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lundi 16 février 2026

Las víctimas de clase obrera de Epstein

 Fuente https://www.pikaramagazine.com/2026/02/las-victimas-de-clase-obrera-de-epstein/
 

 

Las víctimas de la red de tráfico sexual de Jeffrey Epstein eran, en su mayoría, chicas de clase obrera para las que la extorsión económica jugaba un papel esencial. Para la élite económica que abusaba de ellas, eran cuerpos intercambiables al alcance por poco dinero: 200 dólares, 45 minutos.

 

“La gente de la alta sociedad valora mucho la privacidad, si alguien que conoces tiene secretos que no se pueden contar, la gente suele callarse”.

Robert Couturier, amigo de Ghislaine Maxwell


En la red de explotación sexual de menores que dirigía Jeffrey Epstein, según Todd Blanche, fiscal general adjunto de Estados Unidos, se han identificado a más de 1.200 víctimas. Es como si retrocediéramos a 2019, año en que se acusó a Epstein por tráfico sexual de menores y, dos años más tarde, a Ghislaine Maxwell, condenada a 20 años de prisión. Estos días se pueden ver nombres y más nombres de personas involucradas, los nombres de las élites económicas que gobiernan el mundo a placer. Correos electrónicos, conversaciones, fotografías, vídeos, todo es un mar de información sin ningún tipo de orden, que al final del día termina aturullando, cuando lo que debería dar es claridad en un caso que hoy día llamamos paradigmático del funcionamiento del patriarcado: hombres ricos que explotan sexualmente a niñas, adolescentes y mujeres pobres, mientras las instituciones, en el mejor de los casos, miran hacia otro lado.

La precariedad de las víctimas es una de las condiciones de posibilidad de los abusos

Sería imposible e irresponsable hacer una generalización sobre la procedencia socioeconómica de las niñas y adolescentes que sufrieron violencia sexual dentro de la telaraña de poderes creada durante décadas por Epstein: un entramado de gobiernos, empresarios, medios de comunicación, personal de universidades de élite y sistemas financieros que sostenía, y a su vez se alimentaba de, una red de tráfico de personas. Sin embargo, algo que sí se puede sacar en claro es que la desmedida concentración de poder económico de los perpetradores frente a la precariedad y vulnerabilidad de las víctimas es una de las condiciones de posibilidad de los abusos sistemáticos. Lo ha sido siempre, desde Ciudad Juárez hasta nuestros días.

En el México de los 80 y 90, las historias de disciplinamiento sexual eran las de los asesinatos en Juárez

Porque, aunque los titulares nos lleven a 2019, la memoria corporal es más larga y guarda los efectos del terror sexual. En el caso de quienes fuimos adolescentes en el México de los años 80 y 90, las historias de disciplinamiento sexual eran las de los asesinatos de mujeres en la ciudad fronteriza de Juárez. El patrón siempre era el mismo: mujeres pobres, racializadas, trabajadoras de la maquila, que desaparecían en medio de la noche. Todavía puedo recitar de memoria las características físicas de las desaparecidas: jóvenes, morenas, delgadas, pelo negro, bajitas de estatura, la descripción promedio de las mujeres de clase trabajadora de México. Somos generaciones enteras disciplinadas por el terror sexual y por la violencia expresiva que, como dice Rita Segato, se escribía en el cuerpo de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez.

El método Epstein es la articulación del capital, el poder simbólico y el político para garantizar impunidad absoluta

Más allá de las explicaciones sensacionalistas y morbosas sobre los feminicidios en Juárez que los relacionaban con ritos satánicos, pornografia snuff e incluso ataques de animales fantásticos como el chupacabras, poco a poco comenzó a emerger un análisis feminista que relacionaba a las oligarquías locales con las autoridades y los grupos de crimen organizado. A esto es a lo que Emanuela Borzacchiello llama “telaraña de poderes”, una alianza estratégica entre política, economía y narcotráfico que produce una nueva gobernabilidad en la que la violencia contra los cuerpos feminizados adquiere cotas altísimas. Ese es justamente el concepto que mejor puede explicar lo que la periodista Laura Arroyo ha denominado como el “método Epstein”: la articulación del capital, el poder simbólico y el poder político para garantizar impunidad absoluta; o lo que la escritora Rebecca Solnit denominó hace seis años como “la máquina de silenciamiento”, una serie de sistemas de poder que permite a las elites cometer delitos con impunidad.

