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lundi 4 mai 2026

Luces y sombras en el “Homenaje a Cataluña” (I)

Paul Preston

 

La obra de Orwell Homenaje a Cataluña, a pesar de un título que se presta algo al equívoco, es el libro más vendido y leído sobre la guerra civil española[1]. Es un relato vívido de algunos fragmentos de la guerra elegantemente escrito por un testigo de gran agudeza. Su tema es la valiosa experiencia de un miliciano en el frente aragonés. En frases contundentes Orwell recreó de forma muy gráfica el miedo, el frío y, sobre todo, la miseria de las trincheras, de los excrementos y de los piojos. Dos ejemplos: “Ahora estábamos mucho más cerca del frente, lo bastante para notar el característico olor de la guerra (según mi experiencia, un olor a excrementos y comida podrida)” y “el paisaje era impresionante, siempre que uno lograra pasar por alto que todas las cumbres estaban ocupadas por soldados y, por tanto, cubiertas de latas e incrustadas de excrementos”. También se quejó de la falta de instrucción y de la pobreza del armamento. “Era horrible que los defensores de la República fuesen una caterva de niños andrajosos armados con fusiles estropeados que ni siquiera sabían utilizar[2].

Un biógrafo de Josep Rovira, comandante de la 29 División en la que Orwell prestó servicio, escribió que “amb el seu tranc entre ensonyat i distant, es manifestava tot seguit en ell un afany d’observar, com un infant encuriosit[3]. Las vívidas observaciones que Orwell hizo sobre el retraso agrícola, los primitivos aperos de labranza, pre-medievales, los arados que simplemente rascaban el suelo sin abrir surcos, sus evocaciones de las vistas y sonidos del campo son dignas de un gran libro de viajes y de sumo valor para el historiador[4]. En lo que se refiere a sus repetidos comentarios acerca de la comida desperdiciada, “de forma terrible, sobre todo el pan. Solo en mi barracón tirábamos una cesta de pan entera en cada comida, lo cual era vergonzoso si se tiene en cuenta lo mucho que escaseaba entre la población civil”. Si la unidad del POUM en la que sirvió Orwell podía permitirse el lujo de desperdiciar comida, debió de ser una rareza entre las fuerzas republicanas[5].

La visión testimonial de Orwell garantiza la inclusión de su obra en cualquier lista de libros importantes sobre la guerra civil española. Sin embargo, no figuraría en ella como un ejemplo de análisis creíble del entorno político más amplio del conflicto y, en particular, de sus condicionantes internacionales. En su libro, Orwell combinó una gran masa de observaciones personales de gran calidad y una crítica devastadora de las distorsiones y falsedades de la prensa. Es, no obstante, su análisis político y sus predicciones los que más se resienten en vista de su aceptación a pie juntillas de las opiniones partidarias de sus compañeros anarquistas y del POUM, a los que se añade su propia ignorancia del contexto más amplio en que se situó el conflicto. En el mejor de los casos, su libro es una engañosa contribución al debate central sobre si la prioridad de la República española debiera haber sido la revolución o perseverar en el esfuerzo bélico convencional contra Franco y sus aliados del Eje.

Orwell Ernest Hemingway, Hugh Slater and Herbert Matthews Spartacus Educational
Herbert Matthews (derecha) con Ernest Hemingway y Hugh Slater (foto: Spartacus Educational)

Herbert Matthews, el gran corresponsal del New York Times, resumió de la siguiente forma los problemas tras la publicación de Homenaje a Cataluña: “El libro hizo mucho más para pintar en negro la causa leal que cualquier otro escrito por los enemigos de la Segunda República – un resultado que no fue intención de Orwell como demostró en algunas de las cosas que escribió posteriormente. En Homenaje, Orwell escribió en caliente acerca de un incidente confuso, escasamente importantes y un tanto oscuro en una guerra que no comprendía en absoluto. Todo lo que vio entre enero y mayo de 1937 fue un período mínimo de la “cuasi guerra” en el pequeño frente de Huesca y un enfrentamiento que hizo correr la sangre entre comunistas y anarquistas en Barcelona. Se había presentado voluntario por mediación del partido laborista independiente (PLI), una formación de izquierdas que tenía lazos con el POUM. Este era un grupo disidente, muy marxista, no traicionero pero un tanto revolucionario y subversivo que estaba resultando peligroso para el Gobierno republicano”. Matthews, que consideró a Orwell como “un hombre valiente, ecuánime y honrado”, afirmó también: “Yo diría que muy poca gente ha leído los retazos -ensayos, recensiones, cartas- que Orwell escribió sobre España en años posteriores. Tales retazos muestran una comprensión mucho mejor de los acontecimientos que la que tuvo cuando estaba en España[6].

Ciertamente Matthews tenía razón y, sin embargo, el libro de Orwell ha tenido una enorme influencia sobre las percepciones despertadas por la guerra civil española[7]. Por ejemplo, Robert Stradling afirma que “los dos capítulos “analíticos” de Homenaje gozan de una justa fama como un tratado político condensado de todo el siglo XX”[8]. El propio Orwell escribió: “La cosa más sorprendente acerca de los libros sobre la guerra civil, al menos los que están escritos en inglés, es su abrumadora mala calidad y el soporífero aburrimiento que despiertan. Pero más significativo aún es que casi todos ellos, de derechas o de izquierdas, se han redactado desde un punto de vista político por gente muy segura de sí misma que dicen al lector lo que debe pensar[9]. Homenaje a Cataluña ni es aburrido ni es malo, pero sí está escrito desde un punto de vista político por alguien muy seguro de sí y que dice al lector lo que tiene que pensar.


reclutamiento del POUM foto Sin Permiso
Foto: Sinpermiso.

Muchos distinguidos lectores estaban dispuestos a aceptar lo que Orwell les contó. Entre ellos figuran muchos que sabían poco de la guerra civil española tales como Lionel Trilling, Noam Chomsky, Raymond Williams y E. P. Thompson[10]. Uno que había estado en España y que más tarde se hizo anticomunista feroz fue Arthur Koestler, que se rindió a los escritos de Orwell. Sin embargo, las relaciones de Koestler con este último se basaban en el odio mutuo que ambos profesaban a la Unión Soviética y no tanto en una consideración meditada de los acontecimientos en España[11].

La muy extendida admiración por Homenaje a Cataluña es tanto más sorprendente dado que el libro se limita en su totalidad al tiempo y al lugar en los que Orwell estuvo en España. Evidentemente no conocía nada de los orígenes de la guerra, de los largos y duraderos conflictos políticos entre los grupos izquierdistas de Barcelona y menos aún de los problemas que subyacían a las relaciones en aquel momento entre el Gobierno republicano en Valencia y las diversas fuerzas políticas en Cataluña. Como escribe Robert Stradling, “en tanto que estudio de la guerra civil española Homenaje a Cataluña es de dudoso valor. No solo el autor eludió cualquier investigación básica, sino que tampoco tenía la cualificación necesaria para llevarla a cabo[12]. El propio Orwell reconoció las deficiencias de su resumen de la situación política de la época hacia el final de Homenaje a Cataluña al escribir: “Por si no lo he dicho antes, lo advierto ahora: cuidado con mi parcialidad, mis errores y la inevitable distorsión causada por haber presenciado solo parte de los acontecimientos. Y lo mismo digo respecto a cualquier otro libro sobre esta época de la guerra de España[13].

Existen otras razones para cuestionar parte de lo que escribió Orwell. Hay en su libro muchos encuentros con personal que se describen en detalle pero que solo hubiera podido redactar con exactitud si hubiese hablado bien el español. El hecho de que hay muy pocos motivos para pensar que tal fuera el caso siembra dudas acerca de su honestidad intelectual. El mismo admitió que su español era “atroz” y esto es más que altamente probable dado que no conocía el idioma al llegar a España y que prácticamente pasó todo el tiempo en ella en compañía de gente que hablaba inglés.  El enlace del PLI en Barcelona, John McNair, recordó de manera escasamente creíble que Orwell “hablaba bastante el castellano y suficiente francés como para entender mucho del catalán”. Es raro para que los oídos franceses, por no hablar de los ingleses, entiendan con facilidad el catalán hablado. El capitán de la unidad en que servía Orwell, Benjamin Lewinski, contó al biógrafo Michael Shelden que el franco-hablante Orwell rápidamente cogió lo suficiente de catalán como para poder comunicar con sus compañeros. Sin embargo, el propio Orwell escribió de sus primeros días en España: “Todo ese tiempo seguí con mis habituales dificultades con el español. Aparte de mí, solo había un inglés en cuartel, y nadie, ni siquiera entre los oficiales, hablaba una palabra de francés. Y aún se me complicaba más las cosas que mis camaradas hablasen entre ellos en catalán”.

Orwell con dirigentes del POUM y del PLI en Barcelona julio de 1936
Orwell con dirigentes del POUM (Nin, Gorkin, Bonet), PSOP (Marceau Pivert), ILP (John McNair) y Colette Audry , Barcelona, julio de 1936 (foto: “Julián Gorkin, testimonio de un revolucionario profesional” en Tiempo de Historia, 62, 1980)

Incluso en el supuesto de que los recuerdos de McNair y Lewinski de que Orwell hablaba catalán fuesen correctos, solo podría haberlo hecho a un nivel que permitiese conversaciones fáciles pero no suficiente para explicar cómo Orwell, según pretendió en su libro,  fue capaz de mantener discusiones complejas con funcionarios españoles en sus esfuerzos por conseguir que pusieran en libertad a su amigo Georges Kopp e incluso, cuando estaba herido y medio-inconsciente, haber entendido el comentario de un compañero español “que tenía detrás que la bala me había atravesado limpiamente el cuello[14]. Llama la atención de que la única palabra en catalán que cabría esperar que Orwell conociera -la Generalitat- aparezca siempre como the “Generalite”*. También cabe subrayar que en su colección de cartas, reseñas y ensayos no haya indicación alguna de que antes de la guerra civil tuviera el menor contacto con el español o de haber leído nunca un libro en español, ya sobre la guerra o cualquier otro tema.

Sus denuncias, precisas y perfectamente justificadas, de las absurdas afirmaciones de la prensa comunista y burguesa no invalidan su falta de comprensión de la situación general. Orwell reivindicó que el hecho de que el POUM fuera perseguido significaba que el Gobierno republicano estaba “virtualmente en manos de los comunistas”. Y, sin embargo, pocas páginas después admitió que “la mayor parte de los miembros del gobierno español han negado creer en las acusaciones realizadas contra el POUM. Hace poco el consejo de ministros decidió por cinco votos a dos la liberación de los prisioneros políticos antifascistas; los dos ministros que votaron en contra eran comunistas”. Reconoció que Indalecio Prieto, ministro de Defensa Nacional; Manuel Irujo, ministro de Justicia; Julián Zugazagoitia, ministro de Gobernación, entre otros, “negaron creer que los dirigentes del POUM fuesen culpables de espionaje[15].

