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lundi 19 janvier 2026

La confiscación de petróleo de Venezuela y el dominio estadounidense

FUENTE: https://observatoriocrisis.com/2026/01/16/la-confiscacion-de-petroleo-de-venezuela-y-el-dominio-estadounidense/


 


La política estadounidense de crear cuellos de botella para mantener a otros países dependientes del petróleo bajo su control es uno de los principales medios de Estados Unidos para generar inseguridad en otros países

Michael Hudson, economista estadounidense 

Irán (1953), Irak (2003), Libia (2011), Rusia (2022), Siria (2024) y ahora Venezuela (2026). El denominador común subyacente a los ataques y sanciones económicas estadounidenses contra todos estos países es la instrumentalización del comercio petrolero mundial. El control del petróleo es uno de sus métodos clave para lograr un control unipolar sobre el amplio comercio mundial y los acuerdos financieros dolarizados. 

La perspectiva de que los países mencionados utilicen su petróleo para su propio beneficio y para fines diplomáticos representa la mayor amenaza para la capacidad general de Estados Unidos de utilizar el comercio petrolero para hacer cumplir los objetivos de su diplomacia. Todas las economías modernas necesitan petróleo para abastecer sus fábricas, calentar e iluminar sus hogares, producir fertilizantes (a partir del gas) y plásticos (a partir del petróleo) y abastecer su transporte. 

El petróleo bajo control de Estados Unidos o de sus aliados (British Petroleum, Shell de Holanda y hoy la OPEP) ha sido durante mucho tiempo un potencial punto de estrangulamiento que los funcionarios estadounidenses pueden utilizar como palanca contra países cuyas políticas consideran adversas a los designios estadounidenses: Estados Unidos puede hundir las economías de esos países en el caos cortando su acceso al petróleo.

Una «guerra de civilización» en beneficio económico de Estados Unidos

El objetivo primordial de la diplomacia estadounidense actual —en lo que sus estrategas denominan una guerra de civilizaciones contra China, Rusia y sus posibles aliados del BRICS— es bloquear la retirada de países de la economía mundial controlada por Estados Unidos y frustrar el surgimiento de una agrupación económica centrada en Eurasia. Sin embargo, a diferencia de la posición de Estados Unidos al final de la Segunda Guerra Mundial, cuando era la principal potencia económica y monetaria del mundo, hoy cuenta con pocos incentivos positivos para atraer a países extranjeros a una economía mundial centrada en Estados Unidos, en la que, como ha dicho el presidente Trump, Estados Unidos debe ser el ganador en cualquier acuerdo de comercio e inversión exterior, y los demás países los perdedores.

Fue para aislar a Rusia, y tras ella a China e Irán, que el presidente Trump utilizó sus aranceles del Día de la Liberación del 2 de abril de 2025 para presionar a los líderes alemanes y de la UE a abstenerse voluntariamente de importar más energía de Rusia 1 , a pesar del hecho de que partes del gasoducto Nord Stream 2 todavía estaban operativas. 

La aceptación previa de Alemania y la UE de la destrucción de los gasoductos Nord Stream en febrero de 2022 es testimonio de la capacidad de los diplomáticos estadounidenses para obligar a los países a unirse, en su propio detrimento, a las alianzas militares de la Guerra Fría de Estados Unidos y seguir las políticas que establece. La desindustrialización y la pérdida de competitividad de Alemania desde que se bloqueó su comercio de petróleo y gas con Rusia fue el sacrificio que Estados Unidos le exigió (y a la UE) en su afán por aislar y dañar las economías rusa y china (y también para generar ingresos adicionales por exportación de GNL para sí mismo, sin duda).

Una característica fundamental de la política de seguridad nacional estadounidense es su capacidad para impedir que otros países protejan y actúen en beneficio de su propia seguridad e intereses económicos. Esta asimetría se ha arraigado en la economía mundial desde el final de la Segunda Guerra Mundial, cuando Estados Unidos contaba con un enorme apoyo económico para las economías europeas devastadas por la guerra. Sin embargo, el poder coercitivo estadounidense actual se sustenta principalmente en sus amenazas de causar daños y caos mediante la creación y explotación de cuellos de botella o, como último recurso, el bombardeo de países más débiles para obligarlos a obedecer. 

Esta influencia destructiva es la única herramienta política que le queda a una economía estadounidense que se ha desindustrializado y ha caído en una deuda externa de una magnitud que ahora amenaza con acabar con el papel monetario dominante y lucrativo del dólar.

Al final de la Segunda Guerra Mundial, el dinero era el principal estrangulamiento de las economías occidentales. El Tesoro estadounidense estaba a punto de aumentar sus reservas de oro hasta el 80% del oro monetario mundial, del cual dependía la expansión financiera exterior bajo el patrón dólar/oro para los pagos internacionales, vigente hasta 1971. 

Dado que la mayoría de los países carecían de oro monetario y necesitaban préstamos para financiar sus déficits de comercio exterior y balanza de pagos, los diplomáticos estadounidenses recurrieron al Fondo Monetario Internacional y al Banco Mundial para otorgar préstamos con condiciones que impusieron políticas de privatización proestadounidenses, impuestos regresivos y la apertura de las economías extranjeras a la inversión estadounidense. Todo esto se ha convertido en parte del sistema dolarizado del comercio internacional y de la política monetaria que lo financia.

Además del dinero, el petróleo se ha convertido en una necesidad internacional fundamental y, por ende, en un posible cuello de botella. También ha sido durante mucho tiempo un pilar de la balanza comercial estadounidense (junto con las exportaciones de granos) y ha sido el principal soporte del papel dominante del dólar en las finanzas desde 1974, cuando los países de la OPEP cuadruplicaron sus precios del petróleo y llegaron a un acuerdo con funcionarios estadounidenses para invertir sus ingresos de exportación mediante la compra de bonos del Tesoro estadounidense, valores corporativos y depósitos bancarios, bajo la advertencia de que no hacerlo se consideraría un acto de guerra contra Estados Unidos . 2 El resultado fue la creación del mercado del petrodólar, que se convirtió en un pilar de la balanza de pagos estadounidense y, por ende, de la fortaleza del dólar.

Desde 1974, las autoridades estadounidenses han buscado no solo mantener el comercio mundial de petróleo y otras materias primas cotizadas en dólares, sino también que los excedentes de petróleo y otras exportaciones se presten a (o inviertan en) Estados Unidos. Este es el tipo de «recompensa» que Donald Trump ha estado negociando con países extranjeros durante el último año como condición para permitirles mantener el acceso al mercado estadounidense para sus productos.

El ejemplo más reciente de esta insistencia fue el anuncio del Departamento de Energía el 6 de enero de que la administración Trump permitiría a Venezuela exportar entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo, por un valor de hasta 2.000 millones de dólares, y que esto “continuaría indefinidamente” de forma selectiva, sujeto a una disposición clave: “Los ingresos se liquidarán en cuentas controladas por Estados Unidos en ‘bancos reconocidos mundialmente’ y luego se desembolsarán a las poblaciones de Estados Unidos y Venezuela a ‘discreción’ de la administración Trump”. 3

EE.UU. exige: privilegios prioritarios en el comercio mundial de materias primas vitales

En septiembre de 1973, un año antes de la revolución de precios de la OPEP, Estados Unidos derrocó al presidente electo de Chile, Salvador Allende. El problema no fue la «chilenización» de su industria cuprífera. Ese plan, de hecho, había sido propuesto por las compañías cupríferas estadounidenses Anaconda y Kennecott. Consideraban que la compra negociada de las empresas estadounidenses contribuiría a elevar el precio mundial del cobre. Esto creó un marco de precios que permitía a las empresas aumentar las ganancias de su propia minería y refinación en Estados Unidos. Este fue el mismo principio que llevó a las petroleras a aceptar las nacionalizaciones y el aumento de precios de la OPEP en 1974.

La condición clave del acuerdo chileno sobre el cobre era que su cobre se vendería a empresas estadounidenses como primera opción, al precio chileno establecido. Las empresas cupríferas estadounidenses necesitaban esta garantía para asegurar a sus clientes de cableado eléctrico, armas y otras aplicaciones importantes un suministro continuo. Este derecho de preferencia era una concesión que no implicaba un sacrificio económico por parte de Chile. Sin embargo, Allende insistió en que esta concesión violaba la soberanía chilena. Era una exigencia innecesaria para el interés nacional de Chile, pero Allende se mantuvo firme y fue derrocado.

En el caso de Venezuela, lo que más molesta a los responsables de seguridad nacional de EE. UU. es que ha estado abasteciendo el 5% de las necesidades petroleras de China. También abastecía a Irán y Cuba, aunque Rusia la ha reemplazado cada vez más como proveedor de estos dos países desde 2023. Esta libertad de Rusia y Venezuela para exportar petróleo ha debilitado la capacidad de los funcionarios estadounidenses para utilizar el petróleo como arma para presionar a otras economías, amenazándolas con la misma retirada de energía que ha destrozado la industria y los niveles de precios alemanes. Por lo tanto, este suministro de petróleo fuera del control de EE. UU. se consideró una infracción del ordenamiento jurídico estadounidense.

