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mercredi 26 novembre 2025

EN EL CENTENARIO DE LUIS SEOANE (2010)

 FUENTE: https://arelarte.blogspot.com/2010/03/en-el-centenario-de-luis-seoane.html



No puedo dejar de exteriorizar mi admiración por este artista polifacético en el año en que se celebra su centenario. Su obra es enorme. Por ello haré dos o tres entradas para sumarme a los  homenajes que se están realizando.

Su biografía

Pintor, grabador, muralista, ceramista y poeta. Nació en Buenos Aires, el 1 de junio de 1910. A los 6 años de edad, llegó a Arzúa, Galicia, lugar de sus antepasados. Se licenció en Derecho en 1934. Paralelamente a su formación universitaria, inició sus estudios en grabado y pintura realizando su primera exposición en 1929. Comprometido con la realidad político-social de Galicia, participó intensamente en la vida cultural de la época, convirtiéndose junto con otros artistas, en un motor de renovación plástica.
 "Conversa", 1946

La peripecia vital e intelectual de Luis Seoane no supone tanto el esfuerzo de llevar a cabo una obra amplia y coherente, como la voluntad de devolverle a la plástica y al pensamiento gallego la dignidad perdida por los años de aislamiento y atraso: una creatividad apasionadamente comprometida con su tiempo. 
La vida de Luis Seoane (Buenos Aires 1910-A Coruña 1979) fue un largo viaje a través del siglo XX. Formado durante la dictadura de Primo de Rivera, luchador en los años de la República, huido en 1936, organizador y promotor de la vida cultural en el exilio, viajero por el mundo y atento a los múltiples discursos que iba generando su época, Seoane fue testigo de excepción de este siglo agitado y convulso. Su obra, vasta y diversificada, su pensamiento abierto, sus iniciativas, lo convierten en un personaje destacado en el panorama de la cultura gallega y española del siglo XX, que ayudó a construir con su esfuerzo, su talento y su compromiso.

"Mujeres", 1946
Su obra
Primera etapa: influencia del expresionismo alemán (Grosz, Otto Dix), los estudios de Lissitstzky, la metodología de la Bauhaus y, en mayor medida, del trabajo de Pablo Picasso. Entre sus primeras obras destacan sus desnudos femeninos y los retratos de campesinos en medio del paisaje de una Galicia utópica. 
    "El entierro", 1945

A finales de los 40 su obra evolucionará hacia una pintura en la que el escenario ya no tiene el protagonismo de antaño y en el que se reduce el sentido de la profundidad. La representación ilusoria de tridimensionalidad cedió paso a otras propuestas compositivas. Seoane aplanó el espacio, esquematizó las figuras y dejó de perseguir el sentido de profundidad, dotando a su obra de una inmensa fuerza sintética.

 "Sueño surrealista", 1944
             
En los 50 abandonó la paleta de tierras y grises, y se inclinó hacia el uso de tintes saturados, por considerar al color como elemento plástico autónomo. Las pinturas de los años cincuenta presentan figuras de regia estructura y fuerte estatismo y monumentalidad.
 "Las mariscadoras",1969
Los descubrimientos técnicos que le proporcionan la realización de murales le llevarán alrededor de los años sesenta a expresarse por medio de una pintura plana de fuertes contrastes de color y de un grafismo que se superpone a la obra pictórica, líneas y planos de color se relacionan entre si. cargando su obra de gran fuerza sintética, llevándola hacia una deconstrucción de la imagen que supondrá el cenit de su etapa de madurez. Seoane reproduce representaciones humanas, tema esencial de su obra, hieráticas y que se reducen a esquemas figurativos, de contenido simbólico, de enorme poder de sugestión.
"A chambra branca", 1969
"Muller sentada", 1976
Ejes temáticos
La mujer es un gran eje temático dentro de su producción. Seoane rindió homenaje a la figura femenina y reivindicó su rol tanto en el campo laboral como familiar. La mujer sentada es un motivo habitualmente visto en las construcciones románicas de Galicia y al cual el artista ha recurrido continuamente reelaborándolo.
"Mater Galleciae", 1961
"Mariscadoras", 1964
La emigración
                 "Emigrante", 1967                       

La historia
  "Pranto pola muller caida"
Esta obra pone de manifiesto la preocupación constante de Luis Seoane por la memoria histórica, en este caso por los muertos de la Guerra Civil. En 1963, Seoane retorna a Galicia tras un exilio político que lo mantuvo en Argentina durante casi treinta años. Todas estas vivencias, la dureza del pasado, el terror de la guerra, la persecución política y el exilio, quedan reflejados en sus lienzos, que se vuelven más narrativos y evidentes que en los referidos a temas más amables. La línea adquiere el protagonismo perdido en obras anteriores, y el ajuste de las piezas de la composición es más elemental, tratando de favorecer la claridad de la idea que quiere transmitir. Recupera los ritmos curvos y las líneas dinámicas, que no por ello dejar de ser sintéticas parándose apenas en la descripción de los rasgos y la fisonomía. El color evidencia las violentas tensiones expresivas, estallando como si quisiera mostrarnos su potencia interna. El empleo de grandes superficies negras, acentúa el dramatismo psicológico de la escena, y provoca saturación de los colores que le rodean.

"El artista es la memoria de su pueblo"
“En cada país existe una realidad simbólica que se manifiesta de muchos modos y que se hereda. Se trata de signos y formas que vencen al tiempo y pasan de uno a otro estilo. El arte de un pueblo, sin quererlo, actúa de agente transmisor. Esas formas y signos originan a su vez otras nuevas, ocurre probablemente como con los cuentos populares y las leyendas. El futuro está condicionado al aprovechamiento que hagamos hoy con ideas de nuestro tiempo de aquello que heredamos."
"Tres soles en Galicia", 1967
“El artista nunca se abstrae de la realidad histórica en que vive. El pueblo es país y vive fatalmente su tiempo. No puede escapar a este.”
“El arte siempre está comprometido con la sociedad en que se desarrolla (…) el tema no puede ser anécdota circunstancial, sino reflejo de un sentimiento universal que alcance a todos hombres, tal es el caso de “Los desastres de la guerra” (...) El arte no soluciona nunca nada; lo que hace es mostrar las cosas, descubrirlas, enseñarlas en su particularidad y hondura a los hombres.” LUIS SEOANE
"Paisaxe do sur", fin de los 70
Tradición y modernidad
La obra de Seoane es una simbiosis entre el afán por evocar el arte tradicional de Galicia, manifestado a través de los petroglifos y de la enorme presencia del románico, y el arte de las vanguardias históricas, admiradas por el pintor gallego ya desde su etapa como estudiante de Derecho en Santiago de Compostela.
Luis Seoane fue autodidacta en su aprendizaje plástico, su curiosidad y admiración por la Galicia de sus antepasados y por el arte en general fueron los motores de su conocimiento. Su estética marcará un antes y un después en la historia de las artes plásticas en Galicia. Tanto la cultura argentina como la gallega constituyeron el impulso de su diversa y extensa producción.

Acerca de la revolución venezolana

 FUENTE: https://observatoriocrisis.com/2025/11/20/acerca-de-la-revolucion-venezolana/

Hay un peligro notorio que el ejército imperial sienta la tentación de repetir en América la violencia israelí contra los palestinos. Sin embargo, las diferencias son notables. En primer lugar, porque Venezuela tiene recursos suficientes para sostenerse. En segundo lugar, porque la movilización popular ha demostrado la solidez de la revolución bolivariana

Miguel Manzanera Salavert, profesor de filosofía

El movimiento obrero, en su lucha por el poder político contra la burguesía, tiene dos tácticas reconocidas desde el siglo XIX: la ocupación pacífica del estado, mediante victorias electorales conseguidas a partir de la mayoría social, es la primera y predomina entre los trabajadores socialistas de todo el mundo. La segunda es la destrucción del estado burgués y la construcción de una organización social completamente nueva, que siguen los anarquistas y algunos grupos comunistas. 

Marx y Engels cuando escribieron El manifiesto comunista estaban pensando en la primera táctica; pero se encontraron con la posibilidad de una organización diferente del estado, cuando en 1871 se produjo la Comuna de París basada en la democracia obrera. En el Prólogo de 1872 al Manifiesto, Marx se refiere a ese descubrimiento.

A comienzos del siglo XX, cuando estalló la revolución de Octubre en Rusia, Rosa Luxemburgo criticó a los bolcheviques por su abolición del Parlamento burgués; sin embargo, admiraba su acción política de tomar el poder para los trabajadores y señalaba que el éxito de los bolcheviques se debía a que habían sabido combinar las dos tácticas en la lucha de clases. Ella clasificaba la primera como socialista o reformista y la segunda como anarquista o revolucionaria. 

