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dimanche 10 mai 2026
3 documentos sobre la Teoría Marxista de la Dependencia
1-La Teoría Marxista de la Dependencia (TMD) - Morena
2-Marxismo y dependencia, cincuenta años después
La teoría marxista de la dependencia surgió en un contexto muy particular, más de cincuenta años atrás. Aun así, todavía tiene mucho para decirnos sobre por qué el mundo es como es (y qué hacer para cambiarlo).
Cuando el neoliberalismo inició su sangrienta marcha por América Latina, sus defensores insistían en que los sacrificios de trabajo humano y derechos civiles que solían acompañar a su implantación se verían compensados por una eventual convergencia global que liberaría a la región del subdesarrollo. La desregulación, la privatización y el libre comercio, decían, acabarían por cerrar la brecha entre el mundo descolonizado y los antiguos centros metropolitanos.
Nuestro presente, sin embargo, es una espiral de crisis. Desde el crack financiero de 2008, la crisis económica converge con el colapso ecológico y el agotamiento de las formas democráticas liberales, alcanzando dimensiones civilizatorias. En este contexto, la pandemia puso al descubierto cómo, lejos de desaparecer, la brecha entre el centro y la periferia del sistema mundial es tan aguda y significativa como siempre.
Con la hegemonía neoliberal fracturada, otras formas de pensar y practicar la política han resurgido de sus exilios intelectuales. Entre ellas, la teoría de la dependencia destaca como una contribución original y revolucionaria del pensamiento crítico latinoamericano, ofreciendo herramientas para entender el desarrollo capitalista desigual y el imperialismo, tanto en su desarrollo histórico como en la actualidad. Para acercarnos a un poco más a los postulados de este pensamiento singular conversamos con el Dr. Jaime Osorio.
El 11 de septiembre de 1973, cuando el golpe de Estado derrocó al gobierno democrático de Salvador Allende, Osorio ya había sido aceptado para iniciar sus estudios doctorales en el Centro de Estudios Socio-Económicos (CESO) de la Universidad de Chile. El avance de la dictadura le llevó a México, donde hoy es Profesor Distinguido de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) – Xochimilco e Investigador Emérito por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT). Ha publicado numerosos libros, entre los que se cuentan Fundamentos del análisis social. La realidad social y su conocimiento y Sistema mundial. Intercambio desigual y renta de la tierra.
En esta entrevista con Hilary Goodfriend, colaboradora de Revista Jacobin, Jaime Osorio nos habla sobre la vertiente marxista de las teorías de dependencia, sus orígenes y fundamentos, así como sus usos actuales.
HG
La teoría de la dependencia y su vertiente marxista surgieron de debates y diálogos sobre el desarrollo, el subdesarrollo y el imperialismo en el contexto de la descolonización y las luchas de liberación nacional del siglo XX. ¿Cuáles fueron las principales posiciones y estrategias en disputa, y cómo se posicionaron los teóricos marxistas de la dependencia en estos argumentos?
JO
En el plano teórico, la teoría marxista de la dependencia [TMD] es el resultado de la victoria de la Revolución Cubana en 1959. El marxismo latinoamericano se conmovió con el gesto de la isla. Todas las principales tesis sobre la naturaleza de las sociedades latinoamericanas y el carácter de la revolución quedaron en entredicho.
Poco más de una década después de aquel acontecimiento, que agudizó los debates, la TMD alcanzó su madurez. En aquellos años, algunas de las propuestas que alimentaban las teorías de la dependencia enfatizaban el papel de las relaciones comerciales, como la tesis del «deterioro de los términos de intercambio» planteada por la CEPAL [Comisión Económica para América Latina y el Caribe], que refería al abaratamiento de los bienes primarios frente al aumento de los precios de los productos industriales en el mercado mundial.
Los marxistas ortodoxos destacaban la presencia de «obstáculos» internos que impedían el desarrollo, como las tierras ociosas en manos de los terratenientes que bloqueaban la expansión de las relaciones asalariadas. En general, en estas propuestas, el capitalismo no era responsable de lo que ocurría. De hecho, era necesario acelerar su expansión, con el objetivo de que se agudizaran sus contradicciones inherentes. Solo entonces podría proponerse una revolución socialista, según la perspectiva etapista predominante en los Partidos Comunistas.
Para los cepalinos, el horizonte era alcanzar un capitalismo avanzado, lo que sería factible a través de un proceso de industrialización. Esto permitiría a la región dejar de exportar bienes primarios y productos alimenticios e importar bienes secundarios, que pasarían a producirse internamente, lo que impulsaría el desarrollo tecnológico y frenaría la salida de recursos.
En ambas propuestas, la burguesía industrial tenía un papel positivo que desempeñar, ya fuera a medio o largo plazo.
Para la teoría marxista de la dependencia, el llamado «atraso» económico de la región fue resultado de la formación y expansión del sistema mundial capitalista, cuyo curso produjo desarrollo y subdesarrollo simultáneamente. Por lo tanto, estas historias económicas divergentes no son procesos independientes ni están conectadas tangencialmente. Desde esta perspectiva, el problema teórico e histórico fundamental exigía explicar los procesos que generaron desarrollo y subdesarrollo en un mismo movimiento.
Este problema exigía, además, una respuesta que diera cuenta de cómo este proceso se reproduce a lo largo del tiempo, ya que civilización y barbarie se rehacen constantemente en el sistema mundial.
HG
Muchos de los aclamados teóricos marxistas de la dependencia —Ruy Mauro Marini, Theotonio Dos Santos, Vania Bambirra— comparten una trayectoria de huida de las dictaduras sudamericanas y exilio en México. A usted también le tocó vivir este desplazamiento forzado. ¿Cómo influyeron estas experiencias de revolución y contrarrevolución en la construcción de la TMD?
JO
Cuatro nombres destacan en el desarrollo de la TMD: André Gunder Fank, Theotonio Dos Santos, Vania Vambirra y Ruy Mauro Marini. El primero era un economista germano-estadounidense y los otros tres brasileños, que compartieron lecturas y discusiones en Brasil antes del golpe de 1964. Posteriormente se encontraron en Chile a finales de los años sesenta, en el Centro de Estudios Socio-Económicos, hasta el golpe militar de 1973. Durante este período —al menos en el caso de los brasileños— produjeron sus principales trabajos en relación con la TMD. Tuve la suerte de conocer y trabajar con Marini en México a mediados de los años setenta, antes de su regreso a Brasil.
La TMD no hace ninguna concesión a las clases dominantes locales. Por el contrario, las señala como las responsables de las condiciones imperantes, en las que consiguen cosechar enormes beneficios en connivencia con los capitales internacionales, a pesar incluso de las transferencias [internacionales] de valor. Por esta razón fue difícil para aquellos teóricos encontrar espacios para difundir sus conocimientos en el mundo académico.
El golpe militar de 1973 en Chile, por su parte, hizo que los principales creadores de la TMD aparecieran en las listas de búsqueda de las fuerzas militares y sus aparatos de inteligencia. Y a este golpe en Chile, que fue precedido por el golpe en Brasil en 1964, le siguieron muchos más en el sur del continente, que dispersaron y disolvieron grupos de trabajo y cerraron espacios importantes en esas sociedades.
Al mismo tiempo, esa larga fase contrarrevolucionaria, que no se limitó a los gobiernos militares, favoreció transformaciones radicales en las ciencias sociales, donde pasaron a reinar las teorías neoliberales y el individualismo metodológico. La TMD surgió en un periodo excepcional de la historia reciente. Sin embargo, posteriormente y en general —salvando determinados momentos y países de la región— no se han dado las condiciones ideales para su desarrollo y difusión.
HG
En su obra clásica Dialéctica de la dependencia, Marini define la dependencia como una «relación de subordinación entre naciones formalmente independientes, en cuyo marco se modifican o recrean las relaciones de producción de la nación subordinada para garantizar la producción ampliada de la dependencia». ¿Cuáles son los mecanismos de esta producción ampliada y cómo han cambiado desde que Marini formuló su propuesta en los años setenta?
JO
Cuando hablamos de procesos generados por el capitalismo dependiente, el calificativo «dependiente» no es redundante. Hablamos de otra forma de ser capitalista. Es decir, en el sistema mundial coexisten y se integran diversas formas de capitalismo que se retroalimentan y profundizan sus formas particulares dentro de la unidad global del capital.
La heterogeneidad del sistema se explica, entonces, no por el atraso de algunas economías, no como estados previos [de desarrollo], no como deficiencias. Cada una constituye su forma plena y madura de capitalismo posible en este sistema.
De este modo, de un plumazo, la TMD destruyó las esperanzas de los desarrollistas, que suponían que las economías dependientes podrían alcanzar estados superiores de bienestar y desarrollo dentro de este orden constituido por el capital. Para ellos, solo era cuestión de aprovechar «ventanas» que se abrirían regularmente. Pero no hay nada en la dinámica imperante que sugiera que las cosas van en esa dirección. Al contrario, , mientras prevalezcan las relaciones sociales capitalistas, lo que se produce y sigue produciéndose es el «desarrollo del subdesarrollo».
La brecha entre el capitalismo subdesarrollado y el desarrollado, o entre el capitalismo imperialista y el dependiente, es cada vez mayor. La dependencia se profundiza y se generan modalidades más agudas. En un mundo en el que el capitalismo digital gana terreno —la internet de las cosas, la inteligencia artificial, la robótica, por ejemplo— esto no es difícil de entender.
