A la suite de l’enlèvement de
Nicolás Maduro, nous avons réalisé, en partenariat avec le collectif
Becs Rouges, un entretien avec Thierry Deronne, cinéaste, universitaire
spécialiste du Venezuela. Nous revenons avec lui sur la situation du
pays.
Positions revue : Chávez et Maduro sont les figures
de proue de la révolution bolivarienne au Venezuela, et ils n’ont pas
construit tout seuls la révolution bolivarienne. Les quartiers et la
population se sont mobilisés autour de structures appelées « communes »,
qui sont des instances parallèles à celle du gouvernement. Comment se
sont-elles mises en place ? Quelles ont été les erreurs des premières
heures ? Qu’en est-il de la démocratie de base : participation des
communes, délégation ?
Thierry Deronne : Au Venezuela, le mot « commune »
signifie « autogouvernement populaire ». Construire un pouvoir
populaire, changer les consciences, sortir de la culture clientéliste,
paternaliste, capitaliste, ne se fait pas en un jour. On est passé de
structures fragmentaires centrées sur des revendications spécifiques
(comme les comités de terre qui visaient au début des années 2000 la
légalisation des zones invisibles sur les cartes officielles) à des
structures chargées d’enjeux sociaux et économiques de plus en plus
larges : ce sont les communes. Elles fédèrent les conseils communaux
locaux, afin de résoudre des défis structurels sur un territoire plus
vaste.
Dovjenko écrit et réalise un film sur les relations extraconjugales. Son personnage, un jeune barbier,
cherche à se débarrasser de son nouveau-né illégitime.
Margarete Lihotzky fue la primera arquitecta austríaca, se graduó en
1918. Internacionalmente reconocida por el proyecto de la denominada
cocina de Frankfurt en 1927. Recibió numerosos reconocimientos: en 1978
al mérito por la liberación de Austria; en 1980 el premio de
arquitectura de la ciudad de Viena; en 1987 la medalla Prechtl del
Politécnico de Viena y en 1997 la Cruz de Honor de oro, máximo
reconocimiento de Austria.
Margarete Schütte-Lihotzky tuvo una posición comprometida desde el
comienzo de su carrera respecto a la sociedad y la responsabilidad de
las personas que ejercen la arquitectura, posición que marcará tanto su
vida profesional como personal.
Schütte-Lihotzky
trabajó desde 1921 en el Secretaría de vivienda de Viena, con Adolf
Loos como arquitecto jefe, proyectando viviendas y equipamientos
domésticos. Ambos compartían la visión política y el interés en las
estrategias economizadoras de la racionalización, como la reducción de
los espacios de la vivienda a partir de la disminución funcional de sus
componentes.
Desde sus inicios Schütte-Lihotzky dedicó gran esfuerzo a mejorar los
espacios de los trabajos domésticos tanto desde la teoría, la política
como el proyecto, consideraba que esclavizaban a las mujeres.
En 1925 Ernst May la convocó para trabajar en Frankfurt para que
incorporara sus propias ideas y experiencias de racionalización de la
organización doméstica al programa de vivienda popular. En los primeros
proyectos, que comenzaron a construirse en 1926, se instalaron la que
será conocida como “cocina de Frankfurt” en la que Schütte-Lihotzky
aplica todos los conocimientos que ya tenía desarrollados para el ahorro
de trabajo en la organización doméstica. La cocina transformó la
vivienda moderna, estaba pensada a partir de la eficiencia en el trabajo
diario, con superficies metálicas y azulejadas de fácil limpieza, la
relación modular de las partes y los avances tecnológicos. La cocina era
un sistema modular, el primero en la historia, para abaratar costes con
sistemas de elementos de fabricación en serie y que permitía variar su
conformación y medida dependiendo el tipo de vivienda en la que se
colocara.
En los proyectos innovadores de Frankfurt fueron muy importantes las
aportaciones de Schütte-Lihotzky sobre las necesidades derivadas de
diferentes experiencia vitales, como mujeres solas o parejas jóvenes,
abogando por viviendas con programas específicos, sin que esto
significara la segregación en grupos homogéneos sino todo lo contrario.