Para empeorar las cosas, Venezuela anunció en 2017 que comenzaría a fijar el precio de sus exportaciones petroleras en divisas distintas del dólar, lo que ponía en peligro la práctica del mercado del petrodólar. Y a medida que China se convertía en inversionista en la industria petrolera venezolana, se hablaba de que el presidente Maduro comenzaría a cotizar sus exportaciones petroleras en yuanes chinos (de forma similar a lo que Zambia acaba de hacer con sus exportaciones de cobre). Maduro dejó claro el desafío que estaba planteando. Ya en 2017 había anunciado que su objetivo era acabar con el «sistema imperialista estadounidense» .

La economía mundial actual la gobiernan reglas estadounidenses no escritas, no la Carta de las Naciones Unidas

La diplomacia estadounidense no se siente segura a menos que pueda generar inseguridad en otros países, y ve amenazada su libertad de acción si se permite a otros países decidir libremente con quién comerciar y qué hacer con sus ahorros. 

La política exterior estadounidense de crear cuellos de botella para mantener a otros países dependientes del petróleo bajo control estadounidense (no del petróleo suministrado por Rusia, Irán o Venezuela) es uno de los principales medios de Estados Unidos para generar inseguridad en otros países. Sin embargo, esta política no se ha plasmado en documentos públicos. Hasta las contundentes declaraciones de Trump y sus asesores la semana pasada, los diplomáticos estadounidenses parecían haber tenido reparos en declarar abiertamente este y otros principios fundacionales similares del orden basado en normas de Estados Unidos.

La razón de esta reticencia fue que estos principios son antitéticos al derecho internacional (y también a los principios de libre mercado, a los que Estados Unidos se ha adherido hasta ahora, al menos en su retórica). El ataque militar estadounidense a Venezuela y el secuestro del presidente Maduro son el ejemplo más reciente de ello. Si bien los líderes estadounidenses consideran su agresión un ejercicio permisible de sus principios de orden basado en normas, constituye una flagrante violación —de hecho, un repudio— del derecho internacional, en particular del Artículo 2(4) de la Carta de las Naciones Unidas, que establece, en efecto, que «una nación no podrá usar la fuerza en el territorio soberano de otro país sin su consentimiento, un motivo de legítima defensa o la autorización del Consejo de Seguridad de la ONU». 5

Por sorprendente que parezca, Estados Unidos justifica con frecuencia sus agresiones y amenazas militares alegando legítima defensa. El columnista del Financial Times , Gideon Rachman, por ejemplo, informa que «EE. UU. cree que su propia seguridad nacional se vería en peligro si la industria taiwanesa de semiconductores cayera en manos de China, o si Pekín controlara el transporte marítimo que pasa por el Mar de China Meridional». 6 

Estados Unidos parece ser el país más amenazado y vulnerable del mundo, muy alejado de su antiguo poder. El propio Trump parece vivir con miedo, e incluso cita la ubicación geográfica de Groenlandia como una amenaza para la seguridad nacional estadounidense: «Necesitamos a Groenlandia desde el punto de vista de la seguridad nacional», declaró a los periodistas a bordo del Air Force One el 4 de enero. «Groenlandia está repleta de barcos rusos y chinos. 7 Ha prometido ocuparse de Groenlandia en los próximos dos meses. 

Y los líderes de la UE respaldan a Trump como el máximo protector de Europa contra tales amenazas. El presidente de Letonia ha sugerido, con gran acierto, que las «legítimas necesidades de seguridad de EE. UU.» deben abordarse en un «diálogo directo» entre EE. UU. y Dinamarca. 8 «Groenlandia debería formar parte de Estados Unidos», declaró Stephen Miller, subjefe de Gabinete de Trump para Política y Seguridad Nacional. «El presidente ha sido muy claro al respecto; esa es la postura oficial del gobierno estadounidense». 

Descartando la idea de que la toma de Groenlandia implique una operación militar, advirtió que «nadie va a luchar militarmente contra Estados Unidos por el futuro de Groenlandia». 9

Y menos aún los daneses, al parecer. El aspecto más siniestro de las amenazas de Trump de anexar Groenlandia a Estados Unidos a principios de 2026 fue la intención estadounidense, apoyada por la OTAN, de bloquear el acceso al Ártico desde el Atlántico Norte «a ambos lados de la brecha entre Groenlandia, Islandia y el Reino Unido por la que deben pasar los buques rusos o chinos para entrar en el Atlántico Norte». 10 

Un portavoz de la OTAN se refirió a los comentarios hechos por el secretario general Mark Rutte el [6 de enero] en los que dijo que «la OTAN colectivamente… tiene que asegurarse de que el Ártico se mantenga seguro». 11 

El propio Rutte dijo a CNN que «Todos [los miembros de la OTAN] estamos de acuerdo en que los rusos y los chinos son cada vez más activos en esa zona», lo que no dejó lugar a dudas de que mantener el océano Ártico «seguro» significa «libre» del transporte marítimo chino y ruso que ambos países han estado trabajando para desarrollar con el fin de acortar las rutas y los tiempos de navegación.

Un editorial del Wall Street Journal respalda la afirmación de que Estados Unidos necesita defenderse de los países que permanecen independientes de su control. Señalando que «Estados Unidos también alegó legítima defensa para arrestar al dictador panameño Manuel Noriega», el periódico argumenta que el derrocamiento militar es «la única defensa contra los delincuentes globales». 12

Más concretamente, advierte que sería una ilusión idealista, pero anacrónica, imaginar que el derecho internacional realmente rige las acciones de las naciones. «Como si Moscú y Pekín no pisotearan ya el derecho internacional cuando este se interpone en su camino», se burla, desestimando la relevancia del derecho internacional por haberse convertido en «el mejor amigo de un tirano». 13

El derecho de gentes siempre ha estado sujeto, en última instancia, al uso de la fuerza y al principio de la ley de la fuerza. El asesor de Trump, Stephen Miller, explicó su filosofía en una entrevista con CNN:

Vivimos en un mundo, en el mundo real… que se rige por la fuerza, que se rige por la fuerza, que se rige por el poder. Estas son las leyes de hierro del mundo desde el principio de los tiempos. 14

Los diplomáticos estadounidenses podrían simplemente encogerse de hombros y preguntar cuántas tropas tiene la ONU. No tiene ninguna, y las resoluciones del Consejo de Seguridad, en cualquier caso, están sujetas al veto estadounidense. Estados Unidos simplemente ignora las disposiciones de la Carta de la ONU, como el mundo acaba de ver con el secuestro del jefe de Estado venezolano. Son las normas estadounidenses las que sirven como ley operativa a la que están sujetos otros países, al menos aquellos en la órbita comercial, financiera y militar estadounidense.

Trump no tiene reparos en reconocer el principio operativo que se aplica a su última diplomacia internacional: «Queremos el petróleo de Venezuela». 15 Ya había confiscado petróleo en tránsito de petroleros que salían de Venezuela el mes pasado. Y ha anunciado que si la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, no acepta voluntariamente ceder el control de su petróleo, el ejército estadounidense entregará sus reservas petroleras a empresas estadounidenses y traerá a un nuevo cliente, cleptócrata o dictador, para que gobierne el país en nombre de los intereses estadounidenses.

Cuando el Departamento de Estado de EE. UU. presionó a los países de la OPEP para que reciclaran sus ganancias de exportación de petróleo en valores en dólares estadounidenses en 1974, los líderes de la OPEP estaban dispuestos a hacerlo, porque Estados Unidos era, por mucho, la principal economía financiera del mundo en ese momento. Aún domina el sistema financiero basado en el dólar, pero ya no tiene su antiguo poder industrial, y acaba de recortar su ayuda exterior y su membresía en la Organización Mundial de la Salud y otras agencias de ayuda de la ONU. 

En lugar de apoyar el crecimiento en otras economías, su fuerza diplomática ahora se basa en su capacidad para interrumpir su comercio y crecimiento económico. Y su poder industrial en declive es lo que ha hecho que la acción estadounidense contra Venezuela sea tan urgente, con su agresión militar y amenazas constantes contra ese país como parte de su intento de disuadir a los países de romper con las reglas no escritas del control unipolar estadounidense del comercio y los pagos internacionales mediante la desdolarización de sus relaciones comerciales y monetarias.

También existe una apropiación de recursos. Stephen Miller, el principal asesor de Trump mencionado anteriormente, declaró sin rodeos que «los países soberanos no obtienen soberanía si Estados Unidos quiere sus recursos». Sus comentarios siguieron a una declaración igualmente contundente del embajador estadounidense Michael Waltz en una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad de la ONU: «No se puede seguir teniendo las mayores reservas energéticas del mundo bajo el control de adversarios de Estados Unidos». 16

El principio legal estadounidense es que «la posesión es nueve décimas partes de la ley». Y la ley vigente en el presente caso es la de Estados Unidos, no la de Venezuela ni la de las Naciones Unidas. Una serie de otros principios están en juego, encabezados por el derecho de legítima defensa mencionado anteriormente bajo el permiso estadounidense de «Defensa propia». 

La historia de portada para el ataque de Trump a Venezuela (probado por los medios de comunicación de Fox News y encuestas) es que Venezuela amenaza a Estados Unidos con cocaína y otras drogas. O al menos con drogas que no están coordinadas por la CIA y el ejército estadounidense, como se ha documentado desde Vietnam hasta Afganistán y Colombia. Sin embargo, la acusación judicial contra Maduro no hizo referencia a las afirmaciones de Trump sobre un «Cártel de los Soles» que supuestamente él encabezaba, sino que citó principalmente cargos no relacionados sobre su porte de una ametralladora y cargos similares inaplicables a un jefe de estado extranjero.

