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mardi 6 janvier 2026

Las razones históricas del progresismo y de su estafadora impotencia

 

Un respuesta al fracaso del progresismo: luchar por recuperar la idea del socialismo, marcar con claridad lo que es un auténtico programa alternativo e implicarse en la miríada de luchas que la sociedad lleva a cabo de forma segmentada…

Andrés Piqueras, profesor senior de la Universidad Jaume I

El progresismo postmoderno o tardocapitalista tiene tres fundamentales razones históricas que confluyen para posibilitarle y explicarle:

• La incorporación de la socialdemocracia clásica al círculo de poder por delegación de la clase dominante.

•    La descomposición y adhesión al Sistema de la buena parte de los partidos de la III Internacional, especialmente en Europa

• La propia crisis del Sistema.

 Las comentamos brevemente por separado.

1.  El movimiento de la humanidad hacia su liberación de la opresión y de la explotación, así como por la eliminación de las desigualdades, o movimiento comunista de la humanidad, pudo empezar a coagular ideológicamente y adquirir efectiva fortaleza universal, según precisamente la clase más universal o clase trabajadora, iba resultando organizada por el propio medio de producción dominante, el capitalismo de la primera y segunda revoluciones industriales, que socializaba la producción aceleradamente.

La socialdemocracia se llamó así por buscar la democracia social, de base, más allá de las recetas y posibilidades que de la “democracia” hacía el capitalismo liberal para que se pudiera elegir entre sus élites. Se concebía a sí misma como opción organizada para el socialismo (que tenía como reivindicación y objetivo básicos la socialización de los medios de producción), una alternativa obrera al capitalismo que con ese fin quiso cuajar en una Internacional proletaria mundial.

Sin embargo, cuando en el último cuarto del siglo XIX, en Europa occidental, este modo de producción empezó a agotar su ejército laboral de reserva, y teniendo al frente un proletariado cada vez más organizado, tuvo que comenzar a cuidar en cierta medida de su fuerza de trabajo, que no podía ser sustituida tan fácilmente en el caso de ser explotada hasta la extenuación, así como por enfermedades o accidentes.

Por otra parte, el desarrollo y paulatina preponderancia de la plusvalía relativa fue facilitando la desconcienciación de la clase trabajadora, su pérdida del sentido de explotación, pues la mejora de la productividad que procura el cambio técnico permite la desvalorización de los medios de vida de los trabajadores (y por tanto el abaratamiento de la fuerza de trabajo) sin afectar especialmente a su situación material, lo que permite aumentar la tasa de explotación en su modalidad intensiva sin acentuar el conflicto social. 

Los primeros seguros sociales, la entrada de los partidos obreros en los parlamentos, la lenta pero sostenida elevación de la calidad de vida de la fuerza de trabajo, la sensación de poderío de una clase trabajadora crecientemente organizada, generó la ilusión de conquistas indefinidas dentro del capitalismo, hasta el punto de que llegó a hacerse común que este Sistema se podría superar a sí mismo, sin rupturas de clase, digamos que “pacíficamente” (lo que marcaría a la II Internacional en adelante).

Esa socialdemocracia cada vez más acoplada a las reglas de juego del capitalismo, terminó por hacerse capitalista. 

En la I y II Guerras Mundiales mostró a los cuatro vientos que en adelante su “patria” era la del capital. No sólo no se opuso a la guerra, sino que se manifestó en contra de los procesos revolucionarios (renegando de la URSS), para sustituirlos por los parlamentarios electoralistas.

Sería en los años 30 del siglo XX, y sobre todo en la post-guerra keynesiana (con el protagonismo del capitalismo reformista, posible gracias a la URSS), cuando paso directamente a formar parte de la agencialidad política de la clase capitalista. El congreso de Bad Godesberg (1959), en Alemania, marcaría el momento emblemático de esa deriva.

Tras la caída de la URSS, la globalización neoliberal de la ley del valor que entrañó una brutal ofensiva de clase a escala planetaria, tuvo ya de cómplice directo a la socialdemocracia capitalista, por más que se intentara auto-otorgar un toque de legitimidad bajo la pantalla de una Tercera Vía que nunca tuvo contenido práctico alguno.

La concomitante destrucción de conquistas históricas, acelerada con la posterior degeneración sistémica que se ha ido acentuando en las primeras décadas del siglo XXI, no haría sino hacer cada vez más indistinguible su papel dentro de las diferentes versiones del capitalismo.

2.  La descomposición y entrega de la III Internacional tiene también algunos momentos clave.

Con la Revolución Soviética y su III Internacional el movimiento comunista de la humanidad experimentó un acelerón y una gran acumulación de fuerzas.

Acumulación que sufriría sus primeros bandazos con la división bolchevique en tres tendencias: la estalinista (que llevó al éxito de la URSS contra las monstruosas agresiones externas y procuró un desarrollo social y humano sin precedentes en la historia de la humanidad), la trotskista y la bujarinista.  

Más tarde, esa acumulación de fuerzas del movimiento comunista comenzaría a perder parte de su impulso en 1956, con el XXº Congreso del PCUS y la “desestalinización” de la URSS, cuando empezó una deriva hacia la “reconciliación” con el capitalismo y a abrir crecientes espacios al revisionismo interno. 

La ruptura entre la URSS y China, precisamente a raíz de ese proceso soviético (que la China de Mao no aceptó, y que sin embargo más tarde, cuando la revolución china se hizo bujarinista con Deng Xiaoping, la alejaría aún más de la URSS, apartándose del internacionalismo y del enfrentamiento al capitalismo, patrones estos últimos que todavía la caracterizan en la actualidad), fue otro mazazo para el movimiento comunista, que recibiría el golpe más duro con la caída de la URSS. Golpe del que todavía no se ha recuperado la humanidad, al perderse en gran medida el proyecto, la praxis y el horizonte socialista para la mayor parte de las sociedades del mundo desde entonces.

En esa pérdida hay que contar también con que casi todos los partidos herederos de la III Internacional, que otrora se guiaron por la URSS, no sólo quedaron huérfanos de dirección estratégica o en la práctica imposibilitados de ella (la estrategia precisa de fuerza para poder llevarse a cabo), sino que a gran velocidad se fueron socialdemocratizando o aceptando el marco del capitalismo como incuestionable, esto es, el único posible (en Europa este proceso se dio bajo el nombre de “eurocomunismo”, mientras que en NuestraAmérica tuvo lugar más como neodesarrollismo y diversos populismos, los cuales también arraigarían en África).

La deriva de la gran mayoría de partidos comunistas y organizaciones crecidas bajo el ala de la III Internacional, les llevaría a posiciones cada vez más conniventes con el capitalismo salvaje de la globalización unilateral comandada por Estados Unidos. 

Llegando a formar parte incluso de gobiernos de la OTAN y de la UE -por lo que ha recibido la designación de “izquierda otanista” o, como la propia CIA la bautizara, “izquierda compatible” con el Sistema-. Igualmente, las organizaciones sindicales que nacen ante la absorción de las centrales clásicas por el Sistema, no van más allá de éste, no son capaces de cuestionar el relato global del capitalismo, especialmente por lo que se refiere a su división imperial del mundo, ni a trascender, por tanto, un accionar economicista, en el mejor de los casos con algunos tintes sociales siempre dentro del orden del Sistema.

Resulta obvio decir que con esa deriva los PCs no pueden sino dejar de perder militancia (que no sólo es una cuestión de afiliación), presencia social y algo que proponer a las sociedades, haciéndose por el contrario parte del problema. Ello se evidenciaría aún más según avanzaba la decadencia capitalista y su brutal ofensiva de clase contra las poblaciones del mundo.

