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mercredi 7 janvier 2026

Transition énergétique : la France piégée par ses propres choix


La France a massivement développé des capacités d’énergies renouvelables, au point que leur puissance installée dépasse désormais celle du parc nucléaire. Présenté ainsi, le chiffre peut sembler flatteur. En réalité, il masque un dysfonctionnement profond. La vraie question n’est pas la quantité installée, mais l’utilité réelle de cette production et le service qu’elle rend au système électrique.
Or, la consommation d’électricité en France stagne depuis plus de dix ans et recule même depuis plusieurs années, sous l’effet de la hausse des prix. Autrement dit, nous ajoutons des capacités alors que la demande n’augmente pas. Le résultat est mécanique : une situation de surcapacité chronique.
Dans ce contexte, l’électricité produite par l’éolien est très souvent exportée, non parce qu’elle serait indispensable, mais parce que le nucléaire et l’hydraulique suffisent déjà à couvrir la demande nationale. Les renouvelables ne remplacent donc pas des moyens de production fossiles : ils se substituent partiellement au nucléaire dans les exportations, ce qui réduit son taux de fonctionnement.
C’est là que le système devient absurde. Le nucléaire coûte pratiquement la même chose qu’il produise beaucoup ou peu, car le combustible ne représente qu’une faible part du coût total. Lorsqu’on force les réacteurs à tourner au ralenti pour faire place à des productions intermittentes subventionnées, on renchérit mécaniquement le coût du kilowattheure nucléaire. L’électricité devient plus chère non parce qu’elle est rare, mais parce qu’on empêche les installations amorties de fonctionner normalement.
On en arrive alors à une situation ubuesque : le consommateur paie plusieurs fois la même électricité. Il paie pour des éoliennes et des panneaux solaires garantis à prix élevé, il paie pour des centrales nucléaires maintenues en fonctionnement même quand elles produisent moins, et il paie pour un système de réseau de plus en plus complexe. Parfois, il paie même quand l’électricité n’est pas produite, lors des périodes de prix négatifs, devenues de plus en plus fréquentes.
Malgré ces signaux évidents de surcapacité et de désorganisation, la stratégie consiste à en rajouter : doubler, puis tripler les capacités renouvelables dans les années à venir. Autrement dit, accentuer un déséquilibre déjà manifeste.
Cette dérive a des conséquences économiques lourdes et parfaitement prévisibles. Pendant que les États-Unis font le choix du pragmatisme et sécurisent une électricité abondante et bon marché pour soutenir leur réindustrialisation, et que la Chine, venue apprendre chez nous, construit vite, standardise et maîtrise ses coûts, la France s’enlise dans des normes excessives et des choix idéologiques. Elle se prive ainsi des moyens de soutenir la comparaison avec ses principaux concurrents.
Les effets sont déjà visibles et ne peuvent que s’aggraver. Pour les particuliers, la facture d’électricité continue d’augmenter et poursuivra sa hausse. Pour les entreprises, le choc est encore plus brutal. Beaucoup n’auront tout simplement plus les moyens de payer leur énergie. Et lorsque l’électricité devient structurellement trop chère, l’issue est connue : les usines ferment, l’activité se déplace ailleurs, et la désindustrialisation s’accélère.

 

dimanche 9 novembre 2025

Soldados africanos contra el fascismo

 FUENTE : https://www.elviejotopo.com/topoexpress/soldados-africanos-contra-el-fascismo/

ÁFRICA NO FUE LA PERIFERIA DE LA GUERRA ANTIFASCISTA

Por Mika*

La clásica obra de Ousmane Sembène de 1988, Camp de Thiaroye, comienza con una escena que resume la contradicción colonial. Es 1944. Los soldados africanos —los Tirailleurs Sénégalais— regresan a casa desde los frentes de batalla de Europa, después de haber luchado para liberar a Francia del fascismo. En ese momento, con un solo gesto contenido, Sembène captura el balance moral del imperio. La guerra había terminado en Europa, pero su lógica persistía en África. Effok no era solo un pueblo, era un registro de requisas, palizas y desapariciones durante la guerra. La sonrisa del general es una máscara; la negativa del tío, un acto político. Desde esta tranquila rebeldía hasta la masacre de Thiaroye que le sigue, Sembène traza el camino desde la resistencia pasiva a la activa contra el colonialismo francés, desde la lucha contra el fascismo en el extranjero hasta su enfrentamiento en casa.

   
Hassane Sar (Senegal), Thiaroye Dem Dik (‘Go to Thiaroye and Come Back’), 2016.

El primer frente: Etiopía se queda sola

Incluir a África en la historia de la Guerra Mundial Antifascista —comúnmente conocida como Segunda Guerra Mundial, 1939-1945— no es añadir una nota decorativa, sino corregir el registro. Mucho antes del desembarco de Normandía, se produjeron importantes levantamientos armados contra el auge del fascismo fuera de Europa, ya desde el 18 de septiembre de 1931, con la invasión imperial japonesa de China. La lucha mundial contra el fascismo no comenzó en 1939 en Europa, sino años antes en continentes que a menudo se marginan en la narrativa histórica.

En 1935-1936, cuando el ejército de Mussolini invadió el país, lanzando gas mostaza y bombas químicas en violación flagrante del Protocolo de Ginebra, los patriotas etíopes, tanto hombres como mujeres, libraron una guerra de guerrillas de varios años que dejó al descubierto el fascismo como colonialismo sin disfraz. Estos arbegna (patriotas) encarnaban un rechazo que trascendía el género, la clase y la región.

El coste humano fue inmenso: más de 750 000 combatientes y civiles etíopes murieron durante la invasión y la ocupación. En 1937, tras un intento de asesinato del virrey italiano, las fuerzas italianas desataron la masacre de Yekatit 12, en la que murieron 30.000 civiles en tres días de castigo colectivo. En las cuevas de Ametsegna Washa, gasearon y ametrallaron a más de 5500 etíopes, en una de las mayores masacres del teatro africano y un ejercicio metódico de terror. Aun así, la resistencia nunca cesó. Un tercio de los patriotas registrados eran mujeres: organizadoras, combatientes y comandantes cuyo desafío resonó en todo el continente. Su resistencia de cinco años abrió una escuela de resistencia, sembró la geografía política y se convirtió en un modelo para los movimientos antifascistas y anticolonialistas que siguieron.

Djime Diakite (Senegal), Apothéose des tranchées (Apotheosis of the Trenches), 2016.

La infraestructura de la victoria

A medida que la guerra se extendía, África se convirtió en su corazón logístico. Sus costas protegían las rutas marítimas; sus minas alimentaban la maquinaria bélica; sus trabajadores construían los puertos, las vías férreas y las pistas de aterrizaje que sostenían los frentes aliados y permitían la victoria final. Por todo el continente circulaban convoyes, aviones y combustible, impulsados por la mano de obra, los recursos y el sacrificio africanos.

