Article épinglé
jeudi 12 mars 2026
samedi 28 février 2026
Le Pentagone veut Terminator, Anthropic (IA Claude) résiste encore.
mardi 17 février 2026
De Davos a Múnich: Info-oligarquía y dominio mundial
Fuente https://observatoriocrisis.com/2026/02/17/de-davos-a-munich-info-oligarquia-y-dominio-mundial/
El monopolio del capitalismo digital es, sin duda, una nueva modalidad de desarrollo del capitalismo monopolista…
Andrés Piqueras, profesor senior de la Universidad Jaume I
Acaba de celebrarse la Conferencia de Seguridad de Munich, que fue diseñada desde el principio para que el Imperio Occidental y su OTAN barajaran cómo prolongar su dominio del mundo, pero que en un momento dado, fruto de la caída de la URSS, pareció poder albergar un proyecto de seguridad común europea, incluida Rusia, complementario de la OSCE, hasta que el Eje Anglosajón decidió que una Eurasia integrada energética, política y económicamente sería demasiado fuerte y peligrosa para su control del mundo y mandataron a los “líderes” europeos desplazar la frontera militar hasta las mismas puertas de Rusia, tras haber dado un golpe de Estado en Ucrania.
Esta edición de 2026 ha estado marcada por un diagnóstico contundente: el orden internacional posterior a 1945 está “bajo destrucción”, según el propio Munich Security Report 2026. De cierto, Estados Unidos no ha hecho más que confirmar su imposición de un mundo basado en naciones fuertes, no en instituciones multilaterales.
Mientras que el primer ministro alemán, Friedrich Merz, declaró que el tan pregonado orden internacional basado en reglas “ya no existe”, y que es hora de asentarse en la fuerza, luego añadió para suavizar o disimular lo dicho, “de nuestros valores”. En todo caso se supone que son unos valores que, como “las reglas” de su orden se han de imponer a la fuerza, porque finalmente Merz instó a Europa a reforzar urgentemente sus “capacidades de defensa” (aquí todavía se utiliza ese eufemismo para guerrear, cuando en USA ya hablan directamente de “Departamento de Guerra”). Tras él, cómo no, el titiritero de los Rothschild elevado por esos poderes a presidente de la república francesa, volvió a abogar por un ejército europeo.
El informe oficial describe una era de política de bola de demolición, donde actores poderosos —incluida la administración estadounidense actual— buscan desmantelar estructuras del orden internacional en lugar de reformarlas.
Pero más allá de este guion que se viene siguiendo concienzudamente, puede empezar a evidenciarse una novedad clave: la tecnología ya no es un tema periférico, sino parte estructural de “la seguridad” (léase guerra) global.
En concreto la Conferencia destaca como elementos clave la ciberseguridad, las infraestructuras digitales críticas, la inteligencia artificial y la competencia tecnológica entre potencias. Lo cual imprime los pasos de un nuevo camino: Múnich deja de ser sólo “tanques y tratados” para integrar plenamente lo digital. No es de extrañar que por eso quienes acopiaran protagonismo fueran los CEOs de grandes tecnológicas, líderes financieros, innovadores y reguladores, al tiempo que los debates sobre IA se hacían omnipresentes.
Así que la info‑oligarquía “cortó el bacalao” sin necesidad de exhibirse (y eso que cada vez le gusta más hacerlo): su poder se manifiesta en que todos los demás actores dependen de ella. De manera que si hasta ahora el Foro de Davos ha marcado la agenda económica y tecnológica del mundo, mientras Múnich decidía los parámetros militares y geopolíticos, estas dos esferas se han solapado y juntas definen la arquitectura del Poder Global.
¿Qué es la tecno o la info-oligarquía?
Es la que está al frente de las grandes corporaciones tecnológicas, las cuales controlan infraestructuras digitales (nubes, redes, servidores, sistemas operativos…), plataformas de interacción (redes sociales, buscadores, marketplaces…), algoritmos de decisión (recomendación, moderación, publicidad…), datos masivos (hábitos, preferencias, ubicaciones, relaciones…) y que, por consiguiente, tienen la capacidad de moldear comportamientos (lo que se ve, lo que se compra, lo que se cree que es importante…). Gobiernos, empresas y ciudadanías dependen de sus servicios; ellas deciden no sólo qué es real o no, qué se prohíbe, qué se prioriza… sino también qué es pensable y lo que ni siquiera entra en la imaginación social. Tienen, además, una ventaja competitiva casi insuperable: más datos → mejores algoritmos → más usuarios → más datos…
Son oligopolios de facto (de buscadores, redes sociales, sistemas operativos…), promueven decisiones algorítmicas que afectan a millones de personas sin transparencia alguna, influyen en las políticas públicas y en la regulación social. Controlan el ecosistema informativo -plataformas digitales, grandes medios de comunicación, empresas de publicidad y análisis de datos…- determinan las políticas gubernamentales.
Proporcionan los marcos interpretativos que condicionan la opinión pública, trazan o canalizan la atención social, con burbujas informativas y cámaras de eco. Viralizan contenidos diseñados para manipular emociones, desinforman o tergiversan de forma mucho más rápida que la información verificada (la verdad compite en desventaja frente a lo viral, por eso la verdad deja de tener interés en favor del número de los que creen otra cosa, esto es, de cuántas personas dicen gustarles lo que se dice).
Además, el conjunto de los medios depende de sus plataformas para sobrevivir, por lo que no las opondrán. Trabajo, comunicación, educación, ocio, creación, finanzas… todo pasa por sus manos. Tienen un poder económico superior al de la mayoría de los Estados.
No es casualidad, pues, que los líderes de las grandes tecnológicas tengan más visibilidad que muchos jefes de Estado o presidentes de gobierno.
“Los gigantes de la tecnología de la información, como Microsoft para los sistemas operativos de computadoras, Google para los motores de búsqueda, Meta (antes Facebook) y X (antes Twitter) para las redes sociales y Amazon para el comercio electrónico, poseen la capacidad de dominar el mercado en una medida mucho mayor que los gigantes del ferrocarril, el petróleo, el acero y el automóvil del pasado. Esto se debe principalmente a los efectos de red de las plataformas digitales, inigualables por las economías de escala tradicionales. Internet no está limitado por el espacio físico y tiene una tendencia hacia la infinitud, otorgando a las plataformas una capacidad de penetración y de intercambio de información más poderosa (…)
Esto eleva el límite superior de las economías de escala de la plataforma y crea un efecto sifón sobre diversos recursos clave (usuarios, datos, capital, tecnología, etc.) bajo las economías de escala, resultando en un monopolio donde ‘el ganador se lleva todo’. El monopolio del capitalismo digital es, sin duda, una nueva modalidad de desarrollo del capitalismo monopolista” (https://observatoriocrisis.com/2026/02/13/tecno-feudalismo-el-canto-de-cisne-del-capitalismo-o-su-proximo-acto/).
Una modalidad crecientemente rentista o parasitaria, que apenas genera nuevo valor pero que absorbe para su propio beneficio el menguante valor producido. Ese rentismo deslocalizado que flota en el espacio virtual supuestamente por encima del mundo del trabajo, le hace estúpidamente ajeno a pactos de clase y a redistribuciones del beneficio, desdeñoso de servicios sociales y de marcos de negociación de las condiciones de vida de las poblaciones. Cree que puede prosperar indefinidamente según ellas se van empobreciendo de la misma manera.
Para hacerlo necesitan pensar que les basta con seguir controlando el pensamiento de los demás. Trazan con ello una agenda profundamente reaccionaria, que (de momento) es seguida a millones por las propias víctimas de la misma, dada la amplia y profunda capacidad de control de las conciencias que los dispositivos, procedimientos e interconexiones de la info-oligarquía contienen (de ahí sale el chiste del lobo diciendo a las ovejas que le voten y que hagan lo que él les dice para estar seguras -volveremos sobre ello más adelante-).