 3. Crisis capitalista

 Las condiciones de degeneración del modo de producción capitalista se han ido agudizando desde finales del siglo XX hasta hoy. 

A partir del último cuarto de aquel siglo cada vez ha sido más difícil ocultar que el menguante desarrollo de las fuerzas productivas ha ido dando paso a cada vez más fuerzas destructivas, con el consiguiente declive del conjunto de la civilización a que dio lugar. 

Ello radica en toda una cadena de razones, como la dilución del valor y mengua del plusvalor parejo a la tecnificación de los procesos productivos, la galopante reversión del capital a su forma simple de dinero (cada vez como elemento de especulación y ganancia rentista, y no tanto de inversión productiva), un endeudamiento público y privado insostenible, una economía crecientemente ficticia, un acuciante estrés climático, el manifiesto agotamiento de materiales y energía fósil, así como la imparable expansión de un “valor negativo”: plagas, epidemias, deterioro de recursos, saturación de sumideros, contaminación generalizada, pérdida de fertilidad de los suelos, salinización, estrés climático, desaparición de nitratos y de fósforo, sobreexplotación, sobre-empobrecimiento y extenuación de las poblaciones…

Todo ello da como resultado lo que algunos autores han señalado como una “tormenta perfecta”, pues la hipotética solución a uno de esos factores significaría el agravamiento inmediato de otros. La destrucción social y ambiental, el desmoronamiento de las sociedades en la casi totalidad del mundo, así lo testimonia.

Sin embargo, a falta de sepultureros o agentes colectivos organizados por el socialismo, el capitalismo ha podido rescatarse a sí mismo, especialmente inventándose dinero de la nada para hacer como que su economía sigue funcionando, pero también, obviamente (cualquiera de sus crisis lleva a ello) aumentando la explotación de la fuerza de trabajo, apropiándose de su patrimonio colectivo, llevando la sustracción del salario a cotas más altas, según mercantiliza más aspectos de la vida y la encarece en su conjunto.

El progresismo o nueva izquierda del Sistema 

Es en este contexto histórico de orfandad, desorientación de clase y mortífera ofensiva capitalista, en el que en el siglo XXI (y sobre todo tras la crisis de 2008) aparece o cobra más cuerpo -aprovechando el nicho político dejado por la neoliberalización de la socialdemocracia clásica y la socialdemocratización-liberal de los partidos comunistas mayoritarios-, un progresismo como una suerte de neosocialdemocracia que “vende” de nuevo la idea de que el capitalismo puede ser reformable y hacerse “justo”, “democrático” e “igualitario” a poco que se voten sus opciones (lo de tener arraigo obrero-trabajador y bregarse en las luchas sociales en general, pugnar por erigir pueblos auto-organizados y estructuras políticas resultantes de ello, ni se considera). En adelante, no se hablará de “clases” ni de sus luchas, ni de “socialismo” y mucho menos de “tomas del poder”.

Términos como “gente”, “99%”, “los de arriba y los de abajo”… van sustituyendo aquella conciencia de clase trabajadora por un neolenguaje deliberadamente vago e impreciso, con intención de “atrápalo todo”, que no dice nada concreto sobre la raíz de las cosas, al tiempo que congruentemente con ello se hace gala de reivindicar ante todo políticas de identidad, particularistas, o se enarbolan luchas parciales, segmentadas e incomunicadas entre sí (cuando no directamente corporativas y exclusivistas), en vez de universales y con proyección común hacia una sociedad que pueda satisfacer el conjunto de luchas y reivindicaciones. 

Ni que decir tiene que la toma del poder y la desarticulación de los elementos básicos del capitalismo ni pasa por su imaginación.

Es por eso que a esa nueva ola no le sería problemático subirse a la vieja socialdemocracia, que encuentra en ella un punto de reenganche en la atracción del electorado, dado que nada puede ofrecer en cuanto a modificar las claves de la explotación o sobreexplotación de clase y las dolorosas secuelas que el capitalismo va dejando en sus poblaciones. También, por supuesto, las organizaciones socialdemocratizadas de la III Internacional se incorporarían a la cola de esa tendencia, pasando de supuestas “vanguardias” a retaguardias de la misma, a remolque de las neoizquierdas.

Sin embargo, la clase capitalista transnacional sí ejerce una rotunda política de clase, y desde 2008 intensifica los mecanismos de explotación, desposesión y dominación para intentar sostener el crecimiento. Entre los más destacados:

a. El pillaje y saqueo de las finanzas públicas: se da una transferencia de riqueza sin precedentes del ámbito público a las arcas del capital transnacional. Se socializan las pérdidas en un momento en que las grandes empresas transnacionales registran niveles récord de ganancias. Los Estados extraen también cada vez más excedente de las sociedades para entregárselo a las finanzas globales, mientras se mercantiliza el conjunto de actividades de la vida social y natural. Todo vinculado también a una montaña de deuda que ya supera el 365% del PIB mundial.

b. La especulación financiera (ya en 2008 los mercados de derivados alcanzaron los 2.3 billones de dólares al día) y la masiva emisión de dinero sin valor, primero a tasas de interés cero o incluso negativas y después alzadas bruscamente en el camino de arruinar a buena parte de los actores económicos (incluida la mayor parte de la población) y quedarse aún más deprisa con sus activos, propiedades y patrimonio.  La mercantilización de lo público, del conjunto de actividades que sostienen la vida y la inflación de precios de productos básicos (alimentación, vivienda, motorización…) van también en ese camino.

c. Frente a la crisis de sobreacumulación, la economía de guerra se vuelve también eje central de crecimiento en la economía global, un crecimiento militarizado o exacerbación bélica de la Desposesión de las poblaciones del mundo, con la consiguiente reordenación de todo el entramado sistémico del capitalismo hacia su vertiente más postdemocrática y autoritaria, que da pie, entre otras muchas consecuencias, a que vaya calando estructuralmente de nuevo una cultura de disciplina y mando.

Todo esto da como resultado el aumento de la explotación de la fuerza de trabajo y lapérdida de su poder adquisitivo, deterioro acelerado también de los salarios indirecto y diferido, empobrecimiento generalizado de la población y un exacerbado crecimiento de la desigualdad, entre otras muy duras consecuencias. Lo cual provoca un creciente hastío de las poblaciones, que, sin alternativas reales a lo que ocurre y sin organización ni cauces políticos y sociales para rebelarse de forma eficaz, comienzan a ver a las distintas versiones electorales del Sistema como parte de lo mismo.

Es en ese deterioro social que el propio Sistema pergeña su “versión antisistémica”: opciones proto-fascistas (listas para dar paso directamente al fascismo -o neofascismo- si las condiciones sociales lo requieren, con versiones más o menos duras según vaya la correlación de fuerzas entre las clases). 

Es decir, que la falta de respuestas reales para las condiciones de vida de la población, el vacío de alternatividad (que no de alternancia), la nula proclamación (ni intento de erección) de un proyecto socialista superador del capitalismo, lleva, una vez más en la historia, a las izquierdas clásicas y a las neoizquierdas a ir dejando el paso franco a las ultraderechas proto-fascistas. Más aún según el Sistema se hace irreformable y deteriora machaconamente las condiciones de vida de las poblaciones del mundo, en una creciente espiral de explotación, empobrecimiento, guerra, muerte y caos.

