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lundi 16 février 2026

Ma minute anglosaxonne

 


Las víctimas de clase obrera de Epstein

 Fuente https://www.pikaramagazine.com/2026/02/las-victimas-de-clase-obrera-de-epstein/
 

 

Las víctimas de la red de tráfico sexual de Jeffrey Epstein eran, en su mayoría, chicas de clase obrera para las que la extorsión económica jugaba un papel esencial. Para la élite económica que abusaba de ellas, eran cuerpos intercambiables al alcance por poco dinero: 200 dólares, 45 minutos.

 

“La gente de la alta sociedad valora mucho la privacidad, si alguien que conoces tiene secretos que no se pueden contar, la gente suele callarse”.

Robert Couturier, amigo de Ghislaine Maxwell


En la red de explotación sexual de menores que dirigía Jeffrey Epstein, según Todd Blanche, fiscal general adjunto de Estados Unidos, se han identificado a más de 1.200 víctimas. Es como si retrocediéramos a 2019, año en que se acusó a Epstein por tráfico sexual de menores y, dos años más tarde, a Ghislaine Maxwell, condenada a 20 años de prisión. Estos días se pueden ver nombres y más nombres de personas involucradas, los nombres de las élites económicas que gobiernan el mundo a placer. Correos electrónicos, conversaciones, fotografías, vídeos, todo es un mar de información sin ningún tipo de orden, que al final del día termina aturullando, cuando lo que debería dar es claridad en un caso que hoy día llamamos paradigmático del funcionamiento del patriarcado: hombres ricos que explotan sexualmente a niñas, adolescentes y mujeres pobres, mientras las instituciones, en el mejor de los casos, miran hacia otro lado.

La precariedad de las víctimas es una de las condiciones de posibilidad de los abusos

Sería imposible e irresponsable hacer una generalización sobre la procedencia socioeconómica de las niñas y adolescentes que sufrieron violencia sexual dentro de la telaraña de poderes creada durante décadas por Epstein: un entramado de gobiernos, empresarios, medios de comunicación, personal de universidades de élite y sistemas financieros que sostenía, y a su vez se alimentaba de, una red de tráfico de personas. Sin embargo, algo que sí se puede sacar en claro es que la desmedida concentración de poder económico de los perpetradores frente a la precariedad y vulnerabilidad de las víctimas es una de las condiciones de posibilidad de los abusos sistemáticos. Lo ha sido siempre, desde Ciudad Juárez hasta nuestros días.

En el México de los 80 y 90, las historias de disciplinamiento sexual eran las de los asesinatos en Juárez

Porque, aunque los titulares nos lleven a 2019, la memoria corporal es más larga y guarda los efectos del terror sexual. En el caso de quienes fuimos adolescentes en el México de los años 80 y 90, las historias de disciplinamiento sexual eran las de los asesinatos de mujeres en la ciudad fronteriza de Juárez. El patrón siempre era el mismo: mujeres pobres, racializadas, trabajadoras de la maquila, que desaparecían en medio de la noche. Todavía puedo recitar de memoria las características físicas de las desaparecidas: jóvenes, morenas, delgadas, pelo negro, bajitas de estatura, la descripción promedio de las mujeres de clase trabajadora de México. Somos generaciones enteras disciplinadas por el terror sexual y por la violencia expresiva que, como dice Rita Segato, se escribía en el cuerpo de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez.

El método Epstein es la articulación del capital, el poder simbólico y el político para garantizar impunidad absoluta

Más allá de las explicaciones sensacionalistas y morbosas sobre los feminicidios en Juárez que los relacionaban con ritos satánicos, pornografia snuff e incluso ataques de animales fantásticos como el chupacabras, poco a poco comenzó a emerger un análisis feminista que relacionaba a las oligarquías locales con las autoridades y los grupos de crimen organizado. A esto es a lo que Emanuela Borzacchiello llama “telaraña de poderes”, una alianza estratégica entre política, economía y narcotráfico que produce una nueva gobernabilidad en la que la violencia contra los cuerpos feminizados adquiere cotas altísimas. Ese es justamente el concepto que mejor puede explicar lo que la periodista Laura Arroyo ha denominado como el “método Epstein”: la articulación del capital, el poder simbólico y el poder político para garantizar impunidad absoluta; o lo que la escritora Rebecca Solnit denominó hace seis años como “la máquina de silenciamiento”, una serie de sistemas de poder que permite a las elites cometer delitos con impunidad.

La primera denuncia contra Epstein, la de Maria Farmer en 1996

La serie documental, Jeffrey Epstein: asquerosamente rico (2020), en la que participan varias sobrevivientes, relata cómo adolescentes de clase trabajadora fueron “contratadas” como “masajistas”, y sufrieron violencia sexual sistemática a lo largo de varios años. Son los mismos testimonios que aparecen en un sinnúmero de artículos de periódicos internacionales, en campañas estatales como Stand With Epstein Survivors (Solidaridad con las sobrevivientes de Epstein), y en el libro de memorias de una de sus víctimas, Virginia Roberts Guiffe. El patrón es exactamente el mismo en casi todos los testimonios: 200 dólares por un masaje de 45 minutos que devenía rápidamente en actos sexuales; después se les ofrecía más dinero a cambio de que trajeran más adolescentes, haciendo hincapié en que tenían que ser, o por lo menos parecer, muy jóvenes (menos de 18 años). Decenas de chicas cruzaron el puente que separa West Palm Beach, de la exclusiva isla de Palm Beach, Florida, durante años. Pero también eran cientos las jóvenes que entraban por una inmensa puerta de roble en una de las mansiones más caras de Nueva York, el número 9 de la calle 71 Este, en la exclusiva zona de Upper East Side de Manhattan. A muchas se les ofrecía también la posibilidad de acceder a educación universitaria, contactos en el mundo del arte y de la moda, o viajes a sitios exóticos.

En los años 90 Maria Farmer empezaba su carrera como artista. Fue entonces cuando la llevaron al rancho de Epstein en Nuevo México ofreciéndole apoyo y contacto con coleccionistas de arte y galeristas. A su hermana Annie Farmer, de entonces 16 años, también le ofrecieron pagarle los estudios. En 1996 Farmer es la primera en interponer una denuncia penal contra Epstein y en testificar para el FBI por intercambio de posibles imágenes de abuso sexual infantil, sin embargo, no se tomó ninguna medida legal en contra del magnate.

La mayoría de las chicas abusadas eran pobres, huérfanas o sin lazos familiares

Virginia Roberts Giuffe, otra de las sobrevivientes, que en 2009 denunció a Epstein y en 2021 al duque de York, Andrew Mountbatten-Windsor, relató en sus memorias, Nobody´s Girl: A Memoir of Surviving Abuse and Fighting for Justice, que la mayoría de las chicas abusadas eran pobres, huérfanas o sin lazos familiares. Adolescentes de clase trabajadora reclutando a otras adolescentes de clase trabajadora para ser sexualmente explotadas por las élites económicas, y desechadas en cuanto “se hacían mayores”. Vidas prescindibles, chicas intercambiables. Michelle Licata, otra sobreviviente, cuenta que le habría gustado decirle a la cara a Epstein: “No te acuerdas de mí porque había miles como yo, pero yo me acordaré de ti el resto de mi vida”. Jena-Lisa Jones ha insistido en su testimonio en el ambiente de coacción financiera de la red y en cómo se explotaba la vulnerabilidad de las víctimas: “Es un gran tema de manipulación cuando tienes 14 años y estás en la ruina.”

La clase es un marcaje que no puede separarse del género, como apunta Lugones

La cuestión de clase es inseparable de la violencia sexual porque esta no ocurre en el vacío, se apoya de estructuras de desigualdad y, a su vez, es un mecanismo de control de clase, disciplinando los cuerpos que pueden ser abusados, explotados y usados sin ninguna consecuencia. La clase es un marcaje que no puede separarse del género, como ya lo ha apuntado la filósofa María Lugones. Así, clase y género, se imbrican y encarnan en violencias específicas. Para Verónica Gago, la violencia económica es un régimen de extracción de valor que opera sobre la vida, que es experiencial y corporal. Cuando cruzamos el pensamiento de Lugones con el de Gago, entendemos la violencia sexual como la explotación de un territorio: el cuerpo.

