El Socialismo con Características Chinas es una teoría acuñada por Deng Xiaoping en 1982. Se trata de una teoría que rompió con formas previas de entender la construcción socialista y se convirtió en el paradigma teórico que hasta la fecha guía al Partido Comunista de China. El objetivo de este texto es analizar tres fuentes que integran al Socialismo con Características Chinas: el nacionalismo, el marxismo soviético clásico y la experiencia de la Nueva China. Se utiliza el análisis de discurso para revisar documentos primarios del Partido Comunista de China que desempeñan un rol clave como guía teórica. Este ejercicio contribuye a enriquecer la comprensión de la teoría guía del Partido Comunista de China y, por lo tanto, las líneas generales del desarrollo de la República Popular China. En la primera parte se presentan los orígenes de la teoría, posteriormente se analiza por separado cada una de las fuentes integrantes y al final se presentan las conclusiones.
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Orígenes
La nacionalización del marxismo en China es un proceso que comenzó con Li Dazhao, uno de los principales fundadores del Partido. En su ensayo de 1919, “Sobre problemas e ideologías”, ya decía que el socialismo como teoría debía adaptarse a las circunstancias, lugares y tiempos específicos de China, pues si los socialistas chinos no podían aplicar su doctrina para transformar su realidad inmediata, entonces el socialismo se convertía en un discurso vacío (Li Dazhao, 1919). Durante la primera etapa del Partido, específicamente entre 1921 y 1927, Chen Duxiu buscó utilizar el marxismo para analizar las condiciones específicas de China, como lo demuestra, sobre todo, el Informe al Segundo Congreso (1922). Sin embargo, la relación de tutelaje que ejerció el Partido Comunista de la Unión Soviética sobre el Partido Comunista de China hasta 1935, así como la propia inexperiencia del liderazgo chino, entorpecieron la integración entre el marxismo y la realidad china.
El término “Sinización del Marxismo” como tal es creación de Mao Zedong. En un informe de 1938 al Comité Central del Partido, Mao señaló: “Si los comunistas chinos, que son parte de la gran nación china, carne de su carne y sangre de su sangre, hablasen del marxismo separándolo de las características de China, su marxismo no pasaría de ser abstracto y vacío. Por ello, el problema que todo el Partido debe resolver con urgencia es cómo realizar la sinización del marxismo, de modo que todas sus manifestaciones tengan un carácter inequívocamente chino” (CASS, 2023). Para Liu Shaoqi, el Pensamiento de Mao Zedong representaba precisamente eso: “el Pensamiento de Mao Zedong es la unidad entre la teoría del marxismo-leninismo y la práctica de la revolución china; es el comunismo chino, el marxismo chino” (Liu, 1945).
Deng Xiaoping dio un paso adelante en la tradición de integrar la teoría general del marxismo con la realidad china, al acuñar el término “Socialismo con Características Chinas”, inexistente en la obra de Li Dazhao y Mao Zedong. La primera vez que Deng utilizó este término fue en el XII Congreso del Partido Comunista de China, celebrado en 1982. Ahí dijo:
“La modernización de nuestro país debe realizarse a partir de nuestra propia realidad. Tanto en la revolución como en la construcción, es necesario conceder importancia al aprendizaje y aprovechamiento de las experiencias extranjeras. Pero la copia y el trasplante mecánicos de las experiencias y modelos de otros países nunca nos conducirán al éxito. A este respecto, hemos tenido muchas experiencias negativas. Integrar la verdad universal del marxismo con la realidad concreta de nuestro país, seguir nuestro propio camino y construir un socialismo con características chinas, es la conclusión fundamental que hemos sacado al sintetizar las experiencias acumuladas en un prolongado periodo histórico” (Deng, 1982).
A partir de 1982, el término de Socialismo con Características Chinas se convirtió en parte de la teoría oficial del Partido. Pasó de ser un término a ser una teoría. Todos los Congresos posteriores lo toman como marco de referencia. En la visión oficial, el aporte de Deng Xiaoping no rompe con el Pensamiento de Mao Zedong, sino que lo desarrolla. Si Mao integró el marxismo con la realidad china para llevar a cabo la Revolución y comenzar la construcción del socialismo, Deng retomaría el marxismo y el Pensamiento de Mao Zedong para ponerlos al día, integrarlos con la nueva realidad china y construir un socialismo autóctono.