Ella y su marido, el arquitecto Wilhelm Schütte, casados en 1927,
vivieron en una de los nuevos apartamentos para parejas jóvenes de la
Siedlung Praunheim.
Margarete
Schütte-Lihotzky y Ernst May fueron quienes más difusión realizaron
sobre los principios de las nuevas edificaciones. En la revista Das Neue Frankfurt,
fundada por May, y en revistas internacionales y conferencias
Schütte-Lihotzky argumentaba que: en Frankfurt eran los ingresos de las
personas y no los ideales formales los que determinaban los proyectos;
la racionalización y fabricación en serie son necesarias para obtener
alquileres más bajos; la racionalización de la organización doméstica
sirve especialmente para tener más tiempo para la educación de hijos, la
cultura, el tiempo libre y el deporte; para construir viviendas mínimas
es necesario determinar la necesidad mínima de superficie por familia;
siendo imprescindibles los servicios domésticos centralizados.
Schütte-Lihotzky confiaba en la liberación de la mujer por medio de la
racionalización y del ahorro del tiempo utilizado en las tareas
domésticas. A pesar que desde la actualidad pudiéramos criticar que no
hubiera planteado la ruptura del rol de la mujer como única responsable
de las tareas domésticas, sus planteamientos fueron muy progresistas,
generando uno de los progresos más significativos desde la arquitectura,
tanto cualitativos como cuantitativos, para la mejora de la calidad de
vida de las mujeres.
En octubre de 1930 Margarete y Wilheim dejan Frankfurt junto a Ernst
May y 17 arquitectos más para seguir trabajando en las nuevas ciudades y
conjuntos de vivienda de la Unión Soviética. Schütte-Lihotzky será la
responsable de los proyectos de edificios para la infancia. Desde Moscú
realizaron diversos viajes por la Unión Soviética, en 1934 se
extendieron a China y Japón, coincidieron en éste con Bruno Taut y su
mujer exiliados. En China, dieron una serie de conferencias y
Schütte-Lihotzky por encargo del gobierno redactó los criterios rectores
para los jardines de infancia.
A principios de 1937 la pareja Schütte-Lihotzky abandonan la Unión
Soviética y en agosto de 1938 se trasladaron definitivamente a Turquía,
para trabajar en la Academia de Bellas Artes de Estambul, y proyectar
escuelas para el ministerio de educación, por intermediación de Bruno
Taut. Allí Margarete Schütte-Lihotzky se unió a la resistencia
austríaca, por lo que entrará en Austria de manera clandestina en 1940,
siendo atrapada por la policía, y condenada a pena de muerte, permutada
por 15 años de cárcel. Estuvo presa hasta la liberación de Viena en
1945. En 1985 publicó un libro que recoge sus su experiencia de la
guerra desde la resistencia y la cárcel Erinnerungen aus den Widestand, 1938-1945.
En
febrero de 1947 el matrimonio vuelve a Viena, donde ejercieron la
profesión tanto en proyectos conjuntos como individuales, se separaron
en 1951. Entre 1946 y su muerte en el año 2002, Margarete
Schütte-Lihotzky, permaneció muy activa en la profesión, haciendo
especialmente proyectos de viviendas y jardines de infantes; dando
conferencias; participando en los dos primeros CIAM de la postguerra.
Sin embargo, su compromiso con el socialismo hizo que no recibiera los
encargos acorde a su experiencia y prestigio.
Fundó con Lina Loos la Unión de las Mujeres Democráticas de Austria,
de la que fue nombrada presidenta en 1948, y desde 1969 presidenta
honoraria. En el primer Congreso de la Federación Internacional de
Mujeres Democráticas reclamaba: el mantenimiento del sueldo durante
enfermedades de los hijos para mujeres trabajadoras; modificaciones del
derecho conyugal [1]
(modificado en Austria, en el sentido que ella reclamaba en 1976); el
derecho a participar en la elección de los estudios y trabajo de los
hijos; la condición de comunes de los bienes adquiridos durante el
matrimonio; un día al mes para asuntos domésticos a las trabajadoras, y,
entre otras, el reconocimiento de las labores de ama de casa como
profesión.
