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dimanche 30 novembre 2025

Qué esconde la Fundación Franco en sus archivos y por qué interesan tanto a los historiadores

 FUENTE: https://www.publico.es/politica/memoria-publica/esconde-fundacion-franco-archivos-interesan-tanto-historiadores

Una imagen del dictador Francisco Franco en su despacho en el Palacio de El Pardo.
Una imagen del dictador Francisco Franco en su despacho en el Palacio de El Pardo.EFE

Inés García Rábade

Redactora de Vivienda y Memoria Histórica

samedi 29 novembre 2025

Salut Maria/Салют, Мария! (Iossif Kheifitz, 1970)


 

Synopsis

L'histoire se déroule en 1919. Une guerre civile fait rage dans les étendues de l'ancien Empire russe. Une guerre mondiale vient de se terminer en Europe, et les pays vainqueurs organisent une intervention militaire en Russie afin d'aider les Armées blanches dans la lutte contre le pouvoir soviétique.

Les troupes de l'Entente, y compris celles d'Espagne, arrivent dans l'un des ports du sud. La jeune clandestine Maria est chargée de propagande dans le milieu des marins et soldats espagnols. C'est alors qu'elle rencontre le marin Pablo. L'amour mutuel éclate.

La guerre civile se termine. Après une longue séparation, Maria et Pablo se retrouvent et partent cette fois ensemble pour l'Espagne en tant qu'agents du Komintern, pour préparer une révolution locale et en même temps y mener des activités de renseignement. Ils ont un fils.

Cependant, le bonheur ne dure pas longtemps, le mouvement de nazis se renforce et Pablo sera l'une de ses premières victimes. La guerre civile éclate en Espagne. Le fils de Maria, pilote de chasse, est tué dans un combat aérien. Ayant perdu son mari et son fils, Maria retourne dans son pays natal, où elle devient instructeur dans une école de renseignement soviétique.

Mariya Fortus: nuestra sombra que cruzó la península ibérica


En el fragor de la guerra civil española surgió una sombra que se movía, sin que nadie se diera cuenta, tras el frente de batalla: Mariya Fortus. Con pasaporte uruguayo, bajo el alias “Julia Jiménez Cárdenas” la historia de la agente ilegal del NKVD desplegada en España se encuentra llena de increíbles méritos, así como de incógnitas, todavía sin desclasificar. Proveniente de una familia pudiente de Jersón que se arruinó, Fortus cayó en la más absoluta pobreza

En 1917 se unió a los revolucionari.os y, por sus increíbles habilidades para la noble profesión (labores de agitprop y de contrainteligencia), ingresó en 1918 en la familia chequista. Entre los chicos es recordada por su labor en 1918 en la Checa de Jersón, cuando la encargaron trasladar joyas y diamantes de la Cheka de Jersón a la de Kiev: cosiéndoselos en un cinturón, disfrazándose de embarazada, y cruzando a pie, con varios chequistas, las estepas durante más de una semana, con el fin de evitar a los ojos enemigos.

Sin embargo, la gran aventura de su vida comenzaría de la forma más inesperada: mientras estudiaba en la Universidad Comunista de los Trabajadores del Este (KUTV, Moscú), allí conoció al prófugo y exiliado anarquista español Ramón Casanellas Lluch. No solo se enamoró completamente de él: se enamoró, también, de España, cuyo idioma comenzaría a aprender. La pareja se casó y tuvieron un hijo y, como una buena familia avenida (¡la familia siempre permanece unida!), Ramón y Mariya son enviados en 1929 a España, donde nuestra heroína comenzó a operar como consejera técnica y traductora del consejero militar soviético K. A. Meretskov, pasando rápidamente a roles más operativos: formando parte de la red del NKVD en Barcelona creada por el mítico Naum Eitingon; infiltrándose en la Dirección General de Seguridad (DGS) española, y manteniendo interacción constante con el Servicio de Inteligencia Militar (SIM) español.

Todo ello, con el objetivo, no solo de de recopilar información estratégica para los chicos de Lubianka, sino también con el fin de aumentar la influencia soviética en España. Con su labor, ella sola, consiguió forjar una enorme infraestructura de inteligencia que operó entre Madrid y Cataluña. Y, entre sus logros más célebres, figura la operación de reconocimiento que realizó tras el frente de Aragón, desde donde Fortus aportó información clave sobre la presencia de bombarderos alemanes de la Legión Cóndor en un aeródromo franquista. En 1938, fue llamada de vuelta a Moscú, donde se enteró de la muerte de su hijo Ramón, piloto de la República, derribado precisamente sobre Zaragoza unas semanas antes (...)
 
Su carrera no concluyó con el fin de la guerra civil española. Tras regresar de España, estudió en la Academia militar Frunze y trabajó como instructora del GRU, formando a futuros operativos especializados en sabotajes y en operaciones sensibles. Tras el comienzo de la invasión alemana, fue llamada a dirigir a las aviadoras soviéticas, puesto que rechazó, porque prefirió involucrarse directamente sobre el terreno, realizando ella misma labores de operativa de Inteligencia tras las retaguardia enemiga. Y lo volvió a conseguir magistralmente: en 1942 se le asigna una unidad de guerrilla de tipo irregular: la 4.ª Compañía Española del OMSBON, compuesta mayoritariamente por excombatientes republicanos españoles entrenados por el NKVD. Durante la Gran Guerra Patria, pese a resultar herida en 1943, realizó labores de sabotaje y de infiltración en el frente ucraniano, rumano, húngaro, austriaco y alemán; consiguiendo información privilegiada y saboteando a las tropas nazis.

