Las
fuerzas históricas del fascismo se reorganizan ante nosotros.
Los derrotados de la Segunda Guerra Mundial, los que asesinaron millones
de soviéticos, de chinos y de judíos, han regresado al poder en Japón,
en Israel y en Ucrania y ahora esperan obtener la revancha.
Thierry Meyssan, intelectual francés creador de la Red Voltaire
Los derrotados en la Segunda Guerra
Mundial buscan la revancha. Buscan ganar y reorganizar el mundo de
manera jerárquica… con ellos en la cima. Veamos algunas noticias de
estos elementos.
PARA LOS NOSTÁLGICOS DEL MILITARISMO NIPÓN, JAPÓN NUNCA PERDIÓ LA GUERRA
La primera ministro de Japón, Sanae
Takaichi, es fiel al imperialismo nipón. Cada año, el 15 de agosto,
el día de la capitulación, la señora Takaichi visita el santuario
Yasukuni, donde se rinde homenaje a quienes dieron la vida por
el emperador Hiroito durante la «guerra de los 15 años», o sea durante la invasión japonesa del Extremo Oriente y la Segunda Guerra Mundial.
Este año, dado el hecho que, como jefa del
gobierno, la ley le prohíbe visitar el santuario, la señora Takaichi
se limitó a enviar ofrendas. Pero 4 de sus ministros, que no tienen la
misma restricción que ella, y alrededor de 150 miembros del parlamento
sí estuvieron personalmente en Yasukuni el 15 de agosto.
Para esos personajes, los crímenes del
ejército imperial nunca existieron, afirman que son sólo mentiras de los
enemigos de Japón. Pero los coreanos y los chinos tienen recuerdos muy
diferentes: el ejército imperial japonés trataba como “subhumanos” a
quienes no reconocían al emperador nipón como una divinidad. Los jóvenes
reclutas japoneses tenían que aprender a torturar y a liquidar
sin piedad a aquella gente, y si se negaban a hacerlo eran sometidos a
crueles castigos.
En la ciudad china de Nankín 100 000
mujeres y niños fueron violados y reducidos a la esclavitud al servicio
de los militares japoneses. Posteriormente, el ejército imperial masacró
allí a 300 000 personas. En Corea, la Unidad 731 del ejército imperial
nipón practicó vivisecciones de prisioneros, sin anestesia, crímenes que
más tarde servirían de “inspiración” al tristemente célebre doctor
Menguele, en Auschwitz.
El ejército del emperador Hirohito cometió
crímenes similares en Singapur, Malasia, Indochina y Tailandia, aunque
en esos países no se conservan de esos hechos un recuerdo tan vivo como
los de los pueblos de la península de Corea y de China.
Los militaristas japoneses de hoy
no buscan reproducir aquellos crímenes. Saben que en nuestra época sería
absurdo tratar de imponer que se adore a un emperador que ha reconocido
no ser un dios. Pero están rearmando el país.
Durante la conmemoración de los bombardeos
atómicos contra las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, el 6 y
el 9 de agosto pasado, la primera ministro Sanae Takaichi puso el mayor
cuidado en evitar recordar que ambas masacres nucleares fueron
perpetradas por el ejército de Estados Unidos y por orden del presidente
estadounidense Harry Truman. Al contrario de sus predecesores, la
actual jefa del gobierno japonés tampoco expresó remordimiento
ni presentó la menor excusa por la responsabilidad de Japón en la
Segunda Guerra Mundial.
Desde 1945, Japón ha reconocido su derrota
una sola vez, en la declaración pública que el primer ministro
socialista Tomiichi Murayama emitió el 15 de agosto de 1995, en ocasión
del 50º aniversario de la capitulación. Pero aquella declaración fue
cuestionada el 3 de agosto de 2016, por el entonces primer ministro, el
liberal demócrata Shinzo Abe, durante la nominación de Sanae Takaichi
como ministro de Defensa. Aquel cuestionamiento de la derrota de Japón
es actualmente la posición oficial de ese país, posición defendida hoy
en día por la protegida de Shinzo Abe, la señora Sanae Takaichi, ahora
convertida en primera ministro [1].
Cuando la primera ministro Sanae Takaicho
violó el carácter pacifista de la Constitución de Japón, al suministrar
transportes militares a los nacionalistas integristas ucranianos y
enviar soldados japoneses al cuartel general de la OTAN en Wiesbaden, el
pasado 29 de mayo [2], lo hizo con total conocimiento de causa.