ALISTAOS en las milicias del POUM

A pesar de esta afirmación, en un texto asaetado por numerosas contradicciones, Orwell no dudó en hacer una predicción, totalmente infundada, sobre lo que hubiera ocurrido si la República hubiese ganado la guerra: “En cuanto a a la cháchara de los periódicos que aseguraba que ésta era una “guerra por la democracia”, era un puro camelo. Nadie que estuviera en sus cabales pensaba que hubiera la menor esperanza de que, cuando acabase la guerra, pudiese haber democracia, ni siquiera tal como se entiende en Inglaterra o Francia, en un país tan dividido y exhausto como España. Tendría que haber una dictadura, y saltaba a la vista que la ocasión para implantar una dictadura del proletariado ya había pasado. Eso significaba que sería alguna forma de fascismo”.

Unas páginas tras este inmenso error Orwell escribió no obstante: “debo añadir que ahora tengo una opinión mucho mejor del gobierno de Negrín que cuando llegó al poder. Ha presentado batalla con enorme valor y demostrado mayor tolerancia política de lo que nadie esperaba. Aun así, sigo convenido de que, a menos que España acabe partida en dos con consecuencias impredecibles, la tendencia del gobierno de posguerra será fascista[16]. Tras condenar a la República española como una incipiente dictadura estalinista, a finales de 1938 o en los primeros días de 1939, Orwell alabó el hecho de que se hubieran mantenido las normas democráticas: “En la España gubernamental las formas y el espíritu de la democracia han sobrevivido en un grado tal que nadie hubiera podido prever. Incluso sería correcto señalar que fueron desarrollándose durante el primer año de la guerra[17].

Juan-Negrin visita el frente del Ebro en 1938 ARCHIVO FUNDACIÓN JUAN NEGRIN
Juan Negrín durante una visita al frente del Ebro en 1938 (foto: Archivo de la Fundación Juan Negrín)

En agosto de 1952 Herbert Matthews escribió al expresidente del gobierno republicano en el exilio, Dr. Juan Negrín, para preguntarle acerca de sus relaciones con Orwell. Al preparar un artículo acerca de la publicación en Estados Unidos de Homenaje a Cataluña, Matthews se había enterado que el periodista e historiador socialista Antonio Ramos Oliveira había presentado Negrín a Orwell. Tras sus tiempos de consejero de prensa de la embajada republicana en Londres con Pablo de Azcárate Ramos Oliveira se había quedado en Inglaterra y en este período se había hecho amigo de Orwell. Ramos Oliveira había dicho a Matthews que Orwell había congeniado con Negrín y que una vez que este le había explicado los grandes temas Orwell empezó a “recordar sus experiencias en otra luz y comprendió mejor la postura de los comunistas”. Matthews escribió, pues, a Negrín para solicitarle más información[18].

Negrín replicó dos semanas después: “En la medida que puedo recordarlo me encontré con Orwell por primera vez en algún momento después de agosto o septiembre de 1940. Me lo presentaron como editorialista del Observer y me dijeron que había estado en España durante nuestra guerra. No capté que había estado no como periodista o escritor sino como voluntario en una unidad combatiente y creo que no caí en ello hasta que leí su libro sobre Cataluña, meses después de su fallecimiento. Desde que nos encontramos nos vimos varias veces y me atrevo a afirmar que entre nosotros pronto se estableció una corriente mutua de estima, simpatía e incluso de amistad”. A lo largo de sus conversaciones Orwell bombardeó a Negrín con preguntas acerca de la problemática de la guerra civil que había ignorado en Homenaje a Cataluña.

Negrín le explicó que “nuestra política exterior, especialmente nuestras relaciones con Rusia, tuvo en cuenta que la URSS fue la única gran potencia que nos apoyó en el plano internacional y que estuvo dispuesta a suministrarnos al contado (nosotros nunca pedimos regalos a nadie) el armamento necesario”. También le informó de los problemas y dificultades que surgieron del “heterogéneo conglomerado de partidos, sindicatos y grupos disidentes incompatibles entre sí, amén de los “gobiernos” regionales y locales, que con frecuencia se nombraron a sí mismos y que eran inconstitucionales” y con el cual tuvo que lidiar. Negrín concluyó afirmando que Orwell era “idealista” y weltfremd (poco realista). Sin embargo, el hecho de que no le dijera nada acerca de sus vínculos con el POUM hace pensar que Orwell no fue totalmente sincero con el expresidente.

Orwell Voluntarios internacionales en las milicias del POUM. Andy Durgan
Foto: Andy Durgan, With the POUM International volunteers on the Aragon Front (1936-1937), Ebre 38, 2018)

Negrín escribió a Matthews que, de haber leído el libro en la época de sus conversaciones, “me hubiera mostrado más inquisitivo, para clarificar algunos de los acontecimientos que narré, tratando de ver si por medio de una discusión franca y abierta en qué medida era correcta la interpretación de los hechos que presenció. Después de leer su libro no he cambiado mi opinión respecto a Orwell: un hombre respetable y honesto pero muy sesgado por un punto de vista demasiado rígido, puritano, dotado de un candor que bordea la naïveté, muy crítico pero demasiado crédulo con respecto a la comunidad religiosa dentro de la cual se mueve y actúa; extremadamente individualista (¡un inglés!) pero aceptando demasiado fácilmente y sin discernimiento propio las inspiraciones procedentes del colectivo un tanto gregario en el que voluntaria e instintivamente quiere echar raíces, y tan extraordinariamente honesto y abnegado que no dudaría un instante en cambiar de opinión tan pronto se dé cuenta de que estaba equivocado (….) Llegó al caótico frente (¿) de Aragón bajo la tutela de un grupo (…) controlado ciertamente por elementos que no solo eran muy alérgicos al estalinismo -esto era con frecuencia (sic) no más que una mera protesta- sino también a cualquier cosa que implicara una dirección suprema y unida de la lucha y bajo una disciplina común. Cuando se combina todo esto con los ya mencionados factores de “astigmatismo” se llega fácilmente a justificar la distorsionada imagen en la mente de Orwell de los acontecimientos de 1937 en Barcelona[19].

La honestidad que se ha atribuido al libro de Orwell ha sido uno de los pilares de su éxito junto con, naturalmente, su clara postura anticomunista. Aun así se ha cuestionado la veracidad de algunos de los episodios descritos en la obra. Es más, poco después de publicarlo el propio Orwell empezó a sembrar dudas acerca de las cosas que había escrito. El 20 de diciembre de 1938 en una carta a Frank Jellinek escribió acerca de su libro: “No tengo la menor duda de que he cometido un montón de errores y de que he hecho afirmaciones equívocas, pero también he tratado de indicar a lo largo de toda la obra que el tema es muy complicado y que soy extremadamente falible a la par que sesgado”. También confesó a Jellinek: “En realidad he escrito un relato mucho más simpático para el POUM de lo que sentí verdaderamente porque siempre les dije que se engañaban y me negué a afiliarme. Sin embargo, tenía que escribir con la mayor simpatía posible porque la prensa capitalista no les ha hecho el menor caso y en la de izquierdas se han amontonado los improperios. En realidad, teniendo en cuenta cómo han ido las cosas en España pienso que algo de verdad había en lo que decían, aunque no cabe duda de que su forma de decirlo fue extremadamente aburrida y provocadora[20].

Hay algo de irresponsable en ese espíritu de “fair play” detrás de la decisión de Orwell de disminuir en lo posible el grado en el que la actitud del POUM fue perjudicial para la República. Es tanto más notable cuanto que Orwell admitió que, antes de los sucesos de Barcelona, “en general compartía la opinión de los comunistas que se resumía en decir “no tiene sentido hablar de revolución hasta que ganemos la guerra” y “trató de trasladarse del POUM a las Brigadas Internacionales. Por supuesto, quería ir a Madrid. Todo el mundo, con independencia de cuáles fueran sus opiniones políticas, quería ir a Madrid (…) Por el momento, claro, había que quedarse en el frente, pero siempre decía que, cuando me fuese de permiso, trataría de pasarme a las Brigadas Internacionales, lo que equivalía a ponerme bajo control comunista. Muchos intentaron disuadirme, pero nadie trató de impedírmelo. Hay que decir en justicia que en el POUM se perseguía poco a los disidentes, tal vez demasiado poco dadas las circunstancias; a menos que uno fuese pro-fascista, a nadie se le castigaba por sostener opiniones políticas equivocadas. Mientras estuve en la milicia pasé mucho tiempo criticando amargamente la “línea” del POUM, pero nunca me causó el menor problema[21].

El comandante de Orwell del PLI, Bob Edwards, comentó precisamente a este tenor: “En varias ocasiones dio a conocer su intención de dejar la Milicia Internacional y unirse a la Columna Internacional que controlaban los comunistas en el frente de Madrid. Durante este período la mayoría de los voluntarios querían combatir en Madrid porque las grandes batallas tenían lugar allí”. Edwards, por lo demás, adoptó una postura un tanto cínica porque creyó que Orwell “anteponía sus necesidades como escritor a su deber como soldado (…) y le llamé la atención de forma bastante clara hasta el punto de que en una ocasión después de un debate muy acalorado le dije que era un “maldito escribidor de medio pelo” sin experiencia alguna de las luchas de la clase obrera que no fuesen las de un periodista que se limitara a observarlas[22].

Harry Pollitt CPoGB archives
Harry Pollitt (foto: Communist Party of Great Britain Archives)

Inicialmente Orwell había escrito “si me alisté en su milicia [del POUM] y no en cualquier otra fue solo porque llegué a Barcelona con los papeles del PLI[23]. El que el POUM lo aceptara tuvo mucho que ver con su fama literaria aun cuando el libro lo presenta como si hubiera sido un voluntario anónimo. En la creencia de que necesitaría credenciales de un partido de izquierdas para ir a España Orwell pidió a John Strachey que lo presentara a Harry Pollitt, el secretario general del PCGB. Pollitt, “después de hacerme varias preguntas evidentemente decidió que yo no era de fiar políticamente y se negó a ayudarme[24]. Es probable que a Pollitt le sentara mal lo que pudo percibir en Orwell de esnobismo de un chico educado en Eton.

