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mardi 17 février 2026

Opération Trident : révélations sur le rôle clé dans le trafic de cocaïne de l’agent des stups américains en France

 

Audition brûlante, messages compromettants, rendez-vous officieux… «Libération» dévoile des éléments inédits sur l’implication de John F., officier de liaison à Paris de l’agence antidrogue américaine, dans l’importation et la vente de près de 400 kilos de cocaïne avec des policiers de l’Office antistupéfiants.

Par Emmanuel Fansten Ismaël Halissat Publié le 17/02/2026 

L’intervention du Quai d’Orsay illustre l’extrême sensibilité de son audition. John F., 55 ans, est le représentant en France de la Drug Enforcement Agency (DEA), la puissante agence antidrogue américaine. En sa qualité d’attaché diplomatique à l’ambassade des Etats-Unis à Paris, il jouit d’une immunité pénale totale et n’est en théorie pas tenu de répondre à la justice. Mais au vu des «circonstances» et dans «un esprit de coopération», le gouvernement américain a accepté de lever partiellement ce veto pour permettre à son agent spécial de témoigner dans le cadre de l’enquête sur l’opération Trident, dont Libération a déjà dévoilé plusieurs épisodes. Suspectés d’avoir participé à l’importation et à la vente de près de 400 kilos de cocaïne en France, trois policiers de l’Office antistupéfiants (Ofast) de Marseille sont mis en examen, dont deux sont en détention provisoire depuis près d’un an. Deux commissaires sont également mis en examen dans un autre volet de l’affaire. Un dossier explosif dans lequel le rôle de la DEA apparaît, à la lumière de nouveaux éléments que nous avons pu consulter, de plus en plus capital. Contacté par Libération, John F. nous a indiqué ne pas souhaiter répondre à nos questions pour le moment.

LIBERATION 

Estrategia Religiosa del Informe Rockefeller (1969): Hacia una Nueva Hegemonía en América Hispana

 Puede ser una ilustración de texto que dice "EL PLAN SECRETO DEL INFORME ROCKEFELLER 1969 ¡LA GUERRA RELIGIOSA EN AMÉRICA LATINA! Li REPORTE REPORTESECRETO SECRETO CONFIDENCIAL CONFIDENCIAL CONFIDEI ENCIAL OE + ¡NUEVO TIPO DE CRISTIANOS! 枝 আুভরা ¡LA ESTRATEGIA DE EEUU! ¡ANTE LA AMENAZA COMUNISTA!"


El Informe Rockefeller, titulado originalmente "La Calidad de la Vida en las Américas", fue presentado al presidente Richard Nixon el 30 de agosto de 1969 tras una misión presidencial liderada por Nelson A. Rockefeller. Este documento de 136 páginas mecanografiadas buscaba redefinir la "relación especial" de Estados Unidos con el hemisferio occidental ante un clima de cambio profundo y creciente inestabilidad.
 
1. El Diagnóstico: El Fin de la Iglesia Católica como Aliado Confiable
 
La base del plan de Rockefeller radicaba en un cambio de percepción sobre la Iglesia Católica. Históricamente, la Iglesia y los militares habían trabajado "hombro con hombro con los terratenientes" para proveer estabilidad. Sin embargo, Rockefeller advirtió que esta institución estaba rompiendo con su pasado.
En la página 291 del informe (según la versión de la Embajada), en la sección titulada "La Iglesia", se declara textualmente:
"Las comunicaciones modernas y el acrecentamiento de la educación han provocado una agitación entre la gente que ha tenido tremendo impacto sobre la Iglesia, haciendo de ella una fuerza dedicada al cambio - cambio revolucionario, si fuese necesario".
Rockefeller fundamentó este temor citando los documentos de la Segunda Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Medellín (1968), que marcaban el giro del catolicismo hacia la justicia social. El informe sentenció que la Iglesia se había vuelto "vulnerable a la penetración subversiva" y que no tenía claridad sobre el sistema gubernamental para realizar la justicia que buscaba.
 
2. El Memorando Estratégico: La Necesidad de un "Nuevo Tipo de Cristiano"
 
Debido a que la Iglesia Católica ya no era un aliado en quien Estados Unidos pudiera tener confianza, el plan consistió en debilitar su influencia. Según análisis históricos del documento, Rockefeller sostuvo que el catolicismo era un "centro peligroso de revolución potencial" porque educaba a los pueblos y les anunciaba su inalienable dignidad.
Para contrarrestar esto, el magnate recomendó a Washington la promoción de las llamadas "sectas" fundamentalistas provenientes del pentecostalismo estadounidense. El objetivo era reemplazar el catolicismo "peligroso" y progresista por "otro tipo de cristianos" más conservadores y alineados con los intereses de seguridad nacional de EE. UU..
 
3. Implementación: El Evangelismo como Herramienta de Contención
 
El plan de introducir el evangelicalismo y el movimiento carismático se ejecutó deliberadamente para reducir la influencia de la Teología de la Liberación y de los partidos socialistas cristianos. Esta estrategia fue alentada por la administración Nixon tras recibir el memorando de Rockefeller.
Los elementos clave de esta introducción fueron:
• Sionismo Cristiano: Se promovió una visión teológica que enfocaba la mirada en Israel como nación salvadora, uniendo profecías bíblicas con intereses geopolíticos.
• Anticomunismo: Se apoyó militantemente al sector conservador del evangelismo para contrarrestar al sector izquierdista (ecuménico), estableciendo una dicotomía donde el capitalismo norteamericano representaba a Dios y el marxismo al Diablo.
• Legitimación de Regímenes: Esta expansión facilitó que grupos evangélicos sirvieran como legitimadores de dictaduras militares (como la de Pinochet en Chile o Ríos Montt en Guatemala), describiendo tales regímenes como la "respuesta de Dios" frente al marxismo.
En conclusión, el Informe Rockefeller de 1969 no fue solo un análisis económico, sino el diseño de una reconfiguración religiosa. Al detectar que la estructura católica ya no garantizaba el statu quo, el plan impulsó una marea de grupos fundamentalistas que, bajo un barniz de apoliticismo, terminaron convirtiéndose en una de las fuerzas políticas más conservadoras y pro-estadounidenses de la región.

De Davos a Múnich: Info-oligarquía y dominio mundial

 Fuente https://observatoriocrisis.com/2026/02/17/de-davos-a-munich-info-oligarquia-y-dominio-mundial/


El monopolio del capitalismo digital es, sin duda, una nueva modalidad de desarrollo del capitalismo monopolista…

Andrés Piqueras, profesor senior de la Universidad Jaume I

Acaba de celebrarse la Conferencia de Seguridad de Munich, que fue diseñada desde el principio para que el Imperio Occidental y su OTAN barajaran cómo prolongar su dominio del mundo, pero que en un momento dado, fruto de la caída de la URSS, pareció poder albergar un proyecto de seguridad común europea, incluida Rusia, complementario de la OSCE, hasta que el Eje Anglosajón decidió que una Eurasia integrada energética, política y económicamente sería demasiado fuerte y peligrosa para su control del mundo y mandataron a los “líderes” europeos desplazar la frontera militar hasta las mismas puertas de Rusia, tras haber dado un golpe de Estado en Ucrania.

Esta edición de 2026 ha estado marcada por un diagnóstico contundente: el orden internacional posterior a 1945 está “bajo destrucción”, según el propio Munich Security Report 2026. De cierto, Estados Unidos no ha hecho más que confirmar su imposición de un mundo basado en naciones fuertes, no en instituciones multilaterales. 

Mientras que el primer ministro alemán, Friedrich Merz, declaró que el tan pregonado orden internacional basado en reglas “ya no existe”, y que es hora de asentarse en la fuerza, luego añadió para suavizar o disimular lo dicho, “de nuestros valores”. En todo caso se supone que son unos valores que, como “las reglas” de su orden se han de imponer a la fuerza, porque finalmente Merz instó a Europa a reforzar urgentemente sus “capacidades de defensa” (aquí todavía se utiliza ese eufemismo para guerrear, cuando en USA ya hablan directamente de “Departamento de Guerra”). Tras él, cómo no, el titiritero de los Rothschild elevado por esos poderes a presidente de la república francesa, volvió a abogar por un ejército europeo.

El informe oficial describe una era de política de bola de demolición, donde actores poderosos —incluida la administración estadounidense actual— buscan desmantelar estructuras del orden internacional en lugar de reformarlas.

