À voir avec ce film d'animation soviétique des années 1970: la décennie de la chute des utopies. L'American way of life y est rendue par un psychédélisme strident mettant en scène un safari humain dans une ambiance de fête foraine.
À voir avec ce film d'animation soviétique des années 1970: la décennie de la chute des utopies. L'American way of life y est rendue par un psychédélisme strident mettant en scène un safari humain dans une ambiance de fête foraine.
FUENTE: https://www.grupotortuga.com/Chip-cerebral-para-reclusos-Una
Damián Tuset Varela
Investigador en Derecho Internacional Público e IA. Tutor Máster
Relaciones Internacionales y Diplomacia UOC, UOC - Universitat Oberta de
Catalunya
En un futuro cercano, las prisiones podrían no tener paredes ni barrotes. Imagínese un sistema donde, en lugar de cumplir una condena tras las rejas, los reclusos tienen la opción de recibir un chip cerebral que controla su comportamiento y graba sus emociones. Este concepto no es ciencia ficción, es una propuesta real llamada Cognify.
Esta controvertida herramienta en desarrollo sugiere una nueva forma de rehabilitar a los delincuentes mediante la implantación de recuerdos artificiales y el uso de inteligencia artificial (IA) para reconfigurar los patrones de pensamiento. Pero ¿hasta qué punto puede considerarse justa? ¿Estamos creando una solución revolucionaria o allanando el camino hacia una distopía tecnológica?
El sistema Cognify pretende ofrecer a los reclusos una opción inusual: cumplir una sentencia en una prisión tradicional o aceptar un implante cerebral como este.
La idea central es que los delincuentes puedan “vivir” su castigo en minutos mediante una serie de recuerdos artificiales que los confrontan con el daño que han causado. Esta tecnología, desarrollada a partir de investigaciones sobre la modulación del comportamiento, busca reconfigurar las neuronas responsables de las conductas criminales, obligando al reo a experimentar culpa, arrepentimiento y empatía.
Los defensores de Cognify argumentan que es una forma más humana y
eficiente de gestionar el sistema penal. ¿Por qué gastar años en
cárceles superpobladas cuando, en teoría, un implante cerebral podría
reformar a un criminal en minutos? El sistema promete reducir las tasas
de reincidencia y acelerar la reintegración social. Sin embargo, la
premisa no deja de generar preguntas inquietantes.
¿Rehabilitación o control mental?
Sus defensores sostienen que la neurotecnología podría ser la clave para reducir la reincidencia y facilitar la reintegración de los delincuentes en la sociedad. ¿Pero es realmente posible cambiar la naturaleza de una persona alterando sus pensamientos mediante un chip cerebral? Y, más importante aun, ¿es legal y ético?
La premisa central de esta tecnología, la posibilidad de modificar el comportamiento de los reclusos directamente en su cerebro, plantea profundas cuestiones éticas. El proceso de rehabilitación, tradicionalmente, se enfoca en cambiar conductas a través de la reflexión personal, el trabajo y la educación.
Con la neurotecnología, el arrepentimiento ya no sería una elección consciente, sino un proceso programado por un algoritmo. Esto genera una reflexión inevitable: ¿podemos considerar verdaderamente rehabilitada a una persona que ha sido forzada a experimentar arrepentimiento?
Además, si un chip puede controlar los pensamientos de un individuo, ¿qué nos impide usar esa misma tecnología para controlar a otros sectores de la población bajo el pretexto de la seguridad o el orden? La historia está llena de ejemplos de cómo las tecnologías inicialmente concebidas para el bien terminan siendo utilizadas con fines opresivos.
El hecho de que un chip pueda intervenir en los pensamientos plantea una pregunta crucial: ¿quién controla la tecnología? Si permitimos que los reclusos estén sujetos a este nivel de control mental, ¿qué impide que la sociedad en general siga el mismo camino? La libertad mental podría convertirse en una reliquia del pasado si no se establecen límites claros.
Prisiones invisibles
Uno de los aspectos más radicales de la neurotecnología es su capacidad para crear una “prisión sin muros”. En lugar de confinar a los delincuentes en un espacio físico, sus movimientos, pensamientos y comportamientos estarían bajo constante vigilancia digital. Esto podría marcar el fin de las cárceles tradicionales como las conocemos.