Los soldados africanos y de la Commonwealth derrotaron a Italia en África Oriental en Keren y Amba Alagi, reabriendo el Mar Rojo y destrozando el imperio del Eje en suelo africano. Las tropas francesas libres y africanas capturaron Kufra en Libia, asegurando el flanco sur para la guerra del desierto. En el oeste, Gabón y Dakar se convirtieron en bases de operaciones para el África francesa y proporcionaron a De Gaulle una columna vertebral territorial y una base logística. Freetown y Takoradi transportaban aviones y protegían los convoyes que sostenían los frentes de Oriente Medio y el norte de África, incluso cuando los submarinos alemanes acechaban esas rutas marítimas. En el océano Índico, la toma de islas clave privó al Eje de un trampolín submarino que podría haber amenazado el canal de Suez y el canal de Mozambique.

Más de un millón de soldados africanos prestaron servicio; otros millones trabajaron en condiciones coercitivas y peligrosas. En el Congo, el uranio extraído de la mina de Shinkolobwe —por trabajadores africanos, muchos de los cuales sufrieron efectos desastrosos para su salud— alimentó las bombas atómicas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki. La contribución de África fue decisiva —material, estratégica y humana—, pero a su pueblo se le negó el reconocimiento y la recompensa. Los imperios que afirmaban luchar contra el fascismo en el extranjero mantuvieron sus métodos en casa: jerarquía racial, trabajos forzados, castigos colectivos.

Thiaroye: Victoria y violencia

Camp de Thiaroye, de Sembène, relata lo que sucedió cuando el frente se trasladó al país. Los tirayeles que habían derramado su sangre por Francia fueron reunidos en un campo de tránsito cerca de Dakar para esperar la desmovilización. Cuando se devalúa el pago atrasado que se les había prometido, su conciencia política, templada en los campos de batalla extranjeros, se endurece y se convierte en una demanda colectiva de justicia económica. Se declararon en huelga, no por caridad, sino por dignidad. La respuesta colonial llegó al amanecer: tanques y artillería contra hombres desarmados y dormidos. Entre ellos se encontraba Pays, superviviente de los campos nazis, que llevaba un casco de las SS. Él intuyó lo que iba a pasar, pero, destrozado por el trauma, no pudo advertirles de que el fascismo solo había cambiado de uniforme, no de víctimas.

La masacre de Thiaroye del 1 de diciembre de 1944 no es una aberración, es el Estado colonial hablando con su voz más clara. Menos de seis meses después, el 8 de mayo de 1945 (Día de la Victoria en Europa), el mismo día en que Europa celebraba la victoria sobre el fascismo, las tropas francesas masacraron a miles de argelinos en Sétif y Guelma por exigir la independencia. Dos años más tarde, los veteranos de la guerra antifascista y los jóvenes malgaches politizados se levantaron por la independencia y corrieron la misma suerte. Para los colonizados, la «liberación» significó el restablecimiento del látigo, los campos y las armas. Ochenta años después, el número de muertos y los lugares de enterramiento siguen siendo objeto de controversia, y la búsqueda de la verdad completa sigue obstaculizada, lo que demuestra que la guerra por la memoria continúa.

Del servicio en tiempos de guerra a la lucha de posguerra

Sin embargo, la guerra cambió África. La experiencia de luchar contra el fascismo y sostener el esfuerzo bélico aliado transformó a los trabajadores y soldados comunes en sujetos políticos. Afirmaron que las promesas antifascistas de libertad y justicia social también debían aplicarse en las colonias, fusionando los frentes laboral y anticolonial.

En junio de 1945, los trabajadores nigerianos, que habían alimentado y abastecido al frente aliado, lanzaron una huelga general para reclamar salarios dignos y dignidad. Al año siguiente, 70.000 mineros sudafricanos que habían impulsado la economía aliada durante la guerra —oro para las reservas, carbón para la industria— lanzaron una huelga contra el régimen laboral «fascista» del capitalismo del apartheid: salarios de miseria y leyes laborales racistas. En 1947-1948, el impulso se extendió por todo el continente. En toda el África occidental francesa, los trabajadores ferroviarios se valieron de su disciplina bélica para organizar una huelga sostenida que vinculaba la lucha por un salario justo con la demanda más amplia de libertad.

En 1948, en Accra, unos exmilitares desarmados que marchaban para exigir sus pensiones fueron abatidos a tiros por un oficial británico. Los asesinatos desencadenaron disturbios y radicalizaron a toda una generación. Entre los detenidos tras los disturbios se encontraba Kwame Nkrumah, que pronto llevaría a Ghana a la independencia. Tras haber trabajado en un partido nacionalista moderado, se separó de él para formar su propio movimiento, que exigía el autogobierno inmediato, reconociendo —como escribió más tarde su biógrafo— que, tras el fin de la guerra, había comenzado la revolución africana.

Sammy Baloji (DR Congo), Shinkolobwe’s Abstraction, 2022.

Precisión, no piedad

Sembène rechaza el consuelo fácil. Tras la masacre, en su escena final, un nuevo grupo de jóvenes soldados africanos embarca en un barco rumbo a Europa, tal y como hicieron en su día los veteranos de Thiaroye. La historia, al parecer, se dispone a repetirse.

Recordar el papel de África en la Guerra Mundial Antifascista no es un acto de caridad, sino de decir la verdad. Los campos de batalla del continente no eran periféricos, sino fundamentales para la derrota del fascismo y el nacimiento del mundo de la posguerra. Su lucha contra el fascismo era inseparable de su lucha contra la arquitectura del imperialismo. Pero también revelaron algo más profundo: que la lógica central del fascismo —la jerarquía racial, la expropiación, el castigo colectivo— era propia del imperio.

Ochenta años después, la lucha continúa bajo nuevas formas: contra los regímenes de deuda, el saqueo ecológico, las fronteras militarizadas y la instrumentalización de la memoria. Para conmemorar la gran victoria de la Guerra Mundial Antifascista, resistir el resurgimiento del neofascismo y abordar las crisis entrelazadas a las que se enfrenta el Sur Global, el Foro Académico del Sur Global (2025) se reunirá en Shanghái los días 13 y 14 de noviembre de 2025 bajo el lema «La victoria de la Guerra Mundial Antifascista y el orden internacional de la posguerra: pasado y futuro».

Una nueva generación de pensadores, artistas y organizadores de todo el Sur Global está recuperando esta historia, no para idealizar el pasado, sino para comprender el mundo que hemos heredado. Como nos recuerda Sembène, la resistencia comienza con la precisión: ver claramente lo que se hizo, quién pagó el precio y lo que aún queda por ganar.

  
Front cover of the booklet, titled ‘Workers at War – CNETU and the 1946 African Mineworkers’ Strike’, South Africa.

(*) Mika es investigadora y editora en Tricontinental: Instituto de Investigación Social y coordina la oficina panafricana de Tricontinental, donde ha coescrito un reciente dossier titulado Sahel busca la soberanía. Actualmente cursa su doctorado en la Escuela de Relaciones Internacionales y Asuntos Públicos de la Universidad de Fudan. Es miembro de la Secretaría de Pan Africanism Today, que coordina la articulación regional de la Asamblea Popular Internacional. También forma parte del comité de coordinación de No Cold War, una plataforma por la paz que promueve la multipolaridad y la máxima cooperación global.

