Un
sistema crea una empresa (Palantir) que clasifica civilizaciones, arma
genocidios y publica manifiestos racistas. El otro crea un laboratorio
de investigación que distribuye gratuitamente un modelo de vanguardia.
Bappa Sinha, tecnólogo y analista del impacto social de la IA
Alex Karp, director ejecutivo de Palantir,
publicó un manifiesto de 22 puntos el 19 de abril en el que declaraba
que «el poder duro en este siglo se construirá sobre el software» y que
ciertas culturas son «regresivas y dañinas». Cinco días después, el
laboratorio chino de IA DeepSeek lanzó su tan esperado modelo V4: 1,6
billones de parámetros, código abierto bajo la licencia MIT, igualando a
los modelos estadounidenses propietarios más caros a aproximadamente
una trigésima parte del precio.
Dos acontecimientos. Con cinco días de
diferencia. Dos visiones completamente opuestas sobre para qué sirve la
inteligencia artificial, quién la controla y a qué intereses sirve.
Comencemos con el manifiesto. Extraído del
libro de Karp, *La República Tecnológica: Poder Duro, Creencias Sutiles
y el Futuro de Occidente* (escrito en colaboración con el director de
Asuntos Corporativos de Palantir, Nicholas Zamiska), este documento de
22 puntos ha sido visto más de 32 millones de veces. En él se argumenta
que Silicon Valley tiene una deuda con la nación, que las armas de IA
son inevitables y que Occidente debe construirlas, que el servicio
militar obligatorio debe reconsiderarse y que el pluralismo liberal no
es más que una «tentación superficial».
Los puntos 21 y 22 revelan por completo la
verdad. Afirman que «ciertas culturas, e incluso subculturas, han
producido maravillas», mientras que «otras han demostrado ser mediocres,
y peor aún, regresivas y perjudiciales». El punto 22 aboga por resistir
«la superficial tentación de un pluralismo vacío y hueco», lamentando
que Estados Unidos «durante el último medio siglo se haya resistido a
definir las culturas nacionales en nombre de la inclusión».
En pocas palabras, se trata de
supremacismo racial y civilizacional en estado puro. Una empresa
integrada en cadenas de exterminio imperiales jerarquiza a los pueblos
del mundo y dicta a los gobiernos quiénes son considerados civilizados.
La arrogancia colonial es inconfundible. Algunos la denominan
tecnofascismo. Más de 200.000 personas en Gran Bretaña firmaron una
petición exigiendo al gobierno la rescisión de sus contratos con
Palantir. Miembros del Parlamento compararon el documento con los
«desvaríos de un supervillano».
Y Palantir no se limita a publicar
manifiestos. Está integrada operativamente en la maquinaria de la guerra
imperial. Su plataforma Gotham proporciona sistemas de puntería basados
en IA para el ejército ucraniano. El propio Karp se ha jactado que el
software de Palantir es «responsable de la mayor parte de la puntería en
Ucrania», procesando imágenes de drones, imágenes satelitales e
inteligencia de señales para generar opciones de ataque que mejoran con
cada impacto. El sistema aprende de cada bomba lanzada. En enero de
2026, la compañía profundizó esta integración con la sala de datos
Brave1 de Ucrania, alimentando con datos del campo de batalla en tiempo
real los modelos de IA para la interceptación de drones.
Pero es el papel de Palantir en el
genocidio de Gaza y la guerra ilegal estadounidense-israelí contra Irán
lo que revela lo que realmente significa en la práctica el concepto de
«poder duro basado en software».
Palantir firmó una alianza formal con el
ejército israelí en enero de 2024, tres meses después del inicio del
ataque a Gaza, integrando comunicaciones interceptadas y datos
satelitales para generar bases de datos de objetivos, es decir, listas
de objetivos a eliminar. Mantiene una oficina permanente en el Centro de
Coordinación Cívico-Militar, liderado por Estados Unidos, en el sur de
Israel, proporcionando la arquitectura tecnológica para controlar la
entrega de ayuda humanitaria a Gaza, un proceso que se ha utilizado
sistemáticamente como arma para someter por hambre a una población civil
asediada.
Y en la guerra más amplia contra Irán, la
misma maquinaria de la cadena de ataque alimentó los sistemas de
selección de objetivos que bombardearon la escuela de niñas Shajareh
Tayyebeh en Minab el 28 de febrero, causando la muerte de más de 170
niñas. Amnistía Internacional calificó el ataque de ilegal. La UNESCO lo
consideró una grave violación del derecho humanitario. Cuando Karp
escribe que las armas de IA son inevitables y que Occidente debe
construirlas, está describiendo lo que su empresa ya hace, todos los
días, en tiempo real.
Ahora bien, consideremos el contraste. El
24 de abril, DeepSeek lanzó la versión 4 bajo la licencia MIT.
Cualquiera puede descargarla, modificarla e implementarla
comercialmente. Su arquitectura es un sistema de mezcla de expertos con
un total de 1,6 billones de parámetros (49 mil millones activados por
consulta) y una ventana de contexto de un millón de tokens.
El documento técnico presenta tres
innovaciones: una arquitectura de atención híbrida, hiperconexiones con
restricciones de variedad y el optimizador Muon, que reemplaza los
métodos de entrenamiento estándar. El resultado: un 27 % menos de
cálculo de inferencia y un 10 % menos de caché de memoria en comparación
con su predecesor.
Los resultados hablan por sí solos. V4-Pro
obtuvo 3206 puntos en Codeforces, superando los 3168 de GPT-5.4, la
puntuación más alta en programación competitiva alcanzada por cualquier
modelo en el momento de su lanzamiento. En SWE-bench Verified, la prueba
de rendimiento estándar para la ingeniería de software en el mundo
real, obtuvo una puntuación de 80,6, tan solo 0,2 puntos por debajo de
Claude Opus 4.6. Lidera a todos los modelos de código abierto en
matemáticas, ciencia y programación.
¿Y el precio? DeepSeek lo redujo aún más
el 26 de abril. V4-Pro ahora cuesta: $0.435 por millón de tokens de
entrada y $0.87 por millón de tokens de salida. Compárese con GPT-5.5,
que cuesta $5.00 por entrada y $30.00 por salida, o Claude Opus 4.7, que
cuesta $5.00 y $25.00. V4-Pro cuesta aproximadamente una trigésima
parte de la tasa de salida de GPT-5.5. La variante más ligera, V4-Flash,
cuesta $0.14 por entrada y $0.28 por salida, casi 100 veces más barata.
Para un desarrollador en Lagos, Dhaka o São Paulo, estas no son cifras
abstractas. Determinan si la IA de vanguardia es accesible o si está
restringida por el muro de pago estadounidense.
Luego está la soberanía del hardware. V4
es el primer modelo de vanguardia chino diseñado para funcionar de forma
nativa con chips Huawei Ascend y Cambricon de fabricación nacional, en
lugar de Nvidia. Esto responde directamente a los controles de
exportación de semiconductores de EE. UU., diseñados para impedir que
China acceda a chips de IA avanzados.
A los pocos días del lanzamiento de V4,
ByteDance, Tencent y Alibaba se apresuraron a realizar pedidos de los
procesadores Huawei Ascend 950PR. Huawei tiene previsto enviar 750.000
unidades este año. DeepSeek ha indicado que el precio de V4-Pro podría
bajar aún más una vez que estos supernodos se envíen a gran escala en la
segunda mitad de 2026.
El régimen de sanciones de EE. UU.,
destinado a mantener el monopolio estadounidense sobre la computación de
IA, ha acelerado, en cambio, el desarrollo de una plataforma de IA
china totalmente autóctona, desde la fabricación de chips hasta la
implementación de inferencias.