Las prisiones cumplen una función simbólica en la sociedad: representan las consecuencias tangibles de los actos criminales. ¿Qué implicaciones tendría reemplazarlas por un control mental invisible? En un contexto donde la sociedad espera que el castigo sea visible y reparador, una prisión mental podría parecer insuficiente o incluso permisiva. ¿Estamos listos para redefinir el concepto de pena en una era digital?
Sin embargo, la tecnología para modificar pensamientos y comportamientos plantea una cuestión aún más fundamental: la autonomía personal. La intervención directa en la mente de un individuo desafía principios fundamentales sobre la libertad de pensamiento y la integridad personal.
Países como Chile ya han comenzado a legislar sobre los neuroderechos, en un intento por proteger a las personas del acceso no autorizado a sus procesos neuronales.
¿Innovación o distopía?
Aunque la neurotecnología puede parecer una solución moderna y eficiente para el problema del hacinamiento en las cárceles y la reincidencia, sus implicaciones éticas son profundas. Controlar la mente de los delincuentes podría parecer una solución ideal a corto plazo, pero podría erosionar la dignidad humana y plantear serios riesgos a largo plazo.
Fuente: https://theconversation.com/chip-ce..
TotalEnergie dans la région:
Ouganda totalenergie ouganda
Tanzanie totalenergie tanzanie
Monzambique totalenergie mozambique
Face à la contestation sociale et environnementale, les multinationales pétrolières ou minières se posent de plus en plus souvent en champions de l’égalité des femmes pour légitimer leurs projets controversés. Enquête sur ce « gender-washing » dont TotalEnergies en Ouganda fournit une parfaite illustration.
Publié le 11 mars 2025 , par Agatha Allain
« C’est une pionnière. Elle défie les obstacles, les surmonte, inspire le changement, et ouvre la voie aux leaders de demain. » Ces louanges, on peut les lire sur le site de Women In Mining, une organisation dédiée à la promotion des femmes dans le secteur minier, qui récompense chaque année cent femmes censées incarner cet idéal éblouissant. Cela pourrait sembler un paradoxe pour ce secteur souvent qualifié de « boys club » du fait de son inaccessibilité aux personnes ne correspondant pas aux normes de masculinité et de virilité [1]. Pourtant, le sujet semble être devenu incontournable. En effet, les industries extractives (minières, pétrolières et gazières), régulièrement dénoncées pour leurs impacts irréversibles sur l’environnement – dégradations des sols, déforestation, pollutions, pertes de biodiversité – et pour la dépossession des communautés locales, sont embarquées depuis les années 2000 sur un nouveau terrain : celui de l’égalité hommes-femmes. Une tendance qu’illustrent parfaitement les activités de Women in Mining, tout comme elles illustrent la conception particulière, individualiste et très « corpo-compatible », de l’émancipation des femmes qui est promue par l’industrie.
Cet intérêt n’a rien de fortuit. Selon Kyra Grieco, anthropologue spécialiste des inégalités créées par le développement minier au Pérou, les multinationales ont commencé à intégrer la question du genre dans les années 2005-2010 afin de répondre aux nombreuses publications dénonçant les impacts des activités minières et pétrolières sur les femmes, leurs moyens de subsistance, leur sécurité, et les nouvelles inégalités de genre que l’extractivisme entraîne au sein des familles et des communautés [2]. « L’industrie minière a ainsi été obligé d’intégrer l’égalité de genre parmi ses objectifs en matière de responsabilité sociale d’entreprise (RSE), » explique-t-elle. L’attention médiatique grandissante sur les activistes, juristes et chercheuses participant aux oppositions locales aux projets d’extraction a aussi contribué à amplifier les revendications des femmes et des mouvements féministes.
Dans le secteur pétrolier et gazier, un groupe comme TotalEnergies cherche ainsi à se construire une image de défenseur de la cause des femmes et de leur émancipation économique dans le cadre de ses projets en Ouganda et en Tanzanie – les forages pétroliers dans la région du lac Albert et le projet d’oléoduc EACOP destiné à transporter l’or noir vers l’océan Indien en vue de son exportation [3]. En donnant la parole aux femmes sur le terrain, l’Observatoire des multinationales et le Tasha Research Institute ont cependant montré comment, malgré les promesses de TotalEnergies, l’EACOP a engendré de nouvelles inégalités de genre, que ce soit au sein de l’entreprise ou dans les communautés affectées (lire notre enquête Survivre à EACOP).
