La chute de la dictature de Salazar au Portugal le 25 avril 1974
entraîne la fin de la colonisation portugaise en Afrique ; Mozambique,
Guinée Bissau et Angola accèdent à l'indépendance. "Guerre du peuple en
Angola" se focalise sur la situation de l'Angola où l'annonce de
l'indépendance provoque le début d'une guerre civile. Elle oppose le
MPLA, mouvement populaire de libération de l'Angola, à deux opposants
soutenus par des puissances occidentales, le FLNA, Front de libération
nationale de l'Angola et l'UNITA. La voix off présente d'emblée cette
guerre comme un combat du MPLA contre l'Impérialisme. Au nord de
l'Angola, dans les forêts, les villageois sont sortis du maquis pour
entrer dans la résistance armée et soutenir le MPLA. Dans un hôpital de
campagne, blessés et malades se côtoient et survivent difficilement. Les
guerrilleros interviewés parlent de leur lutte commencée pendant la
colonisation portugaise. Les hommes de l'armée adverse, celle du FLNA,
font l'objet de la séquence suivante. Très entraînés, ils sont financés
par les États-Unis, Israël et l'Ouganda de Mobutu. Parallèlement à la
guerre civile, les soldats portugais font mollement respecter leur
ordre, attendant la proclamation officielle de l'indépendance, prévue le
11 novembre 1975, pour évacuer le pays. À Luanda, la capitale
angolaise, quelques quartiers d'habitations modernes, jouxtent les
bidonvilles, les « Musseques » où s'entasse la majorité de la
population. Les colons portugais, effrayés par le climat d'affrontement,
quittent l'Angola à la hâte grâce à un pont aérien. Dans les rues de
Luanda, la population soutient le MPLA, arguant qu'il s'agit de la seule
force qui défend les intérêts de l'Angola. Des enfants s'entraînent à
la marche martiale. Une femme prend la parole en pleine rue avec un
micro pour dénoncer l'attitude des Blancs. Une autre séquence nous amène
dans le Sud de l'Angola. Cette région quasi désertique est peuplée
d'éleveurs de bœufs exploités par les colons grands propriétaires. Un
homme du MLPA vient faire un discours pour célébrer l'ouverture d'une
sous-délégation du MPLA dans un village. L'ultime séquence montre un
immeuble contrôlé par le FLNA à Luanda et repris par le MPLA. « Plus que
jamais la solidarité active avec le MPLA est une question de vie ou de
mort ».
La guerre civile en Angola commence en 1975 après l'annonce de
l'indépendance. Elle oppose le MPLA au FLNA et à l'UNITA. Assez
rapidement le MPLA est soutenu par Cuba, qui dès novembre 1975, envoie
des combattants, puis par l'URSS. Le FLNA et l'UNITA sont quant à eux
appuyés par les puissances occidentales, au premier rang desquelles les
États-Unis. Cette ingérence de forces étrangères dans le conflit
angolais a conduit certains observateurs à l'interpréter comme un
affrontement de guerre froide. Cette lecture est aujourd'hui en partie
remise en cause du fait de la durée de la guerre civile angolaise.
S'étant achevée en 2002, elle a perduré bien au-delà de la chute de
l'URSS, laissant le pays complètement exsangue. "Guerre du peuple en
Angola" est un film tourné à chaud, alors que l'indépendance de l'Angola
vient d'être annoncée et la guerre civile déclenchée, c'est-à-dire
entre avril et novembre 1975. Le parti-pris du film est très clairement
pro MPLA ; l'objectif est de sensibiliser sur la lutte
anti-impérialiste. La démarche est avant tout militante ; elle s'inscrit
dans la continuité de "Septembre chilien" (réalisé juste après le coup
d'État de Pinochet par Bruno Muel) et marque la volonté de cinéastes
militants de réagir immédiatement par rapport à l'actualité
internationale. "Guerre du peuple en Angola" contient des images rares
du pays en 1975.
Production : Unicité
Réalisation : Antoine Bonfanti, Bruno Muel, Marcel Trillat
Montage : Catherine Dehaut, Lolita Cherel
Collaboration : Jorgelino Adrade, Bonga
Extraits : "Angola 63" de Claude Otzenberger
Réalisé avec l'aide de José Luandino Vieira et des militants du MPLA.
