El monopolio del capitalismo digital es, sin duda, una nueva modalidad de desarrollo del capitalismo monopolista…
Andrés Piqueras, profesor senior de la Universidad Jaume I
Acaba de celebrarse la Conferencia de
Seguridad de Munich, que fue diseñada desde el principio para que el
Imperio Occidental y su OTAN barajaran cómo prolongar su dominio del
mundo, pero que en un momento dado, fruto de la caída de la URSS,
pareció poder albergar un proyecto de seguridad común europea, incluida
Rusia, complementario de la OSCE, hasta que el Eje Anglosajón decidió
que una Eurasia integrada energética, política y económicamente sería
demasiado fuerte y peligrosa para su control del mundo y mandataron a
los “líderes” europeos desplazar la frontera militar hasta las mismas
puertas de Rusia, tras haber dado un golpe de Estado en Ucrania.
Esta edición de 2026 ha estado marcada por
un diagnóstico contundente: el orden internacional posterior a 1945
está “bajo destrucción”, según el propio Munich Security Report 2026.
De cierto, Estados Unidos no ha hecho más que confirmar su imposición
de un mundo basado en naciones fuertes, no en instituciones
multilaterales.
Mientras que el primer ministro alemán, Friedrich Merz, declaró que el tan pregonado orden internacional basado en reglas “ya no existe”, y que es hora de asentarse en la fuerza,
luego añadió para suavizar o disimular lo dicho, “de nuestros valores”.
En todo caso se supone que son unos valores que, como “las reglas” de
su orden se han de imponer a la fuerza, porque finalmente Merz instó a
Europa a reforzar urgentemente sus “capacidades de defensa” (aquí
todavía se utiliza ese eufemismo para guerrear, cuando en USA ya hablan
directamente de “Departamento de Guerra”). Tras él, cómo no, el
titiritero de los Rothschild elevado por esos poderes a presidente de la
república francesa, volvió a abogar por un ejército europeo.
El informe oficial describe una era de política de bola de demolición,
donde actores poderosos —incluida la administración estadounidense
actual— buscan desmantelar estructuras del orden internacional en lugar
de reformarlas.
Pero más allá de este guion que se viene
siguiendo concienzudamente, puede empezar a evidenciarse una novedad
clave: la tecnología ya no es un tema periférico, sino parte estructural
de “la seguridad” (léase guerra) global.
En concreto la Conferencia destaca como
elementos clave la ciberseguridad, las infraestructuras digitales
críticas, la inteligencia artificial y la competencia tecnológica entre
potencias. Lo cual imprime los pasos de un nuevo camino: Múnich deja de
ser sólo “tanques y tratados” para integrar plenamente lo digital. No es
de extrañar que por eso quienes acopiaran protagonismo fueran los CEOs
de grandes tecnológicas, líderes financieros, innovadores y reguladores,
al tiempo que los debates sobre IA se hacían omnipresentes.
Así que la info‑oligarquía “cortó el
bacalao” sin necesidad de exhibirse (y eso que cada vez le gusta más
hacerlo): su poder se manifiesta en que todos los demás actores dependen
de ella. De manera que si hasta ahora el Foro de Davos ha marcado la
agenda económica y tecnológica del mundo, mientras Múnich decidía los
parámetros militares y geopolíticos, estas dos esferas se han solapado y
juntas definen la arquitectura del Poder Global.
¿Qué es la tecno o la info-oligarquía?
Es la que está al frente de las grandes
corporaciones tecnológicas, las cuales controlan infraestructuras
digitales (nubes, redes, servidores, sistemas operativos…), plataformas
de interacción (redes sociales, buscadores, marketplaces…), algoritmos
de decisión (recomendación, moderación, publicidad…), datos masivos
(hábitos, preferencias, ubicaciones, relaciones…) y que, por
consiguiente, tienen la capacidad de moldear comportamientos (lo que se
ve, lo que se compra, lo que se cree que es importante…). Gobiernos,
empresas y ciudadanías dependen de sus servicios; ellas deciden no sólo
qué es real o no, qué se prohíbe, qué se prioriza… sino también qué es
pensable y lo que ni siquiera entra en la imaginación social. Tienen,
además, una ventaja competitiva casi insuperable: más datos → mejores
algoritmos → más usuarios → más datos…
Son oligopolios de facto (de buscadores,
redes sociales, sistemas operativos…), promueven decisiones algorítmicas
que afectan a millones de personas sin transparencia alguna, influyen
en las políticas públicas y en la regulación social. Controlan el
ecosistema informativo -plataformas digitales, grandes medios de
comunicación, empresas de publicidad y análisis de datos…- determinan
las políticas gubernamentales.
