se les puede añadir un dispositivo GPS para guiar el destino del explosivo, dando lugar a una GBU (unidad de bomba guiada).
Los investigadores de Al Jazeera aseguran que la Defensa Civil palestina halló fragmentos de una bomba GBU en varios de los lugares en los que apenas había algún rastro de los cadáveres tras los ataques de Israel. Según las pesquisas del medio catarí, el ejército de Israel habría utilizado en Gaza tres tipos de bombas estadounidenses con capacidad para carbonizar a sus víctimas: la MK-84, la bomba antibúnker BLU-109 y la GBU-39. Por su parte, otra investigación de la organización Human Rights Watch (HRW) identificó restos de GBU en escuelas palestinas atacadas por Israel, mientras que The Guardian contrastó la existencia de restos de estas bombas en los lugares de Beirut (Líbano) atacados por Israel.
En una entrevista reciente con Público, Francesca Albanese, relatora de la ONU para los derechos humanos en los territorios ocupados palestinos, incidió en que el genocidio en curso en Gaza era "un crimen colectivo". Para la jurista italiana esto es más que evidente en tanto que varios Estados del Norte Global no sólo han armado a Israel, sino que continúan mantenido los lazos comerciales que habrían permitido a Tel Aviv financiar la guerra.
Todo ello, señaló Albanese, ocurrió incluso después de que la Corte Internacional de Justicia (CIJ) emitiera, el 26 de enero de 2024, una orden de medidas provisionales obligatorias en la que instaba a Israel que tomara medidas para evitar la comisión de un genocidio en Gaza. Además, recordaba a los Estados parte que, según la Convención contra el Genocidio de 1948, estaban obligados a prevenir y sancionar el genocidio.
Des images de l'invasion de l'Ukraine par les Nazis jusqu'au retour triomphal de l'Armée rouge. En alliant rigueur du montage et souffle épique, Dovjenko hisse la chronique de guerre au rang d'œuvre d'art, dans laquelle résonne la voix vibrante des témoins.
Mauro Dlugovitzky es Licenciado en Ciencia Política por la facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario. Actualmente es Doctorando en Filosofía mención Estética y Teoría del Arte, por la Facultad de Artes de la Universidad de Chile.
Esta guitarra que toco
no olvida su entraña de árbol,
su raíz de Chaco y de luna
florece cuando yo canto.
Yo soy nacido en Baranda
un lugar muy olvidado.
Se llevaron el tanino
y el pueblo se fue secando.— Los Trovadores y Armando Tejada Gómez, 1967
Los oficios de Pedro Changa es una obra integral creada en el círculo de artistas comprometidos, críticos y vanguardistas del Movimiento Nuevo Cancionero (MNC). Esta agrupación, de trascendencia regional, cercanía ideológica al Partido Comunista y formada en Mendoza, sintetizó su postura de lo que debía ser la música popular argentina y latinoamericana a través del lanzamiento de un manifiesto en 1963. Un panfleto que dio cuenta de la necesidad como músicos de ser protagonistas en una época de radicalización estética y política.
Las canciones que comenzaron a brotar de este y otros movimientos a lo largo del país, se forjaron al calor de poesías alusivas a una revolución que parecía estar a la vuelta de la esquina y una reivindicación de los paisajes que hasta este momento eran retratados sin una perspectiva crítica por el folklore tradicional. De la primacía de la canción paisajista y romántica, producto de la ficción pacífica de la unión entre el peón y el patrón, a la canción que mostraba el sujeto de ese paisaje, sus miserias y a los responsables de estas.
Los autores del disco son un reflejo de este aire de época enmarcado en el boom de un folklore popular y politizado. El poeta mendocino Armando Tejada Gómez, escritor de las letras de las canciones del disco, nunca cursó la escuela primaria. A lo largo de su vida tuvo distintos oficios. Fue lustrabotas, canillita y peón albañil. Los Trovadores, quienes compusieron la música del LP, llegaron a este proyecto con una formación muy reciente y en construcción, luego de una ruptura grupal por motivos estético-políticos. Su estilo de grupo vocal, de arreglos complejos y refinados, algo característico del período, sumado a su afinidad con las luchas sociales y el canto comprometido, los hizo tener mucha cercanía a los autores del Movimiento Nuevo Cancionero.
