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mercredi 26 août 2026

Mientras en occidente discutíamos sobre el fin de la historia, China construía el futuro.

 FUENTE https://observatoriocrisis.com/2026/08/21/mientras-en-occidente-discutiamos-sobre-el-fin-de-la-historia-china-construia-el-futuro/

Analizar China con objetividad significaría admitir que el mercado no es una ley natural, que la planificación puede pertenecer al futuro, que el Estado puede ser algo más que el administrador de la rentabilidad privada y que la modernización se resiste a coincidir con la occidentalización. 

Pasquale Liguori, escritor italiano 

Una sensación particular me acompañó durante casi un mes de viaje por China, desde Pekín hasta Xi’an, desde Chengdu hasta el vertiginoso Chongqing, luego a Guilin y Yangshuo, a la modernidad de Shenzhen y la singular estratificación de Hong Kong, antes de regresar a la capital. 

El asombro ante la inmensidad del país, la velocidad de sus trenes, la densidad de sus metrópolis y la tecnología ahora integrada en los gestos más cotidianos se desvanece rápidamente, como cualquier maravilla turística. Lo que permanece, y que sigue presente en mi mente día tras día, es más profundo: la impresión de viajar a través de una sociedad que trata el presente como un material aún maleable y considera el futuro como una construcción política y organizativa, un horizonte por conquistar.

Esta percepción surge de hechos muy concretos: desde la puntualidad del transporte hasta la limpieza de los espacios públicos, desde la calidad de la infraestructura capaz de atender a una vasta población hasta la continuidad de los servicios, desde el orden de las estaciones transitadas diariamente por multitudes de tamaño inconcebible hasta la capacidad de simplificar lo que, en nuestro país, parece complicarse año tras año. 

Sin embargo, el punto crucial va más allá de la eficiencia. Sobre todo, más allá de la fórmula caricaturizada de eficiencia autoritaria con la que gran parte del discurso occidental cree haber resuelto ya todos los problemas. Lo que llama la atención, más bien, es la persistencia de una voluntad organizativa, el hecho de que, tras la materialidad de las cosas, sobreviva la idea de una dirección colectiva del desarrollo.

Aún más llamativa es la vegetación. Más allá de la abundante vegetación de Guilin y Yangshuo, donde el paisaje kárstico y los ríos parecen pertenecer a una imagen de China de siglos anteriores a la modernidad, la vegetación integrada en las grandes ciudades es sorprendente: a lo largo de las carreteras principales y en las laderas, dentro de la increíble superposición vertical de Chongqing, e incluso en la cibertecnológica Shenzhen, que la imaginación europea reduciría fácilmente a hormigón y electrónica. Deja de funcionar como mera ornamentación y se convierte en el signo material de esa «civilización ecológica» que lleva años formando parte del léxico institucional y constitucional chino, capaz de transformar el gigantesco problema ambiental generado por la industrialización en un nuevo escenario para el desarrollo.

Esto no significa fabricar una China imaginaria, libre de tensiones y conflictos. La cuestión radica en otra parte. Una sociedad puede estar plagada de enormes contradicciones y aun así conservar la capacidad política para abordarlas. Esto es quizás lo primero que los viajes hacen difícil de olvidar, especialmente para quienes provienen de una parte del mundo acostumbrada a tratar los problemas estructurales como fenómenos meteorológicos, eventos que deben soportarse, cuyos efectos se gestionan ajustando algún coeficiente, invocando el crecimiento y la benevolencia de los mercados.

Durante el viaje, llevé conmigo *China explicada a Occidente* , de Pino Arlacchi, un libro que elegí sin intención de usarlo como guía ni de buscar una confirmación mecánica de una tesis en el país. Ocurrió algo más profundo, porque esas páginas ampliaron las preguntas que planteaba el propio viaje, aportando profundidad histórica a impresiones que de otro modo habrían quedado en la superficie, y haciendo cada vez más difícil descartar como episódicas lo que se repetía ante nuestros ojos.

Arlacchi fue un auténtico compañero de viaje, capaz de enriquecer la experiencia sin convertirse en su centro. Mientras recorría una China marcadamente contemporánea, el libro me transportó siglos atrás y me demostró lo poco que se comprende este país si empezamos en 1949 o en 1978 con Deng Xiaoping. 

En Xi’an, la profundidad histórica se vuelve casi tangible, pues el Ejército de Terracota rehúye la condición de reliquia monumental de una civilización desaparecida, del mismo modo que la Ciudad Prohibida se resiste a ser reducida al vestigio museístico de un orden borrado. En ambos casos, se percibe una continuidad incómoda, donde las gigantescas rupturas de la historia, incluida la revolución, reelaboran capas anteriores en lugar de borrarlas.

La apasionada insistencia de Arlacchi en la larga tradición constitucional de China, en el papel del Estado y su tradición administrativa, en la selección de las clases dirigentes y el valor otorgado a la competencia, corre el riesgo de rigidizarse en una esencia inamovible de «ser China» si se la considera como una clave única. Sin embargo, resulta difícil negar que la China contemporánea nace de una singular combinación de esta larga historia, la pausa revolucionaria del siglo XX y la extraordinaria experimentación institucional y económica de las últimas décadas.

Quizás sea precisamente esta capacidad de integrar aquello que nuestro pensamiento se empeña en separar lo que hace que China sea tan difícil de interpretar en Occidente. Confucio y Mao coexisten con un Estado poderoso y una economía de mercado; una continuidad milenaria se entrelaza con la transformación tecnológica más rápida del planeta; la centralización política se acompaña de una experimentación local de vanguardia. 

El vocabulario occidental siempre intenta encasillar el fenómeno en una alternativa: socialismo o capitalismo, mercado o planificación, democracia liberal o dictadura. China, sin embargo, escapa a esta encrucijada. Por lo tanto, cuando un objeto histórico se resiste a nuestras categorías, preferimos sospechar de él en lugar de cuestionar los prejuicios y la naturaleza de dichas categorías.

Así, la frase «socialismo con características chinas» se considera una estrategia propagandística. El mercado, la empresa privada y la inmensa riqueza parecen justificar un veredicto predeterminado: el capitalismo. Y el poder firmemente ostentado por el Partido Comunista actualiza dicho veredicto a capitalismo autoritario. Esta es una definición conveniente, sobre todo porque simplifica el análisis.

La cuestión fundamental, sin embargo, reside en el lugar que ocupa el mercado dentro de la estructura social china, la relación entre el capital privado y el poder político, el control del crédito y las principales infraestructuras, la tierra, la energía, las redes estratégicas y la dirección general de la inversión. En este punto, el problema se agrava, pues deja de girar en torno a la simple presencia del mercado y aborda la cuestión esencial: quién controla a quién.

Shenzhen ofrece el ejemplo más ilustrativo de todo este proceso. A primera vista, parece la prueba definitiva del éxito capitalista de China, una metrópolis vertiginosa construida sobre la base de la tecnología, la iniciativa empresarial y el consumo. Basta con cambiar ligeramente la perspectiva para que la imagen se transforme.

¿Qué decisión política dio origen a Shenzhen? ¿Qué interacción entre Estado, territorio, crédito, investigación, industria y capital permitió la construcción de una ciudad de tal magnitud en tan solo unas décadas? De repente, lo que parecía una victoria espontánea del mercado se revela como una de las operaciones de planificación y política industrial más gigantescas de la historia contemporánea.

El interés del caso chino reside precisamente en su capacidad para emplear diversas herramientas, subordinadas a una estrategia más amplia. El mercado se utiliza y se dirige, despojado de la soberanía política que el neoliberalismo occidental ha elevado a dogma. En nuestro país, el Estado comparece cada mañana ante el tribunal de los mercados, mientras que en China, el mercado opera dentro de un marco que el Estado aún reclama poder para modificar.

Tras décadas en las que se nos enseñó que la privatización significaba modernización, que la planificación pertenecía al museo de las ideologías y que la propiedad pública era inherentemente ineficiente, encontrarnos ante una sociedad capaz de explotar masivamente el mercado sin cederle el control produce un inevitable cortocircuito. Este cortocircuito se agrava al observar que esta misma sociedad ha construido, en poco más de cuarenta años, infraestructuras, cadenas tecnológicas y proyectos urbanos que, en nuestras latitudes, tardarían eras geológicas en completarse.

En nuestros viajes, esta densidad política del espacio reaparece constantemente, mientras que en las ciudades europeas se percibe cada vez con menos frecuencia. La transformación conserva su estatus de acción posible, y las ciudades se expanden, reforestan, conectan y reinventan para las próximas décadas por aquellos que, evidentemente, se imaginan habitándolas.

Así pues, la cuestión china ya no concierne solo a China. Nos concierne a todos: la transferencia de una enorme porción del poder real de la toma de decisiones políticas al complejo técnico-militar-financiero-industrial privado; la paradoja de sistemas que se autodenominan democracias mientras reducen la libertad a la selección periódica de quién administrará un marco de compatibilidad declarado intocable.

De ahí la escasez de representaciones occidentales de China. Los principales medios de comunicación rara vez parecen interesados en comprender la especificidad de esa formación social y, en cambio, se dedican a reducir cada fenómeno a la confirmación de un veredicto predeterminado, funcionando como portavoz ideológico del orden que lo produjo: uno de desregulación, financiarización y mercado elevado al principio superior de la racionalidad social. 

Una China comprendida en su complejidad sería mucho más inquietante que una China demonizada, porque nos obligaría a cuestionar si la evolución occidental de las últimas décadas es realmente la única forma posible de modernidad. Es mucho más fácil explicar cada logro chino con la palabra «autoritarismo», como si una sola palabra bastara para producir un ferrocarril, una política industrial, una revolución energética o una metrópolis.

La teoría de la «triple revolución», propuesta por los marxistas chinos Cheng Enfu y Yang Jun, contribuyó a dar forma teórica a estas cuestiones. Según ellos, la historia de la República Popular se resiste a ser interpretada como una revolución inicial seguida de una larga normalización y, finalmente, una restauración capitalista. 

Proponen una continuidad más dinámica y fructífera, desde la revolución para la conquista del poder hasta la revolución de la reforma, que culmina en la revolución de la nueva fase histórica, donde la transformación de las formas económicas e institucionales coincide con la redefinición histórica del horizonte socialista, en lugar de su abandono.

La tesis exige un examen constante de las relaciones de propiedad, las condiciones laborales, la autonomía o subordinación del capital y el poder real de las instituciones públicas. Sin embargo, resulta mucho más fructífera que la fórmula simplista del «capitalismo de Estado», porque reactiva lo que el pensamiento occidental ya había descartado. 

La cuestión crucial reside en la posibilidad de que una revolución continúe tras la toma del poder, modificando los instrumentos de su política económica sin disolverse, utilizando el mercado sin reconocer su soberanía, experimentando compromisos, retrocesos y aceleraciones, mientras sigue concibiéndose como una transformación a largo plazo. Estas son precisamente las preguntas que la izquierda occidental dejó de plantearse en el momento en que dejó de imaginar concretamente la transformación.

El caso italiano, visto desde la perspectiva china, adquiere características casi caricaturescas. Arlacchi señaló con cierta perfidia que una buena parte de nuestra clase política, sometida a los criterios de selección vigentes en China, tendría dificultades para gobernar incluso un pequeño centro urbano. Esta valoración me parece incluso indulgente, porque el problema italiano ahora supera la competencia: la capacidad de gestionar transformaciones complejas ha sido sustituida por el teatro de las redes sociales, el posicionamiento diario, los programas de entrevistas y las encuestas de opinión. 

El resultado está a la vista de todos: un país envejecido, servicios públicos empobrecidos, investigación y universidades tratadas como gastos superfluos, salarios estancados durante treinta años, jóvenes que emigran y un debate público infinitamente más preocupado por controversias ridículas que por la cuestión de en qué se convertirá Italia dentro de veinte o treinta años. Vista desde la perspectiva china, esta irrelevancia se vuelve casi tangible.

Aún más llamativo es el contraste con la dirección que toma el espacio euroamericano. Ante el auge de una potencia económica, tecnológica y política que margina la centralidad occidental, la respuesta predominante evita cuidadosamente impulsar una nueva era de inversión social, científica e industrial, prefiriendo barreras, aranceles, sanciones, militarización y rearme. 

Durante décadas, se nos ha dicho que los recursos para la sanidad, el bienestar y la educación deben racionalizarse hasta el límite de la escasez, y, ante las tentadoras oportunidades de negocio para los señores de la guerra, las restricciones presupuestarias se vuelven repentinamente flexibles.

Nos encontramos en un punto crítico de furia regresiva. Occidente, que forjó su grandeza con sangre y luego la presentó como la forma definitiva de modernidad política, reacciona ante la pérdida de centralidad rigidizando sus propias estructuras, levanta barreras tras predicar el libre mercado, impone aranceles arbitrariamente mientras acusa a otros de violar la competencia, invierte en rearme tras décadas de desmantelar la capacidad social del Estado y proclama derechos universales mientras convive con la destrucción de poblaciones enteras.

Nada de esto glorifica a China. Más bien, sirve para poner de relieve qué mundo sigue planificando el futuro y cuál se limita a defender, incluso de forma deficiente, sus privilegios del pasado. Una sociedad que, en medio de contradicciones y conflictos abiertos, continúa planificando infraestructuras, la transición energética, las ciudades y el desarrollo productivo con una visión generacional, se enfrenta a sociedades que han sustituido la planificación del futuro por la defensa cada vez más agresiva de una primacía heredada.

Me quedé con la sensación de haber encontrado un país que trata la historia como un terreno abierto y reconoce que la política posee un poder que hemos olvidado: el de elegir un rumbo y organizar el largo plazo. Arlacchi no me ofreció una explicación de China: hizo algo más útil, impidiendo que lo que vi se quedara en mera admiración, obligando a que cada impresión se midiera en función del largo plazo y desmantelando la pretensión de que Occidente ya posee todas las categorías necesarias para juzgar lo que sucede en otros lugares.

Analizar China con objetividad implicaría suspender, al menos por un momento, la costumbre de juzgar el mundo desde la perspectiva de un Occidente que considera universales sus categorías mientras pierde la capacidad de transformarse. 

