27.620
documentos históricos de titularidad pública continúan bajo el poder de
la Fundación Nacional Francisco Franco cuatro décadas después de que se
aprobara la Ley de Patrimonio Histórico Español.
Una imagen del dictador Francisco Franco en su despacho en el Palacio de El Pardo.EFE
27.620
documentos. Es el volumen de archivos históricos -públicos- que siguen
bajo el poder de la Fundación Nacional Francisco Franco (FNFF). Un fondo
que el jueves 20 de noviembre, en pleno aniversario de la muerte del
dictador, el Ministerio de Cultura instaba a la Abogacía del Estado a
reclamar formalmente en los tribunales. Para que vuelva a su legítimo
dueño: el pueblo. "Pertenece a los españoles, a los investigadores, a
los docentes. Para que todo el mundo pueda documentar la represión de
la dictadura", defendía Ernest Urtasun, en un entrevista en TVE. "En
el informe que hemos elaborado desde el Ministerio de Cultura está
inventariado el archivo del dictador", seguía explicando el ministro.
Decenas de miles de documentos digitalizados, accesibles a través de la
web de la propia fundación o de los que se dispone de una descripción.
"Documentos de titularidad pública", insistía Urtasun. Dirigidos o
emitidos en su mayoría por el propio dictador en sus labores como jefe
de Estado y, por tanto, propiedad de la Administración.
Así lo recoge en su artículo 49 la Ley de Patrimonio Histórico Español.
Una ley que lleva incumpliéndose cuatro décadas de democracia, desde
que se aprobara allá por junio de 1985. Y es que, desde la constitución
legal de la FNFF a finales del 76, los documentos que formaban parte del
archivo personal del dictador han permanecido en sus manos. Sin que
haya habido un solo intento por parte de las instituciones para
recuperarlos. Hasta ahora. "Es inconcebible", valora Fernando Hernández
Holgado, doctor en Historia Contemporánea por la Universidad Complutense
de Madrid. Al que le viene a la cabeza la comparación con nuestro vecino más cercano, Portugal.
"Allí toda la documentación del dictador Oliveira Salazar está en un
fondo especial, en el Archivo Oliveira Salazar, dentro del Archivo
Nacional da Torre do Tombo", señala el también docente. En otras
palabras: es de dominio y consulta públicos. "El ejemplo perfecto de
cómo se deberían haber hecho bien las cosas", comenta Fernández.
Con
un miedo en mente: que lleguemos tarde para que toda esa documentación
se recupere y pase a custodiarse en un archivo público. Como en PARES,
el Portal de Archivos Españoles. "Al final, no sabemos lo que puede
haber en ese fondo", plantea el historiador. "Sabemos solo lo que ellos
mismos han querido mostrar", continúa razonando. Sin dejar, por ello, de
mostrarse tajante: "En este país arrastramos un problema crónico con la documentación del periodo franquista.
Buena parte de ella fue destruida durante los años de Martín Villa como
ministro de Gobernación, en plena Transición. Por tanto, tenemos que
empezar reclamando ya, mañana mismo, la documentación de la que tengamos
cualquier tipo de conocimiento y que sea todavía salvable".
¿Y
qué es lo que se conoce? Según el informe de Cultura, dentro del fondo
de la FNFF se conservan unos 950 documentos de los años treinta, 8.500
documentos de la década de los cuarenta, 9.500 documentos de la década
de los cincuenta, 5.700 documentos de los años sesenta y 1.040
documentos de los setenta. Además de unos 2.000 sin fechar. Entre la
documentación, amplía el inventario, se incluirían archivos históricos
sobre las relaciones diplomáticas de la dictadura. Un ejemplo: los
documentos que certifican las visitas de jefes de Estado extranjeros,
como Eisenhower en 1959 o María Eva Perón en 1947. También se incluyen
peticiones políticas remitidas por ciudadanos o distintas instituciones
públicas y privadas. Así como documentación relativa a distintos
acontecimientos de gran relevancia histórica. La Segunda Guerra
Mundial, el estrechamiento de relaciones con EEUU, el ingreso de España
en la ONU o las relaciones del régimen con sus colonias, como el
Sáhara Occidental. "Hay una variedad enorme. Incluso informes de
espionaje a los partidos clandestinos de la oposición. También mucha
información reservada, que requeriría de una protección especial",
indica Fernández.
El
inventario presentado por Cultura se apoya en la lista publicada en la
web de la propia fundación. El acceso a documentación concreta -para
valorar su contenido y estado- no es, en cambio, tan sencillo. Como
investigador, primero tienes que presentar una solicitud. Con una copia
escaneada de tu DNI, las normas de acceso firmadas y una relación de los
documentos seleccionados. ¿El criterio de admisión? Desconocido. "Hay
mucha gente que lo ha solicitado y a la que le han dicho que no", apunta
Emilio Silva, presidente de la Asociación para la Recuperación de la
Memoria Histórica. "Recuerdo una investigación de Antonio Maestre, hace
ya unos años, sobre empresas beneficiadas por el franquismo", amplía el
periodista. "Fue ver el tema y le cerraron las puertas", asegura el
portavoz de la ARMH. La fundación discrimina con una única vara de
medir, critica Silva: si les conviene o no lo que se va a investigar. No
solo eso. Además también cobran por ello. Un euro por página. Al menos
si deseas recibir por correo una copia en PDF del original. La
propia digitalización de los documentos de la fundación costó, en su
momento, una suma considerable de dinero público: 150.000 euros. Una subvención que el Gobierno de José María Aznar otorgó a la entidad en el año 2003 para "microfilmar y digitalizar" su archivo.
"Algunos
documentos los han hecho públicos", reconoce Fernández. En una serie de
tomos -cinco, para ser exactos- editados desde la propia fundación. El
primero de ellos se publicó en el 92, con motivo del primer centenario
del nacimiento del dictador. Documentos inéditos para la historia del Generalísimo Franco, rezaba el titular.
"Yo los fui adquiriendo a través de IberLibro y encontrabas cosas
verdaderamente sorprendentes", cuenta el historiador. "Un documento que
me pareció especialmente relevante es el Anticipo de orientación política
de Heriberto Quiñones", hace memoria el investigador. Para el que no lo
conozca, Quiñones fue uno de los dirigentes del Partido Comunista en el
interior que, a principios de los 40, orquestó la reconstrucción del
partido. "Ese documento es una especie de cuerpo de directrices que
debería seguir la nueva dirección del Partido Comunista en la
clandestinidad", completa Fernández. El Anticipo estaba integrado
en el sumario judicial que se le abrió a Quiñones, fusilado en octubre
del 42. "El texto desapareció del sumario sin dejar rastro y, décadas
después, reapareció en la publicación de la FNFF", señala el docente.