Experiencias como la de Corea del Sur no pueden repetirse a voluntad. Son, más bien, excepciones a la regla. ¿Por qué el FMI cortó y asfixió la economía argentina y no le tendió la mano como hizo el capital imperialista con Corea del Sur tras la guerra de 1952 en la península? Fue la excepcional posición de esta última en un espacio estratégico, trastocado por el triunfo de la revolución de Mao en China y la necesidad de construir una barrera para impedir la expansión del socialismo en Corea, lo que abrió el grifo de enormes recursos, al menos para Japón y Estados Unidos, y puso anteojeras a los defensores de la democracia y el libre mercado cuando Corea del Sur fue gobernada por una sucesión de dictaduras militares que aplicaron ferozmente la intervención estatal —no el libre mercado— para definir planes y programas que definieran prioridades de inversión y préstamos.
Hoy, basta que un gobierno del mundo dependiente establezca algunas reglas para el capital extranjero para que todo el clamor y la propaganda de los medios transnacionales exijan acabar con el comunismo, impidiendo los préstamos internacionales, bloqueando el acceso a los mercados y buscando asfixiar a los supuestos «subversivos».
HG
El concepto de superexplotación como mecanismo mediante el cual los capitalistas dependientes compensan su inserción subordinada en la división internacional del trabajo es quizá la propuesta más original y polémica de Marini. Algunos marxistas, por ejemplo, protestan contra la posibilidad de la violación sistemática de la ley del valor. Es un tema que usted retoma en su polémica con el investigador argentino Claudio Katz. ¿Cómo define usted la superexplotación y por qué, o en qué términos, defiende hoy su validez?
JO
Con el breve libro de Marini, Dialéctica de la dependencia, cuyo cuerpo central fue escrito en 1972 y se publicaría en 1973, la TMD alcanza su punto de mayor madurez. Podemos sintetizar el núcleo de la tesis de Marini en la pregunta: ¿cómo es posible la reproducción de un capitalismo que transfiere regularmente valor a las economías imperialistas?
Esto es posible porque en el capitalismo dependiente se impone una forma particular de explotación que implica que el capital no solo se apropie de la plusvalía, sino también de parte del fondo de consumo de los trabajadores, que debiera corresponder a los salarios, para transferirlo a su fondo de acumulación. De esto da cuenta la categoría superexplotación. Si todo capital, más temprano que tarde, acaba siendo trabajo no remunerado, en el capitalismo dependiente todo capital es trabajo no remunerado y fondo de vida apropiado [de la clase obrera].
La respuesta de Marini es teórica y políticamente brillante. Permite explicar las razones de la multiplicación de la miseria y la devastación de los trabajadores en el mundo dependiente, pero también las razones por las que el capital es incapaz de establecer formas estables de dominación en estas regiones, expulsando regularmente a enormes contingentes de trabajadores de sus promesas civilizatorias, empujándolos a la barbarie y convirtiéndolos en contingentes que resisten, se rebelan y se levantan contra los proyectos de los poderosos.
La superexplotación tiene consecuencias en todos los niveles de las sociedades latinoamericanas. Por ahora, podemos destacar que acompaña la formación de economías orientadas a los mercados externos. Tras los procesos de independencia en el siglo XIX, y bajo la orientación de los capitales locales, las economías de la región avanzaron sobre la base de las exportaciones, inicialmente de materias primas y alimentos, a las que podemos agregar, recientemente, la producción y ensamblaje de bienes industriales de lujo como automóviles, televisores, teléfonos celulares de última generación (productos igualmente alejados de las necesidades generales de consumo de la mayoría de la población trabajadora). Esto es compatible con la modalidad dominante de explotación, que impacta seriamente en los salarios, reduciendo el poder de consumo de los trabajadores y disminuyendo su participación en la formación de un mercado interno dinámico.
Aquí es pertinente considerar una diferencia significativa con el capitalismo en el mundo desarrollado. Allí, a medida que el capitalismo avanzaba, en el siglo XIX, se enfrentaba al dilema de que para seguir expandiéndose —lo que implicaba la multiplicación de la masa de bienes y productos— necesitaría incorporar trabajadores al consumo. Eso se logró pagando salarios con poder adquisitivo para bienes básicos como ropa, zapatos, utensilios y muebles para el hogar. Este equilibrio se logró introduciendo mejores técnicas de producción, que redujeron la presión para prolongar la jornada laboral multiplicando la masa de productos lanzados al mercado. A partir de ahí, podemos entender el peso de la plusvalía relativa en el capitalismo desarrollado.
Pero en América Latina las cosas funcionaban de otra manera. El capitalismo del siglo XIX no vio la necesidad de crear mercados, porque estaban disponibles desde el período colonial en los centros imperialistas. Además, el despegue del capitalismo inglés aumentó la demanda de materias primas y alimentos. Por esta razón, no había ninguna prisa por cambiar el tipo de valores de uso y de productos puestos en el mercado. Continuaron siendo productos alimenticios y bienes primarios. De este modo, el capitalismo emergente en nuestra región no se vio presionado a hacer algo cualitativamente diferente. La masa de trabajadores asalariados se expandió, pero no conforman la demanda principal de los bienes que se producían, que estaba en Europa, Estados Unidos y Asia.
A través de su inserción en el mercado mundial y a la hora de vender productos, las economías latinoamericanas transfieren valor [al exterior] por la sencilla razón de que los capitales que aquí operan tienen composiciones y productividades menores que los capitales de economías que gastan más en nueva maquinaria, equipos y tecnología, lo que les permite mayor productividad y capacidad de apropiarse del valor creado en otras partes del mundo. Este proceso se denomina intercambio desigual.
Es importante señalar que el intercambio desigual se produce en el mercado, en el momento de la compraventa de mercancías. Aparte de su baja composición orgánica, este concepto no nos dice mucho sobre cómo se produjeron esas mercancías y, sobre todo, qué permite que un proceso capitalista se reproduzca a lo largo del tiempo en esas condiciones. Ahí es donde entra la superexplotación.
Ese es el secreto que hace viable el capitalismo dependiente. Y eso llama aún más la atención sobre los errores de personas como Claudio Katz, que han formulado propuestas que tratan de eliminar ese concepto y lo hacen, además, con argumentos grotescos, como que Marx nunca lo mencionó en El capital —Marx refiere [a la superexplotación] muchas veces, de diversas maneras— porque eso implicaría una dilución o un ataque directo a su proposición teórica ya que el capitalismo no puede aniquilar su fuerza de trabajo.
No voy a repetir esos debates con Katz. Simplemente reiteraré que El capital de Marx es un libro fundamental para el estudio del capitalismo y sus contradicciones. Pero nadie puede afirmar que lo explica todo, o que el capitalismo, en su extensión en el tiempo, no puede presentar novedades teóricas o históricas de ningún tipo. Esa es una lectura religiosa, y El capital no es un texto sagrado. Tal posición, además, es un ataque a una dimensión central del marxismo como teoría capaz de explicar no solo lo que ha existido, sino también lo que es nuevo. Por esta razón, la única ortodoxia que el marxismo puede reivindicar es su modo de reflexión.
HG
También se argumenta que la extensión de la superexplotación a las economías centrales tras la reestructuración neoliberal globalizada invalida su carácter de proceso exclusivo del capitalismo dependiente.
JO
En cualquier lugar donde opere el capital puede estar presente la superexplotación, sea en el mundo desarrollado o en el subdesarrollado, al igual que las formas de plusvalía relativa y plusvalía absoluta. Por supuesto, hay superexplotación en Brasil y Guatemala, como la hay en Alemania y Corea del Sur.
Pero ese no es el problema. Lo relevante es dilucidar el peso de esas formas de explotación, que pueden estar presentes en cualquier espacio capitalista, en la reproducción del capital. Así que la cuestión central es otra, y también lo son las consecuencias económicas, sociales y políticas.
Dejando de lado los períodos de crisis, en los que las formas más brutales de explotación pueden exacerbarse por doquier, ¿puede el capitalismo funcionar a mediano y largo plazo sin un mercado generador de salarios, o con salarios extremadamente bajos? Algo así como si en Alemania el salario medio de los armenios y turcos se generalizara para toda la población trabajadora, o si en Estados Unidos predominaran los salarios de los trabajadores mexicanos y centroamericanos… No lo creo.
HG
Para terminar, ¿qué herramientas o perspectivas nos ofrece la teoría marxista de la dependencia ante las crisis actuales?
JO
En su afán por hacer frente a la aguda y prolongada crisis capitalista, el capital en todas las regiones busca acentuar las formas de explotación, incluida la superexplotación. Busca, una vez más, reducir derechos y beneficios. Con la guerra en Ucrania ha encontrado una buena excusa para justificar el aumento del precio de los alimentos, la vivienda y la energía, y su descarado retorno al uso de combustibles que intensifican la contaminación y la barbarie ambiental, así como el aumento de los presupuestos militares a expensas de los salarios y el empleo.
Las grandes potencias imperiales esperan la subordinación de las economías y los Estados a sus decisiones en períodos de este tipo. Pero la crisis actual también está acelerando la crisis de hegemonía en el sistema mundial, lo que abre espacios para mayores grados de autonomía, aunque no pone fin a la dependencia. Esto es evidente en las dificultades de Washington para disciplinar a los Estados latinoamericanos y africanos para que apoyen su posición en el conflicto en Europa.
El escenario de América Latina en las últimas décadas revela procesos de enorme interés. Hemos sido testigos de importantes movilizaciones populares en casi todos los países de la región, cuestionando diversos aspectos del «tsunami neoliberal», ya sea el empleo, los salarios, las jubilaciones, la salud y la educación, así como derechos como el aborto, el reconocimiento de las identidades de género, las tierras, el agua, y mucho más.
En este terreno profundamente fracturado que el capital genera en el mundo dependiente, las disputas de clase tienden a intensificarse. Esto explica los estallidos sociales y políticos regulares en nuestras sociedades. Es el resultado de la barbarie que el capitalismo impone a regiones como la nuestra.