El Socialismo con Características Chinas como teoría se define por la acuñación de nuevos conceptos y por la reinterpretación de conceptos preexistentes. Economía Socialista de Mercado y Primera Etapa del Socialismo son dos conceptos que no están presentes en la obra de Mao Zedong. Economía Socialista de Mercado se refiere a una economía híbrida, que simultáneamente tiene propiedad privada y propiedad pública de los medios de producción, que tiene mercado y planeación, pero cuyas palancas fundamentales están controladas por el Partido Comunista. En términos de política pública, esta visión se tradujo en la Reforma y la Apertura. Primera Etapa del Socialismo se refiere a un periodo amplio, de décadas y generaciones, en el cual se asume que China mantendrá la Economía Socialista de Mercado y el sistema político con el Partido Comunista como Partido-Estado. En esta visión, la construcción del socialismo se entiende como un proceso de largo aliento, en el que sólo después de echar los elementos fundamentales del socialismo podrá pasarse a una construcción superior del mismo.
El Socialismo con Características Chinas también contiene una interpretación de la contradicción principal de la sociedad china diferente de la que había realizado Mao Zedong. Para Mao, la principal contradicción de la sociedad china era la lucha de clases antagónicas. Con ese diagnóstico impulsó la Revolución Cultural entre 1966 y 1976. En cambio, para Deng, la principal contradicción era la existente entre las atrasadas fuerzas productivas del país y las necesidades del pueblo chino (Deng, 1995). Para resolver esa contradicción era necesario impulsar el desarrollo de las fuerzas productivas. En el Socialismo con Características Chinas la lucha de clases no desaparece, pero no es la contradicción principal, sino que ocupa un lugar secundario. Esta interpretación de la contradicción principal se mantuvo firme hasta su cambio en 2017 por Xi Jinping, quien, sin embargo, no retomó la lucha de clases como contradicción principal, sino que hizo énfasis en la necesidad de equilibrar el desarrollo de las fuerzas productivas (Xi, 2017).
En la siguiente sección se analizan los tres componentes del Socialismo con Características Chinas, empezando por el nacionalismo.
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Nacionalismo
El marxismo llegó a China en una etapa de caos y desesperación. La Guerra del Opio, iniciada en 1839, inauguró un periodo de invasiones imperialistas, de fragmentación política al interior, de cuestionamientos sobre la identidad china y de búsquedas de alternativas para salvar al país. China perdió todas las guerras que libró para defenderse de las invasiones imperialistas, cedió parte de su territorio y tuvo que aceptar tratados económicos perjudiciales para su economía nacional. Estos choques externos fueron acompañados por los levantamientos internos que cuestionaron la estabilidad política de la dinastía Qing. La Rebelión Taiping tomó ciudades neurálgicas como Nanjing y amenazó seriamente a Beijing; apaciguarla costó 20 millones de vidas. La Rebelión Boxer se levantó en armas contra la ocupación extranjera. La dinastía Qing se había mostrado incapaz de seguir conduciendo a China y, a pesar de sus intentos, como la Reforma de los Cien Díaz y el Movimiento de Autofortalecimiento, no podía frenar el deterioro económico, político y social del país.
En ese contexto turbulento, además de las armas y el capital de las potencias extranjeras, también llegaron sus ideas. Las fuerzas sociales que buscaban una transformación radical de China para salvarla de la desintegración comenzaron a explorar las diversas ideas propias de la modernidad capitalista. Ideas que no sólo llegaron de Occidente, sino también de Japón, país que se había modernizado primero que China y, en ese sentido, había recibido más tempranamente las nuevas ideas. A través de la Restauración Meiji, Japón había logrado utilizar los conocimientos occidentales al mismo tiempo que mantenía su cultura y sus instituciones políticas. En ese sentido, China buscaba realizar un ejercicio similar. Durante la dinastía Qing se impulsó la política de “tomar la doctrina china como fundamental y los saberes occidentales como aplicación práctica”. De forma similar, los reformistas, encabezados por Liang Qichao, sostenían la necesidad de “mantener la esencia cultural propia de China y absorber los conocimientos de Occidente”. Todos los intentos de transformación política de principios del siglo XX seguían esa tradición. Mantener lo chino y utilizar lo extranjero para salvar al país. Sun Yatsen, por ejemplo, sostenía que China debía terminar con el dominio imperial de los manchúes (no chinos) y formar una república de la nación china (han).