En 1967 apareció este álbum conceptual que tiene forma de poema cantado. El disco realiza una conexión entre los géneros populares y tradicionales de cada región argentina por la que va pasando el peón golondrina, y los oficios característicos de estos lugares. Así, aparecen el Estilo, la Huella, la Polca Misionera, el Chamamé, la Milonga, la Zamba, la Cueca, la Baguala, la Galopa y el Tango, y muchos de estos entremezclados en una misma canción, elaborando aires, es decir, variaciones del estilo base de cada uno de los géneros. Se trata de de una combinación entre sujeto, paisaje y expresiones simbólicas sintetizadas en la aventura de un personaje trágico. Así, el canto aparece alrededor del trabajador del tanino devastado de La Forestal, de la juntada de maíces, de la vendimia mendocina; del trigo en el pehuajó, de la caña de azúcar tucumana; del yerbatal litoraleño. Tiene un protagonismo exclusivamente subalterno, en cada una de sus variantes regionales, aunque autor (poeta y cantor) y personaje van pasando rápidamente al segundo plano con el objetivo de dejar en el primero a quien oye. Éste es el interpelado y al que se pretende hacer transitar el camino iniciático de la transformación vía emoción y conocimiento. Revolución, fraternidad, denuncia, igualdad, y libertad aparecen tratados a lo largo de este conjunto diverso de canciones.
Los oficios de Pedro Changa, no muestra una ficción romántica de los oficios, mas bien los pone en discusión por el sacrificio que implican en la vida cotidiana del subalterno, y a su vez, denuncia la falta de ellos en el presente. Sin embargo no trata de inculcar un desamparo derrotista, sino que muestra una posible toma de conciencia, necesaria para la llegada del tiempo justo. Se está ante un disco cuyo posicionamiento indica una insatisfacción frente a las soluciones parciales.
La obra se encuentra, como punto de llegada y de nueva partida, entre dos momentos musicales del folklore argentino: el que busca amenizar la espera de la revolución que estará llegando (y más vale esperar cantando) y otro que pretende participar como estética de acción directa en el proceso revolucionario.
En la contratapa del disco, Tejada Gómez se despacha con un testimonio único, que termina de esta manera:
“Él sabe que lo olvidan. Sabe que sólo habita los sitios del trabajo. Sin embargo, allá en su corazón de ternura y colmena, el Pedro Changa afirma su destino en la tierra, en esta tierra suya que aún es horizonte, cielo, donde madruga la semilla de América. Seguramente ignora que ha entrado a la leyenda y que ahora es canción a lo largo del viento”.
Los oficios y la changa son temas que nunca van a poder dejar de ser pensados y que pueden ser resignificados en cada momento. En tiempos en que la música aparece como un arte que no debe ser ideologizado, es bueno recordar que no existe algo así como una estética neutral: hay artes que visibilizan y artes que esconden, artes que se muestran trascendentales y artes que se saben materiales, hay algunos que ocultan y desdibujan mecanismos de poder y otros que los ponen en cuestión. Esta obra es un claro ejemplo del segundo de estos, compuesta alrededor de autores revolucionarios, artistas comprometidos, grupos solidarios y pensamientos emancipatorios.
Libros y publicaciones asociadas:
Chamosa, O. (2012). Breve historia del folclore argentino. Buenos Aires: Edhasa.
Gilbert, A., & Liut, M. (Eds.). (2019). Las mil y una vidas de las canciones. Gourmet Musical Ediciones.
Molinero, C. D. (2011). Militancia de la canción: política en el canto folklórico de la Argentina, 1944–1975. Editorial Ross.
Otros enlaces:
Enlace al disco completo en Youtube: https://youtube.com/playlist?list=OLAK5uy_kAv0YXmZrH5LkQRdEIJ3G3wRAXahnWy2Y&si=rcJqyDtZ9XF9g4zr
De la serie ordenando la discoteca:
Mauro Dlugovitzky es Licenciado en Ciencia Política por la facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario. Actualmente es Doctorando en Filosofía mención Estética y Teoría del Arte, por la Facultad de Artes de la Universidad de Chile.
Esta guitarra que toco
no olvida su entraña de árbol,
su raíz de Chaco y de luna
florece cuando yo canto.
Yo soy nacido en Baranda
un lugar muy olvidado.
Se llevaron el tanino
y el pueblo se fue secando.— Los Trovadores y Armando Tejada Gómez, 1967
Los oficios de Pedro Changa es una obra integral creada en el círculo de artistas comprometidos, críticos y vanguardistas del Movimiento Nuevo Cancionero (MNC). Esta agrupación, de trascendencia regional, cercanía ideológica al Partido Comunista y formada en Mendoza, sintetizó su postura de lo que debía ser la música popular argentina y latinoamericana a través del lanzamiento de un manifiesto en 1963. Un panfleto que dio cuenta de la necesidad como músicos de ser protagonistas en una época de radicalización estética y política.
Las canciones que comenzaron a brotar de este y otros movimientos a lo largo del país, se forjaron al calor de poesías alusivas a una revolución que parecía estar a la vuelta de la esquina y una reivindicación de los paisajes que hasta este momento eran retratados sin una perspectiva crítica por el folklore tradicional. De la primacía de la canción paisajista y romántica, producto de la ficción pacífica de la unión entre el peón y el patrón, a la canción que mostraba el sujeto de ese paisaje, sus miserias y a los responsables de estas.