Proporcionan los marcos interpretativos
que condicionan la opinión pública, trazan o canalizan la atención
social, con burbujas informativas y cámaras de eco. Viralizan contenidos
diseñados para manipular emociones, desinforman o tergiversan de forma
mucho más rápida que la información verificada (la verdad
compite en desventaja frente a lo viral, por eso la verdad deja de tener
interés en favor del número de los que creen otra cosa, esto es, de
cuántas personas dicen gustarles lo que se dice).
Además, el conjunto de los medios depende
de sus plataformas para sobrevivir, por lo que no las opondrán. Trabajo,
comunicación, educación, ocio, creación, finanzas… todo pasa por sus
manos. Tienen un poder económico superior al de la mayoría de los
Estados.
No es casualidad, pues, que los líderes de
las grandes tecnológicas tengan más visibilidad que muchos jefes de
Estado o presidentes de gobierno.
“Los gigantes de la tecnología de la
información, como Microsoft para los sistemas operativos de
computadoras, Google para los motores de búsqueda, Meta (antes Facebook)
y X (antes Twitter) para las redes sociales y Amazon para el comercio
electrónico, poseen la capacidad de dominar el mercado en una medida
mucho mayor que los gigantes del ferrocarril, el petróleo, el acero y el
automóvil del pasado. Esto se debe principalmente a los efectos de red
de las plataformas digitales, inigualables por las economías de escala
tradicionales. Internet no está limitado por el espacio físico y tiene
una tendencia hacia la infinitud, otorgando a las plataformas una
capacidad de penetración y de intercambio de información más poderosa
(…)
Esto eleva el límite superior de las
economías de escala de la plataforma y crea un efecto sifón sobre
diversos recursos clave (usuarios, datos, capital, tecnología, etc.)
bajo las economías de escala, resultando en un monopolio donde ‘el
ganador se lleva todo’. El monopolio del capitalismo digital es, sin
duda, una nueva modalidad de desarrollo del capitalismo monopolista” (https://observatoriocrisis.com/2026/02/13/tecno-feudalismo-el-canto-de-cisne-del-capitalismo-o-su-proximo-acto/).
Una modalidad crecientemente rentista o
parasitaria, que apenas genera nuevo valor pero que absorbe para su
propio beneficio el menguante valor producido. Ese rentismo
deslocalizado que flota en el espacio virtual supuestamente por encima
del mundo del trabajo, le hace estúpidamente ajeno a pactos de clase y a
redistribuciones del beneficio, desdeñoso de servicios sociales y de
marcos de negociación de las condiciones de vida de las poblaciones.
Cree que puede prosperar indefinidamente según ellas se van
empobreciendo de la misma manera.
Para hacerlo necesitan pensar que les
basta con seguir controlando el pensamiento de los demás. Trazan con
ello una agenda profundamente reaccionaria, que (de momento) es seguida a
millones por las propias víctimas de la misma, dada la amplia y
profunda capacidad de control de las conciencias que los dispositivos,
procedimientos e interconexiones de la info-oligarquía contienen (de ahí
sale el chiste del lobo diciendo a las ovejas que le voten y que hagan
lo que él les dice para estar seguras -volveremos sobre ello más
adelante-).
Por supuesto que también ahondan en la desigualdad mundial.
“En última instancia, [la info-tecnología]
amplía la brecha de los países capaces de participar en la revolución
de la IA y aquellos que carecen de los recursos necesarios, disminuyendo
el número de países capaces de participar. Como resultado, esto llevará
inevitablemente a un mayor grado de monopolio de conocimiento y
tecnología, consolidando aún más el dominio de los oligarcas financieros
y tecnológicos.
