Article épinglé

lundi 16 février 2026

UNIT : LA MONNAIE DES BRICS QUI DÉFIE ENFIN LE DOLLAR

 


83e anniversaire de la victoire de Stalingrad

 


À l’occasion du 85e anniversaire de la victoire de la bataille de Stalingrad, la Maison russe des sciences et de la culture à Paris a accueilli, le 5 février 2025, une conférence exceptionnelle de l’historienne Annie Lacroix-Riz.
Dans un esprit de paix et de compréhension entre les peuples franco-russes, cette rencontre propose une analyse approfondie de ce tournant majeur de la Seconde Guerre mondiale. Après une introduction immersive retraçant l’enfer urbain de 1942, Annie Lacroix-Riz revient sur les enjeux historiques de la bataille, interroge certaines interprétations dominantes de l’historiographie occidentale et met en lumière la résilience, souvent sous-estimée à l’époque, du peuple et de l’armée soviétiques face à la machine de guerre nazie.

47 aniversario del triunfo de la Revolución islámica

 


 Una mujer sin hiyab es entrevistada en las calles de Teherán por una cadena de televisión estudiantil afín a la milicia Basij, perteneciente al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria, con motivo del 47 aniversario del triunfo de la Revolución islámica. 

No solo es su presencia sin hiyab entre los conservadores religiosos lo "llamativo" (para los ignorantes que vomitan hiyab, hiyab, hiyab), sino que lo que dice deja en K.O técnico a los medios corporativos de propaganda y desinformación.

Cesar Vallejo en la URSS

 


dimanche 15 février 2026

Francotiradoras / Снайперы (Bolotbek Shamshiev, 1986)

 




El 14 de febrero de 1986 se estrenaba en las salas de cine soviéticas el drama bélico "Снайперы" (Francotiradoras), largometraje dirigido por Bolotbek Shamshiev para los estudios Kazajfilm.
Protagonizada por Ayturgan Temirova, Marina Yakovleva, Vera Glagoleva, Elena Melnikova y Nikolai Skorobogatov, en los papeles principales, la cinta atrajo a las salas de cine soviéticas a cerca de 7 millones de espectadores.
Sinopsis - Gran Guerra Patria. La francotiradora Aliya Maldagulova no solo luchó con valentía en el frente, sino que también realizó una invaluable contribución a la lucha contra los invasores nazis. Sus acciones y heroísmo se convirtieron en un ejemplo de fortaleza y coraje, participando en una de las batallas más difíciles y decisivas de la Segunda Guerra Mundial: el asedio de Leningrado. Su valor le valdría la condecoración posmortem como Héroe de la Unión Soviética.
 

 

 

Stalingrad I et II (L' Indomptable et L' Enfer blanc)

00:00 – Cold Open (témoignage authentique) 01:46 – Stalingrad : la tempête de feu 06:20 – L'entrée dans la ville 01:10 – Les usines : un champ de ruines 13:54 – Guerre de lutteur 18:22 – Les femmes de Stalingrad 20:37 – Les civils, en dessous de la ville 21:55 – Le froid approche 24:06 – 19 novembre 1942 : Uranus 26:57 – À suivre…
 
00:00 – Cold Open 01:39 – Opération Uranus 03:23 – Les conditions de vie 10:43 – Le Kessel, la prison blanche 14:32 – La faim, le froid, la désintégration 16:43 – Wintergewitter 20:56 – Koltso, l'anneau se referme 23:55 – La reddition de Paulus 25:45 – Epilogue

El caso Epstein, la isla prometida

 SALO OU LES 120 JOURNEES DE SODOME Photos de film Jeu A - x9 - 21x30 cm. - 1975 - Paolo Bonacelli, Pier Paolo Pasolini

