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jeudi 20 août 2026

100 del nacimiento de Fidel Castro : el encuentro con Malcolm X en 1960

 

El escritor chileno Luis Casado recuerda los 100 del nacimiento de Fidel Castro relatando el encuentro del líder latinoamericano con el líder de las Panteras Negras, Malcolm X, en un Hotel de Harlem, Nueva York 

 

 

Afuera se agolpa un gentío de periodistas, policías, simpatizantes, hermanos de la comunidad y también de simples curiosos del barrio que quieren presenciar el acontecimiento. Adentro, en un cuarto apenas alumbrado y lleno de humo de tabaco, dos personajes intercambian sus ideas como pueden, en dos lenguas distintas, con historias disímiles pero con enemigos similares y luchas paralelas. 

«Mientras el Tío Sam esté contra ti, sabrás que eres un hombre bueno», le dice de forma irónica Malcolm X a Fidel Castro. 

Ninguno de los personajes necesita de mayores presentaciones. Es la noche del 19 de septiembre de 1960. El lugar: un hotel humilde en el barrio del Harlem, al norte de Manhattan. Se trata de un barrio obrero, popular, muy al margen de las luces de la Quinta Avenida. Allí conviven «los negros y los latinos». En el Harlem tendrá lugar un torbellino de sucesos que pondrán a «la Historia» junto a las pequeñas historias, con un escenario de cuartos pequeños, bombillas tenues y cortinas de flores desteñidas.

Fidel se encontraba en ese entonces en Nueva York para participar por primera vez de la Asamblea General de las Naciones Unidas. La Revolución Cubana tenía un año y pocos meses de haber derrocado a la dictadura de Fulgencio Batista y de haber iniciado un proceso de transformaciones nunca antes visto en aquella isla caribeña. Por esos mismos días la Revolución anunciaba la intervención de la banca estadounidense y el traspaso del Canal 6 a manos del Estado. El gobierno norteamericano, mientras tanto, declaraba una guerra abierta contra las nuevas autoridades en La Habana y lideraba una feroz campaña de desinformación contra Cuba y su proceso de cambio.

Como Primer Ministro y en tanto presidente de la delegación cubana, Fidel era el foco de todas las operaciones de la prensa y de la política norteamericanas. Aunque su traje verde oliva, su barba montuna y su carisma inocultable lo convertían en un suerte de rockstar en medio de las delegaciones tradicionales de los países occidentales, por lo general circunspectas y vestidas de traje. Pese a la campaña sucia y a la estigmatización gubernamental, cientos de personas acudieron el 18 de septiembre de 1960 al Aeopuerto Idlewild —hoy Aeropuerto Internacional John F. Kennedy— para presenciar el arribo del avión del comandante en jefe de las fuerzas rebeldes.

Una vez allí, se manifestó de inmediato la decisión del gobierno norteamericano de humillar a los delegados revolucionarios. Los distintos hoteles próximos a la sede de la ONU comenzaron a poner excusas, exigiendo incluso el pago por adelantado de más de veinte mil dólares para recibir a la exigua delegación cubana. «Diles que son unos bandidos», enfatizó Fidel en respuesta al requerimiento desmedido del Hotel Shelburne. Inmediatamente ordenó al capitán Núñez Jiménez que comprara tiendas de campaña. «Si no encontramos hotel, acampamos en el jardín de las Naciones Unidas», aseguró. Los mismos hoteles que a menudo recibían a dictadores, narcotraficanes y mafiosos cerraban las puertas a los jóvenes dirigentes invitados, por derecho propio, a asistir a una de las más importantes citas de la diplomacia internacional.

El Hotel Theresa, en el centro del Tercer Mundo

Raul Roa Kourí, uno de los diplomáticos más jóvenes de la delegación, sabía de la invitación a un hotel de la comunidad negra y había comentado, como al pasar: «tengo un hotel en el Harlem». Cuentan que entre la urgencia de los preparativos y las reuniones, Fidel lo escuchó recién a la segunda o tercera vez: «¿en el Harlem, en el barrio de los negros y los puertorriqueños?», preguntó intrigado. Unas horas más tarde la caravana ingresaba al hotel entre una multitud que se había movilizado para darle la bienvenida al líder cubano. Estaban todos: los hermanos de la comunidad negra, los borinqueños, los cubanos migrantes del Harlem, todos.

El Hotel Theresa se ubicaba en el corazón del barrio. No era un hotel internacional y con suerte arañaba las tres estrellas. Sus dormitorios sencillos estaban amueblados con una o dos camas y algún que otro sillón. Afortunados fueron los miembros de la delegación que pudieron acceder a un escritorio y un par de sillas. Las imágenes de la época muestran no solo la fachada y el interior del hotel, sino también a la policía de Nueva York desplegada para contener al gentío entusiasta: no fueron pocos los agentes que aprovecharon para desquitar su odio racial, golpeando a varios de los simpatizantes del evento.

Fidel Castro alborotaría la «Gran Manzana» durante varias jornadas. Como había sido segregado de muchas de las reuniones oficiales, no tardó demasiado en construir su propia agenda y volverse el centro gravitacional de la política tercermundista en el corazón del imperio. Con su nueva sede en Harlem, la delegación cubana fue una fuente inagotable de dolores de cabeza para los organizadores de la ONU y el gobierno de Estados Unidos. El Hotel Theresa se convirtió en la sede oficiosa de varias cumbres históricas, desarrolladas en apenas unos pocos días. Fue en sus salones que Fidel se reunió con Jawaharlal Nehru, el célebre líder independentista y primer ministro de India: conocidas son las fotos de ambos, con las rodillas enfrentadas, leyendo una revista.

Otro de los ilustres visitantes fue el referente del nacionalismo árabe, el egipcio Gamal Abdel Nasser, a quien Fidel recibió entre risas y abrazos en la acera del hotel, en medio del recelo de la policía y la curiosidad de la prensa. 

Pero el acontecimiento más destacado —y sin lugar a dudas algo surrealista— fue la llegada al Hotel Theresa del líder soviético Nikita Khrushchev. A esas alturas el cubano ya oficiaba de anfitrión en su propia casa. Nikita y Fidel caminaron juntos por la calle y se mostraron sonrientes en el hall del hotel. Los únicos que no sonreían eran los agentes de la policía local, que se debatían entre la tarea de velar por la seguridad de los altos comisionados y el deseo de apalearlos por comunistas, en sintonía con las doctrinas macartistas de la Guerra Fría.