Significaría admitir que el mercado no es una ley natural, que la planificación puede pertenecer al futuro, que el Estado puede ser algo más que el administrador de la rentabilidad privada y que la modernización se resiste a coincidir con la occidentalización. 

Sobre todo, nos exigiría aceptar la posibilidad de que nuestro sistema cultural y mediático oculte lo que realmente sucede: mientras debatíamos si la historia había terminado, uno de sus centros más antiguos regresaba para guiar su curso.

mardi 14 juillet 2026

El fetichismo de la Inteligencia Artificial

 

La metáfora dominante actual del espacio digital, «la nube», es en realidad una metáfora de la propiedad privada y de la exclusión del acceso público a los recursos materiales

John Bellamy Foster, profesor y sociólogo marxista estadounidense 

ARTÍCULO COMPLETO 

jeudi 28 mai 2026

Teoría de Juegos: Porqué el Nuevo Orden Tecnológico deviene en el Viejo Absolutismo Monopolista


En resumen, usemos el método analítico que utilicemos, el Nuevo Orden Mundial es el Viejo Orden Rentista camuflado. Aquel rancio sistema del ordeno y mando, señoritos y mayorazgos. ¿Por qué? Por las propias dinámicas de concentración de capitales del sistema dominante. El periodo de diversidad empresarial desplegado hasta ahora acabó, encogerá y se concentrará en Monopolios Globales, bien sea militarísticos, bancarios, energéticos o tecnológicos. Sean chinos, rusos o americanos. Y contra esta fuerza centrípeta, no hay nada que se pueda hacer en este sistema. Si en el S.XIX fue la fábrica la que maximizaba la acumulación, si en el S.XX fueron las finanzas, en el S.XXI son las IAs. El resultado es el mismo: MONOPOLIOS. Y por encima de todos destaca el Monopolio del Monopolio. ¿Adivináis cuál es?



Teoría de Juegos y Materialismo Histórico


Aunque lo ideal sería leer la Opus Magna e imprescindible de El Kapital, disponible en audiolibro para perezosos, hoy en día, en este mundo gamificado, fragmentado y escriptado (programado por guiones informáticos o scripts) por las Inteligencias Artificiales "IAs", está de moda la Teoría de Juegos. Ni que decir tiene que con exactamente los mismos resultados predictivos que el denostado Materialismo Histórico. ¿Por qué? Porque son técnicas complementarias, no contrapuestas. Y porque los datos apuntan en la misma dirección. 

El materialismo histórico estudia la evolución de la Historia en base a hechos materiales y evidencias, necesitando de la estadística para corroborarse. La Teoría de Juegos, puesta de moda por el profesor Jiang Xueqin a través de YT en 2025, es la rama de las matemáticas que estudia modelos de interacciones estratégicas en los sistemas. Aplicada a la Historia, parte de la estrategia (tipo de interacción) más frecuente (sea o no la más eficaz) para conseguir unos objetivos siguiendo unas normas dadas, de ahí que se pueda estudiar estadística y matemáticamente. Si el materialismo histórico indica que de A se llegó a B, la teoría de juegos indica la forma más frecuente de llegar de uno a otro punto.

Aceptamos el reto. Vamos a definir someramente el objetivo del juego, los jugadores, el sistema, las piezas y hasta el tablero de formas familiares y simples. Y vamos a notar lo más frecuente. A partir de ahí, cualquiera podrá adivinar los resultados más probables y sacar sus propias conclusiones.

1 Definiendo el juego

1- Objetivos Generales de los juegos

Los objetivos generales son comunes a todos los Sistemas/juegos:

La dinámica básica de la vida es que el hombre, los seres vivos, necesitan CONSUMIR para vivir. Sin consumo suficiente, no hay vida. El resto de actividades son realmente accesorias.

Como lo que se consume a lo largo del tiempo no se obtiene todo a la vez, se produce. Esto convierte a la PRODUCCIÓN en la base de las necesidades humanas. 

El consumo y la producción establecen CICLOS, de acumulación y distribución, de consumo y producción, y estos ciclos producen una circulación, que implica movimiento y flujo. Una dinámica.

El concepto de ciclos tal vez sea el menos percibido, debido a la enorme cantidad de ciclos a la que nos vemos sometidas. Desde ciclos instantáneos, como las pulsaciones, respiración, a circadianos, mensuales, anuales, vitales o milenarios, civilizatorios... La secuencia es la esencia de la vida y del universo, y también se puede expresar como 'función sinusoide' matemática.

2- Las Piezas

Entender el juego, es más fácil si entendemos sus piezas. Las piezas también son comunes a todos los Sistemas/juegos, a pesar de que en cada sistema se encuentren en distintas proporciones y tengan sus peculiaridades.

Recordemos primero los 4 componentes de la producción, las piezas, son: 
1- Capital humano: conjunto de seres humanos que trabajan
2- Capital financiero: masa dineraria que se invierte, acumula y distribuye. 
3- Medios de producción: lugares, construcciones, equipos y herramientas que permiten la producción
4- Materias primas: sustrato material que cambia de forma para producir un beneficio

Una particularidad curiosa y muy importante de los componentes: a pesar de que todos son mensurables, el capital financiero es, conceptualmente, infinito, siendo el resto finitos. Otra es que el capital financiero se convierte en la referencia del beneficio.


3- Marco - Reglas básicas de este juego

El  marco es la forma particular de producción conforme a unas reglas; si lo cambias, cambias de sistema, y tienes otro juego. Con las mismas piezas se puede cambiar el juego tan solo con cambiar las reglas, porque desarrollas distintas estrategias para llegar a un objetivo. Varios juegos han dominado distintos momentos de la historia: nomadismo, tribalismo, esclavismo, servidumbre o capitalismo.

Por comparar, veamos el Sistema Feudal, aún vigente en algunas regiones. Este sistema generaba sus propias dinámicas, su propio juego, y permaneció estable durante literalmente cientos de años. Se compone esquemáticamente, a pesar de todas las posibles variantes, de:
Tres estamentos o tipos de jugadores, en que cada uno tiene su propio cuerpo jurídico: nobleza, clero y tercer estado. Organizados en Posesiones de diferentes nombres y cualidades, como los feudos, villas, parroquias, satrapías, marcas, haciendas, burgos... Se relacionan por medio de reglas similares: usus, fructus y Abusus (vasallaje) de los bienes, y propiedad hereditaria. Poseen un principio de jerarquía transversal, como la Patria Potestas o principio patriarcal de autoridad. La tierra es la principal fuente de riqueza.

El Sistema de Producción Dominante de cada época ha ido cambiando, cohabitando con otros sistemas, pasando por etapas a lo largo del tiempo, hasta llegar al actual, denominado Capitalismo, que organiza con sus normas al 99% de las personas del planeta. Caracterizado por:

- La concentración de medios de producción en un solo punto, la FÁBRICA, la industria, como fuente principal de riqueza material. Sin fábrica no hay capitalismo.

- La DIVISIÓN DEL TRABAJO (especialización) en la forma de producir un bien o servicio. 

-Esta división extrema del trabajo no puede darse sin la enajenación del mismo, y su resultado, el SALARIO

-A su vez, esta desconexión entre el trabajo y el fruto del trabajo, este salario, no se podría dar sin el concepto de PROPIEDAD PRIVADA de los medios de producción. 

- La distribución de los bienes y servicios se realiza por medio del BENEFICIO, que mueve la inversión; es decir, dirige al capital financiero. Para los trabajadores el beneficio se percibe en forma de SALARIO. Para los propietarios RENDIMIENTO, plusvalía, renta, sur plus, profits... todos expresan lo mismo, producto del patrimonio de medios de producción.

-MERCADO y MERCANCÍAS- Lo producido, bienes o servicios, han sido enajenados, y deben ser intercambiados constantemente, de ahí la enorme importancia del mercado por sobre otro tipo de intercambios. Bien sea al por menor, o al por mayor en marcados, lo que se intercambian se denominan mercancías.

4- Jugadores

Los jugadores también son consideradas como piezas. En este marco se deben dividirse conforme a la propia definición del juego, es decir, según su capacidad productiva y de obtención de beneficios (consumo).

En el marco particular capitalista, básicamente solo hay 2 categorías de jugadores: 

A-TRABAJADORES, que solo disponen de su fuerza de trabajo (producción) como forma de provisión del consumo, funcionando como Recursos Humanos. La condición normal (IC95%) es que, independientemente de que posean o no patrimonio, No poseen medios de producción. Son los desposeídos.

B- PROPIETARIOS, generalmente denominada clase ociosa, disponen de los Medios de Producción capitalista. Es decir, no solo basta tener un patrimonio, ni obtener una renta para pertenecer a esta categoría; lo fundamental es participar en el capital productivo. Esto es así debido a la Ley de Propiedad Privada, que dice que el poseedor de un bien lo puede: usar, disfrutar (disponer del fruto, rendimiento o renta), disponer (vender, donar, hipotecar, destruir), reivindicar, o libre comerciar.

Hagan lo que hagan, se dediquen a lo que se dediquen, publico o privado, los propietarios, en su conjunto, tienen una necesidad vital sin la cuál no podrían existir: mantener la producción.

5- Tablero

El tablero, como en el Risk, es el Mundo. Dependiendo de sus características geoclimáticas cada región tiene unos intereses.

2 Disposición de piezas en el tablero.

En este sistema, se disponen las piezas sobre el tablero del siguiente modo: 

- El capital humano se sitúa donde está históricamente, pero se puede forzar su crecimiento, decrecimiento o desplazamiento de múltiples maneras (migración, deportación, exterminio...).
Se colocan a los Asalariados y Propietarios.

- El capital financiero permite el control del sistema, porque integra la información y dirige la inversión. Dirige el flujo de materia, energía y trabajo hacia sus formas más beneficiosas para sus tenedores. Es virtualmente infinito y muy volátil... Se distribuye entre personas jurídicas y personas físicas. Una parte se suministra periódicamente a los trabajadores para su manutención en forma de Salario. Otra, a los titulares-propietarios en forma de Rentas del patrimonio. 

- Los Medios de Producción se localizan en territorios históricos, con la particularidad de que constantemente se renuevan, concentran, reconcentran y reemplazan unos a otros, no solo dentro de la fábrica, sino dentro de áreas geográficas, según el desgaste y el aumento de tecnología.

Este es el verdadero núcleo del capitalismo, la concentración de medios de producción que permite la disminución del tiempo socialmente necesario de producción (que no maximización de recursos) y la ventaja competitiva necesaria para generar monopolios; es decir, eliminar a la competencia.

- Materias primas: se localizan donde se localizan geográficamente, y son, por definición, renovables (agua dulce, plantas) o no renovables (petróleo, carbón), conformándose cada una de ellas como un nodo inicial de un flujo fuente-sumidero.

3 Reglas de juego

El juego, realmente, no tiene muchas reglas, pero se deben cumplir. Así es cómo se juega:

La mercancía debe contener Valor. 
Es la base del precio y el beneficio. Es la apreciación de una cualidad de un objeto o acción, bien o servicio, por parte de una persona (física o jurídica). Es cambiante y circunstancial. De los muchos valores que se pueden otorgar (sentimental, moral, social...) dos se contemplan como los más importantes para el juego: el valor de cambio y valor de uso. De estos valores derivan: los intercambios, la acumulación, el crédito y las deudas, y, por su puesto, el mercado.

La producción debe estar Valorizada
Valorización es el proceso por el cual algo (la materia prima) aumenta de valor después de aplicarle un trabajo. Este algo se convierte en producto; y al haber sido valorizado, 'producto valorizado'. Cuando este es intercambiado se denomina mercancía, que puede ser un bien o un servicio. Y cuando es intercambiado produce un beneficio (es pues la diferencia entre el coste de la materia prima y la producción valorizada vendido como mercancía).

El "tiempo de Trabajo socialmente necesario para producir un producto" es la base de la competencia. 
Disminuir este tiempo de producción es la causa de la especialización y de la enajenación que rige en el sistema de producción fabril, porque es la base de las especialización. Cuanto menos tiempo se tarde en valorizar un mismo producto, mayor es la producción y mayor la competitividad. Este "tiempo socialmente necesario para la producción" es la clave de la estructura, porque impulsa la innovación. En nuestro marco, el trabajo en FÁBRICAS permite la minimización del tiempo de producción.

El intercambio debe aportar Beneficio
Es el resultado percibido como positivo, para una persona, de un trabajo o intercambio. 

"Ley del valor" es la norma que rige el intercambio, el precio, y maximiza el beneficio. Se resume en "comprar barato, vender caro".

Notar que una institución financiera es, por su estructura, organización, división del trabajador, sistema de reparto de beneficios, titularidad, herramientas e instalaciones de trabajo, en práctica, un fábrica de dinero y productos financieros, que son tratados como mercancía.

4 La dinámica del juego

1 Inicio de partida:

A pesar de que la actividad fabril y bancaria se origina siglos antes, se reconoce la transformación del Viejo Régimen al Nuevo Régimen como la inauguración oficial de un nuevo periodo por los historiadores en la Revolución Francesa de 1789, dando inicio a la partida. Partimos de los viejos capitales y de la acumulación originaria histórica, más conocida por acumulación por desposesión. 

La dinámica del juego la establecen los jugadores moviendo sus fichas para producir bienes y servicios mientras se consume. Cuanto más se acumula, más aumenta el consumo personal. Y cuanto mayor beneficio, mayor acumulación, ergo mayor consumo; más rico. 

La mercancía del trabajador es su tiempo de trabajo, y lo intercambia con el propietario por salario. Su objetivo es pues trabajar lo mínimo por el máximo sueldo; para acumular el máximo beneficio de su trabajo en el mínimo tiempo. 

El interés del propietario es acumular el mayor número de propiedades que generen beneficios, activos, para obtener el máximo beneficio de su trabajo en el mínimo tiempo.

Para que un propietario tenga beneficio debe vender (intercambiar) mercancías (lo que sea que se venda).