"Lo que evidencia que han cogido la documentación que han querido de
todos lados".
Una
documentación con un valor histórico incalculable, insiste Fernández.
¿Por qué entonces no se ha requerido hasta ahora? "Eso se explica con lo
que se llama la anomalía española", responde Fernández. "¿Por qué se
tardó tanto tiempo en trasladar el cuerpo de Franco fuera del Valle de
los Caídos? ¿Por qué se ha sido tan permisivo con el patrimonio
expoliado y todavía en manos de la familia del dictador? ¿Por qué no se
había puesto hasta este año sobre la mesa la posible ilegalización de
fundaciones, asociaciones y partidos filofranquistas?", lanza al aire el
historiador. Dos palabras: connivencia institucional.
"Otro
miedo que tenemos es que los archivos se recuperen antes de que se
ilegalice la fundación", verbaliza Silva. Y es que, en junio de 2024,
Cultura, de quien depende el Protectorado de Fundaciones, abría un
periodo de actuaciones previas para obtener información sobre la
actividad de la FNFF. Un período que terminaba hace algo menos de un
mes. Con una conclusión: la fundación no persigue un "interés general".
Por el contrario, se dedica a la "apología del franquismo y
enaltecimiento de sus dirigentes", con el consecuente "trato con
menosprecio y humillación de la dignidad de sus víctimas". Tras la
notificación a la fundación, se ha abierto ya el plazo de alegaciones,
que culminará con la presentación de la resolución final en los Juzgados
de Primera Instancia de lo Civil. A la Fundación Franco le seguirán
otras cuatro fundaciones con los nombres de figuras relacionadas con la
dictadura: Queipo, Primo de Rivera, Serrano Suñer y Blas Piñar.
Público
se ha puesto en contacto con la FNFF para preguntarle cómo valora la
reclamación que ha iniciado Cultura de los documentos contenidos en su
archivo. También le ha consultado sobre el criterio de acceso a dicho
archivo. ¿A quién se le permite y a quién no acceder? Por último
este diario ha querido saber si, con la subvención del Gobierno de
Aznar, la fundación procedió efectivamente a digitalizar toda la
documentación de su archivo o si queda, por el contrario, algún
documento sin digitalizar y que incluso no aparezca en el índice
publicado en su web. Hasta el momento de la publicación de este
artículo, la FNFF no ha querido, sin embargo, ofrecer respuestas.
L'histoire se déroule en 1919. Une guerre civile fait rage dans les étendues de l'ancien Empire russe. Une guerre mondiale vient de se terminer en Europe, et les pays vainqueurs organisent une intervention militaire en Russie afin d'aider les Armées blanches dans la lutte contre le pouvoir soviétique.
Les troupes de l'Entente,
y compris celles d'Espagne, arrivent dans l'un des ports du sud. La
jeune clandestine Maria est chargée de propagande dans le milieu des
marins et soldats espagnols. C'est alors qu'elle rencontre le marin
Pablo. L'amour mutuel éclate.
La guerre civile se termine. Après une longue séparation, Maria
et Pablo se retrouvent et partent cette fois ensemble pour l'Espagne en
tant qu'agents du Komintern, pour préparer une révolution locale et en même temps y mener des activités de renseignement. Ils ont un fils.
Cependant, le bonheur ne dure pas longtemps, le mouvement de nazis se renforce et Pablo sera l'une de ses premières victimes. La guerre civile
éclate en Espagne. Le fils de Maria, pilote de chasse, est tué dans un
combat aérien. Ayant perdu son mari et son fils, Maria retourne dans son
pays natal, où elle devient instructeur dans une école de renseignement
soviétique.
En
el fragor de la guerra civil española surgió una sombra que se movía,
sin que nadie se diera cuenta, tras el frente de batalla: Mariya Fortus.
Con pasaporte uruguayo, bajo el alias “Julia Jiménez Cárdenas” la
historia de la agente ilegal del NKVD desplegada en España se encuentra
llena de increíbles méritos, así como de incógnitas, todavía sin
desclasificar. Proveniente de una familia pudiente de Jersón que se
arruinó, Fortus cayó en la más absoluta pobreza
En
1917 se unió a los revolucionari.os y, por sus increíbles habilidades
para la noble profesión (labores de agitprop y de contrainteligencia),
ingresó en 1918 en la familia chequista. Entre los chicos es recordada
por su labor en 1918 en la Checa de Jersón, cuando la encargaron
trasladar joyas y diamantes de la Cheka de Jersón a la de Kiev:
cosiéndoselos en un cinturón, disfrazándose de embarazada, y cruzando a
pie, con varios chequistas, las estepas durante más de una semana, con
el fin de evitar a los ojos enemigos.
Sin
embargo, la gran aventura de su vida comenzaría de la forma más
inesperada: mientras estudiaba en la Universidad Comunista de los
Trabajadores del Este (KUTV, Moscú), allí conoció al prófugo y exiliado
anarquista español Ramón Casanellas Lluch. No solo se enamoró
completamente de él: se enamoró, también, de España, cuyo idioma
comenzaría a aprender. La pareja se casó y tuvieron un hijo y, como una
buena familia avenida (¡la familia siempre permanece unida!), Ramón y
Mariya son enviados en 1929 a España, donde nuestra heroína comenzó a
operar como consejera técnica y traductora del consejero militar
soviético K. A. Meretskov, pasando rápidamente a roles más operativos:
formando parte de la red del NKVD en Barcelona creada por el mítico Naum
Eitingon; infiltrándose en la Dirección General de Seguridad (DGS)
española, y manteniendo interacción constante con el Servicio de
Inteligencia Militar (SIM) español.
Todo
ello, con el objetivo, no solo de de recopilar información estratégica
para los chicos de Lubianka, sino también con el fin de aumentar la
influencia soviética en España. Con su labor, ella sola, consiguió
forjar una enorme infraestructura de inteligencia que operó entre Madrid
y Cataluña. Y, entre sus logros más célebres, figura la operación de
reconocimiento que realizó tras el frente de Aragón, desde donde Fortus
aportó información clave sobre la presencia de bombarderos alemanes de
la Legión Cóndor en un aeródromo franquista. En 1938, fue llamada de
vuelta a Moscú, donde se enteró de la muerte de su hijo Ramón, piloto de
la República, derribado precisamente sobre Zaragoza unas semanas antes
(...)