Fidel Castro y Malcolm X

Fue en ese mismo escenario que se produjo el encuentro histórico entre Fidel Castro y Malcolm X, en ese entonces dirigente de la Nación del Islam, una organización política y religiosa de gran influencia y predicamento entre la comunidad afrodescendiente norteamericana. Comunidad que se encontraba en un proceso de alza en la lucha por sus derechos, y en pos de revolucionar a una sociedad de consumo racista y capitalista.

Ralph D. Matthews, un periodista afín a «los hermanos», fue uno de los pocos que pudo presenciar aquel encuentro y es en parte gracias a su artículo para el semanario New York Citizen-Call que podemos rescatarlo del olvido intencional de los medios monopólicos. Matthews cuenta que el comandante en jefe y el ministro —tal era la jerarquía del Malcolm X en su organización— se sentaron en el borde de la cama de un cuarto pequeño, como dos viejos amigos que se encuentran para ponerse al día después de mucho tiempo sin verse. La cercanía de los dos protagonistas no solo era ideológica: estaban literalmente pegados, en un cuarto a reventar por la aglomeración de diplomáticos, periodistas y revolucionarios.

El líder de la flamante Revolución Cubana intentaba no entrometerse en los asuntos internos de Estados Unidos, consciente del precario equilibrio de fuerzas del proceso que se desarrollaba a escasas millas del imperio más poderoso del planeta. Cabe mencionar que Cuba aún no había sido invadida en las costas de Playa Girón, ni había pronunciado la Segunda Declaración de La Habana que formalizaría su carácter socialista. Por eso Fidel buscaba llevar la conversación hacia el otro lado del Atlántico, prestando especial atención a la situación del Congo. Mientras Malcolm X respondía con una gran sonrisa al escuchar el nombre de Patrice Lumumba, Castro alzó la mano solemnemente y se comprometió a defender su caso. 

En su alegato frente a la Asamblea General de la ONU, África ocupó un lugar de relevancia: «Esa África que se yergue aquí con líderes como Nekruma y Sekou Touré, o esa África del mundo arábigo de Nasser, esa verdadera África, el continente oprimido, el continente explotado, el continente de donde surgieron millones de esclavos, esa África que tanto dolor lleva en su historia, a esa África, con esa África tenemos un deber: preservarla del peligro de la destrucción. Compensen en algo los demás pueblos, compense en algo el Occidente de lo mucho que ha hecho sufrir al África».

Tanto el cubano como el afroestadounidense entendían bien que la democracia blanca de Estados Unidos había sido fundada y se sostenía a través de la violencia, y que la misma que se ejercía hacia los pueblos colonizados del sur era la que se descargaba sobre los barrios y la comunidades negras de Estados Unidos. Ya Du Bois, invisibilizado por el doble pecado de ser negro y comunista, había afirmado en su prolífica obra que las estructuras opresivas del racismo y el supremacismo blanco eran la «infraestructura» del capitalismo imperialista. «¿Y quiénes son los países colonialistas, quiénes son los países imperialistas?» —la voz de Fidel Castro volvió a retumbar en los recintos de la ONU—. «No cuatro o cinco países, sino cuatro o cinco grupos de monopolios son los poseedores de la riqueza del mundo».

En aquella noche del Harlem, en un cuarto de hotel, Malcolm X reflexionaba en voz alta mientras observaba a Fidel con una risa cómplice: «Nadie conoce al amo mejor que sus sirvientes. Hemos sido sirvientes desde que nos trajo aquí. Conocemos todos sus trucos. ¿Se da cuenta? Sabemos todo lo que va a hacer el amo antes de que lo sepa él mismo».

El racismo existe —bien lo sabían Malcolm X y los musulmanes y nacionalistas negros— y es el criterio que determina, junto a la clase social, si la policía te mata o te saluda con respeto, si te atienden en un hospital o te dejan morir, si un periodista te ha de tratar como un extranjero prescindible o como un ciudadano legítimo. Igual de claro estaba para Fidel y su pueblo, que enviarían unos años más tarde decenas de miles de personas para luchar contra el colonialismo junto al pueblo negro de Angola.

Ya en la despedida, Malcolm explicó a un periodista cubano el carácter de su organización: «Somos seguidores de Muhammad. Él dice que podríamos sentarnos a limosnear por cuatrocientos años más. Pero si queremos nuestros derechos ahora, tenemos que…». Sonriendo enigmáticamente decidió no completar una frase de previsible final. Tan previsible quizás como su propio asesinato, sucedido cinco años después de aquel memorable e improvisado encuentro. Tan previsible como el secuestro y asesinato de Patrice Lumumba por agentes de la CIA. Tan previsible como la rodilla policial en el cuello de George Floyd.

Lo que nunca fue previsible ni obvio fue la solidaridad y la unidad entre pueblos y combatientes separados por la geografía: siempre hubo que imaginarla y construirla. Como la solidaridad expresada en una Minneapolis en llamas: como los lazos intangibles entre las colonias internas y externas de Estados Unidos; como en aquella otra visita de Hugo Chávez, también recibido con honores en el mítico barrio de negros y latinos. Como la que simbolizaría para siempre ese abrazo entre Fidel Castro y Malcolm X en aquella noche otoñal de 1960, en la que todo el Tercer Mundo pareció caber en un pequeño hotel del Harlem.

mardi 18 août 2026

Tahya ya Didou / Alger insolite (Mohamed Zinet, 1971)

 

 

Tahia Ya Didou (1971) est l’unique film du comédien Mohamed Zinet. Né d’une commande de la ville d’Alger, qui attendait qu’il soit un documentaire touristique, il ne fut pas du goût des autorités et il n’y eut aucune sortie en salles. Devenu malgré tout un film culte, Tahia Ya Didou est bien plus qu’un documentaire promotionnel. Hommage à la ville d’Alger, à ses habitants, il est doté d’un ton inclassable, cohabitation de comique burlesque et de tragiques réminiscences du passé douloureux du pays. 

 


 

lundi 10 août 2026

Juan March y la guerra civil

 

¿QUIÉN FUE EL GRAN CULPABLE DE LA GUERRA CIVIL?
 
