Filial de una multinacional de EEUU, facturó 13,5 millones en 2024 y ha dirigido las obras de las Torres Colón y de un centro de datos en Madrid.
Tuvo que reducir a cero su participación en el Hospital de Torrejón por las pérdidas que acumula su sociedad gestora.

Manifestantes durante una concentración ante el Hospital de Torrejón.Europa Press La sanidad se ha convertido en un lucrativo negocio que atrae a empresas que poco o nada tienen que ver con la salud. Incluso a algunas extranjeras, parapetadas en territorios de reconocida opacidad fiscal. De Países Bajos a Delaware pasando por Luxemburgo. Es el caso de Hill International Spain, la empresa que supervisa los hospitales públicos de gestión privada de Madrid y es la filial en España de Hill International Incorporated, uno de los mayores gestores de infraestructuras de Estados Unidos. Así lo ha comprobado Público a través de múltiples documentos mercantiles de los tres países.
En el último año en que publicó sus resultados, 2021, Hill International Incorporated facturó 320 millones de euros. En diciembre de ese año fue adquirida por otro gigante estadounidense, Global Infrastructure Solution Incorporated (GISI), con un volumen de negocio aún más espectacular: 10.170 millones en 2022. En ese momento, Hill International dejó de cotizar en Bolsa y de hacer públicas sus cuentas.
A España Hill Internacional llegó en 1998, cuando nació Gerens Hill International. Dos años después, la estadounidense salió de la española, que se rebautizó como Gerens Management Group hasta que, en febrero de 2008, la compañía con domicilio social en Filadelfia regresó comprando el 60% de su antigua filial, que recuperó su nombre. Sólo una semana más tarde, Gerens anunciaba su entrada en Concessia, una gestora de infraestructuras creada junto con 13 cajas de ahorro que se alió con Ribera Salud para levantar el Hospital de Torrejón. No hacía tampoco ni dos meses, en diciembre de 2007, que Gerens Management Group había conseguido el contrato para supervisar los hospitales impulsados por Esperanza Aguirre.
En 2013, Hill International adquirió el 40% restante de las acciones de Gerens y cambió su nombre a Hill International Spain SA. Su volumen de negocio en 2024, último ejercicio en el que ha enviado información al Registro Mercantil, ascendió a 13,54 millones de euros, un 8,8% más que el año anterior. Pero cerró con pérdidas, 654.000 euros. Ese año contaba con una plantilla de 119 personas, de las que 16 se encargan de las tareas de supervisión de los hospitales públicos de gestión privada.
Desde 2007 hasta 2022 tenía bajo su lupa los siete hospitales gestionados con el modelo de concesión de obra pública, en los que la asistencia sanitaria la lleva a cabo el Servicio Madrileño de Salud (Sermas), mientras que los servicios no sanitarios, de la lavandería a los vigilantes jurados, son responsabilidad de las empresas privadas que los construyeron. A partir de ese año, también vigila la actividad y las cuentas de los hospitales bajo concesión administrativa, donde la asistencia médica corre a cargo de firmas privadas: el grupo Quirón y el grupo Ribera Salud. Además, monitoriza las facturas mensuales y la liquidación anual de la Fundación Jiménez Díaz y del Hospital Central de la Defensa, que tienen convenios singulares con el Sermas. Así como el funcionamiento de los servicios centralizados de lavandería, seguridad y limpieza de los hospitales de gestión 100% pública del Sermas.
A cambio, Sanidad le ha pagado más de 15 millones de euros desde 2007, entre contratos y prórrogas. El importe del último, adjudicado en 2022, asciende a 3,54 millones de euros, y la última prórroga de dos años, hasta 2027, le reportará 2,36 millones más.
Torres de Colón, edificio Faro, centros de datos
Pero su negocio en España se extiende también al sector privado. Por ejemplo, Hill International dirigió el proyecto de renovación del Four Seasons Resort Mallorca en Formentor, así como la rehabilitación en Madrid de las Torres Colón y del edificio Faro (Retama), adonde ha trasladado Renfe sus oficinas. Además, el campus de Data4 en San Agustín de Guadalix (Madrid), cuatro centros de datos construidos sobre un terreno de 6,5 hectáreas, lleva también su firma, y el Tranvía de Zaragoza, que fue inaugurado en 2011.
No obstante, los resultados de esta actividad salen de España, en principio, rumbo a los Países Bajos, donde está domiciliada la empresa matriz de Hill International Spain. Hill International NV, con sede en Ámsterdam, es dueña al 100% de la filial española desde diciembre de 2013. Pero la sociedad dominante última de la española es Hill International Incorporated, que, aun con domicilio social en Filadelfia (Pensilvania), deposita sus cuentas en el Estado de Delaware, considerado un paraíso fiscal: las empresas no pagan impuestos si operan fuera del estado ni están obligadas a publicar quiénes son sus propietarios o sus cuentas. Así, en Delaware están registradas el 60% de las 500 mayores compañías estadounidenses, incluidas Google, Amazon, Facebook, Visa, MasterCard o Walmart, y más de 1,6 millones de empresas del resto del mundo. Lo mismo que Global Infrastructure Solution Incorporated (GISI), la multinacional que compró Hill International Incorporated en 2022. Aunque su sede social está en Newport, en California, el domicilio fiscal es también Delaware.
En las cuentas que Hill International Spain remite al Registro Mercantil, se puede rastrear el movimiento de fondos entre las filiales y la matriz. Por ejemplo, en 2019 Hill International Spain hizo un préstamo de 10 millones de euros a Hill International NV para que ésta comprara las acciones de Hill Brasil Participações Ltda que tenía la española. A la inversa, dos años antes la filial había recibido un préstamo de 298.000 euros de la subsidiaria alemana del grupo, Hill International NV (Germany Branch), que devolvió en 2023.
Problemas con Concessia
En cualquier caso, con Concessia el negocio no le fue demasiado bien. Hill International reconoce que su participación en el que fue gestor del Hospital de Torrejón hasta el pasado agosto, un 5,66% de las acciones valorado en 975.000 euros, estaba "completamente deteriorada" desde el 31 de diciembre de 2023. La causa son las "significativas" pérdidas de Concessia. Ese ejercicio perdió 9,89 millones de euros, que se sumaron a los 3,37 millones de números rojos acumulados desde 2020. De hecho, en 2023 Concessia estaba en causa de disolución, por lo que tuvo que reducir capital por importe de 11,46 millones de euros para compensar pérdidas y revertir su desequilibrio patrimonial.
En 2024, Hill International no veía ninguna posibilidad de recuperar esa inversión "sobre un plan de negocio ni en el corto ni el medio plazo". Su valor contable es cero, concluye en su memoria anual.
Concessia nació en febrero de 2008, sólo unos meses antes de que estallara la burbuja inmobiliaria. Tenía planes muy ambiciosos: invertir 2.000 millones de euros para conseguir una cartera de 37 concesiones públicas en un plazo de 10 años. Y no sólo en España, sino también en Europa del Este, Estados Unidos, México, Brasil y Chile. También quería salir a Bolsa "a medio plazo", según se publicitó entonces en la prensa económica.
Quince años después de su creación, las dos únicas inversiones que le quedaban a Concessia eran Torrejón Salud y el Hospital Universitario de Burgos. La primera es la gestora del hospital situado en esa localidad madrileña creada con el grupo Ribera Salud. La segunda, bajo la marca comercial Eficanza, es la única que le queda en la actualidad, tras su abrupta salida de Torrejón Salud. Tras Eficanza está la sociedad que constituyeron en 2006 la constructora OHL, el Santander y los constructores burgaleses Antonio Miguel Méndez Pozo y Jesús Arranz Acinas. El primero, condenado a siete años de cárcel en 1994 por corrupción, es uno de los mayores y más influyentes empresarios de Castilla y León, dueño del grupo de comunicación Promecal y el detonante de los disturbios en el barrio burgalés de Gamonal, en 2014.