El modelo de negocio de Palantir se basa
en sistemas propietarios y clasificados que se venden a gobiernos y
fuerzas armadas a un precio exorbitante. La tecnología como arma de
competencia entre civilizaciones, según sus propias palabras.
DeepSeek publicó públicamente los pesos de
su modelo, y su director ejecutivo y fundador, Liang Wenfeng, declaró
que su visión es proporcionar IA de vanguardia gratuita para todos, con
el fin de impulsar el progreso humano.
Bajo el capitalismo, la IA de vanguardia
queda confinada tras muros de pago de API y contratos clasificados, y se
integra en cadenas de ataque. Bajo la planificación socialista, la
misma tecnología se libera como un bien público.
El patrón histórico es conocido. En la
década de 1960, el gobierno estadounidense adquirió el 60% de los
circuitos integrados para la carrera espacial de empresas de Silicon
Valley. Esa inversión pública generó fortunas privadas. Tras el
estallido de la burbuja puntocom, y de nuevo tras la crisis financiera
de 2008, los rescates bancarios y de fondos de inversión con dinero
público canalizaron nuevo capital hacia el mismo ecosistema, creando
empresas valoradas en billones de dólares a pesar de no producir nada
físico.
La riqueza generada dio origen a una clase
de oligarcas tecnológicos que ahora buscan privatizar el mismo aparato
estatal que los impulsó. Palantir, que pasó de la financiación inicial
de la CIA a In-Q-Tel, se convirtió en una corporación de 280 mil
millones de dólares que publica manifiestos sobre la guerra
civilizacional. Inversión pública que crea monopolio privado; monopolio
privado que luego se apodera del Estado. El manifiesto es esta clase
exponiendo abiertamente su programa.
La trayectoria de China apunta en la
dirección opuesta. La inversión estatal en la autosuficiencia de
semiconductores y la investigación en IA, llevada a cabo bajo las
hostiles sanciones estadounidenses, no ha creado otro ecosistema
cerrado. Ha generado tecnología de código abierto disponible para todo
el mundo. La lógica es sistémica: el Estado socialista absorbe los
costos de la investigación, frena los monopolios y los incentivos para
restringir el acceso al conocimiento mediante suscripciones de pago. La
tecnología se libera. La gente la usa.
La IA se está convirtiendo rápidamente en
la capa infraestructural de la producción económica. Para el Sur Global,
la elección entre estos dos modelos definirá las condiciones de
desarrollo durante décadas. La dependencia de los sistemas propietarios
estadounidenses implica controles de exportación, restricciones de
licencias, tecnología revocable a capricho de Washington y apropiación
imperialista mediante superganancias monopólicas.
Los modelos de código abierto que se
ejecutan en chips libres de la jurisdicción de las sanciones
estadounidenses ofrecen capacidad de IA soberana a precios que una
universidad en Nairobi o un hospital en Kerala pueden permitirse, con
total libertad para adaptarlos a los idiomas y condiciones locales.
Los países que buscan la soberanía digital
y de IA deberían prestar mucha atención. La alternativa es permanecer
atrapados en un sistema donde la misma empresa que tacha a tu cultura de
«mediocre» también desarrolla el software que genera las listas de
objetivos a eliminar.
Un sistema crea una empresa que clasifica
civilizaciones, arma genocidios y publica manifiestos al respecto. El
otro crea un laboratorio de investigación que distribuye gratuitamente
un modelo de vanguardia. ¿Quién controla la tecnología, quién se
beneficia, quién paga el precio? Para la gente trabajadora de todo el
mundo, estas preguntas definirán la próxima década.
Georges Malbrunot le confirme dans un article que RTL publie le 8 mai 2026
Le journaliste Georges Malbrunot a recueilli les confidences d’une source française anonyme, quand dans un article publié par RTL le 8 mai 2026, il confirme ce qu’affirme depuis longtemps les autorités du Mali.
Comment la France,
chassée du Mali, combat indirectement la junte au pouvoir et ses
soutiens russes via des militaires ukrainiens
Si elle a quitté le
Mali, la France apporte une aide opérationnelle à des militaires
ukrainiens sur place, passés par la Légion étrangère, et qui coopèrent
avec les rebelles touaregs.
Les forces
françaises ne sont officiellement plus sur le sol malien, et pourtant
elles continuent à opérer indirectement. Selon une source sécuritaire
française, la France se repose notamment sur de nombreux militaires
ukrainiens francophones passés par la Légion étrangère : des unités du
renseignement militaire ukrainien, le GUR, opèrent ainsi au Mali en
coordination avec les rebelles touaregs, lesquels ont débuté il y a deux
semaines une conquête de plusieurs villes grâce à une alliance avec les
djihadistes.
Les rebelles indépendantistes touaregs cherchent ainsi à affaiblir la junte au pouvoir à Bamako,
tandis que la France et l’Ukraine veulent renverser les soutiens russes
de la junte, les anciens de la milice Wagner (renommés l’Afrika Corps)
qui ont tout fait pour chasser la France de l’Afrique. Un partage
d’intérêts, alors même que les rebelles touaregs ont une ancienne
relation avec les services de renseignements français au Sahel.
Ce n’est pas la
première fois qu’il est question d’une alliance franco-ukrainienne sur
ce plan : en début d’année dernière, le service de renseignements
ukrainien avait proposé aux autorités françaises un plan détaillé pour
déloger les juntes de la région du Sahel, et ainsi faire reculer
l’ennemi russe. Mais Paris n’avait pas donné de suites à cette
proposition, en raison notamment de l’aspect sécuritaire.
Une hiérarchisation de l’ennemi
Le verrou est
aujourd’hui levé, permettant un jeu de stratégies qui semble favoriser
les djihadistes, ces derniers étant actuellement alliés aux
indépendantistes touaregs, eux-mêmes aidés par ces forces ukrainiennes.
Une sorte de hiérarchisation de l’ennemi afin d’atteindre un objectif
commun, ici de renverser la junte au pouvoir et d’affaiblir les Russes et leurs alliés dans la région.
En limitant son
aide opérationnelle à ces relais ukrainiens, la France évite ainsi une
coopération directe avec les djihadistes liés à Al-Qaïda. Interrogé, le
ministère des Armées est toutefois resté vague et a indiqué que si les
militaires ukrainiens avaient quitté la Légion étrangère pour servir
l’Ukraine de manière qu’ils jugent utile, la France n’a de son côté pas
de commentaire à faire sur le sujet.
Plusieurs pays du
Sahel avaient dénoncé l’an dernier ce jeu d’alliances, qui semble
toutefois faire ses preuves dans la région, avec la reprise récemment de
grandes villes – dont Kidal, reprise fin avril par les djihadistes
alliés aux rebelles touaregs. De quoi faire des remous entre la junte au
pouvoir et son allié russe, qu’elle accuse de l’avoir “trahi” alors que
les mercenaires russes ont quitté le navire après avoir passé un accord
quelques jours avant l’attaque.
La mort du ministre
malien de la Défense, Sadio Camara, tué fin avril dans une attaque
kamikaze, a également marqué un autre coup de la Russie, puisque ce
numéro deux de la junte, considéré comme l’homme de Moscou, avait été
formé en Russie.