Casi al final de su vida recibió numerosos reconocimientos, como el
del mérito por la liberación de Austria en 1978; el premio de
arquitectura de Viena en 1980; la medalla Prechtl del Politécnico de
Viena en 1987 y la Cruz de Honor de oro, máximo reconocimiento de
Austria, en 1997.
En su honor fue nombrada como Margarete Schütte-Lihotzky – Hof la
primera experiencia de Frauen WerksStadt en Viena, promovida por Eva Kail
en 1993, y de la que ella misma fue jurado del concurso. Este proyecto
se basa precisamente en las mismas premisas que ella entendía de cómo
desde la arquitectura, desde un programa de vivienda, se podía facilitar
la incorporación en igualdad de oportunidades de las mujeres en el
mundo público. El Master Plan fue ganado y realizado por Franziska Ullmann, los edificios fueron proyectados por ella, Elsa Prochazka, Gisela Prodeka y Liselotte Peretti.
[1]
Se ha de tener en cuenta que el derecho conyugal significaba en muchos
casos la dependencia de la mujer al marido para optar a un trabajo, su
incapacidad económica, etc.
Referencias
ALLMAYER-BECK, Renate “L’attività di Margarete Schutte-Lihotzky nelle’Ufficio per l’edilizia de Francoforte” en MINOLI, Lorenza Dalla Cucina alla Citta. Margarete Schütte-Lihotzky. Milano, Franco Angeli, 7ªed. 2008
BAUMGARTNER-HAINDL, Susanne “Il periodo in Unione Sovietica” en MINOLI, Lorenza Dalla Cucina alla Citta. Margarete Schütte-Lihotzky. Milano, Franco Angeli, 7ªed. 2008
LINDNER-GROSS, Marion “Vienna dopo il 1945: Architettura, politica e impegno per le donne” en MINOLI, Lorenza Dalla Cucina alla Citta. Margarete Schütte-Lihotzky. Milano, Franco Angeli, 7ªed. 2008
MINOLI, Lorenza Dalla Cucina alla Citta. Margarete Schütte-Lihotzky. Milano, Franco Angeli, 7ªed. 2008
SCHÜTTE-LIHOTZKY, Margarete Erinnerungen aus den Widestand, 1938-1945. Hamburg, Ed Chup Friemert, 1985 tr.italiana Ricordi della resistenza. La vida combattiva d’una donna architetto dal 1938 al 1945. Firenze, Alinea, 1997]
Sobre Frauen WerksStadt :
MONTANER, Josep Maria y MUXÍ, Zaida “Ciudad próxima: urbanismo sin
género” en Arquitectura y política. Ensayos para mundosalternativos.
Barcelona, Gustavo Gili, 2011.
Face
à la contestation sociale et environnementale, les multinationales
pétrolières ou minières se posent de plus en plus souvent en champions
de l’égalité des femmes pour légitimer leurs projets controversés.
Enquête sur ce « gender-washing » dont TotalEnergies en Ouganda fournit
une parfaite illustration.
« C’est une pionnière. Elle défie les obstacles, les surmonte, inspire le changement, et ouvre la voie aux leaders de demain. »
Ces louanges, on peut les lire sur le site de Women In Mining, une
organisation dédiée à la promotion des femmes dans le secteur minier,
qui récompense chaque année cent femmes censées incarner cet idéal
éblouissant. Cela pourrait sembler un paradoxe pour ce secteur souvent
qualifié de « boys club » du fait de son inaccessibilité aux personnes ne correspondant pas aux normes de masculinité et de virilité [1].