Pero más allá de este guion que se viene siguiendo concienzudamente, puede empezar a evidenciarse una novedad clave: la tecnología ya no es un tema periférico, sino parte estructural de “la seguridad” (léase guerra) global. 

En concreto la Conferencia destaca como elementos clave la ciberseguridad, las infraestructuras digitales críticas, la inteligencia artificial y la competencia tecnológica entre potencias. Lo cual imprime los pasos de un nuevo camino: Múnich deja de ser sólo “tanques y tratados” para integrar plenamente lo digital. No es de extrañar que por eso quienes acopiaran protagonismo fueran los CEOs de grandes tecnológicas, líderes financieros, innovadores y reguladores, al tiempo que los debates sobre IA se hacían omnipresentes.

Así que la info‑oligarquía “cortó el bacalao” sin necesidad de exhibirse (y eso que cada vez le gusta más hacerlo): su poder se manifiesta en que todos los demás actores dependen de ella. De manera que si hasta ahora el Foro de Davos ha marcado la agenda económica y tecnológica del mundo, mientras Múnich decidía los parámetros militares y geopolíticos, estas dos esferas se han solapado y juntas definen la arquitectura del Poder Global.

¿Qué es la tecno o la info-oligarquía?

Es la que está al frente de las grandes corporaciones tecnológicas, las cuales controlan infraestructuras digitales (nubes, redes, servidores, sistemas operativos…), plataformas de interacción (redes sociales, buscadores, marketplaces…), algoritmos de decisión (recomendación, moderación, publicidad…), datos masivos (hábitos, preferencias, ubicaciones, relaciones…) y que, por consiguiente, tienen la capacidad de moldear comportamientos (lo que se ve, lo que se compra, lo que se cree que es importante…). Gobiernos, empresas y ciudadanías dependen de sus servicios; ellas deciden no sólo qué es real o no, qué se prohíbe, qué se prioriza… sino también qué es pensable y lo que ni siquiera entra en la imaginación social. Tienen, además, una ventaja competitiva casi insuperable: más datos → mejores algoritmos → más usuarios → más datos…

Son oligopolios de facto (de buscadores, redes sociales, sistemas operativos…), promueven decisiones algorítmicas que afectan a millones de personas sin transparencia alguna, influyen en las políticas públicas y en la regulación social. Controlan el ecosistema informativo -plataformas digitales, grandes medios de comunicación, empresas de publicidad y análisis de datos…-  determinan las políticas gubernamentales. 

Proporcionan los marcos interpretativos que condicionan la opinión pública, trazan o canalizan la atención social, con burbujas informativas y cámaras de eco. Viralizan contenidos diseñados para manipular emociones, desinforman o tergiversan de forma mucho más rápida que la información verificada (la verdad compite en desventaja frente a lo viral, por eso la verdad deja de tener interés en favor del número de los que creen otra cosa, esto es, de cuántas personas dicen gustarles lo que se dice). 

Además, el conjunto de los medios depende de sus plataformas para sobrevivir, por lo que no las opondrán. Trabajo, comunicación, educación, ocio, creación, finanzas… todo pasa por sus manos. Tienen un poder económico superior al de la mayoría de los Estados.

No es casualidad, pues, que los líderes de las grandes tecnológicas tengan más visibilidad que muchos jefes de Estado o presidentes de gobierno.

“Los gigantes de la tecnología de la información, como Microsoft para los sistemas operativos de computadoras, Google para los motores de búsqueda, Meta (antes Facebook) y X (antes Twitter) para las redes sociales y Amazon para el comercio electrónico, poseen la capacidad de dominar el mercado en una medida mucho mayor que los gigantes del ferrocarril, el petróleo, el acero y el automóvil del pasado. Esto se debe principalmente a los efectos de red de las plataformas digitales, inigualables por las economías de escala tradicionales. Internet no está limitado por el espacio físico y tiene una tendencia hacia la infinitud, otorgando a las plataformas una capacidad de penetración y de intercambio de información más poderosa (…) 

Esto eleva el límite superior de las economías de escala de la plataforma y crea un efecto sifón sobre diversos recursos clave (usuarios, datos, capital, tecnología, etc.) bajo las economías de escala, resultando en un monopolio donde ‘el ganador se lleva todo’.  El monopolio del capitalismo digital es, sin duda, una nueva modalidad de desarrollo del capitalismo monopolista” (https://observatoriocrisis.com/2026/02/13/tecno-feudalismo-el-canto-de-cisne-del-capitalismo-o-su-proximo-acto/).

Una modalidad crecientemente rentista o parasitaria, que apenas genera nuevo valor pero que absorbe para su propio beneficio el menguante valor producido. Ese rentismo deslocalizado que flota en el espacio virtual supuestamente por encima del mundo del trabajo, le hace estúpidamente ajeno a pactos de clase y a redistribuciones del beneficio, desdeñoso de servicios sociales y de marcos de negociación de las condiciones de vida de las poblaciones. Cree que puede prosperar indefinidamente según ellas se van empobreciendo de la misma manera.

Para hacerlo necesitan pensar que les basta con seguir controlando el pensamiento de los demás. Trazan con ello una agenda profundamente reaccionaria, que (de momento) es seguida a millones por las propias víctimas de la misma, dada la amplia y profunda capacidad de control de las conciencias que los dispositivos, procedimientos e interconexiones de la info-oligarquía contienen (de ahí sale el chiste del lobo diciendo a las ovejas que le voten y que hagan lo que él les dice para estar seguras -volveremos sobre ello más adelante-).

Por supuesto que también ahondan en la desigualdad mundial.

“En última instancia, [la info-tecnología] amplía la brecha de los países capaces de participar en la revolución de la IA y aquellos que carecen de los recursos necesarios, disminuyendo el número de países capaces de participar. Como resultado, esto llevará inevitablemente a un mayor grado de monopolio de conocimiento y tecnología, consolidando aún más el dominio de los oligarcas financieros y tecnológicos.  

Al mismo tiempo, la brecha de información existente y la brecha digital entre países se transmutarán en una brecha de IA, resultando en la perpetuación, en lugar de la mejora, de las disparidades de riqueza globales. Más importante aún, con la proliferación de sistemas de toma de decisiones automatizados, los individuos corren el riesgo de ceder su dominio cognitivo sobre las visiones del mundo racionales a las herramientas de toma de decisiones de IA, profundizando la dependencia de estos sistemas en la producción social y la vida diaria.  

Esto empodera al gran capital que controla tales sistemas para establecer estructuras jerárquicas aún más rígidas, mientras que los mecanismos autorreforzados inherentes a los sistemas inteligentes amplifican aún más la desigualdad y la estratificación de clase” (https://observatoriocrisis.com/2026/02/13/tecno-feudalismo-el-canto-de-cisne-del-capitalismo-o-su-proximo-acto/).

Un tecno-oligarca puede ganar en horas lo que un/a trabajador/a normal en un año.

Y a eso le llaman “democracia”, pero en su defecto, por si fuera poco, nos dicen que son ellos mismos los que van a salvar a las sociedades.

Dominio mundial

La desigualdad a ultranza, cuidadosamente cultivada, es paralela al dominio mundial, claro está.

De hecho, la tecnología informacional, el procesamiento de datos, la computación algorítmica y la IA en general, se tratan ahora como instrumentos de política estatal y de dominación mundial. Donde esto se hace más realidad es en Estados Unidos, para garantizar su papel de liderazgo mundial y la subordinación del resto de potencias.

“La fusión entre el Estado y el capital es más fácil de ver en Was­hington, donde se ha convertido en un objetivo político no ex­portar productos, sino dependencia”. 

La diplomacia informática no es nueva, sólo lo es su franque­za. Estados Unidos lleva mucho tiempo gobernando a través de intermediarios: bancos y aduanas en la era de la diplomacia del dólar, compañías petroleras y mercados del Tesoro en la era del reciclaje del petrodólar. El intermediario actual son los elementos necesarios para la IA. Los controles de exporta­ción y la jurisdicción de la nube hacen lo que antes hacían los cañoneros y los comisionados de deuda, pero con menos titu­lares. 

