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lundi 24 août 2026

La hegemonía estadounidense sobre las plataformas mediáticas y la fabricación de la conciencia mundial

 FUENTE https://geopoliticarugiente.com/2026/08/18/la-hegemonia-estadounidense-sobre-las-plataformas-mediaticas-y-la-fabricacion-de-la-conciencia-mundial/

El siguiente documento fue elaborado por el Centro Geopolítico de Estudios Estratégicos de Saná (Yemen). Descarga 

Mecanismos de control, escenarios cambiantes

Introducción

En las dos últimas décadas, el poder ya no se mide únicamente por el número de tanques o el tamaño de la economía, sino que el control del flujo de información y la gestión de la conciencia colectiva se han convertido en el frente más importante de los conflictos internacionales. En este contexto, Estados Unidos ha emergido como una potencia hegemónica no solo sobre las infraestructuras de los medios de comunicación globales, sino también sobre la ingeniería de las narrativas que configuran la comprensión que los pueblos tienen del mundo que los rodea. Esta investigación parte de una pregunta fundamental: ¿cómo utiliza Estados Unidos las plataformas mediáticas, tradicionales o digitales, como herramientas estratégicas para controlar las agendas que llegan al público mundial y crear escenarios continuos y cambiantes que sirven a sus intereses geopolíticos?

La importancia de esta investigación reside en que supera el tratamiento superficial del tema de la “propaganda” para adentrarse en los mecanismos complejos y sofisticados mediante los cuales se gestionan hoy la desinformación y la fabricación de ilusiones a escala global. Ya no estamos ante modelos tradicionales de censura o de difusión de información engañosa, sino ante una “arquitectura del escenario” integral: la narrativa se diseña en centros de investigación; se recluta para ella a académicos, analistas y periodistas que aparecen como voces independientes; se difunde a través de canales por satélite financiados por gobiernos y comercializados como tribunas neutrales; y luego se amplifica mediante los algoritmos de las plataformas de redes sociales controladas por las empresas de Silicon Valley, hasta transformarse en una “verdad” digital adoptada por millones.

La problemática que aborda esta investigación consiste en desmontar este sistema integrado y revelar la contradicción flagrante entre el discurso de la “libertad de prensa” y la “independencia de las plataformas” que Washington promueve, y la práctica real basada en el control ingenieril de las mentes. Mientras otros Estados son acusados de poseer aparatos mediáticos propagandísticos, Estados Unidos administra un sistema más astuto y más perverso, porque no aparece como actor directo, sino que crea la impresión de que el ruido artificial en torno a un acontecimiento determinado es una expresión orgánica de la “opinión pública mundial” o de una “insurrección popular inevitable”.

Irán no ha sido un caso pasajero dentro de esta estrategia, sino que ha representado un laboratorio vivo para probar las hipótesis de la guerra psicológica mediática estadounidense durante cuatro décadas. Desde el escenario del “sistema al borde del colapso”, renovado constantemente, hasta el escenario de la “victoria aplastante” que acompañó el asesinato del mártir Qasem Soleimani, pasando por la sinfonía de “mujer, vida, libertad”, en la que se utilizó un sufrimiento humano real como combustible para una maquinaria de descomposición del Estado, nos encontramos ante un modelo flagrante de cómo se emplean las plataformas mediáticas en la batalla por el control de la percepción.

En todas estas estaciones se repitió la misma escena: investigadores, académicos y periodistas aparecían en las pantallas para repetir escenarios idénticos sobre divisiones internas, colapso económico y derrota estratégica, mientras los algoritmos impulsaban esas narrativas hasta la primera línea del escenario digital.

Esta investigación, a través de sus cuatro apartados, busca alcanzar tres objetivos principales. El primero es establecer una fundamentación teórica e histórica para comprender el fenómeno de la hegemonía mediática estadounidense, rastreando sus raíces en las teorías críticas de la comunicación y su evolución desde los comités de propaganda de la Primera Guerra Mundial hasta las actuales salas de operaciones de la desinformación digital. El segundo es desmontar los mecanismos contemporáneos mediante los cuales opera este sistema, desde los canales por satélite diseñados específicamente para penetrar los espacios mediáticos de los Estados objetivo hasta las plataformas de redes sociales, que se han transformado de espacios de diálogo en brazos de inteligencia capaces de construir tendencias e implantar sentimientos de desesperanza, derrota y abandono. El tercero es presentar un estudio de caso profundo sobre la campaña mediática y psicológica continua contra Irán como modelo revelador que muestra cómo funciona este sistema sobre el terreno y cómo pasa de un escenario a otro con asombrosa fluidez para mantener la presión psicológica sobre el público objetivo.

Adentrarse en este tema no representa un lujo académico, sino una necesidad nacional y civilizacional. En un mundo en el que la información se ha convertido en arma, la capacidad de desmontar los mecanismos de la desinformación se vuelve una condición fundamental para la soberanía y la independencia. Esta investigación se dirige al lector árabe que se encuentra sumergido en un torrente de narrativas contradictorias y que necesita herramientas analíticas que le permitan formular la pregunta correcta: ¿quién dice esto?, ¿por qué lo dice ahora?, ¿quién se beneficia de que lo creamos? Recuperar la conciencia crítica, en una época de monopolio de la narrativa, es el primer paso en el camino de la liberación frente a la hegemonía blanda que intenta secuestrar nuestras mentes antes que nuestra tierra.

Marco teórico e histórico de la hegemonía mediática estadounidense

Los fundamentos teóricos del imperialismo mediático

La acción mediática estadounidense se apoya en una base teórica sólida, que puede rastrearse a través de las teorías críticas de la comunicación. La teoría del imperialismo cultural, tal como la formuló Herbert Schiller en la década de 1970, ofrece un marco explicativo central. Schiller sostiene que la hegemonía occidental, y específicamente la estadounidense, no se basa solo en la superioridad militar y económica, sino también en la capacidad de moldear la conciencia mundial e imponer estilos de vida, valores y símbolos culturales.

En este contexto, los productos mediáticos se transforman de simples mercancías de consumo en herramientas estratégicas para crear una “conciencia dependiente” al servicio de los intereses del centro imperial. Este “centro”, representado por Washington, Hollywood y Silicon Valley, produce y controla el flujo de noticias, información y entretenimiento, mientras que la “periferia”, es decir, los países del mundo en desarrollo, se convierte en receptora pasiva de esos materiales, lo que conduce a la erosión de su identidad cultural y de su independencia intelectual.

La teoría de la agenda-setting completa esta visión, al afirmar que los medios quizá no logren dictar a la gente qué debe pensar, pero sí consiguen en gran medida dictarle sobre qué debe pensar. Mediante la concentración en determinados asuntos y la omisión de otros, las plataformas mediáticas determinan las prioridades del público y configuran sus percepciones de la realidad. Cuando un único actor, como Estados Unidos, controla la infraestructura de estas plataformas y el flujo de contenidos a través de ellas, posee la capacidad de ajustar la “agenda mundial” de acuerdo con las exigencias de su seguridad nacional y sus intereses geopolíticos. Este control no significa únicamente iluminar aquello que Washington desea destacar, sino también oscurecer y marginar deliberadamente otros asuntos, como las violaciones de derechos humanos en sus zonas de influencia o las catástrofes humanitarias de las que podría ser responsable, creando así un espacio público mundial deformado.

Por su parte, la teoría del “cultivo de la opinión pública”, desarrollada por George Gerbner, lleva el análisis hacia la profundidad del efecto producido por la exposición prolongada a los medios. La teoría presupone que la exposición constante a los mensajes mediáticos, especialmente televisivos, no influye solo en las opiniones sobre asuntos concretos, sino que “cultiva” en la mente de los espectadores percepciones generales sobre el mundo. Por ejemplo, la representación reiterada del mundo exterior como un lugar peligroso, caótico y lleno de amenazas crea en el público estadounidense y mundial un sentimiento de miedo e inseguridad que justifica intervenciones militares y políticas exteriores agresivas. Este cultivo no ocurre únicamente a través de las noticias, sino que penetra en dramas, películas y series, donde el modelo del “villano” se presenta en moldes culturales y étnicos determinados, a menudo rusos, chinos, iraníes o de Oriente Medio, preparando así a la opinión pública para enemistades futuras dictadas por la política exterior.

Teorías como la espiral del silencio y la dependencia de los medios ofrecen una explicación adicional de los mecanismos psicológicos y sociales que hacen efectiva la hegemonía mediática. La teoría de la espiral del silencio, formulada por Elisabeth Noelle-Neumann, explica cómo los individuos que perciben que sus opiniones son minoritarias y temen el aislamiento social se abstienen de expresarlas, mientras que la mayoría percibida se atreve a manifestar su opinión. Dado que los medios son la fuente principal para determinar qué se considera opinión mayoritaria, controlarlos significa tener la capacidad de silenciar las voces contrarias a las políticas estadounidenses, no por la fuerza, sino empujando a sus portadores a creer que están aislados y derrotados. La teoría de la dependencia, por su parte, indica que cuanto mayor es la dependencia del público respecto de los medios para comprender el mundo, mayor es la influencia de esos medios sobre él. En crisis y guerras, cuando aumenta la necesidad de información, el público se vuelve más vulnerable a la influencia total de la narrativa ofrecida por las fuentes mediáticas dominantes.

Las raíces históricas de la maquinaria propagandística estadounidense

El control estadounidense del espacio mediático no nació en el momento digital, sino que es resultado de una acumulación histórica vinculada a la construcción de la “máquina”. Sus comienzos pueden remontarse al Comité Creel durante la Primera Guerra Mundial, que fue la primera institución oficial estadounidense de propaganda gubernamental. En solo siete meses, el comité logró transformar la opinión pública estadounidense desde el aislacionismo hacia el entusiasmo por la guerra, utilizando todos los medios disponibles: carteles, discursos y películas. La lección aprendida fue clara: la opinión pública puede ser eficazmente diseñada si se controla el flujo de información.

Esa lección no murió con el fin de la guerra, sino que se desarrolló durante la Guerra Fría hasta convertirse en un aparato más complejo y extenso. En 1947 se creó la Agencia Central de Inteligencia —CIA—, que desempeñó un papel central en la financiación y gestión de operaciones psicológicas y de guerra cultural contra la Unión Soviética. Mediante proyectos secretos, la CIA financió revistas literarias, exposiciones artísticas y conferencias internacionales, no con un objetivo puramente cultural, sino para enfrentar el avance comunista y promover el modelo de modernidad liberal estadounidense como alternativa superior.