Fuente: Tricontinental

dimanche 16 mars 2025

« Gender-washing » : comment les multinationales du secteur extractiviste détournent les revendications féministes

 TotalEnergie dans la région:

Ouganda totalenergie ouganda 

Tanzanie totalenergie tanzanie

Monzambique totalenergie mozambique

SOURCE: https://multinationales.org/fr/enquetes/survivre-a-eacop/gender-washing-comment-les-multinationales-du-secteur-extractiviste-detournent

Face à la contestation sociale et environnementale, les multinationales pétrolières ou minières se posent de plus en plus souvent en champions de l’égalité des femmes pour légitimer leurs projets controversés. Enquête sur ce « gender-washing » dont TotalEnergies en Ouganda fournit une parfaite illustration.

Publié le 11 mars 2025 , par Agatha Allain


KABerglund cc by-sa

« C’est une pionnière. Elle défie les obstacles, les surmonte, inspire le changement, et ouvre la voie aux leaders de demain. » Ces louanges, on peut les lire sur le site de Women In Mining, une organisation dédiée à la promotion des femmes dans le secteur minier, qui récompense chaque année cent femmes censées incarner cet idéal éblouissant. Cela pourrait sembler un paradoxe pour ce secteur souvent qualifié de « boys club » du fait de son inaccessibilité aux personnes ne correspondant pas aux normes de masculinité et de virilité [1]. Pourtant, le sujet semble être devenu incontournable. En effet, les industries extractives (minières, pétrolières et gazières), régulièrement dénoncées pour leurs impacts irréversibles sur l’environnement – dégradations des sols, déforestation, pollutions, pertes de biodiversité – et pour la dépossession des communautés locales, sont embarquées depuis les années 2000 sur un nouveau terrain : celui de l’égalité hommes-femmes. Une tendance qu’illustrent parfaitement les activités de Women in Mining, tout comme elles illustrent la conception particulière, individualiste et très « corpo-compatible », de l’émancipation des femmes qui est promue par l’industrie.

Cet intérêt n’a rien de fortuit. Selon Kyra Grieco, anthropologue spécialiste des inégalités créées par le développement minier au Pérou, les multinationales ont commencé à intégrer la question du genre dans les années 2005-2010 afin de répondre aux nombreuses publications dénonçant les impacts des activités minières et pétrolières sur les femmes, leurs moyens de subsistance, leur sécurité, et les nouvelles inégalités de genre que l’extractivisme entraîne au sein des familles et des communautés [2]. « L’industrie minière a ainsi été obligé d’intégrer l’égalité de genre parmi ses objectifs en matière de responsabilité sociale d’entreprise (RSE), » explique-t-elle. L’attention médiatique grandissante sur les activistes, juristes et chercheuses participant aux oppositions locales aux projets d’extraction a aussi contribué à amplifier les revendications des femmes et des mouvements féministes.

TotalEnergies, défenseur autoproclamé des femmes

Dans le secteur pétrolier et gazier, un groupe comme TotalEnergies cherche ainsi à se construire une image de défenseur de la cause des femmes et de leur émancipation économique dans le cadre de ses projets en Ouganda et en Tanzanie – les forages pétroliers dans la région du lac Albert et le projet d’oléoduc EACOP destiné à transporter l’or noir vers l’océan Indien en vue de son exportation [3]. En donnant la parole aux femmes sur le terrain, l’Observatoire des multinationales et le Tasha Research Institute ont cependant montré comment, malgré les promesses de TotalEnergies, l’EACOP a engendré de nouvelles inégalités de genre, que ce soit au sein de l’entreprise ou dans les communautés affectées (lire notre enquête Survivre à EACOP).

Ce grand écart entre les beaux discours favorables aux femmes et la réalité du terrain a un nom : le « gender-washing » – soit l’équivalent pour les questions de genre du « greenwashing » pour les questions environnementales. Outre TotalEnergies pour ses activités ougandaises, d’autres multinationales derrière des projets extractivistes très contestés ont elles aussi adopté cette stratégie pour tenter de neutraliser la contestation sociale – dont celle menée par des femmes. C’est le cas par exemple du groupe TCEnergy, responsable du Coastal Gas Link, un gazoduc de 670 kilomètres acheminant principalement du méthane jusqu’à un site d’exportation à Kitimat, en Colombie Britannique, au Canada, qui traverse différents territoires autochtones. Ou encore du géant suisse Glencore à propos de sa mine de charbon à ciel ouvert de Cerrejón en Colombie, qui a derrière elle un lourd passif de répression et de déplacement de populations (lire notre article).

Comme souvent en matière de RSE, les multinationales concernées cherchent à se construire une légitimité à travers des partenariats avec des acteurs externes ou avec des institutions internationales. Par exemple, TotalEnergies s’est associé avec le Forum de Davos pour s’engager à réduire les inégalités de genre avec une vingtaine d’autres entreprises pétrolières dont Shell, BHP et Saudi Aramco en 2016, citant des objectifs vagues tels que : « créer une culture d’entreprise inclusive et ouverte où tous les genres peuvent s’épanouir ». En 2023, et malgré les différentes accusations des femmes des communautés affectées par l’EACOP – dont celle de ne pas respecter le droit à une compensation juste et digne à travers la sous-évaluation de leurs terres [4] –, TotalEnergies a instrumentalisé la journée mondiale des femmes du 8 mars afin de signer un partenariat avec l’Organisation internationale de la francophonie en faveur de l’émancipation des femmes. TCEnergy s’est associé au réseau professionnel Women+Power, tandis que Glencore finance la Canadian Mining Association, qui lui apporte de la visibilité auprès de la cause féminine. Cette organisation organise les HuEllas awards, qui ont récompensé la directrice de la mine Cerrejón, Claudia Bejarano, pour son engagement auprès des femmes, et est financée par Glencore à hauteur de 120 541 dollars en 2023 [5].

La machine méritocratique de Glencore, TotalEnergies et TCEnergy

Le « gender-washing » a deux terrains d’actions – à l’extérieur, au sein des communautés affectées, mais aussi à l’intérieur même des entreprises concernées. C’est ainsi que les secteurs miniers et pétroliers – comme on l’a dit traditionnellement très masculins – cherchent aujourd’hui à faire croître la part des femmes dans leurs effectifs, qui se situe aujourd’hui respectivement à 10 et 29% [6].