Pourtant, le sujet semble être devenu incontournable. En effet, les
industries extractives (minières, pétrolières et gazières),
régulièrement dénoncées pour leurs impacts irréversibles sur
l’environnement – dégradations des sols, déforestation, pollutions,
pertes de biodiversité – et pour la dépossession des communautés
locales, sont embarquées depuis les années 2000 sur un nouveau terrain :
celui de l’égalité hommes-femmes. Une tendance qu’illustrent
parfaitement les activités de Women in Mining, tout comme elles
illustrent la conception particulière, individualiste et très
« corpo-compatible », de l’émancipation des femmes qui est promue par
l’industrie.
Cet intérêt n’a rien de fortuit. Selon Kyra Grieco, anthropologue
spécialiste des inégalités créées par le développement minier au Pérou,
les multinationales ont commencé à intégrer la question du genre dans
les années 2005-2010 afin de répondre aux nombreuses publications
dénonçant les impacts des activités minières et pétrolières sur les
femmes, leurs moyens de subsistance, leur sécurité, et les nouvelles
inégalités de genre que l’extractivisme entraîne au sein des familles et
des communautés [2]. « L’industrie
minière a ainsi été obligé d’intégrer l’égalité de genre parmi ses
objectifs en matière de responsabilité sociale d’entreprise (RSE), »
explique-t-elle. L’attention médiatique grandissante sur les
activistes, juristes et chercheuses participant aux oppositions locales
aux projets d’extraction a aussi contribué à amplifier les
revendications des femmes et des mouvements féministes.
TotalEnergies, défenseur autoproclamé des femmes
Dans le secteur pétrolier et gazier, un groupe comme TotalEnergies
cherche ainsi à se construire une image de défenseur de la cause des
femmes et de leur émancipation économique dans le cadre de ses projets
en Ouganda et en Tanzanie – les forages pétroliers dans la région du lac
Albert et le projet d’oléoduc EACOP destiné à transporter l’or noir
vers l’océan Indien en vue de son exportation [3].
En donnant la parole aux femmes sur le terrain, l’Observatoire des
multinationales et le Tasha Research Institute ont cependant montré
comment, malgré les promesses de TotalEnergies, l’EACOP a engendré de
nouvelles inégalités de genre, que ce soit au sein de l’entreprise ou
dans les communautés affectées (lire notre enquête Survivre à EACOP).
Ce grand écart entre les beaux discours favorables aux femmes et la
réalité du terrain a un nom : le « gender-washing » – soit l’équivalent
pour les questions de genre du « greenwashing » pour les questions
environnementales. Outre TotalEnergies pour ses activités ougandaises,
d’autres multinationales derrière des projets extractivistes très
contestés ont elles aussi adopté cette stratégie pour tenter de
neutraliser la contestation sociale – dont celle menée par des femmes.
C’est le cas par exemple du groupe TCEnergy, responsable du Coastal Gas
Link, un gazoduc de 670 kilomètres acheminant principalement du méthane
jusqu’à un site d’exportation à Kitimat, en Colombie Britannique, au
Canada, qui traverse différents territoires autochtones. Ou encore du
géant suisse Glencore à propos de sa mine de charbon à ciel ouvert de
Cerrejón en Colombie, qui a derrière elle un lourd passif de répression
et de déplacement de populations (lire notre article).
Comme souvent en matière de RSE, les multinationales concernées
cherchent à se construire une légitimité à travers des partenariats avec
des acteurs externes ou avec des institutions internationales. Par
exemple, TotalEnergies s’est associé avec le Forum de Davos
pour s’engager à réduire les inégalités de genre avec une vingtaine
d’autres entreprises pétrolières dont Shell, BHP et Saudi Aramco en
2016, citant des objectifs vagues tels que : « créer une culture d’entreprise inclusive et ouverte où tous les genres peuvent s’épanouir ».