Al mismo tiempo, la brecha de información
existente y la brecha digital entre países se transmutarán en una brecha
de IA, resultando en la perpetuación, en lugar de la mejora, de las
disparidades de riqueza globales. Más importante aún, con la
proliferación de sistemas de toma de decisiones automatizados, los
individuos corren el riesgo de ceder su dominio cognitivo sobre las
visiones del mundo racionales a las herramientas de toma de decisiones
de IA, profundizando la dependencia de estos sistemas en la producción
social y la vida diaria.
Esto empodera al gran capital que controla
tales sistemas para establecer estructuras jerárquicas aún más rígidas,
mientras que los mecanismos autorreforzados inherentes a los sistemas
inteligentes amplifican aún más la desigualdad y la estratificación de
clase” (https://observatoriocrisis.com/2026/02/13/tecno-feudalismo-el-canto-de-cisne-del-capitalismo-o-su-proximo-acto/).
Un tecno-oligarca puede ganar en horas lo que un/a trabajador/a normal en un año.
Y a eso le llaman “democracia”, pero en su
defecto, por si fuera poco, nos dicen que son ellos mismos los que van a
salvar a las sociedades.
Dominio mundial
La desigualdad a ultranza, cuidadosamente cultivada, es paralela al dominio mundial, claro está.
De hecho, la tecnología informacional, el
procesamiento de datos, la computación algorítmica y la IA en general,
se tratan ahora como instrumentos de política estatal y de dominación
mundial. Donde esto se hace más realidad es en Estados Unidos, para
garantizar su papel de liderazgo mundial y la subordinación del resto de
potencias.
“La fusión entre el Estado y el capital es
más fácil de ver en Washington, donde se ha convertido en un objetivo
político no exportar productos, sino dependencia”.
La diplomacia informática no es nueva,
sólo lo es su franqueza. Estados Unidos lleva mucho tiempo gobernando a
través de intermediarios: bancos y aduanas en la era de la diplomacia
del dólar, compañías petroleras y mercados del Tesoro en la era del
reciclaje del petrodólar. El intermediario actual son los elementos
necesarios para la IA. Los controles de exportación y la jurisdicción
de la nube hacen lo que antes hacían los cañoneros y los comisionados de
deuda, pero con menos titulares.
La capa compradora se reduce a medida que
el sistema madura: se necesitan menos intermediarios locales cuando el
cumplimiento se logra mediante licencias, telemetría y acceso al único
hardware que importa. La economía política es sencilla. Un centro de
datos a hiperescala no es una fábrica en el sentido tradicional del
desarrollo; se parece más a un nodo de servicios públicos gestionado de
forma privada, integrado en ecosistemas de nube extranjeros y tratado
cada vez más como una infraestructura estratégica.
Una vez que los Estados canalizan la
administración pública y los servicios privados a través de dichos
nodos, las posiciones de negociación cambian. Lo que se vende como
inversión puede convertirse silenciosamente en dependencia
administrativa” https://www.alai.info/wp-content/uploads/2026/02/ALenMovimiento_559_febrero2026_Espanol.pdf
Del dominio técnico-militar del mundo, al
condicionamiento económico (disrupción económica mediante información
controlada, manipulación de datos, interferencias, corte de suministros,
confusión en la red…), ecológico (provocación de sequías, plagas,
inundaciones, desertificación…), y el dominio de las poblaciones, en la
generación de seres humanos programables, predecibles, voluntariamente
subordinados. Individuos-masa que piensan y dicen lo mismo que han
dicho los algoritmos diseñados y reproducidos hasta la saciedad por
redes, dispositivos y medios de difusión masiva, y que realmente creen
que lo piensan ellos mismos.
De la clásica massmmediatización de la realidad
(saber del mundo lo que los media cuentan de él) estamos pasando a la
computación cuántica de las conciencias y el poder de hackear las
mentes.