Las operaciones que realizó fueron de película. En Rumanía se hizo pasar por una aliada rumana de los nazis, haciendo que un oficial alemán le revelara la posiciones de tropas alemanas y depósitos de combustible. En el cerco de Budapest, para poder transmitir mensajes al mando soviético, se hizo pasar por madre en busca de su hijo, cruzando una plaza repleta de francotiradores; e informando a los chicos, por lo que descubría por el camino, sobre las posiciones de ametralladoras enemigas. En Ucrania, un explosivo que tenía que volar un tren militar, falló a última hora, teniendo nuestra heroína que improvisar, a última hora, una mecha, y detonarlo manualmente a poca distancia, jugándose la vida. Durante la caída del III Reich, participó directamente en la exfiltración de talento científico en la zona nazi. Y en Austria, tras la Gran Guerra Patria, y gracias a la información que obtuvo como agente a lo largo de la guerra, encontró una fábrica oculta de cohetes V-2.

Durante la Guerra Fría, ya doctorada como socióloga, siguió trabajando para el NKVD con el grado de coronel y como instructora de Inteligencia, convirtiéndose en figura de referencia para generaciones de futuros agentes del KGB. Sus condecoraciones avalan su recorrido: dos Órdenes de Lenin, dos Órdenes de la Bandera Roja, la Orden de la Estrella Roja, entre innumerables medallas. Su figura en la cultura de Inteligencia rusa como paradigma de agente ilegal y heroína del frente invisible podemos encontrarla en la película soviética ¡Salud, María! (1970). Y, entre sus obras más conocidas, nos dejó por escrito su legado como exoperativa de Inteligencia soviética en España: En la España Combatiente (1968); el país que marcó toda su vida. Nos abandonó en 1981.

mercredi 26 novembre 2025

LUIS SEOANE: ILUSTRADOR, GRABADOR, MURALISTA Y POETA

                  

 

    Teatro General San Martín "El nacimiento del Teatro Argentino“, 1960
 
BUENOS AIRES: EL EXILIO DORADO
La capital argentina se convertiría a partir de la Guerra Civil, en el centro neurálgico del exilio gallego e incluso en obligado eslabón de la comunicación última con la zona republicana en guerra. El goteo de exiliados que arribaban a la ciudad porteña era constante.
La relación de Seoane con el galleguismo ultramarino se estrecharía todavía más con su recomposición orgánica impulsada a raíz de la llegada de Castelao en 1940.
Toda la carrera de madurez de Luis Seoane transcurre allí, donde destaca su trabajo plástico, su labor de dinamizador cultural, de editor. Es un hombre muy valorado por la sociedad y los intelectuales argentinos y todavía hoy en día es un autor considerado como un maestro. Desde allí realiza toda su proyección internacional cuando va a Nueva York (en el MOMA hay una obra suya que fue un regalo de Argentina al Gobierno de Estados Unidos) o expone en las ciudades europeas.
"La capacidad cultural de Buenos Aires, una ciudad de siete millones de habitantes, es extraordinaria e ignorada aquí. Puedo dar cifras aproximadas. Es, seguramente, la tercera o cuarta ciudad musical del mundo, se realizan alrededor de dos mil exposiciones de pintura al año, se pronuncian casi un centenar de conferencias diarias; en el otoño y invierno el movimiento teatral abarca desde la visita de todas las grandes compañías europeas hasta estrenos tan exóticos como los ballets de Moscú o la ópera de Pekín, además del esfuerzo de su medio centenar de teatros, entre profesionales y experimentales, y de la obra de sus autores.”
En Buenos Aires: “Soy un peregrino de la Edad Media, pero estoy varado en el siglo XX” “ir rumbo a Santiago de Compostela, mas estar varado en Buenos Aires”. “Soy y seré para siempre un desarraigado permanente. Lo seré aunque decida volver a mi país. Es el destino del exiliado”. SEOANE

Pintura mural
La pintura mural es la obra de arte que forma parte inseparable de los espacios arquitectónicos, vinculándose al muro. Luis Seoane fue uno de los muralistas de mayor producción en Buenos Aires. Parafraseando a Basilio Losada, esos grandes espacios que presta el muro a la expresión permitían al artista la posibilidad de transmitir sus ideas. Seoane hubiera deseado desarrollar su actividad como muralista con más intensidad, con mayor fuerza épica, pero sus oportunidades fueron limitadas. Las dimensiones y la ubicación en el espacio arquitectónico, hacen del arte mural un medio idóneo de transmisión sociocultural, al insertarse en un ámbito de exposición pública. Los motivos de su pintura estaban profundamente vinculados a su Galicia natal. Sus personajes fueron siempre gallegos, campesinos, pescadores, gente de la montaña o del mar y emigrantes.

"Me preocupé siempre de trabajar en la pared planos de color, de acentuar sus ritmos, sus contrastes, y sobre ellos fui fijando mi dibujo, mis signos. El color hace surgir la forma de mi obra. Siempre tratando con el grafismo que superpongo, de interpretar como lo siento a la naturaleza y al hombre" Seoane

Sobre la pintura mural Seoane decía: "(...) el pintor que se sube a un andamio no es el mismo hombre que el encerrado en su taller. Completa su vida. Su obra será verdaderamente pública y juzgada por una inmensa mayoría. Está en la calle. A bastantes murales dediqué cuanto pude de mi destreza de pintor utilizando distintos recursos técnicos y variando constantemente de procedimientos. Usé juntamente con materiales nuevos, los naturales y arcaicos como la piedra, los mármoles, el hierro y el bronce. Técnicas artesanas muy antiguas como la cerámica, el vitral o el mosaico, cuando no simplemente la pintura con resinas sintéticas producidas por la química industrial. En cuanto a los procedimientos del pasado resultan siempre nuevos y conservan el misterio que proviene de su lejana historia..."
 