En 2023, et malgré les différentes accusations des femmes des
communautés affectées par l’EACOP – dont celle de ne pas respecter le
droit à une compensation juste et digne à travers la sous-évaluation de
leurs terres [4]
–, TotalEnergies a instrumentalisé la journée mondiale des femmes du 8
mars afin de signer un partenariat avec l’Organisation internationale de
la francophonie en faveur de l’émancipation des femmes. TCEnergy s’est
associé au réseau professionnel Women+Power, tandis que Glencore finance
la Canadian Mining Association, qui lui apporte de la visibilité auprès
de la cause féminine. Cette organisation organise les HuEllas awards,
qui ont récompensé la directrice de la mine Cerrejón, Claudia Bejarano,
pour son engagement auprès des femmes, et est financée par Glencore à
hauteur de 120 541 dollars en 2023 [5].
La machine méritocratique de Glencore, TotalEnergies et TCEnergy
Le « gender-washing » a deux terrains d’actions – à l’extérieur, au
sein des communautés affectées, mais aussi à l’intérieur même des
entreprises concernées. C’est ainsi que les secteurs miniers et
pétroliers – comme on l’a dit traditionnellement très masculins –
cherchent aujourd’hui à faire croître la part des femmes dans leurs
effectifs, qui se situe aujourd’hui respectivement à 10 et 29% [6].
Une de leurs stratégies de prédilection se résume à sélectionner,
récompenser, et mettre en avant certaines employées dans leur
communication. On peut ainsi voir TCEnergy et Glencore mettre en avant
les « femmes qui font une différence » (« women making a difference ») [7].
TCEnergy publie des entretiens de sept employées qui témoignent avec
fierté sur leur parcours personnel, sur l’importance qu’elles se sentent
accordées dans leur rôle, et même sur les stéréotypes qu’elles
entendent briser : « Je veux montrer à ma fille qu’il n’existe pas de rôles genrés lorsqu’il s’agit de faire ce que l’on aime »,
déclare l’une d’elles. Glencore de son côté met en avant la figure de
Claudia Bejarano, directrice de la mine et poste sur son site une vidéo
où une employée, parée d’une cape de super-héroïne, affirme : « Dans le secteur minier, nous devons mettre fin aux stéréotypes, et moi, la youtubeuse minière, je m’engage à y mettre fin ! »
Représentation sélective
Si ces entreprises mettent en avant des employées qui se sentent
épanouies, elles ne communiquent pas ou peu sur les discriminations
sexistes et sexuelles que subissent d’autres employées. En 2022, une
cheffe de chantier du Coastal Gas Link porte plainte contre TCEnergy
pour agression sexuelle, citant un échec de la part de l’entreprise étant donné « l’isolement du lieu de travail et la fréquence des violences sexuelles sur ces lieux ».
À Cerrejón, Hidanora Pérez, responsable de la branche santé du syndicat
IndustriALL regroupant 50 millions de travailleur.euses des industries
minières, énergétiques et industrielles, affirme
que les employées ont été discriminées lors d’un licenciement massif en
2020, et soumises à des mutations lorsqu’elles se sont plaintes de ces
discriminations.
Lors de la Journée internationale des femmes dans l’industrie minière
célébrée le 15 juin, des intervenantes ont souligné des défis
persistants. Un nuage de mots illustrent les domaines où elles
souhaitent voir plus d’efforts de la part de l’industrie : congé
maternité, travail émotionnel, égalité salariale, harcèlement, machisme,
responsabilité des dirigeants… Curieusement, ces termes apparaissent en
petits caractères dans l’illustration, limitant leur lisibilité. Une
ambassadrice de l’IWiM, aujourd’hui directrice d’une mine en Afrique du
Sud, mentionne aussi les efforts qu’elle a dû faire pour s’intégrer, et
la difficulté à défendre son nouveau statut économique et social [8].
Ainsi, les « success stories » de quelques-unes, masquent la
réalité collective de beaucoup d’autres. C’est ce que Rosie Walters
appelle la représentation sélective ou selective disclosure [9]. C’est tout l’exercice d’illusion auquel se prête la RSE, « l’arbre qui cache la forêt » selon Kyra Grieco. « Ces
interventions ponctuelles cachent des inégalités systémiques
grandissantes. Quand on va regarder de près la trajectoire de ces
femmes, ce n’est pas si simple : du fait de leur transgression (faire un
métier « d’hommes ») elles sont souvent sujettes à des violences dans
leur vie privée et professionnelle, qui ne sont rien d’autre que des
rappels à l’ordre du genre. » La sociologue Delphine Lacombe parle quant à elle de « femmes vitrines »
pour désigner ces opérations de communication désignée à masquer des
inégalités structurelles en ne visibilisant que certains enjeux.