Los autores del disco son un reflejo de este aire de época enmarcado en el boom de un folklore popular y politizado. El poeta mendocino Armando Tejada Gómez, escritor de las letras de las canciones del disco, nunca cursó la escuela primaria. A lo largo de su vida tuvo distintos oficios. Fue lustrabotas, canillita y peón albañil. Los Trovadores, quienes compusieron la música del LP, llegaron a este proyecto con una formación muy reciente y en construcción, luego de una ruptura grupal por motivos estético-políticos. Su estilo de grupo vocal, de arreglos complejos y refinados, algo característico del período, sumado a su afinidad con las luchas sociales y el canto comprometido, los hizo tener mucha cercanía a los autores del Movimiento Nuevo Cancionero.
En 1967 apareció este álbum conceptual que tiene forma de poema cantado. El disco realiza una conexión entre los géneros populares y tradicionales de cada región argentina por la que va pasando el peón golondrina, y los oficios característicos de estos lugares. Así, aparecen el Estilo, la Huella, la Polca Misionera, el Chamamé, la Milonga, la Zamba, la Cueca, la Baguala, la Galopa y el Tango, y muchos de estos entremezclados en una misma canción, elaborando aires, es decir, variaciones del estilo base de cada uno de los géneros. Se trata de de una combinación entre sujeto, paisaje y expresiones simbólicas sintetizadas en la aventura de un personaje trágico. Así, el canto aparece alrededor del trabajador del tanino devastado de La Forestal, de la juntada de maíces, de la vendimia mendocina; del trigo en el pehuajó, de la caña de azúcar tucumana; del yerbatal litoraleño. Tiene un protagonismo exclusivamente subalterno, en cada una de sus variantes regionales, aunque autor (poeta y cantor) y personaje van pasando rápidamente al segundo plano con el objetivo de dejar en el primero a quien oye. Éste es el interpelado y al que se pretende hacer transitar el camino iniciático de la transformación vía emoción y conocimiento. Revolución, fraternidad, denuncia, igualdad, y libertad aparecen tratados a lo largo de este conjunto diverso de canciones.
Los oficios de Pedro Changa, no muestra una ficción romántica de los oficios, mas bien los pone en discusión por el sacrificio que implican en la vida cotidiana del subalterno, y a su vez, denuncia la falta de ellos en el presente. Sin embargo no trata de inculcar un desamparo derrotista, sino que muestra una posible toma de conciencia, necesaria para la llegada del tiempo justo. Se está ante un disco cuyo posicionamiento indica una insatisfacción frente a las soluciones parciales.
La obra se encuentra, como punto de llegada y de nueva partida, entre dos momentos musicales del folklore argentino: el que busca amenizar la espera de la revolución que estará llegando (y más vale esperar cantando) y otro que pretende participar como estética de acción directa en el proceso revolucionario.
En la contratapa del disco, Tejada Gómez se despacha con un testimonio único, que termina de esta manera:
“Él sabe que lo olvidan. Sabe que sólo habita los sitios del trabajo. Sin embargo, allá en su corazón de ternura y colmena, el Pedro Changa afirma su destino en la tierra, en esta tierra suya que aún es horizonte, cielo, donde madruga la semilla de América. Seguramente ignora que ha entrado a la leyenda y que ahora es canción a lo largo del viento”.
Los oficios y la changa son temas que nunca van a poder dejar de ser pensados y que pueden ser resignificados en cada momento. En tiempos en que la música aparece como un arte que no debe ser ideologizado, es bueno recordar que no existe algo así como una estética neutral: hay artes que visibilizan y artes que esconden, artes que se muestran trascendentales y artes que se saben materiales, hay algunos que ocultan y desdibujan mecanismos de poder y otros que los ponen en cuestión. Esta obra es un claro ejemplo del segundo de estos, compuesta alrededor de autores revolucionarios, artistas comprometidos, grupos solidarios y pensamientos emancipatorios.
Libros y publicaciones asociadas:
Chamosa, O. (2012). Breve historia del folclore argentino. Buenos Aires: Edhasa.
Gilbert, A., & Liut, M. (Eds.). (2019). Las mil y una vidas de las canciones. Gourmet Musical Ediciones.
Molinero, C. D. (2011). Militancia de la canción: política en el canto folklórico de la Argentina, 1944–1975. Editorial Ross.
Otros enlaces:
Enlace al disco completo en Youtube: https://youtube.com/playlist?list=OLAK5uy_kAv0YXmZrH5LkQRdEIJ3G3wRAXahnWy2Y&si=rcJqyDtZ9XF9g4zr
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Mauro Dlugovitzky es Licenciado en Ciencia Política por la facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario. Actualmente es Doctorando en Filosofía mención Estética y Teoría del Arte, por la Facultad de Artes de la Universidad de Chile.