La abismal desigualdad económica entre las víctimas y los victimarios era, a su vez, garantía de silencio. “La verdad es lo que los poderosos quieren que sea”, escribió la periodista Rebecca Solnit en el artículo En el patriarcado nadie te escuchará gritar. Annie Farmer dijo en una entrevista en 2019 que, “en muchos casos donde los perpetradores ocupan puestos de poder, también existe un miedo significativo, y a menudo justificado, a las represalias, que puede hacer que el riesgo de una demanda parezca excesivo”. Elizabeth Stein, a quien Epstein y Maxwell acosaron durante tres años, relata cómo intentó huir de ellos, cambiando de número de teléfono, de dirección y cómo siempre la encontraban: “Tenía mucho miedo y ellos estaban conectados con las personas más poderosas del mundo, sabía que, si se lo contaba a alguien, mi vida corría peligro”. Estaban aterradas por la maquinaria de poder que Epstein podía echar a andar contra ellas.

De 290 víctimas que pidieron la reparación económica gubernamental, solo 150 la obtuvieron

Durante el juicio de Ghislaine Maxwell se atacó, culpabilizó e intentó restar credibilidad a los testimonios de las víctimas debido a la reparación económica que habían recibido del fondo de reparaciones gubernamental. El Gobierno elaboró este fondo tras la muerte de Epstein: 121 millones de dólares provenientes del patrimonio del traficante sexual, valorado en 600 millones. Se compensó económicamente a 150 sobrevivientes, aunque 290 pidieron esta compensación .

Es imposible entender el caso de Jeffrey Epstein sin tomar en cuenta la clase, no solo la de él y sus cómplices, sino la de ellas, las víctimas y sobrevivientes. El “método Epstein” no es un error del sistema. Tampoco es la prueba de que el sistema nos falla a las mujeres porque, en realidad, la telaraña de poderes creada por Epstein ¡es el sistema! Uno perfectamente engrasado a base de millones de dólares, favores personales, tratos comerciales y apoyo económico a campañas políticas. Epstein no es un caso aislado, mucho menos una excepcionalidad, aunque los medios le llamen “el mayor depredador sexual de la historia”. La trama de poderes que protege a los violadores y agresores es la manifestación concreta en la que el poder y las elites tratan a las mujeres, las adolescentes y las niñas: como mercancía.

Virginia Roberts Giuffe, que se quitó la vida en abril de 2025 y a quien dedico este texto, dice en sus memorias: “No te dejes engañar por todos aquellos del círculo de Epstein que aseguran que no sabían lo que hacía. Epstein no solo no lo escondía, sino que disfrutaba con el hecho de que los demás lo vieran (…) Y los demás lo vieron, y no les importó”.

Hace un par de meses, la periodista Gessamí Forner decía que los agresores no agreden porque tengan poder, sino que llegan a las altas esferas de poder justamente porque son agresores. Conviene darle vueltas a esta reflexión.

lundi 19 janvier 2026

Globalisation et privatisation de la guerre, l’évolution de la stratégie de défense américaine

SOURCE: https://www.institutschiller.org/Globalisation-et-privatisation-de-la-guerre-l-evolution-de-la-strategie-de

par Christophe Lavernhe

Cet article rend compte, entre autres, du travail de Nel Bonilla, doctorante, sur le thème de « l’Ouest et le reste » (West and the rest) [1]. Nel Bonilla est partie d’une lecture attentive de la littérature publiée par les organismes de pouvoir liés de près ou de loin à l’Alliance atlantique et à son moteur anglo-américain [2].
Ci-dessous, une courte vidéo mentionnée par Nel Bonilla dans son article. Elle a été réalisée par le Commandement allié transformation de l’OTAN sous les auspices de la division dite Clairvoyance stratégique dirigée par Florence Gaub.


De par sa nature intrinsèquement destructrice (par le pillage et la spéculation financière), le système politico-économique occidental n’est plus capable de surmonter les crises qu’il génère. Refusant à prendre les mesures de fond qui nous permettraient d’en sortir par le haut, nos « élites » paniquent. Dans le paradigme de compétition dont elles n’arrivent pas à s’extraire (je ne peux gagner que si tu perds), les fenêtres d’opportunité qui s’offrent encore à elles pour tenter de combler l’écart avec les pays des BRICS+++ sont en train de se refermer et l’avance de ces derniers devient irratrapable.

A cet égard, les Etats-Unis et l’Europe voient la Chine, en pleine effervescence créative, comme le défi ultime. Pour se prémunir d’une telle concurrence,

« les élites occidentales (…) ont choisi de militariser la concurrence elle-même, traitant le développement économique, les avancées technologiques et la coopération diplomatique des puissance non occidentales comme des problèmes militaires requérant des solutions militaires »

.

Sûr du soutien de l’Etat profond américain dont sa société est une pièce maitresse, Peter Thiel, patron avec Alex Karp de la firme Palentir (spécialiste du logiciel d’analyse de données à grande échelle) affirme ainsi que « la concurrence c’est fait pour les losers (les perdants) » [3]. Les patrons de la Tech américaine travaillent le gouvernement fédéral pour qu’ils les aident à imposer, par la force s’il le faut, un monopole mondial dans leur spécialité.

Cela dit, avec ou sans Palentir, la plupart des conflits actuellement en cours de par le monde sont le résultat d’une volonté de domination occidentale qui n’arrive plus à s’affirmer. L’Alliance atlantique, dominée par des pays va-t-en-guerre, désire pareillement passer en force sans en être capable. Les « losers » ne sont donc pas ceux qu’on croit. Et le fait qu’ils s’accrochent les rend terriblement dangereux.

On le constate à travers la volonté irréaliste et suicidaire de la part des Européens de doubler la mise face aux forces russes mais aussi celle des néo-conservateurs américains d’étendre l’Otan en Asie. Les deux nous mènent - à plus ou moins brève échéance - vers une guerre de haute intensité à partir de l’un de ces théâtres. C’est du moins ce que nous promettent les autorités civiles et militaires de notre pays, mais aussi celles du Royaume Uni, de l’Allemagne et de l’Otan pour ne citer qu’elles. La conflictualité « se déploie désormais dans tous les domaines et en amont du conflit ouvert » constatait déjà en 2017 la Revue Stratégique de défense et de sécurité nationale [4]. Une conflictualité à même de contrecarrer la pacification des relations internationales voulue par la majorité du Sud Planétaire.

Dans ce contexte et faute de pouvoir produire suffisamment d’armes, de munitions, de soutiens logistique pour neutraliser l’adversaire en cas de conflit de haute intensité, les Etats-Unis ont concocté une nouvelle doctrine qui consiste d’abord à se donner du temps.

Gagner du temps

A une domination qui ne peut plus se justifier par la prospérité, l’innovation ou le consentement, les capitales de l’Alliance atlantique opposent une coercition diffuse, jusqu’à avoir rattrapé leur retard (c’est du moins le but affiché).

Pour cela, il faut changer les caractéristiques de la guerre pensent-elles. « D’épisodique et régionale » la guerre doit devenir « trans-régionale et globale ». On y abandonne le principe « d’interventions ponctuelles et limitées » en faveur « d’un engagement simultané dans tous les domaines » [5] :

« Le système westphalien de conflits délimités entre états nations souverains fait place à un engagement permanent et partout (…) Les théâtres de guerre séparés deviennent, dans ce système « post-westphalien », les nœuds interconnectés d’un réseau de chantage planétaire ».

Parce qu’elles offrent la possibilité de maintenir des foyers de déstabilisation, les plaies héritées du passé sont maintenues ouvertes ou peuvent être réveillées n’importe quand au gré de déclarations hostiles, d’exercices militaires surprise ou d’incidents mis en scène. Concrètement on évite la résolution des conflits ainsi que l’illustre l’exemple tragique de ce qu’il se passe en Palestine ou en Ukraine. Mais aussi autour de Taiwan, au Vénézuela, dans de nombreux pays africains etc.

Outre que cela consolide le lobby militaro-industriel occidental, la multiplication d’accrochages de basse intensité est censée épuiser l’adversaire non-occidental. La mobilisation vers la guerre permet également d’occulter le déclin de nos économies civiles, tout en préparant les conflits de haute intensité.