Así fue cómo Orwell se dirigió al PLI donde le dieron cartas de presentación para John McNair, el representante en Barcelona. Al principio, a McNair, un proletario de Tyneside Orwell le repelió un poco por su típico acento de Eton, como le había ocurrido a Pollitt. Sin embargo, las cartas de Fenner Brockway y H. N. Brailsford alertaron a McNair de que estaba hablando con el autor de Burmese Days y de Down and Out in Paris and London, que había leído y que le habían gustado mucho. Inmediatamente se dio cuenta del valor de Orwell en el plano de la propaganda y aceptó llevarlo rápidamente a la base de las milicias poumistas en el Cuartel Lenin de Barcelona[25]. El alistamiento de tan famoso autor se utilizó prontamente como medio para estimular el reclutamiento en el boletín del POUM en lengua inglesa, The Spanish Revolution[26].

En unas memorias escritas posteriormente y no publicadas McNair recordó que cuando le preguntó qué podía hacer por ayudarle, Orwell supuestamente replicó: “He venido a España para alistarme en las milicias y luchar contra el fascismo”. También afirmó que Orwell dijo que “le gustaría escribir sobre la situación y tratar de estimular la opinión de los trabajadores en Inglaterra y Francia”. McNair le sugirió que se instalase en su oficina y que visitara Madrid, Valencia y el frente aragonés en el que el POUM estaba estacionado “y que luego escribiera su libro”. Orwell respondió que escribir un libro “era algo muy secundario y que su principal motivo por haber ido a España era combatir contra el fascismo[27].

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Jennie Lee (foto: Elliott & Fry, National Portrait Gallery)

La diputada británica por el partido laborista, Jennie Lee, esposa de Aneurin Bevan, recordó en 1950: “en el primer año de la guerra civil española estaba sentada con unos amigos en un hotel en Barcelona cuando un hombre alto y delgado, de tez deslumbrante, se acercó a nuestra mesa. Me preguntó si era Jennie Lee y que si tal era el caso podía decirle dónde alistarse. También dijo que era escritor. Le habían dado un anticipo para un libro en [Victor] Gollancz y había llegado dispuesto a conducir un coche o a hacer cualquier cosa, preferiblemente combatir en primera línea. A mí me pareció algo sospechoso y le pregunté si traía papeles de Inglaterra. Por lo que vi, no traía. Tampoco había hablado con nadie y se había pagado él mismo el viaje. Me convenció cuando me hizo ver las botas que llevaba echadas al hombro. Sabía que le sería difícil encontrar botas de su tamaño pues era alto y medía más de 1,80. Se trataba de George Orwell con sus botas, listo para combatir en España.” El dinero que le adelantó Victor Gollancz era con toda probabilidad para su obra The Road to Wigan Pier y no para un libro sobre España[28]

Los mismos motivos que estuvieron detrás del rechazo de Pollitt y la inicial hostilidad de McNair contribuyeron a que Orwell no fuera demasiado popular entre sus camaradas de milicia británicos que eran muy conscientes del significado de “un acento de Eton claro como el cristal”. Hubiera podido ser diferente con los españoles, aunque Orwell recordó que algunos voluntarios le llamaron fascista al resistir sus esfuerzos por imponer disciplina. Su camarada Stafford Cottman lanzó la tesis de que Orwell adoptó un aire despectivo ante lo que consideraba como la ingenuidad política de otros voluntarios. Frank Frankford, procedente de los barrios proletarios del Este londinense, dijo que el “cabrón altanero” le desagradó nada más ponerle la vista encima. “En realidad no le gustaban los trabajadores (…) A mí lo que no me gustaba de él era su actitud en las discusiones, su actitud ante la clase obrera. Dos o tres de nosotros dijimos que no estaba con los suyos, que debería estar al otro lado (…) Pienso que quizá se viese a sí mismo como otro Bernard Shaw (…) Su socialismo no tenía profundidad alguna[29].

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Voluntarios del POUM (foto: Andy Durgan Andy Durgan, With the POUM International volunteers on the Aragon Front (1936-1937), Ebre 38, 2018 )

En realidad, Orwell escribió que, cuando se dispuso a salir de Barcelona el 25 de abril, “localicé a un amigo comunista vinculado al Socorro Rojo español y le expliqué mi caso. Pareció muy interesado en reclutarme y me pidió que, de ser posible, tratara de persuadir a algún otro inglés del PLI de que siguiera mi ejemplo[30]. El amigo era Hugh O´Donnell, el hombre del PCGB encargado de vigilar al POUM. Después de discutir el tema ante todo con McNair dos días después Orwell se acercó a un comunista de grado más elevado en Barcelona, Wally Tapsell, a quien se le habían dado instrucciones para que siguiera de cerca a los miembros del PLI. Tapsell envió a Harry Pollitt un informe sobre la gente vinculada al POUM en el que también describió su encuentro con Orwell y los motivos de este para alistarse en las Brigadas Internacionales: “La persona más distinguida y más respetada en el contingente es, en estos momentos, Eric Blair. Se trata de un novelista y ha escrito algunos libros sobre la vida de los proletarios ingleses. Tiene escasa comprensión de los temas políticos y “no está interesada en la política de partidos. Vino a España como anti-fascista para combatir al fascismo”. Sin embargo, como consecuencia de sus experiencias ha terminado no gustándole el POUM y está tratando de que le den de baja en la milicia del mismo[31].

No tardaría mucho Orwell en cambiar de opinión acerca de alistarse en las Brigadas Internacionales tras lo que vio en Barcelona durante los sucesos de mayo de 1937. Lo que no vio es que la República española no solo combatía contra Franco y sus fuerzas armadas sino también contra la potencia militar y económica de Mussolini y Hitler en un contexto de hostilidad franco-británica. Cercada desde el exterior, la República debía afrontar también enormes problemas internos, desconocidos en la zona que Franco había brutalizado militarmente. El colapso del estado burgués en los primeros días de la guerra discurrió al mismo tiempo que la rápida erupción de órganos revolucionarios de un poder paralelo. Hubo una colectivización masiva y popular de la agricultura y de la industria. Aunque llenó de entusiasmo a participantes y observadores como George Orwell los grandes experimentos de las colectivizaciones del otoño de 1936 no contribuyeron en mucho a la creación de una máquina de guerra. Dirigentes socialistas tales como Indalecio Prieto y Juan Negrín estaban convencidos de que un estado de corte convencional, con un control centralizado de la economía y de los instrumentos institucionales necesarios para movilizar a las masas, era algo esencial para generar y sostener un esfuerzo bélico eficaz. Los comunistas y los asesores soviéticos estaban de acuerdo con ello. No solo se trataba de un enfoque de mero sentido común, sino que la reducción de las actividades revolucionarias de los anarquistas y del anti-estalinista POUM era una necesidad para tranquilizar a las democracias burguesas con las cuales tanto la Unión Soviética como el gobierno republicano español buscaban un entendimiento.  Los hechos de mayo que presenció Orwell los provocó la necesidad de eliminar los obstáculos que impedían una conducción eficiente de la guerra. A pesar de la incorporación de las milicias proletarias a las fuerzas del Ejército regular y de desmantelar las colectivizaciones, el gobierno de Negrín no pudo alcanzar la victoria, no porque la política estaba equivocada sino porque las fuerzas exteriores mantuvieron su cerco a la República.

Así, pues, en el Homenaje a Cataluña y en su versión cinematógrafica de Tierra y Libertad, de Ken Loach, un episodio secundario arrincona los grandes problemas de la guerra y presenta, al hacerlo, una explicación totalmente perversa de las razones que explican la derrota republicana. Con una República abandonada por las potencias occidentales y atacada por Franco, Hitler y Mussolini solo la Unión Soviética se decidió a ayudarla. Naturalmente, Stalin no obró así por idealismo o sentimentalismo. Mas bien porque, amenazada por una Alemania expansionista, confiaba, al igual que sus predecesores zaristas, en poder limitar el riesgo por medio de una alianza con Francia que cercara a su vez a Hitler. Temía, con razón, que si Franco ganaba la guerra con la ayuda de Hitler, Francia se derrumbaría. En consecuencia, se dispuso a otorgar la suficiente ayuda a la República para mantenerla con vida a la vez que evitaba que los elementos revolucionarios en España justificaran a los decidores conservadores en Londres en proseguir su apaciguamiento del Eje en el marco de una cruzada anti-bolchevique. Sin armas soviéticas y sin las Brigadas Internacionales Madrid probablemente habría caído en noviembre de 1936 y Franco hubiese ganado la guerra meses antes de que los anarquistas y los trotskistas de Barcelona se convirtieran en un problema.

El razonamiento que subyace tanto al libro como a la película es que fue la represión estalinista la que llevó a Franco a la victoria. Sin embargo, el mismo Orwell la trituró por completo en su ensayo de 1942 titulado Looking Back on the Spanish War: “El odio que la República española suscitaba en los millonarios, los duques, los cardenales, los playboys, los reaccionarios meapilas y demás ralea bastaría para entender la situación. Aquella fue, en lo esencial, una guerra de clases.  De haberse ganado, la causa del pueblo en todo el mundo se habría fortalecido de manera decisiva. Se perdió, y los que viven de sus dividendos en el mundo entero pudieron frotarse las manos y celebrarlo. Esta fue la cuestión de fondo, y todo lo demás, espuma en su superficie (…) El resultado de la guerra civil española se decidió en Londres, París, Roma, Berlín… En todo caso, no se decidió en España. Después del verano de 1937, quienes tenían ojos en la cara se dieron cuenta de que el gobierno no podría ganar la guerra a menos que se produjera un cambio muy profundo en el panorama internacional (…) La tesis trotskista de que se habría podido ganar la guerra si la revolución no hubiera sido víctima de un sabotaje es, probablemente, un desacierto y una falsedad. Nacionalizar las fábricas, derruir las iglesias, lanzar manifiestos revolucionarios no habría dado más eficacia a los ejércitos. Los fascistas ganaron la guerra porque eran más fuertes. Disponían de armamento moderno que el otro bando no poseía. No hay estrategia política que pueda paliar tal deficiencia[32]

Es evidente que, incluso antes de su ensayo de 1942 y a decir verdad allá por el tiempo en que su libro se publicó, Orwell ya había modificado sustancialmente las opiniones que en él había expresado. Cuando falleció en enero de 1950 la tirada inicial de 1.500 ejemplares todavía no se había agotado. Según Peter Davison, el meticuloso editor de sus papeles, Orwell había esperado que pudiera haber una segunda edición revisada. El primer paso que dio para corregir su texto tuvo lugar en el verano de 1938 en su correspondencia con Yvonne Davet, la traductora de la edición francesa que no se publicó, con las correcciones, hasta 1955.