SEOANE: ILUSTRADOR, GRABADOR Y POETA
En su editorial Nova, en 1944, publica Seoane un álbum de dibujos: “Homenaje a la torre de Hércules”, con prólogo de Rafael Dieste. El American Institute of Graphic Arts y la Pierpont Morgan Library of New York seleccionan este albúm como una de los diez mejores libros impresos en el mundo en los últimos diez años. En esta obra se configurará una mitología que devendrá propia del artista gallego: el mar, la mujer vestida y desnuda, los campesinos y su trabajo, las leyendas… en palabras de Valeriano Bozal “El Homenaje es una ofrenda, la de los trabajos y los días, la de la pasión por la naturaleza”.
“El artista nunca se abstrae de la realidad histórica en que vive. El pueblo es país y vive fatalmente su tiempo. No puede escapar a este. (...) El arte no soluciona nunca nada; lo que hace es mostrar las cosas, descubrirlas, enseñarlas en su particularidad y hondura a los hombres.” SEOANE
El exilio, los exiliados y la emigración gallega en América y Europa son los temas centrales de su poesía. Sus libros de poemas: Fardel de eisilado (1956), Na brétema, Sant-Yago (1955), As cicatrices (1959), A maior abondamento (1972), están reunidos en Obra poética (1977).

Seoane desarrolló una intensa labor editorial. En 1938 inicia su colaboración con la editorial Losada, como ilustrador, fundada por un gallego, que será la receptora de la literatura europea que en la España de postguerra está proscrita.
Desde 1939 y durante veinte años dirige la revista «Galicia» del Centro Gallego de Buenos Aires. Fundador de la editorial Botella al Mar, Citania, Sargadelos, voz de la emigración a través de revistas como "Galicia Emigrante".
En el prólogo de "Figurando recuerdos", Luís Seoane se pregunta “¿Cómo dejar de ser fiel a aquellas imágenes que hemos vivido y querido intensamente?”. A esta interrogación que todo emigrante se ha efectuado, Seoane agrega el descarnado comentario del exiliado político: “Allá lejos, lejos, en Galicia, crecen líquenes y musgo sobre nuestros muertos y nuestros nombres”. Como artista Seoane busca narrar en sus dibujos, junto a la indagación de nuevos modos de expresión, aquello que no le pueden quitar ni arrebatar: los recuerdos. La barca pescadora, los campesinos y los marineros, con sus gestos y sus rostros. “Aquellos rostros, la tierra que labraban y el mar, eran para nosotros la libertad”.
        
Ilustraciones de hermosos libros de Alberti, Lorca, Gerardo Diego, Neruda, Lorenzo Varela, Cunqueiro. Constituyen junto a su obra pictórica, un logro y un sueño, un trabajo manual y un movimiento del espíritu, arte e ideas.

Como grabador, aunque cultivó diferentes técnicas, destaca en la plancha de acero, en la que consigue texturas novísimas, en formas abstractas en las que, sobre fondos negros arañados, inscribe siluetas de referencia humana o animal. Hay siempre algo lúdico en su pintura, síntesis de los «ismos» europeos de entreguerras y de la expresión americana de origen autóctono precolombino. Es, en fin, un artista inconfundible inmenso, cuya aparente elementalidad resultaría engañosa, puesto que detrás hay siempre un largo proceso intelectual y razonador.
Alberti le dedica un poema:
                   
                            
“Para mí el grabado estuvo siempre unido al tema y por sus fines originarios, multiplicidad de copias, etc., tiene un sentido popular que nunca, a mi juicio, tuvo el óleo. Posee desde sus comienzos una finalidad narrativa y yo trato de ser fiel a esa naturaleza con los ensayos técnicos que se me ocurren. A esto mismo se debe el cuidado de los títulos que trato de unir al mundo del grabado. Alguien los encontró literarios pero “literatura” es una parte, como dijimos, del mundo del grabado y literaria es una parte de mi obra.” SEOANE

  Seoane, figura fundamental en la vanguardia artística española, supo resolver con talento el encuentro entre tradición y modernidad. (...) Su obra, heredera de las inquietudes pictóricas de principios de siglo, de Matisse, Picasso, Klee y Torres-García, emana gran lirismo. Su pintura humanista, iluminada y colorista, atravesada por trazos firmes y expresivos, surge, como apuntó H. Read en 1949, "…de la paleta de un pintor que resuelve problemas de pintura pintando". 

 

(…) Desde sus primeras colaboraciones en la Editorial Nós hasta sus últimas portadas para Ediciós do Castro, ya en los setenta, pasando por el período del exilio bonaerense, Seoane mantuvo su apego y vinculación al campo de la comunicación y de la cultura. Fue capaz de conseguir que las tintas planas, el grafismo lineal y sus formas depuradas reflejaran con una gran carga de emoción estética el complejo mundo con el que dialogaban. La contribución de Seoane al grafismo en carteles, revistas y libros destaca por un espíritu moderno que le llevó a reelaborar las claves estéticas propuestas por las vanguardias artísticas para configurar un mundo de formas y colores de una enorme sensibilidad, funcionalidad e intuición. Su dominio de la lógica de la comunicación visual a partir de su conocimiento de la teoría y la praxis explican la variedad de soluciones y su capacidad para conjugar en su trabajo el poder de síntesis y la seducción visual.

mercredi 12 novembre 2025

Luces sobre un pasado deformado. La Guerra Civil ochenta años después (2020)

 

 
Prólogo
Juan Andrés Blanco
Jesús A. Martínez
Ángel Viñas

 