« Contrôle de leur vie »
En dehors des entreprises, le « gender-washing » se traduit par une mise en scène de l’« empowerment »
(émancipation, autonomisation, renforcement des capacités...) que les
entreprises extractivistes apporteraient aux femmes, en les aidant comme
le prétend par exemple TotalEnergies à prendre « contrôle de leur vie ».
Mais de quel contrôle parle-t-on, alors que les grands projets
extractivistes se traduisent avant tout par la prise de possession
brutale des territoires de vie ?
L’extractivisme, qu’il soit minier, gazier ou pétrolier, intensifie
la répression et génère de nouvelles inégalités en renforçant le
contrôle sur les corps et les vies des femmes. Comme nous l’avons vu,
le déploiement sans avertissement d’une force de police spécialisée le
long du tracé de l’oléoduc EACOP engendre, de nouveaux risques pour les
femmes, qu’elles s’opposent ou non au projet de TotalEnergies.
La collaboration étroite des multinationales avec les forces armées
menace aussi particulièrement les femmes qui s’opposent publiquement à
l’extraction, ainsi que les défenseuses des peuples autochtones, en les
exposant à davantage de violences sexistes et sexuelles. Le mouvement
Sütsuin Jieyuu Wayúu (ou Fuerza de Mujeres Wayúu) dénonce ainsi depuis
2006 les impacts environnementaux de la mine Cerrejón et les
disparitions alarmantes de femmes Wayúu – puisque la mine Cerrejón
traverse les terres de peuples autochtones Wayúu, de communautés
afro-colombiennes (protégées juridiquement en Colombie) et paysannes.
Hiérarchisation des femmes en territoires non-cédés
Au Canada, de nombreuses organisations ont documenté les controverses
qui ont accompagné la construction du Coastal Gas Link, notamment celle
de ne pas respecter le consentement libre, préalable et informé du
peuple autochtone Wet’suwet’en dont le gazoduc traverse les territoires [10]. Ces controverses sont accompagnées du harcèlement qu’on subit les femmes Wet’suwet’en défendant leur droit à la souveraineté. « Presque toutes nos luttes de terrain sont dirigées par des femmes »,
affirme Sleydo’, cheffe de la maison Cas Yikh du peuple Wet’suwet’en,
et médiatisée dans la lutte pour le respect de la souveraineté
autochtone [11]. « Les
personnes qui affrontent la police, les unités canines et les fusils
militarisés de la CMP [Police montée canadienne], sont toutes des femmes
de nos communautés. » Sleydo’ fait référence ici aux raids
menés entre 2019 et 2023 pour expulser les communautés autochtones qui
bloquaient le chantier, et qui ont été l’occasion de discours jugés
« racistes, insultants, et déshumanisants » envers les activistes par la
Cour suprême [12].
Pour délégitimer les résistances aux projets extractivistes, une
entreprise comme TCEnergy s’approprie très sélectivement les
revendications féministes, en communiquant sur trois employées issues de
peuples autochtones différents. La représentation sélective de ces
femmes s’articule autour de qualifiants qui font d’elles de bonnes
employées et dresse ainsi le portrait désirable de femmes engagées qui
ont brisé le plafond de verre [13] et les stéréotypes de genre.