Tal y como explica Davison antes de su fallecimiento Orwell “dejó notas para su albacea literario indicando lo que quería cambiar” y también envió un ejemplar anotado del libro a Roger Senhouse, director en la editorial Secker & Warburg. “Desgraciadamente Senhouse hizo caso omiso de la petición de Orwell y la edición uniforme simplemente reprodujo el texto de 1938 (con algunos errores adicionales). El más obvio de todos ellos fue la separación de los capítulos V y XI del cuerpo del libro y su reubicación en forma de apéndices al final del mismo, donde Orwell consideraba que era más adecuado insertar la discusión histórica y política de lo que por otra parte no era sino una narración personal de sus propias experiencias”.

Estas modificaciones no aparecieron hasta la edición preparada por Davison en 1986. Los cambios efectuados en línea con las notas de Orwell -la reubicación de los dos capítulos y la corrección de algunos pequeños errores fácticos tales como la confusión entre la Guardia Civil pro-franquista y los guardias de Asalto- hicieron poco para acompasar el texto a las opiniones expresadas en muchas cartas y artículos que escribió después de terminar la obra. La impresión que subsiste es que el Orwell ferozmente anticomunista de la guerra civil se contentó con dejar Homenaje a Cataluña más o menos como estaba a pesar de saber perfectamente que su interpretación en la obra erraba considerablemente respecto a la postura de la República española[33].

Hay que decir en honor de Orwell que en su ensayo Looking Back on the Spanish Civil War llegó a una conclusión que refleja sus conversaciones en Londres con el Dr. Negrín. En 1937 su interpretación estaba basada en la ignorancia. Un ejemplo que ilustra esto se encuentra en sus numerosas referencias en Homenaje a Cataluña a Lérida, “principal plaza fuerte del POUM[34], en donde fue hospitalizado tras ser herido y la ciudad en que, mientras esperaba a que le dieran su documentación de baja, pasó algún tiempo prácticamente como turista.

Lo que Orwell no mencionó es que Lérida sufrió terribles atrocidades a manos tanto del POUM local como de las columnas anarquistas de Barcelona. El terror fuera de control fue la norma durante un breve período en el que docenas de paisanos, oficiales del Ejército, guardias civiles, curas y novicios fueron fusilados. Cuando las columnas anarquistas pasaron por la provincia de Lérida camino de Aragón en los primeros meses de la guerra ejecutaron a todo quién consideraron fascista, entre los que contaron a toda persona del clero o católicos practicantes, propietarios agrarios y comerciantes. El terrorismo individual en Lérida derivó en terrorismo colectiva cuando el POUM cooperó con la CNT y la UGT en crear un Comité de Salud Pública que hizo bastante poco en lo que se refiere a impedir ya fuese la quema de la mayor parte de las iglesias de la ciudad o una oleada de asesinatos. El comisario del POUM de orden pública, Josep Rodés Bley, colaboró con los faistas a la hora de lanzar una racha de actos de puro vandalismo en la ciudad. A finales de octubre de 1936 más de doscientas cincuenta personas habían sido asesinadas[35]. En otros lugares en la provincia la toma del poder por parte del POUM condujo a que muchas cosechas se pudrieran y que las fábricas se abandonaran. Todos aquellos que clamaban porque la economía debía organizarse fueron denunciados como reaccionarios. El comité del POUM parecía preocuparse más de pegarse la buena vida en los hogares requisados a los ricos[36].

 

Traducción de Ángel Viñas

 

FUENTE

[1] George Orwell, Homenaje a Cataluña (Barcelona: Debate, impresión de mayo de 2017, traducción de Miguel Temprano García). Las referencias de este artículo se hacen por la anterior edición.

[2] Homenaje, pp. 42, 45.

[3] Josep Pané, “George Orwell, soldat de Rovira” en Josep Coll & Josep Pané, Josep Rovira. Una vida al servei de Catalunya i del socialismo (Barcelona: Ariel, 1978), p. 129.

[4] Homenaje, pp. 81s.

[5] Homenaje, p. 34. Bill Alexander, “George Orwell and Spain” en Christopher Norris (ed.), Inside the Myth. Orwell. Views from the Left (Londres: Lawrence and Wishart, 1984), pp. 95-98.

[6] Herbert L. Matthews, A World in Revolution. A Newspaperman´s Memoir (Nueva York: Charles Scribner´s Sons, 1971), pp. 43s.

[7] Raymond Carr, “Orwell and the Spanish Civil War”, en Miriam Gross, The World of George Orwell (Londres: Weidenfeld  Nicolson, 1971), p. 70.

[8] Robert Stradling, “The Spies Who Loved Them: the Blairs in Barcelona, 1937”, Intelligence and National Security, vol. 25, nº 5, octubre de 2010, p. 639.

[9] George Orwell, “Inside the Whale”, en The Collected Essays, Journalism and Letters of George Orwell, volumen I. An Age Like This 1920-1940 (Londres: Secker & Warburg, 1968), p. 501. Este párrafo que corresponde a la nota 9 del ensayo original no figura en su traducción “En el vientre de la ballena”, en George Orwell, El león y el unicornio y otros ensayos (Madrid: Turner y Fondo de Cultura Económica, 2006).

[10] Noam Chomsky, American Power and the New Mandarins (Londres: Chatto & Windus, 1969), pp., 85s, 118s (hay traducción española); Robert A. Stradling, History and Legend. Writting the International Brigades (Cardiff: University of Wales Press, 2003), pp. 49s.

[11] David Cesarani, Arthur Koestler. The Homeless Mind (Nueva York: The Free Press, 1998), pp. 250-256.

[12] Robert A. Stradling, “Orwell and the Spanish Civil War. A Historical Critique”, en Christopher Norris (ed.), Inside the Myth. Orwell. Views from the Left (Londres: Lawrence & Wishart, 1984), pp. 108s.

[13] Homenaje, p. 206.

[14] Michael Shelden, Orwell. The Authorised Biography (Londres: Heinemann, 1991), p. 280; John McNair, Spanish Diary, editado con un comentario por Don Bateman (Manchester: Greater Manchester ILP, n.f.), p. 14. El tema de la competencia lingüística de Orwell lo aborda Stradling, “Orwell and the Spanish Civil War”, pp. 107s; Homenaje, pp. 37 y 160.

*En las traducciones al castellano de Homenaje los traductores o editores han evitado el término original y lo han sustituido por el de Generalitat o Generalidad.

[15] Homenaje, pp. 259 y 262.

[16] Homenaje, pp. 154-156.

[17] George Orwell, “Caesarian Section in Spain”, The Highway, marzo de 1939. En tal revista se afirma que el artículo fue escrito antes de la caída de Cataluña. Reimpreso en Peter Davison, The Complete Works of George Orwell, volumen XI, Facing Unpleasant Facts 1937-1939 (Londres: Secker & Warburg, 1998), pp. 332-335.

[18] Matthews a Negrín, 22 de agosto de 1952, Fondo Documental del Archivo de la Fundación Juan Negrín (FJN), carpeta 93-41ª, nº 320. Véase también el prólogo de Ángel Viñas a Antonio Ramos Oliveira, Controversia sobre España. Tres ensayos sobre la guerra civil (Sevilla: Editorial Renacimiento, 2015), pp. 7-17.

[19] Negrín a Matthews, 5 de septiembre de 1953. Fondo documental del Archivo de la Fundación Juan Negrín (FJN), carpeta 93-41ª, nº 270. Matthews hizo un comentario sobre esta carta tanto en A World in Revolution, pp. 43-45, como en Half of Spain Died. A Reappraisal of the Spanish Civil War (Nueva York: Charles Scribner´s Sons, 1973), p. 231.

[20] Reproducida en Davison, Facing Unpleasant Facts, pp. 254-256.

[21] Homenaje, pp. 231 y 235. Véase también una carta a su mujer del 5 de abril de 1937 y otra de esta última a su hermano del 1º de mayo de 1937. Facing Unpleasant Facts, pp. 15s y 23.

[22] Bob Edwards, Introducción, George Orwell, Homage to Catalonia (Londres: Folio Society, 1970), p. 8.

[23]    p. 210.

[24]  Orwell, “Notes on the Spanish Militias”, Facing, pp. 135-145.

[25] Bernard Crick, George Orwell. A Life (Londres: Secker &Warburg, 1980), pp. 208-210; Shelden, Orwell, pp. 274-279; McNair, Spanish Diary, pp. 13-15; Richard Baxell, Unlikely Warriors. The British in the Spanish Civil War and the Struggle Against Fascism (Londres: Aurum Press, 2012), pp. 183-185.

[26] “British author with the Militia”, The Spanish Revolution, vol. II, nº. 2, 3 de febrero de 1937, p. 2.

27 John McNair, Manuscrito, ‘George Orwell: The Man I Knew’, fechado en marzo de 1965, Newcastle upon Tyne University Library, citado por Crick, George Orwell, pp. 317-18.

28 Jennie Lee a Margaret M. Goalby, 23 June 1950: ‘Orwell’s Arrival in Barcelona’, reimpreso en Davison, Facing Unpleasant Facts, p. 5.

[29] Baxell, Unlikely Warriors, p. 187. Orwell replicó a las críticas de Frankford con respecto al POUM. Véase Davison, Facing Unpleasant Facts, pp. 82-85.

[30] Homenaje, p. 121.

[31] Baxell, Unlikely Warriors, p. 188; Bill Alexander, “George Orwell and Spain”, Norris, Inside the Myth, pp. 92s.

[32] Escrito en 1941 y publicado por primera vez en forma recortada en New Road, junio de 1943. Davison, Orwell in Spain, pp. 343-364. La historia de la publicación se encuentra en las páginas 343s. La traducción, debida a Miguel Martínez-Laje, se ha tomado de la versión castellana Recuerdos de la guerra civil española, en George Orwell, Matar a un elefante y otros ensayos (Madrid: Turner y Fondo de Cultura Económica, 2006). Las citas se hallan en las páginas 182s.

[33] Facing Unpleasant Facts, pp. 133-135; Davison, Orwell in Spain, pp. 28-30; la edición revisada de Davison aparece en Orwell in Spain, pp. 31-215.

[34] Homenaje, p. 249.