Por supuesto que también ahondan en la desigualdad mundial.
“En última instancia, [la info-tecnología] amplía la brecha de los países capaces de participar en la revolución de la IA y aquellos que carecen de los recursos necesarios, disminuyendo el número de países capaces de participar. Como resultado, esto llevará inevitablemente a un mayor grado de monopolio de conocimiento y tecnología, consolidando aún más el dominio de los oligarcas financieros y tecnológicos.
Al mismo tiempo, la brecha de información existente y la brecha digital entre países se transmutarán en una brecha de IA, resultando en la perpetuación, en lugar de la mejora, de las disparidades de riqueza globales. Más importante aún, con la proliferación de sistemas de toma de decisiones automatizados, los individuos corren el riesgo de ceder su dominio cognitivo sobre las visiones del mundo racionales a las herramientas de toma de decisiones de IA, profundizando la dependencia de estos sistemas en la producción social y la vida diaria.
Esto empodera al gran capital que controla tales sistemas para establecer estructuras jerárquicas aún más rígidas, mientras que los mecanismos autorreforzados inherentes a los sistemas inteligentes amplifican aún más la desigualdad y la estratificación de clase” (https://observatoriocrisis.com/2026/02/13/tecno-feudalismo-el-canto-de-cisne-del-capitalismo-o-su-proximo-acto/).
Un tecno-oligarca puede ganar en horas lo que un/a trabajador/a normal en un año.
Y a eso le llaman “democracia”, pero en su defecto, por si fuera poco, nos dicen que son ellos mismos los que van a salvar a las sociedades.
Dominio mundial
La desigualdad a ultranza, cuidadosamente cultivada, es paralela al dominio mundial, claro está.
De hecho, la tecnología informacional, el procesamiento de datos, la computación algorítmica y la IA en general, se tratan ahora como instrumentos de política estatal y de dominación mundial. Donde esto se hace más realidad es en Estados Unidos, para garantizar su papel de liderazgo mundial y la subordinación del resto de potencias.
“La fusión entre el Estado y el capital es más fácil de ver en Washington, donde se ha convertido en un objetivo político no exportar productos, sino dependencia”.
La diplomacia informática no es nueva, sólo lo es su franqueza. Estados Unidos lleva mucho tiempo gobernando a través de intermediarios: bancos y aduanas en la era de la diplomacia del dólar, compañías petroleras y mercados del Tesoro en la era del reciclaje del petrodólar. El intermediario actual son los elementos necesarios para la IA. Los controles de exportación y la jurisdicción de la nube hacen lo que antes hacían los cañoneros y los comisionados de deuda, pero con menos titulares.
La capa compradora se reduce a medida que el sistema madura: se necesitan menos intermediarios locales cuando el cumplimiento se logra mediante licencias, telemetría y acceso al único hardware que importa. La economía política es sencilla. Un centro de datos a hiperescala no es una fábrica en el sentido tradicional del desarrollo; se parece más a un nodo de servicios públicos gestionado de forma privada, integrado en ecosistemas de nube extranjeros y tratado cada vez más como una infraestructura estratégica.
Una vez que los Estados canalizan la administración pública y los servicios privados a través de dichos nodos, las posiciones de negociación cambian. Lo que se vende como inversión puede convertirse silenciosamente en dependencia administrativa” https://www.alai.info/wp-content/uploads/2026/02/ALenMovimiento_559_febrero2026_Espanol.pdf
Del dominio técnico-militar del mundo, al condicionamiento económico (disrupción económica mediante información controlada, manipulación de datos, interferencias, corte de suministros, confusión en la red…), ecológico (provocación de sequías, plagas, inundaciones, desertificación…), y el dominio de las poblaciones, en la generación de seres humanos programables, predecibles, voluntariamente subordinados. Individuos-masa que piensan y dicen lo mismo que han dicho los algoritmos diseñados y reproducidos hasta la saciedad por redes, dispositivos y medios de difusión masiva, y que realmente creen que lo piensan ellos mismos.
De la clásica massmmediatización de la realidad (saber del mundo lo que los media cuentan de él) estamos pasando a la computación cuántica de las conciencias y el poder de hackear las mentes.
“Hoy, al menos en Occidente, este desarrollo se concentra en manos de las mega-corporaciones digitales estadounidenses (las “big tech”), que desde hace unas tres décadas han venido consolidando –con apoyo del capital financiero– no sólo su modelo de negocios, sino también, gracias a la estrecha colaboración del Estado, el marco geopolítico y el correspondiente andamiaje institucional que lo sostiene.
Es lo que Shoshana Zuboff denomina ‘capitalismo de vigilancia’. Este marco abarca políticas públicas que les son favorables, gobernanza respecto al libre flujo de datos, tratados comerciales, acuerdos de instituciones internacionales e infraestructura militar de vigilancia, entre otros (…)
Diversos estudios señalan que, por ejemplo, debido al diseño actual de los sistemas de IA, su funcionamiento deteriora las instituciones cívicas fundamentales (como universidades, derecho, periodismo, democracia), al erosionar la experiencia, cortocircuitar la toma de decisiones y aislar a unas personas de otras. Incluso arriesga causar su destrucción.
Otros estudios muestran cómo la narrativa cultural dominante en la IA atenta contra la diversidad y la alteridad, en una especie de «hackeo cognitivo» de identidades, valores y creencias culturales y sociales. También se ha demostrado que la dificultad de distinguir entre contenidos verdaderos o falsos conlleva a una desconfianza general en las instituciones y la democracia” https://www.alai.info/wp-content/uploads/2026/02/ALenMovimiento_559_febrero2026_Espanol.pdf
Operaciones de influencia política para manipular o amañar elecciones en todo el mundo en favor de la agenda reaccionaria antes mencionada, preparan un proto-fascismo latente para saltar a la palestra y hacerse del todo explícito si las circunstancias de la Guerra Sistémica Permanente desatada por el Imperio así lo requieren.
De momento ese “proto-fascismo democrático” va minando las instituciones liberales del propio capitalismo que fueron fruto de las luchas de clase de siglos. Sus Big Tech moldean la opinión pública a través de campañas digitales, manipulación informativa y ecosistemas de “fake news”, ampliamente reproducidas por sus distintos medios de masas (en realidad todos están dentro de unas u otras formas de su propiedad (Una aproximación a las claves del poder sionista mundial concomitante con la centralización y concentración del capital – ObservatorioCrisis) e incluso judicializadas si se trata de perseguir alguna disidencia (el control del poder judicial viene siendo parte imprescindible del poder de clase). También se traducen en políticas gubernamentales, por supuesto.
Así que las info-oligarquías tecnológicas, personalizadas en tipos como Elon Musk, Mark Zuckerberg, Larry Page, Sergey Brin, Jeff Bezos y otros pocos, intervienen ya abiertamente en la política interna de los Estados, dictan instrucciones globales en los grandes Foros de magnates, pues ya no se ocultan en ellos, como acabamos de ver en Davos y Múnich , e imprimen carácter a las distintas sociedades [de ahí la derechización mundial en curso, proto-fascista, promotora de partidos como Vox, Rassemblement National, Fratelli d’Italia, Lega, Alternative für Deutschland (AfD), Partij voor de Vrijheid (PVV), Freiheitliche Partei Österreichs (FPÖ), Vlaams Belang, Perussuomalaiset (Partido de los Finlandeses), Fidesz; Mi Hazánk, Konfederacja, Solución Griega (Ellinikí Lýsi), Partido Liberal (en su corriente bolsonarista, en Brasil), La Libertad Avanza, Bharatiya Janata Party (BJP), One Nation -australiana-, New Zealand First, etc. (esta es la continuación del chiste del lobo antes mencionado].