La culminación de este esfuerzo fue la fundación de Radio Free Europe y Voice of America, que se convirtieron en dos herramientas principales para difundir propaganda estadounidense a través del Telón de Acero. Estas emisoras no eran simples ventanas informativas, sino laboratorios de producción de escenarios de largo plazo, destinados a sembrar dudas sobre los sistemas comunistas, filtrar información —verdadera o fabricada— sobre la corrupción de las élites gobernantes y amplificar cualquier manifestación de oposición interna, contribuyendo así a crear una base psicológica preparada para el posterior colapso de esos sistemas. Esta experiencia refinó una enorme pericia en el uso de los medios para socavar a distancia un Estado objetivo, modelo que fue desarrollado y actualizado de forma continua.

Tras el final de la Guerra Fría, y con el ascenso del concepto de “globalización”, la maquinaria mediática estadounidense entró en una nueva etapa de hegemonía blanda. La cadena CNN representó un modelo revolucionario con su cobertura de la primera guerra del Golfo en 1991, al fundar el concepto de “televisión de realidad en directo”. Pero esa cobertura, pese a su deslumbrante carácter técnico, estuvo sometida a una estricta censura militar y presentó la guerra como un espectáculo tecnológico limpio, carente de sangre y de víctimas civiles. Este modelo, al que algunos denominaron “efecto CNN”, mostró cómo un único canal informativo podía convertirse en referencia diplomática mundial, imponer el ritmo de los acontecimientos y determinar los términos del debate público: misiles inteligentes, objetivos militares, daños colaterales. Fue un momento fundacional para una legitimidad mediática estadounidense global sin igual.

Con la invasión de Irak en 2003 apareció una táctica completamente nueva: el “periodismo integrado”. Mediante la integración de cientos de reporteros en unidades militares, el Pentágono logró un control sin precedentes de la narrativa. El reportero pasó a formar parte de la unidad militar: vivía con ella, comía con ella, adoptaba sus miedos y preocupaciones. Esto condujo a una cobertura informativa plenamente empática con los soldados y emocionalmente sesgada hacia su relato. Esta táctica, presentada bajo el lema de la transparencia y el acceso directo, fue en esencia una herramienta de autocensura y orientación extremadamente eficaz, en la que el periodista se transformó inconscientemente en altavoz de la propaganda militar. Este legado histórico de lecciones y tácticas no desapareció, sino que fue absorbido y reproducido de forma más sofisticada en el entorno digital contemporáneo.

Mecanismos contemporáneos de control en el espacio mediático tradicional y nuevo

Canales por satélite e ingeniería de la infraestructura de la noticia

Con el declive de la Guerra Fría, los canales informativos por satélite de veinticuatro horas emergieron como los nuevos campos de batalla de las mentes. Estados Unidos no se limitó a exportar su contenido a través del gigante CNN, sino que adoptó una estrategia más astuta basada en invertir en la creación de alternativas locales y árabes que parecieran “independientes”. La creación de canales como Alhurra en 2004, dirigido al mundo árabe, encarna este modelo. El canal fue fundado con financiación directa del Gobierno estadounidense, pero se presenta como una plataforma informativa objetiva. El objetivo estratégico no era solo competir en audiencia, sino crear una “narrativa contraria” que penetrara el espacio mediático árabe y presentara el relato estadounidense con voz e imagen árabes, otorgándole así mayor credibilidad ante el público objetivo. Esta estrategia se basa en el principio de “inoculación mediática”: exponer al público a dosis calculadas del relato estadounidense a través de canales que parecen neutrales, para inmunizarlo frente a lo que Washington considera “desinformación mediática” procedente de sus adversarios.

Paralelamente a la creación de canales, Washington ejerce fuertes presiones para reformular el espacio de radiodifusión por satélite en los Estados objetivo. En Afganistán, se financiaron redes locales de radio y televisión para difundir mensajes contrarios a los talibanes y favorables al Gobierno central. Esta ingeniería del panorama mediático no significa solo apoyar a aliados, sino también ejercer presiones diplomáticas y financieras sobre los Gobiernos para silenciar o estrechar el cerco sobre plataformas mediáticas contrarias a la política estadounidense, como RT o Press TV iraní, que se enfrentan continuamente a campañas para retirarles licencias, prohibirlas o acusarlas de injerencia en los asuntos internos de los Estados occidentales.

Junto a los canales de espionaje blando y la ingeniería del espacio mediático aparece el “filtrado estratégico” de información. Las agencias de inteligencia y altos responsables de la Administración estadounidense filtran información sensible, y a veces engañosa, a periodistas “de confianza” en grandes cadenas. Este método logra varios objetivos a la vez: concede enorme credibilidad a la historia porque procede de una fuente que parece independiente; prueba las reacciones ante una política determinada antes de anunciarla oficialmente; dirige al público hacia una interpretación concreta de los acontecimientos; y permite a los responsables negar posteriormente lo filtrado si es necesario. Esta interdependencia orgánica entre la gran institución mediática y sus fuentes gubernamentales convierte al canal en plataforma de lanzamiento de señales y escenarios al servicio de la política exterior bajo la máscara de la “exclusiva periodística” y la “revelación de lo oculto”.

Las plataformas de redes sociales como brazos de inteligencia y psicológicos

El ascenso de Silicon Valley representa un salto cualitativo en la capacidad de Estados Unidos para controlar la narrativa mundial. Empresas como FacebookTwitterGoogle —YouTube— e Instagram no son simples plataformas comerciales, sino que se han convertido en infraestructura global del espacio público digital. El control estadounidense de esta infraestructura le concede capacidades que ninguna potencia imperial tuvo en la historia.

La primera de estas capacidades es el control de los algoritmos. Estos algoritmos, diseñados para maximizar la interacción y la recopilación de datos, determinan, de forma no intencionada o quizá intencionada, lo que ven los usuarios en todo el mundo. Diversas investigaciones han mostrado que tienden a amplificar el contenido emocional, polémico y divisivo. Cuando Washington apunta contra un Estado determinado, ciertos patrones de amplificación pueden empujar el contenido que llama a la desesperanza, la derrota y la división interna hacia la primera línea del escenario, mientras marginan el contenido que llama a la resistencia o al orgullo nacional. Esto no ocurre mediante una decisión política declarada, sino a través de la supuesta “neutralidad de la máquina”.

La segunda capacidad, y la más peligrosa, es la coordinación directa entre las plataformas y los aparatos del Estado. Las filtraciones de Edward Snowden en 2013 revelaron programas como PRISM, que conceden a la Agencia de Seguridad Nacional acceso directo a los servidores de los gigantes tecnológicos. Esta coordinación no se limita a la recopilación de información de inteligencia, sino que se extiende a las operaciones psicológicas. En el contexto de operaciones contra Irán, esta relación puede permitir filtrar contenidos, aplicar shadow banning a influencerspartidarios de Teherán y facilitar la difusión de cuentas falsas y redes de amplificación gestionadas por agencias de inteligencia, con el objetivo de inundar el espacio digital iraní y árabe con narrativas concretas sobre caos y derrota.

Esto se encarna claramente en el modelo de los “influencers fabricados”. Las agencias estadounidenses, mediante empresas pantalla y sitios web falsificados, construyen personajes digitales completos: periodistas, analistas políticos, activistas e incluso estudiantes. Estas personalidades son desarrolladas durante meses o años en plataformas como Twitter y Facebook para construir credibilidad y seguidores reales. Cuando estalla una crisis, se activa esta red para funcionar como una enorme cámara de eco que repite la narrativa requerida —por ejemplo, “el sistema iraní está a punto de colapsar”— mediante miles de tuits, análisis, imágenes fabricadas y vídeos sacados de contexto, creando una ilusión de impulso popular e incapacidad oficial. Estos ejércitos electrónicos, que el público cree voces independientes, son en realidad brazos sofisticados de la guerra psicológica.

Finalmente, aparece el papel de la manipulación diaria mediante tendencias y etiquetas —hashtags—. Los brazos cibernéticos pueden impulsar una etiqueta determinada, como #Irán_se_derrumba, hasta convertirla en tendencia mundial mediante actividad coordinada de cuentas automatizadas. Esta tendencia aparece ante millones de usuarios reales como expresión de una opinión pública orgánica, lo que los arrastra a participar en ella o, al menos, a creer que está ocurriendo un gran acontecimiento. Este círculo cerrado transforma el escenario fabricado en una realidad digital tangible que afecta a la moral del interior iraní y moldea las percepciones de inversores y diplomáticos en el exterior. Así, la plataforma se transforma de espacio de diálogo en arma estratégica para la ingeniería de la percepción colectiva en tiempos de guerra híbrida.

Fabricación de escenarios cambiantes y estrategia de guerra psicológica permanente

Arquitectura del escenario: de la construcción a la difusión

La esencia de la estrategia mediática estadounidense no reside en difundir una noticia o un análisis concreto, sino en crear lo que puede llamarse una “arquitectura del escenario”. Se trata de un proceso dinámico y continuo de construcción de una realidad paralela que se adapta a los acontecimientos y se pliega al servicio del objetivo estratégico final. Este proceso comienza en la “sala de escenarios” de los centros de investigación y agencias de inteligencia, donde se diseña un escenario principal, por ejemplo: “la presión máxima conduce al colapso interno del sistema”. Este escenario no es una mera orden de seguridad, sino un plan detallado alrededor del cual se construyen escenarios secundarios en permanente cambio. Si se producen protestas económicas, se difunde el escenario de la “revolución de los hambrientos”. Si estallan protestas femeninas, se difunde el escenario de la “insurrección de la libertad”. Si ambas coinciden, se fusionan en el escenario de la “gran insurrección nacional”. Esta adaptación constante garantiza que la narrativa permanezca viva e interactiva, y no sea simple propaganda rígida.

Tras diseñar el escenario llega la fase del “relleno humano”, es decir, el reclutamiento de agentes locales que encarnarán la narrativa. Estos no son necesariamente espías, sino investigadores, académicos, periodistas y analistas políticos; algunos actúan por convicción ideológica y otros mediante incentivos financieros o profesionales. Se los apoya con becas, estancias de investigación, invitaciones a congresos y subvenciones para escribir estudios alineados con el escenario requerido. Estas personas se convierten en los “testigos fiables” a los que acogen los medios. Cuando un analista de Teherán aparece en Iran International —financiada por Arabia Saudí y Estados Unidos, y emitida desde Londres— y habla con seguridad de inminentes deserciones en la Guardia Revolucionaria, no es un simple analista, sino un elemento activo en la encarnación del escenario de la “descomposición del sistema”. Esta capa de agentes concede a la narrativa un cuerpo humano y una credibilidad local que la propaganda estadounidense directa no podría ofrecer.