[35] Frederic Escofet, Al servei de Catalunya i de la República, dos volúmenes (París: Edicions Catalanes, 1973), II, p. 376; Jaume Barrull Pelegrí, Violència popular i justicia revolucionària. El Tribunal Popular de Lleída  (1936-1937) (Lleída: Edicions de l´Universitat de Lleída, 1995), pp. 19-33; Jaume Barrull Pelegrí & Conxita Mir Cucó, Violència política i ruptura social a Espanya 1936-1939 (Lleída: Edicions de l´Universitat de Lleída, 1994), pp. 67-79; Solé & Villarroya, La repressió a la reraguarda, I, pp. 87s, pp. 467-484; Montero Moreno, Historia de la persecución religiosa, pp. 369-373; Joan Pons Garlandí, Un republicà enmig de Faistes (Barcelona: Edicions 62, 2008) pp. 80-83; Francesc Viadiu i Vendrell, Delegat d´Ordre Públic a ´Lleída la roja´ (Barcelona: Rafel Dalmau, 1979), pp. 29-40 y 83-98.

[36] Tomàs Pàmies & Teresa Pàmies, Testament a Praga (Barcelona: Edicions Destino, 1971), pp. 128-131, 135-139; Sole & Villarroya, La repressió a la reraguarda, II, pp. 447-449.

Fuente: Historia Nova, nº 16 (2018)

 

 

La CIA en España, ayer y hoy: la muerte de Carrero Blanco


 FUENTE https://conversacionsobrehistoria.info/2020/12/27/la-cia-en-espana-ayer-y-hoy-la-muerte-de-carrero-blanco/

¿Tuvo algo que ver la CIA en la muerte de Carrero Blanco? ¿Autorizó Nixon aquella operación? ¿Conocía la Central de Inteligencia los preparativos del 23-F? ¿Qué se trae ahora entre manos? Con la CIA nunca faltan los interrogantes.

 

Manuel de la Iglesia-Caruncho *

 

La CIA en España, ayer y hoy.

Que para EE UU, y por tanto para la CIA, todo lo que ocurriera en España en la década de los 70 era de crucial importancia, está fuera de duda. El territorio español resultaba estratégico por partida doble: como puerta del Mediterráneo, donde opera la VI flota de EE UU; y como lugar a medio camino entre EE UU y el siempre complicado Oriente Medio, rebosante de petróleo. Un territorio además, desde donde, en caso necesario, los misiles atómicos que portan los submarinos anclados en Rota, o los bombarderos alojados en el interior de la Península, podrían alcanzar la URSS con gran rapidez.

Franco, con quien Eisenhower había firmado en fecha tan temprana como 1953 los tratados de amistad y cooperación que permitían a EE UU disponer de las bases de Morón, Torrejón de Ardoz, Zaragoza y Rota, se hallaba en los años 70 en el ocaso de su vida. Y para EE UU, una “transición ordenada”, que garantizase las bases en España, era esencial. En sus líneas gruesas, la transición estaba garantizada con el nombramiento de Juan Carlos de Borbón como sucesor, con la legitimidad que le otorgaría la línea dinástica ante los sectores monárquicos de la sociedad española; pero quedaban flecos por resolver. En la década de los 70, dos personajes del régimen causaron quebraderos de cabeza a EE UU: Carrero Blanco, nombrado presidente del Gobierno por Franco en 1973, y Adolfo Suárez, nombrado presidente por Juan Carlos en 1976. Eran años en los que la CIA mantenía estrechos contactos con militares, políticos, diplomáticos, periodistas… y, estrechísimos, con los servicios de inteligencia españoles. Alfredo Grimaldos bien lo describe en su obra: La CIA en España. Y eran años también en los que el “Imperio” no iba a consentir ninguna tontería.

¿Estuvo la CIA detrás del magnicidio?

Carrero Blanco, un “duro” del franquismo, podía poner muchos palos en las ruedas que debían llevar desde la dictadura hasta el sistema democrático “moderado” planeado por EE UU para España. Había expresado además su deseo de exigir más contrapartidas a cambio de mantener las bases en España en la renegociación de los tratados que se avecinaba. Ahora bien, ¿tanto molestaba Carrero a EE UU como para decidir su desaparición física? ¿Acaso no garantizaba, a la muerte de Franco, la continuidad en España de un anticomunismo “duro” y la de las bases militares?

Imaginemos por un momento que la CIA promovió el atentado. Uno de sus principios rectores, tal vez el primero, establece que las “operaciones encubiertas” deben planearse y ejecutarse de modo tal que el gobierno estadounidense no resulte involucrado. El nombre de la CIA no podía aparecer en un atentado así de ninguna manera. Se necesitaba una mano ejecutora, y… ¿cuál mejor que ETA? Aparece entonces un personaje en escena del que nada se sabe, pero que entrega a ETA información sobre los movimientos rutinarios de Carrero: todos los días acude a misa a la misma hora y se dirige por la calle Claudio Coello, también a la misma hora, a su despacho. A ETA le sale un atentado perfecto y Carrero vuela por los aires.

Esta hipótesis, que la CIA puso en el radar de ETA a Carrero, la defendieron aquellos periodistas que más investigaron el asunto, como Manuel Cerdán (Matar a Carrero: la conspiración) o Enrique Barrueco (“La CIA sabía que iban a matar a Carrero”, en Interviú 28-3-1984). A ella se suma también Alfredo Grimaldos en la obra citada. Pero, ¡lo siento!, a mí no me convence del todo. Que Washington se arriesgara a introducir un elemento de tanta inestabilidad como un magnicidio en un país que iba a experimentar a corto plazo cambios trascendentales en su sistema político parece difícil. ¡Cómo si no tuvieran los norteamericanos otras formas de presión menos arriesgadas! Pero, ¿y si la CIA hubiera actuado por su cuenta?

Profundicemos en el modus operandi de la CIA de la mano de Tim Weiner, autor de Legado de Cenizas, una obra que se apoyó en la consulta de miles de documentos y en cientos de entrevistas. Si algo deja claro el libro a lo largo de sus más de setecientas páginas es que en la CIA no se movía nada importante sin la autorización del presidente de los EE UU. Ahora bien, las “operaciones encubiertas” sí podían ser desconocidas para otras autoridades, incluso para el Secretario de Estado o los jefes del Pentágono, y de ahí la sensación de que a veces actuase por su cuenta.

 

 

Por ejemplo: la orden de matar a Fidel Castro, en la que tanto empeño puso la CIA, fue dada personalmente por los Kennedy, especialmente por Robert, a quien John había confiado el control de la Agencia, y son numerosas las pruebas que recoge Weiner al respecto. Por otro lado, Nixon y Kissinger dirigían las operaciones clandestinas de la CIA en los 70 “sin que nada escapase a su control”. Pero vean esto: cuando Nixon ordena al director de la CIA que organice el golpe contra Allende, no se informa ni al Secretario de Estado, ni al de Defensa, ni tampoco al Embajador de EE  UU en Chile. Había comenzado ya el acoso político, económico, mediático y diplomático contra Allende cuando el embajador Korry se da cuenta de que la base de la CIA en Santiago iba mucho más lejos. Cablegrafía entonces a Kissinger con su opinión contraria al golpe y la respuesta fue: “Deje de entrometerse”.

En suma, no parece plausible que la CIA tuviera algo que ver en el atentado contra Carrero sin el visto bueno de Nixon y Kissinger, y sería muy extraño que estos dirigentes “anticomunistas duros” dieran tal orden.

Adolfo Suárez y el 23-F

Un caso diferente es el de Adolfo Suárez, quien visitó Cuba y concedió créditos al Gobierno de Fidel Castro, y visitó Argelia y mantuvo cierta equidistancia entre el gobierno argelino y el de Marruecos -un aliado estratégico de los EE UU-. Pero lo peor es que no era partidario de entrar en la OTAN. Demasiado para Estados Unidos. Así que, ni los norteamericanos, ni el sector más ultra del ejército español simpatizaban con Suárez. Las presiones para que dimitiese, como hizo, debieron ser insoportables.

Mientras se dilucidaba su dimisión, se había puesto en marcha el golpe de Tejero. Si triunfaba, se conformaría un gobierno “duro” pero que guardaría las formas institucionales: sería elegido por el Parlamento, presidido por el general Armada, tal vez con algunos ministros socialistas… y, por supuesto, con la continuidad de Juan Carlos. Si salía mal, serviría de toque de atención para que nadie se atreviese a ir demasiado lejos en la política española. Salió mal -Tejero, quien quería regresar al franquismo, no se entendió con Armada- pero se cumplió lo último: el Gobierno de Calvo Sotelo, quien sustituyó a Suárez, entró en la OTAN y cerró filas con Marruecos. La CIA supo de los preparativos del golpe, posiblemente lo alentó y seguramente expresó a los golpistas que no sería mal visto por EE UU. No tenía nada que perder. 

La España de 1948, vista por la CIA (Comentarios a un informe desclasificado)

 FUENTE https://conversacionsobrehistoria.info/2024/03/18/la-espana-de-1948-vista-por-la-cia-comentarios-a-un-informe-desclasificado

Luis Castro Berrojo

 

“España es de interés estratégico para la seguridad de Estados Unidos debido a su posición geográfica, que la convierte en una base potencial para operaciones en el área del Mediterráneo occidental, y de interés político por la actual resistencia del pueblo español a la penetración comunista”. Así empieza el largo informe de la CIA sobre España que vamos a comentar[1]. Para ser un documento interno, el comienzo no puede ser más contundente. Ni más performativo: respondiendo a ese interés estratégico, en septiembre de 1949 atracaron los primeros barcos norteamericanos en El Ferrol y su comandante, el almirante Richard L. Conolly, rindió visita a Franco en el Pazo de Meirás; en 1950 Truman, hasta entonces adverso a Franco, reconoce oficialmente a su gobierno y en julio de 1952 el almirante Forrest P. Sherman repite la visita al “Caudillo” para acordar las negociaciones previas a los pactos bilaterales de 1953.

Mientras tanto, menudean las visitas oficiales a España de congresistas y, con parsimonia,  —pues los inversores no se fían de su solvencia ni los políticos de la estabilidad del régimen—, EE.UU. ensaya la apertura comercial y otorga ayudas económicas a España. No es ajena a esta dinámica la actividad del lobby español en EE.UU., animado por el “inspector de embajadores” José Félix de Lequerica, con el director de la CIA, Roscoe Hillenkoetter y los senadores Arthur Vandenberg, James E. Murphy, Joseph McCarthy y  Patrick McCarran, que recibió una condecoración en la embajada “por su excepcional devoción a España”[2]. Todos ellos compartían la admiración hacia Franco, el antisemitismo y un fuerte anticomunismo, rasgo característico de una Guerra fría entonces incipiente[3]. Y todos ellos trataron de influir en la opinión pública, los congresistas opuestos a Franco y el propio presidente para que, como dice Ángel Viñas, “no se le apretaran demasiado las tuercas a Franco” y se viera la conveniencia de enviarle ayuda sin condicionamientos.