En réalité, les militaires russes de l’African Corps
opèrent toujours au Mali et n’en déplaise à une presse bleu horizon
revancharde, l’offensive que les djihadistes ont lancée vers le sud le
25 avril n’est pas parvenue à conquérir le pays. Car avec des attaques
de SVBIED (suicide vehicle-borne improvised explosive device) à Kati,
banlieue de Bamako, pour tuer le ministre de la défense et aussi le
président Assimi Goïta -la seconde échoua- la prise du pouvoir central
était bien l’objectif
Carte de la situation au Mali le 2 mai 2026 (RYBAR) : l’offensive djihadiste n’a que peu changer les zones de contôle du pays et les assaillants ont subi des pertes considérables
Par pudeur, Malbrunot limite aux rebelles touaregs la portée du soutien franco-ukrainien. Le sujet mérite d’être approfondi
Drapeau du FLA
Fondé dans le nord
du Mali le 30 novembre 2024, par la fusion d’organisations plus
anciennes, le Front de libération de l’Azawad (FLA, 4000 hommes) est
indépendantiste et aussi islamiste. Son chef est Alghabass Ag Intalla,
un ancien d’Ansar Dine [Les Défenseurs de la religion], pas exactement un laïc
Début
mai 2026, un écusson du renseignement militaire ukrainien (HUR) est
retrouvé sur le cadavre d’un djihadiste de JNIM (réseaux sociaux)
De fait,
l’offensive était une opération conjointe du FLA et des djihadistes du
Groupe de soutien à l’islam et aux musulmans (JNIM, 6000 hommes),
branche malienne d’al Qaeda, dont le chef est Iyad Ag Ghali, également
Touareg et fondateur d’Ansar Dine en 2012
Que vous rappellent ces drapeaux de JNIM ?
Bashar Assad énonça autrefois
Le terrorisme n’est pas une carte qu’on sort et qu’on range dans sa poche. Comme un scorpion, il peut vous piquer à tout moment
Dix ans après la Syrie et la cruelle leçon de choses du 13 novembre 2015, la France perpétue de scabreux calculs stratégiques et soutient encore une fois des insurgés sunnites radicaux.
As panic-inducing
travel advisories and doomsaying media reports prophesy the fall of Mali
to an Al Qaeda affiliate attacking fuel convoys, the government has
re-secured supply routes and hosted Mali’s first international defense
expo in a supposedly besieged capital
[the uncomfortable convolutions of CNN presstitutes
produce the comic effect of this article, because alongside Qatari
channel Al Jazeera and most Western mainstream media, its editorial line
was supporting since 2011 the radical Sunni uprising against the
secular government of Bashar Assad]
commentaire du film documentaire Les ombres du Bataclan,
mis à jour après la déposition devant la cour d’assises spéciale, le 17
septembre 2021, du commandant de la Brigade criminelle qui a coordonné
les constatations sur la scène de crime de la salle de spectacle, celle,
le 22 septembre, du commissaire X, qui y fut primo-intervenant, celle,
le 6 octobre, de Jean-Marc, présent dans la fosse au début de l’attaque,
celles, le 27 octobre, de plusieurs autres BACqueux
chronique
alphabétique et nécrologique de l’engagement français dans les rangs
atlantistes en Ukraine, ce que les journalistes serviles ne vous
raconteront pas. Où le lecteur retrouve des Ukrainiens de la Légion
étrangère
Reflexionamos sobre el pensamiento de
algunos autores muy importantes, con el objetivo también de la
transformación social, para buscar puntos de coincidencia entre el
anarquismo y la filosofía existencialista; muy del gusto de las ideas
anarquistas, la esencia no antecede a la existencia del ser humano, lo
mismo que no existe una naturaleza que lo determine. Se dan así todas
las posibilidades de un horizonte libertario.
Herbert Read consideraba que el existencialismo comienza con un agudo
ataque de autoconciencia, de "interioridad" (en lenguaje que suele
utilizar el propio filósofo existencialista). De esta manera, adquiere
conciencia de su individualidad separada, solitaria, y la contrapone
tanto al resto de la humanidad como al conjunto de los sucesos del
universo según han sido revelados por la investigación científica. Puede
decirse que se trata de la consciencia de ser una pizca insignificante y
finita frente a la extensión infinita del universo (si es que podemos
considerar al universo de tal manera, ya que en caso contrario se
empeoran las cosas al entrar en juego la nada). El hombre está con la
boca abierta ante el abismo y se muestra aterrorizado, por lo que se
manifesta el llamado Angst (miedo o ansiedad), piedra fundamental de esta filosofía. Read considera que hay dos reacciones fundamentales frente al Angst:
la comprensión de la insignificancia del hombre en el universo da lugar
a una especie de desesperado desafío en la que el hombre se afana en
demostrar conciencia e independencia espiritual (aunque la vida carezca
de sentido, el hombre quiere tener responsabilidad y puede probar que es
una ley en sí mismo). No podemos estar seguros de que somos libres o de
que somos responsables de nuestro propio destino, pero actuamos como si
lo fuéramos (una especie de "pragmatismo" con mayor hondura y rectitud
filosófica).
No obstante, el existencialismo parece objetar al mero
pragmatismo, y a cualquier filosofía materialista, el tener que depender
de las condiciones económicas o sociales y privar así al hombre de su
libertad (la libertad se definiría así como el poder alzarse sobre el
ambiente material). Sartre dijo "la posibilidad de apartarse de una
situación con el fin de adoptar un punto de vista con relación a ella es
precisamente lo que llamamos libertad". Según Read, el existencialista
estará obligado a afirmar que el hombre ha adoptado una facultad
especial, la conciencia o autoconocimiento intelectual, que lo capacita
para llevar a cabo esa tarea (Read, y podemos estar de acuerdo con él, se pone de lado del
existencialismo en este razonamiento). La conciencia animal más
desarrollada le lleva a poder apartarse del rebaño, de la sociedad o
incluso de su situación frente al universo. Esta forma de entender la
conciencia humana puede conducir a explicar tanto la falta de
sociabilidad en sentido negativo como la creatividad humana más
fascinante que haya conducido a los mayores adelantes científicos. El
existencialista considera que una vez que el hombre ha experimentado su
libertad en la separación y desarrollado su propio idealismo (su propia
utopía social) debería reincorporarse al contexto social y tratar de
modificar esas condiciones.
De nuevo citando a Sartre: "El hombre
revolucionario debe ser un ser contingente, injustificable pero libre,
enteramente inmerso en la sociedad que lo oprime, pero capaz de
trascender esta sociedad por su esfuerzo para modificarla. El idealismo
lo embauca porque lo ata con derechos y valores ya dados, y le oculta su
poder de descubrir caminos propios. Pero también lo engaña el
materialismo, privándolo de su libertad. La filosofía revolucionara debe
ser una filosofía de trascendencia". La otra reacción típica con el Angst
según la cual la posición existencial del hombre frente al abismo queda
aliviada por la existencia previa de Dios (creador trascendente,
responsable de toda la existencia y también de la conciencia del
hombre). Esta búsqueda de "sentido" puede considerarse idéntica a la
esencia, y Sartre dijo que el existencialismo considera que la
existencia es previa a la esencia. Rousseau consideraba la libertad como
una esencia, como un valor eternamente subsistente en el hombre, pero
estamos totalmente de acuerdo con Sartre y con Read (y con Bakunin, si lo
llevamos al terreno social) en considerar la libertad únicamente como
una de las posibilidades de su existencia. Sobre el ser humano cae la
enorme responsabilidad de crear las condiciones de la libertad. El
existencialismo parece eliminar todos los sistemas idealistas, toda
subordinación del hombre a una idea, a una abstracción cualquiera; del
mismo modo, también deja a un lado todos los sistemas materialistas, que
subordinan al hombre al funcionamiento de las leyes físicas y
mecánicas, al afirmar que el hombre en concreto (no en sentido
abstracto) es la realidad y que todo lo demás (libertad, razón, amor,
Dios...) es una contingencia dependiente de la voluntad del individuo.