Su
carrera no concluyó con el fin de la guerra civil española. Tras
regresar de España, estudió en la Academia militar Frunze y trabajó como
instructora del GRU, formando a futuros operativos especializados en
sabotajes y en operaciones sensibles. Tras el comienzo de la invasión
alemana, fue llamada a dirigir a las aviadoras soviéticas, puesto que
rechazó, porque prefirió involucrarse directamente sobre el terreno,
realizando ella misma labores de operativa de Inteligencia tras las
retaguardia enemiga. Y lo volvió a conseguir magistralmente: en 1942 se
le asigna una unidad de guerrilla de tipo irregular: la 4.ª Compañía
Española del OMSBON, compuesta mayoritariamente por excombatientes
republicanos españoles entrenados por el NKVD. Durante la Gran Guerra
Patria, pese a resultar herida en 1943, realizó labores de sabotaje y de
infiltración en el frente ucraniano, rumano, húngaro, austriaco y
alemán; consiguiendo información privilegiada y saboteando a las tropas
nazis.
Las
operaciones que realizó fueron de película. En Rumanía se hizo pasar
por una aliada rumana de los nazis, haciendo que un oficial alemán le
revelara la posiciones de tropas alemanas y depósitos de combustible. En
el cerco de Budapest, para poder transmitir mensajes al mando
soviético, se hizo pasar por madre en busca de su hijo, cruzando una
plaza repleta de francotiradores; e informando a los chicos, por lo que
descubría por el camino, sobre las posiciones de ametralladoras
enemigas. En Ucrania, un explosivo que tenía que volar un tren militar,
falló a última hora, teniendo nuestra heroína que improvisar, a última
hora, una mecha, y detonarlo manualmente a poca distancia, jugándose la
vida. Durante la caída del III Reich, participó directamente en la
exfiltración de talento científico en la zona nazi. Y en Austria, tras
la Gran Guerra Patria, y gracias a la información que obtuvo como agente
a lo largo de la guerra, encontró una fábrica oculta de cohetes V-2.
Durante
la Guerra Fría, ya doctorada como socióloga, siguió trabajando para el
NKVD con el grado de coronel y como instructora de Inteligencia,
convirtiéndose en figura de referencia para generaciones de futuros
agentes del KGB. Sus condecoraciones avalan su recorrido: dos Órdenes de
Lenin, dos Órdenes de la Bandera Roja, la Orden de la Estrella Roja,
entre innumerables medallas. Su figura en la cultura de Inteligencia
rusa como paradigma de agente ilegal y heroína del frente invisible
podemos encontrarla en la película soviética ¡Salud, María! (1970). Y,
entre sus obras más conocidas, nos dejó por escrito su legado como
exoperativa de Inteligencia soviética en España: En la España
Combatiente (1968); el país que marcó toda su vida. Nos abandonó en 1981.
Teatro General San Martín "El nacimiento del Teatro Argentino“, 1960
BUENOS AIRES: EL EXILIO DORADO
La
capital argentina se convertiría a partir de la Guerra Civil, en el
centro neurálgico del exilio gallego e incluso en obligado eslabón de la
comunicación última con la zona republicana en guerra. El goteo de
exiliados que arribaban a la ciudad porteña era constante.
La
relación de Seoane con el galleguismo ultramarino se estrecharía todavía
más con su recomposición orgánica impulsada a raíz de la llegada de
Castelao en 1940.
Toda
la carrera de madurez de Luis Seoane transcurre allí, donde destaca su
trabajo plástico, su labor de dinamizador cultural, de editor. Es
un hombre muy valorado por la sociedad y los intelectuales argentinos y
todavía hoy en día es un autor considerado como un maestro. Desde allí
realiza toda su proyección internacional cuando va a Nueva York (en el
MOMA hay una obra suya que fue un regalo de Argentina al Gobierno de
Estados Unidos) o expone en las ciudades europeas.
"La
capacidad cultural de Buenos Aires, una ciudad de siete millones de
habitantes, es extraordinaria e ignorada aquí. Puedo dar cifras
aproximadas. Es, seguramente, la tercera o cuarta ciudad musical del
mundo, se realizan alrededor de dos mil exposiciones de pintura al año,
se pronuncian casi un centenar de conferencias diarias; en el otoño y
invierno el movimiento teatral abarca desde la visita de todas las
grandes compañías europeas hasta estrenos tan exóticos como los ballets
de Moscú o la ópera de Pekín, además del esfuerzo de su medio centenar
de teatros, entre profesionales y experimentales, y de la obra de sus
autores.”
En Buenos Aires: “Soy
un peregrino de la Edad Media, pero estoy varado en el siglo XX” “ir
rumbo a Santiago de Compostela, mas estar varado en Buenos Aires”. “Soy y
seré para siempre un desarraigado permanente. Lo seré aunque decida
volver a mi país. Es el destino del exiliado”. SEOANE
Pintura mural
La
pintura mural es la obra de arte que forma parte inseparable de los
espacios arquitectónicos, vinculándose al muro. Luis Seoane fue uno de
los muralistas de mayor producción en Buenos Aires. Parafraseando
a Basilio Losada, esos grandes espacios que presta el muro a la
expresión permitían al artista la posibilidad de transmitir sus ideas.
Seoane hubiera deseado desarrollar su actividad como muralista con más
intensidad, con mayor fuerza épica, pero sus oportunidades fueron
limitadas. Las dimensiones y la ubicación en el espacio arquitectónico,
hacen del arte mural un medio idóneo de transmisión sociocultural, al
insertarse en un ámbito de exposición pública. Los
motivos de su pintura estaban profundamente vinculados a su Galicia
natal. Sus personajes fueron siempre gallegos, campesinos, pescadores,
gente de la montaña o del mar y emigrantes.
"Me
preocupé siempre de trabajar en la pared planos de color, de acentuar
sus ritmos, sus contrastes, y sobre ellos fui fijando mi dibujo, mis
signos. El color hace surgir la forma de mi obra. Siempre tratando con
el grafismo que superpongo, de interpretar como lo siento a la
naturaleza y al hombre" Seoane
Sobre la pintura mural Seoane decía:"(...)
el pintor que se sube a un andamio no es el mismo hombre que el
encerrado en su taller. Completa su vida. Su obra será verdaderamente
pública y juzgada por una inmensa mayoría. Está en la calle. A bastantes
murales dediqué cuanto pude de mi destreza de pintor utilizando
distintos recursos técnicos y variando constantemente de procedimientos.