El informe de la CIA es muy completo, abarca la situación política y económica de España, la oposición al régimen, las relaciones exteriores, el ejército y “los probables desarrollos políticos futuros que afectarán a la seguridad de EE.UU.” (seis secciones en total), todo ello con abundante material estadístico y gráfico. Es el documento más extenso de los muchos que elabora la Agencia entre 1947 —momento de su creación— y 1950, y que hoy se hallan prácticamente desclasificados[4]. En conjunto, ofrecen una visión muy detallada y relativamente objetiva de la España de la época.

Tal acopio de información muestra el gran interés del gobierno de EE.UU. hacia España y, en el caso del informe que nos ocupa, viene a ser como el largo alegato de un abogado defensor que motiva exhaustivamente su juicio: es necesario acercarse a Franco y apuntalar su régimen económica, militar y políticamente en interés de la seguridad de EE.UU. y de la defensa común atlantista ante la supuesta amenaza de la URSS y del comunismo. La política de sanciones impulsada hasta entonces se ha revelado contraproducente: aparentemente solo sirve para fortalecer al régimen. Y es necesario tomar la iniciativa cuanto antes, pues la delicada situación económica de España, en términos de hambre, miseria y desigualdad generalizadas, unida al aislamiento exterior (salvo la Argentina de Perón), podría llevar a la desestabilización del régimen, lo cual daría más campo de acción al comunismo y descartaría otras opciones políticas más aceptables para EE.UU. La situación militar no es menos penosa: a pesar de disponer de más de 500.000 uniformados, a los que se pueden sumar casi 90.000 guardias civiles y policías nacionales (que se llevan, en conjunto casi la mitad del presupuesto estatal), el Ejército español, con escaso y obsoleto armamento, sería incapaz de resistir el ataque de otro “moderno y bien equipado” y de defender sus fronteras y sus costas.

En este sentido, otro informe de la CIA expresa el desiderátum de un futuro en el que el régimen de Franco ha sido eliminado y en el que “la representación comunista en el régimen que le suceda sea limitada o inexistente”, mientras que la URSS preferiría, según el mismo informe, “la permanencia de Franco y el aislamiento permanente de España respecto de cualquier fuente de ayuda exterior, hasta que las condiciones internas estén maduras para la revolución”[5]. Conviene retener ese concepto de un régimen sin comunistas en España, pues será la opción que mantendrá EE.UU. hasta la transición,  con valedores tan ilustres como Henry Kissinger, Fraga o Areilza. Una propuesta que también condicionará la dinámica de los grupos antifranquistas -en el exilio.

La iniciativa en el cambio de actitud de los países occidentales, se añade, debe partir de EE.UU. Aunque hubiera sido deseable un planteamiento conjunto con los países de Europa occidental, incluso añadiendo a España en el Plan de recuperación europea (Plan Marshall), la aversión de los gobiernos y de la opinión pública europea hacia el régimen de Franco lo hace inviable. Pero, por otro lado, la integración de Europa occidental se considera “incompleta e inadecuada sin España”, de modo que EE.UU. deberá articular un plan de ayuda económica y militar bilateral, como ya estaba haciendo en Grecia, Turquía y otros países fuera de Europa. Por lo demás, el régimen de Franco también prefiere la opción bilateral para no tener que depender del entendimiento con regímenes más o menos hostiles. En este caso se trataba de la ayuda económica, pero se mantendrá una actitud parecida cuando se aborde el acoplamiento de España en el esquema militar atlantista.

Primera página del mensaje del presidente Truman al Congreso el 12 de marzo de 1947 recomendando asistencia a los gobiernos de Grecia y Turquía, considerado como la primera formulación de la doctrina Truman (Wikimedia Commons)

Por lo demás, conviene recordar que por esos años el panorama internacional se venía tensionando progresivamente, de modo que las buenas relaciones de EE.UU. e Inglaterra con el antiguo aliado, la URSS, duraron muy poco y algunos líderes occidentales empezaron a decir que la guerra no había terminado, aunque ahora cambiaran los enemigos. Con preocupación se veía desde EEUU. e Inglaterra el incipiente proceso de descolonización, que afectaba gravemente a esta última, así como a Francia, Bélgica y Países Bajos; la primera guerra árabe-israelí, subsiguiente a la creación del estado hebreo en 1947; el control progresivo de Stalin sobre los países del Este (aunque fuera un aspecto negociado en Yalta) y la primera crisis de Berlín. Pero quizá lo más impactante debió de ser la “pérdida de China” y la Guerra de Corea, que obligaron por primera vez tras la II Guerra mundial a desplazar hombres y ayuda militar masiva al lejano Oriente[6]. Sin olvidar que la explosión de la primera bomba atómica de la URSS en 1949 revalidaba una proliferación nuclear iniciada en el momento en que EE.UU. malogró en NN.UU. la propuesta de negociaciones para impedirla.

Como los ideólogos de la Restauración veían la hidra de la Revolución francesa extenderse por toda Europa, ahora se temía la “amenaza roja” (red scare) en todo el mundo, incluso en Europa occidental. Hasta mayo de 1947 hubo ministros comunistas en Francia, Italia, Bélgica, Finlandia e Islandia y la influencia y popularidad de los PP.CC. era muy fuerte en los sindicatos, parte de la opinión pública y la intelectualidad. En esta situación uno de los primeros informes de la CIA, de 1947, señalaba que “el mayor peligro para la seguridad de Estados Unidos reside en la posibilidad de un derrumbamiento económico en Europa occidental y la consiguiente llegada al poder de elementos comunistas”[7]. De donde sale la formulación de la ayuda a gran escala para la reconstrucción de Europa, una idea articulada por secretario de Estado Marshall y de su asesor George F. Kennan.

En ese contexto, las estrellas del escenario mundial se iban alineando favorables hacia Franco. Pues ¿acaso no había sido él uno de los primeros en alertar del peligro comunista y en combatirlo a muerte en su propia casa y en las heladas estepas de Rusia? Así pues, la postura de la CIA hacia Franco no era sino síntoma de un estado de opinión que iba medrando entre muchos altos mandos militares, congresistas y asesores del gobierno norteamericano. En 1947 Kennan había dicho que la recién formulada “doctrina Truman” —de la que él mismo era principal autor intelectual, aunque luego mostró discrepancias con su aplicación— implicaba una nueva perspectiva más favorable hacia la España de Franco[8]. Pero antes que él, ya en 1945, el Pentágono y el Estado Mayor Conjunto habían señalado el interés estratégico de la Península y en ubicar al menos tres bases militares en España. Unos y otros siguieron presionando al Departamento de Estado y al presidente, que acabaron cediendo. “A mí Franco —le dijo Truman al almirante Sherman, Jefe de la VI Flota, a quien poco después envió a negociar con Franco— no me gusta y nunca me gustará, pero no permitiré que mis sentimientos personales invaliden las convicciones de ustedes, los militares”[9]. Un cambio de opinión semejante mostró Dean Acheson, secretario de Estado desde 1949. Y el encargado de EE.UU. en España, Paul T. Culbertson, que en principio aconsejaba a su gobierno “un esfuerzo por la cooperación, en vez de por el antagonismo” y “considerar la ayuda directa” a Franco, pero condicionada a la disposición a hacer reformas, luego debió aceptar que la ayuda se desligara de cualquier consideración política[10]. Y, como en la Restauración, también la iglesia bendecía esta deriva, en este caso por medio del cardenal Spellman y con la venia del Santo Padre Pío XII. Se recordaba que la victoria de Franco en la Guerra civil había sido, entre otras cosas, un valladar ante el avance general de la secularización y la apostasía.

Todos eran muy conscientes del carácter rígido y dictatorial del régimen y de las muy escasas ganas de Franco por hacer reformas que no fueran de fachada, como la creación de las Cortes, la definición de España como reino (sin rey) o las elecciones municipales según los cánones de la “democracia orgánica”. Como le dice Culbertson a Martín Artajo, ministro de Asuntos exteriores en 1947,: “… España [es un] estado policial, donde hay represión política y donde casi todo es considerado un crimen contra el Estado y, por tanto, sujeto a juicio en consejo de guerra, cosas que son incomprensibles para la opinión pública norteamericana…”[11]. Precisamente por eso habían sido los propios EE.UU. los que, pocos años antes, habían propuesto a la Asamblea General de la ONU la exclusión “del gobierno fascista del general Franco (…), impuesto por la fuerza al pueblo español con la ayuda del Eje”[12]. Oscar Lange, el representante de Polonia en NN.UU., denunciaba incluso que Franco amparaba a militares y científicos nazis, con los que supuestamente trataba de llevar adelante investigaciones atómicas[13].

Pero los intereses estratégicos de EE.UU., el anticomunismo visceral imperante y la dinámica expansiva del gran capital norteamericano pronto dejaron de lado el afán de propagación ecuménica de la democracia para colaborar o apoyar a “sons of a bitch” como los Somoza, Trujillo o Franco cuando ello les convenía. Y no por casualidad se firmaron con pocas semanas de diferencia el acuerdo bilateral España-EE.UU. y el nuevo concordato con el Vativano.

Los acuerdos bilaterales España-EE.UU. fueron una pieza más de un esquema político global encaminado a asegurar la hegemonía norteamericana mediante la “contención” (roll back) de la influencia de la URSS y de los partidos comunistas tanto en el plano internacional como en el interior de los países capitalistas y en lo que pronto se iba a llamar “Tercer Mundo”. Pues para los EE.UU., como para Franco, el campo semántico de “comunismo” va más allá de la URSS y de los partidos de ese nombre, englobando a los sindicatos de clase, los nacionalismos populares, como el de Lumumba en el Congo, Nasser en Egipto o Mosaddeq en Irán, así como cualquier otro movimiento político que pusiera en peligro los intereses de EE.UU. y de sus aliados.