Ce grand écart entre les beaux discours favorables aux femmes et la réalité du terrain a un nom : le « gender-washing » – soit l’équivalent pour les questions de genre du « greenwashing » pour les questions environnementales. Outre TotalEnergies pour ses activités ougandaises, d’autres multinationales derrière des projets extractivistes très contestés ont elles aussi adopté cette stratégie pour tenter de neutraliser la contestation sociale – dont celle menée par des femmes. C’est le cas par exemple du groupe TCEnergy, responsable du Coastal Gas Link, un gazoduc de 670 kilomètres acheminant principalement du méthane jusqu’à un site d’exportation à Kitimat, en Colombie Britannique, au Canada, qui traverse différents territoires autochtones. Ou encore du géant suisse Glencore à propos de sa mine de charbon à ciel ouvert de Cerrejón en Colombie, qui a derrière elle un lourd passif de répression et de déplacement de populations (lire notre article).
Comme souvent en matière de RSE, les multinationales concernées cherchent à se construire une légitimité à travers des partenariats avec des acteurs externes ou avec des institutions internationales. Par exemple, TotalEnergies s’est associé avec le Forum de Davos pour s’engager à réduire les inégalités de genre avec une vingtaine d’autres entreprises pétrolières dont Shell, BHP et Saudi Aramco en 2016, citant des objectifs vagues tels que : « créer une culture d’entreprise inclusive et ouverte où tous les genres peuvent s’épanouir ». En 2023, et malgré les différentes accusations des femmes des communautés affectées par l’EACOP – dont celle de ne pas respecter le droit à une compensation juste et digne à travers la sous-évaluation de leurs terres [4] –, TotalEnergies a instrumentalisé la journée mondiale des femmes du 8 mars afin de signer un partenariat avec l’Organisation internationale de la francophonie en faveur de l’émancipation des femmes. TCEnergy s’est associé au réseau professionnel Women+Power, tandis que Glencore finance la Canadian Mining Association, qui lui apporte de la visibilité auprès de la cause féminine. Cette organisation organise les HuEllas awards, qui ont récompensé la directrice de la mine Cerrejón, Claudia Bejarano, pour son engagement auprès des femmes, et est financée par Glencore à hauteur de 120 541 dollars en 2023 [5].
Le « gender-washing » a deux terrains d’actions – à l’extérieur, au sein des communautés affectées, mais aussi à l’intérieur même des entreprises concernées. C’est ainsi que les secteurs miniers et pétroliers – comme on l’a dit traditionnellement très masculins – cherchent aujourd’hui à faire croître la part des femmes dans leurs effectifs, qui se situe aujourd’hui respectivement à 10 et 29% [6].
Une de leurs stratégies de prédilection se résume à sélectionner, récompenser, et mettre en avant certaines employées dans leur communication. On peut ainsi voir TCEnergy et Glencore mettre en avant les « femmes qui font une différence » (« women making a difference ») [7]. TCEnergy publie des entretiens de sept employées qui témoignent avec fierté sur leur parcours personnel, sur l’importance qu’elles se sentent accordées dans leur rôle, et même sur les stéréotypes qu’elles entendent briser : « Je veux montrer à ma fille qu’il n’existe pas de rôles genrés lorsqu’il s’agit de faire ce que l’on aime », déclare l’une d’elles. Glencore de son côté met en avant la figure de Claudia Bejarano, directrice de la mine et poste sur son site une vidéo où une employée, parée d’une cape de super-héroïne, affirme : « Dans le secteur minier, nous devons mettre fin aux stéréotypes, et moi, la youtubeuse minière, je m’engage à y mettre fin ! »
Si ces entreprises mettent en avant des employées qui se sentent épanouies, elles ne communiquent pas ou peu sur les discriminations sexistes et sexuelles que subissent d’autres employées. En 2022, une cheffe de chantier du Coastal Gas Link porte plainte contre TCEnergy pour agression sexuelle, citant un échec de la part de l’entreprise étant donné « l’isolement du lieu de travail et la fréquence des violences sexuelles sur ces lieux ». À Cerrejón, Hidanora Pérez, responsable de la branche santé du syndicat IndustriALL regroupant 50 millions de travailleur.euses des industries minières, énergétiques et industrielles, affirme que les employées ont été discriminées lors d’un licenciement massif en 2020, et soumises à des mutations lorsqu’elles se sont plaintes de ces discriminations.