Pero esto no es “tecno-feudalismo”, como muchos se empañan en designarlo, sino capitalismo en metamorfosis, huyendo de la caída del valor, o dicho de otra forma, metamorfoseándose según decae más y más el valor. Un capitalismo en degeneración que en consecuencia patrocina de un “proto-fascismo democrático” que implosiona la democracia liberal desde dentro y ataca cualquier proceso de autonomía social, auto-organización popular o soberanía nacional, y en el que la info-oligarquía quiere adquirir el poder político que le corresponde a su enorme poder económico (como nueva “clase rica” no incluida en las grandes familias poderosas tradicionales del capitalismo desde el siglo XVIII, busca ahora a toda costa su cuota de poder mundial). Para ello se sumergen en las entretelas de los “estados profundos” de las formaciones imperiales, sobre todo Estados Unidos, cortejando cuando no haciéndose parte del Poder Sionista Mundial (Una aproximación a las claves del poder sionista mundial concomitante con la centralización y concentración del capital – ObservatorioCrisis).
Por eso sus plataformas, dispositivos y poderes también se convierten en armas cognitivas de guerra, que parecen haber sido probadas desde su uso directo e inmediato en la anulación de la voluntad o en la perturbación de los sentidos y la confusión cognoscitiva (quizás en algún momento iremos sabiendo de su puesta en juego en la “extraña” caída de Siria y en la tan fulminante como fugaz invasión de Venezuela, por ejemplo), hasta la lenta y constante penetración-moldeamiento en-de las conciencias a través de toda suerte de dispositivos tecnoculturales, mediáticos, de información-formación instalados en todos los campos de la sociedad.
De momento, para Estados Unidos impedir que el Mundo Emergente pueda disponer de sus chips, de los elementos de tecnología necesarios, resulta vital para mantener su dominio cada vez más despótico ante su falta de recursos para hacerlo de forma legitimada.
El último Plan de Acción de IA de EE. UU. pretende “ganar la carrera de la inteligencia artificial”. Por su parte, China controla el procesamiento global de tierras raras (vital para la industria bélica de Estados Unidos). El Mundo Emergente ha comenzado a diseñar sus propias estrategias en función de sus posibilidades, y para defenderse de la agresión y el chantaje continuados (https://elterritoriodellince.blogspot.com/2026/02/el-pan-para-manana-hay-un-refran.html?m=1).
Quienes nos hablan de no situarse en esa gran pugna mundial apelando a la “lucha de clases” en abstracto, no tienen idea de lo que está en juego.
“Pax Silica es, en definitiva, una expresión inusualmente honesta. Admite que la nueva paz es una paz gestionada: la paz a través del silicio, mantenida por quienes controlan el suministro. Los imperios anteriores perduraron porque mantuvieron la ficción del beneficio mutuo. El actual está cada vez más impaciente con la ficción. Esa impaciencia puede resultar ser su debilidad.
Cuando la dominación ya no se disfraza de comercio, el consentimiento se vuelve más difícil de fabricar, y las fricciones de las redes, los presupuestos y la política comienzan a parecer menos como ruido de fondo y más como el terreno en el que se disputará la paz del silicio” (https://www.alai.info/wp-content/uploads/2026/02/ALenMovimiento_559_febrero2026_Espanol.pdf).
Por muchas plataformas y control de nuevas tecnologías que se tengan, no se puede machacar las condiciones de las sociedades indefinidamente con su apoyo o su pasividad. La “lucha de clases” no es una simple quimera que ya pasó en la Historia. El capital la ejerce cada día de forma inmisericorde, y es imposible que lo haga sin reacción popular y de los Estados perdedores, por muchos partidos proto-fascistas que convoque.
Tampoco la trasnochada neosocialdemocracia de la que también tira el Sistema con la otra mano, podrá seguir haciendo de contención social por mucho tiempo, ni mantener el espejismo de la democracia capitalista en un mundo en el que menos del 1% de la población detenta entre el 45 y el 50% de la riqueza mundial y decide ya prácticamente todo sobre nuestras vidas. Empezando por la guerra o la paz, la vida o la muerte de miles de millones de seres humanos.
Ya “el nuevo orden no busca consensos, sino la inhibición de la soberanía mediante el terror económico, político y militar” (La abdicación de la soberanía – ObservatorioCrisis).
Davos y Múnich lo han dejado bien claro este año: las “nuevas reglas” capitalistas son ya reglas de muerte, barbarie y destrucción.
lundi 16 février 2026
Les milliardaires de la Tech veulent faire du Groenland un laboratoire pour leurs folies libertariennes
Alors que les Européens tentent de réorienter Trump, ses partisans de la Silicon Valley ont leurs propres idées, qui impliquent des communautés peu réglementées et l’accès aux terres rares.
Source : Responsible Statecraft, Pavel Devyatkin
Traduit par les lecteurs du site Les-Crises
La semaine dernière, le président Trump a levé toute ambiguïté quant à ses intentions envers le Groenland. Lors d’un événement à la Maison Blanche, il a déclaré qu’il s’emparerait du territoire arctique « qu’ils le veuillent ou non. » Il a ensuite proféré ce qui ressemblait à une menace mafieuse à l’encontre du Danemark : « Si nous ne pouvons pas le faire à l’amiable, nous le ferons à la dure. »
Trump aurait également ordonné aux commandants des forces spéciales d’élaborer un plan d’invasion, même si de hauts responsables militaires l’ont averti que cela violerait le droit international et les traités de l’OTAN. Dans une interview accordée au New York Times, Trump a déclaré : « Je n’ai pas besoin du droit international. »
En coulisses, le secrétaire d’État Marco Rubio a tenté de calmer le Congrès, affirmant que toutes ces manœuvres militaires n’étaient qu’un moyen de faire pression sur le Danemark pour qu’il négocie. Pendant ce temps, Stephen Miller, chef de cabinet adjoint de Trump, a rejeté l’autorité du Danemark sur le Groenland, affirmant que « personne ne va combattre militairement les États-Unis pour l’avenir du Groenland. »
A même moment, sept pays européens ont publié une déclaration commune affirmant que « le Groenland appartient à son peuple » et certains alliés de l’OTAN espèrent tempérer Trump en proposant de stationner une force militaire sur l’île pour contrer la Russie et la Chine dans l’Arctique.
Dans un effort apparent pour dissuader Trump de s’emparer du Groenland, le Premier ministre britannique Keir Starmer aurait déclaré à Trump qu’il partageait son point de vue sur la menace que représente la Russie dans la région et qu’il envisagerait d’envoyer des troupes pour aider à la défendre. Dans le même temps, l’Allemagne propose de mettre en place une mission conjointe de l’OTAN dans l’Arctique et la Première ministre danoise Mette Frederiksen a déclaré que la prise de contrôle du Groenland par les États-Unis marquerait la fin de l’OTAN.
Compte tenu de l’opposition massive à la quête de Trump pour le Groenland et des avantages discutables en matière de sécurité liés à l’annexion de l’île, que se trame-t-il réellement ici ?
Pourquoi Trump veut le Groenland
L’administration Trump semble incapable de déterminer pourquoi elle doit s’emparer du Groenland. Au départ, le président a affirmé que « des navires russes et chinois sillonnent le long de la côte », une affirmation rejetée par les hauts diplomates nordiques : « J’ai interrogé les renseignements. Il n’y a ni navires, ni sous-marins. » Plus tard, Trump a lancé cette mise en garde : « Si nous ne prenons pas le Groenland, la Russie ou la Chine le feront, et je ne laisserai pas cela se produire. »
Le vice-président JD Vance s’est orienté vers la défense antimissile, arguant que « toute l’infrastructure de défense antimissile dépend en partie du Groenland. » La valeur stratégique du Groenland est incontestable. L’implantation américaine située sur l’île, la base spatiale de Pituffik, fournit une couverture radar d’alerte précoce des bombardiers et des missiles russes ou chinois.