“Hoy, al menos en Occidente, este
desarrollo se concentra en manos de las mega-corporaciones digitales
estadounidenses (las “big tech”), que desde hace unas tres décadas han
venido consolidando –con apoyo del capital financiero– no sólo su modelo
de negocios, sino también, gracias a la estrecha colaboración del
Estado, el marco geopolítico y el correspondiente andamiaje
institucional que lo sostiene.
Es lo que Shoshana Zuboff denomina
‘capitalismo de vigilancia’. Este marco abarca políticas públicas que
les son favorables, gobernanza respecto al libre flujo de datos,
tratados comerciales, acuerdos de instituciones internacionales e
infraestructura militar de vigilancia, entre otros (…)
Diversos estudios señalan que, por
ejemplo, debido al diseño actual de los sistemas de IA, su
funcionamiento deteriora las instituciones cívicas fundamentales (como
universidades, derecho, periodismo, democracia), al erosionar la
experiencia, cortocircuitar la toma de decisiones y aislar a unas
personas de otras. Incluso arriesga causar su destrucción.
Otros estudios muestran cómo la narrativa
cultural dominante en la IA atenta contra la diversidad y la alteridad,
en una especie de «hackeo cognitivo» de identidades, valores y creencias
culturales y sociales. También se ha demostrado que la dificultad de
distinguir entre contenidos verdaderos o falsos conlleva a una
desconfianza general en las instituciones y la democracia” https://www.alai.info/wp-content/uploads/2026/02/ALenMovimiento_559_febrero2026_Espanol.pdf
Operaciones de influencia política para
manipular o amañar elecciones en todo el mundo en favor de la agenda
reaccionaria antes mencionada, preparan un proto-fascismo latente para
saltar a la palestra y hacerse del todo explícito si las circunstancias
de la Guerra Sistémica Permanente desatada por el Imperio así lo
requieren.
De momento ese “proto-fascismo
democrático” va minando las instituciones liberales del propio
capitalismo que fueron fruto de las luchas de clase de siglos. Sus Big
Tech moldean la opinión pública a través de campañas digitales,
manipulación informativa y ecosistemas de “fake news”, ampliamente
reproducidas por sus distintos medios de masas (en realidad todos están
dentro de unas u otras formas de su propiedad (Una
aproximación a las claves del poder sionista mundial concomitante con
la centralización y concentración del capital – ObservatorioCrisis) e
incluso judicializadas si se trata de perseguir alguna disidencia (el
control del poder judicial viene siendo parte imprescindible del poder
de clase). También se traducen en políticas gubernamentales, por
supuesto.
Así que las info-oligarquías tecnológicas,
personalizadas en tipos como Elon Musk, Mark Zuckerberg, Larry Page,
Sergey Brin, Jeff Bezos y otros pocos, intervienen ya abiertamente en
la política interna de los Estados, dictan instrucciones globales en los
grandes Foros de magnates, pues ya no se ocultan en ellos, como
acabamos de ver en Davos y Múnich , e imprimen carácter a las distintas
sociedades [de ahí la derechización mundial en curso, proto-fascista,
promotora de partidos como Vox, Rassemblement National, Fratelli
d’Italia, Lega, Alternative für Deutschland (AfD), Partij voor de
Vrijheid (PVV), Freiheitliche Partei Österreichs (FPÖ), Vlaams Belang,
Perussuomalaiset (Partido de los Finlandeses), Fidesz; Mi Hazánk,
Konfederacja, Solución Griega (Ellinikí Lýsi), Partido Liberal (en su
corriente bolsonarista, en Brasil), La Libertad Avanza, Bharatiya Janata
Party (BJP), One Nation -australiana-, New Zealand First, etc. (esta es
la continuación del chiste del lobo antes mencionado].