Esta guitarra que toco
no olvida su entraña de árbol,
su raíz de Chaco y de luna
florece cuando yo canto.
Yo soy nacido en Baranda
un lugar muy olvidado.
Se llevaron el tanino
y el pueblo se fue secando.— Los Trovadores y Armando Tejada Gómez, 1967
Los oficios de Pedro Changa es una obra integral creada en el círculo de artistas comprometidos, críticos y vanguardistas del Movimiento Nuevo Cancionero (MNC). Esta agrupación, de trascendencia regional, cercanía ideológica al Partido Comunista y formada en Mendoza, sintetizó su postura de lo que debía ser la música popular argentina y latinoamericana a través del lanzamiento de un manifiesto en 1963. Un panfleto que dio cuenta de la necesidad como músicos de ser protagonistas en una época de radicalización estética y política.
Las canciones que comenzaron a brotar de este y otros movimientos a lo largo del país, se forjaron al calor de poesías alusivas a una revolución que parecía estar a la vuelta de la esquina y una reivindicación de los paisajes que hasta este momento eran retratados sin una perspectiva crítica por el folklore tradicional. De la primacía de la canción paisajista y romántica, producto de la ficción pacífica de la unión entre el peón y el patrón, a la canción que mostraba el sujeto de ese paisaje, sus miserias y a los responsables de estas.
Los autores del disco son un reflejo de este aire de época enmarcado en el boom de un folklore popular y politizado. El poeta mendocino Armando Tejada Gómez, escritor de las letras de las canciones del disco, nunca cursó la escuela primaria. A lo largo de su vida tuvo distintos oficios. Fue lustrabotas, canillita y peón albañil. Los Trovadores, quienes compusieron la música del LP, llegaron a este proyecto con una formación muy reciente y en construcción, luego de una ruptura grupal por motivos estético-políticos. Su estilo de grupo vocal, de arreglos complejos y refinados, algo característico del período, sumado a su afinidad con las luchas sociales y el canto comprometido, los hizo tener mucha cercanía a los autores del Movimiento Nuevo Cancionero.
En 1967 apareció este álbum conceptual que tiene forma de poema cantado. El disco realiza una conexión entre los géneros populares y tradicionales de cada región argentina por la que va pasando el peón golondrina, y los oficios característicos de estos lugares. Así, aparecen el Estilo, la Huella, la Polca Misionera, el Chamamé, la Milonga, la Zamba, la Cueca, la Baguala, la Galopa y el Tango, y muchos de estos entremezclados en una misma canción, elaborando aires, es decir, variaciones del estilo base de cada uno de los géneros. Se trata de de una combinación entre sujeto, paisaje y expresiones simbólicas sintetizadas en la aventura de un personaje trágico. Así, el canto aparece alrededor del trabajador del tanino devastado de La Forestal, de la juntada de maíces, de la vendimia mendocina; del trigo en el pehuajó, de la caña de azúcar tucumana; del yerbatal litoraleño. Tiene un protagonismo exclusivamente subalterno, en cada una de sus variantes regionales, aunque autor (poeta y cantor) y personaje van pasando rápidamente al segundo plano con el objetivo de dejar en el primero a quien oye. Éste es el interpelado y al que se pretende hacer transitar el camino iniciático de la transformación vía emoción y conocimiento. Revolución, fraternidad, denuncia, igualdad, y libertad aparecen tratados a lo largo de este conjunto diverso de canciones.
Los oficios de Pedro Changa, no muestra una ficción romántica de los oficios, mas bien los pone en discusión por el sacrificio que implican en la vida cotidiana del subalterno, y a su vez, denuncia la falta de ellos en el presente. Sin embargo no trata de inculcar un desamparo derrotista, sino que muestra una posible toma de conciencia, necesaria para la llegada del tiempo justo. Se está ante un disco cuyo posicionamiento indica una insatisfacción frente a las soluciones parciales.
La obra se encuentra, como punto de llegada y de nueva partida, entre dos momentos musicales del folklore argentino: el que busca amenizar la espera de la revolución que estará llegando (y más vale esperar cantando) y otro que pretende participar como estética de acción directa en el proceso revolucionario.
En la contratapa del disco, Tejada Gómez se despacha con un testimonio único, que termina de esta manera:
“Él sabe que lo olvidan. Sabe que sólo habita los sitios del trabajo. Sin embargo, allá en su corazón de ternura y colmena, el Pedro Changa afirma su destino en la tierra, en esta tierra suya que aún es horizonte, cielo, donde madruga la semilla de América. Seguramente ignora que ha entrado a la leyenda y que ahora es canción a lo largo del viento”.