Article épinglé
lundi 16 février 2026
Torrejón-Países Bajos-Delaware: la ruta del dinero de Hill International, la empresa que supervisa los hospitales de gestión privada de Madrid
dimanche 1 février 2026
China refuta a tese do Tecnofeudalismo de Varoufakis
FONTE:
Nesta pequena cápsula desmontamos desde o marxismo e o materialismo histórico a tese do Tecnofeudalismo, formulada por Yanis Varoufakis, que nos últimos anos ganhou ampla difusão entre a progressia occidental. Segundo ela, o capitalismo teria morrido e sido substituído por uma nova forma de feudalismo digital, no qual as grandes plataformas tecnológicas funcionam como feudos, e nós, usuários, trabalhadores e pequenos produtores, somos outra vez como servos que pagam tributos aos novos senhores feudais, os Bezos, Zuckerberg ou Musk.

A tese contém uma intuição correta e poderosa. Contudo, do ponto de vista do materialismo dialético, ela é completamente insuficiente, parcial e mesmo contraproducente para a classe trabalhadora tomar consciência da teoria correta que explica o funcionamento do capitalismo e a sua superação. Este artigo procura conservar integralmente as ideias apresentadas numa análise original dum vídeo do canal marxista Frases de Marx, mostrando que o tecnofeudalismo não é nenhuma lei tecnológica inevitável, mas o resultado histórico concreto de determinadas relações entre capital, Estado e produção, sem sair do modo de produção capitalista.
O caso da China desempenha aqui um papel central, pois demonstra empiricamente que a mesma tecnologia digital e o seu avance pode gerar resultados sociais e políticos radicalmente distintos.
1. A tese de Varoufakis: do capitalismo ao tecnofeudalismo
1.1. Capitalismo clássico e concorrência produtiva
No capitalismo clássico analisado por Marx no século XIX, a concorrência entre capitais dava-se fundamentalmente no terreno da produção. Empresas como Ford e General Motors competiam fabricando automóveis. Vencia quem conseguisse produzir mercadorias melhores e mais baratas.
A exploração capitalista manifestava-se através da apropriação direta da mais-valia: o trabalhador produzia valor através do seu trabalho vivo, e o capitalista apropriava-se diretamente desse valor excedente. Havia exploração, mas havia também produção real de valor.
1.2. As plataformas digitais e a ruptura do modelo produtivo
As grandes plataformas digitais atuais — Amazon, Google, Facebook/Meta — não funcionam segundo essa lógica. Elas praticamente não produzem bens materiais. Não fabricam mercadorias no sentido clássico. Ainda assim, são as empresas mais valorizadas do mundo.
O que fam, então? Controlam os territórios digitais onde ocorre o comércio, a comunicação e a vida social contemporânea. São donas do espaço no qual todos somos obrigados a circular.
1.3. A analogia feudal
Aqui Varoufakis acerta parcialmente ao estabelecer uma analogia com o feudalismo medieval. O senhor feudal não produzia trigo nem fabricava ferramentas. Era dono da terra. Quem quisesse produzir precisava usar essa terra e pagar tributo.
O mesmo ocorre hoje em ocidente em versão digital. Para vender online é necessário passar pola Amazon e pagar comissões que variam entre 15% e 45%. Não porque a Amazon crie valor ou melhore o produto, mas simplesmente porque controla o território do mercado.
Estamos perante uma forma de extração de renda, não de criação de valor. Eis o núcleo da tese do tecnofeudalismo.
Os limites históricos e teóricos da metáfora feudal
Apesar da utilidade descritiva da noção de tecnofeudalismo, é necessário introduzir aqui uma precisão conceitual importante. Do ponto de vista histórico rigoroso, chamar à forma atual de dominação digital um “feudalismo” constitui um exagero teórico.
No feudalismo propriamente dito, a terra era o meio de produção fundamental. Os camponeses encontravam-se juridicamente ligados a ela, e a relação com o senhor feudal era uma relação pessoal de dominação, sancionada por vínculos jurídicos e políticos diretos. A exploração não se dava através do mercado, mas através de obrigações extraeconómicas explícitas como trabalho forçado gratuito, rendas em espécie, tributos compulsórios e a submissão direta à autoridade jurídica e política do senhor feudal.
No capitalismo digital contemporâneo, por mais concentrado e assimétrico que seja o poder das plataformas, não existe uma relação de servidão jurídica direta. Os trabalhadores, produtores e consumidores continuam formalmente inseridos em relações de mercado, mediadas polo salário, polo contrato e pola concorrência. As Big Tech não dominam porque nos possuem juridicamente, mas porque controlam dados, infraestruturas e posições monopolistas estratégicas.
Nesse sentido, o tecnofeudalismo funciona sobretudo como uma metáfora crítica, útil para chamar a atenção para a concentração extrema de poder e para a dependência tecnológica crescente, mas problemática se tomada como categoria histórica ou económica literal. O risco é obscurecer a compreensão do fenómeno enquanto forma específica do próprio capitalismo, e não como um retorno real a um modo de produção pré-capitalista.
É precisamente por isso que a análise deve avançar além da metáfora e regressar às categorias centrais do materialismo histórico: relações de produção, formas de apropriação do valor, e articulação entre capital e Estado. Vejamos.
2. Extração de renda versus produção de valor
2.1. Diferença fundamental em relação ao capitalismo clássico
No capitalismo industrial, mesmo na exploração, havia produção de valor real. No tecnofeudalismo descrito por Varoufakis, os senhores feudais digitais não criam valor: limitam-se a extrair renda polo controle do acesso.
Bezos não ajuda o vendedor a produzir melhor; cobra tributos por permitir que ele venda. Zuckerberg não melhora a comunicação; cobra polo acesso à própria audiência.
2.2. O tecnofeudalismo como fenómeno localizado
Se o tecnofeudalismo fosse uma consequência automática da tecnologia digital, deveria manifestar-se em todos os países com plataformas digitais avançadas. Mas isso não acontece.
E aqui surge a pergunta decisiva que Varoufakis não colocou de forma suficiente: por que razão na China não existem Jeff Bezos todo-poderosos?
3. O caso chinês: plataformas sem senhores feudais privados
3.1. Plataformas gigantes, mesma tecnologia. O caso Jack Ma
A China alberga algumas das maiores plataformas digitais do mundo. A Alibaba supera a Amazon em volume de transações no comércio eletrónico, o WeChat conta com mais de mil milhões de utilizadores ativos e o Douyin domina amplamente o mercado de vídeo curto no país. A tecnologia empregada é equivalente à ocidental: infraestruturas digitais avançadas, algoritmos de recomendação semelhantes e modelos de plataforma comparáveis.
A diferença decisiva não reside, portanto, na técnica, mas na relação de poder. Em 2020, Jack Ma, fundador da Alibaba e então o homem mais rico da China, criticou publicamente a regulação financeira chinesa — um tipo de discurso habitual entre bilionários tecnológicos no Ocidente. A resposta do Estado foi imediata: Jack Ma desapareceu da vida pública durante meses, a Ant Group viu suspensa a maior IPO da história e foi forçada a reestruturar-se, e a Alibaba foi fragmentada e submetida a fortes sanções regulatórias.
Jack Ma permaneceu rico, mas perdeu qualquer autonomia política. Deixou de ser um “senhor” de coisa alguma. Uma intervenção desta magnitude seria impensável nos Estados Unidos ou na União Europeia.
3.2. A inversão da relação de poder
Na China, o Partido Comunista mantém o controlo material sobre os grandes empresários tecnológicos; no Ocidente, ocorre o inverso, são os magnatas das Big Tech a condicionarem diretamente o poder político. Quando uma empresa chinesa acumula poder excessivo ou ameaça objetivos sociais definidos polo Estado, é disciplinada, fragmentada ou reestruturada.
Um exemplo claro foi o setor da educação privada online, que movimentava dezenas de milhares de milhões de dólares. Em 2021, o Estado decidiu que a educação não podia ser um negócio lucrativo e proibiu a atividade com fins lucrativos, destruindo em poucos dias grande parte do valor bolsista do setor.