Usé juntamente con materiales nuevos, los naturales y arcaicos como la
piedra, los mármoles, el hierro y el bronce. Técnicas artesanas muy
antiguas como la cerámica, el vitral o el mosaico, cuando no simplemente
la pintura con resinas sintéticas producidas por la química industrial.
En cuanto a los procedimientos del pasado resultan siempre nuevos y
conservan el misterio que proviene de su lejana historia..."
SEOANE: ILUSTRADOR, GRABADOR Y POETA
En su editorial Nova, en 1944, publica Seoane un álbum de dibujos: “Homenaje a la torre de Hércules”,
con prólogo de Rafael Dieste. El American Institute of Graphic Arts y
la Pierpont Morgan Library of New York seleccionan este albúm como una
de los diez mejores libros impresos en el mundo en los últimos diez
años. En esta obra se configurará
una mitología que devendrá propia del artista gallego: el mar, la mujer
vestida y desnuda, los campesinos y su trabajo, las leyendas… en
palabras de Valeriano Bozal “El Homenaje es una ofrenda, la de los trabajos y los días, la de la pasión por la naturaleza”.
“El
artista nunca se abstrae de la realidad histórica en que vive. El
pueblo es país y vive fatalmente su tiempo. No puede escapar a este. (...)
El arte no soluciona nunca nada; lo que hace es mostrar las cosas,
descubrirlas, enseñarlas en su particularidad y hondura a los hombres.”
SEOANE
El
exilio, los exiliados y la emigración gallega en América y Europa son
los temas centrales de su poesía. Sus libros de poemas: Fardel de
eisilado (1956), Na brétema, Sant-Yago (1955), As cicatrices (1959), A
maior abondamento (1972), están reunidos en Obra poética (1977).
Seoane
desarrolló una intensa labor editorial. En 1938 inicia su colaboración
con la editorial Losada, como ilustrador, fundada por un gallego, que
será la receptora de la literatura europea que en la España de
postguerra está proscrita.
Desde 1939 y durante veinte años dirige la revista «Galicia» del Centro Gallego de Buenos Aires.Fundador
de la editorial Botella al Mar, Citania, Sargadelos, voz de la
emigración a través de revistas como "Galicia Emigrante".
En el prólogo de "Figurando recuerdos", Luís Seoane se pregunta “¿Cómo dejar de ser fiel a aquellas imágenes que hemos vivido y querido intensamente?”. A esta interrogación que todo emigrante se ha efectuado, Seoane agrega el descarnado comentario del exiliado político: “Allá lejos, lejos, en Galicia, crecen líquenes y musgo sobre nuestros muertos y nuestros nombres”.
Como artista Seoane busca narrar en sus dibujos, junto a la indagación
de nuevos modos de expresión, aquello que no le pueden quitar ni
arrebatar: los recuerdos. La barca pescadora, los campesinos y los
marineros, con sus gestos y sus rostros. “Aquellos rostros, la tierra que labraban y el mar, eran para nosotros la libertad”.
Ilustraciones de hermosos libros de Alberti, Lorca, Gerardo Diego, Neruda, Lorenzo Varela, Cunqueiro. Constituyen junto a su obra pictórica, un logro y un sueño, un trabajo manual y un movimiento del espíritu, arte e ideas.
Como grabador,
aunque cultivó diferentes técnicas, destaca en la plancha de acero, en
la que consigue texturas novísimas, en formas abstractas en las que,
sobre fondos negros arañados, inscribe siluetas de referencia humana o
animal. Hay siempre algo lúdico en su pintura, síntesis de los «ismos»
europeos de entreguerras y de la expresión americana de origen autóctono
precolombino. Es, en fin, un artista inconfundible inmenso, cuya
aparente elementalidad resultaría engañosa, puesto que detrás hay
siempre un largo proceso intelectual y razonador. Alberti le dedica un poema:
“Para
mí el grabado estuvo siempre unido al tema y por sus fines originarios,
multiplicidad de copias, etc., tiene un sentido popular que nunca, a mi
juicio, tuvo el óleo. Posee desde sus comienzos una finalidad narrativa
y yo trato de ser fiel a esa naturaleza con los ensayos técnicos que se
me ocurren. A esto mismo se debe el cuidado de los títulos que trato de
unir al mundo del grabado. Alguien los encontró literarios pero
“literatura” es una parte, como dijimos, del mundo del grabado y
literaria es una parte de mi obra.” SEOANE
Seoane, figura fundamental en la vanguardia artística española, supo resolver con talento el encuentro entre tradición y modernidad. (...) Su obra, heredera de las inquietudes pictóricas de principios de siglo, de Matisse, Picasso, Klee y Torres-García, emana gran lirismo. Su pintura humanista, iluminada y colorista, atravesada por trazos firmes y expresivos, surge, como apuntó H. Read en 1949, "…de la paleta de un pintor que resuelve problemas de pintura pintando".
(…)
Desde sus primeras colaboraciones en la Editorial Nós hasta sus últimas
portadas para Ediciós do Castro, ya en los setenta, pasando por el
período del exilio bonaerense, Seoane mantuvo su apego y vinculación al
campo de la comunicación y de la cultura. Fue
capaz de conseguir que las tintas planas, el grafismo lineal y sus
formas depuradas reflejaran con una gran carga de emoción estética el
complejo mundo con el que dialogaban. La
contribución de Seoane al grafismo en carteles, revistas y libros
destaca por un espíritu moderno que le llevó a reelaborar las claves
estéticas propuestas por las vanguardias artísticas para configurar un
mundo de formas y colores de una enorme sensibilidad, funcionalidad e
intuición. Su dominio de la lógica de la comunicación visual a partir de
su conocimiento de la teoría y la praxis explican la variedad de
soluciones y su capacidad para conjugar en su trabajo el poder de
síntesis y la seducción visual.