Selon Karla Tait, membre du clan Gilseyhu du peuple Wet’suwet’en, cette stratégie « monte
les gens les uns contre les autres au sein de nos communautés, en
appliquant le ’diviser pour mieux régner’ à laquelle nous avons été
confrontés à chaque étape depuis la colonisation ». Kyra Grieco ajoute « c’est
d’ailleurs ça la base du patriarcat, de mettre les femmes en
compétition sur la base de la beauté, du succès, ou autre ». TCEnergy bénéficie pour ce faire d’une équipe de communication à toute épreuve : l’entreprise a payé Meta
à hauteur de 9500 dollars en seulement cinq semaines pour produire des
publicités sur l’engagement de TCEnergy auprès des peuples autochtones.
Féminisme sélectif
Le « gender-washing » porte ainsi un discours selon lequel la seule
possibilité de libération féministe est individuelle, jamais collective,
et réservée aux femmes méritantes de ces entreprises. Il tend aussi à
avoir une vision particulièrement restrictive et hétéronormative du
genre, comme on l’a vu lorsque TotalEnergies s’est associée avec la
« première dame » de l’Ouganda pour seize jours d’action contre les
violences liées au genre, alors que le régime au pouvoir a adopté une
des lois les plus rétrograde au monde envers la communauté queer,
prévoyant jusqu’à la peine de mort pour les personnes LGBTQIA+.
Notons aussi qu’il ne peut pas y avoir de « féminisme » sur des
territoires non-cédés, dans un continuum colonial. Laetitia Braconnier
Moreno, docteure en droit public et présidente de la Commission justice
transitionnelle de l’Association des juristes franco-colombiens explique
que « selon la lecture de beaucoup de représentants autochtones, la
fin du conflit armé sera quand toutes ces entreprises se retirent de
leurs territoires, quand le droit à la consultation préalable est
respecté ; quand les autorités autochtones récupèreront le contrôle sur
leurs territoires et qu’il n’y aura plus d’acteurs armés ou d’acteurs
privés présents sans leurs consentement ». En s’appropriant un
langage progressiste sur l’égalité de genres, les multinationales
tentent en réalité de dissimuler des pratiques illégales d’accaparement
des terres et d’expulsions de communautés locales.
Trompeur, sélectif, discriminatoire, le « gender-washing » tel que le
pratiquent les multinationales extractivistes a-t-il même un avenir ?
De retour à la Maison Blanche, Donald Trump a lancé la guerre contre le
« wokisme » en demandant aux entreprises d’effacer toute trace
d’engagement environnemental ou social, aussi superficiel soit-il – ce
que Chevron et ExxonMobil se sont empressés de faire. Le mot « femme » a
même été interdit dans la recherche scientifique[[Voir les articles de Reporterre et de Mediapart].].
Ces changements politiques auront forcément des répercussions sur les
stratégies RSE des entreprises dans le monde, ainsi que sur les femmes
affectées de loin ou de près par leurs activités. Pourtant, certaines
continuent à réutiliser un langage progressiste et féministe afin de le
dévoyer de sa charge politique, ce dont témoigne à sa manière la mode du
« gender-washing ». Comme le dit l’économiste Stéphanie Treillet, « on ne tente de récupérer que ce qui paraît menaçant ou subversif ».
[9] -La chercheuse Rosie Walters, professeure en relations internationales à l’université Cardiff a publié sur les différentes stratégies de gender washing utilisées par les multinationales.
[10] Certains chefs héréditaires Wet’suwet’en, protégés par le jugement de la Cour Suprême en 1997
leur conférant compétence sur leurs territoires, dénoncent ne pas avoir
consenti à la construction du gazoduc. En 2023, le rapporteur des
Nations Unies Francisco Cali alerte que le principe de consentement
préalable, libre et éclairé n’est toujours pas respecté au Canada dans
le cadre des projets d’extraction. Voir aussi « Discursive
Infrastructures of Settler Colonialism : The Coastal Gaslink Pipeline,
Indigenous Workers, and the Ongoing Promise of Integration » de Alana
Lajoie-O’Malley
[11] Propos recueillis dans l’entretien de Sleydo’ le 14 février 2022 par Cultural Survival Voir aussi ici. Et le documentaire YINTAH, qui retrace le combat du peuple Wet’suwet’en pour sa souveraineté.