Estes casos mostram que, apesar da existência de plataformas privadas gigantescas e da exploração capitalista do trabalho, não emergem na China senhores feudais digitais autónomos. O capital tecnológico permanece subordinado ao poder político estatal, e não o contrário.
4. Regime dos dados. Quem controla os dados controla o poder: China versus Ocidente
No capitalismo digital ocidental, os dados pessoais constituem uma forma central de propriedade privada. As grandes plataformas apropriam-se integralmente das informações geradas pola atividade quotidiana dos utilizadores — comunicações, deslocações, hábitos de consumo — e transformam-nas em mercadoria. Estes dados são monetizados através de publicidade dirigida, vendidos a terceiros ou utilizados para moldar e antecipar comportamentos, convertendo os próprios utilizadores em matéria-prima do processo de acumulação.
Este regime de propriedade privada dos dados confere às Big Tech um poder económico e político extraordinário. Empresas como Google, Meta ou Amazon controlam volumes de informação superiores aos de muitos Estados, sem qualquer controlo público efetivo, o que lhes permite influenciar mercados, processos políticos e dinâmicas sociais de larga escala.
Na China, embora as plataformas também recolham dados em massa e participem na exploração capitalista, estes não constituem propriedade privada absoluta das empresas. O Estado mantém acesso legal e capacidade de intervenção direta sobre os fluxos de dados considerados estratégicos, enquadrando as plataformas como gestoras subordinadas de infraestruturas informacionais. Na prática, isto significa que os dados não pertencem exclusivamente às empresas: as plataformas são obrigadas a armazenar informação sensível em servidores localizados no território nacional, a partilhar dados com autoridades reguladoras e a integrar-se em sistemas públicos de supervisão, como ocorre com dados financeiros, logísticos, de mobilidade ou de comunicações.
Este modelo implica certos problemas de vigilância e controlo social, mas impede que os dados se convertam numa base autónoma de poder privado. Ao contrário do Ocidente, onde empresas como Google ou Meta controlam sozinhas infraestruturas informacionais globais, na China nenhuma plataforma pode transformar os dados num recurso político independente do Estado.
Assim, a diferença fundamental não reside na quantidade de dados recolhidos, mas na sua forma de propriedade e no tipo de poder que deles deriva: no Ocidente, os dados reforçam a autonomia política do capital tecnológico; na China, permanecem integrados numa estrutura de controlo estatal que limita a formação de feudos digitais privados.
5. Capital produtivo e capital fictício: a chave marxista
Em O Capital, Marx distingue claramente o capital produtivo do capital fictício. O primeiro investe em meios de produção e em trabalho vivo, transformando materialmente a realidade e gerando valor novo através da exploração da força de trabalho. Toda a riqueza social, por mais abstrata que pareça, assenta em última instância neste processo material de produção. Recomendamos aqui a leitura dos artigos de Capitalismo (I): Andrés Piqueras. Crises do Capitalismo. A fase terminal e Capitalismo (II): Trabalho Produtivo e Improdutivo, uma perspetiva marxista, com Andrés Piqueras analisando a diferença entre trabalho produtivo e improdutivo.
O capital fictício, polo contrário, apresenta-se como dinheiro que gera mais dinheiro sem passar pola produção: ações, títulos, derivados financeiros e valorização bolsista. Trata-se de uma forma fetichizada do capital, que não cria valor, mas representa direitos de apropriação sobre valor futuro ou redistribui valor produzido noutro lugar. Como Marx já assinalava, este capital parece autonomizar-se da produção, ocultando a sua dependência do trabalho vivo.
Desde os anos 1980, o Ocidente conheceu um processo profundo de financeirização. A economia deslocou-se da indústria para os mercados financeiros: Wall Street substituiu Detroit como centro dinâmico da acumulação. Hoje, uma parte crescente dos lucros corporativos nos Estados Unidos provém de atividades financeiras, enquanto a produção material foi deslocalizada para outras regiões do mundo.
As grandes plataformas digitais ajustam-se perfeitamente a este modelo financeirizado. Apesar de empregarem relativamente poucos trabalhadores e produzirem poucos bens materiais, concentram capitalizações bolsistas gigantescas, baseadas em expectativas futuras e no controlo de infraestruturas digitais. A sua força não reside na produção direta de valor, mas na capacidade de capturar rendas e atrair fluxos financeiros, evitando as contradições clássicas da produção industrial — sindicatos, greves, custos fixos elevados.
É neste contexto que o tecnofeudalismo emerge no Ocidente: não como superação do capitalismo, mas como expressão extrema do domínio do capital fictício sobre o capital produtivo.
6. Por que a China seguiu outro caminho
Ao contrário do Ocidente, a China nunca permitiu que o capital financeiro se autonomizasse e subordinasse o capital produtivo. Desde o início das reformas, a prioridade estratégica manteve-se na produção material: indústria, manufatura, infraestrutura, energia e tecnologia aplicada à produção. Ainda hoje, uma parte significativa do investimento total concentra-se em setores produtivos, e a indústria continua a desempenhar um papel central na criação de valor e no emprego.
Esta orientação materialista reflete-se na forma como as plataformas digitais são integradas na economia. As grandes empresas tecnológicas chinesas não substituem a produção por extração parasitária de renda, como ocorre no Ocidente, mas funcionam sobretudo como instrumentos de apoio à circulação, logística, pagamentos e organização da produção. Quando tentam autonomizar-se como capital financeiro ou impor modelos rentistas, são rapidamente disciplinadas.
A razão fundamental desta diferença reside no controlo estatal material. No sistema financeiro chinês, apesar de existir uma diversidade de bancos, os grandes bancos estatais dominam a maior parte dos ativos bancários: os seis maiores bancos comerciais estatais (ICBC, CCB, ABC, Bank of China, Postal Savings Bank e Bank of Communications) detinham cerca de 41,7 % dos ativos de todo o sistema bancário chinês no final de 2023, e o Estado permanece como acionista maioritário nestas instituições através do Ministério das Finanças, da Central Huijin Investment e outras holdings públicas.
Para além disso, o Estado controla sectores estratégicos fundamentais da economia através de empresas públicas e sociedades de economia mista que figuram entre as maiores do país, com as estatais a representar mais de 40 % do PIB e a manter participação dominante em sectores como energia, telecomunicações e infra-estrutura.
Este domínio confere-lhe um poder real — e não meramente regulatório — para intervir sobre o capital privado. Ao controlar o acesso ao crédito, às licenças, às infraestruturas e aos mercados-chave, o Estado pode impor limites efetivos à acumulação privada excessiva.
Deste modo, embora a China utilize uma economia de mercado com exploração do trabalho e contradições próprias, não se desenvolve ali um tecnofeudalismo à maneira ocidental. O capital tecnológico permanece subordinado a uma estratégia produtiva e a um poder político estatal que não abdica do controlo dos meios fundamentais da acumulação.
7. Crítica dialética a Varoufakis
A análise de Varoufakis descreve com precisão um fenómeno real do capitalismo contemporâneo ocidental: a crescente centralidade das plataformas digitais, a transformação do lucro em renda e a subordinação de vastas camadas sociais a infraestruturas privadas. O erro não está no diagnóstico empírico parcial, mas na sua universalização teórica. Ao apresentar o tecnofeudalismo como uma nova etapa histórica inevitável, Varoufakis transforma um resultado político e histórico concreto numa suposta lei da tecnologia digital.
Do ponto de vista do materialismo dialético, esta inversão é problemática. As formas sociais não derivam diretamente da técnica, mas das relações materiais de poder, propriedade e produção. O mesmo desenvolvimento tecnológico gera resultados distintos consoante a correlação de forças entre capital, Estado e trabalho. O caso chinês demonstra empiricamente que não existe qualquer automatismo tecnológico que conduza do capitalismo ao feudalismo digital.
O tecnofeudalismo não é, portanto, a superação do capitalismo, mas uma forma específica da sua degeneração financeirizada, própria de sociedades em que o Estado foi politicamente derrotado polo capital financeiro e abdicou do controlo material dos meios estratégicos da acumulação. Ao deslocar o foco da análise das relações de classe e da luita política para a tecnologia em abstrato, a tese de Varoufakis obscurece o verdadeiro terreno da transformação social revolucionária.