Mais chaque jour qui passe met ce scénario à mal. Ne serait-ce que parce qu’il active de multiples solidarités entre pays partageant le sentiment d’être menacés par cette doctrine de guerre tous azimuts.

Guerre tous azimuts

Selon la National Defense Strategy de 2018, le problème pour les Etats-Unis est désormais principalement de répondre aux menaces de ce qu’elle appelle les « puissances révisionnistes » (sous entendu toutes celles qui rejettent la suprématie occidentales), principalement la Russie et la Chine (et aussi la Corée du Nord et l’Iran). C’est sur le plan de la protection aérienne que les Etats-Unis ont le plus perdu. Leurs routes d’approvisionnement traditionnelles sont devenues vulnérables, et les bases statiques (800 bases américaines autour du globe) peuvent devenir des pièges mortels face aux dangers venus du ciel.

Les « trous » existants dans le « dôme de fer » israélien, constatés lors du dernier conflit avec l’Iran en juin 2025 en sont un exemple. Rappelons que le dôme de fer a été développé conjointement par Israël et l’armée américaine, pour défendre le territoire israélien, mais aussi comme terrain d’expérimentation mettant en oeuvre l’IA et les dernières technologies. Pour riposter, l’Iran a utilisé de puissants missiles balistiques qui sont venus saturer la défense du dôme de fer, provoquant des dégâts largement occultés par le narratif officiel israélien. Précisons que Téhéran disposerait d’un arsenal de 2 000 missiles balistiques.

Plus généralement, la vulnérabilité occidentale est liée à la « prolifération » des systèmes de défense anti-aérienne multi-couches, des tirs de précision dans la profondeur, des systèmes de guerre électronique et des moyens cyber offensifs et défensifs. Un nombre croissant de pays à qui les Etats-Unis ont affublé l’étiquette « adversaire » ou « ennemi » sont désormais en mesure de « contester » la liberté d’action dont les forces américaines ont pu bénéficier, remettant en cause l’aptitude à la manœuvre interarmées qui conditionne la domination américaine.

C’est dans cette atmosphère de contestation générale du primat américain que l’Army ne veut (ou plutôt ne peut) pas rester focalisée sur la conduite des « batailles ». Elle se prépare plutôt à mener toutes formes d’opérations dans le cadre d’une « compétition stratégique » de nature globale visant à mettre au pas le bloc révisionniste, où qu’il soit et quand il le faut. La persistance des foyers de tension soigneusement entretenus vise à dérouter l’adversaire, le faire douter dans un contexte d’éternels recommencements.

L’ambiguïté stratégique

Cette doctrine porte un nom : l’ambiguïté stratégique. Elle brouille les intentions de sorte que les adversaires doivent se préparer à tous les scénarios et défendre tous les fronts, tout le temps. L’effet de surprise lié à l’imprévisibilité peut aussi donner à des moyens limités un effet multiplicateur sur le terrain. La fait d’alléguer en flux continu de l’existence de menaces diverses contribue aussi à alimenter la psychose dans le public, ce qui le prépare à la guerre. En Europe, chaque jour qui passe égrène sont lot d’évènements allégués et montés en épingle, destinés à accroitre l’inquiétude : déraillement de train suspects en Pologne (sur les lignes ravitaillant l’Ukraine), incendies d’entrepôts logistiques au Royaume Uni et en Allemagne, coupure inexpliquées de câble sous-marins en Baltique, brouillages GPS affectant l’aviation civile etc.

Si l’ambiguïté stratégique relève plus du discours diplomatique ou de la communication d’informations vers le grand public (conditionnements, propagande), l’incertitude opérationnelle intervient avant et durant l’intervention armée.

Les Opérations multi-domaines (OMD)

Ce que les stratèges américains ont nommé Opérations Multi-Domaines (Multi Domain Operations, MDO) permet de prolonger l’incertitude sur le terrain, avant et durant l’intervention armée.

Le document rédigé en 2018 sur la stratégie nationale de défense le résume ainsi :

« Soyez (...) opérationnellement imprévisible... notre déploiement dynamique des forces, notre posture militaire et nos opérations doivent introduire un élément d’imprévisibilité pour les décideurs adverses... manœuvrez vos concurrents dans des positions défavorables, contrecarrez leurs efforts, éliminez leurs options tout en développant les vôtres ».

La Rand corporation affirme au même moment que « l’imprévisibilité opérationnelle, c’est rendre l’adversaire incertain sur la façon dont les Etats-Unis vont combattre ». La meilleure façon de faire précise la Rand est de mettre au point et d’expérimenter plusieurs méthodes d’action qui demanderont chacune une réplique adaptée, différente de toutes les autres, de la part de l’ennemi.

Des attaques multiples, menées en collaboration étroite entre les domaines terrestre, maritime, spatial, aérien, cybernétique et électromagnétique visent à coordonner les effets et provoquer des dilemmes chez l’adversaire. On y intègre aussi celui de l’information, l’espace extra-atmosphérique… et le cerveau humain qui, pour les stratèges de l’Otan, est devenu le nouveau domaine opérationnel. La Russie est par exemple accusée de mener une guerre permanente contre les esprits européens, pour briser la volonté de résistance.

Ces attaques impliquent aussi le recours à différents types d’acteurs, sortes de mercenaires (voire de groupes terroristes) il est question de forces « de substitution » ou auxiliaires locaux (aussi appelés proxys). Ces modalités d’opération entrent dans le cadre de stratégies dites « hybrides » ou de « zones grises ». Les limites traditionnelles de la notion de conflit s’estompent, instaurant une lutte d’influence dont les enjeux sont les « alliés et partenaires » (pays de l’Otan, de l’AUKUS [6]...) ainsi que « les Etats vulnérables de la ligne de partage » (Ukraine, Turquie, Inde...).

La France s’inscrit en plein dans ces « nouveaux modes de conflictualité », notre Président de la République reprend à son compte l’ambiguïté stratégique : « la frontière entre compétition et confrontation, qui nous permettait de distinguer le temps de paix du temps de crise ou de la guerre, est aujourd’hui profondément diluée (…) Elle laisse place à de multiples zones grises où, sous couvert d’asymétrie ou d’hybridité, se déploient des actions d’influence, de nuisance, voire d’intimidation, qui pourraient dégénérer » (extrait de son discours sur la stratégie de défense et de dissuasion le 7 février 2020).

Mais entre ce qui est visé et la réalité, l’écart est encore manifeste. Les OMD supposent acquises de nombreuses conditions qui ne sont que très rarement réunies. Les communications doivent notamment éviter les brouillages et rester fluides entre les différents domaines. En Ukraine par exemple, on peut observer que la guerre électronique menée par la Russie perturbe avec succès les réseaux ISR (Intelligence, surveillance, reconnaissance) locaux tout en brouillant le GPS, en dégradant les drones et en interférant avec les tirs guidés de précision.`

La guerre mosaïque

La guerre de demain telle qu’elle est pensée au Pentagone sera aussi faite par des unités de taille réduite (composant une mosaïque), assemblées en vue de combattre de manière fluide et décentralisée, sans structure préalablement définie. Les éléments individuels d’une mosaïque – des petits drones par exemple - sont vulnérables, mais ensemble, ils représentent un réel danger. Même si un adversaire parvient à neutraliser plusieurs pièces de la mosaïque, l’ensemble peut réagir instantanément selon les besoins pour obtenir l’effet global souhaité.

Dans le cadre des Opérations Multi-Domaines que l’on vient de décrire, les responsables de la DARPA américaine (Defense Advanced Research Projects Agency) mettent en avant ce concept de guerre mosaïque pour qualifier les nouvelles configurations rendues possibles par les progrès dans la communication entre machines :

« petits fragments en grand nombre, interopérables, faibles et fragiles pris isolément, les drones peuvent être agencés dans un contexte spécifique pour tuer. Un même drone peut être une fois un capteur, une autre fois une munition vagabonde, un leurre, ou un brouilleur. Chaque drone est autonome. Il a été doté de données communes à tous les autres drones et peut s’intégrer très rapidement à une configuration locale de force. Le commandement humain fournit les grandes lignes de l’intention ; les algorithmes assemblent des forces opérationnelles à partir de tout ce qui se trouve à proximité et en réseau. L’orchestration est instantanée et, idéalement, intraçable ».