Siguiendo ese hilo, Manuel Sacristán Luzón -cuyo centenario celebramos este año- reflexionaba sobre esta cuestión en la segunda mitad del siglo pasado, hablando de la contaminación anarquista de los leninistas -con la que se identificaba-, entendiendo esta como la táctica abolicionista de la democracia formal burguesa. No obstante, siguiendo a Togliatti, secretario general del PCI (Partido Comunista Italiano) en aquellos años de mediados de siglo XX, señalaba como Stalin había asignado a los partidos comunistas la tarea de recuperar la democracia formal asediada por los movimientos fascistas europeos.

La recuperación de la táctica del movimiento obrero que Luxemburgo llamaba reformista se hace, pues, con la construcción de los Frentes Populares en la guerra contra el fascismo. Sin embargo, Sacristán ponía dos condiciones para que la democracia formal burguesa fuera un instrumento para la construcción del socialismo: primera, los revolucionarios necesitan controlar los aparatos de violencia institucional del estado burgués para sostener el crecimiento político de la clase obrera. En caso contrario, como ha sucedido tantas veces, el ejército instigado por la burguesía acaba violentamente con las instituciones proletarias a través del golpe de estado. 

La segunda condición que puso nuestro filósofo marxista es que ambas tácticas obreras son complementarias, y la ocupación del estado burgués debe dar paso a la construcción del estado obrero en los momentos de crisis política. Si no se hace así, la confianza ciega en las instituciones formales de la burguesía puede acabar en la masacre del pueblo trabajador. 

Si observamos ahora el proceso bolivariano desde esta perspectiva, comprendemos por qué está triunfando su revolución. Su acción política nos recuerda la crítica de Luxemburgo a los bolcheviques. Pues, en primer lugar, los bolivarianos han respetado la democracia formal ocupando el poder sobre la base de su fuerza electoral, y a veces con riesgo de perder la mayoría. Sin embargo, los cuerpos armados del estado estaban controlados por los revolucionarios, como lo demuestra el fallido golpe de estado contra Hugo Chávez en abril del 2002. Ese control ha permitido el crecimiento político del movimiento obrero en Venezuela durante tres décadas, cumpliendo la primera condición que señalaba Sacristán.

Y, en segundo lugar, en el momento de crisis que atraviesa Venezuela por las amenazas del imperialismo y el peligro de invasión, el estado bolivariano no se ha echado atrás: se han creado las milicias populares armando al pueblo, de forma organizada para evitar el caos. 

La experiencia cubana debe servir de guía para que esa autoorganización popular sea realizada con éxito. ¿Es posible que ese giro en los acontecimientos nos esté indicando el comienzo de una nueva fase en el proceso político venezolano que sustituya paulatinamente la democracia formal por la democracia obrera? ¿Es el pueblo en armas la expresión de un cambio radical en el poder político que está pasando ahora a manos de la clase trabajadora? ¿Se está cumpliendo la predicción sacristaniana del proceso revolucionario? ¿Qué tienen que enseñarnos el pueblo venezolano y sus dirigentes?

Los EE.UU. no han declarado la guerra a Venezuela; formalmente, sus ataques están dirigidos contra el narcotráfico. Pero cualquier observador de los acontecimientos sabe que su objetivo es presionar al estado venezolano y liquidar el proceso revolucionario en el Caribe. Su ejército EE.UU. está probando nuevas tácticas militares apoyándose en la Inteligencia Artificial. Dicho sea de paso es terriblemente peligrosa esa experimentación bélica, que enseña el arte del genocidio a una tecnología todavía insuficientemente conocida. Esas tácticas ya han sido probadas en Gaza, mostrándonos un nuevo tipo de guerra que no existe formalmente -tampoco Israel declaró la guerra contra Hamas-. Pero en los hechos es genocida. 

Hay un peligro notorio de que el ejército imperial sienta la tentación de repetir en América la violencia israelí contra los palestinos. Sin embargo, las diferencias son notables. En primer lugar, porque Venezuela tiene recursos suficientes para sostenerse. En segundo lugar, porque la movilización popular ha sido grandiosa demostrando la solidez de los avances políticos de la clase obrera; la oposición no tiene audiencia entre los ciudadanos del país -a pesar del Premio Nobel para la opositora Machado-. Finalmente, por las alianzas tejidas por el Estado venezolano con la oposición antiimperialista en el mundo: la reacción internacional fundada en las alianzas latinoamericanas y asiáticas, ha sido rotunda: el imperialismo está confrontando una guerra híbrida con su periferia y se ha abierto un nuevo frente. 

La decidida acción de los venezolanos en defensa de la patria, más el unánime apoyo internacional rechazando la intervención norteamericana, puede detener la ofensiva imperialista, añadiendo una victoria más en la actual confrontación entre bloques. 

Es un síntoma más del cambio sustancial en la correlación de fuerzas a nivel internacional, mostrando una vez más la pérdida de hegemonía militar por la OTAN, como está sucediendo también en el terreno económico. Pero esa decadencia puede volverse criminal en los próximos tiempos. Venezuela es un ejemplo para el movimiento comunista internacional, al que debemos prestar atención para interpretar correctamente las vías de la transformación social hacia el socialismo, y al mismo tiempo una sociedad amenazada por el creciente fascismo internacional en una coyuntura histórica en la que todavía no se ha decidido el futuro.

 

Un effroyable carnage : l’héritage politique de Dick Cheney

 SOURCE: https://www.les-crises.fr/un-effroyable-carnage-l-heritage-politique-de-dick-cheney/

De la censure d’un rapport sur la surveillance intérieure par la CIA à la couverture de la guerre des Contras, en passant par son rôle dans le lancement de la guerre contre le terrorisme, Dick Cheney a consacré sa vie à faire en sorte que l’État américain puisse tuer, espionner et torturer en toute impunité.

Source : Jacobin, Chip Gibbons
Traduit par les lecteurs du site Les-Crises

 
Lorsque l’on réfléchit à l’héritage de Dick Cheney, on ne peut que reconnaître les millions de vies qu’il a fauchées, comme celles des femmes et des enfants irakiens qui ont été ligotés et exécutés en 2005. (David Hume Kennerly / Getty Images)

Le 15 mars 2006, les États-Unis étaient engagés depuis près de trois ans dans leur deuxième guerre en Irak. Après plus d’une décennie de sanctions brutales et de bombardements continus, les États-Unis avaient lancé au printemps 2003 une invasion à grande échelle de ce pays du Moyen-Orient riche en pétrole. Cette invasion constituait une violation flagrante du droit international. Après avoir renversé le gouvernement baasiste irakien, ancien allié intermittent de Washington, les États-Unis et leurs alliés ont entamé une occupation militaire prolongée de l’Irak. Cette affaire néocoloniale s’est avérée particulièrement brutale. Telle est la nature même de la volonté d’imposer sa présence par la force militaire à un peuple qui ne le souhaite pas et qui est prêt à recourir à la force pour s’y opposer.

Ce jour-là, le 15 mars, des soldats se sont approchgués de la maison de Faiz Harrat Al-Majma’ee, un agriculteur irakien. Ils auraient recherché un individu soupçonné d’être responsable de la mort de deux soldats américains et d’avoir facilité le recrutement d’Al-Qaïda en Irak. Selon la version des troupes américaines, quelqu’un dans la maison aurait tiré sur les soldats qui s’approchaient, déclenchant une confrontation de vingt-cinq minutes. Les soldats ont finalement pénétré dans la maison et tué tous ses occupants.

Parmi eux se trouvaient non seulement Al-Majma’ee, mais aussi sa femme, ses trois enfants, Hawra’a, Aisha et Husam, âgés de cinq mois à cinq ans, sa mère de 74 ans, Turkiya Majeed Ali, et ses deux nièces, Asma’a Yousif Ma’arouf et Usama Yousif Ma’arouf, âgées de cinq et trois ans. L’autopsie pratiquée sur les défunts « a révélé que tous les cadavres avaient reçu une balle dans la tête et étaient menottés ». Après avoir massacré la famille, les soldats américains ont demandé une frappe aérienne qui a détruit la maison. La raison présumée de ce bombardement était de dissimuler les preuves des exécutions extrajudiciaires.

Parmi les architectes de la guerre contre le terrorisme, un nom se détache particulièrement : Dick Cheney.

Les dix vies perdues ce jour-là, y compris celles des enfants menottés et abattus d’une balle dans la tête à bout portant, font partie des 4,5 à 4,7 millions d’êtres humains qui ont perdu la vie dans les zones de guerre après le 11 Septembre. Cela inclut non seulement l’Irak, mais aussi l’Afghanistan, la Syrie, le Yémen et le Pakistan. Il est impossible de réduire la « guerre contre le terrorisme » et son bilan humain colossal à une seule personne. Mais lorsqu’il s’agit des architectes de la guerre contre le terrorisme, un nom ressort plus que les autres : Dick Cheney.