Assim, longe de ajudar a compreender como superar o capitalismo, o conceito de tecnofeudalismo tende a naturalizar uma configuração histórica particular, a abstrair da história e a idealizar, desviando a atenção da tarefa central do marxismo: identificar as contradições materiais reais e organizar a sua superação consciente.
8. As contradições internas do tecnofeudalismo
O denominado por Varoufakis tecnofeudalismo, apresenta contradições internas profundas que colocam em causa a sua própria reprodução histórica. A extração sistemática de renda sem produção de valor novo tende a empobrecer a base produtiva da qual depende. Ao capturarem uma parte crescente do rendimento de produtores, trabalhadores e pequenos negócios, as plataformas digitais estrangulam a acumulação real, reduzindo investimento produtivo, salários e capacidade de consumo.
Este parasitismo manifesta-se empiricamente na precarização generalizada do trabalho de plataforma, na compressão das margens dos vendedores dependentes das Big Tech e na crescente concentração de riqueza. Nos Estados Unidos, por exemplo, as grandes plataformas tecnológicas concentram capitalizações bolsistas superiores ao PIB de muitos países, ao mesmo tempo que empregam relativamente poucos trabalhadores diretos, aprofundando a dissociação entre valorização financeira e produção material.
Ao minar salários, destruir pequenos produtores e subordinar vastos setores sociais a infraestruturas privadas, o tecnofeudalismo corrói as próprias condições da sua reprodução. A redução do poder de compra, o endividamento crónico e a instabilidade social tornam-se tendências estruturais, revelando um sistema que se autodestrói ao explorar em excesso a sua base material.
Estas contradições geram inevitavelmente resistência social. Trabalhadores de plataformas, pequenos vendedores e utilizadores partilham interesses objetivos contra a extração rentista das Big Tech. Como já indicava Marx, o capitalismo engendra o seu próprio contrário: a negatividade surge do interior do próprio processo, criando sujeitos e conflitos que apontam para a sua superação.
Por fim, o tecnofeudalismo agrava as contradições geopolíticas do capitalismo global. A concentração de infraestruturas digitais em poucas empresas sediadas em determinados países intensifica disputas entre Estados, fragmenta mercados e acelera processos de desglobalização tecnológica. Estas fissuras revelam que o tecnofeudalismo não constitui um novo equilíbrio estável, mas uma forma historicamente transitória, atravessada por tensões económicas, sociais e políticas crescentes.
Conclusão: para além do tecnofeudalismo
O tecnofeudalismo não é inevitável. Trata-se de uma forma histórica específica do capital financeiro digitalizado, própria do Ocidente capitalista e das suas democracias burguesas, nas quais o capital privado acumulou tal poder material que conseguiu subordinar o Estado e dominar sobre o poder político. Onde estas relações económicas se alteram, altera-se também o resultado.
A limitação fundamental da tese de Varoufakis não está na sua descrição do presente ocidental, mas na forma como tende a naturalizar essa configuração histórica, apresentando-a como uma nova etapa quase necessária do desenvolvimento tecnológico. Do ponto de vista do materialismo dialético, esta leitura inverte a relação entre técnica e poder: não é a tecnologia que produz automaticamente novas formas sociais, mas as relações de propriedade, de produção e de dominação política que determinam o uso social da técnica.
O caso chinês demonstra empiricamente que o desenvolvimento das plataformas digitais não conduz inevitavelmente à formação de feudos privados autónomos. Com a mesma tecnologia, surgem resultados distintos quando o capital financeiro permanece subordinado ao poder político e à primazia da produção material. O tecnofeudalismo revela-se, assim, não como uma superação do capitalismo, mas como uma forma específica da sua degeneração financeirizada, resultante de uma correlação de forças historicamente determinada.
O desafio histórico central não consiste apenas em diagnosticar esta forma de dominação, mas em identificar o sujeito e o terreno da sua superação. Nem a descrição crítica do tecnofeudalismo, nem a constatação de que ele não é inevitável, respondem por si mesmas à questão decisiva: como podem os explorados do capitalismo digital organizar-se para transformar materialmente estas relações económicas?
A resposta não passa por regulações tímidas nem por reformas social-democratas do capitalismo digital, como as que pretende o programa de Varoufakis, mas pola disputa do controlo material das infraestruturas construídas polo trabalho coletivo. A apropriação social das plataformas e a tomada dos meios de produção digitais constituem a única via coerente, desde o marxismo, para ir verdadeiramente para além do tecnofeudalismo.
Notas de fontes
- 41,7 % dos ativos bancários controlados polos seis maiores bancos com maioria estatal no sistema bancário chinês — dados estruturais compilados pola OCDE.
- Estatais representam cerca de 40 % do PIB e sectores estratégicos sob controle estatal segundo análises sobre a economia chinesa contemporânea. https://noticias.portaldaindustria.com.br/noticias/economia/estatais-representam-mais-de-40-do-pib-da-china/?utm_source=chatgpt.com
mardi 6 janvier 2026
DE CÓMO EUROPA SUBDESARROLLÓ A ÁFRICA por Walter Rodney
LEER Y DESCARGAR: DE CÓMO EUROPA SUBDESARROLLÓ A ÁFRICA – Walter Rodney
–
El libro n.° 328 de nuestra Colección Socialismo y Libertad
*
Los largos recuentos heroicos de cómo Europa llega a «civilizar» a África son conocidos. La manera en que trae tu luz tecnológica, su pensamiento coherente, tu seguridad con la que de inmediato se reparte el continente haciendo caso omiso de lo que ahí encuentra: culturas, técnicas, organizaciones sociales y económicas.
Pero los pueblos se sublevan. Aprenden el lenguaje del colonizador y se levantan. Walter Rodney invita a los historiadores africanos jóvenes a seguirlo en el análisis de cómo Europa subdesarrolló a África. Esos historiadores formados en Europa necesitan volver los ojos a sus países y poner en duda una serie de premisas que tan sencillamente aceptaban. La vehemente descripción de Rodney de la historia de África muestra la correlación directa entre el desarrollo de Europa y el subdesarrollo del continente africano. Su claridad y solidez científica abren nuevas vías de investigación, y al lector latinoamericano le descubren fragmentos de su propia historia.
Walter Rodney fue profesor de Historia Africana en la Universidad de Dar el Salaam, Tanzania, en donde ensenó durante siete años, al cabo de los cuales volvió a su tierra natal, Guyana, para proseguir ahí con sus labores académicas; publicó varias obras y militó en la Alianza Popular de los Trabajadores. Fue detenido en 1979 y posteriormente liberado, cuando cae la dictadura neocolonial de Forbes Burham. El 13 de junio de 1980 fue asesinado junto con su hermano Donald.
*
Indice
Prólogo a la traducción al castellano
Prefacio
1.– Algunas cuestiones sobre el desarrollo
1.1 ¿Qué es el desarrollo?
1.2 ¿Qué es el subdesarrollo?
Breve guía de lectura
2.– Cómo se desarrolló África antes de la llegada de los europeos hasta el siglo XV
2.1 Una visión general
2.2 Algunos ejemplos concretos
Conclusión
Breve guía de lectura
3.– La contribución de África al desarrollo del capitalismo en Europa. El período precolonial
3.1 Cómo Europa llegó a ser el sector dominante del sistema mundial de comercio
3.2 La contribución de África a la economía y las creencias de la Europa capitalista temprana
Breve guía de lectura
4.– Europa y las raíces del subdesarrollo africano hasta 1885
4.1 El comercio europeo de esclavos como factor fundamental del subdesarrollo africano
4.2 El estancamiento tecnológico y la distorsión de la economía africana en la época precolonial
4.3 Ejemplos de desarrollo político militar continuado en África, de 1550 a 1885
Conclusión
4.4 La llegada del imperialismo y del colonialismo
Breve guía de lectura
5.– La contribución de África al desarrollo capitalista de Europa. El período colonial
5.1 La expatriación del excedente africano bajo el colonialismo
5.2 El fortalecimiento de los aspectos tecnológicos y militares del capitalismo
Breve guía de lectura
6.– El colonialismo como un sistema para subdesarrollar a África
6.1 Los supuestos beneficios del colonialismo en África
6.2 El carácter negativo de las repercusiones sociales, políticas y económicas
6.3 La educación para el subdesarrollo
6.4 Desarrollo por contradicción
Breve guía de lectura
L'hôpital français tourne grâce aux soignants étrangers qu’il précarise et déclasse
Ils font tourner les urgences, la gériatrie, les hôpitaux de campagne… et pourtant, ils restent cantonnés à des statuts bricolés. Entre lenteurs administratives et mépris institutionnel, les médecins étrangers vivent une précarité qui n’a rien d’un accident : c’est un système.