La guerra civil y sus antecedentes son los capítulos más controvertidos de nuestra historia. Este libro recoge las aportaciones de diecinueve historiadores españoles y dos extranjeros que participaron en un simposio en la UNED de Zamora al cumplirse el 80 aniversario de su final. Su título responde estrictamente al contenido. Se abordan tanto viejos temas desde una perspectiva actualizada como otros nuevos. Su base es estrictamente empírica  y documental. El conjunto constituye un desafío en toda regla a multitud de patrañas que circulan como “historia” en las redes sociales, en ciertos medios de comunicación e incluso en el mismo Parlamento. Sin concesión alguna. Es un libro de historia y sólo de historia. (Contracubierta del libro)

 

El presente volumen recoge las ponencias del Congreso que, bajo el título Queda mucho por decir sobre la Guerra Civil, Aportaciones recientes y reflexiones ochenta años después, se celebró en Zamora, y con el patrocinio de la UNED, los días 27, 28 y 29 de marzo de 2019. Su convocatoria, aprovechando el convencionalismo conmemorativo, respondía a razones historiográficas de peso para actualizar perspectivas de análisis y reflexiones sobre la Guerra Civil a los ochenta años de su finalización, y exponer en el escenario historiográfico aportaciones nuevas desde el punto de vista temático y empírico. Pero, principalmente, también había una razón de fondo de naturaleza emocional y personal: el presente volumen pretende ser un homenaje al profesor Julio Aróstegui, estrechamente vinculado a quienes esto escriben durante buena parte de su trayectoria como historiador de la Guerra Civil. El congreso que se celebró y la obra que, como resultado, ahora se presenta, se insertan en una trayectoria de «Encuentros sobre el conflicto central del siglo xx español» que impulsó Julio Aróstegui, Él proyectó y dirigió un amplio congreso celebrado con ocasión del cincuentenario del inicio de la guerra en septiembre de 1986 en la Universidad de Salamanca, con la apoyatura de la Sociedad de Estudios de la Guerra y el Franquismo (SEGUEF), y publicado en tres volúmenes bajo el entonces novedoso título de Historia y memoria de la Guerra Civil, cuando el tema de la memoria, que tanto debe a Julio Aróstegui, apenas si estaba iniciándose en España. Con él colaboramos estrechamente en la organización de tal evento. Significó un punto de inflexión para estimular y multiplicar los estudios sobre la Guerra Civil y el Franquismo, y dibujó una cantera de jóvenes historiadores que entonces abrían perspectivas de análisis distintas o no contempladas hasta el momento.

19 de julio de 1936: vecinos de Zamora leen el bando por el que los sublevados declaran el estado de guerra 
(foto: colección García Rubio)

En esa estela se pusieron en marcha después muchas iniciativas académicas e investigadoras. Bajo su codirección se programó, asimismo otro encuentro en diciembre de 2006, que se ha publicado digitalmente con el titulo de A los 70 años de la Guerra Civil española, obra en la que se integra una renovadora aportación, no solo en cuanto a contenidos sino también a metodología de Aróstegui, que en aquel momento era director de la Cátedra de la Memoria Histórica de la Universidad Complutense de Madrid, con el título «Memoria de batallas y batallas de memorias: reabrir el pasado».

Constatando la indudable realidad del avance historiográfico en el co­nocimiento de la Guerra Civil, crecientemente protagonizado por los his­toriadores españoles, en distintas ocasiones comentamos con él la con­veniencia de dedicar en su momento un nuevo encuentro científico con ocasión del ochenta aniversario del final del conflicto. Este debería contar con equilibrada presencia de las distintas generaciones de historiadores de la guerra y sobre los aspectos nuevos o que se vislumbraban como in­suficientemente tratados. En este caso no fue posible su implicación hasta el final, pues lo impidió su prematuro fallecimiento, pero el congreso que finalmente se realizó en Zamora en marzo de 2019 siguió en buena medida la impronta ya marcada por él. En el encuentro participaron muchos de quienes ya estuvieron en el de 1986, ya en su madurez historiográfica, y los que iniciaban una trayectoria investigadora en no pocos casos bajo el impulso del propio Aróstegui.

Pancarta en el Madrid asediado, fotografía atribuida a Mijail Koltsov

Como se ha indicado, también respondía este Congreso a la tendencia de la historiografía española a recordar los aniversarios redondos del comienzo o final de la Guerra Civil con cierto empaque. En general, con el resultado de compilaciones bibliográficas o, más frecuentemente, con obras colectivas en las que un número restringido de investigadores expone sus reflexiones con respecto a aquella cesura radical en la vida española. En el mismo 2019 se publicó ya un volumen de estas características, que obedeció a un congreso celebrado años antes en la Universidad Rovira y Virgili. También tuvieron lugar dos grandes congresos, con acentos diversos, en los que se reunieron especialistas de la materia.

¿Se podía decir algo más de la Guerra Civil después de un inabarcable repertorio de publicaciones convertido en el más prolífico entre cuantos temas se han abordado en la historia contemporánea de España? Más allá de la convención conmemorativa, la respuesta es evidente y afirma­tivamente rotunda y da lugar al titular del congreso. No solo era opor­tuno el encuentro, sino necesario en términos historiográficos y sociales. Se puede decir mucho más desde el punto de vista de los fundamentos empíricos, con la documentación de muy diversa naturaleza en nuestros archivos y otras fuentes de información. Pero no se trataba solo de una cuestión empírica, sino de la exigencia metodológica de abordar otras interpretaciones y otros marcos de comprensión, replanteando la forma de pensar la Guerra Civil de manera distinta, fuera de los habituales carriles metodológicos. Sobre todo porque nunca ha habido posiblemente más información y al mismo tiempo tanto desconocimiento historiográfico.