Lieux : Angola, Luanda
Mots clé :
Afrique, Angola, Luanda, Portugal
Guerre, guérilla, soldat, guerrillero
Combat, blessé
Anti-impérialisme, colonisation, décolonisation, colon
MPLA, FLNA, UNITA
Lieux de consultation : Ciné-Archives, Archives françaises du film,
Archives départementales de la Seine-Saint-Denis, Forum des images, BNF
Article épinglé
dimanche 1 mars 2026
Guerre du peuple en Angola (Unicité, 1975)
vendredi 21 novembre 2025
El rol de Cuba en Angola cambió el curso de la historia africana
FUENTE: https://jacobinlat.com/2025/11/el-rol-de-cuba-en-angola-cambio-el-curso-de-la-historia-africana/
Cuando Angola conquistó su independencia en 1975, el ejército cubano acudió en defensa del nuevo gobierno. La misión tuvo repercusiones a escala mundial: aceleró la caída del apartheid sudafricano y remodeló la propia identidad y visión del mundo de los cubanos.

El fin del dominio colonial portugués en Angola hace cincuenta años también supuso el inicio de una misión militar cubana que tuvo un gran impacto en la historia del país, al repeler una invasión sudafricana y negar a Pretoria la oportunidad de llevar al poder a sus aliados locales. También dejó su huella en toda la región: Nelson Mandela atribuyó a la victoria cubana sobre el ejército sudafricano en 1988 el haber acelerado la caída del apartheid.
Cuando las fuerzas armadas cubanas se involucraron abiertamente en Angola en noviembre de 1975, se extendió la creencia de que Cuba era un «proxy» soviético. Quienes conocían bien a Cuba argumentaban que no era tan sencillo. Cuestionaban si realmente se podía describir como un Estado cliente y si Moscú estaba realmente interesado en verse envuelto (indirectamente) en los conflictos internos del sur de África.
Con el tiempo, nuevas investigaciones desviaron la atención de una interpretación que se basaba en gran medida en la perspectiva hegemónica de la Guerra Fría. Poco a poco quedó claro que la participación de Cuba se había producido a petición del nuevo gobierno del Movimiento Popular para la Liberación de Angola (MPLA), al que Portugal había cedido apresuradamente el control del país.
El MPLA se veía ahora amenazado por fuerzas rivales que contaban con el respaldo de Sudáfrica y Estados Unidos. El MPLA solicitó ayuda a La Habana basándose en sus estrechos vínculos con Cuba y en el historial de apoyo cubano a la lucha anticolonial.
Solidaridad internacional
Desde 1961, Cuba siguió una estrategia de apoyo activo a las revoluciones armadas y las luchas anticolonialistas en América Latina, África y Asia. La trascendental Conferencia Tricontinental de La Habana de 1966 expresó esta línea de solidaridad ideológica con los radicales del Tercer Mundo.
Esa política también incluía el apoyo a los Estados poscoloniales frente a amenazas externas, por ejemplo, mediante ayuda militar para defender a Siria frente a Israel en 1973. La solicitud del MPLA en 1975 fue, por lo tanto, un paso natural, al igual que la respuesta positiva de Cuba. Desde agosto, ya había un pequeño contingente cubano en Luanda asesorando sobre las defensas de la ciudad.
La rápida respuesta de Cuba a la solicitud de ayuda tomó por sorpresa a Moscú, y los líderes soviéticos se vieron obligados a ofrecer apoyo logístico a pesar de sus reservas, que se hacían eco de su anterior oposición a la estrategia insurreccional de Cuba. Lejos de obedecer los dictados de su aliado soviético, La Habana estaba influyendo en las interpretaciones soviéticas de los acontecimientos en el Sur Global, un patrón que se repitió más tarde con Nicaragua y Granada.
Había otro contexto más interno para la participación de Cuba en Angola, arraigado en la cultura política del país. La solidaridad con las fuerzas antiimperialistas en el extranjero era en parte una manifestación externa de patrones bien establecidos en el país, como se ha visto en muchas de las movilizaciones y campañas participativas exitosas desde 1959.
Todo esto sucedía en un Tercer Mundo que estaba experimentando transformaciones dramáticas. Estaban surgiendo nuevos gobiernos poscoloniales, y muchos de ellos buscaban el asesoramiento o la ayuda de Cuba sobre la base de vínculos pasados. En América Latina, el patrón de regímenes militares proestadounidenses durante los años sesenta y principios de los setenta había comenzado a cambiar, con gobiernos más nacionalistas en muchos países dispuestos a reconocer a Cuba y comerciar con ella.