No hubo acusación formal contra Maduro por sus verdaderos delitos a ojos de Estados Unidos: amenazar la capacidad estadounidense de controlar el petróleo de su país y su comercialización, y su intención de fijar el precio del petróleo venezolano en yuanes y otras monedas distintas del dólar, y utilizar las ganancias de sus exportaciones petroleras para pagar a China por sus inversiones en su país. 

La analogía adecuada para los falsos cargos de narcotráfico contra Maduro es la falsa afirmación —utilizada para justificar la invasión estadounidense de Irak en 2003— de que Saddam Hussein trabajaba para obtener armas de destrucción masiva. Eso bastó para desvirtuar el respeto por el secretario de Estado Colin Powell tras su discurso del 5 de febrero de 2003 ante las Naciones Unidas. Pero bajo el principio estadounidense de «defensa propia», Estados Unidos tenía motivos para sentirse amenazado por el intento de Venezuela de tomar el control de su comercio petrolero y, de hecho, de comerciar con los adversarios designados de Estados Unidos: China, Rusia e Irán. 

La agresión estadounidense en respuesta a esa amenaza fue apoyada por el principio estadounidense que permite a los propietarios de viviendas o a los policías matar a quienquiera que piensen que pueda ser una amenaza, por muy subjetivo o una excusa posterior que pueda ser.

Si bien se justifica por estos principios del orden basado en normas estadounidenses, la reciente instrumentalización del comercio petrolero por parte de Trump ha implicado, como se mencionó anteriormente, el repudio por parte de Estados Unidos de principios fundamentales del derecho internacional, incluido el derecho del mar. 

Antes de su ataque militar a Caracas y el secuestro del presidente Maduro, su embargo a las exportaciones petroleras venezolanas (a cualquier comprador, excepto a las compañías petroleras estadounidenses) y la incautación de petroleros que transportaban el petróleo del país fueron especialmente atroces, por no mencionar su bombardeo de barcos pesqueros no identificados y otras embarcaciones frente a las costas de Venezuela, asesinando a sus tripulaciones sin previo aviso.

Otra víctima del énfasis estadounidense en instrumentalizar el comercio mundial de petróleo y energía es el medio ambiente. En su afán por hacer que el resto del mundo dependa del petróleo y el gas bajo su férreo control y el de sus aliados, Estados Unidos lucha para impedir que otros países descarbonicen sus economías en un intento por evitar una crisis climática y sus fenómenos meteorológicos extremos. Por ello, Estados Unidos se opone al Acuerdo Climático de París y apoya una política «verde» para sustituir los combustibles fósiles por energía eólica y solar.

El problema para Estados Unidos es que la energía eólica y solar ofrecen una alternativa al petróleo, que Estados Unidos busca controlar. La eliminación gradual del petróleo no solo eliminaría un pilar de la balanza comercial estadounidense, sino que privaría a sus estrategas de la capacidad de apagar las luces y la calefacción de los países cuyas políticas se oponen. 

Y para empeorar las cosas, China ha tomado la delantera en la tecnología de energías renovables, incluyendo la producción de paneles solares y aspas de molinos de viento. Esto se considera una gran amenaza, ya que aumenta el riesgo de que otras economías se independicen del petróleo. Mientras tanto, la oposición estadounidense a combustibles distintos del petróleo bajo su control ha causado un daño repercutido en la propia economía estadounidense, al bloquear su propia inversión en energía solar y eólica.

La administración Trump ha sido particularmente agresiva, no solo bloqueando las iniciativas extranjeras para reducir los combustibles fósiles, sino también las alternativas estadounidenses. «El primer día de su segundo mandato presidencial, el Sr. Trump emitió una orden ejecutiva que suspende todo arrendamiento de tierras y aguas federales para nuevos parques eólicos. 

Desde entonces, su administración ha perseguido a los parques eólicos que habían recibido permisos de la administración Biden y que estaban en construcción o a punto de entrar en funcionamiento, utilizando explicaciones variables». 17 «Ha suspendido los arrendamientos de todos los proyectos eólicos marinos en un nuevo ataque al sector», alegando motivos de seguridad nacional. 18

Lo que hace aún más sorprendente esta medida contra las fuentes de energía alternativas es la escasez de electricidad proyectada en Estados Unidos, que se anticipa será causada por la creciente demanda de los centros de computación de IA, en circunstancias en las que Estados Unidos deposita grandes esperanzas en la inteligencia artificial (IA). Además de las rentas derivadas de sus recursos petroleros, los estrategas estadounidenses esperan aumentar las rentas monopolísticas de Estados Unidos a expensas de otros países mediante sus empresas de tecnología de la información, plataformas de internet y (así esperan) su dominio en IA. 

El problema es que la IA requiere una enorme cantidad de energía para operar sus computadoras. Sin embargo, la tendencia estadounidense en la producción de energía se ha mantenido estancada durante la última década, y la inversión en nuevas instalaciones energéticas es un proceso largo y burocrático (de ahí la escasez de energía proyectada mencionada anteriormente). 

Esto contrasta marcadamente con el enorme aumento de la producción de electricidad en China, en gran medida como resultado de la producción intensiva de paneles solares y molinos de viento, en la que ha establecido una amplia ventaja tecnológica, mientras que la práctica estadounidense ha evitado esta fuente de energía por considerarla «no inventada aquí» y, más fundamentalmente, por tener el potencial de socavar su intento de hacer que el mundo dependa del petróleo que controla.

Las principales exigencias del orden basado en normas de Estados Unidos en relación con el petróleo son:

  1. El control del comercio mundial del petróleo seguirá siendo un privilegio de Estados Unidos.
  2. El comercio del petróleo debe cotizarse y pagarse en dólares estadounidenses
  3. La regla del petrodólar
  4. Se deben desalentar las alternativas energéticas “verdes” al petróleo y negar el fenómeno del calentamiento global y el clima extremo.
  5. Ninguna ley se aplica ni limita las normas o políticas de EE. UU.

Notas:

1. Contribuyó a la presión la amenaza de Trump de cortar el apoyo militar estadounidense ante escenarios de pesadilla de ocupación militar rusa de Europa occidental.

2. La clave para controlar el petróleo no residía, por lo tanto, en la propiedad directa de pozos y refinerías, ni siquiera en su fijación de precios, sino en la capacidad de amenazar militarmente a los países de la OPEP para controlar cómo gastarían o invertirían sus ingresos por exportaciones. No tengo ninguna referencia de que esta amenaza de agresión militar se haya expresado explícitamente por escrito, pero me lo dijeron en mis conversaciones personales con funcionarios del Tesoro y del Departamento de Estado en la Casa Blanca cuando Herman Kahn me llevó allí para tratar precisamente este asunto. Había sido especialista en el Chase Manhattan Bank en la balanza de pagos y las relaciones internacionales de la industria petrolera, y trabajé en el Hudson Institute de 1972 a 1976 con un contrato con la Casa Blanca.

3. Associated Press, “ El Departamento de Energía de Trump describe nuevas políticas para el petróleo venezolano ”, 7 de enero de 2026. No se especifica un plazo para estos 2.000 millones de dólares en exportaciones de petróleo, ni cómo se dividirá el pago entre Estados Unidos y Venezuela. Trump simplemente declaró en su blog @realDonald Trump que el petróleo venezolano sancionado “se venderá a su precio de mercado, y ese dinero será controlado por mí, como presidente de los Estados Unidos de América… Se transportará en barcos de almacenamiento y se transportará directamente a los muelles de descarga en Estados Unidos”, desde donde una parte podría, según prometió, venderse a China.

4. “He decidido empezar a vender petróleo, gas, oro y todos los demás productos que Venezuela vende con nuevas monedas, incluyendo el yuan chino, el yen japonés, el rublo ruso, la rupia india, entre otras”, declaró [Maduro] durante una transmisión televisiva, afirmando que “una economía libre del sistema imperialista estadounidense es posible”. Yahoo Finance, “Venezuela venderá petróleo en monedas distintas del dólar”, 8 de septiembre de 2017. https://sg.finance.yahoo.com/news/venezuela-sell-oil-currencies-other-034439095.html

5. Charlie Savage, “¿Puede Estados Unidos ‘gobernar’ Venezuela legalmente tras la captura de Maduro? Esto es lo que debe saber”, The New York Times , 3 de enero de 2026. El texto de la Carta establece que: “Todos los Miembros se abstendrán, en sus relaciones internacionales, de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado, o en cualquier otra forma incompatible con los Propósitos de las Naciones Unidas”. El artículo mencionado señala que “[a]rrestar a alguien para someterlo a juicio, sin embargo, es una operación de aplicación de la ley, no defensa propia. En 1989, la mayoría del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas votó a favor de condenar la invasión de Panamá, aunque Estados Unidos vetó la resolución . La Asamblea General de la ONU votó 75 a 20 para considerarla una flagrante violación del derecho internacional y de la independencia, la soberanía y la integridad territorial de los Estados”.