La primera denuncia contra Epstein, la de Maria Farmer en 1996

La serie documental, Jeffrey Epstein: asquerosamente rico (2020), en la que participan varias sobrevivientes, relata cómo adolescentes de clase trabajadora fueron “contratadas” como “masajistas”, y sufrieron violencia sexual sistemática a lo largo de varios años. Son los mismos testimonios que aparecen en un sinnúmero de artículos de periódicos internacionales, en campañas estatales como Stand With Epstein Survivors (Solidaridad con las sobrevivientes de Epstein), y en el libro de memorias de una de sus víctimas, Virginia Roberts Guiffe. El patrón es exactamente el mismo en casi todos los testimonios: 200 dólares por un masaje de 45 minutos que devenía rápidamente en actos sexuales; después se les ofrecía más dinero a cambio de que trajeran más adolescentes, haciendo hincapié en que tenían que ser, o por lo menos parecer, muy jóvenes (menos de 18 años). Decenas de chicas cruzaron el puente que separa West Palm Beach, de la exclusiva isla de Palm Beach, Florida, durante años. Pero también eran cientos las jóvenes que entraban por una inmensa puerta de roble en una de las mansiones más caras de Nueva York, el número 9 de la calle 71 Este, en la exclusiva zona de Upper East Side de Manhattan. A muchas se les ofrecía también la posibilidad de acceder a educación universitaria, contactos en el mundo del arte y de la moda, o viajes a sitios exóticos.

En los años 90 Maria Farmer empezaba su carrera como artista. Fue entonces cuando la llevaron al rancho de Epstein en Nuevo México ofreciéndole apoyo y contacto con coleccionistas de arte y galeristas. A su hermana Annie Farmer, de entonces 16 años, también le ofrecieron pagarle los estudios. En 1996 Farmer es la primera en interponer una denuncia penal contra Epstein y en testificar para el FBI por intercambio de posibles imágenes de abuso sexual infantil, sin embargo, no se tomó ninguna medida legal en contra del magnate.

La mayoría de las chicas abusadas eran pobres, huérfanas o sin lazos familiares

Virginia Roberts Giuffe, otra de las sobrevivientes, que en 2009 denunció a Epstein y en 2021 al duque de York, Andrew Mountbatten-Windsor, relató en sus memorias, Nobody´s Girl: A Memoir of Surviving Abuse and Fighting for Justice, que la mayoría de las chicas abusadas eran pobres, huérfanas o sin lazos familiares. Adolescentes de clase trabajadora reclutando a otras adolescentes de clase trabajadora para ser sexualmente explotadas por las élites económicas, y desechadas en cuanto “se hacían mayores”. Vidas prescindibles, chicas intercambiables. Michelle Licata, otra sobreviviente, cuenta que le habría gustado decirle a la cara a Epstein: “No te acuerdas de mí porque había miles como yo, pero yo me acordaré de ti el resto de mi vida”. Jena-Lisa Jones ha insistido en su testimonio en el ambiente de coacción financiera de la red y en cómo se explotaba la vulnerabilidad de las víctimas: “Es un gran tema de manipulación cuando tienes 14 años y estás en la ruina.”

La clase es un marcaje que no puede separarse del género, como apunta Lugones

La cuestión de clase es inseparable de la violencia sexual porque esta no ocurre en el vacío, se apoya de estructuras de desigualdad y, a su vez, es un mecanismo de control de clase, disciplinando los cuerpos que pueden ser abusados, explotados y usados sin ninguna consecuencia. La clase es un marcaje que no puede separarse del género, como ya lo ha apuntado la filósofa María Lugones. Así, clase y género, se imbrican y encarnan en violencias específicas. Para Verónica Gago, la violencia económica es un régimen de extracción de valor que opera sobre la vida, que es experiencial y corporal. Cuando cruzamos el pensamiento de Lugones con el de Gago, entendemos la violencia sexual como la explotación de un territorio: el cuerpo.

La abismal desigualdad económica entre las víctimas y los victimarios era, a su vez, garantía de silencio. “La verdad es lo que los poderosos quieren que sea”, escribió la periodista Rebecca Solnit en el artículo En el patriarcado nadie te escuchará gritar. Annie Farmer dijo en una entrevista en 2019 que, “en muchos casos donde los perpetradores ocupan puestos de poder, también existe un miedo significativo, y a menudo justificado, a las represalias, que puede hacer que el riesgo de una demanda parezca excesivo”. Elizabeth Stein, a quien Epstein y Maxwell acosaron durante tres años, relata cómo intentó huir de ellos, cambiando de número de teléfono, de dirección y cómo siempre la encontraban: “Tenía mucho miedo y ellos estaban conectados con las personas más poderosas del mundo, sabía que, si se lo contaba a alguien, mi vida corría peligro”. Estaban aterradas por la maquinaria de poder que Epstein podía echar a andar contra ellas.