Como quiera que las izquierdas del Sistema (auto-confinadas en la institucionalidad burguesa) ni tienen ningún programa o proyecto ni pueden nada contra todo ello (al tiempo que su impotencia las hace perder aún más sus posibles bases), las salidas autoritarias-neofascistas para las poblaciones comienzan a verse por cada vez más sectores sociales sin memoria histórica alguna (porque nadie tampoco se la proporcionó) como “alternativa” a seguir. El Sistema ya se encarga de promocionar y sustentar ese señuelo de alternativa con todos sus medios y aparataje.   

¿Y entonces?

Ante ello, frente a la dinámica de todo o nada en la que entra el modo de producción capitalista, a las fuerzas altersistémicas que aún pugnan por enfrentar el capitalismo no les queda sino descolonizar las propias conciencias (desparasitarlas de la ideología de la clase dominante), luchar por recuperar la idea del socialismo entre la población, marcar con claridad lo que es un auténtico programa alternativo, implicarse en la miríada de luchas que la sociedad lleva a cabo de forma segmentada y desarticuladas entre sí, para darlas una proyección común hacia un objetivo de sociedad también común. 

Reconstruir la III Internacional (a falta de que alguna fuerza mundial pudiera convocar una V), deviene también una tarea perentoria. La cual bien puede empezar por la articulación de un Frente Internacionalista (Antimperialista) Mundial

la muchacha (Márta Mészáros, 1968)

 


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 LA MUCHACHA, SUBTITULADA EN ESPAÑOL




 

En Libye, l’extermination des exilés sous mandat européen

 

En Libye, les migrants franchissent la porte d’un système pensé pour broyer. Témoignages, chiffres, enquêtes : tout révèle une mécanique d’extorsion, de torture et d’élimination. Et l’Europe continue d’alimenter la machine.

Extermination à huis clos.

  • En Libye, les prisons pour exilés sont devenues de vrais mouroirs, avec tortures et viols, fosses communes, le tout sous l’œil complice de l’Europe qui externalise sa politique migratoire.
  • Des témoignages racontent des centres où « dès l’entrée, on voyait les cadavres entassés au sol », des femmes violées avec des objets et des enfants torturés ou réduits en esclavage.
  • Les milices locales contrôlent les détentions, transforment des bâtiments en prisons clandestines et pratiquent l’extorsion et la violence totale, pendant que les autorités officielles font semblant d’encadrer le système.
  • Le pays est fracturé entre deux pouvoirs, celui de Tripoli et celui de Haftar, chacun laissant prospérer ces réseaux carcéraux où on jette les corps dans des décharges comme des déchets.
  • L’UE continue pourtant de financer les garde‑côtes libyens et les centres dits “officiels”, une coopération que des ONG qualifient d’« aide directe à la torture ».

El ataque de Trump a Venezuela es parte de un plan a nivel global

Es imposible para las naciones de América Latina (y del Sur Global en su conjunto) practicar la democracia mientras exista el imperialismo estadounidense

Ben Norton, periodista estadounidense 

Estados Unidos ha lanzado un ataque frontal no sólo contra Venezuela, sino contra toda América Latina, e incluso contra el concepto básico de soberanía.

Donald Trump ordenó el 3 de enero al ejército estadounidense bombardear Venezuela, secuestrar a su presidente constitucional Nicolás Maduro y enviarlo a Nueva York para ser sometido a un juicio espectáculo por cargos de motivación política.

Este descarado ataque contra Venezuela forma parte de una ofensiva imperialista estadounidense más amplia en América Latina. La administración Trump ha invocado abiertamente la Doctrina Monroe, de 202 años de antigüedad, y la ha actualizado para el siglo XXI, llamándola con orgullo la «Doctrina Donroe».

Al atacar a Venezuela, el imperio estadounidense espera lograr varios objetivos:

  • Imponer la hegemonía estadounidense en América Latina (desde la Doctrina Monroe hasta la Doctrina Donroe).
  • Explotar los recursos naturales de Venezuela (petróleo, gas, minerales críticos y elementos de tierras raras), como parte de un intento de construir una nueva cadena de suministro en el hemisferio occidental.
  • Cortar los lazos de América Latina con China (así como con Rusia e Irán).
  • Amenazar a otros gobiernos de izquierda en la región (principalmente Cuba y Nicaragua, pero también Brasil y Colombia).
  • Destruir el proyecto de integración regional en América Latina y el Caribe (en organismos como el ALBA y la CELAC).
  • Sabotear la unidad del Sur Global (dado el apoyo de Venezuela a Palestina, Irán, las luchas de liberación africanas, etc.).

Trump abraza la Doctrina Monroe colonial

El plan más amplio del imperio estadounidense quedó claramente explicado en la Estrategia de Seguridad Nacional 2025 de la administración Trump .

El documento mostró cómo Estados Unidos busca imponer por la fuerza su hegemonía en todo el hemisferio occidental. Invocó abiertamente la Doctrina Monroe.

Los funcionarios estadounidenses han adoptado con entusiasmo la doctrina colonial, que se remonta a 1823.

Apenas horas después de que el gobierno de Estados Unidos atacara a Venezuela, una cuenta oficial de Trump en Twitter publicó propaganda que mostraba al presidente estadounidense de pie sobre todas las Américas, desde Alaska en la cima de América del Norte hasta Argentina en la base de América del Sur, sosteniendo un gran palo que decía “Doctrina Donroe”.

La imagen era una referencia a una caricatura política de la Doctrina Monroe de 1905. El Secretario de Guerra de EE. UU., Pete Hegseth, la volvió a publicar en su cuenta oficial del gobierno.

El imperio estadounidense quiere controlar los recursos naturales de América Latina

La Estrategia de Seguridad Nacional de la administración Trump enfatizó que el objetivo es que las corporaciones estadounidenses controlen todos los recursos naturales estratégicos del hemisferio occidental, incluidos minerales críticos y elementos de tierras raras.

No es casualidad que Venezuela posea las mayores reservas de petróleo del mundo. Si bien hoy Estados Unidos es el principal productor de petróleo del planeta y un exportador neto, aún depende en gran medida de la importación de crudo pesado. Gran parte de este proviene de Canadá, pero el crudo pesado venezolano es una posible fuente alternativa.

Trump ha sido explícito al señalar que quiere que las corporaciones estadounidenses se apoderen de la industria petrolera venezolana para que Estados Unidos pueda satisfacer sus necesidades de crudo pesado. (Reemplazar las exportaciones canadienses de crudo pesado también podría dar a Washington influencia sobre Ottawa, en un momento en que Trump habla de colonizar Canadá y convertirlo en el «estado 51»).

En una conferencia de prensa tras bombardear Venezuela , Trump afirmó que el gobierno estadounidense «gobernará el país». Añadió: «Haremos que nuestras gigantescas compañías petroleras estadounidenses, las más grandes del mundo, entren, gasten miles de millones de dólares, reparen la infraestructura petrolera, que está muy deteriorada, y empiecen a ganar dinero».

«Estamos en el negocio del petróleo», enfatizó el presidente estadounidense. «Vamos a extraer una enorme cantidad de riqueza del suelo».

Una nueva cadena de suministro de minerales críticos controlada por Estados Unidos, excluyendo a China

El gobierno estadounidense ha dejado claro que quiere crear una nueva cadena de suministro en el hemisferio occidental que excluya a China, a fin de prepararse para un futuro conflicto con Pekín. Espera poder utilizar los minerales críticos y las tierras raras de América Latina para lograrlo.

Esta es también una de las principales razones por las que Trump quiere colonizar y saquear Groenlandia, que posee 25 de los 30 materiales considerados “críticos” por la Unión Europea .