- En France, les médecins étrangers sont devenus indispensables mais restent coincés dans des statuts précaires, mal payés et bourrés d’obstacles administratifs.
- Beaucoup se retrouvent en situation d’irrégularité à cause des lenteurs des préfectures, ce qui crée un rapport de force où leur vulnérabilité devient un outil d’exploitation.
- Cette précarité casse leur ancrage social : ils finissent par se sentir illégitimes pour s’engager plus. Certains directeurs d’hôpital assument clairement ce rapport de force.
- Au final, l’État utilise ce système pour avoir une main-d’œuvre qualifiée mais subalternisée, maintenir la concurrence et favoriser le dumping social.
dimanche 21 décembre 2025
El mito obrero del fascismo

Conclusiones
Algunas conclusiones que se extraen del presente artículo es que la retórica obrerista utilizada por los fascismos de la primera mitad del siglo XX, por una parte obedecía a una estrategia puramente propagandística, que tenía el fin de atraer a las masas de obreros y campesinos a sus filas y desvincularlas así de la influencia de los partidos y sindicatos marxistas y anarquistas. Si bien en los momentos iniciales podía haber una cierta predisposición a defender los intereses de los trabajadores, esta se aplacó o limitó con el transcurso de los años. Por otra parte, la estrategia también tenía como fin “acoger al obrero” en el seno de una sociedad fuertemente verticalizada y clasista. Pero acogerlo como subalterno y explotable que, a pesar de los pesares, formaría parte del “gran proyecto nacional” fascista. Esto enlazaría con otra de las características que atraviesan al fascismo, como es la defensa del darwinismo social como elemento vertebrador, tanto en el conjunto de la sociedad como en el seno de las empresas. Estos buscaban dejar a la clase obrera en una situación de subyugación respecto a la burguesía. En este sentido, al igual que el rey o el caudillo ejercía de líder absoluto de las masas, el fascismo defendía la idea de las empresas como el seno de una familia tradicional, donde el patrón debía cumplir con el papel autoritario de pater familias, desplegando así un poder absoluto sobre los trabajadores. En consecuencia, el corpus teórico del fascismo descansa sobre la negación absoluta de la lucha de clases y en favor de la armonización de las mismas. Bajo el pretexto de la búsqueda de objetivos superiores, abogaban por un gran pacto de capital/trabajo, con el fin de “elevar a los intereses de la nación por encima de las luchas internas”. Es decir, frente a la idea de “clases en pugna”, se impone una idea de “sociedad armónica” compuesta por sectores distintos, unos más dignos que otros, pero que encajan a la perfección si no se trata de alterar el statu quo y el “orden natural” ─español, italiano, alemán─ de las cosas.
Esta última idea explicaría perfectamente la batalla encarnizada que llevaron a cabo los diferentes movimientos fascistas contra las organizaciones obreras que en ese momento, y en sus respectivos países, tenían una gran influencia sobre los trabajadores, tanto a nivel sindical como de partidos políticos. El fascismo se convirtió en el brazo armado de la alta burguesía, buscando socavar las conquistas sociales que el conjunto de los trabajadores había conseguido durante años de luchas.
En ese sentido, cabe destacar que los tres fascismos se alinearon en todo momento con los intereses de industriales y terratenientes, abandonando por completo las pretensiones emancipadoras del conjunto de los trabajadores. No es de extrañar, por tanto, que sendas corrientes fascistas recibieran ingentes sumas de dinero de las altas burguesías de sus respectivos países. Dinero que utilizaron para financiar campañas electorales así como sufragar las acciones violentas que los propios fascistas llevaban a cabo contra los trabajadores organizados.
Finalizado el análisis del fascismo de la primera mitad del siglo XX, hay que señalar que actualmente nos encontramos en una contraofensiva reaccionaria que, aunque a nivel estético y simbólico se encuentra muy alejado de este, las estrategias discursivas utilizadas con el fin de atraer al conjunto de los trabajadores a sus filas son muy similares. Esto cobra mayor importancia si se tienen en cuenta las consecuencias de las políticas neoliberales impulsadas a partir de los años 70 y 80 en gran parte del mundo. Recetas económicas que han socavado la capacidad organizativa y de lucha del conjunto de la clase obrera. Desprovista esta de certezas y despojada de cualquier alternativa al capitalismo depredador imperante, es fundamental que las organizaciones obreras dispongan de un acervo de herramientas que nos permitan abordar la lucha contra el ─neo─fascismo con las máximas garantías de poder lograr su derrota definitiva.
jeudi 11 décembre 2025
Pax Judaica: " Ni mesianismo, ni ideología, solo puertos. La ruta de Ben-Gurion es una singularidad logística" - Pr. Jiang Xueqin
FUENTE: https://follow.it/mail?t=oazxumcpiyzc2nkdkbxf64zzjfcecn3jlbsvm23qizsum2sskjza
No quiero repetir lo obvio. Ya entienden por qué ardió Gaza, y por qué nadie intervino. Ese fue el preludio de lo que está por venir. Ese fue el despeje necesario del terreno previo a la entrada de la infraestructura. Lo que importa ahora es el próximo cuarto de siglo. Porque la Pax Judaica no es el clímax de la destrucción, es la administración que le sigue.
Cuando un corredor reemplaza a Suez, el mundo no celebra. El mundo calibra. Los mercados de seguros reevaluan el riesgo del transporte marítimo. Consorcios del Golfo reconectan terminales de combustible. India acelera las cuotas de exportación de mano de obra. China extiende las licencias de vigilancia con IA. Estados Unidos finge pérdida de memoria moral. Todos participan porque todos quieren un pasaje. Eso es lo que PAX significa aquí. No paz, sino flujo. Entonces, ¿quién vive dentro de este fluir?
mercredi 26 novembre 2025
Un effroyable carnage : l’héritage politique de Dick Cheney
SOURCE: https://www.les-crises.fr/un-effroyable-carnage-l-heritage-politique-de-dick-cheney/
De la censure d’un rapport sur la surveillance intérieure par la CIA à la couverture de la guerre des Contras, en passant par son rôle dans le lancement de la guerre contre le terrorisme, Dick Cheney a consacré sa vie à faire en sorte que l’État américain puisse tuer, espionner et torturer en toute impunité.
Source : Jacobin, Chip Gibbons
Traduit par les lecteurs du site Les-Crises
Le 15 mars 2006, les États-Unis étaient engagés depuis près de trois ans dans leur deuxième guerre en Irak. Après plus d’une décennie de sanctions brutales et de bombardements continus, les États-Unis avaient lancé au printemps 2003 une invasion à grande échelle de ce pays du Moyen-Orient riche en pétrole. Cette invasion constituait une violation flagrante du droit international. Après avoir renversé le gouvernement baasiste irakien, ancien allié intermittent de Washington, les États-Unis et leurs alliés ont entamé une occupation militaire prolongée de l’Irak. Cette affaire néocoloniale s’est avérée particulièrement brutale. Telle est la nature même de la volonté d’imposer sa présence par la force militaire à un peuple qui ne le souhaite pas et qui est prêt à recourir à la force pour s’y opposer.