Franco en el frente de Cataluña, invierno de 1938 (foto: BNE)

En su momento nos dirigirnos a un amplio y diverso número de historiadores, y aceptaron todos sin excepción, para que hicieran llegar a los asistentes sus reflexiones sobre la Guerra Civil a los ochenta años de su finalización en función de sus últimas aportaciones a la mejor comprensión de sus antecedentes, desarrollo y consecuencias, sus nuevos descubrimientos sobre aspectos relacionados con ella o su análisis del impacto que la moderna historiografía sigue teniendo en la sociedad española de nuestros días. La idea estribó en proyectar los focos de la investigación histórica documentada y analizada críticamente sobre ciertas facetas atrapadas en un pasado tergiversado, deformado, manipulado y planteado más para una divulgación en términos de consumo y con carácter presentista, no exento de connotaciones político-ideológicas, que corno resul­tado de investigaciones contrastadas.

Las ponencias se transmitieron por circuito cerrado a los alumnos de la UNED y, más adelante, en abierto a todos los interesados. Para este vo­lumen, sin embargo, todas y cada una han sido revisadas concienzudamente por sus autores. El plazo final para la admisión de las actualizaciones se fijó a finales del año 2019. Nos complace reconocer que todos los participantes cumplieron con el plazo establecido. En consecuencia, este libro recoge lo que representa el punto al que cada autor ha llegado, en los momentos actuales, sobre las dimensiones que les fueron sugeridas. Un vistazo al índice permite advertir tanto la diversidad temática como de enfoques de los investigadores. Lo que ahora hemos pretendido es acercar el estado actual de sus reflexiones al mayor número posible de lecto­res. Con las solas y relevantes excepciones de sir Paul Preston y de la doctora Daniela Aronica, todos los autores son españoles. No hemos pre­ferido esta opción por casualidad. Es el fruto de una reflexión meditada. Desde los años ya lejanos de la Transición democrática los historiadores españoles hemos ido ascendiendo, a veces penosamente, hacia la punta de lanza de la investigación sobre la Guerra Civil. Es el resultado de tres factores que han obrado al unísono: en primer lugar, la desaparición de la censura y la recuperación de la libertad de pensamiento, publicación y cá­tedra. Toda una generación de historiadores, entonces jóvenes, hoy muy veteranos, estaba esperando con ansiedad la eliminación de las trabas ins­titucionales, políticas e ideológicas para empezar a poder investigar sobre el común pasado español sin miedo de ir a la cárcel o al exilio. En segundo lugar, la progresiva apertura de archivos españoles a sus diversos niveles, estatales, regionales y locales; políticos y militares, públicos y privados. Es un truismo afirmar que sin archivos no se hace la historia. Si bien no todos los archivos existentes son hoy de libre acceso, y en los que lo son todavía quedan fondos inaccesibles porque no han sido desclasificados, como los fondos de los Consejos Superiores de los tres Ejércitos, lo que el sistema democrático ha logrado en los últimos cuarenta años no es nada desdeñable. Existe material para mantener ocupadas a nuevas generaciones de historiadores. Por último, la importación por parte de los investigadores españoles de enfoques, técnicas y rnetodologías que han enriquecido la panoplia de instrumentos con los cuales han ido despejándose parcelas ocultas del pasado. Parcelas que no habían sido objeto de tratamiento en la historiografía que podríamos caracterizar de tradicional. El resultado es que la historia se ha mejorado con las aportaciones de otras historiografías y de otras ciencias naturales y sociales, y puede así pre­sentar una visión mucho más compleja del pasado español.

Detenidos por los sublevados en Utrera (Sevilla)(foto: Biblioteca Nacional)

Por otro lado, también ha sido resultado de una reflexión meditada la participación de representantes de, al menos, tres generaciones de histo­riadores: los que hicieron sus primeras investigaciones en los años de la Transición; los que se incorporaron en los años 1980 y 1990 en un contexto político e historiográfico muy diferente y, por último, los alevines, formados en el nuevo milenio y que ya aportan fuerza renovadora en sus trabajos.

Las veintidós contribuciones se articulan en tres partes. La primera aborda generalidades sobre la Guerra Civil o sus antecedentes en una visión historiográfica; la segunda trata de aspectos relevantes para la comprensión de la guerra, desde la dinámica militar hasta la internacional o la social, todos sumamente controvertidos; la tercera, sobre sus consecuencias inmediatas en términos de represión y configuración de la dictadura. En todo momento solicitamos a los autores que nos hicieran llegar sus reflexiones de la forma que consideraran más apropiada para alcanzar el objetivo que nos proponemos con el presente volumen. A saber, hacer llegar al público interesado una reflexión sobre las nuevas formas de ver la Guerra Civil gracias a los descubrimientos más recientes, analizados por ellos mismos o con su participación. No son, por supuesto, todos los que están ni están todos los que son. La historiografía española de hoy goza de gran diversidad y de una salud excelente, pero las razones de espacio exigían una limitación. Eso sí, todos tienen un denominador común: el de abordar la investigación desde el punto de vista historiográfico, es decir, con fundamentos empíricos, rigor metodológico y perspectivas de análisis solventes para intentar distanciar al lector de controversias distorsionadoras que publicitan medios de comunicación, redes sociales o partidos políticos, y de los que intencionadamente manipulan el pasado. En la actualidad circulan muchas versiones que carecen de solidez científica, o exageraciones en búsqueda de un éxito rápido o presentaciones en formato novedoso de tesis y afirmaciones desacreditadas. Si bien como historiadores sabemos perfectamente que no existe, ni puede existir, una histo­ria definitiva, y que su propia naturaleza científica exige un permanente diálogo historiográfico y una continua redefinición de análisis, no pode­mos enmudecer ante una agresiva falsificación del pasado bajo un disfraz historiográfico. Y la mejor forma de hacerlo es divulgar nuestras investi­gaciones siempre sujetas a un debate crítico y serio.