Una expresión de esta fuerza social se manifiesta en el terreno electoral. Pero con la misma rapidez que ha habido victorias, ha habido derrotas. Estas idas y venidas pueden naturalizarse, pero ¿por qué las victorias no han permitido procesos de cambio duraderos?
Por supuesto, no se trata de negar que ha habido golpes violentos de nuevo tipo que han conseguido desbancar gobiernos. Pero incluso entonces ya había signos de agotamiento que limitaban las protestas, con la clara excepción de Bolivia. Hay una enorme brecha entre el votante de izquierda y el que vota ocasionalmente por proyectos de izquierda. El triunfo neoliberal no estuvo solo en las políticas y transformaciones económicas que logró, sino también en la instalación de una visión e interpretación del mundo, sus problemas y sus soluciones.
La lucha contra el neoliberalismo pasa hoy por desmantelar todo tipo de privatizaciones y frenar la conversión de servicios y políticas sociales en negocios privados. Eso significa enfrentar a los sectores más poderosos económica y políticamente del capital, con control sobre las instituciones estatales donde actúan legisladores, jueces y militares, junto con los principales medios de comunicación, escuelas e iglesias. Podemos añadir que estos son los sectores del capital con los vínculos más fuertes con los capitales imperialistas y su conjunto de instituciones supranacionales, medios de comunicación y Estados.
Se trata de un bloque social sumamente poderoso. Resulta difícil pensar en atacarlo sin atentar contra el capitalismo como tal.
3-La nueva negación del imperialismo desde la izquierda (por JOHN BELLAMY FOSTER)
Estados Unidos ha intervenido militarmente en 101 países a lo largo de su historia…Y solamente entre 1995 y 2021 el Norte Global logró extraer de China y del Sur Global una captura de valor de 18,4 billones de dólares…
Desde la disolución de la Segunda Internacional (durante la cual casi todos los partidos socialdemócratas europeos se unieron a la guerra interimperialista del lado de sus respectivos estados nacionales), la división de la izquierda sobre el imperialismo no haya adquirido dimensiones tan graves.1
Aunque los sectores más eurocéntricos del marxismo occidental han buscado durante mucho tiempo atenuar la teoría del imperialismo de diversas maneras, la obra clásica de VI Lenin , El imperialismo: fase superior del capitalismo (escrita en enero-junio de 1916), ha conservado, no obstante, su posición central dentro de todas las discusiones sobre el imperialismo durante más de un siglo, debido no solo a su precisión en dar cuenta de la Primera y la Segunda Guerra Mundial, sino también a su utilidad para explicar el orden imperial posterior a la Segunda Guerra Mundial.2
Sin embargo, lejos de ser un análisis aislado, el análisis general de Lenin ha sido complementado y actualizado en diversas ocasiones por la teoría de la dependencia, la teoría del intercambio desigual, la teoría de los sistemas mundiales y el análisis de la cadena de valor global. A través de todo esto, ha habido una unidad básica en la teoría marxista del imperialismo, que informa las luchas revolucionarias globales.Pero, hoy en día, los autoproclamados socialistas occidentales con un sesgo eurocéntrico rechazan en gran parte, si no en su totalidad, esta teoría marxista del imperialismo.
Por lo tanto, la brecha entre las opiniones sobre el imperialismo sostenidas por la izquierda occidental y las de los movimientos revolucionarios del Sur Global es más amplia que en cualquier otro momento del siglo pasado.
Disputar el futuro: red federada, popular y soberana de datos
Artículo publicado en la Revista América Latina en Movimiento No. 559: https://www.alai.info/wp-content/uploads/2026/02/ALenMovimiento_559_febrero2026_Espanol-42-46.pdf
Sindicalismo, tecnología y soberanía digital
En el embate de la vida concreta, buscamos alinear la teoría con las necesidades y posibilidades de la práctica. Sin miedo al futuro, buscamos presentar alternativas en una sociedad global que bloquea la esperanza, produciendo sufrimiento, agotamiento y depresión. Disputar el futuro se ha convertido en una tarea política urgente.
Vivimos contradicciones reales de la lucha sindical en el sistema financiero y más allá de él, marcadas por el uso ultraintensivo de la tecnología. Ésta no solo sirve para potenciar los negocios, sino también para resolver el “problema de la Gestión”, como ya señalaba Harry Braverman: ampliar el control, estandarizar las tareas, fragmentar los conocimientos. Sentimos, en carne propia, sus consecuencias —alienación, intensificación del trabajo, vigilancia permanente—, pero también sabemos que este sufrimiento puede abrir caminos para elevar la conciencia.
Por eso, el debate tecnológico es existencial para el sindicalismo bancario. Sin enfrentarlo, el sindicato corre el riesgo de reducirse a una instancia administrativa. Los trabajadores bancarios necesitan ver en el sindicato un proyecto de futuro.
Incidir en las contradicciones del capitalismo digital
El capitalismo digital es una nueva etapa de la acumulación capitalista, no porque rompa con el capitalismo clásico, sino porque reorganiza profundamente sus mecanismos de extracción de valor, dominación y control, reconfigurando las fuerzas productivas. Se caracteriza por la centralidad de los datos, los algoritmos y la financiarización, lo que intensifica la explotación, profundiza las desigualdades y pone de relieve que la lucha de clases también se libra en el terreno tecnológico.
Para los trabajadores, el debate es existencial, porque disputar la tecnología es disputar el poder, y la soberanía digital es una cuestión esencial, por lo que es necesario reapropiarse socialmente de la tecnología.
Con la ayuda de Juliane Furno, es importante comprender que
a lo largo de la historia, el capitalismo ha mantenido sus principales características, pero se ha visto atravesado por contradicciones que, en cada momento histórico (dependiendo sobre todo del grado de correlación de fuerzas entre el capital y el trabajo), se han presentado de forma distinta. Captar las características predominantes en cada fase o subfase de este modo de producción es esencial para comprenderlo en su totalidad, algo tan caro a los marxistas.
Un análisis marxista no parte de la voluntad política, sino de las contradicciones objetivas del modo de producción. En el capitalismo digital, estas contradicciones deben ser estudiadas y exploradas por una política de soberanía tecnológica popular.
Una primera paradoja es el intelecto general. Según Marx, el conocimiento se produce socialmente, pero se apropia de forma privada. La cooperación social genera riqueza, mientras que la infraestructura técnica y los medios digitales permanecen concentrados. El capital depende de algo que no puede producir por sí solo: el conocimiento social colectivo.
Un segundo elemento es la contradicción entre las fuerzas productivas avanzadas y las relaciones de producción atrasadas. La inteligencia artificial, la automatización y las redes digitales crean un potencial de abundancia, pero las relaciones sociales siguen organizadas por la escasez artificial. Incluso con la reducción del trabajo directo, se sigue extrayendo valor, lo que profundiza la contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción.
Otro aspecto relevante es la centralización técnica. Los datos y el poder se concentran, mientras que el trabajo se fragmenta, se precariza y se aísla. La coordinación social existe, pero sin control de los trabajadores.
En la tradición marxista, lo nuevo no nace fuera de lo viejo, sino a partir de sus contradicciones internas. Esto exige disputar la propiedad y el control de las fuerzas productivas. Hoy en día, esto significa luchar por una infraestructura digital pública o cooperativa, redes de comunicación soberanas, nubes públicas, plataformas no comerciales y centros de datos bajo control social.
Los datos, producidos socialmente, deben ser tratados como un bien común, con propiedad colectiva, gobernanza democrática y uso público. La reapropiación del intelecto general pasa por hacer frente a la captura del conocimiento a través de patentes, secretos comerciales y algoritmos cerrados. Como contrapunto, es necesario desarrollar software libre, IA auditable, tecnologías socialmente controladas y formación técnica de los trabajadores.
No hay infraestructura soberana sin sujeto colectivo. El capital necesita al trabajador conectado, pero lo aísla. La respuesta es conectar organizaciones y construir soluciones colectivas y federadas. El conocimiento sólo es emancipador cuando se comparte.
Es indispensable disputar el Estado que, capturado por los gigantes tecnológicos (Big Techs), debe ser presionado para invertir en infraestructura soberana, planificación tecnológica y compras públicas estratégicas. El Estado no se emancipa por sí solo, necesitamos disputar la agenda social y política porque, sin él, ciertas infraestructuras no se construyen. Aun así, no podemos esperar pasivamente soluciones que vengan de arriba, las alternativas populares deben construirse desde ya.
Podemos basarnos en Gramsci y comprender que la guerra de posiciones, en el capitalismo digital, se libra en el terreno técnico. Cada servidor, código y plataforma es una trinchera. Esto nos desafía a crear alternativas funcionales, disputar estándares técnicos, formar cuadros técnicos orgánicos y producir consenso social en torno a la soberanía digital.
El marxismo no propone saltos al vacío, pero tampoco bloquea la audacia. Incidir en las contradicciones del capitalismo digital es disputar el control del intelecto general, revertir la mercantilización de la vida y reorganizar la infraestructura técnica como bien común.
La IA en el mundo laboral
La IA no está “llegando” al trabajo, ya organiza objetivos, ritmos, evaluaciones de rendimiento, vigilancia y despidos automatizados. Actúa como capital fijo algorítmico, profundizando la subordinación real del trabajo al capital.
El movimiento sindical ha actuado, en general, de forma defensiva en este terreno, en la disputa de cláusulas sobre nuevas tecnologías, exigencia de negociación previa, límites a la vigilancia y denuncias de acoso algorítmico. Estas iniciativas son importantes, pero insuficientes, ya que actuamos después de que la tecnología ya ha sido impuesta.
El salto necesario es pasar de lo reactivo a lo estratégico:
- Disputar el diseño de la tecnología. La tecnología es una decisión política cristalizada en código. El sindicato debe luchar por el acceso a los sistemas, la auditoría de algoritmos, la transparencia de las métricas y el poder de veto sobre tecnologías nocivas y discriminatorias. No basta con negociar las consecuencias, hay que negociar la técnica.