Lors de la Journée internationale des femmes dans l’industrie minière célébrée le 15 juin, des intervenantes ont souligné des défis persistants. Un nuage de mots illustrent les domaines où elles souhaitent voir plus d’efforts de la part de l’industrie : congé maternité, travail émotionnel, égalité salariale, harcèlement, machisme, responsabilité des dirigeants… Curieusement, ces termes apparaissent en petits caractères dans l’illustration, limitant leur lisibilité. Une ambassadrice de l’IWiM, aujourd’hui directrice d’une mine en Afrique du Sud, mentionne aussi les efforts qu’elle a dû faire pour s’intégrer, et la difficulté à défendre son nouveau statut économique et social [8].
Ainsi, les « success stories » de quelques-unes, masquent la réalité collective de beaucoup d’autres. C’est ce que Rosie Walters appelle la représentation sélective ou selective disclosure [9]. C’est tout l’exercice d’illusion auquel se prête la RSE, « l’arbre qui cache la forêt » selon Kyra Grieco. « Ces interventions ponctuelles cachent des inégalités systémiques grandissantes. Quand on va regarder de près la trajectoire de ces femmes, ce n’est pas si simple : du fait de leur transgression (faire un métier « d’hommes ») elles sont souvent sujettes à des violences dans leur vie privée et professionnelle, qui ne sont rien d’autre que des rappels à l’ordre du genre. » La sociologue Delphine Lacombe parle quant à elle de « femmes vitrines » pour désigner ces opérations de communication désignée à masquer des inégalités structurelles en ne visibilisant que certains enjeux.
En dehors des entreprises, le « gender-washing » se traduit par une mise en scène de l’« empowerment » (émancipation, autonomisation, renforcement des capacités...) que les entreprises extractivistes apporteraient aux femmes, en les aidant comme le prétend par exemple TotalEnergies à prendre « contrôle de leur vie ». Mais de quel contrôle parle-t-on, alors que les grands projets extractivistes se traduisent avant tout par la prise de possession brutale des territoires de vie ?
L’extractivisme, qu’il soit minier, gazier ou pétrolier, intensifie la répression et génère de nouvelles inégalités en renforçant le contrôle sur les corps et les vies des femmes. Comme nous l’avons vu, le déploiement sans avertissement d’une force de police spécialisée le long du tracé de l’oléoduc EACOP engendre, de nouveaux risques pour les femmes, qu’elles s’opposent ou non au projet de TotalEnergies.
La collaboration étroite des multinationales avec les forces armées menace aussi particulièrement les femmes qui s’opposent publiquement à l’extraction, ainsi que les défenseuses des peuples autochtones, en les exposant à davantage de violences sexistes et sexuelles. Le mouvement Sütsuin Jieyuu Wayúu (ou Fuerza de Mujeres Wayúu) dénonce ainsi depuis 2006 les impacts environnementaux de la mine Cerrejón et les disparitions alarmantes de femmes Wayúu – puisque la mine Cerrejón traverse les terres de peuples autochtones Wayúu, de communautés afro-colombiennes (protégées juridiquement en Colombie) et paysannes.
Au Canada, de nombreuses organisations ont documenté les controverses qui ont accompagné la construction du Coastal Gas Link, notamment celle de ne pas respecter le consentement libre, préalable et informé du peuple autochtone Wet’suwet’en dont le gazoduc traverse les territoires [10]. Ces controverses sont accompagnées du harcèlement qu’on subit les femmes Wet’suwet’en défendant leur droit à la souveraineté. « Presque toutes nos luttes de terrain sont dirigées par des femmes », affirme Sleydo’, cheffe de la maison Cas Yikh du peuple Wet’suwet’en, et médiatisée dans la lutte pour le respect de la souveraineté autochtone [11]. « Les personnes qui affrontent la police, les unités canines et les fusils militarisés de la CMP [Police montée canadienne], sont toutes des femmes de nos communautés. » Sleydo’ fait référence ici aux raids menés entre 2019 et 2023 pour expulser les communautés autochtones qui bloquaient le chantier, et qui ont été l’occasion de discours jugés « racistes, insultants, et déshumanisants » envers les activistes par la Cour suprême [12].