El marxismo llegó a China en esa coyuntura de búsqueda de un camino de salvar al país a través de la modernización. Había consenso sobre la necesidad de superar la cultura, economía y las instituciones políticas tradicionales, pero no sobre cuál era el tipo de modernización más adecuado para China. La desintegración del imperio y la fundación de la república no implicó una mejora de la situación general, sino un empeoramiento: el país se fragmentó todavía más y los bloques político-militares al interior mantuvieron guerras interminables. Cambiar al gobierno no era suficiente para salvar a China. Durante el Movimiento de la Nueva Cultura los intelectuales del país discutieron la necesidad de cambiar la mentalidad, la cultura y la educación de la sociedad como única alternativa de salvación. En ese contexto también se empezó a discutir cuál era el mejor camino para China: liberalismo, anarquismo, reformismo, pragmatismo, marxismo, etc. La Revolución Rusa de 1917 y el Movimiento del 4 de Mayo de 1919 fueron dos momentos que le dieron al marxismo la fuerza necesaria para comenzar a ganar aceptación entre los intelectuales chinos.
Los comunistas que fundaron el Partido Comunista en 1921 llegaron al socialismo buscando una teoría salvadora. En el caso de Li Dazhao y Chen Duxiu es conocida la exploración amplia que hicieron de las diferentes teorías políticas, económicas, sociales e históricas disponibles, antes de abrazar el marxismo como único camino para salvar a China. En su juventud, Mao Zedong perseguía ideas liberales, democráticas, reformistas y del socialismo utópico, admiraba a Sun Yatsen, Liang Chichao y Kang Youwei, y se unió al ejército nacionalista que se levantó en Wuhan contra la dinastía Qing. Más tarde luchó para independizar a la provincia de Hunan y establecer ahí una democracia burguesa. Cuando llegó al comunismo, lo hizo buscando salvar a China (Snow, 2020). La frase que él acuñó en 1957 es especialmente significativa en este sentido: “Sólo el socialismo puede salvar a China” (Mao, 1957). Este sigue siendo un emblema del Partido hasta la fecha.
Otros líderes comunistas destacados también llegaron al socialismo buscando formas de salvar a China. Deng Xiaoping viajó a Francia en su juventud para estudiar, aprender oficios industriales y conocer la industria europea; tenía la idea de que China necesitaba industrializarse para fortalecerse. Como obrero, en Francia conoció los males del capitalismo y al mismo tiempo entró en contacto con las ideas socialistas. Ingresó al grupo de comunistas chinos en Francia, posteriormente viajó a la Unión Soviética y después regresó a China ya como miembro del Partido y como un comunista convencido. Zhou Enlai también viajó a Francia con el objetivo de estudiar los sistemas políticos y los movimientos revolucionarios europeos, pues quería aprender de ellos para salvar a China. En esa búsqueda llegó al socialismo.
La presencia de un fuerte componente nacionalista llevó al Partido Comunista a renegar del liderazgo soviético, primero durante la fase revolucionaria y después ya con la Nueva China. Además de otros elementos determinantes, también el nacionalismo de los comunistas chinos abonó a la disputa sino-soviética. Desde 1935 en adelante, los comunistas chinos nunca aceptaron ser satélites de la Unión Soviética. Durante el Gran Salto Adelante, el Partido Comunista de China no sólo buscaba superar la producción industrial de los países capitalistas, sino también demostrar que su versión del socialismo era mejor que la soviética.
El Socialismo con Características China proviene de esa tradición. El socialismo tiene que servir, en primer lugar, para salvar a China y desarrollarla, entendiendo esto como: mantener la independencia, la unidad política, recuperar el estatus internacional tradicional de país importante, elevar su capacidad económica y mejorar la calidad de vida de las grandes mayorías populares. Si para ello es necesario utilizar mecanismos de mercado, integrarse a las redes mundiales del capital y desarrollar una burguesía nacional acotada por el Partido, entonces son tácticas válidas. Schell y Delury (2013) sostienen que en realidad el Partido Comunista de China sólo busca hacer rico y fuerte al país, sin que el adjetivo de comunista tenga otras implicaciones ideológicas. Esta interpretación exagera el componente nacionalista y vuelve irrelevante el componente ideológico. Tanto el nacionalismo como el socialismo son determinantes en el Socialismo con Características Chinas. Sin embargo, en ciertas coyunturas uno de los elementos puede tener más peso que otro. El Socialismo con Características Chinas es al mismo tiempo nacionalista y socialista.