Le lundi 3 novembre, Cheney est décédé à l’âge de 84 ans des suites d’une pneumonie et de maladies cardiaques et vasculaires. Je ne souhaite la mort à aucun être humain, pas plus que je ne souhaite voir souffrir aucun être vivant. Mais lorsque l’on réfléchit à l’héritage de Cheney, on se doit de reconnaître les millions de vies qu’il a fauchées, comme celles des femmes et des enfants irakiens qui ont été ligotés et exécutés en 2005. Ils font partie de l’héritage de Cheney, un héritage qui comprend une vie passée à défendre les pires crimes de l’État américain au nom de la sécurité nationale.

Une vie au service de l’État sécuritaire

La plupart des comptes rendus sur la politique de Cheney se concentrent sur sa croyance en des pouvoirs étendus pour le pouvoir exécutif, avec un rôle réduit pour le Congrès. Si cela est certainement vrai, la fidélité ultime de Cheney allait à la bureaucratie de la sécurité nationale qui s’était métastasée au sein du pouvoir exécutif. Les interventions de Cheney visaient à défendre le pouvoir de l’exécutif de lancer des guerres à l’étranger et d’exercer une surveillance à l’intérieur du pays.

Au début de sa carrière, Cheney a été témoin de tentatives visant à les restreindre. Les révélations selon lesquelles Richard Nixon avait mis en place une unité d’espionnage secrète appelée les « plombiers de la Maison Blanche » pour cibler d’abord le lanceur d’alerte Daniel Ellsberg, puis cambrioler les bureaux du Comité national démocrate à l’hôtel Watergate, ont contraint Nixon à démissionner dans le déshonneur. Cela a également entraîné un revers temporaire pour l’État sécuritaire.

Le programme d’espionnage personnel de Nixon était composé d’anciens combattants de l’État sécuritaire et imitait ses tactiques. Le scandale du Watergate a éclaté en même temps que les scandales concernant la surveillance par le FBI et la CIA des mouvements anti-guerre et des droits civiques. Des millions d’Américains ont participé à ces deux mouvements, pour découvrir que leur gouvernement considérait leur comportement comme digne d’être espionné. Cela a considérablement diminué la confiance dans le Léviathan de la sécurité nationale.

Et si la répression de la Guerre froide avait autrefois placé la politique de sécurité nationale américaine hors de portée de toute critique, la désillusion généralisée face à la guerre du Vietnam, meurtrière, immorale et désastreuse, signifiait que son avenir était très incertain. Si l’État sécuritaire a survécu, les retombées du Watergate et du Vietnam ont réduit son pouvoir à son plus bas niveau, du moins temporairement.

 
Dick Cheney en 1976, alors qu’il était chef de cabinet de Gerald Ford. (David Hume Kennerly / Bibliothèque présidentielle Gerald R. Ford)

Cheney a cherché à lutter contre ces restrictions. En tant que chef de cabinet du président Gerald Ford à la Maison Blanche, Cheney a apporté des modifications manuscrites à un rapport sur les activités de la CIA. La principale modification apportée par Cheney consistait à remplacer la description de la surveillance intérieure de la CIA comme « illégale » par « inappropriée. » Bien que Cheney n’ait pas réussi à empêcher les contrôles imposés à l’État en matière de sécurité nationale, il a refusé d’abandonner son combat.

En 1978, Cheney a été élu député républicain du Wyoming. Au Congrès, Cheney a voté contre les sanctions contre l’apartheid en Afrique du Sud et contre une résolution non contraignante demandant la libération de Nelson Mandela. Ces votes ont conduit John Nichols, du magazine The Nation, à surnommer Cheney « le député de l’apartheid. » Lors des élections de 2000, les votes de Cheney sur Mandela ont fait l’objet d’une controverse. Loin d’admettre son erreur, Cheney a défendu son vote, expliquant que l’African National Congress était alors considéré comme une organisation « terroriste. »

Les interventions de Cheney visaient à défendre le pouvoir de l’exécutif de lancer des guerres à l’étranger et d’exercer une surveillance sur le territoire national.

Au Congrès, Cheney était le membre républicain le plus haut placé dans une enquête de la Chambre sur le scandale Iran-Contra. Au début des années 1980, l’administration Reagan a été prise en flagrant délit de minage des ports du Nicaragua. Cet acte de guerre manifeste a été perpétré par la CIA, que Ronald Reagan avait promis de « libérer » pendant sa campagne présidentielle.

Dans le cadre de ses efforts visant à renverser le gouvernement socialiste sandiniste du Nicaragua, la CIA collaborait avec les « Contras. » Qualifiés de combattants de la liberté par l’administration Reagan, les Contras étaient en réalité une force terroriste avérée. Ils prenaient délibérément pour cible des infrastructures civiles telles que des centres d’alphabétisation et des cliniques afin de saper les efforts des Sandinistes pour améliorer la vie des Nicaraguayens ordinaires. Craignant que la guerre secrète de Reagan ne devienne un nouveau Vietnam, le Congrès a adopté une série d’amendements budgétaires connus sous le nom d’amendement Boland. Ceux-ci empêchaient l’envoi d’armes létales aux Contras dans le but de renverser le régime au Nicaragua. Plusieurs efforts ont été déployés pour continuer à fournir des armes aux Contras, notamment par le biais de réseaux de financement privés, ainsi que pour (au minimum) fermer les yeux sur le trafic de drogue des Contras.

Mais l’administration Reagan a failli imploser lorsque des responsables clés ont été surpris en train de vendre des armes à l’Iran et d’utiliser les recettes pour financer les Contras, en violation de l’amendement Boland. Dans le rapport minoritaire de Cheney, les hors-la-loi n’étaient pas ceux qui avaient armé la campagne terroriste des Contras, mais le Congrès qui avait tenté de limiter la guerre secrète de l’administration Reagan.

Cheney a quitté le Congrès pour occuper le poste de secrétaire à la Défense du président George H. W. Bush. À ce titre, Cheney a supervisé l’invasion américaine du Panama. Cette invasion, totalement illégale, a violé à la fois le droit international et la Constitution américaine. Elle a causé la mort de 3 500 Panaméens. Le prétexte officiel était que les États-Unis avaient inculpé le dirigeant panaméen Manuel Noriega pour trafic de drogue et envahi le pays afin de l’enlever et de le livrer à un tribunal de Miami. Noriega était un ancien agent de la CIA. Et il n’était pas le seul ancien allié des États-Unis avec lequel Cheney allait devoir se battre en tant que secrétaire à la Défense.

Tout au long des années 1980, les États-Unis avaient armé le dictateur irakien Saddam Hussein contre l’Iran, alors même que Hussein utilisait des armes chimiques. En 1990, Hussein est de nouveau entré en guerre avec l’un de ses voisins, cette fois-ci le Koweït. Certains éléments suggèrent que le dirigeant irakien croyait sincèrement, mais à tort, que les États-Unis fermeraient les yeux sur cette agression. Mais contrairement à l’Iran, le Koweït était un allié des États-Unis. Et les États-Unis, par l’intermédiaire du Conseil de sécurité des Nations unies, ont lancé une guerre contre l’Irak.

Les États-Unis sont allés bien au-delà de l’expulsion de l’Irak du Koweït. Ils se sont livrés à un bombardement massif de l’Irak, visant clairement les infrastructures civiles. Les Nations unies ont qualifié ces bombardements « d’apocalyptiques. » L’Irak étant désormais incapable de purifier l’eau, de traiter les eaux usées ou d’irriguer les cultures, l’ONU a estimé que ces bombardements avaient ramené le pays à « l’âge préindustriel. » Pendant la guerre, les États-Unis ont largué deux bombes « de précision » de 900 kg sur l’abri d’Amiriyah. Cette attaque contre un abri anti-aérien civil sans utilité militaire a causé la mort de 408 civils qui avaient cherché refuge pour échapper aux bombardements apocalyptiques de leur pays. Et lorsque les soldats irakiens se sont retirés du Koweït, les États-Unis les ont bombardés sur ce qui est devenu connu sous le nom « d’autoroute de la mort. » Les images d’êtres humains carbonisés sont devenues parmi les plus choquantes de la guerre. En tant que secrétaire à la Défense, Cheney porte la responsabilité de ces crimes.