Contrairement aux systèmes monolithiques et aux architectures rigides actuels, dont le développement prend des décennies au point où certains systèmes militaires deviennent obsolètes avant même d’être livrés, de tels systèmes sont moins coûteux et moins complexes fait valoir l’État Major. La guerre mosaïque utilise aussi l’interopérabilité entre machines et IA pour mettre en réseau des systèmes en partie habités (par l’homme) et en partie non habités :

« La guerre mosaïque nous est présentée comme l’archétype de la résilience : un force distribuée qui ne peut être décapitée, qui survit en se dispersant plus vite qu’elle ne peut être à son tour frappée. »

Il existe une hypothèse sous-jacente à cette guerre apparemment « joyeuse » que veulent mener les occidentaux au XXIeme siècle, c’est que nos adversaires, contrairement à nous, sont fragiles, centralisés et incapables de se recomposer de manière adaptative. Ici perce à nouveau « la vision civilisationnelle de supériorité qui sous-tend la vision stratégique globale du monde. ». Une vision qui amène de nombreux stratèges occidentaux à sous-estimer la capacité des nations apparemment moins avancées à surpasser leurs manœuvres.

Le réseau

A l’échelle globale, la guerre mosaïque repose sur un réseau unifié, véritable architecture planétaire. Sur le papier, il permet par exemple à « un capteur situé en Afrique de déclencher une frappe dans le Pacifique, tandis que l’analyse est effectuée en Allemagne et au Colorado. »

Sorte de meta-réseau, le cyberespace inclut l’informatique, Internet, les réseaux subsidiaires, les technologies numériques, en particulier lorsqu’il s’agit de contrôle, de communication ou de sécurité. Pas de drapeau, pas de bases dans le cyberespace. Ce qui demeure c’est le maillage de l’espace, avec la possibilité d’y fonctionner d’une façon décentralisée. Au sein de ce réseau qui stipule avant tout l’interopérabilité, la puissance coercitive circule.

Mais attention, celui qui accepte d’en être membre accepte la loi en vigueur. Cela se fait à travers l’alignement sur les normes qui régissent le fonctionnement des infrastructures, de la logistique, des finances et de la communication. Au plan militaire plus spécifiquement :

« Grâce à l’infrastructure numérique, les alliés intégreront leurs forces armées dans un système technologique dirigé par les États-Unis dont ils ne pourront se dissocier sans renoncer à leur propre capacité opérationnelle »

.

Cet embrigadement fait écho au chantage exercé auprès des acteurs économiques qui acceptent de commercer en dollars. Ils doivent se soumettre aux conditions américaines (extraterritorialité du droit, taxes, sanctions et interdits divers). Voilà une bonne dizaine d’années que les territoires du Sud planétaire ont entamé la longue marche pour se désengager du système dollar. Ils ont aussi très bien compris – Chine en tête – à quel point la mise en place d’une infrastructure réseau indépendante de l’Occident collectif est un élément vital.

Globalisation et privatisation de la guerre

Voilà un exemple de ce que cela donne sur le terrain, à Gaza en l’occurence. Les entreprises technologiques américaines (Palantir à nouveau, et Dataminr) sont intégrées au centre de coordination civilo militaire (CMCC) partenariat public/privé élaboré par les Américains :

« Elles contribuent au modèle sécuritaire baptisé « alternative safe communities », qui propose de regrouper des civils palestiniens dans des zones clôturées, surveillées et connectées aux systèmes prédictifs des firmes américaines. L’IA identifierait les « comportements à risque » en suivant téléphones, déplacements et traces numériques. Ces sociétés ne se contentent pas de fournir des outils. Elles co-écrivent, avec les Etats, l’architecture sécuritaire de l’après-guerre. Cette fusion entre l’appareil militaro diplomatique et l’industrie du big data pose une question fondamentale : que devient la liberté quand la puissance publique délègue à des société privées le pouvoir de surveiller, cibler et contrôler des populations entières ? » [7]

Plus généralement, à Gaza ou bien en Ukraine qui pilote réellement ? Ce ne sont pas les peuples, consultés ni sur l’état de belligérance (est-on en guerre ou non ?), ni sur l’emploi de nouvelles armes, ni sur l’apparition d’outils de contrôle redoutables, ou sur l’élargissement de l’Otan. Ce sont à peine les ministres, à la fois complices et dépassés par la complexité technique des dossiers.

L’obstacle sur lequel l’humanité bute à l’aube du deuxième quart du 21e siècle, c’est donc la prééminence de ces intérêts militaro-financiers privés qui se substituent au pouvoir souverain des peuples, reléguant les nations porteuses de l’intérêt général au rang d’annexes « juridico-policières ».

Dans ce type de contexte international, les enjeux diplomatiques, militaires, les règles d’attribution de marchés privés, la multiplication des acteurs (incluant les organismes internationaux, supranationaux et autres ONG..), rend le fonctionnement général difficilement déchiffrable pour la plupart des intervenants.

Ce n’est pas le cas pour les sociétés qui organisent les processus de délibération/décision. Elles imposent des pratiques managériales qui compartiment les problèmes et entretiennent l’opacité. A travers l’élaboration de structures qui permettent de concentrer le pouvoir de décision sans attirer l’attention, de fixer la rémunération des sous-traitants, d’attribuer les budgets de façon à rémunérer au mieux le secteur militaro-industriel, le tout dans une logique de maximisation du profit et de rétrocommissions à des fins politiques.

* * *

Plutôt que de rechercher des terrains d’entente et de négociation, les élites occidentales préfèrent donc « gérer » l’opposition orchestrée entre les deux blocs que nous venons de décrire. La guerre généralisée reste, à leurs yeux, le dernier recours. C’est leur façon de repousser l’écroulement inévitable du système financier occidental. Elles peuvent pour cela compter sur l’aide active des gouvernements qu’elles ont réussi à subvertir. Pour nous européens la subversion est emmenée par le trio Emmanuel Macron, Friedrich Merz, Keir Starmer. Sous peine d’écroulement, nous devons sortir de cette logique de bloc, très vite.


A lire aussi :


Notes

[2Les sources de la chercheuse sont les publications de think-tanks privés (tels la Rand Corporation, le CSIS, la Heritage Foundation), les médias qui en sont les relais (Wall Street Journal, Financial Times) et enfin les publications des organismes officiels au coeur de la bureaucratie permanente des Etats Unis et de l’Otan. Ces positions officielles reflètent souvent des politiques qui leur ont été soufflées par les lobbyistes, cabinets des conseil et autres agents d’influence extérieurs.

[3Si l’on prend l’exemple français, Palentir n’a effectivement aucun concurrent. Voilà dix ans que les autorités françaises ont choisi Palentir comme partenaire exclusif de la Direction Générale de la Sécurité Intérieure (DGSI), au coeur des services de renseignement français, pour exploiter nos données les plus sensibles. Et l’on a appris le 15 décembre 2025 que le contrat qui lie la France à cette société va être renouvelé pour les trois prochaines années…

[5Selon le Plan de réseau unifié de l’armée 2.0 pour Army Unified Network Plan 2.0, ou AUNP, auquel fait écho l’Analyse prospective stratégique de l’OTAN pour 2023 établie par l’Otan.

[6Acronyme de l’anglais Australia, United Kingdom et United States

La confiscación de petróleo de Venezuela y el dominio estadounidense

FUENTE: https://observatoriocrisis.com/2026/01/16/la-confiscacion-de-petroleo-de-venezuela-y-el-dominio-estadounidense/


 


La política estadounidense de crear cuellos de botella para mantener a otros países dependientes del petróleo bajo su control es uno de los principales medios de Estados Unidos para generar inseguridad en otros países

Michael Hudson, economista estadounidense 

Irán (1953), Irak (2003), Libia (2011), Rusia (2022), Siria (2024) y ahora Venezuela (2026). El denominador común subyacente a los ataques y sanciones económicas estadounidenses contra todos estos países es la instrumentalización del comercio petrolero mundial. El control del petróleo es uno de sus métodos clave para lograr un control unipolar sobre el amplio comercio mundial y los acuerdos financieros dolarizados. 