PARA LOS SIONISTAS REVISIONISTAS HA LLEGADO EL MOMENTO DE REANUDAR LA GUERRA CONTRA LOS SIONISTAS
El ministro de Seguridad Nacional de
Israel Itamar Ben-Gvir, discípulo del rabino terrorista Meir Kahane,
anunció el pasado 28 de agosto que sus hombres encontraron los restos
del Altalena, barco que transportaba 900 sionistas
revisionistas del grupo terrorista Irgún y un cargamento de armas cuando
fue hundido por el ejército israelí, el 22 de junio de 1948, por orden
del primer ministro sionista de Israel, David Ben Gurion.
Los sionistas revisionistas, discípulos
del judío ucraniano Vladimir Zeev Jabotinsky, y los sionistas –o sea,
los seguidores del judío húngaro Theodor Herzl, se odian a muerte.
El objetivo del sionista Herzl era crear un país en el que los judíos
del mundo entero pudiesen refugiarse para escapar a los pogromos.
El objetivo del sionista revisionista Jabotinsky era la creación de un
“imperio judío”, similar al imperio italiano que quiso crear el fascista
Benito Mussolini.
El nombre mismo del Altalena es una referencia al seudónimo que utilizaba el fascista Jabotinsky. El Altalena había
zarpado del puerto francés de Marsella cargado de armas y llevando
a bordo 900 sionistas revisionistas que planeaban arrebatar el poder a
los sionistas lidereados por Ben Gurion. A pedido de la CGT –la
organización sindical más importante de Francia, de inspiración
comunista–, los estibadores del puerto de Marsella se declararon en
huelga para impedir la partida del Altalena y proteger así a los judíos de Palestina.
Pero los sionistas revisionistas contaban
con la protección del entonces primer ministro de Francia, Robert
Schuman, y de su ministro de Exteriores, Georges Bidault. Tanto Robert
Schuman como Georges Bidault sabían que los sionistas revisionistas eran
aliados de las potencias del Eje y que Jabotinsky había instalado el
Betar en Roma bajo la protección de Benito Mussolini.
Robert Schuman, el político francés que la
propaganda de hoy nos presenta como “el padre de Europa”, había nacido
en la región de Lorena y militó para evitar una guerra entre Alemania
(su país natal) y Francia (país cuya nacionalidad adquirió cuando la
región de Lorena volvió a ser francesa). Schuman fue ministro del
mariscal Philippe Petain, el jefe del gobierno francés de colaboración
con la Alemania nazi, y su nombre figura entre los de los firmantes del
decreto que aprobó el armisticio entre Francia y el Reich hitleriano.
En 1942, cuando los soviéticos ya habían vencido las tropas alemanas en
Stalingrado y se vislumbraba la derrota de la Alemania nazi, Schuman
se pasó al lado de la Resistencia.
Después de la liberación de Francia,
Schuman afirmó ante un tribunal que el mariscal Petain había incluido
su nombre en el decreto sobre el armisticio sin pedirle su opinión.
Robert Schuman escapó así a las acusaciones que lo denunciaban como
colaborador del ocupante nazi. Nunca fue llevado a los tribunales… pero
el general Charles de Gaulle siempre se negó a estrecharle la mano y
no asistió a su funeral, en 1960.
Por su parte, Georges Bidault, fue miembro
del Consejo Nacional de la Resistencia encabezado en Francia por Jean
Moulin, hizo todo lo posible por deshacerse del general de Gaulle y
trató de pasar delante de este en el Desfile de la Victoria de los
Campos Elíseos. Este democratacristiano se opuso a la independencia de
Argelia y participó en el putsch de Argel de 1961, durante el cual
cuatro generales franceses se sublevaron en Argelia contra el general
de Gaulle.
A la vista del conjunto de sus
trayectorias, no es sorprendente que, como primer ministro de Francia,
Robert Schuman y su ministro de Exteriores Georges Bidault respaldaran
una intentona golpista de los sionistas revisionistas contra los
sionistas de Tel Aviv.
En 1948, la guerra entre israelíes y
árabes acababa de comenzar. Pero ninguno de esos dos bandos contaba con
suficiente armamento. Sólo los británicos estaban en condiciones de
garantizar la victoria y tuvieron la astucia de no implicar las fuerzas
armadas de la metrópoli sino de recurrir a su ejército colonial. Fueron
soldados transjordanos, bajo la dirección de oficiales británicos,
quienes ganaron aquella guerra, bajo las órdenes del general británico
John Bagot Glubb, apodado “Glubb Pachá”.
Ante la furia de los árabes, David Grun
Ben-Gurion, que había analizado la correlación de fuerzas, sabía que su
única posibilidad de éxito era apoyarse en los ingleses. Tenía, por
consiguiente, que apartarse de los sionistas revisionistas –que acababan
de participar en la Segunda Guerra Mundial luchando contra el imperio
británico–, asesinar en El Cairo al ministro de Colonias de Reino Unido y
volar la sede del gobierno de la Palestina bajo mandato británico,
el hotel King David.