Ce jour-là, le 15 mars, des soldats se sont approchgués de la maison de Faiz Harrat Al-Majma’ee, un agriculteur irakien. Ils auraient recherché un individu soupçonné d’être responsable de la mort de deux soldats américains et d’avoir facilité le recrutement d’Al-Qaïda en Irak. Selon la version des troupes américaines, quelqu’un dans la maison aurait tiré sur les soldats qui s’approchaient, déclenchant une confrontation de vingt-cinq minutes. Les soldats ont finalement pénétré dans la maison et tué tous ses occupants.
Parmi eux se trouvaient non seulement Al-Majma’ee, mais aussi sa femme, ses trois enfants, Hawra’a, Aisha et Husam, âgés de cinq mois à cinq ans, sa mère de 74 ans, Turkiya Majeed Ali, et ses deux nièces, Asma’a Yousif Ma’arouf et Usama Yousif Ma’arouf, âgées de cinq et trois ans. L’autopsie pratiquée sur les défunts « a révélé que tous les cadavres avaient reçu une balle dans la tête et étaient menottés ». Après avoir massacré la famille, les soldats américains ont demandé une frappe aérienne qui a détruit la maison. La raison présumée de ce bombardement était de dissimuler les preuves des exécutions extrajudiciaires.
Parmi les architectes de la guerre contre le terrorisme, un nom se détache particulièrement : Dick Cheney.
Les dix vies perdues ce jour-là, y compris celles des enfants menottés et abattus d’une balle dans la tête à bout portant, font partie des 4,5 à 4,7 millions d’êtres humains qui ont perdu la vie dans les zones de guerre après le 11 Septembre. Cela inclut non seulement l’Irak, mais aussi l’Afghanistan, la Syrie, le Yémen et le Pakistan. Il est impossible de réduire la « guerre contre le terrorisme » et son bilan humain colossal à une seule personne. Mais lorsqu’il s’agit des architectes de la guerre contre le terrorisme, un nom ressort plus que les autres : Dick Cheney.
Le lundi 3 novembre, Cheney est décédé à l’âge de 84 ans des suites d’une pneumonie et de maladies cardiaques et vasculaires. Je ne souhaite la mort à aucun être humain, pas plus que je ne souhaite voir souffrir aucun être vivant. Mais lorsque l’on réfléchit à l’héritage de Cheney, on se doit de reconnaître les millions de vies qu’il a fauchées, comme celles des femmes et des enfants irakiens qui ont été ligotés et exécutés en 2005. Ils font partie de l’héritage de Cheney, un héritage qui comprend une vie passée à défendre les pires crimes de l’État américain au nom de la sécurité nationale.
Une vie au service de l’État sécuritaire
La plupart des comptes rendus sur la politique de Cheney se concentrent sur sa croyance en des pouvoirs étendus pour le pouvoir exécutif, avec un rôle réduit pour le Congrès. Si cela est certainement vrai, la fidélité ultime de Cheney allait à la bureaucratie de la sécurité nationale qui s’était métastasée au sein du pouvoir exécutif. Les interventions de Cheney visaient à défendre le pouvoir de l’exécutif de lancer des guerres à l’étranger et d’exercer une surveillance à l’intérieur du pays.
Au début de sa carrière, Cheney a été témoin de tentatives visant à les restreindre. Les révélations selon lesquelles Richard Nixon avait mis en place une unité d’espionnage secrète appelée les « plombiers de la Maison Blanche » pour cibler d’abord le lanceur d’alerte Daniel Ellsberg, puis cambrioler les bureaux du Comité national démocrate à l’hôtel Watergate, ont contraint Nixon à démissionner dans le déshonneur. Cela a également entraîné un revers temporaire pour l’État sécuritaire.
Le programme d’espionnage personnel de Nixon était composé d’anciens combattants de l’État sécuritaire et imitait ses tactiques. Le scandale du Watergate a éclaté en même temps que les scandales concernant la surveillance par le FBI et la CIA des mouvements anti-guerre et des droits civiques. Des millions d’Américains ont participé à ces deux mouvements, pour découvrir que leur gouvernement considérait leur comportement comme digne d’être espionné. Cela a considérablement diminué la confiance dans le Léviathan de la sécurité nationale.
Et si la répression de la Guerre froide avait autrefois placé la politique de sécurité nationale américaine hors de portée de toute critique, la désillusion généralisée face à la guerre du Vietnam, meurtrière, immorale et désastreuse, signifiait que son avenir était très incertain. Si l’État sécuritaire a survécu, les retombées du Watergate et du Vietnam ont réduit son pouvoir à son plus bas niveau, du moins temporairement.
Cheney a cherché à lutter contre ces restrictions. En tant que chef de cabinet du président Gerald Ford à la Maison Blanche, Cheney a apporté des modifications manuscrites à un rapport sur les activités de la CIA. La principale modification apportée par Cheney consistait à remplacer la description de la surveillance intérieure de la CIA comme « illégale » par « inappropriée. » Bien que Cheney n’ait pas réussi à empêcher les contrôles imposés à l’État en matière de sécurité nationale, il a refusé d’abandonner son combat.
En 1978, Cheney a été élu député républicain du Wyoming. Au Congrès, Cheney a voté contre les sanctions contre l’apartheid en Afrique du Sud et contre une résolution non contraignante demandant la libération de Nelson Mandela. Ces votes ont conduit John Nichols, du magazine The Nation, à surnommer Cheney « le député de l’apartheid. » Lors des élections de 2000, les votes de Cheney sur Mandela ont fait l’objet d’une controverse. Loin d’admettre son erreur, Cheney a défendu son vote, expliquant que l’African National Congress était alors considéré comme une organisation « terroriste. »
Les interventions de Cheney visaient à défendre le pouvoir de l’exécutif de lancer des guerres à l’étranger et d’exercer une surveillance sur le territoire national.
Au Congrès, Cheney était le membre républicain le plus haut placé dans une enquête de la Chambre sur le scandale Iran-Contra. Au début des années 1980, l’administration Reagan a été prise en flagrant délit de minage des ports du Nicaragua. Cet acte de guerre manifeste a été perpétré par la CIA, que Ronald Reagan avait promis de « libérer » pendant sa campagne présidentielle.
Dans le cadre de ses efforts visant à renverser le gouvernement socialiste sandiniste du Nicaragua, la CIA collaborait avec les « Contras. » Qualifiés de combattants de la liberté par l’administration Reagan, les Contras étaient en réalité une force terroriste avérée. Ils prenaient délibérément pour cible des infrastructures civiles telles que des centres d’alphabétisation et des cliniques afin de saper les efforts des Sandinistes pour améliorer la vie des Nicaraguayens ordinaires. Craignant que la guerre secrète de Reagan ne devienne un nouveau Vietnam, le Congrès a adopté une série d’amendements budgétaires connus sous le nom d’amendement Boland. Ceux-ci empêchaient l’envoi d’armes létales aux Contras dans le but de renverser le régime au Nicaragua. Plusieurs efforts ont été déployés pour continuer à fournir des armes aux Contras, notamment par le biais de réseaux de financement privés, ainsi que pour (au minimum) fermer les yeux sur le trafic de drogue des Contras.
Mais l’administration Reagan a failli imploser lorsque des responsables clés ont été surpris en train de vendre des armes à l’Iran et d’utiliser les recettes pour financer les Contras, en violation de l’amendement Boland. Dans le rapport minoritaire de Cheney, les hors-la-loi n’étaient pas ceux qui avaient armé la campagne terroriste des Contras, mais le Congrès qui avait tenté de limiter la guerre secrète de l’administration Reagan.
Cheney a quitté le Congrès pour occuper le poste de secrétaire à la Défense du président George H. W. Bush. À ce titre, Cheney a supervisé l’invasion américaine du Panama. Cette invasion, totalement illégale, a violé à la fois le droit international et la Constitution américaine. Elle a causé la mort de 3 500 Panaméens. Le prétexte officiel était que les États-Unis avaient inculpé le dirigeant panaméen Manuel Noriega pour trafic de drogue et envahi le pays afin de l’enlever et de le livrer à un tribunal de Miami. Noriega était un ancien agent de la CIA. Et il n’était pas le seul ancien allié des États-Unis avec lequel Cheney allait devoir se battre en tant que secrétaire à la Défense.