 
Une photo de Dick Cheney prise en 1984, alors qu’il était représentant du Montana au Congrès. (Bibliothèque et musée présidentiels Ronald Reagan)

Avec une carrière aussi ignominieuse que celle de Cheney, il est impossible de ne pas passer sous silence certaines atrocités. Mais il convient de mentionner un dernier épisode de son mandat de secrétaire à la Défense qui est trop souvent omis. Les États-Unis ont longtemps été accusés d’avoir formé les militaires et les escadrons de la mort d’Amérique latine à la torture et à d’autres violations des droits humains. Ces allégations ont donné lieu à une enquête officielle. Un rapport classifié, intitulé de manière remarquablement bureaucratique « Improper Material in Spanish-Language Intelligence Training Manuals » (Contenu inapproprié dans les manuels de formation au renseignement en langue espagnole), a confirmé que le matériel de formation américain enseignait clairement des violations de la loi.

Le rapport a été remis au secrétaire à la Défense Cheney. Une copie obtenue par les Archives nationales de sécurité porte le cachet « SECDEF HAS SEEN » (Le secrétaire à la Défense a pris connaissance). Ce ne sera pas le dernier scandale de torture dans lequel il sera impliqué.

L’homme qui menait la danse

Après son mandat de secrétaire à la Défense, Cheney a passé le reste des années 1990 loin de la scène politique. Mais deux aspects de sa carrière pendant cette période étaient de mauvais augure. Il est devenu PDG de Halliburton, une société de services pétroliers qui allait plus tard obtenir plusieurs contrats liés à la guerre en Irak lorsque Cheney était vice-président. Cheney allait également être l’un des premiers partisans du Project for a New American Century (Projet pour un nouveau siècle américain). Ce groupe de réflexion néoconservateur prônait la promotion agressive de l’hégémonie américaine et le renforcement de la puissance militaire américaine. Dans un document particulièrement inquiétant, le projet déplorait que bon nombre de ses objectifs prendraient beaucoup de temps à être atteints « en l’absence d’un événement catastrophique et catalyseur, tel un nouveau Pearl Harbor. » Si le Project for a New American Century prônait une vision agressive et belliciste de la politique étrangère américaine en général, il concentrait son attention sur un pays en particulier : l’Irak.

L’Irak allait devenir la priorité de l’administration George W. Bush. En effet, moins d’un mois après que des manifestants scandant « Hail to the Thief » (Salut au voleur) aient bombardé la limousine de Bush d’œufs le jour de son investiture, celui-ci a considérablement intensifié les bombardements américains sur l’Irak. Cette escalade de la plus longue guerre aérienne menée par les États-Unis depuis la guerre du Vietnam a eu lieu deux ans avant le début officiel de la guerre en Irak et sept mois avant les terribles attentats du 11 Septembre.

Si l’Irak était clairement dans le collimateur de l’administration Bush quoi qu’il arrive, c’est le tragique assassinat de près de trois mille Américains le 11 septembre 2001 qui allait ouvrir la voie à la grande guerre tant attendue. Et Cheney allait jouer un rôle important. Cheney avait été sollicité par Bush pour l’aider à choisir un colistier. Fidèle à lui-même, il finit par devenir le candidat à la vice-présidence. Après une élection qui fut presque certainement truquée, Bush et Cheney arrivèrent à la Maison Blanche, rejetés par la majorité des Américains dans les urnes.

Cheney allait devenir le vice-président le plus puissant de l’histoire.

Le jour de l’attaque, Bush se trouvait en Floride pour une séance photo. Après qu’un deuxième avion eut percuté le World Trade Center, Bush fut évacué à bord d’Air Force One. Avec le commandant en chef effectif survolant l’espace aérien américain, Cheney a donné l’ordre d’abattre le vol 93 de United Airlines, l’un des avions détournés restant en vol. Au moment où l’ordre a été donné, les passagers s’étaient déjà révoltés, tentant de reprendre le contrôle de l’avion aux pirates de l’air qui avaient l’intention de l’utiliser comme une arme. À la suite de cet acte héroïque, l’avion s’est écrasé, tuant tous ses occupants, avant qu’il ne puisse être utilisé pour frapper une autre cible.

Même si l’ordre de tir donné par Cheney s’est finalement avéré inutile, il est révélateur du rôle inhabituel qu’il a joué dans la guerre contre le terrorisme. En règle générale, le vice-président ne prend pas ce genre de décisions militaires. Mais au lendemain des attentats, Cheney est devenu le vice-président le plus puissant de l’histoire.

 
Portrait officiel de Dick Cheney pendant son mandat de secrétaire à la Défense, de 1989 à 1993. (Département américain de la Défense)

Cheney a utilisé ce pouvoir pour pousser à la guerre en Irak. Cette guerre reposait sur deux mensonges majeurs, tous deux promus par Cheney : premièrement, que l’Irak possédait des armes de destruction massive ; deuxièmement, que l’Irak était impliqué dans les attentats du 11 Septembre. Le deuxième mensonge était particulièrement absurde. Le gouvernement baasiste nationaliste laïc de Saddam Hussein, bien que brutal, n’avait rien en commun avec le groupe djihadiste salafiste Al-Qaïda, responsable des attentats meurtriers. Si un gouvernement avait aidé Al-Qaïda, c’était bien l’Arabie saoudite.

Pourtant, l’Arabie saoudite était un allié majeur des États-Unis et un partenaire commercial de la famille Bush. Alors qu’elle fabriquait des preuves contre l’Irak, l’administration Bush bloquait toute enquête sur le rôle éventuel de l’Arabie saoudite.

La guerre en Irak a été lancée par une campagne de bombardements aériens effroyables, connue sous le nom de « Shock and Awe » (choc et effroi), et s’est poursuivie par une occupation sanglante et prolongée. Mais l’Irak n’était pas le seul crime de Cheney après le 11 Septembre. Cheney défendait depuis longtemps une théorie expansive des pouvoirs exécutifs. Et après le 11 Septembre, il a exploité la tragédie pour tenter de mettre en œuvre les théories qu’il défendait depuis longtemps. Cheney a joué un rôle déterminant dans la promotion de l’idée que, en tant que commandant en chef, le président américain pouvait détenir n’importe qui, y compris des citoyens américains, sans aucun contrôle judiciaire. Il a soutenu un programme de la CIA prévoyant des disparitions forcées et des tortures qui rappelaient la terreur d’État des dictatures fascistes ou militaires.

En plus d’avoir le pouvoir, en temps de guerre, d’enlever et de détenir n’importe qui, Cheney estimait également que l’autorité du commandant en chef de l’exécutif lui donnait le pouvoir d’espionner n’importe qui. Au lendemain du Watergate et des révélations sur l’espionnage de Martin Luther King et d’autres militants, une tentative sérieuse a été faite pour limiter la surveillance nationale en matière de sécurité intérieure. À cette fin, le Congrès a adopté la loi sur la surveillance des renseignements étrangers (FISA). Cette loi était loin d’être libérale sur le plan civil. Elle autorisait un tribunal secret à autoriser la mise sur écoute électronique des Américains. Mais pour Cheney et d’autres faucons de la sécurité nationale, il était intolérable de limiter le pouvoir du président en matière de surveillance électronique au nom de la sécurité nationale.

L’opposition de Cheney à Trump a permis à certains de tenter de le réhabiliter de manière écœurante en le présentant comme un champion de la démocratie. Rien ne pourrait être plus éloigné de la vérité.

Au moment même où l’administration Bush obtenait du Congrès qu’il modifie la FISA pour permettre une surveillance accrue, elle créait secrètement un programme d’espionnage totalement indépendant de la FISA. Il convient de noter que la FISA n’était pas une simple suggestion. Elle créait des dispositions pénales concernant les écoutes téléphoniques sans mandat. Ce régime de surveillance pénale a été baptisé « programme de surveillance du président », mais il aurait tout aussi bien pu s’agir du « programme de surveillance du vice-président. »

Ce programme était une idée originale de Cheney, de son chef de cabinet David Addington et du directeur de l’Agence nationale de sécurité (NSA) Michael Hayden. La version signée par Bush avait été en grande partie rédigée par Addington. Bien que ce programme fût tristement célèbre pour permettre à la NSA d’intercepter sans mandat les communications des Américains à l’étranger, tel que conçu par Addington, il autorisait à l’origine l’interception des appels purement nationaux. Même Hayden, fervent partisan de la surveillance, a estimé que cela allait trop loin et a refusé de mettre en œuvre cette partie du programme. Elle a été supprimée des réautorisations ultérieures.

Au fil des ans, le programme a fait l’objet de nombreuses justifications juridiques, mais la justification initiale et la plus radicale provenait directement du projet de Cheney. Les écoutes téléphoniques étaient justifiées par le pouvoir du président en tant que commandant en chef. Le fait que la FISA les ait criminalisées n’avait pas d’importance : la véritable violation de la loi était la tentative de la FISA de contrôler le président. Cela reflétait la logique avancée par Cheney lors de l’affaire Iran-Contra en tant que membre du Congrès.