De 290 víctimas que pidieron la reparación económica gubernamental, solo 150 la obtuvieron

Durante el juicio de Ghislaine Maxwell se atacó, culpabilizó e intentó restar credibilidad a los testimonios de las víctimas debido a la reparación económica que habían recibido del fondo de reparaciones gubernamental. El Gobierno elaboró este fondo tras la muerte de Epstein: 121 millones de dólares provenientes del patrimonio del traficante sexual, valorado en 600 millones. Se compensó económicamente a 150 sobrevivientes, aunque 290 pidieron esta compensación .

Es imposible entender el caso de Jeffrey Epstein sin tomar en cuenta la clase, no solo la de él y sus cómplices, sino la de ellas, las víctimas y sobrevivientes. El “método Epstein” no es un error del sistema. Tampoco es la prueba de que el sistema nos falla a las mujeres porque, en realidad, la telaraña de poderes creada por Epstein ¡es el sistema! Uno perfectamente engrasado a base de millones de dólares, favores personales, tratos comerciales y apoyo económico a campañas políticas. Epstein no es un caso aislado, mucho menos una excepcionalidad, aunque los medios le llamen “el mayor depredador sexual de la historia”. La trama de poderes que protege a los violadores y agresores es la manifestación concreta en la que el poder y las elites tratan a las mujeres, las adolescentes y las niñas: como mercancía.

Virginia Roberts Giuffe, que se quitó la vida en abril de 2025 y a quien dedico este texto, dice en sus memorias: “No te dejes engañar por todos aquellos del círculo de Epstein que aseguran que no sabían lo que hacía. Epstein no solo no lo escondía, sino que disfrutaba con el hecho de que los demás lo vieran (…) Y los demás lo vieron, y no les importó”.

Hace un par de meses, la periodista Gessamí Forner decía que los agresores no agreden porque tengan poder, sino que llegan a las altas esferas de poder justamente porque son agresores. Conviene darle vueltas a esta reflexión.

UNIT : LA MONNAIE DES BRICS QUI DÉFIE ENFIN LE DOLLAR

 


83e anniversaire de la victoire de Stalingrad

 


À l’occasion du 85e anniversaire de la victoire de la bataille de Stalingrad, la Maison russe des sciences et de la culture à Paris a accueilli, le 5 février 2025, une conférence exceptionnelle de l’historienne Annie Lacroix-Riz.
Dans un esprit de paix et de compréhension entre les peuples franco-russes, cette rencontre propose une analyse approfondie de ce tournant majeur de la Seconde Guerre mondiale. Après une introduction immersive retraçant l’enfer urbain de 1942, Annie Lacroix-Riz revient sur les enjeux historiques de la bataille, interroge certaines interprétations dominantes de l’historiographie occidentale et met en lumière la résilience, souvent sous-estimée à l’époque, du peuple et de l’armée soviétiques face à la machine de guerre nazie.

47 aniversario del triunfo de la Revolución islámica

 


 Una mujer sin hiyab es entrevistada en las calles de Teherán por una cadena de televisión estudiantil afín a la milicia Basij, perteneciente al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria, con motivo del 47 aniversario del triunfo de la Revolución islámica. 

No solo es su presencia sin hiyab entre los conservadores religiosos lo "llamativo" (para los ignorantes que vomitan hiyab, hiyab, hiyab), sino que lo que dice deja en K.O técnico a los medios corporativos de propaganda y desinformación.

Cesar Vallejo en la URSS

 


dimanche 15 février 2026

Francotiradoras / Снайперы (Bolotbek Shamshiev, 1986)

 




El 14 de febrero de 1986 se estrenaba en las salas de cine soviéticas el drama bélico "Снайперы" (Francotiradoras), largometraje dirigido por Bolotbek Shamshiev para los estudios Kazajfilm.
Protagonizada por Ayturgan Temirova, Marina Yakovleva, Vera Glagoleva, Elena Melnikova y Nikolai Skorobogatov, en los papeles principales, la cinta atrajo a las salas de cine soviéticas a cerca de 7 millones de espectadores.
Sinopsis - Gran Guerra Patria. La francotiradora Aliya Maldagulova no solo luchó con valentía en el frente, sino que también realizó una invaluable contribución a la lucha contra los invasores nazis. Sus acciones y heroísmo se convirtieron en un ejemplo de fortaleza y coraje, participando en una de las batallas más difíciles y decisivas de la Segunda Guerra Mundial: el asedio de Leningrado. Su valor le valdría la condecoración posmortem como Héroe de la Unión Soviética.
 