En la Estrategia de Seguridad Nacional 2025, la administración Trump afirmó que las corporaciones estadounidenses deben controlar la «infraestructura energética» y el «acceso a minerales críticos» de América Latina. El gobierno estadounidense escribió que está «fortaleciendo las cadenas de suministro críticas en este hemisferio» para «reducir las dependencias» y la «influencia externa perjudicial», una obvia referencia a China.

China domina la cadena de suministro global de minerales críticos. No solo la administración Trump, sino también la de Joe Biden, buscaron cambiar esta situación creando una nueva cadena de suministro controlada por Estados Unidos.

Funcionarios más sensatos de la administración Trump han reconocido que la mayor parte de la manufactura no está regresando a Estados Unidos (donde el número de empleos en el sector manufacturero ha disminuido constantementedurante décadas, incluso bajo el gobierno de Trump), por lo que admitieron en la Estrategia de Seguridad Nacional que desean «localizar» la manufactura en Latinoamérica. Las corporaciones estadounidenses buscan explotar a los trabajadores latinoamericanos con bajos salarios para fabricar sus productos, excluyendo a China.

Esta es también la razón por la que se desea una nueva cadena de suministro dominada por Estados Unidos en el hemisferio occidental: no sólo porque el complejo militar-industrial estadounidense necesita eliminar a China de la cadena de suministro de las armas que está fabricando para prepararse para una posible guerra futura con China, sino también porque Estados Unidos busca desvincularse económicamente de China y cree que América Latina puede ayudarlo a lograrlo.

La infraestructura estratégica de América Latina

Además, el imperio estadounidense quiere controlar toda la infraestructura estratégica de América Latina.

La Estrategia de Seguridad Nacional 2025 decía que Washington “identificará puntos y recursos estratégicos en el hemisferio occidental”, y agregaba: “El gobierno de Estados Unidos identificará oportunidades estratégicas de adquisición e inversión para empresas estadounidenses en la región”.

La administración Trump está amenazando descaradamente a los países latinoamericanos con obligar a China a vender cualquier inversión que tenga en proyectos de infraestructura regional.

El gobierno de Estados Unidos ya ordenó con éxito a Panamá presionar a la empresa de Hong Kong dueña de los puertos que rodean el Canal de Panamá, CK Hutchison Holdings, para que los vendiera al gigante de Wall Street BlackRock .

Es probable que Estados Unidos también tenga como objetivo el puerto peruano de Chancay , uno de los puertos más importantes de la región, construido por China. El asesor de Trump para América Latina , Mauricio Claver-Carone, sugirió: «Todo producto que pase por Chancay o cualquier puerto propiedad o controlado por China en la región debería estar sujeto a un arancel del 60%».

Incluso se ha discutido en Washington sobre posibles medidas para obligar a los gobiernos latinoamericanos a imponer restricciones a la inversión china en la región.

La intervención estadounidense en América Latina durante la Segunda Guerra Fría

La Estrategia de Seguridad Nacional 2025 demostró la obsesión de la administración Trump por limitar los vínculos de China con países latinoamericanos. Esto es la Segunda Guerra Fría.

En su primer viaje al extranjero como secretario de Estado, Marco Rubio visitó Panamá, donde obligó al país centroamericano a retirarse de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI) de China. La administración Trump está aumentando significativamente la presión estadounidense sobre otros países de la región para que abandonen la BRI.

Asimismo, Trump interfirió descaradamente en las elecciones hondureñas de 2025 y respaldó un golpe de estado electoral. (Trump también indultó y liberó de prisión a uno de los peores narcotraficantes del mundo, el exdictador derechista de Honduras, Juan Orlando Hernández, respaldado por Estados Unidos, lo que ilustró cómo a la administración Trump no le importa realmente el narcotráfico, sino que simplemente lo utiliza como excusa cínica para atacar y desestabilizar a los gobiernos independientes de la región).

El aliado derechista de Trump que ahora gobernará Honduras en nombre de Estados Unidos, el oligarca Nasry “Tito” Asfura, ha prometido romper formalmente las relaciones diplomáticas con la República Popular China y reconocer a los separatistas de Taiwán.

Estados Unidos también quiere utilizar a Honduras como base de operaciones para atacar al gobierno sandinista en la vecina Nicaragua.

Tras bombardear y ocupar Venezuela, Trump y Marco Rubio esperan librar guerras imperialistas similares para cambiar el régimen en Cuba y Nicaragua. Rubio ha dedicado toda su carrera a derrocar sus revoluciones socialistas. Para él, es una cruzada política.

De hecho, en una conferencia de prensa que Trump y Rubio dieron después de bombardear Venezuela y secuestrar al presidente Maduro, amenazaron abiertamente a Cuba y al presidente izquierdista de Colombia, Gustavo Petro.

El objetivo de la administración Trump es simple: imponer regímenes títeres de derecha de Estados Unidos en todos los países de América Latina, que servirán obedientemente a los intereses de Washington y Wall Street y venderán sus activos a inversores estadounidenses.

Trump también ha amenazado con bombardear México , que tiene un gobierno independiente y no alineado liderado por la presidenta izquierdista Claudia Sheinbaum (quien es una de las líderes más populares del planeta, con un índice de aprobación constante de alrededor del 74% ).

México se ha opuesto firmemente a estas amenazas estadounidenses, argumentando que constituirían un ataque a su soberanía. Pero, como demostró la guerra de Trump contra Venezuela, al imperio estadounidense le importa un bledo la soberanía.

De la Doctrina Monroe a la Doctrina Donroe: la Estrategia de Seguridad Nacional 2025

Para entender mejor el plan del imperio estadounidense para América Latina, es importante analizar los detalles de la Estrategia de Seguridad Nacional 2025 (NSS) de la administración Trump.

Este documento identificó al hemisferio occidental como la región más importante para la política exterior estadounidense. La administración Trump declaró su deseo de una región que “permanezca libre de incursiones extranjeras hostiles o de la propiedad de activos clave, y que apoye cadenas de suministro críticas”, en la que Estados Unidos tenga “acceso continuo a ubicaciones estratégicas clave”.

La NSS declaró en términos inequívocos que “Estados Unidos reafirmará y hará cumplir la Doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental”.

En una conferencia de prensa que Trump ofreció pocas horas después de bombardear Venezuela y secuestrar al presidente Maduro, se hizo eco de esta retórica. Elogiando la Doctrina Monroe, Trump dijo: «La hemos superado con creces. Ahora la llaman la Doctrina Donroe». Añadió: «Estamos reafirmando el poder estadounidense de una manera muy contundente en nuestra región».

En la Estrategia Nacional de Seguridad de 2025, la administración Trump se comprometió a «negar a los competidores no hemisféricos la capacidad de posicionar fuerzas u otras capacidades amenazantes, o de poseer o controlar activos estratégicamente vitales, en nuestro hemisferio». Esta era una clara referencia a China.

El documento dejó claro que lo que Washington busca es la hegemonía. Declaró:

Estados Unidos debe tener una posición preeminente en el hemisferio occidental como condición para nuestra seguridad y prosperidad, una condición que nos permita afirmarnos con confianza donde y cuando sea necesario en la región . Los términos de nuestras alianzas, y los términos bajo los cuales brindamos cualquier tipo de ayuda, deben estar condicionados a la reducción de la influencia externa adversaria , desde el control de instalaciones militares, puertos e infraestructura clave hasta la adquisición de activos estratégicos en sentido amplio”.

La administración Trump ni siquiera intentó ocultar el hecho de que no le importa la soberanía de los países de América Latina y está más que dispuesta a violarla.

“Queremos que otras naciones nos vean como su socio de primera opción y desalentaremos (a través de diversos medios) su colaboración con otros”, afirmó el NSS.