Los oficios y la changa son temas que nunca van a poder dejar de ser pensados y que pueden ser resignificados en cada momento. En tiempos en que la música aparece como un arte que no debe ser ideologizado, es bueno recordar que no existe algo así como una estética neutral: hay artes que visibilizan y artes que esconden, artes que se muestran trascendentales y artes que se saben materiales, hay algunos que ocultan y desdibujan mecanismos de poder y otros que los ponen en cuestión. Esta obra es un claro ejemplo del segundo de estos, compuesta alrededor de autores revolucionarios, artistas comprometidos, grupos solidarios y pensamientos emancipatorios.
Libros y publicaciones asociadas:
Chamosa, O. (2012). Breve historia del folclore argentino. Buenos Aires: Edhasa.
Gilbert, A., & Liut, M. (Eds.). (2019). Las mil y una vidas de las canciones. Gourmet Musical Ediciones.
Molinero, C. D. (2011). Militancia de la canción: política en el canto folklórico de la Argentina, 1944–1975. Editorial Ross.
Otros enlaces:
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Mauro Dlugovitzky es Licenciado en Ciencia Política por la facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario. Actualmente es Doctorando en Filosofía mención Estética y Teoría del Arte, por la Facultad de Artes de la Universidad de Chile.
Esta guitarra que toco
no olvida su entraña de árbol,
su raíz de Chaco y de luna
florece cuando yo canto.
Yo soy nacido en Baranda
un lugar muy olvidado.
Se llevaron el tanino
y el pueblo se fue secando.— Los Trovadores y Armando Tejada Gómez, 1967
Los oficios de Pedro Changa es una obra integral creada en el círculo de artistas comprometidos, críticos y vanguardistas del Movimiento Nuevo Cancionero (MNC). Esta agrupación, de trascendencia regional, cercanía ideológica al Partido Comunista y formada en Mendoza, sintetizó su postura de lo que debía ser la música popular argentina y latinoamericana a través del lanzamiento de un manifiesto en 1963. Un panfleto que dio cuenta de la necesidad como músicos de ser protagonistas en una época de radicalización estética y política.
Las canciones que comenzaron a brotar de este y otros movimientos a lo largo del país, se forjaron al calor de poesías alusivas a una revolución que parecía estar a la vuelta de la esquina y una reivindicación de los paisajes que hasta este momento eran retratados sin una perspectiva crítica por el folklore tradicional. De la primacía de la canción paisajista y romántica, producto de la ficción pacífica de la unión entre el peón y el patrón, a la canción que mostraba el sujeto de ese paisaje, sus miserias y a los responsables de estas.
Los autores del disco son un reflejo de este aire de época enmarcado en el boom de un folklore popular y politizado. El poeta mendocino Armando Tejada Gómez, escritor de las letras de las canciones del disco, nunca cursó la escuela primaria. A lo largo de su vida tuvo distintos oficios. Fue lustrabotas, canillita y peón albañil. Los Trovadores, quienes compusieron la música del LP, llegaron a este proyecto con una formación muy reciente y en construcción, luego de una ruptura grupal por motivos estético-políticos. Su estilo de grupo vocal, de arreglos complejos y refinados, algo característico del período, sumado a su afinidad con las luchas sociales y el canto comprometido, los hizo tener mucha cercanía a los autores del Movimiento Nuevo Cancionero.
En 1967 apareció este álbum conceptual que tiene forma de poema cantado. El disco realiza una conexión entre los géneros populares y tradicionales de cada región argentina por la que va pasando el peón golondrina, y los oficios característicos de estos lugares. Así, aparecen el Estilo, la Huella, la Polca Misionera, el Chamamé, la Milonga, la Zamba, la Cueca, la Baguala, la Galopa y el Tango, y muchos de estos entremezclados en una misma canción, elaborando aires, es decir, variaciones del estilo base de cada uno de los géneros. Se trata de de una combinación entre sujeto, paisaje y expresiones simbólicas sintetizadas en la aventura de un personaje trágico. Así, el canto aparece alrededor del trabajador del tanino devastado de La Forestal, de la juntada de maíces, de la vendimia mendocina; del trigo en el pehuajó, de la caña de azúcar tucumana; del yerbatal litoraleño. Tiene un protagonismo exclusivamente subalterno, en cada una de sus variantes regionales, aunque autor (poeta y cantor) y personaje van pasando rápidamente al segundo plano con el objetivo de dejar en el primero a quien oye. Éste es el interpelado y al que se pretende hacer transitar el camino iniciático de la transformación vía emoción y conocimiento. Revolución, fraternidad, denuncia, igualdad, y libertad aparecen tratados a lo largo de este conjunto diverso de canciones.
Los oficios de Pedro Changa, no muestra una ficción romántica de los oficios, mas bien los pone en discusión por el sacrificio que implican en la vida cotidiana del subalterno, y a su vez, denuncia la falta de ellos en el presente. Sin embargo no trata de inculcar un desamparo derrotista, sino que muestra una posible toma de conciencia, necesaria para la llegada del tiempo justo. Se está ante un disco cuyo posicionamiento indica una insatisfacción frente a las soluciones parciales.