La guerra civil y sus antecedentes
son los capítulos más controvertidos de nuestra historia. Este libro
recoge las aportaciones de diecinueve historiadores españoles y dos
extranjeros que participaron en un simposio en la UNED de Zamora al
cumplirse el 80 aniversario de su final. Su título responde
estrictamente al contenido. Se abordan tanto viejos temas desde una
perspectiva actualizada como otros nuevos. Su base es estrictamente
empírica y documental. El conjunto constituye un desafío en toda regla a
multitud de patrañas que circulan como “historia” en las redes
sociales, en ciertos medios de comunicación e incluso en el mismo
Parlamento. Sin concesión alguna. Es un libro de historia y sólo de
historia. (Contracubierta del libro)
El presente volumen recoge las ponencias del Congreso que, bajo el título Queda mucho por decir sobre la Guerra Civil, Aportaciones recientes y reflexiones ochenta años después, se
celebró en Zamora, y con el patrocinio de la UNED, los días 27, 28 y 29
de marzo de 2019. Su convocatoria, aprovechando el convencionalismo
conmemorativo, respondía a razones historiográficas de peso para
actualizar perspectivas de análisis y reflexiones sobre la Guerra Civil a
los ochenta años de su finalización, y exponer en el escenario
historiográfico aportaciones nuevas desde el punto de vista temático y
empírico. Pero, principalmente, también había una razón de fondo de
naturaleza emocional y personal: el presente volumen pretende ser un
homenaje al profesor Julio Aróstegui, estrechamente vinculado a quienes
esto escriben durante buena parte de su trayectoria como historiador de
la Guerra Civil. El congreso que se celebró y la obra que, como
resultado, ahora se presenta, se insertan en una trayectoria de
«Encuentros sobre el conflicto central del siglo xx español» que impulsó
Julio Aróstegui, Él proyectó y dirigió un amplio congreso celebrado con
ocasión del cincuentenario del inicio de la guerra en septiembre de
1986 en la Universidad de Salamanca, con la apoyatura de la Sociedad de
Estudios de la Guerra y el Franquismo (SEGUEF), y publicado en tres
volúmenes bajo el entonces novedoso título de Historia y memoria de la Guerra Civil, cuando
el tema de la memoria, que tanto debe a Julio Aróstegui, apenas si
estaba iniciándose en España. Con él colaboramos estrechamente en la
organización de tal evento. Significó un punto de inflexión para
estimular y multiplicar los estudios sobre la Guerra Civil y el
Franquismo, y dibujó una cantera de jóvenes historiadores que entonces
abrían perspectivas de análisis distintas o no contempladas hasta el
momento.
19
de julio de 1936: vecinos de Zamora leen el bando por el que los
sublevados declaran el estado de guerra (foto: colección García Rubio)
En esa estela se pusieron en marcha
después muchas iniciativas académicas e investigadoras. Bajo su
codirección se programó, asimismo otro encuentro en diciembre de 2006,
que se ha publicado digitalmente con el titulo de A los 70 años de la Guerra Civil española,
obra en la que se integra una renovadora aportación, no solo en cuanto a
contenidos sino también a metodología de Aróstegui, que en aquel
momento era director de la Cátedra de la Memoria Histórica de la
Universidad Complutense de Madrid, con el título «Memoria de batallas y
batallas de memorias: reabrir el pasado».
Constatando la indudable realidad del
avance historiográfico en el conocimiento de la Guerra Civil,
crecientemente protagonizado por los historiadores españoles, en
distintas ocasiones comentamos con él la conveniencia de dedicar en su
momento un nuevo encuentro científico con ocasión del ochenta
aniversario del final del conflicto. Este debería contar con equilibrada
presencia de las distintas generaciones de historiadores de la guerra y
sobre los aspectos nuevos o que se vislumbraban como insuficientemente
tratados. En este caso no fue posible su implicación hasta el final,
pues lo impidió su prematuro fallecimiento, pero el congreso que
finalmente se realizó en Zamora en marzo de 2019 siguió en buena medida
la impronta ya marcada por él. En el encuentro participaron muchos de
quienes ya estuvieron en el de 1986, ya en su madurez historiográfica, y
los que iniciaban una trayectoria investigadora en no pocos casos bajo
el impulso del propio Aróstegui.
Pancarta en el Madrid asediado, fotografía atribuida a Mijail Koltsov
Como se ha indicado, también respondía
este Congreso a la tendencia de la historiografía española a recordar
los aniversarios redondos del comienzo o final de la Guerra Civil con
cierto empaque. En general, con el resultado de compilaciones
bibliográficas o, más frecuentemente, con obras colectivas –en
las que un número restringido de investigadores expone sus reflexiones
con respecto a aquella cesura radical en la vida española. En el mismo
2019 se publicó ya un volumen de estas características, que obedeció a
un congreso celebrado años antes en la Universidad Rovira y Virgili.
También tuvieron lugar dos grandes congresos, con acentos diversos, en
los que se reunieron especialistas de la materia.
¿Se podía decir algo más de la Guerra
Civil después de un inabarcable repertorio de publicaciones convertido
en el más prolífico entre cuantos temas se han abordado en la historia
contemporánea de España? Más allá de la convención conmemorativa, la
respuesta es evidente y afirmativamente rotunda y da lugar al titular
del congreso. No solo era oportuno el encuentro, sino necesario en
términos historiográficos y sociales. Se puede decir mucho más desde el
punto de vista de los fundamentos empíricos, con la documentación de muy
diversa naturaleza en nuestros archivos y otras fuentes de información.
Pero no se trataba solo de una cuestión empírica, sino de la exigencia
metodológica de abordar otras interpretaciones y otros marcos de
comprensión, replanteando la forma de pensar la Guerra Civil de manera
distinta, fuera de los habituales carriles metodológicos. Sobre todo
porque nunca ha habido posiblemente más información y al mismo tiempo
tanto desconocimiento historiográfico.
Franco en el frente de Cataluña, invierno de 1938 (foto: BNE)
En su momento nos dirigirnos a un amplio
y diverso número de historiadores, y aceptaron todos sin excepción,
para que hicieran llegar a los asistentes sus reflexiones sobre la
Guerra Civil a los ochenta años de su finalización en función de sus
últimas aportaciones a la mejor comprensión de sus antecedentes,
desarrollo y consecuencias, sus nuevos descubrimientos sobre aspectos
relacionados con ella o su análisis del impacto que la moderna
historiografía sigue teniendo en la sociedad española de nuestros días.
La idea estribó en proyectar los focos de la investigación histórica
documentada y analizada críticamente sobre ciertas facetas atrapadas en
un pasado tergiversado, deformado, manipulado y planteado más para una
divulgación en términos de consumo y con carácter presentista, no exento
de connotaciones político-ideológicas, que corno resultado de
investigaciones contrastadas.
Las ponencias se transmitieron por
circuito cerrado a los alumnos de la UNED y, más adelante, en abierto a
todos los interesados. Para este volumen, sin embargo, todas y cada una
han sido revisadas concienzudamente por sus autores. El plazo final
para la admisión de las actualizaciones se fijó a finales del año 2019.