Pero esto no es “tecno-feudalismo”, como
muchos se empañan en designarlo, sino capitalismo en metamorfosis,
huyendo de la caída del valor, o dicho de otra forma, metamorfoseándose
según decae más y más el valor. Un capitalismo en degeneración que en
consecuencia patrocina de un “proto-fascismo democrático” que implosiona
la democracia liberal desde dentro y ataca cualquier proceso de
autonomía social, auto-organización popular o soberanía nacional, y en
el que la info-oligarquía quiere adquirir el poder político que le
corresponde a su enorme poder económico (como nueva “clase rica” no
incluida en las grandes familias poderosas tradicionales del capitalismo
desde el siglo XVIII, busca ahora a toda costa su cuota de poder
mundial). Para ello se sumergen en las entretelas de los “estados
profundos” de las formaciones imperiales, sobre todo Estados Unidos,
cortejando cuando no haciéndose parte del Poder Sionista Mundial (Una
aproximación a las claves del poder sionista mundial concomitante con
la centralización y concentración del capital – ObservatorioCrisis).
Por eso sus plataformas, dispositivos y
poderes también se convierten en armas cognitivas de guerra, que parecen
haber sido probadas desde su uso directo e inmediato en la anulación de
la voluntad o en la perturbación de los sentidos y la confusión
cognoscitiva (quizás en algún momento iremos sabiendo de su puesta en
juego en la “extraña” caída de Siria y en la tan fulminante como fugaz
invasión de Venezuela, por ejemplo), hasta la lenta y constante
penetración-moldeamiento en-de las conciencias a través de toda suerte
de dispositivos tecnoculturales, mediáticos, de información-formación
instalados en todos los campos de la sociedad.
De momento, para Estados Unidos impedir
que el Mundo Emergente pueda disponer de sus chips, de los elementos de
tecnología necesarios, resulta vital para mantener su dominio cada vez
más despótico ante su falta de recursos para hacerlo de forma
legitimada.
El último Plan de Acción de IA de EE. UU. pretende
“ganar la carrera de la inteligencia artificial”. Por su parte, China
controla el procesamiento global de tierras raras (vital para la
industria bélica de Estados Unidos). El Mundo Emergente ha comenzado a
diseñar sus propias estrategias en función de sus posibilidades, y para
defenderse de la agresión y el chantaje continuados (https://elterritoriodellince.blogspot.com/2026/02/el-pan-para-manana-hay-un-refran.html?m=1).
Quienes nos hablan de no situarse en esa
gran pugna mundial apelando a la “lucha de clases” en abstracto, no
tienen idea de lo que está en juego.
“Pax Silica es, en definitiva, una
expresión inusualmente honesta. Admite que la nueva paz es una paz
gestionada: la paz a través del silicio, mantenida por quienes
controlan el suministro. Los imperios anteriores perduraron porque
mantuvieron la ficción del beneficio mutuo. El actual está cada vez más
impaciente con la ficción. Esa impaciencia puede resultar ser su
debilidad.
Cuando la dominación ya no se disfraza de
comercio, el consentimiento se vuelve más difícil de fabricar, y las
fricciones de las redes, los presupuestos y la política comienzan a
parecer menos como ruido de fondo y más como el terreno en el que se
disputará la paz del silicio” (https://www.alai.info/wp-content/uploads/2026/02/ALenMovimiento_559_febrero2026_Espanol.pdf).
Por muchas plataformas y control de nuevas
tecnologías que se tengan, no se puede machacar las condiciones de las
sociedades indefinidamente con su apoyo o su pasividad. La “lucha de
clases” no es una simple quimera que ya pasó en la Historia. El capital
la ejerce cada día de forma inmisericorde, y es imposible que lo haga
sin reacción popular y de los Estados perdedores, por muchos partidos
proto-fascistas que convoque.
Tampoco la trasnochada neosocialdemocracia
de la que también tira el Sistema con la otra mano, podrá seguir
haciendo de contención social por mucho tiempo, ni mantener el espejismo
de la democracia capitalista en un mundo en el que menos del 1% de la
población detenta entre el 45 y el 50% de la riqueza mundial y decide ya
prácticamente todo sobre nuestras vidas. Empezando por la guerra o la
paz, la vida o la muerte de miles de millones de seres humanos.
Ya “el nuevo orden no busca consensos, sino la inhibición de la soberanía mediante el terror económico, político y militar” (La abdicación de la soberanía – ObservatorioCrisis).
Davos y Múnich lo han dejado bien claro
este año: las “nuevas reglas” capitalistas son ya reglas de muerte,
barbarie y destrucción.