Los estudiosos dirán que la guerra civil fue consecuencia del éxito parcial del golpe de Estado del julio de 1936; auspiciado por generales africanistas y oficiales del ejército temerosos de perder su estatus, por la Iglesia debido a la disminución de su poder político e influencia social, y por el capital representado por los industriales y terratenientes.
Para los simples, siguiendo la doctrina franquista, la culpa solo es de "los rojos". Poco o nada se puede hablar con estos elementos dada su estulticia y necedad.
Pero podemos dar un culpable con mayúsculas con su nombre y apellidos: JUAN MARCH. Porque ninguna guerra se inicia y se mantiene sin financiación.
Capitulo 1. Juan March, el enemigo decisivo de la República.
Juan March Ordinas, fue probablemente el hombre más rico y poderoso de la España del siglo XX. Un verdadero «banquero de los dos bandos» que terminó inclinando la balanza de manera decisiva a favor del golpe militar de 1936.
Sin el dinero de Juan March, el golpe de Estado del 18 de julio de 1936 muy difícilmente habría tenido el alcance que tuvo, ni se habría convertido en una guerra prolongada. Su aportación militar y financiera fue clave en tres fases fundamentales:
- Financiación del inicio de la sublevación: Aportó capital directo para adquirir armamento y pertrechos para las tropas sublevadas.
- El avión Dragon Rapide: March pagó el alquiler del famoso avión que trasladó en secreto al general Francisco Franco desde Canarias hasta el Protectorado de Marruecos para asumir el mando del Ejército de África.
- Aval bancario internacional: Tras el estallido del conflicto, actuó como el gran avalista financiero del bando sublevado. Depositó millones de libras esterlinas y toneladas de oro en bancos de Londres y Roma para permitir que el bando rebelde comprase suministros militares, petróleo y armamento a la Alemania nazi y la Italia fascista cuando la República bloqueaba sus activos.
Pero... ¿Por qué March odiaba a la República?
Más que un odio meramente ideológico, la enemistad entre Juan March y el régimen republicano fue una cuestión de supervivencia económica y de choque de modelos:
- Persecución judicial y encarcelamiento: Con la llegada de la República en 1931, el gobierno reformista de Manuel Azaña puso el foco en sus negocios opacos y su monopolio de contrabando de tabaco en el Norte de África. Fue juzgado por fraude y encarcelado en la prisión de Alcalá de Henares en 1932 (de la que terminó fugándose tras sobornar a los oficiales).
- Amenaza a sus monopolios e intereses: March era un pragmático obsesionado con el poder y los negocios. La República traía consigo reformas agrarias, fiscalidad sobre las grandes fortunas, regulación del trabajo y un control estatal de la economía que amenazaban directamente la red de empresas, fincas y bancos de su propiedad.
Capitulo 2. Juan March durante el franquismo.
Durante el franquismo, Juan March no solo mantuvo su estatus, sino que se convirtió en una figura prácticamente intocable. Aunque la relación con Franco siempre estuvo marcada por la desconfianza mutua —Franco recelaba de su inmenso poder independiente y March consideraba al general un militar incompetente en finanzas—, el régimen le otorgó un marco de impunidad total.
Durante el franquismo Juan March se hizo aún más rico y de manera astronómica. Durante la posguerra española (años 40 y 50), March multiplicó su patrimonio aprovechando la autarquía, la escasez y sus contactos gubernamentales. Con sus monopolios y el estraperlo, dominó sectores estratégicos como la navegación naviera (Trasmediterránea), la producción de tabaco, la banca (Banca March) y la industria química.
En los años 50, la revista Fortune lo situó como el séptimo hombre más rico del planeta y, de lejos, el más rico de España.
Capítulo 3. Final de su vida y legado.
En febrero de 1962, sufrió un grave accidente de tráfico en Las Rozas (Madrid) cuando el automóvil en el que viajaba colisionó contra otro vehículo. Tras pasar más de dos semanas ingresado con múltiples fracturas y complicaciones de salud, falleció el 10 de marzo de 1962.
En la última etapa de su vida, consciente del rechazo social que generaba su figura (se le conocía popularmente como «el banquero de Franco» o «el último pirata del Mediterráneo»), March buscó blanquear su imagen pública.
La creación de la Fundación Juan March (1955): A imitación de las grandes fundaciones filantrópicas estadounidenses (como la creada por Rockefeller), destinó una inmensa suma inicial (1,5 millones de dólares y 300 millones de pesetas) para constituir una institución cultural y científica.
Capítulo 4. ¿Cómo sería visto Juan March si viviera hoy?
Si hoy existiese un personaje con el perfil de Juan March, resultaría incomprensible e ilegal bajo los estándares de una democracia moderna. Sería un oligarca al estilo euroasiático o un «supermegadonante» descontrolado. Se le percibiría como un magnate capaz de situarse por encima del Estado, usando medios extraterritoriales, paraísos fiscales y contrabando a escala industrial para dictar la política de un país.
Asimismo, un multimillonario privado financiado operaciones encubiertas, adquiriendo capacidades militares o contratando vuelos mercenarios para cambiar gobiernos en Europa desencadenaría inmediatamente investigaciones criminales internacionales, congelación global de activos y sanciones del Consejo de Seguridad o de la Unión Europea.
Conclusión:
En la actualidad su recuerdo histórico está ligado al de un magnate sin escrupulosos, sin límites morales, que financió una sangrienta guerra civil solo para enriquecerse.

 

mercredi 22 juillet 2026

Sobre "Invasión" de Hugo Santiago

 

María Laura Lattanzi Vizzolini. Académica del Departamento de Teoría de las Artes de la Universidad de Chile. Doctora en Filosofía con mención en estética y teoría del arte de la Universidad de Chile, Licenciada en Sociología de la Universidad de Buenos Aires. Crítica de cine y miembro del colectivo de cine laFuga

Ciudad: Buenos Aires
Productor: Proartel S.A.
Personas Vinculadas: Hugo Santiago (director y productor), Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares (guión), Ricardo Aronovich (dirección de fotografía), Olga Zubarry, Lautaro Murúa, Juan Carlos Paz, Martín Adjemián, Daniel Fernández, Roberto Villanueva (elenco)
País: Argentina
Año: 1969
Tipo: Cine

Invasión es la leyenda de una ciudad, imaginaria o real, sitiada por fuertes enemigos y defendida por unos pocos hombres que acaso no son héroes. Luchan hasta el fin, sin sospechar que su batalla es infinita”.