La obra se encuentra, como punto de llegada y de nueva partida, entre dos momentos musicales del folklore argentino: el que busca amenizar la espera de la revolución que estará llegando (y más vale esperar cantando) y otro que pretende participar como estética de acción directa en el proceso revolucionario.
En la contratapa del disco, Tejada Gómez se despacha con un testimonio único, que termina de esta manera:
“Él sabe que lo olvidan. Sabe que sólo habita los sitios del trabajo. Sin embargo, allá en su corazón de ternura y colmena, el Pedro Changa afirma su destino en la tierra, en esta tierra suya que aún es horizonte, cielo, donde madruga la semilla de América. Seguramente ignora que ha entrado a la leyenda y que ahora es canción a lo largo del viento”.
Los oficios y la changa son temas que nunca van a poder dejar de ser pensados y que pueden ser resignificados en cada momento. En tiempos en que la música aparece como un arte que no debe ser ideologizado, es bueno recordar que no existe algo así como una estética neutral: hay artes que visibilizan y artes que esconden, artes que se muestran trascendentales y artes que se saben materiales, hay algunos que ocultan y desdibujan mecanismos de poder y otros que los ponen en cuestión. Esta obra es un claro ejemplo del segundo de estos, compuesta alrededor de autores revolucionarios, artistas comprometidos, grupos solidarios y pensamientos emancipatorios.
Libros y publicaciones asociadas:
Chamosa, O. (2012). Breve historia del folclore argentino. Buenos Aires: Edhasa.
Gilbert, A., & Liut, M. (Eds.). (2019). Las mil y una vidas de las canciones. Gourmet Musical Ediciones.
Molinero, C. D. (2011). Militancia de la canción: política en el canto folklórico de la Argentina, 1944–1975. Editorial Ross.
Otros enlaces:
Enlace al disco completo en Youtube: https://youtube.com/playlist?list=OLAK5uy_kAv0YXmZrH5LkQRdEIJ3G3wRAXahnWy2Y&si=rcJqyDtZ9XF9g4zr
De la serie ordenando la discoteca:
Mauro Dlugovitzky es Licenciado en Ciencia Política por la facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario. Actualmente es Doctorando en Filosofía mención Estética y Teoría del Arte, por la Facultad de Artes de la Universidad de Chile.
Esta guitarra que toco
no olvida su entraña de árbol,
su raíz de Chaco y de luna
florece cuando yo canto.
Yo soy nacido en Baranda
un lugar muy olvidado.
Se llevaron el tanino
y el pueblo se fue secando.— Los Trovadores y Armando Tejada Gómez, 1967
Los oficios de Pedro Changa es una obra integral creada en el círculo de artistas comprometidos, críticos y vanguardistas del Movimiento Nuevo Cancionero (MNC). Esta agrupación, de trascendencia regional, cercanía ideológica al Partido Comunista y formada en Mendoza, sintetizó su postura de lo que debía ser la música popular argentina y latinoamericana a través del lanzamiento de un manifiesto en 1963. Un panfleto que dio cuenta de la necesidad como músicos de ser protagonistas en una época de radicalización estética y política.
Las canciones que comenzaron a brotar de este y otros movimientos a lo largo del país, se forjaron al calor de poesías alusivas a una revolución que parecía estar a la vuelta de la esquina y una reivindicación de los paisajes que hasta este momento eran retratados sin una perspectiva crítica por el folklore tradicional. De la primacía de la canción paisajista y romántica, producto de la ficción pacífica de la unión entre el peón y el patrón, a la canción que mostraba el sujeto de ese paisaje, sus miserias y a los responsables de estas.
Los autores del disco son un reflejo de este aire de época enmarcado en el boom de un folklore popular y politizado. El poeta mendocino Armando Tejada Gómez, escritor de las letras de las canciones del disco, nunca cursó la escuela primaria. A lo largo de su vida tuvo distintos oficios. Fue lustrabotas, canillita y peón albañil. Los Trovadores, quienes compusieron la música del LP, llegaron a este proyecto con una formación muy reciente y en construcción, luego de una ruptura grupal por motivos estético-políticos. Su estilo de grupo vocal, de arreglos complejos y refinados, algo característico del período, sumado a su afinidad con las luchas sociales y el canto comprometido, los hizo tener mucha cercanía a los autores del Movimiento Nuevo Cancionero.