 

 

Stalingrad I et II (L' Indomptable et L' Enfer blanc)

00:00 – Cold Open (témoignage authentique) 01:46 – Stalingrad : la tempête de feu 06:20 – L'entrée dans la ville 01:10 – Les usines : un champ de ruines 13:54 – Guerre de lutteur 18:22 – Les femmes de Stalingrad 20:37 – Les civils, en dessous de la ville 21:55 – Le froid approche 24:06 – 19 novembre 1942 : Uranus 26:57 – À suivre…
 
00:00 – Cold Open 01:39 – Opération Uranus 03:23 – Les conditions de vie 10:43 – Le Kessel, la prison blanche 14:32 – La faim, le froid, la désintégration 16:43 – Wintergewitter 20:56 – Koltso, l'anneau se referme 23:55 – La reddition de Paulus 25:45 – Epilogue

El caso Epstein, la isla prometida

 SALO OU LES 120 JOURNEES DE SODOME Photos de film Jeu A - x9 - 21x30 cm. - 1975 - Paolo Bonacelli, Pier Paolo Pasolini

Por Oleg Yasinsky Publicado: 8 feb 2026
 
Una de las principales características del caso Epstein es que en realidad no es ninguna gran noticia, aunque mediáticamente se presenta como tal. Es una cómoda incomodidad y un escándalo que no escandaliza a nadie, ya que sus más de tres millones de archivos de horror no son más que una bitácora del poder neoliberal, desposeído de cualquier noción de lo humano.
La isla de Epstein es una pequeña parte del archipiélago, que aborda los cinco continentes y no es solo un lugar geográfico, sino una construcción mental del poder que nos ofrece su propia proyección del futuro. Es su plan.
Es curioso que los supuestos enemigos del actual Gobierno estadounidense, que son los demócratas, ya nos han mentido tanto que ahora cualquier prueba de ellos contra Trump y los republicanos se ve como mentira. Aquí no se trata del conocido cuento sobre el pastorcito mentiroso y el lobo. Estamos sumergidos en un mundo de tanta manipulación tecno-sicológica que lo que menos llama la atención y lo que menos convence son las verdades que se ven opacas ante el sicodélico brillo de falsedades y, para ser comprendidas, requieren algún grado de esfuerzo intelectual y espiritual, algo que en estos tiempos es cada vez más escaso.
La cultura occidental idolatra el éxito, idealiza la riqueza, siempre perdona los 'excesos' de 'los triunfadores', se declara defensora de los derechos, aunque en su cotidianeidad comercia con la hipersexualización infantil, despreciando derechos, emociones e incluso instintos.
Epstein ha sido un peón en el ajedrez mundial de las corporaciones. Con sus redes colaboraban las monarquías, los organismos de la ONU y los grandes líderes de la opinión pública de todo signo político.
Eso se sabía, pero la gran prensa mundial guardaba silencio. Esto se explica muy fácilmente por el miedo a las demandas, la dependencia de los anunciantes, etc. Además, un periodista rebelde y honesto, incluso en la democracia más democrática, sabe que, en el mejor de los casos, arriesga su trabajo y su carrera. El caso Epstein no muestra la 'maldad de las élites', sino el funcionamiento normal de un sistema en el que el poder protege al poder, los medios de comunicación controlan la opinión pública, la cultura popular justifica a sus ídolos exitosos y los niños son material de consumo.
Esta monstruosidad es banal, repetitiva y reproducible.
La famosa película del director de cine italiano Pier Paolo Pasolini 'Saló o los 120 días de Sodoma' no trata sobre las perversiones, como la mayoría piensa.
Es un retrato del poder del capitalismo, el que siempre muta en fascismo, donde las élites se encierran en un espacio oculto, las personas se reducen a sus funciones exigidas por la autoridad y la violencia es natural. El poder fascista es representado por el duque, el obispo, el magistrado y el presidente, que reflejan distintas caras de la descomposición del sistema. Pasolini muestra la total perversión de los valores morales proclamados como el único camino de esta falsa e hipócrita sociedad que niega y desprecia cualquier destello de una espiritualidad verdadera.