Cuando varios propietario producen una misma mercancía pueden darse dos tipos de interacciones:

A- COMPITEN: El final de esta competencia es desplazar a las mercancías del rival para conseguir mayor beneficio y maximizar su tiempo. 
- Cuando la competencia es eliminada el beneficio es máximo y se consigue un MONOPOLIO.
- Cuando la competencia y la rivalidad es máxima, total, crítica, se produce la GUERRA; competencia mortal.

B- COLABORAN: el fin de esta unión (filiación, asociación, absorción, cártel, etc) es... desplazar a la competencia para formar un MONOPOLIO o ir a la GUERRA.

Al competir por el beneficio, organizan los medios de producción para maximizarlos. Las FÁBRICAS son la respuesta. Tienen tal velocidad de producción que esta excede las capacidades del mercado para absorber los productos. Por tanto, se establece una competencia entre fábricas por ver quién ocupa los mercados. Y entre los países por albergar fábricas. Esta es la dinámica.

2 Medio juego

La paz no existe, solo existe el monopolio.

El grande se come al chico. Lo normal es que, ante un mismo producto se produce una escalada de la producción (producción a escala). La fábrica más competitiva desplace al resto. Las fábricas, reunidas en industrias, se arremolinan en regiones económicas para maximizar beneficios, los países y regiones acaban especializandose en la producción (Krugman 2008). El país industrialmente más potente suele desplazar competitivamente al resto. Antes (o después) de llega a un conflicto abierto, se suele llegar a algún acuerdo que suele implicar la formación de un pseudomonopolio (quotas de mercado, reparto de mercados, zonificación, aduanas, aranceles, sanciones, etc...). Cuando un país defiende a muerte sus industrias (incluida la bancaria) se produce una GUERRA entre países. 

Esta es la dinámica general, como sociedad, porque la dinámica individual a lo único que lleva es a Beneficiarse y Consumir , no a Producir insumos "porque si". Éstos solo se producirán bajo ciertas condiciones. ¿Por qué? Porque incluso el rendimiento del propietariado está alienado. La fuente del beneficio se aleja del beneficiario y este pierde la perspectiva. El beneficiario solo produce si le favorece personalmente. Se empleará en la actividad que le aporte más rendimiento, que generalmente es la financiera. Por ejemplo, al ser humano le conviene conservar la selva del Amazonas, pero a los terratenientes les conviene que arda, para generar pastos. Ganan los terratenientes.

En el momento actual, el sector financiero es el que mayores beneficios individuales reporta. Cuando un país se especializa en la financiación (EEUU, UK, Suiza) y deslocaliza la producción  para disminuir sus costes, (dos de las condiciones de Lenin para que un país se denomine Imperio), debe, por fuerza, controlar a los países productores, porque debe asegurarse que estos países coloquen sus productos/suministros del modo que le conviene. Si no lo hiciera, los productores impondrían sus precios, lo cual sería menos ventajosos. Hay varias formas de mantener este control, que se engloban en dos grandes grupos: poder blando y poder duro.

En el S.XXI la banca es la IA y la IA es la banca


La fuente primordial de beneficios en el S.XVIII, eran las manufacturas, en el S.XIX eran las fábricas, en el S.XX fue la banca. En el S.XXI la tecnología digital absorbe, más bien se fusiona con la banca. En el S.XXI la banca es la IA, y la IA es la banca. La banca actual y la inteligencia artificial (IA) comparten una base idéntica: operan fundamentalmente como procesadores de datos masivos orientados a predecir comportamientos, gestionar riesgos y automatizar decisiones:
- Mismo objetivo: toma de decisiones predictiva, organizar la producción/sistema para maximizar resultados, reconocimiento de anomalías y riesgos
- Mismos instrumentos lógicos: estudio estadístico de datos masivos, analisis de tendencia, similaritud de unidades bit-divisa quasi-infinitas, similaritud de procesos
- Mismas herramientas: tecnología digital, centros de datos y algoritmos

Aunque se llame banco, no deja de ser una fábrica de capital-dinero, la industria del dinero. Una industria absurdamente circular, con sus reglas y particulares. Las instituciones financieras son el centro organizador del sistema capitalista, el cerebro y el corazón, y consideran al resto de capitales accesorios prescindibles para obtener beneficio. Al tener la función de dirigir la inversión para obtener este beneficio (y desplazar a la competencia), son las encargadas de compilar la información e interpretarla. ¿Se entiende entonces el por qué las IAs reciben tanta atención e inversión? La banca actual no podría ser lo que es sin esta IA. Esta IA permite integrar conocimientos y mecanizar tareas como nunca antes. Esto supone echar a la calle a todos los empleados de banca, dejando al cargo a gestores de sistemas informáticos. Y el grado máximo de integración y de mecánica es que un solo ente, una sola IA, de un solo propietario, físico o jurídico, controle toda la inversión; y se lleve todo el beneficio. Como el dinero es literalmente abstracto, anotaciones en un libro de cuentas, y no tiene más valor que el socialmente otorgado, todo el trabajo bancario puede ser mecanizado y digitalizado, proporcionando ingentes beneficios, cada vez entre menos titulares. De ahí también la competencias entre las IAs y el interés de los distintos países. Quien controle la IA, controla las finanzas. La IA son las finanzas, las finanzas son la IA.

3 Fin de Juego


Después de tanta rivalidad y dos guerras mundiales, la tercera con esta; de equilibrio de bloques y sorpasos imperiales; de colaboraciones y puñaladas; de artimañas y trucos; cuando se produce un monopolio, por definición ya no hay competencia efectiva (porque se destruyó o se asimiló), y se producen tres fenómenos:
- Fin de la innovación: porque ya no tiene competidores. 
- Fin de la inversión en nada que no sea mantenimiento: para que siga el negocio
- Precio de Monopolio, caracterizado por: abuso explotativo, precios predatorios y discriminación de precios. 
- Al no haber competencia, tampoco hay mercado, por lo que se pierde la referencia del 'precio del mercado'. Tanto el precio como la cantidad y calidad de producto comienzan entonces a fluctuar según la conveniencia del productor, no del consumidor. 

¿Qué sucede en el fin de juego? Aunque quede mucha partida, básicamente el ganador se lo lleva todo.

Según la lógica del juego, el grado de desarrollo máximo de una empresa/país/ente es el MONOPOLIO MUNDIAL, en que una empresa, una sola fábrica gigantesca, una sola región, produce para el mundo entero. Y ya tenemos ejemplos, como TSMC (chips), ASML (litigrafías), Microsoft (Sistemas operativos), Google (motores de búsqueda), de Beers (diamantes)...

Como escenario más que posible: Si los clanes bancarios Anglo-sio-americanos se erigen en Monopolio o Pseudomonopolio Mundial Bancario, controlarán la producción mundial de los Monopolios Mundiales, porque dirigen la inversión, y lo que generan es un MONOPOLIO DE MONOPOLIOS MUNDIALES de facto.

Podemos ir más allá. El núcleo del sistema financiero no es la creación de dinero, ni la generación de intereses, cualquier institución puede hacerlo. El núcleo es el deber de pago y el cobro de deudas. El deber de pago lo ejercen los estados por medio de la coerción legal, que asegura el cobro de deudas en la moneda establecida. La otra forma de asegurar el cobro de deudas son los reaseguros, es decir, los derivados financieros. Si bien no hay monopolio sobre el deber de pago, ya que hay unos 200 estados, infinitud de paraestados, el comercio de derivados financieros es un oligopolio realizado principalmente por 5 bancos: JPMorgan-Chase, Goldman-Sachs, Citibank, Bank of America y Morgan-Stanley. Este es el punto en que estamos. Y podríamos afinar más buscando a los amos del calabozo, porque solo hay que conocer quienes son los propietarias de estos bancos, que son grupos de inversión como Backrock, Vanguard, Fidelity, SSGA, Capital Group... para encontrar al bicho. Finalmente, llegará un punto en que estos 5 bancos competirán a muerte, y solo quede uno.

El resultado lógico del Monopolio del Monopolio Mundial llevado por Wall Street-City de Londres-Coalición Epstein, es que, por las normas del juego anteriormente mencionadas, una persona física o jurídica, sea titular de todo; es decir, el Absolutismo Estructural. Revestido formalmente de algún modo amable, si se quisiera ejercer el poder blando, bien democracia formal,  república, federación, monarquía parlamentarias, sagas presidenciales, oligarquía como en USA, tecnocracia como en Italia,democracia restringida (prohibición de partidos) como en Ucrania, etc. O directamente de dictadura miliar, si se aplica el poder duro. 

¿Se entiende ahora cómo EEUU-UK-Israel son capaces de rearmar sus colonias y vasallos, Europa en general y Alemania en particular vs Rusia; países árabes vs Irán; Australia, Japón, Filipinas, Surcorea vs China? Porque pagan los mismos, en base a la percepción de unos beneficios comunes.

Como siempre mencionamos, solo hay que conocer las reglas y comprobar sus efectos para comprender qué es lo que falla en este sistema y qué se debe cambiar. Pero, sobre todo, hay que tener en cuenta cuál es el objetivo. Si el capitalismo propone la concentración mundial monopolística en manos de crápulas desalmados, a penas calificables de humanos,  y desligados de los padeceres de este mundo, nosotras debemos ir justo en la dirección contraria. Debemos conseguir la descentralización mundial comunista, en la que todas las personas tengan participación y propiedad de medios de producción que den derecho a decisión y a beneficios. Apliquemos la Teoría de Juegos, despertemos al elefante encadenado, y veamos a donde nos lleva.

Salud! PHkl/tctca

lundi 4 mai 2026

Misère de la déconstruction : Deleuze, Foucault, Derrida, « french theorists » au service du nihilo-mondialisme américain


SOURCE : Katehon 2017, par Yannick Jaffré

Si les États-Unis ont été le laboratoire social du post-modernisme, des Européens, Français à l'avant-garde, en furent les théoriciens. Comme souvent, les Américains font d'abord, pensent ensuite et, philosophiquement, presque jamais par eux-mêmes. Ainsi la dissolution du patriarcat, l’individualisme économico-juridique, le règne du consumérisme et le relativisme moral ont-ils été expérimentés aux États-Unis avec plus de spontanéité et de radicalité qu’en Europe. Mais la vague post-moderne a dû ses concepts au travail de philosophes français. Sans l'hégémonie américaine combinant puissance matérielle et mimétisme social, hard et soft power, l'anti-monde des quarante dernières années aurait bien sûr été impossible ; mais sans les élaborations, ou élucubrations, menées en Europe par certains penseurs, il n'aurait pas exercé la même séduction intellectuelle.

Des deux côtés de l'atlantique, cependant, cette hégémonie n'a jamais été complète. L'histoire n'a pas de fin, aucune époque n'est parfaitement synchronique, et toute domination trouve ses contrepoids. Contre le nihilisme post-moderne, le katekhon a bien opéré. - Par l'inertie des traditions culturelles et des structures familiales, par un patriotisme imprégné de religiosité et un populisme qui viennent de porter Trump au pouvoir en Amérique, par un mouvement de réaction contre la « moraline » droit-de-l'hommiste qui doit encore trouver en Europe sa traduction politique. Je suis de ceux qui considèrent que la configuration nihilo-mondialiste est morte, dans l'ordre de l'esprit comme dans celui de la matière. Mais le cadavre poursuit ses destructions, comme un zombie. Il faut donc encore en disperser les restes.

Il n'est pas utile en revanche d'entrer dans les subtilités, somme toute bien facultatives, de la déconstruction philosophique. La diversité interne de ses courants, réelle, n'est pas essentielle. Toutes ses variantes sont rassemblées sur la même ligne de front par leurs cibles communes : l'enracinement historique, la substantialité philosophique, la décence morale et, au strict plan politique, les nations dans leur identité et les États dans leur souveraineté. Somme toute, la déconstruction croise les deux principales idéologies soixante-huitardes : le post-marxisme et le libertarisme, qui ont rapidement surmonté leur antagonisme initial. La première peut être représentée par Toni Negri1 dont les « multitudes mondiales », qui succèdent aux classes nationales, ont pour première passion, plus que la lutte anti-capitaliste, de détruire « cette merde d’État-nation2 » (sic…). Quant à l'autre coulée répandue par mai 68, libertaire et « alterolatre », cosmopolite et « autophobe », elle débouche sur la « gauche morale » immigrationniste. C'est elle que j'aborde ici à travers ses maîtres à penser Deleuze, Foucault et Derrida.

Les Américains, qui leur ont offert chaires sur chaires, les ont regroupés avec quelques autres sous le label « French Theory ». Cette faveur renseigne sur leur compte. Si elles touchent par endroits à l’éternité des grandes œuvres d’art, les philosophies majeures restent en effet, pour une part décisive, filles de leur temps. Il n’est pas seulement permis, il est nécessaire de les apprécier d’après leurs patries d'élection. Cette « géolocalisation » devient même indispensable quand une philosophie prétend lutter contre ce qui domine son époque. On pourrait sous ce rapport s’amuser de la popularité intellectuelle dont jouissent les déconstructeurs chez ceux qu’aux États-Unis on appelle liberals : occupant l’aile gauche du parti démocrate, progressistes en matière de mœurs, laissant intacts les piliers du libéralisme économique, ils sont, autrement dit, des libéraux-libertaires. Acteurs majeurs du capitalisme post-moderne dans sa superstructure idéologique, et bénéficiaires de son infrastructure économique, ils ont fait des déconstructeurs français leurs serviteurs érudits - semblables à ces esclaves grecs qui, dans l'antiquité, chapitraient la jeunesse romaine décadente. A cette différence près que ceux-ci entretenaient les fondements de l'histoire européenne que ceux-là veulent terminer. Pour parler « années 1970 », ces philosophes ont été les « valets du capital » post-moderne.

Lus de Berkeley à Columbia, donc, Deleuze, Foucault et Derrida sont les plus célèbres figures de la French theory. Je vais brièvement entourer le foyer commun de leur pensée. Ayant fait litière de la sentence opportuniste d’Heidegger selon laquelle la biographie des penseurs compterait pour rien3, je dirai aussi quelques mots de leurs parcours politiques personnels.