Según esta importante contribución del existencialismo podríamos
considerar a Stirner muy emparentado con esta filosofía, pero donde se
aparta Sartre del autor de El único y su propiedad
es en estar dispuesto a comprometer el ego en ciertos fines
superegoístas o idealistas. Aunque Stirner es un autor muy del gusto del
anarquismo, hay que insistir en que las ideas libertarias se apartan de
él (es una crítica muy recurrente y razonada en el mundo libertario),
al igual que el existencialismo, al buscar la alianza con un humanismo
militante que por medios políticos y culturales logre la libertad del
individuo en sociedad. Bakunin partió del materialismo para tratar de
lograr los más altos ideales terrenales, y parece recordar este
postulado del existencialismo que afirma que la esencia (el ideal) solo
puede captarse desde la particular etapa de la existencia. Frente a los
planes predeterminados de algunas ideas sociales, Read opina que el
existencialismo y el anarquismo creen que la subjetividad humana es la
realidad existente y que el ideal es una esencia hacia la cual el hombre
se proyecta y espera realizar en el futuro (sin planes racionales
preconcebidos). Según esta creencia en que la existencia precede a la
esencia, no puede hablarse de una naturaleza humana dada y fija, ni de
la existencia de Dios, no existe determinismo, el hombre es libre sin
justificaciones ni excusas de ninguna índole. El hombre avanzaría así en
una dirección que él mismo ha determinado libremente, con toda la
responsabilidad y dificultad que ello conlleva (pero el tener
consciencia de esa situación consituye, al menos, un punto de partida).
La teoría marxista de la dependencia surgió
en un contexto muy particular, más de cincuenta años atrás. Aun así,
todavía tiene mucho para decirnos sobre por qué el mundo es como es (y
qué hacer para cambiarlo).
Cuando el neoliberalismo inició su sangrienta marcha por América
Latina, sus defensores insistían en que los sacrificios de trabajo
humano y derechos civiles que solían acompañar a su implantación se
verían compensados por una eventual convergencia global que liberaría a
la región del subdesarrollo. La desregulación, la privatización y el
libre comercio, decían, acabarían por cerrar la brecha entre el mundo
descolonizado y los antiguos centros metropolitanos.
Nuestro presente, sin embargo, es una espiral de crisis. Desde el crack
financiero de 2008, la crisis económica converge con el colapso
ecológico y el agotamiento de las formas democráticas liberales,
alcanzando dimensiones civilizatorias. En este contexto, la pandemia
puso al descubierto cómo, lejos de desaparecer, la brecha entre el
centro y la periferia del sistema mundial es tan aguda y significativa
como siempre.
Con la hegemonía neoliberal fracturada, otras formas de pensar y
practicar la política han resurgido de sus exilios intelectuales. Entre
ellas, la teoría de la dependencia destaca como una contribución
original y revolucionaria del pensamiento crítico latinoamericano,
ofreciendo herramientas para entender el desarrollo capitalista desigual
y el imperialismo, tanto en su desarrollo histórico como en la
actualidad. Para acercarnos a un poco más a los postulados de este
pensamiento singular conversamos con el Dr. Jaime Osorio.
El 11 de septiembre de 1973, cuando el golpe de Estado derrocó al
gobierno democrático de Salvador Allende, Osorio ya había sido aceptado
para iniciar sus estudios doctorales en el Centro de Estudios
Socio-Económicos (CESO) de la Universidad de Chile. El avance de la
dictadura le llevó a México, donde hoy es Profesor Distinguido de la
Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) – Xochimilco e Investigador
Emérito por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT). Ha
publicado numerosos libros, entre los que se cuentan Fundamentos del análisis social. La realidad social y su conocimiento y Sistema mundial. Intercambio desigual y renta de la tierra.
En esta entrevista con Hilary Goodfriend, colaboradora de Revista Jacobin,
Jaime Osorio nos habla sobre la vertiente marxista de las teorías de
dependencia, sus orígenes y fundamentos, así como sus usos actuales.
HG
La teoría de la dependencia y su vertiente marxista surgieron
de debates y diálogos sobre el desarrollo, el subdesarrollo y el
imperialismo en el contexto de la descolonización y las luchas de
liberación nacional del siglo XX. ¿Cuáles fueron las principales
posiciones y estrategias en disputa, y cómo se posicionaron los teóricos
marxistas de la dependencia en estos argumentos?
JO
En el plano teórico, la teoría marxista de la dependencia [TMD] es el
resultado de la victoria de la Revolución Cubana en 1959. El marxismo
latinoamericano se conmovió con el gesto de la isla. Todas las
principales tesis sobre la naturaleza de las sociedades latinoamericanas
y el carácter de la revolución quedaron en entredicho.
Poco más de una década después de aquel acontecimiento, que agudizó
los debates, la TMD alcanzó su madurez. En aquellos años, algunas de las
propuestas que alimentaban las teorías de la dependencia enfatizaban el
papel de las relaciones comerciales, como la tesis del «deterioro de
los términos de intercambio» planteada por la CEPAL [Comisión Económica
para América Latina y el Caribe], que refería al abaratamiento de los
bienes primarios frente al aumento de los precios de los productos
industriales en el mercado mundial.
Los marxistas ortodoxos destacaban la presencia de «obstáculos»
internos que impedían el desarrollo, como las tierras ociosas en manos
de los terratenientes que bloqueaban la expansión de las relaciones
asalariadas. En general, en estas propuestas, el capitalismo no era
responsable de lo que ocurría. De hecho, era necesario acelerar su
expansión, con el objetivo de que se agudizaran sus contradicciones
inherentes. Solo entonces podría proponerse una revolución socialista,
según la perspectiva etapista predominante en los Partidos Comunistas.
Para los cepalinos, el horizonte era alcanzar un capitalismo
avanzado, lo que sería factible a través de un proceso de
industrialización. Esto permitiría a la región dejar de exportar bienes
primarios y productos alimenticios e importar bienes secundarios, que
pasarían a producirse internamente, lo que impulsaría el desarrollo
tecnológico y frenaría la salida de recursos.
En ambas propuestas, la burguesía industrial tenía un papel positivo que desempeñar, ya fuera a medio o largo plazo.
Para la teoría marxista de la dependencia, el llamado «atraso»
económico de la región fue resultado de la formación y expansión del
sistema mundial capitalista, cuyo curso produjo desarrollo y
subdesarrollo simultáneamente. Por lo tanto, estas historias económicas
divergentes no son procesos independientes ni están conectadas
tangencialmente. Desde esta perspectiva, el problema teórico e histórico
fundamental exigía explicar los procesos que generaron desarrollo y
subdesarrollo en un mismo movimiento.
Este problema exigía, además, una respuesta que diera cuenta de cómo
este proceso se reproduce a lo largo del tiempo, ya que civilización y
barbarie se rehacen constantemente en el sistema mundial.
HG
Muchos de los aclamados teóricos marxistas de la dependencia
—Ruy Mauro Marini, Theotonio Dos Santos, Vania Bambirra— comparten una
trayectoria de huida de las dictaduras sudamericanas y exilio en México.
A usted también le tocó vivir este desplazamiento forzado. ¿Cómo
influyeron estas experiencias de revolución y contrarrevolución en la
construcción de la TMD?
JO
Cuatro nombres destacan en el desarrollo de la TMD: André Gunder
Fank, Theotonio Dos Santos, Vania Vambirra y Ruy Mauro Marini. El
primero era un economista germano-estadounidense y los otros tres
brasileños, que compartieron lecturas y discusiones en Brasil antes del
golpe de 1964. Posteriormente se encontraron en Chile a finales de los
años sesenta, en el Centro de Estudios Socio-Económicos, hasta el golpe
militar de 1973. Durante este período —al menos en el caso de los
brasileños— produjeron sus principales trabajos en relación con la TMD.
Tuve la suerte de conocer y trabajar con Marini en México a mediados de
los años setenta, antes de su regreso a Brasil.
