Publicado en la revista Argumentos (Madrid), nº 8, enero 1978, páginas 29-40.
I Introducción
El concepto de «Fuerzas del Trabajo y de la Cultura», presentado por Santiago Carrillo en Nuevos enfoques a problemas de hoy, Praga, B. I., junio 1967, págs. 95-ss) y utilizado en un contexto más amplio en su obra madura Eurocomunismo y Estado (Barcelona, Grijalbo, 1977, págs. 121-129, &c.), discutido ampliamente en el seno del Partido Comunista de España (en Revolución y Cultura, nº 2, febrero 1970; nº 3, abril 1970, o nº 4, junio 1970; nº 6, febrero 1971; nº 8, julio 1971; nº 10-11, julio 1972, &c., encontramos testimonios de estos debates) así como también fuera de él (por ejemplo, desde posiciones «tradicionalistas», José María Galán en Cuestiones varias del carrillismo, Madrid, Futuro, 1976, págs. 31-39); presupuesto como concepto fundamental para la elaboración de la nueva línea política del Partido (por ejemplo, el informe firmado por Emilio Quirós, Nuevas características del Frente teórico y cultural, contenido en las Actas del VIII Congreso, Bucarest 1972) así como para la interpretación de los sucesos políticos cotidianos («Nuevas fuerzas de la cultura irrumpen en la lucha» es el título de la primera página del Mundo Obrero de 30 de mayo de 1971; «Fuerzas de la Cultura en Acción», M. O., 28 de marzo de 1974; &c.) e incorporado al Manifiesto Programa de 1974, es, sin embargo, considerado con cierto recelo por otros muchos comunistas. Estos, reconocen en él acaso más la condición de un «concepto coyuntural» (mimético –el Mayo francés, la Revolución Cultural China–, oportunista –el aprovechamiento del potencial de protesta universitaria de la última fase del franquismo–, &c.) que la de un «concepto científico» (en el artículo de Daniel Lacalle, «Sobre los trabajadores intelectuales», en Materiales, nº 4, julio-agosto 1977, el término «trabajadores intelectuales» aparece claramente como sustitutivo del término «fuerzas de la cultura»).
Las reflexiones que siguen están destinadas a profundizar, a propósito del concepto de «Fuerzas del Trabajo y de la Cultura», en la naturaleza dialéctica de los «conceptos fundamentales» de la concepción marxista, mediante un tratamiento filosófico de los mismos. Mi tesis (seguramente muy ortodoxa, por lo demás, al menos en un principio) podría resumirse de este modo: los conceptos fundamentales del marxismo constituyeron un sistema dialéctico, y, por tanto, la alteración o modificación de alguno de ellos no solamente repercute en el conjunto del sistema sino que, a la vez, el alcance de la modificación sólo puede ser medido desde el sistema entero.