6. Gideon Rachman, “El problema con la Doctrina Donroe”, Financial Times , 6 de enero de 2026.

7. Rebecca Elliott, “Los objetivos de Trump sobre el flujo de petróleo no son tan fáciles”, The New York Times , 6 de enero de 2026. “Necesitamos Groenlandia, absolutamente”, le dijo Trump a Michael Scherer, “Trump amenaza al nuevo líder de Venezuela con un destino peor que el de Maduro”, The Atlantic , 4 de enero de 2026.

8. Eldar Mamedov, “Europa silba más allá del cementerio venezolano”, Responsible Statecraft , 6 de enero de 2026. Bromea diciendo que el presidente de Letonia “no debería sorprenderse entonces si, en algún momento, otros líderes europeos le aconsejan resolver las diferencias de Letonia con Rusia en un ‘diálogo directo con Moscú, teniendo en cuenta las necesidades de seguridad de Rusia’”. En otras palabras, ahí va el argumento de la UE y la OTAN contra la Operación Militar Especial de Rusia en Ucrania.

9. Julia Conley, “En su discurso ‘desquiciado’, Miller afirma que Estados Unidos tiene derecho a apoderarse de cualquier país por sus recursos”, Common Dreams , 6 de enero de 2026, señalando que el primer ministro de Dinamarca le dijo al canal de noticias danés Live News el 5 de enero que “la comunidad internacional tal como la conocemos, las reglas democráticas del juego, la OTAN, la alianza defensiva más fuerte del mundo, todo eso colapsaría si un país de la OTAN decidiera atacar a otro”. El gobierno danés convocó una reunión de emergencia de su Comité de Asuntos Exteriores el martes para discutir “la relación del reino con Estados Unidos”. El comisario de la UE, Andrius Kubilius, también advirtió que cualquier toma de Groenlandia por parte de Estados Unidos significaría el fin de la OTAN.

10. Editorial del FT, “Cómo debería responder Europa a las amenazas de Trump”, Financial Times , 8 de enero de 2026.

11. Amy MacKinnon y Loren Fedor, “EE. UU. mantiene abierta la opción militar de tomar Groenlandia”, Financial Times , 8 de enero de 2026. Rutte incluso agregó que “los daneses estarían totalmente de acuerdo si Estados Unidos tuviera una mayor presencia [en Groenlandia] de la que tienen ahora.

12. Editorial del Wall Street Journal , “La ilusión del ‘derecho internacional’”, 6 de enero de 2026. En la misma edición de ese periódico, Greg Ip, “Trump estrena la ‘doctrina Donroe’”, el Wall Street Journal del 6 de enero de 2026, citó la justificación de Trump de su toma de posesión de Venezuela por motivos de seguridad nacional: “Estados Unidos nunca permitirá que potencias extranjeras nos expulsen de nuestro propio hemisferio. El futuro estará determinado por la capacidad de proteger el comercio, el territorio y los recursos que son fundamentales para la seguridad nacional”. Ip señaló que China ya es el principal socio comercial de Brasil, Chile y Perú, a quienes Trump aparentemente considera una amenaza.

13. La ironía es que, como miembros del Grupo de Amigos en Defensa de la Carta de las Naciones Unidas, son Rusia y China los que se han convertido en los principales defensores de la aplicación del derecho internacional en su intento de frenar la interferencia militar y política de Estados Unidos a lo largo de sus fronteras.

14. Citado en William A. Galston, “Lo que la captura de Maduro dice sobre Trump”, Wall Street Journal , 7 de enero de 2026.

15. Como Trump les dijo a los periodistas después del derrocamiento de Maduro: «Vamos a extraer una enorme cantidad de riqueza de la tierra». Estados Unidos, dijo, se quedará con parte de ella «como reembolso por los daños que nos causó ese país». Esta ha sido la filosofía de Trump desde hace mucho tiempo. Durante la campaña presidencial de 2016, dijo que confiscar el petróleo de Irak podría haber pagado la guerra de Irak. «Entramos, gastamos 3 billones de dólares, perdemos miles y miles de vidas, y luego… lo que pasa es que no obtenemos nada», dijo. «Antes, el botín pertenecía al vencedor». William A. Galston, «What Maduro’s Capture Says About Trump», Wall Street Journal , 7 de enero de 2026, informa que Trump ha hecho comentarios similares sobre Siria y Libia.

16. Julia Conley, “En su discurso ‘Desquiciado’, Miller afirma que Estados Unidos tiene derecho a apoderarse de los recursos de cualquier país”, Common Dreams , 6 de enero de 2026, citando una paráfrasis en redes sociales del representante Seth Moulton (demócrata por Massachusetts).

17. Maxine Joselow y Lisa Friedman, “President Halts Five Wind Farms Worth Billions”, The New York Times , 23 de diciembre de 2025. Añaden que, el 22 de diciembre de 2025 , un estudio del Pentágono indicó que los parques eólicos podrían interferir con los sistemas de radar. El bloqueo por parte de Trump de los arrendamientos de cinco parques eólicos en construcción frente a la costa este “inyectó incertidumbre en proyectos valorados en 25 000 millones de dólares que se esperaba que abastecieran a más de 2,5 millones de hogares y empresas en el este de Estados Unidos”, creando, en conjunto, unos 10 000 empleos.

18. Rachel Millard y Martha Muir, “Washington bloquea la energía eólica marina”, Financial Times , 23 de diciembre de 2025. “Las suspensiones incluyen Virginia Offshore Wind, de Dominion Energy, valorado en 11.300 millones de dólares”, a pesar de su avanzada fase de construcción.

dimanche 18 janvier 2026

Pepe Escobar: Irán, la operación secreta que nadie ve

 FUENTE: https://observatoriocrisis.com/2026/01/14/pepe-escobar-iran-la-operacion-secreta-que-nadie-ve/

Irán es la llave maestra que puede destruir toda la arquitectura multipolar que Rusia y China han estado construyendo sistemáticamente durante los últimos 15 años

Transcripción de la intervención del analista geopolítico Pepe Escobar en su último streaming emitido por YouTube 

Hola, soy Pepe Escobar y estoy aquí desde un lugar que prefiero mantener discreto por razones que muy pronto van a comprender. Lo que les voy a contar  no es simplemente otra historia más sobre protestas en Oriente Medio. Mis queridos amigos, lo que está sucediendo en Irán en estos últimos días es algo que va a cambiar para siempre el tablero geopolítico mundial. 

Tengo aquí mi taza de té persa. Sí, té iraní auténtico que siguió en mis últimos viajes por la ruta de la seda. Y mientras observa las hojas que danzan en el fondo del cristal, no puedo evitar pensar en las corrientes subterráneas que están sacudiendo todo el sistema mundial como lo conocemos. 

La historia más extraordinaria apenas está comenzando y lo que nadie les está contando va a cambiar todo lo que creían saber sobre el Medio Oriente. Porque lo que ningún medio occidental se atreve a revelar, y aquí viene la primera gran bomba de hoy, es que lo que estamos presenciando no es una simple revuelta popular espontánea, es el intento de colapso controlado de una de las últimas piezas clave del gran ajedrez euroasiático. 

Y las implicaciones, Dios mío, las implicaciones van mucho más allá de lo que cualquier analista de Washington o Londres se atreve ni siquiera a imaginar. Estamos en las primeras 72 horas de lo que podría convertirse en el evento más significativo en Asia occidental desde la Revolución Islámica de 1979. Pero hay algo que los medios corporativos deliberadamente ocultan, algo que cambia toda la narrativa por completa. 

Aquí es exactamente donde esta historia se vuelve absolutamente explosiva. Porque mientras CNN y BBC nos hablan de protestas espontáneas por la libertad, mientras The Washington Post glorifica románticamente a los luchadores por la democracia, la realidad sobre el terreno es infinitamente más compleja y déjenme decirles sin rodeos infinitamente más peligrosa para el futuro de la humanidad. Arranquemos desde el verdadero principio, diciembre de 2025. 

Las primeras manifestaciones aparentemente comenzaron por el costo de vida, por la inflación galopante, por las mismas quejas económicas legítimas que hemos visto en docenas de países en los últimos años. nada particularmente extraordinaria a primera vista, ¿verdad? Pero aquí está el primer detalle que debería hacer sonar todas las alarmas de cualquier analista serio: la coordinación militar. 

En mi experiencia de tres décadas cubriendo revoluciones de colores desde Georgia hasta Ucrania, desde Hong Kong hasta Bielorrusia, hay ciertos patrones operacionales que simplemente no mienten. Y lo que estamos viendo en Irán sigue exactamente el mismo manual de operaciones que hemos observado una y otra vez. 

Primer indicador irrefutable, la sofisticación extraordinaria de las comunicaciones. A pesar del corte total y absoluto de internet que implementó el régimen iraní el jueves pasado, de alguna manera misteriosa, los manifestantes continúan coordinándose con una precisión que raya en lo militar. ¿Cómo diablos es esto posible? Se preguntarán ustedes. Bueno, aquí entra en juego el primer elemento tecnológico que nadie quiere mencionar públicamente. Los terminales Starlink de contrabando que han estado llegando a Irán durante los últimos 6 meses a través de rutas que pasan por Kurdistán, Azerbaiyán y Armenia. 