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Marxismo soviético clásico
Los intelectuales chinos buscaban salvar al país de la dominación extranjera, el caos interno y el atraso económico y tecnológico. La Revolución Rusa de 1917 despertó su interés, pero su influencia sólo se volvió determinante después de la Primera Guerra Mundial. Con el Tratado de Versalles, las posesiones coloniales de Alemania en Shandong no le fueron regresadas a China por las potencias vencedoras, sino que fueron transferidas a Japón, a pesar de que China había luchado del lado de los vencedores y existía el acuerdo previo de que retomaría la soberanía sobre esos territorios. Ese fue un punto de inflexión para que los intelectuales chinos establecieran una equivalencia entre el imperialismo y el capitalismo. Una modernización capitalista representaría para China continuar su estatus semicolonial. Frente a las potencias imperialistas se erigía el antimperialismo de la Unión Soviética, que había renunciado a las posesiones territoriales de la Rusia zarista, denunciaba al imperialismo y planteaba que la solución radical de ese fenómeno era la construcción del socialismo. Los intelectuales chinos vieron en el marxismo soviético una vía para salvar a China.
El marxismo llegó a China hasta la tercera década del siglo XX, directamente de la mano de los soviéticos. Si se compara con Europa y América, donde las ideas marxistas habían comenzado a circular desde el siglo XIX, puede decirse que llegó tardíamente. El Manifiesto del Partido Comunista se tradujo al chino por primera vez en 1920, apenas un año antes de la fundación del Partido Comunista. Esos orígenes dejaron un sello indeleble en el marxismo chino. Marx, Engels y Lenin fueron los referentes teóricos por excelencia desde el principio. Posteriormente, Stalin se sumó a la lista. Mao consideraba a Stalin como un continuador y desarrollador del marxismo-leninismo. Estudió obras suyas con meticulosidad y las utilizó para formar teóricamente a los comunistas chinos en el periodo de Yan’an. Las diferencias de Mao con Stalin eran claras en varios terrenos: Stalin apoyaba a una fracción del Partido Comunista que se oponía al liderazgo de Mao, no estaba de acuerdo con la vía campesinista de Mao, firmó acuerdos con Chiang Kaishek durante la invasión japonesa, apoyó la independencia de Mongolia de China, atrajo hacia la URSS a una parte importante de Xinjiang en actividades separatistas, y dejó a China luchar sola contra los estadounidenses en la Guerra de Corea, entre otras. A pesar de las diferencias, Mao consideraba a Stalin no sólo como un líder revolucionario digno del más alto respeto, sino también como un teórico marxista con méritos propios.
El XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) de 1956 comenzó el proceso de desestalinización en la Unión Soviética. Para Mao, la crítica realizada por Jruschov era incorrecta, injusta e inoportuna. Los comunistas soviéticos habían tirado la espada de Stalin, pero los comunistas chinos no lo harían. En la evaluación de Mao sobre Stalin, el líder soviético había cometido errores, pero sus aciertos eran superiores y pesaban más en el juicio general. 70% era correcto y 30% era incorrecto. Negar la totalidad de Stalin iba en contra del comunismo. El XX Congreso del PCUS fue un punto de inflexión en el deterioro de las relaciones sino-soviéticas. Desde ese momento, el PCUS fue caracterizado por los comunistas chinos como un partido revisionista e imperialista (People’s Daily Editorial Board, 1959). Las diferencias ideológicas entre los comunistas chinos y los soviéticos fueron fundamentales en la distancia que se abrió entre ambos países, y en la enemistad y el conflicto directo que se desarrollaron posteriormente.
El marxismo que se desarrolló en la Unión Soviética después de 1956 fue rechazado por el Partido Comunista de China. Esto fue así no sólo durante el liderazgo de Mao Zedong, sino también después, con Deng Xiaoping. Sobre las bases de Marx-Engels-Lenin-Stalin, los comunistas chinos comenzaron a desarrollar una tradición marxista propia, cuyo iniciador fue Mao. Deng Xiaoping retomó a Marx-Engels-Lenin-Stalin-Mao y les dio continuidad en el Socialismo con Características Chinas. Esta tradición propia rechazó el marxismo soviético posterior a Stalin, así como el Marxismo Occidental. El Marxismo Occidental ha sido estudiado académicamente en las universidades chinas, no se lo rechaza, pero se le considera como un desarrollo del marxismo en contextos capitalistas y es visto sólo como un tributario de la corriente principal del Marxismo (Boer, 2024). En la doctrina oficial del Partido, la influencia del Marxismo Occidental es inexistente.