Nos complace reconocer que todos los participantes cumplieron con el
plazo establecido. En consecuencia, este libro recoge lo que representa
el punto al que cada autor ha llegado, en los momentos actuales, sobre
las dimensiones que les fueron sugeridas. Un vistazo al índice permite
advertir tanto la diversidad temática como de enfoques de los
investigadores. Lo que ahora hemos pretendido es acercar el estado
actual de sus reflexiones al mayor número posible de lectores. Con las
solas y relevantes excepciones de sir Paul Preston y de la doctora
Daniela Aronica, todos los autores son españoles. No hemos preferido
esta opción por casualidad. Es el fruto de una reflexión meditada. Desde
los años ya lejanos de la Transición democrática los historiadores
españoles hemos ido ascendiendo, a veces penosamente, hacia la punta de
lanza de la investigación sobre la Guerra Civil. Es el resultado de tres
factores que han obrado al unísono: en primer lugar, la desaparición de
la censura y la recuperación de la libertad de pensamiento, publicación
y cátedra. Toda una generación de historiadores, entonces jóvenes, hoy
muy veteranos, estaba esperando con ansiedad la eliminación de las
trabas institucionales, políticas e ideológicas para empezar a poder
investigar sobre el común pasado español sin miedo de ir a la cárcel o
al exilio. En segundo lugar, la progresiva apertura de archivos
españoles a sus diversos niveles, estatales, regionales y locales;
políticos y militares, públicos y privados. Es un truismo afirmar que
sin archivos no se hace la historia. Si bien no todos los archivos
existentes son hoy de libre acceso, y en los que lo son todavía quedan
fondos inaccesibles porque no han sido desclasificados, como los fondos
de los Consejos Superiores de los tres Ejércitos, lo que el sistema
democrático ha logrado en los últimos cuarenta años no es nada
desdeñable. Existe material para mantener ocupadas a nuevas generaciones
de historiadores. Por último, la importación por parte de los
investigadores españoles de enfoques, técnicas y rnetodologías que han
enriquecido la panoplia de instrumentos con los cuales han ido
despejándose parcelas ocultas del pasado. Parcelas que no habían sido
objeto de tratamiento en la historiografía que podríamos caracterizar de
tradicional. El resultado es que la historia se ha mejorado con las
aportaciones de otras historiografías y de otras ciencias naturales y
sociales, y puede así presentar una visión mucho más compleja del
pasado español.
Detenidos por los sublevados en Utrera (Sevilla)(foto: Biblioteca Nacional)
Por otro lado, también ha sido resultado
de una reflexión meditada la participación de representantes de, al
menos, tres generaciones de historiadores: los que hicieron sus
primeras investigaciones en los años de la Transición; los que se
incorporaron en los años 1980 y 1990 en un contexto político e
historiográfico muy diferente y, por último, los alevines, formados en
el nuevo milenio y que ya aportan fuerza renovadora en sus trabajos.
Las veintidós contribuciones se
articulan en tres partes. La primera aborda generalidades sobre la
Guerra Civil o sus antecedentes en una visión historiográfica; la
segunda trata de aspectos relevantes para la comprensión de la guerra,
desde la dinámica militar hasta la internacional o la social, todos
sumamente controvertidos; la tercera, sobre sus consecuencias inmediatas
en términos de represión y configuración de la dictadura. En todo
momento solicitamos a los autores que nos hicieran llegar sus
reflexiones de la forma que consideraran más apropiada para alcanzar el
objetivo que nos proponemos con el presente volumen. A saber, hacer
llegar al público interesado una reflexión sobre las nuevas formas de
ver la Guerra Civil gracias a los descubrimientos más recientes,
analizados por ellos mismos o con su participación. No son, por
supuesto, todos los que están ni están todos los que son. La
historiografía española de hoy goza de gran diversidad y de una salud
excelente, pero las razones de espacio exigían una limitación. Eso sí,
todos tienen un denominador común: el de abordar la investigación desde
el punto de vista historiográfico, es decir, con fundamentos empíricos,
rigor metodológico y perspectivas de análisis solventes para intentar
distanciar al lector de controversias distorsionadoras que publicitan
medios de comunicación, redes sociales o partidos políticos, y de los
que intencionadamente manipulan el pasado. En la actualidad circulan
muchas versiones que carecen de solidez científica, o exageraciones en
búsqueda de un éxito rápido o presentaciones en formato novedoso de
tesis y afirmaciones desacreditadas. Si bien como historiadores sabemos
perfectamente que no existe, ni puede existir, una historia definitiva,
y que su propia naturaleza científica exige un permanente diálogo
historiográfico y una continua redefinición de análisis, no podemos
enmudecer ante una agresiva falsificación del pasado bajo un disfraz
historiográfico. Y la mejor forma de hacerlo es divulgar nuestras
investigaciones siempre sujetas a un debate crítico y serio.
Cuando preparábamos este prólogo,
recordamos un artículo del distinguido escritor y ensayista Javier
Marías que viene como anillo al dedo para explicar la coyuntura en que
aparece el presente volumen. No nos resistirnos a citar una parte de él
por su esclarecedora visión:
«Si yo fuera historiador, viviría desesperado, porque la labor de estos jamás había caído tanto en saco roto. El historiador investiga y se documenta, dedica años al estudio, cuenta honradamente lo qué averigua (bueno, los que son honrados, porque también proliferan los deshonestos a sueldo de políticos sin escrúpulos, los que mienten a conciencia), matiza y sitúa los hechos en su contexto. Nada de esto sirve para la mayoría. Tienen mucha más difusión y eficacia unos cuantos tuits falaces y simplistas, y lo más grave es que casi todo el mundo se achanta ante los aluviones de falsedades. […] Demasiada gente ha decidido abrazar el viento que le gusta, como los niños, independientemente de que sea o no verdadero. El historiador actual se desgañita: “Pero, oigan, que esto no fue así, que esta versión es falsa, que nada hay que la sostenga”. Y la respuesta es cada vez más: “Eso nos trae sin cuidado. Nos conviene este relato, nos complace esta ficción, y es la que mejor se adecúa a nuestros propósitos. Es el espejo en que nos vernos más favorecidos, a saber, como víctimas y ofendidos, corno sojuzgados y humillados, como mártires y esclavos. Sin esos agravios a los nuestros, no vamos a ninguna parte ni podemos vengarnos. Y de eso se trata, de vengarnos”»
Gran
Vía de Barcelona tras el bombardeo del 17 de marzo de 1938 (foto de
Michele Francone, incluida en el libro Catalunya any zero, de David
Gesalí y David Íñiguez, Angle Editorial, 2019)
La sociedad española no es, ciertamente, la única en la que se dan cita los bulos, estereotipos y fake news sobre
el pasado, pero sí es una de las pocas en Europa Occidental que los
utiliza como arma política arrojadiza y que los ha elevado al rango de
una fake history desde instancias mediáticas y políticas. Por
eso, precisa todavía de una indagación solvente de su pasado con
fundamentos historiográficos principalmente del siglo XX, en general, y
de la Guerra Civil, en particular.