Une de leurs stratégies de prédilection se résume à sélectionner, récompenser, et mettre en avant certaines employées dans leur communication. On peut ainsi voir TCEnergy et Glencore mettre en avant les « femmes qui font une différence » (« women making a difference ») [7]. TCEnergy publie des entretiens de sept employées qui témoignent avec fierté sur leur parcours personnel, sur l’importance qu’elles se sentent accordées dans leur rôle, et même sur les stéréotypes qu’elles entendent briser : « Je veux montrer à ma fille qu’il n’existe pas de rôles genrés lorsqu’il s’agit de faire ce que l’on aime », déclare l’une d’elles. Glencore de son côté met en avant la figure de Claudia Bejarano, directrice de la mine et poste sur son site une vidéo où une employée, parée d’une cape de super-héroïne, affirme : « Dans le secteur minier, nous devons mettre fin aux stéréotypes, et moi, la youtubeuse minière, je m’engage à y mettre fin ! »

Représentation sélective

Si ces entreprises mettent en avant des employées qui se sentent épanouies, elles ne communiquent pas ou peu sur les discriminations sexistes et sexuelles que subissent d’autres employées. En 2022, une cheffe de chantier du Coastal Gas Link porte plainte contre TCEnergy pour agression sexuelle, citant un échec de la part de l’entreprise étant donné « l’isolement du lieu de travail et la fréquence des violences sexuelles sur ces lieux ». À Cerrejón, Hidanora Pérez, responsable de la branche santé du syndicat IndustriALL regroupant 50 millions de travailleur.euses des industries minières, énergétiques et industrielles, affirme que les employées ont été discriminées lors d’un licenciement massif en 2020, et soumises à des mutations lorsqu’elles se sont plaintes de ces discriminations.

Lors de la Journée internationale des femmes dans l’industrie minière célébrée le 15 juin, des intervenantes ont souligné des défis persistants. Un nuage de mots illustrent les domaines où elles souhaitent voir plus d’efforts de la part de l’industrie : congé maternité, travail émotionnel, égalité salariale, harcèlement, machisme, responsabilité des dirigeants… Curieusement, ces termes apparaissent en petits caractères dans l’illustration, limitant leur lisibilité. Une ambassadrice de l’IWiM, aujourd’hui directrice d’une mine en Afrique du Sud, mentionne aussi les efforts qu’elle a dû faire pour s’intégrer, et la difficulté à défendre son nouveau statut économique et social [8].

Ainsi, les « success stories » de quelques-unes, masquent la réalité collective de beaucoup d’autres. C’est ce que Rosie Walters appelle la représentation sélective ou selective disclosure [9]. C’est tout l’exercice d’illusion auquel se prête la RSE, « l’arbre qui cache la forêt » selon Kyra Grieco. « Ces interventions ponctuelles cachent des inégalités systémiques grandissantes. Quand on va regarder de près la trajectoire de ces femmes, ce n’est pas si simple : du fait de leur transgression (faire un métier « d’hommes ») elles sont souvent sujettes à des violences dans leur vie privée et professionnelle, qui ne sont rien d’autre que des rappels à l’ordre du genre. » La sociologue Delphine Lacombe parle quant à elle de « femmes vitrines » pour désigner ces opérations de communication désignée à masquer des inégalités structurelles en ne visibilisant que certains enjeux.

« Contrôle de leur vie »

En dehors des entreprises, le « gender-washing » se traduit par une mise en scène de l’« empowerment » (émancipation, autonomisation, renforcement des capacités...) que les entreprises extractivistes apporteraient aux femmes, en les aidant comme le prétend par exemple TotalEnergies à prendre « contrôle de leur vie ». Mais de quel contrôle parle-t-on, alors que les grands projets extractivistes se traduisent avant tout par la prise de possession brutale des territoires de vie ?

L’extractivisme, qu’il soit minier, gazier ou pétrolier, intensifie la répression et génère de nouvelles inégalités en renforçant le contrôle sur les corps et les vies des femmes. Comme nous l’avons vu, le déploiement sans avertissement d’une force de police spécialisée le long du tracé de l’oléoduc EACOP engendre, de nouveaux risques pour les femmes, qu’elles s’opposent ou non au projet de TotalEnergies.

La collaboration étroite des multinationales avec les forces armées menace aussi particulièrement les femmes qui s’opposent publiquement à l’extraction, ainsi que les défenseuses des peuples autochtones, en les exposant à davantage de violences sexistes et sexuelles. Le mouvement Sütsuin Jieyuu Wayúu (ou Fuerza de Mujeres Wayúu) dénonce ainsi depuis 2006 les impacts environnementaux de la mine Cerrejón et les disparitions alarmantes de femmes Wayúu – puisque la mine Cerrejón traverse les terres de peuples autochtones Wayúu, de communautés afro-colombiennes (protégées juridiquement en Colombie) et paysannes.

Hiérarchisation des femmes en territoires non-cédés

Au Canada, de nombreuses organisations ont documenté les controverses qui ont accompagné la construction du Coastal Gas Link, notamment celle de ne pas respecter le consentement libre, préalable et informé du peuple autochtone Wet’suwet’en dont le gazoduc traverse les territoires [10]. Ces controverses sont accompagnées du harcèlement qu’on subit les femmes Wet’suwet’en défendant leur droit à la souveraineté. « Presque toutes nos luttes de terrain sont dirigées par des femmes », affirme Sleydo’, cheffe de la maison Cas Yikh du peuple Wet’suwet’en, et médiatisée dans la lutte pour le respect de la souveraineté autochtone [11]. « Les personnes qui affrontent la police, les unités canines et les fusils militarisés de la CMP [Police montée canadienne], sont toutes des femmes de nos communautés. » Sleydo’ fait référence ici aux raids menés entre 2019 et 2023 pour expulser les communautés autochtones qui bloquaient le chantier, et qui ont été l’occasion de discours jugés « racistes, insultants, et déshumanisants » envers les activistes par la Cour suprême [12].

Pour délégitimer les résistances aux projets extractivistes, une entreprise comme TCEnergy s’approprie très sélectivement les revendications féministes, en communiquant sur trois employées issues de peuples autochtones différents. La représentation sélective de ces femmes s’articule autour de qualifiants qui font d’elles de bonnes employées et dresse ainsi le portrait désirable de femmes engagées qui ont brisé le plafond de verre [13] et les stéréotypes de genre.

Selon Karla Tait, membre du clan Gilseyhu du peuple Wet’suwet’en, cette stratégie « monte les gens les uns contre les autres au sein de nos communautés, en appliquant le ’diviser pour mieux régner’ à laquelle nous avons été confrontés à chaque étape depuis la colonisation ». Kyra Grieco ajoute « c’est d’ailleurs ça la base du patriarcat, de mettre les femmes en compétition sur la base de la beauté, du succès, ou autre ». TCEnergy bénéficie pour ce faire d’une équipe de communication à toute épreuve : l’entreprise a payé Meta à hauteur de 9500 dollars en seulement cinq semaines pour produire des publicités sur l’engagement de TCEnergy auprès des peuples autochtones.

Féminisme sélectif

Le « gender-washing » porte ainsi un discours selon lequel la seule possibilité de libération féministe est individuelle, jamais collective, et réservée aux femmes méritantes de ces entreprises. Il tend aussi à avoir une vision particulièrement restrictive et hétéronormative du genre, comme on l’a vu lorsque TotalEnergies s’est associée avec la « première dame » de l’Ouganda pour seize jours d’action contre les violences liées au genre, alors que le régime au pouvoir a adopté une des lois les plus rétrograde au monde envers la communauté queer, prévoyant jusqu’à la peine de mort pour les personnes LGBTQIA+.