Pour délégitimer les résistances aux projets extractivistes, une entreprise comme TCEnergy s’approprie très sélectivement les revendications féministes, en communiquant sur trois employées issues de peuples autochtones différents. La représentation sélective de ces femmes s’articule autour de qualifiants qui font d’elles de bonnes employées et dresse ainsi le portrait désirable de femmes engagées qui ont brisé le plafond de verre [13] et les stéréotypes de genre.
Selon Karla Tait, membre du clan Gilseyhu du peuple Wet’suwet’en, cette stratégie « monte les gens les uns contre les autres au sein de nos communautés, en appliquant le ’diviser pour mieux régner’ à laquelle nous avons été confrontés à chaque étape depuis la colonisation ». Kyra Grieco ajoute « c’est d’ailleurs ça la base du patriarcat, de mettre les femmes en compétition sur la base de la beauté, du succès, ou autre ». TCEnergy bénéficie pour ce faire d’une équipe de communication à toute épreuve : l’entreprise a payé Meta à hauteur de 9500 dollars en seulement cinq semaines pour produire des publicités sur l’engagement de TCEnergy auprès des peuples autochtones.
Le « gender-washing » porte ainsi un discours selon lequel la seule possibilité de libération féministe est individuelle, jamais collective, et réservée aux femmes méritantes de ces entreprises. Il tend aussi à avoir une vision particulièrement restrictive et hétéronormative du genre, comme on l’a vu lorsque TotalEnergies s’est associée avec la « première dame » de l’Ouganda pour seize jours d’action contre les violences liées au genre, alors que le régime au pouvoir a adopté une des lois les plus rétrograde au monde envers la communauté queer, prévoyant jusqu’à la peine de mort pour les personnes LGBTQIA+.
Notons aussi qu’il ne peut pas y avoir de « féminisme » sur des territoires non-cédés, dans un continuum colonial. Laetitia Braconnier Moreno, docteure en droit public et présidente de la Commission justice transitionnelle de l’Association des juristes franco-colombiens explique que « selon la lecture de beaucoup de représentants autochtones, la fin du conflit armé sera quand toutes ces entreprises se retirent de leurs territoires, quand le droit à la consultation préalable est respecté ; quand les autorités autochtones récupèreront le contrôle sur leurs territoires et qu’il n’y aura plus d’acteurs armés ou d’acteurs privés présents sans leurs consentement ». En s’appropriant un langage progressiste sur l’égalité de genres, les multinationales tentent en réalité de dissimuler des pratiques illégales d’accaparement des terres et d’expulsions de communautés locales.
Trompeur, sélectif, discriminatoire, le « gender-washing » tel que le pratiquent les multinationales extractivistes a-t-il même un avenir ? De retour à la Maison Blanche, Donald Trump a lancé la guerre contre le « wokisme » en demandant aux entreprises d’effacer toute trace d’engagement environnemental ou social, aussi superficiel soit-il – ce que Chevron et ExxonMobil se sont empressés de faire. Le mot « femme » a même été interdit dans la recherche scientifique[[Voir les articles de Reporterre et de Mediapart].]. Ces changements politiques auront forcément des répercussions sur les stratégies RSE des entreprises dans le monde, ainsi que sur les femmes affectées de loin ou de près par leurs activités. Pourtant, certaines continuent à réutiliser un langage progressiste et féministe afin de le dévoyer de sa charge politique, ce dont témoigne à sa manière la mode du « gender-washing ». Comme le dit l’économiste Stéphanie Treillet, « on ne tente de récupérer que ce qui paraît menaçant ou subversif ».
Article publié par Agatha Allain
[1] Voir par exemple cet article.
[2] Voir par exemple ce rapport d’Oxfam.
[4] -Voir notre enquête Survivre à EACOP et le rapport des Amis de la Terre.
[5] Page 9 du rapport de Glencore 2023 Review of our direct and indirect advocacy.
[7] Voir 7 Women Making a Difference, paying a tribute to TCEnergy’s Extraordinary Legacy et la page 5 du rapport développement soutenable de Cerrejón et là.
[9] -La chercheuse Rosie Walters, professeure en relations internationales à l’université Cardiff a publié sur les différentes stratégies de gender washing utilisées par les multinationales.