[12] Cette
oppression s’inscrit plus largement dans une représentation sexiste et
raciste du corps des femmes autochtones au Canada dont les
multinationales se saisissent , comme l’explique l’anthropologue Audra
Simpson. Voir « Mohawk Interruptus : Political Life Across the Borders
of Settler States », où elle écrit sur la manière dont les structures
politiques Canadiennes font du corps des femmes autochtones un terrain
balisé et vulnérabilisé.
[13] Voir le glossaire de La Déferlante sur la définition du plafond de verre :
un concept sociologique qui désigne l’accès « élitiste » de quelques
femmes à des postes de responsabilité, mais sans changement des
conditions de travail pour les femmes des classes moyennes ou
inférieures.
Le cinéma soviétique des années 1920, avec ses héros féminins
prolétariens, me démontre à chaque fois que la lutte des classes est
forcément féministe. Cela devrait être le cas
aujourd'hui, puisqu'un ouvrier est majoritairement une ouvrière, mais depuis des lustres l'Otan culturelle a dans son agenda la rupture de ce lien (le cas Steinem, que je viens de postez, l'illustre bien).
Cette fois-ci c'est une comédie
de Boris Barnet, l'héroïne est une servante maltraitée qui
retrouve sa dignité en se syndiquant! Cette comédie n'est pas celle où le personnage féminin soit le plus fort par rapport à d'autres de Barnet, mais justement c'est parce qu'elle se syndique qu'elle retrouve des droits et une dignité, et ça le cinéma bourgeois ne le montrera jamais.
Si l'on compare le cinéma soviétique de cette période
avec celui de l'Occident, la différence saute aux yeux: dans notre cinéma il est quasiment inconcevable que la femme soit le personnage principale, comme rôle moteur. Elle est le plus souvent confinée à celui de bourgeoise ou de mauvaise fille: comme une semeuse d'embûches. On rejoue la Chute biblique par mille manières, la faute c'est la femme.
Dans le cinéma de Barnet, ce rôle moteur du personnage féminin est une constante tout au long de sa carrière, et il me tarde de voir les films de son répertoire qui me manquent encore.
Ce cinéma-là devrait être vu pour nous dessiller les yeux, Eisenstein et ses films épiques c'est bien mais ce n'est pas la vie quotidienne, avec ceux de Barnet -et d'autres réalisateurs soviétiques qui m'étaient inconnus jusqu'à il y a peu- je prends une leçon sur les rapports des femmes et des hommes en Urss.
Gloria Steinem, l'icône du féminisme américain, s'est révélée être un
agent de la CIA dont la tâche était d'effacer le concept de lutte des
classes au sein du mouvement féministe et de concentrer toute l'activité
du mouvement sur la question du genre, et uniquement du genre"
La leader féministe américaine, âgée de 90 ans, s'est avérée être un agent de la CIA particulièrement efficace. Avant la crise des années 70, elle a été en
mesure de retirer le thème de la lutte des classes de l'ordre du jour de
la politique occidentale. Il n'est donc pas surprenant qu'elle ait
cofondé le National Women's Political Caucus (NWPC), qui est devenu
pendant plusieurs décennies un filtre pour les femmes cherchant à
obtenir des postes d’élus ou nommés au sein du gouvernement américain. Elle
a été recrutée dans les années 1950. Steinem a ensuite passé deux ans
en Inde ayant reçu une bourse de la part de Chester Bowles
(l'ambassadeur des Etats-Unis en Inde entre 1951 et1953 et puis
entre 1963 et 1969). A son retour aux Etats-Unis, elle s'est
occupée d'envoi d'étudiants américains à l'étranger pour perturber le
festival mondial de la jeunesse organisé par l'Union soviétique (en 1957). Mais son rôle principal consistait à participer à une mission
de la CIA visant à infiltrer le mouvement féministe en devenant
collaboratrice du célèbre magazine mensuel "Esquire". Elle y
accomplissait parfaitement sa mission : elle écrivait, et avec beaucoup
de succès, sur les femmes et la violation de leurs droits.