En el plano militar, la política de contención debe relacionarse con la articulación de Tratados de defensa regionales (OTAN, CENTO, Pacto de Bagdad), tratados o acuerdos bilaterales[15] (Taiwán, Japón, Corea, Filipinas, España, etc.), y la proliferación de bases militares por todo el mundo. La funcionalidad del Mando aéreo estratégico (SAC), creado en 1947, con bombarderos dotados de armamento atómico, así como la de la poderosa flota de submarinos y portaaviones, pronto dotados también de propulsión y munición atómica, lo exigía. La doctrina Truman también tenía sus flancos económicos (como el Plan Marshall, germen del proceso de unificación europea, o el Plan de cuatro puntos, destinado a países de África, Asia o Latinoamérica); de espionaje y acciones encubiertas de la CIA, sin descartar asesinatos como los de Patricio Lumumba o Mohammad Mosaddeq (directiva presidencial NSC 10/2, inspirada también por Kennan); y de política cultural y propaganda encaminada a difundir los valores, ideas y gustos estéticos del llamado “mundo libre”, así como la utopía de los “átomos para la paz”[16].

El informe de la CIA que comentamos incluye dos notas que expresan la “discrepancia” del Departamento de Estado y de la Inteligencia del Ejército de Tierra respecto de las estimaciones de la Agencia. Si bien se comparte con ella la valoración estratégica de la Península y la conveniencia del acercamiento a Franco, no ven que la situación de su régimen sea tan vulnerable por el deterioro económico (“la situación económica de la nación será crítica en el invierno de 1948-1949”, afirma la CIA), ni por el creciente descontento popular ni por la acción de los grupos de oposición antifranquista. Estos, se dice, están divididos y Franco ha sabido manejar a los monárquicos borbónicos mediante su entrevista con Don Juan, que tácitamente descarta su acceso al trono y los planes reformistas planteados en el manifiesto de Estoril (y también de algunos generales monárquicos) ; los comunistas, tras el fracaso de la invasión del valle de Arán, se hallan muy debilitados por la represión, y el hambre y la miseria generalizadas, por sí mismas, no se ven como factores suficientes para provocar un levantamiento popular, al menos a corto plazo.

A pesar de todo, se detecta en todas estas valoraciones cierto grado de incertidumbre, suficiente como para aconsejar en todo caso esa ayuda directa a la España de Franco aun cuando el dictador no muestre intenciones de hacer reformas internas, que también perjudicarían a los grupos privilegiados que le apoyan, singularmente el ejército y la iglesia. Queda latente la idea de que el pueblo español, doce años después de comenzada la Guerra civil, sin ver perspectivas de mejora para su situación de penuria y opresión, podría llegar a un punto de malestar y desesperación que le hiciera apoyar iniciativas encaminadas a derrocar la dictadura. En esa coyuntura, la posible intervención de los comunistas, incluso con el apoyo de la URSS, tendría una oportunidad. Y eso era tabú para las élites dirigentes de EE.UU. y de sus países aliados[17].

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Resumen[18]

España es de interés estratégico para la seguridad de Estados Unidos debido a su posición geográfica, que la convierte en una base potencial para operaciones en el área del Mediterráneo occidental, y políticamente por la actual resistencia del pueblo español a la penetración comunista. La situación en España afecta al desarrollo de la política estadounidense en Europa porque el gobierno totalitario y antidemocrático de Franco hace que España sea inaceptable para las demás naciones de Europa Occidental como participante en el programa de recuperación europeo y en la Unión Occidental. Los aspectos políticos del Protocolo de España con Argentina son de interés para la política de Estados Unidos en el hemisferio occidental y su doctrina de la hispanidad afecta los intereses de Estados Unidos en todas las naciones latinoamericanas y en la República Filipina.

En términos económicos, España es relativamente poco importante para Estados Unidos, excepto en la medida en que Estados Unidos pudiera tener que negar a sus enemigos materias primas estratégicas españolas. Normalmente, menos del dos por ciento de las exportaciones estadounidenses van a España, mientras que menos del uno por ciento de las importaciones estadounidenses provienen de ese país.

El poderío militar de España es escaso, aunque sus fuerzas armadas se mantienen en una dotación numérica de más de 500.000 efectivos y casi la mitad del presupuesto nacional se dedica a los estamentos militares y policiales. Estas fuerzas carecen de equipos modernos y su entrenamiento se ve limitado por la escasez de petróleo y gasolina. España no podría repeler el ataque de un ejército moderno y fuerte. Sus capacidades militares no pueden mejorar eficazmente sin armas, aviones y equipos de origen extranjero. El desarrollo económico nacional está retrasado y la capacidad de producción bélica es insuficiente para sostener a las fuerzas armadas, excepto en breves combates. Aunque existen importantes yacimientos de minerales estratégicos, estos no son suficientes como para satisfacer las demandas de la guerra. En caso de guerra, Franco probablemente se alinearía, si fuera el caso, con las potencias occidentales, tanto por conveniencia como por su genuino aborrecimiento de la expansión comunista. Sin embargo, en primer lugar trataría de permanecer neutral.

La producción agrícola e industrial española no ha recuperado el nivel alcanzado antes de la Guerra civil de 1936-39. La modernización y renovación de los equipos son muy necesarias en todos los ámbitos, pero la posición cambiaria de España es extremadamente débil.

Al final de la Segunda guerra mundial, a España se le negó la admisión en la ONU como antiguo colaborador del Eje. Desde diciembre de 1946, el Gobierno se encuentra ante desventajas específicas derivadas de una resolución de la Asamblea General de la ONU que, tras censurar a Franco por sus antiguos y estrechos vínculos con la Alemania nazi y por su régimen totalitario de derechas, excluía a España de la participación en organismos internacionales o dependientes de la ONU y recomendaba la retirada de Madrid de ministros y embajadores de los países miembros. Los cálculos del general Franco incluían la posibilidad de que el peligro de guerra entre la URSS y las democracias occidentales ensombreciera las razones de este aislamiento diplomático y económico internacional y condujera, si no a la plena normalización de sus relaciones internacionales, a la concesión de ayudas directas por parte de Estados Unidos en forma de créditos y bienes necesarios para rehabilitar la economía española y equipar a sus fuerzas armadas. Estados Unidos, sin embargo, no se ha desviado en el caso de España de su política general respecto a todas las naciones de Europa Occidental: es decir, la acción a través de acuerdos multilaterales y de la ONU. Debido a su oposición a Franco, las 16 naciones europeas afectadas han excluido a España del programa de recuperación europeo.

Todavía no está claro qué línea adoptará finalmente Franco para hacer frente a esta situación. Durante 1947 y el verano de 1948 optó por acercarse a Argentina en las relaciones exteriores, obteniendo de Perón en momentos cruciales dos grandes empréstitos para importaciones de alimentos, por lo que expresó su solidaridad con las propuestas de Perón de una “tercera posición internacional” al margen del bloque comunista o del “capitalista”. En política interna, volvió a enfatizar las teorías falangistas de la autosuficiencia nacional bajo una estrecha regimentación económica y social y la negación de la libertad de prensa y política. Adoptó una actitud intransigente ante las sugerencias del Departamento de Estado de los Estados Unidos de que mejorara su posición internacional desfavorable mediante la liberalización de su régimen, haciéndolo más aceptable para la opinión pública de los Estados Unidos y de las naciones de Europa Occidental. Sin embargo, en vísperas de la Asamblea General de la ONU de 1948 en París (donde la cuestión española se ha incluido en el orden del día a petición de Polonia), cedió terreno al anunciar que se permitirían elecciones municipales y renovó esfuerzos para obtener un acercamiento al pretendiente español, Don Juan.

Aunque objetable para un gran número de españoles, el gobierno del general Franco ha sido capaz de permanecer en el poder durante nueve años después de obtener el dominio del país en la Guerra civil de 1936-39. Bajo este régimen, España es un “Estado autoritario, nacionalsindicalista” que, por razones de estrategia política, ha sido proclamado “reino”. El legítimo pretendiente al trono está en el exilio y el Gobierno en la práctica es una dictadura bajo el General Franco, que por ley es Jefe de las Fuerzas Armadas y Jefe del Estado, sin límite en su mandato y con derecho a nombrar a su sucesor. El gobierno ejerce un control absoluto sobre la prensa y la propaganda, ha suprimido las libertades civiles y políticas y suprime por la fuerza toda oposición política, incluida la de los monárquicos. Ha regimentado la economía nacional hasta el punto de que casi asfixia a la empresa privada.

La mayoría de los españoles son amistosos con Estados Unidos y hostiles hacia la URSS. Como la oposición proletaria a Franco ha perdido su antigua esperanza de que las democracias intervinieran para derrocar al régimen, algunos sectores tienden a orientarse hacia el Partido Comunista de España. Las fuerzas liberales moderadas se han visto debilitadas por la represión y por su incapacidad para unirse. Si estos procesos continuaran, en última instancia, sólo los comunistas, ahora una minoría desacreditada, podrían estar preparados para actuar con disciplina y obtener ayuda externa en caso de que una emergencia debilitara al Gobierno.

La estabilidad del actual Gobierno depende sobre todo del mantenimiento de una fuerza física y una capacidad para mantener en pie la tambaleante economía nacional. Franco no ha dado ninguna indicación de que vaya a renunciar voluntariamente a su autoridad y no hay una señal alguna de que el Ejército vaya a retirarle su apoyo. Sin embargo, la fiabilidad futura de este apoyo dependerá en gran medida de las tendencias económicas. En el mejor de los casos, en el futuro previsible, Franco tendrá que continuar con su costumbre de maniobrar para mantener el equilibrio entre los tres pilares de su poder, a saber: el Ejército, la jerarquía católica española y el “partido” unitario de tipo fascista conocido como Falange Española. Franco ha utilizado y coordinado hábilmente a estos grupos a pesar de sus antagonismos, pero su Gobierno no ha logrado la unidad nacional. Es fuerte porque mantiene a la población sometida y ha mantenido vivos los temores mutuos de represalias entre los españoles que tomaron bandos opuestos en la Guerra civil.

Un levantamiento popular contra Franco es poco probable. Una coalición de fuerzas centristas antifranquistas, que integre grupos monárquicos, socialistas y obreros, en el interior y fuera de España, está siendo buscada por los líderes del exilio con el fin de obtener una transición pacífica del antiliberalismo franquista a un régimen más moderado. Incluso si tal grupo demuestra una capacidad de acción unificada, tendrá éxito contra el poder atrincherado del régimen solo si obtiene el apoyo moral de las potencias occidentales o es capaz de capitalizar, posiblemente a través de la presión de los banqueros españoles, la debilidad financiera y la posición económica vulnerable del gobierno. En cualquier caso, sería necesario el respaldo de un fuerte grupo de generales del ejército español para inducir a Franco a ceder su poder.