Después del hundimiento del Altalena,
Menahem Beguin, sucesor del ya fallecido Jabotinsky a la cabeza del
movimiento sionista revisionista, no podía vengar a sus correligionarios
muertos en aquel barco sin poner en peligro la supervivencia de Israel,
así que optó por llegar a un acuerdo con Ben-Gurion. De esa manera,
el sionista David Ben-Gurion y el sionista revisionista Menahem Begin
evitaron una guerra civil entre judíos, los sionistas conservaron
el poder en Israel y los sionistas revisionistas se hicieron cargo del
Mossad, desde donde prosiguieron sus actos de terrorismo.
Tres meses después, asesinaron al enviado
especial de las Naciones Unidas, el diplomático sueco Folke Bernadotte,
que había llegado a Palestina para delimitar las zonas que serían
asignadas respectivamente a los judíos y los árabes en el nuevo Estado
binacional aprobado por la comunidad internacional. Yehoshua Cohen,
el asesino del enviado especial de la ONU, se convirtió en
guardaespaldas del primer ministro israelí David Ben-Gurion.
En estos últimos días, cuando su ministro de Seguridad Nacional Itamar Ben-Gvir anunció el hallazgo del Altalena,
el primer ministro israelí Benyamin Netanyahu temió que Ben-Gvir
tratara de revivir el recuerdo de aquellos tiempos de agitación y corrió
al museo Etzel para tratar de tomar la delantera.
Netanyahu anunció que ordenará recuperar
el pecio, presentándolo como un símbolo de la unidad israelí. Con esa
maniobra, Netanyahu desvía la atención del hecho que los sionistas
revisionistas habían planeado un golpe de Estado contra los sionistas de
Ben-Gurion y dirigió las miradas hacia el acuerdo de paz civil
finalmente pactado entre el sionista Ben-Gurion y el sionista
revisionista Menahem Beguin.
El propio Benyamin Netanyahu es hijo del
fascista Benzion Netanyahu, quien fue el secretario particular del
sionista revisionista Zeev Jabotinsky, así que no es sorprendente que
Benyamin Netanyahu haya ordenado al ejército israelí proceder a masacrar
la población civil en Gaza.
PARA LOS NACIONALISTAS INTEGRISTAS UCRANIANOS, HA LLEGADO EL MOMENTO DE LIQUIDAR LA CIVILIZACIÓN ESLAVA
El usurpador ucraniano Volodimir Zelenski,
cuyo mandato presidencial expiró hace 2 años y 3 meses, ha convertido
su régimen, que comenzó siendo una coalición antirrusa que incluía a los
nacionalistas integristas, en una dictadura controlada por estos
últimos.
Los nacionalistas integristas son una
corriente ideológica resueltamente antisoviética y antijázara –o sea
antisemita ya que el término “jázaro” es una referencia al imperio judío
jázaro que se desarrolló en la Edad Media entre el mar Negro y el
Caspio. La expresión “nacionalista integrista” es heredada del fascista
francés Charles Maurras.
El nacionalismo integrista ucraniano fue
concebido durante la Primera Guerra Mundial por el ucraniano Dimitro
Dontsov, un agente del Reich alemán, y se desarrolló en la estela del
fascismo italiano y de la Guardia de Hierro rumana. Posteriormente, los
nacionalistas integristas ucranianos, reunidos alrededor del esbirro de
Dontsov, Stepan Bandera, colaboraron con los nazis de Adolf Hitler.
Durante la segunda mitad de la Segunda
Guerra Mundial, el propio Dimitro Dontsov fue administrador del
Instituto Reinhard Heydrich, creado por el III Reich, y estuvo entre los
planificadores de la “solución final” de los nazis contra los eslavos,
los judíos y los gitanos.
Hace menos de un mes, el 11 de agosto
pasado, los restos mortales del coronel Yevhen Konovalets, enterrados en
el cementerio Crooswijk de Róterdam, fueron exhumados por la Iglesia
greco-católica ucraniana, en presencia de la embajadora de Ucrania en
los Países Bajos, y repatriados a Ucrania, donde fueron sepultados
temporalmente en el cementerio militar nacional ucraniano, en presencia
de numerosos miembros del régimen de Kiev y del propio Volodimir
Zelenski. Incluso hubo una ceremonia de adiós en la Catedral Patriarcal
de la Resurrección de Cristo de la Iglesia greco-católica ucraniana
en Kiev. Las obsequias definitivas tendrán lugar en un Panteón Nacional
cuya creación ha decidido el régimen de Kiev.