La perspectiva de que los países mencionados utilicen su petróleo para su propio beneficio y para fines diplomáticos representa la mayor amenaza para la capacidad general de Estados Unidos de utilizar el comercio petrolero para hacer cumplir los objetivos de su diplomacia. Todas las economías modernas necesitan petróleo para abastecer sus fábricas, calentar e iluminar sus hogares, producir fertilizantes (a partir del gas) y plásticos (a partir del petróleo) y abastecer su transporte. 

El petróleo bajo control de Estados Unidos o de sus aliados (British Petroleum, Shell de Holanda y hoy la OPEP) ha sido durante mucho tiempo un potencial punto de estrangulamiento que los funcionarios estadounidenses pueden utilizar como palanca contra países cuyas políticas consideran adversas a los designios estadounidenses: Estados Unidos puede hundir las economías de esos países en el caos cortando su acceso al petróleo.

Una «guerra de civilización» en beneficio económico de Estados Unidos

El objetivo primordial de la diplomacia estadounidense actual —en lo que sus estrategas denominan una guerra de civilizaciones contra China, Rusia y sus posibles aliados del BRICS— es bloquear la retirada de países de la economía mundial controlada por Estados Unidos y frustrar el surgimiento de una agrupación económica centrada en Eurasia. Sin embargo, a diferencia de la posición de Estados Unidos al final de la Segunda Guerra Mundial, cuando era la principal potencia económica y monetaria del mundo, hoy cuenta con pocos incentivos positivos para atraer a países extranjeros a una economía mundial centrada en Estados Unidos, en la que, como ha dicho el presidente Trump, Estados Unidos debe ser el ganador en cualquier acuerdo de comercio e inversión exterior, y los demás países los perdedores.

Fue para aislar a Rusia, y tras ella a China e Irán, que el presidente Trump utilizó sus aranceles del Día de la Liberación del 2 de abril de 2025 para presionar a los líderes alemanes y de la UE a abstenerse voluntariamente de importar más energía de Rusia 1 , a pesar del hecho de que partes del gasoducto Nord Stream 2 todavía estaban operativas. 

La aceptación previa de Alemania y la UE de la destrucción de los gasoductos Nord Stream en febrero de 2022 es testimonio de la capacidad de los diplomáticos estadounidenses para obligar a los países a unirse, en su propio detrimento, a las alianzas militares de la Guerra Fría de Estados Unidos y seguir las políticas que establece. La desindustrialización y la pérdida de competitividad de Alemania desde que se bloqueó su comercio de petróleo y gas con Rusia fue el sacrificio que Estados Unidos le exigió (y a la UE) en su afán por aislar y dañar las economías rusa y china (y también para generar ingresos adicionales por exportación de GNL para sí mismo, sin duda).

Una característica fundamental de la política de seguridad nacional estadounidense es su capacidad para impedir que otros países protejan y actúen en beneficio de su propia seguridad e intereses económicos. Esta asimetría se ha arraigado en la economía mundial desde el final de la Segunda Guerra Mundial, cuando Estados Unidos contaba con un enorme apoyo económico para las economías europeas devastadas por la guerra. Sin embargo, el poder coercitivo estadounidense actual se sustenta principalmente en sus amenazas de causar daños y caos mediante la creación y explotación de cuellos de botella o, como último recurso, el bombardeo de países más débiles para obligarlos a obedecer. 

Esta influencia destructiva es la única herramienta política que le queda a una economía estadounidense que se ha desindustrializado y ha caído en una deuda externa de una magnitud que ahora amenaza con acabar con el papel monetario dominante y lucrativo del dólar.

Al final de la Segunda Guerra Mundial, el dinero era el principal estrangulamiento de las economías occidentales. El Tesoro estadounidense estaba a punto de aumentar sus reservas de oro hasta el 80% del oro monetario mundial, del cual dependía la expansión financiera exterior bajo el patrón dólar/oro para los pagos internacionales, vigente hasta 1971. 

Dado que la mayoría de los países carecían de oro monetario y necesitaban préstamos para financiar sus déficits de comercio exterior y balanza de pagos, los diplomáticos estadounidenses recurrieron al Fondo Monetario Internacional y al Banco Mundial para otorgar préstamos con condiciones que impusieron políticas de privatización proestadounidenses, impuestos regresivos y la apertura de las economías extranjeras a la inversión estadounidense. Todo esto se ha convertido en parte del sistema dolarizado del comercio internacional y de la política monetaria que lo financia.

Además del dinero, el petróleo se ha convertido en una necesidad internacional fundamental y, por ende, en un posible cuello de botella. También ha sido durante mucho tiempo un pilar de la balanza comercial estadounidense (junto con las exportaciones de granos) y ha sido el principal soporte del papel dominante del dólar en las finanzas desde 1974, cuando los países de la OPEP cuadruplicaron sus precios del petróleo y llegaron a un acuerdo con funcionarios estadounidenses para invertir sus ingresos de exportación mediante la compra de bonos del Tesoro estadounidense, valores corporativos y depósitos bancarios, bajo la advertencia de que no hacerlo se consideraría un acto de guerra contra Estados Unidos . 2 El resultado fue la creación del mercado del petrodólar, que se convirtió en un pilar de la balanza de pagos estadounidense y, por ende, de la fortaleza del dólar.

Desde 1974, las autoridades estadounidenses han buscado no solo mantener el comercio mundial de petróleo y otras materias primas cotizadas en dólares, sino también que los excedentes de petróleo y otras exportaciones se presten a (o inviertan en) Estados Unidos. Este es el tipo de «recompensa» que Donald Trump ha estado negociando con países extranjeros durante el último año como condición para permitirles mantener el acceso al mercado estadounidense para sus productos.

El ejemplo más reciente de esta insistencia fue el anuncio del Departamento de Energía el 6 de enero de que la administración Trump permitiría a Venezuela exportar entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo, por un valor de hasta 2.000 millones de dólares, y que esto “continuaría indefinidamente” de forma selectiva, sujeto a una disposición clave: “Los ingresos se liquidarán en cuentas controladas por Estados Unidos en ‘bancos reconocidos mundialmente’ y luego se desembolsarán a las poblaciones de Estados Unidos y Venezuela a ‘discreción’ de la administración Trump”. 3

EE.UU. exige: privilegios prioritarios en el comercio mundial de materias primas vitales

En septiembre de 1973, un año antes de la revolución de precios de la OPEP, Estados Unidos derrocó al presidente electo de Chile, Salvador Allende. El problema no fue la «chilenización» de su industria cuprífera. Ese plan, de hecho, había sido propuesto por las compañías cupríferas estadounidenses Anaconda y Kennecott. Consideraban que la compra negociada de las empresas estadounidenses contribuiría a elevar el precio mundial del cobre. Esto creó un marco de precios que permitía a las empresas aumentar las ganancias de su propia minería y refinación en Estados Unidos. Este fue el mismo principio que llevó a las petroleras a aceptar las nacionalizaciones y el aumento de precios de la OPEP en 1974.

La condición clave del acuerdo chileno sobre el cobre era que su cobre se vendería a empresas estadounidenses como primera opción, al precio chileno establecido. Las empresas cupríferas estadounidenses necesitaban esta garantía para asegurar a sus clientes de cableado eléctrico, armas y otras aplicaciones importantes un suministro continuo. Este derecho de preferencia era una concesión que no implicaba un sacrificio económico por parte de Chile. Sin embargo, Allende insistió en que esta concesión violaba la soberanía chilena. Era una exigencia innecesaria para el interés nacional de Chile, pero Allende se mantuvo firme y fue derrocado.

En el caso de Venezuela, lo que más molesta a los responsables de seguridad nacional de EE. UU. es que ha estado abasteciendo el 5% de las necesidades petroleras de China. También abastecía a Irán y Cuba, aunque Rusia la ha reemplazado cada vez más como proveedor de estos dos países desde 2023. Esta libertad de Rusia y Venezuela para exportar petróleo ha debilitado la capacidad de los funcionarios estadounidenses para utilizar el petróleo como arma para presionar a otras economías, amenazándolas con la misma retirada de energía que ha destrozado la industria y los niveles de precios alemanes. Por lo tanto, este suministro de petróleo fuera del control de EE. UU. se consideró una infracción del ordenamiento jurídico estadounidense.

