¿Quién está pagando el precio en el proceso de alcanzar la modernidad en Occidente?
Hoy en día muchos académicos entienden la “modernidad” en un sentido
estricto, interpretando su esencia en dos elementos: la “ciencia” y la
“democracia”. En la historia, se suele plantear una pregunta: ¿por qué
algunas sociedades desarrollaron el espíritu de la ciencia y la
democracia mientras que otras no? De este modo, la “modernidad” se
convierte en una característica exclusiva de ciertas razas o
determinadas culturas.
Esta forma de interpretación es ahistórica e ignora también el papel
decisivo del flujo material global en la promoción del espíritu moderno.
Lo más importante es que esta interpretación no responde a una pregunta
clave: ¿quién o qué está pagando el precio por estos aparentes
“espléndidos” progresos?
La modernidad significa una evolución hacia la industrialización. Se
habla a menudo de la Revolución Industrial en Gran Bretaña, donde
gracias al espíritu científico y a los grandes genios, se inventó la
máquina de vapor y la hiladora. No obstante, hay que señalar que, el uso
de máquinas en la producción en masa se debe al ambiente específico de
la globalización.
La condición más esencial se generó cuando Gran Bretaña colonizó la
India, lo que le permitió obtener materia prima de algodón muy barata,
para luego transportar estas materias por vías marítimas controladas por
los británicos, hacia ciudades industriales como Liverpool y
Manchester, donde se utilizaban hiladoras para producir tejidos de
algodón de buena calidad y a bajo costo, y que luego se vendían de nuevo
en las colonias. De este modo, la Revolución Industrial se pudo
realizar gracias al sacrificio de los trabajadores agrícolas de algodón
en las colonias indias británicas y Egipto, así como el de los esclavos
en los campos del sur de Estados Unidos.
Con la formación de la clase obrera en los países precursores del
capitalismo, el panorama político cambió y muchos pensadores empezaron a
reflexionar sobre la nueva distribución del poder. El historiador
francés Tocqueville escribió La Democracia en América,
mientras que filósofos británicos como John Locke y James Mill, junto
con su hijo John Stuart Mill, publicaron obras muy famosas como Dos tratados de gobierno (Two Treatises of Government), Gobierno (Government), y Sobre la Libertad (On Liberty). Pero no olvidemos que mientras Tocqueville escribía La Democracia en América,
también abogaba fervientemente por la colonización de Argelia por parte
de Francia para resolver sus problemas de identidad política, y Locke y
Mill padre e hijo participaron activamente en la empresa colonial
británica. Estas ideas y corrientes de pensamiento están
interconectadas con el sistema de producción capitalista global. Y para
conocer completamente el valor democrático de estas obras, no debemos
ignorar su orientación colonial.
La modernización es un sistema global
La modernización no se limita simplemente al camino hacia la ciencia y
la democracia, sino que sucede en un contexto histórico específico, es
decir, se trata de una red creada en la Era de los Descubrimientos que
entrelaza toda sociedad humana global.
Durante las dinastías Ming y Qing en China (1368-1912), la
circulación de la plata americana estimuló la comercialización de la
sociedad china, y muchas mercancías chinas se comercializaron en América
y Europa, estimulando la producción y el consumo locales. En el ámbito
del pensamiento, se dio un intercambio cultural mutuo entre Occidente y
Oriente. Y la introducción del pensamiento y la cultura china en Europa
por los jesuitas estimuló el surgimiento del humanismo y el desarrollo
de nuevas ideas en Europa.
Una vez que cambiamos de perspectiva, nos damos cuenta de que la
“modernidad” no se limita solo a su origen y desarrollo en Europa para
luego expandirse por todo el mundo. Diferentes grupos de personas han
participado en la modernidad de su propia manera. Por ejemplo, para los
esclavos del oeste de África, su experiencia de ser vendidos
constituye su “modernidad”; para los indígenas americanos, la masacre y
la ocupación de sus tierras es su “modernidad”; para los
indios colonizados, la dominación británica también es su “modernidad”.
Por eso, al interpretar la “modernidad”, es importante tener en cuenta
que su proceso involucra a diferentes personas, que todos desempeñan sus
roles diversos y ejercen sus diferentes funciones.
Considero que esta modernidad es una “modernidad colonial”, que ha
constituido la estructura básica de poder de la sociedad humana hasta
hoy. Durante más de 500 años transcurridos desde el
descubrimiento geográfico de América por Colón en 1492, la “modernidad”
ha sido una “tríada” compuesta de capitalismo, colonialismo e
imperialismo: el capitalismo es su objetivo; el colonialismo es el medio
para la expansión ilimitada del capital para su acumulación; y el
imperialismo, el cual resulta en la estructura de poder hegemónica y
monopolística generada por aquellos países bajo el control del capital
para competir por los privilegios coloniales.
¿Cuál es la diferencia entre la modernización china y la “modernidad” colonial?
¿Puede China liberarse de la trayectoria de la modernidad colonial?
Si nos fijamos únicamente en el proceso de su industrialización, China
ha seguido efectivamente un camino diferente. Podemos decir que, entre
las principales naciones industriales del mundo, China sería la única
que no aprovecha el colonialismo como medio para conseguir su
industrialización autónoma.
¿La modernización de China intenta establecer un monopolio
imperialista del poder hegemónico? Clara que no. China no persigue una
estructura de poder unipolar y hegemónica. Entonces, ¿qué o quién ha
pagado el precio por esto? El pueblo chino mismo. En los primeros 30
años tras la fundación de la Nueva China, nuestras generaciones
anteriores, con ingresos y consumo bajos a largo plazo, acumulaban el
capital social utilizando la plusvalía. Y la razón por la cual China
pudo lograr esto es que el sistema socialista garantizaba los derechos
básicos como la atención médica y la educación. Por lo tanto, durante
estos 30 años, tanto la esperanza de vida como la población aumentaron
considerablemente. Puede decirse que el camino hacia la modernización de
China no se basa en el colonialismo como medio, sino en el sacrificio
realizado por su propio pueblo. Tampoco busca el imperialismo o la
acumulación ilimitada del capital como objetivo. Tal modernización, en
mi opinión, señala una nueva posibilidad histórica.
Por lo tanto, al hablar de la modernización de China, personalmente
no me gusta usar palabras como “civilización” y “cultura”, porque en el
contexto occidental y en inglés, la palabra “Civilization” siempre hace
referencia a la oposición entre civilización y barbarie, lo que implica
“civilizar” a pueblos “bárbaros”. La “modernidad” china o la
modernización al estilo chino no busca establecer jerarquías de
civilización para luego civilizar u oprimir a otros.
Por supuesto, al decir esto no es para oponerse a Occidente ni
establecer un camino separado y de autosuficiencia. Muchos elementos de
progreso y desarrollo occidentales ya han sido interiorizados en la
experiencia moderna china desde los siglos XV y XVI. La sociedad humana
incluye muchas otras comunidades además de China y Occidente. Los
elementos de modernidad propuestos por China no pueden descartar los
efectos ejemplificadores en el Tercer Mundo y en el Sur Global.
Esperamos que China explore y aporte referencias para el desarrollo
integral de la sociedad humana.
Autor: Song Nianshen, profesor del Instituto de Estudios Avanzados en Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Tsinghua.
Redactora: Qiu Tingting, doctora y profesora de la Facultad del Idioma Español de la Universidad Normal de Jiangsu.
Revisor: Zhu Lun,
profesor distinguido de la Universidad Normal de Jiangsu, investigador
del Instituto de Etnología y Antropología de la Academia China de las
Ciencias Sociales.
Procedencia del artículo: DeepChina