- Construir infraestructura propia. Usar solo plataformas de las grandes tecnológicas es aceptar la hegemonía del capital. Las plataformas sindicales propias, las bases de datos bajo control colectivo, la comunicación soberana y el software libre no son un lujo, sino una condición para la autonomía política.
- Organizar el trabajo digital invisible. La moderación, la alimentación de sistemas y otras formas de trabajo oculto deben ser reconocidas, organizadas y sindicalizadas.
- Situar la IA en el centro de la negociación colectiva, con normas sobre objetivos algorítmicos, ritmo de trabajo, derecho a la desconexión, prohibición de los despidos automatizados y responsabilidad humana obligatoria.
Banqueros y sistema financiero: disputa en el terreno tecnológico
En el sistema financiero, la tecnología se utiliza de forma exponencial. La automatización, los algoritmos y la IA tienen como objetivo reducir costos, intensificar el trabajo y maximizar los beneficios, actualizando el viejo problema gerencial del control total del proceso productivo.
A pesar del discurso del “banco sin personas”, el sistema financiero no prescinde del trabajo humano. Lo que ocurre es una recomposición precaria de la fuerza laboral. Hoy en día, más de un millón de trabajadores trabajan para los bancos en Brasil, directa o indirectamente (teniendo en cuenta la subcontratación, las plataformas, las cooperativas, las fintech, los seguros y las finanzas), de los cuales unos 424,000 son empleados bancarios vinculados directamente a los bancos. La dependencia del trabajo sigue existiendo, pero su forma se ha degradado.
Para 2025, los datos del Dieese y las investigaciones de Febraban indican una profunda reestructuración: inversiones en tecnología del orden de 50,000 millones de reales, expansión acelerada de la IA, 82% de las transacciones realizadas por canales digitales, cierre de sucursales físicas y beneficios récord para los grandes bancos, combinados con la reducción de puestos de trabajo, la subcontratación y las enfermedades laborales. La tecnología se utiliza como instrumento de reorganización productiva e intensificación del trabajo.
Las inversiones tecnológicas no generan un retorno social proporcional. No reducen la jornada laboral, no amplían los derechos ni mejoran las condiciones de trabajo. Por el contrario, profundizan las desigualdades, los objetivos inalcanzables y la vigilancia permanente. Y, aun siendo una concesión pública, tampoco mejora la vida de los clientes, que se convierten en ejecutores de tareas con un servicio precario, pagan intereses y tarifas elevadas y son víctimas de fraudes financieros.
Somos conscientes de la importancia del debate tecnológico y actuamos en él mediante la negociación con los bancos. Aun así, nuestra intervención sigue siendo esencialmente reactiva, centrada en la defensa de cláusulas protectoras, sin cuestionar el proyecto tecnológico en sí.
El desafío estratégico: soberanía digital y protección de datos
La transformación digital ha profundizado la centralidad de los datos como activo estratégico. Para los sindicatos y los movimientos sociales, esto plantea un desafío ineludible para garantizar la autonomía política, la seguridad de la información y el uso inteligente de los datos en un escenario de creciente dependencia de las grandes plataformas privadas.
Los sindicatos y los movimientos sociales manejan a diario datos sensibles: información personal, registros de afiliación, datos financieros, historiales de movilización, estrategias políticas y jurídicas. Estos datos están dispersos, sin un tratamiento estratégico. Necesitamos agregar estos datos y utilizar las tecnologías para crear inteligencia a partir de nuestra información.
La dependencia de las grandes tecnológicas genera riesgos estructurales como la pérdida de control sobre datos estratégicos, vulnerabilidad ante la Ley General de Protección de Datos (LGPD) y ausencia de un modelo de infraestructura replicable y escalable. Esta dependencia compromete la autonomía política y la planificación estratégica a largo plazo.
La solución propuesta
Ante esta situación, la dirección del sindicato SindBancários de Porto Alegre decidió invertir en soluciones soberanas, articulando un equipo técnico cualificado, con trayectoria en bancos públicos y estatales, combinando formación técnica y compromiso social, y estableciendo alianzas con el Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra (MST), la Marcha Mundial de las Mujeres y otras organizaciones.
Creamos el proyecto “Red Popular Federada y Soberana de Datos”, que parte de la comprensión de que la soberanía digital no es un tema técnico aislado, sino una condición de existencia organizativa y política.
El proyecto en curso implementará un marco modular, estructurado como una red federada soberana de datos (RSD), basada en software libre, arquitectura distribuida y gobernanza colectiva.
Cada entidad será un “nodo” institucional, interconectado a una red común por estándares de seguridad, interoperabilidad y gobernanza compartida, lo que garantiza el control local de los datos y la cooperación a escala de red.
La complejidad técnica con control político está garantizada con un lago de datos soberano, un entorno de colaboración y una arquitectura en capas que garantizan una evolución continua y una protección sólida.
Será la primera solución integrada de red federada soberana diseñada para sindicatos y movimientos sociales, que combina autonomía digital, conformidad con la LGPD, reducción de la dependencia de las grandes tecnológicas y escalabilidad.
Está previsto el desarrollo de un ecosistema de aplicaciones de streaming, mensajería cifrada, correo electrónico soberano, almacenamiento colaborativo, IA y análisis bajo el control de las entidades; plataforma de formación; aplicación para trabajadores con servicios e interactividad; plataforma de asambleas; biblioteca y observatorio digital sindical, etc.
También es nuestro objetivo alojar sistemas, aplicaciones y soluciones desarrolladas por entidades populares.
Apropiación del futuro
La Red Soberana de Datos no es un mero proyecto de Tecnologías de la Información (TI). Es una estrategia política de soberanía, protección institucional y futuro organizativo. Disputar el terreno tecnológico es disputar las condiciones de existencia y de lucha en el siglo XXI.
Siempre estamos tanteando la realidad en busca de salidas humanas, necesitando el “presente eterno”. Para recuperar la capacidad de imaginar y construir caminos, apropiarnos del futuro, como propone Mark Fisher.
Referencias
Braverman, H. (1978). Trabalho e capital monopolista: a degradação do trabalho no século XX. LTC.
Fisher, M. (2020). Realismo capitalista: é mais fácil imaginar o fim do mundo do que o fim do capitalismo? Autonomia Literária.
Furno, J. (2020). Imperialismo: uma introdução econômica. Da Vinci.
Marx, K. (2013). O capital: crítica da economia política. Livro I. Boitempo.
Marx, K. (2013). O capital: crítica da economia política. Livro III. Boitempo.
jeudi 7 mai 2026
HONDURASGATE : la nouvelle "Opération Condor"
« S'il faut TUER des gens pour être tranquille, alors nous le ferons »
France, États-Unis et Israël sont DIRECTEMENT impliqués dans un scandale international dépassant le Honduras.
Les 2 rives : Israël et les USA font libérer un narco et essaient de le placer á la présidence du Honduras
lundi 27 avril 2026
mardi 14 avril 2026
Bajo las banderas, el sol (Juanjo Pereira, 2025)
20 heures d’images d’archives : voilà ce qu’il reste de 35 années de dictature de Stroessner au Paraguay. A partir de ce corpus d’images rares retrouvées partout dans le monde, Juanjo Pereira reconstruit l’histoire d’une des dictatures les plus longues du XXe siècle, dont les effets perdurent encore aujourd’hui.
Gracias a la vida (Cecilia Pantoja Levi, 1970)
Quería hacer algo distinto y demostrar que hay canciones chilenas que se pueden adaptar en un ritmo más internacional para que sean difundidas en el extranjero
— Cecilia Pantoja Leví, 1969.
En 1964, cuando Cecilia Pantoja Leví, más conocida como Cecilia la Incomparable, hizo su debut discográfico, ya encarnaba un símbolo de modernidad en el Chile provinciano de mediados del siglo XX. Su figura se convirtió en un fenómeno único de su generación al fusionar estéticas sonoras, diseño de moda y la actitud desafiante de una angry young woman. Mientras que otros artistas de la Nueva Ola enfrentaban los cánones de la adultocracia con cierta cautela y concesión, Cecilia, oriunda de Tomé, rompía barreras al usar pantalones, lucir un corte de cabello estilo mop top, y aparecer frecuentemente en televisión y revistas de moda. Desafiaba no solo el patriarcado y el centralismo, sino también una cultura juvenil que, aunque politizada, apenas tendía puentes con los fenómenos de masas y la naciente industria del pop.
Cecilia alcanzó el estrellato con rapidez, consolidándose como la artista más destacada de la década gracias a su talento y habilidad para navegar el conservador mercado del entretenimiento chileno. Parte de su éxito se debió a sus vínculos con distintos artistas de los más variados estilos, destacando figuras como Patricio Manns, Valentín Trujillo y Violeta Parra. En homenaje a esta última, en 1970 lanzó un disco que, aunque no ha sido suficientemente valorado por la crítica y el público, contiene algunos de los momentos más interesantes de su carrera: Gracias a la Vida.
El cuarto álbum de Cecilia, arreglado por el músico ‑y entonces sindicalista y simpatizante comunista- Valentín Trujillo, abre con una clara declaración de que su afán por expandir las fronteras estéticas y temáticas de su obra seguía vigente. Su versión de “Gracias a la vida”, compuesta por Violeta Parra, es interpretada con un enfoque audaz y alejado de la complacencia. La canción adquiere una intensidad y dramatismo singular al integrar cuatro tiempos de jazz en un crescendo con tintes de música progresiva. En la interpretación de Cecilia y los arreglos de Trujillo, la pieza alcanza un vigor indomable, como un negativo de la versión original: ahí donde Violeta transmite una dualidad tranquila, Cecilia expresa su gratitud a la vida entera en la plenitud de sus sentimientos y sentidos.