Esto pone en tela de juicio la visión tradicional de que Cuba puso fin a su apoyo activo a la lucha armada en América después de 1970 debido a su dependencia económica de la URSS. De hecho, al haberse relajado en cierta medida el asedio de Estados Unidos y del continente a la isla, Cuba podía ahora buscar aliados a través de la diplomacia en lugar de apoyar a los movimientos guerrilleros.
La estrategia insurreccional regional de Cuba no se basaba únicamente en una interpretación radical y poco ortodoxa del marxismo y en un compromiso ideológico con el antiimperialismo. También reflejaba la realidad de que Cuba tenía poco que perder al responder de esa manera al asedio y al aislamiento, en el contexto del compromiso secreto de Estados Unidos, tras la crisis de los misiles cubanos de 1962, de no invadir la isla. Ahora que el aislamiento se estaba suavizando, La Habana podía explorar nuevas formas de promover la solidaridad del Tercer Mundo.
Una vez que el MPLA y sus aliados cubanos detuvieron la amenaza militar inmediata a Angola, la ayuda cubana se extendió a las áreas civiles para la construcción de infraestructura poscolonial. Cientos de técnicos, personal médico, maestros, agrónomos e incluso trabajadores culturales se ofrecieron como voluntarios por períodos prolongados. La práctica cubana del internacionalismo se expresaría a partir de entonces principalmente en campos no militares, extendiéndose a más de cuarenta países.
Punto de inflexión
¿Qué significó todo esto para la propia Cuba? En retrospectiva, está claro que la participación del país en Angola representó un punto de inflexión en varios sentidos. El voluntariado desempeñó un papel importante desde el principio. Los dirigentes de La Habana dejaron claro que toda la empresa se basaría en ese principio y pidieron a los soldados cubanos que respondieran.
La magnitud de su respuesta fue notable. De hecho, a muchos extranjeros les pareció increíble, ya que asumieron que la voluntad de servir era el resultado de la coacción o de la promesa de beneficios materiales. Sin embargo, cuando académicos de fuera de Cuba investigaron el fenómeno, tendieron a coincidir en que el voluntariado era genuino, al menos en las primeras etapas.
Para comprenderlo debemos situarlo en el contexto de la participación popular en Cuba desde 1959. En 1975, la solidaridad práctica e ideológica se había movilizado a través de la participación masiva en diversas organizaciones —sobre todo en los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) de los barrios— y una serie de campañas para alcanzar objetivos definidos, desde la promoción de la alfabetización y la salud hasta la defensa de Cuba contra la amenaza de invasión.
A través de esas experiencias colectivas constantes, las nociones de solidaridad y voluntariado se habían convertido en partes familiares del tejido social y la cultura política cubanos. De hecho, gran parte del proyecto de construcción nacional de los años sesenta y principios de los setenta se había logrado gracias a esos mecanismos.
También había otros atractivos. Por ejemplo, muchas personas veían el trabajo en el extranjero como una forma de romper con sus hábitos impuestos de mirar hacia dentro bajo el asedio de Estados Unidos, lo que les ofrecía nuevas experiencias. También les daba acceso a bienes y divisas que de otro modo serían escasos. Además, existía cierta presión social en el lugar de trabajo, ya que el ejemplo de los voluntarios persuadía a otros a seguir sus pasos.
Sin embargo, con el tiempo, la estrategia de enviar personas al extranjero para prestar ayuda se convirtió en un elemento natural y destacado de la política exterior de Cuba y de la vida de los cubanos de a pie. Muchas personas trabajaban en el extranjero o tenían un amigo o familiar que lo hacía.
Cuba y África
En cuanto al esfuerzo militar real en Angola, una de las primeras reacciones del público fue un alto grado de orgullo nacional. Ahora se consideraba que Cuba estaba actuando en apoyo de un Estado poscolonial hermano, contra los impopulares Estados Unidos y el régimen paria del apartheid de Sudáfrica. Esto impulsó la confianza colectiva en el potencial de Cuba para desempeñar un papel global que era claramente honorable, pero que antes parecía imposible.
La campaña de Angola también tuvo un efecto imprevisto pero significativo. Trajo consigo un nuevo enfoque, tanto popular como oficial, sobre la composición étnica de Cuba. A partir de noviembre de 1975, los dirigentes cubanos se refirieron al proyecto como «el regreso de los esclavos», recordando el gran número de africanos que los colonialistas españoles habían traído a la fuerza desde Angola para impulsar la producción de azúcar. El nombre oficial de la campaña fue Operación Carlota, en honor a una famosa esclava rebelde angoleña de la época.