[10] Certains chefs héréditaires Wet’suwet’en, protégés par le jugement de la Cour Suprême en 1997 leur conférant compétence sur leurs territoires, dénoncent ne pas avoir consenti à la construction du gazoduc. En 2023, le rapporteur des Nations Unies Francisco Cali alerte que le principe de consentement préalable, libre et éclairé n’est toujours pas respecté au Canada dans le cadre des projets d’extraction. Voir aussi « Discursive Infrastructures of Settler Colonialism : The Coastal Gaslink Pipeline, Indigenous Workers, and the Ongoing Promise of Integration » de Alana Lajoie-O’Malley
[11] Propos recueillis dans l’entretien de Sleydo’ le 14 février 2022 par Cultural Survival Voir aussi ici. Et le documentaire YINTAH, qui retrace le combat du peuple Wet’suwet’en pour sa souveraineté.
[12] Cette oppression s’inscrit plus largement dans une représentation sexiste et raciste du corps des femmes autochtones au Canada dont les multinationales se saisissent , comme l’explique l’anthropologue Audra Simpson. Voir « Mohawk Interruptus : Political Life Across the Borders of Settler States », où elle écrit sur la manière dont les structures politiques Canadiennes font du corps des femmes autochtones un terrain balisé et vulnérabilisé.
[13] Voir le glossaire de La Déferlante sur la définition du plafond de verre : un concept sociologique qui désigne l’accès « élitiste » de quelques femmes à des postes de responsabilité, mais sans changement des conditions de travail pour les femmes des classes moyennes ou inférieures.
Argumento
Pavel
Pavlovich, un científico de unos 60 años, va a pasar unas vacaciones en
el campo, aconsejado por los médicos, a algún lugar apacible donde
practicar su antigua pasión por la pintura. Pavlovich llega a un pequeño
koljós llamado Beregovoy, donde ya están acostumbrados a recibir a
pintores. El jefe del koljós, Gruboujov, le enseña la desvencijada casa
donde Pavlovich se alojará, lugar ahora en que la abuela Tatyana guarda
sus gallinas. Después de un pequeño incidente con un tractor, Pavlovich
se dirige a la oficina donde va a pagar el alquiler de la casa. Allí
le recibe la contable, Sima, después de haber discutido con su pequeño
hermano Grishka y su novio Iván. La actividad artística de Pavlovich se verá una vez más interrumpida, cuando es perseguido por un toro hasta su misma casa.
El
científico irá, poco a poco, conociendo a los habitantes del koljós,
con los que trabará amistad y, en algunos casos, incluso cariño. Su
relación será especial con dos niños, Grishka y Nyusa, la hija de
Gruboujov. Ambos van a la casa de Pavlovich con la intención de
construir un horno, pero la idea no es del agrado de éste. Pero los
niños no cejan en su empeño, y Pavlovich accede finalmente a ayudarles.
Pese al consejo médico de que descansará, Pavlovich se verá inmerso en
un duro trabajo físico. Durante un descanso, la abuela Tatyana muestra a
Pavlovich la colección de cuadros de los pintores que han pasado por el
koljós le han ido regalando. Grishka aprovecha ese momento para
intentar aprender como hacer el tiro de la chimenea.
Mientras
hace unas compras en una tienda del pueblo, Pavlovich es invitado por
la joven Klavka a ir a la velada de baile que tendrá lugar en el club.
Durante la velada Pavlovich baila con Klavka, tanto que un terrible
dolor en la espalda le obligará a volver a casa dolorido. A la mañana
siguiente Pavlovich recibe las atenciones de sus amigos. Primero de la
pequeña Nyusa, y luego de Klavka, que le llevan comida. Más
tarde Grishka completa las atenciones, dando un masaje en la espalda a
Pavlovich con un ungüento especial para el reumatismo. Una vez
recuperado, Pavlovich y los dos niños inician la construcción del horno.
La tarea se ve interrumpida cuando el científico recibe una llamada
telefónica desde Alemania en la oficina del koljós.