Tout au long des années 1980, les États-Unis avaient armé le dictateur irakien Saddam Hussein contre l’Iran, alors même que Hussein utilisait des armes chimiques. En 1990, Hussein est de nouveau entré en guerre avec l’un de ses voisins, cette fois-ci le Koweït. Certains éléments suggèrent que le dirigeant irakien croyait sincèrement, mais à tort, que les États-Unis fermeraient les yeux sur cette agression. Mais contrairement à l’Iran, le Koweït était un allié des États-Unis. Et les États-Unis, par l’intermédiaire du Conseil de sécurité des Nations unies, ont lancé une guerre contre l’Irak.
Les États-Unis sont allés bien au-delà de l’expulsion de l’Irak du Koweït. Ils se sont livrés à un bombardement massif de l’Irak, visant clairement les infrastructures civiles. Les Nations unies ont qualifié ces bombardements « d’apocalyptiques. » L’Irak étant désormais incapable de purifier l’eau, de traiter les eaux usées ou d’irriguer les cultures, l’ONU a estimé que ces bombardements avaient ramené le pays à « l’âge préindustriel. » Pendant la guerre, les États-Unis ont largué deux bombes « de précision » de 900 kg sur l’abri d’Amiriyah. Cette attaque contre un abri anti-aérien civil sans utilité militaire a causé la mort de 408 civils qui avaient cherché refuge pour échapper aux bombardements apocalyptiques de leur pays. Et lorsque les soldats irakiens se sont retirés du Koweït, les États-Unis les ont bombardés sur ce qui est devenu connu sous le nom « d’autoroute de la mort. » Les images d’êtres humains carbonisés sont devenues parmi les plus choquantes de la guerre. En tant que secrétaire à la Défense, Cheney porte la responsabilité de ces crimes.
Avec une carrière aussi ignominieuse que celle de Cheney, il est impossible de ne pas passer sous silence certaines atrocités. Mais il convient de mentionner un dernier épisode de son mandat de secrétaire à la Défense qui est trop souvent omis. Les États-Unis ont longtemps été accusés d’avoir formé les militaires et les escadrons de la mort d’Amérique latine à la torture et à d’autres violations des droits humains. Ces allégations ont donné lieu à une enquête officielle. Un rapport classifié, intitulé de manière remarquablement bureaucratique « Improper Material in Spanish-Language Intelligence Training Manuals » (Contenu inapproprié dans les manuels de formation au renseignement en langue espagnole), a confirmé que le matériel de formation américain enseignait clairement des violations de la loi.
Le rapport a été remis au secrétaire à la Défense Cheney. Une copie obtenue par les Archives nationales de sécurité porte le cachet « SECDEF HAS SEEN » (Le secrétaire à la Défense a pris connaissance). Ce ne sera pas le dernier scandale de torture dans lequel il sera impliqué.
L’homme qui menait la danse
Après son mandat de secrétaire à la Défense, Cheney a passé le reste des années 1990 loin de la scène politique. Mais deux aspects de sa carrière pendant cette période étaient de mauvais augure. Il est devenu PDG de Halliburton, une société de services pétroliers qui allait plus tard obtenir plusieurs contrats liés à la guerre en Irak lorsque Cheney était vice-président. Cheney allait également être l’un des premiers partisans du Project for a New American Century (Projet pour un nouveau siècle américain). Ce groupe de réflexion néoconservateur prônait la promotion agressive de l’hégémonie américaine et le renforcement de la puissance militaire américaine. Dans un document particulièrement inquiétant, le projet déplorait que bon nombre de ses objectifs prendraient beaucoup de temps à être atteints « en l’absence d’un événement catastrophique et catalyseur, tel un nouveau Pearl Harbor. » Si le Project for a New American Century prônait une vision agressive et belliciste de la politique étrangère américaine en général, il concentrait son attention sur un pays en particulier : l’Irak.
L’Irak allait devenir la priorité de l’administration George W. Bush. En effet, moins d’un mois après que des manifestants scandant « Hail to the Thief » (Salut au voleur) aient bombardé la limousine de Bush d’œufs le jour de son investiture, celui-ci a considérablement intensifié les bombardements américains sur l’Irak. Cette escalade de la plus longue guerre aérienne menée par les États-Unis depuis la guerre du Vietnam a eu lieu deux ans avant le début officiel de la guerre en Irak et sept mois avant les terribles attentats du 11 Septembre.
Si l’Irak était clairement dans le collimateur de l’administration Bush quoi qu’il arrive, c’est le tragique assassinat de près de trois mille Américains le 11 septembre 2001 qui allait ouvrir la voie à la grande guerre tant attendue. Et Cheney allait jouer un rôle important. Cheney avait été sollicité par Bush pour l’aider à choisir un colistier. Fidèle à lui-même, il finit par devenir le candidat à la vice-présidence. Après une élection qui fut presque certainement truquée, Bush et Cheney arrivèrent à la Maison Blanche, rejetés par la majorité des Américains dans les urnes.
Cheney allait devenir le vice-président le plus puissant de l’histoire.
Le jour de l’attaque, Bush se trouvait en Floride pour une séance photo. Après qu’un deuxième avion eut percuté le World Trade Center, Bush fut évacué à bord d’Air Force One. Avec le commandant en chef effectif survolant l’espace aérien américain, Cheney a donné l’ordre d’abattre le vol 93 de United Airlines, l’un des avions détournés restant en vol. Au moment où l’ordre a été donné, les passagers s’étaient déjà révoltés, tentant de reprendre le contrôle de l’avion aux pirates de l’air qui avaient l’intention de l’utiliser comme une arme. À la suite de cet acte héroïque, l’avion s’est écrasé, tuant tous ses occupants, avant qu’il ne puisse être utilisé pour frapper une autre cible.
Même si l’ordre de tir donné par Cheney s’est finalement avéré inutile, il est révélateur du rôle inhabituel qu’il a joué dans la guerre contre le terrorisme. En règle générale, le vice-président ne prend pas ce genre de décisions militaires. Mais au lendemain des attentats, Cheney est devenu le vice-président le plus puissant de l’histoire.
Cheney a utilisé ce pouvoir pour pousser à la guerre en Irak. Cette guerre reposait sur deux mensonges majeurs, tous deux promus par Cheney : premièrement, que l’Irak possédait des armes de destruction massive ; deuxièmement, que l’Irak était impliqué dans les attentats du 11 Septembre. Le deuxième mensonge était particulièrement absurde. Le gouvernement baasiste nationaliste laïc de Saddam Hussein, bien que brutal, n’avait rien en commun avec le groupe djihadiste salafiste Al-Qaïda, responsable des attentats meurtriers. Si un gouvernement avait aidé Al-Qaïda, c’était bien l’Arabie saoudite.
Pourtant, l’Arabie saoudite était un allié majeur des États-Unis et un partenaire commercial de la famille Bush. Alors qu’elle fabriquait des preuves contre l’Irak, l’administration Bush bloquait toute enquête sur le rôle éventuel de l’Arabie saoudite.
La guerre en Irak a été lancée par une campagne de bombardements aériens effroyables, connue sous le nom de « Shock and Awe » (choc et effroi), et s’est poursuivie par une occupation sanglante et prolongée. Mais l’Irak n’était pas le seul crime de Cheney après le 11 Septembre. Cheney défendait depuis longtemps une théorie expansive des pouvoirs exécutifs. Et après le 11 Septembre, il a exploité la tragédie pour tenter de mettre en œuvre les théories qu’il défendait depuis longtemps. Cheney a joué un rôle déterminant dans la promotion de l’idée que, en tant que commandant en chef, le président américain pouvait détenir n’importe qui, y compris des citoyens américains, sans aucun contrôle judiciaire. Il a soutenu un programme de la CIA prévoyant des disparitions forcées et des tortures qui rappelaient la terreur d’État des dictatures fascistes ou militaires.