En 1967 apareció este álbum conceptual que tiene forma de poema cantado. El disco realiza una conexión entre los géneros populares y tradicionales de cada región argentina por la que va pasando el peón golondrina, y los oficios característicos de estos lugares. Así, aparecen el Estilo, la Huella, la Polca Misionera, el Chamamé, la Milonga, la Zamba, la Cueca, la Baguala, la Galopa y el Tango, y muchos de estos entremezclados en una misma canción, elaborando aires, es decir, variaciones del estilo base de cada uno de los géneros. Se trata de de una combinación entre sujeto, paisaje y expresiones simbólicas sintetizadas en la aventura de un personaje trágico. Así, el canto aparece alrededor del trabajador del tanino devastado de La Forestal, de la juntada de maíces, de la vendimia mendocina; del trigo en el pehuajó, de la caña de azúcar tucumana; del yerbatal litoraleño. Tiene un protagonismo exclusivamente subalterno, en cada una de sus variantes regionales, aunque autor (poeta y cantor) y personaje van pasando rápidamente al segundo plano con el objetivo de dejar en el primero a quien oye. Éste es el interpelado y al que se pretende hacer transitar el camino iniciático de la transformación vía emoción y conocimiento. Revolución, fraternidad, denuncia, igualdad, y libertad aparecen tratados a lo largo de este conjunto diverso de canciones.
Los oficios de Pedro Changa, no muestra una ficción romántica de los oficios, mas bien los pone en discusión por el sacrificio que implican en la vida cotidiana del subalterno, y a su vez, denuncia la falta de ellos en el presente. Sin embargo no trata de inculcar un desamparo derrotista, sino que muestra una posible toma de conciencia, necesaria para la llegada del tiempo justo. Se está ante un disco cuyo posicionamiento indica una insatisfacción frente a las soluciones parciales.
La obra se encuentra, como punto de llegada y de nueva partida, entre dos momentos musicales del folklore argentino: el que busca amenizar la espera de la revolución que estará llegando (y más vale esperar cantando) y otro que pretende participar como estética de acción directa en el proceso revolucionario.
En la contratapa del disco, Tejada Gómez se despacha con un testimonio único, que termina de esta manera:
“Él sabe que lo olvidan. Sabe que sólo habita los sitios del trabajo. Sin embargo, allá en su corazón de ternura y colmena, el Pedro Changa afirma su destino en la tierra, en esta tierra suya que aún es horizonte, cielo, donde madruga la semilla de América. Seguramente ignora que ha entrado a la leyenda y que ahora es canción a lo largo del viento”.
Los oficios y la changa son temas que nunca van a poder dejar de ser pensados y que pueden ser resignificados en cada momento. En tiempos en que la música aparece como un arte que no debe ser ideologizado, es bueno recordar que no existe algo así como una estética neutral: hay artes que visibilizan y artes que esconden, artes que se muestran trascendentales y artes que se saben materiales, hay algunos que ocultan y desdibujan mecanismos de poder y otros que los ponen en cuestión. Esta obra es un claro ejemplo del segundo de estos, compuesta alrededor de autores revolucionarios, artistas comprometidos, grupos solidarios y pensamientos emancipatorios.
Libros y publicaciones asociadas:
Chamosa, O. (2012). Breve historia del folclore argentino. Buenos Aires: Edhasa.
Gilbert, A., & Liut, M. (Eds.). (2019). Las mil y una vidas de las canciones. Gourmet Musical Ediciones.
Molinero, C. D. (2011). Militancia de la canción: política en el canto folklórico de la Argentina, 1944–1975. Editorial Ross.
Otros enlaces:
Enlace al disco completo en Youtube: https://youtube.com/playlist?list=OLAK5uy_kAv0YXmZrH5LkQRdEIJ3G3wRAXahnWy2Y&si=rcJqyDtZ9XF9g4zr
De la serie ordenando la discoteca:
Mauro Dlugovitzky es Licenciado en Ciencia Política por la facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario. Actualmente es Doctorando en Filosofía mención Estética y Teoría del Arte, por la Facultad de Artes de la Universidad de Chile.
Esta guitarra que toco
no olvida su entraña de árbol,
su raíz de Chaco y de luna
florece cuando yo canto.
Yo soy nacido en Baranda
un lugar muy olvidado.
Se llevaron el tanino
y el pueblo se fue secando.— Los Trovadores y Armando Tejada Gómez, 1967
Los oficios de Pedro Changa es una obra integral creada en el círculo de artistas comprometidos, críticos y vanguardistas del Movimiento Nuevo Cancionero (MNC). Esta agrupación, de trascendencia regional, cercanía ideológica al Partido Comunista y formada en Mendoza, sintetizó su postura de lo que debía ser la música popular argentina y latinoamericana a través del lanzamiento de un manifiesto en 1963. Un panfleto que dio cuenta de la necesidad como músicos de ser protagonistas en una época de radicalización estética y política.