Angola recordó así a los cubanos el impacto cultural de África en su sociedad y su contribución vital a los patrones económicos del país, así como a su radicalismo político (en las tres rebeliones independentistas del siglo XIX). Esto reconfiguró el proceso de definición de la identidad cubana como base de la revolución y como forma de encontrar un lugar en el mundo.
Esto era necesario porque los cubanos habían pasado por una experiencia bastante típica en la que el colonialismo y el neocolonialismo habían moldeado su identidad, llevándolos a aceptar su propia inferioridad y la superioridad de sus colonizadores, y a mirar hacia el norte en busca de aspiraciones colectivas para una futura «Cuba Libre». Ese patrón se había mantenido durante el periodo de independencia cuestionable de Cuba entre 1902 y 1958, reforzado por una importante inmigración española hasta la década de 1930.
Después de 1959, las nuevas políticas y la hostilidad de Estados Unidos hacia la Revolución Cubana obligaron a desarrollar una nueva afinidad radical con América Latina. Esto se expresó a través del apoyo activo a la rebelión armada en la región, pero también a través del protagonismo cultural continental seminal de la Casa de las Américas. Sin embargo, a principios de la década de 1970, la adhesión de Cuba al Comecon, la red comercial del bloque liderado por la Unión Soviética, puso fin a la austeridad de la década anterior. Las mejoras materiales generaron una tendencia entre los cubanos a considerarse potencialmente parte del «Segundo Mundo».
La participación cubana en Angola, junto con nuevas formas de colaboración con un Caribe anglófono cada vez más radicalizado y un visible giro hacia la izquierda en Centroamérica, sirvió como un poderoso recordatorio de que África siempre había contribuido de manera sustancial a la formación de la identidad nacional cubana. Esa contribución había sido objeto de cuestionamientos y controversias durante mucho tiempo, a pesar de las reformas sociales y las declaraciones oficiales tras la victoria rebelde.
De repente, el color dejó de ser un tema tabú (en una sociedad supuestamente ciega al color) y pasó a representar un elemento básico de una identidad de la que los cubanos podían sentirse orgullosos. La nueva ola de austeridad que azotó a Cuba tras el colapso de la Unión Soviética y la pérdida de esperanza que lo acompañó socavaría en cierta medida esta conciencia del color. Aun así, dicha conciencia tenía ahora raíces más profundas que antes y seguía siendo una parte fundamental de toda la ecuación cubana.
Legados
En vista de todo esto, ¿cómo siguieron percibiendo los cubanos el papel de su país en Angola? En la década de 1980 se produjo un ligero descenso del entusiasmo inicial, con un número estimado de víctimas mortales de alrededor de seis mil, de los más de doscientos mil que prestaban servicio allí. También hubo una tendencia en algunos sectores a considerar la presión de los compañeros como una forma de presión estatal, y el voluntariado como un medio para que las personas se saltaran las colas para obtener viviendas u otros beneficios.
Tras una epidemia de dengue en 1980, se extendió el rumor de que su origen se encontraba en el voluntariado internacionalista. Al año siguiente, la huida masiva de más de 120 000 cubanos en el puerto de Mariel, que conmocionó tanto al pueblo cubano como a sus dirigentes, hizo que las quejas sobre Angola se hicieran más audibles.
Sin embargo, el entusiasmo y el orgullo volvieron tras los acontecimientos de marzo de 1988, cuando una fuerza de más de cincuenta mil soldados cubanos infligió una importante derrota al ejército sudafricano en Cuito Cuanavale, en una batalla campal que levantó la moral.
El orgullo creció a medida que se hicieron evidentes los efectos de la victoria cubana: las tropas sudafricanas se retiraron de Angola y Namibia poco después, y el Estado del apartheid pronto comenzó a desmoronarse con la liberación de Mandela en 1990, seguida de su elección como presidente del país. Ese sentimiento de orgullo incluso sobrevivió (y puede que ayudara a consolar a la gente) durante la crisis de principios de la década de 1990.
Sin embargo, esa misma crisis también acabó con la capacidad de Cuba para continuar con su política de internacionalismo a la escala anterior. La prestación de ayuda se limitó entonces, en general, a la asistencia tras desastres naturales o, como en el caso de Palestina, a la educación y formación gratuitas para estudiantes del Sur Global.