El disco no se detiene ahí: transita por géneros como el bossa, el gogo, la ranchera, e incluye el hit “Compromiso”. Para cerrar, Cecilia ofrece una versión de “Plegaria a un labrador” de Víctor Jara que altera el realismo de la obra original, convirtiéndola en una fantasía romántica a partir de la oración a un obrero. Con arreglos vertiginosos y tintes lisérgicos, su interpretación se acerca más a lo que hacían grupos como The Moody Blues y Procol Harum que a los exponentes de la Nueva Ola y la Nueva Canción Chilena que, por entonces, dominaban la escena musical del país. Este gesto de insolencia le permitió a Cecilia ampliar los márgenes estéticos de la canción de protesta latinoamericana dotándola de una efervescencia rockera y urgente. Una interpretación que logra nutrir el repertorio iberoamericano al otorgar al pop y la canción melódica un sentido presente de reivindicación política y de clase.
En 1970 Chile se encaminaba hacia su propia vía al socialismo de la mano de Salvador Allende y la Unidad Popular. En el ámbito musical, artistas como Ángel Parra y Aguaturbia se cuestionaban cuál era la mejor manera de tender puentes entre quienes deseaban cambiar el mundo sin ceder en sus posturas políticas ni en sus ambiciones artísticas. Cecilia fue una de las primeras en acercar las sutilezas artísticas de la cantautoría local con los avances tecnológicos y musicales del rock, el jazz y el pop más ambicioso de la cultura anglosajona. Gracias a la vida fue uno de los primeros discos en integrar en una sola obra las ansiedades políticas, sociales, generacionales y sexuales de la juventud chilena.
Referencias
Libros y publicaciones asociadas:
Peña, C. (2002). Cecilia. La vida en llamas. Santiago: Editorial Planeta.
Rolle, C., González, J. P., & Ohlsen, Ó. (2009). Historia social de la música popular en Chile: 1950–1970. Santiago: Ediciones de la Universidad Católica.
Otros enlaces:
Álbum Gracias a la vida, en playlist de Youtube https://www.youtube.com/playlist?list=PL9p5_93B_rz3329XFf2mUclH-gd0KLH‑L
Musicapopular.cl: Enciclopedia virtual fundada en 2006 con trabajo periodístico especializado, investiga y difunde la creación de música popular hecha en Chile. El equipo está conformado por Rodrigo Alarcón, Iñigo Díaz, Marisol García y Jorge Leiva. La entrada correspondiente a Cecilia fue escrita por el periodista Cristóbal Peña https://www.musicapopular.cl/artista/cecilia/
Entrada del disco en el catálogo Discogs https://www.discogs.com/release/9885206-Cecilia-Gracias-A-La-Vida
vendredi 3 avril 2026
EL CHACAL DE NAHUELTORO (Miguel Littin, 1969)
EL
CHACAL DE NAHUELTORO es posiblemente la película más importante de la
historia del cine chileno. Basada en un caso real que conmocionó al país
en 1960, la obra es un pilar del Nuevo Cine Latinoamericano, utilizando
una estructura de crónica periodística para lanzar una crítica
demoledora a las instituciones sociales y judiciales. La película
reconstruye la historia de José del Carmen Valenzuela Torres
(interpretado magistralmente por Nelson Villagra), un campesino
analfabeto y marginal conocido como "el Chacal". En un estado de
embriaguez y miseria absoluta, Valenzuela asesina a una mujer y a sus
cinco hijos en la localidad de Nahueltoro. La narrativa no se centra
solo en el crimen, sino en lo que sucede después. Tras ser atrapado,
José es enviado a la cárcel. Durante su tiempo en prisión, el sistema
—que lo había ignorado toda su vida— finalmente se ocupa de él. José
aprende a leer y escribir, aprende un oficio (la fabricación de
hieleras), recibe instrucción religiosa y, por primera vez, adquiere
conciencia de su propia humanidad y de la gravedad de sus actos. Una vez
que el Estado ha logrado "rehabilitar" y "civilizar" a José, la
justicia dicta que debe cumplir su sentencia original: la pena de muerte
por fusilamiento. El punto central de Littín es la denuncia de una
contradicción institucional absurda. El Estado gasta recursos en educar y
dar dignidad a un hombre solo para poder ejecutarlo con la conciencia
tranquila. La película plantea que José no era un monstruo por
naturaleza, sino un producto de la negligencia social ("un animal
humano"). Al "convertirlo en hombre", el sistema solo lo prepara para
morir. A través del montaje, la película vincula la miseria del campo
chileno con el crimen. El "Chacal" es presentado como una víctima del
sistema antes de ser un victimario. Littín no justifica el asesinato,
pero obliga al espectador a preguntarse: ¿quién es más criminal, el
hombre que mata en la ignorancia o la sociedad que permite que existan
hombres en ese estado de abandono. La Actuación de Nelson Villagra es
histórica. Logra mostrar la transición de un ser casi feral, que apenas
puede articular palabras, a un hombre que descubre la reflexión y el
arrepentimiento, haciendo que el desenlace sea emocionalmente devastador
para el público. La película provocó un debate nacional masivo sobre
la pena de muerte en Chile. Fue un éxito de taquilla sin precedentes
para un film de este tipo, demostrando que el cine político podía
conectar profundamente con las masas. EL CHACAL DE NAHUELTORO consolidó
a Miguel Littín como un cineasta comprometido con la realidad social de
su país y sigue siendo, hasta hoy, una referencia obligatoria para
entender la relación entre el cine, la justicia y los derechos humanos
en América Latina.
jeudi 29 janvier 2026
LA VIOLENCIA DELINCUENCIAL COMO ARMA DE GUERRA DEL IMPERIO ESTADOUNIDENSE
La inseguridad ciudadana y la violencia delincuencial indiscriminada fue siempre un arma de guerra de los imperios, y ha sido tradicionalmente una de las bazas predilectas de Estados Unidos como instrumento contrarrevolucionario para someter y disciplinar sociedades. También para descomponerlas, haciéndolas entrar en procesos de barbarización social.
Generación de bandas bien armadas, infiltración y asentamiento de redes mafiosas, narco-traficantes y demás “crimen organizado transnacional”-, introducción de armas militares avanzadas, grupos paramilitares delincuenciales… son las recetas clásicas dadas por Estados Unidos para el conjunto de NuestraAmérica. Si a ellas le unimos gobiernos que siguen a pie juntillas las políticas de saqueo y empobrecimiento social dictadas por USA y sus instituciones, FMI y Banco Mundial por ejemplo, el cóctel está dado para la descomposición social. Forma brutal de agresión, que se ceba especialmente allá donde hubo un gobierno “progresista” o que pretendió cierta autonomía. Ya no digamos si además buscó esa vía de autonomía a través de la conjunción de fuerzas nuestroamericanas como el ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América).
Una vez que las mafias se instalan en una sociedad, se convierte en una labor ímproba de décadas –si posible- poder desalojarlas, porque sus redes llegan a todos los estamentos y ámbitos tanto del Estado (ejecutivo, legislativo, judicatura, policía, ejército…) como de la sociedad (redes delincuenciales clientelares, de informadores, de negocios imbricados en las redes delincuenciales, familias que viven de ellas, dinero que cae en las comunidades comprando voluntades, única vía de salario para muchos, etc., etc.). ¿Quién, entonces, combate a quién desde dónde y con quién? Ese caos y podredumbre resultantes es el resultado que busca y promueve bien el Imperio, como también sabe que esas sociedades en violencia generalizada (“de todos contra todos”), donde las personas no se fían de las personas, en donde los proyectos de comunidad, los afanes colectivos y la lucha social y política en general son desbaratados por el Miedo, no pueden ya ofrecer seria resistencia a su saqueo. Eso cuando no son directamente atacadas por la delincuencia (des)controlada -en realidad, en muchos casos, paramilitares civiles, valga la aparente contradicción-.
Algo más fácil aún de llevarse a cabo en la región que es la más desigualitaria del mundo.
Así ha agredido EE.UU. a Nicaragua y a Venezuela durante décadas de la forma más asesina posible, en muertes y destrucción (sólo frenada por la cohesión popular y la alianza cívico-militar que mantienen). Así convirtió a México en una sociedad barbarizada (sólo con AMLO y ahora la presidenta Sheinbaum, se ha empezado a dar un proceso de reversión de esa barbarie, muy lento, complicado y no falto de lagunas y retrocesos, como tantos familiares de víctimas bien saben –caso de los 43 estudiantes asesinados y “desaparecidos” de Ayotzinapa, por ejemplo-). Así barbarizó USA también El Salvador, Guatemala y Honduras (con el impase entre muchas interrogaciones de la presidenta Xiomara Castro, y pudiera ser que de su sucesora, en este último caso). Las recetas son siempre las mismas, y con ellas pretenden “justificar” a la carta gobiernos crueles contra sus poblaciones, déspotas que fungen de “salvadores”, mientras continúan degradando las condiciones sociales. Pocos ejemplos como el de Bukele en El Salvador, donde los crímenes de las autoridades contra la población (a menudo considerados como “ejecuciones extrajudiciales”) van sustituyendo a la violencia de los propios grupos delincuenciales (véase aquí este informe: Sobre ejecuciones extrajudiciales en El Salvador : 2015-2020; también algunas de las denuncias venezolanas al respecto de la política del déspota salvadoreño: La doble moral de Bukele: El carcelero de El Salvador que critica a Venezuela – teleSUR). Algo que el bolsonarismo en Brasil ha venido también practicando, como en la reciente matanza en las favelas de Río, con 117 personas asesinadas por orden del gobernador Cláudio Castro. [Con Colombia hay que hacer un aparte, porque es un ejemplo mundial de barbarie social por excelencia, donde los asesinatos de sindicalistas, líderes sociales, luchadores comunitarios, representantes indígenas… son “el pan nuestro de cada día” desde un tiempo que se pierde en la memoria (un “pan” frente al que Petro tiene muy poco poder de deglución, aunque lo intenta, y al que le dedicaremos un análisis exclusivo más adelante). Si acaso hay que sumarle de nuevo la matanza de exguerrilleros firmantes de los acuerdos de paz, como ya se hizo, entre otros, con los del M-19, exterminados casi en su totalidad tras desarmarse y convertirse en partido político].