El Socialismo con Características Chinas es un concepto anclado al Marxismo soviético clásico. En ese sentido, contiene elementos centrales, como la lucha de clases, el desarrollo de las fuerzas productivas, las relaciones sociales de producción, la existencia de leyes de la historia, dictadura del proletariado, método dialéctico, materialismo-histórico, entre otros conceptos cuestionados o totalmente negados por corrientes marxistas desarrolladas en el Norte Global. Este es el marco filosófico en el que Deng Xiaoping desarrolló sus aportaciones, innovando dentro de esa tradición. Separarse teóricamente de la Unión Soviética, y realizar sus contribuciones propias, le permitió al marxismo chino mantener su independencia filosófica y resistir exitosamente el derrumbe del bloque socialista en la década de 1990. Los resultados económicos, políticos, culturales y sociales alcanzados por China en los últimos años, en lugar de llevar al Partido a cuestionar sus bases teóricas, lo han llenado de confianza. A eso se refiere Xi Jinping cuando sostiene que China debe profundizar las Cuatro Confianzas: en el camino, en la teoría, en el sistema y en la cultura del Socialismo con Características Chinas.
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Experiencia de la Nueva China
El nacionalismo y el marxismo soviético clásico no son elementos exclusivos del Socialismo con Características Chinas, pues también se encuentran en el Pensamiento de Mao Zedong. La gran diferencia entre una teoría y otra surge de la evaluación diferente que hacen de la experiencia de la Nueva China. Las diferencias entre Mao y Deng sobre la construcción del socialismo se hicieron evidentes desde 1958. Ese año Mao lanzó el Gran Salto Adelante y las comunas populares de forma unilateral, ignorando el Segundo Plan Quinquenal y los acuerdos alcanzados por el Partido. Esto se debió a “la falta de experiencia en la construcción socialista, una comprensión inadecuada de las leyes del desarrollo económico y de las condiciones económicas de China” (Comité Central del Partido Comunista de China, 1981). Las consecuencias negativas de esa política comenzaron a ser corregidas en 1960 por Liu Shaoqi, Zhou Enlai, Chen Yun y Degn Xiaoping. Sin embargo, los “errores de izquierda” que llevaron a Mao a impulsar el Gran Salto Adelante no desaparecieron. En 1962 Mao insistió en que la lucha de clases entre burguesía y proletariado seguía siendo la contradicción principal de China, así como del Partido en su interior. Para luchar contra las tendencias burguesas, lanzó el Movimiento de Educación Socialista en 1963, antesala de la Revolución Cultural. Durante la Revolución Cultural, lanzada por Mao en 1966, Deng Xiaoping y Liu Shaoqi fueron objeto de purgas y persecución por ser los “líderes de la fracción burguesa que se había apoderado del Partido”. En el análisis del Partido, el Gran Salto Adelante, las comunas populares, el Movimiento de Educación Socialista y la Revolución Cultural fueron desviaciones de izquierda que en lugar de promover la construcción socialista la entorpecieron. La evaluación general que hizo el Partido de la experiencia de este periodo es una parte fundamental del Socialismo con Características Chinas.
El rechazo total de la implementación de una economía de mercado por parte de Mao después de 1958 obstaculizó el desarrollo de las fuerzas productivas del país. Mao reconoció tempranamente las consecuencias negativas del Gran Salto Adelante y trató de corregirlos. Señaló que no era posible saltarse etapas del desarrollo social, que se debía enfatizar la producción de mercancías, respetar la ley del valor y oponerse a la planificación total de la economía (Comité Central del Partido Comunista de China, 1981). Sin embargo, posteriormente se opuso a las medidas económicas de corrección implementadas por el liderazgo del Partido, basadas, entre otros elementos, en las conclusiones que el propio Mao había abrazado tras el Gran Salto Adelante. En 1964 Zhou Enlai impulsó las cuatro modernizaciones (agricultura, industria, defensa y ciencia-tecnología), y en 1961 Deng Xiaoping impulsó reformas en la agricultura que permitían la producción mercantil por hogar. La Revolución Cultural detuvo estos procesos. Después de 1978, las Cuatro Modernizaciones y la reforma de la agricultura fueron emblemas del liderazgo de Deng. Deng no estaba solo en este viraje. Líderes como Chen Yun apoyaron fuertemente la necesidad de implementar mecanismos de mercado para desarrollar las fuerzas productivas del país, pero jugando sólo un papel suplementario respecto a la planeación estatal. En contraste con los altibajos económicos del periodo 1958-1976, la aplicación de la Reforma y la Apertura trajo un desarrollo evidente de las fuerzas productivas. En 1992, en el XIV Congreso del Partido, se acuñó formalmente el término Economía Socialista de Mercado.