Las canciones que comenzaron a brotar de este y otros movimientos a lo largo del país, se forjaron al calor de poesías alusivas a una revolución que parecía estar a la vuelta de la esquina y una reivindicación de los paisajes que hasta este momento eran retratados sin una perspectiva crítica por el folklore tradicional. De la primacía de la canción paisajista y romántica, producto de la ficción pacífica de la unión entre el peón y el patrón, a la canción que mostraba el sujeto de ese paisaje, sus miserias y a los responsables de estas.
Los autores del disco son un reflejo de este aire de época enmarcado en el boom de un folklore popular y politizado. El poeta mendocino Armando Tejada Gómez, escritor de las letras de las canciones del disco, nunca cursó la escuela primaria. A lo largo de su vida tuvo distintos oficios. Fue lustrabotas, canillita y peón albañil. Los Trovadores, quienes compusieron la música del LP, llegaron a este proyecto con una formación muy reciente y en construcción, luego de una ruptura grupal por motivos estético-políticos. Su estilo de grupo vocal, de arreglos complejos y refinados, algo característico del período, sumado a su afinidad con las luchas sociales y el canto comprometido, los hizo tener mucha cercanía a los autores del Movimiento Nuevo Cancionero.
En 1967 apareció este álbum conceptual que tiene forma de poema cantado. El disco realiza una conexión entre los géneros populares y tradicionales de cada región argentina por la que va pasando el peón golondrina, y los oficios característicos de estos lugares. Así, aparecen el Estilo, la Huella, la Polca Misionera, el Chamamé, la Milonga, la Zamba, la Cueca, la Baguala, la Galopa y el Tango, y muchos de estos entremezclados en una misma canción, elaborando aires, es decir, variaciones del estilo base de cada uno de los géneros. Se trata de de una combinación entre sujeto, paisaje y expresiones simbólicas sintetizadas en la aventura de un personaje trágico. Así, el canto aparece alrededor del trabajador del tanino devastado de La Forestal, de la juntada de maíces, de la vendimia mendocina; del trigo en el pehuajó, de la caña de azúcar tucumana; del yerbatal litoraleño. Tiene un protagonismo exclusivamente subalterno, en cada una de sus variantes regionales, aunque autor (poeta y cantor) y personaje van pasando rápidamente al segundo plano con el objetivo de dejar en el primero a quien oye. Éste es el interpelado y al que se pretende hacer transitar el camino iniciático de la transformación vía emoción y conocimiento. Revolución, fraternidad, denuncia, igualdad, y libertad aparecen tratados a lo largo de este conjunto diverso de canciones.
Los oficios de Pedro Changa, no muestra una ficción romántica de los oficios, mas bien los pone en discusión por el sacrificio que implican en la vida cotidiana del subalterno, y a su vez, denuncia la falta de ellos en el presente. Sin embargo no trata de inculcar un desamparo derrotista, sino que muestra una posible toma de conciencia, necesaria para la llegada del tiempo justo. Se está ante un disco cuyo posicionamiento indica una insatisfacción frente a las soluciones parciales.
La obra se encuentra, como punto de llegada y de nueva partida, entre dos momentos musicales del folklore argentino: el que busca amenizar la espera de la revolución que estará llegando (y más vale esperar cantando) y otro que pretende participar como estética de acción directa en el proceso revolucionario.
En la contratapa del disco, Tejada Gómez se despacha con un testimonio único, que termina de esta manera:
“Él sabe que lo olvidan. Sabe que sólo habita los sitios del trabajo. Sin embargo, allá en su corazón de ternura y colmena, el Pedro Changa afirma su destino en la tierra, en esta tierra suya que aún es horizonte, cielo, donde madruga la semilla de América. Seguramente ignora que ha entrado a la leyenda y que ahora es canción a lo largo del viento”.
Los oficios y la changa son temas que nunca van a poder dejar de ser pensados y que pueden ser resignificados en cada momento. En tiempos en que la música aparece como un arte que no debe ser ideologizado, es bueno recordar que no existe algo así como una estética neutral: hay artes que visibilizan y artes que esconden, artes que se muestran trascendentales y artes que se saben materiales, hay algunos que ocultan y desdibujan mecanismos de poder y otros que los ponen en cuestión. Esta obra es un claro ejemplo del segundo de estos, compuesta alrededor de autores revolucionarios, artistas comprometidos, grupos solidarios y pensamientos emancipatorios.
Libros y publicaciones asociadas:
Chamosa, O. (2012). Breve historia del folclore argentino. Buenos Aires: Edhasa.
Gilbert, A., & Liut, M. (Eds.). (2019). Las mil y una vidas de las canciones. Gourmet Musical Ediciones.
Molinero, C. D. (2011). Militancia de la canción: política en el canto folklórico de la Argentina, 1944–1975. Editorial Ross.
Otros enlaces:
Enlace al disco completo en Youtube: https://youtube.com/playlist?list=OLAK5uy_kAv0YXmZrH5LkQRdEIJ3G3wRAXahnWy2Y&si=rcJqyDtZ9XF9g4zr
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