La capa compradora se reduce a medida que el sistema madura: se necesitan menos intermediarios locales cuando el cumplimiento se logra mediante licencias, telemetría y acceso al único hardware que importa. La economía política es sencilla. Un centro de datos a hiperescala no es una fábrica en el sentido tradicional del desa­rrollo; se parece más a un nodo de servicios públicos gestionado de forma privada, integrado en ecosistemas de nube extranjeros y tratado cada vez más como una infraestructura estratégica. 

Una vez que los Estados canalizan la administración pública y los servicios privados a través de dichos nodos, las posiciones de negociación cambian. Lo que se vende como inversión puede convertirse silenciosamente en dependencia administrativa”  https://www.alai.info/wp-content/uploads/2026/02/ALenMovimiento_559_febrero2026_Espanol.pdf

Del dominio técnico-militar del mundo, al condicionamiento económico (disrupción económica mediante información controlada, manipulación de datos, interferencias, corte de suministros, confusión en la red…), ecológico (provocación de sequías, plagas, inundaciones, desertificación…), y el dominio de las poblaciones, en la generación de seres humanos programables, predecibles, voluntariamente subordinados.  Individuos-masa que piensan y dicen lo mismo que han dicho los algoritmos diseñados y reproducidos hasta la saciedad por redes, dispositivos y medios de difusión masiva, y que realmente creen que lo piensan ellos mismos.

De la clásica massmmediatización de la realidad (saber del mundo lo que los media cuentan de él) estamos pasando a la computación cuántica de las conciencias y el poder de hackear las mentes.

“Hoy, al menos en Occidente, este desarrollo se concentra en ma­nos de las mega-corporaciones digitales estadounidenses (las “big tech”), que desde hace unas tres décadas han venido consolidando –con apoyo del capital financiero– no sólo su modelo de negocios, sino también, gracias a la estrecha colaboración del Estado, el marco geopolítico y el correspondiente andamiaje institucional que lo sostiene. 

Es lo que Shoshana Zuboff denomina ‘capitalismo de vigilancia’. Este marco abarca políticas públicas que les son favorables, gobernan­za respecto al libre flujo de datos, tratados comerciales, acuerdos de instituciones internaciona­les e infraestructura militar de vigilancia, entre otros (…) 

Diversos estudios señalan que, por ejemplo, debido al diseño actual de los sistemas de IA, su funcionamiento deteriora las instituciones cívicas fundamentales (como universidades, derecho, periodismo, democracia), al erosionar la experiencia, cortocircuitar la toma de decisiones y aislar a unas personas de otras. Incluso arriesga causar su destrucción. 

Otros estudios muestran cómo la narrativa cultural dominante en la IA atenta contra la diversidad y la alteridad, en una especie de «hackeo cognitivo» de identidades, valores y creencias culturales y sociales. También se ha demostrado que la dificultad de distinguir entre contenidos verdaderos o falsos conlleva a una desconfianza general en las instituciones y la democracia” https://www.alai.info/wp-content/uploads/2026/02/ALenMovimiento_559_febrero2026_Espanol.pdf

Operaciones de influencia política para manipular o amañar elecciones en todo el mundo en favor de la agenda reaccionaria antes mencionada, preparan un proto-fascismo latente para saltar a la palestra y hacerse del todo explícito si las circunstancias de la Guerra Sistémica Permanente desatada por el Imperio así lo requieren.

De momento ese “proto-fascismo democrático” va minando las instituciones liberales del propio capitalismo que fueron fruto de las luchas de clase de siglos. Sus Big Tech moldean la opinión pública a través de campañas digitales, manipulación informativa y ecosistemas de “fake news”, ampliamente reproducidas por sus distintos medios de masas (en realidad todos están dentro de unas u otras formas de su propiedad  (Una aproximación a las claves del poder sionista mundial concomitante con la centralización y concentración del capital – ObservatorioCrisis) e incluso judicializadas si se trata de perseguir alguna disidencia (el control del poder judicial viene siendo parte imprescindible del poder de clase). También se traducen en políticas gubernamentales, por supuesto.

Así que las info-oligarquías tecnológicas, personalizadas en tipos como Elon Musk, Mark Zuckerberg,  Larry Page, Sergey Brin, Jeff Bezos y otros pocos,  intervienen ya abiertamente en la política interna de los Estados, dictan instrucciones globales en los grandes Foros de magnates, pues ya no se ocultan en ellos, como acabamos de ver en Davos y Múnich , e imprimen carácter a las distintas sociedades [de ahí la derechización mundial en curso, proto-fascista, promotora de partidos como Vox, Rassemblement National, Fratelli d’Italia, Lega, Alternative für Deutschland (AfD), Partij voor de Vrijheid (PVV), Freiheitliche Partei Österreichs (FPÖ), Vlaams Belang, Perussuomalaiset (Partido de los Finlandeses), Fidesz; Mi Hazánk, Konfederacja, Solución Griega (Ellinikí Lýsi), Partido Liberal (en su corriente bolsonarista, en Brasil), La Libertad Avanza, Bharatiya Janata Party (BJP), One Nation -australiana-, New Zealand First, etc. (esta es la continuación del chiste del lobo antes mencionado].

Pero esto no es “tecno-feudalismo”, como muchos se empañan en designarlo, sino capitalismo en metamorfosis, huyendo de la caída del valor, o dicho de otra forma, metamorfoseándose según decae más y más el valor. Un capitalismo en degeneración que en consecuencia patrocina de un “proto-fascismo democrático” que implosiona la democracia liberal desde dentro y ataca cualquier proceso de autonomía social, auto-organización popular o soberanía nacional, y en el que la info-oligarquía quiere adquirir el poder político que le corresponde a su enorme poder económico (como nueva “clase rica” no incluida en las grandes familias poderosas tradicionales del capitalismo desde el siglo XVIII, busca ahora a toda costa su cuota de poder mundial). Para ello se sumergen en las entretelas de los “estados profundos” de las formaciones imperiales, sobre todo Estados Unidos, cortejando cuando no haciéndose parte del Poder Sionista Mundial (Una aproximación a las claves del poder sionista mundial concomitante con la centralización y concentración del capital – ObservatorioCrisis).

Por eso sus plataformas, dispositivos y poderes también se convierten en armas cognitivas de guerra, que parecen haber sido probadas desde su uso directo e inmediato en la anulación de la voluntad o en la perturbación de los sentidos y la confusión cognoscitiva (quizás en algún momento iremos sabiendo de su puesta en juego en la “extraña” caída de Siria y en la tan fulminante como fugaz invasión de Venezuela, por ejemplo), hasta la lenta y constante penetración-moldeamiento en-de las conciencias a través de toda suerte de dispositivos tecnoculturales, mediáticos, de información-formación instalados en todos los campos de la sociedad.

De momento, para Estados Unidos impedir que el Mundo Emergente pueda disponer de sus chips, de los elementos de tecnología necesarios, resulta vital para mantener su dominio cada vez más despótico ante su falta de recursos para hacerlo de forma legitimada. 

El último Plan de Acción de IA de EE. UU. pretende “ganar la carrera de la inteligencia artificial”.  Por su parte, China controla el procesamiento global de tierras raras (vital para la industria bélica de Estados Unidos). El Mundo Emergente ha comenzado a diseñar sus propias estrategias en función de sus posibilidades, y para defenderse de la agresión y el chantaje continuados (https://elterritoriodellince.blogspot.com/2026/02/el-pan-para-manana-hay-un-refran.html?m=1).

Quienes nos hablan de no situarse en esa gran pugna mundial apelando a la “lucha de clases” en abstracto, no tienen idea de lo que está en juego.

“Pax Silica es, en definitiva, una expresión inusualmente hones­ta. Admite que la nueva paz es una paz gestionada: la paz a tra­vés del silicio, mantenida por quienes controlan el suministro. Los imperios anteriores perduraron porque mantuvieron la ficción del beneficio mutuo. El actual está cada vez más impa­ciente con la ficción. Esa impaciencia puede resultar ser su de­bilidad. 

Cuando la dominación ya no se disfraza de comercio, el consentimiento se vuelve más difícil de fabricar, y las fricciones de las redes, los presupuestos y la política comienzan a parecer menos como ruido de fondo y más como el terreno en el que se disputará la paz del silicio”  (https://www.alai.info/wp-content/uploads/2026/02/ALenMovimiento_559_febrero2026_Espanol.pdf).