En “Sobre la Nueva Democracia”, Mao (1940) había planteado una revolución en dos etapas. Durante la etapa de la Nueva Democracia, China necesitaría del mercado y de una burguesía nacionalista para desarrollar las fuerzas productivas, pero después, al entrar a la etapa propiamente socialista, el mercado sería sustituido por la economía centralmente planificada y la burguesía por el Estado. La etapa de la Nueva Democracia comienza con el establecimiento de la República Popular China, en 1949. Al terminar la Guerra de Corea, en 1953, el Partido consideró que la sociedad china estaba preparada para comenzar la transición hacia el socialismo e inició un periodo de transición. En 1956, se consideró que se había alcanzado la transformación socialista básica de la economía. Todo el liderazgo del Partido abrazó estas evaluaciones. Sin embargo, en 1958 Mao sostuvo que China debía aumentar la velocidad de la construcción socialista, que en China el socialismo podía construirse más rápido que en la Unión Soviética y que en 15 años China podía alcanzar la producción de acero de Inglaterra (Mao, 1958). Después de que fracasó el Gran Salto Adelante, Mao no renunció a la idea de construir más rápidamente el socialismo, sino que lo intentó por una arista distinta a la económica: la ideológica. Para Mao, los representantes de la fracción burguesa del Partido eran los que obstaculizaban el desarrollo más rápido de la construcción socialista. Depurando al Partido de esas concepciones reaccionarias sería posible acelerar el proceso. Esa era la lógica detrás de la Revolución Cultural.
Desde 1958 hasta 1978, Deng Xiaoping y el resto de líderes discreparon de esta evaluación de Mao. El Socialismo con Características Chinas considera que la construcción del socialismo es un proceso que no puede acelerarse voluntariamente, sino que responde a leyes del desarrollo económico e histórico. Sólo después de que China haya elevado el nivel de sus fuerzas productivas hasta los niveles más desarrollados, entonces será posible subir un peldaño más en la construcción del socialismo. En el XIII Congreso del Partido Comunista, celebrado en 1987, se detalló que el socialismo era la primera etapa del comunismo y que China estaba en la primera etapa del socialismo. El informe aclara: “Serán al menos cien años, desde 1950, hasta que la modernización socialista se complete, y todos estos años corresponden a la primera etapa del socialismo”. Todo ese tiempo, que puede cubrir cuatro generaciones, según Deng (1987), el mercado puede prestar sus servicios al socialismo, pero el Partido debe evitar que caiga en la liberalización (Deng, 1985) y debe cuidar que se apegue a los cuatro principios fundamentales: 1) el camino socialista, 2) la dictadura democrático-popular, 3) la dirección del Partido Comunista y 4) el marxismo-leninismo y el pensamiento Mao Zedong. Esta aproximación a la cuestión no ha cambiado, fundamentalmente, con Xi Jinping. Los estatutos del Partido aprobados en el XX Congreso de 2022 insisten en hacer una evaluación objetiva de la realidad china y evitar caer en errores de izquierda (Partido Comunista de China, 2022).
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Conclusiones
El Socialismo con Características Chinas es un término acuñado por Deng Xiaoping en 1982, que se convirtió, posteriormente, en una forma distintiva de entender el socialismo por parte del Partido Comunista de China, en una teoría propia. Es parte del proceso de integrar el marxismo con la realidad china, pero se diferencia notablemente del socialismo como lo entendió Mao Zedong entre 1958 y 1976. Asimismo, el Socialismo con Características Chinas es diferente del socialismo como se entiende en otras partes del mundo. Contiene términos distintivos y únicos, como Economía Socialista de Mercado y Primera Etapa del Socialismo. Esta forma de entender el socialismo es el paradigma hegemónico dentro del Partido Comunista de China hasta la actualidad. Otros investigadores han llegado también a estas conclusiones, por ejemplo, Pereira Hernández (2022). Sin embargo, las fuentes teóricas e históricas de esta teoría han sido poco estudiada. Ésta sería la principal contribución de este escrito.