Pero esa no es ni siquiera la parte más impactante de toda esta operación. Porque hay algo que acabo de confirmar con fuentes de inteligencia en tres continentes diferentes y esto va a sacudir los cimientos de todo lo que creían entender sobre la geopolítica actual. Resulta que las protestas en Irán no comenzaron espontáneamente en diciembre del año pasado. 

La preparación logística comenzó hace más de 18 meses, coordinada meticulosamente desde centros de operaciones que van desde Fort Langley Virginia hasta Tel Aviv , pasando por ciertos edificios muy específicos e identificables en Londres y París. Los centros de entrenamiento en Polonia, donde se preparó a los líderes estudiantiles, los campos de Georgia donde se entrenó en técnicas de guerra urbana, los laboratorios de narrativas en Estonia donde se fabricaron los mensajes para redes sociales. 

El patrón es siempre idéntico, siempre exactamente el mismo. Primero, se identifica un país que está bloqueando los intereses geoestratégicos del imperio decadente. Segundo, se infiltran masivamente las redes sociales con narrativas prefabricadas y focus groups. Tercero, se prepara durante años a los líderes estudiantiles en universidades occidentales específicas. Cuarto, se establece toda la infraestructura financiera necesaria para sostener meses y meses de operaciones costosas y finalmente se elige el momento perfecto para activar simultáneamente toda la red dormida. 

¿Y cuál fue exactamente el momento perfecto para activar la operación Irán? Aquí es donde todo encaja de manera aterrorizante. Exactamente cuando Trump regresa al poder con su agenda renovada de máxima presión sobre el régimen iraní. Exactamente cuando Israel necesita desesperadamente una distracción masiva de su situación completamente insostenible en Gaza y en Líbano. Exactamente cuando la alianza estratégica entre Irán, Rusia y China está alcanzando niveles de cooperación militar y económica sin precedentes históricos. 

Pero esperen, porque aquí viene la parte que nadie ve, pero que cambia todo el análisis geopolítico, porque resulta que estas protestas no están dirigidas realmente contra el sistema teocrático iraní per sé.  Esa es apenas la fachada mediática . El verdadero objetivo es mucho más ambicioso y, francamente, mucho más aterrador para el futuro de todos nosotros. 

El objetivo real es destruir definitivamente el último eslabón independiente en la cadena energética euroasiática que conecta básicamente a Rusia con China, pasando estratégicamente por Asia central e Irán. Es romper para siempre el corredor energético más crucial del siglo XXI. 

Piénsenlo detenidamente por un momento. Irán no es solamente Irán. Irán es el corredor energético estratégicamente crucial. entre el petróleo y gas rusos y los mercados asiáticos en expansión. Irán es el eslabón geográfico que permite que China acceda a recursos energéticos masivos sin depender de las rutas marítimas controladas por la armada estadounidense. 

Irán es, literalmente hablando, es la llave maestra que puede hacer o destruir completamente toda la arquitectura multipolar que Rusia y China han estado construyendo sistemáticamente durante los últimos 15 años de coordinación estratégica. Y aquí está el detalle cronológico que debería hacer temblar a cualquier analista geopolítico serio del planeta. 

Lo que está pasando en Irán está Perfectamente sincronizado con lo que acaba de suceder en Venezuela con la captura de Maduro. Coincidencia temporal. Por favor, somos adultos. En geopolítica de alto nivel no existen las coincidencias, especialmente cuando hablamos de operaciones simultáneas de esta magnitud estratégica. 

Tengo información verificada, confirmada e independiente de fuentes, tanto en el Kremlin como en Beijin, de que el momento preciso de estas operaciones coordinadas no es para nada casual. El imperio estadounidense y sus vasallos europeos tienen una ventana temporal muy específica de aproximadamente 4 a 6 meses antes de que la expansión completa de BRICS Plus se consolide definitivamente e irreversiblemente. Antes que el nuevo sistema financiero paralelo esté completamente operativo y funcional. Antes de que las nuevas rutas comerciales terrestres de La franja y La Ruta hagan completamente irrelevante todo el sistema occidental de control marítimo mundial. 

Esta es su última oportunidad real y en Washington lo saben perfectamente. Por eso la desesperación es palpable, por eso la brutalidad sin disimulos, por eso están completamente dispuestos a arriesgar una conflagración regional. que podría escaparse totalmente de cualquier control racional. 

Porque déjenme ser absolutamente cristalino sobre algo fundamental que Trump acaba de declarar: “Si ustedes empiezan a disparar, nosotros también vamos a empezar a disparar”. No es retórica vacía para consumo mediático. Las fuerzas estadounidenses desplegadas en todo el Golfo Pérsico están en máxima alerta de combate desde hace 72 horas. Los israelíes han puesto discretamente sus fuerzas nucleares en estado de preparación total. 

Y lo más inquietante de todo, hay conversaciones muy serias y documentadas en círculos militares estadounidenses sobre un ataque preventivo masivo contra todas las instalaciones nucleares iraníes usando armas nucleares tácticas si es necesario. 

La diferencia, esta vez, la diferencia crucial es que Irán no está solo como estaba en 1979. La diferencia es que cualquier ataque militar contra territorio iraní significa automáticamente la activación inmediata de tratados de defensa mutua con Rusia y China. La diferencia es que estamos literalmente a una decisión impulsiva de poco distancia de la tercera guerra mundial nuclear. Y aquí es exactamente donde la historia toma un giro completamente inesperado que nadie calculó, porque hay algo que las élites occidentales no calcularon correctamente en sus “modelos de simulación”. 

Hay algo que su arrogancia imperial histórica simplemente no les permite ver ni comprender. Resulta que el pueblo iraní común, más allá de sus quejas absolutamente legítimas contra la corrupción y autoritarismo de su gobierno, entiende perfectamente lo que realmente está en juego. 

Resulta que la inmensa mayoría de los iraníes tiene memoria histórica y recuerda exactamente lo que pasó en Irak, en Libia, en Siria, en Afganistán. Resulta que no quieren, bajo ninguna circunstancia convertirse en el próximo éxito “democrático” de la libertad exportada mediante bombardeos masivos y ocupación militar. Las manifestaciones están perdiendo fuerza rápidamente. Y no solamente porque el régimen haya reprimido brutalmente, aunque también lo haya hecho sin duda, sino porque la gente común iraní está empezando a comprender perfectamente el verdadero juego geopolítico. 

Están comenzando a ver con claridad que detrás de las banderas románticas de la libertad y la democracia occidental se esconde la misma agenda imperial depredadora de siempre, la misma agenda que convirtió a Libia en un mercado de esclavos, la misma que sumió a Irak en 20 años de guerra sectaria, la misma que está intentando fragmentar Siria desde hace más de una década. Pero hay algo más, algo extremadamente significativo que me confirmaron fuentes muy cercanas al Consejo Supremo de Seguridad Nacional iraní durante una conversación que tuve ayer por la noche. 

El régimen iraní ha estado preparándose meticulosamente para este escenario durante años. tienen planes de contingencia militar que van desde el cierre total e inmediato de todas las exportaciones petroleras del Golfo Pérsico hasta hasta opciones de respuesta que francamente prefiero no detallar específicamente en un canal público de YouTube. 

La verdadera pregunta ahora es completamente diferente a todo lo que están discutiendo en los medios occidentales. La verdadera pregunta que debería quitarnos el sueño a todos es ; ¿está realmente el mundo preparado para las consecuencias similares a un cataclismo,  de lo que está a punto de suceder en las próximas semanas? 

Porque si estas operaciones coordinadas fracasan estrepitosamente y todo indica que van a fracasar de manera humillante, el imperio estadounidense va a quedar expuesto globalmente como lo que realmente es un tigre de papel nuclear con dientes nucleares, pero sin garras convencionales efectivas para usarlos de manera coherente. 

El fracaso completo en Irán, combinado con el desastre que se está desarrollando en tiempo real en Venezuela, más la humillación militar absoluta en Ucrania, más la pérdida irreversible de control sobre todas las rutas comerciales asiáticas, significa una cosa muy simple, pero trascendental, el fin definitivo de 500 años de dominación occidental sobre el sistema mundial. 

Pero las élites psicopáticas del imperio no van a aceptar esta nueva realidad histórica sin una lucha desesperada hasta la muerte. Y aquí es precisamente donde las cosas se vuelven realmente peligrosas para toda la humanidad, porque un animal imperial herido de muerte es infinitamente más peligroso que un animal que todavía tiene control de la situación. 

Permítanme contarles algo que absolutamente nadie más se atreve a decir públicamente en ningún medio occidental. Y tengo esta información de fuentes que obviamente prefiero no nombrar, pero que tienen acceso directo y documentado a las reuniones más clasificadas del Consejo de Seguridad Nacional de Washington 

Hay una discusión muy seria sobre lo que internamente llaman la opción Sansón nuclear. La idea completamente psicopática de que si el imperio americano va a colapsar históricamente, entonces todo el sistema de civilización mundial debe colapsar junto con él en una conflagración final. Es una mentalidad absolutamente demencial, pero es terriblemente real y es absolutamente aterrorizante para cualquier persona racional en el planeta. 