Por muchas plataformas y control de nuevas tecnologías que se tengan, no se puede machacar las condiciones de las sociedades indefinidamente con su apoyo o su pasividad. La “lucha de clases” no es una simple quimera que ya pasó en la Historia. El capital la ejerce cada día de forma inmisericorde, y es imposible que lo haga sin reacción popular y de los Estados perdedores, por muchos partidos proto-fascistas que convoque. 

Tampoco la trasnochada neosocialdemocracia de la que también tira el Sistema con la otra mano, podrá seguir haciendo de contención social por mucho tiempo, ni mantener el espejismo de la democracia capitalista en un mundo en el que menos del 1% de la población detenta entre el 45 y el 50% de la riqueza mundial y decide ya prácticamente todo sobre nuestras vidas. Empezando por la guerra o la paz, la vida o la muerte de miles de millones de seres humanos.

Ya “el nuevo orden no busca consensos, sino la inhibición de la soberanía mediante el terror económico, político y militar” (La abdicación de la soberanía – ObservatorioCrisis).

Davos y Múnich lo han dejado bien claro este año: las “nuevas reglas” capitalistas son ya reglas de muerte, barbarie y destrucción.  

The Return of the Bunker State: An Interview with Nel Bonilla, Part I

 SOURCE https://landmarksmag.substack.com/p/the-return-of-the-bunker-state-an?triedRedirect=true

LANDMARKS: Welcome to Landmarks; it’s great to be having this extended conversation with you. In your essay, Administrative Warfare & The End of the Political (Landmarks, Jan. 27, 2026), you argued – convincingly, to my mind – that governance as it exists today in the West has drastically changed the relation between state and citizen compared with the prior, liberal order. From being a protector of a sphere where citizen-subjects had their private lives and experienced freedoms of various sorts, the state has become a technocratic body oriented to the engineering and sanitation of persons-as-objects in a system whose purpose is to ensure security. But this is not the security of bona fide human subjects, but the security of something closer to what the Italian philosopher Giorgio Agamben termed ‘bare life.’ The result, you note, is the de facto disappearance of the political, its replacement with an impersonal technocratic management. It is a frightening, and to my mind also a quite convincing diagnosis of the present moment. I am not sure that this summary is altogether accurate, so please explain what it gets wrong.

NEL BONILLA: This summary is exactly right. I would also add two things: First, the nation-state here is reduced to a mere territorial entity with resources for maintaining “security.” It is a functional container within a transatlantic security architecture. Its sovereignty is wholly repurposed. The state’s territory, infrastructure, laws, and population become “dual-use” assets: simultaneously civilian in form but increasingly designed or assessed for their utility in permanent strategic competition and war-preparation. The citizen becomes a “node” or “human resource” precisely because the state itself has become a managed node in a larger, anti-entropic network. Second, this security is, in essence, anti-entropic management (i.e., the effort to prevent the dissipation of concentrated Western power in the face of multipolarity), meaning it seeks to maintain the current status quo of multipolar competition while still aiming to revert to a “Global West” world order, similar to that of the 1990s. Since this is a transatlantic ruling strata-imposed dynamic, operating with varying degrees of awareness across elite strata, the different resources available for this aim of anti-entropic management are no longer the task of a sovereign country; rather, their use is determined by what the current iteration of this transatlantic anti-entropic management needs. The state’s technocratic management, therefore, is not an end in itself. It is the internal governance correlate of an external project of hegemony maintenance. The ‘disappearance of the political’ domestically (the replacement of debate with hygiene) mirrors and enables the ‘end of politics’ internationally (the replacement of diplomacy with coercive statecraft).

"The ‘disappearance of the political’ domestically (the replacement of debate with hygiene) mirrors and enables the ‘end of politics’ internationally (the replacement of diplomacy with coercive statecraft).

Crucially, this technocratic management is not actually impersonal in the sense of being non-violent. What disappears is not violence, but its political visibility and contestability. The citizen can no longer meaningfully oppose these decisions because they are presented as technical necessities (national security, supply chain resilience, interoperability standards) rather than political choices.

This anti-entropic management also operates under a temporal imperative: the US military’s Multi-Domain Operations readiness by 2030, critical mineral independence by 2035, and other doctrine-driven deadlines create a speed requirement that is structurally incompatible with democratic deliberation. When material imperatives (rare earth access, Arctic control) are presented as existential and time-bound, the political sphere, where citizens could contest ends and means, is bypassed in favor of technocratic emergency governance. The “end of the political” is thus also temporal: politics requires time that the Bunker State logic cannot afford.

Thus, the relationship you describe, from citizen-subject to sanitized object, is orchestrated by a transnational securotocracy for whom individual nation-states are zones for resource extraction (material, financial, and human) in service of this systemic preservation. The political vanishes because its foundational unit, the sovereign citizen in a sovereign polity, has been subsumed by this larger, amoral engineering project.

LANDMARKS: Do you have a theory as to what caused or inspired this shift in the meaning of the political? How did Europe’s ‘Open Society’ inspired by the likes of Karl Popper, Alexandre Kojève, and Jurgen Habermas degrade into what is now the Closed Society, this ‘bunker’?

NEL BONILLA: Yes, I have a theory. But it is still under construction. First, the ‘Open Society’ was not a spontaneous intellectual evolution but a deliberate US-led Cold War project. Through the Congress for Cultural Freedom, Marshall Plan educational conditions, and active suppression of Communist movements, US intelligence and foundation networks systematically funded and promoted anti-Marxist intellectuals across Europe, especially in Germany, where postwar reconstruction was tightly controlled. Thinkers like Popper, Aron, and later Habermas were structurally advantaged by US-backed academic, media, and publishing infrastructure. Meanwhile, Communist parties were banned in West Germany (1956), and radicals were barred from public employment (Berufsverbot, 1972). The Open Society was open only to those who accepted capitalist hegemony and US leadership. Historically and in consequence, the dominance of Popperian and Atlanticist thought in post-war Europe was heavily subsidized by US functional elites specifically to dismantle the European “Social” and “Marxist” traditions.

[T]he ‘Open Society’ was not a spontaneous intellectual evolution but a deliberate US-led Cold War project.

Also, the goal was to delegitimize teleological planning or the idea that a society can collectively plan for a higher common good. By labeling all such planning as ‘totalitarian,’ they cleared the board for a society run by market signals and technocratic management. Therefore, the degradation into the “Bunker” is actually a logical continuation since a society that is forbidden to plan for a distinct future can only obsessively secure its present.

Furthermore, one could say that the societal visions of Popper and Habermas in their most positive forms presupposed a world that could only flourish when the West was the undisputed hegemon. As the West entered a phase of relative decline (entropy) and multipolar competition, its elites realized that ‘Openness’ was now a vulnerability (allowing ‘disinformation’ or ‘foreign influence’). Thus, they actively dismantled the Open Society to build the Bunker.

Since 1945 (maybe even before that, starting around 1917), and accelerating after 1990, the US elite structure, which lacks the European historical memory of the “Common Good” or the “Social State”, has culturally, materially, and institutionally integrated the European elites. This transatlantic caste, then, gradually, as the tides turned, needed the “Bunker” as an architectural form of society since they fear their own decline more than they value their own values.

In essence, the Open Society rhetoric masked what was actually a period of concentrated Western power projection through NATO expansion, financial globalization, structural adjustment, and the Washington Consensus. Communities were atomized and fragmented into market actors and identity groups, which simultaneously destroyed older forms of solidarity (labor unions, class politics) and created new manageable categories for technocratic governance. Capitalism became an ordering principle of society, reducing citizens to consumers in the first step.

Finally, I think there were several other steps in normalizing this gradual closing. For example, the War on Terror of the 2000s gradually normalized the “state of exception” (Agamben) through emergency powers, surveillance, and extrajudicial violence as permanent features of governance. The financial crisis of 2008 also normalized undemocratic forms of governance such as the imposition of austerity. Lastly, amid the emergence of multipolar development and a legitimacy crisis, the bunker is a response to all of these shifts. When material access (resources, markets, hegemony) is threatened, and domestic as well as global legitimacy erodes, technocratic emergency governance becomes permanent.