El coronel ucraniano Yevhen Konovalets
(1891-1938) fue uno de los fundadores y principales dirigentes de la
Organización de Nacionalistas Ucranianos (OUN) y el responsable de la
masacre perpetrada contra los bolcheviques de Kiev. Fue amigo personal
de Hitler desde 1922 y en 1936 se refugió en Roma, bajo la protección de
Mussolini. Konovalets fue asesinado por el NKVD soviético en mayo
de 1938, durante un viaje a Róterdam.
Durante su reinhumación temporal en Kiev,
la Guardia Presidencial ucraniana rindió honores a los restos de
Konovalets. Esa misma Guardia Presidencial ucraniana participó, por
invitación del presidente de Francia Emmanuel Macron, en el desfile
militar del 14 de julio pasado por el aniversario de la Revolución
Francesa.
Si tenemos en cuenta que Konovalets fue
responsable de numerosas masacres y que colaboró con los nazis y los
fascistas durante la Segunda Guerra Mundial, cometiendo incluso crímenes
contra la humanidad, queda claro el mensaje de Volodimir Zelenski:
no sólo su régimen no desnazificará Ucrania, como exige Rusia, sino que
además los nacionalistas integristas han regresado al poder en ese país.
El 24 de agosto pasado Ucrania celebró el
35º aniversario de su independencia, en presencia de los jefes de Estado
y/o de gobierno de los Estados nórdicos-bálticos (NB8) y de Reino
Unido. Todos esos personajes afirmaron que Rusia quiere invadir Ucrania y
anexarla. Repitieron que Crimea, el Donbass y la Novorossya son
ucranianas. Pero ninguno mencionó que Crimea proclamó su autonomía de la
República Soviética de Ucrania el 15 de febrero de 1991, o sea más de
6 meses antes de que Ucrania proclamara su propia independencia.
Ucrania reconoció la proclamación
de Crimea como república el 19 de junio de 1991 –más de 2 meses antes de
proclamar su propia independencia. El 5 de mayo de 1992, Crimea
se declaró independiente. A partir de entonces, Kiev puso fin al pago de
las jubilaciones y de los salarios de sus funcionarios en la península.
Esos pagos los asumió Moscú, a partir del segundo semestre de 1992 y
durante todo el año 1993, hasta que el entonces presidente de Rusia,
Boris Yeltsin, decidió suspenderlos.
El 26 de agosto pasado, cuando los
invitados oficiales ya se habían ido, Zelenski distribuyó
condecoraciones a los militares destacados en el frente de
Oleksandrivska (Donbass). En esa ocasión, Zelenski condecoró con la
Estrella de Oro de los “Héroes de Ucrania”, la más alta distinción del
país, al jefe del 3er Cuerpo de ejército, el general de brigada Andriy
Biletski.
El historiador y ahora general Andriy
Biletski es autor de una tesis sobre el Ejército Nacional Ucraniano
(UPA), texto en el que glorifica el genocidio perpetrado en la región de
Volinia contra al menos un centenar de miles de polacos y la masacre de
decenas de miles de judíos perpetrada en Babi Yar. Biletski es además
el fundador del ultraderechista Pravy Sektor (Sector Derecho) y fue uno
de los principales actores del “EuroMaidan”, el golpe de Estado que
expulsó del poder al presidente democráticamente electo de Ucrania,
Viktor Yanukovich, en febrero de 2014. Posteriormente Biletski fundó el
batallón Azov y dio inicio a las masacres de pobladores rusoparlantes de
la región de Donbass, antes de participar en las batallas de Mariupol y
de Bajmut, siendo ampliamente allí ampliamente derrotado en el plano
militar.
Como todos los nacionalistas integristas,
Biletski afirma que los “verdaderos ucranianos” no son eslavos sino
varegos, o sea descendientes de los vikingos finlandeses. Para los
nacionalistas integristas como Biletski, los varegos tienen como misión
librar «el combate final» contra los eslavos. En 2010, Biletski declaraba: «La misión
histórica de nuestra nación en este momento crítico es conducir las
Razas Blancas del mundo en una última cruzada por su supervivencia, una
cruzada contra los Untermenschen [subhumanos] dirigidos por los semitas.» [3]
¿Y AHORA?
No podemos mantenernos al margen de lo que
está sucediendo. Las fuerzas del fascismo histórico –y no estamos
hablando de unos cuantos locos que desfilan disfrazados sino de
individuos que esperan retomar algo que creen que quedó pendiente
al terminar la Segunda Guerra Mundial– han despertado, han comenzado a
reescribir la historia y se valen de la indiferencia generalizada para
borrar el recuerdo de sus crímenes.
Nuestra responsabilidad inmediata es
negarles todo acceso a responsabilidades políticas antes de que traten
de ir por la revancha y de desatar el apocalipsis.
Tenemos que exigir elecciones inmediatas
en Ucrania y en Japón. En Israel, las elecciones ya están cerca, pero
hay que garantizar la honestidad de ese proceso.