La lógica interna es simple, pero enloquecida. Si ya no podemos controlar y dominar el mundo como lo hemos hecho durante siglos, entonces nadie más puede tenerlo. Si China y Rusia van a crear exitosamente un nuevo sistema multipolar próspero, entonces destruimos preventivamente todo antes de permitir que eso suceda. Por eso, las protestas en Irán son infinitamente más que simples protestas internas. son el detonador calculado de una crisis que puede llevarnos directamente al abismo de una guerra nuclear global. 

Por eso Trump está jugando literalmente con fuego atómico de una manera que debería aterrorizar a cualquier persona mínimamente racional en todo el planeta. Pero aquí viene la parte esperanzadora y luminosa de toda esta historia apocalíptica, porque hay algo fundamental que el imperio occidental no calculó en sus modelos predictivos. Hay algo que su arrogancia milenaria no les permite ver ni aceptar. El mundo ya cambió irreversiblemente. 

El sistema multipolar ya existe y funciona. Las nuevas rutas comerciales ya están completamente operativas. Las nuevas alianzas estratégicas ya están consolidadas y son irreversibles. Lo que estamos presenciando día a día no es el nacimiento doloroso de un nuevo orden mundial, es la agonía terminal del viejo orden unipolar. es el colapso sistémico de un sistema internacional basado en la dominación militar y financiera, que ya no tiene bases materiales ni legitimidad para sostenerse. 

China es ahora oficialmente la primera economía del mundo en términos reales de paridad de poder adquisitivo. Rusia ha demostrado militarmente que es completamente invencible en su propia esfera de influencia histórica. Los países del sur global han encontrado alternativas completamente funcionales al sistema financiero occidental controlado desde Wall Street. 

El dólar como moneda de reserva mundial está viviendo literalmente sus últimos días. Irán es simplemente el campo de batalla simbólico donde se está librando la batalla final y decisiva entre el viejo mundo unipolar agonizante y el nuevo mundo multipolar ascendente, entre el unipolarismo imperial decadente y el multipolarismo soberano emergente, entre un pasado de dominación y un futuro de cooperación. 

Y déjenme decirles con absoluta certeza cuál va a ser el resultado histórico final de esta confrontación titánica. El resultado ya está completamente escrito en las tendencias históricas objetivas que llevamos observando y documentando durante décadas enteras. El futuro de la humanidad pertenece inexorablemente a Eurasia integrada. 

El futuro pertenece a la cooperación mutuamente beneficiosa en lugar de la dominación parasitaria. El futuro pertenece a un mundo multipolar donde ninguna potencia individual puede jamás imponer unilateralmente su voluntad sobre todos los demás. Las protestas en Irán van a fracasar estrepitosamente, no porque el régimen teocrático sea particularmente popular entre su población, sino porque representan un proyecto imperial occidental. que simplemente ya no tiene futuro histórico viable. 

La gente iraní va a elegir conscientemente la independencia nacional imperfecta sobre la libertad fabricada en los laboratorios de Langley . Van a elegir la soberanía nacional problemática sobre la democracia exportada mediante bombardeos y ocupación militar extranjera. Y cuando eso suceda, inevitablemente, cuando la operación Irán fracase, como ya fracasó la operación Venezuela, como está fracasando estrepitosamente la operación Ucrania, el imperio va a tener que enfrentar una realidad que ha estado evitando desesperadamente durante décadas, que su tiempo histórico se acabó para siempre. 

Pero, hay que poner atención los próximos 6 meses, porqué van a ser absolutamente cruciales para el destino de toda la civilización humana, porque un imperio en colapso terminal es exactamente como una estrella en explosión supernova. Puede destruir completamente todo a su alrededor antes de convertirse finalmente en una enana blanca insignificante. 

Y ese es el peligro existencial real que enfrentamos todos los habitantes de este planeta en los próximos meses. El peligro no es que Irán se convierta mágicamente en una democracia occidental al estilo Hollywood. El peligro real es que las élites imperiales occidentales, en su desesperación terminal y su negación psicótica de la realidad hagan algo completamente irreversible para toda la humanidad. 

El peligro es que en su intento desesperado de mantener un control global que ya perdió objetivamente, desaten fuerzas nucleares que literalmente nadie en el planeta puede controlar una vez liberadas. Por eso es absolutamente vital que todo el mundo esté atento y consciente. Por eso es tan importante que entendamos todos perfectamente lo que realmente está en juego aquí. No se trata para nada de democracia iraní versus teocracia persa. Se trata del futuro mismo de la civilización humana y de si va a sobrevivir intacta a esta transición histórica. 

Los próximos días, las próximas semanas decisivas van a determinar si la transición inevitable hacia un mundo multipolar soberano se hace de manera relativamente civilizada y pacífica, o si vamos a tener que pasar todos por una conflagración global antes de llegar exactamente al mismo resultado final. La elección histórica, en última instancia no está realmente en las manos de Trump, ni de Netanyahu, ni de los Ayatolás iraníes, ni de Putin, ni de Xi Jinping. 

La elección definitiva está en las manos de todos y cada uno de nosotros, en nuestra capacidad colectiva de ver claramente más allá de las narrativas fabricadas por los medios corporativos, en nuestra capacidad de entender los verdaderos intereses geoestratégicos en juego, en nuestra capacidad de exigir categóricamente a nuestros líderes que elijan la diplomacia constructiva sobre la guerra destructiva, la cooperación mutuamente beneficios sobre la dominación parasitaria, el futuro promisorio sobre el pasado decadente. 

Porque el viejo mundo unipolar se está muriendo inexorablemente. Y todos nosotros somos los testigos directos y quizás los parteros históricos del nacimiento complejo de uno completamente nuevo. La única pregunta que realmente importa ahora es, ¿ese nuevo mundo multipolar va a nacer en relativa paz y cooperación o en guerra total y destrucción mutua? 

La respuesta final depende de todos nosotros. Gracias por acompañarme en este viaje fascinante por las corrientes subterráneas más profundas de la historia mundial en movimiento. Nos vemos en el próximo Pepe Café, donde seguiremos desentrañando juntos todos los hilos de esta increíble transformación que está sacudiendo los cimientos del mundo tal como creíamos conocerlo. Hasta la próxima y manténganse siempre alerta. La historia se está escribiendo en tiempo real ante nuestros ojos

 

mercredi 14 janvier 2026

Una guía integral del imperialismo en la agresión a Venezuela

Alejandro Pedregal, columnista de la revista española El Salto 

El secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores, a manos del imperialismo estadounidense marca una nueva y gravísima escalada en la agresión sostenida contra la soberanía de Venezuela. Lejos de tratarse de un hecho aislado o excepcional, este episodio se inscribe en una ofensiva prolongada que combina guerra económica y financiera, deslegitimación política, coerción militar y producción de consenso mediático y hegemonía cultural. 

Frente a la confusión informativa, la propaganda y la proliferación de narrativas especulativas, este artículo propone un marco de análisis para comprender la lógica estructural del imperialismo contemporáneo y situar este ataque en el contexto del asedio que Venezuela viene sufriendo desde hace décadas.

Imperialismo y sistema-mundo capitalista: un marco de análisis

Desde la perspectiva del análisis de sistemas-mundo, el capitalismo no se entiende como una suma de economías nacionales aisladas, sino como una totalidad histórica estructurada por relaciones jerárquicas de dominación y dependencia, articuladas a través del intercambio desigual. 

En este marco, el imperialismo no constituye una deformación coyuntural ni el resultado excepcional de crisis o guerras concretas, sino la dimensión constitutiva del sistema-mundo capitalista, inseparable de su lógica histórica de expansión y de su necesidad permanente de acumulación a escala global.

El imperialismo puede definirse, así, como el modo jerárquico mediante el cual se organiza la captura, transferencia y apropiación del valor en el mundo. Este proceso se basa en la subordinación estructural de unas sociedades a otras dentro de una división internacional de la producción y el trabajo que separa a los países que no retienen el valor que producen de aquellos que lo capturan y concentran gracias al intercambio desigual. 

Esta jerarquización configura los polos clásicos del sistema —centro y periferia, o Norte y Sur global—, así como espacios intermedios de semiperiferia, donde coexisten dinámicas contradictorias de apropiación y dependencia. El imperialismo, en este sentido, segrega y ordena el mundo para garantizar la acumulación de capital, apoyándose en la extracción barata de trabajo, bienes materiales y energía, y en la externalización sistemática de costes hacia la periferia.

Lejos de reducirse a la dominación militar directa o al control territorial, el imperialismo contemporáneo opera como un sistema integrado que articula distintas esferas de la vida social

Lejos de reducirse a la dominación militar directa o al control territorial, el imperialismo contemporáneo opera como un sistema integrado que articula distintas esferas de la vida social. La dominación económica —basada en el control de los flujos de valor, el endeudamiento, las sanciones o el acceso a los mercados— se ve reforzada por instrumentos políticos y diplomáticos, por la amenaza o el uso efectivo de la coerción militar, y por formas de hegemonía cultural y mediática que contribuyen a legitimar el orden existente en el imaginario social. 

Estos ámbitos no funcionan de manera compartimentada, sino que se combinan y retroalimentan en distintos grados de coerción y consenso, buscando un equilibrio que permita naturalizar la subordinación imperialista y normalizar la captura de valor como un hecho inevitable o incluso deseable.