Deleuze forge des concepts puissants, nietzschéens, animés par les forces de l’art et de la vie. Naturaliste, il croit en suivre les croissances dans le « biotope » politique. Ainsi propose-t-il, dans l’Abécédaire qui a tant contribué à populariser sa pensée, la notion de « devenir révolutionnaire ». Une situation devient à ce point insupportable, dit-il, qu’elle cesse dans une explosion de liberté qui déracine les « arbres » - métaphores de tous les ordres oppressifs. Sur cette terre retournée fourmillent alors des « rhizomes » qui désignent dans la botanique deleuzienne d’imprévisibles ramifications libertaires. Car la liberté pousserait là, dans des « flux », entre les « branches », indisciplinée, anarchique, avant que les arbres liberticides reprennent vite et comme fatalement racine. Deleuze constate avec placidité que les révolutions « tournent mal » sans vraiment dire pourquoi, l’oppression lui paraissant devoir « arriver » à la liberté dans une sorte de balancement cosmique.

On ne peut à l'évidence concevoir avec lui un éventuel rôle positif de l’État, ni la valeur de la substance, au sens stoïcien de ce qui dure, tandis qu’on est happé par des flux « désirants ». Flux dont le potentiel consommateur-destructeur habite l’angle mort de cette pensée. Et c’est sans injustice flagrante que le vocabulaire deleuzien du « nomadisme », de la « déterritorialisation » et donc des « flux », se retrouve aujourd’hui dans la langue du capitalisme financier apatride. Et c'est aussi sans surprise qu'il sert à dissoudre par l'immigration l'identité des peuples et, avec elle, leur souveraineté politique. Deleuze, rétif aux rigueurs de la dialectique hégelienne, méprise les points d’arrêts, de repos et de contrainte, autrement dit les institutions indispensables à la liberté collective. Il renvoie ainsi les moments négatifs politiquement nécessaires – coercition, institution, autorité - aux « passions tristes » spinozistes, aux « forces faibles » nietzschéennes, autrement dit aux pathologies de la soumission. Et sa pensée offre l'aspect d’une sorte d'anarcho-naturalisme artiste qui, par constitution, supporte très mal l'épreuve historique. Ne comprenant l'histoire européenne qu'à travers ses grandes œuvres culturelles, il l'ignore superbement comme destin civilisationnel. Pour ceux qui font de ce destin leur combat, Deleuze n'offre que des armes piégées.

Quant à son parcours personnel, on peut y reconnaître une certaine fidélité et une probité stoïcienne. Il a certes cultivé le fétichisme des marges dans le joyeux (?) désordre de l'université de Vincennes, esquivé ensuite les questions embarrassantes sur les conséquences sociales et existentielles du gauchisme, refusé, en somme, de regarder en face le soleil noir de Mai. Mais après avoir embrassé la veine vitaliste de 68, sans jamais y revenir, il n’a jamais personnellement couru après les bénéfices, narcissiques ou matériels, de l’avant-garde.

On lit chez Foucault une prose théorique parfois étincelante, ainsi dans les inoubliables ouvertures de ses deux œuvres maîtresses, Surveiller et punir et Les mots et les choses. On y apprend aussi beaucoup car un corpus de faits - historiques, scientifiques et esthétiques -, donne à chaque proposition essentielle un appui probatoire. Mais en dépit d’une telle volonté positiviste, le concept foucaldien de pouvoir glisse entre les doigts comme l’eau de Thalès : élément  universel imprégnant toute chose, il serait à ce point répandu dans les institutions, les discours et les pratiques quotidiennes, qu’il en devient impensable. Avec cette conséquence logique qu’on ne peut échapper à un pouvoir partout oppresseur qu’en se projetant le long de lignes de fuite extraordinaires. Cédant comme Deleuze à l’idolâtrie des marges cultivée par son époque, Foucault réserve ainsi l’expérience de la liberté aux déments, aux criminels, aux parricides, aux transsexuels. Dès lors en effet que l’État (et toutes les institutions qui en émanent) ne serait qu’un pur agent d’oppression, n’importe quoi, à la lettre - du maoïsme aux droits de l’homme en passant par la révolution iranienne -, devient contre lui une ressource envisageable. Ayant bien saisi pourtant le passage des sociétés hiérarchisées « verticales » aux sociétés de contrôle « horizontales », Foucault, tout à sa répugnance pour l’État, n’imagine pas de le mobiliser contre les nouvelles dominations. Quant aux « subjectivations » individuelles dont il entreprend l’histoire originale depuis les Grecs, éprouvant chez eux, sans qu’œuvre ici le hasard, une dilection particulière pour les cyniques, elles se logent aujourd’hui à merveille dans le nouveau capitalisme de consommation. Celui-ci absorbe tous les modes de vie alternatifs dès lors qu'ils ne touchent pas, à travers une pensée rigoureuse et substantielle, au cœur de son réacteur. Il accumule les bénéfices de sa propre critique en y employant une armée de serviteurs « impertinents » (dont la « rebellocratie  » du spectacle, selon l'expression de Philippe Murray, occupe au bout de la laisse la tête la plus avancée).

Honnies par le penseur, les institutions de la république ne furent pas si mauvaises mères pour l’universitaire. Il y menait jusqu’en 68 une belle carrière sans vagues, qu’il poursuivit ensuite au Collège de France. Il devient peu après Mai un « compagnon de route » des maoïstes spécialisé dans la question carcérale, avant d’abonder intellectuellement la Révolution islamique iranienne en même temps que, sans solution de continuité, les « nouveaux philosophes » (Deleuze, lui, avait eut le bon goût de les tenir sur-le-champ dans le mépris qui leur revient). Il achève avec eux sa trajectoire en rejoignant le droit-de-l’hommisme4 qui, envahissant le champ politique à partir de la fin des années 70, va former avec l’hédonisme le couple infernal des deux décennies suivantes. Les choses s’aggravent encore post-mortem puisque le principal légataire éditorial de Foucault, François Ewald, allait conseiller, en plus de la Fédération française des sociétés d’assurance, Denis Kessler l’ex-maoïste dirigeant du Medef. Je crois qu’il n’est plus à craindre qu’un jour contre son ambiance apparente, mais conformément à ses lames de fond, le foucaldisme devienne un libéralisme. C'est fait. De son vivant, Foucault avait adopté les uns après les autres les états de la critique institutionnelle, majoritaire, permise et sans risque. A telle enseigne qu’on peut soupçonner son positivisme revendiqué, qui devrait a priori loger sa déontologie dans le respect des faits, d’avoir abrité une sourde servilité au Fait hégémonique s’insinuant, honteuse ou inconsciente d’elle-même, sous la flamboyance des concepts et des poses. 

Derrida, enfin. Il livre quelques puissants textes à l’époque de L’écriture et la différence (1967) avant de se fortifier dans l’idée qu’entre le concept et la métaphore, la philosophie et la littérature, les frontières devaient s’effacer au profit de la notion d’« écriture »5 - qui ne peut chez lui, lecture faite, être confondue avec le style. Se plaçant dans le sillage de Heidegger, Derrida entend « dé(cons)truire » l’équation fondamentale du projet philosophique grec : la saisie de l’être des choses par la pensée rationnelle. S’il n’y a pas lieu de soustraire ce projet à la critique, qui est un de ses gestes essentiels, elle n’en épuise sans doute pas toutes les virtualités. On pourrait au risque de passer pour un humble naïf s’attarder un instant, quels dégoût, mélancolie ou consternation que nous inspire le devenir de l’Occident contemporain, sur les plus hautes réalisations du Logos. Il serait donc pour Derrida à déconstruire d’urgence ou, plus subtilement, il connaîtrait une déconstruction interne que la pensée devrait recueillir. Mais alors que Heidegger entendait pour ce faire une Voix « gréco-allemande » plus ancienne que les calculs de la rationalité technicienne, Derrida reçoit son inspiration là, près de lui-même, dans la lettre hébraïque. Et il fait glisser, après Lévinas et tant d'autres intellectuels juifs, la philosophie d’Athènes à Jérusalem. Elle s'y perd sans retour. Dès lors que le monde est supposé échapper au logos qui s’efforce de l’éclairer, qu’il se renferme désormais dans une écriture indéfiniment déchiffrable, on prend en effet le chemin du désert théologique.

Derrida, adoptant assez naturellement le ton de l’Ecclésiaste rabaissant les vains édifices humains, renvoie ainsi les grandes philosophies à leurs impensés, leur logique consciente à ce qu’elle refoule, leurs intentions rationnelles à une lettre qui, « disséminante » et « différante », les déborde parce que l’infini travaille en elle6. Il passe au rouleau compresseur kabbalistique les distinctions sur lesquelles repose la pensée occidentale (cause et effet, substance et accident, sujet et objet, etc.) avec un acharnement formel qui exprime une sorte de haine froide. Dans une telle atmosphère de confusion, on marche à rebours de l’esprit du logos avec ses déterminations habitables. Rien ici ne paraît pouvoir subsister, durer, s’établir ou s’affirmer sinon, peut-être, la figure du philosophe prophète qui semble posséder, lui et lui seul, la consistance du particulier et le magistère de l’universel. Il juge en effet sans bienveillance, en brandissant une Loi aussi absolue que retirée du commun, les œuvres politiques, les cultures et les mondes particuliers des peuples (moins Israël...) qui veulent être quelqu’un dans l’histoire. Restent alors, pour tout solde, un empêchement de pensée et une théologie judaïque de contrebande.

Quand Deleuze s’installe avec ses concepts vivants dans une affirmation sans dialectique, Derrida administre au sens une correction infinie qui, n’affirmant jamais que l’imperfection du monde, porte en chaire un maître de l’obscurité. On passe donc, d’un French theorist à l’autre, du refus libertaire de la dialectique à son engloutissement dans les eaux glacées d’une théocratie négative. Pour un résultat somme toute équivalent : partageant les mêmes hostilités - métaphysique contre la substance, politique contre la nation-, ils ligotent la philosophie au cosmopolitisme des droits de l'homme.

Derrida s’est montré publiquement plus discret que Foucault. Jouissant dans l’université française d’une marginalité confortable, il empile les chaires américaines, soutient les dissidents tchèques, rentre en 1995 au comité de soutien à Lionel Jospin, duquel il s’éloigne en 2002 parce qu’il juge sa politique d’immigration impitoyable... Il accomplit en définitive le parcours sans faute d’une grande conscience de gauche pétitionnaire – Antigone séfarade d’amphithéâtre contre les méchants Créon d’État - qui ne se risque sur le champ de bataille qu'abrité sous le Paraclet du droit naturel cosmopolitique.

A moins de croire à la stratégie du cheval de Troie, douteuse en général, il faut bien se rendre à l’évidence : ces pensées sont à tel point aspirées par les pôles du monde capitaliste « post-moderne », qui mêle hédonisme et juridisme, qu’elles sont impropres à en combattre les toxines. Pire, elles les répandent. Émasculant intellectuellement la capacité politique des peuples, la déconstruction méprise l’État et la Nation - l’acteur du pouvoir et sa source légitime – au profit de résistances introuvables. Par la Nature chez Deleuze, par les Faits avec Foucault, par la Loi aux termes de Derrida, on finit par perdre la mesure dans les choses, l’autorité des faits vacille et l’esprit des lois devient impensable. En pourchassant avec les gauchistes sa configuration patriarcale, nationale et industrielle, ils ont prêté leurs amples pensées à l’ennemi capitaliste qui, disais-je, passait avec eux au stade puéril, mondial et consumériste. A travers leurs cas particuliers le magistère de 68 est en cause, avec son « héritage impossible7 ».

Les French theorists déconstruisent, critiquent ou subvertissent les catégories de la tradition philosophique occidentale. Mais le poids des choses contrarie sans cesse leur prétention avant-gardiste de dépasser par la pensée ce qui, dans cette tradition, abrite les conditions d’un monde habitable. Même quand ils l’abordent plus humblement, la logique même de leur pensée leur fait maltraiter l’histoire. « Post-modernes », ils ne cherchent dans leur époque, et donc n’y trouvent, que des dates de péremption, frissonnant de plaisir à chaque acte de décès qu’ils croient pouvoir prononcer. En réalité, complaisamment postés partout où le « vieux monde » est déjà mort, ils ne conjurent que des menaces révolues en s'aveuglant avec métier sur les dangers présents.

Qu’on me comprenne bien : je ne pointe pas ici le retard sur le Temps des intellectuels en question. Non, je suis tout au contraire frappé par leur collusion avec le capitalisme dont ils semblent instruire la critique. S’ils étaient « inactuels » ou « intempestifs », ils joueraient du marteau nietzschéen. S’ils surmontaient leur époque, ils suivraient le totem des philosophes selon Hegel, « chouettes de Minerve prenant leur envol au crépuscule ». Bref, s’ils pensaient leur époque en s’écartant d’elle, pour la subvertir, la surmonter ou la dépasser, ils rempliraient le rôle moderne auquel ils prétendent. Mais, épousant la trajectoire du 68 des élites, ils sont passés d’une révolution libertaire parlant marxiste au « droit de l’hommisme » antiraciste millésimé « années 80 ». Via, donc, les universités américaines. Mais ils subissent aujourd'hui, le temps de leur splendeur passé, le retour d'une logique implacable : à force d’ignorer les permanences au fond des choses pour se précipiter à l’avant-garde de la critique de la domination, on est irrémédiablement condamné à épouser les formes que la domination prescrit à sa critique.

C'est au fond le vieux Jacques Duclos qui avait raison. Dans un opuscule paru dès l'été 19688, le dirigeant stalinien mettait en garde contre les descendants de Bakounine jetant des pierres au quartier latin. Ces gauchistes, avertissait-il, propagent un désastreux « amorphisme » révolutionnaire : leur haine des formes, des mœurs et des institutions, les condamne à définir la liberté comme une pure négation ou, ce qui revient au même, comme un pur plastique. « Détruire c’est créer » disait ainsi Bakounine, l’éternel adolescent.