El documento articuló una división maniquea del mundo al estilo de la guerra fría, escribiendo: “La elección que todos los países deberían enfrentar es si quieren vivir en un mundo liderado por Estados Unidos, de países soberanos y economías libres, o en un mundo paralelo en el que estén influenciados por países del otro lado del mundo”.

El corolario Trump de la Doctrina Monroe

La Estrategia de Seguridad Nacional 2025 declaró que el imperio estadounidense “afirmará y aplicará un ‘Corolario Trump’ a la Doctrina Monroe”.

Esta era una referencia al “Corolario Roosevelt” propuesto por el archiimperialista Theodore “Teddy” Roosevelt en su discurso sobre el Estado de la Unión de 1904 , cuando afirmó lo siguiente (énfasis añadido):

Una mala conducta crónica o una impotencia que resulte en un relajamiento general de los lazos de la sociedad civilizada pueden requerir en Estados Unidos, como en otras partes, en última instancia la intervención de alguna nación civilizada y en el hemisferio occidental la adhesión de los Estados Unidos a la Doctrina Monroe puede obligar a ese país , por muy renuente que sea, en casos flagrantes de tal mala conducta o impotencia, a ejercer un poder policial internacional.

Nuestros intereses y los de nuestros vecinos del sur son, en realidad, idénticos. Poseen grandes riquezas naturales , y si dentro de sus fronteras impera la ley y la justicia, la prosperidad les llegará con seguridad.

Al afirmar la Doctrina Monroe , al tomar medidas como las que hemos tomado con respecto a Cuba, Venezuela y Panamá , y al tratar de circunscribir el teatro de la guerra en el Lejano Oriente y asegurar la puerta abierta en China , hemos actuado en nuestro propio interés así como en el interés de la humanidad en general.

Lo sorprendente es que los objetivos de la agresión imperialista de Teddy Roosevelt en 1904 —China, Venezuela, Cuba y Panamá— son algunos de los mismos objetivos de Washington hoy.

Trump ha recuperado la doctrina imperialista del «Gran Garrote» y la diplomacia de las cañoneras de Teddy Roosevelt. Con su «Corolario Trump», el gobierno estadounidense afirma que se cree con el derecho a intervenir militarmente en cualquier lugar de América Latina y el Caribe, cuando lo desee. Se trata de una política explícitamente imperialista que busca negar a las naciones de la región sus derechos a la independencia, la soberanía y la autodeterminación, consagrados en el derecho internacional y la Carta de las Naciones Unidas.

El ataque de la administración Trump a Venezuela es parte de un ataque imperialista más amplio contra América Latina y el Sur Global en general.

El salvajismo y la crueldad manifiestos del imperio estadounidense demuestran también cuán pueril y ridícula es la retórica sobre la “democracia” de los funcionarios y expertos occidentales cuando acusan a países del Sur Global asediados, como Venezuela, de ser supuestamente “autoritarios”.

Es imposible para las naciones de América Latina (y del Sur Global en su conjunto) practicar la democracia cuando el imperio más poderoso y letal del mundo interfiere constantemente en sus elecciones, las ataca, les impone sanciones y patrocina golpes de Estado.

La verdadera democracia es imposible mientras exista el imperialismo


DE CÓMO EUROPA SUBDESARROLLÓ A ÁFRICA por Walter Rodney

FUENTE: https://elsudamericano.wordpress.com/2025/12/22/de-como-europa-subdesarrollo-a-africa-por-walter-rodney/ 

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LEER Y DESCARGAR: DE CÓMO EUROPA SUBDESARROLLÓ A ÁFRICA – Walter Rodney

El libro n.° 328 de nuestra Colección Socialismo y Libertad

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Los largos recuentos heroicos de cómo Europa llega a «civilizar» a África son conocidos. La manera en que trae tu luz tecnológica, su pensamiento coherente, tu seguridad con la que de inmediato se reparte el continente haciendo caso omiso de lo que ahí encuentra: culturas, técnicas, organizaciones sociales y económicas.

Pero los pueblos se sublevan. Aprenden el lenguaje del colonizador y se levantan. Walter Rodney invita a los historiadores africanos jóvenes a seguirlo en el análisis de cómo Europa subdesarrolló a África. Esos historiadores formados en Europa necesitan volver los ojos a sus países y poner en duda una serie de premisas que tan sencillamente aceptaban. La vehemente descripción de Rodney de la historia de África muestra la correlación directa entre el desarrollo de Europa y el subdesarrollo del continente africano. Su claridad y solidez científica abren nuevas vías de investigación, y al lector latinoamericano le descubren fragmentos de su propia historia.

Walter Rodney fue profesor de Historia Africana en la Universidad de Dar el Salaam, Tanzania, en donde ensenó durante siete años, al cabo de los cuales volvió a su tierra natal, Guyana, para proseguir ahí con sus labores académicas; publicó varias obras y militó en la Alianza Popular de los Trabajadores. Fue detenido en 1979 y posteriormente liberado, cuando cae la dictadura neocolonial de Forbes Burham. El 13 de junio de 1980 fue asesinado junto con su hermano Donald.

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Indice

Prólogo a la traducción al castellano
Prefacio

1.– Algunas cuestiones sobre el desarrollo

1.1 ¿Qué es el desarrollo?
1.2 ¿Qué es el subdesarrollo?
Breve guía de lectura

2.– Cómo se desarrolló África antes de la llegada de los europeos hasta el siglo XV

2.1 Una visión general
2.2 Algunos ejemplos concretos
Conclusión
Breve guía de lectura

3.– La contribución de África al desarrollo del capitalismo en Europa. El período precolonial

3.1 Cómo Europa llegó a ser el sector dominante del sistema mundial de comercio
3.2 La contribución de África a la economía y las creencias de la Europa capitalista temprana
Breve guía de lectura

4.– Europa y las raíces del subdesarrollo africano hasta 1885

4.1 El comercio europeo de esclavos como factor fundamental del subdesarrollo africano
4.2 El estancamiento tecnológico y la distorsión de la economía africana en la época precolonial
4.3 Ejemplos de desarrollo político militar continuado en África, de 1550 a 1885
Conclusión
4.4 La llegada del imperialismo y del colonialismo
Breve guía de lectura

5.– La contribución de África al desarrollo capitalista de Europa. El período colonial

5.1 La expatriación del excedente africano bajo el colonialismo
5.2 El fortalecimiento de los aspectos tecnológicos y militares del capitalismo
Breve guía de lectura

6.– El colonialismo como un sistema para subdesarrollar a África

6.1 Los supuestos beneficios del colonialismo en África
6.2 El carácter negativo de las repercusiones sociales, políticas y económicas
6.3 La educación para el subdesarrollo
6.4 Desarrollo por contradicción
Breve guía de lectura

L'hôpital français tourne grâce aux soignants étrangers qu’il précarise et déclasse

 

Ils font tourner les urgences, la gériatrie, les hôpitaux de campagne… et pourtant, ils restent cantonnés à des statuts bricolés. Entre lenteurs administratives et mépris institutionnel, les médecins étrangers vivent une précarité qui n’a rien d’un accident : c’est un système.

  • En France, les médecins étrangers sont devenus indispensables mais restent coincés dans des statuts précaires, mal payés et bourrés d’obstacles administratifs.
  • Beaucoup se retrouvent en situation d’irrégularité à cause des lenteurs des préfectures, ce qui crée un rapport de force où leur vulnérabilité devient un outil d’exploitation.
  • Cette précarité casse leur ancrage social : ils finissent par se sentir illégitimes pour s’engager plus. Certains directeurs d’hôpital assument clairement ce rapport de force.
  • Au final, l’État utilise ce système pour avoir une main-d’œuvre qualifiée mais subalternisée, maintenir la concurrence et favoriser le dumping social.