La participación activa de los Estados es clave en esta arquitectura de dominación. A través de marcos legales, acuerdos internacionales, dispositivos diplomáticos y, llegado el caso, el uso de la fuerza militar, se crean las condiciones para que las corporaciones transnacionales y las entidades financieras concentren la mayor parte de los beneficios del comercio global. 

En este contexto, puede hablarse de Estados imperialistas, fundamentalmente situados en el centro del sistema-mundo capitalista, frente a otros Estados cuya inserción estructural es de dependencia, independientemente de sus proyectos políticos internos o de sus aspiraciones de desarrollo. Las distintas fases históricas del imperialismo —colonial, neocolonial y neoliberal— muestran continuidades y rupturas en estas formas de dominación, generalmente asociadas a periodos de hegemonía de potencias concretas, siendo Estados Unidos el actor central del imperialismo contemporáneo.

Este marco permite analizar el caso venezolano no como una anomalía ni como un conflicto estrictamente interno, sino como una expresión concreta de las tensiones del sistema-mundo capitalista y de las formas contemporáneas de agresión imperialista. 

Las dinámicas económicas, políticas, diplomáticas, mediáticas, culturales y militares que han atravesado Venezuela en las últimas décadas, hasta desembocar en la abierta intervención militar de estos días contraria al derecho internacional, solo pueden comprenderse plenamente si se las sitúa dentro de esta lógica estructural de dominación, captura de valor y disciplinamiento de la periferia.

Venezuela en el engranaje del imperialismo contemporáneo

Situar el caso venezolano dentro del marco del sistema-mundo capitalista implica abandonar explicaciones excepcionalistas o moralizantes y entenderlo como una expresión concreta de las dinámicas estructurales del imperialismo contemporáneo. 

Lejos de tratarse de un mero conflicto bilateral, de un “fracaso interno” o de una supuesta “deriva autoritaria”, la agresión sostenida contra Venezuela debe leerse como parte de un proceso de disciplinamiento de la periferia en un contexto de crisis, reconfiguración geopolítica y declive relativo de la hegemonía estadounidense.

Desde el inicio del proceso bolivariano, la soberanía venezolana fue objeto de una confrontación sostenida por parte del imperialismo estadounidense y sus aliados regionales. Ya durante la presidencia de Hugo Chávez (1999–2013), esta ofensiva adoptó múltiples formas que anticipan los mecanismos hoy desplegados contra Venezuela. El golpe de Estado de abril de 2002 —respaldado por sectores empresariales, mediáticos y militares, y legitimado de facto por Washington— marcó un punto de inflexión, seguido pocos meses después por el paro petrolero de 2002–2003, un sabotaje económico dirigido a paralizar PDVSA y asfixiar al Estado venezolano. 

A estos episodios se sumaron operaciones de desestabilización política y financiera, como el financiamiento de la oposición a través de agencias estadounidenses (USAID y NED), la presión internacional durante el referéndum revocatorio de 2004, y la detección de tramas paramilitares vinculadas a Colombia, como la llamada Operación Daktari en 2004. 

En las últimas décadas (y de forma particularmente intensa desde mediados de los años 2010) Venezuela ha sido objeto de un incremento en esta estrategia multiforme de dominación,

Estos hechos se inscribieron, además, en un entorno regional crecientemente militarizado, con la expansión de la presencia estadounidense en Colombia y la realización de ejercicios militares que simulaban escenarios de intervención en Venezuela, que incluyen el precedente de la Operación Balboa en 2001, liderada por España en coordinación con Colombia, Panamá y Estados Unidos. 

Paralelamente, se consolidó una guerra mediática internacional orientada a erosionar la legitimidad del gobierno bolivariano y a preparar el terreno simbólico para formas más abiertas del uso de la fuerza. Lejos de constituir episodios aislados, estos precedentes revelan una estrategia prolongada de injerencia que combina presión económica, conspiración política, amenaza militar y disciplinamiento discursivo, y que encuentra su continuidad —con medios más radicalizados— en la fase actual de agresión imperialista contra Venezuela.

Así pues, en las últimas décadas —y de forma particularmente intensa desde mediados de los años 2010— Venezuela ha sido objeto de un incremento en esta estrategia multiforme de dominación, en la que se han combinado sanciones económicas, asfixia financiera, deslegitimación diplomática, operaciones de desestabilización política, amenazas militares, acciones encubiertas y una intensa guerra mediática y cultural. 

Esta articulación de instrumentos responde con claridad a los automatismos del imperialismo descritos anteriormente: un equilibrio relativo entre coerción y consenso destinado a forzar un cambio de régimen con el fin de imponer la sumisión del país a los circuitos de acumulación del capital global.

El eje económico ha sido central en esta ofensiva. Tras la desestabilización interna provocada por las guarimbas en 2014 —que acompañaron al incremento de la financiación directa de Estados Unidos a la oposición—, desde 2015, y de forma cualitativamente más agresiva a partir de 2017 y 2019, las sanciones unilaterales estadounidenses, contrarias al derecho internacional, no solo han castigado severamente la capacidad del Estado venezolano para comerciar, financiarse y sostener políticas públicas, sino que han funcionado como un mecanismo de guerra económica orientado a erosionar las condiciones materiales de reproducción social. 

Las sanciones financieras impuestas en 2017 bloquearon el acceso a los mercados internacionales de crédito e impidieron la refinanciación de la deuda, mientras que el embargo petrolero de facto instaurado en 2019 contra PDVSA, acompañado de la confiscación de activos estratégicos en el exterior, profundizó el colapso de los ingresos públicos y de la capacidad de importación del país.

Estudios del Center for Economic and Policy Research (CEPR) estimaron que, solo entre 2017 y 2018, las sanciones contribuyeron a 40.000 muertes evitables en Venezuela

Las consecuencias materiales de este estrangulamiento han sido ampliamente documentadas. Estudios del Center for Economic and Policy Research (CEPR) estimaron que, solo entre 2017 y 2018, las sanciones contribuyeron a 40.000 muertes evitables, al restringir el acceso a alimentos, medicamentos, insumos hospitalarios y servicios básicos, mientras otros estudios elevaron esta cifra a más de 100.000 hasta 2020. Informes de agencias de Naciones Unidas han constatado el deterioro sostenido de los indicadores de salud, nutrición y mortalidad infantil y materna en el contexto del colapso económico inducido. 

En 2018, un funcionario del propio Departamento de Estado de Estados Unidos reconocía abiertamente el objetivo de esta política al afirmar que las sanciones habían forzado a Venezuela a entrar en default y que el “colapso total” era la prueba de que la estrategia estaba funcionando.

Este proceso de asfixia económica ha ido acompañado de una desposesión financiera directa, en la que han participado activamente instituciones de los países centrales. El caso del oro venezolano retenido por el Banco de Inglaterra resulta particularmente ilustrativo. Bajo el argumento de “no saber quién es el gobierno legítimo”, el Reino Unido se negó a devolver reservas soberanas pertenecientes al Estado venezolano, incluso en plena emergencia del covid. De forma paralela, activos estatales por valor de decenas de miles de millones de dólares fueron congelados en el exterior, y empresas estratégicas como Citgo quedaron bajo control judicial en Estados Unidos, privando al país de recursos fundamentales.

Este eje económico se articuló con una ofensiva política y diplomática destinada a negar la soberanía venezolana en el plano internacional. Tras el desconocimiento de las elecciones presidenciales de 2018, en enero de 2019 se produjo el reconocimiento inmediato por Estados Unidos, la Unión Europea y otros aliados de Juan Guaidó como autoridad paralela, sin haberse presentado ni tan siquiera a las elecciones presidenciales. 

Esto sería acompañada, un mes después, de un intento de entrada desde la frontera colombiana bajo el pretexto de la “ayuda humanitaria”. Estos episodios pusieron de manifiesto el papel desempeñado por gobiernos, organismos multilaterales y alianzas regionales en la elaboración de un consenso internacional para el cambio de régimen y la intervención, normalizando una interpretación notablemente elástica de la legalidad internacional en favor de los intereses del hegemón.

Cuando estas herramientas no produjeron los resultados esperados, la lógica imperialista recurrió a formas de acción más directas. En agosto de 2018 tuvo lugar el intento de asesinato de Nicolás Maduro

Cuando estas herramientas no produjeron los resultados esperados, la lógica imperialista recurrió a formas de acción más directas. En agosto de 2018 tuvo lugar el intento de asesinato del presidente Nicolás Maduro mediante drones con explosivos. En años posteriores, se intensificaron los despliegues navales estadounidenses en el Caribe, con incursiones mercenarias como la Operación Gedeón en mayo de 2020 y las recientes operaciones de interdicción bajo el argumento de la “guerra contra el narcotráfico”, que ha resultado en el asesinato extrajudicial y sin pruebas de más de un centenar de personas, de las que se sabe que muchas de ellas eran simples pescadores artesanales de la zona. 

En este contexto, la declaración del fentanilo como “arma de destrucción masiva” o la criminalización del Estado venezolano mediante narrativas como la del llamado Cartel de los Soles cumplieron con la función de construir un marco moral que legitimara la violencia imperialista ante la opinión pública. Resulta revelador que esta última acusación haya sido eliminada al iniciarse las audiencias judiciales contra Maduro, evidenciando su carácter instrumental y propagandístico.