Aux aurores de la modernité, Descartes avait pressenti les audaces terribles qui s’ouvraient devant la volonté infinie, illimitée et prométhéenne à laquelle la science nouvelle faisait découvrir sa puissance. Puissance qui pourrait s’exercer non seulement contre une tradition intellectuelle imparfaite mais aussi, et c’était la crainte de Descartes, contre tous les ordres moraux et politiques. Ainsi ne cesse-t-il dans le Discours de la méthode de mettre en garde contre une extension « démocratique » du doute radical qu’il pratique dans le domaine de la connaissance pure. De la grandeur inquiète de ces commencements, nous sommes passés au gauchisme de consommation « post-soixante-huitard ». S’il recule dans le passé, il continue d’irradier notre présent comme une strate géologique recouverte mais encore active.
Depuis quarante ans, la liberté moderne échoue ainsi sur une plage artificielle qui, après 68, a recouvert les durs, les vertueux pavés « gaullo-communistes ».

Un haïssable petit « moi » s'y agite, formant des pâtés capricieux, qui exige, revenu à la maison, de consommer sans ranger sa chambre. Bientôt père en rollers chantonnant Vincent Delerm, il n’hésite pas à porter des dreads-locks qui, bien acceptées dans son « job », aggravent son cas devant l’Éternel juge de tous les styles. Il prend avec l’âge l'aspect d’un vieux poupon arrogant et vagissant, réclamant l'air méchant de jouir encore et encore, et qui, gênant, tout le monde, ressemble trait pour trait à Dany Cohn-Bendit... Mais Cohn-Bendit va mourir bientôt, son monde est en phase terminale, et la déconstruction restera dans l'histoire de la pensée européenne comme le symptôme d'une dépression passagère. Le réalisme politique, la décence éthique et la consistance philosophique ont commencé leur insurrection. Mais c'est une autre histoire. Elle s'ouvre devant nous.

vendredi 1 mai 2026

Carlos Semprún Maura sobre Guy Debord y Juan Goytisolo : "Paseo entre tumbas" (2004)

 FUENTE https://www.libertaddigital.com/opinion/ideas/paseo-entre-tumbas-1276229394.html

No entiendo por qué tantos paletos carpetovetónicos presumen de haberse cruzado en un pasillo con Guy Debord, sobre todo después de la muerte de éste. Debord fue un hábil estafador y un copista, no sólo en sus escritos, también en sus gesticulaciones. Creyó alzarse a la altura de André Breton a base de expulsiones, uno del grupo surrealista, el otro de la Internacional Situacionista. Pero el talento literario no se mide por ese rasero.

Su única aportación al postmodernismo, son sus confusas tesis sobre la sociedad "espectacular mercantil", que realizó magníficamente cuando, a principios de los años setenta, disolvió su Internacional Situacionista porque "sus ideas habiéndose encarnado en las masas, que las habían hecho suyas, la I.S. había logrado su objetivo revolucionario, y por lo tanto se autodisolvía para no convertirse en una burocracia más." (cito de memoria). Cuando no se tienen ideas fácil es convencerse de que todo el mundo las comparte. La verdad es mucho más rastrera, el señorito Debord se aburrió de su juguete y lo rompió.
 
Hasta ahora yo tenía la impresión de que el Premio Juan Rulfo era un premio discreto, pero se lo han dado este año a Juan Goytisolo, en el marco de la Feria del Libro de Guadalajara (México), que se parece a una continuación del Foro de Barcelona, y de pronto cobra mediática brillantez. En ese contexto publicitario y comercial, y en su discurso académico, Goytisolo afirma que "... nunca he tratado de trepar por el escalafón ni hacer carrera en el Parnaso", con cínica ingenuidad.
 
Hay varias maneras de se conformista y de recibir honores y mordidas, una de las más usuales es precisamente la de fingir rechazarlos, al mismo tiempo que se coleccionan medallitas y premios. Dárselas de diferente y de rebelde en el contexto de la Feria de Guadalajara (las palabras a veces tienen su sentido) es francamente ridículo. Como buen paleto, Goytisolo se las arregla para hablar de Debord, algo que no venía a cuento en esas circunstancias, si no considerara que el situacionista difunto está de moda y que citarle es por lo tanto chic. Nos cuenta que llega a París, ansioso por leer a Gide, Proust, Malraux, Sartre, Camus, y Debord le dice que son pura mierda, o algo así. Goytisolo acusa a "Franco y a su Iglesia", de haberle impedido conocer a esos y otros autores, pero, sin negar la censura franquista, yo conozco a muchos a quienes, viviendo en Barcelona por los mismos años que Goytisolo, se las arreglaron para leer esos y muchos más autores sin necesidad de entrevistarse con Debord en París. Si con admirable modestia confiesa haber abandonado su condición de niño bonito de Gallimard, para lanzarse a la periferia. (¿dónde está eso?), no es por su estatuto de "autor de moda", como indica que Debord le trató públicamente de Goytisalaud (salaud: canalla), sino por su papel de comisario político y delator, acerca de Sartre, antes de convertirse en perrito faldero de las catástrofes nacionales que fueron Fernando Claudín y Federico Sánchez. Además, yo creía que el propio Goytisolo se había arrepentido de ese sucio papel que desempeñó durante la época.
 
Pero me equivoco, no fue Debord quien le abrió los ojos, fue Genet: "El ejemplo cercano del rigor ético y literario de Genet me salvó." Si se le puede conceder dotes literarias o talento o lo que sea a Genet, lo del rigor ético, no es sino otra estafa propagandística, porque reiteradamente Genet puso por las nubes el más despiadado y cruel terrorismo, y basta con releer sus textos, alguno publicado en Le Monde, para poder apostar, sin riesgo, que hubiera frenéticamente aplaudido a los atentados de Atocha. Si eso es rigor ético, ustedes me dirán en qué consiste el crimen contra la Humanidad.
 
Claro, que en Guadalajara, con tamboriles y trompetas mariachis, Goytisolo se ha atrevido a realizar un panegírico del terrorismo, ni siquiera enmascarado. En cambio demuestra un conformismo de sacristía, cuando, usando una de cal y otra de arena, lamenta tanto "la humillación y sufrimientos de los palestinos", como "los atentados terroristas (y) los bombardeos ciegos", tanto "la explosión mortífera de los trenes en la estación madrileña de Atocha", como "el horror del asedio a Sarajevo", etcétera. Declarando que todos son culpables es fácil convencerse de que no lo es ninguno, que la vida no es así de cruel. Desde luego que en las guerras se cometen atrocidades, pero si todas las guerras son injustas, las hay que lo son más. Ponernos todos en el mismo saco y tirarnos al río no te lava las manos ni te limpia de culpas. Por ejemplo, ¿todos los palestinos están "humillados", o hay palestinos en la OLP y en Hamás que son terroristas?, ¿por qué no te atreves a decir, como tu maestro Genet, que son héroes? Yo también me indigné por el asedio a Sarajevo, pongamos, pero no porque entre los asediados hubiera musulmanes, sino porque eran todos víctimas de la barbarie del ejército serbio. Pero también me indigné de la agresión soviética contra Afganistán, y que la derrota de la URSS era entonces el enemigo principal. La Historia no es una autopista recta, rodeada de flores, las malas sorpresas son frecuentes, y las guerras a veces innecesarias, como en Afganistán, o en Irak, o contra los nacionalcomunistas serbios.
 
Como buen turista, Goytisolo presume de sus viajes y nos enseñan sus fotos: "soy barcelonés, he sido parisiense, soy marraquechí, he sido neoyorquino, soy español, a menudo sin ganas, como dijo Cernuda, y desde las últimas elecciones honrado de serlo..."¡La repanocha! ¡Es español sólo cuando gana el PSOE! Y Zapatero le convierte en español con honra. Desde luego no tenemos la misma concepción del "españolísimo", yo soy español y lo fui con y contra Franco, y siempre he considerado que los gobiernos pasan y la nación permanece y evoluciona. Pero ¿por que considera que Zapatero le ha dado un pasaporte español y no únicamente un visado de turista? ¿Por que ha retirado nuestros pocos soldados de Irak, para enviarlos a Afganistán, o por que autoriza los matrimonios homosexuales? Pobre Goytisolo. Se agita, cuando puede regala un manuscrito suyo, como si de momia egipcia se tratara, a Hassan II, que no le recibe, quiere ser rebelde y no sale de los salones de la alta progresía, como audaz ruptura se declara homosexual, cuando no puede estar más a la moda, quiere ser diferente y resulta un clon, quiere abarcar el mundo y por muchas vueltas que le dé, no sale de su pueblo. No se trata de erratas, Don Juan, sino de pueblerinas sandeces.
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mercredi 29 avril 2026

Llegó la Amerikan Perestroika: El Imperio Estadounidense ha Colapsado e inaugura el Salvaje Oeste Mundial

FUENTE https://tarcoteca.blogspot.com/2026/04/llego-la-amerikan-perestroika-el.html?

 El Imperio Americano Colapsó exactamente el 28 de Febrero de 2026, iniciando su periodo de Reforma Profunda, la Amerikan Perestroika


Sea por el motivo que sea, conscientes o no, causa justa o injusta, instigación de Israel o proyecto hegemónico nacional, error de calculo... con el Ataque a Irán y el bloqueo del suministro de los países del Golfo Pérsico, Estados Unidos inaugura a lo grande un Ciclo Económico de décadas, si no definitivo, caracterizado por la energía cara, lo cual trastocará todo su plantel de aliados, rivales y hasta su producción interna. Ya no hay nada que hacer, ahora solo se puede gestionar daños.

Como EEUU ha colapsado y entrado en franca decadencia energética (aparte del resto de decadencias), intenta destruir los sistemas energéticos del resto de países Alemania, Australia, Irán, Hungría, Malasia, Rumanía...  Sabe  que está cayendo en una sima sin fondo, a la que seguirá la Trampa de la Deuda. EEUU quiere que el resto de países estén igual o peor que él si cabe (patada en la escalera). No solo es que él no puede proveerse a sí mismo de energía barata, es que no podría proveer a los demás países aunque quisiera.


Desde ya, podemos observar cómo la vieja arquitectura geopolítica previa al 28 feb se disuelve delante de nuestros ojos, conforme cambian los flujos y cantidades de energía. OTAN, ONU, Petromonarquías, OMC, FMI, G7..., son solo palabras que no significan nada. Lo que antes era rentable ahora deja de serlo. Lo que se movía hacia un lado, lo hará hacia el otro; o incluso no lo hará. Y lo que no pueda conseguir por contrato, lo conseguirá por las armas. Bienvenidos al Salvaje Oeste del S.XXI

Estados Unidos es perfectamente consciente de esta situación, está cambiando de paradigma, y quiere cambiarlo para todos. El Nuevo Mundo de Estados Unidos va a ser también difícil para él, ya que tiene una economía totalmente dependiente de la energía barata y el petróleo, pero cree que lo aguantará mejor que el resto. Y ya ha hecho sus apuestas: Armas, Petróleo y Monopolio.

Las cuentas


EEUU tiene el 4% de la población mundial, produce 2 billones $ en exportaciones (no sabemos si mercancías físicas, pero si como beneficios económicos), y consume el 21% de petróleo, aunque produce el 20% mundial. Su otrora 'barata' sociedad se basaba en el petróleo y la energía barata. Su economía en la deslocalización de la producción. China, con un 12% aproximadamente de la población mundial, consume el 19% de la energía, y exporta 3'3 billones $ anuales. A grosso modo, es el triple más eficiente. Esto nos da una idea del ajuste que debe realizar EEUU y lo que le va a pasar. Su sector primario ya no puede disponer de tanto del petróleo como antes. La agricultura podría subsistir, gracias a las grandes superficies. Pero la minería no. El sector industrial también es totalmente dependiente de la energía, aunque está en su mayor parte externalizado; sobre todo en China. La población se refugia en el sector servicios.

En sus previsiones, EEUU es prácticamente autosuficiente en hidrocarburos, por lo que la retirada del 10-15% mundial subsecuente a la Guerra de Irán no supone una gran diferencia en su previsión de consumo, máxime después de haber conquistado Venezuela. Lo que realmente supone es una retirada de aproximadamente un 20% del petróleo para el resto de países, empezando por los no productores. 

Unas cuentas, que no salen. Porque las previsiones de producción de hidrocarburos son negativas, a pesar de la tecnología del fracking desplegada desde 2016. No un poco, bastante más negativas. 


Plan sin fisuras: Far West para el Brand New World


Lo que viene

Al externo: 

¿Qué sucede cuando los países que son proveedores son los que tienen problemas?  Efectivamente, disminuye la cantidad relativa de producto y, por lo general aumentan precios y la escasez. Pero eso es solo el principio, porque al final, el precio cae.

Cuando el país sufre demasiado, se deteriora, se desmecaniza, pierde servicios, calidad de vida, poder adquisitivo, disminuye su consumo, y baja precios. Disminuye su competencia en el mercado industrial y aumenta en el mercado de las materias primas. Un efecto visto en los 80 como resultado de los créditos del FMI, en los 90 durante la caída de la URSS, en el S.XXI en el Ecuador post Correa, en la Argentina de Miley, Ucrania, y en todos los países sometidos a bloqueo o guerra: Irak, Afganistán, Libia, Siria, Venezuela, Cuba, Yemen... La lista es demasiado extensa como para nombrarla. Lo que EEUU no puede comprar a bajo precio, lo obtiene por las armas a bajo precio. 

Si bien Estados Unidos ahora ha estado bombardeando a las producciones energéticas mundiales, es de esperar que también quiera dañar los centros de producción de armas, principalmente Rusia, China, Europa, para convertirse en el monopolista principal. De todos modos, a pesar de que las armas es una cuestión estratégica nacional, y por tanto bien protegida, nadie dice que no puedan pasar a formar parte del accionariado o situarse en sus listas de  proveedores y financiadores; es decir, controlarlas tácitamente, como el caso de Europa y la OTAN.