Para conferir un carácter científico y objetivo a estos escenarios, se los alimenta con “estadísticas fabricadas” y centros de investigación ficticios. De repente aparecen “centros de estudios” e “instituciones de sondeo” con nombres resonantes, que publican informes periódicos con cifras y estadísticas al servicio del escenario. Por ejemplo, pueden publicar un estudio que afirme que el 80% de las fuerzas armadas está dispuesto a desertar, o que la inflación ha alcanzado cifras astronómicas varias veces superiores a las estimaciones oficiales. Estos informes, diseñados profesionalmente, encuentran rápidamente su camino hacia los grandes medios, que los citan como pruebas concluyentes, y son difundidos en redes sociales como verdades aceptadas, creando una sólida base de “conocimiento” construida sobre arena.

Técnicas de difusión y generalización de la ilusión

Tras construir el escenario y reclutar a sus actores, llega la fase de difusión y distribución, sometida a técnicas específicas para maximizar el efecto psicológico. La primera de estas técnicas es la “confirmación de la gran mentira”: un método basado en difundir historias falsas a gran escala y de forma simultánea a través de múltiples plataformas hasta convertirlas en realidad social por la fuerza de la repetición. Cuando cinco canales por satélite, treinta cuentas de analistas y cientos de cuentas falsas difunden la misma historia fabricada sobre “la huida al extranjero de tal responsable”, el espectador, incluso si es escéptico, se encuentra rodeado por ese relato desde todos los lados, lo que finalmente lo empuja a aceptarlo como cierto o, al menos, a dudar del relato contrario.

La segunda de estas técnicas es el “acontecimiento falso”. En ocasiones, no basta con amplificar acontecimientos reales, sino que se fabrican acontecimientos completos. Pueden consistir en una grabación de audio manipulada —algo que se ha desarrollado enormemente en los últimos tiempos gracias a la inteligencia artificial—, un documento filtrado falsificado o una llamada telefónica preparada y filtrada. Pero lo más común es invertir en un pequeño acontecimiento real y amplificarlo hasta dimensiones míticas mediante multitudes en internet. Una pequeña manifestación de decenas de personas, si se filma con ángulos profesionales, se vincula a etiquetas mundiales y es cubierta por los medios por satélite como “noticia urgente”, se transforma en la percepción mundial en una “insurrección popular de millones”. Este acontecimiento falso se convierte en la noticia, y la negación del sistema se convierte en una prueba adicional, dentro del escenario preparado de antemano, de su “confusión y mentira”.

La tercera técnica, y la más sofisticada, se basa en explotar la cultura de la “sátira” y el entretenimiento político. La guerra psicológica ya no se presenta únicamente en serios boletines informativos, sino que se envuelve en formatos satíricos, memes y vídeos cortos en TikTok e Instagram. El diseño de estos materiales busca transformar cuestiones políticas complejas en una “broma” popular que se difunde a velocidad extraordinaria entre los jóvenes. Burlarse de un dirigente político o representarlo como una figura caricaturesca derrotada es un método más letal que cualquier informe informativo, porque esquiva la razón crítica y se instala en el inconsciente como verdad asumida. Aquí, cada joven que huye del aburrimiento se convierte en transmisor inconsciente de propaganda, participando en la profundización del sentimiento de desesperanza, abandono e insignificancia del Estado nacional.

Estudio de caso: Irán

La sinfonía de la guerra psicológica mediática

Diseño e ingeniería de la narrativa letal

Irán representa un objetivo central y continuo de una de las operaciones de guerra psicológica mediática más largas y extensas de la historia contemporánea. Desde la instauración de la Revolución Islámica en 1979, Irán se transformó en el “enemigo útil” que justifica la presencia militar estadounidense en la región y las ventas de armas a los clientes de Washington. Para comprender el mecanismo de control de la narrativa, es necesario analizar los escenarios cambiantes y continuos diseñados específicamente para Irán.

El primero de estos escenarios, y el más persistente, es el de “el sistema está a punto de colapsar”. Este escenario no es un simple juicio desiderativo, sino un marco integral que ha sido reproducido y actualizado durante décadas. En cada protesta, aunque sea de decenas de trabajadores con salarios atrasados, se desata la maquinaria mediática para promover la idea de que “este es el final”, que el sistema ha perdido su legitimidad y que todo el pueblo iraní se levanta. Se ignora el hecho de que protestas limitadas y reivindicativas ocurren en todos los países del mundo, y se aísla a Irán como caso excepcional de colapso inevitable. Este escenario no se siembra únicamente en los medios exteriores, sino que apunta a la moral interna de los iraníes mediante canales como Manoto e Iran International, para crear un sentimiento permanente de que viven en un Estado frágil y provisional.

En paralelo al escenario del colapso opera el escenario de la “división inevitable”, que se centra en destacar y esculpir fracturas dentro del sistema. Los análisis y escenarios inducidos promueven la idea de una grieta profunda entre el Guía Supremo y el Gobierno elegido, o entre la Guardia Revolucionaria y el ejército regular, o entre “conservadores” y “reformistas”. Cualquier diferencia natural de puntos de vista existente en cualquier Estado se amplifica hasta convertirse en “inminente conflicto sangriento”. Este escenario busca paralizar la capacidad de acción del sistema haciendo creer a sus adversarios y aliados que se trata de una entidad fragmentada y sin cohesión. En la práctica, la institución iraní ha demostrado repetidamente su capacidad para superar las diferencias internas frente a la amenaza externa, algo que estos escenarios nunca mencionan.

Para dotar a estos escenarios de un rostro humano, se activa el escenario de la “víctima ejemplar”. Se concentra intensamente la atención mediática en una historia individual, como una joven fallecida en circunstancias ambiguas —por ejemplo, el caso de Mahsa Amini—, la huida de un deportista o la deserción de un artista. Esta figura se transforma en símbolo universal de la represión del sistema. La cobertura mediática no se centra objetivamente en el caso, sino en convertirlo en mercancía y en icono dentro de la narrativa mayor. Esta amplificación de un solo acontecimiento, acompañada del silenciamiento completo de miles de historias similares en Estados aliados de Washington, revela la naturaleza instrumental de esa cobertura. El objetivo es activar la empatía mundial para crear un consenso moral, no para resolver el problema, sino para proporcionar cobertura a intervenciones y sanciones que aumentan el sufrimiento del propio pueblo.

Análisis de los mecanismos en las grandes crisis

En las protestas de noviembre de 2019, que se produjeron a raíz del aumento de los precios de la gasolina, la maquinaria mediática trabajó a plena capacidad. Mientras las autoridades iraníes cortaron internet para contener protestas que habían salido de su marco reivindicativo y para impedir su explotación desde el exterior, tanto por Estados Unidos como por Gran Bretaña, las plataformas y canales por satélite llevaron a cabo una operación de “auxilio digital”. Se proporcionaron dispositivos de comunicación por satélite a los manifestantes por parte de organizaciones vinculadas a la inteligencia occidental, y se activaron redes de cuentas falsas para difundir cientos de vídeos, algunos reales y otros procedentes de otros países, todos acompañados de etiquetas como #Levantamiento_de_Irán y #Revolución_del_pueblo. La cobertura se centró en fabricar escenarios como la “revolución de los hambrientos” o las “masacres de la Guardia Revolucionaria”, y se promovieron cifras astronómicas de muertos sin ninguna prueba. Los analistas que aparecían en pantalla, presentados como expertos, repetían de manera idéntica frases como “este es el golpe definitivo al sistema”. Cuando las protestas terminaron, esos canales no ofrecieron ninguna revisión ni disculpa por la información engañosa, sino que pasaron tranquilamente a adoptar el siguiente escenario.

Cuando fue asesinado el mártir Qasem Soleimani en 2020, el tono cambió por completo. Toda la maquinaria mediática promovió un nuevo escenario: el de la “victoria aplastante”. La operación fue presentada como un golpe de inteligencia y militar sin precedentes, que paralizó para siempre las capacidades de Irán y envió un mensaje de firmeza inolvidable. Analistas, presentadores de programas y editoriales de los grandes periódicos repitieron el mismo mensaje: “Irán ha terminado”, “el imperio iraní ha sido desmantelado”, “Irán ya no tiene presencia en la región”. Se ignoró el hecho de que la respuesta iraní mediante el bombardeo de la base de Ain al-Asad fue la mayor de su tipo contra fuerzas estadounidenses en décadas, y se presentó el anuncio de Teherán de que se había “vengado” como debilidad y flaqueza. Aquí, la maquinaria mediática trabajó para cerrar la brecha entre la realidad sobre el terreno y las exigencias del relato estadounidense victorioso, ignorando las complejidades estratégicas que produjo el acontecimiento.

En cuanto a las protestas de 2022, desencadenadas tras la muerte de Mahsa Amini, representaron la culminación del arte de gestionar y fabricar escenarios. Aquí se integraron los escenarios en una única sinfonía. El escenario de la “revolución de la libertad” —mujer, vida, libertad— se fusionó con el escenario del “colapso del sistema” y el escenario de la “represión salvaje de la Guardia”. La manipulación y la fabricación alcanzaron niveles de enorme complejidad. Canales como Iran International, gestionado por periodistas vinculados a organismos de inteligencia, se transformaron en una sala de operaciones mediática en directo, cubriendo las protestas minuto a minuto, acogiendo deserciones fabricadas y publicando coordenadas de fuerzas de seguridad como incitación a asesinarlas. Al mismo tiempo, las redes sociales pertenecientes a Silicon Valley violaron sus propias reglas de manera flagrante para amplificar el contenido contrario a la República Islámica. La agencia Reuters y otras instituciones observaron cómo plataformas como Facebook, Instagram y Twitter facilitaron de manera excepcional el discurso de odio y la llamada a la violencia contra el Estado iraní, algo que normalmente prohibían en otros contextos. Se creó un enorme acontecimiento mediático en el que el sufrimiento real de una mujer fue utilizado como palanca para aplicar un “escenario integral” extremadamente violento orientado a descomponer el Estado iraní.