Sovereignty is replaced by anti-entropic management: the effort to freeze or reverse the diffusion of Western power. Democracy is replaced by speed imperatives: military timelines (Multi-Domain Operations by 2030, critical mineral independence by 2035) that cannot wait for deliberation. Law is replaced by selective enforcement: “our” annexations (Greenland) are strategic necessities; “theirs” (Crimea) are violations. Politics is replaced by technocracy: decisions are presented as technical necessities. The shift from Open Society to Bunker is simply the revelation of its limits when the material conditions (unipolar power, resource access, domestic acquiescence) that sustained it dissolve.

LANDMARKS: Do you view the present moment as a radical departure from liberalism/modernity, as something that has happened after the collapse of the former liberal regime? Or do you view it as a development of something already implicit within the liberal idea that has now ‘unfolded’?

In this same connection, I’m also interested in your point about the new social contract as a sort of protection racket. It’s a theme I took up in a recent essay on Landmarks. Some view this as a long-standing feature of modern states. And yet the distinctions you draw between the former order and the new are recognizable, and point to something distinctive about this Bunker reality.

NEL BONILLA: I view the present moment as both an unfolding and a radicalization. The Bunker State is pre-Enlightenment modernity returning after a brief interlude of metropolitan liberalism. Where the witch hunts served a nascent capitalism, and conquest & colonialism served imperial mercantilism, the Bunker State serves the Klepto-Securitocracy’s project of permanent systemic preservation. The tools have evolved, but the core logic, the use of a dichotomous logic to break communal bonds, destroy historical memory, and enforce a new, exploitative order, is consistent. Thus, the Bunker State is not a novel anomaly, but the reactivation of the deepest, most violent layers of the modern project since its inception. In other words, this is a return to its most savage, foundational impulses, now charged with 21st-century technology and global reach.

[T]he Bunker State is … the reactivation of the deepest, most violent layers of the modern project … now charged with 21st-century technology and global reach.

As articulated by Enrique Dussel and Silvia Federici, modernity was born through a sacralizing, dichotomous framework applied both internally (the witch hunts) and externally (the conquest of the Americas). This logic sought not merely to control resources, but to annihilate and replace entire worldviews, dividing reality into superior/inferior, order/chaos, to sanctify its extreme violence. Today, the Bunker State’s ostensibly amoral, technocratic management is guided by this same Manichean orientation framework, which now sanctifies coercion under a new secular absolute: existential security. The dismantling of the common good and the targeting of dissent are justified as hygienic necessities for the survival of the system itself, reframing class struggle as a metaphysical battle against chaos (or the “jungle”).

While thinkers like Charles Tilly correctly identify the “protection racket” as a longstanding feature, where the state monopolizes violence and “sells” security back to the population, the Bunker State transforms this logic into something historically distinct. The distinction lies not in the existence of a coercive bargain (a coercive social contract), but in its purpose, totality, and metaphysical emptiness. The classic social contract, however imperfect, traded some liberty for the positive goods of order, rights, and the possibility of prosperity. The Bunker contract is a negative bargain: it demands the surrender of political autonomy and cognitive sovereignty in exchange for only the chance of survival within a secured perimeter. Its sole purpose is anti-entropic management, the preservation of a decaying system against multipolar entropy, offering no vision of a future good life.

[T]echnocratic management … now sanctifies coercion under a new secular absolute: existential security.

Importantly, this shift is operationalized through a new totality. Where past mobilization was partial and episodic, the Bunker demands “whole-of-society” permanent mobilization. Every domain, infrastructure, cognition, biology, is a battlespace. Consequently, the relationship to law and truth sheds all pretense. Law becomes a pure instrument to be weaponized through coercion or bypassed, while the patina of legitimacy is discarded as a strategic liability. Additionally, social contracts (Hobbes, Rousseau, even Tilly’s “war made the state”) maintained the fiction that emergency powers were temporary, that the goal was to restore normalcy. However, the Bunker State operates under permanent exception: multipolarity is a permanent threat, material constraints are permanent, the “crisis” never ends. Agamben showed that exception becomes the rule; I would add that elites now openly acknowledge this. There is no horizon of normalcy because anti-entropic management, preventing the diffusion of Western power, is an endless task.

Finally, this is enabled by a transformed elite configuration: a transnational Klepto-Securitocracy. This fusion of amoral strategists and personalist kleptocrats manages populations as assets and liabilities within a global security architecture. The state becomes a functional container, and the citizen is re-engineered from a subject of rights into a node in the grid: the final, logical destination of a modern instrumental rationality severed from all emancipatory promise. This severance from emancipatory promise is, ultimately, out in the open (Mark Carney (2026): “We knew the rules-based order was partially false”), taking the mask off liberalism with all the consequences it entails.

Nel Bonilla is a geographer, sociologist, and the author of the publication Worldlines. With a background in Human Geography and Urban Development, she is currently a Ph.D. candidate specializing in the sociology of migration and organized violence. Her work investigates the intersection of geopolitics, transatlantic networks, and the social dynamics of conflict.

lundi 16 février 2026

Ma minute anglosaxonne

 


50 años de ‘El desencanto’, documental que Elías Querejeta retiró de San Sebastián en protesta por la represión en Euskadi

 Fuente https://www.diario-red.com/articulo/cultura/50-anos-desencanto-documental-que-elias-querejeta-retiro-san-sebastian-protesta-represion-euskadi/

Este año se cumple medio siglo del estreno de este gran documental de Jaime Chavarri, título fundamental del cine de la llamada Transición Española 

Aunque se jugaba su futuro comercial, Elías Querejeta, conocido por las películas que había producido a Carlos Saura o Víctor Erice, retiró el documental en apoyo a la huelga general que se había convocado en Guipúzcoa como protesta por la muerte de un manifestante vasco por disparos de un policía.

El 15 de septiembre de 1976, El País publicaba la indignada respuesta del máximo responsable del festival, Miguel de Echárri, que en el franquismo (entre 1952 y 1956) fue secretario general del Sindicato del Espectáculo: “El artículo 7 del reglamento del festival que conocen quienes concurren a él habla de la imposibilidad de retirar la película. Sin embargo, el señor Querejeta, abusando de una manera clarísima de mi condescendencia, me ha venido diciendo, un día y otro, que aplazaba la entrega de la copia, alegando siempre una serie de complicaciones de última hora. De ahí que no tengamos en nuestro poder la copia. Todos estos aplazamientos dan la sensación de que eran parte de un plan premeditado. Me ha sorprendido muchísimo porque ha jugado con mi buena fe”.

En apoyo a Querejeta, una comisión de 29 personalidades guipuzcoanas, entre ellas Eduardo Chillida y Juan María Bandrés, hizo público este texto: “La gestora pro amnistía de Guipúzcoa ha tenido conocimiento de que los participantes en la realización de la película El desencanto han decidido retirarla del XXIV Festival Internacional de Cine de San Sebastián, en atención a las especiales circunstancias por las que atraviesa el pueblo vasco. La gestora considera positiva la indicada decisión, que por el contexto en que se ha producido supone una manifestación de solidaridad con el pueblo, denota madurez y sentido de la responsabilidad y constituye un aporte para la causa general, fin y motivo de la creación de esta gestora pro amnistía. En consecuencia, la gestora no puede por menos que mostrar su pública aprobación por el gesto de los participantes en la realización de la película El desencanto”.

Tanto Chávarri como Querejeta supieron pronto que no tenía un corto, sino un gran largometraje

Conviene recordar qué estaba pasando en España aquel año. Además del nombramiento, a dedo, por parte de Juan Carlos I, de Adolfo Suarez como presidente del Gobierno, la extrema derecha estaba terriblemente crecida y su violencia en las calles era cada día más alarmante. Aquel año se recuerda también por la matanza del 3 de marzo en Vitoria, cuando la policía desalojó de la iglesia de San Francisco de Asís, del barrio obrero de Zaramaga, a 4.000 trabajadores en huelga. La policía asesinó a cinco personas e hirieron a más de ciento cincuenta.

Como escribió Diego Galán, el más recordado director del Festival de cine de San Sebastián, en El País, en un principio El desencanto solo estaba pensado como un cortometraje documental que quería rodar Jaime Chavarri, hijo de Tomas Chávarri y Ligues y de Marichu de la Mora Maura y bisnieto del expresidente del Gobierno Antonio Maura. Chávarri quería contar la historia de su amigo Michi Panero, un ex niño bien cuya familia se había visto obligada a vender propiedades y las pertenencias de su padre para sobrevivir. El padre era Leopoldo Panero, poeta falangista de la generación del 36 y poeta oficial del franquismo.