Pavel
Pavlovich, como especialista en tecnología, es requerido para distintos
menesteres, por ejemplo, reparar la máquina de coser de la abuela
Tatyana. Mientras, Grishka confiesa a Pavlovich que no sabe como
terminar el horno, pues no conoce el secreto para hacer el recodo de la
chimenea. Eso no será obstáculo para que el científico y los dos niños
terminen por construir el horno. Pavel Pavlovich continuará prestando
ayuda a los habitantes en las distintas ocasiones que lo requieres,
pero el momento de partir ha llegado para él. Pavlovich, reclamado desde
Moscú, tiene que salir urgentemente, y no le es posible despedirse ni
tan siquiera telefónicamente. En sus pensamientos Pavlovich imagina unas
palabras de despedida de Grishka, que acaba con la frase: "Te queda
mucho por hacer, y en eso, créeme, reside tu felicidad".
Vasili Merkuriev (Pavel Pavlovich)
nació en 1904 en Ostrov y falleció en 1974 en Leningrado. Entre otros
galardones fue distinguido con tres Premios Stalin en 1947, 1949 y 1952 y
como Artista del Pueblo de la URSS en 1960. En 1926 concluye sus
estudios en el Instituto de Artes Escénicas de Leningrado. En 1935
protagoniza Инженер Гоф (El ingeniero Gof), drama
social sobre la lucha de clases en un pueblo bielorruso, cinta dirigida
por Rashel Milman-Krimer. En 1937 participa en el drama histórico Возвращение Максима
(El regreso de Maxim), sobre la lucha entre bolcheviques y mencheviques
por la representación en la Duma durante 1914, cinta codirigida por
Grigori Kozinstev y Leonid Trauberg. En 1946 interviene en Глинка
(Glinka), cinta biográfica sobre el fundador de la música nacional
rusa, Mijail Glinka, dirigida por Leo Arnshtam. En 1954 protagoniza la comedia Верные друзья
(Amigos fieles), sobre tres amigos que se embarcan en un viaje fluvial
por el Volga, cinta dirigida por Mijail Kalatozov. En 1957 vuelve a
colaborar con Kalatozov en el drama bélico Летят журавли (Cuando pasan las cigüeñas), cinta ambientada durante la Gran Guerra Patria. En 1960 participa en el drama bélico Повесть пламенных лет
(Crónica de los años ardientes), ambientado en los inicios de la Gran
Guerra Patriótica, con la dirección de Yulia Solntseva. En 1962
interviene en la comedia musical Черёмушки
(Cheryomushki), dirigida por Gerbert Rappaport, e insipirada en una
opereta de Dmitri Shostakovich. Al año siguiente hace el papel de Pavel
Pavlovich en la comedia El apeadero. En 1969 participa en el drama que adapta la obra de Ivan Turguenev Дворянское гнездо (Nido de nobleza), con la dirección de Andrei Konchalovski. En 1973 interviene en el melodrama Здесь наш дом (Aquí está nuestra casa), dirigido por Viktor Sokolov.
Nadezhda Rumyantseva (Sima)
nació en 1930 en Potapovo y falleció en 2008 en Moscú. En 1991 fue
distinguida como Artista Popular de la RSFSR. Debuta como actriz de cine
en 1952, protagonizando Навстречу жизни (Al encuentro
de la vida), comedia sobre las peripecias de una joven en una escuela
laboral, cinta dirigida por Nikolai Lebedev. En 1955 interviene en el
drama Мексиканец (El mexicano), adaptación del relato homónimo de Jack London dirigida por Vladimir Kaplunovski. En 1959 protagoniza la comedia Неподдающиеся (La
indómita), sobre una muchacha que reeduca a dos antiguos compañeros de
trabajo, cinta dirigida por Yuri Chulyukin. En 1961, de nuevo a las
órdenes de este director, protagoniza probablemente su papel más famoso
en Девчата (Chicas),
historia sobre una muchacha que llega a trabajar como cocinera en un
poblado maderero. En 1963 hace el papel de la contable Sima en El apeadero. Al año siguiente participa en la comedia satírica Лёгкая жизнь
(Una vida fácil), cinta dirigida por Veniamin Dorman sobre un joven
químico que al acabar sus estudios prefiere quedarse a trabajar en Moscú
y no ir a un curso de postgrado en una provincia, algo de lo que luego
se arrepentirá. En 1967 protagoniza Крепкий орешек
(Duro de pelar), comedia bélica dirigida por Teodor Vulfovich. En las
décadas siguientes se prodiga muy poco en el medio, hasta que en 2005
protagoniza Нечаянная радость (Alegría imprevista), comedia sobre dos ancianas que comparten un piso con una joven, cinta dirigida por Martitos Fanosyan.