Pero ningún otro lugar como Haití para ejemplificar el genocidio social sin que medie masiva intervención militar directa. Desde su revolución exitosa de esclavos, las distintas expresiones dominantes del Imperio Occidental, que nunca le perdonaron esa osadía, no han dejado de sangrar a Haití de todas las maneras posibles: bandas armadas, cascos azules, “fondos” del Banco Mundial para perder cualquier atisbo de soberanía alimentaria, consiguiente “cooperación al desarrollo” y “ayuda” frente a catástrofes dichas “naturales” (Assistance mortelle, une occasion en or pour piller Haïti pour les blancs et nos politiciens.; https://www.fuhem.es/papeles_articulo/un-analisis-multifocal-del-terremoto-de-haiti/), intervenciones del BID para ultimar la privatización de toda la economía, saqueo a través de la deuda (Haïti : comment la France a obligé son ancienne colonie à lui verser des indemnités compensatoires; Haïti, 200 ans après la rançon de l’indécence : une dette qui entrave encore l’avenir… – RHINEWS)… Dejo aquí enlace a un informe que la Tricontinental realizó en 2022 y que considero bastante completo al respecto del saqueo y el genocidio haitiano: No a la intervención militar. Sí a la insurrección haitiana (thetricontinental.org). Como quiera que la sociedad haitiana siguió resistiéndose a la intervención internacional, al pago de una deuda odiosa y a las bandas criminales impuestas (Haití. Los habitantes de Fort Jacques se levantan contra el terror de las bandas armadas – Resumen Latinoamericano), el Imperio decidió barbarizarla del todo, suministrando cada vez más amplio tipo de armamento a las principales bandas paramilitares y protofascistas, que asesinan, roban, extorsionan, allanan y violan en masa.
Sin embargo, es Ecuador el que se lleva la palma en cuanto a la rapidez de un experimento de destrucción social sin recurso a la intervención militar directa. En un año y poco ha pasado de ser uno de los lugares más tranquilos del mundo a encabezar las cifras del crimen del continente americano (con permiso de Haití). La razón por la que el Imperio quería castigarle: haber formado parte del ALBA-TCP, de la CELAC, de Unasur (Unión de Naciones Sudamericanas) y del Banco del Sur en tiempos de Correa, además de tener amplios sectores del pueblo organizado. Para no extenderme aquí, remito a los siguientes enlaces que analizan el proceso en detalle (los enlaces que adjunto en este texto, en general, están escogidos por la que creo es su significancia para el tema tratado):
Ecuador registra los niveles más altos de crimen, inseguridad y delincuencia del continente
Diagnóstico situacional de la crisis de inseguridad, de enero a septiembre | La República EC
Perú, tras el golpe de Estado que encarceló al presidente electo, Pedro Castillo, no ha hecho sino disparar también las cifras de la guerra social delincuencial, que busca ante todo abortar la insurrección popular en curso ante la ilegitimidad de los dos sucesivos gobiernos de la oligarquía tras el golpe (el de Boluarte y el del golpista de la golpista, Jerí –en un Perú donde la ilegitimidad del sistema capitalista oligárquico es ya crónica-): Perú escala al top 10 de países con mayor criminalidad, según informe internacional – Agencia de Noticias. Y ahora con el ejército estadounidense afirmado en su territorio, la sangría social continua. Proceso que, contra la actual constitución, quiere replicar Noboa en Ecuador: el de albergar tropas y bases norteamericanas, porque la sangría va de suyo con su gobierno.
En Chile, a pesar de que los candidatos presidenciales de derecha e izquierda no se salen jamás del guion imperial, la percepción de temor a la delincuencia, de acuerdo con la encuesta “Chile nos habla” realizada por la Universidad de San Sebastián, sigue una tendencia al alza desde el año pasado. Destaca el aumento significativo al nivel regional de 73,7% a 79% y comunal de 69,3% a 73,8%: El temor por la delincuencia en Chile hace que la gente use más servicios de seguridad privada – Yahoo Noticias. Y es que nunca está de más, por si acaso, y dado que la sociedad ha hecho unos cuantos recientes “levantamientos” preocupantes, descomponerla a través de la delincuencia.
Delincuencia que viene de por sí junto a los paquetes de destrucción social que los gobiernos bufones de USA, como el de Milei, esparcen por sobre unas sociedades cada vez más golpeadas, donde para vivir hay que sacar de cualquier lado que se pueda y donde por tanto la “inseguridad” existencial en todos los ámbitos de la vida se hace estructural.
Y después nuestro complejo mediático-institucional-legislativo nos dice cada día que todas esas son “democracias” y que el problema está en Venezuela y en Nicaragua. Justo los únicos países donde la práctica totalidad de indicadores sociales están en alza y donde buena parte de la sociedad se siente cada vez más “pueblo”. Además, en ningún otro lugar del continente existe la seguridad –en todos los sentidos- que hay en Cuba –revolución histórica mediante-, a pesar de la monstruosa agravación del bloqueo estadounidense (contra las reiteradas votaciones absolutamente mayoritarias de la ONU, de las que la potencia imperial se ríe a carcajadas) y del doloroso empeoramiento de las condiciones sociales.
Nada es casual y los procesos de inseguridad y delincuencia tampoco. Responden a políticas económicas bien precisas y a ofensivas de guerra social cuidadosamente planificadas.
Que no se nos olvide la próxima vez que veamos un noticiero de esos que no explican nada y confunden mucho.
mercredi 28 janvier 2026
A Trump le gusta jugar duro pero Cuba no se rendirá … remember Playa Girón
Los cubanos, víctimas verdaderas del terrorismo practicado por la Casa Blanca desde hace 67 años, están preparados para enfrentar una nueva escalada contra la Revolución.
Luis Manuel Arce Isaac – periodista cubano
El secuestro del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y de su esposa Cilia Flores, la debilidad mostrada por Europa en el caso de Groenlandia, el lenguaje de guapo del barrio usado en el reciente Foro de Davos, y la publicación de la nueva estrategia de defensa por el Departamento de Guerra dirigida a dominar el hemisferio occidental y parte del indopacífico, son expresiones concretas de la voluntad de Donald Trump de hacerle frente a un cambio de época desde posiciones de fuerza.
En tal sentido, Cuba está en la línea de fuego de la Casa Blanca, el Departamento de Estado y del Pentágono, y está obligada a prepararse ante cualquier eventualidad y nadie puede sorprenderse.
Está comprobado que la emulación pacífica con China, Rusia, la supuestamente aliada Europa incluida la OTAN, no le interesa a Trump porque el comercio, las finanzas, el dólar, las ciencias y la tecnología, e incluso la cultura, ya no les son confiables para imponerse por sí mismo en un mundo demasiado competitivo en esos aspectos en los que Estados Unidos ya no es líder absoluto. Simplemente tiene miedo de que una confrontación civilizada en esos campos muestre la debilidad del imperio.
Su principal opción, no hay dudas, es la de combinar el gran poder económico, comercial y financiero innegable, con el militar, el cual sigue liderando más por cantidad y despliegue territorial de bases militares en el planeta, que por calidad y modernidad del armamento nuclear y convencional, pues el desarrollo actual de armas de destrucción masiva no da margen a comparaciones como las de la época de la guerra fría cuando era casi un dogma asegurar que ganaba quien más misiles tuviera instalados cerca del enemigo, o quien apretara primero el botón. Hace rato que ya no es así.
Esa opción belicosa es la que Trump ha estado aplicando en este primer año de su segundo mandato en la cual ha primado la política del miedo, aunque sin provocar militarmente mucho a China y a Rusia, con cuyos gobiernos el discurso es muy diferente al que habla con el resto del mundo, incluido sus aliados, y las negociaciones con esas dos potencias no son desde posiciones de fuerza, sino de conveniencia pragmática.
En este contexto tan complicado es que Trump renueva sus amenazas contra Cuba mientras refuerza al máximo su guerra económica para reducir al gobierno y al pueblo a su voluntad, eliminar de raíz a la Revolución, arrinconar a la isla mediante un bloqueo más hermético y ahora añadir a todo eso un bloqueo por mar y tierra con las mismas tropas del Comando Sur desplegado en el Caribe para impedir no solamente la llegada de petróleo a la isla, sino también de alimentos y medicinas.
Hay un ánimo de exterminio por hambre y enfermedades, como los romanos de Pompeyo hicieron a los heroicos pobladores de Calahorra, quienes a pesar de un cerco militar descomunal que duró cuatro años, no se rindieron, igual que pasó en Numancia.
Ahora Trump pretende llegar a cualquier extremo para arrancar a los cubanos la independencia y libertad conquistada a golpes de sacrificio y penurias después de tantos años de lucha y martirologio desde Carlos Manuel de Céspedes hasta Fidel Castro.
Tras reconocer la valentía de los cubanos en 67 años de enfrentamiento a las agresiones de EEUU, Trump confesó que su gobierno ha aplicado todas las medidas posibles de presión y daño contra Cuba, excepto la opción militar.