En un primer momento, Michi, su madre Felicidad Blanc y sus hermanos Juan Luis y Leopoldo María y estaban dispuestos a hablar ante la cámara de Chávarri, pero con una condición: no saber lo que los otros hubieran dicho de ellos. Para sorpresa del director, los cuatro se desnudaron públicamente de una forma tan honesta como violenta. Y tanto Chávarri como Querejeta supieron pronto que no tenía un corto, sino un gran largometraje.

Leopoldo, que se considera el verdadero genio de la familia y al que también le gusta recitar en alto su propia obra, ataca a su madre de forma despiadada

El desencanto fue rodado justo cuando el régimen fascista se iba desmantelando para dar paso a otro régimen no tan ejemplar como muchos voceros del nuevo sistema pintaron y predicaron. De hecho, pronto muchos consideraron la transición como un desencanto.

Tras volver a ver El desencanto, después de bastantes años, debo confesar que me he reconciliado con Felicidad Blanc, una mujer triste a la que nada le pega su nombre. La recordaba como un personaje frío y distante, pero ahora veo el filme de Chávarri como el retrato femenino de una niña bien (era hija del director del Hospital Princesa de Madrid y primo-hermano de la madre de Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador de la secta Opus Dei) que se convierte en señora y esposa de un poeta del régimen y es enseguida ninguneada por su alcohólico y brutal marido y sus no menos alcohólicos amigos. Porque si hay algo en El desencanto es alcohol. Y pitillos. No existe un documental en el que se fume tanto. 

Y Felicidad no solo es machacada por su bestial marido, sino por sus hijos, aunque sea Michi (que se reconoce un parásito que se dedica básicamente a vaguear) el que más la entiende y escucha. Especialmente hiriente e injusto es Leopoldo, el hijo feo, demente, borracho y pedante, de hablar absolutamente insoportable. También Felicidad, una mujer culta (fue escritora y traductora) y de vocabulario envidiable, resulta relamida. Comienza recitando un poema de su marido de memoria, hablando de forma distinguida, literaria… pero al final se va soltando, sube la voz ante sus hijos y se hace casi humana.

Ya desde la primera conversación, entre el pijazo Michi y el ridículo y amanerado (“no soy homosexual”, él lo recalca por si acaso) Juan Luis (alias “Adoro el bizantinismo”) sabes que a lo que se tuvo que enfrentar Felicidad es sencillamente infernal. Esa intensidad, esos aspavientos, esos gritos, ese bebercio descontrolado. Y eso delante de una cámara, no quieres ni pensar lo que fue aquello en la intimidad. 

Felicidad, aunque de clase alta, es un ejemplo de la mujer española sometida, siempre a la sombra del marido, supuestamente superior y que borra de su vida a todas sus amistades mientras ella debe acostumbrarse a los amigotes de tertulia borracha que aparecen por casa a las dos de la tarde y se van a las tres de la mañana. Por eso en El desencanto se recuerda que Felicidad vivió aterrorizada, además de que los Paneros significan “gritos y muy mal vino”.

Al acabar 'El desencanto' tienes la sensación de que acabas de ver una película de terror

La aparición, en el ecuador de la cinta, de Leopoldo María Panero refuerza aún más la simpatía del espectador (al menos la de un servidor) por Felicidad. Leopoldo, que se considera el verdadero genio de la familia y al que también le gusta recitar en alto su propia obra, ataca a su madre de forma despiadada. Pero Felicidad, dura y brillante, sabe defenderse. Y recuerda que vivió sola los ingresos psiquiátricos y carcelarios de Leopoldo, que en ningún momento le da tregua ni muestra la más mínima comprensión o compasión. Y además la tacha de superficial ante el silencio cómplice y cobarde de su hermano Michi.

Es Michi, el más normal de los hermanos, el que reconoce que la familia Panero morirá porque el alcohol acabará con ellos y no tendrán descendencia. También posiblemente el más roto y el más cínico. Es Michi el que dice: “Para estar desencantado antes hay que estar encantado y yo tengo dos o tres recuerdos muy frágiles en los que estuve encantado. Diría mejor ilusionado. El desencanto me ha venido impuesto. He participado como espectador, nada más”.

Y El desencanto acaba como empieza: con la estatua del padre enfundada en plástico, antes de ser exhibida ante el populacho y frente al castillo de Gaudí en Astorga. Y tienes la sensación de que acabas de ver una película de terror.

Pocas semanas después del no estreno de El desencanto, en la misma ciudad, San Sebastián, fue asesinado por ETA el procurador en Cortes, consejero del Reino y presidente de la Diputación de Guipúzcoa Juan María de Araluce, que formó parte de las filas del requeté y combatió en la aviación de caza en el bando fascista. La ejemplar transición seguía tambaleándose. 

18 años después del rodaje de El desencanto, los hermanos Panero, sabedores de que eran una especie de leyenda gracias a Chavarri, aceptaron rodar una segunda parte. Se tituló Después de tantos años, la dirigió Ricardo Franco y fue una secuela fascinante e igual de aterradora.

Les milliardaires de la Tech veulent faire du Groenland un laboratoire pour leurs folies libertariennes

 Source https://www.les-crises.fr/les-milliardaires-de-la-tech-veulent-faire-du-groenland-un-laboratoire-pour-leurs-folies-libertariennes/

Alors que les Européens tentent de réorienter Trump, ses partisans de la Silicon Valley ont leurs propres idées, qui impliquent des communautés peu réglementées et l’accès aux terres rares.

Source : Responsible Statecraft, Pavel Devyatkin
Traduit par les lecteurs du site Les-Crises

La semaine dernière, le président Trump a levé toute ambiguïté quant à ses intentions envers le Groenland. Lors d’un événement à la Maison Blanche, il a déclaré qu’il s’emparerait du territoire arctique « qu’ils le veuillent ou non. » Il a ensuite proféré ce qui ressemblait à une menace mafieuse à l’encontre du Danemark : « Si nous ne pouvons pas le faire à l’amiable, nous le ferons à la dure. »

Trump aurait également ordonné aux commandants des forces spéciales d’élaborer un plan d’invasion, même si de hauts responsables militaires l’ont averti que cela violerait le droit international et les traités de l’OTAN. Dans une interview accordée au New York Times, Trump a déclaré : « Je n’ai pas besoin du droit international. »

En coulisses, le secrétaire d’État Marco Rubio a tenté de calmer le Congrès, affirmant que toutes ces manœuvres militaires n’étaient qu’un moyen de faire pression sur le Danemark pour qu’il négocie. Pendant ce temps, Stephen Miller, chef de cabinet adjoint de Trump, a rejeté l’autorité du Danemark sur le Groenland, affirmant que « personne ne va combattre militairement les États-Unis pour l’avenir du Groenland. »

A même moment, sept pays européens ont publié une déclaration commune affirmant que « le Groenland appartient à son peuple » et certains alliés de l’OTAN espèrent tempérer Trump en proposant de stationner une force militaire sur l’île pour contrer la Russie et la Chine dans l’Arctique.

Dans un effort apparent pour dissuader Trump de s’emparer du Groenland, le Premier ministre britannique Keir Starmer aurait déclaré à Trump qu’il partageait son point de vue sur la menace que représente la Russie dans la région et qu’il envisagerait d’envoyer des troupes pour aider à la défendre. Dans le même temps, l’Allemagne propose de mettre en place une mission conjointe de l’OTAN dans l’Arctique et la Première ministre danoise Mette Frederiksen a déclaré que la prise de contrôle du Groenland par les États-Unis marquerait la fin de l’OTAN.

Compte tenu de l’opposition massive à la quête de Trump pour le Groenland et des avantages discutables en matière de sécurité liés à l’annexion de l’île, que se trame-t-il réellement ici ?

Pourquoi Trump veut le Groenland

L’administration Trump semble incapable de déterminer pourquoi elle doit s’emparer du Groenland. Au départ, le président a affirmé que « des navires russes et chinois sillonnent le long de la côte », une affirmation rejetée par les hauts diplomates nordiques : « J’ai interrogé les renseignements. Il n’y a ni navires, ni sous-marins. » Plus tard, Trump a lancé cette mise en garde : « Si nous ne prenons pas le Groenland, la Russie ou la Chine le feront, et je ne laisserai pas cela se produire. »

Le vice-président JD Vance s’est orienté vers la défense antimissile, arguant que « toute l’infrastructure de défense antimissile dépend en partie du Groenland. » La valeur stratégique du Groenland est incontestable. L’implantation américaine située sur l’île, la base spatiale de Pituffik, fournit une couverture radar d’alerte précoce des bombardiers et des missiles russes ou chinois.