— Jorge Luis Borges,1969

Invasión (1969) fue la primera película de Hugo Santiago, realizada a partir de un guion escrito en colaboración con Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares. Convertida con el tiempo en una obra de culto, incluso mítica, en parte por las figuras que confluyen en su realización, ha llegado a encabezar diversas listas de las mejores películas del cine argentino. Sin embargo, ese reconocimiento fue tardío. En el momento de su estreno fue celebrada por la crítica, pero ignorada por el público y más tarde, la propia película quedaría atrapada en las violencias de la historia argentina: prohibida tras el golpe militar de 1976, desaparecida con el robo de sus bobinas en 1978 y reconstruida y restaurada en su totalidad recién a inicios del 2000 gracias al hallazgo de unos positivos de la película. La reconstrucción se realizó en Francia bajo la supervisión de Hugo Santiago y del director de fotografía Ricardo Aronovich, gracias al apoyo del canal Arte y del productor Pierre-André Boutang. Como si su destino hubiera sido el de resistir, Invasión sobrevivió a la oscuridad para volver a encontrarse con sus espectadores.

Su rodaje y estreno coincidieron con el gobierno militar instaurado tras el golpe de Estado de 1966, que dio inicio a la dictadura de Juan Carlos Onganía. La censura, la persecución, la violencia política y la creciente radicalización ideológica marcaban la época. En ese escenario, buena parte del arte latinoamericano buscó inventar nuevas formas de mirar y de narrar, lenguajes capaces de expresar las tensiones de sociedades marcadas por la modernización, la dependencia y la violencia. La obra de Hugo Santiago ocupa allí un lugar singular. En sus exploraciones sobre el cine moderno, el director logró entrelazar las búsquedas formales de las vanguardias europeas —en especial del cine francés—con elementos provenientes de la tradición cultural argentina. Invasión combina registros provenientes de la ciencia ficción y el policial con una poética criollista, una que remite tanto a la literatura borgeana como a ciertas tradiciones narrativas argentinas: el mito del coraje, los héroes anónimos, la resistencia y la milonga como forma de intensificación de lo trágico. En clave borgeana, estos elementos se construyen, tal como menciona Oubiña (2007) desde una “filología imaginaria” y un costumbrismo puramente verbal (consideramos además que la “Milonga Manuel de Flores” que se canta en la película, es también una letra de Borges) que se escapan al pintoresquismo, como así también remiten a una tradición profunda, imposible de situar en un fecha determinada, de allí que se identifique al modernismo de Borges como uno que es siempre inactual. Esa indeterminación temporal, una suerte de pasado inmemorial que caracteriza la estilística borgeana, se tensiona con varios elementos de la estructura narrativa que pueden ser leídos en clave alegórica con el contexto socio-político en el que se realiza la película (la violencia política  y la resistencia popular).  

La historia transcurre en Aquilea, una ciudad mítica que reproduce la geografía urbana de Buenos Aires. Allí, unas fuerzas misteriosas y poderosas avanzan silenciosamente sobre el territorio. Frente a esa amenaza, un pequeño grupo de hombres comunes, liderados por el anciano Don Porfirio, organiza una resistencia destinada a defender la ciudad —resulta difícil no advertir la afinidad de este argumento con El Eternauta, de Héctor Germán Oesterheld, otra de las grandes ficciones argentinas que hacen de la resistencia colectiva una forma de imaginar el porvenir—. Sin embargo, a medida que el relato avanza, el conflicto deja de presentarse como una confrontación convencional para asumir la forma de una batalla interminable en la que la posibilidad de la victoria parece inalcanzable. Pese a ello Invasión dista de ser una película derrotista. Por el contrario, construye una épica de la resistencia que desplaza la pregunta por el triunfo o la derrota. A diferencia de las narrativas heroicas tradicionales, los protagonistas de Invasión no actúan impulsados por la expectativa de la victoria; son plenamente conscientes de que sus posibilidades de vencer son mínimas. No obstante, esta certeza no conduce a la resignación ni a la pasividad. La resistencia adquiere aquí una dimensión ética y épica particular, se convierte en una práctica cuyo valor no depende de los resultados obtenidos, sino de la decisión misma de sostener la lucha como un don. 

Más de medio siglo después de su estreno, Invasión continúa siendo una obra destacada para pensar las relaciones entre estética, política y modernidad en América Latina. Su capacidad para articular la experimentación formal, el imaginario criollista y la reflexión histórica la convierte en una pieza singular dentro del cine de la región. La película no solo anticipó muchas de las discusiones que marcarían las décadas posteriores, sino que también construyó una imagen perdurable de la resistencia como práctica ética y épica.

Referencias

Libros y publicaciones asociadas: 

Cozarinsky, E. (1981) “Invasión”, en Borges en/y/sobre cine. Fundamentos.

Oubiña, D (2000) “En los confines del planeta (el cine conjetural de Hugo Santiago)”, en Filmología. Ensayos con el cine. Manantial, 2000.

—, (2007) “El espectador corto de vista: Borges y el cine”, en Variaciones Borges, n.º 24. 

Zunzunegui, S. (2021). Del rigor en el relato. A propósito de Invasión (Hugo Santiago, 1969). EU-topías. Revista de interculturalidad, comunicación y estudios europeos21, 37–63

Cómo citar este artículo APA (7.ª edición):
Lattanzi Vissolini, M. (2026, 21 de julio). Invasión. Modernismo Latinoamericano.

https://www.modernismolatinoamericano.org/invasion

mardi 21 juillet 2026

L'énergie en France: corruption et pillage

 

 