La TMD no hace ninguna concesión a las clases dominantes locales. Por
el contrario, las señala como las responsables de las condiciones
imperantes, en las que consiguen cosechar enormes beneficios en
connivencia con los capitales internacionales, a pesar incluso de las
transferencias [internacionales] de valor. Por esta razón fue difícil
para aquellos teóricos encontrar espacios para difundir sus
conocimientos en el mundo académico.
El golpe militar de 1973 en Chile, por su parte, hizo que los
principales creadores de la TMD aparecieran en las listas de búsqueda de
las fuerzas militares y sus aparatos de inteligencia. Y a este golpe en
Chile, que fue precedido por el golpe en Brasil en 1964, le siguieron
muchos más en el sur del continente, que dispersaron y disolvieron
grupos de trabajo y cerraron espacios importantes en esas sociedades.
Al mismo tiempo, esa larga fase contrarrevolucionaria, que no se
limitó a los gobiernos militares, favoreció transformaciones radicales
en las ciencias sociales, donde pasaron a reinar las teorías
neoliberales y el individualismo metodológico. La TMD surgió en un
periodo excepcional de la historia reciente. Sin embargo, posteriormente
y en general —salvando determinados momentos y países de la región— no
se han dado las condiciones ideales para su desarrollo y difusión.
HG
En su obra clásica Dialéctica de la dependencia,
Marini define la dependencia como una «relación de subordinación entre
naciones formalmente independientes, en cuyo marco se modifican o
recrean las relaciones de producción de la nación subordinada para
garantizar la producción ampliada de la dependencia». ¿Cuáles son los
mecanismos de esta producción ampliada y cómo han cambiado desde que
Marini formuló su propuesta en los años setenta?
JO
Cuando hablamos de procesos generados por el capitalismo dependiente,
el calificativo «dependiente» no es redundante. Hablamos de otra forma
de ser capitalista. Es decir, en el sistema mundial coexisten y se
integran diversas formas de capitalismo que se retroalimentan y
profundizan sus formas particulares dentro de la unidad global del
capital.
La heterogeneidad del sistema se explica, entonces, no por el atraso
de algunas economías, no como estados previos [de desarrollo], no como
deficiencias. Cada una constituye su forma plena y madura de capitalismo
posible en este sistema.
De este modo, de un plumazo, la TMD destruyó las esperanzas de los
desarrollistas, que suponían que las economías dependientes podrían
alcanzar estados superiores de bienestar y desarrollo dentro de este
orden constituido por el capital. Para ellos, solo era cuestión de
aprovechar «ventanas» que se abrirían regularmente. Pero no hay nada en
la dinámica imperante que sugiera que las cosas van en esa dirección. Al
contrario, , mientras prevalezcan las relaciones sociales capitalistas,
lo que se produce y sigue produciéndose es el «desarrollo del subdesarrollo».
La brecha entre el capitalismo subdesarrollado y el desarrollado, o
entre el capitalismo imperialista y el dependiente, es cada vez mayor.
La dependencia se profundiza y se generan modalidades más agudas. En un
mundo en el que el capitalismo digital gana terreno —la internet de las
cosas, la inteligencia artificial, la robótica, por ejemplo— esto no es
difícil de entender.
Experiencias como la de Corea del Sur no pueden repetirse a voluntad.
Son, más bien, excepciones a la regla. ¿Por qué el FMI cortó y asfixió
la economía argentina y no le tendió la mano como hizo el capital
imperialista con Corea del Sur tras la guerra de 1952 en la península?
Fue la excepcional posición de esta última en un espacio estratégico,
trastocado por el triunfo de la revolución de Mao en China y la
necesidad de construir una barrera para impedir la expansión del
socialismo en Corea, lo que abrió el grifo de enormes recursos, al menos
para Japón y Estados Unidos, y puso anteojeras a los defensores de la
democracia y el libre mercado cuando Corea del Sur fue gobernada por una
sucesión de dictaduras militares que aplicaron ferozmente la
intervención estatal —no el libre mercado— para definir planes y
programas que definieran prioridades de inversión y préstamos.
Hoy, basta que un gobierno del mundo dependiente establezca algunas
reglas para el capital extranjero para que todo el clamor y la
propaganda de los medios transnacionales exijan acabar con el comunismo,
impidiendo los préstamos internacionales, bloqueando el acceso a los
mercados y buscando asfixiar a los supuestos «subversivos».
HG
El concepto de superexplotación como mecanismo mediante el
cual los capitalistas dependientes compensan su inserción subordinada en
la división internacional del trabajo es quizá la propuesta más
original y polémica de Marini. Algunos marxistas, por ejemplo, protestan
contra la posibilidad de la violación sistemática de la ley del valor.
Es un tema que usted retoma en su polémica con el investigador argentino Claudio Katz. ¿Cómo define usted la superexplotación y por qué, o en qué términos, defiende hoy su validez?
JO
Con el breve libro de Marini, Dialéctica de la dependencia,
cuyo cuerpo central fue escrito en 1972 y se publicaría en 1973, la TMD
alcanza su punto de mayor madurez. Podemos sintetizar el núcleo de la
tesis de Marini en la pregunta: ¿cómo es posible la reproducción de un
capitalismo que transfiere regularmente valor a las economías
imperialistas?
Esto es posible porque en el capitalismo dependiente se impone una
forma particular de explotación que implica que el capital no solo se
apropie de la plusvalía, sino también de parte del fondo de consumo de
los trabajadores, que debiera corresponder a los salarios, para
transferirlo a su fondo de acumulación. De esto da cuenta la categoría
superexplotación. Si todo capital, más temprano que tarde, acaba siendo
trabajo no remunerado, en el capitalismo dependiente todo capital es
trabajo no remunerado y fondo de vida apropiado [de la clase obrera].
La respuesta de Marini es teórica y políticamente brillante. Permite
explicar las razones de la multiplicación de la miseria y la devastación
de los trabajadores en el mundo dependiente, pero también las razones
por las que el capital es incapaz de establecer formas estables de
dominación en estas regiones, expulsando regularmente a enormes
contingentes de trabajadores de sus promesas civilizatorias,
empujándolos a la barbarie y convirtiéndolos en contingentes que
resisten, se rebelan y se levantan contra los proyectos de los
poderosos.
La superexplotación tiene consecuencias en todos los niveles de las
sociedades latinoamericanas. Por ahora, podemos destacar que acompaña la
formación de economías orientadas a los mercados externos. Tras los
procesos de independencia en el siglo XIX, y bajo la orientación de los
capitales locales, las economías de la región avanzaron sobre la base de
las exportaciones, inicialmente de materias primas y alimentos, a las
que podemos agregar, recientemente, la producción y ensamblaje de bienes
industriales de lujo como automóviles, televisores, teléfonos celulares
de última generación (productos igualmente alejados de las necesidades
generales de consumo de la mayoría de la población trabajadora). Esto es
compatible con la modalidad dominante de explotación, que impacta
seriamente en los salarios, reduciendo el poder de consumo de los
trabajadores y disminuyendo su participación en la formación de un
mercado interno dinámico.
Aquí es pertinente considerar una diferencia significativa con el
capitalismo en el mundo desarrollado. Allí, a medida que el capitalismo
avanzaba, en el siglo XIX, se enfrentaba al dilema de que para seguir
expandiéndose —lo que implicaba la multiplicación de la masa de bienes y
productos— necesitaría incorporar trabajadores al consumo. Eso se logró
pagando salarios con poder adquisitivo para bienes básicos como ropa,
zapatos, utensilios y muebles para el hogar. Este equilibrio se logró
introduciendo mejores técnicas de producción, que redujeron la presión
para prolongar la jornada laboral multiplicando la masa de productos
lanzados al mercado. A partir de ahí, podemos entender el peso de la
plusvalía relativa en el capitalismo desarrollado.