Los objetivos estratégicos de la estrategia mediática

El objetivo final de esta guerra psicológica permanente no es solo cambiar ahora el sistema en Irán, sino algo mucho más amplio.

El primer objetivo es imponer una derrota psicológica permanente. Mediante el bombardeo diario con mensajes de desesperanza, abandono, corrupción, brutalidad y pérdida de fe en cualquier reforma, se busca transformar la sociedad iraní, viva y dinámica, en una masa frustrada y agotada que se rinda ante las sanciones y las dificultades económicas, y pierda la fe en su capacidad de resistir o de impulsar un cambio pacífico constructivo. La derrota aquí no es militar, sino una expropiación del espíritu nacional.

El segundo objetivo es trabajar para aislar moralmente a Irán con el fin de justificar las duras sanciones. La narrativa fabricada que presenta a Irán como Estado paria, exportador de terrorismo y represor de su pueblo se produce y exporta para proporcionar cobertura moral a sistemas de sanciones asfixiantes que destruyen la vida de millones de iraníes corrientes. Se convence a la opinión pública mundial de que las sanciones son una herramienta para “obligar al sistema a respetar los derechos humanos”, cuando en realidad forman parte de la estrategia de máxima presión destinada a empujar al sistema al colapso. Esta trágica paradoja no encuentra espacio en los medios dominantes.

El tercer objetivo es gestionar las percepciones regionales e internacionales. Las narrativas atacan la imagen realista de Irán como potencia regional ascendente. La difusión del escenario del “colapso del imperio iraní”, especialmente tras el asesinato del mártir Soleimani, no se dirigía solo a los iraníes, sino también a los aliados de Estados Unidos en el Golfo e Israel, para tranquilizarlos haciéndoles creer que Irán se encontraba en su punto más débil, y a los aliados de Irán en la región, para sembrar dudas sobre su capacidad de resistencia. Es una guerra de percepciones destinada a rediseñar mediáticamente el mapa de influencia como preludio de su rediseño sobre el terreno y en la política.

Desmontar la máquina: hacia una conciencia mediática crítica mundial

El recorrido por los mecanismos de la hegemonía mediática estadounidense, desde sus raíces históricas en la propaganda hasta sus manifestaciones digitales contemporáneas en la fabricación de escenarios y la gestión de la percepción, revela una verdad estratégica profunda: el control de la narrativa ya no es una simple herramienta auxiliar del poder, sino que se ha convertido en el poder mismo en el siglo actual. En un mundo que nada en información, la capacidad de crear realidad mediante la configuración de lo que la gente ve, lee y cree se convierte en el arma decisiva antes que los misiles y los ejércitos. El estudio del caso iraní ha mostrado que el objetivo no es informar, sino ejecutar un golpe perceptivo continuo mediante una sinfonía de escenarios cambiantes, influencers reclutados y acontecimientos falsos, con el fin de crear un pueblo psicológicamente derrotado y un sistema descompuesto en la imaginación mundial.

Sin embargo, comprender este mecanismo es el primer paso, y el más esencial, para desmontarlo. No se puede enfrentar el “cultivo” mediático sino mediante el desarrollo de una “inmunidad narrativa” nacional y mundial que comience con la educación mediática crítica de los individuos desde la infancia, la capacidad de desmontar el discurso y de formular las preguntas correctas: ¿quién dice esto?, ¿por qué lo dice ahora?, ¿qué es lo que no se dice?, ¿quién se beneficia de esta historia? Estas habilidades críticas son la piedra angular para construir un ciudadano digital que no muerda el anzuelo.

En el plano colectivo, debe invertirse en la construcción de plataformas y relatos independientes capaces de superar el monopolio estadounidense de la infraestructura digital. No se trata solo de exponer mentiras, sino de producir “contranarrativas ricas”, basadas en hechos y dignidad nacional, pero con formas artísticas y atractivas capaces de competir. Esto exige crear alianzas entre los Estados que se oponen a la arrogancia estadounidense para romper el monopolio de Silicon Valley sobre el espacio público electrónico y desarrollar protocolos de internet e infraestructuras que no estén sometidos al capricho de la Administración estadounidense ni a sus decisiones políticas.

En última instancia, la batalla por la conciencia es una batalla decisiva. La estrategia estadounidense de control de las plataformas mediáticas es un intento de secuestrar el futuro mediante el control del presente. La liberación de esta hegemonía no comienza con un satélite ni con una nueva plataforma, sino, primero, con un momento de conciencia: cuando el individuo mira detrás de la pantalla y pregunta: ¿quién mueve los hilos? Solo entonces comienza el derrumbe de las ilusiones y la derrota de la máquina.

Referencias

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  9. Muhammad al-Muhtadi, Irán en el punto de mira de la propaganda: análisis mediático de la guerra psicológica estadounidense. Teherán.
  10. Ghassan al-Atiya, El enemigo útil: Irán en los medios occidentales. Londres.
  11. Jalil Zayn al-Din, Los medios internacionales y la crisis iraní. Beirut.
  12. Tariq Jalaf, La fabricación del caos: redes de desinformación mediática contra Irán. Bagdad.

samedi 18 juillet 2026

La CIA derrière le djihadisme européen

 


Brésil: l'évangélisme fait perdre au foot

 

I want to highlight a fascinating observation by geopolitical analyst Elvin Calcaño. You can find his work on YouTube and X (links below), but I wanted to share this specific reflection in full:

In Brazil, they are attributing the decline of their national football team to the rise of evangelicalism. And I don’t find it far-fetched to think so. For the following reasons:

  1. Brazilian football had an identity rooted in the exuberance, festivity, and color of a culture born from the syncretism between Catholicism and religious imaginaries of African origin. When Brazil dominated the World Cups, its players would arrive at the stadiums singing samba and playing Afro-Brazilian drums. The game on the pitch was nothing more than an extension of the celebration. But that’s how it was when the players were Catholic and practitioners of Afro-Brazilian syncretism. Today, Brazil’s players are mostly evangelical. And evangelicalism, given its dispensationalist framework and closed eschatology, expels all forms of syncretism: of diversity. In other words, it kills the party football. The current players of the Brazilian national team arrive at matches praying... Now, playing the drums and invoking the saints of Afro-Brazilian syncretism is devil’s work. It’s very frowned upon. They’ve become sad, martial, and predictable. Both in their lives and on the pitch.

  2. In Catholicism, when one makes a mistake or things go badly, one must reflect and seek causes to improve. In evangelical eschatology, everything is already written. If they win the World Cup, it’s because God willed it so. And if they lose disastrously, as they are now, it’s because God’s times are perfect... Under such conditions, the player is never ultimately responsible for poor results. They seek to win and improve, but always thinking that whatever happens, everything is in God’s hands, who determines in advance what will happen.

  3. The evangelicalism that reaches Brazil (and the rest of Latin America) is individualist. It’s a religiosity that combines the Calvinist notion of individual effort as devotion to God with neopentecostal prosperity theology. The evangelical prioritizes the individual over the collective. Salvation is for each one. The Brazilian football of Pelé, Garrincha, Zico, Ronaldo, Romário, Rivaldo, and Ronaldinho (when Brazil was unbeatable on the pitch) had a deeply collective component, both in its tactical and aesthetic aspects. Something very difficult to cultivate today in evangelical players who see themselves as individual actors, each in pursuit of their private salvation.

  4. Evangelicalism is severe and punitive. While the Catholicism (syncretic) that prevailed in Brazil was open and nuanced. This fosters creativity and the search for different options. The Brazilian footballer of jogo bonito was above all creative. He saw closed matches as something to overcome by creating and inventing plays. Today, with evangelical players, the Brazilian national team looks predictable and unimaginative.

In short, I invite you to follow the debate underway in Brazil today regarding what they consider the harmful effects of evangelicalism on the identity of their football. Because that debate can be extrapolated to many other areas of that society. And, therefore, to any other Latin American country where evangelicalism has replaced the Catholic (syncretic) matrix as the majority religiosity. In the end, these discourses of hate, democratic hollowing-out, and destruction of the public that we see in our countries don’t come from nowhere.

It might be tempting to dismiss this as a trivial sports anecdote, but I would argue it is anything but. This cultural shift is a direct reflection of a much wider geopolitical process driven by US-led imperialist interference across Latin America and the Caribbean.

This ideological displacement did not happen by accident; it was structurally encouraged starting in the 1970s to counter the more socialist-oriented Catholic Liberation Theology that was rapidly gaining traction across the continent. From an imperialist perspective, this cultural engineering has been highly "successful," albeit to varying degrees depending on the country in question.

I explore this exact dynamic in my latest essay on the new Latin American Far-Right [worldlinesletter.substa…], but I also highly recommend this excellent episode by La Base Latinoamerica on the geopolitical role of evangelicalism in the region [youtube.com/watch?v=dir…]. And here are the links to Calcaño’s X (x.com/elvin_calcano24/s…) and YouTube channel (youtube.com/@ElvinCalca…).

mercredi 15 juillet 2026

El Núcleo del Sistema Financiero no es el Banco, es el Estado


El núcleo del sistema financiero NO es la creación de dinero, ni la generación de intereses; cualquier institución puede hacerlo, hasta supermercados. Ni los "mercados", lugar de compraventa masiva de productos, que son objeto de seguridad nacional y que están intervenidos por los estados. Es la Garantía y la Confianza de pago. Y estas solo las dan las armas.

Marcaros a fuego: El núcleo del sistema financiero es el "deber de pago" en "moneda legal" y el "cobro de deudas". No es el Banco, es el Estado.

El beneficio de la creación de dinero es inmediato, instantáneocrear dinero para otros es crear dinero para sí mismo. Es estúpidamente simple. La única condición para que este beneficio se realice es que haya una obligación efectiva de deber de pago, y para ello es indispensable un ejército, tome la forma que tome. 



Deber de Pago en Moneda Legal


El Deber de Pago en Moneda Legal (conocido simplemente como 'deber de pago' y malobviando la segunda parte, 'moneda legal', dos conceptos indisolubles), es la Obligación del deudor con un acreedor. La importancia de mencionar 'en una moneda legal' es necesaria. Las complicaciones de no definir el deber de pago son infinitas. Porque si no, la deuda se podría saldar con la ejecución de garantías, como los avales de las hipotecas. O con el uso de monedas no legales, no reguladas o no convenidas. O un conjunto variado de monedas. O productos financieros... 