Boris Novikov (Gruboujov)
nació en 1925 en Ryazhsk y falleció en 1997 en Moscú. En 1994 fue
distinguido como Artista Popular de la Federación Rusa. En 1948 acaba
sus estudios en la Escuela-Estudio Zavadski y empieza a trabajar en el
Teatro Mossoveta. Tras varios papeles no acreditados, en 1956 participa
en el dueto de películas dirigidas por Vladimir Basov Первые радости (Las primeras alegrías) y Необыкновенное лето
(Un verano extraordinario), adaptaciones de las obras homónimas de
Konstantin Fedin ambientadas en el periodo de la Revolución Rusa. Al año
siguiente participa con un pequeño papel en Тихий Дон
(El Don apacible), adaptación de la obra homónima de Mijail Sholojov
dirigida por Sergei Gerasimov. En 1963 hace el papel de Gruboujov, el
jefe del koljós, en El apeadero. En 1964 participa en Донская повесть (Relato del Don), nueva adaptación de varios relatos de Mijail Sholojov dirigida por Vladimir Fetin. En 1971 participa en el serial televisivo Тени исчезают в полдень
(Las sombras desaparecen a mediodía), historia de un pequeño pueblo
siberiano durante los primeros setenta años del siglo XX, serial
codirigido por Valeri Uskov y Vladimir Krasnopolski. En 1983 hace uno de los papeles principales en Белые росы (Rosas blancas), comedia dirigida por Igor Dobrolyubov. En 1991 interviene en Говорящая обезьяна (El mono parlante), comedia sobre un hombre que pide junto a la puerta de una iglesia, cinta dirigida por Georgi Ovrachenko.
Ada Berezovskaya (Klavka) hace el papel de la guapa ordeñadora causante de los celos entre Sima y su novio Ivan, en la que sería su única película, El apeadero.
Alexander Potapov (Ivan)
nació en 1941 en Moscú. En 1989 fue distinguido como Artista del Pueblo
de la RSFSR. En 1962 finaliza sus estudios en la Escuela Teatral
Shchepkin y empieza a trabajar en la compañía del Teatro Maly. Tras
varios papeles no acreditados en 1963 interviene en El apeadero, donde hace el papel del tractorista Ivan. En 1965 hace uno de los papeles principales en Верность
(Fidelidad), drama sobre unos jóvenes enamorados que se separan al
estallar la guerra, cinta dirigida por Pyotr Todorovski. En 1978
participa en la epopeya Сибириада (Siberiada), drama en
cuatro episodios sobre dos familias enfrentadas desde los inicios del
siglo XX, con realización de Andrei Konchalovski. En 1992 interviene en Игра всерьёз
(Juego en serio), thriller sobre un detective que es readmitido en la
policía después de haber sido despedido por abuso de autoridad, cinta
dirigida por Anatoli Ivanov. Al año siguiente participa en Серые волки
(Los lobos grises), drama político sobre un complot contra el
presidente del secretario del Comité Central del PCUS, Nikita
Khrushchyov, cinta dirigida por Igor Gostev. Potapov volverá a
interpretar a este personaje en Чудо (Milagro), drama místico dirigido por Alexander Proshkin en 2009, y en 2011 en Жуков
(Zhukov), biopic sobre la vida del mariscal del ejército soviético
Georgi Zhukov, serial televisivo dirigido por Aleksei Pimanov.
Kolya Bogatiryov (Grishka) hace el papel del niño con el que traba gran amistad Pavel Pavlovich en El apeadero, único papel que interpretaría en el mundo del cine .
Enlaces
La película se puede bajar en descarga directa entrando en la siguiente página:
http://film.arjlover.net/info/polustanok.avi.html
y pinchando donde pone: polustanok.avi
Los subtítulos están disponibles en:
https://mega.nz/file/pokBHbjb#ULhsYOeFelwQ_s2DVWazjUnbTK3zRDEzTnHD9cINGSo
En Daliymotion (sin subtítulos):
https://www.dailymotion.com/video/x16hsqa (Parte1)
https://dai.ly/x16hsrs (Parte2)