Le bilan électrique du premier semestre 2026 publié par RTE dessine le portrait d'une France énergétiquement déboussolée. Jamais le pays n'avait produit autant d'électricité décarbonnée — 284,3 TWh dont 95,2 % sans émission de CO₂ — ni exporté autant de courant vers ses voisins : 51 TWh en six mois, un record historique. (Source : Le Point, 17 février 2026).
Pourtant, cette abondance cache un déséquilibment inquiétant. La consommation domestique stagne, à peine dopée de 2,2 TWh. Le résultat est paradoxal : pendant 407 heures, soit plus de 10 % du temps, l'électricité s'est vendue à des prix négatifs, tandis que des centrales nucléaires et des éoliennes déjà construites et financées devaient réduire leur production faute de débouchés. Dans ce contexte de surcapacité manifeste, le gouvernement a choisi, le 12 juin 2026, de lancer le plus vaste appel d'offres de l'histoire française pour l'éolien en mer. L'AO10 prévoit l'installation de 10 gigawatts supplémentaires — 5 GW posés, 5 GW flottants — avec un soutien public pouvant grimper jusqu'à 63 milliards d'euros sur vingt-cinq ans.
Pour Henri Wallard, polytechnicien et ancien directeur général de l'Andra, cette décision relève de la folie budgétaire et constitue une bombe à retardement financière dont les conséquences s'étaleront sur des décennies.
La logique économique de l'appel d'offres apparaît d'emblée inversée. La Commission de régulation de l'énergie avait pourtant conseillé la prudence : des appels d'offres progressifs et différenciés auraient maintenu la concurrence entre industriels et limité les surcoûts. Le gouvernement a préféré l'effet de masse, concentrant dix gigawatts en une seule attribution.
La durée des contrats a été allongée de vingt à vingt-cinq ans, malgré l'avis défavorable de la CRE, transférant ainsi une part croissante du risque commercial vers l'État et le contribuable. Le tarif de référence a lui aussi été revu à la hausse : fixé en moyenne à 100 euros le MWh, il dépasse largement l'objectif de 55 euros affiché dans la Programmation pluriannuelle de l'énergie pour l'éolien posé. Triple dérive donc, qui cumule volumes gonflés, délais allongés et contraintes de prix desserrées, dans un mécanisme de contrat pour différence où l'État garantit un revenu aux producteurs quoi qu'il advienne des prix de marché.
Le plafond de soixante-trois milliards d'euros autorisé par la Commission européenne révèle l'ampleur du pari. Henri Wallard, qui avait calculé un soutien potentiel d'environ trente milliards dans un scénario de prix bas, constate avec stupéfaction que Bruxelles a validé le double. Les défenseurs du dispositif objectent que les producteurs devront reverser des sommes à l'État si les prix du marché dépassent le tarif garanti. Mais cet argument, selon Wallard, est contradictoire : « Pour favoriser l'électrification, nous avons besoin d'une électricité abondante et bon marché. On ne peut pas justifier le dispositif en pariant sur des prix élevés ! » La France se retrouve ainsi piégée dans une logique schizophrène, souhaitant à la fois des tarifs bas pour encourager la consommation et des tarifs élevés pour rentabiliser ses contrats d'achat.
Le gouvernement invoque le vieillissement du parc nucléaire et les retards des EPR2, qui n'entreront pas en service avant 2040, pour justifier cette anticipation massive. Certains réacteurs devront en effet être arrêtés, et si la consommation repart fortement, de nouvelles capacités seront nécessaires. Mais cette argumentation néglige la marge de manœuvre colossale dont dispose déjà le pays. Les 51 TWh exportés en six mois, combinés aux 12 TWh de production modulée, montrent que le système fonctionne avec une surcapacité abyssale. Les onze parcs éoliens envisagés produiraient près de 47 TWh par an, soit presque l'équivalent des exportations semestrielles record. Autant d'électricité qui risque de s'ajouter à un stock déjà plein, faute que les véhicules électriques, les pompes à chaleur, les électrolyseurs d'hydrogène vert ou les centres de données n'aient encore matérialisé la demande espérée.
Ajouter 10 GW sans avoir sécurisé ni les usages ni les lignes de transport nécessaires ne fera qu'aggraver les 407 heures de prix négatifs déjà enregistrées, transformant l'abondance en gaspillage structurel.
Au-delà du déséquilibre économique, le calendrier politique de l'AO10 éveille les soupçons. L'appel d'offres a été lancé en juin 2026, avec une attribution prévue en février 2027, en plein cœur de la campagne présidentielle. Une fois les contrats signés, le prochain exécutif sera placé devant le fait accompli, engagé pour un quart de siècle sur des décisions qu'il n'aura pas prises. La Programmation pluriannuelle de l'énergie a été adoptée par décret, court-circuitant le débat parlementaire, et les recommandations de la CRE, autorité indépendante pourtant chargée de veiller à la saine gestion du système électrique, ont été systématiquement écartées.
Cette concentration de décisions irréversibles dans une période de transition politique, cette volonté de verrouiller l'avenir énergétique du pays avant que les électeurs ne se prononcent, interroge la sincérité des motivations officielles. Pourquoi une telle précipitation, alors qu'aucune urgence technique ne justifie d'attribuer ces contrats en février 2027 plutôt qu'après la présidentielle ? Pourquoi ignorer les avertissements de la régulation indépendante pour se lancer dans le plus coûteux appel d'offres renouvelable jamais organisé ?
L'hypothèse d'une corruption politique, au sens large du terme, mérite d'être examinée sans naïveté. Non pas nécessairement au sens pénal de pots-de-vin ou de détournement de fonds, mais dans cette forme plus insidieuse de capture de l'État par des intérêts industriels et financiers. L'usine Siemens Gamesa du Havre, qui fabrique des pales et assemble des nacelles d'éoliennes, a vu son extension inaugurée quelques jours seulement après le lancement de l'AO10.
La coïncidence des calendriers n'est pas en soi une preuve, mais elle illustre la promiscuité entre décisions publiques et intérêts privés. Le gouvernement brandit l'argument de l'emploi, pourtant Wallard le démonte avec une lucidité implacable : une vraie politique industrielle ne consiste pas à engager des dizaines de milliards d'euros de subventions publiques pour créer artificiellement des commandes. Il faut regarder le contenu industriel réellement français, la compétitivité de la technologie, la pérennité des débouchés. Sinon, on finance des emplois parce que l'État s'engage à acheter la production, non parce qu'elle répond à un besoin économique avéré.
Dans ce schéma, les entreprises du secteur bénéficient d'un marché captif garanti sur vingt-cinq ans, tandis que le risque est entièrement socialisé. Les profits sont privés, les pertes sont publiques. Cette asymétrie, qui caractérise bien des dérives de la dépense publique contemporaine, trouve ici une expression particulièrement éclatante.
De plus, le mécanisme des contrats pour différence, qui fixe un prix garanti indépendamment des fluctuations du marché, crée une rente prévisible et sécurisée sur le long terme. Or les rentes de cette nature attirent naturellement les appétits des fonds d'investissement, des banques et des conglomerats industriels qui savent valoriser des flux de trésorerie garantis par la signature de l'État. La décision de concentrer 10 GW en une seule fois, plutôt que de les répartir sur plusieurs appels d'offres concurrentiels, favorise les acteurs déjà installés et les consortiums les plus puissants, au détriment des nouveaux entrants et de la baisse des prix que la concurrence aurait imposée. La fixation d'un tarif moyen 100 euros le MWh, supérieur aux objectifs antérieurs, laisse une marge confortable aux opérateurs.
L'allongement à vingt-cinq ans, enfin, immunise ces mêmes opérateurs contre les aléas du marché sur une durée qui dépasse largement les cycles économiques et politiques usuels. Chacune de ces décisions, prise isolément, peut s'expliquer par des considérations techniques ou industrielles. Leur cumul, dans un contexte de surcapacité avérée et contre l'avis de la régulation, dessine le portrait d'une politique publique détournée au profit d'intérêts particuliers.
Wallard ne prétend pas connaître les intentions de chacun. Mais il observe que l'effet de verrouillage est évident. Une décision de cette ampleur, qui engage le budget de l'État sur un quart de siècle, devrait intervenir après un débat politique clair et une actualisation des scénarios de RTE. Or elle est précipitée dans la précipitation d'une fin de mandat, par décret, en écartant les garde-fous réglementaires. La prudence budgétaire commanderait d'attendre. La prudence démocratique commanderait de consulter. Ni l'une ni l'autre n'ont été respectées.
C'est la continuation du principe néoliberal en général et macroniste en particulier: piller l'Etat au profit du grand capital, un système que nous subissions depuis l'arrivée de Macron à l'économie sous Hollande, et auquel participent l'ensemble des institutions du fait des bénéfices qu'en tirent leurs cadres dirigeants.
 