Mientras que el deber de pago (identidad, integridad, tiempo y lugar de la obligación) lo puede establecer una institución privada, hoy en día el despliegue de una moneda legal solo la ejercen los Estados; por medio de  reglas comunes, leyes, y la coerción, que asegura el cobro de deudas en la moneda establecida.

Sin un "deber de pago" tendríamos una moneda fallida. Se podría, simplemente, no devolver un depósito o un crédito. Se podrían conceder indefinidos créditos sin tener que devolverlos (como sucede con los estados y sus instituciones, o las élites financieras). Llegaríamos a lugares absurdos como en la el billete del quintillon de dólares. Entre medias tendríamos las hiperinflaciones como la mítica de Weimar en 1923 o las más modernas de Rusia, Venezuela o Argentina o los QE iniciados por D. Trump en 2015. 

La "moneda legal" es la requerida por un estado para realizar sus intercambios. Sin una moneda legal, una persona con deudas simplemente podría escoger otra moneda para comerciar, acumulando deudas en varias divisas (como ya hacen las élites trasnacionales). O podría cambiar a su antojo los intereses de los préstamos (los prestamistas). O establecer garantías abusivas. O podría acaparar todo el dinero sin dejar nada disponible para el resto (como sucede con las criptmonedas). 

O podría crear su propia moneda, con sus propias reglas y sistemas, y solicitar el intercambio en la misma, llegando a crear contrapoderes, aspiración de las monedas sociales. 

El que la moneda sea legal es una garantía de intercambio en unas condiciones iguales para todos los usuarios y sujetas a fiscalización (verdad, justicia, reparación) y auditoría pública.


Cobro de Deudas


Para que este sistema de intercambios sea efectivo, para que no ocurran distorsiones como las mencionadas, para que se devuelvan deudas, se liquiden garantías, se eviten robos y fraudes..., es necesario un Sistema Organizado de Cobros Efectivo. Un sistema que de Garantías a los usuarios de mantener: el valor de su dinero, compras y ventas, intercambios, préstamos, deudas y depósitos. 

Nada de se esto sería posible si no se debiera pagar; lógico. Y a demás pagar de un modo Efectivo. Es decir, un sistema que reconozca los derechos de las partes, arbitre entre las mismas, corrija los errores y subsane problemas.

Un sistema de garantías se divide básicamente en:
- una parta que se encarga de lo administrativo: control/contabilidad, evaluación y arbitraje
- y otra parte de lo ejecutivo: intervención, cobro 

En la parte ejecutiva, una serie de funcionarios organizan los cobros voluntarios (por las buenas); los administrativos de la Hacienda y el Tesoro. O llamémoslo banca. Y otro, ejecutan las obligaciones de cobros (por las malas), Jueces y Policías; llamémolos ejército.
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Un Sistema sin igualdad ni justicia

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Obviamente, la clave de bóveda, el elemento principal del sistema entero es el ejército; porque es el garante último. 

Un sistema administrativo de cobros, justo, dinámico, eficaz, sin una fuerza que ejecute la obligación, no es garante del sistema porque no podrá hacer frente a los abusos. 

Un ejército que garantice pagos y cobros, aunque sean injustos (estén des-ajustados, sean desigualitarios o fraudulentos), sí es garante de un sistema, porque podrá imponer tanto la justicia como la arbitrariedad; aunque sea con infinitos problemas. Y lo sabemos empíricamente, por la práctica, porque vivimos en sistemas de esta naturaleza.
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La clave es el ejército

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Un EJÉRCITO (tome la forma que tome, militar, policial, paramilitar, parapolicial, irregular, miliciano...) es lo que hace efectivo el sistema y evita robos, estafas, timos y fraudes. Un sistema organizado (social y sistemático) con 3 características: está legitimado y está legalizado, y es coercitivo. 

Legitimado - significa que es reconocido y aceptado por la mayoría social. Esta legitimidad puede venir de la religión, del terror violento o del contrato social. Un ejército ilegítimo, no elegido o no reconocido por las partes (ejército de ocupación, dictatorial,  paraejércitos, cárteles, bandas, sectas, facciones y guerrillas, etc...), será constantemente cuestionado, retado, hasta el punto de la confrontación disruptiva de convivencia; Guerra.

Legalizado - significa que se ajusta a un cuerpo normativo. Es decir, que las premisas de sus acuerdos se cumplen. Un ejército no legal, ilegal o alegal puede estar legitimado, pero no puede ser garante de intercambios, si no se ajusta a alguna legalidad. Será por definición arbitrario y no dará confianza. Será constantemente evitado.

Coercitivo - significa que usa la fuerza para obligar. Sin una fuerza coercitiva que asegure el cobro de deudas y evite delitos, no hay deber de pago ni moneda viable. Es la Garantía tras el préstamo, el argumento de confianza. Un ejército legal y legítimo que no puede hacer efectivo el cobro de deudas ni evitar robos, hurtos y abusos, no podrá establecer un deber de pago ni una moneda de curso legal... perderá confianza y será constantemente evitado. Esta es una de las razones de por qué fracasan constantemente las monedas sociales (no pueden hacer efectivo el cobro), o las criptomonedas (no evitan el delito). También de por qué fracasan las monedas nacionales de las periferias frente a la de la metrópoli: las perifericas no puede hacer frente a los abusos de las metrópoli.

Curiosamente tanto la soberanía del Estado, como las finanzas, tienen el mismo garante: el ejército.

El Beneficio de la creación de moneda


Puede haber muchas consideraciones, pero la forma más fácil de entender la creación de moneda y explicar, tanto su funcionamiento como sus características, es entenderla como mercancía: el dinero es un producto que se compra y se vende (a un precio, por supuesto). Tal es así que la deriva histórica ha llevado a las monedas, de estar referenciadas a patrones, como el oro, o el petróleo, a estar autorreferenciadas, es decir, autogeneradas y con valor intrínseco como notaciones contables de deuda-crédito, como explica la Teoría Monetaria Moderna. La divisa, dinero, moneda, tokens, criptos, lo llaméis como lo llaméis y tome la forma que tome; se convierte en un ente abstracto, un producto de la mente.

Como buen producto, se establece una competencia entre sus productores por ver quién ocupa el mercado. Las monedas compiten por la hegemonía mundial. En el plano internacional, las monedas hegemónicas se consideran monedas de Reserva. Actualmente, el Monopolio de la Reserva Mundial del Dólar es tal que supone el 60% de intercambios internacionales. También lo fueron el denario romano, el sólidus, dinar árabe, real de a ocho español, la libra esterlina, etc... 


Conclusiones


El núcleo del sistema financiero es el "deber de pago" en "moneda legal" y el "cobro de deudas". No es el Banco, es el Estado.

La gestión de deudas requiere de la existencia de un sistema organizado de contabilidad y cobros.

Para que un sistema financiero funcione, no es necesaria la equidad ni la justicia, pero sí la capacidad de coerción, de imposición de una norma.

El ejército, en sus múltiples formas, es el garante último del sistema financiero.

El beneficio de la creación de moneda es inmediato, y este privilegio será defendido con cañones.

La verdadera transmutación alquímica de los elementos es la transformación del plomo de los fusiles en el oro de la banca.

Como buen producto de la mente, el dinero puede llevar a la locura.

Salud! PHkl/tctca

Le « soft power à la sauce américaine » se déverse sur la Chine

par Elisabeth Martens, le 3 juin 2026

Le bouddhisme tibétain et le sionisme chrétien semblent être deux idéologies opposées : le sionisme chrétien est un mouvement monothéiste et biblique, tandis que le bouddhisme tibétain possède sa propre cosmologie où foisonnent un grand nombre de divinités plus ou moins compatissantes ou plus ou moins effrayantes. Cependant, sur les plans historique, politique et philosophique, il existe une connivence entre ces deux mouvements religieux. Tous deux sont liés à une politique conservatrice et soutenus par des puissants lobbies étasuniens dans un but de déstabilisation de la Chine.

 

Un professeur à l’université chinoise de Hong Kong et à l'université de Groningen aux Pays-Bas nous met en garde : « L’empire (ici, l'impérialisme occidental, ndlr) ne débarque pas qu’à grand renfort de canons. Il s’installe de manière plus insidieuse, avec des chants religieux. Il arrive vêtu de la soutane du missionnaire, chaussé des souliers cirés du philanthrope, avec la douce voix du professeur étranger, le sourire du pasteur qui vous assure que votre souffrance est sacrée et que votre asservissement relève du divin. La baïonnette mutile le corps. L’endoctrinement meurtrit l’âme. Et c’est cette seconde blessure qui perdure à travers les générations. » (1)

de l'article de Karim Bettache :  https://ssofidelis.substack.com/p/le-sionisme-chretien-sattaque-a-lesprit
de l'article sur BettBeat Media: https://ssofidelis.substack.com/p/le-sionisme-chretien-sattaque-a-lesprit

Le professeur K., enseignant la psychologie sociale et politique en Chine depuis seize ans, observe avec sidération la montée du sionisme chrétien et parle d'un basculement qui s'opère actuellement en Chine : « D'abord l'installation sournoise du sionisme chrétien, ensuite, parée de drapeaux et de prophéties, c’est toute la structure de l’empire américain qui s’impose ». Mais K. oublierait-il que la Chine a déjà dû faire face à d'autres moyens pernicieux déployés par les États-Unis pour la déstabiliser ? Plusieurs exemples peuvent être cités où le « soft power à la sauce américaine » s'immisce dans les structures sociales et dans l'inconscient collectif chinois en vue de déstabiliser le PCC (Parti communiste chinois).