Por lo tanto, la única amenaza seria para el régimen en el momento actual radica en la precaria situación económica. Parece dudoso que pueda darse una ayuda inmediata a través de Naciones Unidas o de canales similares. Se han denegado créditos solicitados a fuentes privadas en el extranjero, principalmente debido a la falta de confianza en la estabilidad a largo plazo del régimen y a sus restricciones a las inversiones extranjeras y a la libre empresa. Los acuerdos comerciales bilaterales concluidos durante 1947 y 1948, además de los beneficios indirectos del programa europeo de recuperación, han comenzado a proporcionar cierto alivio y probablemente continuarán haciéndolo el próximo año. Estos beneficios pueden evitar, al menos temporalmente, el peligro de un colapso económico.

Mientras se sienta capaz de mantener la situación económica bajo control, es poco probable que Franco haga concesiones importantes hacia la evolución democrática y puede haber una prolongación del sistema totalitario español bajo su mando. Como perspectiva a largo plazo, ello probablemente conduciría a una explosión violenta de fuerzas populares, en la que los comunistas disfrutarían al menos de una ventaja inicial. La perspectiva a corto plazo, sin embargo, es que la situación económica de la nación será crítica durante el otoño y el invierno de 1948-49; si no se produce ningún acontecimiento llamativo que invierta esta perspectiva, Franco continuará bajo presiones internas y externas que pueden obligarle a hacer cambios básicos de política, alterando radicalmente el carácter de su régimen, o a abandonar el poder. Su capacidad para resistir estas presiones se verá mermada si se produce un marcado contraste entre el ritmo de rehabilitación económica de España en el marco de los acuerdos bilaterales y el ritmo de recuperación de los demás países de Europa occidental en el marco de los acuerdos internacionales. Por otra parte, si decide a hacer cambios de política y a reformar el Gobierno para satisfacer estas presiones, tendrá que correr el riesgo de una fuerte oposición y de un posible derrocamiento a manos de las fuerzas cuyos intereses creados se verían amenazados por el cambio.

Discrepancia de la Oficina de Investigación de Inteligencia. Departamento de Estado.

El organismo de Inteligencia del Departamento de Estado no puede estar de acuerdo con el informe en cuestión, particularmente en lo que respecta a las secciones I y II que analizan la situación económica general en España y la posición del régimen franquista. En nuestra opinión, las perspectivas económicas en España no son tan desfavorables como se da a entender en el informe y que no cabe esperar ningún cambio político en un futuro próximo. En la actualidad existe una clara tendencia hacia la mejora de la posición internacional de España, lo que bien puede fortalecer al régimen franquista tanto económica como políticamente. Por una parte, el aumento del número de acuerdos comerciales bilaterales con países de Europa Occidental y América Latina, junto con las ayudas indirectas derivadas de la asistencia de la ERP[19] a los países de Europa Occidental, deberían mejorar la posición económica de España; por otro, varios países latinoamericanos acreditan Jefes de misión en Madrid, lo que permitirá a Franco escapar, al menos en parte, a las cargas del aislamiento diplomático impuesto a España por la Asamblea General de la ONU. En vista de la creciente división Este-Oeste, Franco puede esperar recibir un apoyo cada vez mayor, directo o indirecto, de las potencias occidentales.

Discrepancia de la División de Inteligencia. Departamento del Ejército de Tierra

La División de inteligencia del Ejército de tierra disiente sustancialmente de las conclusiones expuestas en este documento en cuanto a los probables acontecimientos futuros en España que afectarán a la seguridad de los Estados Unidos. Estas conclusiones son que, si bien no es probable que se produzca ningún cambio en seis meses, la situación en España es, en última instancia, de peligro para los Estados Unidos debido a la posibilidad de que los comunistas dominen la zona. Se indica que tal dominación podría ser el resultado de (a) una revolución ayudada por la URSS, o (b) una agresión militar por parte de la URSS.

A.- En cuanto a la primera posibilidad, la revolución, el informe afirma que las clases trabajadoras insatisfechas son receptivas ante la propaganda comunista. Además, está implícito el supuesto de que no es posible una evolución hacia una forma de gobierno política y económicamente más satisfactoria dentro del régimen franquista y que no se puede esperar un alivio de las presiones impuestas interna y externamente. Esta división, por otra parte, cree que la revolución es improbable. Considera que el gobierno de Franco es uno de los más estables de Europa occidental y cree que los españoles son mucho menos susceptibles a la propaganda comunista que los de Francia o Italia. Esta división también cree que, dada su fuerza y estabilidad actuales, el régimen franquista puede comenzar a implementar ciertos planes de evolución interna largamente pensados que, a su vez, ayudarán a aliviar las presiones externas. Que la situación exterior no es estática lo demuestra la mejora de las relaciones españolas con muchos países durante el último año, y en particular con Francia, donde el sentimiento antifranquista ha tenido una gran fuerza. Que la situación interna no es estática lo demuestra el compromiso parcial entre Franco y Don Juan y el anuncio de las próximas elecciones municipales.

B.- En cuanto a la segunda posibilidad, la agresión militar directa por parte de las fuerzas soviéticas, se cree imposible a menos que la URSS domine primero la mayor parte de Europa Occidental, incluyendo Francia o Italia. Este conjunto de circunstancias no se menciona en el documento, lo que deja a uno con la impresión de que la agresión podría emprenderse desde las bases actuales en la URSS o en los países satélites, sin una guerra europea o mundial.

 
C.- La División de Inteligencia del del Ejército de tierra considera que el documento no pone de manifiesto los dos problemas más acuciantes que afectan a la seguridad de los Estados Unidos y que presenta la situación española. En primer lugar, la potencial importancia estratégica de España para los Estados Unidos en caso de guerra con la URSS hace extremadamente grave la actual frialdad de las relaciones entre España y los Estados Unidos. En segundo lugar, la importancia estratégica de Europa occidental para los Estados Unidos en su conjunto hace igualmente grave la actual frialdad de las principales naciones de Europa occidental hacia España. Estados Unidos ha demostrado que reconoce la importancia que tiene para su propia seguridad la integración de Europa Occidental en los planos económico, político y militar. Tal integración es incompleta e inadecuada sin España; sin embargo, España ha sido excluida de todos los movimientos en esta dirección. La División de inteligencia del Ejército de tierra es consciente de que el problema de la incorporación de España al grupo de naciones occidentales es difícil, pero no lo considera insoluble. Esta división cree que la evolución dentro de España no sólo es posible sino probable y considera que la evolución conducirá a mejores relaciones con las potencias occidentales, incluidos los Estados Unidos, con la posible inclusión final de España en el sistema de defensa occidental. Sin embargo, si los esfuerzos por lograr una cierta unión de las naciones de Europa Occidental fracasaran o resultaran tan insuficientes que no merecieran más estímulo o apoyo de los Estados Unidos, el valor estratégico de España para los Estados Unidos justificaría mayores esfuerzos por su parte para establecer una cordialidad plena en las relaciones entre los dos países.

Notas

[1] Informe secreto de 100 páginas fechado el 15 de noviembre de 1948 y titulado simplemente “SPAIN”. Aquí reproducimos el “sumario”, pp. i-viii que corresponde a la Sección I (Situación Política). En https://www.cia.gov/readingroom/docs/CIA-RDP78-01617A001500020001-2.pdf AQUÍ  . Gregorio Santiago Díaz, “Vivimos sobre un volcán”. ¿Pudo derrocar el hambre a Franco? (1948-1951)”, en Historia Actual on line, 63, 2024.

[2] Ángel Viñas, En las garras del águila. Los pactos con Estados Unidos, de Francisco Franco a Felipe González (1945-1995), Barcelona, Crítica, 2003, pp. 57-61; Paul Preston, Franco, Caudillo de España, Debate, Barcelona, 2015, pp. 636-639 y 646-647.

[3] Se recordará que Lequerica había sido embajador de Franco en la Francia de Vichy, donde colaboró con la Gestapo y destacó por su dura persecución de los exiliados republicanos españoles.

[4] En total hay unos quince, pero es difícil precisarlo pues no están ordenados cronológicamente.

[5] “Probable Soviet & Soviet-inspired reactions to the SWNCC Recommendations of US Aids to Spain”, 18 de agosto de 1947. AQUÍ (https://www.cia.gov/readingroom/docs/CIA-RDP78-01617A003000010003-4.pdf .).

[6] Nicolás Sesma, Ni una, ni grande, ni libre. La dictadura de Franco. Ed. Crítica, Barcelona, 2024, p. 284.

[7] Tony Judt, Postguerra. Una historia de Europa desde 1945, Taurus, Madrid, 2013, p. 151.

[8] Walter LaFeber, America, Russia and the Cold War, 1945-1996, McGraw Hill, 1999, p. 127.

[9] Paul Preston, Op. cit., p. 669.

[10] “Nota del encargado de España al Secretario de Estado de 30 de diciembre de 1947.  En Fernando Díaz Plaja, La España Franquista en sus documentos, Barcelona, Plaza Janés, 1976, pp. 232-235.

[11] “The Chargé in Spain (Culbertson) to the Secretary of State”. En https://history.state.gov/historicaldocuments/.

[12] Díaz Plaja, 1976, p. 196.

[13] Ambas cosas eran ciertas, pero no en los términos expresados por Lange, pues no se trataba de fabricar bombas atómicas (en ese momento).

[14] La frase se atribuye a F.D. Roosevelt por referencia al dictador nicaragüense Somoza. “He may be a son of a bitch, but he’s our son of a bitch”. No está clara la atribución, pero sí su pertinencia expresiva en los ejemplos mencionados.

[15] Los tratados implicaban un compromiso de defensa mutua en caso de ataque de un tercer país. España, aunque logró en 1976 que se denominara “tratado” a su relación con EE.UU. no tuvo nunca ese compromiso.

[16] Ver Frances Stonor Saunders, La CIA y la Guerra fría cultural, Debate, Madrid, 2001.

[17] Gregorio Santiago Díaz, “Vivimos sobre un volcán”. ¿Pudo derrocar el hambre a Franco? (1948-1951)”, en Historia Actual on line, 63, 2024.

[18]  La información contenida en este informe corresponde a septiembre de 1948.

Este informe cuenta con la anuencia de los organismos de inteligencia de la Armada y la Fuerza Aérea. Las discrepancias de la Oficina de Investigación de Inteligencia del Departamento de Estado y de la División de Inteligencia del Departamento del Ejército aparecen inmediatamente después del resumen.

[19] European Recovery Program, Programa de recuperación europea, más conocido como “Plan Marshall” (n. del t.)