Notons aussi qu’il ne peut pas y avoir de « féminisme » sur des territoires non-cédés, dans un continuum colonial. Laetitia Braconnier Moreno, docteure en droit public et présidente de la Commission justice transitionnelle de l’Association des juristes franco-colombiens explique que « selon la lecture de beaucoup de représentants autochtones, la fin du conflit armé sera quand toutes ces entreprises se retirent de leurs territoires, quand le droit à la consultation préalable est respecté ; quand les autorités autochtones récupèreront le contrôle sur leurs territoires et qu’il n’y aura plus d’acteurs armés ou d’acteurs privés présents sans leurs consentement ». En s’appropriant un langage progressiste sur l’égalité de genres, les multinationales tentent en réalité de dissimuler des pratiques illégales d’accaparement des terres et d’expulsions de communautés locales.

Trompeur, sélectif, discriminatoire, le « gender-washing » tel que le pratiquent les multinationales extractivistes a-t-il même un avenir ? De retour à la Maison Blanche, Donald Trump a lancé la guerre contre le « wokisme » en demandant aux entreprises d’effacer toute trace d’engagement environnemental ou social, aussi superficiel soit-il – ce que Chevron et ExxonMobil se sont empressés de faire. Le mot « femme » a même été interdit dans la recherche scientifique[[Voir les articles de Reporterre et de Mediapart].]. Ces changements politiques auront forcément des répercussions sur les stratégies RSE des entreprises dans le monde, ainsi que sur les femmes affectées de loin ou de près par leurs activités. Pourtant, certaines continuent à réutiliser un langage progressiste et féministe afin de le dévoyer de sa charge politique, ce dont témoigne à sa manière la mode du « gender-washing ». Comme le dit l’économiste Stéphanie Treillet, « on ne tente de récupérer que ce qui paraît menaçant ou subversif ».

Article publié par Agatha Allain

Notes

[1Voir par exemple cet article.

[2Voir par exemple ce rapport d’Oxfam.

[4-Voir notre enquête Survivre à EACOP et le rapport des Amis de la Terre.

[5Page 9 du rapport de Glencore 2023 Review of our direct and indirect advocacy.

[6Voir ici et .

[8Voir la vidéo (25.00).

[9-La chercheuse Rosie Walters, professeure en relations internationales à l’université Cardiff a publié sur les différentes stratégies de gender washing utilisées par les multinationales.

[10Certains chefs héréditaires Wet’suwet’en, protégés par le jugement de la Cour Suprême en 1997 leur conférant compétence sur leurs territoires, dénoncent ne pas avoir consenti à la construction du gazoduc. En 2023, le rapporteur des Nations Unies Francisco Cali alerte que le principe de consentement préalable, libre et éclairé n’est toujours pas respecté au Canada dans le cadre des projets d’extraction. Voir aussi « Discursive Infrastructures of Settler Colonialism : The Coastal Gaslink Pipeline, Indigenous Workers, and the Ongoing Promise of Integration » de Alana Lajoie-O’Malley

[11Propos recueillis dans l’entretien de Sleydo’ le 14 février 2022 par Cultural Survival Voir aussi ici. Et le documentaire YINTAH, qui retrace le combat du peuple Wet’suwet’en pour sa souveraineté.

[12Cette oppression s’inscrit plus largement dans une représentation sexiste et raciste du corps des femmes autochtones au Canada dont les multinationales se saisissent , comme l’explique l’anthropologue Audra Simpson. Voir « Mohawk Interruptus : Political Life Across the Borders of Settler States », où elle écrit sur la manière dont les structures politiques Canadiennes font du corps des femmes autochtones un terrain balisé et vulnérabilisé.

[13Voir le glossaire de La Déferlante sur la définition du plafond de verre : un concept sociologique qui désigne l’accès « élitiste » de quelques femmes à des postes de responsabilité, mais sans changement des conditions de travail pour les femmes des classes moyennes ou inférieures.

samedi 8 février 2025

Centenares de mujeres violadas y quemadas en los combates en República Democrática del Congo

 Fuente: https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/centenares-mujeres-violadas-quemadas-combates-republica-democratica-congo_1_12027740.html

“Las violaron a todas y luego prendieron fuego al ala de mujeres de la prisión. Después murieron todas”, ha señalado la jefa adjunta de la misión de paz de la ONU en República Democrática del Congo 

Cientos de mujeres fueron violadas y quemadas vivas durante el caos desatado tras la entrada de un grupo rebelde apoyado por Ruanda en la ciudad congoleña de Goma la semana pasada.

Las reclusas fueron atacadas en su ala dentro de la prisión Munzenze de Goma durante una fuga masiva, según un alto funcionario de la ONU. 

La jefa adjunta de la fuerza de mantenimiento de la paz de la ONU con base en Goma, Vivian van de Perre, declaró que mientras varios miles de hombres consiguieron escapar de la prisión, la zona reservada a las mujeres fue incendiada.

Las imágenes tomadas poco después de que los rebeldes del M23, apoyados por Ruanda, alcanzaran el centro de Goma mostraban enormes columnas de humo negro que se elevaban desde la prisión en la mañana del 27 de enero.

Aunque los detalles del incidente son escasos, la atrocidad parece ser la peor del reciente conflicto liderado por el M23 en el este de la República Democrática del Congo (RDC). Sin embargo, las fuerzas de paz de la ONU no han podido visitar la prisión para investigar más a fondo debido a las restricciones impuestas por los rebeldes del M23, lo que significa que la identidad de los autores sigue sin estar clara.

El martes se supo que unos 2.000 cadáveres seguían a la espera de ser enterrados en Goma después de que los combatientes del M23 tomaran la ciudad, capital de la provincia de Kivu Norte, el 27 de enero.

Van de Perre, que ahora se encuentra en Goma con miles de tropas de mantenimiento de la paz de la ONU desplegadas para proteger a los ciudadanos, declaró: “Hubo una gran fuga de 4.000 presos. También había unos cientos de mujeres en esa prisión”.

“Las violaron a todas y luego prendieron fuego al ala de mujeres. Después murieron todas”, añadió.

Esta semana, la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH) advirtió de que los grupos armados rivales estaban utilizando la violencia sexual como arma de guerra en Goma.

La ciudad, donde viven más de un millón de personas, está bajo el control total de las fuerzas del M23. Pero en un acontecimiento imprevisto a última hora del lunes, la milicia anunció un “alto el fuego” unilateral.

Hasta entonces, se temía que Ruanda estuviera decidida a arrebatar más territorio a su vasto vecino, ya que las fuerzas del M23 se dirigían constantemente hacia el sur, en dirección a Bukavu, capital de la provincia de Kivu del Sur, a 190 kilómetros de Goma.

La coalición político-militar Alianza del Río Congo, de la que forma parte el M23, anunció en un comunicado que “no tiene intención de tomar el control de Bukavu ni de otras localidades”.