Para empeorar las cosas, Venezuela anunció en 2017 que comenzaría a fijar el precio de sus exportaciones petroleras en divisas distintas del dólar, lo que ponía en peligro la práctica del mercado del petrodólar. Y a medida que China se convertía en inversionista en la industria petrolera venezolana, se hablaba de que el presidente Maduro comenzaría a cotizar sus exportaciones petroleras en yuanes chinos (de forma similar a lo que Zambia acaba de hacer con sus exportaciones de cobre). Maduro dejó claro el desafío que estaba planteando. Ya en 2017 había anunciado que su objetivo era acabar con el «sistema imperialista estadounidense» .

La economía mundial actual la gobiernan reglas estadounidenses no escritas, no la Carta de las Naciones Unidas

La diplomacia estadounidense no se siente segura a menos que pueda generar inseguridad en otros países, y ve amenazada su libertad de acción si se permite a otros países decidir libremente con quién comerciar y qué hacer con sus ahorros. 

La política exterior estadounidense de crear cuellos de botella para mantener a otros países dependientes del petróleo bajo control estadounidense (no del petróleo suministrado por Rusia, Irán o Venezuela) es uno de los principales medios de Estados Unidos para generar inseguridad en otros países. Sin embargo, esta política no se ha plasmado en documentos públicos. Hasta las contundentes declaraciones de Trump y sus asesores la semana pasada, los diplomáticos estadounidenses parecían haber tenido reparos en declarar abiertamente este y otros principios fundacionales similares del orden basado en normas de Estados Unidos.

La razón de esta reticencia fue que estos principios son antitéticos al derecho internacional (y también a los principios de libre mercado, a los que Estados Unidos se ha adherido hasta ahora, al menos en su retórica). El ataque militar estadounidense a Venezuela y el secuestro del presidente Maduro son el ejemplo más reciente de ello. Si bien los líderes estadounidenses consideran su agresión un ejercicio permisible de sus principios de orden basado en normas, constituye una flagrante violación —de hecho, un repudio— del derecho internacional, en particular del Artículo 2(4) de la Carta de las Naciones Unidas, que establece, en efecto, que «una nación no podrá usar la fuerza en el territorio soberano de otro país sin su consentimiento, un motivo de legítima defensa o la autorización del Consejo de Seguridad de la ONU». 5

Por sorprendente que parezca, Estados Unidos justifica con frecuencia sus agresiones y amenazas militares alegando legítima defensa. El columnista del Financial Times , Gideon Rachman, por ejemplo, informa que «EE. UU. cree que su propia seguridad nacional se vería en peligro si la industria taiwanesa de semiconductores cayera en manos de China, o si Pekín controlara el transporte marítimo que pasa por el Mar de China Meridional». 6 

Estados Unidos parece ser el país más amenazado y vulnerable del mundo, muy alejado de su antiguo poder. El propio Trump parece vivir con miedo, e incluso cita la ubicación geográfica de Groenlandia como una amenaza para la seguridad nacional estadounidense: «Necesitamos a Groenlandia desde el punto de vista de la seguridad nacional», declaró a los periodistas a bordo del Air Force One el 4 de enero. «Groenlandia está repleta de barcos rusos y chinos. 7 Ha prometido ocuparse de Groenlandia en los próximos dos meses. 

Y los líderes de la UE respaldan a Trump como el máximo protector de Europa contra tales amenazas. El presidente de Letonia ha sugerido, con gran acierto, que las «legítimas necesidades de seguridad de EE. UU.» deben abordarse en un «diálogo directo» entre EE. UU. y Dinamarca. 8 «Groenlandia debería formar parte de Estados Unidos», declaró Stephen Miller, subjefe de Gabinete de Trump para Política y Seguridad Nacional. «El presidente ha sido muy claro al respecto; esa es la postura oficial del gobierno estadounidense». 

Descartando la idea de que la toma de Groenlandia implique una operación militar, advirtió que «nadie va a luchar militarmente contra Estados Unidos por el futuro de Groenlandia». 9

Y menos aún los daneses, al parecer. El aspecto más siniestro de las amenazas de Trump de anexar Groenlandia a Estados Unidos a principios de 2026 fue la intención estadounidense, apoyada por la OTAN, de bloquear el acceso al Ártico desde el Atlántico Norte «a ambos lados de la brecha entre Groenlandia, Islandia y el Reino Unido por la que deben pasar los buques rusos o chinos para entrar en el Atlántico Norte». 10 

Un portavoz de la OTAN se refirió a los comentarios hechos por el secretario general Mark Rutte el [6 de enero] en los que dijo que «la OTAN colectivamente… tiene que asegurarse de que el Ártico se mantenga seguro». 11 

El propio Rutte dijo a CNN que «Todos [los miembros de la OTAN] estamos de acuerdo en que los rusos y los chinos son cada vez más activos en esa zona», lo que no dejó lugar a dudas de que mantener el océano Ártico «seguro» significa «libre» del transporte marítimo chino y ruso que ambos países han estado trabajando para desarrollar con el fin de acortar las rutas y los tiempos de navegación.

Un editorial del Wall Street Journal respalda la afirmación de que Estados Unidos necesita defenderse de los países que permanecen independientes de su control. Señalando que «Estados Unidos también alegó legítima defensa para arrestar al dictador panameño Manuel Noriega», el periódico argumenta que el derrocamiento militar es «la única defensa contra los delincuentes globales». 12

Más concretamente, advierte que sería una ilusión idealista, pero anacrónica, imaginar que el derecho internacional realmente rige las acciones de las naciones. «Como si Moscú y Pekín no pisotearan ya el derecho internacional cuando este se interpone en su camino», se burla, desestimando la relevancia del derecho internacional por haberse convertido en «el mejor amigo de un tirano». 13

El derecho de gentes siempre ha estado sujeto, en última instancia, al uso de la fuerza y al principio de la ley de la fuerza. El asesor de Trump, Stephen Miller, explicó su filosofía en una entrevista con CNN:

Vivimos en un mundo, en el mundo real… que se rige por la fuerza, que se rige por la fuerza, que se rige por el poder. Estas son las leyes de hierro del mundo desde el principio de los tiempos. 14

Los diplomáticos estadounidenses podrían simplemente encogerse de hombros y preguntar cuántas tropas tiene la ONU. No tiene ninguna, y las resoluciones del Consejo de Seguridad, en cualquier caso, están sujetas al veto estadounidense. Estados Unidos simplemente ignora las disposiciones de la Carta de la ONU, como el mundo acaba de ver con el secuestro del jefe de Estado venezolano. Son las normas estadounidenses las que sirven como ley operativa a la que están sujetos otros países, al menos aquellos en la órbita comercial, financiera y militar estadounidense.

Trump no tiene reparos en reconocer el principio operativo que se aplica a su última diplomacia internacional: «Queremos el petróleo de Venezuela». 15 Ya había confiscado petróleo en tránsito de petroleros que salían de Venezuela el mes pasado. Y ha anunciado que si la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, no acepta voluntariamente ceder el control de su petróleo, el ejército estadounidense entregará sus reservas petroleras a empresas estadounidenses y traerá a un nuevo cliente, cleptócrata o dictador, para que gobierne el país en nombre de los intereses estadounidenses.

Cuando el Departamento de Estado de EE. UU. presionó a los países de la OPEP para que reciclaran sus ganancias de exportación de petróleo en valores en dólares estadounidenses en 1974, los líderes de la OPEP estaban dispuestos a hacerlo, porque Estados Unidos era, por mucho, la principal economía financiera del mundo en ese momento. Aún domina el sistema financiero basado en el dólar, pero ya no tiene su antiguo poder industrial, y acaba de recortar su ayuda exterior y su membresía en la Organización Mundial de la Salud y otras agencias de ayuda de la ONU. 