Por Oleg Yasinsky Publicado: 8 feb 2026
 
Una de las principales características del caso Epstein es que en realidad no es ninguna gran noticia, aunque mediáticamente se presenta como tal. Es una cómoda incomodidad y un escándalo que no escandaliza a nadie, ya que sus más de tres millones de archivos de horror no son más que una bitácora del poder neoliberal, desposeído de cualquier noción de lo humano.
La isla de Epstein es una pequeña parte del archipiélago, que aborda los cinco continentes y no es solo un lugar geográfico, sino una construcción mental del poder que nos ofrece su propia proyección del futuro. Es su plan.
Es curioso que los supuestos enemigos del actual Gobierno estadounidense, que son los demócratas, ya nos han mentido tanto que ahora cualquier prueba de ellos contra Trump y los republicanos se ve como mentira. Aquí no se trata del conocido cuento sobre el pastorcito mentiroso y el lobo. Estamos sumergidos en un mundo de tanta manipulación tecno-sicológica que lo que menos llama la atención y lo que menos convence son las verdades que se ven opacas ante el sicodélico brillo de falsedades y, para ser comprendidas, requieren algún grado de esfuerzo intelectual y espiritual, algo que en estos tiempos es cada vez más escaso.
La cultura occidental idolatra el éxito, idealiza la riqueza, siempre perdona los 'excesos' de 'los triunfadores', se declara defensora de los derechos, aunque en su cotidianeidad comercia con la hipersexualización infantil, despreciando derechos, emociones e incluso instintos.
Epstein ha sido un peón en el ajedrez mundial de las corporaciones. Con sus redes colaboraban las monarquías, los organismos de la ONU y los grandes líderes de la opinión pública de todo signo político.
Eso se sabía, pero la gran prensa mundial guardaba silencio. Esto se explica muy fácilmente por el miedo a las demandas, la dependencia de los anunciantes, etc. Además, un periodista rebelde y honesto, incluso en la democracia más democrática, sabe que, en el mejor de los casos, arriesga su trabajo y su carrera. El caso Epstein no muestra la 'maldad de las élites', sino el funcionamiento normal de un sistema en el que el poder protege al poder, los medios de comunicación controlan la opinión pública, la cultura popular justifica a sus ídolos exitosos y los niños son material de consumo.
Esta monstruosidad es banal, repetitiva y reproducible.
La famosa película del director de cine italiano Pier Paolo Pasolini 'Saló o los 120 días de Sodoma' no trata sobre las perversiones, como la mayoría piensa.
Es un retrato del poder del capitalismo, el que siempre muta en fascismo, donde las élites se encierran en un espacio oculto, las personas se reducen a sus funciones exigidas por la autoridad y la violencia es natural. El poder fascista es representado por el duque, el obispo, el magistrado y el presidente, que reflejan distintas caras de la descomposición del sistema. Pasolini muestra la total perversión de los valores morales proclamados como el único camino de esta falsa e hipócrita sociedad que niega y desprecia cualquier destello de una espiritualidad verdadera.
En 'Saló' tenemos una villa, la seguridad, la desconexión del mundo exterior y la impunidad absoluta. En el caso de Epstein, es una isla privada, los aviones, las mansiones, lagunas legales y todo lo demás, que coincide hasta en los detalles más mínimos. La normalización rutinaria del horror en 'Saló' se realiza a través de la cena, la historia, el castigo y otra vez la cena. En el caso de Epstein, es a través de los masajes, los pagos, los regalos, los vuelos, y la repetición de los actos. Y en ambos casos, las violaciones no son más que un procedimiento administrativo ritual.
La estetización del crimen es un arma aparte: la música, la amabilidad, los ambientes ordenados y distinguidos, las conversaciones intelectuales en 'Saló'; y la caridad, las universidades, la filantropía y el glamur en el caso Epstein obedecen a su único objetivo: hacer que la pesadilla se vea decente y aceptable para que ninguno de los espectadores sensibles, Dios no lo quiera, se indigne antes de tiempo. Es importante que, en ambos casos, las élites actúen de forma colectiva y no como individuos. En 'Saló' no existe un principal culpable, igual que en el caso Epstein también es evidente que el financista estadounidense no podía actuar solo, lo cubrían, usaban y aprovechaban miles de poderosos mientras se podía, es decir, hasta su muerte, cuando la responsabilidad de los demás se diluyó.
Muchos calificaron la película 'Saló' de insoportable. El problema es que Pasolini llamó a las cosas por su nombre, mientras que la realidad del caso Epstein está inundada de eufemismos: "relaciones inapropiadas", "contactos controvertidos", "acusaciones", etc. La película de ficción de 1975 nos expone mejor las noticias de hoy. Incluso en su tiempo y en las décadas siguientes, esta película, a pesar de no tener ninguna escena explícita, escandalizaba a las mismas generaciones consumidoras de Playboy y pornografía, moralistas hipócritas que se vieron retratados en las escenas del filme.
La analista colombiana Ana Lucía Calderón compara esta historia con otra, la del barrio de Bronx en el centro de Bogotá, ocurrido hace 10 años. Cuando el Ejército entró a Bronx, se vieron prácticamente las mismas realidades descritas en los expedientes del caso Epstein: prostitución infantil, tráfico de drogas, esclavitud, torturas, asesinatos, horror total. Todo, como siempre, bajo control del crimen organizado a servicio de los poderosos, a su vez controlados por el poder supremo, grupos oligarcas, los tres poderes de Estado y su eterno aliado estratégico: los gobiernos de EE.UU.
Después de una descripción de la naturaleza y similitud entre ambos casos, Calderón concluye: "…Nadie está viendo el trasfondo que trae consigo este tema. Después de poner en todos los medios de comunicación día y noche, horrores y padecimientos, al igual que lo hicieron con los bombardeos en Gaza, saltan sesos por aquí, tripas por allá, en un par de semanas la gente anestesiada ya no reacciona más. Eso es lo verdaderamente aterrador. Se legitima el crimen, el exterminio, el saqueo, la violación. No hay alteración social, ¿de qué?, si es que las chicas jóvenes se publicitan en Instagram para ir a Arabia Saudí o a Emiratos Árabes a las orgías y a comer caca de los jeques. Si las redes están llenas de chicas invitando a otras, contando sus experiencias que "valen la pena" porque reciben mucho dinero. Todo se habla abiertamente, nadie siente vergüenza de exponer su intimidad en las redes, pero sí de mirar a los ojos a otra persona y tomar su mano. Se destapa todo esto cuando ya no tendrá repercusión popular ni ninguna censura moral. Esto ya no asombra a nadie y como la política de violación de soberanía nacional, tampoco. Simbólicamente la violación a una persona o a un pueblo da lo mismo y se compensa con dinero. Acostumbrémonos, ese es el mundo que construimos, gracias a la inexistencia de otra opción colectiva de la fantasía."
Temo que cualquier otra lectura de esta realidad abra las puertas a una pesadilla mucho más generalizada y esta vez irreversible. Jeffrey Epstein sigue vivo y desde el cerrojo del infierno sigue observando, satisfecho, nuestra ignorancia e indiferencia.

Are Intellectuals Really Free? Chomsky, Parenti, and Class Power (feat Gabriel Rockhill)


 

La bandera del gran octubre (Akhmed Kitaev, 1980)

 
 
Angela Davis, partisano ucraniano y Lenin