Outre les guerres d’agression, les détentions illimitées et la torture, la guerre contre le terrorisme a également normalisé le recours aux assassinats. Techniquement, les assassinats sont interdits par décret. Mais ce décret ne définit pas les assassinats et, grâce à un raisonnement juridique tordu et à des jeux de mots, il est devenu superflu dans les faits, même s’il reste en vigueur sur le papier. Cette mesure reflète le programme d’assassinats mené par Israël, qui étaient pudiquement qualifiés « d’assassinats ciblés », en partie pour contourner les interdictions internationales relatives aux exécutions extrajudiciaires.

Il est difficile de l’imaginer aujourd’hui, mais avant le 11 Septembre, l’administration Bush était initialement opposée aux assassinats de dirigeants palestiniens par Israël. Il y avait un dissident. Cheney a publiquement rompu avec la ligne officielle de l’administration, approuvant les assassinats israéliens. Et pendant la guerre contre le terrorisme, l’administration Bush, aidée par les connaissances techniques et les arguments juridiques israéliens, a officiellement adopté les assassinats ciblés. Que ce soit par les forces spéciales ou par des drones mécanisés, les assassinats allaient devenir la marque de fabrique de la guerre contre le terrorisme menée par les États-Unis.

 
Le vice-président Dick Cheney s’adresse à la presse en compagnie du leader de la minorité au Sénat Mitch McConnell et du sénateur Trent Lott au Capitole américain, le 24 avril 2007. (Archives vice-présidentielles du bureau de la photographie, administration George W. Bush)

Vivre dans le monde de Cheney

La dernière apparition publique de Cheney est peut-être la plus étrange. Cet archiconservateur, républicain de longue date, s’est présenté comme un opposant à Donald Trump. Cheney est allé jusqu’à soutenir la candidature présidentielle infructueuse de Kamala Harris [Démocrate, NdT]. Dans l’une des initiatives les plus maladroites de toute l’histoire des campagnes électorales, la campagne de Harris a ouvertement vanté le soutien de Cheney ainsi que celui d’autres faucons républicains. Alors que la campagne de Harris peinait à convaincre les électeurs clés en raison de son refus de rompre avec le soutien criminel de Joe Biden au génocide israélien, elle a cherché à surpasser Trump en matière de bellicisme.

L’opposition de Cheney à Trump a permis à certains de tenter de le réhabiliter de manière écœurante en tant que champion de la démocratie. Rien ne pourrait être plus éloigné de la vérité. Cheney est devenu vice-président à la suite d’une élection volée. Une fois au pouvoir, ses attaques contre la démocratie n’ont fait qu’empirer. Exploitant la tragédie du 11 Septembre, il a enfreint presque toutes les normes démocratiques pour mettre en place un régime autoritaire et meurtrier. Non seulement il a été peut-être la figure la plus destructrice pour la démocratie américaine au XXIe siècle, mais il a également laissé derrière lui un carnage humain et la mort dans le monde entier.

Quelqu’un peut-il sérieusement affirmer que les actions de Trump ne sont pas le prolongement logique de la guerre contre le terrorisme menée par Cheney ?

Non seulement Cheney est responsable de ses propres attaques contre la démocratie, mais il existe également des liens solides entre lui et Trump. La première campagne de Trump a été marquée par des appels à la surveillance des mosquées, au soutien à la torture, à l’escalade des guerres aériennes au Moyen-Orient et aux représailles meurtrières contre les familles des « terroristes. » Peut-on sérieusement affirmer que ce ne sont pas là les prolongements logiques de la guerre contre le terrorisme menée par Cheney ?

Et au cours de son deuxième mandat, Trump a revendiqué le droit de bombarder des pays sans l’autorisation du Congrès, qualifié ses opposants nationaux de terroristes afin de pouvoir exploiter le vaste appareil de surveillance antiterroriste du pays, procédé à l’assassinat de trafiquants de drogue présumés et cherché clairement à renverser le gouvernement de gauche au Venezuela. Ce sont là les politiques que Cheney a défendues toute sa vie. Trump a même réalisé le rêve de longue date de Cheney en bombardant l’Iran.

Le plus grand danger que Trump représente pour notre démocratie en tant qu’autoritaire provient du pouvoir exécutif illimité accumulé dans l’État sécuritaire que Cheney a passé sa vie à construire. Selon Cheney, le gouvernement américain pouvait non seulement mettre sur écoute un citoyen américain sans mandat, mais aussi le détenir sans aucun recours devant les tribunaux ni intervention possible du Congrès. Comme Cheney, Trump salive presque certainement à l’idée de mettre en œuvre de telles politiques.

Si l’on peut débattre du rôle que les fausses positions anti-guerre de Trump ou sa manipulation cynique du soutien de Cheney à Harris ont joué dans sa victoire électorale de 2024, il ne fait aucun doute que la victoire électorale de Barack Obama en 2008 était en grande partie un rejet des politiques de guerre contre le terrorisme de Cheney. Pourtant, malgré le fait qu’il ait surfé sur cette indignation populaire pour accéder à la Maison Blanche, Obama a consolidé et élargi bon nombre de ces politiques, notamment la surveillance sans mandat de la NSA et les assassinats à l’échelle mondiale.

Le fait que les présidents de tous bords politiques poursuivent les politiques les plus sombres de Cheney témoigne peut-être de son héritage le plus troublant : c’est en grande partie dans le monde créé par Dick Cheney que nous continuons à vivre.

*

Chip Gibbons est directeur des politiques chez Defending Rights & Dissent. Il est l’auteur du livre à paraître The Imperial Bureau: The FBI, Political Surveillance, and the Rise of the US National Security State [Le Bureau impérial : le FBI, la politique de surveillance et l’ascension de l’Etat américain de sécurité nationale, NdT].

Source : Jacobin, Chip Gibbons,05-11-2025

Traduit par les lecteurs du site Les-Crises

A 50 años de la muerte del dictador: el franquismo después de Franco

 FUENTE: https://observatoriocrisis.com/2025/11/20/a-50-anos-de-la-muerte-del-dictador-el-franquismo-despues-de-franco/

Cincuenta años después, el pueblo español no enfrenta solo una coyuntura peligrosa, sino un edificio entero construido sobre la continuidad del franquismo: su cultura política, su arquitectura económica, sus mecanismos de impunidad, sus élites y sus alianzas internacionales.

Carmen Parejo Rendón, periodista española

Este 20 de noviembre se cumplen cincuenta años de la muerte del dictador Francisco Franco. Pero si algo demuestran estas cinco décadas es que, muerto el dictador, no terminó lo que significaba su régimen. Porque lo que movilizó al franquismo no empezó en 1939 ni acabó en 1975, sino que se inició con el golpe de Estado de 1936 —organizado por oligarquías agrarias, financieras y militares— y, con nuevas máscaras, sigue operando hoy.

La Segunda República fue una consecuencia política de una transformación social profunda. España tenía un movimiento obrero poderoso, mujeres que se incorporaban al espacio público, jornaleros que tomaban tierras —como en el trienio bolchevique andaluz— y un hartazgo popular estructurado. Por eso, el bloque golpista reunió a fascistas, tradicionalistas, sectores de la Iglesia, terratenientes y capitalistas. Su enemigo era claro: la España que estaba por venir. Y su respuesta es mundialmente conocida.

La reforma fiscal republicana, la reforma agraria, los derechos laborales, la educación laica y el reconocimiento de las autonomías, fueron demasiado para una clase social que estaba acostumbrada a hacer lo que le daba la gana y que no iba a permitir perder ni un poco de su poder. Así no solo promovieron un golpe de Estado que desembocó en una guerra, sino que después reorganizaron el país para que nada volviera a moverse. El famoso «atado y bien atado» de Franco.

El bloque golpista reunió a fascistas, tradicionalistas, sectores de la Iglesia, terratenientes y capitalistas. Su enemigo era claro: la España que estaba por venir.

El franquismo no solo aniquiló físicamente a la izquierda organizada. Impulsó un modelo de acumulación basado en el expolio, el trabajo esclavo y las concesiones a dedo. Los March, Koplowitz, Entrecanales o Villar Mir consolidaron imperios empresariales al calor de ese Estado. Luego, en 1959, vino la «modernización»: el Plan de Estabilización de Alberto Ullastres que desmanteló industrias, expulsó trabajadores hacia Europa y subordinó la economía al capital internacional. La transición no rompió ese ciclo, lo adaptó a las nuevas circunstancias. Y así estas élites, paridas por la dictadura, se proyectaron hacia el exterior, especialmente hacia una América Latina mutilada por otras dictaduras (de carácter similar), como las del Plan Cóndor, donde el capital español encontró nuevas vías para seguir ganando la guerra contra el pueblo que había comenzado en 1936.