Pero en América Latina las cosas funcionaban de otra manera. El
capitalismo del siglo XIX no vio la necesidad de crear mercados, porque
estaban disponibles desde el período colonial en los centros
imperialistas. Además, el despegue del capitalismo inglés aumentó la
demanda de materias primas y alimentos. Por esta razón, no había ninguna
prisa por cambiar el tipo de valores de uso y de productos puestos en
el mercado. Continuaron siendo productos alimenticios y bienes
primarios. De este modo, el capitalismo emergente en nuestra región no
se vio presionado a hacer algo cualitativamente diferente. La masa de
trabajadores asalariados se expandió, pero no conforman la demanda
principal de los bienes que se producían, que estaba en Europa, Estados
Unidos y Asia.
A través de su inserción en el mercado mundial y a la hora de vender
productos, las economías latinoamericanas transfieren valor [al
exterior] por la sencilla razón de que los capitales que aquí operan
tienen composiciones y productividades menores que los capitales de
economías que gastan más en nueva maquinaria, equipos y tecnología, lo
que les permite mayor productividad y capacidad de apropiarse del valor
creado en otras partes del mundo. Este proceso se denomina intercambio
desigual.
Es importante señalar que el intercambio desigual se produce en el
mercado, en el momento de la compraventa de mercancías. Aparte de su
baja composición orgánica, este concepto no nos dice mucho sobre cómo se
produjeron esas mercancías y, sobre todo, qué permite que un proceso
capitalista se reproduzca a lo largo del tiempo en esas condiciones. Ahí
es donde entra la superexplotación.
Ese es el secreto que hace viable el capitalismo dependiente. Y eso
llama aún más la atención sobre los errores de personas como Claudio
Katz, que han formulado propuestas que tratan de eliminar ese concepto y
lo hacen, además, con argumentos grotescos, como que Marx nunca lo
mencionó en El capital —Marx refiere [a la superexplotación]
muchas veces, de diversas maneras— porque eso implicaría una dilución o
un ataque directo a su proposición teórica ya que el capitalismo no
puede aniquilar su fuerza de trabajo.
No voy a repetir esos debates con Katz. Simplemente reiteraré que El capital
de Marx es un libro fundamental para el estudio del capitalismo y sus
contradicciones. Pero nadie puede afirmar que lo explica todo, o que el
capitalismo, en su extensión en el tiempo, no puede presentar novedades
teóricas o históricas de ningún tipo. Esa es una lectura religiosa, y El capital
no es un texto sagrado. Tal posición, además, es un ataque a una
dimensión central del marxismo como teoría capaz de explicar no solo lo
que ha existido, sino también lo que es nuevo. Por esta razón, la única
ortodoxia que el marxismo puede reivindicar es su modo de reflexión.
HG
También se argumenta que la extensión de la superexplotación a
las economías centrales tras la reestructuración neoliberal globalizada
invalida su carácter de proceso exclusivo del capitalismo dependiente.
JO
En cualquier lugar donde opere el capital puede estar presente la
superexplotación, sea en el mundo desarrollado o en el subdesarrollado,
al igual que las formas de plusvalía relativa y plusvalía absoluta. Por
supuesto, hay superexplotación en Brasil y Guatemala, como la hay en
Alemania y Corea del Sur.
Pero ese no es el problema. Lo relevante es dilucidar el peso de esas
formas de explotación, que pueden estar presentes en cualquier espacio
capitalista, en la reproducción del capital. Así que la cuestión central
es otra, y también lo son las consecuencias económicas, sociales y
políticas.
Dejando de lado los períodos de crisis, en los que las formas más
brutales de explotación pueden exacerbarse por doquier, ¿puede el
capitalismo funcionar a mediano y largo plazo sin un mercado generador
de salarios, o con salarios extremadamente bajos? Algo así como si en
Alemania el salario medio de los armenios y turcos se generalizara para
toda la población trabajadora, o si en Estados Unidos predominaran los
salarios de los trabajadores mexicanos y centroamericanos… No lo creo.
HG
Para terminar, ¿qué herramientas o perspectivas nos ofrece la teoría marxista de la dependencia ante las crisis actuales?
JO
En su afán por hacer frente a la aguda y prolongada crisis
capitalista, el capital en todas las regiones busca acentuar las formas
de explotación, incluida la superexplotación. Busca, una vez más,
reducir derechos y beneficios. Con la guerra en Ucrania ha encontrado
una buena excusa para justificar el aumento del precio de los alimentos,
la vivienda y la energía, y su descarado retorno al uso de combustibles
que intensifican la contaminación y la barbarie ambiental, así como el
aumento de los presupuestos militares a expensas de los salarios y el
empleo.
Las grandes potencias imperiales esperan la subordinación de las
economías y los Estados a sus decisiones en períodos de este tipo. Pero
la crisis actual también está acelerando la crisis de hegemonía en el
sistema mundial, lo que abre espacios para mayores grados de autonomía,
aunque no pone fin a la dependencia. Esto es evidente en las
dificultades de Washington para disciplinar a los Estados
latinoamericanos y africanos para que apoyen su posición en el conflicto
en Europa.
El escenario de América Latina en las últimas décadas revela procesos
de enorme interés. Hemos sido testigos de importantes movilizaciones
populares en casi todos los países de la región, cuestionando diversos
aspectos del «tsunami neoliberal», ya sea el empleo, los salarios, las
jubilaciones, la salud y la educación, así como derechos como el aborto,
el reconocimiento de las identidades de género, las tierras, el agua, y
mucho más.
En este terreno profundamente fracturado que el capital genera en el
mundo dependiente, las disputas de clase tienden a intensificarse. Esto
explica los estallidos sociales y políticos regulares en nuestras
sociedades. Es el resultado de la barbarie que el capitalismo impone a
regiones como la nuestra.
Una expresión de esta fuerza social se manifiesta en el terreno
electoral. Pero con la misma rapidez que ha habido victorias, ha habido
derrotas. Estas idas y venidas pueden naturalizarse, pero ¿por qué las
victorias no han permitido procesos de cambio duraderos?
Por supuesto, no se trata de negar que ha habido golpes violentos de
nuevo tipo que han conseguido desbancar gobiernos. Pero incluso entonces
ya había signos de agotamiento que limitaban las protestas, con la
clara excepción de Bolivia. Hay una enorme brecha entre el votante de
izquierda y el que vota ocasionalmente por proyectos de izquierda. El
triunfo neoliberal no estuvo solo en las políticas y transformaciones
económicas que logró, sino también en la instalación de una visión e
interpretación del mundo, sus problemas y sus soluciones.
La lucha contra el neoliberalismo pasa hoy por desmantelar todo tipo
de privatizaciones y frenar la conversión de servicios y políticas
sociales en negocios privados. Eso significa enfrentar a los sectores
más poderosos económica y políticamente del capital, con control sobre
las instituciones estatales donde actúan legisladores, jueces y
militares, junto con los principales medios de comunicación, escuelas e
iglesias. Podemos añadir que estos son los sectores del capital con los
vínculos más fuertes con los capitales imperialistas y su conjunto de
instituciones supranacionales, medios de comunicación y Estados.
Se trata de un bloque social sumamente poderoso. Resulta difícil pensar en atacarlo sin atentar contra el capitalismo como tal.