En respuesta a la noticia del inesperado alto el fuego. Van de Perre declaró: “Espero que siga así, porque ellos [el M23] ya se estaban moviendo en dirección a Bukavu con refuerzos y armamento pesado, que se puede ver pasar [por] las calles de Goma.

“Si se retiran, es una buena noticia. De lo contrario, tendremos un nuevo enfrentamiento con la posibilidad de miles de muertos más”.

Dijo que el M23 podría haber recapacitado repentinamente tras la llegada de refuerzos de Burundi a Bukavu y la utilización de un aeropuerto cercano por parte de la fuerza aérea congoleña.

“Los burundeses han enviado 2.000 soldados más a Bukavu y son muy buenos combatientes. Creo que el M23 se está replanteando sus próximos pasos”, explica la jefa adjunta de la misión de la ONU.

A pesar de las pruebas, Ruanda niega estar respaldando al M23 o que sus fuerzas hayan cruzado al este de R.D. Congo.

Sin embargo, Van de Perre, que forma parte de la fuerza de mantenimiento de la paz de la ONU conocida como Monusco, afirmó que sus colegas habían visto a soldados ruandeses durante las patrullas, un comportamiento tan descarado que sugiere que no les preocupan las repercusiones internacionales.

Van de Perre instó al Consejo de Seguridad de la ONU a aumentar la presión sobre Ruanda. “Realmente necesitamos volver a la mesa de negociaciones. Y eso sólo es posible si los miembros del Consejo de Seguridad y otros países importantes ejercen suficiente presión sobre Ruanda y R.D. Congo”, afirmó.

Anteriormente, otro alto funcionario de la ONU había especulado con que el vecino de la RDC quería anexionarse un trozo de RDC mayor que la propia Ruanda. “Se trata de una política a largo plazo para conseguir que la zona más amplia de Kivu pase a la esfera de influencia ruandesa y, más adelante, quede bajo control administrativo total”, afirmaron.

Antes de que se anunciara el alto el fuego a última hora del lunes, Van de Perre dijo que estaba preocupada por los informes de que los grupos se estaban preparando para un contraataque. “Ya tenemos noticias de que en algunos lugares la gente se está reuniendo y organizando”, declaró.

Van de Perre afirmó que mantiene un “diálogo constante” con los oficiales del M23 a cargo de Goma y que las condiciones humanitarias en la ciudad eran terribles. 

Dijo que era difícil cruzar la ciudad. “Ellos [el M23] nos permiten llevar comida y agua a nuestras bases, pero aparte de eso apenas podemos movernos”. 

 

 

Un estudio de nanoplásticos en cerebros humanos detecta un aumento pronunciado en ocho años

 FUENTE: https://www.elsaltodiario.com/plastico/nanoplasticos-cerebros-aumento-ocho-anos

El análisis de 52 córtex frontales publicado en ‘Nature’ apunta a que la acumulación exponencial de plásticos en el ambiente estaría incrementando su abundancia en nuestros organismos.

Investigadores de la Universidad de Nuevo México (UNM) y la Universidad del Estado de Oklahoma (OSU) han analizado la presencia de microplásticos y nanoplásticos en muestras de riñón, hígado y córtex frontal de 52 cadáveres humanos, 28 de ellos fallecidos en 2016 y 24 entre octubre de 2023 y enero de 2024. Los resultados, publicados en Nature, arrojan un incremento entre 2016 y 2024 en la concentración en peso para todos los tejidos, y unos valores acusadamente más elevados en el cerebro que en los riñones y el hígado. A partir de la observación de estas partículas a microscopio los investigadores señalan que la gran mayoría de ellas son nanoplásticos, es decir, tienen un grosor inferior a una micra (µm).

En promedio, las concentraciones detectadas en 2016, expresadas en microgramos de microplásticos y nanoplásticos por gramo de tejido, fueron de 141,9 µg/g en hígado, 538,1 µg/g en riñón y 3.420 µg/g en cerebro, frente a 465,3 µg/g, 666,3 µg/g y 4.763 µg/g, respectivamente, ocho años después. Esto supone, en el caso del cerebro, un aumento del 40%.

Por otro lado, se hallaron concentraciones de entre 12.806 y 47.730 µg/g en el cerebro de 12 personas que padecían distintas formas de demencia, es decir, una orden de magnitud más elevadas. Los científicos lo achacan a deficiencias en los mecanismos de depuración asociadas a la demencia, por lo que no indicaría que los plásticos causen enfermedades, pero sí hace a estas personas más vulnerables a los posibles efectos neurológicos perjudiciales que puedan provocar estas partículas. 

        El ser humano consume accidentalmente unos 4 µg por semana de microplásticos y nanoplásticos

 No se apreció, sin embargo, que la concentración se incrementase con la edad, lo que sugiere que existen mecanismos de eliminación que evitan la bioacumulación a lo largo de la vida del individuo, algo que es consistente, argumentan los investigadores, con otro estudio en el que la presencia de nanoplásticos en peces cebra aumentaba con la exposición ambiental hasta alcanzar un valor estable, proporcional a la concentración en el medio, y se disipaba después de la exposición.

Si bien es cierto que el tamaño de muestra es limitado y los datos de 2016 son muy dispersos —año en el que se detecta el mayor dato individual de concentración en cerebro—, el análisis estadístico, de acuerdo con la publicación, permite concluir una tendencia al alza significativa en la presencia de estas partículas plásticas en el córtex frontal e hígado en los casos analizados y apunta a un fenómeno global debido a la acumulación de plásticos en el medio ambiente.

De la fábrica a la célula: más del 25% del plástico se ha producido en los últimos nueve años

La liberación de plásticos al planeta está alcanzando un ritmo vertiginoso en las últimas décadas y no hace más que agrandarse. Propiedades como su estabilidad en el tiempo, versatilidad y bajo costo han hecho de estos materiales un candidato ideal y de difícil sustitución para la producción a gran escala y los ha convertido en un elemento representativo de las sociedades de consumo. Si en 1950 se estima que se sintetizaron 1,5 millones de toneladas de plástico en el mundo, en el 2002 fueron 200 y actualmente se han superado los 400 anuales, de acuerdo con Plastics Europe.

El problema es que estos materiales, cuya producción comienza fundamentalmente en la segunda mitad del siglo XX, tardan siglos en degradarse por completo, por lo que prácticamente la totalidad del plástico descartado se acumula en el medio ambiente. Diseñamos productos para ser usados diez minutos que pueden durar 500 años en el planeta. Si hasta 2015 se habían producido 8.300 millones de toneladas a lo largo de la historia de la humanidad, de las que 4.900 habían sido liberadas al ambiente y 800 incineradas —lo que resulta más contaminante—, desde entonces esta cifra se ha incrementado en más de 3.000 millones. Apenas se recicla la quinta parte, y la pérdida de propiedades mecánicas en el proceso obstaculiza generalmente hacerlo más de tres veces.