Cependant, le renforcement de cette capacité ne dépend pas de la prise de contrôle de l’île par Washington. Les accords de défense existants permettent déjà aux États-Unis de projeter leur puissance et de moderniser leurs capacités sans provoquer la catastrophe diplomatique que représenterait une annexion.
Sécurité nationale ou cupidité des entreprises ?
Les médias dominants ont largement couvert les ambitions de Trump concernant le Groenland, mettant l’accent sur la concurrence avec la Chine et la Russie en matière de sécurité dans l’Arctique, ainsi que sur l’ouverture de routes maritimes stratégiques grâce à la fonte des glaces. La plupart mentionnent les vastes gisements de minéraux essentiels au Groenland, indispensables aux véhicules électriques et aux énergies renouvelables.
Mais ils s’abstiennent d’examiner les forces qui pourraient réellement être à l’origine de ce programme minier : les milliardaires du secteur technologique tels que Peter Thiel et Elon Musk, qui considèrent le Groenland non seulement comme une source de terres rares, mais aussi comme un laboratoire pour leurs expériences économiques et sociales libertariennes. Ces milliardaires envisagent la création au Groenland de « villes libres » non réglementées, exemptes de tout contrôle démocratique, de toute législation environnementale et de toute protection du travail.
Ken Howery, ambassadeur de Trump au Danemark et cofondateur de PayPal avec Thiel et Musk, aurait engagé des discussions pour mettre en place ces zones à faible réglementation.
Il y a ici un conflit d’intérêts ironique : les responsables de la sécurité nationale veulent un contrôle étatique fort sur ce territoire stratégique. Les milliardaires de la tech qui financent Trump veulent le contraire : un terrain de jeu déréglementé pour leurs expériences anarcho-capitalistes. Les deux parties partagent une cécité commune vis-à-vis de la souveraineté du Groenland et des droits des autochtones.
Il est profondément troublant de voir comment la crise climatique est présentée comme une opportunité. La calotte glaciaire du Groenland fond plus rapidement en raison de la hausse des températures. Les autochtones du Groenland voient leur mode de vie traditionnel disparaître à mesure que la glace disparait.
Les 56 000 Groenlandais, dont 89 % sont des Inuits autochtones, ont clairement exprimé leur position : 85 % d’entre eux s’opposent à l’adhésion aux États-Unis. Les dernières élections législatives ont donné la victoire à des partis qui rejettent ouvertement les avances de Trump. Mais cela ne transparaît pas dans la manière dont Washington évoque le Groenland. Leurs voix ne sont qu’un murmure dans toutes ces discussions sur l’annexion. Dans le même temps, la plupart des Américains s’opposent à l’idée d’acheter ou d’envahir le Groenland.
Par tous les moyens
La Maison Blanche tente par tous les moyens d’arriver à ses fins. Les responsables américains ont envisagé de verser à chaque Groenlandais une somme forfaitaire comprise entre 10 000 et 100 000 dollars, essayant essentiellement d’acheter l’approbation d’une population qui continue de dire Non.
La Maison Blanche tente également de conclure un accord de libre association (COFA) avec le Groenland. Dans le cadre d’un tel accord, les États-Unis ne fournissent que des services de distribution du courrier et des opérations de protection militaire en échange de la liberté d’action de l’armée américaine et d’un commerce exempt de droits de douane.
De tels accords existent avec des îles comme Palau, les Îles Marshall et la Micronésie. Cependant, cet arrangement a peu de chances d’aboutir avec le Groenland. Les accords COFA ont déjà été signés avec des pays indépendants, et le Groenland devrait se séparer du Danemark pour qu’un tel projet puisse voir le jour.
Risques pour les États-Unis
Cette crise dépasse largement les frontières du Groenland. Il s’agit ici de savoir quel type de pays les États-Unis veulent être et comment ils veulent se positionner sur la scène internationale. Les États-Unis vont-ils exercer leur leadership par le biais de partenariats et d’avantages mutuels, ou par le biais de menaces et de coercition ? Washington respecte-t-il le principe d’autodétermination (que nous prétendons défendre) ou seulement lorsque cela lui convient ?
Cette obsession pour l’annexion réduit tout à une prédation des ressources. Elle ignore complètement le fait que le Groenland est la patrie d’un peuple qui a ses propres rêves, ses propres droits et ses propres espoirs pour l’avenir.
Le président Trump a promis de mettre fin aux guerres éternelles et de s’attaquer à l’establishment de la politique étrangère. Mais ces menaces sur le Groenland reflètent la même vieille mentalité selon laquelle la force fait le droit et que l’indépendance des autres pays ne compte que lorsqu’elle sert nos intérêts tels que nous les percevons. Les véritables intérêts des États-Unis ne résident pas dans la renaissance de l’impérialisme, mais dans la démonstration que le partenariat et les avantages mutuels offrent une meilleure voie que l’unilatéralisme agressif.
dimanche 1 février 2026
China refuta a tese do Tecnofeudalismo de Varoufakis
FONTE:
Nesta pequena cápsula desmontamos desde o marxismo e o materialismo histórico a tese do Tecnofeudalismo, formulada por Yanis Varoufakis, que nos últimos anos ganhou ampla difusão entre a progressia occidental. Segundo ela, o capitalismo teria morrido e sido substituído por uma nova forma de feudalismo digital, no qual as grandes plataformas tecnológicas funcionam como feudos, e nós, usuários, trabalhadores e pequenos produtores, somos outra vez como servos que pagam tributos aos novos senhores feudais, os Bezos, Zuckerberg ou Musk.

A tese contém uma intuição correta e poderosa. Contudo, do ponto de vista do materialismo dialético, ela é completamente insuficiente, parcial e mesmo contraproducente para a classe trabalhadora tomar consciência da teoria correta que explica o funcionamento do capitalismo e a sua superação. Este artigo procura conservar integralmente as ideias apresentadas numa análise original dum vídeo do canal marxista Frases de Marx, mostrando que o tecnofeudalismo não é nenhuma lei tecnológica inevitável, mas o resultado histórico concreto de determinadas relações entre capital, Estado e produção, sem sair do modo de produção capitalista.
O caso da China desempenha aqui um papel central, pois demonstra empiricamente que a mesma tecnologia digital e o seu avance pode gerar resultados sociais e políticos radicalmente distintos.
1. A tese de Varoufakis: do capitalismo ao tecnofeudalismo
1.1. Capitalismo clássico e concorrência produtiva
No capitalismo clássico analisado por Marx no século XIX, a concorrência entre capitais dava-se fundamentalmente no terreno da produção. Empresas como Ford e General Motors competiam fabricando automóveis. Vencia quem conseguisse produzir mercadorias melhores e mais baratas.
A exploração capitalista manifestava-se através da apropriação direta da mais-valia: o trabalhador produzia valor através do seu trabalho vivo, e o capitalista apropriava-se diretamente desse valor excedente. Havia exploração, mas havia também produção real de valor.
1.2. As plataformas digitais e a ruptura do modelo produtivo
As grandes plataformas digitais atuais — Amazon, Google, Facebook/Meta — não funcionam segundo essa lógica. Elas praticamente não produzem bens materiais. Não fabricam mercadorias no sentido clássico. Ainda assim, são as empresas mais valorizadas do mundo.
O que fam, então? Controlam os territórios digitais onde ocorre o comércio, a comunicação e a vida social contemporânea. São donas do espaço no qual todos somos obrigados a circular.
1.3. A analogia feudal
Aqui Varoufakis acerta parcialmente ao estabelecer uma analogia com o feudalismo medieval. O senhor feudal não produzia trigo nem fabricava ferramentas. Era dono da terra. Quem quisesse produzir precisava usar essa terra e pagar tributo.