En lugar de apoyar el crecimiento en otras economías, su fuerza diplomática ahora se basa en su capacidad para interrumpir su comercio y crecimiento económico. Y su poder industrial en declive es lo que ha hecho que la acción estadounidense contra Venezuela sea tan urgente, con su agresión militar y amenazas constantes contra ese país como parte de su intento de disuadir a los países de romper con las reglas no escritas del control unipolar estadounidense del comercio y los pagos internacionales mediante la desdolarización de sus relaciones comerciales y monetarias.

También existe una apropiación de recursos. Stephen Miller, el principal asesor de Trump mencionado anteriormente, declaró sin rodeos que «los países soberanos no obtienen soberanía si Estados Unidos quiere sus recursos». Sus comentarios siguieron a una declaración igualmente contundente del embajador estadounidense Michael Waltz en una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad de la ONU: «No se puede seguir teniendo las mayores reservas energéticas del mundo bajo el control de adversarios de Estados Unidos». 16

El principio legal estadounidense es que «la posesión es nueve décimas partes de la ley». Y la ley vigente en el presente caso es la de Estados Unidos, no la de Venezuela ni la de las Naciones Unidas. Una serie de otros principios están en juego, encabezados por el derecho de legítima defensa mencionado anteriormente bajo el permiso estadounidense de «Defensa propia». 

La historia de portada para el ataque de Trump a Venezuela (probado por los medios de comunicación de Fox News y encuestas) es que Venezuela amenaza a Estados Unidos con cocaína y otras drogas. O al menos con drogas que no están coordinadas por la CIA y el ejército estadounidense, como se ha documentado desde Vietnam hasta Afganistán y Colombia. Sin embargo, la acusación judicial contra Maduro no hizo referencia a las afirmaciones de Trump sobre un «Cártel de los Soles» que supuestamente él encabezaba, sino que citó principalmente cargos no relacionados sobre su porte de una ametralladora y cargos similares inaplicables a un jefe de estado extranjero.

No hubo acusación formal contra Maduro por sus verdaderos delitos a ojos de Estados Unidos: amenazar la capacidad estadounidense de controlar el petróleo de su país y su comercialización, y su intención de fijar el precio del petróleo venezolano en yuanes y otras monedas distintas del dólar, y utilizar las ganancias de sus exportaciones petroleras para pagar a China por sus inversiones en su país. 

La analogía adecuada para los falsos cargos de narcotráfico contra Maduro es la falsa afirmación —utilizada para justificar la invasión estadounidense de Irak en 2003— de que Saddam Hussein trabajaba para obtener armas de destrucción masiva. Eso bastó para desvirtuar el respeto por el secretario de Estado Colin Powell tras su discurso del 5 de febrero de 2003 ante las Naciones Unidas. Pero bajo el principio estadounidense de «defensa propia», Estados Unidos tenía motivos para sentirse amenazado por el intento de Venezuela de tomar el control de su comercio petrolero y, de hecho, de comerciar con los adversarios designados de Estados Unidos: China, Rusia e Irán. 

La agresión estadounidense en respuesta a esa amenaza fue apoyada por el principio estadounidense que permite a los propietarios de viviendas o a los policías matar a quienquiera que piensen que pueda ser una amenaza, por muy subjetivo o una excusa posterior que pueda ser.

Si bien se justifica por estos principios del orden basado en normas estadounidenses, la reciente instrumentalización del comercio petrolero por parte de Trump ha implicado, como se mencionó anteriormente, el repudio por parte de Estados Unidos de principios fundamentales del derecho internacional, incluido el derecho del mar. 

Antes de su ataque militar a Caracas y el secuestro del presidente Maduro, su embargo a las exportaciones petroleras venezolanas (a cualquier comprador, excepto a las compañías petroleras estadounidenses) y la incautación de petroleros que transportaban el petróleo del país fueron especialmente atroces, por no mencionar su bombardeo de barcos pesqueros no identificados y otras embarcaciones frente a las costas de Venezuela, asesinando a sus tripulaciones sin previo aviso.

Otra víctima del énfasis estadounidense en instrumentalizar el comercio mundial de petróleo y energía es el medio ambiente. En su afán por hacer que el resto del mundo dependa del petróleo y el gas bajo su férreo control y el de sus aliados, Estados Unidos lucha para impedir que otros países descarbonicen sus economías en un intento por evitar una crisis climática y sus fenómenos meteorológicos extremos. Por ello, Estados Unidos se opone al Acuerdo Climático de París y apoya una política «verde» para sustituir los combustibles fósiles por energía eólica y solar.

El problema para Estados Unidos es que la energía eólica y solar ofrecen una alternativa al petróleo, que Estados Unidos busca controlar. La eliminación gradual del petróleo no solo eliminaría un pilar de la balanza comercial estadounidense, sino que privaría a sus estrategas de la capacidad de apagar las luces y la calefacción de los países cuyas políticas se oponen. 

Y para empeorar las cosas, China ha tomado la delantera en la tecnología de energías renovables, incluyendo la producción de paneles solares y aspas de molinos de viento. Esto se considera una gran amenaza, ya que aumenta el riesgo de que otras economías se independicen del petróleo. Mientras tanto, la oposición estadounidense a combustibles distintos del petróleo bajo su control ha causado un daño repercutido en la propia economía estadounidense, al bloquear su propia inversión en energía solar y eólica.

La administración Trump ha sido particularmente agresiva, no solo bloqueando las iniciativas extranjeras para reducir los combustibles fósiles, sino también las alternativas estadounidenses. «El primer día de su segundo mandato presidencial, el Sr. Trump emitió una orden ejecutiva que suspende todo arrendamiento de tierras y aguas federales para nuevos parques eólicos. 

Desde entonces, su administración ha perseguido a los parques eólicos que habían recibido permisos de la administración Biden y que estaban en construcción o a punto de entrar en funcionamiento, utilizando explicaciones variables». 17 «Ha suspendido los arrendamientos de todos los proyectos eólicos marinos en un nuevo ataque al sector», alegando motivos de seguridad nacional. 18

Lo que hace aún más sorprendente esta medida contra las fuentes de energía alternativas es la escasez de electricidad proyectada en Estados Unidos, que se anticipa será causada por la creciente demanda de los centros de computación de IA, en circunstancias en las que Estados Unidos deposita grandes esperanzas en la inteligencia artificial (IA). Además de las rentas derivadas de sus recursos petroleros, los estrategas estadounidenses esperan aumentar las rentas monopolísticas de Estados Unidos a expensas de otros países mediante sus empresas de tecnología de la información, plataformas de internet y (así esperan) su dominio en IA. 

El problema es que la IA requiere una enorme cantidad de energía para operar sus computadoras. Sin embargo, la tendencia estadounidense en la producción de energía se ha mantenido estancada durante la última década, y la inversión en nuevas instalaciones energéticas es un proceso largo y burocrático (de ahí la escasez de energía proyectada mencionada anteriormente). 

Esto contrasta marcadamente con el enorme aumento de la producción de electricidad en China, en gran medida como resultado de la producción intensiva de paneles solares y molinos de viento, en la que ha establecido una amplia ventaja tecnológica, mientras que la práctica estadounidense ha evitado esta fuente de energía por considerarla «no inventada aquí» y, más fundamentalmente, por tener el potencial de socavar su intento de hacer que el mundo dependa del petróleo que controla.

Las principales exigencias del orden basado en normas de Estados Unidos en relación con el petróleo son:

  1. El control del comercio mundial del petróleo seguirá siendo un privilegio de Estados Unidos.
  2. El comercio del petróleo debe cotizarse y pagarse en dólares estadounidenses
  3. La regla del petrodólar
  4. Se deben desalentar las alternativas energéticas “verdes” al petróleo y negar el fenómeno del calentamiento global y el clima extremo.
  5. Ninguna ley se aplica ni limita las normas o políticas de EE. UU.

Notas:

1. Contribuyó a la presión la amenaza de Trump de cortar el apoyo militar estadounidense ante escenarios de pesadilla de ocupación militar rusa de Europa occidental.