Cuando preparábamos este prólogo, recordamos un artículo del dis­tinguido escritor y ensayista Javier Marías que viene como anillo al dedo para explicar la coyuntura en que aparece el presente volumen. No nos re­sistirnos a citar una parte de él por su esclarecedora visión:

«Si yo fuera historiador, viviría desesperado, porque la labor de es­tos jamás había caído tanto en saco roto. El historiador investiga y se documenta, dedica años al estudio, cuenta honradamente lo qué averi­gua (bueno, los que son honrados, porque también proliferan los des­honestos a sueldo de políticos sin escrúpulos, los que mienten a con­ciencia), matiza y sitúa los hechos en su contexto. Nada de esto sirve para la mayoría. Tienen mucha más difusión y eficacia unos cuantos tuits falaces y simplistas, y lo más grave es que casi todo el mundo se achanta ante los aluviones de falsedades. […] Demasiada gente ha de­cidido abrazar el viento que le gusta, como los niños, independiente­mente de que sea o no verdadero. El historiador actual se desgañita: “Pero, oigan, que esto no fue así, que esta versión es falsa, que nada hay que la sostenga”. Y la respuesta es cada vez más: “Eso nos trae sin cuidado. Nos conviene este relato, nos complace esta ficción, y es la que mejor se adecúa a nuestros propósitos. Es el espejo en que nos ve­rnos más favorecidos, a saber, como víctimas y ofendidos, corno so­juzgados y humillados, como mártires y esclavos. Sin esos agravios a los nuestros, no vamos a ninguna parte ni podemos vengarnos. Y de eso se trata, de vengarnos”»

Gran Vía de Barcelona tras el bombardeo del 17 de marzo de 1938 (foto de Michele Francone, incluida en el libro Catalunya any zero, de David Gesalí y David Íñiguez, Angle Editorial, 2019)

La sociedad española no es, ciertamente, la única en la que se dan cita los bulos, estereotipos y fake news sobre el pasado, pero sí es una de las pocas en Europa Occidental que los utiliza como arma política arrojadiza y que los ha elevado al rango de una fake history desde instancias mediáticas y políticas. Por eso, precisa todavía de una indagación solvente de su pasado con fundamentos historiográficos principalmente del siglo XX, en general, y de la Guerra Civil, en particular.

El presente libro está dividido en tres bloques temáticos: preliminares, guerra y consecuencias. Se inicia con las contribuciones de Matilde Eiroa y Alberto Reig, que ponen de relieve dos de los hilos que condujeron al congreso de Zamora. El primero trata del papel, la función, los límites y las posibilidades de la labor del historiador. Como no existe historia definitiva, la que se escribe en un momento dado es en parte función de las preocupaciones de su presente, pero puede interpretarse de diferentes maneras. No somos los historiadores los únicos proveedores de conoci­miento sobre el pasado, aunque pretendamos reconstruir parcelas de este con el mayor rigor posible. Hoy los medios, bien tradicionales bien digitales, aportan su granito de arena para redondearlas o, con harta frecuencia, deformarlas.

Refugiados en la carretera Málaga-Almería, febrero de 1937 (foto: Comité Internacional de la Cruz Roja)

Al tema de la deformación dedica Reig su contribución, planteando que hay que volver a los hechos y enmarcarlos en un cuadro de referencia teórico, para extraer de ellos todo lo que pueden dar de sí. En la medida en que la Guerra Civil fue una guerra entre ideologías, una de las cuales fue bendecida por la Iglesia católica, de manera inmediata por la española y trentina, su aportación estudia cómo su discurso formó parte del cuerpo doctrinal con el que la dictadura trató de «legitimar» su victo­ria y, con mayor denuedo si cabe, su interpretación, y cómo esta se pro­yecta hoy, con escasos retoques aunque significativos, en una parte de la literatura de masas que persigue continuar extrayendo réditos políticos y monetarios.

Continúa el libro con la aportación de Ricardo Robledo sobre la significación de la reforma agraria, aprovechando el aniversario del fallecimiento de Edward Malefakis, que fue el primer historiador en acercarse al tema con planteamientos modernos, hoy en parte superados. Le sigue Eduardo González Calleja, uno de los mejores conocedores de la historia de la Segunda República, desmitificando una vez más la interpretación que los vencedores hicieron sobre ella y que continúa hoy propagada por una subliteratura historiográfica. De notar son sus repetidas llamadas a la pervivencia, en ciertos sectores, de una historiografía ayuna de fuentes primarias y recargada de consideraciones puramente ideológicas de va­rios de los mitos sobre la primavera de 1936. Si bien González Calleja se ocupa de ciertos preparativos para la insurrección, Viñas y Alía entran más profundamente en ellos. El primero con la provocadora tesis de que se trató de un golpe monárquico, militar y fascista desde sus lejanos orígenes en 1932, gracias al descubrimiento de nueva documentación en los archivos italianos. El segundo, pasando revista a los esfuerzos que des­pliegan algunos autores para embarullar los orígenes del golpe de Estado e, incluso, de cierta manera, para postular un supuesto papel director de Franco que jamás existió.