Cependant, le renforcement de cette capacité ne dépend pas de la prise de contrôle de l’île par Washington. Les accords de défense existants permettent déjà aux États-Unis de projeter leur puissance et de moderniser leurs capacités sans provoquer la catastrophe diplomatique que représenterait une annexion.

Sécurité nationale ou cupidité des entreprises ?

Les médias dominants ont largement couvert les ambitions de Trump concernant le Groenland, mettant l’accent sur la concurrence avec la Chine et la Russie en matière de sécurité dans l’Arctique, ainsi que sur l’ouverture de routes maritimes stratégiques grâce à la fonte des glaces. La plupart mentionnent les vastes gisements de minéraux essentiels au Groenland, indispensables aux véhicules électriques et aux énergies renouvelables.

Mais ils s’abstiennent d’examiner les forces qui pourraient réellement être à l’origine de ce programme minier : les milliardaires du secteur technologique tels que Peter Thiel et Elon Musk, qui considèrent le Groenland non seulement comme une source de terres rares, mais aussi comme un laboratoire pour leurs expériences économiques et sociales libertariennes. Ces milliardaires envisagent la création au Groenland de « villes libres » non réglementées, exemptes de tout contrôle démocratique, de toute législation environnementale et de toute protection du travail.

Ken Howery, ambassadeur de Trump au Danemark et cofondateur de PayPal avec Thiel et Musk, aurait engagé des discussions pour mettre en place ces zones à faible réglementation.

Il y a ici un conflit d’intérêts ironique : les responsables de la sécurité nationale veulent un contrôle étatique fort sur ce territoire stratégique. Les milliardaires de la tech qui financent Trump veulent le contraire : un terrain de jeu déréglementé pour leurs expériences anarcho-capitalistes. Les deux parties partagent une cécité commune vis-à-vis de la souveraineté du Groenland et des droits des autochtones.

Il est profondément troublant de voir comment la crise climatique est présentée comme une opportunité. La calotte glaciaire du Groenland fond plus rapidement en raison de la hausse des températures. Les autochtones du Groenland voient leur mode de vie traditionnel disparaître à mesure que la glace disparait.

Les 56 000 Groenlandais, dont 89 % sont des Inuits autochtones, ont clairement exprimé leur position : 85 % d’entre eux s’opposent à l’adhésion aux États-Unis. Les dernières élections législatives ont donné la victoire à des partis qui rejettent ouvertement les avances de Trump. Mais cela ne transparaît pas dans la manière dont Washington évoque le Groenland. Leurs voix ne sont qu’un murmure dans toutes ces discussions sur l’annexion. Dans le même temps, la plupart des Américains s’opposent à l’idée d’acheter ou d’envahir le Groenland.

Par tous les moyens

La Maison Blanche tente par tous les moyens d’arriver à ses fins. Les responsables américains ont envisagé de verser à chaque Groenlandais une somme forfaitaire comprise entre 10 000 et 100 000 dollars, essayant essentiellement d’acheter l’approbation d’une population qui continue de dire Non.

La Maison Blanche tente également de conclure un accord de libre association (COFA) avec le Groenland. Dans le cadre d’un tel accord, les États-Unis ne fournissent que des services de distribution du courrier et des opérations de protection militaire en échange de la liberté d’action de l’armée américaine et d’un commerce exempt de droits de douane.

De tels accords existent avec des îles comme Palau, les Îles Marshall et la Micronésie. Cependant, cet arrangement a peu de chances d’aboutir avec le Groenland. Les accords COFA ont déjà été signés avec des pays indépendants, et le Groenland devrait se séparer du Danemark pour qu’un tel projet puisse voir le jour.

Risques pour les États-Unis

Cette crise dépasse largement les frontières du Groenland. Il s’agit ici de savoir quel type de pays les États-Unis veulent être et comment ils veulent se positionner sur la scène internationale. Les États-Unis vont-ils exercer leur leadership par le biais de partenariats et d’avantages mutuels, ou par le biais de menaces et de coercition ? Washington respecte-t-il le principe d’autodétermination (que nous prétendons défendre) ou seulement lorsque cela lui convient ?

Cette obsession pour l’annexion réduit tout à une prédation des ressources. Elle ignore complètement le fait que le Groenland est la patrie d’un peuple qui a ses propres rêves, ses propres droits et ses propres espoirs pour l’avenir.

Le président Trump a promis de mettre fin aux guerres éternelles et de s’attaquer à l’establishment de la politique étrangère. Mais ces menaces sur le Groenland reflètent la même vieille mentalité selon laquelle la force fait le droit et que l’indépendance des autres pays ne compte que lorsqu’elle sert nos intérêts tels que nous les percevons. Les véritables intérêts des États-Unis ne résident pas dans la renaissance de l’impérialisme, mais dans la démonstration que le partenariat et les avantages mutuels offrent une meilleure voie que l’unilatéralisme agressif.

Torrejón-Países Bajos-Delaware: la ruta del dinero de Hill International, la empresa que supervisa los hospitales de gestión privada de Madrid

 Fuente https://www.publico.es/politica/torrejon-paises-bajos-delaware-ruta-dinero-hill-international-empresa-supervisa-hospitales-gestion-privada-madrid.html?

Las víctimas de clase obrera de Epstein

 Fuente https://www.pikaramagazine.com/2026/02/las-victimas-de-clase-obrera-de-epstein/
 

 

Las víctimas de la red de tráfico sexual de Jeffrey Epstein eran, en su mayoría, chicas de clase obrera para las que la extorsión económica jugaba un papel esencial. Para la élite económica que abusaba de ellas, eran cuerpos intercambiables al alcance por poco dinero: 200 dólares, 45 minutos.

 

“La gente de la alta sociedad valora mucho la privacidad, si alguien que conoces tiene secretos que no se pueden contar, la gente suele callarse”.

Robert Couturier, amigo de Ghislaine Maxwell


En la red de explotación sexual de menores que dirigía Jeffrey Epstein, según Todd Blanche, fiscal general adjunto de Estados Unidos, se han identificado a más de 1.200 víctimas. Es como si retrocediéramos a 2019, año en que se acusó a Epstein por tráfico sexual de menores y, dos años más tarde, a Ghislaine Maxwell, condenada a 20 años de prisión. Estos días se pueden ver nombres y más nombres de personas involucradas, los nombres de las élites económicas que gobiernan el mundo a placer. Correos electrónicos, conversaciones, fotografías, vídeos, todo es un mar de información sin ningún tipo de orden, que al final del día termina aturullando, cuando lo que debería dar es claridad en un caso que hoy día llamamos paradigmático del funcionamiento del patriarcado: hombres ricos que explotan sexualmente a niñas, adolescentes y mujeres pobres, mientras las instituciones, en el mejor de los casos, miran hacia otro lado.

La precariedad de las víctimas es una de las condiciones de posibilidad de los abusos

Sería imposible e irresponsable hacer una generalización sobre la procedencia socioeconómica de las niñas y adolescentes que sufrieron violencia sexual dentro de la telaraña de poderes creada durante décadas por Epstein: un entramado de gobiernos, empresarios, medios de comunicación, personal de universidades de élite y sistemas financieros que sostenía, y a su vez se alimentaba de, una red de tráfico de personas. Sin embargo, algo que sí se puede sacar en claro es que la desmedida concentración de poder económico de los perpetradores frente a la precariedad y vulnerabilidad de las víctimas es una de las condiciones de posibilidad de los abusos sistemáticos. Lo ha sido siempre, desde Ciudad Juárez hasta nuestros días.