O mesmo ocorre hoje em ocidente em versão digital. Para vender online é necessário passar pola Amazon e pagar comissões que variam entre 15% e 45%. Não porque a Amazon crie valor ou melhore o produto, mas simplesmente porque controla o território do mercado.
Estamos perante uma forma de extração de renda, não de criação de valor. Eis o núcleo da tese do tecnofeudalismo.
Os limites históricos e teóricos da metáfora feudal
Apesar da utilidade descritiva da noção de tecnofeudalismo, é necessário introduzir aqui uma precisão conceitual importante. Do ponto de vista histórico rigoroso, chamar à forma atual de dominação digital um “feudalismo” constitui um exagero teórico.
No feudalismo propriamente dito, a terra era o meio de produção fundamental. Os camponeses encontravam-se juridicamente ligados a ela, e a relação com o senhor feudal era uma relação pessoal de dominação, sancionada por vínculos jurídicos e políticos diretos. A exploração não se dava através do mercado, mas através de obrigações extraeconómicas explícitas como trabalho forçado gratuito, rendas em espécie, tributos compulsórios e a submissão direta à autoridade jurídica e política do senhor feudal.
No capitalismo digital contemporâneo, por mais concentrado e assimétrico que seja o poder das plataformas, não existe uma relação de servidão jurídica direta. Os trabalhadores, produtores e consumidores continuam formalmente inseridos em relações de mercado, mediadas polo salário, polo contrato e pola concorrência. As Big Tech não dominam porque nos possuem juridicamente, mas porque controlam dados, infraestruturas e posições monopolistas estratégicas.
Nesse sentido, o tecnofeudalismo funciona sobretudo como uma metáfora crítica, útil para chamar a atenção para a concentração extrema de poder e para a dependência tecnológica crescente, mas problemática se tomada como categoria histórica ou económica literal. O risco é obscurecer a compreensão do fenómeno enquanto forma específica do próprio capitalismo, e não como um retorno real a um modo de produção pré-capitalista.
É precisamente por isso que a análise deve avançar além da metáfora e regressar às categorias centrais do materialismo histórico: relações de produção, formas de apropriação do valor, e articulação entre capital e Estado. Vejamos.
2. Extração de renda versus produção de valor
2.1. Diferença fundamental em relação ao capitalismo clássico
No capitalismo industrial, mesmo na exploração, havia produção de valor real. No tecnofeudalismo descrito por Varoufakis, os senhores feudais digitais não criam valor: limitam-se a extrair renda polo controle do acesso.
Bezos não ajuda o vendedor a produzir melhor; cobra tributos por permitir que ele venda. Zuckerberg não melhora a comunicação; cobra polo acesso à própria audiência.
2.2. O tecnofeudalismo como fenómeno localizado
Se o tecnofeudalismo fosse uma consequência automática da tecnologia digital, deveria manifestar-se em todos os países com plataformas digitais avançadas. Mas isso não acontece.
E aqui surge a pergunta decisiva que Varoufakis não colocou de forma suficiente: por que razão na China não existem Jeff Bezos todo-poderosos?
3. O caso chinês: plataformas sem senhores feudais privados
3.1. Plataformas gigantes, mesma tecnologia. O caso Jack Ma
A China alberga algumas das maiores plataformas digitais do mundo. A Alibaba supera a Amazon em volume de transações no comércio eletrónico, o WeChat conta com mais de mil milhões de utilizadores ativos e o Douyin domina amplamente o mercado de vídeo curto no país. A tecnologia empregada é equivalente à ocidental: infraestruturas digitais avançadas, algoritmos de recomendação semelhantes e modelos de plataforma comparáveis.
A diferença decisiva não reside, portanto, na técnica, mas na relação de poder. Em 2020, Jack Ma, fundador da Alibaba e então o homem mais rico da China, criticou publicamente a regulação financeira chinesa — um tipo de discurso habitual entre bilionários tecnológicos no Ocidente. A resposta do Estado foi imediata: Jack Ma desapareceu da vida pública durante meses, a Ant Group viu suspensa a maior IPO da história e foi forçada a reestruturar-se, e a Alibaba foi fragmentada e submetida a fortes sanções regulatórias.
Jack Ma permaneceu rico, mas perdeu qualquer autonomia política. Deixou de ser um “senhor” de coisa alguma. Uma intervenção desta magnitude seria impensável nos Estados Unidos ou na União Europeia.
3.2. A inversão da relação de poder
Na China, o Partido Comunista mantém o controlo material sobre os grandes empresários tecnológicos; no Ocidente, ocorre o inverso, são os magnatas das Big Tech a condicionarem diretamente o poder político. Quando uma empresa chinesa acumula poder excessivo ou ameaça objetivos sociais definidos polo Estado, é disciplinada, fragmentada ou reestruturada.
Um exemplo claro foi o setor da educação privada online, que movimentava dezenas de milhares de milhões de dólares. Em 2021, o Estado decidiu que a educação não podia ser um negócio lucrativo e proibiu a atividade com fins lucrativos, destruindo em poucos dias grande parte do valor bolsista do setor.
Estes casos mostram que, apesar da existência de plataformas privadas gigantescas e da exploração capitalista do trabalho, não emergem na China senhores feudais digitais autónomos. O capital tecnológico permanece subordinado ao poder político estatal, e não o contrário.
4. Regime dos dados. Quem controla os dados controla o poder: China versus Ocidente
No capitalismo digital ocidental, os dados pessoais constituem uma forma central de propriedade privada. As grandes plataformas apropriam-se integralmente das informações geradas pola atividade quotidiana dos utilizadores — comunicações, deslocações, hábitos de consumo — e transformam-nas em mercadoria. Estes dados são monetizados através de publicidade dirigida, vendidos a terceiros ou utilizados para moldar e antecipar comportamentos, convertendo os próprios utilizadores em matéria-prima do processo de acumulação.
Este regime de propriedade privada dos dados confere às Big Tech um poder económico e político extraordinário. Empresas como Google, Meta ou Amazon controlam volumes de informação superiores aos de muitos Estados, sem qualquer controlo público efetivo, o que lhes permite influenciar mercados, processos políticos e dinâmicas sociais de larga escala.
Na China, embora as plataformas também recolham dados em massa e participem na exploração capitalista, estes não constituem propriedade privada absoluta das empresas. O Estado mantém acesso legal e capacidade de intervenção direta sobre os fluxos de dados considerados estratégicos, enquadrando as plataformas como gestoras subordinadas de infraestruturas informacionais. Na prática, isto significa que os dados não pertencem exclusivamente às empresas: as plataformas são obrigadas a armazenar informação sensível em servidores localizados no território nacional, a partilhar dados com autoridades reguladoras e a integrar-se em sistemas públicos de supervisão, como ocorre com dados financeiros, logísticos, de mobilidade ou de comunicações.
Este modelo implica certos problemas de vigilância e controlo social, mas impede que os dados se convertam numa base autónoma de poder privado. Ao contrário do Ocidente, onde empresas como Google ou Meta controlam sozinhas infraestruturas informacionais globais, na China nenhuma plataforma pode transformar os dados num recurso político independente do Estado.
Assim, a diferença fundamental não reside na quantidade de dados recolhidos, mas na sua forma de propriedade e no tipo de poder que deles deriva: no Ocidente, os dados reforçam a autonomia política do capital tecnológico; na China, permanecem integrados numa estrutura de controlo estatal que limita a formação de feudos digitais privados.
5. Capital produtivo e capital fictício: a chave marxista
Em O Capital, Marx distingue claramente o capital produtivo do capital fictício. O primeiro investe em meios de produção e em trabalho vivo, transformando materialmente a realidade e gerando valor novo através da exploração da força de trabalho. Toda a riqueza social, por mais abstrata que pareça, assenta em última instância neste processo material de produção. Recomendamos aqui a leitura dos artigos de Capitalismo (I): Andrés Piqueras. Crises do Capitalismo. A fase terminal e Capitalismo (II): Trabalho Produtivo e Improdutivo, uma perspetiva marxista, com Andrés Piqueras analisando a diferença entre trabalho produtivo e improdutivo.