3-La nueva negación del imperialismo desde la izquierda (por JOHN BELLAMY FOSTER)
Estados
Unidos ha intervenido militarmente en 101 países a lo largo de su
historia…Y solamente entre 1995 y 2021 el Norte Global logró extraer de
China y del Sur Global una captura de valor de 18,4 billones de dólares…
Desde la disolución de la Segunda
Internacional (durante la cual casi todos los partidos socialdemócratas
europeos se unieron a la guerra interimperialista del lado de sus
respectivos estados nacionales), la división de la izquierda sobre el
imperialismo no haya adquirido dimensiones tan graves.1
Aunque los sectores más eurocéntricos del
marxismo occidental han buscado durante mucho tiempo atenuar la teoría
del imperialismo de diversas maneras, la obra clásica de VI Lenin , El
imperialismo: fase superior del capitalismo (escrita en enero-junio de
1916), ha conservado, no obstante, su posición central dentro de todas
las discusiones sobre el imperialismo durante más de un siglo, debido no
solo a su precisión en dar cuenta de la Primera y la Segunda Guerra
Mundial, sino también a su utilidad para explicar el orden imperial
posterior a la Segunda Guerra Mundial.2
Sin embargo, lejos de ser un análisis
aislado, el análisis general de Lenin ha sido complementado y
actualizado en diversas ocasiones por la teoría de la dependencia, la
teoría del intercambio desigual, la teoría de los sistemas mundiales y
el análisis de la cadena de valor global. A través de todo esto, ha
habido una unidad básica en la teoría marxista del imperialismo, que
informa las luchas revolucionarias globales.Pero, hoy en día, los
autoproclamados socialistas occidentales con un sesgo eurocéntrico
rechazan en gran parte, si no en su totalidad, esta teoría marxista del
imperialismo.
Por lo tanto, la brecha entre las
opiniones sobre el imperialismo sostenidas por la izquierda occidental y
las de los movimientos revolucionarios del Sur Global es más amplia que
en cualquier otro momento del siglo pasado.
En el embate de la vida concreta, buscamos alinear la teoría con las
necesidades y posibilidades de la práctica. Sin miedo al futuro,
buscamos presentar alternativas en una sociedad global que bloquea la
esperanza, produciendo sufrimiento, agotamiento y depresión. Disputar el
futuro se ha convertido en una tarea política urgente.
Vivimos contradicciones reales de la lucha sindical en el sistema
financiero y más allá de él, marcadas por el uso ultraintensivo de la
tecnología. Ésta no solo sirve para potenciar los negocios, sino también
para resolver el “problema de la Gestión”, como ya señalaba Harry
Braverman: ampliar el control, estandarizar las tareas, fragmentar los
conocimientos. Sentimos, en carne propia, sus consecuencias —alienación,
intensificación del trabajo, vigilancia permanente—, pero también
sabemos que este sufrimiento puede abrir caminos para elevar la
conciencia.
Por eso, el debate tecnológico es existencial para el sindicalismo
bancario. Sin enfrentarlo, el sindicato corre el riesgo de reducirse a
una instancia administrativa. Los trabajadores bancarios necesitan ver
en el sindicato un proyecto de futuro.
Incidir en las contradicciones del capitalismo digital
El capitalismo digital es una nueva etapa de la acumulación
capitalista, no porque rompa con el capitalismo clásico, sino porque
reorganiza profundamente sus mecanismos de extracción de valor,
dominación y control, reconfigurando las fuerzas productivas. Se
caracteriza por la centralidad de los datos, los algoritmos y la
financiarización, lo que intensifica la explotación, profundiza las
desigualdades y pone de relieve que la lucha de clases también se libra
en el terreno tecnológico.
Para los trabajadores, el debate es existencial, porque disputar la
tecnología es disputar el poder, y la soberanía digital es una cuestión
esencial, por lo que es necesario reapropiarse socialmente de la
tecnología.
Con la ayuda de Juliane Furno, es importante comprender que
a lo largo de la historia, el capitalismo
ha mantenido sus principales características, pero se ha visto
atravesado por contradicciones que, en cada momento histórico
(dependiendo sobre todo del grado de correlación de fuerzas entre el
capital y el trabajo), se han presentado de forma distinta. Captar las
características predominantes en cada fase o subfase de este modo de
producción es esencial para comprenderlo en su totalidad, algo tan caro a
los marxistas.
Un análisis marxista no parte de la voluntad política, sino de las
contradicciones objetivas del modo de producción. En el capitalismo
digital, estas contradicciones deben ser estudiadas y exploradas por una
política de soberanía tecnológica popular.
Una primera paradoja es el intelecto general. Según Marx, el
conocimiento se produce socialmente, pero se apropia de forma privada.
La cooperación social genera riqueza, mientras que la infraestructura
técnica y los medios digitales permanecen concentrados. El capital
depende de algo que no puede producir por sí solo: el conocimiento
social colectivo.
Un segundo elemento es la contradicción entre las fuerzas productivas
avanzadas y las relaciones de producción atrasadas. La inteligencia
artificial, la automatización y las redes digitales crean un potencial
de abundancia, pero las relaciones sociales siguen organizadas por la
escasez artificial. Incluso con la reducción del trabajo directo, se
sigue extrayendo valor, lo que profundiza la contradicción entre las
fuerzas productivas y las relaciones de producción.
Otro aspecto relevante es la centralización técnica. Los datos y el
poder se concentran, mientras que el trabajo se fragmenta, se precariza y
se aísla. La coordinación social existe, pero sin control de los
trabajadores.
En la tradición marxista, lo nuevo no nace fuera de lo viejo, sino a
partir de sus contradicciones internas. Esto exige disputar la propiedad
y el control de las fuerzas productivas. Hoy en día, esto significa
luchar por una infraestructura digital pública o cooperativa, redes de
comunicación soberanas, nubes públicas, plataformas no comerciales y
centros de datos bajo control social.
Los datos, producidos socialmente, deben ser tratados como un bien
común, con propiedad colectiva, gobernanza democrática y uso público. La
reapropiación del intelecto general pasa por hacer frente a la captura
del conocimiento a través de patentes, secretos comerciales y algoritmos
cerrados. Como contrapunto, es necesario desarrollar software libre, IA
auditable, tecnologías socialmente controladas y formación técnica de
los trabajadores.
No hay infraestructura soberana sin sujeto colectivo. El capital
necesita al trabajador conectado, pero lo aísla. La respuesta es
conectar organizaciones y construir soluciones colectivas y federadas.
El conocimiento sólo es emancipador cuando se comparte.
Es indispensable disputar el Estado que, capturado por los gigantes
tecnológicos (Big Techs), debe ser presionado para invertir en
infraestructura soberana, planificación tecnológica y compras públicas
estratégicas. El Estado no se emancipa por sí solo, necesitamos disputar
la agenda social y política porque, sin él, ciertas infraestructuras no
se construyen. Aun así, no podemos esperar pasivamente soluciones que
vengan de arriba, las alternativas populares deben construirse desde ya.
Podemos basarnos en Gramsci y comprender que la guerra de posiciones,
en el capitalismo digital, se libra en el terreno técnico. Cada
servidor, código y plataforma es una trinchera. Esto nos desafía a crear
alternativas funcionales, disputar estándares técnicos, formar cuadros
técnicos orgánicos y producir consenso social en torno a la soberanía
digital.
El marxismo no propone saltos al vacío, pero tampoco bloquea la
audacia. Incidir en las contradicciones del capitalismo digital es
disputar el control del intelecto general, revertir la mercantilización
de la vida y reorganizar la infraestructura técnica como bien común.
La IA en el mundo laboral
La IA no está “llegando” al trabajo, ya organiza objetivos, ritmos,
evaluaciones de rendimiento, vigilancia y despidos automatizados. Actúa
como capital fijo algorítmico, profundizando la subordinación real del
trabajo al capital.
El movimiento sindical ha actuado, en general, de forma defensiva en
este terreno, en la disputa de cláusulas sobre nuevas tecnologías,
exigencia de negociación previa, límites a la vigilancia y denuncias de
acoso algorítmico. Estas iniciativas son importantes, pero
insuficientes, ya que actuamos después de que la tecnología ya ha sido
impuesta.