La paciencia de los cubanos se vio a menudo puesta a prueba durante los años de crisis, ya que algunos contrastaban sus dificultades diarias para sobrevivir con suministros limitados y racionados con lo que consideraban la generosidad de Cuba en el extranjero. Sin embargo, en general, el compromiso con la idea de la solidaridad internacional pareció perdurar entre muchos cubanos, lo que sugiere (en las situaciones más desesperadas) que la creencia popular en la solidaridad todavía tenía cierta influencia.
También pudo haber ayudado el hecho de que el historial de Cuba en la prestación de ayuda a otros países, incluso durante la crisis, suscitara una importante simpatía mundial hacia el país. Esto se puso de manifiesto cada año a partir de 1992 en las abrumadoras votaciones de la Asamblea General de las Naciones Unidas contra el embargo estadounidense (al que solo se oponían ritualmente Estados Unidos e Israel), lo que reforzó la sensación de que Cuba no estaba sola. Con Donald Trump endureciendo aún más el embargo, esa simpatía podría parecer una pequeña bendición, pero no obstante lo era (y quizás lo siga siendo).
La experiencia angoleña afectó así a Cuba de varias maneras, en su mayoría para mejor. Reforzó muchas de las creencias y compromisos del país, le granjeó muchos aliados e inspiró sentimientos de orgullo (así como quejas y resentimientos). Cuba después de 1975 era diferente, y probablemente aún estemos descubriendo el alcance y el carácter de esas diferencias.
- Antoni Kapcia
Profesor de historia latinoamericana en el Centro de Investigación sobre Cuba de la Universidad de Nottingham. Entre sus obras destacan Leadership in the Cuban Revolution: The Unseen Story, A Short History of Revolutionary Cuba: Revolution, Power, Authority and the State from 1959 to the Present Day y Cuba in Revolution: A History Since the Fifties.
mardi 18 mars 2025
dimanche 29 septembre 2024
Géant penseur de la révolution africaine, Amilcar Cabral aurait eu 100 ans
C'est une grande figure de la révolution africaine qui aurait eu 100 ans ce 12 septembre. Mais sa vie s'est arrêtée en 1973 à travers un assassinat commandité par le colonialisme portugais. Amilcar Cabral a marqué l'histoire du continent africain. Diagne Fodé Roland lui rend hommage et souligne en quoi l'héritage de ce grand penseur reste d'actualité. (I'A)Révolté par l’oppression coloniale fasciste portugaise, notamment les famines successives qui avaient provoqué 50 000 morts entre 1941 et 1948 au Cap-Vert, Amilcar Cabral choisit de faire des études d’agronomie dans l’optique d’aider les paysans et fait ses études d’ingénieur agricole à Lisbonne capitale du Portugal jusqu’en 1952.
Il y rencontre des étudiants militants de la libération des colonies africaines de l’impérialisme portugais. Avec ces militants de la lutte indépendantiste en Afrique lusophone, occidentale et australe, tels Agostinho Neto (MPLA), Eduardo Mondlane du FRELIMO, etc., ensemble ils créent clandestinement le Centro de Estudos Africanos pour promouvoir la culture des peuples noirs colonisés et collaborent avec le Parti Communiste Portugais (PCP) (également clandestin). Ces futurs leaders se forment au communisme scientifique et décident de fonder les mouvements de libération anticoloniale de leurs pays respectifs.
Cabral décide de renoncer à un poste de chercheur à la station agronomique de Lisbonne (Portugal) pour un emploi d’ingénieur de deuxième classe en Guinée où il est chargé du recensement agricole qui lui permet de cerner les nationalités et les classes sociales qui composent la Guinée.
En 1954, il met en place sous couvert d’activités culturelles et sportives une organisation politique nationaliste à Bissau. Cette association est interdite par les colonialistes portugais et Cabral est expulsé de son propre pays pour se retrouver en Angola où il mène des missions pour des entreprises agricoles.
Ces enquêtes et études du paysannat sous le colonialisme lui permettent d’appliquer le matérialisme dialectique et historique et d’élaborer sa propre analyse de la société coloniale en adaptant le communisme scientifique aux réalités africaines.