 

Quelques exemples du  « soft power » étasunien attaquant la Chine

Le bouddhisme tibétain est un exemple ancien de cette pratique étasunienne. Depuis plus de 60 ans, la CIA qui, suite aux scandales qui l'ont touchée dans les années 1970, sera suivie du NED, a « embauché » le dalaï-lama et son haut clergé tibétain exilé pour renverser les mouvements de gauche en Occident, trop tenaces aux yeux de Washington, et les diriger contre le communisme asiatique, en particulier, contre le PCC. De nombreuses études universitaires ont été publiées démontrant que le « génocide » du peuple tibétain, puis de la culture tibétaine, est le fruit d'une vaste propagande dont la logistique et les finances sont soutenues par le Congrès américain. Cette propagande s'est concrétisée à travers l'International Campaign for Tibet (ICT), un réseau international dont nous connaissons les branches « Free Tibet ». L'équipe du tibétologue Melvyn Goldstein est la référence principale concernant la sombre histoire du Tibet au 20ème siècle (2). Mais il existe bien d'autres publications qui sont venues appuyer les recherches de cette équipe universitaire, entre autres les nombreux articles qui sont consacrés à cette propagande étasunienne publiés sur notre site tibetdoc.org. (3)

 

 
 

 

L'islam pratiqué par 12 millions de Ouïghours dans la Région autonome du Xinjiang est un autre exemple de manipulation médiatique dont certains rouages peuvent être comparés au précédent. Ici aussi, des études montrent que la « persécution » des Ouïghours par le gouvernement chinois est une fake news lancée par un Senior Fellow, Adrian Zenz. Arrivé aux États-Unis, ce dernier a rejoint les rangs des Évangélistes fondamentalistes les plus radicaux. En tant que « born again », il et a été nommé directeur de la section Chine à la Victims of Communism Memorial Foundation, un think-tank anticommuniste créé par le gouvernement étasunien en 1993. Sa « mission divine » était de détruire le PCC (dixit Zenz lui-même) en accumulant de fausses preuves et de faux témoignages concernant les « exactions » du PCC contre les Ouïghours. Un réseau international soutenu par le Congrès américain s'est organisé autour du World Uyghur Congress (WUC), de la même manière que ce fut le cas pour le Tibet avec l'ICT. (4)

 

 
 

 

 

Un autre exemple d'actualité est le soutien des États-Unis à la secte chinoise du Falun Gong. À l'instar de l'ICT et du WUC, le Falun Gong sert aussi un dessein politique sous facette spirituelle. Créée par Li Hongzhi en 1992, la secte a affiché dès le départ une « spiritualité » mêlant bouddhisme et taoïsme. C'était un moyen habile pour rassembler un grand nombre d’adhérents chinois autour d’un objectif de déstabilisation politique. Si au départ, il s'agissait d'élever les Chinois contre leur propre gouvernement, la secte a rapidement atteint une envergure internationale grâce à ses tracts « toutes boîtes » et à son périodique The Epoch Times. Selon Wikipédia, « le journal est disponible en 21 langues et a une distribution de 1,315 million d'exemplaires par semaine dans 35 pays différents.

En plus d’une distribution presse au niveau mondial, The Epoch Times est également disponible en 21 langues sur l'Internet pour un cumul total de 49,7 millions de pages vues par mois, 7,797 millions de visites par mois et 4,737 millions de visiteurs uniques ». La troupe de danse « Shen Yun » est la représentation laïque du Falun Gong. Elle parcourt le monde avec des spectacles grandioses où le credo anti-PCC est explicitement exprimé. (5)

L'exemple du sionisme chrétien cité par le professeur K. n'est pas un phénomène nouveau en Chine, mais il a pris une ampleur considérable ces vingt dernières années. (1) À la différence des trois exemples précédents (bouddhisme tibétain, Islam et Falun Gong) où l'intervention étasunienne n'est un secret pour personne (sauf les plus naïfs ou les moins informés), le sionisme chrétien est soutenu par les États-Unis de manière détournée en Chine. Il attaque la Chine de l'intérieur et entend détruire le PCC comme un ver qui grignote une pomme par son cœur. On peut se demander de quelle manière puisque le gouvernement chinois est particulièrement attentif aux faits et gestes de ses institutions religieuses. C'est ce que cet article tente de montrer.

 

Qu'est-ce que le sionisme chrétien actuellement ?

Mais d'abord, qu'est devenu le sionisme chrétien au cours du 20ème siècle ?

Après la création de l'État d'Israël en 1948, et surtout après la guerre des Six Jours en 1967 (perçue comme un miracle prophétique), le sionisme s'est transformé en une force géopolitique majeure. Pour que se réalisent les buts prophétiques — le rassemblement de tous les Juifs en « Terre sainte » (pour rappel, il s'agit de la Palestine historique) — et les buts théologiques — l'alliance éternelle entre Dieu et les peuples juifs répartis dans le monde —, il fallait que les autorités d'Israël influencent la géopolitique mondiale. Elles ont donc organisé un lobbying actif, notamment auprès du gouvernement étatsunien pour garantir une aide militaire, financière et diplomatique à Israël, et pour s'opposer fermement à toute solution à deux États (Palestine - Israël) ou à toute concession territoriale aux Palestiniens.

C'est dans ce but que le sionisme s'est allié aux chrétiens fondamentalistes, les évangéliques. Ceux-ci, très nombreux aux États-Unis, espèrent le retour du Christ en « Terre sainte ». Afin d'accélérer le processus, les évangéliques soutiennent massivement l'État d'Israël. Les sionistes et les évangéliques ont donc un objectif politique commun : la défense et le renforcement de l'État d'Israël. Cette alliance constitue le sionisme chrétien. Bien que ce mouvement existe partout dans le monde, son poids politique est phénoménal aux États-Unis où les évangéliques blancs représentent une base électorale clé du Parti républicain.

Le sionisme chrétien s'exprime à travers de puissantes structures de lobbying. L'une d'elles est le CUFI (Christians United for Israel), fondé par le pasteur John Hagee en 2006. C'est le plus grand lobby pro-israélien aux États-Unis, comptant plus de 10 millions de membres. L'autre est l'ICEJ (Ambassade chrétienne internationale de Jérusalem). Fondée en 1980 à Jérusalem, elle représente les intérêts des sionistes chrétiens du monde entier et finance l'immigration de milliers de Juifs vers Israël. Actuellement, les leaders politiques du sionisme chrétien s'allient avec le gouvernement israélien (de droite nationaliste) sur la base d'intérêts géopolitiques et économiques. Grâce à leurs lobbies, ils ont le pouvoir d'influencer et de modifier la politique étrangère des pays occidentaux, en particulier celle de Washington. (6)

 

Le sionisme chrétien en Chine

Cependant, les leaders du sionisme chrétien n'ont pas le pouvoir de modifier directement la politique étrangère de Pékin. Ils agissent donc de manière indirecte en détournant, à partir de l'étranger, l'identité des quelque 100 millions de chrétiens chinois. Ceux-ci sont canalisés vers les églises évangéliques de Chine, et le soutien à Israël devient un élément central de leur foi. Ces nouveaux sionistes chrétiens chinois viennent grossir les rangs du mouvement international.

Mais y a-t-il des chrétiens et des juifs en Chine ? D'où viennent-ils ?

L'implantation la plus ancienne d'une communauté juive en Chine remonte à la dynastie Song (entre 960 et 1127 après J.-C.). Des marchands juifs venus de Perse ou de l'Empire byzantin par la Route de la Soie se sont installés durablement à Kaifeng (province du Henan). Ils y ont construit une première synagogue. Actuellement, ils ne sont plus qu'un petit millier. Il faut y ajouter les juifs des « habad » (ou « chabad »), des communautés juives dispersées dans les grands villes chinoises (Shanghai, Pékin, Hong Kong, Shenzhen). Les habad fonctionnent comme un réseau international d'entraide, une immense structure d'accueil pour tous les juifs du monde, quel que soit leur niveau de pratique. En Chine, ils sont plusieurs milliers. Ce sont des hommes d'affaires, des diplomates ou des étudiants occidentaux qui font vivre ces centres communautaires contemporains, sans avoir de lien historique avec la Chine. (7)

Quant au christianisme, il est entré en Chine sous sa forme nestorienne durant la dynastie Tang (entre 618 à 907 après J.-C ), très réceptive aux nouveaux courants de pensée. Puis le christianisme s'est répandu par vagues successives : les franciscains au 13ème siècle, les jésuites au 16ème siècle, puis le protestantisme au 19ème siècle arrive dans les bagages des puissances coloniales occidentales lors des guerres de l'opium, jusqu'au succès actuel des protestants évangéliques. Portée par une population locale urbaine et jeune, c'est aujourd’hui l'une des dynamiques religieuses les plus marquantes du pays. Le catholicisme représente seulement 20% des chrétiens chinois, le protestantisme recouvre les 80% restants dont la très grande majorité est d'obédience évangélique. Le protestantisme chinois se partage en un réseau officiel qui compte 30 à 40 millions de fidèles, et un réseau clandestin nommé les « Églises de maison ». Malgré une surveillance rapprochée, les Églises de maison regroupent entre 30 et 50 millions de fidèles (selon les estimations). (8)

Les deux ingrédients du sionisme chrétien - d'une part les communautés juives, et d'autre part les communautés évangéliques - sont présents et actifs en Chine et, à mesure que le christianisme évangélique se développe, le sionisme chrétien chinois progresse.

Cependant, en raison du contexte politique et culturel chinois, le sionisme chrétien y prend des formes très différentes de celles que l'on observe aux États-Unis où il s'affiche comme une « théo-politique à ciel ouvert ». Là-bas, il s'agit d'une alliance où la théologie fondamentaliste des uns (les évangéliques américains qui voient dans le sionisme l'accomplissement possible des prophéties bibliques) sert la géopolitique des autres (les dirigeants d'Israël et des États-Unis qui y trouvent un intérêt économique commun et un potentiel électoral mutuel).

 

Le mouvement du « Retour à Jérusalem »

En Chine, les Églises officielles sont encadrées et contrôlées par les autorités. Le sionisme chrétien a dû emprunter une porte dérobée, déjà entrouverte dans les années 1920 et 1940. C'est à cette époque qu'est né le mouvement du « Retour à Jérusalem » (Back to Jerusalem ou Chuan Hui Yelusaleng en chinois) au sein de groupes chrétiens indigènes. Ces chrétiens chinois avaient constaté sur la carte du monde que l'Évangile, parti de Jérusalem, s'était propagé vers l'Europe, puis vers les Amériques, et enfin vers l'Asie et la Chine. Ils en ont conclu que la Chine était la « dernière étape » de cette course de relais mondiale et que, désormais, c'était au tour des Chinois de porter le flambeau pour achever la boucle.