El «auge y caída» de la Gran Muralla China, por Gao Kaijun

 FUENTE: https://www.xuliorios.com/el-auge-y-caida-de-la-gran-muralla-china-por-gao-kaijun/?

La Gran Muralla China, símbolo icónico del patrimonio cultural y una maravilla imperecedera del ingenio humano, se encuentra entre las principales atracciones para los visitantes internacionales del país. Si bien las secciones más conocidas hoy en día, como las cercanas a Pekín, se construyeron relativamente tarde, el período de construcción de la Gran Muralla abarca más de dos milenios, desde finales de la dinastía Zhou Occidental (1046-771 a. C.) hasta el final de la dinastía Ming (1368-1644).

Más allá de su imponente presencia física, la Gran Muralla sirvió como un instrumento multifacético de política exterior. Como fortificación militar, fue diseñada para repeler las incursiones de los grupos nómadas del norte que dependían de la caza y la pesca, con el fin de proteger las Llanuras Centrales de amenazas externas. Sin embargo, su importancia trascendió la defensa; desempeñó un papel crucial en la implementación de políticas étnicas, facilitando la gestión de las interacciones entre los diversos grupos culturales y étnicos a ambos lados de su territorio.

Los orígenes de la Gran Muralla

La frontera norte de China, influenciada por su geografía distintiva y fluctuaciones climáticas, fue testigo frecuente de la migración hacia el sur de grupos nómadas durante los períodos históricos de enfriamiento. Estos movimientos inevitablemente provocaron conflictos e incursiones, obligando a los gobernantes de las Llanuras Centrales a construir fortificaciones defensivas que con el tiempo se conocerían como la Gran Muralla.

El primer ejemplo documentado de tales fortificaciones data del reinado del rey Xuan de la dinastía Zhou Occidental (827-782 a. C.). Para contrarrestar las incursiones de grupos nómadas en la estepa mongola, el rey Xuan encargó al duque Guo Zhong del estado de Guo la construcción de una muralla defensiva en lo que hoy es Ordos, región autónoma de Mongolia Interior. Esta fortificación, posteriormente denominada «Fuerte Nanzhong», sentó las bases de la perdurable estrategia de defensa amurallada de China.

El Período de los Reinos Combatientes (476-221 a. C.) presenció la intensificación de los conflictos en las fronteras septentrionales de estados como Yan, Zhao, Wei, Qin y Zhongshan, que eran frecuentemente atacados por tribus como los Baidi, Chidi, Xiongnu y Donghu. Cada estado respondió construyendo murallas defensivas, la más notable de las cuales fue la “Muralla Zhao”. El rey Wuling de Zhao, famoso por implementar la reforma militar conocida como “Hu Fu Qi She” (adoptando la vestimenta y la confección de la caballería de las tribus nómadas en el ejército), dirigió a su ejército para asegurar territorios expandidos y fortificarlos con murallas. Estas defensas protegieron regiones clave, como la actual Baotou en Mongolia Interior y la región de Hetao, en el río Amarillo.

Tras la unificación de China en el 221 a. C., el emperador Qin Shi Huang inició un ambicioso proyecto para salvaguardar la frontera norte del imperio. Para repeler a los xiongnu, donghu y otras tribus esteparias, encargó al general Meng Tian que liderara una fuerza de 300.000 soldados en campañas militares y la construcción de un extenso sistema de murallas. Al integrar y ampliar las murallas preexistentes de los antiguos estados de Qin, Zhao y Yan, la dinastía Qin (221-206 a. C.) estableció la «Gran Muralla de los Diez Mil Li», un hito en la historia china.

Durante el reinado del emperador Wu de Han (156–87 a. C.), la Gran Muralla experimentó una importante expansión hacia el oeste para contrarrestar las continuas incursiones de los xiongnu y otras tribus nómadas. Los trabajadores extendieron la Gran Muralla construida por Qin Shi Huang, más allá de Yumenguan (literalmente, el Paso de la Puerta de Jade en la actual provincia de Gansu), creando una barrera continua que se extendía desde Liaodong en el este, a lo largo de la curva norte del río Amarillo, y aprovechando defensas naturales como las montañas Yinshan y Helan en el camino. La muralla se extendía hacia el oeste más allá de las montañas Qilian hasta Yumenguan en Gansu, abarcando más de 10 000 li (aproximadamente 5000 kilómetros). Cabe destacar que se han descubierto yacimientos de torres de almenara de la dinastía Han (206 a. C.–220 d. C.) incluso más al oeste, como en Lop Nur en Xinjiang.

Protegiendo la civilización agrícola temprana de las llanuras centrales

En la antigua China, la civilización agrícola de las llanuras centrales y las culturas pesqueras y nómadas de las estepas septentrionales exhibieron profundas diferencias en su capacidad productiva. Estas diferencias a menudo condujeron a conflictos y guerras, además del comercio y el intercambio. La construcción de estructuras defensivas como la Gran Muralla para proteger a las sociedades agrícolas de las agresiones externas es un tema recurrente en los anales de la historia mundial. Karl Marx señaló acertadamente: «Todas las colisiones en la historia tienen su origen, según nuestra perspectiva, en la contradicción entre las fuerzas productivas y la forma de intercambio».

A lo largo de las dinastías Qin y Han, la Gran Muralla sirvió como una robusta barrera defensiva a lo largo de la frontera norte de China, manteniendo su papel crucial durante más de cuatro siglos. Esta formidable estructura protegió la floreciente civilización agrícola Huaxia-Han, permitiéndole prosperar en un entorno seguro. Esta protección facilitó no solo el desarrollo económico y cultural, sino también la eventual transformación de la identidad Huaxia en la identidad Han, más cohesionada. Sin la defensa que ofrecía la Gran Muralla, la trayectoria inicial de la civilización Huaxia podría haberse visto irremediablemente interrumpida, posiblemente aplastada por las incesantes incursiones de las tribus nómadas del norte o desviada hacia un rumbo histórico completamente diferente.

En marcado contraste, las civilizaciones de Mesopotamia y la antigua India, sin fortificaciones naturales ni infraestructura defensiva a gran escala como la Gran Muralla, sucumbieron fácilmente a sucesivas oleadas de invasiones nómades.

Durante las eras Qin y Han, los pueblos Huaxia, que se habían unido en las llanuras centrales durante los períodos de Primavera y Otoño y de los Reinos Combatientes (770–221 a. C.), comenzaron un extenso proceso de integración cultural y étnica con los grupos minoritarios circundantes, incluidos los Man Yi Rong Di. Esta fusión dio origen al pueblo Han, una comunidad caracterizada por su vasta población, sofisticación cultural, riqueza lingüística y vitalidad económica. El pueblo Han, junto con sus intrincados sistemas culturales y lingüísticos, mostró una extraordinaria resiliencia, sobreviviendo a las agitaciones internas y las invasiones externas durante los siguientes dos milenios. De las cuatro grandes civilizaciones antiguas del mundo, solo la civilización china ha sobrevivido ininterrumpidamente hasta la era moderna. La construcción y defensa de la Gran Muralla jugó un papel fundamental en esta notable continuidad.

Las inevitables brechas de la Gran Muralla

La Gran Muralla jamás pudo dividir civilizaciones ni bloquear por completo las interacciones entre grupos étnicos. Si bien su construcción y defensa brindaron protección temporal a las sociedades agrarias de las Llanuras Centrales, desastres naturales imprevistos obligaron a menudo a las tribus nómadas del norte a traspasar la Gran Muralla en su afán de supervivencia.