En plus d’avoir le pouvoir, en temps de guerre, d’enlever et de détenir n’importe qui, Cheney estimait également que l’autorité du commandant en chef de l’exécutif lui donnait le pouvoir d’espionner n’importe qui. Au lendemain du Watergate et des révélations sur l’espionnage de Martin Luther King et d’autres militants, une tentative sérieuse a été faite pour limiter la surveillance nationale en matière de sécurité intérieure. À cette fin, le Congrès a adopté la loi sur la surveillance des renseignements étrangers (FISA). Cette loi était loin d’être libérale sur le plan civil. Elle autorisait un tribunal secret à autoriser la mise sur écoute électronique des Américains. Mais pour Cheney et d’autres faucons de la sécurité nationale, il était intolérable de limiter le pouvoir du président en matière de surveillance électronique au nom de la sécurité nationale.
L’opposition de Cheney à Trump a permis à certains de tenter de le réhabiliter de manière écœurante en le présentant comme un champion de la démocratie. Rien ne pourrait être plus éloigné de la vérité.
Au moment même où l’administration Bush obtenait du Congrès qu’il modifie la FISA pour permettre une surveillance accrue, elle créait secrètement un programme d’espionnage totalement indépendant de la FISA. Il convient de noter que la FISA n’était pas une simple suggestion. Elle créait des dispositions pénales concernant les écoutes téléphoniques sans mandat. Ce régime de surveillance pénale a été baptisé « programme de surveillance du président », mais il aurait tout aussi bien pu s’agir du « programme de surveillance du vice-président. »
Ce programme était une idée originale de Cheney, de son chef de cabinet David Addington et du directeur de l’Agence nationale de sécurité (NSA) Michael Hayden. La version signée par Bush avait été en grande partie rédigée par Addington. Bien que ce programme fût tristement célèbre pour permettre à la NSA d’intercepter sans mandat les communications des Américains à l’étranger, tel que conçu par Addington, il autorisait à l’origine l’interception des appels purement nationaux. Même Hayden, fervent partisan de la surveillance, a estimé que cela allait trop loin et a refusé de mettre en œuvre cette partie du programme. Elle a été supprimée des réautorisations ultérieures.
Au fil des ans, le programme a fait l’objet de nombreuses justifications juridiques, mais la justification initiale et la plus radicale provenait directement du projet de Cheney. Les écoutes téléphoniques étaient justifiées par le pouvoir du président en tant que commandant en chef. Le fait que la FISA les ait criminalisées n’avait pas d’importance : la véritable violation de la loi était la tentative de la FISA de contrôler le président. Cela reflétait la logique avancée par Cheney lors de l’affaire Iran-Contra en tant que membre du Congrès.
Outre les guerres d’agression, les détentions illimitées et la torture, la guerre contre le terrorisme a également normalisé le recours aux assassinats. Techniquement, les assassinats sont interdits par décret. Mais ce décret ne définit pas les assassinats et, grâce à un raisonnement juridique tordu et à des jeux de mots, il est devenu superflu dans les faits, même s’il reste en vigueur sur le papier. Cette mesure reflète le programme d’assassinats mené par Israël, qui étaient pudiquement qualifiés « d’assassinats ciblés », en partie pour contourner les interdictions internationales relatives aux exécutions extrajudiciaires.
Il est difficile de l’imaginer aujourd’hui, mais avant le 11 Septembre, l’administration Bush était initialement opposée aux assassinats de dirigeants palestiniens par Israël. Il y avait un dissident. Cheney a publiquement rompu avec la ligne officielle de l’administration, approuvant les assassinats israéliens. Et pendant la guerre contre le terrorisme, l’administration Bush, aidée par les connaissances techniques et les arguments juridiques israéliens, a officiellement adopté les assassinats ciblés. Que ce soit par les forces spéciales ou par des drones mécanisés, les assassinats allaient devenir la marque de fabrique de la guerre contre le terrorisme menée par les États-Unis.
Vivre dans le monde de Cheney
La dernière apparition publique de Cheney est peut-être la plus étrange. Cet archiconservateur, républicain de longue date, s’est présenté comme un opposant à Donald Trump. Cheney est allé jusqu’à soutenir la candidature présidentielle infructueuse de Kamala Harris [Démocrate, NdT]. Dans l’une des initiatives les plus maladroites de toute l’histoire des campagnes électorales, la campagne de Harris a ouvertement vanté le soutien de Cheney ainsi que celui d’autres faucons républicains. Alors que la campagne de Harris peinait à convaincre les électeurs clés en raison de son refus de rompre avec le soutien criminel de Joe Biden au génocide israélien, elle a cherché à surpasser Trump en matière de bellicisme.
L’opposition de Cheney à Trump a permis à certains de tenter de le réhabiliter de manière écœurante en tant que champion de la démocratie. Rien ne pourrait être plus éloigné de la vérité. Cheney est devenu vice-président à la suite d’une élection volée. Une fois au pouvoir, ses attaques contre la démocratie n’ont fait qu’empirer. Exploitant la tragédie du 11 Septembre, il a enfreint presque toutes les normes démocratiques pour mettre en place un régime autoritaire et meurtrier. Non seulement il a été peut-être la figure la plus destructrice pour la démocratie américaine au XXIe siècle, mais il a également laissé derrière lui un carnage humain et la mort dans le monde entier.
Quelqu’un peut-il sérieusement affirmer que les actions de Trump ne sont pas le prolongement logique de la guerre contre le terrorisme menée par Cheney ?
Non seulement Cheney est responsable de ses propres attaques contre la démocratie, mais il existe également des liens solides entre lui et Trump. La première campagne de Trump a été marquée par des appels à la surveillance des mosquées, au soutien à la torture, à l’escalade des guerres aériennes au Moyen-Orient et aux représailles meurtrières contre les familles des « terroristes. » Peut-on sérieusement affirmer que ce ne sont pas là les prolongements logiques de la guerre contre le terrorisme menée par Cheney ?
Et au cours de son deuxième mandat, Trump a revendiqué le droit de bombarder des pays sans l’autorisation du Congrès, qualifié ses opposants nationaux de terroristes afin de pouvoir exploiter le vaste appareil de surveillance antiterroriste du pays, procédé à l’assassinat de trafiquants de drogue présumés et cherché clairement à renverser le gouvernement de gauche au Venezuela. Ce sont là les politiques que Cheney a défendues toute sa vie. Trump a même réalisé le rêve de longue date de Cheney en bombardant l’Iran.
Le plus grand danger que Trump représente pour notre démocratie en tant qu’autoritaire provient du pouvoir exécutif illimité accumulé dans l’État sécuritaire que Cheney a passé sa vie à construire. Selon Cheney, le gouvernement américain pouvait non seulement mettre sur écoute un citoyen américain sans mandat, mais aussi le détenir sans aucun recours devant les tribunaux ni intervention possible du Congrès. Comme Cheney, Trump salive presque certainement à l’idée de mettre en œuvre de telles politiques.
Si l’on peut débattre du rôle que les fausses positions anti-guerre de Trump ou sa manipulation cynique du soutien de Cheney à Harris ont joué dans sa victoire électorale de 2024, il ne fait aucun doute que la victoire électorale de Barack Obama en 2008 était en grande partie un rejet des politiques de guerre contre le terrorisme de Cheney. Pourtant, malgré le fait qu’il ait surfé sur cette indignation populaire pour accéder à la Maison Blanche, Obama a consolidé et élargi bon nombre de ces politiques, notamment la surveillance sans mandat de la NSA et les assassinats à l’échelle mondiale.
Le fait que les présidents de tous bords politiques poursuivent les politiques les plus sombres de Cheney témoigne peut-être de son héritage le plus troublant : c’est en grande partie dans le monde créé par Dick Cheney que nous continuons à vivre.
*
Chip Gibbons est directeur des politiques chez Defending Rights & Dissent. Il est l’auteur du livre à paraître The Imperial Bureau: The FBI, Political Surveillance, and the Rise of the US National Security State [Le Bureau impérial : le FBI, la politique de surveillance et l’ascension de l’Etat américain de sécurité nationale, NdT].
Source : Jacobin, Chip Gibbons,05-11-2025
Traduit par les lecteurs du site Les-Crises