Al interno

Está aplicando implacablemente la doctrina de la Producción a Escala y Digitalización. Una tendencia mundial propulsada por la tecnología, imparable, en que la producción de un bien o servicio es centralizado en un solo lugar mundial. Una tendencia que lleva indefectiblemente a la tercermundialización. Es decir, devaluación y disminución del consumo interno. El producto 'escalado' se convierte en un bien monopolizado. Tal vez esta es la palabra que no desean emplear, por eso la esconden entre la verborrea de la IA, tecnofascismo, criptobros, fakenews, etc. Pero la producción concentrada de un producto en manos de una empresa es lo que es, MONOPOLIO de toda la vida. Corporativismo de siempre.

Los monopolios de los que Estado Unidos quiere apoderarse son básicamente 3: energía, corredores y armas.

1 La energía, que por ser una materia prima está deslocalizada: los países productores deben ser sometidos, lo cual implica un Gran Ejército.

2 Los corredores de mercancías: los países controladores y los estrechos (incluida España) deben ser sometidos, lo cual implica un Gran Ejército.. 

Este es el punto donde se encaja el infame proyecto del Gran Israel, controlador regional de energía y corredores de mercancías. Una tarea encomendada por los sionistas financieros de Wall Street y la City, los verdaderos amos de EEUU, a los sionistas supremacistas de Israel, por medio de un Gran Ejército.

3 Las armas. Este es el bien industrial clave, llave del resto de la macabra arquitectura. Propulsada por la IA, las Light off industries, robots, toda la ilusión de Hollywood, alimentada con el producto barato de los países sometidos y financiada por los ya mencionados.

Planazo

Por medio de la energía barata y las armas abundantes controlarán los corredores que les dará acceso a mercancías más baratas aún, que se producirán en todo el mundo, siendo ellos, por su puesto, desde Wall Street, los intermediarios. Pretenden, por ejemplo, ser los suministradores de materias primas a China y vender los productos allí manufacturados con marca americana. A los propios americanos, no al resto. Ese es su plan. 

No quieren un comercio mundial ni de petroleo ni de armas. Quieren ser ellos los proveedores únicos de seguridad y defensa. El resto de productos realmente la dan igual, porque pueden extraerlos del mercado mundial. Un mercado controlado desde Wall Street y la City, y a la orden de Jerusalem. Pero estos dos mercancías, armas y petróleo, son fundamentales tanto para la vida como para la muerte, para la construcción y la destrucción. Los Estado Unidos no tienen las materias primas, ni las fábricas, ni siquiera infraestructuras; pero sí tienen los medios de destrucción que creen que le abrirán todas las puertas del paraíso de las mercancías. O al menos, así piensan. 

Dificultades insalvables

Sinceramente, no creemos que lo vayan a lograr. No van a hacerse con el Monopolio Mundial ni aunque tengan todo el dinero del mundo porque:
- Sus armas son malas, pocas y caras. Buenas para masacrar poblaciones, para hacer bloqueos, para hacer negocios espúrios, pero inútiles contra países. Lo mismo es aplicable a sus armas nucleares.
- Sus productos son malos, y tendentes a empeorar: sobrediseñados, obsolencestes o enshittificados.
- Sus gastos son excesivos, y tendente a aumentar. 
- Su rendimiento ridículo, como hemos visto en las cuentas al compararlo con China.
- Su robotización y digitalización es ineficiente, costosa, y lenta. 
- Han acabado con el talento, hundiendo su sistema educativo y su sistema de incentivos. Es decir, se han cargado su capacidad de innovación.
- Sus aliados son inconsistentes, volubles y volátiles.
- Sus acuerdos ya no son respetados, ellos mismos los primeros.
- A pesar de ser capaces de cooptar élites, sus adversarios son todos los ciudadanos, de todos los países, incluido el suyo, y de todas las condiciones; consecuencia del supremacismo. 
- A pesar de generar guerras delegadas, son incapaces de crear un bloque de aliados y evitar el surgimiento de bloques opositores.
- Falla su sistema de propaganda. "Inexplicablemente", después de saturar las redes con mentiras desde hace 40 años, pretenden que alguien les crea.

Conclusiones

Como cabía esperar, después del Colapso, Estados Unidos está practicando una reorganización interna de todo su sistema productivo, la cual implica una reorganización externa de su sistema de vasallaje.

Los problemas creados a raíz de la Guerra de Irán, en el resto de países, no se harán sentir inmediatamente en Estados Unidos. Podrán aguantar una temporada, tal vez un par de años. Pero el rebufo de la marejada les llegará como un tsunami.

El abandono del softpower, del consenso ideológico mundial, frente al belicismo abierto y la represión, supone un desplazamiento de capitales a estos sectores. Fomenta el salvaje Oeste, rivales fuertes capaces de usar las armas que legitimen intervenciones. Que permitan su infiltración. Pero también implica pérdida de influencia sobre élites extranjeras, dificultad en su cooptación, dificultades en su cooperación, y alianzas multinacionales opositoras. Al tiempo.

En pocas palabras, sus cálculos han fallado de nuevo, porque se han sobreestimado. Y seguirán fallando, porque, con sus niveles de consumo, bajo rendimiento y energía menguante, sus planes son, simplemente IMPOSIBLES. No son realistas. Su única posibilidad es de supervivencia como hegemón es su regionalización en el Fortress America y el Gran Israel y el inicio de reformas profundas.

A la reforma económico-monopolística iniciada, le seguirá una serie de reformas de todo tipo. 

Una vez que se reconfigure el mundo, vendrá un segundo Colapso, por la caída de la producción interna de carburantes. Por eso EEUU va a evitar por todos los medios que este nuevo mundo, estos bloques, acabe de reconfigurarse. Por eso iniciará más guerras regionales.

A este tsunami le seguirán otras varias réplicas, imposibles de determinar pero evidentes. 

Y finalmente, si sobreviven como sociedad, se atendrán al derecho internacional, que es lo que pide el resto de países y de la población de la tierra. Lo que tarden. Eso sí, el reguero de sangre y miseria que dejarán a su paso será épico. 

¿Guerra mundial? Económica, difusa, 2.0, pero, debido a la disuasión nuclear, no como las dos anteriores. Apostaríamos a que tomarán la forma de un Rosario de Guerras Civiles y delegadas.

¿Dónde quedamos nosotras? 

¿Hay sitio para el Pueblo entre tanto ricachón y ejército? ¿Hay sitio para las trabajadoras desposeídas? Cada una somos agentes de cambio; porque a nadie le gustará vivir en lo que se nos viene. Las élites dominantes han demostrado que no son capaces de gestionar ni un resfriado. Nuestro destino manifiesto es despojarlas de su poder, despojarlas de sus propiedades, hacernos con la producción, y repartirla fraternalmente entre el pueblo como iguales. No hay misterio, debemos hacer especularmente lo contrario que ellas hacen, medida por medida. Usar la red cooperativa resilente como respuesta a sus nodos monopolísticos dependientes. Nacionalización generalizada de expropiaciones, desconcentración de capitales privados y comunismo descentralizado. Quieren todo para ellos. Nosotras lo repartiremos todo.

Quieren sumisos soldados; ovejas para enviar a sus holocaustos y aquelarres. Les daremos beligerantes activistas; gatos salvajes con ganas de revolución. En este nuevo escenario en que los mantras neoliberales y neofascistas pierden su efecto sedante, es posible.
 
Salud!PHKl/tctca

mardi 21 avril 2026

Civilisation gréco-latine : Haaretz découvre les rois-philosophes en Iran

Ali Larijani a été tué dans un bombardement israélien le 17 mars 2026 à Téhéran, en compagnie de son fils, Morteza, de son adjoint, Alireza Bayat, ainsi que de plusieurs membres de sa garde rapprochée. Trois jours après la publication de cet article. Il aurait été trop enclin à trouver une solution négociée au conflit au goût de l'armée la plus morale du monde.

 Source secondaire https://www.les-crises.fr/un-dirigeant-impitoyable-un-brillant-philosophe-qui-etait-ali-larijani-l-homme-le-plus-puissant-d-iran/

Source primaire Haaretz, Gi’don Lev 14-03-2026
Traduit par les lecteurs du site Les-Crises 

Un dirigeant impitoyable, un brillant philosophe : qui était Ali Larijani, l’homme le plus puissant d’Iran ? Il a orchestré le massacre des manifestants en Iran. C’était également un philosophe qui a écrit des ouvrages sur Kant. Les écrits d’Ali Larijani, le plus haut responsable de la sécurité de la République islamique, révèlent une personnalité insaisissable et aux multiples facettes.

Ali Larijani

En juin 2009, des émeutes ont éclaté à l’université de Téhéran pour protester contre les résultats truqués de l’élection présidentielle qui s’était tenue au milieu du mois. Au moins 12 personnes ont été tuées. Ali Larijani, alors président du Parlement iranien, a immédiatement condamné la violence des forces de sécurité à l’encontre des étudiants. Il s’est même rendu sur plusieurs des sites où des étudiants avaient été attaqués et s’est interrogé sur la manière dont des jeunes avaient pu être agressés dans leurs dortoirs au milieu de la nuit. Il a déclaré que la loi devait être respectée et que le ministre de l’Intérieur devait assumer la responsabilité de ces événements.

Dix-sept ans plus tard. Lorsque des troubles ont éclaté en Iran en janvier, menaçant le régime peut-être plus que tout autre événement, l’ayatollah Ali Khamenei a contourné l’autorité du président et s’est tourné vers Larijani, alors à la tête du Conseil suprême de sécurité nationale. Cette fois-ci, aucune hésitation.

Larijani est largement considéré comme l’architecte du succès de la répression brutale menée cette année, mise en œuvre avec une efficacité impitoyable. Selon diverses estimations, entre 7 000 et 36 500 civils ont été tués, ce qui a conduit les États-Unis à lui imposer des sanctions personnelles. Larijani a rejeté la responsabilité sur les manifestants eux-mêmes, affirmant qu’ils étaient des terroristes agissant sur les ordres d’Israël.

Après l’assassinat de Khamenei lors des frappes israélo-américaines au début de la guerre, Larijani est largement considéré comme l’homme le plus puissant d’Iran, celui qui détient l’autorité suprême en matière de sécurité nationale et de politique étrangère. Il n’a pas été choisi pour succéder au Guide suprême, non seulement parce qu’il n’est pas son fils, mais aussi parce qu’il n’est pas un religieux, condition indispensable pour occuper ce poste. Pourtant, c’est lui qui devrait guider le nouveau guide à chaque étape, alors que ce dernier prend ses fonctions dans une période particulièrement complexe.

Larijani affiche un parcours presque incroyable. En quarante ans, il a gravi les échelons pour occuper des postes clés dans tous les centres de pouvoir de la République islamique. Il a été officier supérieur des Gardiens de la révolution, ministre de la Culture, responsable de la propagande, président du Parlement, candidat à la présidence et, depuis l’année dernière, secrétaire du Conseil de sécurité (fonction qu’il avait déjà occupée il y a quelques années). Il incarne à lui seul l’essence même du régime iranien.

Larijani peut sembler n’être qu’un rouage impitoyable de plus dans la machine, du genre de ceux que les régimes sombres produisent à la chaîne. Mais il n’est pas seulement cela. Même s’il a occupé des fonctions gouvernementales pendant des décennies, il n’a jamais renoncé à ce qui semble être sa plus grande passion : la philosophie. Ce politicien au sang-froid est également philosophe, maître de conférences en philosophie à l’université de Téhéran et spécialiste de la pensée de Kant sur les mathématiques et les sciences ; il a écrit pas moins de six ouvrages de philosophie et de nombreux articles.

J’ai passé cette dernière semaine alors que la guerre fait rage, plongé dans les écrits de Larijani, autant que faire se peut, étant donné que l’Internet iranien était en grande partie coupé, les sites universitaires et même le site personnel de Larijani étant bloqués. J’ai découvert un esprit brillant qui parvient à concilier, comme peu d’autres, une vie contemplative et une vie d’action, ce qui n’est pas une mince affaire. Dans ses écrits, Larijani tente de défendre les prémisses fondamentales de sa vision religieuse extrême du monde en utilisant les règles de la philosophie occidentale, et il avance souvent des arguments qui invitent véritablement à la réflexion.

La lecture de son œuvre est une expérience déconcertante. D’un côté, se dessine le portrait d’un homme pragmatique qui n’hésite pas à adresser des critiques acerbes aux autorités de son pays, qui aspire à une société moderne et développée, et qui s’exprime dans des écrits portant sur la liberté d’expression et la démocratie. De l’autre, se détache clairement la figure d’un musulman « fondamentaliste », comme il se définit lui-même, qui prône la primauté de l’idéologie religieuse.

Larijani estime que la véritable guerre ne porte pas sur les biens matériels, mais sur l’esprit. Il met en lumière les maux du monde occidental et leur tend un miroir, un miroir qui peut parfois nous mettre au défi, et qui suscite parfois un profond dégoût.

Ali Larijani, âgé de 67 ans, est issu d’une famille qui a été décrite comme l’équivalent iranien de la famille Kennedy. Son père était un haut dignitaire chiite. Son frère aîné, le Dr Mohammad Javad Larijani, a été un proche conseiller de Khamenei en matière d’affaires étrangères. Mohammad Javad a étudié les mathématiques à l’université de Californie à Berkeley, a fondé un centre de physique théorique en Iran et a été le premier à obtenir l’autorisation d’introduire Internet dans son pays. Son deuxième frère, Sadiq Larijani, dirige le système judiciaire iranien depuis une décennie et occupe depuis 2018 le poste de président du Conseil de discernement de l’intérêt supérieur du régime, un puissant organe gouvernemental. Le plus jeune frère, Bagher Larijani, a précédemment occupé les fonctions de vice-ministre de la Santé et de recteur de l’Université des sciences médicales de Téhéran. Ali Larijani lui-même a épousé Farideh, fille du disciple le plus proche de l’ayatollah Ruhollah Khomeini, Morteza Motahhari, l’un des principaux idéologues de la Révolution islamique.

« On voit l’empreinte de cette famille dans le système judiciaire, en politique et dans le domaine des sciences », explique à Haaretz le professeur Mehrzad Boroujerdi, spécialiste de l’Iran à l’Université des sciences et technologies du Missouri.