El renombrado geógrafo y meteorólogo chino Zhu Kezhen observó que las temperaturas globales comenzaron a descender gradualmente a principios de la dinastía Han Oriental (25-220), dando paso a un período de enfriamiento que duró unos seis siglos. Este cambio climático provocó desastres naturales generalizados en las regiones del norte, como plagas de langostas y sequías severas. En el año 82, durante el reinado del emperador He de Han (Liu Zhao), el estado Xiongnu Chanyu se dividió en facciones norte y sur. Los Xiongnu del Sur buscaron refugio en el Imperio Han y se sometieron a su autoridad, mientras que los Xiongnu del Norte se retiraron hacia el oeste, neutralizando eficazmente la amenaza norteña para el Imperio Han. Al mismo tiempo, la migración hacia el sur de las poblaciones Han y la expansión de la frontera agrícola llevaron al gobierno Han Oriental a abandonar su dependencia estratégica de la Gran Muralla. A medida que su función defensiva disminuyó, la Gran Muralla cayó en desuso, creando un corredor abierto para que los grupos nómadas del norte migraran hacia el sur en busca de sustento.

Para la dinastía Jin Occidental (265-317), la migración de las minorías del norte había alcanzado proporciones considerables. El Libro de Jin registra que, desde la época del Reino de Wei (220-265), muchos grupos étnicos del norte, sometidos voluntariamente a la corte imperial, se habían abstenido de saqueos violentos. Este período de relativa paz se atribuyó, en parte, a la falta de defensas fortificadas a lo largo de la Gran Muralla, lo que subraya su importancia cambiante en la dinámica cambiante de las relaciones interétnicas.

Dentro y fuera de la Gran Muralla: Todos son “Zhonghua”

Desde finales del período Han Oriental hasta el período Jin Oriental (siglos III-V), grupos étnicos del norte y noroeste, incluyendo a los xiongnu, jie, di, qiang y xianbei, migraron a las llanuras centrales. Entre ellos, el clan Xianbei Tuoba finalmente fundó la dinastía Wei del Norte (386-534), logrando la unificación del norte. Durante el reinado del emperador Xiaowen, este emprendió reformas radicales para integrarse con la cultura han, adoptando la lengua, la cultura y las prácticas económicas del pueblo han. Este proceso transformador facilitó la fusión de los grupos minoritarios con la población han en las llanuras centrales, lo que llevó a los wei del norte a proclamarse herederos legítimos de la tradición “Zhonghua”. En este contexto, “Zhonghua” ya no se refería a un solo grupo étnico. En cambio, representaba una comunidad nacional emergente y un marco de civilización forjado mediante la profunda síntesis de diversos pueblos.

Este concepto resonó entre los gobernantes de las dinastías unificadas posteriores, como los Sui (581-618) y los Tang (618-907). La dinastía Tang, en particular, con su linaje imperial y su élite gobernante enriquecida por una importante ascendencia no Han, adoptó con naturalidad la ortodoxia “Zhonghua” que se había cristalizado durante el reinado del emperador Xiaowen. El emperador Taizong de Tang personificó este espíritu de inclusión, con su famosa declaración: “Desde la antigüedad, los Zhonghua han sido estimados y las tribus incivilizadas despreciadas. Sin embargo, los trato a todos por igual”.

Este concepto se institucionalizó aún más durante el período Yonghui del emperador Gaozong (650-655), cuando el Código Tang con Comentario consagró el concepto de “Zhonghua” en la ley. Los registros históricos y las obras literarias contemporáneas también comenzaron a utilizar términos como “pueblo Zhonghua” y “país Zhonghua”.

La dinastía Song (960-1279) profundizó en esta noción mediante el Código Tang con Comentario , que proporcionó una definición precisa: «Zhonghua se refiere a China. Quienes se ven influenciados por la instrucción real pertenecen a China. Se visten apropiadamente, mantienen una conducta digna, practican la piedad filial y el respeto fraternal, y observan los ritos y la etiqueta en su vida diaria. Por lo tanto, se les llama Zhonghua». Esta interpretación estableció que la identidad nacional no se basaba en el linaje étnico, sino en la adhesión compartida a un sistema cultural y moral unificado. Al enfatizar la adopción de un idioma común, las prácticas de piedad filial y la observancia de la corrección ritual, este marco anunció el surgimiento de la naciente nación china.

Durante la dinastía Tang, las políticas abiertas e inclusivas del Imperio hacia los grupos étnicos y los inmigrantes hicieron que la Gran Muralla quedara obsoleta como medida defensiva.

En el noveno mes del segundo año (628) de la era Zhenguan del emperador Taizong, tras una invasión turca, ciertos funcionarios propusieron restaurar la antigua Gran Muralla como barrera defensiva. El emperador Taizong rechazó la propuesta, afirmando: «Los ‘bárbaros’ también son humanos; su naturaleza no difiere de la de los habitantes de las Llanuras Centrales… Si se extienden la virtud y la benevolencia, los pueblos de las cuatro direcciones pueden unirse como una sola familia». Su filosofía de gobierno, basada en la persuasión moral y la diplomacia inclusiva, resultó eficaz: las tribus fronterizas juraron lealtad y la nación entró en un período de paz y estabilidad. Los gobernantes Tang posteriores mantuvieron las políticas étnicas ilustradas del emperador Taizong, creando una era de prosperidad sin precedentes. Este enfoque resultó mucho más progresista que las estrategias aislacionistas de las dinastías Zhou, Qin y Han, que se basaron en la Gran Muralla para separar las Llanuras Centrales de los grupos nómadas del norte.

A finales del período Tang y las posteriores Cinco Dinastías, los períodos Liao, Song, Jin y Yuan (siglos X-XIV), diversos pueblos, entre ellos los turcos, sogdianos, kitanes, yurchens y mongoles, recorrieron activamente las regiones que antes delimitaba la Gran Muralla. Sin los obstáculos que les impedía la Gran Muralla, estos grupos adoptaron y se adaptaron rápidamente a la sofisticada lengua, cultura, sistemas sociales y prácticas económicas de las Llanuras Centrales, integrándose en la nación china. En particular, la dinastía Yuan (1206-1368), establecida por los mongoles, logró una expansión territorial sin precedentes en la historia de China y sentó las bases para el establecimiento de la unidad multiétnica de la nación china.

La última Gran Muralla

Tras el derrocamiento de la dinastía Yuan por parte de la dinastía Ming, sus gobernantes adoptaron una política de defensa pasiva destinada a disuadir a los remanentes de las fuerzas Yuan de retirarse a la estepa mongola e impedir el avance de las tribus jurchen desde el noreste. Esta estrategia culminó con la reconstrucción de la Gran Muralla.

Con una extensión de más de 16.600 li (aproximadamente 8.000 kilómetros), la Gran Muralla Ming comenzaba en la Montaña del Tigre, cerca del río Yalu, en la actual Dandong, provincia de Liaoning. Serpenteaba por las montañas Yanshan, pasaba al norte de Datong, en Shanxi, trazaba un ángulo al suroeste a lo largo del meandro del río Amarillo y se extendía al noroeste a través de las montañas Helan. La muralla rodeaba el desierto de Tengger, se adentraba en el Corredor Hexi y conectaba con la Gran Muralla de la dinastía Han en Jiayuguan, en Gansu. Esta monumental barrera de defensas naturales y artificiales separaba el núcleo agrícola de las zonas de pastoreo. Los Ming establecieron nueve guarniciones militares, conocidas colectivamente como las «Nueve Guarniciones» o «Nueve Fronteras», para proteger la muralla y las regiones adyacentes.