O capital fictício, polo contrário, apresenta-se como dinheiro que gera mais dinheiro sem passar pola produção: ações, títulos, derivados financeiros e valorização bolsista. Trata-se de uma forma fetichizada do capital, que não cria valor, mas representa direitos de apropriação sobre valor futuro ou redistribui valor produzido noutro lugar. Como Marx já assinalava, este capital parece autonomizar-se da produção, ocultando a sua dependência do trabalho vivo.
Desde os anos 1980, o Ocidente conheceu um processo profundo de financeirização. A economia deslocou-se da indústria para os mercados financeiros: Wall Street substituiu Detroit como centro dinâmico da acumulação. Hoje, uma parte crescente dos lucros corporativos nos Estados Unidos provém de atividades financeiras, enquanto a produção material foi deslocalizada para outras regiões do mundo.
As grandes plataformas digitais ajustam-se perfeitamente a este modelo financeirizado. Apesar de empregarem relativamente poucos trabalhadores e produzirem poucos bens materiais, concentram capitalizações bolsistas gigantescas, baseadas em expectativas futuras e no controlo de infraestruturas digitais. A sua força não reside na produção direta de valor, mas na capacidade de capturar rendas e atrair fluxos financeiros, evitando as contradições clássicas da produção industrial — sindicatos, greves, custos fixos elevados.
É neste contexto que o tecnofeudalismo emerge no Ocidente: não como superação do capitalismo, mas como expressão extrema do domínio do capital fictício sobre o capital produtivo.
6. Por que a China seguiu outro caminho
Ao contrário do Ocidente, a China nunca permitiu que o capital financeiro se autonomizasse e subordinasse o capital produtivo. Desde o início das reformas, a prioridade estratégica manteve-se na produção material: indústria, manufatura, infraestrutura, energia e tecnologia aplicada à produção. Ainda hoje, uma parte significativa do investimento total concentra-se em setores produtivos, e a indústria continua a desempenhar um papel central na criação de valor e no emprego.
Esta orientação materialista reflete-se na forma como as plataformas digitais são integradas na economia. As grandes empresas tecnológicas chinesas não substituem a produção por extração parasitária de renda, como ocorre no Ocidente, mas funcionam sobretudo como instrumentos de apoio à circulação, logística, pagamentos e organização da produção. Quando tentam autonomizar-se como capital financeiro ou impor modelos rentistas, são rapidamente disciplinadas.
A razão fundamental desta diferença reside no controlo estatal material. No sistema financeiro chinês, apesar de existir uma diversidade de bancos, os grandes bancos estatais dominam a maior parte dos ativos bancários: os seis maiores bancos comerciais estatais (ICBC, CCB, ABC, Bank of China, Postal Savings Bank e Bank of Communications) detinham cerca de 41,7 % dos ativos de todo o sistema bancário chinês no final de 2023, e o Estado permanece como acionista maioritário nestas instituições através do Ministério das Finanças, da Central Huijin Investment e outras holdings públicas.
Para além disso, o Estado controla sectores estratégicos fundamentais da economia através de empresas públicas e sociedades de economia mista que figuram entre as maiores do país, com as estatais a representar mais de 40 % do PIB e a manter participação dominante em sectores como energia, telecomunicações e infra-estrutura.
Este domínio confere-lhe um poder real — e não meramente regulatório — para intervir sobre o capital privado. Ao controlar o acesso ao crédito, às licenças, às infraestruturas e aos mercados-chave, o Estado pode impor limites efetivos à acumulação privada excessiva.
Deste modo, embora a China utilize uma economia de mercado com exploração do trabalho e contradições próprias, não se desenvolve ali um tecnofeudalismo à maneira ocidental. O capital tecnológico permanece subordinado a uma estratégia produtiva e a um poder político estatal que não abdica do controlo dos meios fundamentais da acumulação.
7. Crítica dialética a Varoufakis
A análise de Varoufakis descreve com precisão um fenómeno real do capitalismo contemporâneo ocidental: a crescente centralidade das plataformas digitais, a transformação do lucro em renda e a subordinação de vastas camadas sociais a infraestruturas privadas. O erro não está no diagnóstico empírico parcial, mas na sua universalização teórica. Ao apresentar o tecnofeudalismo como uma nova etapa histórica inevitável, Varoufakis transforma um resultado político e histórico concreto numa suposta lei da tecnologia digital.
Do ponto de vista do materialismo dialético, esta inversão é problemática. As formas sociais não derivam diretamente da técnica, mas das relações materiais de poder, propriedade e produção. O mesmo desenvolvimento tecnológico gera resultados distintos consoante a correlação de forças entre capital, Estado e trabalho. O caso chinês demonstra empiricamente que não existe qualquer automatismo tecnológico que conduza do capitalismo ao feudalismo digital.
O tecnofeudalismo não é, portanto, a superação do capitalismo, mas uma forma específica da sua degeneração financeirizada, própria de sociedades em que o Estado foi politicamente derrotado polo capital financeiro e abdicou do controlo material dos meios estratégicos da acumulação. Ao deslocar o foco da análise das relações de classe e da luita política para a tecnologia em abstrato, a tese de Varoufakis obscurece o verdadeiro terreno da transformação social revolucionária.
Assim, longe de ajudar a compreender como superar o capitalismo, o conceito de tecnofeudalismo tende a naturalizar uma configuração histórica particular, a abstrair da história e a idealizar, desviando a atenção da tarefa central do marxismo: identificar as contradições materiais reais e organizar a sua superação consciente.
8. As contradições internas do tecnofeudalismo
O denominado por Varoufakis tecnofeudalismo, apresenta contradições internas profundas que colocam em causa a sua própria reprodução histórica. A extração sistemática de renda sem produção de valor novo tende a empobrecer a base produtiva da qual depende. Ao capturarem uma parte crescente do rendimento de produtores, trabalhadores e pequenos negócios, as plataformas digitais estrangulam a acumulação real, reduzindo investimento produtivo, salários e capacidade de consumo.
Este parasitismo manifesta-se empiricamente na precarização generalizada do trabalho de plataforma, na compressão das margens dos vendedores dependentes das Big Tech e na crescente concentração de riqueza. Nos Estados Unidos, por exemplo, as grandes plataformas tecnológicas concentram capitalizações bolsistas superiores ao PIB de muitos países, ao mesmo tempo que empregam relativamente poucos trabalhadores diretos, aprofundando a dissociação entre valorização financeira e produção material.
Ao minar salários, destruir pequenos produtores e subordinar vastos setores sociais a infraestruturas privadas, o tecnofeudalismo corrói as próprias condições da sua reprodução. A redução do poder de compra, o endividamento crónico e a instabilidade social tornam-se tendências estruturais, revelando um sistema que se autodestrói ao explorar em excesso a sua base material.
Estas contradições geram inevitavelmente resistência social. Trabalhadores de plataformas, pequenos vendedores e utilizadores partilham interesses objetivos contra a extração rentista das Big Tech. Como já indicava Marx, o capitalismo engendra o seu próprio contrário: a negatividade surge do interior do próprio processo, criando sujeitos e conflitos que apontam para a sua superação.
Por fim, o tecnofeudalismo agrava as contradições geopolíticas do capitalismo global. A concentração de infraestruturas digitais em poucas empresas sediadas em determinados países intensifica disputas entre Estados, fragmenta mercados e acelera processos de desglobalização tecnológica. Estas fissuras revelam que o tecnofeudalismo não constitui um novo equilíbrio estável, mas uma forma historicamente transitória, atravessada por tensões económicas, sociais e políticas crescentes.