 
Los microplásticos y nanoplásticos se acumulan en el medio terrestre y, transportados por el viento y los ríos, también en el oceánico, donde se prevé que para 2050 estos materiales superen a los peces en peso. Están presentes en el aire que respiramos, en los alimentos que ingerimos, de procedencia tanto animal como vegetal, y en el agua que bebemos. El ser humano consume accidentalmente unos 4 µg por semana. Un estudio reciente calculó que el agua embotellada contiene unas 240.000 de estas partículas por cada litro. Las que más preocupan son las de menor tamaño, ya que pueden ser absorbidas por el organismo. Es más, se ha probado en cultivos de células epiteliales intestinales que partículas del orden de decenas de nanómetros son absorbidas al interior de las células humanas.

Existen enormes lagunas de conocimiento sobre las consecuencias que pueden acarrear para la salud de los ecosistemas, incluyendo la humana. Aparentemente, los niveles de contaminación actuales son insuficientes como para producir efectos apreciables en el ser humano, pero la investigación se encuentra en un estado muy incipiente. Todavía se están desarrollando instrumentos y métodos que permitan detectar y medir con precisión los nanoplásticos y microplásticos de menor tamaño, que hasta ahora pasaban inadvertidos. Es una incógnita la abundancia en número de partículas de nanoplásticos en el ambiente, las rutas que siguen en el interior del organismo y en los ecosistemas, hasta qué punto se bioacumulan en los vertebrados o se eliminan, o hasta qué punto puede existir biomagnificación a lo largo de la cadena trófica.

Algunas de las dificultades a las que se enfrentan los científicos son el estudio de las consecuencias de la exposición crónica, el diseño de grupos de control sin presencia de estas partículas que permitan establecer comparaciones con los niveles ambientales o la diversidad de tamaños, formas, composiciones y aditivos químicos de los microplásticos y nanoplásticos, lo que implica dosis tolerables para los organismos potencialmente diferentes en cada caso. Hasta la fecha, la mayoría de repercusiones para la salud se han sugerido o demostrado en estudios de laboratorio en concentraciones que no se espera alcanzar en el medio ambiente. 

Se postula que en el ser humano estas partículas pueden obstruir glándulas, actuar de disruptores hormonales y metabólicos, provocar abrasión e inflamación de tejidos y causar estrés oxidativo y toxicidad inmunológica, neurológica y citológica. Además, al pasar al interior de las células también podrían ocasionar daños en el ADN, por lo que resultarían cancerígenas. La materia orgánica presenta afinidad química por el plástico, y algunos estudios recientes relacionan a los microplásticos con la ateroesclerosis, es decir, la aparición de placas de grasa y colesterol en las arterias, lo que implica un mayor riesgo de sufrir lesiones arteriales y episodios cardiovasculares. En los microorganismos acuáticos, como el fitoplancton y el zooplancton, podrían provocar daños físicos equiparables a los macroplásticos en organismos de mayor tamaño, como el bloqueo del tracto digestivo, desnutrición e interferencia con el nado y la depredación.

Pese a la escasez de evidencia concluyente, lo que genera consenso científico es la urgencia de actuar conforme al principio de precaución ante la magnitud que está alcanzando la acumulación por plásticos en el medio ambiente. Una precaución que, a la vista de la tendencia a continuar incrementando la producción, la economía capitalista no parece dispuesta a adoptar.

lundi 20 janvier 2025

El uso Pacífico de la Energía Atómica (Josep Rena, 1970)

 

 
El uso pacífico de la energía atómica
Autor: Josep Renau
Datación de la obra: 1970
Material: Mural.
Medidas: 6 x 18 m.
Localización: Keramikbild Magdeburger Strasse. Halle

mercredi 18 décembre 2024

La fin de la Syrie

 SOURCE: https://www.vududroit.com/2024/12/la-fin-de-la-syrie/

Alastair Crooke est un ancien diplomate britannique installé à Beyrouth. Il sait de quoi il parle. Il a fait le boulot concernant la disparition de la Syrie.

Merci à lui.

Régis de Castelnau

La Syrie est entrée dans l’abîme : les démons d’Al-Qaïda, de l’EI et des éléments les plus intransigeants des Frères musulmans rôdent dans le ciel. Le chaos règne, les pillages, la peur et une terrible soif de vengeance fait bouillir le sang. Les exécutions de rue sont monnaie courante.

Peut-être que Hayat Tahrir Al-Sham (HTS) et son chef, Al-Joulani, (suivant les instructions turques), pensaient contrôler les choses. Mais HTS est un groupe-cadre comme Al-Qaida, ISIS et An-Nusra, et ses factions ont déjà sombré dans des combats entre factions. « L’État » syrien s’est dissous au milieu de la nuit ; la police et l’armée sont rentrées chez elles, laissant les dépôts d’armes ouverts aux shebabs pour qu’ils les pillent. Les portes des prisons ont été ouvertes (ou forcées). Certains, sans aucun doute, étaient des prisonniers politiques ; mais beaucoup ne l’étaient pas. Certains des détenus les plus vicieux errent désormais dans les rues.

En quelques jours, les Israéliens ont totalement éviscéré l’infrastructure de défense de l’État dans plus de 450 frappes aériennes : défense antimissile, hélicoptères et avions de l’armée de l’air syrienne, marine et armureries – tous détruits dans la « plus grande opération aérienne de l’histoire d’Israël ».

La Syrie n’existe plus en tant qu’entité géopolitique. A l’est, les forces kurdes (avec le soutien militaire des Etats-Unis) s’emparent des ressources pétrolières et agricoles de l’ancien Etat. Les forces d’Erdogan et ses mandataires tentent d’écraser complètement l’enclave kurde (bien que les Etats-Unis aient désormais négocié une sorte de cessez-le-feu). Et au sud-ouest, les chars israéliens se sont emparés du Golan et de terres au-delà, jusqu’à 20 km de Damas. En 2015, le magazine The Economist écrivait : « De l’or noir sous le Golan : les géologues israéliens pensent avoir trouvé du pétrole – dans un territoire très délicat ». Les pétroliers israéliens et américains pensent avoir découvert une mine d’or dans ce site des plus inconfortables.

Et un obstacle majeur aux ambitions énergétiques de l’Occident – ​​la Syrie – vient de disparaître.

Le contrepoids stratégique et politique que constituait la Syrie depuis 1948 pour Israël a disparu. Et l’apaisement des tensions entre la sphère sunnite et l’Iran a été perturbé par l’intervention brutale des renoms de l’EI et par le revanchisme ottoman en collaboration avec Israël, via des intermédiaires américains (et britanniques). Les Turcs ne se sont jamais vraiment réconciliés avec le traité de 1923 qui a mis fin à la Première Guerre mondiale, par lequel ils ont cédé ce qui est aujourd’hui le nord de la Syrie au nouvel État syrien.

En quelques jours, la Syrie a été démembrée, divisée et balkanisée. Alors pourquoi Israël et la Turquie continuent-ils à bombarder ? Les bombardements ont commencé au moment du départ de Bachar el-Assad, car la Turquie et Israël craignent que les conquérants d’aujourd’hui ne soient éphémères et ne soient bientôt eux-mêmes déplacés. Il n’est pas nécessaire de posséder une chose pour la contrôler. En tant qu’États puissants de la région, Israël et la Turquie souhaiteront exercer un contrôle non seulement sur les ressources, mais aussi sur le carrefour et le passage régional vital qu’est la Syrie.