El encargado de garantizar esa continuidad fue Juan Carlos de Borbón, el rey que Franco colocó a dedo. Y que, lejos de traicionar al régimen, lo administró con fidelidad, como él mismo reconoce —con emoción filial— en su reciente biografía, publicada precisamente por el Grupo Planeta, cuyo fundador participó en el golpe contra la República y llegó con las tropas franquistas a Barcelona. Desde su creación en 1949, Planeta ha levantado un imperio editorial que actúa prácticamente como un monopolio: ha absorbido sellos, adquirido canales televisivos y medios de comunicación y consolidado un poder cultural concentrado que es fundamental para entender la España actual.

Así, hoy, ese monarca impuesto —el «rey emérito»— es una suerte de prófugo institucionalizado: vive fuera del país, pero entra y sale como quiere, sin responder por los numerosos casos de corrupción que lo rodean. Las investigaciones sobre sus comisiones millonarias en operaciones internacionales, muchas de ellas conectadas con la red de relaciones que tejió en pleno franquismo y que consolidó una vez coronado, son la expresión más nítida de una institución construida desde la impunidad.

Juan Carlos no solo agradece a Franco el trono, sino que encarna el modelo de inmunidad y acumulación que define a las élites españolas surgidas de la dictadura. Un modelo que excede a la monarquía y que encuentra su reflejo también en el Grupo Planeta: un gigante cultural, como dijimos, nacido del golpe del 36, blindado durante el franquismo y convertido hoy en un actor casi hegemónico en la producción del sentido común para la sociedad en España. La historia de ambos —el rey y el imperio editorial que publica su biografía— muestra la misma lógica estructural: continuidad, concentración y protección.

Juan Carlos no solo agradece a Franco el trono, sino que encarna el modelo de inmunidad y acumulación que define a las élites españolas surgidas de la dictadura.

Porque si el poder económico y político del franquismo se recicló, no podemos afirmar lo mismo de su base ideológica. El franquismo sigue operando hoy en España como un relato mítico sostenido que sirve para anular las posibilidades de crítica o transformación, incluso sí estas son mínimas. 

A través del Movimiento Nacional, Falange y la Iglesia, se moldeó una cultura autoritaria y nacional-católica que nunca fue desmantelada. A las mujeres se las devolvió a la obediencia doméstica con el «manual de la buena esposa»; a los trabajadores se les delegó a la obediencia a los «proveedores», que es como el Fuero del Trabajo denominaba a los patrones. Solo así se garantizaba una «España de paz» que sirve, además, como una amenaza constante. Si tocas, aunque sea mínimamente, los intereses y arbitrariedades de estos, volverá la guerra. 

Hoy, esa pedagogía del orden revive como parodia entre ‘influencers’ que reivindican a Franco entre memes y banderas, sin saber lo que realmente fue. Pero no es solo ignorancia: es una consecuencia directa de una transición que no explicó que el franquismo fue terrorismo de Estado al servicio del capital.

Por eso no sorprende que cincuenta años después, el franquismo siga en el núcleo del Estado, tanto en la fortuna blindada del rey emérito, como en las grandes empresas que cotizan en el IBEX 35. En el poder cultural concentrado. Pero también en la judicatura que actúa como policía política, porque tampoco aprendieron —nadie les enseñó ni les recriminó— que debiesen actuar de otra manera.

La extrema derecha europea lo sabe, y por eso había elegido el 20N para movilizarse en Madrid. La expresión visible de un ecosistema reaccionario global en plena expansión, donde partidos, ‘think tanks’, ‘lobbies’ religiosos, magnates mediáticos e ‘influencers’ comparten estrategias, financiación, discursos y objetivos. Vox y la Comunidad de Madrid se han convertido en uno de los nodos principales de esa red: un laboratorio político donde se ensayan políticas liberales extremas, ofensivas culturales ultraconservadoras y una estética abiertamente fascistizante. 

Allí convergen actores de la derecha extrema de EE.UU., Italia, Argentina, Venezuela, Brasil o Polonia, todos articulados en una misma internacional reaccionaria.

50 años después de la muerte de Franco: jóvenes en España que no vivieron la dictadura se radicalizan

En paralelo, Europa avanza hacia un modelo cada vez más autoritario: leyes mordaza, vigilancia reforzada, criminalización del disenso y recortes de libertades independientemente de quién gobierne. Todo ello acompañado de un proceso de expolio social: privatización de servicios públicos, degradación de derechos laborales y transferencia sistemática de recursos colectivos a grandes empresas. 

Y como columna vertebral de esta reconfiguración, el militarismo europeo se consolida como un nuevo eje de acumulación del capital. La supuesta «ayuda a Ucrania» anunciada por Pedro Sánchez es un ejemplo: dinero público canalizado hacia el complejo militar-industrial español (Indra y otros) y hacia las corporaciones armamentísticas estadounidenses, bajo un relato «humanitario» destinado a encubrir lo esencial: las guerras se han convertido en el gran negocio del capitalismo europeo en crisis.

Cincuenta años después, el pueblo español no enfrenta solo una coyuntura peligrosa, sino un edificio entero construido sobre la continuidad del franquismo: su cultura política, su arquitectura económica, sus mecanismos de impunidad, sus élites y sus alianzas internacionales.

Franco murió. El franquismo —y lo que significa— sigue vivo

dimanche 23 novembre 2025

Alexandre Deineka : un héros au-delà du réalisme socialiste (Art press)

 SOURCE: https://www.artpress.com/2011/11/23/alexandre-deineka-un-heros-au-dela-du-realisme-socialiste/

Dans l'immédiat après Glasnost, s'était tenu à Paris un énorme congrès d'intellectuels de l'Est et de l'Ouest où j'avais rencontré pour la première fois ma jeune consœur russe Ekaterina Diogot. Une de ses interventions m'avait beaucoup frappée : que va-t-on faire, s'était-elle exclamée, de notre passé récent ? Se réapproprier les avant-gardes bannies par le communisme impliquait-il de maintenant jeter à la poubelle cette peinture réaliste socialiste méprisée en Occident ? Allait-il falloir remplacer un tabou par un autre tabou ? Quinze ans plus tard, la réponse est là : des œuvres de cette péiode méritent, elles aussi, d'être revisitées. Démonstration ci-dessous due à une autre Ekaterina.
CM