Conclusão: para além do tecnofeudalismo
O tecnofeudalismo não é inevitável. Trata-se de uma forma histórica específica do capital financeiro digitalizado, própria do Ocidente capitalista e das suas democracias burguesas, nas quais o capital privado acumulou tal poder material que conseguiu subordinar o Estado e dominar sobre o poder político. Onde estas relações económicas se alteram, altera-se também o resultado.
A limitação fundamental da tese de Varoufakis não está na sua descrição do presente ocidental, mas na forma como tende a naturalizar essa configuração histórica, apresentando-a como uma nova etapa quase necessária do desenvolvimento tecnológico. Do ponto de vista do materialismo dialético, esta leitura inverte a relação entre técnica e poder: não é a tecnologia que produz automaticamente novas formas sociais, mas as relações de propriedade, de produção e de dominação política que determinam o uso social da técnica.
O caso chinês demonstra empiricamente que o desenvolvimento das plataformas digitais não conduz inevitavelmente à formação de feudos privados autónomos. Com a mesma tecnologia, surgem resultados distintos quando o capital financeiro permanece subordinado ao poder político e à primazia da produção material. O tecnofeudalismo revela-se, assim, não como uma superação do capitalismo, mas como uma forma específica da sua degeneração financeirizada, resultante de uma correlação de forças historicamente determinada.
O desafio histórico central não consiste apenas em diagnosticar esta forma de dominação, mas em identificar o sujeito e o terreno da sua superação. Nem a descrição crítica do tecnofeudalismo, nem a constatação de que ele não é inevitável, respondem por si mesmas à questão decisiva: como podem os explorados do capitalismo digital organizar-se para transformar materialmente estas relações económicas?
A resposta não passa por regulações tímidas nem por reformas social-democratas do capitalismo digital, como as que pretende o programa de Varoufakis, mas pola disputa do controlo material das infraestruturas construídas polo trabalho coletivo. A apropriação social das plataformas e a tomada dos meios de produção digitais constituem a única via coerente, desde o marxismo, para ir verdadeiramente para além do tecnofeudalismo.
Notas de fontes
- 41,7 % dos ativos bancários controlados polos seis maiores bancos com maioria estatal no sistema bancário chinês — dados estruturais compilados pola OCDE.
- Estatais representam cerca de 40 % do PIB e sectores estratégicos sob controle estatal segundo análises sobre a economia chinesa contemporânea. https://noticias.portaldaindustria.com.br/noticias/economia/estatais-representam-mais-de-40-do-pib-da-china/?utm_source=chatgpt.com
vendredi 21 novembre 2025
El golpe de Estado de las plataformas digitales
En su nuevo libro “¿Capitalismo de la vigilancia o democracia? Una lucha a todo o nada en la era de la información” (Unsam Edita), Shoshana Zuboff profundiza su reflexión crítica sobre el ecosistema digital. Para hacerlo, desgrana la perspectiva de lo que llama un “campo unificado”, ciclo conceptual que empieza con una operación económica, sigue con un vector de gobernanza y termina en uno de daños sociales. Las plataformas como nueva forma de capitalismo sincronizado con políticas antidemocráticas que les permiten tener un control casi absoluto, desafiar a los Estados y, a través de la IA, generar servidumbre laboral en el sur global.
En esta versión libre del famoso poema escrito por el pastor luterano alemán Martin Niemöller en 1946 se puede cifrar algo de lo que Shoshana Zuboff, profesora emérita de la Escuela de Negocios y de la Facultad de Derecho de la Universidad de Harvard, quiere advertir en su último libro, ¿Capitalismo de la vigilancia o democracia? Una lucha a todo o nada en la era de la información, publicado por Unsam Edita.
Zuboff forma parte del campo de estudios críticos sobre plataformas e inteligencia artificial. El tema viene explotando editorialmente en Argentina con la salida reciente de libros centrales como The Stack de Benjamin Bratton (Interferencias), El ojo del amo de Matteo Pasquinelli (Fondo de Cultura Económica), Lo impensado de N. Katherine Hayles (Caja Negra), Metamorfosis de la inteligencia de Catherine Malabou (La Cebra), Los costos de la conexión de Nick Couldry y Ulises Mejias (Godot, 2023) Atlas de la Inteligencia Artificial de Kate Crawford (Fondo de Cultura Económica, 2022), Nanofundios de Agustín Berti (Cebra, 2022) y Tecnoceno de Flavia Costa (Taurus, 2021). Y más lejos en el tiempo, Capitalismo de plataformas de Nick Srnicek (Caja Negra, 2018), Los dueños de Internet de Natalia Zuazo (Debate, 2018) y el propio La era del capitalismo de la vigilancia de Zuboff (en 2019).
¿Capitalismo de la vigilancia o democracia?, el último libro de Shoshana Zuboff, es una actualización del esquema analítico compartido con el resto de las publicaciones. Este esquema plantea una tripartición entre datos, algoritmos y plataformas como “matriz social” de la inteligencia artificial y de los ecosistemas digitales que habitamos. En el caso de Zuboff, por un lado, se inscribe dentro de una caracterización de las plataformas en términos de nueva forma de capitalismo (como Srnicek con su “capitalismo de plataformas”); y, por el otro, se trata de un capitalismo sincronizado con una forma política antidemocrática. El capitalismo de la vigilancia, plantea Zuboff, nació exactamente con el siglo XXI y se puede rastrear en hechos clave. Con ellos, se desgrana su ambiciosa perspectiva de lo que llama el “campo unificado” de las cuatro etapas del orden institucional del capitalismo de la vigilancia, que conforma un “poder instrumentario”, “que conoce el comportamiento humano y le da forma, orientándolo hacia los fines de otros”. Este poder es tan peligroso como lo fue el “poder totalitario” apuntado por Niemöller.
mardi 18 mars 2025
"Amazon, Google y Microsoft proporcionan infraestructura tecnológica crítica al ejército israelí"
Quand on se ballade sur internet, c'est comme si on avait un bonnet fluo dans un magasin. Quand on est palestinien, le magasin c'est un terrain de chasse où l'on est la proie.
Hablamos con la activista del colectivo que investiga y denuncia los intereses y la vinculación de este consorcio público con Israel.

Barcelona-
La Fira en la mira es un colectivo de investigación que nació en 2024 e indaga los vínculos de este consorcio de titularidad pública -está formado por el Ayuntamiento de Barcelona, la Generalitat de Catalunya y la Cambra de Comerç- y gestión empresarial autónoma con compañías israelíes. Uno de los puntos culminantes de esta colaboración es el MWC, celebrado hace apenas unos días, con la participación de hasta 46 empresas israelíes, muchas de ellas con vínculos con el ejército.
Tina Mason es una de las activistas que forma parte del colectivo, y en esta entrevista con Público detalla la importancia estratégica del sector tecnológico para la economía del país: "Hay una puerta giratoria en la que las empresas desarrollan tecnología, la prueban en el ejército israelí y después la llevan al mercado comercial". En este sentido, el Mobile es "un trampolín" para conseguir financiación y desarrollar estas tecnologías, algunas de las cuales se han utilizado durante la guerra en Gaza, como los drones. "La Fira es la institución catalana más implicada con las relaciones comerciales con Israel", afirma Mason.
¿Cuál es el objetivo de La Fira en la mira?
Nos juntamos activistas e individuos y salió un grupo bastante internacional que nos dedicamos a hacer investigación sobre los puntos de entrada de las empresas israelíes en Barcelona. En el Mobile World Congress del año pasado se sabía que Rusia había sido vetada, así que había curiosidad sobre la presencia de Israel. Se confirmó que participaba, y en aquel momento no había muchos grupos investigando esto.
¿Por qué deciden centrarse en la Fira?