En 1956, étant autorisé à revenir en Guinée Bissau une fois par an, il fonde le PAIGC (Parti africain pour l’indépendance de la Guinée et des îles du Cap-vert) dans la clandestinité et Cabral en est désigné secrétaire général.
Après le massacre colonial fasciste de la grève des dockers en 1959, le PAIGC opte en 1963 pour la lutte armée et se bat contre l’armée portugaise sur plusieurs fronts à partir des pays voisins, la Guinée Conakry et la Casamance, province du Sénégal.
Le PAIGC contrôle assez rapidement 50 % du territoire en 1966 et 70 % à partir de 1968 et met en place une organisation politico-administrative dans les régions libérées dont les caractéristiques sont exposées ainsi par Cabral : « La dynamique de la lutte exige la pratique de la démocratie, de la critique et de l’autocritique, la participation croissante de la population à la gestion de leur vie, l’alphabétisation, la création d’écoles et de services sanitaires, la formation de cadres issus des milieux paysans et ouvriers, et bien d’autres réalisations qui impliquent une véritable marche forcée de la société sur la route du progrès culturel. Cela montre que la lutte de libération n’est pas qu’un fait culturel, elle est aussi un facteur culturel ».
Cabral élabore une analyse détaillée des réalités nationales et des contradictions des sociétés guinéenne et cap-verdienne pour déterminer les groupes nationaux et sociaux qui sont les plus à même de s’engager dans la lutte contre le colonialisme.
En 1961, il représente au Caire, lors de la troisième Conférence des peuples africains, les mouvements de libération des pays colonisés par le Portugal fasciste. Il y expose, partant de la formule de Lénine de « l’analyse concrète de chaque situation concrète », que la lutte doit « Renforcer les moyens d’action…, développer les moyens efficaces et en créer d’autres, sur la base de la connaissance de la réalité concrète de l’Afrique et de chaque pays africain, et du contenu universel des expériences acquises dans d’autres milieux et par d’autres peuples ».
Cabral enseigne qu’il faut étudier les nationalités et les classes sociales à partir du fait que « les gens ne se battent pas pour des idéaux ou pour ce qui ne les intéressent pas directement ; Les gens se battent pour des choses concrètes pour de meilleures conditions de vies dans la paix et pour l’avenir de leurs enfants. La liberté, la fraternité et l’égalité sont des mots vides de sens s’ils ne signifient pas une véritable amélioration de la vie des gens qui se battent ».
Cabral allie lutte idéologique et politico-militaire à la lutte diplomatique pour faire reconnaître la lutte de libération anti-coloniale à l’échelle internationale. En 1972, l’ONU reconnaît le PAIGC comme « véritable et légitime représentant des peuples de la Guinée et du Cap-Vert ».
Cabral fut aussi « l’ambassadeur porte-parole » des mouvements de libération nationale des colonies portugaises dans les différents forums à l’échelle africaine et internationale. Il en fut le leader incontesté notamment à la conférence de la Tricontinentale où il prit la parole le 6 janvier 1966 à Cuba pour y exposer sa théorie révolutionnaire de l’émancipation nationale et sociale africaine : « Nous ne luttons pas simplement pour mettre un drapeau dans notre pays et pour avoir un hymne mais pour que plus jamais nos peuples ne soient exploités, pas seulement par les impérialistes, pas seulement par les Européens, pas seulement par les gens de peau blanche, parce que nous ne confondons pas l’exploitation ou les facteurs d’exploitation avec la couleur de peau des hommes; nous ne voulons plus d’exploitation chez nous, même pas par des Noirs ».
Reconnaissant à la fois le rôle internationaliste de Cuba et panafricain de l’Algérie indépendante pour sa solidarité active avec tous les mouvements de libération en Afrique, il a déclaré : « Les chrétiens vont au Vatican, les musulmans à la Mecque et les révolutionnaires à Alger. »
Malheureusement Amilcar Cabral est assassiné le 20 janvier 1973 à Conakry par le colonialisme portugais qui a utilisé des agents renégats infiltrés dans la branche militaire du PAIGC pour commettre ce forfait empêchant ainsi le vrai père de l’indépendance de vivre la proclamation le 10 septembre 1974 de la naissance de l’État de Guinée-Bissau et du Cap-Vert.
Héros et martyr de la première phase de la libération africaine, Cabral doit inspirer la génération actuelle des lutteurs de l’actuelle seconde phase de l’émancipation nationale, panafricaine et sociale des peuples d’Afrique.
Source: Fernent