En 2010, la galerie d’État Tretiakov, à Moscou, consacrait son exposition monographique à Alexandre Deineka, intitulée Travailler, construire et ne pas geindre ! (le mot d’ordre d’une affiche de Deineka datant de 1933). Elle rassemblait des peintures, des sculptures, ainsi que différentes œuvres graphiques. L’exposition a provoqué un vif intérêt chez les Moscovites, mais aussi à l’étranger, au point d’être choisie en 2011 par les organisateurs de l’Année Russie-Italie pour une présentation à Rome, où elle a attiré plus de soixante mille visiteurs en trois mois. Et à Madrid, à la Fundación Juan March, est présenté, jusqu’au 15 janvier 2012, un ensemble de deux cent cinquante œuvres sous le titre Una vanguardia para el proletariado.
Selon Irina Lebedeva, directrice de la galerie Tretiakov, le visiteur européen des musées est saturé d’icônes, de peinture classique russe et d’avant-garde russe. C’est le moment de lui faire connaître d’autres courants, et Alexandre Deineka (1899-1969) s’impose comme l’une des figures les plus marquantes du siècle dernier (1). Il a en effet souvent été présenté comme le « chantre du totalitarisme soviétique ». Ce jugement pourrait s’appliquer aux sujets qu’il traite : premiers plans quinquennaux soviétiques, années héroïques de la guerre, monde du sport, etc. Mais son expression picturale est éloignée de celle de l’art idéologique et ne révèle aucun signe de kitsch qui, d’après Clement Greenberg, caractérise l’art totalitaire.
Pendant les années 1920, alors qu’il est encore étudiant, Deineka collabore à de nombreuses revues. Cette expérience constitue pour lui un véritable laboratoire, qui lui permet de constituer un répertoire de formes et de sujets. Ce travail graphique révèle de nouvelles formes de perception propres au 20e siècle. Comme le souligne Ekaterina Diogot, en Union soviétique, l’art graphique devança dans un premier temps la peinture de chevalet et jeta les fondements de l’art conceptuel moscovite (2). Pour Deineka, l’irruption de la nouveauté dans le réel (il survole lui-même sa ville natale en 1920) doit être exprimée par une forme tout aussi neuve. Refusant le style narratif du 19e siècle, il s’affranchit des règles de composition tout en maintenant une rigueur et une précision implacables. Rythmes impétueux mais synchronisés, couleur placée localement, importance accordée au vide ou au blanc : ce sont quelques-uns des nouveaux procédés mis en œuvre par l’artiste, lequel est profondément marqué par la photographie et le cinéma. Deineka n’a pas peur des raccourcis risqués, d’une ligne brusque, d’un tracé irrégulier. Ces caractéristiques apparentent ses œuvres à la poésie de Maïakovski, avec ses lignes hachées, son rythme de fer, sa prédilection pour les thèmes de la course, du vol et de la marche. « Je suis le disciple de Maïakovski en tout ce qui concerne le rythme, la perspicacité et le sens de la couleur du temps (3) ».
Marqué par sa formation initiale (au Vhoutemas, il suit les cours du département de polygraphie), Deineka « importe » dans sa peinture la conception graphique de la forme. L’expressivité dynamique de ses tableaux des années 1920 repose sur le calcul du rythme linéaire des compositions, rythme qui communique aux œuvres les plus réussies le style minimaliste des affiches combiné à une incroyable monumentalité. C’est notamment le cas du tableau préféré de l’artiste, Défense de Pétrograd (Oborona Petrograda). Dans cette toile célèbre, le mouvement est interprété avec une aisance presque cinématographique : deux groupes de personnes, divisés en quatre sous-ensembles, se déplacent de gauche à droite et de droite à gauche, évoquant un avant et un après inexorables qui encadrent un présent insupportable, au point d’être évacué hors de la composition. Le rythme dynamique et les raccourcis intempestifs deviennent la marque de Deineka. Ce tournant dans la représentation de l’objet, ce passage de l’observation immédiate à une conceptualisation de la réalité matérielle est caractéristique des recherches de cette période et de l’orientation vers une expression synthétique. Certains traits de l’œuvre de Deineka s’expliquent aussi par son appartenance au groupe des « technicistes » de l’OST (Société des peintres de chevalet, qui s’intéresse aux aspects industriels et sportifs de la société nouvelle) et par l’influence des expressionnistes allemands.
Dans les années 1930, le réalisme socialiste est proclamé style principal de l’art. Il faut rappeler que le mot « réalisme » devait servir d’antithèse au mot « art » (ancien et bourgeois), et remplacer le futurisme puisque le futur était devenu réalité après la Révolution de 1917. L’État devient l’unique commanditaire et le seul juge des œuvres d’art. Alexandre Deineka résout le problème le plus important de l’art soviétique de l’époque : il élabore l’image du « héros collectif ». Il est envoyé en mission de création, et ces « immersions » dans différents milieux peuvent paradoxalement évoquer celles de certains artistes actuels. Deineka travaille notamment dans le bassin houiller du Donbass, parmi les mineurs. Il privilégie les recherches qui sollicitent la mémoire. Pour obliger le spectateur à considérer le travailleur de force différemment, il fait appel à ce qu’il nomme la « pression visuelle » (visualnyi najim) et joue avec l’effet de persistance rétinienne : il s’agit de représenter le mouvement dans ses formes les plus intenses, les plus précipitées, les plus « condensées ». Le principe s’applique au mouvement des personnes, mais aussi à l’espace des compositions, construites suivant le principe du montage (4).
Alexandre Deineka pratique assidûment la boxe, son entraîneur lui avait prédit une grande carrière. Les sujets sportifs dominent les œuvres des années 1930. Ses sportifs, coureurs et skieurs se déplacent de façon parfaitement agencée, en un rythme collectif, comme les pièces d’un mécanisme bien réglé. L’artiste trouve sur les plages de Sébastopol les motifs du pays heureux du futur. Les Futurs Pilotes (Boudoushie liottchiki) est toujours présenté dans les expositions consacrées à Deineka. Le tableau ne fait aucune allusion aux temps difficiles que vit le pays (nous sommes en 1938), seuls subsistent le rêve, le vol, l’air pur de la mer…
Vers la fin des années 1930, le pouvoir soviétique souhaitait que son image se reflète de manière grandiose. Deineka crée alors plusieurs œuvres monumentales : des peintures murales, des panneaux de mosaïques, notamment ceux de la station de métro Maïakovskaïa à Moscou. En 1937, il reçoit la médaille d’or de l’Exposition universelle de Paris pour son panneau Gens illustres du Pays des Soviets (Znatnye ludi Strany Sovetov), qui illustre parfaitement la « cristallisation » de la typologie des héros soviétiques. Ensemble et égaux, unis mais différents (ethnie, âge et profession clairement définis, au point d’en créer des archétypes, presque tous habillés de blanc), les personnages de cette œuvre démontrent la volonté de l’auteur de n’oublier personne dans ce portrait collectif.
Bien qu’il reste dans le cadre du réalisme socialiste, Deineka l’interprète à sa manière. L’amour de la vie, l’aspiration à une harmonie de l’âme, du corps et de l‘activité créatrice irriguent son travail et concurrencent, souvent en la dominant, la composante idéologique de l’art soviétique. D’ailleurs, à la différence d’autres artistes renommés, Deineka et la célèbre Vera Moukhina (auteur de la sculpture Ouvrier et kolkhozienne placée au sommet du pavillon de l’Union soviétique lors de l’Exposition universelle de Paris en 1937) n’ont pratiquement jamais exécuté les portraits des leaders soviétiques. Christina Kiaer affirme que Deineka a sincèrement essayé de vivre et de travailler en accord avec l’idéal de la nouvelle personne soviétique. Comme beaucoup d’autres réalistes socialistes originaux et engagés, il a incarné avec succès le rêve soviétique de la modernité (5).


corps viril
Malgré la sévérité de la conjoncture, Deineka parvient à créer des œuvres d’une grande force expressive et à aborder des sujets délicats ou interdits : le culte de la nudité sensuelle et du sex-appeal est manifeste, sans tabou ni vulgarité. Les corps nus, dévêtus ou habillés de Deineka, représentés intimement, presque charnellement, évoquent le plaisir esthétique, sensuel, érotique. La représentation du corps viril athlétique pourrait même être associée à un certain homoérotisme (voire autoérotisme ?). Il est intéressant de noter que l’homme nu, assis de dos au premier plan de Après le combat (Posle boia), a le même morphotype et une posture identique à celle de l’un des trois garçons des Futurs Pilotes. L’homme mature regarde un jeune homme aux proportions presque adolescentes se savonner. Un aller-retour chronologique et un effet-miroir s’instaurent entre les deux œuvres, qui appartiennent à la même période.
Deineka effectue en 1935 un voyage d’études de six mois en Italie, en France et aux États-Unis. Puisque ses œuvres ont beaucoup de succès à l’étranger et s’inscrivent dans le panorama artistique international, elles deviennent une sorte de « vitrine » de l’art soviétique. Pourtant, l’artiste est constamment critiqué dans son pays natal en tant que « formaliste ». Le réalisme soviétique (qui visait à représenter la vie dans son évolution sociale) s’oppose au formalisme, qui inclut, paradoxalement, le « réalisme fétichiste (6) ». Deineka représente néanmoins l’Union soviétique à plusieurs Biennales de Venise, lors des Expositions universelles de Paris et de Bruxelles, et dans de nombreuses autres expositions internationales. Il remporte plusieurs premiers prix, s’imprègne des courants artistiques mondiaux de l’époque et marque à son tour certains artistes occidentaux. Les paysages italiens de Deineka sont souvent mis en regard des œuvres de De Chirico et ses études américaines pourraient s’insérer dans l’art américain des années 1930. Pour évoquer ses liens avec les artistes européens et américains, on peut aussi citer les noms de Renato Guttuso, Edward Hopper ou Anton Refregier.
Pendant la Seconde Guerre mondiale, Deineka continue à travailler. Il peint Moscou en temps de guerre, et pendant les jours les plus durs de 1942, il crée son chef-d’œuvre, la Défense de Sébastopol (Oborona Sevastopolia). La guerre n’est pas représentée comme chaos et massacre, mais comme le moment de l’héroïsme suprême. La ville est blanche comme les uniformes des matelots qui la défendent contre la force sombre de l’envahisseur. Le protagoniste, ainsi que d’autres personnages à l’arrière-plan, présentent le même type physique (représenté à des âges différents), caractéristique de l’œuvre de Deineka : un homme grand et blond, une sorte d’Ivanouchka le Fou des contes russes. Paradoxalement, on retrouve le même type dans le tableau As abattu (Sbityi ass), qui montre un pilote nazi abattu en plein vol. Deineka est envoyé en mission dans les zones de combat. En 1945, quelques jours après la reddition allemande, il peint et dessine à Berlin. À partir de la fin de la guerre, il est relégué au second plan par la nouvelle génération des artistes « polisseurs » de l’actualité. Son Autoportrait de 1948 le montre dans une posture caractéristique : à moitié nu, l’air décidé et toujours sportif, il défie du regard le spectateur, prêt au corps à corps. Il se consacre alors à l’enseignement et soutiendra plus tard les artistes appartenant au « style austère ».
Le 5 juin 1969, l’Académie des beaux-arts de Moscou lui consacre une grande exposition personnelle. Plus de deux cent cinquante œuvres y sont présentées. Mais le maître, gravement malade, n’assiste pas au vernissage. Il meurt le 12 juin 1969 sans savoir qu’on lui a accordé la distinction suprême, le titre de Héros du travail socialiste.
L’héritage d’Alexandre Deineka a été revendiqué en Russie et, de façon plus inattendue, en Italie. Il s’agit sans doute ici d’un phénomène lié au repositionnement, après la guerre froide, du réalisme soviétique dans l’histoire de l’art du 20e siècle.
L’œuvre de Deineka pose la question de la redéfinition du concept de modernisme, les traditionnelles catégories binaires d’analyse de l’art moderne empêchant une évaluation sérieuse du réalisme socialiste, « segment ignoré de l‘art moderne ». D’autres redécouvertes sont donc à prévoir.