En el México de los 80 y 90, las historias de disciplinamiento sexual eran las de los asesinatos en Juárez

Porque, aunque los titulares nos lleven a 2019, la memoria corporal es más larga y guarda los efectos del terror sexual. En el caso de quienes fuimos adolescentes en el México de los años 80 y 90, las historias de disciplinamiento sexual eran las de los asesinatos de mujeres en la ciudad fronteriza de Juárez. El patrón siempre era el mismo: mujeres pobres, racializadas, trabajadoras de la maquila, que desaparecían en medio de la noche. Todavía puedo recitar de memoria las características físicas de las desaparecidas: jóvenes, morenas, delgadas, pelo negro, bajitas de estatura, la descripción promedio de las mujeres de clase trabajadora de México. Somos generaciones enteras disciplinadas por el terror sexual y por la violencia expresiva que, como dice Rita Segato, se escribía en el cuerpo de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez.

El método Epstein es la articulación del capital, el poder simbólico y el político para garantizar impunidad absoluta

Más allá de las explicaciones sensacionalistas y morbosas sobre los feminicidios en Juárez que los relacionaban con ritos satánicos, pornografia snuff e incluso ataques de animales fantásticos como el chupacabras, poco a poco comenzó a emerger un análisis feminista que relacionaba a las oligarquías locales con las autoridades y los grupos de crimen organizado. A esto es a lo que Emanuela Borzacchiello llama “telaraña de poderes”, una alianza estratégica entre política, economía y narcotráfico que produce una nueva gobernabilidad en la que la violencia contra los cuerpos feminizados adquiere cotas altísimas. Ese es justamente el concepto que mejor puede explicar lo que la periodista Laura Arroyo ha denominado como el “método Epstein”: la articulación del capital, el poder simbólico y el poder político para garantizar impunidad absoluta; o lo que la escritora Rebecca Solnit denominó hace seis años como “la máquina de silenciamiento”, una serie de sistemas de poder que permite a las elites cometer delitos con impunidad.

La primera denuncia contra Epstein, la de Maria Farmer en 1996

La serie documental, Jeffrey Epstein: asquerosamente rico (2020), en la que participan varias sobrevivientes, relata cómo adolescentes de clase trabajadora fueron “contratadas” como “masajistas”, y sufrieron violencia sexual sistemática a lo largo de varios años. Son los mismos testimonios que aparecen en un sinnúmero de artículos de periódicos internacionales, en campañas estatales como Stand With Epstein Survivors (Solidaridad con las sobrevivientes de Epstein), y en el libro de memorias de una de sus víctimas, Virginia Roberts Guiffe. El patrón es exactamente el mismo en casi todos los testimonios: 200 dólares por un masaje de 45 minutos que devenía rápidamente en actos sexuales; después se les ofrecía más dinero a cambio de que trajeran más adolescentes, haciendo hincapié en que tenían que ser, o por lo menos parecer, muy jóvenes (menos de 18 años). Decenas de chicas cruzaron el puente que separa West Palm Beach, de la exclusiva isla de Palm Beach, Florida, durante años. Pero también eran cientos las jóvenes que entraban por una inmensa puerta de roble en una de las mansiones más caras de Nueva York, el número 9 de la calle 71 Este, en la exclusiva zona de Upper East Side de Manhattan. A muchas se les ofrecía también la posibilidad de acceder a educación universitaria, contactos en el mundo del arte y de la moda, o viajes a sitios exóticos.

En los años 90 Maria Farmer empezaba su carrera como artista. Fue entonces cuando la llevaron al rancho de Epstein en Nuevo México ofreciéndole apoyo y contacto con coleccionistas de arte y galeristas. A su hermana Annie Farmer, de entonces 16 años, también le ofrecieron pagarle los estudios. En 1996 Farmer es la primera en interponer una denuncia penal contra Epstein y en testificar para el FBI por intercambio de posibles imágenes de abuso sexual infantil, sin embargo, no se tomó ninguna medida legal en contra del magnate.

La mayoría de las chicas abusadas eran pobres, huérfanas o sin lazos familiares

Virginia Roberts Giuffe, otra de las sobrevivientes, que en 2009 denunció a Epstein y en 2021 al duque de York, Andrew Mountbatten-Windsor, relató en sus memorias, Nobody´s Girl: A Memoir of Surviving Abuse and Fighting for Justice, que la mayoría de las chicas abusadas eran pobres, huérfanas o sin lazos familiares. Adolescentes de clase trabajadora reclutando a otras adolescentes de clase trabajadora para ser sexualmente explotadas por las élites económicas, y desechadas en cuanto “se hacían mayores”. Vidas prescindibles, chicas intercambiables. Michelle Licata, otra sobreviviente, cuenta que le habría gustado decirle a la cara a Epstein: “No te acuerdas de mí porque había miles como yo, pero yo me acordaré de ti el resto de mi vida”. Jena-Lisa Jones ha insistido en su testimonio en el ambiente de coacción financiera de la red y en cómo se explotaba la vulnerabilidad de las víctimas: “Es un gran tema de manipulación cuando tienes 14 años y estás en la ruina.”

La clase es un marcaje que no puede separarse del género, como apunta Lugones

La cuestión de clase es inseparable de la violencia sexual porque esta no ocurre en el vacío, se apoya de estructuras de desigualdad y, a su vez, es un mecanismo de control de clase, disciplinando los cuerpos que pueden ser abusados, explotados y usados sin ninguna consecuencia. La clase es un marcaje que no puede separarse del género, como ya lo ha apuntado la filósofa María Lugones. Así, clase y género, se imbrican y encarnan en violencias específicas. Para Verónica Gago, la violencia económica es un régimen de extracción de valor que opera sobre la vida, que es experiencial y corporal. Cuando cruzamos el pensamiento de Lugones con el de Gago, entendemos la violencia sexual como la explotación de un territorio: el cuerpo.

La abismal desigualdad económica entre las víctimas y los victimarios era, a su vez, garantía de silencio. “La verdad es lo que los poderosos quieren que sea”, escribió la periodista Rebecca Solnit en el artículo En el patriarcado nadie te escuchará gritar. Annie Farmer dijo en una entrevista en 2019 que, “en muchos casos donde los perpetradores ocupan puestos de poder, también existe un miedo significativo, y a menudo justificado, a las represalias, que puede hacer que el riesgo de una demanda parezca excesivo”. Elizabeth Stein, a quien Epstein y Maxwell acosaron durante tres años, relata cómo intentó huir de ellos, cambiando de número de teléfono, de dirección y cómo siempre la encontraban: “Tenía mucho miedo y ellos estaban conectados con las personas más poderosas del mundo, sabía que, si se lo contaba a alguien, mi vida corría peligro”. Estaban aterradas por la maquinaria de poder que Epstein podía echar a andar contra ellas.

De 290 víctimas que pidieron la reparación económica gubernamental, solo 150 la obtuvieron

Durante el juicio de Ghislaine Maxwell se atacó, culpabilizó e intentó restar credibilidad a los testimonios de las víctimas debido a la reparación económica que habían recibido del fondo de reparaciones gubernamental. El Gobierno elaboró este fondo tras la muerte de Epstein: 121 millones de dólares provenientes del patrimonio del traficante sexual, valorado en 600 millones. Se compensó económicamente a 150 sobrevivientes, aunque 290 pidieron esta compensación .

Es imposible entender el caso de Jeffrey Epstein sin tomar en cuenta la clase, no solo la de él y sus cómplices, sino la de ellas, las víctimas y sobrevivientes. El “método Epstein” no es un error del sistema. Tampoco es la prueba de que el sistema nos falla a las mujeres porque, en realidad, la telaraña de poderes creada por Epstein ¡es el sistema! Uno perfectamente engrasado a base de millones de dólares, favores personales, tratos comerciales y apoyo económico a campañas políticas. Epstein no es un caso aislado, mucho menos una excepcionalidad, aunque los medios le llamen “el mayor depredador sexual de la historia”. La trama de poderes que protege a los violadores y agresores es la manifestación concreta en la que el poder y las elites tratan a las mujeres, las adolescentes y las niñas: como mercancía.

Virginia Roberts Giuffe, que se quitó la vida en abril de 2025 y a quien dedico este texto, dice en sus memorias: “No te dejes engañar por todos aquellos del círculo de Epstein que aseguran que no sabían lo que hacía. Epstein no solo no lo escondía, sino que disfrutaba con el hecho de que los demás lo vieran (…) Y los demás lo vieron, y no les importó”.

Hace un par de meses, la periodista Gessamí Forner decía que los agresores no agreden porque tengan poder, sino que llegan a las altas esferas de poder justamente porque son agresores. Conviene darle vueltas a esta reflexión.