Il est cependant inévitable que le « Grand Israël » se heurte un jour ou l’autre au revanchisme ottomaniste d’Erdogan. De même, le front saoudo-égypto-émirati n’accueillera pas favorablement la résurgence des refontes de l’EI, ni celle des Frères musulmans, inspirés par la Turquie et ottomanisés. Ces derniers représentent une menace immédiate pour la Jordanie, désormais limitrophe de la nouvelle entité révolutionnaire.

Ces inquiétudes pourraient pousser ces États du Golfe à se rapprocher de l’Iran. Le Qatar, fournisseur d’armes et de financements au cartel HTS, pourrait à nouveau être ostracisé par les autres dirigeants du Golfe.

La nouvelle carte géopolitique pose de nombreuses questions directes sur l’Iran, la Russie, la Chine et les BRICS. La Russie a joué un rôle complexe au Moyen-Orient : d’un côté, elle mène une guerre défensive contre les puissances de l’OTAN et gère ses intérêts énergétiques clés ; de l’autre, elle tente de modérer les opérations de la Résistance contre Israël afin d’empêcher que ses relations avec les États-Unis ne se détériorent complètement. Moscou espère – sans grande conviction – qu’un dialogue avec le nouveau président américain pourrait émerger, à un moment ou à un autre.

Moscou en conclura probablement que les accords de cessez-le-feu tels que l’accord d’Astana sur le confinement des djihadistes dans les frontières de la zone autonome d’Idlib en Syrie ne valent pas le papier sur lequel ils ont été rédigés. La Turquie, garante d’Astana, a poignardé Moscou dans le dos. Il est probable que cela rendra les dirigeants russes plus intransigeants à l’égard de l’Ukraine et de toute discussion occidentale sur un cessez-le-feu.

Le guide suprême iranien a déclaré le 11 décembre : « Il ne fait aucun doute que ce qui s’est passé en Syrie a été planifié dans les salles de commandement des États-Unis et d’Israël. Nous en avons la preuve. L’un des pays voisins de la Syrie a également joué un rôle, mais les principaux planificateurs sont les États-Unis et le régime sioniste ». Dans ce contexte, l’ayatollah Khamenei a mis un terme aux spéculations sur un éventuel affaiblissement de la volonté de résistance.

La victoire par procuration de la Turquie en Syrie pourrait néanmoins se révéler pyrrhique. Le ministre des Affaires étrangères d’Erdogan, Hakan Fidan, a menti à la Russie, aux États du Golfe et à l’Iran sur la nature de ce qui se tramait en Syrie. Mais le bazar est désormais aux mains d’Erdogan. Ceux qu’il a trahis devront à un moment ou à un autre se venger.

L’Iran va vraisemblablement revenir à sa position antérieure, qui consiste à rassembler les différents éléments de la résistance régionale pour combattre la réincarnation d’Al-Qaïda. Il ne tournera pas le dos à la Chine, ni au projet BRICS. L’Irak – rappelant les atrocités commises par l’EI lors de sa guerre civile – se joindra à l’Iran, tout comme le Yémen. L’Iran sera conscient que les éléments restants de l’ancienne armée syrienne pourraient bien, à un moment donné, entrer dans la lutte contre le cartel HTS. Maher Al-Assad a emmené toute sa division blindée avec lui en exil en Irak la nuit du départ de Bachar Al-Assad.

La Chine ne sera pas ravie des événements en Syrie. Les Ouïghours ont joué un rôle important dans le soulèvement syrien (on estime qu’il y avait 30 000 Ouïghours à Idlib, formés par la Turquie (qui considère les Ouïghours comme la composante originelle de la nation turque). La Chine aussi verra probablement le renversement de la Syrie comme une mise en évidence des menaces occidentales qui pèsent sur ses propres lignes de sécurité énergétique qui passent par l’Iran, l’Arabie saoudite et l’Irak).

Enfin, les intérêts occidentaux se disputent depuis des siècles les ressources du Moyen-Orient – ​​et c’est précisément ce qui se cache derrière la guerre d’aujourd’hui.

Est-il ou n’est-il pas favorable à la guerre ? C’est ce que les gens demandent à propos de Trump, puisqu’il a déjà indiqué que la domination énergétique serait une stratégie clé de son administration.

Les pays occidentaux sont lourdement endettés, leur marge de manœuvre budgétaire se réduit rapidement et les détenteurs d’obligations commencent à se mutiner. On assiste à une course pour trouver de nouvelles garanties pour les monnaies fiduciaires. C’était autrefois l’or ; depuis les années 1970, c’est le pétrole, mais le pétrodollar a vacillé. Les Anglo-Américains aimeraient bien récupérer le pétrole iranien – comme ils l’ont fait jusqu’aux années 1970 – pour le garantir et construire un nouveau système monétaire lié à la valeur réelle inhérente aux matières premières.

Mais Trump affirme vouloir « mettre fin aux guerres » et non les déclencher. Le remaniement de la carte géopolitique rend-il plus ou moins probable une entente mondiale entre l’Est et l’Ouest ?

Malgré tous les débats autour d’éventuels « accords » de Trump avec l’Iran et la Russie, il est probablement trop tôt pour dire s’ils se concrétiseront – ou pourront se concrétiser.

Apparemment, Trump doit d’abord conclure un « accord » intérieur avant de savoir s’il dispose des moyens nécessaires pour conclure des accords de politique étrangère.

Il semble que les structures dirigeantes (notamment l’élément « Never-Trump » au Sénat) accorderont à Trump une latitude considérable sur les nominations clés des départements et agences nationaux qui gèrent les affaires politiques et économiques américaines (ce qui est la principale préoccupation de Trump) – et permettront également une certaine discrétion sur, disons, les départements de « guerre » qui ont ciblé Trump au cours des dernières années, comme le FBI et le ministère de la Justice.

Le prétendu « accord » semble être que ses nominations devront encore être confirmées par le Sénat et devront globalement être « en phase » avec la politique étrangère inter-agences (notamment sur Israël).

Les hauts dignitaires de l’Inter-Agency auraient cependant insisté sur leur droit de veto sur les nominations touchant aux structures les plus profondes de la politique étrangère. Et c’est là que réside le nœud du problème.

Les Israéliens célèbrent généralement leurs « victoires ». Cette euphorie aura-t-elle un écho auprès des élites du monde des affaires américain ? Le Hezbollah est contenu, la Syrie est démilitarisée et l’Iran n’est pas à la frontière d’Israël. La menace qui pèse aujourd’hui sur Israël est d’un ordre qualitatif inférieur. Cela suffit-il en soi à apaiser les tensions ou à faire émerger des accords plus larges ? Beaucoup dépendra de la situation politique de Netanyahou. Si le Premier ministre sort relativement indemne de son procès pénal, devra-t-il prendre le grand « pari » d’une action militaire contre l’Iran, alors que la carte géopolitique s’est soudainement transformée ?