(1) Catalogue d’exposition Aleksandr Deineka Il maestro sovietico della modernità, Skira, Milan, 2011.
(2) Ekaterina Diogot, « L’art soviétique entre l’avant-garde et le réalisme socialiste 1927-1932 », Notre héritage no 93, Moscou, 2010.
(3) Alexandre Deineka, La vie, l’art, le temps, Éditions Artiste RSFSR, Leningrad,1974.
(4) Alexandre Deineka, ibidem.
(5) Christina Kiaer, « Was Socialist realism Forced Labour? The case of A. Deineka », Oxford Art Journal, 2005.
(6) Ekaterina Diogot, op. cit.

Ekaterina Tkatch est docteure en philosophie sociale, (Université de la Russie de l'Amitié des Peuples, Moscou), plasticienne et enseignante. Elle travaille actuellement sur l'art postmoderne.

Syrie : HTC annule les accords portuaires avec la Russie et cède Tartous aux Émirats et Lattaquié à la France

 

US Rep. Ilhan Omar (D-MN) (L) talks with Speaker of the House Nancy Pelosi (D-CA) during a rally with fellow Democrats before voting on H.R. 1, or the People Act, on the East Steps of the US Capitol on March 08, 2019 in Washington, DC. (AFP photo)
Vue aérienne de porte-conteneurs ancrés au large de Tartous, 
ville portuaire de l'ouest de la Syrie.

La Syrie a officiellement cédé l'exploitation du port de Tartous, le deuxième plus grand port du pays, à la société de logistique DP World des Émirats arabes unis, dans le cadre d'une concession de 30 ans d'une valeur de 800 millions de dollars.

DP World a officiellement commencé ses opérations quelques mois après la signature de cet accord avec l'Autorité générale syrienne des ports terrestres et maritimes.

« Nous sommes déterminés à mettre à profit l'expertise mondiale de DP World pour construire un port moderne et numérique, qui stimulera le commerce, créera des opportunités et positionnera réellement Tartous comme une plaque tournante du commerce en Méditerranée orientale », a déclaré Fahad al-Banna, le nouveau directeur général de DP World Tartous.

Le chef de HTC, Abou Mohammad al-Jolani, reçu par Macron à Paris

Selon les termes de l'accord, DP World modernisera l'infrastructure portuaire, augmentera les capacités de manutention et de stockage, et investira dans des systèmes de manutention en vrac.

Cette décision intervient alors que le régime syrien, dirigé par Hayat Tahrir al-Cham (HTC), a décidé en juin d’annuler un accord de 2019 entre le gouvernement de l'ancien président Bachar Assad et la société russe Stroytransgaz, affirmant que cette dernière avait violé son contrat en ne dépensant pas les 500 millions de dollars promis pour moderniser Tartous.

Outre Tartous, un contrat de concession de 30 ans a également été signé avec la compagnie maritime française CMA CGM pour gérer le port de Lattaquié, la plus grande ville portuaire de Syrie.

Cette évolution survient après l'annonce en mai par le président américain Donald Trump de la levée de toutes les sanctions américaines contre la Syrie.

Trump a fait cette annonce à Riyad, lors de sa visite en Arabie saoudite, où il a rencontré Abou Mohammed al-Jolani, chef du régime dirigé par HTC, qui s’est dit prêt à normaliser les relations entre Damas et le régime de Tel-Aviv.

Des responsables syriens et israéliens comptent se rencontrer à Bakou

Autrefois affilié à Al-Qaïda et Daech, al-Jolani a pris le pouvoir en Syrie après une offensive rapide de son groupe armé, HTC, qui a renversé le gouvernement du président Bachar al-Assad en décembre 2024.

vendredi 21 novembre 2025

El golpe de Estado de las plataformas digitales

 

En su nuevo libro “¿Capitalismo de la vigilancia o democracia? Una lucha a todo o nada en la era de la información” (Unsam Edita), Shoshana Zuboff profundiza su reflexión crítica sobre el ecosistema digital. Para hacerlo, desgrana la perspectiva de lo que llama un “campo unificado”, ciclo conceptual que empieza con una operación económica, sigue con un vector de gobernanza y termina en uno de daños sociales. Las plataformas como nueva forma de capitalismo sincronizado con políticas antidemocráticas que les permiten tener un control casi absoluto, desafiar a los Estados y, a través de la IA, generar servidumbre laboral en el sur global.

 

Cuando vinieron a llevarse los datos, guardé silencio porque me brindaban servicios. 
Cuando vinieron a pedir que no haya regulaciones para sus negocios, guardé silencio, porque ya sabían mucho de mí y de mis acciones. 
Cuando vinieron a manipular todo lo que puedo saber y querer, guardé silencio, porque ya no sabía qué era verdad y qué no. 
Cuando vinieron a gobernar todo, ya era tarde, porque no había gobierno a quien protestarle.

En esta versión libre del famoso poema escrito por el pastor luterano alemán Martin Niemöller en 1946 se puede cifrar algo de lo que Shoshana Zuboff, profesora emérita de la Escuela de Negocios y de la Facultad de Derecho de la Universidad de Harvard, quiere advertir en su último libro, ¿Capitalismo de la vigilancia o democracia? Una lucha a todo o nada en la era de la información, publicado por Unsam Edita.

Zuboff forma parte del campo de estudios críticos sobre plataformas e inteligencia artificial. El tema viene explotando editorialmente en Argentina con la salida reciente de libros centrales como The Stack de Benjamin Bratton (Interferencias), El ojo del amo de Matteo Pasquinelli (Fondo de Cultura Económica), Lo impensado de N. Katherine Hayles (Caja Negra), Metamorfosis de la inteligencia de Catherine Malabou (La Cebra), Los costos de la conexión de Nick Couldry y Ulises Mejias (Godot, 2023) Atlas de la Inteligencia Artificial de Kate Crawford (Fondo de Cultura Económica, 2022), Nanofundios de Agustín Berti (Cebra, 2022) y Tecnoceno de Flavia Costa (Taurus, 2021). Y más lejos en el tiempo, Capitalismo de plataformas de Nick Srnicek (Caja Negra, 2018), Los dueños de Internet de Natalia Zuazo (Debate, 2018) y el propio La era del capitalismo de la vigilancia de Zuboff (en 2019).

¿Capitalismo de la vigilancia o democracia?, el último libro de Shoshana Zuboff, es una actualización del esquema analítico compartido con el resto de las publicaciones. Este esquema plantea una tripartición entre datos, algoritmos y plataformas como “matriz social” de la inteligencia artificial y de los ecosistemas digitales que habitamos. En el caso de Zuboff, por un lado, se inscribe dentro de una caracterización de las plataformas en términos de nueva forma de capitalismo (como Srnicek con su “capitalismo de plataformas”); y, por el otro, se trata de un capitalismo sincronizado con una forma política antidemocrática. El capitalismo de la vigilancia, plantea Zuboff, nació exactamente con el siglo XXI y se puede rastrear en hechos clave. Con ellos, se desgrana su ambiciosa perspectiva de lo que llama el “campo unificado” de las cuatro etapas del orden institucional del capitalismo de la vigilancia, que conforma un “poder instrumentario”, “que conoce el comportamiento humano y le da forma, orientándolo hacia los fines de otros”. Este poder es tan peligroso como lo fue el “poder totalitario” apuntado por Niemöller.

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