 

samedi 18 juillet 2026

Paris : Jean-Marc Restoux, SDF star de Saint-Germain-des-Près laisse sa chaise vide (2012)

 SOURCE https://www.leparisien.fr/paris-75/paris-75006/le-sdf-star-de-saint-germain-laisse-sa-chaise-vide-09-04-2012-1946379.php

C'était une figure atypique du quartier des intellectuels et des people. Jean-Marc Restoux, le SDF candidat aux dernières municipales, est mort mercredi à l'âge de 58 ans.

Le 9 avril 2012 

Dix-sept ans qu'il faisait la manche sur le même carré de bitume, entre le Café de Flore et les Deux Magots, à l'ombre d'un kiosque à journaux. Toujours la même rengaine : « Auriez-vous 2 ou 3 â?¬ s'il vous plaît? » Les habitués de Saint-Germain-des-Prés (VIe) ne l'entendront plus. Depuis presque une semaine, la chaise de Jean-Marc Restoux est vide. Ce clochard, figure du boulevard chic et touristique, était malade ces derniers temps. Il est mort mercredi à l'âge de 58 ans.

La nouvelle s'est vite répandue autour de sa « place ». Le marchand de journaux a recueilli â?? temporairement â?? les deux chiens qui l'accompagnaient. Là où il plaçait sa coupelle, quelqu'un a déposé dans un vase un bouquet de roses blanches. Une main anonyme, sur le dossier de sa chaise en fer, a aussi collé ce message : « Jean-Marc est parti pour son dernier voyage. Ce n'est pas qu'il n'a pas eu le temps de vous dire au revoir mais le devoir l'appelait. Adieu à tous ceux qui l'aiment. »

Tous les riverains ne l'aimaient pas, mais tous connaissent son nom : Jean-Marc Restoux avait prêté sa barbe et sa gouaille à la cause des mal-logés. Allant jusqu'à se présenter, en 2008, aux élections municipales dans le VIe arrondissement. Son slogan de l'époque â?? « Un autre son de cloche » â?? tinte encore aux oreilles de certains riverains. Ils avaient été 577 à lui donner leur voix. Soit près de 4% des suffrages, et une heure de gloire dans les médias.

Vidéo. En 2008, Jean-Marc Restoux nous présentait sa liste «Un autre son de cloche»

« Mais, attention, ce n'était pas un gentil! Il avait fait le ménage dans le quartier pour qu'aucun autre SDF ne vienne empiéter sur ses plates-bandes. Il s'imposait, prévient un commerçant. Je l'ai toujours vu là, il demandait de l'argent sans relever la tête de son journal. »

L'homme aimait noircir les mots fléchés, feuilleter des magazines spécialisés dans l'immobilier de luxe, boire du bordeaux sur sa chaise et un café au Québec, le petit bar qui fait face aux grandes brasseries.

« Il disait que, tous les matins, je lui faisais la morale, mais il revenait quand même, lâche le patron. Il s'en foutait de ce que je lui disais. Moi aussi. Mais quoi? On s'était habitués. »


Jean-Marc, sous sa barbe blanche, en disait peu sur son histoire. « Je préférais le titiller sur la politique, il tapait sur tout le monde! rigole Dédé de Montreuil, riverain et mémoire de Saint-Germain-des-Prés. Les gens l'aimaient bien. Ils lui donnaient des vêtements. » Certains hasardent que la manche, dans le quartier, « rapportait pas mal ». En 2006, Jean-Marc Restoux avait aussi planté une tente sur le canal Saint-Martin, avec les Enfants des Don Quichotte, puis l'association Emmaüs lui avait trouvé une place dans un hôtel social, rue de Buci (VIe). « Il était bien là-bas, mais il ne voulait pas abandonner son mode de vie : il continuait de faire la manche, note Dédé de Montreuil. Quelque part, il était libre. »

La CIA derrière le djihadisme européen

 


La Olimpiada Popular de 1936 que no pudo ser

 

Se cumplen 90 años, y aquí empezó todo. Aquel 19 de julio de 1936 se anunciaba la gran parada y el desfile inaugural. Más de 5.000 atletas representando a 23 delegaciones llegadas de todo el mundo, junto a 3.000 folcloristas que debían participar en un grandioso festival dirigido por el compositor Enric Morera. Más de 20.000 personas de distintas delegaciones y países se encontraban en Barcelona, alojadas en instalaciones hoteleras, entidades sociales y sindicales, deportivas y también casas particulares.