2. La clave para controlar el petróleo no residía, por lo tanto, en la propiedad directa de pozos y refinerías, ni siquiera en su fijación de precios, sino en la capacidad de amenazar militarmente a los países de la OPEP para controlar cómo gastarían o invertirían sus ingresos por exportaciones. No tengo ninguna referencia de que esta amenaza de agresión militar se haya expresado explícitamente por escrito, pero me lo dijeron en mis conversaciones personales con funcionarios del Tesoro y del Departamento de Estado en la Casa Blanca cuando Herman Kahn me llevó allí para tratar precisamente este asunto. Había sido especialista en el Chase Manhattan Bank en la balanza de pagos y las relaciones internacionales de la industria petrolera, y trabajé en el Hudson Institute de 1972 a 1976 con un contrato con la Casa Blanca.

3. Associated Press, “ El Departamento de Energía de Trump describe nuevas políticas para el petróleo venezolano ”, 7 de enero de 2026. No se especifica un plazo para estos 2.000 millones de dólares en exportaciones de petróleo, ni cómo se dividirá el pago entre Estados Unidos y Venezuela. Trump simplemente declaró en su blog @realDonald Trump que el petróleo venezolano sancionado “se venderá a su precio de mercado, y ese dinero será controlado por mí, como presidente de los Estados Unidos de América… Se transportará en barcos de almacenamiento y se transportará directamente a los muelles de descarga en Estados Unidos”, desde donde una parte podría, según prometió, venderse a China.

4. “He decidido empezar a vender petróleo, gas, oro y todos los demás productos que Venezuela vende con nuevas monedas, incluyendo el yuan chino, el yen japonés, el rublo ruso, la rupia india, entre otras”, declaró [Maduro] durante una transmisión televisiva, afirmando que “una economía libre del sistema imperialista estadounidense es posible”. Yahoo Finance, “Venezuela venderá petróleo en monedas distintas del dólar”, 8 de septiembre de 2017. https://sg.finance.yahoo.com/news/venezuela-sell-oil-currencies-other-034439095.html

5. Charlie Savage, “¿Puede Estados Unidos ‘gobernar’ Venezuela legalmente tras la captura de Maduro? Esto es lo que debe saber”, The New York Times , 3 de enero de 2026. El texto de la Carta establece que: “Todos los Miembros se abstendrán, en sus relaciones internacionales, de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado, o en cualquier otra forma incompatible con los Propósitos de las Naciones Unidas”. El artículo mencionado señala que “[a]rrestar a alguien para someterlo a juicio, sin embargo, es una operación de aplicación de la ley, no defensa propia. En 1989, la mayoría del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas votó a favor de condenar la invasión de Panamá, aunque Estados Unidos vetó la resolución . La Asamblea General de la ONU votó 75 a 20 para considerarla una flagrante violación del derecho internacional y de la independencia, la soberanía y la integridad territorial de los Estados”.

6. Gideon Rachman, “El problema con la Doctrina Donroe”, Financial Times , 6 de enero de 2026.

7. Rebecca Elliott, “Los objetivos de Trump sobre el flujo de petróleo no son tan fáciles”, The New York Times , 6 de enero de 2026. “Necesitamos Groenlandia, absolutamente”, le dijo Trump a Michael Scherer, “Trump amenaza al nuevo líder de Venezuela con un destino peor que el de Maduro”, The Atlantic , 4 de enero de 2026.

8. Eldar Mamedov, “Europa silba más allá del cementerio venezolano”, Responsible Statecraft , 6 de enero de 2026. Bromea diciendo que el presidente de Letonia “no debería sorprenderse entonces si, en algún momento, otros líderes europeos le aconsejan resolver las diferencias de Letonia con Rusia en un ‘diálogo directo con Moscú, teniendo en cuenta las necesidades de seguridad de Rusia’”. En otras palabras, ahí va el argumento de la UE y la OTAN contra la Operación Militar Especial de Rusia en Ucrania.

9. Julia Conley, “En su discurso ‘desquiciado’, Miller afirma que Estados Unidos tiene derecho a apoderarse de cualquier país por sus recursos”, Common Dreams , 6 de enero de 2026, señalando que el primer ministro de Dinamarca le dijo al canal de noticias danés Live News el 5 de enero que “la comunidad internacional tal como la conocemos, las reglas democráticas del juego, la OTAN, la alianza defensiva más fuerte del mundo, todo eso colapsaría si un país de la OTAN decidiera atacar a otro”. El gobierno danés convocó una reunión de emergencia de su Comité de Asuntos Exteriores el martes para discutir “la relación del reino con Estados Unidos”. El comisario de la UE, Andrius Kubilius, también advirtió que cualquier toma de Groenlandia por parte de Estados Unidos significaría el fin de la OTAN.

10. Editorial del FT, “Cómo debería responder Europa a las amenazas de Trump”, Financial Times , 8 de enero de 2026.

11. Amy MacKinnon y Loren Fedor, “EE. UU. mantiene abierta la opción militar de tomar Groenlandia”, Financial Times , 8 de enero de 2026. Rutte incluso agregó que “los daneses estarían totalmente de acuerdo si Estados Unidos tuviera una mayor presencia [en Groenlandia] de la que tienen ahora.

12. Editorial del Wall Street Journal , “La ilusión del ‘derecho internacional’”, 6 de enero de 2026. En la misma edición de ese periódico, Greg Ip, “Trump estrena la ‘doctrina Donroe’”, el Wall Street Journal del 6 de enero de 2026, citó la justificación de Trump de su toma de posesión de Venezuela por motivos de seguridad nacional: “Estados Unidos nunca permitirá que potencias extranjeras nos expulsen de nuestro propio hemisferio. El futuro estará determinado por la capacidad de proteger el comercio, el territorio y los recursos que son fundamentales para la seguridad nacional”. Ip señaló que China ya es el principal socio comercial de Brasil, Chile y Perú, a quienes Trump aparentemente considera una amenaza.

13. La ironía es que, como miembros del Grupo de Amigos en Defensa de la Carta de las Naciones Unidas, son Rusia y China los que se han convertido en los principales defensores de la aplicación del derecho internacional en su intento de frenar la interferencia militar y política de Estados Unidos a lo largo de sus fronteras.

14. Citado en William A. Galston, “Lo que la captura de Maduro dice sobre Trump”, Wall Street Journal , 7 de enero de 2026.

15. Como Trump les dijo a los periodistas después del derrocamiento de Maduro: «Vamos a extraer una enorme cantidad de riqueza de la tierra». Estados Unidos, dijo, se quedará con parte de ella «como reembolso por los daños que nos causó ese país». Esta ha sido la filosofía de Trump desde hace mucho tiempo. Durante la campaña presidencial de 2016, dijo que confiscar el petróleo de Irak podría haber pagado la guerra de Irak. «Entramos, gastamos 3 billones de dólares, perdemos miles y miles de vidas, y luego… lo que pasa es que no obtenemos nada», dijo. «Antes, el botín pertenecía al vencedor». William A. Galston, «What Maduro’s Capture Says About Trump», Wall Street Journal , 7 de enero de 2026, informa que Trump ha hecho comentarios similares sobre Siria y Libia.

16. Julia Conley, “En su discurso ‘Desquiciado’, Miller afirma que Estados Unidos tiene derecho a apoderarse de los recursos de cualquier país”, Common Dreams , 6 de enero de 2026, citando una paráfrasis en redes sociales del representante Seth Moulton (demócrata por Massachusetts).

17. Maxine Joselow y Lisa Friedman, “President Halts Five Wind Farms Worth Billions”, The New York Times , 23 de diciembre de 2025. Añaden que, el 22 de diciembre de 2025 , un estudio del Pentágono indicó que los parques eólicos podrían interferir con los sistemas de radar. El bloqueo por parte de Trump de los arrendamientos de cinco parques eólicos en construcción frente a la costa este “inyectó incertidumbre en proyectos valorados en 25 000 millones de dólares que se esperaba que abastecieran a más de 2,5 millones de hogares y empresas en el este de Estados Unidos”, creando, en conjunto, unos 10 000 empleos.

18. Rachel Millard y Martha Muir, “Washington bloquea la energía eólica marina”, Financial Times , 23 de diciembre de 2025. “Las suspensiones incluyen Virginia Offshore Wind, de Dominion Energy, valorado en 11.300 millones de dólares”, a pesar de su avanzada fase de construcción.