Por supuesto, este dispositivo coercitivo no se sostiene únicamente mediante la fuerza. La producción de consenso ha sido igualmente clave. Para ello, ha proliferado la promoción internacional de liderazgos opositores, y los reconocimientos y dispositivos simbólicos de legitimación por medio del uso de premios institucionales, desde el Premio Sájarov de la Unión Europea a los ultraderechistas María Corina Machado y Edmundo González Urrutia hasta el Premio Nóbel a la primera o el novedoso sainete del Premio de la Paz de la FIFA a Donal Trump. 

A ello se ha unido una cobertura mediática sistemáticamente sesgada —con la reiteración acrítica de términos como “dictador”, “tirano”, “autárquico” o “régimen” en prensa generalista tanto como en prensa rosa o deportiva— para configurar una estrategia cultural destinada a naturalizar la intervención y a presentar el cambio de régimen como una causa deseable, humanitaria e incluso pacífica. Como en otros escenarios históricos, la hegemonía cultural funciona aquí como complemento indispensable de la coerción financiera y militar, haciendo de la agresión una parte central del sentido común político.

El crudo pesado venezolano adquiere una importancia específica, ya que podría servir para complementar las limitaciones del crudo ultraligero procedente del fracking estadounidense

Pero detrás de esta ofensiva no hay solo una voluntad de disciplinamiento, castigo o dominio en términos abstractos. Venezuela ocupa un lugar estratégico en la geografía material del capitalismo global, especialmente por sus reservas energéticas. Aunque el petróleo venezolano es ultrapesado y costoso de refinar, su relevancia no puede evaluarse al margen de la configuración actual del mercado energético global. 

Venezuela concentra unas de las mayores reservas probadas de crudo del planeta —en torno a los 300.000 millones de barriles, mayoritariamente en la Faja del Orinoco—, un volumen comparable o incluso superior al de grandes productores como Arabia Saudí o Irán, aunque sometido a condiciones geológicas y técnicas complejas. La fuerte caída de la producción —hoy situada en torno a los 900.000–1.100.000 barriles diarios frente a los más de tres millones alcanzados en su pico histórico—, respondería al efecto de las sanciones en la asfixia financiera del país y el consecuente deterioro deliberado en inversión e infraestructuras. 

En este contexto, el crudo pesado venezolano adquiere una importancia específica, ya que podría servir para complementar las limitaciones del crudo ultraligero procedente del fracking estadounidense que se estima insuficiente por sí solo para abastecer la demanda de diésel y otros destilados medios. Además, este petróleo venezolano encaja con la capacidad instalada de las grandes refinerías del Golfo de México, diseñadas precisamente para procesar crudos densos y con alto contenido en azufre. 

A ello se suma un factor logístico nada menor: la proximidad geográfica —unas 1.500–2.000 millas náuticas frente a las 8.000–10.000 desde Oriente Medio— reduce los costes de transporte (y, por tanto, de uso de crudo) y los riesgos de exposición a los potenciales cuellos de botella estratégicos en Ormuz, Suez o Bab el-Mandeb, en un escenario de creciente inestabilidad global. 

Esta combinación de reservas, calidad del crudo, infraestructura de refinación y geografía explica por qué el control territorial y logístico del petróleo venezolano, sin ser el único, sigue siendo un elemento de peso en las disputas geoeconómicas contemporáneas, más allá de los relatos coyunturales con los que se intenta justificar la agresión. Pero es que además, el control de estos recursos no solo tiene implicaciones energéticas, sino también financieras y monetarias, al ser parte de una política destinada a reforzar el papel del dólar en el comercio internacional energético con el fin de apuntalar una hegemonía en crisis.

Venezuela aparece como una plaza clave en un repliegue táctico más amplio de Estados Unidos hacia sus esferas de influencia (que incluye el esfuerzo por disciplinar a Europa, Japón y Corea del Sur)

En este sentido, Venezuela aparece como una plaza clave en un repliegue táctico más amplio de Estados Unidos hacia sus esferas de influencia (que incluye el esfuerzo por disciplinar a Europa, Japón y Corea del Sur), en un momento de transformación, combustión y disputa estratégica a escala mundial. 

No se trata únicamente de renovar la Doctrina Monroe por medio del “Corolario Trump” para reafirmar el viejo “patio trasero” —como los imperialistas estadounidenses menosprecian a América Latina—, sino de consolidar posiciones frente a posibles competidores sistémicos al tiempo que se afianzan dependencias y liberan recursos para el eje central de la confrontación geopolítica contemporánea. El caso venezolano, lejos de ser marginal, se inscribe así en el corazón de las contradicciones del imperialismo en su fase actual, cuando el centro del mismo percibe que ha perdido el control hegemónico sobre el resto.

Hechos frente a conspiraciones: la obligación estratégica de la información frente a la confusión mediática imperialista

El recorrido hasta aquí realizado permite extraer una conclusión fundamental: sin herramientas de análisis estructural, las agresiones imperialistas aparecen como hechos medio confusos, excepcionales o a veces inexplicables, que incluso parecen ser producto de actitudes magolómanas o ataques psicóticos. En realidad, responden a patrones históricos bien conocidos. 

Comprender el imperialismo como un sistema, y no como una suma de excesos, errores o conspiraciones aisladas, no es un ejercicio intelectual abstracto, sino una condición política imprescindible para poder identificar al agresor, nombrar la violencia y articular respuestas colectivas.

En contextos de crisis, zozobra y desinformación, esta tarea se vuelve aún más urgente. La ofensiva imperialista no se libra únicamente en los planos económico, diplomático o militar, sino también en el campo de la producción de conocimiento. 

Lo que circula masivamente en esos momentos no es información neutral, sino, en el mejor de los casos, propaganda: relatos diseñados para desorientar, fragmentar, sembrar sospechas y desplazar el foco desde los hechos comprobables hacia un terreno pantanoso de especulación permanente. 

El último de ellos ha sido el destinado a deslizar la posibilidad de que la hasta ahora vicepresidenta, y ahora presidenta encargada, Delcy Rodríguez, haya sido la figura que ha traicionado a Nicolás Maduro. Sin pruebas, sin datos, sin nada, la acusación ha permeado los debates de buena parte de una supuesta izquierda en redes sociales que, a merced de los algoritmos, que ni tan siquiera se ha atrevido cuestionar el origen de la tesis, a pesar haber sido propagada de manera profusa por el propio Donald Trump, los servicios de inteligencia estadounidenses y medios con sede en Miami. Esto pone en evidencia que, cuanto mayor es la capacidad de difusión mediática del hegemón, más eficaz resulta su estrategia de desinformación y confusión. 

Frente a una agresión imperialista que hace apenas unas décadas habría provocado movilizaciones masivas, hoy asistimos con demasiada frecuencia a una sustitución del análisis por teorías conspirativas recicladas

La especulación sin pruebas, la amplificación acrítica de narrativas fabricadas en centros de poder hostiles y la obsesión por tramas opacas terminan haciendo el juego al imperialismo, debilitando la capacidad de denuncia, erosionando la confianza política y fragmentando a quienes deberían estar construyendo respuestas comunes. 

Allí donde se necesita claridad, unidad y fuerza, se introduce confusión, sospecha y parálisis. No se trata de negar la complejidad de los procesos ni de clausurar el debate, sino de poner en cuarentena las narrativas que responden a intereses imperiales evidentes y de no convertir la incertidumbre en un mercado de rumores. La historia del imperialismo demuestra que su mayor eficacia no reside solo en la violencia que ejerce, sino en su capacidad para desarmar políticamente a sus adversarios, incluso desde posiciones que se reclaman críticas o de izquierdas.

Efectivamente, frente a una agresión imperialista que hace apenas unas décadas habría provocado movilizaciones masivas, hoy asistimos con demasiada frecuencia a una sustitución del análisis por teorías conspirativas recicladas, a menudo, como hemos visto, procedentes de los mismos aparatos mediáticos y de inteligencia que han impulsado históricamente las campañas de desestabilización contra Venezuela y otros países del Sur global. 

Frente a ello, recuperar el análisis materialista, atender a las estructuras, identificar los intereses en juego y sostener una crítica anclada en hechos verificables no es una opción más entre otras, sino una obligación estratégica. En un mundo atravesado por una crisis sistémica de extraordinarias dimensiones y por la consecuente intensificación de las agresiones imperialistas, el rigor y la disciplina intelectuales no son ningún lujo, sino una forma de resistencia activa y una condición imprescindible para reconstruir la solidaridad internacional y la acción colectiva que agresiones como las que estamos experimentando exigen.

Por ello, conviene centrarse en los hechos que conocemos. Es decir, las sanciones, el saqueo de activos, las amenazas militares, las operaciones encubiertas, la violencia económica sistemática y, por supuesto, el secuestro del presidente constitucional y su esposa en contra del derecho internacional —en tiempos en que cada vez queda más en evidencia que tal derecho apenas ha parecido serlo mientras le ha servido al hegemón para sostener el control global—. 

Es por medio de estos hechos corroborables que evitamos el fango de la opinión infundada y nos podemos centrar en lo que en este momento resulta esencial: denunciar la flagrante violación estadounidense de la soberanía de Venezuela, exponer la amenaza que esto representa para el resto del mundo y, consecuentemente, exigir la inmediata liberación de los ciudadanos venezolanos Nicolás Maduro y Cilia Flores.