El presente libro está dividido en tres
bloques temáticos: preliminares, guerra y consecuencias. Se inicia con
las contribuciones de Matilde Eiroa y Alberto Reig, que ponen de relieve
dos de los hilos que condujeron al congreso de Zamora. El primero trata
del papel, la función, los límites y las posibilidades de la labor del
historiador. Como no existe historia definitiva, la que se escribe en un
momento dado es en parte función de las preocupaciones de su presente,
pero puede interpretarse de diferentes maneras. No somos los
historiadores los únicos proveedores de conocimiento sobre el pasado,
aunque pretendamos reconstruir parcelas de este con el mayor rigor
posible. Hoy los medios, bien tradicionales bien digitales, aportan su
granito de arena para redondearlas o, con harta frecuencia, deformarlas.
Refugiados en la carretera Málaga-Almería, febrero de 1937 (foto: Comité Internacional de la Cruz Roja)
Al tema de la deformación dedica Reig su
contribución, planteando que hay que volver a los hechos y enmarcarlos
en un cuadro de referencia teórico, para extraer de ellos todo lo que
pueden dar de sí. En la medida en que la Guerra Civil fue una guerra
entre ideologías, una de las cuales fue bendecida por la Iglesia
católica, de manera inmediata por la española y trentina, su aportación
estudia cómo su discurso formó parte del cuerpo doctrinal con el que la
dictadura trató de «legitimar» su victoria y, con mayor denuedo si
cabe, su interpretación, y cómo esta se proyecta hoy, con escasos
retoques aunque significativos, en una parte de la literatura de masas
que persigue continuar extrayendo réditos políticos y monetarios.
Continúa el libro con la aportación de
Ricardo Robledo sobre la significación de la reforma agraria,
aprovechando el aniversario del fallecimiento de Edward Malefakis, que
fue el primer historiador en acercarse al tema con planteamientos
modernos, hoy en parte superados. Le sigue Eduardo González Calleja, uno
de los mejores conocedores de la historia de la Segunda República,
desmitificando una vez más la interpretación que los vencedores hicieron
sobre ella y que continúa hoy propagada por una subliteratura
historiográfica. De notar son sus repetidas llamadas a la pervivencia,
en ciertos sectores, de una historiografía ayuna de fuentes primarias y
recargada de consideraciones puramente ideológicas de varios de los
mitos sobre la primavera de 1936. Si bien González Calleja se ocupa de
ciertos preparativos para la insurrección, Viñas y Alía entran más
profundamente en ellos. El primero con la provocadora tesis de que se
trató de un golpe monárquico, militar y fascista desde sus lejanos
orígenes en 1932, gracias al descubrimiento de nueva documentación en
los archivos italianos. El segundo, pasando revista a los esfuerzos que
despliegan algunos autores para embarullar los orígenes del golpe de
Estado e, incluso, de cierta manera, para postular un supuesto papel
director de Franco que jamás existió.
Soldados republicanos cruzan el Ebro (foto: Efe)
Cuantitativamente, es el segundo bloque,
el referido a la Guerra Civil misma, el que engloba el mayor número de
contribuciones. Juan Carlos Losada, uno de los historiadores españoles
más importantes en el tema militar, destaca sus momentos estelares
contemplando las dimensiones estratégicas y sus implicaciones políticas.
Juan Andrés Blanco se ocupa del muy mitificado papel de las milicias en
ambos bandos, pero en particular en el republicano, que es donde más
atención han despertado. Jesús A. Martínez aborda el papel de la
propaganda escrita, y también oral, con sus abismales diferencias entre
los dos contendientes, pero en todo caso elaborada para dar sentido a
una lucha a la que la inmensa mayoría de los combatientes fueron
obligados, partiendo de la interpretación también provocadora de que
antes de julio de 1936 no existían dos bloques políticos e ideológicos
dispuestos a enfrentarse en un destino irreversible, y que por ello el
descomunal esfuerzo de propaganda tuvo como objetivo principal el de
configurarlos. Por su parte, Miguel L. Campos, que acaba de terminar una
monografía de próxima aparición sobre el controvertido aspecto de la
soledad de la República con respecto al aprovisionamiento de armas,
excluidas las soviéticas, pone de relieve el desastre que fue la
política seguida para romper el dogal de la no intervención. A ello
añade David Jorge un ensayo sobre el degradadísimo papel que las
potencias democráticas occidentales impusieron a la Sociedad de
Naciones, con una demostración acabada que ha tardado en penetrar en
cierta historiografía. Por la vía de los suministros y por la
político-diplomática, el estrangulamiento tuvo efectos devastadores. Los
republicanos hubieran debido ser trasuntos del capitán América para
sobreponerse, solo con la ayuda de la Unión Soviética y de México, al
peso muerto que les echaron encima el resto del orbe más Franco. José
Ramón Rodríguez-Lago aporta una puesta al día sobre los estudios más
recientes, y señala cómo la próxima apertura de los papeles relativos al
pontificado de Pío XII puede permitir muchos más progresos sobre el
factor religioso en la Guerra Civil. Es un aspecto ‘en crecimiento
exponencial’ en el que abundan nuevos planteamientos y, como es lógico,
nuevas preguntas. El joven doctor Carlos Píriz adelanta parte de los
resultados de su reciente tesis sobre la actividad y significado de la
no menos mitificada «Quinta Columna». Solo aborda una minúscula parte de
ella y desde aquí anunciamos que, cuando se publique, alterará muchas
de las concepciones que hasta ahora habían hecho autoridad sobre el
asunto. Daniela Aronica examina los esfuerzos de la propaganda fascista
para imponer una determinada visión que exaltara la gloria del Duce. Por
su parte, sir Paul Preston, a quien no le fue posible asistir
personalmente al Congreso de Zamora, nos ha permitido reproducir las
palabras sobre el final de la guerra que pudieron presentarse ante los
participantes gracias a una conexión digital.