El salto necesario es pasar de lo reactivo a lo estratégico:
Disputar el diseño de la tecnología. La tecnología es una decisión
política cristalizada en código. El sindicato debe luchar por el acceso a
los sistemas, la auditoría de algoritmos, la transparencia de las
métricas y el poder de veto sobre tecnologías nocivas y
discriminatorias. No basta con negociar las consecuencias, hay que
negociar la técnica.
Construir infraestructura propia. Usar solo plataformas de las
grandes tecnológicas es aceptar la hegemonía del capital. Las
plataformas sindicales propias, las bases de datos bajo control
colectivo, la comunicación soberana y el software libre no son un lujo,
sino una condición para la autonomía política.
Organizar el trabajo digital invisible. La moderación, la
alimentación de sistemas y otras formas de trabajo oculto deben ser
reconocidas, organizadas y sindicalizadas.
Situar la IA en el centro de la negociación colectiva, con normas
sobre objetivos algorítmicos, ritmo de trabajo, derecho a la
desconexión, prohibición de los despidos automatizados y responsabilidad
humana obligatoria.
Banqueros y sistema financiero: disputa en el terreno tecnológico
En el sistema financiero, la tecnología se utiliza de forma
exponencial. La automatización, los algoritmos y la IA tienen como
objetivo reducir costos, intensificar el trabajo y maximizar los
beneficios, actualizando el viejo problema gerencial del control total
del proceso productivo.
A pesar del discurso del “banco sin personas”, el sistema financiero
no prescinde del trabajo humano. Lo que ocurre es una recomposición
precaria de la fuerza laboral. Hoy en día, más de un millón de
trabajadores trabajan para los bancos en Brasil, directa o
indirectamente (teniendo en cuenta la subcontratación, las plataformas,
las cooperativas, las fintech, los seguros y las finanzas), de los
cuales unos 424,000 son empleados bancarios vinculados directamente a
los bancos. La dependencia del trabajo sigue existiendo, pero su forma
se ha degradado.
Para 2025, los datos del Dieese y las investigaciones de Febraban
indican una profunda reestructuración: inversiones en tecnología del
orden de 50,000 millones de reales, expansión acelerada de la IA, 82% de
las transacciones realizadas por canales digitales, cierre de
sucursales físicas y beneficios récord para los grandes bancos,
combinados con la reducción de puestos de trabajo, la subcontratación y
las enfermedades laborales. La tecnología se utiliza como instrumento de
reorganización productiva e intensificación del trabajo.
Las inversiones tecnológicas no generan un retorno social
proporcional. No reducen la jornada laboral, no amplían los derechos ni
mejoran las condiciones de trabajo. Por el contrario, profundizan las
desigualdades, los objetivos inalcanzables y la vigilancia permanente.
Y, aun siendo una concesión pública, tampoco mejora la vida de los
clientes, que se convierten en ejecutores de tareas con un servicio
precario, pagan intereses y tarifas elevadas y son víctimas de fraudes
financieros.
Somos conscientes de la importancia del debate tecnológico y actuamos
en él mediante la negociación con los bancos. Aun así, nuestra
intervención sigue siendo esencialmente reactiva, centrada en la defensa
de cláusulas protectoras, sin cuestionar el proyecto tecnológico en sí.
El desafío estratégico: soberanía digital y protección de datos
La transformación digital ha profundizado la centralidad de los datos
como activo estratégico. Para los sindicatos y los movimientos
sociales, esto plantea un desafío ineludible para garantizar la
autonomía política, la seguridad de la información y el uso inteligente
de los datos en un escenario de creciente dependencia de las grandes
plataformas privadas.
Los sindicatos y los movimientos sociales manejan a diario datos
sensibles: información personal, registros de afiliación, datos
financieros, historiales de movilización, estrategias políticas y
jurídicas. Estos datos están dispersos, sin un tratamiento estratégico.
Necesitamos agregar estos datos y utilizar las tecnologías para crear
inteligencia a partir de nuestra información.
La dependencia de las grandes tecnológicas genera riesgos
estructurales como la pérdida de control sobre datos estratégicos,
vulnerabilidad ante la Ley General de Protección de Datos (LGPD) y
ausencia de un modelo de infraestructura replicable y escalable. Esta
dependencia compromete la autonomía política y la planificación
estratégica a largo plazo.
La solución propuesta
Ante esta situación, la dirección del sindicato SindBancários de
Porto Alegre decidió invertir en soluciones soberanas, articulando un
equipo técnico cualificado, con trayectoria en bancos públicos y
estatales, combinando formación técnica y compromiso social, y
estableciendo alianzas con el Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra
(MST), la Marcha Mundial de las Mujeres y otras organizaciones.
Creamos el proyecto “Red Popular Federada y Soberana de Datos”, que
parte de la comprensión de que la soberanía digital no es un tema
técnico aislado, sino una condición de existencia organizativa y
política.
El proyecto en curso implementará un marco modular, estructurado como
una red federada soberana de datos (RSD), basada en software libre,
arquitectura distribuida y gobernanza colectiva.
Cada entidad será un “nodo” institucional, interconectado a una red
común por estándares de seguridad, interoperabilidad y gobernanza
compartida, lo que garantiza el control local de los datos y la
cooperación a escala de red.
La complejidad técnica con control político está garantizada con un
lago de datos soberano, un entorno de colaboración y una arquitectura en
capas que garantizan una evolución continua y una protección sólida.
Será la primera solución integrada de red federada soberana diseñada
para sindicatos y movimientos sociales, que combina autonomía digital,
conformidad con la LGPD, reducción de la dependencia de las grandes
tecnológicas y escalabilidad.
Está previsto el desarrollo de un ecosistema de aplicaciones de
streaming, mensajería cifrada, correo electrónico soberano,
almacenamiento colaborativo, IA y análisis bajo el control de las
entidades; plataforma de formación; aplicación para trabajadores con
servicios e interactividad; plataforma de asambleas; biblioteca y
observatorio digital sindical, etc.
También es nuestro objetivo alojar sistemas, aplicaciones y soluciones desarrolladas por entidades populares.
Apropiación del futuro
La Red Soberana de Datos no es un mero proyecto de Tecnologías de la
Información (TI). Es una estrategia política de soberanía, protección
institucional y futuro organizativo. Disputar el terreno tecnológico es
disputar las condiciones de existencia y de lucha en el siglo XXI.
Siempre estamos tanteando la realidad en busca de salidas humanas,
necesitando el “presente eterno”. Para recuperar la capacidad de
imaginar y construir caminos, apropiarnos del futuro, como propone Mark
Fisher.
Referencias
Braverman, H. (1978). Trabalho e capital monopolista: a degradação do trabalho no século XX. LTC.
Fisher, M. (2020). Realismo capitalista: é mais fácil imaginar o fim do mundo do que o fim do capitalismo? Autonomia Literária.
Furno, J. (2020). Imperialismo: uma introdução econômica. Da Vinci.
Marx, K. (2013). O capital: crítica da economia política. Livro I. Boitempo.
Marx, K. (2013). O capital: crítica da economia política. Livro III. Boitempo.
Un matin, vous voulez payer avec votre carte bancaire. Elle est refusée.
Vous essayez l'autre. Refusée aussi. Personne ne vous a prévenu,
personne ne vous a jugé, personne ne vous a condamné. C’est le gel des
avoirs : un outil présenté comme une arme contre le terrorisme, que
l'État français retourne aujourd’hui contre des militants
propalestiniens et des membres de la communauté musulmane.
Dans une vidéo réalisée par une maison de production soutenue par le
Corps des gardiens de la révolution islamique, un groupe de jeunes
filles blondes portant des dossiers intitulés « Dossier Epstein » se
joint aux écolières iraniennes tuées lors d’une frappe sur Minab. Elles
regardent Trump et Netanyahou basculer du haut d’une falaise dans une
rivière de feu en contrebas. Vidéo : Corps des gardiens de la révolution
islamique.