Il est intéressant de constater que les « Kennedy » iraniens ont tous un profil d’intellectuels. Même Sadiq, qui est un religieux, est diplômé en philosophie occidentale ; il a écrit des ouvrages sur la philosophie du langage, la philosophie morale et la philosophie analytique, et a traduit des travaux des philosophes Karl Popper et Geoffrey Warnock.

Ali Larijani a obtenu une licence en mathématiques et en informatique à l’Université technologique de Sharif, l’établissement le plus réputé dans ce domaine en Iran. Il s’est ensuite réorienté vers des études en master et doctorat de philosophie, et a consacré sa thèse à la philosophie des mathématiques d’Emmanuel Kant. Il a par la suite publié trois ouvrages sur Kant, ainsi que des livres sur la philosophie politique et la gouvernance, sans compter de nombreux articles universitaires parus dans des revues persanes.

Le choix de Kant par Larijani peut être examiné à la lumière du choc des civilisations dont est issu le dirigeant iranien. En 1979, pour la première fois dans la période moderne, une théocratie, système de gouvernement fondé sur les lois religieuses, a vu le jour. Les partisans de la révolution ont cherché à présenter l’islam comme une idéologie à part entière, à même d’offrir une alternative philosophique viable au monde moderne, et de nombreux intellectuels ont joué un rôle central pour définir la vision du monde de la République islamique.

Selon cette vision, la civilisation occidentale avait atteint son point de rupture, et était aux prises avec des problèmes tels que l’aliénation et la solitude. La seule solution, selon cette vision, consistait à abandonner l’égoïsme et l’humanisme occidentaux, à renoncer à son scepticisme et à déraciner l’arbre « pourri » de la modernité elle-même.

La tension entre ces deux facettes de sa vision du monde a accompagné Larijani tout au long de sa vie : d’un côté, c’est un pragmatique qui reconnaît l’importance de la science, de la technologie et de l’économie, et qui aspire à une société moderne ; de l’autre, c’est un fondamentaliste.

« L’Iran n’est pas seulement un État caricatural dirigé par les ayatollahs », explique Boroujerdi. « On y mène des débats approfondis sur des sujets intellectuels. Les Iraniens s’efforcent de comprendre la place de la tradition et ce qu’ils peuvent apprendre de l’Occident. Les diplômés universitaires sont tenus de lire les textes fondamentaux de la philosophie occidentale. »

« En Iran, on considère qu’il faut connaître la philosophie occidentale pour comprendre et faire progresser la philosophie islamique », explique le professeur, ajoutant que même le chef de la révolution de 1979, « Khomeini lui-même, a étudié Platon et Aristote. Sa conception du chef religieux est une variante du roi-philosophe de Platon. »

Pour autant, la décision de Larijani de centrer ses recherches spécifiquement sur Kant ne va pas de soi. La pensée critique de Kant est annonciatrice des Lumières, et sa philosophie est associée à la laïcité et s’oppose clairement au fondamentalisme. Kant est le philosophe le plus important du mouvement auquel s’est opposée la Révolution islamique. Larijani a choisi de se pencher sur son œuvre et d’obtenir en quelque sorte son aval.

« Larijani a suivi une formation de mathématicien, et chez Kant, il existe un lien entre les mathématiques, la morale et la théologie », explique Ofra Rechter, du département de philosophie de l’université de Tel Aviv. « Seuls quelques chercheurs ont abordé ce lien. Dans l’un de ses premiers textes, qui n’intéresse que les philosophes des mathématiques, Kant a répondu à la question de savoir si la certitude en théologie est possible au même titre qu’en mathématiques. Il a soutenu que oui. »

Un exemple intéressant du travail de Larijani est un article dans lequel il s’interroge sur la nature de la démonstration mathématique : qu’est-ce qui fait qu’une suite d’arguments constitue une « démonstration », et quel est le lien entre l’intuition et la démonstration mathématique dans la philosophie de Kant ?

« Dans son article, Larijani cherche à montrer que la différence entre un argument philosophique et une démonstration mathématique ne réside pas dans l’argument lui-même, mais dans les hypothèses, c’est-à-dire dans les axiomes à partir desquels on procède », explique le Dr Rechter. « Il prend part à un débat d’interprétation et franchit une nouvelle étape. Il part d’une affirmation communément admise et tente de démontrer qu’il en découle l’affirmation que les chercheurs qui la défendent souhaitent rejeter, à savoir que l’intuition joue également un rôle dans la reconnaissance des axiomes mathématiques. »

À partir de là, Larijani aborde l’une des questions centrales de la philosophie des sciences, connue sous le nom de « problème de la démarcation », dans le but de clarifier quelle devrait être la relation appropriée entre les institutions religieuses et la recherche universitaire. Ce problème trouve son origine dans la difficulté de distinguer sans ambiguïté les théories scientifiques des théories non scientifiques, y compris dans le cas de certaines descriptions religieuses qui, selon les philosophes, devraient être soumises à la critique scientifique. La solution acceptée étant que seules les affirmations fondées sur l’observation empirique sont scientifiques, et que par conséquent les affirmations métaphysiques (celles qui traitent de la nature de la réalité, de l’existence de Dieu et du lien entre le corps et l’âme) sont intrinsèquement des absurdités dénuées de sens. Le philosophe autrichien de renom Karl Popper a proposé une autre réponse : le critère permettant de déterminer le statut scientifique d’une théorie réside dans sa capacité à pouvoir être vérifiée, mais aussi réfutée.

Larijani s’est penché sur le « principe de réfutation » de Popper. Selon lui, ce principe n’implique pas que les théories non réfutables soient dénuées de sens. « La question posée par Popper n’était pas “Pourquoi y a-t-il un sens ou une importance ?” ni “Qu’est-ce qui est vrai ou acceptable ?” », a déclaré Larijani lors d’une de ses conférences, « mais plutôt de tracer la ligne de démarcation entre les systèmes théoriques des sciences empiriques et tous les autres systèmes. »

Selon Larijani, la métaphysique, tout comme la science, exprime à sa manière la quête humaine de la vérité. Il s’agit simplement de vérités relevant d’autres domaines. « L’accent mis sur le problème de la démarcation et sur la théorie de la méthode de Kant permet à Larijani de tenter de réconcilier les institutions religieuses et les universités, et ainsi de soustraire l’enseignement supérieur à l’emprise des institutions religieuses centralisées en Iran », explique Rechter. « En s’intéressant à la méthode de Kant et grâce à des recherches pointues et non dogmatiques, Larijani parvient à reprendre certains aspects complexes de la pensée de Kant et à les mettre au service d’une rhétorique qu’il pousse plus loin que ne le souhaitaient les religieux. « Il établit un lien entre les aspects les plus profonds et les plus abstraits de la philosophie de Kant d’une part, et les besoins les plus concrets de l’État d’autre part, afin, d’une part, de permettre la pérennité du monde religieux islamiste tel qu’il est, et, d’autre part, de freiner la centralisation de cette pensée religieuse. Les séminaires religieux enseigneront la religion, et les universités enseigneront ce qu’elles enseignent, et il y aura de l’humilité entre les différentes approches – c’est la seule façon pour que toutes puissent s’épanouir. »

Dans l’un de ses discours, Larijani a abordé sans détour la tension entre religion et science. La possibilité de réconcilier les deux ne réside pas, a-t-il déclaré, dans la recherche de points communs, mais dans la reconnaissance du fait que la vérité revêt de multiples facettes, comme le révèlent les recherches menées dans différents domaines. « C’est pourquoi nous devons reconnaître humblement le travail des autres, en comprenant que chaque domaine révèle une partie de la vérité. Et lorsque nous menons une recherche dans un domaine particulier de la vérité, nous ne devons pas transposer nos conclusions à d’autres domaines. Bon nombre de controverses naissent du fait que des conclusions propres à un domaine particulier s’immiscent dans d’autres domaines, sans toutefois respecter la méthodologie propre à ces derniers ».

La science et la religion relèvent peut-être de deux domaines de recherche distincts, mais elles s’opposent aussi. Et lorsqu’il y a conflit, le choix de Larijani est clair.

Larijani commence sa vie active dans le Corps des Gardiens de la Révolution dans les années 1980, pendant la guerre Iran-Irak, et a gravi les échelons au fil des ans jusqu’au grade de général de brigade. Il a également travaillé au centre de recherche de l’organisation, et il s’est alors attaché à élaborer un cadre théorique pour la doctrine du « Velayat-e Faqih » (tutelle du juriste islamique), qui constitue le pilier de la structure politique iranienne.

À partir de là, son ascension vers les plus hautes sphères du régime a été fulgurante. En 1992, il a été nommé ministre de la Culture, en remplacement du réformiste Mohammad Khatami. Larijani a occupé ce poste pendant deux ans, période durant laquelle il a renforcé la censure dans tous les domaines culturels du pays. Au cours de son mandat, des tentatives ont même été faites pour supprimer ou modifier des passages d’œuvres littéraires classiques iraniennes, sous prétexte qu’ils étaient provocateurs ou inappropriés.

Sa réussite à ce poste lui a valu d’être nommé, en 1994, à la tête de la Radiotélévision de la République islamique d’Iran, seule autorisée à diffuser des émissions de radio et de télévision dans le pays. Pendant onze ans, Larijani a contrôlé et considérablement développé la machine de propagande iranienne ; il a ouvert six stations de radio et cinq chaînes de télévision (seules deux chaînes existaient avant son arrivée au pouvoir). Parallèlement, il a réduit la diffusion de programmes étrangers et renforcé l’emprise du régime sur les émissions produites localement.

La philosophie de Kant est associée à la laïcité et s’oppose clairement au fondamentalisme. Il est le philosophe le plus éminent au sein du courant auquel s’est opposée la Révolution islamique. Larijani a choisi de s’en inspirer et d’obtenir en quelque sorte son aval.

On peut discerner sa manière de penser dans la façon dont il dirigeait l’appareil de propagande. Il affirmait, à juste titre, que les médias et l’art reposaient sur un fondement philosophique, façonné par leurs présupposés métaphysiques. « Si l’on examine la perspective occidentale à partir du XIXe siècle, on voit émerger une perspective entièrement centrée sur l’humanité », a-t-il déclaré un jour. « Tout dans le monde doit être organisé de manière à ce que les êtres humains puissent vivre heureux, et toute contrainte imposée aux êtres humains n’existe que pour prévenir tout préjudice. C’est ce type de pensée qui se reflète également à la télévision et au cinéma. »

Larijani a voulu modeler les médias iraniens selon les principes intellectuels de la République islamique. Selon lui, la seule raison d’être de l’art est de servir d’outil dans la quête de la vérité : « Les êtres humains existent pour découvrir la vérité. L’art fait appel à l’émotion et à la sensibilité, mais pas de manière arbitraire. L’art doit tendre vers la transcendance. » Il a également souligné la qualité des œuvres iraniennes. « Je ne veux pas généraliser, il existe aussi des œuvres majeures en Occident, mais généralement pas dans une telle mesure. À Hollywood, seule une petite fraction des films peut être considérée comme des oeuvres majeures. Les œuvres iraniennes se distinguent par leur orientation spirituelle et intellectuelle. »

Il avait également conscience du pouvoir de la culture et des médias pour faire évoluer la conscience collective. « La transformation culturelle obéit à sa propre méthodologie », faisait-il remarquer. « Les croyances doivent changer, et les êtres humains doivent modifier leur comportement, de leur plein gré. Le changement culturel ne peut être imposé par une pression sociale rigide. Une rigidité excessive entraîne un fort rejet. Si nous sommes confrontés à des problèmes sociaux et culturels, c’est par des moyens culturels qu’il faut les résoudre. »

Selon le magazine en ligne « Tehran Bureau », sous la direction de Larijani, l’autorité nationale de l’audiovisuel a consolidé la mainmise des extrémistes sur d’importantes institutions de l’État. Il a par exemple lancé une émission de télévision intitulée « Hoviyat » (« Identité »), dans laquelle les intellectuels progressistes et les détracteurs de la République islamique étaient violemment attaqués. Cette émission servait souvent de tribune pour poursuivre et emprisonner les opposants au régime. De plus, Larijani a fondé un quotidien qui s’en prenait aux réformistes.

Bien avant l’ère de l’intelligence artificielle, Larijani s’était déjà spécialisé dans les fausses informations. En 1997, il a donné son feu vert à la production d’un film qui montrait prétendument des partisans du réformiste Khatami, alors candidat à la présidence, en train de danser et de chanter le jour de l’assassinat de l’imam Hussein, la figure la plus sacrée d’Iran. Ces images étaient fausses.

Après avoir dirigé pendant plus d’une décennie le département de la propagande, Larijani a continué d’exercer les fonctions de conseiller personnel de Khamenei et de secrétaire général du Conseil suprême de sécurité nationale, postes qu’il a occupés jusqu’en 2007 (il a repris cette dernière fonction en août dernier). Le Conseil est chargé de définir la politique de défense et de sécurité nationale, ainsi que de superviser les négociations relatives au programme nucléaire iranien. Larijani a donc été le négociateur en chef pour le programme nucléaire iranien et a joué un rôle clé dans l’élaboration de la position de l’Iran sur l’accord nucléaire de 2015. Il a fait preuve d’une approche pragmatique, soutenant la diplomatie pour réduire les sanctions, mais sans compromettre la sécurité de l’Iran.

En 2005, Larijani s’est présenté à l’élection présidentielle, mais a été battu par Mahmoud Ahmadinejad. Dans le cadre de sa campagne, Larijani a critiqué la direction réformiste dirigée par Khatami, affirmant qu’elle avait négligé l’économie. « Soixante-quinze pour cent des revendications du peuple iranien sont d’ordre économique », a-t-il déclaré. « Seuls 5 % sont d’ordre culturel ou politique. »

Jack Straw, ancien ministre britannique des Affaires étrangères, a rencontré Larijani et Ahmadinejad en marge de l’Assemblée générale des Nations unies à cette époque. Il se souvient de Larijani comme d’une personnalité plus raffinée que le président. Alors qu’Ahmadinejad portait des vêtements datant du début des années 1980, Larijani est arrivé vêtu d’un polo Ralph Lauren soigneusement repassé, a écrit Straw dans ses mémoires.