En 1949, lors de l'arrivée au pouvoir de Mao Zedong, les leaders du « Retour à Jérusalem » ont été envoyés dans les laogai (les camps de travail). Mais la vision du mouvement n'est pas morte pour autant : elle s'est transmise secrètement dans les prisons et les « Églises de maison » (les églises chrétiennes clandestines). Jusqu'aux années 1990, les chrétiens de ces Églises de maison étaient majoritairement des paysans pauvres et peu éduqués des zones rurales. Au début des années 2000, lorsque les dirigeants du « Retour à Jérusalem » ont repris contact avec l'Occident, le cœur du mouvement s'est peu à peu déplacé vers les villes et les élites intellectuelles. (9)

C'est ainsi que la Chine compte à présent de nombreux leaders du mouvement du « Retour à Jérusalem » parmi les universitaires, avocats, médecins, ingénieurs, etc. Ces chrétiens fervents transmettent une théologie ouvertement pro-Israël. Des professeurs d'université utilisent leur statut pour introduire l'histoire biblique dans leurs cours de philosophie ou d'histoire, agissant comme des « missionnaires de l'intérieur » au risque de se faire licencier ou rétrograder. Il en va de même pour des avocats et des médecins « aux pieds nus » (des groupes organisés de bénévoles) vis-à-vis de leur clientèle ou de leur patientèle.

Le mouvement du « Retour à Jérusalem » sur Instagram
Le mouvement du « Retour à Jérusalem » sur Instagram

La puissance financière nécessaire au développement du sionisme chrétien chinois provient majoritairement d'entrepreneurs fortunés de Wenzhou (dans la province du Zhejiang), la ville chinoise qui compte la plus forte proportion de chrétiens. Selon les estimations, entre 11% et 15% de sa population est chrétienne (principalement protestante évangélique), ce qui est énorme à l'échelle de la Chine où la moyenne nationale tourne autour de 3% à 5%. Wenzhou, surnommée la « Jérusalem d'Orient », est parsemée de centaines d'églises, souvent surmontées de grandes croix rouges très visibles dans le paysage urbain. Les « Chefs d'entreprise de Wenzhou » gèrent leurs usines selon des principes bibliques et créent des réseaux d'affaires chrétiens avec l'étranger. Ils financent des écoles théologiques clandestines, achètent du matériel de haute technologie pour les missionnaires chinois dans des régions du Moyen-Orient convoitées par Israël et Washington pour leurs ressources énergétiques. (10)

Une basilique à Wenzhou
Une basilique à Wenzhou

Le retour des « tortues de mer »

Le sionisme chrétien chinois a massivement investi les professions libérales, intellectuelles et économiques de premier plan en Chine. Ce sont des « élites de l'ombre » qui structurent, protègent et financent la version moderne du « Retour à Jérusalem » et envoient des missionnaires au Moyen-Orient.

Mais d'où viennent ces élites chinoises de l'ombre ?

« Depuis une vingtaine d'années, la Chine envoie ses plus brillants éléments vers l’Ouest pour qu’ils s’y perfectionnent — à Harvard, Yale, Princeton ou à la LSE (la London School of Economic) — et les livre, tout sourire, aux rouages mêmes de l’impérialisme étasunien. », écrit le professeur K.(1). Lorsqu'ils arrivent dans les universités occidentales (étasuniennes, canadiennes, britanniques ou australiennes), ces étudiants subissent un choc culturel et traversent une période de grand isolement. Les églises évangéliques locales (souvent sino-américaines ou sino-britanniques) ont fondé des centres d'accueil qui leur offrent de l'aide pour s'installer, des repas gratuits, des cours d'anglais et un véritable esprit de famille. Libérés du contrôle idéologique du Parti communiste et de la pression familiale, ces jeunes intellectuels découvrent une autre manière de vivre et de penser. Beaucoup trouvent dans la foi évangélique des réponses existentielles que le matérialisme philosophique chinois ne leur offrait pas. Cela explique pourquoi, dans certaines universités américaines, le taux de conversion au christianisme évangélique parmi les étudiants chinois a été particulièrement élevé au cours des deux dernières décennies. (11)

Revenant au pays avec leurs diplômes occidentaux en poche et parlant couramment l'anglais, ces « haigui » (ou « tortues de mer ») obtiennent des postes élevés dans la high tech, l'industrie 4.0, l'I.A., la finance, le conseil ou les universités. Les diplômés convertis reviennent ainsi comme des « haigui chrétiens » et se transforment en missionnaires ou en piliers logistiques pour le mouvement du « Retour à Jérusalem ». Ils possèdent un avantage certain : ils comprennent la mentalité occidentale (ce qui leur permet de collaborer facilement avec les agences missionnaires et les réseaux sionistes chrétiens américains ou européens) tout en restant chinois. Ce sont eux qui traduisent les manuels de formation théologique, gèrent les communications cryptées des réseaux clandestins et conçoivent des applications sécurisées pour les missionnaires sur le terrain.

Les Haigui chrétiens incarnent la rupture définitive avec l'ancienne image du christianisme chinois rural. Aujourd'hui, le missionnaire chinois qui « retourne à Jérusalem » ou qui finance la mission du sionisme chrétien est souvent un jeune ingénieur diplômé de Stanford, de l'Imperial College de Londres ou d'une grande université canadienne. « Le sionisme chrétien est le sacerdoce de l’empire actuel. Il se propage au sein de l’Église asiatique avec patience et sophistication, pour notre plus grande peur. Il ne cherche pas à convertir la Chine. Il n’a besoin que d’une avant-garde — issue de la classe moyenne, éduquée, bien informée et convaincue qu’aimer Israël, c’est aimer l’avenir. », prévient le professeur K. (1).

« Chine : davantage de chrétiens que de communistes
« Chine : davantage de chrétiens que de communistes" titre Reinformation.TV

 

Conversion de la « fenêtre 10/40 »

Les chrétiens chinois du « Retour à Jérusalem » estiment que l'Occident a échoué dans l'évangélisation de la « fenêtre 10/40 ». Cette zone géographique, située entre les latitudes 10 et 40 degrés Nord, abrite la majorité des populations musulmanes, bouddhistes et hindouistes de la planète. Forts de leur expérience de l'expatriation, les « Haigui chrétiens bien éduqués » ont le profil parfait pour le mouvement missionnaire. Pour eux, l'étape suivante de leur foi est de repartir, non plus pour étudier, mais pour convertir les populations locales le long des Routes de la Soie, en direction de Jérusalem.

Des milliers de missionnaires chinois sont envoyés vers le Pakistan, l'Afghanistan, l'Iran, l'Irak ou la Turquie. Arrivés sur place, ils ne se présentent jamais comme des religieux, mais s'insèrent comme commerçants, ouvriers du bâtiment, restaurateurs ou professeurs de mandarin, profitant de la forte présence économique de la Chine à l'étranger. Habitués à vivre leur foi dans la clandestinité, beaucoup partent en sachant qu'ils risquent la prison ou la mort, considérant ce sacrifice comme un honneur pour leur foi. (12)

L'Évangile doit traverser la « fenêtre 10/40 » pour retourner à Jérusalem ; or l'infrastructure physique des « Nouvelles Routes de la Soie » (Belt and Road Initiative ou BRI) sert littéralement de support logistique à cette prophétie. On constate une utilisation paradoxale des routes, rails, ports de la BRI : pendant que le président Xi Jinping y déploie ses efforts en vue d'étendre l'influence économique de Pékin à travers l'Asie centrale, le Moyen-Orient et l'Europe et de relier ces différentes contrées, le mouvement du « Retour à Jérusalem » envoie des missionnaires clandestins sous couverture professionnelle vers ces zones hautement sensibles. Cela ne peut que conforter les lobbies israéliens et américains qui y sont basés.

Toutefois, ces missions évangéliques interfèrent avec la diplomatie officielle chinoise, historiquement pro-palestinienne et pro-arabe. La Chine soutient la « solution à deux États » : la création d'un État palestinien indépendant et pleinement souverain, sur la base des frontières de 1967 (avant la guerre des Six Jours), coexistant pacifiquement aux côtés d'Israël. (13)

Ce n'est pas pour autant que la Chine a rompu ses relations commerciales avec Israël. Pour défendre ses intérêts économiques, Pékin compte sur des canaux d'influence et des réseaux d'affinités que l'on peut qualifier d'acteurs pro-israéliens ou, en tous cas, favorables à de bonnes relations avec Israël. Parmi ces réseaux d'influence, on peut noter les milieux d'affaires et les universités technologiques chinoises qui admirent le modèle israélien en matière de recherche, d'intelligence artificielle, d'agriculture de pointe et de gestion de l'eau. De grands conglomérats chinois (comme Alibaba) et des universités de premier plan ont investi des milliards dans des centres de recherche en Israël ou ont invité ces centres israéliens à s'implanter en Chine (le Technion de Haïfa a par exemple ouvert un campus en Chine) (14). Les cercles économiques chinois poussent constamment le gouvernement à scinder la politique (où Pékin critique Israël à l'ONU) et les affaires (où le commerce bilatéral continue de se chiffrer en dizaines de milliards de dollars).

« Guangdong Technion-Israel Institute of Technology has made breakthroughs in applying for the National Natural Science Foundation of China »
« Guangdong Technion-Israel Institute of Technology has made breakthroughs in applying for the National Natural Science Foundation of China »

Dans la culture populaire chinoise, il existe un capital de sympathie envers les populations juives : ces deux civilisations ancestrales seraient « douées pour les affaires et l'éducation ». Les diplomates chinois pro-israéliens utilisent activement ce narratif pour maintenir une image positive d'Israël au sein de la société civile et des médias d'État chinois. Quant aux diplomates israéliens et aux associations d'amitié sino-israéliennes, ils rappellent régulièrement que la Chine a sauvé 20.000 Juifs pendant la Seconde Guerre mondiale. (15)

Même si les chrétiens évangéliques de Chine (majoritairement en faveur d'Israël) n'ont pas le droit de s'organiser pour défendre leur opinion politique ou pour influencer la politique étrangère du pays, l'existence d'une avant-garde du sionisme chrétien et la présence de plus en plus prononcée des évangéliques dans le pays est un soutien important aux réseaux d'influence pro-israéliens.

 

Réaction de la Chine

Il est certain que, depuis le début du millénaire, la Chine connaît un regain de ses religions. En réaction, le PCC serre la vis et maintient les institutions religieuses sous surveillance tout en limitant les intrications (inévitables) entre le religieux et le politique. Lorsqu’une religion devient un contre-pouvoir et menace la stabilité du pays, une interdiction pure et simple n’est jamais longue à tomber, histoire de remettre la rebelle à sa place.