A pesar de su imponente escala y su inmenso coste, la estrategia de defensa pasiva resultó en gran medida ineficaz. La Gran Muralla no pudo detener las persistentes incursiones de los grupos nómadas del norte y el noreste. La razón principal fue que, tras siglos de intercambio e integración, se había forjado la interdependencia económica y cultural entre las comunidades pesqueras, cazadoras y nómadas de las estepas y las sociedades agrarias de las llanuras centrales. Al obstaculizarse los intercambios comerciales regulares, el conflicto y el saqueo se hicieron inevitables.

Los registros históricos ilustran la frecuencia de estas incursiones. Entre 1426 y 1619, solo las tribus mongolas asaltaron las «Nueve Fronteras» 359 veces, incluyendo 70 invasiones a gran escala que involucraron a más de 10 000 soldados. Estas incursiones se debieron principalmente a la necesidad de los nómadas de obtener productos agrícolas y artesanales esenciales para su supervivencia, especialmente cuando las vías comerciales estaban cerradas.

Un punto de inflexión llegó en el año 20 del reinado del emperador Jiajing (1541), como se documenta en el Ming Shilu Registros Verídicos de la dinastía Ming ). El líder mongol Altan Khan envió repetidamente emisarios a la fortaleza de Yanghe, cerca de Datong (provincia de Shanxi), para solicitar permiso para el comercio de tributos. Propuso que si la corte Ming reabriera los mercados de tributos, los mongoles se abstendrían de realizar incursiones, cultivarían tierras dentro de la Gran Muralla y pastorearían caballos fuera de ella, asegurando así una paz duradera. El emperador Jiajing aceptó esta propuesta, iniciando más de 40 años de relativa estabilidad. Esta decisión no solo fomentó el intercambio económico y cultural, sino que también facilitó la integración gradual de los mongoles y los han.

El abandono total de la Gran Muralla

Tras la entrada de la dinastía Qing al Paso de Shanhai y el establecimiento de su capital en Pekín, los nuevos gobernantes emprendieron una amplia campaña para gobernar el país. Gracias a los incansables esfuerzos de los emperadores Kangxi, Yongzheng y Qianlong, los Qing unificaron China, culminando con la represión de la rebelión de Dzungar en Xinjiang en el año 24 del reinado de Qianlong (1759). Para el período Jiaqing, el territorio del imperio se había expandido hasta alcanzar la impresionante cifra de 13,8 millones de kilómetros cuadrados, solo superado por la dinastía Yuan.

Un momento crucial se produjo en el trigésimo año del reinado de Kangxi (1691). Mediante la Alianza Duolun, el emperador Kangxi se aseguró la lealtad de los mongoles del norte e incorporó formalmente Mongolia, al norte del desierto de Gobi, al territorio Qing. Posteriormente, el emperador Kangxi declaró que todas las tribus mongolas, tanto dentro como fuera de la frontera, eran parte integral del reino Qing y serían tratadas como una sola entidad. Cuando algunos sugirieron reparar la Gran Muralla Ming como medida defensiva, Kangxi rechazó rotundamente la propuesta. Proclamó: «Un emperador gobierna el mundo mediante principios fundamentales, no apoyándose en barreras geográficas. La clave para asegurar la nación reside en cultivar la virtud y garantizar el bienestar del pueblo. Cuando este es feliz y está unido, los cimientos del estado son sólidos y la frontera se vuelve autosuficiente. Esto es lo que significa una muralla formada por la unidad de muchos corazones». A partir de ese momento, la Gran Muralla, como fortificación defensiva, quedó completamente abandonada.

La visión de gobierno de Kangxi, basada en el liderazgo moral y el bienestar del pueblo, resultó mucho más eficaz para fomentar la cohesión nacional y preservar la integridad territorial que cualquier barrera física.

Este enfoque dio sus frutos incluso en tiempos de amenaza externa. En el año 27 del reinado de Kangxi (1688), los mongoles khalkha del norte de Mongolia fueron asediados por Galdan Boshugtu, líder del kanato de Dzungar de Mongolia Occidental, y se enfrentaron a una derrota inminente. Mientras algunos khalkha consideraban buscar refugio en Rusia, su líder budista, Jebtsundamba Khutuktu, se opuso vehementemente a la idea. Argumentó: «Hemos recibido una profunda bondad de la corte imperial de Qing. Huir a Rusia —una tierra donde no se practica el budismo, donde las costumbres son diferentes y donde nuestro idioma y vestimenta son ajenos— no puede traer una paz duradera. Sería mucho más prudente emigrar al sur con todo nuestro pueblo y someternos al Gran Emperador para asegurar una prosperidad duradera». Siguiendo su consejo, decenas de miles de mongoles khalkha emigraron hacia el sur, a Mongolia Interior, donde encontraron protección y apoyo.

En el año 39 del reinado de Kangxi (1700), tras la exitosa represión de la rebelión de Galdan, el emperador Kangxi, acatando los deseos de las tribus mongoles khalkha, envió oficiales para escoltarlas de regreso a sus ancestrales estepas septentrionales. Allí, se reorganizaron en 55 estandartes jasagh bajo la administración Qing, lo que les permitió asentarse y prosperar bajo la protección imperial.

La capacidad incomparable de la dinastía Qing para unir la vasta extensión de China y sus diversos pueblos estaba profundamente arraigada en su compromiso con la integración cultural.

Desde el momento en que los Qing entraron en las llanuras centrales, emprendieron esfuerzos para reafirmar la legitimidad de su gobierno dentro del continuo de la civilización china. Con un cuidado meticuloso, expandieron y renovaron el Templo de los Monarcas Pasados ​​(Lidai Diwang Miao) en Beijing y revisaron y expandieron continuamente el panteón de gobernantes y ministros consagrados en su interior. Esta práctica ritual subrayó el linaje ininterrumpido de la tradición imperial china, incorporando a la perfección dinastías establecidas tanto por el pueblo Han como por grupos étnicos minoritarios. A lo largo de casi tres siglos de gobierno, los Qing hicieron contribuciones extraordinarias a la preservación y promoción de la cultura tradicional china, superando a sus predecesores en el alcance y la escala de sus esfuerzos. Sus logros monumentales incluyen la compilación y publicación de Siku Quanshu la Biblioteca completa de los Cuatro Tesoros ) y Quan Tang Shi los Poemas Tang completos ).

En el gran arco de la civilización china, la Gran Muralla —antaño un formidable baluarte contra las invasiones y protectora de las fronteras— con el tiempo se convirtió en una mera reliquia histórica. Su abandono no simbolizó un declive, sino un hito inevitable en la evolución histórica de la nación. La disolución de la función defensiva de la Gran Muralla coincidió con el surgimiento de una identidad china unificada, forjada mediante la integración cultural y étnica. Sorprendentemente, los tres principales períodos de amalgama étnica en la historia china no se desarrollaron durante el auge de las fortificaciones de la Gran Muralla, sino en su ausencia o decadencia. Esta transformación refleja el progreso de una nación que se fortaleció al abrazar su diversidad, sentando las bases de la estructura armoniosa y multifacética del Estado chino.

El autor es Gao Kaijun, curador adjunto del Museo de la Capital.

(Fuente: DeepChina)

Moscú no cree en lagrimas (Vladimir Menshov, 1979)

La película ganó el Premio de la Academia a la Mejor Película en Lengua Extranjera en 1981 (el año de Kramer vs Kramer). Esta fue la tercera vez que una película soviética ganó un Premio de la Academia.