Cadáveres (según algunas fuentes, de rehenes fusilados) en un cráter junto al alcázar de Toledo (foto: Erich Andrés)
El tercer bloque se ocupa, como una de
las consecuencias principales de la guerra, de la represión por parte de
los vencedores. Es, sin duda alguna, la más ocultada y distorsionada
por la literatura generada durante el Franquismo y que tuvo continuidad
como pieza estructural de su funcionamiento. Aquí hemos procedido desde
lo general (Gutmaro Gómez Bravo, uno de los historiadores de la
generación intermedia que ya se ha hecho con un nombre respetado gracias
a sus investigaciones) hasta lo más particular (Francisco Espinosa, uno
de los grandes pioneros en el estudio del tema, sobre todo en
Andalucía Occidental y Extremadura). Además, un criterio territorial
por el lugar en que se celebró el congreso ha permitido la aportación
sobre el estudio de la represión en esta zona de Enrique Berzal
(Castilla y León) y Cándido Ruiz y Eduardo Martín (Zamora). Este bloque
contiene también estudios innovadores, como el de Julio Prada acerca de
la represión económica, sobre la que acaba de publicar un denso libro
en inglés, o el de Miriam Saqqa, antropóloga, con respecto a la gestión
de los cuerpos de las víctimas del «terror rojo» por parte de los
vencedores. También nos complace contar con una visión muy actualizada
sobre el continuum entre represiones en Cataluña, y sus
consecuencias sociales y políticas tras la guerra, cuyo autor es el gran
historiador catalán José Luis Martín Ramos, que cierra el volumen.
Con vistas a su publicación en papel y
por razones de espacio, hemos optado por no ampliar el elenco de
contribuciones que, en forma de comunicaciones, se presentaron al
congreso. Somos plenamente conscientes de que subsisten lagunas, así
como que es una banalidad pensar que el tema se agota en un congreso.
Nuestro propósito ha sido, es, actualizar con sentido historiográfico
aportaciones recientes sobre la Guerra Civil y reflexiones ochenta arios
después y, quizá, contribuir a encender luces académicas e
investigadoras sobre un pasado muy a menudo deformado.
Índice
Prólogo,
por Juan Andrés Blanco, Jesús A. Martínez y Ángel Viñas
Del estudio del pasado a la transmisión en el presente: ¿qué papel
desempeñan los historiadores a los ochenta años de la Guerra Civil?,
por Matilde Eiroa
La inconclusa guerra de palabras en torno a la represión y el terror en la Guerra Civil,
por Alberto Reig Tapia
Sobre los orígenes agrarios de la Guerra Civil: cincuenta años del libro de Malefakis,
por Ricardo Robledo
La República, ¿víctima o responsable de la Guerra Civil?,
por Eduardo González Calleja
Con Mussolini hacia el 18 de julio. El vector fascista en la conspiración,
por Ángel Viñas
Lo que hemos aprendido sobre el éxito y el fracaso de la conspiración militar,
por Francisco Alía Miranda
Los momentos decisivos de la guerra. Las estrategias militares,
por Juan Carlos Losada
Las limitaciones del impulso miliciano,
por Juan Andrés Blanco
El abandono de la República en materia de suministros de armamentos. Nuevas investigaciones,
por Miguel Í. Campos
El papel de la propaganda y la propaganda de papel. Púlpitos en el frente y prensa
en las trincheras,
por Jesús A. Martínez Martín
El abandono de la República por las democracias: nuevos hallazgos y enfoques,
por David Jorge
Desarmando la cruzada. La Iglesia católica en la Guerra Civil española, ¿qué sabemos?, ¿qué nos queda por saber?,
por José Ramón Rodríguez Lago
Lo dicho y lo que está por decir sobre la Quinta Columna: otra
contribución en el octogésimo aniversario de la conclusión de la Guerra
Civil,
por Carlos Píriz
La ofensiva de Cataluña en el cine de no ficción de la Italia fascista,
por Daniela Aronica
Los últimos días de la República,
por Paul Preston
Del golpe a la guerra de ocupación. La violencia en la Guerra Civil,
por Gutmaro Gómez Bravo
Andalucía y Extremadura: la represión franquista en perspectiva,
por Francisco Espinosa Maestre
Una zona no tan «azul». Guerra Civil y represión en Castilla y León,
por Enrique Berzal de la Rosa
La represión franquista en Zamora: un estado de la cuestión,
por Cándido Ruiz González y Eduardo Martín González
Lo que sabemos de la represión económica. Un balance,
por Julio Prada Rodríguez
Cataluña, fracturas en guerra para después de la guerra,
por José Luis Martín Ramos
Las exhumaciones de los caídos por Dios y por España: la gestión de los cuerpos,
por Miriam Saqqa Carazo
Portada: Portada del libro publicado por Marcial Pons
Canciones para después de una guerra es una película documental del director Basilio Martín Patino, basada en la España de posguerra. Se realizó de forma clandestina en 1971 y no fue estrenada hasta 1976, después de la muerte del dictador Francisco Franco.[1]
Contenido
La película consiste en una serie de imágenes de archivo, todas ellas previamente aprobadas por la censura,
sobre las que se superponen canciones populares de la época con el fin
de dar un segundo significado, a menudo satírico, a lo que se muestra en
pantalla.[2] El propio Basilio Martín Patino comentaría más adelante:
En la guerra había una época, un entusiasmo, una
entrega que era estimulante. En la posguerra hubo resignación, cabreo y
la esperanza de que todo aquello cambara. Sin duda, fue más dura la
posguerra [...] En las revistas se pueden ver los contrastes de la
posguerra. En ellas se aprecia la forma de vestir de la gente, la forma
de comportarse y, cuando se pone la lupa encima, se pueden ver los
detalles, se descubren las caras terribles, de luto, de miedo, de
terror. Lo que más me impresionó fueron las caras, las mujeres de luto,
los niños, siempre los niños. Era terrible. Cuando terminé Canciones
para después de una guerra me di cuenta de que había llenado la película
de niños solitarios. Fue una mezcla de sorpresa, asombro y espanto ante
lo que la posguerra significó de sufrimiento, miedo, padecimiento,
compasión y solidaridad. Madrid había sido la ciudad libre, la ciudad
del antifascismo y seguía conservando el espíritu rebelde que en esa
época estaba callado, resignado, pero que afloraba en el momento en que
escarbabas..[3]