Las tres fuentes y partes integrantes de esta teoría son, principalmente, el nacionalismo, el marxismo soviético clásico y la experiencia de la Nueva China. El nacionalismo es una ideología que antecede cronológicamente al marxismo en China. Los comunistas chinos llegaron al socialismo como una forma de salvar a China y hacerla nuevamente fuerte y próspera. El marxismo en China tiene un desarrollo independiente que no busca legitimarse frente a otros marxismos, sino que tiene como lógica responder a las necesidades propias: darle independencia al país, desarrollar su economía y elevar la calidad de vida de las grandes masas. El marxismo soviético clásico dejó desde el principio su impronta en el marxismo del Partido. Hasta la actualidad, Marx-Engels-Lenin-Stalin forman el canon de teóricos marxistas que sirven como base ideológica, sobre ellos se desarrolló el Pensamiento de Mao Zedong y, posteriormente, el Socialismo con Características Chinas. El marxismo no soviético que se desarrolló en Europa, todas las ramificaciones que se engloban dentro del Marxismo Occidental, así como los marxismos desarrollados en otras latitudes (incluidos los marxismos latinoamericanos, africanos o asiáticos) son corrientes ajenas al Socialismo con Características Chinas. Pueden ser objeto de estudio en las escuelas de marxismo y de filosofía, pero no son parte de la ideología oficial. La experiencia de la Nueva China demostró que la construcción del socialismo respondía a leyes objetivas del desarrollo histórico, independientes de la voluntad del Partido. En las condiciones de China, el país tenía que pasar por una primera etapa del socialismo de varias décadas, en la cual el Partido utilizaría simultáneamente mecanismos de mercado y de planeación estatal, con la finalidad de desarrollar las fuerzas productivas nacionales y sentar las bases materiales para avanzar a una etapa superior del socialismo.
El Socialismo con Características Chinas es diferente del socialismo como se entiende en otros países en varios aspectos, pero quizá el más evidente es su carácter no revolucionario. El marxismo nació como una teoría revolucionaria que impulsaba la lucha del proletariado por la toma del poder político y el establecimiento de un modo de producción superior al capitalismo. Continuadoras de este espíritu, muchas organizaciones socialistas en el mundo enarbolan el marxismo como teoría revolucionaria. Pero no el Partido Comunista de China. El marxismo que sirve como guía teórica del Partido busca la gobernanza, la estabilidad y el desarrollo, requisitos para la construcción del socialismo en la etapa actual. El marxismo como teoría revolucionaria, como guía ideológica para la conquista del poder político, es uno; el marxismo como teoría para construir el socialismo una vez que se ha conquistado el poder político, es otro. El marxismo de Mao Zedong es uno; el marxismo de Deng Xiaoping es otro. Ambos son marxismo, pero son adecuados a etapas diferentes para que puedan servir como herramientas que transforman la realidad. El marxismo revolucionario identifica la lucha de clases como contradicción principal de la sociedad capitalista. El marxismo de gobernanza subsume la lucha de clases como contradicción secundaria de la sociedad socialista. Promover la lucha de clases como contradicción principal una vez que el Partido ya había conquistado el poder, en lugar de fortalecer la construcción del socialismo, la debilitó, como lo habría evidenciado la Revolución Cultural.
El Socialismo con Características Chinas es una teoría que le ha funcionado al Partido Comunista de China para desarrollar las fuerzas productivas, combatir la pobreza y elevar la calidad de vida de las grandes masas trabajadoras. Es una teoría acotada temporal y geográficamente. Funcionará como guía ideológica durante el periodo de la Primera Etapa del Socialismo en China, pero después tendrá que ser sustituida por otra adecuada a la nueva realidad. Geográficamente, es una teoría que no aspira a fungir como guía internacional de los movimientos comunistas, pero sí a servir como fuente de inspiración. Si bien no universaliza su teoría, el Partido Comunista de China sí llama a asumir principios claros para hacer del marxismo una herramienta útil y transformadora: huir del dogmatismo, aprender de la práctica y buscar la verdad en los hechos. Estos principios son la base del Socialismo con Características Chinas y pueden ser también base de otros socialismos en el mundo.
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