Dans l’ouvrage qu’il a publié la même année, « Alliance avec le peuple », Larijani a proposé « un nouvel Iran, un Iran qui cherche à mettre fin à une ère d’arriération et à réussir une renaissance scientifique et technologique, qui irait de pair avec une augmentation de la richesse nationale. C’est pourquoi l’économie doit devenir la priorité absolue à l’heure actuelle. » Il présente un plan de transformation menant à un « État moderne » et se concentre sur des questions telles que le progrès scientifique et technologique, la réforme religieuse, la lutte contre la corruption économique au sein des entités étatiques, s’attaquant à la fuite des cerveaux, mais également s’assurant de la « préservation de l’identité nationale iranienne dans le processus de mondialisation ».

La tension entre ces deux facettes de sa vision du monde a accompagné Larijani tout au long de sa vie : d’un côté, c’est un pragmatique qui reconnaît l’importance de la science, de la technologie et de l’économie, et qui aspire à une société moderne ; de l’autre, c’est un fondamentaliste.

Cette tension, soit dit en passant, se manifeste également au sein de sa famille. L’une de ses filles, médecin et chercheuse en cancérologie aux États-Unis, a publié une soixantaine d’articles dans des revues scientifiques ; elle a récemment été licenciée de son poste à l’université Emory en raison de l’influence considérable de son père en Iran. Il est donc évident que Larijani a élevé sa fille dans un esprit d’indépendance et de réussite personnelle. Mais lors d’une rare interview, son épouse Farideh a évoqué le point de vue de son mari sur la condition des femmes. Selon elle, même si Larijani estime que, certes les femmes peuvent parfois assumer certaines fonctions clés bien mieux que les hommes, en raison de leurs responsabilités liées à la gestion du foyer et à l’éducation des enfants, il est selon lui préférable qu’elles n’occupent pas de fonctions en dehors du foyer.

Dans ses propos sur la liberté humaine, Larijani a naturellement affirmé que tous les êtres humains, du simple fait d’être humains, ont droit à la liberté. « La nature humaine est telle qu’il faut être libre de penser. Par conséquent, la liberté de pensée est un droit. »

Mais voici que vient un grand « mais », qui revient en fait à légitimer le concept d’une police de la pensée. Sa thèse est simple : tout comme dans l’apprentissage, tout doit reposer sur un ordre logique, et par conséquent, toute pensée dépourvue de cohérence logique doit être rejetée et ne pas être diffusée dans la société, il en va de même pour l’éthique. « Tout ce qui peut élever spirituellement la société devrait jouir de liberté dans son domaine et englober une variété de goûts et d’inclinations », a déclaré Larijani, « tandis que tout ce qui conduit à la dégradation sociale devrait être considéré comme dépassant les limites de la liberté spirituelle. » Qui décide de ce qui conduit à l’élévation et de ce qui conduit à la dégradation ? Larijani, bien sûr.

Il a tenu des propos similaires au sujet de la démocratie. « La démocratie n’est peut-être pas toujours la méthode idéale, mais c’est celle qui est la plus largement acceptée. C’est une voie méthodologique, une approche pragmatique pour guider la société vers la réussite. Une société réussit d’autant mieux lorsque son gouvernement bénéficie d’une large adhésion de la part de ses citoyens. Mais tout comme la liberté spirituelle de pensée a besoin d’un cadre, il en va de même pour la démocratie. Que signifie ce cadre ? C’est un cadre qui mène à un objectif, et cet objectif est le bien-être de la nation. »

C’est là que le raisonnement s’aventure dans des domaines métaphysiques qu’un libéral aurait beaucoup de mal à accepter. Dans la pensée métaphysique libérale, la société en tant que telle est dépourvue de tout caractère absolu : elle n’est qu’un ensemble d’individus liés par un contrat social. Le point de vue de Larijani est différent. Selon lui : « La société possède une identité existentielle distincte de celle de l’individu. Autrement dit, l’entrelacement des esprits des individus au sein d’une nation crée une âme collective indépendante. Si nous reconnaissons cette identité indépendante, nous devons également reconnaître ses droits. Selon la pensée islamique, cette âme collective poursuit un objectif : elle aspire à la prospérité et à la rédemption. »

Si tel est le cas, il faut alors mettre en place des cadres destinés à orienter la démocratie vers son objectif, conformément aux principes de l’islam. En d’autres termes, « la législation de l’État n’a de sens que lorsqu’elle est conforme à ces principes et à cet objectif ».

Larijani a occupé le poste de président du Parlement iranien pendant trois mandats consécutifs, entre 2008 et 2020, une fonction qui en a également fait une figure centrale du pouvoir législatif. Au cours de son mandat, il a veillé à ce que l’accord sur le nucléaire soit approuvé par le Parlement, mais a également durci la répression à l’encontre des personnalités qui tentaient de saper le régime. La combinaison de ces deux approches lui a valu la réputation d’un conservateur pragmatique.

Sa capacité à jouer sur les deux tableaux en a fait au sein de l’Iran la figure de proue de la médiation, capable de dégager un consensus même dans les situations difficiles. Cependant, cela lui a également valu les critiques des cercles purs et durs du régime. Lorsqu’il a tenté de se présenter à la présidence à deux reprises, en 2021 et en 2024, sa candidature a été invalidée en raison d’un mode de vie jugé insuffisamment pieux. Le professeur Lior Sternfeld, spécialiste de l’Iran à l’université Penn State, affirme que « Le discours politique de Larijani ne peut être facilement classé d’un côté ou de l’autre. Ses opinions sur certaines questions penchent davantage vers le centre politique que celles de Khamenei, par exemple. »

Même s’il n’a pas pu être élu président, son pouvoir politique n’a cessé de croître. En 2021, Larijani a été chargé de superviser les négociations avec la Chine concernant un accord de coopération stratégique d’une durée de 25 ans, évalué à plusieurs milliards de dollars. Au fil des ans, il s’est rendu à plusieurs reprises à Moscou en tant qu’émissaire du Guide suprême Khamenei et y a rencontré Vladimir Poutine, contribuant ainsi au maintien de liens étroits entre les deux pays. Il a également été l’envoyé de Khamenei à Damas et à Beyrouth. Depuis 2020, il siège également au Conseil de Discernement de l’intérêt supérieur du régime, un organe puissant qui supervise le parlement et a le pouvoir d’invalider des lois et de disqualifier des candidats aux élections (il avait déjà siégé au conseil entre 1997 et 2008).

Cependant, en parallèle, Larijani continue de critiquer vivement le gouvernement, depuis l’intérieur même du système. En 2024, il a publié l’ouvrage « Sagesse et discernement dans la gouvernance », dans lequel il souligne l’importance de la pensée logique dans la prise de décision administrative et politique, formule des critiques explicites à l’égard de la structure politique et évoque même la nécessité d’une nouvelle interprétation de la Constitution de la République islamique. L’une de ses propositions consiste à créer un conseil chargé de remédier aux failles structurelles de l’État qui, selon lui, comprennent : un déclin du capital social, une faible capacité de gestion, l’érosion de la cohésion nationale et un manque d’innovation. Son approche est très pragmatique et tournée vers les solutions.

Larijani estime que, certes, les femmes peuvent parfois assumer certaines fonctions clés bien mieux que les hommes, en raison de leurs responsabilités liées à la gestion du foyer et à l’éducation des enfants, mais qu’il est préférable qu’elles n’occupent pas de fonctions en dehors du foyer.

Mais Larijani rejette la solution la plus simple aux problèmes. Dans un article publié en juin 2024, il se demande pourquoi, alors qu’il existe un modèle efficace de gestion de la société sous la forme de la civilisation occidentale, il faudrait s’efforcer de mettre en place une société religieuse, quelque chose qui, comme il le reconnaît lui-même, n’a jamais été réalisé avec succès au cours de l’histoire.

« La réponse à cette question, répond Larijani, réside au cœur même de la différence entre ces deux perspectives : la société religieuse et la civilisation occidentale. Selon cette vision, la société religieuse est orientée vers la recherche de la vérité et fonctionne de manière rationnelle, tandis que la civilisation occidentale est orientée vers la recherche du plaisir et guidée par les émotions. »

L’année dernière, dans le sillage de la recrudescence des tensions avec les États-Unis et Israël au sujet du programme nucléaire, Larijani a de nouveau été appelé à occuper le poste de secrétaire général du Conseil suprême de sécurité nationale. Selon le Wall Street Journal, il était chargé de la réponse iranienne aux attaques israéliennes et américaines de juin dernier, ayant notamment pris la forme du lancement de centaines de missiles balistiques sur Israël.

Avec la mort de Khamenei au début de la guerre actuelle, Larijani s’est imposé comme la figure clé du régime. Il est chargé de coordonner les réponses militaires et politiques complexes à la menace qui pèse sur divers organes gouvernementaux, sans oublier les attaques contre les pays arabes voisins.

Son expérience à la tête de l’autorité nationale de l’audiovisuel lui est également utile aujourd’hui. Il publie des messages sur X et vise directement au cœur de la controverse qui agite l’opinion publique américaine. « Trump a succombé aux pitreries de Netanyahu et a entraîné le peuple américain dans une guerre injuste contre l’Iran », a-t-il écrit dans un post, ajoutant dans un autre : « Trump a trahi le slogan “America First” pour adopter celui d’“Israel First” ». Lors de ses apparitions publiques, Larijani affiche une position belliciste et promet que les États-Unis et Israël paieront un lourd tribut et « regretteront leurs agissements ». Cette semaine, il a même explicitement menacé Trump. « Le peuple iranien n’a pas peur de vos menaces », a-t-il écrit. « Prenez garde, sinon c’est vous qui serez éliminé. »

Dans son ouvrage « La République », Platon a décrit l’État idéal, une société qu’il a baptisée « Callipolis ». Selon lui, seule cette société idéale mettra fin aux « troubles des États ». Une seule chose distingue Callipolis de tous les autres États : le dirigeant de l’État est un philosophe. En d’autres termes, « le pouvoir politique et la philosophie se retrouvent ainsi entre les mêmes mains ».

Au cours de l’histoire, les exemples de tels « rois-philosophes » ont été rares. Alexandre le Grand, formé par Aristote, a accompli des exploits sans précédent, tandis que Marc Aurèle, auteur de l’œuvre immortelle « Méditations », est considéré comme l’un des meilleurs empereurs de l’histoire romaine. Frédéric le Grand, également considéré comme l’un des monarques les plus influents de l’histoire européenne et celui qui a fait de la Prusse une grande puissance, a rédigé des écrits philosophiques. Au XXe siècle, le professeur Tomáš Masaryk se distingue ; il était maître de conférences en philosophie et a été le premier président de la Tchécoslovaquie à partir de 1918. Mais à l’exception d’une poignée de cas, les philosophes ont presque entièrement quitté les cercles du pouvoir.

Et pourtant, dans le conflit actuel, il s’avère que l’un des acteurs principaux est un philosophe doté d’une grande influence politique. Il ne semble pas toutefois que l’objectif de ce philosophe soit de mettre fin aux « troubles des États », comme le disait Platon.

D’une part, il est évident que Larijani est passionné par la philosophie, qu’il est un homme réfléchi qui aspire rationnellement à une vie meilleure. Mais dans ses actes, il ressemble à une autre figure philosophique classique, non pas un roi-philosophe, mais un prince-philosophe, le type de souverain décrit par Machiavel, pour qui la valeur suprême réside dans la préservation de son pouvoir et de son règne, à tout prix.

Le philosophe Baruch Spinoza s’opposait à tout système politique reposant sur la vertu ou la sagesse d’un individu. Selon lui, un État ne devait pas dépendre de la sagesse d’une seule personne ; les institutions politiques devaient plutôt être conçues pour fonctionner efficacement même lorsque les individus agissent sous l’emprise de la passion, de la peur et de leurs intérêts personnels, et non pas uniquement en fonction de la raison. C’est pourquoi Callipolis ne repose pas sur un dirigeant brillant, mais sur des institutions et des lois qui organisent le pouvoir de manière rationnelle et garantissent un certain degré de liberté et de stabilité.

De son côté, Popper soutenait que la question importante en politique n’est pas « Qui doit gouverner ? », mais « Comment mettre en place des institutions permettant d’empêcher les dirigeants incompétents ou corrompus de causer trop de dégâts ? » L’idée du roi-philosophe s’inscrit, selon Popper, dans une tradition autoritaire de la philosophie politique. Plutôt qu’un gouvernement des sages, il mettait l’accent sur une structure démocratique impliquant la séparation des pouvoirs, le pouvoir de contrôle exercé par les citoyens et la possibilité de changer de gouvernement sans recourir à la violence.

Une structure aussi puissante que celle-là existe encore en Israël. Ses effets sont visibles dans les chiffres du PIB par rapport à l’Iran ou dans les rapports de force de la campagne militaire actuelle. Cette structure israélienne est en train d’être démantelée par des idéologues et des religieux juifs, convaincus de la justesse de leur démarche. C’est peut-être là l’élément le plus frappant dont j’ai pris conscience en lisant Larijani.

La critique que fait Larijani des fondements de la pensée occidentale, ainsi que son appel à transcender la modernité, ne doivent pas être écartées trop hâtivement et méritent d’être analysés. Mais en fin de compte, ses actes ont dépassé tout ce qui peut se justifier au nom d’une quelconque philosophie. « Larijani n’est pas le premier homme de lettres de l’histoire à être devenu un tyran brutal », déclare Sternfeld. « C’est un idéologue convaincu, et il a commis des actes meurtriers au nom de son idéologie. »

On serait tenté de voir en Larijani un héros tragique acculé au point de devoir ordonner un massacre. Mais lui-même rejetterait sans doute une telle description qui, à ses yeux, est occidentale, sentimentale et manque de courage. Il a renoncé au bien, au sens le plus profond du terme, au nom de la foi qui est la chose la plus importante dans sa vie. À l’instar d’Abraham, le père des croyants, qui était prêt à immoler son fils unique, qu’il aimait. Et pourtant, il y a un autre détail important dans cette histoire. Abraham n’a pas enfoncé le couteau.