Andrés Lima, en la premiada obra de teatro 1936, explica muy bien que aquí empezó todo: el golpe militar contra los valores e instituciones de la Segunda República y la Guerra de España, los bombardeos sobre población civil y campo de experimentación de la maquinaria militar de Hitler y Mussolini. Era el preludio de la Segunda Guerra Mundial.

La cita de Barcelona quería ser una respuesta genuina del deporte popular internacional y antifascista a los Juegos Olímpicos que el régimen nazi, con la complicidad del COI, preparaba para su inauguración en Berlín del 1 al 16 de agosto. Juegos que fueron utilizados como una poderosa herramienta de propaganda de la Alemania nazi, para promover la ideología de la «raza aria», y un escaparate de las proclamas belicistas y expansionistas de Hitler.

Barcelona y Berlín habían competido, cinco años antes, por la organización de los XI Juegos Olímpicos. Barcelona disponía de buenas credenciales, como la exitosa organización de la Exposición Universal de 1929. La proclamación de la II República en abril de 1931 decantó al Comité Olímpico, dominado por aristócratas y terratenientes, a escoger la ciudad de Berlín. Pero en 1935 ya se habían proclamado las leyes racistas de Nuremberg. Y en 1936 Hitler y Mussolini, el nazismo y el fascismo gobernando en Alemania e Italia, suponían más que una amenaza a los pueblos de Europa, y también del mundo.

Por esta razón, la propuesta de hacer la Olimpiada Popular en Barcelona constituía una respuesta democrática y antifascista, un encuentro a favor de la paz y contra la guerra que catalizó y se propagó rápidamente. Una iniciativa de las organizaciones deportivas de base, de los sindicatos y de los partidos de izquierdas en Europa que galvanizaron en propuestas unitarias a favor de una olimpiada popular y cultural, favoreciendo la participación de las mujeres en el deporte y una defensa de la diversidad cultural de la humanidad.

El president de la Generalitat, Lluís Companys, asumió la Presidencia de Honor del Comité Organizador. Los gobiernos de la República española, de la República francesa y del Govern de la Generalitat aportaron la financiación. Un potente movimiento asociativo deportivo y cultural se puso en marcha, así como la organización de comités de apoyo de barrios populares de Barcelona, de las principales ciudades de Catalunya y de otras ciudades y federaciones de todo el Estado.

Barcelona vibraba durante aquellos días previos. En la Rambla de Santa Mónica, donde tenía la sede el Comité Organizador, se ultimaban todos los preparativos, deportivos y culturales, y se daba la bienvenida a las delegaciones internacionales que desfilaban por las Ramblas. Mercedes Núñez se multiplicaba haciendo gestiones en distintos idiomas; Marina Ginestà, otra organizadora muy joven, se aprestaba para las crónicas periodísticas. María Salvo, voluntaria olímpica con dieciséis años, igual que Francesc Boix, fotógrafo de la misma edad, participaban, como cientos de jóvenes, en la organización de la gran fiesta deportiva y cultural internacionalista. María fue una de las homenajeadas en el año 2017, junto con los hermanos Cánovas, nadadores.

El día 18 de julio, Pau Casals realizaba en el Palau de la Música el último ensayo de la Novena de Beethoven para el concierto inaugural que debía celebrarse al día siguiente en el Teatre Grec. Decenas de deportistas entrenaban en el estadio de Montjuïc. Las noticias se extendieron como la pólvora. El golpe militar iniciado el 17 de julio en el entonces Protectorado español de Marruecos, y la sublevación de manera simultánea en las ciudades de Melilla, Ceuta y Tetuán, interrumpieron toda la labor organizativa.

Pero la noche del 18 al 19 de julio el Ciudad de Barcelona todavía trasladaba a cientos de personas de Palma a Barcelona. Más de 600 deportistas, representantes de asociaciones culturales, rondallas, ateneos y orfeones. Cuando llegan a Barcelona, la guerra ya había comenzado. No pudo atracar hasta el día 23. La Olimpiada se suspendió, y muchos de los participantes no pudieron regresar a la isla hasta tres años más tarde. Algunas, como Llibertat Picornell, salvaron la vida. Como su hermana Aurora, Aurora Picornell, que apoyaba la expedición olímpica. Pero se quedaron en Palma ante la amenaza latente del golpe y fueron asesinadas por los fascistas.

Otras personas salvaron la vida por encontrarse en Barcelona. José Barón, nacido en Gérgal, pero que vino desde Melilla seleccionado para competir en la Olimpiada, se convirtió en resistente. Murió en combate contra las tropas nazis en París, en 1944, formando parte de la Agrupación de Guerrilleros Españoles. Tenía veintiséis años, y en Francia es recordado como héroe de la liberación de París.

También el joven Francisco Pradal, que llegó a Barcelona el 17 de julio procedente de Melilla. Se incorporó al ejército popular en defensa de la República, y posteriormente en la resistencia. Fue el primer guía de pasos de frontera del PCE. Actualmente tiene una placa que recuerda su actividad en las rutas del maquis. Entre Camprodóm y la Vall de Vianya.

En Barcelona también se encontraban muchos atletas extranjeros que habían venido para participar en la Olimpiada Popular. Giles Tremlett[1] titula el primer capítulo de su libro sobre las Brigadas Internacionales así: «Bienvenidos a los Juegos. Barcelona, 19 de julio de 1936». Corría el verano de 1936 y Muriel Rukeyser, joven poeta y escritora estadounidense de veintidós años, conoce en Portbou a los jóvenes deportistas suizos y húngaros que se dirigían a Barcelona. Lo relata en su precioso libro Savage Coast («Costa Brava»).

La bibliografía existente también nos recuerda que en Barcelona ya se encontraban voluntarios de países como Italia, Alemania o Polonia, que habían llegado a España huyendo de la persecución nazi y fascista.

El cartel original de la Olimpiada fue diseñado por Fritz Lewy, judío alemán exiliado del régimen de Hitler. El himno fue compuesto por Josep Maria de Segarra con música del compositor Hans Eisler, colaborador de Bertolt Brecht, también huido de Alemania cuando Hitler llegó al poder.

Los primeros extranjeros que lucharon en el bando republicano fueron exiliados procedentes de Alemania o de la Italia fascista. En agosto de 1936, con algunos de estos efectivos se constituyó la centuria Thälmann, formada por comunistas alemanes y austriacos expatriados que se integraron en la columna 19 de julio del PSUC. Le siguieron los anarquistas italianos exiliados en Francia que formaron en la columna Ascaso y otros en el grupo internacional de la columna Durrruti.