Soldados republicanos cruzan el Ebro (foto: Efe)

Cuantitativamente, es el segundo bloque, el referido a la Guerra Civil misma, el que engloba el mayor número de contribuciones. Juan Carlos Losada, uno de los historiadores españoles más importantes en el tema militar, destaca sus momentos estelares contemplando las dimensiones estratégicas y sus implicaciones políticas. Juan Andrés Blanco se ocupa del muy mitificado papel de las milicias en ambos bandos, pero en particular en el republicano, que es donde más atención han despertado. Jesús A. Martínez aborda el papel de la propaganda escrita, y también oral, con sus abismales diferencias entre los dos contendientes, pero en todo caso elaborada para dar sentido a una lucha a la que la inmensa mayoría de los combatientes fueron obligados, partiendo de la interpretación tam­bién provocadora de que antes de julio de 1936 no existían dos bloques políticos e ideológicos dispuestos a enfrentarse en un destino irreversible, y que por ello el descomunal esfuerzo de propaganda tuvo como objetivo principal el de configurarlos. Por su parte, Miguel L. Campos, que acaba de terminar una monografía de próxima aparición sobre el contro­vertido aspecto de la soledad de la República con respecto al aprovisio­namiento de armas, excluidas las soviéticas, pone de relieve el desastre que fue la política seguida para romper el dogal de la no intervención. A ello añade David Jorge un ensayo sobre el degradadísimo papel que las potencias democráticas occidentales impusieron a la Sociedad de Naciones, con una demostración acabada que ha tardado en penetrar en cierta historiografía. Por la vía de los suministros y por la político-diplomática, el estrangulamiento tuvo efectos devastadores. Los republicanos hubieran debido ser trasuntos del capitán América para sobreponerse, solo con la ayuda de la Unión Soviética y de México, al peso muerto que les echaron encima el resto del orbe más Franco. José Ramón Rodríguez-Lago aporta una puesta al día sobre los estudios más recientes, y señala cómo la próxima apertura de los papeles relativos al pontificado de Pío XII puede permitir muchos más progresos sobre el factor religioso en la Guerra Civil. Es un aspecto ‘en crecimiento exponencial’ en el que abundan nuevos planteamientos y, como es lógico, nuevas preguntas. El joven doctor Carlos Píriz adelanta parte de los resultados de su reciente tesis sobre la actividad y significado de la no menos mitificada «Quinta Columna». Solo aborda una minúscula parte de ella y desde aquí anunciamos que, cuando se publique, alterará muchas de las concepciones que hasta ahora habían hecho autoridad sobre el asunto. Daniela Aronica examina los esfuerzos de la propaganda fascista para imponer una determinada visión que exaltara la gloria del Duce. Por su parte, sir Paul Preston, a quien no le fue posible asistir personalmente al Congreso de Zamora, nos ha permitido re­producir las palabras sobre el final de la guerra que pudieron presentarse ante los participantes gracias a una conexión digital.

Cadáveres (según algunas fuentes, de rehenes fusilados) en un cráter junto al alcázar de Toledo (foto: Erich Andrés)

El tercer bloque se ocupa, como una de las consecuencias principales de la guerra, de la represión por parte de los vencedores. Es, sin duda al­guna, la más ocultada y distorsionada por la literatura generada durante el Franquismo y que tuvo continuidad como pieza estructural de su fun­cionamiento. Aquí hemos procedido desde lo general (Gutmaro Gómez Bravo, uno de los historiadores de la generación intermedia que ya se ha hecho con un nombre respetado gracias a sus investigaciones) hasta lo más particular (Francisco Espinosa, uno de los grandes pioneros en el es­tudio del tema, sobre todo en Andalucía Occidental y Extremadura). Ade­más, un criterio territorial por el lugar en que se celebró el congreso ha permitido la aportación sobre el estudio de la represión en esta zona de Enrique Berzal (Castilla y León) y Cándido Ruiz y Eduardo Martín (Zamora). Este bloque contiene también estudios innovadores, como el de Julio Prada acerca de la represión económica, sobre la que acaba de pu­blicar un denso libro en inglés, o el de Miriam Saqqa, antropóloga, con respecto a la gestión de los cuerpos de las víctimas del «terror rojo» por parte de los vencedores. También nos complace contar con una visión muy actualizada sobre el continuum entre represiones en Cataluña, y sus consecuencias sociales y políticas tras la guerra, cuyo autor es el gran his­toriador catalán José Luis Martín Ramos, que cierra el volumen.

Con vistas a su publicación en papel y por razones de espacio, hemos optado por no ampliar el elenco de contribuciones que, en forma de comunicaciones, se presentaron al congreso. Somos plenamente conscientes de que subsisten lagunas, así como que es una banalidad pensar que el tema se agota en un congreso. Nuestro propósito ha sido, es, actualizar con sentido historiográfico aportaciones recientes sobre la Guerra Civil y reflexiones ochenta arios después y, quizá, contribuir a encender luces académicas e investigadoras sobre un pasado muy a menudo deformado.

 


Índice

Prólogo,
por Juan Andrés Blanco, Jesús A. Martínez y Ángel Viñas 

Del estudio del pasado a la transmisión en el presente: ¿qué papel desempeñan los historiadores a los ochenta años de la Guerra Civil?,
por Matilde Eiroa 

La inconclusa guerra de palabras en torno a la represión y el terror en la Guerra Civil,
por Alberto Reig Tapia 

Sobre los orígenes agrarios de la Guerra Civil: cincuenta años del libro de Malefakis,
por Ricardo Robledo 

La República, ¿víctima o responsable de la Guerra Civil?,
por Eduardo González Calleja 

Con Mussolini hacia el 18 de julio. El vector fascista en la conspiración,
por Ángel Viñas 

Lo que hemos aprendido sobre el éxito y el fracaso de la conspiración militar,
por Francisco Alía Miranda 

Los momentos decisivos de la guerra. Las estrategias militares,
por Juan Carlos Losada 