Cette surveillance n'est pas nouvelle : depuis l’époque des Han (au début de notre ère), la Chine autorise les pratiques religieuses, mais sévit dès qu'une institution dépasse ses fonctions et se sert du discours spirituel pour véhiculer implicitement un message politique. Pour ce faire, elle a créé un « Bureau des Affaires religieuses » dont la fonction est de contrôler les faits et gestes des institutions religieuses, quelle que soit leur obédience (taoïste, bouddhiste, musulmane, chrétienne, etc.). Le PCC a continué sur la même lancée : l'article 36 de la Constitution chinoise autorise chaque citoyen à choisir sa ou ses religions et à pratiquer les cultes qui y correspondent. Ce même article précise toutefois « qu'aucun individu ne peut utiliser la religion aux fins de troubler l’ordre social, la santé des citoyens ou de nuire au système éducatif de l’État. » (16) Cela vise directement l’Occident (États-Unis en tête), toujours prompt à se servir des religions en vue de déstabiliser le gouvernement chinois.

C’est d'ailleurs ce que reproche le PCC au dalaï-lama qui lui a clairement fait savoir que s'il s'abstenait de toute ingérence politique, il serait à nouveau le bienvenu en Chine (17). Le dalaï-lama a officiellement pris sa retraite en tant que chef du gouvernement tibétain en exil en 2011, mais ce n'est pas pour autant qu'il n'intervient plus dans les décisions politiques ni qu'il a rompu ses contacts avec le gouvernement étasunien. En juin 2016, Barack Obama l'a encore reçu à la Maison-Blanche (c'était leur quatrième rencontre). Par ailleurs, la communauté tibétaine en exil et l'ICT continuent d'être subventionnées ouvertement par le Congrès américain. (18)

le Dalaï-lama et Barack Obama en 2016
le Dalaï-lama et Barack Obama en 2016

La France qui, depuis la loi de 1905, se drape dans sa laïcité et dans sa sacro-sainte séparation de l'Église et de l'État, est la première à se scandaliser du contrôle que la Chine exerce sur ses religions. Elle qualifie ce système de « bonapartiste ». N'avoue-t-elle pas par là qu'elle conçoit le communisme chinois comme une sorte de religion d'État officielle, utilisée comme un outil de contrôle social et politique? Elle n'a donc pas compris que le communisme, contrairement à une religion ou à un dogme, naît de la pratique sociale, que le communisme réel est en constante évolution et s'adapte aux besoins des populations. Le PCC intègre d'ailleurs les représentants des cinq religions officielles (bouddhisme, taoïsme, islam, catholicisme, protestantisme) dans l'appareil législatif et consultatif de l'État. Les imams, les lamas tibétains et les évêques officiels chinois siègent en tenue traditionnelle à la Conférence consultative politique du peuple chinois (CCPCC) pour conseiller le gouvernement et afficher l'unité nationale. (19) La position des évêques officiels chinois vis-à-vis des sionistes chrétiens est sans équivoque : ils le condamnent à la fois sur le plan théologique (en tant que catholiques face à un courant évangélique) et sur le plan politique (en tant que fonctionnaires religieux tenus de protéger la Chine contre l'ingérence culturelle et politique des États-Unis.

La France ou l'Union européenne peuvent-elles également prétendre intégrer l'avis des représentants religieux à leurs décisions, alors qu'elles ne supportent déjà pas de voir une employée de bureau de poste porter le voile ?

Si le contrôle des institutions religieuses est effectif depuis deux millénaires en Chine, c’est parce que les autorités chinoises sont profondément conscientes du pouvoir des religions sur les populations de leur pays. L'avant-garde du sionisme chrétien qui grignote petit à petit la classe moyenne intellectuelle de la Chine, parviendra-t-elle à faire basculer la mentalité chinoise au point d'engloutir son cœur battant ? La Chine a-t-elle vraiment besoin des sciences humaines pour renforcer son système immunitaire face à l'emprise du soft power étasunien ? C'est ce que prétend le professeur K. dans son article. (1) Pour lui répondre, un prochain article comparera la « mentalité » étasunienne à la « mentalité » chinoise, mais gageons déjà que le PCC ne laissera ni le sionisme chrétien ni la structure de l'impérialisme occidental phagocyter les âmes chinoises.

 

Sources:

  1. https://ssofidelis.substack.com/p/le-sionisme-chretien-sattaque-a-lesprit
  2. ouvrages de Melvyn Goldstein disponibles en français : Le lion des neiges et le dragon : La Chine, le Tibet et le dalaï-lama (Éditions Autrement, 2000) et « Mon combat pour un Tibet moderne, récit de vie de Tashi Tsering », traduit en fraçais par André Lacroix
  3. livres dans la marge de droite sur le site tibetdoc.org ;articles dans les rubriques suivantes : http://www.tibetdoc.org/index.php/histoire/20eme-siecle ; http://www.tibetdoc.org/index.php/politique/exil-et-dalai-lama ; http://www.tibetdoc.org/index.php/politique/mediatisation ; etc.
  4. Autry, J. (2019). "The Right-Wing Evangelist Behind the Xinjiang 'Genocide' Accusations". The Grayzone (21 décembre 2019) ; Singh, Ajit. (2020). "Challenging the Data: Adrian Zenz's Xinjiang Reports Under the Microscope". International Review of Modern Sociology ; MaximeVivas, "Ouïghours : pour en finir avec les fake news" aux éditions de la Route de la soie, 2020 ; Elisabeth Martens, « Des Ouïghours sur la route de la soie », éd. Delga 2025
  5. Pfeiffer, S. (2010). "US funds group tied to Falun Gong". The Boston Globe (13 mai 2010) ; Roose, K. (2020). "How The Epoch Times Created a Giant Influence Machine". The New York Times (24 octobre 2020) ; Tolentino, J. (2019). "Stepping Into the Uncanny, Unsettling World of Shen Yun". The New Yorker (19 mars 2019).
  6. Célia Belin, Jésus est juif en Amérique : Droite chrétienne et sionisme chrétien aux États-Unis, Fayard, 2011 ;Mickael Coleman, « Le sionisme chrétien aux États-Unis : un facteur clé de la politique proche-orientale », Revue internationale et stratégique, vol. 54, no. 2, 2004, pp. 83-92 ; Stéphanie Le Bars, « Aux États-Unis, le puissant lobby des chrétiens sionistes », Le Monde, 21 mai 2018.
  7. Xu Xin, Les Juifs de Kaifeng, Chine : Une introduction, Éditions du Secrétariat aux Affaires Étrangères de R.P.Chine, 2002 ; Emmanuel Lincot, « Présence juive et politique israélienne en Chine », Revue d'histoire diplomatique, n° 3, 2013.
  8. Benoît de Sagazan (dir.), Le Christianisme en Chine, Numéro spécial de la revue Le Monde de la Bible, 2019 ; Dorian Malovic, La Chine sur le divan, Éditions Plon, 2018.
  9. Gilles Gehin, « Routes de la Soie et Fenêtre 10/40 : Une dynamique missionnaire commune », dans Dieu change en Chine, Presses Universitaires de Rennes, 2017 ; Sébastien Fath, « L'essor du protestantisme évangélique en Chine », Note de recherche du CNRS / Sciences Po CERI, 2017.
  10. Katrin Fiedler, « Les intellectuels et le christianisme en Chine aujourd'hui », dans Perspectives chinoises, n° 4, 2008 (revue du CEFC) ; Cao Nanlai, Constructing China's Jerusalem: Christians, Power, and Place in Contemporary Wenzhou, Stanford University Press, 2011 ; Sébastien Fath, « Les réseaux d'affaires du protestantisme chinois », Note du Laboratoire Groupe Sociétés, Religions, Laïcités (GSRL/CNRS), 2016.
  11. Fang-Long Shih, « L'accueil des étudiants chinois par les réseaux évangéliques en Occident », dans Social Compass : Revue Internationale de Sociologie de la Religion, vol. 61, n° 3, 2014 ; Sébastien Fath, « Les "Haigui" et la mondialisation du christianisme chinois », Note du Laboratoire Groupe Sociétés, Religions, Laïcités (GSRL/CNRS), 2019.
  12. Dorian Malovic, « Des missionnaires chinois sur les Routes de la Soie », La Croix, 24 septembre 2018 ; « Pékin enquête sur les réseaux chrétiens après le meurtre de deux Chinois au Pakistan », Le Monde avec AFP, 9 juin 2017.
  13. « Position de la Chine sur le règlement de la question palestinienne », Documents officiels du Ministère des Affaires étrangères de la République populaire de Chine ; Frédéric Lemaître, « La Chine se pose en défenseuse de la cause palestinienne », Le Monde, 16 octobre 2023 ; Camille Lons, La Chine au Moyen-Orient : Le nouvel acteur incontournable, Éditions L'Harmattan, 2019.
  14. Camille Lons, « La Chine au Moyen-Orient : une approche de "neutralité bienveillante" », Note de la Fondation pour la recherche stratégique (FRS), 2019 ; « Comment la Chine fait son marché dans la "Start-up Nation" israélienne », La Tribune, 2018 ; Michel de Grandi, « Le Technion israélien s'installe en Chine », Les Échos, 17 décembre 2017.
  15. Zhou Xun, Chinese Perceptions of the 'Jews' and Judaism: A History of the Other, Routledge, 2001 ; Mordechai Chaziza, « La diplomatie publique d'Israël en Chine : entre soft power et intérêts technologiques », Monde Chinois / Nouvelle Asie, n° 58, 2019.
  16. Constitution de la République populaire de Chine, Article 36, troisième alinéa : « L'État protège les activités religieuses normales. Tout individu ne peut utiliser la religion aux fins de troubler l'ordre social, de nuire à la santé des citoyens ou de porter atteinte au système éducatif de l'État. » et dernier alinéa : « les organisations religieuses et les affaires religieuses ne sont soumises à aucune domination étrangère » ; Vincent Goossaert et David A. Palmer, La question religieuse en Chine, Paris, Éditions du CNRS, 2012.
  17. Bureau de l'information du Conseil des Affaires d'État de la République populaire de Chine, La politique de la Chine au Tibet : autonomie, développement et position sur le dalaï-lama, Documents officiels (Pékin).
  18. « Le Congrès américain vote une loi de soutien de grande ampleur au Tibet, provoquant la colère de Pékin », Le Monde avec AFP ; « Le Congrès américain et la cause tibétaine : un outil d'influence face à Pékin », Note d'analyse de l'IRIS (Institut de Relations Internationales et Stratégiques).