En 'Saló' tenemos una villa, la seguridad, la desconexión del mundo exterior y la impunidad absoluta. En el caso de Epstein, es una isla privada, los aviones, las mansiones, lagunas legales y todo lo demás, que coincide hasta en los detalles más mínimos. La normalización rutinaria del horror en 'Saló' se realiza a través de la cena, la historia, el castigo y otra vez la cena. En el caso de Epstein, es a través de los masajes, los pagos, los regalos, los vuelos, y la repetición de los actos. Y en ambos casos, las violaciones no son más que un procedimiento administrativo ritual.
La estetización del crimen es un arma aparte: la música, la amabilidad, los ambientes ordenados y distinguidos, las conversaciones intelectuales en 'Saló'; y la caridad, las universidades, la filantropía y el glamur en el caso Epstein obedecen a su único objetivo: hacer que la pesadilla se vea decente y aceptable para que ninguno de los espectadores sensibles, Dios no lo quiera, se indigne antes de tiempo. Es importante que, en ambos casos, las élites actúen de forma colectiva y no como individuos. En 'Saló' no existe un principal culpable, igual que en el caso Epstein también es evidente que el financista estadounidense no podía actuar solo, lo cubrían, usaban y aprovechaban miles de poderosos mientras se podía, es decir, hasta su muerte, cuando la responsabilidad de los demás se diluyó.
Muchos calificaron la película 'Saló' de insoportable. El problema es que Pasolini llamó a las cosas por su nombre, mientras que la realidad del caso Epstein está inundada de eufemismos: "relaciones inapropiadas", "contactos controvertidos", "acusaciones", etc. La película de ficción de 1975 nos expone mejor las noticias de hoy. Incluso en su tiempo y en las décadas siguientes, esta película, a pesar de no tener ninguna escena explícita, escandalizaba a las mismas generaciones consumidoras de Playboy y pornografía, moralistas hipócritas que se vieron retratados en las escenas del filme.
La analista colombiana Ana Lucía Calderón compara esta historia con otra, la del barrio de Bronx en el centro de Bogotá, ocurrido hace 10 años. Cuando el Ejército entró a Bronx, se vieron prácticamente las mismas realidades descritas en los expedientes del caso Epstein: prostitución infantil, tráfico de drogas, esclavitud, torturas, asesinatos, horror total. Todo, como siempre, bajo control del crimen organizado a servicio de los poderosos, a su vez controlados por el poder supremo, grupos oligarcas, los tres poderes de Estado y su eterno aliado estratégico: los gobiernos de EE.UU.
Después de una descripción de la naturaleza y similitud entre ambos casos, Calderón concluye: "…Nadie está viendo el trasfondo que trae consigo este tema. Después de poner en todos los medios de comunicación día y noche, horrores y padecimientos, al igual que lo hicieron con los bombardeos en Gaza, saltan sesos por aquí, tripas por allá, en un par de semanas la gente anestesiada ya no reacciona más. Eso es lo verdaderamente aterrador. Se legitima el crimen, el exterminio, el saqueo, la violación. No hay alteración social, ¿de qué?, si es que las chicas jóvenes se publicitan en Instagram para ir a Arabia Saudí o a Emiratos Árabes a las orgías y a comer caca de los jeques. Si las redes están llenas de chicas invitando a otras, contando sus experiencias que "valen la pena" porque reciben mucho dinero. Todo se habla abiertamente, nadie siente vergüenza de exponer su intimidad en las redes, pero sí de mirar a los ojos a otra persona y tomar su mano. Se destapa todo esto cuando ya no tendrá repercusión popular ni ninguna censura moral. Esto ya no asombra a nadie y como la política de violación de soberanía nacional, tampoco. Simbólicamente la violación a una persona o a un pueblo da lo mismo y se compensa con dinero. Acostumbrémonos, ese es el mundo que construimos, gracias a la inexistencia de otra opción colectiva de la fantasía."
Temo que cualquier otra lectura de esta realidad abra las puertas a una pesadilla mucho más generalizada y esta vez irreversible. Jeffrey Epstein sigue vivo y desde el cerrojo del infierno sigue observando, satisfecho, nuestra ignorancia e indiferencia.

Are Intellectuals Really Free? Chomsky, Parenti, and Class Power (feat Gabriel Rockhill)