Las limitaciones del impulso miliciano,
por Juan Andrés Blanco 

El abandono de la República en materia de suministros de armamentos. Nuevas investigaciones,
por Miguel Í. Campos  

El papel de la propaganda y la propaganda de papel. Púlpitos en el frente y prensa
en las trincheras,
por Jesús A. Martínez Martín   

El abandono de la República por las democracias: nuevos hallazgos y enfoques,
por David Jorge 

Desarmando la cruzada. La Iglesia católica en la Guerra Civil española, ¿qué sabemos?, ¿qué nos queda por saber?, 
por José Ramón Rodríguez Lago 

Lo dicho y lo que está por decir sobre la Quinta Columna: otra contribución en el octogésimo aniversario de la conclusión de la Guerra Civil, 
por Carlos Píriz 

La ofensiva de Cataluña en el cine de no ficción de la Italia fascista,
por Daniela Aronica 

Los últimos días de la República,
por Paul Preston 

Del golpe a la guerra de ocupación. La violencia en la Guerra Civil,
por Gutmaro Gómez Bravo  

Andalucía y Extremadura: la represión franquista en perspectiva,
por Francisco Espinosa Maestre 

Una zona no tan «azul». Guerra Civil y represión en Castilla y León,
por Enrique Berzal de la Rosa 

La represión franquista en Zamora: un estado de la cuestión,
por Cándido Ruiz González y Eduardo Martín González 

Lo que sabemos de la represión económica. Un balance,
por Julio Prada Rodríguez 

Cataluña, fracturas en guerra para después de la guerra,
por José Luis Martín Ramos 

Las exhumaciones de los caídos por Dios y por España: la gestión de los cuerpos,
por Miriam Saqqa Carazo 


Portada: Portada del libro publicado por Marcial Pons

Ilustraciones: Conversación sobre la historia

mardi 21 octobre 2025

Canciones para después de una guerra (Basilio Martín Patino, 1971)

 


Canciones para después de una guerra es una película documental del director Basilio Martín Patino, basada en la España de posguerra. Se realizó de forma clandestina en 1971 y no fue estrenada hasta 1976, después de la muerte del dictador Francisco Franco.[1]

Contenido

La película consiste en una serie de imágenes de archivo, todas ellas previamente aprobadas por la censura, sobre las que se superponen canciones populares de la época con el fin de dar un segundo significado, a menudo satírico, a lo que se muestra en pantalla.[2]​ El propio Basilio Martín Patino comentaría más adelante:

En la guerra había una época, un entusiasmo, una entrega que era estimulante. En la posguerra hubo resignación, cabreo y la esperanza de que todo aquello cambara. Sin duda, fue más dura la posguerra [...] En las revistas se pueden ver los contrastes de la posguerra. En ellas se aprecia la forma de vestir de la gente, la forma de comportarse y, cuando se pone la lupa encima, se pueden ver los detalles, se descubren las caras terribles, de luto, de miedo, de terror. Lo que más me impresionó fueron las caras, las mujeres de luto, los niños, siempre los niños. Era terrible. Cuando terminé Canciones para después de una guerra me di cuenta de que había llenado la película de niños solitarios. Fue una mezcla de sorpresa, asombro y espanto ante lo que la posguerra significó de sufrimiento, miedo, padecimiento, compasión y solidaridad. Madrid había sido la ciudad libre, la ciudad del antifascismo y seguía conservando el espíritu rebelde que en esa época estaba callado, resignado, pero que afloraba en el momento en que escarbabas..[3]

Las canciones

Además de los himnos de trinchera, entre los temas musicales seleccionados pueden citarse por ejemplo:[4]

Las coplas «Échale guindas al pavo», por Imperio Argentina, «La morena de mi copla» por Estrellita Castro, «La bien pagá» por Miguel de Molina, «Lerele» por Lola Flores, «Francisco Alegre» por Juanita Reina, las canciones «Angelitos negros» por Antonio Machín, «Americanos» por Lolita Sevilla, «Lili Marleen» por Marlene Dietrich, «Raska yu» por Bonet de San Pedro, «Mi vaca lechera» por Juan Manuel Torregrosa, o el tango «Limosna de amor», en la interpretación de García Guirao.[5][6]

Listado

Referencias

  • «Canciones para después de una guerra en la Fundación Basilio Martín Patino». Archivado desde el original el 6 de octubre de 2014. Consultado el 3 de octubre de 2014.
  • "El silencio oscuro" en encadenados.org
  • Montoliú, 2005, p. 410.
  • «Canciones para después de una guerra». itunes.apple.com. Consultado el 2 de febrero de 2018.M. Estrada, Isabel (2013). El documental cinematográfico y televisivo contemporáneo: memoria, sujeto y formación de la identidad democrática española. Támesis. pp. 88-92. Consultado el 2 de febrero de 2018.
  • «Canciones para después de una guerra». filmaffinity. Consultado el 2 de febrero de 2018. 

     

    Bibliografía

  • «Canciones para después de una guerra en la Fundación Basilio Martín Patino». Archivado desde el original el 6 de octubre de 2014. Consultado el 3 de octubre de 2014.
  • "El silencio oscuro" en encadenados.org
  • Montoliú, 2005, p. 410.
  • «Canciones para después de una guerra». itunes.apple.com. Consultado el 2 de febrero de 2018.
  • M. Estrada, Isabel (2013). El documental cinematográfico y televisivo contemporáneo: memoria, sujeto y formación de la identidad democrática española. Támesis. pp. 88-92. Consultado el 2 de febrero de 2018.
  • Montoliú, Pedro (2005). Madrid en la posguerra, 1939-1946: Los años de la represión. Madrid: Sílex. ISBN 84-7737-159-8.