“No creo que se pueda ejercer mucha más presión, salvo entrar y destrozar el lugar”, declaró con un cinismo sin límites en una entrevista con Hugh Hewitt, con lo cual desmintió en segundos un discurso mentiroso de más de 60 años que negaba rotundamente que el bloqueo existía y que la crisis económica cubana no era por la guerra sin tregua en ese ámbito impulsada por la Casa Blanca, el Departamento de Estado, el Tesoro y la CIA, sino por el fracaso de un sistema de gobierno popular por el pueblo y para el pueblo que, de no estar cercado, saboteado y agredido, lo más probable es que en estos momentos fuera uno de los más desarrollados del mundo pues, aun así, se convirtió en potencia médica, educativa y deportiva y de más humana distribución de la riqueza nacional.
Y ahora lo confiesa abiertamente, sin tapujos, y justifica con ese fracaso su advertencia de “entrar y destrozar el lugar”, creando de esa manera un reflejo condicionado en América y el mundo de que una agresión militar de imprevisibles consecuencias es posible.
El mundo, y en particular el pueblo estadounidense, que es también víctima del neofascismo trumpiano como se ha demostrado en Minnesota, están a tiempo de impedir una nueva acción criminal y despiadada como la que se mantiene en Gaza a pesar de un mentiroso acuerdo en contrario y el intento de crear una especie de nueva ONU mediante un Consejo de Paz con subalternos que realmente son un grupo de guerra, o con el secuestro de Maduro.
Paralelamente, como parte de ese escenario de terror hacia Cuba, su embajador en La Habana anunció que había dialogado con el jefe del Comando Sur, y ya los cipayos en Miami hablan de bloqueo militar para impedir que buques petroleros toquen puertos de la isla. Se está creando un ambiente mediático malévolo, un reflejo condicionado perverso.
Las presiones son muy grandes sobre el gobierno de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, quien ha defendido el derecho soberano de su país, de enviar petróleo a La Habana, tanto en su variante comercial como de ayuda humanitaria, aun cuando Trump insiste en que no se le enviará más petróleo a los cubanos ni dinero de Venezuela y sugirió al gobierno revolucionario llegar a un acuerdo con Washington antes de que sea demasiado tarde. El propósito es torcer el brazo a los mexicanos para que suspendan su ayuda solidaria a los cubanos y sus relaciones económicas y comerciales.
No es cierto lo que afirmó Trump de que Cuba está lista para caer en manos de Estados Unidos, mientras pintaba un panorama sombrío de la situación económica y política también, esto último para hacer creer que el pueblo ha dejado de ser revolucionario, fidelista y que está contra la independencia y la soberanía de Cuba heredada de Céspedes, Martí, Maceo, Máximo Gómez y los héroes y mártires mambises y de la Sierra Maestra.
Cuba hace su máximo esfuerzo para extraer su crudo y bajar todo lo más que pueda su dependencia al petróleo extranjero, pero los inversionistas temen mucho operar en la isla por la cacería de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), la agencia del Departamento del Tesoro de EEUU que aplica sanciones económicas y comerciales a las empresas que se relacionan con La Habana.
La suerte no ha acompañado a los cubanos y la producción de petróleo, en general pesado y alto contenido de azufre que encarece y dificulta su refinación, cubre en muy bajo porcentaje la necesidad de combustible de la nación, por lo que sus viejas termoeléctricas dependen del hidrocarburo importado.
La perforación de nuevos pozos está en línea con el Programa de Gobierno para reducir de manera gradual la dependencia de la importación de combustibles, y avanzar en soberanía energética a partir del uso de recursos propios para la generación de electricidad. Sin embargo, la descapitalización del país no logra desarrollar al ritmo necesario la exploración y explotación de nuevos yacimientos tanto en tierra como en aguas someras y profundas en el golfo, ni tampoco las fuentes alternativas de energía, en especial la solar y eólica, que podrían solucionar el problema de forma definitiva.
La OFAC actúa permanentemente para impedir la inversión extranjera, no solamente en el petróleo, sino en otros sectores como el farmacéutico, el alimentario y el transporte, que son puntos focales colimados por el gobierno de EEUU para debilitarlos, estancarlos, impedir inversiones foráneas y torpedear compras en el exterior, para lo cual utiliza una de sus armas más cínicas y perjudiciales al país: la incorporación de Cuba en la lista espuria de países patrocinadores del terrorismo.
Las consecuencias más asfixiantes para el pueblo cubano, y para el gobierno, de esa inclusión, se derivan del mayor riesgo asociado a cualquier tipo de ayuda humanitaria, negocio, inversión y comercio que implique a Cuba y, por extensión, a los ciudadanos cubanos.
Las intenciones aireadas por Trump de que Cuba se rinda, parecen un intento de alinearlas con la perversa y arbitraria calificación de terrorista (como a Maduro la de narcotraficante), lo cual incluye castigar al ejército y tachar al país de adversario. Es decir, lo usaría de cobertura sin importarle que no lo crea nadie, para cualquier barbaridad neofascista contra un pueblo tan abnegado y viril que se ha ganado el respeto y la relación pacífica con el mundo.
Los cubanos, víctimas verdaderas del terrorismo practicado por la Casa Blanca desde hace 67 años, están preparados para enfrentar una nueva escalada contra la Revolución. A Trump le gusta jugar al duro, pero Cuba está acostumbrada. Numancia es admirable, pero no estamos ni en la época de Escipión ni Trump es el rey que se cree.
Remember Vietnam, y sobre todo Girón y la Crisis de los Misiles…
lundi 19 janvier 2026
Del púlpito a las urnas: el auge de la iglesia neopentecostal como caballo de batalla de la extrema derecha

El ascenso global de la extrema derecha, y los cambios sociales que lo están propiciando, encuentran una cámara de resonancia en el evangelismo, que está transformando los mapas religiosos, especialmente en América Latina. Hasta los años 80, el continente era el bastión más sólido del catolicismo a nivel mundial, con más del 90% de la población declarándose católica. Sin embargo, a mediados de los 2010 ese porcentaje había caído más de un 30%.
Pablo Semán lleva desde los años 80 investigando el mundo evangélico, es antropólogo y sociólogo investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas de Argentina. Semán cuenta que “la expansión evangélica viene desde 1900 en toda la América Latina, lo que pasa es que partía de porcentajes tan bajos que el crecimiento no se notó hasta que no eran el 9 o el 10 por ciento. Pero eso implicó multiplicar por 10 la cantidad de evangélicos en un contexto muy específico que era de falta de pluralismo religioso” y de dominio total del catolicismo. Semán incide en que es el aperturismo religioso y la consolidación de las democracias en Latinoamérica lo que más favoreció la expansión del evangelismo.
A la cabeza de esta transformación se encuentra Brasil, pero en otros países como Argentina, Guatemala, Honduras y Nicaragua, los evangélicos se han convertido en una parte sustancial de la población, con porcentajes de creyentes que llegan a superar el 40% en algunos casos. La clave de este fenómeno es el surgimiento y la expansión del neopentecostalismo, caracterizado por su organización descentralizada y local, que ha permitido un crecimiento exponencial en barrios urbanos marginales y estratos de población empobrecidos.
Sobre esto, Semán habla de dos motivos principales que explican el crecimiento evangélico. Uno de ellos es que “en las creencias pentecostales históricas, la idea de que el milagro está a la orden del día sintoniza profundamente con la religiosidad popular”. El investigador explica que, mientras el catolicismo abandonó la idea del milagro y la secularizó, “los evangélicos permanecieron en una idea del milagro como hecho ordinario, y con eso sintonizan realmente con la población de origen popular”.
La segunda razón a la que alude el
experto para explicar el crecimiento del evangelismo es que todo
evangélico tiene la posibilidad de convertirse en sacerdote, sin que
importe su estado civil o su género. Esta idea de sacerdocio universal
“tiene consecuencias organizativas enormes porque permite que los
evangélicos crezcan por fraccionamiento, mientras el mundo católico es
piramidal y vertical”.
Las iglesias evangélicas también ofrecen redes de apoyo social y sentido de pertenencia en contextos donde otras instituciones han retrocedido o se perciben como ausentes. Esto hace que en muchos barrios urbanos las congregaciones funcionen como centros de cohesión social e identidad.
En gran parte de Estados Unidos y América Latina, el evangelismo ha trascendido la esfera estrictamente religiosa para convertirse en un factor electoral decisivo, actuando como una estructura organizativa capaz de movilizar a millones de votantes y moldear discursos políticos.
Brasil es el caso paradigmático de la maquinaria política evangélica. Su apoyo fue clave en la victoria de Jair Bolsonaro en 2018, con más del 65% de los evangélicos votando por él en la segunda vuelta de las presidenciales. El activismo evangélico en Brasil no se queda dentro de las iglesias, su estrategia abarca el apoyo abierto a candidatos, la negociación directa con partidos políticos y la promoción de sus propios representantes. En el Congreso brasileño hay incluso una “bancada evangélica” que agrupa a decenas de legisladores de distintas formaciones políticas con una agenda común centrada en los valores conservadores y la defensa de intereses religiosos en el espacio público.
Con todo, Pablo Semán matiza que el voto evangélico y el comportamiento político de los representantes evangélicos no son ni homogéneos ni continuos, y recuerda que hay sectores del evangelismo que también han apoyado, aunque no tan mayoritariamente, a candidatos progresistas en Brasil como Lula da Silva o Dilma Rousseff.
No obstante, el investigador añade que en el caso latinoamericano la derecha ha sabido detectar las claves de interpelación del mundo evangélico y a izquierda no. “La afinidad entre la derecha y los evangélicos no es necesaria, esencial, total ni absoluta, pero sí tiende a serlo toda vez que la izquierda rechaza incluir a los evangélicos en su estrategia política”.
En Estados Unidos, el evangelismo —especialmente el protestantismo blanco—, también ha sido un pilar del apoyo al Partido Republicano desde finales del siglo XX, y especialmente en la reelección de Donald Trump. Como ocurre en Brasil, iglesias y líderes evangélicos locales actúan como centros de socialización política, difundiendo mensajes sobre identidad nacional, valores tradicionales y expandiendo el discurso del odio y el miedo a la izquierda —sobre todo a las narrativas del feminismo, los migrantes y los derechos LGTBIQ+—.