Estos voluntarios y centenares de deportistas fueron los primeros en abrir paso al movimiento de las Brigadas Internacionales, que de forma organizada empezaron a llegar de diferentes países del mundo. De todos los continentes. Les recordamos y homenajeamos cada final de octubre en el monumento de la Rambla del Carmel. También lo hacemos en la Cursa Lluís Companys en el Estadio Olímpico.

Pero debemos hacer mención especial a las mujeres, algunas ya citadas, y con nombre propio. A ellas debemos un especial reconocimiento.

Como Mercedes Núñez Targa, barcelonesa, comprometida con el mundo cultural y asociativo barcelonés (el Ateneu Enciclopèdic Popular, Amics del Sol y el Club Femení i d’Esports de Barcelona). Implicada en la preparación y organización de la Olimpiada Popular, siguió también el camino del exilio, formando parte de la resistencia en Francia, y siendo detenida y deportada al campo de concentración de Ravensbrück.

Como Carmen Crespo, que tenía diecinueve años cuando se despertó en el Hotel Olímpico de la plaza de España aquel 18 de julio. Formaba parte del equipo de Francia, pero con orígenes de Teruel. Anarquista y deportista. Combatió en el frente de Aragón. Murió en Caspe, destrozada por el impacto de una bomba en 1937. Tenía veinte años.

Como Marina Ginestà, periodista y organizadora de la Olimpiada, nacida en Toulouse. Protagonizó una fotografía mítica, vestida de miliciana con diecisiete años, de la JSUC. Hans Gutmann, un fotógrafo alemán que vino para cubrir la Olimpiada, la inmortalizó en la terraza del Hotel Colón. Marina sufrió el exilio y los campos de concentración.

Como Margot Moles, nacida en Terrassa, pero formada en el atletismo en Madrid. Fue la deportista más conocida de la República. Obtuvo la medalla de bronce en lanzamiento de disco en las Olimpiadas Obreras de Anvers, de 1937. Fue condenada al ostracismo durante el régimen franquista y su nombre borrado de la historia.

Son algunos ejemplos de mujeres comprometidas y deportistas, imborrables. Míriam García ha puesto rostro y nombres a los voluntarios y voluntarias de distintos países y lugares, con alta acreditación deportiva y de compromiso internacionalista, que llegaron a Barcelona[2].

Brésil: l'évangélisme fait perdre au foot

 

I want to highlight a fascinating observation by geopolitical analyst Elvin Calcaño. You can find his work on YouTube and X (links below), but I wanted to share this specific reflection in full:

In Brazil, they are attributing the decline of their national football team to the rise of evangelicalism. And I don’t find it far-fetched to think so. For the following reasons:

  1. Brazilian football had an identity rooted in the exuberance, festivity, and color of a culture born from the syncretism between Catholicism and religious imaginaries of African origin. When Brazil dominated the World Cups, its players would arrive at the stadiums singing samba and playing Afro-Brazilian drums. The game on the pitch was nothing more than an extension of the celebration. But that’s how it was when the players were Catholic and practitioners of Afro-Brazilian syncretism. Today, Brazil’s players are mostly evangelical. And evangelicalism, given its dispensationalist framework and closed eschatology, expels all forms of syncretism: of diversity. In other words, it kills the party football. The current players of the Brazilian national team arrive at matches praying... Now, playing the drums and invoking the saints of Afro-Brazilian syncretism is devil’s work. It’s very frowned upon. They’ve become sad, martial, and predictable. Both in their lives and on the pitch.

  2. In Catholicism, when one makes a mistake or things go badly, one must reflect and seek causes to improve. In evangelical eschatology, everything is already written. If they win the World Cup, it’s because God willed it so. And if they lose disastrously, as they are now, it’s because God’s times are perfect... Under such conditions, the player is never ultimately responsible for poor results. They seek to win and improve, but always thinking that whatever happens, everything is in God’s hands, who determines in advance what will happen.

  3. The evangelicalism that reaches Brazil (and the rest of Latin America) is individualist. It’s a religiosity that combines the Calvinist notion of individual effort as devotion to God with neopentecostal prosperity theology. The evangelical prioritizes the individual over the collective. Salvation is for each one. The Brazilian football of Pelé, Garrincha, Zico, Ronaldo, Romário, Rivaldo, and Ronaldinho (when Brazil was unbeatable on the pitch) had a deeply collective component, both in its tactical and aesthetic aspects. Something very difficult to cultivate today in evangelical players who see themselves as individual actors, each in pursuit of their private salvation.

  4. Evangelicalism is severe and punitive. While the Catholicism (syncretic) that prevailed in Brazil was open and nuanced. This fosters creativity and the search for different options. The Brazilian footballer of jogo bonito was above all creative. He saw closed matches as something to overcome by creating and inventing plays. Today, with evangelical players, the Brazilian national team looks predictable and unimaginative.

In short, I invite you to follow the debate underway in Brazil today regarding what they consider the harmful effects of evangelicalism on the identity of their football. Because that debate can be extrapolated to many other areas of that society. And, therefore, to any other Latin American country where evangelicalism has replaced the Catholic (syncretic) matrix as the majority religiosity. In the end, these discourses of hate, democratic hollowing-out, and destruction of the public that we see in our countries don’t come from nowhere.

It might be tempting to dismiss this as a trivial sports anecdote, but I would argue it is anything but. This cultural shift is a direct reflection of a much wider geopolitical process driven by US-led imperialist interference across Latin America and the Caribbean.

This ideological displacement did not happen by accident; it was structurally encouraged starting in the 1970s to counter the more socialist-oriented Catholic Liberation Theology that was rapidly gaining traction across the continent. From an imperialist perspective, this cultural engineering has been highly "successful," albeit to varying degrees depending on the country in question.

I explore this exact dynamic in my latest essay on the new Latin American Far-Right [worldlinesletter.substa…], but I also highly recommend this excellent episode by La Base Latinoamerica on the geopolitical role of evangelicalism in the region [youtube.com/watch?v=dir…]. And here are the links to Calcaño’s X (x.com/elvin_calcano24/s…) and YouTube channel (youtube.com/@ElvinCalca…).