Justo después del Mobile World Congress, nos dimos cuenta que muchos congresos y acontecimientos también eran problemáticos, a menudo acogiendo a empresas israelíes o a corporaciones multinacionales cómplices. Uno de los ejemplos más graves fue durante el Aviation Week, cuando Israel Aerospace Industries, una empresa de armamento estatal israelí, expuso. Esto es uno de los máximos niveles de complicidad en términos de genocidio.
¿Cuál ha sido la situación este año en el Mobile World Congress?
Había 46 empresas israelíes: 31 en Pabellón de Israel, mientras que 15 más estaban repartidas por todo el congreso. Hemos investigado estas empresas y hemos descubierto que al menos nuevo tienen CEO o fundadores provenientes de unidades militares israelíes. No se trata solo de personas que han cumplido el servicio militar obligatorio, sino que han hecho carrera dentro del ejército.
¿Qué otros vínculos tienen estas compañías con el ejército?
Seis de estas empresas proveen material al ejército israelí. Algunas no son muy explícitas sobre sus contratos militares, pero basándonos en sus declaraciones lo podemos deducir con seguridad. Una de estas empresas es incluso una derivada de Elbit Systems, una empresa de armamento israelí que ha reutilizado su tecnología militar para el mercado comercial.
¿Qué vínculo tiene el sector tecnológico con el militar a Israel?
El ejército israelí y el sector de la alta tecnología están estrechamente entrelazados. Muchas start-ups son fundadas por personas que cogen tecnología desarrollada por el ejército y la comercializan. Hay una puerta giratoria en que las empresas desarrollan tecnología, la prueban al ejército israelí y después la llevan al mercado comercial. El sector tecnológico también es el eje vertebrador de la economía israelí. Si hablamos de sanciones y boicots como herramienta para exigir responsabilidades a Israel, este es uno de los sectores clave para presionar. Es uno de los pocos sectores de Israel que todavía prospera, así que tiene sentido centrar los esfuerzos en él.
¿El año pasado en el MWC, la situación era similar?
Sí. Identificamos a unas 32 empresas israelíes, a pesar de que quizás había más. Este año nos hemos asegurado de mirar más allá del Pabellón de Israel, así que las cifras son más precisas. Una diferencia importante respecto al año pasado es la plataforma que se dio a Xtend, una start-up israelí de drones que se han utilizado en Gaza durante el genocidio. Después de ser presentada al Mobile World Congress, consiguió entre 30 y 40 millones de dólares en inversión. Esto es un ejemplo claro de cómo lo MWC sirve de trampolín para startups israelíes que buscan financiación internacional.
¿Y este año no se les ha dado tanto espacio?
Este año no he visto a empresas israelíes destacadas como conferenciantes principales, pero todavía hay empresas problemáticas que sí que se les ha dado altavoz, como Palantir, una empresa de software de los EE. UU. los servicios de IA de la cual son utilizados por el ejército israelí, y Skydio, una empresa norteamericana de drones que también ha enviado a Israel. Además, en el último año, se ha generado mucha más información pública sobre el papel de las empresas internacionales en el apoyo a Israel. Ahora es ampliamente conocido que Amazon, Google y Microsoft proporcionan infraestructura tecnológica crítica al ejército israelí.
¿Por qué Rusia está vetada e Israel no?
Creo que se debe a las sanciones de la Unión Europea (UE). La GSMA [Global System for Mobile Communications Association, la organizadora del MWC] la prohíbe porque sigue estas sanciones. A pesar de que se ha pedido un acuerdo a nivel europeo sobre sanciones a Israel, esto no ha pasado porque la UE es cómplice de lo que está pasando, especialmente Alemania, el Reino Unido e Italia. Aunque no se hayan establecido sanciones a nivel de la UE, hay una conversación pendiente sobre las sanciones bilaterales, que han sido completamente ignoradas.
¿Qué intereses tiene la Fira en estas empresas israelíes?
Esta es la gran pregunta. Hay que aclarar que la Fira acoge tanto acontecimientos propios como acontecimientos externos. El Mobile World Congress está organizado por la GSMA, una empresa externa con sede en el Reino Unido, pero con una fuerte identidad europea. Pero las oficinas de GSMA en España están dentro de la Fira, y trabajan de manera muy próxima. Por otro lado, la Fira es propiedad de la Generalitat, el Ayuntamiento de Barcelona y la Cambra de Comerç, pero opera con autonomía en la gestión de negocios. Así que a menudo se pasan la responsabilidad: la Fira dice que es un acontecimiento externo, y la Generalitat dice que es una decisión de la gestión de la Fira. Pero si miramos el marketing del MWC, es claramente una colaboración entre la Generalitat, el Ayuntamiento, la Fira y GSMA.
¿Y por qué esta colaboración con Israel va más allá del MWC, como decía antes?
La Fira tiene incluso un representante de ventas dedicado al negocio israelí. Esta persona es consultora de Israel Export Institute, una colaboración del gobierno israelí con el sector privado. O sea, que digan lo que digan, hay una colaboración de gobierno a gobierno, también para acontecimientos internos. Esta persona tiene un correo electrónico de la Fira Barcelona. No hay muchos otros países con un representante específico así.
¿Esta connivencia con empresas israelíes se da en toda Europa?
Esta complicidad no es exclusiva de España. De hecho, otros países son mucho más cómplices. En toda Europa se facilitan relaciones comerciales con empresas israelíes, pero para Catalunya, la Fira de Barcelona parece ser la institución más implicada.
¿Como responder a esta complicidad que nos afecta diariamente, con el uso de servicios tan globales como Google o Microsoft?
El movimiento BDS [Boicot, Desinversiones y Sanciones] ofrece recomendaciones útiles sobre como presionar a estas empresas. Dividen el boicot en diferentes niveles: uno destinado a consumidores cotidianos, que pueden dejar de usar ciertos productos o servicios, y otro destinado a objetivos más difíciles de boicotear a nivel individual, como Google o Amazon, que son omnipresentes. Estas empresas tendrían que ser objetivo de presión institucional. Hay una responsabilidad individual, pero seguir las recomendaciones del BDS ayuda a gestionar esta carga de manera más efectiva. Aun así, cuando es posible, alejarse de estas empresas es la opción preferible.
¿Corremos el riesgo de normalizar el genocidio a través del consumo, en este caso, tecnológico?
El Tribunal Internacional de Justicia (TIJ) advierte sobre el apoyo a Israel y la manera en que esto implica una complicidad en el genocidio. Noruega emitió una advertencia basada en las conclusiones del TIJ y una empresa de inversiones llamada Storebrand va desinvertir sus participaciones en Palantir, una de las empresas que participa en el Mobile World Congress de este año. O sea que es posible escuchar las advertencias del TIJ respecto a los crímenes internacionales y crímenes de guerra. Quizás España, como Irlanda, se ha posicionado mucho en relación con Palestina, pero no ha hecho mucho en un sentido material.
En los últimos días, algunos partidos políticos del Parlament de Catalunya han enviado una carta a la Generalitat pidiendo medidas y explicaciones sobre la participación de empresas israelíes al MWC.
Parece que hay más movimiento político al respeto en comparación con el año pasado. A pesar de que Ada Colau ya habló sobre el tema, este año parece que hay más diputados implicados. Es positivo porque la Fira de Barcelona es un espacio público, y por tanto, tiene que ser un tema de interés político y gubernamental.
¿Qué reclaman?
Una de las demandas es que aquellos acontecimientos que puedan cambiar de lugar lo hagan y que los individuos eviten asistir a actos en la Fira. Sabemos que es poco probable que acontecimientos masivos se trasladen, pero sí que podría funcionar con reuniones más pequeñas. A menudo, cuando estamos en la Fira repartiendo folletos, muchas personas no saben que es una institución pública. Hay que aumentar esta conciencia porque se cuestione si el crecimiento económico debe tener límites y responsabilidad.