Aunque en muchísima menor medida, España no es ajena a la expansión del fenómeno del evangelismo pentecostal. Desde hace décadas, las dinámicas migratorias —principalmente desde Latinoamérica— han transformado el paisaje religioso de grandes ciudades como Madrid o Barcelona, y de regiones como Murcia, donde las iglesias evangélicas no solo crecen en número, sino que también empiezan a tener un papel importante en la política local.
El auge evangélico no ha pasado inadvertido para el PP de Madrid. Durante la precampaña de las elecciones municipales y autonómicas de 2023, varios dirigentes del partido llevaron a cabo una estrategia deliberada de acercamiento a iglesias evangélicas para intentar canalizar apoyos entre fieles de origen migrante y sus redes sociales. Figuras del PP regional y municipal como José Luis Martínez-Almeida, Isabel Díaz Ayuso, o el propio Alberto Núñez Feijóo participaron en encuentros con pastores y comunidades evangélicas.
El acto más importante fue el que tuvo lugar en el madrileño barrio de Usera. Bajo el lema “Europa es Hispania”, los líderes ‘populares’ aparecieron junto a Yadira Maestre, predicadora y fundadora del centro Cristo Viene y figura clave del pentecostalismo en nuestro país.
Años antes, Ayuso creó expresamente la Secretaría de Nuevos Madrileños, y puso al frente al venezolano Gustavo Eustache. Actualmente Eustache es diputado en la Asamblea de Madrid, pero el motivo de que Ayuso le crease un cargo se explica mejor sabiendoque está muy bien relacionado con los principales pastores evangelistas de la región, como es el caso de Yadira Maestre, definida por el vicesecretario electoral del PP madrileño, Jorge Rodrigo, como “la aglutinadora de las iglesias evangélicas de la Comunidad de Madrid”.
Con esto, el PP intenta construir
puentes con las comunidades neopentecostales de latinos que hasta ahora
habían estado fuera del radar de las estrategias políticas
convencionales. En aquella campaña electoral de 2023, dicha estrategia
se tradujo en semanas de apariciones en templos evangélicos y encuentros
con sus líderes.
No obstante, estas prácticas no gustan en todo el mundo evangélico. Cuando el PP de Madrid hizo campaña junto a Cristo Viene en 2023, la Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España (FEREDE) publicó un comunicado mostrando su disconformidad con que una de sus iglesias se hubiese significado políticamente. El responsable de prensa de la entidad, Jorge Fernández, asegura que “ningún individuo ni organización política debe arrogarse la representación de la comunidad evangélica”, y reafirma el compromiso de FEREDE con el principio de separación entre Iglesia y Estado. “La naturaleza espiritual y universal de la Iglesia [evangélica] exige que sus ministros y líderes eviten la identificación con posiciones partidistas y preserven la neutralidad política en sus congregaciones”.
Fernández matiza que esto no significa que los pastores y líderes espirituales no puedan expresar sus opiniones, pero a su modo de ver esta opinión debe hacerse “desde fundamentos religiosos, éticos y humanos, y con independencia del signo político de quienes gobiernan”. En consecuencia, desde FEREDE se oponen a la “participación de ministros de culto en actos partidistas o el uso de los púlpitos para solicitar el voto a favor de un partido o candidato determinado”.
Aunque en Madrid el evangelismo ultra ya empieza a formar parte de la agenda de campaña del PP, el verdadero laboratorio de este fenómeno es la Región de Murcia. Con más de 110 iglesias evangélicas registradas y una población latina con derecho a voto que empieza a ser significativa, las congregaciones pentecostales murcianas tienen un enorme potencial de movilización electoral, algo a lo que también ha sabido anticiparse el PP de la región.
En localidades como Lorca o Torre Pacheco, las iglesias han florecido en antiguas naves industriales y bajos comerciales, con pastores que cada domingo articulan sermones sobre la familia, la moral, los valores conservadores y el rechazo a lo que ellos llaman “ideología de género”. Un discurso que encaja a la perfección con el ideario tradicionalista del Partido Popular —a pesar de la dureza de su lenguaje en materia migratoria, un ámbito donde se disputa el voto con Vox—.
Desde hace algunos años el presidente murciano, Fernando López Miras, mantiene una estrecha relación personal con Ángel Zapata, presidente del Consejo Evangélico de Murcia. Esa amistad se ha traducido en la implantación de un acuerdo que permite que en Murcia se enseñe religión evangélica en los colegios.
En España todavía no existe un bloque evangélico homogéneo y monolítico políticamente alineado con la extrema derecha, como ocurre en Brasil o Estados Unidos. Las comunidades evangélicas en España son diversas en origen, tamaño y trayectoria. Sin embargo, en las estrategias políticas de partidos como el PP sí se están teniendo en cuenta este espacio religioso emergente y valorando su capacidad de movilización y amplificación de mensajes ultra.
FEREDE aclara que ninguna de sus iglesias integrantes se identifica con el neopentecostalismo, y explica que “en España, las principales organizaciones pentecostales observan este movimiento con preocupación” e intentan distanciarse “de su extremismo y los compromisos políticos partidistas”.
Uno de los rasgos más marcados del evangelismo neopentecostal es su afinidad discursiva con los valores y lógicas del capitalismo y las políticas neoliberales. En el mundo evangélico está muy extendido el concepto de “teología de la prosperidad”, una doctrina que enfatiza que la fe y la conducta individual conducen a la riqueza y al bienestar material, y que se entrelaza con principios del neoliberalismo como la competitividad o el esfuerzo individual, legitimando el orden económico capitalista y extendiendo la idea de que la riqueza es un sinónimo de premio divino por el esfuerzo personal.
Desde FEREDE recuerdan que la teología de la prosperidad no forma parte del pentecostalismo histórico, sino que es algo exclusivamente ligado al neopentecostalismo. Jorge Fernández aclara que “se trata de una interpretación doctrinal que utiliza de manera sesgada y fuera de contexto ciertos pasajes bíblicos […] Este enfoque suele beneficiar únicamente a determinados líderes religiosos, que se enriquecen a costa del sacrificio y la buena fe de sus congregaciones mediante promesas de éxito económico o de salud proporcionales a sus ofrendas. Es una desviación doctrinal que lamentamos profundamente y que denunciamos”.
En contextos donde se aplican políticas que debilitan el Estado de bienestar (como es el caso de Estados Unidos y Argentina, o como sucedió en Brasil durante el mandato de Bolsonaro), donde una agenda económica austericida merma la financiación de los servicios públicos, las iglesias evangélicas a menudo ocupan el vacío de la asistencia social dejado por el Estado. Sin embargo, esta asistencia suele estar privatizada, tiene un fuerte sesgo moral y depende de la iniciativa de las congregaciones religiosas.
Este binomio entre evangelismo y capitalismo da como resultado discursos que inciden en conceptos como el orden, reproducen modelos patriarcales donde el liderazgo sigue siendo predominantemente masculino, y se oponen explícitamente al feminismo, el laicismo y derechos civiles como el matrimonio igualitario o del colectivo LGTBIQ+, presentándolos como amenazas culturales.
El fenómeno del evangelismo neopentecostal no se circunscribe a las fronteras de cada país, sino que tiene poderosos tentáculos transnacionales a través de los que se organiza y difunde la agenda ultra. Para hacerlo recurren a la financiación privada, la creación de think tanks (laboratorios de ideas), falsas ONG y alianzas empresariales.
El ejemplo más conocido de esta internacionalización es el Congreso Mundial de las Familias (WCF, por sus siglas en inglés), una organización estadounidense con presencia en más de 80 países —entre ellos España, donde ya han celebrado algún evento— que coordina estrategias y discursos en torno a la “familia tradicional” y la oposición al aborto.
El WCF organiza congresos regionales que reúnen a organizaciones, líderes religiosos e incluso representantes políticos para difundir marcos ideológicos que se traduzcan en presión política, redes de apoyo global y la aprobación de leyes conforme a sus intereses. En paralelo, múltiples organizaciones, la mayoría estadounidenses —como Alliance Defending Freedom (ADF) o Family Watch International—, financian la presencia y las acciones coordinadas en Europa, África y América Latina para expandir sus narrativas de “libertad religiosa” o “valores familiares”.
Estas redes no solo comparten discursos, sino también mecanismos institucionales de influencia, haciendo campañas de lobby (grupos de presión) ante organismos transnacionales como la UE y participando en foros internacionales para frenar agendas de igualdad. Organizaciones dentro del llamado movimiento “anti ideología de género” también utilizan las redes sociales y plataformas digitales de recogida de firmas (por ejemplo, CitizenGO, creada por Hazte Oír) para coordinar esfuerzos en múltiples países y generar impacto mediático y político simultáneo.
De hecho, L’Associació de Drets Sexuals i Reproductius documenta en un informe publicado el pasado octubre cómo actores políticos, religiosos y mediáticos vinculados a la extrema derecha española han consolidado una estrategia transnacional para influir en políticas públicas y narrativas culturales en América Latina, África y otros países de Europa. Según el estudio, España ha pasado a convertirse en un nodo estratégico de proyección ideológica de fuerzas reaccionarias, erigiéndose como el puente entre Europa y América Latina que potencia y articula redes conservadoras a escala global.
El trabajo identifica a cinco actores españoles clave en este entramado ultra: Vox (junto con su Fundación Disenso), las plataformas Hazte Oír y CitizenGO, el Opus Dei y la Political Network for Values (PNfV), que combinan recursos políticos, educativos, mediáticos y organizativos para importar y exportar discursos y tácticas contra los derechos sexuales y reproductivos.


